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CÓMO HABLAR DE LA MUERTE A LOS NIÑOS

Aunque muchos niños, por su corta edad, no comprenden lo que es la muerte, son
sumamente sensibles a las reacciones que ésta ocasiona en los adultos, así como a la
ausencia de la persona fallecida. Por este motivo es de suma importancia que se les
diga la verdad, pues de lo contrario se confunden y manifiestan rencor debido al
"abandono".

Es cierto, resulta doloroso y difícil hablar de la muerte con los niños, ya que por una
parte la depresión se apodera de nosotros y, por otra, queremos proteger a los
pequeños del sufrimiento; sin embargo, es necesario armarse de valor y, pasadas las
horas de mayor dramatismo y confusión, buscar momento y lugar apropiados para
explicarles lo ocurrido con lenguaje adecuado a su edad. Lo anterior puede efectuarse
diciéndoles lo siguiente: "Los médicos y enfermeras hicieron todo lo posible por
arreglar el cuerpo del abuelo, pero estaba tan estropeado que las medicinas no lo
pudieron reparar".

Evite recurrir a las siguientes afirmaciones:

Información Interpretación infantil


Se ha ido a un viaje largo Sensación de abandono
Dios así lo quiso Dios es malo
Se fue a dormir Temor a dormir

Considere que es inútil ocultar la verdad al niño porque como todos a su alrededor lo
saben, tarde o temprano se enterará, asimismo, tome en cuenta que en la actualidad
los pequeños comprenden de mejor manera este tipo de acontecimientos y los aceptan
con sorprendente entereza.

Acercamiento
En muchas ocasiones los niños tienen su primera experiencia con la muerte
cuando fallece su mascota, lo cual tampoco debe ocultárseles diciéndoles que
el animal escapó de la casa, porque ello puede generarles gran preocupación,
ansiedad y angustia debido a que piensan que la criatura está expuesta a
muchos peligros y que tiene hambre y frío.

Lo más recomendable es informarle al pequeño lo ocurrido y hacer los rituales propios


de la muerte, por ejemplo, despedirse del animalito, enterrarlo en el jardín o mandarlo
a incinerar y, en caso que sean creyentes, rezar por él; en este momento se le puede
explicar que de manera natural todos los seres vivos cumplimos con un ciclo, el cual
culmina con la muerte.

También es necesario enseñarles que hay que recordar a la mascota fallecida con
alegría, pues junto a ella se tuvieron gratas experiencias y se compartieron infinidad
de cosas y, para que toda la familia pase unida este duelo, se podría hacer un álbum
con las fotos favoritas al lado del animal y hablar de él con cariño; considere que esto
proporcionará a su hijo base sólida que lo ayudará a enfrentarse con mayor madurez a
la pérdida de otro ser querido. Por otra parte, cabe destacar que la explicación sobre la
muerte debe ser acorde con la edad del pequeño, a continuación le presentamos
algunos consejos:
3 a 5 años. Los niños de esta edad no comprenden inmediatamente que la persona
que muere nunca volverá, por lo que psicólogos y psiquiatras aconsejan que se les
ejemplifique la situación con lo que ocurre a las flores que se marchitan en el rosal,
igualmente, es de gran ayuda visitar a los parientes ancianos y explicar a los pequeños
que envejecer es un proceso natural.

6 a 8 años. En esta etapa es sumamente importante dejarles en claro las causas del
fallecimiento, ya que suelen pensar que la persona ha muerto por algo que ellos han
hecho, por ejemplo: "Papá murió porque me portaba mal y lo cansé" o "cuando
discutimos el otro día desee que muriera".

9 a 12 años. Debido a su mayor comprensión, pueden sentirse abrumados por los


sentimientos de pérdida, y a la vez verse incapaces de expresar estas emociones,
asimismo, su búsqueda de información hace que se enfaden cuando se les mantiene al
margen de conversaciones; quieren saber el máximo sobre la muerte como forma de
tener algún control sobre la situación. Para tranquilizarlos puede ser de gran ayuda
encontrar rituales para recordar a la persona fallecida, como dibujarla, escuchar su
música preferida y lanzar globos al aire.

Ritos funerarios
Animar al niño (a partir de los cinco años) a asistir y participar en el funeral
puede ayudarle a comprender qué es la muerte y a iniciar mejor el proceso de
duelo; es aconsejable explicarle con anticipación qué verá y escuchará, y por
qué se realizan estos actos. También es conveniente que el pequeño vea al
cadáver y comentarle que el cuerpo deja de moverse, respirar, comer, hablar,
ir al baño y no siente dolor.

Si uno o los dos padres están demasiado afectados para ocuparse del niño, puede ser
necesario que otra persona se responsabilice de acompañarle durante los ritos,
preferentemente alguien cercano al pequeño que le permita expresar sus emociones y
se sienta cómodo contestando sus preguntas.

Ahora bien, aunque el infante sepa que su ser querido ha muerto, siente necesidad de
seguir manteniendo una relación afectiva, y así, la persona fallecida puede convertirse
en padre, madre, abuelo o abuela imaginaria, en estos casos se les puede ayudar al
proporcionarles algún objeto personal para que lo conserven como recuerdo y forma
de unión íntima con él o ella.

No es fácil permitir que los niños nos acompañen en estos momentos, pero ocultarles
la verdad o mandarlos a casa del tío no sólo les hará sentir desplazados, sino se les
transmitirá el mensaje de que no es bueno llorar o estar triste cuando alguien muere.