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¿Cómo se renuevan los partidos políticos en Uruguay?

Examen de la “resurrección” del Partido Colorado en los años sesenta

Daniel Chasquetti1

1. Introducción

La elección nacional del 30 de noviembre de 1958, fue una de las pruebas más
complejas que debió sortear la democracia uruguaya. Luego de 93 años en el poder, el
Partido Colo rado fue derrotado en las urnas dando paso a la primera alternancia
gubernativa de la historia moderna del país. En esos comicios el Partido Nacional se
presentó unido luego de casi treinta años de división, al tiempo que el sector liderado
por Herrera realizaba un acuerdo electoral con el movimiento ruralista, en un hecho
inédito para un sistema político sólido e institucionalizado. El triunfo del PN fue
aplastante ya que no sólo se quedó con la mayoría del Consejo Nacional de Gobierno
(CNG) sino también con la mayoría en ambas cámaras legislativas, y con 18 de las 19
intendencias del país.

El desplome del PC supuso una reducción de trece puntos porcentuales de su


electorado, y dejó a esta colectividad con recursos institucionales mínimos 2 . Las
reacciones ante la derrota provenientes de filas del PC fueron diversas y variaron desde
explicaciones netamente políticas (desde el quincismo) hasta explicaciones de
economisista (catorcismo). El ministro de Hacienda saliente, Amilcar Vasconcellos,
manifestó que el país “había perdido el rumbo” debido a errores políticos cometidos en
el pasado, en particular, cuando fue reformada la Constitución y el PC realizó “un
verdadero harakiri político”, al otorgar a la oposición y a los sectores minoritarios del
partido la oportunidad de ganar posiciones y resquebrajar la unidad de mando del
gobierno (1960:76-80). Un editorial del diario “El Día” seguraba que “la derrota
colorada debe explicarse por el fracaso en el control de los principales indicadores de
la economía (…) en la falta de iniciativa e imaginación del gobierno colorado... (todo
lo cual) conduce a replantear e impulsar un necesario cambio en los caminos escogidos
hasta ahora y en las soluciones promulgadas por el partido...” (14-12-58). En ningún
caso aparecieron discursos apocalípticos que dramatizaran en exceso el fracaso. Por el
contrario, muchos dirigentes colorados tomaron el resultado como un mero tropezón en
un largo y épico camino de victorias. Sin embargo, para el retorno al poder deberían
transcurrir dos administraciones y la profundización de una compleja crisis económica y
social. Ocho largos años donde el PC cambiaría por completo su carácter y fisonomía.
Ello supuso el crecimiento de vertientes ideológicas minoritarias en los cincuenta, la
emergencia de nuevos agrupamientos internos, y fundamentalmente, un recambio
dramático en el liderazgo partidario.

1
Docente e investigador del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la
Universidad de la República.
2
A partir de marzo de 1959 el PC tendría sólo 3 consejeros nacionales, 12 senadores, 38 diputados, 1
intendente, y 22 directores de Entes Autónomos Cuatro años antes, el PC contaba con 6 consejeros, 10
ministros, 10 subsecretarios, 17 senadores y 51 diputados, 15 intendentes, y 33 directores de Entes
Autónomos. Los 75 cargos conseguidos para el período 1959-63 contrastaban poderosamente con los 142 del
período anterior.

1
En la última década, algunos estudios politológicos comenzaron a llamar la atención
acerca del declive de los partidos políticos (Webb, 1995). El debate en esa línea se
concentró fundamentalmente en torno a las causas que contribuyen al deterioro de estas
instituciones. Nathan Yanai (1999), en cambio, ha invertido los términos, al preguntarse
acerca de los factores que favorecen la supervivencia de los partidos políticos. Su
indagación se concentra en el rol de legitimación y representación que cumplen los
partidos en una democracia y en sus funciones básicas (nominación de candidatos,
adopción de decisiones en políticas públicas, y movilización de apoyos para sus
candidatos y políticas). La supervivencia de los partidos tendrá que ver con el
cumplimiento correcto de ese rol y el normal desempeño de esas funciones. Yannai
también afirma que los partidos administran dos fuentes complejas de inestabilidad: las
elecciones competitivas y la fraccionalización de sus estructuras (y posiblemente del
gobierno). Un pésimo desempeño en las elecciones, puede determinar un punto de
inflexión en la vida del partido, ya que el mal resultado dejaría en claro que algunas de
sus funciones se han cumplido de forma errónea. La derrota electoral del Partido
Colorado en 1958 estaría confirmando esta idea, pues de acuerdo a los estudiosos del
período, la derrota fue originada por el fracaso en el desarrollo de ciertas políticas, como
así también las dificultades para obtener apoyo para su sustento durante la mayor parte
del mandato de gobierno.

La segunda fuente de inestabilidad debe ser tratada con extremo cuidado, pues los
partidos uruguayos han tenido siempre niveles importantes de fraccionalización (Buquet
et.al. 1998). A su vez, el nivel de fraccionalización puede generar consecuencias
diversas según sea el nivel de polarización ideológica que exista en el partido. Los
estudiosos de los partidos uruguayos han prestado, en general, más atención al número
de fracciones que conviven en un partido, que a la distancia ideológica que entre ellas
existe. El debate sobre cuál es el nivel tolerable de fraccionalización partidaria ha sido
profuso y se vincula estrechamente con la evaluación de los efectos del sistema electoral
uruguayo 3 . Con la excepción de González (1993), el control de la variable polarización
ideológica dentro de los partidos ha estado casi ausente en la mayoría de los estudios.
Tal vez ello sea por la inexistencia de series históricas, pero también porque la ciencia
política ha prestado escasa atención teórica al fenómeno y sus consecuencias (Sartori,
1980).

El nivel de fraccionalización del PC durante el período 1995-59 era bajo (2,02 a nivel
electoral y 1,99 a nivel parlamentario), pero la distancia ideológica entre sus dos
principales fracciones adquiere ribetes casi dramáticos, según se desprende de los
hechos políticos y de las declaraciones de los actores políticos. Ocho años más tarde,
cuando el PC retorna al gobierno, su nivel de fraccionalización es mayor (2,99 y 2,77
respectivamente) pero la distancia ideológica entre sus dos principales fracciones resulta
moderada. La Unión Colorada y Batllista de contó con el consecuente apoyo de la Lista
15 durante todo el período de gobierno (1967-72) y ambas fracciones representaban el
80% del partido y el 33% de las cámaras. Por tanto, encontraríamos una relación inversa
entre el nivel de fraccionalización y la distancia ideológica en ambas coyunturas. Ello
explicaría la influencia diferenciada de la situación interna del partido en los
desempeños electorales de 1958 y de 1966-71.

3
Un buen resumen de esta discusión puede verse en Buquet et.al. 1998

2
En este trabajo se analiza el proceso de transformación del PC durante el período 1959-
66. Los cambios se sitúan básicamente en la modificación de una de las fuentes de
inestabilidad partidaria, la fraccionalización, pero también en sus liderazgos y cuerpo
dirigente. En el siguiente apartado se presentan, en forma sintética, las causas de la
derrota de 1958. En el tercero, se describen los rasgos más relevantes del período 1954-
66, considerando el estado del partido antes de la elección de 1958, el ejercicio de la
oposición al gobierno, la derrota de 1962, y el triunfo de 1966. En el cuarto apartado se
analizan las características de la renovación partidaria a partir de dos variables: la
renovación del elenco dirigente y , la evolución de las fracciones. También allí se
presentan algunas conclusiones mínimas y provisorias a este estudio.

2. Las causas de la derrota de 1958

Tomando en consideración las explicaciones vertidas por los historiadores y los actores
políticos, las explicaciones acerca de la derrota del Partido Colorado en 1958 pueden
agruparse en cuatro grandes causas: a) la crisis económica; b) el reagrupamiento de la
oposición; c) los efectos no deseados del gobierno dividido; y f) el desprestigio de la
dirigencia colorada.

La explicación económica

Muchos investigadores han señalado que en 1955 ya podían percibirse los primeros
síntomas de la crisis económica que castigaría al país en las siguientes décadas. Tras dos
lustros de bonanza, la economía uruguaya comenzaba en ese año a mostrar resultados
francamente negativos. Como señala D´Elía (1982:27) “lo que parecía un sólido
proceso de crecimiento comenzó a presentar, aún antes de 1955, los síntomas de un
desequilibrio que se agudizó en la segunda mitad de la década. El punto neurálgico
estuvo constituido por la balanza comercial”. El descenso en las exportaciones no sólo
respondía a una baja de los precios internacionales sino también al descenso de los
volúmenes comercializados. Ello era producto del estancamiento del sector ganadero y
tras 1956 del sector industrial (Nahum et.al. 1989). Las reservas acumuladas durante el
período de crecimiento cayeron drásticamente, pasando de 293 millones de dólares en
1946 a 141 millones en 1956. La inflación registró un aumento significativo a partir de
1957 al trepar al 18,5% y los déficits fiscales comenzaron a acumularse. La situación
lentamente se hacía insostenible. Carlos Real de Azúa (1972:95) afirmaba que“hacia
fines de los años cincuenta, todos los índices mostraban que la situación se había hecho
ya demasiado explosiva para un mantenimiento inalterado de la línea seguida hasta
entonces”. La confesión del ex ministro de Hacienda del primer gobierno blanco,
Eduardo Azzini (1970:32), confirma esta apreciación: “el 1º de marzo de 1959 no había
fondos para pagar el presupuesto de sueldos de febrero (…) la UTE no podía pagar sus
compromisos internacionales (…) El Banco Hipotecario había comprometido hipotecas
por un valor del doble de sus posibilidades (…) AFE tenía en reparación tantos
vagones como los que estaban en uso, manteniendo más de dos cientos empleados casi
sin tareas (…) y así podríamos seguir con una larga lista de problemas que mostraba
hasta que punto el Estado había entrado en un proceso de deterioro inimaginable”.

En ese contexto cargado de dificultades económicas y financieras, se desarrolló una


intensa agitación social combinada con una ola de descreimiento y cansancio ante un

3
gobierno que no ofrecía soluciones. La ley orgánica de la Universidad desató
importantes movilizaciones, a lo que sumaron las huelgas de los trabajadores de la
carne, de la construcción, los metalúrgicos y los bancarios. Con ese marco de crisis
económica y movilización social, no parece sorprendente que el electorado uruguayo
castigara al partido de gobierno. La ciudadanía había tomado debida cuenta de que los
años de bonanza habían pasado y que la severidad del momento exigía nuevos
timoneles y otros rumbos.

Reagrupamiento de la oposición

Pero el año 1958 no sólo se caracterizó por los efectos de la crisis económica o por la
extendida agitación social. También presentó una importante novedad en materia
electoral. Todos los sectores blancos votaron bajo el mismo lema tras casi tres décadas
de divisiones. En 1930 el PN había votado unido por última vez. La dictadura de Terra
consolidó la división entre el Dr. Herrera y la fracción de blancos independientes,
distanciamiento que duró por lo menos hasta 1954 cuando el recuerdo del terrismo
comenzaba a ser parte del pasado. En los años cincuenta, dentro del Partido Nacional
Independiente (PNI) se había constituido un corriente interna que pugnaba por el
retorno al lema original. Reconstrucción Blanca, liderado por Eduardo Rodríguez
Larreta, retornó al PN en 1954, y el resto del PNI siguió el mismo camino cuatro años
más tarde, conformando la Unión Blanca y Democrática (UBD) junto a
“Reconstrucción Blanca” y el “Movimiento Popular Nacionalista” de Daniel Fernández
Crespo (desprendido del Herrerismo ).

Por tanto, el PN transita durante los años cincuenta un proceso de reagrupamiento que
resulta decisivo para el resultado de 1958. Pero a este fenómeno se agrega un segundo
factor relativo a la aparición del ruralismo y la concreción de una alianza con el
Herrerismo. Como señalan Nahum et.al. (1989) el movimiento ruralista tiene sus
orígenes en la década de 1940 y expresa los intereses de los pequeños y medianos
propietarios rurales. La Liga Federal de Acción Ruralista estaba liderada por Benito
Nardone, ex periodista de El Día, y antinguo votante del PC. Su prédica en CX4 Radio
Rural, bajo el sudónimo Chico-Tazo, atendía los reclamos de esos sectores y criticaba
duramente al poder político radicado en la capital. Con el paso del tiempo, la Liga fue
perdiendo su carácter gremial de grupo de presión para transformarse plenamente en un
actor político. En 1954, Nardone le pidió a los colorados que votaran a Batlle y a los
blancos que votaran a Herrera, pero en los años siguientes, asumió un rol netamente
político al negociar con ambos partidos el impulso a una reforma constitucional. Sin
embargo, cuando todo hacía pensar que el ruralismo nuevamente se mantendría al
margen de la lista electoral, Herrera le ofrecería el lema PN para que todos los sectores
reformistas concurrieran unidos a las urnas. En agosto de 1958 el Congreso de la Liga
Federal aceptó la propuesta herrerista, y dio también su aprobación a la integración de
listas conjuntas al ejecutivo. Esta decisión tomó por sorpresa al PC y ha sido señalada
por historiadores y analistas como una jugada clave del anciano líder del PN con vistas
al triunfo de 1958. La crítica dura y sostenida contra el gobierno colorado (“el señor
Luis Batlle le está costando demasiado caro al país”), permitió el rápido entendimiento
entre Herrera y Nardone, al tiempo que fortaleció el perfil opositor de los blancos
rumbo a noviembre.

4
Gobierno dividido del Partido Colorado

Durante buena parte del período 1955-59, el Ejecutivo liderado por Luis Batlle mantuvo
graves enfrentamientos con el Parlamento. Casi la mitad del mandato (21 de los 48
meses) estuvo signada por un poder ejecutivo carente de mayorías legislativas. En 1954,
los colorados habían alcanzado la mayoría en ambas cámaras (17 senadores y 51
diputados), por lo que la viabilidad del gobierno dependía necesariamente de un
entendimiento entre el sector ganador de la elección y los grupos colorados menores. En
febrero de 1955, el sector mayoritario concretó un acuerdo con la Lista 14, liderada por
César Batlle Pacheco (6 senadores y 15 diputados) y con “Libertad y Justicia” liderado
por Eduardo Blanco Acevedo (1 senador y 3 diputados). El acuerdo estaba consistía en
la transacción de cargos por apoyo a las políticas que impulsaría la mayoría del CNG.
La 15 controlaría seis ministerios y la 14 controlaría dos4.

Cuando sólo habían transcurrido cinco meses de gobierno, en agosto de 1955, se generó
la primera crisis de gobierno con la renuncia de los ministros catorcistas, Carlos B.
Moreno y Renán Rodríguez. Pese a que tras intensas negociaciones, ambos ministros se
reintegraron al gabinete, en los siguientes meses la relación entre los grupos colorados
sería conflictiva. En mayo de 1956, el senador de la Lista 14, Carlos Mattos, interpeló al
ministro quincista de Salud Pública, Julio César Estrella, obligándolo a renunciar en
virtud de las acusaciones recibidas. Este hecho produjo el inmediato ofrecimiento de
renuncia de todo el gabinete de ministros y la salida de la 14 del gobierno. Refiriéndose
a la compleja situación interna del gobierno, Vasconcellos afirmaba que (1960) "en la
misma noche del triunfo de 1954, Luis Batlle, reclamó el apoyo del otro sector batllista
para la labor de gobierno. El apoyo se obtiene y hombres del sector de la 14 integran
en nombre del partido los directorios de entes autónomos y ministerios. La labor del
Gobierno se va desarrollando y aunque sobrevienen dificultades, el Batllismo se
presenta unido en la acción de gobernar. Unidos los votos batllistas a los de otros
sectores colorados menores, permitían lograr una mayoría en las dos ramas del
Parlamento. Hasta que un buen día ocurre un hecho insólito. Un senador del sector de
la 14, cuyos compañeros de grupo están en ministerios en función de un acuerdo
político, interpela a un ministro. La interpelación se lleva a cabo y el acuerdo político
denunciado de tan original manera, se rompe. El sector batllista de la 15 asume la
tarea de gobernar pero no tiene el respaldo parlamentario necesario para lograr la
sanción de leyes que el país reclama y necesita. Y desde entonces el Parlamento se
dedica a sabotear por omisión o por juego táctico todos los esfuerzos que el Poder
Ejecutivo realiza”.

4
La racionalidad del acuerdo interpartidario de gobierno ha estado siempre presente en el sistema político
uruguayo. Según Batlle Berres, "el Ejecutivo electo debe mirar la geografía política de las Cámaras y según
los números obtenidos por las distintas fracciones del Partido, hacer la distribución de los ministerios. No
hay nada que inventar; no hay nada que innovar; no hay caminos nuevos, sino repetir los que la vida
democrática del país nos ha señalado..." Discurso pronunciado el 27 de marzo de 1954 en la ciudad de
Mercedes , en Rompani, 1965. Un editorial del diario “Acción” del 16 de enero de 1952 aclara con mayor
precisión la racionalidad de la formación del gobierno:"...Dos premisas pueden sentarse desde ya, como bases
sobre las cuales debe procederse a la formación del Gabinete (...) El total de los Ministerios deben hallarse
en manos exclusivamente de integrantes del Partido Colorado y los candidatos a ocuparlos deben encontrar
auténtico respaldo en la opinión pública. (...) el Batllismo va a realizar política de partido y no política de
coparticipación. Ha obtenido el triunfo en noviembre de 1950 y va a gobernar en nombre de ese triunfo
electoral...”

5
Un editorial del diario quincista “Acción” del 1º de diciembre de 1958, que intentaba
evaluar el gobierno colorado que culminaba, señalaba “ha sido violenta como nunca la
lucha dentro del Partido Colorado y el sector minoritario no ha actuado como minoría
dentro del Partido, sino que su léxico ha sido igual o peor que el de la oposición,
buscando minar y destruir al gobierno por los mismos caminos falsos y desleales que
utilizaron los enemigos que desde hace cien años nos combaten”.

En suma, los grupos minoritarios del PC actuaron la mayor parte del tiempo en la
oposición, desarrollando una actitud hostil ante la mayoría del Ejecutivo. Ese tipo de
problemas no sólo dificultó el relacionamiento interpartidario, sino que complicó la
aprobación de leyes, tornando inestable y débil al gobierno 5 . Los llamados a sala e
interpelaciones se hicieron moneda corriente en los años 1957 y 1958, quedando la
mayoría del CNG relegada al papel de mero administrador de la crisis. Con la ecuación
de gobierno dividido, poco podía esperarse en materia de iniciativas que posibilitaran un
giro gubernativo para salir de la situación crítica que vivía el país.

Desprestigio de la dirigencia batllista

El desprestigio de la clase política guarda relación con tres fenómenos concretos: el


descaecimiento de la fracción quincista en esos años, la incapacidad del Estado para
satisfacer las demandas crecientes de la sociedad, y el tipo de prácticas y decisiones
impulsadas por los dirigentes políticos involucrados en la gestión del Estado.

El modelo económico impulsado por el neo-batllismo generó un muy particular


entrelazamiento entre el Estado, los partidos y la sociedad. En palabras de Real de Azúa
(1972:92) el modelo “involucraba el crecimiento de ciertos sectores que extraían sus
recursos de otros menos beneficiados. Los frutos de ese crecimiento eran redistribuidos
por el poder estatal, que asumía así su clara función de árbitro económico-social, lo
que implicaba igualmente que la fuerza política que lo instrumentaba estuviera en
situación de cobrarse -en términos de apoyo político-electoral- los bienes que distribuía
y las expectativas que esta acción generaba”. Ese proceso, donde el Estado determinaba
las prioridades, exigía de un personal capacitado y provisto de cierta dosis de
racionalidad técnica. Pero, “aquí también falló el proyecto. Una administración y unos
servicios cada vez más recargados por tareas crecientemente complejas, se vieron
provistos por un personal de nivel habitualmente bajo y reclutado por los más crudos
criterios de retribución política” (Real de Azúa, 1972:93). Los partidos, y en particular
la fracción quincista, eran los principales proveedores de ese personal dirigente, cuyos

5
Ya en junio de 1945, un editorial del diario herrerista “El Debate” daba cuenta en forma simplificada, de
la existencia de un “ciclo político” con esas características: "la tesis dominante demostraría que, al
iniciar su gobierno, el Presidente solicita el apoyo de los partidos que le aseguran la mayoría
parlamentaria requerida por la Constitución. Los partidos políticos la prestan, reclamando los puestos
ministeriales que consideran les corresponden y asimismo las posiciones de control que necesiten en los
Entes Autónomos y Servicios Descentralizados del Gobierno. Pasa el tiempo, y los partidos retiran su
apoyo al gobierno y se quedan lindamente instalados en las posiciones burocráticas más anheladas y
más disputadas. El gobernante se queda sin ministros y sin apoyos y los partidos con sus puestos..."
(30.06.1945).

6
criterios de reclutamiento estaban caracterizados por criterios electoralistas,
particularistas y clientelistas 6 .

De este modo, la acción estatal quedaba determinada por un mercado político que, como
sostiene Lanzaro (1986:42), estaba orientado al intercambio de bienes por consensos,
que generaba un “denso tejido de vínculos de sesgo personal, particularizado, y
jerárquico, y que establecía articulaciones“verticales” entre los clientes y los
“patrones” –de partido- apostados en los lugares de decisión pública o próxima a
ellos”. En tanto gestores de este intercambio, los dirigentes partidarios se vieron
desbordados rápidamente con el comienzo de la crisis, ya que las demandas aumentaron
y la capacidad de respuesta disminuía. Ello ambientó, como señala Real de Azúa (1972)
un notorio desánimo entre la población y un “ascendente desprestigio del personal
político”.

Por otra parte, en esos años se observa un “descaecimiento del relativo dinamismo que
la fracción neo-batllista había antes logrado” (Real de Azúa, 1972:94), ambientado en
parte por el tipo de personal reclutado, pero fundamentalmente por el agotamiento de las
ideas aplicadas con éxito durante toda una década. La falta de productividad y las
respuestas reiteradas basadas en el particularismo permitieron prácticas reñidas con el
republicanismo tradicional del sistema político uruguayo.

En 1964, Real de Azúa afirmaba con un cierto dejo de amargura que esta tendencia
estaba presente “en la ola de enriquecimiento fácil de la segunda postguerra. Cierto
populismo batllista que en la primera generación del partido había tenido efectiva
vigencia, cierto talante bohemio y “pobrista” que había encarnado mejor que nadie la
estampa de Domingo Arena, fue barrido por los nuevos vientos (…) entre nosotros,
resulta casi normal ver el gasto de los legisladores multiplicado por cuatro (contando,
en parte, con la vertiginosa inflación que todas sus declaraciones pre-electorales
declaraban poder contener); normal que se autoasignen, en la más absoluta impunidad,
automóviles baratos y negociables y préstamos generosísimos; menos normal, pero sin
que provoque ninguna explosiva reacción social, pasar en un artículo epilogal de una
ley extensísima –el 383 de la Rendición de Cuentas de 1961-, un reajuste jubilatorio sin
limitaciones para los miembros del Ejecutivo, Legislativo y Entes Autónomos, así haya
pasado por alguno de esos cargos fugazmente y hace varias décadas” (1964:86-91).
Años más tarde diría categóricamente que “el modelo de intervención estatal en la
economía tendió a generar regularmente corrupción política y administrativa y una
especial relación entre el gobierno y las empresas que, incluso, la suspicacia pública
tendió a desmesurar, sustantivándola con el nombre de implicancias (…) Desde
entonces se acostumbraron los uruguayos a ver a quienes ascendían a un cargo público
de relevancia cambiar su modesto tren de vida por otro, mucho más ostentoso, y
mantenerlo tras su retiro”(1972:93).

6
Solari (1988:71) atribuye gran importancia a las pautas de “legitimidad retributivo-particularista” en la
construcción del sistema político uruguayo. Lanzaro (1986:41) señala que esas pautas son compartidas “por
todos los partidos, incluso los de “ideas”, cierto que a su modo y con desventajas”.

7
3. El Partido Colorado en el llano

El camino hacia 1958

El clivaje en la interna colorada generado por la dictadura de Terra -batllistas


abstencionistas y colorados favorables al régimen- encontró en el proceso de
restauración democrática de 1942 una pronta re-configuración. La alianza entre el
baldomirismo y el batllismo otorgó legitimidad al “golpe bueno” de Baldomir de
febrero de ese año y echó las bases de la “candidatura nacional” de Juan José de
Amézaga. Los colorados partidarios del régimen de marzo –blancoacevedistas y
riveristas- concurrieron a la elección de noviembre con sus propias candidaturas y
quedaron afuera de la coalición de gobierno constituida por el nuevo presidente 7 . Sin
embargo, tras la crisis de gabinete de octubre de 1945 (provocada por las denuncias de
corrupción realizadas por el diputado herrerista Francisco Gilmet contra dirigentes
cercanos al Presidente Amézaga), la alianza entre los sectores colorados terminó por
romperse, pues el baldomirismo decidió abandonar el gabinete y el presidente renegoció
los apoyos legislativos con el sector blancoacevedista y el nacionalismo independiente.
De este modo, el PC concurrió a la elección de 1946 con tres fracciones muy bien
delineadas, el Batllismo, el Baldomirismo, y el Blancoacevedismo –que había
incorporado a sus filas a los restos del Riverismo-. El resultado mostró un rotundo
triunfo del Batllismo, al tiempo que ventiló las primeras escaramuzas entre el grupo
mayoritario liderado por los hijos de Batlle y Ordoñez, y el grupo orientado por Luis
Batlle Berres. La magra votación del Baldomirismo sumió a este sector en una profunda
crisis que redundó en su descomposición tras el fallecimiento de su líder en 1948 8 .

En 1950, el Batllismo concurrió dividido a la elección con dos fórmulas presidenciales,


la de César Mayo Gutiérrez-Lorenzo Batlle correspondiente a la Lista 14 y la de Andrés
Martínez Trueba-Alfeo Brum correspondiente a la Lista 15. A su vez, un tercer sector
batllista (Doctrina y Acción Batllista), identificado con la Lista 10 y orientado por Ledo
Arroyo Torres y Antonio Rubio, apoyó la fórmula triunfadora. Por su parte, los grupos
no-batllistas realizaron un acuerdo en torno a la fórmula Eduardo Blanco Acevedo-Cyro
Giambruno en un intento por detener la hegemonía creciente del Batllismo. De esta
forma, el PC volvía a mostrar tres fracciones bien definidas a la hora de la elección.

La reforma constitucional impulsada por Martínez Trueba en 1951 no modificó las


reglas básicas de competencia entre partidos y fracciones, pese a ser un efectivo intento
para bloquear el retorno de Luis Batlle Berres a la presidencia. En 1954, como era de
prever, los colorados volvieron a ganar y la lista 15 consiguió la mayoría del CNG. El
blancoacevedismo se presentó en acuerdo con la 14, incluyendo dos candidatos en la

7
La coalición de Amézaga estaba integrada por dos fracciones coloradas, “Batllismo” y “Para servir al país”
(baldomiristas), y por el Partido Nacional Independiente. El gabinete contó con tres ministros de cada sector
colorado y con uno del nacionalismo independiente. En conjunto controlaban la mayoría legislativa de las
cámaras: 18 senadores y 59 diputados.
8
Si bien entre 1942 y 1954, la dinámica interna del PC estuvo organizada en torno a dos grandes
fracciones y una tercera menor, vale destacar que el sistema electoral –en particular, la elección del
presidente o la mayoría del CNG por mayoría simple, y el voto conjunto en una única hoja de votación de
las listas al ejecutivo y el legislativo-, ha estimulado la formación de dos grandes bloques intrapartidarios
(batllistas y no-batllistas en el PC, y herreristas y no-herreristas en el PN). La media del número efectivo
de fracciones para el período 1942-1994 es de 2,2 para el PC y de 2,1 para el PN (Ver Buquet et.al. 1998).

8
lista al CNG, y presentando candidatos comunes en algunas circunscripciones del
interior del país. Al Senado presentó su propia lista lo cual le permitió obtener una
banca. El coloradismo no-batllista –de extracción riverista- presentó su propia lista
encabezada por César Charlone, consiguiendo una magra votación. El PC quedaba
dominado por dos agrupamientos principales con visiones bastante divergentes sobre la
economía, la política y la sociedad. Esto sería fatal a la hora del gobierno.

Cuadro 2. Partido Colorado. Bancas Fracciones 1942-58 a


1942 1946 1950 b 1954 1958
Batllismo Senadores 11 (55) 10 (63) - - -
Diputados 34 (60) 31 (66) - - -
Lista 15 Senadores - - 7 (39) 10 (59) 7 (58)
Diputados - - 19 (35) 33 (65) 25 (66)
Lista 14 Senadores - - 6 (33) 6 (35) 5 (42)
Diputados - - 23 (43) 15 (29) 13 (34)
Baldomirismo Senadores 4 (20) 2 (13) - - -
Diputados 14 (25) 4 (9) - - -
Blancoacevedismo Senadores 4 (20) 4 (25) 5 (28) 1 (6) -
Diputados 8 (13) 12 (26) 12 (22) 3 (6) -
Riverismo Senadores 1 (5) - - - -
Diputados 1 (2) - - - -
Total PC Senadores 20 (100) 16 (100) 18 (100) 17 (100) 12 (100)
Diputados 57 (100) 47 (100) 54 (100) 51 (100) 38 (100)
a. Entre paréntesis porcentajes sobre el total del partido para cada cámara.
b. En la elección de 1946, los dos diputados de la Lista 10 están sumados a la Lista 15
Fuente: Base de Datos ICP

El cuadro 2 muestra como la competencia interna del PC, basada en la disputa entre
batllistas y no-batllistas, derivó a partir de 1950 en una lucha entre las listas 15 y 14.
Los sectores menores se fueron plegando uno a uno a las opciones con más chance de
disputarle la primacía a la fracción mayor. Así fue que el Riverismo y el Baldomirismo
se unieron al Blancoacevedismo en 1946 y 1950 respectivamente, y éste a su vez se
sumó a la 14 en 1954. Este fenómeno muestra que el grupo liderado por Luis Batlle
Berres fue durante ese período el centro de gravedad de la competencia intrapartidaria.
Sin embargo, esa centralidad no le permitió gozar del control absoluto de una mayoría
partidaria en el legislativo, ni tampoco disfrutar del ejercicio del ejecutivo, pues en un
sentido estricto, la Lista 15 gobernó cuando Batlle Berres completó el mandato
presidencial de Tomás Berreta y durante el colegiado 1954-58. De los doce años que
van desde 1946 a 1958, la 15 controló el ejecutivo sólo en siete, y nunca contó con una
mayoría propia en las cámaras.

El resultado de la elección de noviembre de 1958 determinó la caída estrepitosa del PC.


En términos porcentuales su votación pasó del 50,5% en 1954 al 37,3% en 1958, lo cual
representó la pérdida de casi 70 mil votos. En el legislativo su contingente descendió de
17 senadores a 12 y de 51 diputados a 38. La pérdida de algo más de 13 puntos del
electorado resultó un hecho inusual para un sistema político acostumbrado a índices de
volatilidad extremadamente estables. 9
9
La volatilidad electoral –esto es el cambio neto de participación en los votos de todos los partidos entre una
elección y otra- de las elecciones de 1950 y 1954 se había ubicado en el entorno del 6%. En la elección de
1958 el índice de volatilidad había trepado al 17,9%.

9
La evolución de la interna colorada entre 1958 y 1966

Como fue señalado anteriormente, la derrota colorada fue interpretada por los dirigentes
de la 15 como un “error momentáneo de un electorado que perdió el rumbo”. Este
diagnóstico conducía a la idea de que el partido recuperaría el Ejecutivo una vez que los
uruguayos observaran los errores de los gobernantes blancos. Sólo era cuestión de
tiempo. Mientras tanto, el líder y consejero nacional de gobierno por la 14, César Batlle
Pacheco, comenzó a negociar con los sectores no batllistas del partido la conformación
de un espacio político colorado de centro-derecha. Este proceso de agrupamiento
terminaría por alumbrar a la Unión Colorada y Batllista que contaría con la candidatura
al CNG del general retirado Oscar Gestido 10 .

Asimismo, en el mismo año de la elección, un grupo de dirigentes de la 15 comandados


por el diputado Zelmar Michelini (entre ellos Hugo Batalla y Aquiles Lanza), junto a
otros escindidos de la 14 como Renán Rodríguez y Martínez Moreno, conformaron un
nuevo agrupamiento partidario, la lista 99, que “reivindicaba los contenidos batllistas
que a su entender se encontraban notoriamente opacados. Contaban con una figura
joven y prestigiosa como la de Michelini, avalada por una brillante labor
parlamentaria” (Nahum et.al. 1994). Michelini se había escindido de la lista 15 por
discrepancias con la conducción de Luis Batlle, pese a que al momento de la elección
intentó utilizar el número 515 que le fue denegado 11 . Su irrupción electoral se
transformó en un verdadero fenómeno electoral que superó la votación en Montevideo
del MPN de Fernández Crespo –una verdadera maquinaria electoral-.

El resultado de la elección de 1962 determinó un nuevo triunfo del PN pero por una
distancia de apenas dos puntos del electorado. La votación del PC no fue mala pero no
alcanzó para superar a su tradicional rival, que mantenía así la mayoría del ejecutivo
colegiado pero ahora en manos de la otra fracción, la UBD en alianza con el Herrerismo
Ortodoxo. Como afirma Solari (1988:158) “el PC, considerado en conjunto, votó
incomparablemente mejor que en 1958, la peor de las elecciones registra toda su
historia. Ha incluso votado mejor que en las elecciones de 1954, es decir la última en
las cuales el PC ganó. Pero a pesar de ello sus votos entre 1954 y 1958 no han
aumentado en la proporción en que aumentó el total del electorado. Efectivamente el
electorado creció un 36% entre 1954 y 1962, mientras que el PC ve crecer sus votantes
un 19%.”.

10
Oscar Gestido era un militar retirado de su actividad profesional en 1956. Había ascendido a general en
1947 y se desempeñó como presidente-interventor de PLUNA durante el período 1949-1951, y como
director de AFE entre 1957 y 1959. En esas tareas se mostró como un buen administrador, al lograr
positivas mejoras para dichos organismos. Esa imagen de persona honrada y eficiente le valió su
designación en 1959 fue designado como presidente de la Comisión Nacional de Ayuda a los
Damnificados por las inundaciones de ese año. Esa función le permitió adquirir una reputación de alcance
nacional que lo catapultó rápidamente hacia los primeros planos de la política local.
11
Nahum et.al. (1994:19) citan palabras de Luis Batlle que ejemplifican, en cierto modo, la ambigüedad
de Michelini al momento de su salida de la lista 15: “Se ha ido porque ha querido, se ha ido para mostrar
sus fuerzas. Pero se fue débil, se fue queriendo buscar el amparo de la 515, luchando contra la 15,
acusando al gobierno de la 15, pero si él se va por culpas de la 15, ¿a qué va a buscar el calor de la
15?”.

10
El PC en esa elección presentó tres listas al CNG, la de la lista 15 encabezada por Luis
Batlle y Amílcar Vasconcellos, la de la UCB encabezada por Oscar Gestido y Augusto
Legnani, y la de la lista 99 encabezada por Zelmar Michelini y Renán Rodríguez. La
UCB presentó dos listas al Senado, una liderada por César Batlle Pacheco y otra por
López Toledo.

Los estudios históricos del período no analizan en profundidad las razones por las
cuales el PC no logró recuperar el gobierno. No obstante, Solari (1988:159) ingresa en
este tema al plantear “en el terreno de hipótesis si la candidatura de Luis Batlle es o no
responsable de la derrota del PC en esta elección (…) Por un lado puede argüirse que
la candidatura de Luis Batlle llevó tras de la 15 un número muy grande de votos que de
no contarse con su presencia no hubieran ido siquiera al PC. Por otro lado puede
argumentarse señalando que si Luis Batlle no hubiera sido candidato, pero hubiera
prestado un apoyo claro y franco a la lista 15, se hubieran limitado las resistencias de
muchos votantes, ya para votarla, ya para votar a Michelini, y que muchos votaos más
se hubieran sumado al PC. Dad la diferencia relativamente pequeña que tuvo el
resultado electoral, esto podría haber conducido al triunfo del PC. En ese caso (…)
Luis Batlle habría perdido esta elección como perdió la anterior por la importancia
que, en aquélla y aunque en menor escala también en ésta, adquirió el voto dirigido
contra su persona. Pero estas reflexiones incursionan en un terreno hipotético..”

Los colorados en la oposición

Cualquiera fuera la verdadera causa de la nueva derrota, lo cierto es que como bien
sostienen Nahum et.al. (1994:35) el resultado de 1962 “generó dentro de filas
coloradas una honda perturbación”. Ello puede observarse en el giro decididamente
opositor que asumió la lista 15 durante ese período. Si bien durante el período anterior
este sector había sido crítico con el accionar del gobierno, en los siguientes cuatro años
las posiciones se endurecieron mucho más hasta alcanzar niveles insólitos. En su libro
sobre el segundo gobierno blanco, Washington Beltrán (1989:29-30) sostiene que "el
PC, en 1959, descendió al llano con un profundo resentimiento. Tantos años de ocupar
exclusivos salones y de monopolizar sillones presidenciales inyectaron a sus dirigentes
el virus de la arrogancia (...) El PC creyó en un "destino manifiesto" que lo ungía con
el sagrado óleo para mantenerse "ad perpetuam" en el poder. (...) Se explican así los
sentimientos que el 1º de marzo de 1959, zarandearon a la colectividad. Los que la
unieron en la determinación de la reconquista de lo perdido, aunque ello fuera a costa
del país. En ese afán se tendió en una prédica agresiva, dura, y en una actitud negativa.
Y cuando perdió las elecciones de 1962, su agresividad recibió la excitación de
multiplicados bríos y la mano que desparramaba escollos aumentó sus revoluciones" .

Esta práctica agresiva se vio concretada, según Washington Beltrán (1989:30), en los
llamados a sala de ministros e interpelaciones: “en el período 1959-1963 se produjeron
50 interpelaciones, y en el tramo 1963-1967, 49. Sólo -subrayo- en diputados. Bueno es
tener en cuenta que en múltiples oportunidades eran dos y, en alguna circunstancia,
hasta tres los ministros a los que se llamaba a proporcionar informes sobre un mismo
asunto (…) En los llamados a sala, el temperamento rector no era el de controlar sino
el de obstruir, lo pone en evidencia el hecho de que, en esas casi 100 interpelaciones,
votadas en 8 años, alcanzan los dedos de las manos para contabilizar las que

11
terminaron en pronunciamientos. En el 95% de los casos, o bien no se obtuvo quorum
para sesionar, o suspendida la sesión no hubo quórum para continuarla, o la Cámara
se quedó sin número. Y en la Cámara de Diputados 1963-1967, el PN era minoría”.

La estrategia de franca oposición fue confirmada a Marcha por Héctor Grauert cuando
manifestó: "Ellos ganaron, que ellos gobiernen. Nosotros tenemos nuestros hombres y
nuestro programa. No hemos pensado en ninguna forma de colaboración" (08-02-
1963). Más claras aun son las palabras de la senadora Alba Robillo de marzo de 1963:
“al PN no le daremos ni un vaso de agua” (citado por Beltrán 1989). Este tono se
mantendría incambiado hasta el final del período.

Sin embargo, no todos los sectores se comportaron de la misma forma. La lista 99 de


Zelmar Michelini marcó un matiz durante los siguientes años. Este grupo se negó a
apoyar el voto de censura al ministro de Ganadería, Wilson Ferreira en 1964, y un año
más tarde contribuyó con sus votos a la sanción del Presupuesto General de Sueldos,
Gastos y Recursos. Esas actitudes agravaron las diferencias dentro del Partido Colorado,
las cuales se fueron agudizando a medida que se acercaban la elección de 1966.

La UCB, por su parte, “continuó su camino oscilante en su consolidación como grupo


político” (Nahum et.al. 1994). A fines de 1963, su principal figura y consejero nacional
de gobierno, Oscar Gestido, presentó renuncia al grupo por diferencias en torno a la
forma de actuación de varios de sus componentes. Gestido manifestaba en su carta que
“no negocio principios por puestos, por satisfacción de ambiciones, por vanidades, por
jubilaciones privilegiadas y prebendas, no admito al lado mío a nadie que lo haga”
(citado por Nahum et.al. 1994:37). Si bien su férreo liderazgo generaba resistencias en
un conglomerado tan disímil, sus seguidores lograron convencerlo de que encabezara la
candidatura presidencial del sector, como así también la campaña por la reforma de la
constitución colegiada.

La muerte de Luis Batlle, los cambios en la 15 y la elección de 1966

En el primer lustro de la década del sesenta, la clase política uruguaya sufrió un


recambio generacional sustantivo. Contribuyó a ello la muerte de varios líderes y
dirigentes de primer nivel. En 1964, fallecieron Luis Batlle, el ex consejero y ministro
Arturo Lezama, y el senador Francisco Accinelli. Un año después falleció César Batlle
Pacheco y el senador Luis Alberto Brause. En 1966 ocurrió lo mismo con Teófilo
Collazo, Juan Rodríguez Correa y el ex presidente del Consejo Departamental de
Montevideo y del Banco Hipotecario, José Acquistapace. Finalmente en 1967, fallecería
el entonces Presidente de la República, Oscar Gestido.

Entre los blancos el fenómeno adquirió iguales dimensiones. A la muerte de Luis


Alberto de Herrera en 1959, se agregan las de Daniel Fernández Crespo, Javier Barrios
Amorín, Luis Ganattasio, y Benito Nardone en 1964. No obstante, entre todas esas
pérdidas, tal vez la más impactante por sus consecuencias políticas, fue sin dudas la de
Luis Batlle. Esto puede apreciarse con gran nitidez en la evolución de la lucha por el
liderazgo colorado tras el año 1964, que dio paso a un proceso de profunda renovación
de su dirigencia.

12
Tras la muerte de Batlle Berres, se desató una lucha abierta por la conducción de la lista
15. El vacío de liderazgo ambientó una disputa entre tres grupos. Por un lado, aparecía
el grupo liderado por, Jorge Batlle Ibáñez, considerado por muchos como el “heredero”.
Batlle Ibáñez controlaba el diario Acción, la radio Ariel, y parte del aparato electoral de
la 15. Además contaba con el apoyo de algunas figuras representativas del batllismo
como Alberto Abdala, Héctor Grauert, Luis Hierro Gambardella, Eduardo Paz Aguirre o
Alfredo Lepra, y de otras emergentes como Julio María Sanguinetti –para entonces
redactor responsable del diario Acción-, Antonio Marchesano, Francisco A. Forteza,
Tabaré Hackembruch, y Washington García Rijo 12 . Jorge Batlle, propugnaba la
renovación del sector al proponer una visión sobre el país bastante diferente de la de su
padre. Solari (1988: 190) señala que Jorge Batlle había logrado conformar en ese
momento“un grupo dotado de una unidad bastante grande, (…) a costa de un
fenómeno de “desideologización” que hace prácticamente imposible saber en qué
sentido de la palabra ese grupo puede considerarse una parte del batllismo”. Esta
“desideologización” suponía el abandono de algunos postulados básicos del neo-
batllismo a cambio de otras visiones mucho más próximas a la tradición no-batllista del
partido. No obstante, la propuesta de mayor divergencia con el batllismo tradicional
residía en la voluntad de impulsar una reforma constitucional que derogara el sistema
colegiado y retornase a la presidencia unipersona l. No es casualidad que la agrupación
liderada por Jorge Batlle acuñara el lema “Unidad y Reforma”.

El segundo grupo estaba liderado por Amílcar Vasconcellos y contaba en sus filas con
Alberto Zubiría, Renán Rodríguez, Carlos Queraltó, José Luis Vila y Ponciano Torrado.
Este grupo defendía la visión clásica del país que propugnó el “luisismo” y se oponía
decididamente a la reforma constitucional por creer que el colegiado era un postulado
irrenunciable para el sector.

El tercer grupo era “el de los senadores” y estaba compuesto por Manuel Flores Mora,
Glauco Segovia, Luis A. Carresse, Alba Roballo, Justino Carrere Sapriza y Luis Riñón
Peret. Este grupo se adscribía con matices a la visión clásica del batllismo, pero apoyaba
la idea de reformar la constitución. Uno de sus jóvenes integrantes, Juan Adolfo Singer,
al cumplir cuarenta años de trayectoria legislativa, recordaba aquella elección interna de
la 15 de la siguiente manera: “A la muerte de Luis Batlle nadie ponía en duda que el
líder natural de la 15 era el doctor Amílcar Vasconcellos; el único que lo ponía en
duda era el propio Vasconcellos, y por lo tanto quiso ratificar esto en elecciones
internas. Y las elecciones internas terminaron, repito, partiendo en tres a la 15. (…) Se
hizo la elección interna, una elección interna quincista, no colorada, porque la 14 no
participó en ella, y ganó Jorge Batlle, salió segundo el "Grupo de los Senadores" y
tercera la 315, orientada por Amílcar Vasconcellos. A partir de la misma la figura de
Segovia creció y después hicimos el acuerdo de la 515 -que era el número de lista que
elegimos para ir a la justa electoral de 1966- con la Unión Colorada y Batllista, para
votar a Gestido como Presidente. Como producto de ese acuerdo, se levantó la
candidatura de Glauco Segovia a la Intendencia de Montevideo y fue electo
Intendente…” (Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, Nº 308 – Tomo 420. 18-
11-2003).

12
Jorge Batlle había sido electo diputado en la trágica elección de 1958. Tras la muerte de su padre,
reclamó fervientemente el liderazgo del sector al decir “Yo tengo el apellido, el diario y la radio, y eso
nadie me lo puede quitar” (citado por Nahum et.al. 1994).

13
Ante la ausencia del líder, la lista 15 -como bien señala Singer- estalló en tres grupos. El
de Jorge Batlle se quedó con el número 15 y con parte de su maquinaria; el de los
senadores que optó por el 515; y el de Vasconcellos, que tomó el 315. El grupo de los
senadores, al igual que la 15, apoyaba la reforma de la Constitución, razón por la cual
realizó un acuerdo electoral con Gestido que sería decisivo para el resultado de
noviembre de 1966. De este modo, el Partido Colorado presentó cuatro fórmulas
presidenciales: Oscar Gestido- Jorge Pacheco Areco; Jorge Batlle-Julio Lacarte Muró;
Zelmar Michelini-Aquiles Lanza (las tres apoyaban la reforma constitucional); y
Amílcar Vasconcellos-Renán Rodríguez (rechazaba la reforma).

La candidatura de Gestido resultaría la triunfadora de la elección con el 43% de los


votos colorados. Jorge Batlle alcanzaría el 35%, Vasconcellos el 13%, y Michelini sólo
el 8%. En la disputa por el Senado, la lista 515 de los senadores disidentes del
quincismo, encabezada por Glauco Segovia, superaría en votos a la de la propia UCB,
encabezada por Augusto Legnani (22.3% contra 20.8%). Por otra parte, la lista colorada
al Senado más votada fue la 15 encabezada por Alberto Abdala. Estos datos demuestran
que la interna de la 15 realizada un año antes fue determinante para en el resultado final
de 1966. Si los senadores y la 15 hubiesen votado juntos seguramente el presidente
hubiese resultado el joven Jorge Batlle. Sin embargo, el presidente fue Gestido y el
mapa interno del PC quedó organizado a partir de la existencia de cinco corrientes
políticas que propugnaban orientaciones diferentes.

Durante sus diez meses de gobierno, Gestido se vería obligado a conformar tres
gabinetes 13 . Los cambios de orientación fueron la constante y recién con el
advenimiento de Pacheco a la presidencia, el panorama interno del PC iría adquriendo
perfiles más claros, con un punto de gravedad centrado en los respaldos de la UCB, la
15 y una parte del ya disgregado grupo de los senadores. Esos años le darían la razón a
Vasconcellos, cuando en 1966, tras la euforia colorada, había afirmado que esa había
sido “una victoria del Partido Colorado pero una derrota del Batllismo” (citado por
Zubillaga 1991:68).

13
El primero, incluía a todo el partido. El segundo, fue conformado en junio, debido a las discrepancias
de Unidad y Reforma con la indefinición de la política económica. La reorganización del gabinete,
fortaleció las posiciones de la UCB –asumió las carteras abandonadas por la 15-, al tiempo que facilitó el
ingreso Vasconcellos en Hacienda y de Michelini en Industria y Trabajo. El tercer gabinete fue nombrado
en octubre, tras la renuncia de varios ministros debido a la implantación de “Medidas Prontas de
Seguridad". El presidente debió acceder a las condiciones impuestas por Jorge Batlle en materia
económica y conformó un gabinete integrado por las fracciones mayores del partido.

14
Evolución de la fraccionalización interna del Partido Colorado 1942-1966*

Fuente: Elaboración propia en base a Nahum et.al. 1989 y 1994, Zubillaga 1991, y Franco 1985.

4. El proceso de renovación del Partido Colorado

Como hemos visto, las mutaciones en el PC fueron sustantivas. Cambió el liderazgo,


cambió el mapa de fracciones y se renovó también la dirigencia. Este último fenómeno
no fue sólo el resultado de la muerte de algunas figuras, sino también fue el producto
del cambio de preferencias de los ciudadanos. La derrota en la elección de 1962 aceleró
es proceso, ya que estimuló a una nueva camada de dirigentes a asumir un rol de mayor
protagonismo. En esta sección analizaremos como se produjo el proceso de renovación
del elenco dirigente tomando en consideración a las bancadas legislativas del partido
durante el período 1955-1967.

Renovación del elenco político

En la elección de 1958, 32 de los 68 legisladores elegidos en 1954, buscaron la


reelección (47%), y 26 la lograron (81%). Del grupo que no se presentó y que no fue
reelecto (42 en total), 12 pasaron a otras funciones (CNG, Entes Autónomos,
Intendencias, Embajadas, suplencias, etc.), 5 esperaron la siguiente elección, 2
fallecieron, y 23 se retiraron de la política activa (39%). Entre estos últimos debe
mencionarse a Fernín Sarmiento, Jorge Silva Varela, Carlos M. Mattos, Carlos B.
Moreno, Francisco E. Goyén, Marcos Bianchi, Armando Gómez Haedo, Juan A. Viera,
Carlos Cutinella, Dúncan Batlle Berres, Armando R. Malet, Francisco Martínez Viña,
Francisca Sancho Barceló, Delfos Roche (Salto), Celiar Ortiz (Tacuarembó), Ernesto
Paravís (Maldonado), José Urrutia Serrato (Cerro Largo), Esteban Bacigalupi (Rivera),
Abayubá Amén Pisan (Lavalleja), Eduardo S. Becco (Maldonado), Juan C. Suárez y
Luis Acosta (Canelones).

En la elección de 1962, la mitad de los legisladores de 1958 buscó la reelección, y casi


la totalidad la consiguió (24, un 96%). De los 26 que no retornaron al Parlamento, 7
pasaron a otras funciones, 2 fallecieron y 17 se retiraron (34%). Entre ellos Rolando
Viotti (Soriano), Maximiliano Luz (Rivera), José Mendy Brum (Artigas), Nelson
Migliaro (Salto), César Piffaretti, Guillermo Ruggia (Río Negro), Juan Rodríguez
Correa (Rocha), Adela Angrisano de Torielli (Maldonado), Esteban Arosteguy, Nelson
Arredondo, Zoilo Chelle, Mario L. Goyenola (Treinta y Tres), Fernín Sorhueta, Santos

15
Gómez Durdós, Osvaldo Lezama, Nicolás Gagliardini, Humberto Bianchi Altuna y
Carlos María Estellano (Canelones).

En la elección de 1966, 29 de los 58 legisladores de 1962 buscaron la reelección (50%),


y 25 la consiguió (86%). De los 33 que quedaron fuera del Legislativo, 3 pasaron a otras
funciones, 2 esperaron la elección inmediata, 6 fallecieron y 22 se al alejaron de la
política activa (48%). Entre ellos cuentan, Bautista Duhagón, Martín Marzano
(Maldonado), Alfredo Massa, Walter Ohtaix (Artigas), Angel Panizza Blanco, Raúl
Ronzoni, Sarandí Martorell (Lavalleja), José Giosa (Paysand ú), Eduardo Pascual (San
José), Dora Cócaro de Millor, Julio C. Da Rosa, Onofre Di Carlo (Salto), Francisco E.
Areco (Flores), Donato Cartolano, Elsa Fernández de Borges, Carlos Fischer y Alfredo
Peyraube.

Partido Colorado - Carreras legislativas


1958 1962 1966
Electos en elección anterior 68 50 58
Buscaron reelección 32 25 29
No buscaron reelección 36 25 29
Reelectos 26 24 25
No reelectos 6 1 4
Pasaron a otra función* 12 7 3
Esperaron a la otra elección 5 0 2
Fallecieron 2 2 6
Se retiraron de la política 23 17 22
Tasa de buscadores 47% 50% 50%
Tasa de reelección 81% 96% 86%
Tasa de retiro 39% 34% 48%
* Consejo Nacional de Gobierno, Entes Autónomos, Intendencias, Embajadas o suplencias en el legislativo.
Fuente: Elaboración propia en base a Cámara de Representantes 1971, y Musso 1971.

Como podrá observarse, aproximadamente la mitad de los legisladores colorados


procuró mantener su banca en cada una de las tres elecciones y una inmensa mayoría
consiguió su objetivo. Un porcentaje muy bajo se dirigió a otras tareas, en tanto, un
grupo importante abandonó la política activa.

Observando en una serie histórica más amplia, encontramos que en las elecciones de
1962 y 1966 –en las que el PC no era gobierno- se registran las tasas de búsqueda de
reelección más bajas del período y al mismo tiempo, las tasas de reelección más altas.
Este fenómeno podría ser resultado de un cálculo estratégico orientado a asegurar la
reelección: sólo aquellos que tienen efectiva chance se presentan y por tanto se logra
una maximización de los resultados (ver gráfico).

16
PC: Buscadores de reelección y reelectos
(en porcentajes)

96
84 86
81
75 76 74
67

49 48

57 68 58 56 50 50 57 71 74 56

1946 1950 1954 1958 1962 1966 1971 1989 1994 1999

Tasa de buscadores Tasa de reelección

Fuente: Elaboración propia en base a Cámara de Representantes 1971, y Musso 1971.

Si consideramos ahora los promedios de años de servicio legislativo de las


representaciones del PC al momento de asumir funciones, observaremos que durante el
período 1959-1967, se produce un descenso importante de la experiencia. Algo similar a
lo ocurrido entre 1947 y 1955. La diferencia entre ambos períodos consiste en que el
primero estaría asociado a un fenómeno general del sistema político, en tanto el segundo
–aunque en realidad es anterior- aparece como un fenómeno particular del PC, pues el
nivel de experiencia del conjunto no desciende. De todos modos, la experiencia de los
legisladores colorados al inicio de las legislaturas de 1959 y 1963 es algo inferior que la
del conjunto del Parlamento. Esta distancia es sumamente mayor para la bancada
legislativa electa en 1966. Estos datos son la contracara de un importante período de
renovación que sufrió el Partido Colorado en esos años: cuantos más legisladores
nuevos hay menor es la experticia.

Experiencia legislativa. Años en servicios


(promedios)
5,7
5,3 5,3
5,2 5,1
4,9
5,3
4,6 5,2
5,0 4,3
4,8 4,7
4,5

4,1
4,0

1943 1947 1951 1955 1959 1963 1967 1972

Todos PC

Fuente: Elaboración propia en base a Cámara de Representantes 1971, y Musso 1971.

17
Si realizamos ahora un corte longitudinal y controlamos lo ocurrido con los legisladores
colorados electos en 1954, observaremos que sólo 6 sobrevivieron hasta 1966 (Hierro
Gambardella, Martínez Moreno, Michelini, Segovia, Vasconcellos, y Vila). Si
consideramos a los electos en 1958, veremos que sólo 12 sobrevivieron hasta 1966 (los
cinco mencionados más Abdala, Lepro, Ribeiro, Flores Mora, Riñón Peret, Paz Aguirre,
y Alba Roballo). La tasa de supervivencia para el primer caso es de 9% y para el
segundo caso es de 24%. Estos datos refuerzan la idea de que durante ese período hubo
una verdadera renovación partidaria.

Corte longitudinal legisladores electos en 1954 y 1958


Legisladores electos en 1954 68
Legisladores electos en 1954 que fueron reelectos en 1958 25 37%
Legisladores electos en 1954 que fueron reelectos en 1962 12 18%
Legisladores electos en 1954 que fueron reelectos en 1966 6 9%
Legisladores electos en 1958 50
Legisladores electos en 1958 que fueron reelectos en 1962 21 42%
Legisladores electos en 1958 que fueron reelectos en 1966 12 24%
Fuente: Elaboración propia en base a Cámara de Representantes 1971, y Musso 1971.

Considerando finalmente las listas de las principales fracciones del PC para el Senado y
Montevideo, podemos observar que en 1954 fueron electos 13 nuevos legisladores (allí
aparecen figuras como Zelmar Michelini, Hierro Gambardella o Glauco Segovia); en
1958, sólo 8 (entre ellos, Alba Roballo, Flores Mora, Jorge Batlle o Riñon Peret); en
1962, 14 (Julio Sanguinetti, Jorge Pacheco, Hugo Batalla, Aquiles Lanza o Eduardo Paz
Aguirre); y en 1966, 16 (Juan Singer, Washington Cataldi, Antonio Marchesano o
Carlos María Fleitas) En el anexo, donde se reproducen los candidatos electos por estas
listas, se observa que en las elecciones de 1954 y 1958 la renovación del partido estaba
en manos de la 15, pero en las siguientes elecciones ese proceso es asumido por la
mayoría de las listas, lo cual contribuye también a la idea de que la renovación fue un
proceso general del conjunto del partido.

Renovación del mapa interno de fracciones

La renovación del elenco legislativo colorado es importante y se vincula con la


evolución de una serie de variables como la volatilidad electoral y el mapa interno de
las fracciones. Considerando este segundo elemento, sabemos que en 1958 el PC estaba
dominado por dos grandes grupos, la 15 y la 14. Ocho años después, el partido se
presentó a la elección dividido en cinco grupos, debido principalmente al estallido de la
tradicional lista 15. De allí nacieron la la 99, la 315 de Vasconcellos, la 515 de los
senadores y el grupo Unidad y Reforma de Jorge Batlle que mantuvo el número
original.

No obstante, este cambio no fue el único importante. Existió también un movimiento de


Unidad y Reforma hacia posiciones más de centro y si se quiere, de centro-derecha.
Asimismo, el acuerdo del grupo de los senadores con la UCB, con el objetivo de apoyar
a Gestido y la reforma constitucional, también fortaleció el bloque de centro derecha
que otrora aparecía tan debilitado. De este modo, el PC se presentó en la elección de
1966 no sólo con una mayor oferta electoral, que podría observarse como un rasgo de

18
pluralidad o como una verdadera fuente de inestabilidad- sino también con un
posicionamiento ideológico diferente que abarcaba buena parte del espectro ideológico.
El centro izquierda era cubierto por la 99, el centro por Vasconcellos y los senadores, la
centro-derecha por Unidad y Reforma, y la derecha por la UCB. El diagrama muestra
esa evolución.

Puede ser materia opinable el objetivo de determinar cuánto se movió el PC entre 1958
y 1966. Sin embargo, el siguiente período de gobierno (1967-72) permite
razonablemente creer que lo hizo y mucho, pese a que nos es difícil aportar pruebas
empíricas sobre el fenómeno.

* * *

En suma, en 1958 el PC sufrió su más grave derrota electoral hasta por lo menos la del
2004. Recuperarse de ese golpe le llevó ocho años, una segunda derrota electoral, la
modificación de su mapa interno de fracciones y la renovación de buena parte de su
elenco dirigente.

En cierto modo, el PC cambió una fraccionalización baja por una más alta, y una
distancia ideológica grande entre sus dos principales grupos por otra que se volvería
más homogénea a poco de andado el gobierno. También cambió liderazgos como
producto de la renovación generacional y el fallecimiento de sus antiguos caudillos. El
período siguiente a 1966 sería el más amargo y duro de la historia del país, y alguien
podría preguntarse si la renovación procesada por los colorados fue para bien. No
obstante, ese cuestionamiento -tan válido como legítimo- no será respondido aquí, ya
que el interés de este trabajo consistió en mostrar cómo sobreviven los partidos, y no
evaluar si el sentido del cambio asumido o las rutas escogidas para la supervivencia son
buenas o no para la democracia.

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crisis. Pasado y presente de nuestro sistema de partidos. Colección Argumentos.
Montevideo: CLAEH-EBO.

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ANEXO 1. LISTAS AL SENADO Y MONTEVIDEO DE LAS PRINCIPALES FRACCIONES DEL PARTIDO COLORADO *
Elección de 1954 Elección de 1958 Elección de 1962 Elección de 1966
Lista 15 Lista 14 Lista 15 Lista 14 ** Lista 15 Lista UCB *** Lista 99 Lista 15 Lista 315 Lista 515 Lista UCB Lista 99
Francisco F. Forteza Luis A. Brause Luis Batlle Berres Luis A. Brause Luis Batlle Berres César Batlle Pacheco Renán Rodríguez Alberto Abdala Amilcar Vasconcellos Glauco Segovia Augusto Legnani Zelmar Michelini
2
Ledo Arroyo Torres Antonio G. Fusco Carlos Fischer Antonio G. Fusco Carlos Fischer Luis A. Brause Francisco Accinelli Hector Grauert Alberto Zubiría Manuel Flores Mora Hector Luisi
Hector Grauert E. González Conzi Zoilo Chelle1-2 César A. Piffaretti Hector Grauert Orestes Lanza1 Hierro Gambardella Alba Roballo Hector Batlle Correa
Senado

Armando Barbieri 1 Carlos Cutinella Alberto Abdala Alfredo Lepro Alba Roballo Alfredo Lepro Justino Carrere Sapriza
José Acquistapace 1 Carlos M. Mattos Fermín Sorhueta Francisco Antúnez Luis Trócolli Eduardo Paz Aguirre
F. Guimaraens B. López Toledo José Acquistapace Glauco Segovia Carlos María Fleitas
Jaime Bayley Alba Roballo J. Carrere Sapriza Elsa F. de Borges
Fca. Sancho Barceló Teófilo Collazo
Fermín Sorhueta C. Batlle Pacheco Zelmar Michelini C. Batlle Pacheco Hierro Gambardella Jorge Pacheco Zelmar Michelini Julio Ma. Sanguinetti Carlos Queraltó Guzmán Acosta y Lara Jorge Pacheco Aquiles Lanza
Armando R. Malet Esteban Arosteguy Glauco Segovia Esteban Arosteguy Manuel Flores Mora Alfredo Peyraube Martínez Moreno Elías Croci Jorge L. Vila Justino Carrere Sapriza Nelson Constanzo Martínez Moreno
Alberto Abdala Alfredo Lepro Hierro Gambardella Juan E. Fabini Angel Panizza Blanco Bautista Duhagón Hugo Batalla Fernando Elichirigoity Ponciano Torrado Luis Riñón Peret Carlos R. Ribeiro
A. Vasconcellos Renán Rodríguez Jorge Vila Renán Rodríguez Jorge Vila Aquiles Lanza Francisco A. Forteza Angel Rath Sergio Previtali
Hierro Gambardella Fermín Sarmiento Elsa F. de Borges Nelson Arredondo Jorge Batlle Ibañez Alfredo Massa Ruben Ottati Jorge Elbio Liber Simois Juan A. Singer
Zelmar Michelini M. Flores Mora Carlos R. Ribeiro Luis Riñón Penet Washington Cataldi Nasim Ache Echart
Montevideo

A. Gómez Haedo Fernando Elichirigoity Fernando Elichirigoity Antonio Marchesano


Elsa F. de Borges Jorge Batlle Ibañez Elsa F. de Borges
Juan Antonio Vie ra Luis Riñón Perret Julio Sanguinetti
Jorge Silva Varela Dora C. de Millor
Marcos Bianchi Donato Cartolano
Glauco Segovia Eduardo Paz Aguirre
Fco. Martínez Viña Martín Marzano
Jorge Vila
1 - Ex Intendente
2 - Ex Consejero
* En negritas los nuevos candidatos
** Para Montevideo Listas 114, 214, 614 y1114
*** Para Montevideo Listas 10 y 114

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