CEREBRO.

Introducción. El cerebro es una máquina defectuosa que decidió el destino de nuestra especie. Pintan a esa máquina como el non plus ultra de la perfección. Mentira. Cuerpo. ¿Cómo es posible que no pueda olvidar a voluntad? ¿Por qué sólo ciertas anomalías – o algunas drogasnos permiten ver más allá de lo visible? ¿Por qué los sentidos son compartimientos estancos y no variables combinables, los que nos permitiría conocer qué sabor tiene la felicidad, qué textura la envidia…? Más grave aún: ¿Por qué tenemos escindida de la inteligencia la conducta emocional? ¿No es esa una invitación criminal que la naturaleza hace al hombre? Hay quienes han inventado eso de “inteligencia emocional” que no es sino una nueva forma de nombrar la astucia socia y a l a cultura de la sobrevivencia en un mundo plagado de jerarquías. Y más preguntas: ¿por qué el fronterizo intelectual tiene tanto éxito en la política, que debería ser el arte de los mejores prospectos humanos? ¿Por qué el impulso sexual no tiene un interruptor volitivo que permita algunos curas, por ejemplo, respetar a sus sacristanes? ¿Por qué la historia es una sucesión de los mismos errores y casi los mismos personajes? Todavía más: ¿Por qué creemos que progresamos cuando miniaturizamos lo que ya teníamos o cuando tenemos redes universales para trasmitir el mismo y discutible mensaje, como si la prisa mejorara la calidad de lo comunicado? ¿Por qué esa máquina defectuosa que es nuestro cerebro no tiene un lóbulo ético, un frontis compasivo, un hipocampo que nos abriera al mundo de la imaginación? ¿Por qué quemamos a Servet y creemos, sin embargo, que dios tuvo varios hijos y que los seguidores de cada uno de ellos deben seguir matándose? El cerebro humano es una máquina defectuosa y perversa. Perversa, sobre todo porque nos ha hecho creer que es lo mejor de nosotros. Somos mejores cuando dormimos, es decir cuando nuestro cerebro descansa. Creemos que el cerebro es un fascinante complejo de filamentos, uniones, anexos, chispas milagrosas. Pero quien ha visto cerebros sabe que esa reputación pertenece a los paradigmas iluminados de los documentales de Discovery. La verdad es que el cerebro es, más bien, un óvalo blandengue. Y que dentro de él se mueve millones de puntos grasientos para permitirnos hacer un nudo de corbata socialmente aceptable. Conclusión. Dentro de millones de años alguien del futuro examinará nuestros cerebros y se sorprenderá por la simpleza primitiva de su organización, la cantidad de omisiones de sus programas, la insensata separación de sus funciones, la depravada autocomplacencia que su imperfección suscitaba. Y se explicará así nuestra propensión a la guerra y a la farsa y a la imbecilidad arrogante.