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Estación Experimental Agropecuaria Bordenave

"2009 - Año de Homenaje a Raúl Scalabrini Ortiz"

COSECHA FINA: ¿qué debemos tener en cuenta?
El siguiente documento fue realizado por un grupo de profesionales de INTA Bordenave, con el objetivo de acercar a los productores de la región una serie de recomendaciones a tener en cuenta. Para realizar consultas o para ampliar los conceptos aquí expuestos, los interesados pueden acercarse a la Estación Experimental Agropecuaria Bordenave o a la Agencia de Extensión Rural de su zona. Por teléfono pueden comunicarse al (02924) 420621/22 y por correo electrónico a comunicacion@bordenave.inta.gov.ar

En el área influencia de la EEA Bordenave, que comprende 9 partidos del S.O bonaerense, continúa en general una persistente sequía. Esta situación que se mantiene constante desde la primavera anterior, no ha permitido efectuar una preparación del suelo con suficiente antelación y consecuentemente generar una recarga de agua en el perfil, para ser utilizada por el cultivo a sembrarse.

Se sabe que el agua disponible es uno de los factores más importantes para definir el rendimiento del cultivo en la región. Si se excluye la posibilidad de riego, esta agua proviene de lo acumulado en el suelo y de las precipitaciones que ocurran durante el ciclo de cultivo.

El primer caso depende de las lluvias durante el barbecho, del manejo del suelo, y de su capacidad de retención de agua. El segundo, por el momento, sólo puede estimarse en términos de probabilidad a partir de registros de larga data, sin garantías que dichas probabilidades se cumplan.

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Agua del suelo y precipitaciones, importancia relativa y relación con los rendimientos A medida que se acerca el momento de la siembra, el contenido de agua en el suelo permanece bajo en relación con otras campañas, y disminuye la probabilidad que se incremente por lluvias de alto milimetraje. La importancia relativa de las precipitaciones durante el ciclo del cultivo se hace entonces mayor, con el consiguiente riesgo de fracaso si éstas no resultan suficientes. La capacidad de retención de agua del suelo de la región es relativamente baja. La Tabla 1 muestra la retención media de agua disponible o agua útil (realmente utilizable por el cultivo), por cada centímetro de profundidad, para suelos de diferentes texturas (porcentaje de arena, limo y arcilla del material de suelo).
Tabla 1: Retención máxima teórica de agua en función de la textura del suelo, y contenido de agua útil de un suelo de 1 m de profundidad efectiva a distintos porcentajes de su capacidad total (adaptado de autores varios).

TEXTURA Arenosa-franca Franco-arenosa Franca Franco-arcillosa Liviana: francoarenosa sobre arenosa-franca Pesada: franca sobre franco-arcillosa

Retención máxima (mm/cm) mm/cm 0,82 1,21 1,68 1,84 1,21 / 0,82 1,68 / 1,84

Retención en 1m de suelo según distintos contenidos de agua útil 100% 80% 50% 30% mm 82 66 41 25 121 97 61 36 168 134 84 50 184 147 92 55 90 181 72 145 45 90 27 54

Las primeras filas se refieren a texturas homogéneas en todo el perfil, mientras que las últimas contemplan situaciones de textura compuesta, generalmente más difundidas. Se presenta también el contenido de agua en 1 m de suelo que corresponde a disponibilidades del 100, 80, 50 y 30% de la capacidad máxima respectivamente. En condiciones normales, y luego de un barbecho razonablemente largo y libre de malezas activas, al momento de la siembra del trigo debería esperarse una dotación de agua cercana al 80% de la capacidad de retención del suelo. Habitualmente esta cantidad de agua asegura la implantación del cultivo y su desarrollo hasta las lluvias de primavera, las que terminan de definir el rendimiento desde el punto de vista hídrico. En la presente campaña, en cambio, con una dotación menor al 50% de la capacidad máxima de retención de agua, la esperanza de rendimientos aceptables se basa sobre una doble incertidumbre: • • La implantación y desarrollo del cultivo en sus primeras etapas La ocurrencia de lluvias “normales” en las siguientes etapas.

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Numerosos autores, han determinado que la eficiencia de uso del agua por el trigo es en promedio de 9 kg trigo por milímetro de agua consumida. Con este dato es posible estimar, a modo de ejercicio para visualizar la importancia relativa del barbecho, los rendimientos esperados del cultivo en base al agua contenida en el suelo al momento de la siembra. Para suelos relativamente pesados (textura franca en superficie y franco-arcillosa en profundidad), los rendimientos estimados a partir del agua disponible en un metro de suelo corresponden a 1600, 1300, 800 y 500 kg/ha respectivamente para contenidos del 100, 80, 50 y 30% de la capacidad máxima de retención respectivamente. Esto en el hipotético caso que no existieran lluvias durante el ciclo del cultivo. Los mismos valores para un suelo liviano (franco-arenoso en superficie y arenosofranco en profundidad), corresponden a rendimientos teóricos de 800, 650, 400 y 250 kg/ha respectivamente. Estimaciones de carácter similar pueden hacerse para suelos con profundidad efectiva diferente de 1 m. Se deduce entonces que, aún con el suelo cercano al 100% de su capacidad de retención de agua, los rendimientos teóricos posibles resultan, en general, menores a los logrados habitualmente en lotes comerciales de la región. Esto confirma que el barbecho no satisface totalmente los requerimientos hídricos del cultivo de trigo, existiendo entonces una cierta dependencia de la precipitación ocurrida durante el ciclo. Los experimentos de larga duración permiten poner en evidencia esta dependencia. La Fig.1 presenta rendimientos de trigo en relación con la precipitación acumulada entre agosto y noviembre de cada año en la EEA Bordenave. Los datos corresponden a 11 campañas, entre 1982 y 2004, en una rotación de trigo y verdeos de avena consociada con vicia, y muestran que la variación de los rendimientos de trigo es explicada en gran medida (69%), por la variación en la precipitación durante el cultivo.

Rendimiento (kg/ha)

5000 4000 3000 2000 1000 0 0 100 200 300 400 500

Precipitación (mm)
Fig.1 – Relación entre los rendimientos de trigo y la precipitación acumulada de agosto a noviembre de cada campaña.

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Precipitaciones crecientes, entre agosto y noviembre, incrementan los rendimientos del trigo en aproximadamente 10 kg/mm. Esto ocurre hasta valores cercanos a 400mm, momento a partir del cual el rendimiento se estabiliza y puede aún disminuir. Comparando la frecuencia con que se produce un determinado valor de precipitación en una serie suficientemente larga de años, es posible estimar la probabilidad que este valor ocurra en una campaña como la presente. A mayor frecuencia de ocurrencia, mayor será la posibilidad que el valor se repita, aunque no existen garantías de que efectivamente lo haga. Las probabilidades de ocurrencia de algunos valores de precipitación, para el período agosto-noviembre en Bordenave, se muestran en la Tabla 2. Se observa que las probabilidades de obtener milimetrajes elevados son bajas (menores del 30% a partir de 250 mm). En cambio un valor de 150 mm tiene relativamente buena probabilidad de producirse y, de acuerdo con la Fig.1, determinaría rendimientos cercanos a 2000 kg/ha para un cultivo correctamente implantado, libre de malezas y en condiciones de buena fertilidad.
Tabla 2 – Probabilidad de ocurrencia para valores de precipitación acumulada entre los meses de agosto a noviembre en Bordenave.

Precipitación Probabilidad --- mm --100 o menos 150 o menos 200 o menos 250 o menos 300 o menos 350 o menos 400 o menos ---- % ---94 77 53 31 17 8 4

Esto implica que es posible, aún en las condiciones de la campaña actual, obtener rendimientos aceptables de trigo. Para esto se tienen que cumplir, claramente, ciertas condiciones: • • • Que se logre implantar correctamente el cultivo con la humedad disponible. Que la humedad disponible en el suelo o eventuales precipitaciones aseguren el desarrollo del cultivo hasta la ocurrencia de las lluvias de primavera. Que las lluvias de primavera alcancen valores de al menos 150 mm con una distribución adecuada.

Un ejemplo de estas circunstancias fue la campaña 2003, en la que, luego de un principio de año relativamente seco (227mm entre enero y junio), las precipitaciones
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importantes comenzaron a partir de mediados de octubre. Estas totalizaron 248mm para el período agosto-noviembre y posibilitaron rendimientos superiores a los 2500 kg/ha.

Decidiendo la siembra
Para definir la siembra de cosecha fina hay elementos que deben ser tenidos en cuenta:

Elección del lote

Habitualmente se evita discutir este tema, ya que la decisión de destinar lotes a determinados cultivos debería basarse en una secuencia planificada o rotación, y no en forma previa a cada campaña. Sin embargo, las presentes condiciones configuran una situación excepcional donde caben algunas consideraciones para disminuir, en lo posible, el riesgo económico: Lotes de buena fertilidad: al margen de las recomendaciones de fertilización, la respuesta del cultivo de trigo a las precipitaciones se potencia con la fertilidad. Lotes “chacreados” responden en menor medida que lotes “fértiles”. En otras palabras: si llueve, es esperable una mejor respuesta posible con el menor uso de insumos. Lotes sin problemas de malezas perennes: de difícil y/o costoso control. De igual modo evitar aquellos lotes con graves infestaciones de malezas anuales que puedan representar una competencia temprana para el trigo (raigrás, cebadilla, etc.) y necesariamente deberían controlarse empleando las alternativas disponibles en el comercio. Lotes sin antecedentes de aplicación de herbicidas residuales: un ejemplo de estos son los cultivos tratados con imidazolinonas (girasoles tratados con el herbicida Clearfield) que por las bajas precipitaciones ocurridas desde diciembre a la fecha pueden afectar a los cultivos invernales, por la presencia de residuos fitotóxicos. Una alternativa, para estos casos, es la siembra de trigos Clearfield (CL) de reciente aparición en el mercado que tienen incorporados genes de resistencia al herbicida. En caso de dudas se puede recurrir a un análisis de suelo a sembrar mediante bioensayo para orientarse en la decisión a tomar. Lotes sin compactación: ya sea en capas superficiales por pisoteo/tránsito en húmedo, o en capas subsuperficiales (pasturas degradadas, campo natural, lotes chacreados etc.). El incremento de costos y la pérdida de agua relacionados con las operaciones de descompactación, los hacen no recomendables en estas condiciones. Siguiendo con la elección del lote, es importante determinar la cantidad de agua disponible que cuenta cada uno de ellos.

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Aunque la información regional indica que los contenidos de agua del suelo son en general bajos (30 al 50% de su capacidad de retención), se debe conocer la disponibilidad real de agua de cada lote ya que esta puede variar. También interesa conocer su distribución en el perfil. Una forma empírica para hacerlo sería la observación del color del suelo y su consistencia en una pequeña excavación. Cualquier productor conoce el color y la consistencia de la cama de siembra cuando esta tiene la humedad adecuada. Si se asume que ese contenido de agua representa aproximadamente el 100% del agua útil total, es posible asignar porcentajes relativos por comparación con ese máximo. Determinada la disponibilidad de agua se presentan varias situaciones posibles, en función de la ocurrencia de las lluvias previas: - La superficie del suelo está seca. Si hay agua en las capas profundas del perfil deberá esperarse a que se humedezca la capa superficial para volver a evaluar la posibilidad de siembra. Si el suelo está totalmente seco se desaconseja la siembra en ese lote. - La capa superficial tiene una razonable humedad, producto de lluvias tardías, que permite esperar la correcta implantación del cultivo. Las capas profundas tienen humedad como para asegurar un mínimo desarrollo del trigo. Si se decide la siembra en fecha, es importante realizarla sin ventilar esta humedad. El uso de sembradoras de directa sin labranzas previas sería, entonces la opción más recomendable. - La capa superficial tiene humedad como para implantar el cultivo, pero las capas profundas están secas. Una opción razonable sería esperar nuevas lluvias, atrasando la fecha de siembra todo lo posible y utilizando las variedades adecuadas a cada fecha de siembra. También se puede ajustar la densidad de siembra para que en implantación el cultivo consuma la menor cantidad de agua.

Cama de siembra

Se asume que se encuentra en condiciones aceptables si se han realizado labranzas previas o barbecho químico. Las situaciones que se pueden presentar son las que se detallan a continuación: o Lotes provenientes de verdeos de verano o invierno que no fueron pisoteados en húmedo, o barbechos que han recibido oportunamente alguna labranza. En este momento presentan su capa superficial suelta y en adecuadas condiciones como para sembrar el trigo directamente, aún con sembradoras convencionales. Si es necesario, controlar malezas privilegiando el control químico. o Barbechos químicos o situaciones de mayor dureza en la capa superficial requieren el uso de sembradoras de siembra directa. En caso de utilizar una labranza antes de la siembra, esta deberá ser poco profunda (lo necesario para permitir el
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trabajo de la sembradora). Es preferible utilizar una rastra de discos liviana a una pesada, enganchada directamente delante de la sembradora, y evitar el uso de arado de cinceles en profundidad. En las presentes condiciones no se recomienda intentar controlar compactaciones subsuperficiales. o Rastrojos de cosecha gruesa no compactados por pisoteo y en general con escasa presencia de malezas vivas. En esta situación efectuar el control de malezas con herbicidas y sembrar directamente sin labranza previa. En este punto también es importante considerar los herbicidas utilizados en el cultivo antecesor por la posibilidad de residuos fitotóxicos.

Fertilización

Se observa, en los análisis de fertilidad realizados para esta campaña, la presencia de valores relativamente altos de nitrógeno disponible. Esto se debe a la mineralización de la materia orgánica del suelo con las precipitaciones y temperaturas de marzo-abril, y a la falta de precipitaciones importantes en el último período, que evitó el lavado de los nitratos hacia capas más profundas. El fósforo, por su menor movilidad en el suelo no debería presentar grandes variaciones. La decisión de fertilizar requiere del análisis del suelo para determinar ambos nutrientes, recordando que con bajos valores de fósforo disponible la respuesta al nitrógeno será menor. En caso de observarse altos valores de nitrógeno disponible puede obviarse este nutriente o reservarse para una aplicación demorada, si el avance de la campaña lo hace recomendable. A modo de orientación, cuando el contenido de nitrógeno disponible en suelo supera los 40 y 60 kg/ha para suelos livianos y pesados respectivamente, la respuesta a la fertilización nitrogenada es altamente dependiente de las lluvias posteriores. Valores de fósforo extractable por debajo de 10 ppm hacen recomendable la fertilización con una dosis mínima de 30 kg de superfosfato triple (SPT), o fosfato diamónico (PDA) en caso de requerir nitrógeno. Esta dosis asegura el requerimiento mínimo para un rendimiento promedio de 2000 kg. Vale recordar que el fósforo que no use el trigo permanecerá disponible para futuros cultivos. El fertilizante debe ir colocado en la línea de siembra. Si no se superan estas dosis es posible mezclarlo con la semilla en el cajón sembrador. La decisión de reforzar la fertilización nitrogenada al macollaje dependerá, además del análisis económico, del estado del cultivo, del contenido de agua del suelo, y de un eventual análisis para evaluar la disponibilidad del nutriente.

Variedades y densidad de siembra

En buenas condiciones de la cama de siembra y contenido de agua útil en el perfil superior al 50%, las densidades que se recomiendan normalmente para las diferentes épocas de siembra son:

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• • •

Fines de mayo-principios de junio : Mediados de junio-principios de julio: Mediados de julio-mediados de agosto:

180-200 granos/m2 200-260 granos/m2 270-320 granos/m2

Sería conveniente en la condición actual de disponibilidad hídrica del perfil, una disminución del 10 -15 % en las densidades recomendadas para cada época.

Las condiciones climáticas de las tres últimas campañas en el área de la EEA Bordenave fueron: • • • 2006 frío y seco, 2007 con fuertes heladas durante el ciclo y en algunos lugares con afectación por heladas tardías, con precipitaciones relativamente favorables a partir de agosto, 2008 con condiciones muy limitantes por falta de humedad, altas temperaturas y fuertes vientos en las etapas finales del cultivo (encañazón-madurez).

Están condiciones han permitido identificar una serie de materiales que manifestaron buen comportamiento, estabilidad de rendimiento, plasticidad y flexibilidad en época de siembra.

Las variedades destacadas para cada uno de los ciclos se detallan a continuación: o Ciclo largo-intermedio: Baguette Premium 11, Buck Malevo, BIOINTA 3004, ACA 303, Klein Guerrero. o Ciclo intermedio: Biointa 2004, Biointa 2002, Prointa Puntal. o Ciclo corto: Cronox, Klein Tauro, Baguette Premium 13, Buck Puelche, ACA 901, Biointa 1005. Un factor a tener en cuenta es el referido a la calidad de la semilla a utilizar. El primer parámetro es el que se refiere a la energía y al poder germinativo que debe ser superior al 85%. Otro punto es el peso de los 1000 granos que debería superar los 30 gramos. La pureza varietal y libre de cuerpos extraños también debe tenerse en cuenta. El curado de la semilla debe realizarse con productos aprobados siguiendo las recomendaciones del fabricante.

En síntesis
Para definir la siembra de la próxima cosecha fina y apuntando a un rendimiento relativamente bueno recordar que es necesario lo siguiente: Cantidad de agua útil en el suelo: 50% de la capacidad de retención en capas superficiales.
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Elegir potreros de buena fertilidad, libre de compactación, sin malezas de difícil control y sin antecedentes de herbicidas que dejen residuos fitotóxicos. Preparación final de la cama de siembra evitando en lo posible el uso de herramientas que “ventilen” el suelo. Análisis de fertilidad actual para ajustar las dosis de fertilizantes a aplicar. Utilizar variedades de buena adaptabilidad a las condiciones actuales y en las fechas que corresponden a su ciclo. Ajustar la densidad de siembra de acuerdo a la época y en función de la disponibilidad de agua reducirla hasta un 15%. Usar semilla de buena calidad. Realizar el curado de la semilla con productos aprobados.

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