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Quiero comenzar insisliendo en eI caracler ¡aradó|i

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co o incIuso conlradiclorio deI liluIo que he eIegido,
ese mismo caracler deI que eI Ieclor Io va a des¡o|ar
casi inevilabIemenle en eI aclo mismo de Ieer. La re-
sislencia IegaI a Ia Iey ¡uede y, en cierlo senlido, de-
be ser inler¡relada como Ia resislencia IegaI a +$a Iey
o aIgunas (¡ero no lodas) Ias Ieyes, eslo es, resislen-
cia IegaI a aIguna o aIgunas Ieyes que enlran en con-
fIiclo con Ieyes ¡reviamenle exislenles, formando en
consecuencia eslas uIlimas un con|unlo su¡uesla-
menle unificado y consislenle de normas IegaIes. Is
mas, aqueIIa Iey o aqueIIas Ieyes que deben resislir-
se ¡odrian, ¡or inlroducir olro niveI de com¡Ie|idad,
enlrar en confIiclo no con Ia Ielra de Ia Iey o con|un-
lo ¡re-exislenle de Ieyes, sino con su inlención o es-
¡irilu, ¡ara Io que requeririan de un aclo de adecua-
ción o de a|usle cuyo fracaso ¡odria acarrear resis-
lencia. Ior IIevar Ia cueslión aI exlremo, quizas Ia Iey
a Ia que me refiero es aIgo asi como Ia Iey naluraI, un
su¡ueslo con|unlo de mandalos ¡osilivos y negali-
vos, sobre cuyo origen ¡odriamos no ¡onernos de
acuerdo, ¡ero que es universaImenle reconocido co-
mo vaIido, asi, ¡or seguir a Locke, eI derecho de ¡ro-
¡iedad a Io que es de uno, incIuido eI ¡ro¡io ser, una
forma ¡arlicuIar de ¡ro¡iedad (y aqui Locke sigue a
Hobbes) que nunca ¡uede ser ena|enada, eslo es,
vendida o enlregada a olro, so ¡ena de de|ar de exis-
lir como ¡ersona. In esle caso, y lanlo Hobbes como
Locke ¡iensan en Ios exlremos, Ias Ieyes civiIes o ar-
lificiaIes, o sea, Ias que han sido hechas ¡or Ios hom-
bres, que conlravienen Ia Iey naluraI deben ser resis-
lidas no sóIo ¡orque enlran en conlradicción con Ie-
yes cuya exislencia exlerior y anlerior a cuaIquier so-
ciedad efecliva Ies confiere ¡rioridad en lodos Ios
senlidos deI lermino, sino lambien ¡orque Ias Ieyes
civiIes que vioIan Ias Ieyes de Ia naluraIeza y, mas es-
¡ecificamenle, Ios derechos que laIes Ieyes olorgan,
amenazan Ia exislencia misma deI individuo huma-
no que es lanlo su|elo como ob|elo de Ia Iey civiI.
Si carecemos de eslas ex¡Iicaciones, y ¡or lanlo
de cuaIquier via senciIIa de evilar su fIagranle carac-
ler conlradiclorio, ¿cómo ¡odremos enlender Ia ex-
¡resión ´resislencia IegaI a Ia Iey¨` Con mas ¡reci-
sión, si Ia Iey que ¡uede ser resislida IegaImenle no
es una Iey concrela o un gru¡o ¡arlicuIar de Ieyes, si
aqui no me esloy refiriendo a olra Iey mas ¡rimaria
que lrasciende Ia Iey civiI y ¡uede, ¡or eIIo, invocar-
se conlra eIIa, una referencia que esla asociada inevi-
labIemenle con Ia idea de |uslicia, ¿no concIuyo en Ia
absurda idea de una resislencia IegaI a Ia Iey como
laI, en su generaIidad` Dado que he cerrado cuaI-
quier faciI saIida de esle aloIIadero, he IIegado aI
¡unlo en eI que no lenemos olra o¡ción que acudir
a Ios dos grandes fiIósofos deI derecho, CarI Schmill
y Hans KeIsen, cuya o¡osición ha definido de forma
crecienle Ios grandes diIemas ¡oIilicos deI sigIo XX,
asi como, y quizas incIuso en mayor medida, Ios de
Ia uIlima decada.
Is ¡recisamenle su im¡orlancia y, sobre lodo, Ia
im¡orlancia de su mulua o¡osición Ia que nos exige
que examinemos su ¡ensamienlo muy cuidadosa y
delenidamenle, y ¡or lanlo lambien, ya que, como
AIlhusser soIia decir, no exisle Ieclura inocenle, que
examinemos Ia Ieclura de Schmill y KeIsen no sóIo in-
dividuaImenle, en lanlo que cuer¡os discrelos de
¡ensamienlo, sino considerando que eslos se definen
¡or eI confIiclo que Ios ha ¡ueslo en conlaclo, como
®
.- La lraducción es de AureIio Sainz Iezonaga. Agradecemos a Warren Monlag su amabiIidad ¡or ¡ermilirnos lraducir y ¡ubIicar
eI arlicuIo.
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EL AFUERA DE LA LEY8
SCHMITT7 KELSEN Y LA RESISTENCIA LEGAL A LA LEY
¡or Warren Monlag®
en una balaIIa, duranle muchas decadas, una Ieclura
que Ia misma coyunlura que habilamos ha im¡ueslo
sobre nosolros con una necesidad que no siem¡re se
hace evidenle. Afronlar Ia Ieclura que gobierna nues-
lra com¡rensión deI com¡Ie|o Schmill/KeIsen, es¡e-
ciaImenle Ia que ha lomado forma en Ia uIlima deca-
da o asi, su¡one reconocer que KeIsen ha ¡ermaneci-
do, quizas mas que nunca, como eI KeIsen definido
¡or Schmill, y ¡or lanlo un KeIsen modeIado ¡ara en-
ca|ar en Ios ¡ro¡ósilos ¡oIemicos de Schmill, no sim-
¡Iemenle eI i$i#ic+), sino eI h%)*i) en lodas Ias formas
concebibIes. Que eI nombre de KeIsen se conecle in-
mediala y aulomalicamenle con Ia ex¡resión ´forma-
Iismo |uridico o IegaI¨ de una manera curiosamenle
riluaIizada (en eI senlido de que Ios aulores no sien-
len Ia necesidad de ofrecer una evidencia o unas fuen-
les sobre Ias que a¡oyar esla designación, sino que Ia
asumen como aIgo dado, obvio, enlendido, elc.) lesli-
monia a favor deI ¡oder de Schmill como ¡ensador,
¡ero lambien como escrilor y relórico.
Islo es lodavia mas significalivo en Ia medida en
que Schmill consiguió definir y, ¡or lanlo, fi|ar eI
senlido de Ia ´doclrina¨ o Leh(e de KeIsen anles de
que a¡arecieran sus obras mas im¡orlanles, sobre
lodo Ia Rei$e Rech*)"eh(e (1934), y Io hizo de laI modo
que ha ¡ermanecido hasla nueslros dias ¡raclica-
menle inconleslado. Lo que no significa, ¡or su¡ues-
lo, que a KeIsen Ie faIlaran admiradores o herederos
fiIosóficos, ¡ero si quiere decir que Schmill, cuyos
errores en lanlos ambilos fueron es¡eclacuIares, lu-
vo exilo a Ia hora de oscurecer Ia com¡Ie|idad reaI (y,
esloy lenlado de decir, eI inleres reaI) de Ios lexlos
de KeIsen y lambien ¡or lanlo eI ¡oder de su ¡ensa-
mienlo. Is bien conocida Ia lrayecloria ¡oIilica de
Schmill que Ie condu|o desde Ia defensa de una dic-
ladura lem¡oraI, que lendria ¡or función reslaurar
eI orden requerido ¡ara eI im¡erio de Ia Iey (ya que
´no hay norma que sea a¡IicabIe aI caos¨), aI a¡oyo
aI ¡royeclo nacionaI-sociaIisla y su F+he(*+#. Sin
embargo, Ios com¡romisos ¡oIilicos de KeIsen y Ia
conexión ¡osibIe de eslos con su fiIosofia IegaI eslan
lodavia ¡or ex¡Iorar. Que Schmill escogiera a
KeIsen como ¡rinci¡aI adversario en su Te%"%g3a &%"3;
*ica no de¡endió unicamenle deI ´formaIismo¨ de
KeIsen o deI hecho de que Schmill asociara de ma-
nera cada vez mas abierla esle formaIismo con Io
que eI su¡onia que era eI efeclo deslruclivo deI Iega-
Iismo |udio sobre eI orden ¡oIilico euro¡eo moder-
no. Islaba direclamenle reIacionado con Ios eslre-
chos Iazos de KeIsen con Ia sociaI-democracia aus-
lriaca (un ¡arlido muy diferenle y baslanle mas ra-
dicaI que eI Iarlido SociaIdemócrala AIeman) y Ia
conslrucción de Io que vino a IIamarse da) R%*e Wie$
o ´Ia Viena ro|a¨. IguaImenle im¡orlanle fue eI inle-
res de KeIsen en eI desarroIIo de Ia IIamada ´cues-
lión nacionaI¨ en Ia izquierda auslriaca, y en eI sur-
gimienlo de una leoria deI eslado-nación muIli-elni-
co, muIlicuIluraI y muIli-Iingüislico, una leoria que
¡robIemalizaba Ios fundamenlos mismos de Ia no-
ción schmilleana de soberania. De hecho, Ios alribu-
los (reaImenle, Ios nombres o incIuso e¡ilelos) que
Schmill asociaba con KeIsen duranle eI ¡eriodo de
Ios años veinle y lreinla ÷IegaIismo, formaIismo, me-
canicismo, caIcuIabiIidad (y delras de eIIos Ios sórdi-
dos asunlos deI inleres comerciaI)÷, mas que reveIar,
oscurecieron Ia cueslión que eslaba en |uego en eI
anlagonismo Schmill/KeIsen, no sóIo Ia de una ¡oIi-
lica de Io mismo conlra Ia muIli¡Iicidad, sino lam-
bien y quizas de manera mas fundamenlaI, Ia cues-
lión deI origen, o incIuso ÷como insisle Schmill÷ de
Ia creación, de Ia Iey, y ¡or ende eI lema deI creador
de Ia Iey, aqueI en cuyos voIunlad y mandalo co-
mienza Ia Iey. La obra de KeIsen, aI ¡rivar a eslas
cuesliones de cuaIquier inleres o vaIidez, nos obIiga
a cueslionarIas y a invesligar sus efeclos ¡oIilicos, en
Iugar de inlenlar res¡onderIas. Sin embargo, si que-
remos cueslionar, debemos de|ar de Iado Ia idea de
que Ia obra de KeIsen ¡uede reducirse o esla gober-
nada ¡or aIgo IIamado ´formaIismo |uridico¨ (y en
un senlido mas am¡Iio, ´neokanlismo¨ o, Io que no
es en absoIulo Io mismo, ¡ero que no obslanle se
a¡Iica a KeIsen, ´¡osilivismo¨). SóIo de esle modo
¡odemos em¡ezar a ¡ensar acerca de Ia reIación de
resislencia a Ia Iey y aI derecho no sóIo desde Ia ¡ers-
¡ecliva de KeIsen, sino iguaImenle desde Ia de
Schmill.
In Te%"%g3a &%"3*ica, KeIsen re¡resenla Ia lendencia
que Schmill idenlifica con Ia modernidad en si mis-
ma, a saber, aqueIIa que ´eIimina aI soberano¨
1
, que
1.- Schmill, C., P%"i*ica" The%"%g/6 F%+( Cha&*e() %$ *he C%$ce&* %f S%,e(eig$, lrad. George Schvab, Chicago, Universily of Chicago
Iress, 2005, ¡. 6 (versión en casleIIano: Te%"%g3a &%"3*ica, lrad. Irancisco }avier Conde, Madrid, Trolla, 2009, ¡.14).
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no debe confundirse con Ia eIiminación de Ia sobera-
nia. La soberania ¡uede consislir sim¡Iemenle en Ia
auloridad IegaI su¡rema y ser, ¡or lanlo, inlerna aI
orden ¡oIilico/IegaI. Desde esa ¡ers¡ecliva, habIar
deI soberano su¡one ¡ersonificar o hi¡oslasiar no so-
Iamenle una inslilución o un con|unlo de inslilucio-
nes, sino, quizas de manera mas im¡orlanle, un ¡ro-
ceso o un gru¡o de ¡rocesos. Iara Schmill, ¡or eI
conlrario, no habIar deI soberano im¡Iica reducir Ia
Iey a un con|unlo de normas aulosuficienles, en lan-
lo que auloreguIadoras, cada una de Ias cuaIes liene
un senlido y una función. Is una visión lranquiIizan-
le, advierle Schmill, ya que no de|a es¡acio, ni siquie-
ra en Ia leoria, ¡ara Io conlingenle y ¡or ende im¡re-
decibIe. Iara seme|anle formaIismo, Io conlingenle,
incIuso Io que se ¡resenla a si mismo como exlra-Ie-
gaI, es un ¡robIema sóIo a¡arenle y lem¡oraI: Ia so-
Iución viene dada desde un ¡rinci¡io. Iara Schmill,
Ia visión de Ia Iey que Ia concibe como ca¡az de en-
frenlarse unicamenle a aqueIIos ¡robIemas ¡ara Ios
que ya ¡osee Ia soIución ¡rocede de aI menos dos
fuenles. Is, en ¡arle, eI ¡roduclo de una ´e¡oca de
inlenso lrafico económico¨ que exige como condición
Ia fiabiIidad y una ´¡recisión susce¡libIe de caIcu-
Io¨
2
. II fundamenlo de ese sislema son unos resuIla-
dos que ¡uedan ¡redecirse con una ¡recisión razo-
nabIe, resuIlados que han modeIado Ia ex¡eclaliva
de Ia Iey misma hasla eI ¡unlo de que Io incaIcuIabIe
a¡arece como una faIla en eI rigor IegaI y como un
fracaso. La olra fuenle es eI surgimienlo de Ias cien-
cias naluraIes y, con eIIa, eI de una racionaIidad que
busca sobre lodo descubrir Ias Ieyes inmulabIes que
gobiernan eI mundo naluraI, de modo que, en una
e¡oca en Ia que Ia ciencia ha susliluido a Ia reIigión,
Ia creación viva, siem¡re abierla a Ios miIagros y Ias
maraviIIas, ha sido reem¡Iazada ¡or Ia maquina. Is
mas, ´Ia maquina em¡ieza a andar ¡or si misma¨
3
.
Is esla imagen de una maquina que se mueve a si
misma Ia que, segun argumenla Schmill, domina Ia
doclrina de KeIsen acerca de Ia Iey y Ia soberania. Is
cIaro que Ias ideas de Io caIcuIabIe, Io ¡redecibIe, Io
mecanico y Ia eIiminación de cuaIquier eIemenlo con -
siderado como ¡ersonaI, sub|elivo y arbilrario do -
minan Ias referencias conslanles de Schmill res¡eclo
de KeIsen en Te%"%g3a P%"3*ica, ¡ero, ¿ca¡lura reaImen-
le esla serie de o¡osiciones aqueIIo que esla en |uego
en Ia crilica de Schmill a KeIsen` Iara Schmill, Ia eIi-
minación deI soberano que ¡raclica KeIsen sóIo ¡ue-
de ser lendenciaI, ya que no concuerda con una reaIi-
dad en vislas a cuyo re¡udio loda Ia doclrina de
KeIsen esla diseñada: Ia reaIidad de Ia exce¡ción. No
deberiamos ¡ermilir que Ia cila que Schmill lrascribe,
´Ia exce¡ción confirma Ia regIa¨, nubIe eI hecho de
que Ia exce¡ción, como dice re¡elidas veces, no es un
mero siIencio de Ia Iey, aIgo que se descubre como no
cubierlo ¡or Ia Iey, sino una acción, laI como im¡Iica
eI verbo Ialino e.ci&i%, que IileraImenle significa ´ex-
¡uIsar¨, y cuyo e|ercicio define Ia soberania. Quiero
enfalizar Ia ¡rioridad que Schmill olorga a ´decidir
eI eslado de exce¡ción¨, eI eslado o condición de ex-
ce¡ción que consisle no sim¡Iemenle en Io inhabiluaI
o Io anormaI, sino en Ia acción de ex¡uIsar o de ser
ex¡uIsado de Ia siluación IegaI normaI. Is eI sobera-
no eI que nos ex¡uIsa laI como Io ha decidido anles
de reaIizar Ia acción de abandonar eI orden |uridico y
conslilucionaI aI sus¡enderIo. La soberania es, enlon-
ces, como dice Schmill, un conce¡lo ´Iimile¨, o mas
bien eI conce¡lo de aqueIIo que esla siluado en Ia
fronlera enlre Io que esla denlro y Io que esla fuera
de Ia Iey.
De esle modo hemos IIegado a aqueIIo que esla
en |uego en Ia Ieclura que Schmill hace de KeIsen: Ia
idea misma de un afuera, un es¡acio, un Iugar que
¡ara Ia Iey es un no-Iugar ya que se exliende mas aIIa
de cuaIquier |urisdicción. II es¡acio deI afuera es,
¡ara Schmill, conslilulivo de Ia Iey que, aI iguaI que
no ¡uede sus¡enderse a si misma, lam¡oco ¡uede
fundarse. Iero, debemos ser cuidadosos: no se lrala
de un afuera cuaIquiera, deI mismo modo que Ia de-
cisión no es una decisión cuaIquiera. In un senlido
muy im¡orlanle, esle afuera no ¡uede ¡ensarse co-
mo un ´anles¨, como eI vacio y Io informe que ¡re-
cedió a Ia creación. La decisión fundanle deI sobera-
no no es crealiva, ni siquiera es una decisión de ac-
luar o de hacer. Is, ¡or eI conlrario, Ia decisión de no
acluar, o ¡or recordar Ia ex¡resión de Agamben, una
2.- Ibid., ¡. 30 (31).
3.- Ibid., ¡. 48 (46).
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acluaIización de Ia ¡olencia de no ser. Asi, no hay un
anles de Ia Iey en eI senlido de que eI afuera es un
afuera inlerior, no un afuera indiferenle, sino eI afue-
ra es¡ecifico de Ia Iey, su nucIeo vacio, eI vacio que
hace ¡osibIe eI decrelo de exce¡ción, Ia decisión deI
soberano de vaciar o evacuar Ia Iey, eslo es, IileraI-
menle ´de|ar vacio eI Iugar donde habia eslado Ia
Iey¨. La evacuación de Ia Iey convierle eI ¡oder deI
soberano en absoIulo ¡orque es iIimilado. SóIo un
soberano Iiberado de esla manera ¡uede e|ercer Ia
función deI Levialan que, como en }ob, ´alerrorizara
a lodos Ios hi|os deI orguIIo¨.
Sin embargo, Schmill lambien ¡osluIa, usuaI-
menle ¡or medio deI conlrasle con Ia inlención de
moslrar Io que no es eI afuera deI soberano, olro
afuera, eI afuera de Ia ´anarquia¨ y eI ´caos¨. In un
senlido, esle es eI afuera deI afuera de Ia Iey, en lan-
lo que ´no exisle una soIa norma que fuera a¡IicabIe
aI caos¨. Iero, dado que Ia Iey siem¡re y en lodo Iu-
gar ¡recede a esle caos y anarquia ÷que a diferencia
de Ia exce¡ción no resuIla, segun Schmill, de una de-
cisión y ¡or lanlo consliluye un ¡roceso sin su|elo÷,
se ¡Ianlea necesariamenle Ia cueslión de cómo y a
lraves de quien surge Ia anarquia y si ¡uede ser aI-
guna vez verdaderamenle un afuera ¡uro, eslo es,
un afuera exlerno a Ia Iey, y esla ¡odria ser Ia con-
cIusión a Ia que se dirigen Ios argumenlos de
Schmill, incIuso si eI no desea conlinuarIos hasla su
concIusión. Iero, seme|anle ¡osibiIidad esla su¡ri-
mida vioIenlamenle deI lexlo de Schmill: eI Iugar
fuera de Ia Iey esla reservado ¡ara eI soberano que
es eI unico que ¡uede saIirse ¡ara e|ercer eI miIagro
de Ia sus¡ensión de Ias Ieyes. Aqui eI Iugar de Ia re-
vueIla se de|a vacio: Ia soberania es una conlrarrevo-
Iución ¡ermanenle conlra Ia revueIla que viene, es,
¡or lanlo, una conlrarrevoIución ¡revenliva. Asi, eI
Iugar fuera de Ia Iey esla siem¡re-ya ocu¡ado. No es
un Iugar de Iiberlad desde eI que Ia Iey ¡odria ser
conleslada, sino eI Iugar desde eI que Ia Iey es saIva-
guardada y defendida conlra Ia ¡osibiIidad de que
sea conleslada. Si Ia lrascendencia es eI medio ¡or eI
que eI orden |uridico se ¡rolege y manliene y, dada
Ia inca¡acidad de esle uIlimo ¡ara asegurar su ¡ro-
¡ia exislencia, ¿que liene de amenazanle Ia inma-
nencia` ¿Is sim¡Iemenle un error, Ia iIusión forma-
Iisla cuya ingenuidad ¡one en ¡eIigro eI orden, eI
equivaIenle |uridico deI deismo que deslierra aI cre-
ador de su creación o Ia absurda su¡osición de que
Ia maquina ¡uede andar ¡or si misma hasla Ia ¡er-
¡eluidad` ¿O hay aIgo aclivamenle subversivo en Ia
inmanencia, como si fuera Ia anarquia disfrazada de
orden, Ia eIiminación de ese afuera que garanliza en
soIilario eI im¡erio de Ia Iey`
In esle ¡unlo, surge una ob|eción obvia, aI mis-
mo liem¡o hislórica y fiIosófica: ¿es que Ia discusión
hasla ahora no ha ignorado Ia lradición que ¡osluIa-
ba una Iey exlerior y anlerior a cuaIquier orden cons-
lilucionaI, una Iey que forma Ia condición de ¡osibi-
Iidad de esle orden` Seme|anle Iey o con|unlo de de-
rechos o normas, ¡or eI hecho de que concierne a Io
divino, a Io humano (enlendido como es¡ecie) o a Ia
razón, lrazaria Iimiles ¡ara eI soberano y ¡ara eI es-
lado de exce¡ción y ¡ermiliria una resislencia Iegili-
ma aI ¡oder soberano. Las ¡ro¡ias observaciones de
Schmill ¡arecen dar credilo a laI idea. In Te%"%g3a &%;
"3*ica, reconoce que Ia noción misma de exce¡ción es
´inconmensurabIe¨ ¡ara ´Ia doclrina de Locke¨
4
.
Isla conslalación es, ¡or su¡ueslo, insuficienle: de
hecho D%) *(a*ad%) )%b(e e" g%bie($% ci,i" esla organiza-
do aIrededor de una defensa ¡revenliva conlra Ia
¡osibiIidad misma de una auloridad soberana iIimi-
lada. II orden conslilucionaI exisle sóIo ¡ara ¡role-
ger Ios derechos donados ¡or Dios y descubribIes a
lraves de Ia razón humana que exisle anles y fuera
de esle orden: vida, Iiberlad y ¡ro¡iedad. II afuera
en esle caso garanliza, aI menos en ¡rinci¡io, un de-
recho ¡er¡eluo a Ia resislencia. II Levialan que vio-
Ia mi derecho a Ia ¡ro¡iedad, sin eI cuaI segun Locke
se ¡one en cueslión mi exislencia misma, ¡or ese ac-
lo decIara un eslado de exce¡ción, eslo es, un eslado
de guerra, en eI que de|a de ser humano y se con-
vierle en ¡oco mas que una beslia de ¡resa y, ¡or
lanlo, debe ser deslruido como amenaza morlaI ¡a-
ra Ia humanidad.
Iero, en ningun olro Iugar es lan sor¡rendenle Ia
crilica de Schmill a Ias ideas de Ia Iey y eI derecho
4.- Ibid., ¡. 14 (18).
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naluraIes como en su Iibro sobre Hobbes. Los eslu-
diosos angIófonos descubrieron en Ios ochenla Io
que ya habia sido señaIado y denunciado ¡or
Schmill cincuenla años anles: Ios modos en que Ia
fundación que Hobbes reaIiza de Ia auloridad sobe-
rana absoIula en eI deseo de cada individuo de man-
lener su ¡ro¡ia vida y Ia consecuenle cesión deI de-
recho de aulogobierno aI ¡oder soberano ¡onen un
Iimile, que ¡odriamos IIamar bio¡oIilico, a ese ¡o-
der. Iara muchos Ieclores, Hobbes ¡ro¡one |uslo Io
inverso de Ia exce¡ción, Ia e.ci&i% o ex¡uIsión ¡or Ia
que eI soberano des¡Iazaria a Ia genle fuera de Ia Iey
aI sus¡enderIa, aqui eI ¡uebIo, que aI ¡rinci¡io no es
mas que una masa disociada, IIeva a cabo un i$ci&i%
o inicio, incor¡orandose denlro deI soberano laI co-
mo a¡arece iIuslrado en Ia ¡orlada de E" Le,ia*1$, sin
de|ar ningun reslo o remanenle fuera deI orden deI
soberano. Schmill, sin embargo, señaIó que cierlos
derechos, incIuso en Ia defensa que Hobbes reaIiza
deI absoIulismo, conlinuan siendo ´inaIienabIes¨ e
´inasimiIabIes¨. II derecho de auloconservación
que, aI ser eI fundamenlo de Ia cesión deI gobierno
desde eI yo aI soberano, no ¡odria ser enlregado sin
¡rivar aI eslado de su base y, ¡or lanlo, su Iegilimi-
dad: eI derecho aI menos a Ia exislencia bioIógica de-
be conlinuar exisliendo fuera deI ¡oder deI sobera-
no (como ¡rinci¡io, ¡or su¡ueslo).
Is mas, aunque eI soberano lenia eI derecho de
eslabIecer Ia doclrina reIigiosa anle Ia confusión y eI
irreduclibIe desorden de Ias Sagradas Iscriluras y,
¡or lanlo, de delerminar Io que Ios individuos ¡odi-
an hacer o decir en cuesliones de reIigión, Ios mis-
mos individuos relenian eI derecho a ¡ensar y creer
en Ia inlerioridad y ¡rivacidad de sus ¡ro¡ias men-
les en cuaIquier doclrina, como si ¡or naluraIeza
exisliera un mundo inlerno fuera deI aIcance deI ¡o-
der y deI derecho deI soberano. Isle re¡resenla ¡ara
Schmill ese olro afuera, un afuera mucho mas ame-
nazanle en lanlo que su enlera exislencia es inlerior
aI orden en eI que, a su modo, exisle como una ex-
ce¡ción. II afuera inlerior es ¡recisamenle eI i#&e(i%
i$ i#&e(i+#que no ¡uede ser loIerado. Schmill Io de-
nunciara, en eI esliIo deI discurso IegaI aIeman de Ia
segunda milad de Ios años lreinla, como |udio, que-
riendo decir ´leslarudo y erosivo¨ (´eI incansabIe es-
¡irilu |udio, eI que mas cerleramenle su¡o a¡rove-
char Ias diferenles siluaciones¨
5
), ¡ero significando
con mas frecuencia ´ocuIlo y re¡udiado¨, eslo es, Ia
resislencia a un orden lolaI. ´Ahora bien, cuando eI
Ioder ¡ubIico no quiere ser sino ¡ubIico, cuando eI
Islado y Ia confesión reIigiosa arrumban Ia creencia
inlerna en Ia esfera ¡rivada, eI aIma de un ¡uebIo se
Ianza ¡or eI 'mislerioso camino' de recogerse en si
misma. Refuerzase enlonces eI conlra¡eso deI siIen-
cio y de Ia quielud¨
6
. Ior eIIo, Ia necesidad que lie-
ne Ia guerra conlrarrevoIucionaria de recIamar eI
afuera ¡ara eI orden con eI fin de erradicar Ias boIsas
de resislencia y asi des¡e|ar eI cam¡o ¡ara Ia ocu¡a-
ción soberana. Islo Io que Ia obra de KeIsen nos ¡er-
mile ver: mas aIIa de Ias Iuchas ¡or ocu¡ar y domi-
nar eI afuera de Ia Iey, mas aIIa incIuso de Ia es¡eci-
fica fundación que eI afuera ¡royecla ¡ara si mismo
(Dios, Ia humanidad, Ia razón), KeIsen argumenla
que debemos enlender Ias condiciones que han de-
lerminado Ia invención misma de un afuera, un mas
aIIa y Ios usos que hislóricamenle se Ie han dado aI
afuera. Tomare como referencia ¡rinci¡aI no sus
obras mayores, A""ge#ei$e S*aa*)"eh(e (1925) y Rei$e
Rech)*"eh(e (1934), sino su arlicuIo de 1929 ´Die
IhiIoso¡hischen GrundIagen der NalurrechlsIehre
und den Rechls¡osilivismus¨ (¡ubIicado como
a¡endice a Ia lraducción ingIesa de Ia segunda edi-
ción de A""ge#ei$e S*aa*)"eh(e ba|o eI liluIo ´NaluraI
Lav Doclrine and LegaI Iosilivism¨
7
). Irimero,
KeIsen de|a cIaro que Ia ´doclrina de Ia Iey naluraI¨,
ob|elo de su anaIisis, no se Iimila aI ¡ensamienlo de
Ios sigIos XVII y XVIII (eslo es, Ia lradición que se ex-
liende de Grolius a Rousseau), ¡or eI conlrario ´ha
5.- Schmill, C., The Le,ia*ha$ i$ *he S*a*e The%(/ %f Th%#a) H%bbe)8 Mea$i$g a$d Fai"+(e %f a P%"i*ica" S/#b%", lrad. Geoge Schvab y Irna
Hifslein, Chicago, Universily of Chicago Iress, 2008, ¡. 120 (versión en es¡añoI: E" Le,ia*ha$ e$ "a *e%(3a de" e)*ad% de T%#1)
H%bbe), lrad. }avier Conde, Slruharl & Cia, ßuenos Aires, 2007, ¡. 59).
6.- Ibid., ¡. 122 (61). La lraducción ha sido modificada Iigeramenle ¡ara hacerIa coincidir con Ia versión ingIesa que uliIiza Warren
Monlag.
7.- ´Doclrina de Ia Iey naluraI y ¡osilivismo IegaI¨. No hemos enconlrado lraducción es¡añoIa de esle arlicuIo. I
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exislido duranle mas de dos miI años¨
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. De hecho,
ira mas Ie|os aI argumenlar que Io que es comun-
menle ¡ensado como lradición de Ia Iey naluraI es
sim¡Iemenle una fiIosofia que IIamara ´duaIismo¨,
o mas es¡ecificamenle ´duaIismo ¡oIilico-IegaI¨ que
se vincuIa ex¡Iicilamenle a Ios duaIismo fiIosóficos
de es¡irilu y maleria, cuer¡o y aIma y forma y con-
lenido. De acuerdo con esla doclrina en lodas sus
varianles, Io que KeIsen IIama Iey ¡osiliva, eslo es, Ia
Iey que es arlificiaI, en Iugar de naluraI, y, ¡or lanlo,
abierla, en Iugar de cerrada (incIuso si ¡osee Ios ras-
gos de un sislema), e hislórica, en Iugar de elerna, no
sóIo ¡uede sino que debe coexislir con Ia Iey naluraI.
La Iey naluraI en esle senlido es un con|unlo de ¡res-
cri¡ciones invarianles vaciadas de cuaIquier ¡arlicu-
Iaridad hislórica (¡or e|em¡Io, ´a cada uno Io suyo¨
o ´ama a lu ¡ró|imo como a li mismo¨) cuyas con-
ce¡ciones de Io bueno, Io |uslo o Io racionaI conslilu-
yen eI fundamenlo de Ia Iey ¡osiliva y Ie conceden
su vaIidez. La Iey naluraI, laI como Ia enliende
KeIsen, ha sido concebida como eI origen deI que
emana Ia Iey ¡osiliva y de Ia que ¡uede ser, ¡or usar
Ia dislinción ¡Ialónica, o bien una co¡ia fieI o bien
una faIsificación que decIara re¡resenlar aqueIIo que
de hecho inlenla su¡Ianlar. ´Desde Ios ¡adres de Ia
IgIesia a Kanl¨ se ha argumenlado que Ia Iey ¡osili-
va es ´esenciaImenle una sim¡Ie emanación de Ia
Iey naluraI, Ia a¡robación de eslalulos o Ia loma de
decisiones no crea Iibremenle, sino que sóIo re¡ro-
duce Ia Iey verdadera que de aIguna manera exisle
ya, y Ia Iey ¡osiliva (Ia co¡ia) en eI momenlo en que
conlradice Ia Iey naluraI (eI modeIo o arqueli¡o) no
¡uede ¡oseer vaIidez ninguna¨
9
.
II duaIismo de Ia Iey ¡osiliva y Ia Iey naluraI es
´anaIogo aI duaIismo deI aqui y eI mas aIIa, de Ia ex-
¡eriencia y Ia lrascendencia¨
10
, duaIismos que his-
lóricamenle han ¡Ianleado ¡robIemas insu¡erabIes
¡ara Ia fiIosofia. ¿Cómo se ¡asa deI es¡irilu a Ia ma-
leria` In efeclo, ¿cómo ¡uede eI es¡irilu crear ¡or si
mismo aqueIIo que es esenciaImenle exlraño a su
naluraIeza` ¿Cómo ¡uede Io elerno hacer surgir Io
lem¡oraI, Io universaI hacer surgir Io ¡arlicuIar`
Isle uIlimo inlerroganle, subraya KeIsen, ha descon-
cerlado es¡eciaImenle a Ia fiIosofia moraI, dado que
un mandalo deI li¡o ´ama a lu ¡ró|imo como a li
mismo¨ debe lraducirse, digamos, a condiciones
¡arlicuIares que a menudo cueslionan sus ¡osluIa-
dos basicos (¿quien es mi ¡ró|imo y quien no Io es`,
¿cuaI es eI conlenido efeclivo deI amor que Ie debo`,
¿que significa que aIguien nos mande amar`). II
duaIismo se ve alormenlado ¡or Ia ´inaccesibiIidad¨
o Ia ´no exislencia¨ deI arqueli¡o y deI ideaI: ´nada
es mas ¡robIemalico que eI inlenlo de ex¡Iicar Io
que esla dado a ¡arlir de Io que no Io esla, Io accesi-
bIe a ¡arlir de Io inaccesibIe¨
11
.
Is mas, siguiendo a S¡inoza y Nielzsche, KeIsen
se ¡regunla acerca deI desconfianza res¡eclo a nos-
olros mismos que nos IIeva a conlem¡Iar eI mundo
que se nos ¡resenla como si sóIo ¡udiera conocerse
en lanlo que una mera ´a¡ariencia¨ o¡uesla aI mun-
do verdadero siluado en un mas aIIa incognoscibIe,
de hecho un du¡Iicado deI ¡rimero, ¡ero que se
sienle como si debiera ser eI mundo ´reaI¨, ´finaI¨,
´¡erfeclo¨ y ´verdadero¨
12
, como si Ias ciencias na-
luraIes lralaran acerca de Ias su¡erficie de Ias cosas
en Iugar de con sus esencias y descuidaran eI ambi-
lo lrascendenlaI en eI que se ocuIla nueslra verdad.
Todavia mas, argumenla que nueslro mundo ´aulo-
creado y aulo-organizado¨ y, ¡or lanlo, nosolros
mismos somos devaIuados como si lanlo nosolros
como eI mundo que hemos ¡roducido fueramos im-
¡erfeclos, ¡ecaminosos y maIignos com¡arados con
Ia ¡erfección lrascendenlaI que se nos esca¡a. Iero,
¿acaso ¡uede Ia descri¡ción de KeIsen ser aIgo mas
que una reducción de Ia Iey naluraI a una esencia
abslracla en Iugar de ex¡oner su exislencia hislórica
acluaI` ¿Is que Ios adversarios de Ia Iey naluraI, es-
¡eciaImenle en Ios uIlimos sigIos, no lemen ¡recisa-
menle Ia invocación de una |uslicia exlerior y o¡ues-
la a Ia Iey y no ha sido, ¡or lanlo, Ia afirmación de un
mas aIIa, incIuso si esle es en uIlima inslancia una
ficción, Io que ha acom¡añado necesariamenle lodo
desafio deI orden exislenle`
A esle ob|eción, Ia res¡uesla de KeIsen es inequi-
voca: ´Ia naluraIeza de Ia doclrina de Ia Iey naluraI
en generaI y de su corrienle ¡rinci¡aI fue eslricla-
menle conservadora. La Iey naluraI, laI como fue
¡Ianleada ¡or Ia leoria, fue esenciaImenle un ideoIo-
gia que sirvió ¡ara res¡aIdar, |uslificar y converlir en
aIgo absoIulo Ia Iey ¡osiliva o, Io que es Io mismo, Ia
auloridad deI eslado¨13. Se ¡royeclaba un orden in-
mulabIe ¡or delras de Ias Ieyes ¡osilivas de una so-
8.- KeIsen, H., ´NaluraI Lav Doclrine and LegaI Iosilivism¨ en Ge$e(a" The%(/ %f La- a$d S*a*e, lrad. Anders Wedberg, Cambridge,
Hardvard Universily Iress, 2009, ¡. 414.
9.- Ibid., ¡. 416.
10.- Ibid., ¡. 421.
11.- Ibid., ¡. 420.
12.- Ibid., ¡. 419.
13.- Ibid., ¡¡. 416-417.
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ciedad delerminada como garanlia de su Iegilimi-
dad. KeIsen no encuenlra nada en ´Ia doclrina indi-
viduaIisla deI conlralo sociaI¨14 li¡ica de Ios sigIos
XVII y XVIII que ¡ueda considerarse ni revoIuciona-
rio ni siquiera reformisla radicaI. La idea de un ´ca-
racler revoIucionario-deslruclivo de Ia Iey nalu-
raI¨15 no es mas que una aslucia de Ia hisloria. In
una es¡ecie de inversión radicaI de Ias lesis de
Schmill, Ia consoIidación deI orden se da ba|o Ia
mascara de Ia revoIución o de Ia reforma radicaI. Ior
¡onerIo de olra manera, Ia conlrarrevoIución a¡are-
ce como su o¡ueslo, como hace lodo movimienlo
que a¡eIa a un afuera que no ¡uede ser olra cosa que
una ¡royección ficlicia de Ias reIaciones de ¡ro¡ie-
dad y auloridad que ya exislen ¡ero que deben bus-
car conlinuamenle forlaIecer su conlroI.
Ahora ¡odemos enlender eI Iugar es¡ecifico de
Schmill en Ia configuración de Ias fuerzas leóricas.
La Iey naluraI que duranle lanlo liem¡o sirvió ¡ara
defender Ia auloridad ya no es ca¡az de hacerIo y Ia
Iey sóIo ¡uede saIvarse saIiendonos de eIIa y sus¡en-
diendoIa desde afuera. In esle ¡unlo, ya no habIa-
mos de Ia Iey o desde Ia Iey, sino de Ia ¡ura, brula
confronlación de fuerzas, de Ia aniquiIación e incIu-
so exlerminación que consliluye Io que Schmill IIa-
ma Ia reslauración deI orden aI que ¡odra a¡Iicarse
Ia Iey una vez que eI soberano decida revocar Ia re-
vocación deI orden |uridico. In eI afuera, laI como
Schmill Io define cuidadosamenle, no ¡uede haber
resislencia aI soberano, sóIo resislencia a aqueIIos
que resislen su auloridad, una resislencia efecliva a
Ios resislenles que no debe obediencia a ninguna Iey,
en un es¡acio donde lodo esla ¡ermilido.
La res¡uesla de KeIsen es que loda resislencia y
conlra-resislencia se da denlro de Ia Iey, que Ia Iey no
es sim¡Iemenle un con|unlo de mandalos que ema-
nan de una soIa fuenle, sino eI Iugar de un confIiclo
incesanle enlre lendencias irreduclibIemenle helero-
geneas, en Ias que Ia fuerza y Ia norma no ¡ueden di-
sociarse. No hay nada formaI en lorno a Ia Iey, como
si fuera una ficción que se cierne sobre Ia reaIidad
maleriaI. Iara KeIsen, es eI eIemenlo en eI que vivi-
mos, nos movemos y lenemos nueslro ser. DeI mis-
mo modo que no hay un eslado ¡re-sociaI, un esla-
do de naluraIeza desde eI que se de una lransición
hacia Ia condición ¡oIilica o sociaI que surge ¡or me-
dio de Ia fuerza o eI consenso, lam¡oco hay un esla-
do o condición ¡re-IegaI. No hay sociedad sin Iey,
aunque sea sóIo en Ia forma de Ia coslumbre, en Ia
que Ias normas, como Ias regIas deI Iengua|e, se obe-
decen sin que haya un conocimienlo o un consenli-
mienlo ¡or ¡arle de Ios que obedecen. Iero, quizas a
diferencia de Ias regIas Iingüislicas, una vez que se
idenlifican, Ias coslumbres ¡ueden ser evaIuadas y
lransformadas en formas de Ia Iey ¡osiliva. La Iey en
eI senlido de KeIsen es Iiberlad res¡eclo de un afue-
ra, res¡eclo de un origen o un deslino que eI afuera
decrela, res¡eclo de Ios fanlasmas de Io sobrenaluraI
y Io sobrehumano que im¡one sobre nosolros, ¡ero
sobre lodo res¡eclo de Ias formas de Io inhumano
que acosan a Ia humanidad haciendoIe señas ¡ara
que se acerque aI unico afuera que exisle: Ia muerle.
Resislirse a Ia muerle y a su gIorificación, invenlar
nuevas formas de vivir, de creación que es lambien
aulo-creación sin fin ni deslino: eslas son Ias a¡ues-
las de Ia defensa que KeIsen hace de Ia Iey, una Iey
inmanenle a Ia vida.
14.- Ibid., ¡. 417.
15.- Ibide#6
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J,a% Ped)& Ga)c3a de# Ca$'& / Ma%,e# M&%+a#b1% Ga)c3a,
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S&i$%0a c%$*e#&%(1$e%
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La,)e%+ B&-e,
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Ed,a)d Ib14e0 J&f)e,
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