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FILOSOFÍA Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

El Profesor Blas Alberti, de la Universidad de Buenos Aires, presentó en noviembre de 1986 al Congreso de Antropología realizado en la Capital Federal, una síntesis de sus puntos de vista sobre las relaciones estrechas entre la “superestructura cultural” de los países semicoloniales y el dispositivo del poder real, cuyas clases sociales e intereses divergen radicalmente de los modelos europeos clásicos. Damos a conocer dicha síntesis compuesta de 16 Tesis. 1.- La filosofía como reflexión de la totalidad de lo real, no sólo debe incluir a éste en una dimensión contextual-histórica; debe propender también a su compenetración con la práctica transformadora de la sociedad de la que es parte. 2.- Por ello, no puede discutirse el tema sin localizarlo y sin caracterizar a la sociedad desde la que se habla. 3.- Localizar la discusión significa reconocer que la misma se da en una sociedad semicolonial en la que por sus peculiares condiciones históricas, la sobredeterminación cultural constituye, no sólo una dimensión necesaria, sino un obstáculo para un filosofar relativamente autónomo. 4.- Esta sobredeterminación cultural se encarna en un modelo histórico de sociedad: el capitalismo agrario semicolonial bajo hegemonía oligárquica, consolidado desde fines del siglo XIX y afectado en el presente por una crisis decisiva. Sobre esta formación social concreta se desenvolvieron proyectos alternativos que, a pesar que produjeron un serio deterioro, tanto en su fisonomía económica como social, no lograron trascenderla. 5.- En la esfera del poder político, nivel en el que se sintetizan las confrontaciones materiales y espirituales de una sociedad, la Argentina se encuentra afectada, sobre todo a partir de 1930, por

una dicotomía irreconciliable: el campo nacional, que aspira a integrar al conjunto de clases, semiclases y estratos oprimidos por las clases oligárquicas y el imperialismo; y el campo liberal, que lideran éstas últimas, conjuntamente con las clases medias urbanas y los intelectuales pertenecientes al sistema institucionalizado de la cultura eurocéntrica. 6.- El vínculo objetivo que enlaza a los integrantes de cada bloque es más fuerte que los enunciados ideológicos que suelen explicitarlos; en ambos se da la presencia de un ala “derecha” y de un ala “izquierda”, si es que estos términos tienen algún significado entre nosotros. 7.- La posibilidad de que alguno de los dos bloques adquiera un predominio decisivo sobre el otro, constituye al presente el dilema más importante a dilucidar. 8.- La alternativa revolucionaria a la actual situación supone definir críticamente el sistema ideológico cultural institucionalizado, como un obstáculo decisivo en la lucha por la liberación nacional. Este sistema, caracterizado por una dependencia textual de la filosofía y la ciencia europeas, afecta principalmente a las clases medias y constituye un factor decisivo de división en el campo popular al desligarlas de su seno. 9.- Por “dependencia textual” entiendo a toda categorización deshistorizada de la realidad. Por ej.: cuando la izquierda cosmopolita confunde el nacionalismo de Perón con el de Hitler o Mussolini, descontextualiza un concepto, nacionalismo, ignorando de ese modo la distancia histórica que media entre el nacionalismo de una potencia imperialista y el de una sociedad semicolonial. Asimismo, cierta derecha del campo nacional cuando produce la misma confusión, pero a la inversa, impidiendo de este modo a los sectores medios, la comprensión del problema nacional. 10.- Esta categorización deshistorizada se expresa en todos los niveles de la filosofía política y abarca términos tales como: “democracia”, “socialismo”, “clase social”, “nación”, “burguesía”, “revolución nacional”, “autoritarismo”, “dictadura”, etc. Supone pensar lo propio con el discurso del amo y constituye un factor preponderante de esterilidad de la acción políticofilosófica.

11.- Asumir nuestra propia dimensión histórica, supone comprender que somos parte de la gran nación balcanizada por el imperialismo a lo largo de nuestras frustradas luchas por la independencia. 12.- Que esa derrota histórica impidió la realización de un destino propio de modernidad, cuya base sociocultural se funda en nuestra tradición hispano-criolla, y cuyas cabezas prominentes son Bolívar, San Martín y Artigas; dimensión desde la que sólo es posible pensar en una revolución nacional y en un socialismo originales. 13.- La ruptura de dicha continuidad sociocultural supuso el trastocamiento de todos los modelos de pensamiento posibles en nuestra dimensión original, y la adopción forzada de una concepción que apuntaba a una forma histórica de modernidad inviable para nosotros: el modelo de devenir que enlaza en una unidad estructural el feudalismo con el capitalismo burgués y el socialismo. 14.- En esta última perspectiva se alienaron liberales, románticos, marxistas y nacionalistas aristocráticos, cada uno a partir de su propia síntesis, pero todos confluyendo en la adhesión a alguno de los modelos eurocéntricos. 15.- La única matriz objetiva a partir de la cual es posible pensar la realidad desde la dimensión histórica original y posible, la ha constituido hasta el presente, el movimiento nacional; movimiento heterogéneo, inorgánico y no definido, explícitamente, desde una filosofía política orgánica y sistemática. Esta falta, que reconoce sin embargo prestigiosos intentos, como los de Arturo Jauretche, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puigross, Jorge Abelardo Ramos o Raúl Scalabrini Ortiz, en el siglo XX, constituye la carencia esencial de nuestro pensamiento transformador, no porque el mismo no haya tenido expresiones, sino porque éstos afectan aún un estado de marginalidad intelectual que los mantiene como propuestas contestatarias, sin otra alternativa que la utopía esperanzada. 16.- Nuestra ruptura radical con el eurocentrismo y la proyección de una alternativa revolucionaria se encuentra, pues, en la posibilidad de profundizar el pensamiento nacional, única perspectiva para constituir una filosofía de nuestra

transformación, capaz de condensar en su originalidad los elementos universales que permitan discriminarla como hecho histórico, único o irrepetible. Buenos Aires, Octubre de 1986