El rio de la plata al comenzar el siglo XIX.

Tulio Halperin Donghi. Cuando se habla del Virreinato de la Plata, se busca presentarlo como un cuadro compacto y homogéneo, en realidad estamos más bien ante una imagen frágil y quebrada de la ocupación del territorio y la dominación española. Ya desde los inicios del virreinato se van perfilando dos zonas de ocupación del territorio distinta y divergente, “el interior” y “el litoral”, ambas zonas dirigirán sus intereses económicos a satisfacer los requerimientos de Potosí. Esta estructura entra en crisis con la decadencia de Potosí y la aparición de nuevos centros económicos en Europa, esta nueva etapa marca en avance del litoral por sobre el interior.

Estabilidad del Interior
“El interior es la vasta zona que se extiende al este de los Andes, de la meseta altoperuana hasta donde la estribaciones meridionales y orientales de la sierras pampeanas se pierden en la llanura”1 En el interior nos encontramos con una sociedad estratificada entorno a diferencias económicas y sociales, en una inmovilidad apoyada por las diferencias de sangre que excluye a la población mestiza y liberta de los círculos de poder dentro de las mismo. Esta hegemonía de las elites locales está marcada por regionalismos en donde la tierra garantiza el acceso al poder como es el caso de Salta, en Tucumán el peso de los sectores comerciantes es mayor por encontrase en el centro de las rutas que de Buenos Aires a Perú. Son las elites de Córdoba las que más se benefician de las rutas comerciales y el acceso a la tierra. Son estas mismas elite quienes compiten entre sus miembros el acceso a las magistraturas esgrimiendo la “pureza de sangre” como un excluyente determinante a la hora de desempeñar un cargo administrativo. Regiones como San Juan, San Luis, Mendoza y Santiago del Estero la tierra y el comercio se encuentra también en manos de una elite blanca, el poder que tienen las mismas en sus territorios es muchos menor que en las demás regiones, obtiene menores beneficios de las rutas comerciales hacia en Perú y su economía se encuentra circunscripta al ámbito regional.

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El ascenso del litoral
Tampoco el litoral es un espacio homogéneo, en donde en un primer momento tienen preeminencia las misiones jesuíticas, ya q las misma articulan el comercio de sus producciones hacia el interior atraves de Santa Fe, este sistema comienza a disgregarse con la expulsión de los jesuitas, dando paso a otra en un sentido más simple, la ganadería. Es esta actividad y las estancias las que darán formas a las elites del litoral, las mismas se radicaran en las ciudades, dejando el manejo de las estancias a sus capataces, peones y esclavos, creando asi un espacio autónomo en cierta media al de la ciudad, en donde de la mano de capataces poco leales se abre la puerta del comercio ilegal de cuero y animales. Otro rasgo que marca a la zona del litoral es su amplia zona de frontera que se extiende por el norte de Santa Fe y suroeste de Buenos Aires, en dicha zona se busca frenar los ataques de los habitantes originarios hacia las zonas ganaderas. Dicha zona es también un espacio para la ilegalidad ya en la misma los estancieros buscan intercambiar el ganado robado por producto que necesitan los habitantes originarios. Un rasgo característico de la vida campesina del litoral es el del trabajo asalariado, trabajador especializado e itinerante, encargado de la tares de doma, arreo y yerra del ganado. La agricultura está dominada por la especulación de los mercados como el de Buenos Aires.

Buenos Aires y el auge comercial
Con el establecimiento del Virreinato y Buenos Aires como su capital, se acelera el ascenso de los sectores comerciales dentro de la hegemonía política, esto sectores se benefician no solo del ascenso del litoral sino también de la situación privilegiada del puerto de Buenos Aires como punto de salida de la producción y centro distribuidor de la importación provenientes de la metrópoli. Las políticas de libre comercio con la metrópoli y el hecho de que estos comerciantes actúen como consignatarios de las casas matrices de la ruta de Cádiz aceleran aun más su ascenso.

Una sociedad menos renovada que su economía
La sociedad en la época del virreinato se nos muestra como una sociedad estamental y dividida en etnias en donde primaba la pureza de sangre, en la realidad estos estamentos no eran tan cerrado ya que algunos individuos podían apropiarse del estamento, como ser el caso de mestizos de color más claro. Quienes más buscaban marcar esta diferencias en la sangre son los españoles, que a esta pureza la confundían con la condición de hidalguía (nobleza), también se denominaba a sí mismos como la gente decente. Dentro de la “gente decente” se daba una divisoria netamente económica contra los “pobres decentes”, que cuando estos superaban la pobreza

se esgrimía ante ellos la falta de pureza de sangre. Solo cuando se trataba de incorporar a un peninsular o extranjero a sus filas, la gente decente se muestra como un grupo abierto, es en el interior donde este grupo se mostrara más cerrado con respecto al litoral. Otra posibilidad de ascenso dentro de la gente decente es la que da la administración colonial y el acceso a los títulos académicos, en la cual se enfrentaran por el acceso españoles peninsulares y americanos.

Nicolás Pighin