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Tertulia. Libertad de expresión en el periodismo de opinión.

El jueves 22 de octubre de 2009, periodistas, editores, investigadores y representantes de la sociedad civil se reunieron en Bogotá para discutir: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión en las columnas de opinión y hasta dónde el derecho a disentir? Esta pregunta, que se había planteado en mayo de este año con la salida de Javier Darío Restrepo, maestro en ética periodística y columnista por 17 años del diario antioqueño El Colombiano, reapareció con la reciente expulsión del diario nacional El Tiempo de la analista política Claudia López, quien había trabajado para sus páginas editoriales por tres años y ocho meses. Como un ejercicio para encontrar caminos de interpretación sobre los recientes hechos y buscar consensos sobre lo que ha ocurrido –a lo que se suman las salidas de columnistas como Pascual Gaviria y Sonia Gómez de El Colombiano–, Medios para la Paz en alianza con la Fundación para la Libertad de Prensa, Consejo de Redacción, la Federación Colombiana de Periodistas, la Federación Internacional de Periodistas, la alianza de Medios y Democracia (de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, la Fundación Avina, la Pontificia Universidad Javeriana y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD) y el Programa por la Paz del Cinep, coordinó la tertulia “Libertad de expresión en el periodismo de opinión”. Con la asistencia de los ex columnistas Claudia López (en video-conferencia), Javier Darío Restrepo y Pascual Gaviria, del subdirector de El Tiempo en el área de opinión, Ricardo Ávila, y con la moderación de Wendy Arenas, representante de la Fundación Avina en Colombia, las organizaciones buscaron respuestas a preguntas como: • ¿Existen dificultades para opinar e informar en Colombia de forma independiente? • ¿Cómo interpretar la salida de columnistas disidentes de algunos de los diarios más importantes del país cuando se acerca la temporada de elecciones presidenciales?

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• ¿Cómo se maneja la información cuando hay intereses políticos y económicos? • ¿De qué manera los periodistas y los columnistas, en cumplimiento de su función de informar y poner en conocimiento público las posiciones encontradas, pueden tocar esos temas de forma independiente? • ¿Están primando los intereses económicos y políticos sobre el derecho a la información, yendo de paso en contra de los mecanismos establecidos en una democracia y en un estado de derecho? Lo que ha ocurrido no merece una mirada exclusiva al derecho de la libertad de prensa y de expresión de los periodistas, también alude a la pregunta si la salida de columnistas como Restrepo, López, Gaviria, Gómez, entre otros, se convierte en un ataque contra el derecho de los ciudadanos a estar informados de forma independiente y veraz. Principales reflexiones Durante tres horas y con un público de 120 personas, los invitados de la mesa central dialogaron sobre este tema que, como lo dijo Claudia López en su introducción, es crucial para el periodismo y la democracia colombiana. Al inicio de la actividad, cada uno de los tertuliantes presentó su posición sobre el tema, tomando en consideración que la discusión más que centrarse en el caso puntual de López y El Tiempo, se enfocaría hacia el significado de la salida de columnistas de los diarios y lo que esto significa para la prensa y, sobre todo, sus lectores. Javier Darío Restrepo resaltó que la reunión debía verse, en principio, como un homenaje a Claudia López de parte de los lectores: “Ella recibirá como un homenaje que nosotros hagamos el esfuerzo por entender esto que sucede en Colombia respecto a la opinión y a los columnistas de opinión”, dijo. Su exposición se basó en tres ideas clave: 1. Los dueños de los periódicos tienen derecho a decir quién escribe y quién no, pero esto no es absoluto. Esta decisión está restringida por el derecho que tienen los lectores a encontrar una información de calidad. Cuando hay un columnista de calidad
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es un deber del periódico con los lectores ofrecer los textos de ese columnista. El derecho de los dueños de los periódicos no es absoluto, como podría ser el derecho del dueño de un inquilinato a arrendar sus habitaciones y decidir quién vive allí o no. Los periódicos no son empresas privadas de modo absoluto, son de la comunidad porque viven de contar sus historias, la historia común es la materia prima y eso genera deberes, entre ellos el de seleccionar el personal, no tanto por afectos o afinidades, sino porque será una persona que presta un servicio al lector. 2. La libertad de prensa tampoco es un absoluto. En circunstancias como estas, los periodistas tendemos a usar el egoísmo gremial para usar la libertad de prensa y ampararnos detrás de ella. La libertad de prensa es un servicio que se presta a los lectores y al restringirla se restringen los derechos de dichos lectores. ¿Qué entiende el lector común y corriente de la salida de columnistas, como el caso de Claudia López? ¿Qué puede entender cuando el énfasis se ha hecho en que se ha lesionado la libertad de prensa pero pocas veces se ha hecho énfasis en que se le ha restringido al lector su derecho a encontrar información de calidad? “Sería estratégicamente más positivo y productivo que los periodistas destacáramos que la libertad de prensa sirve para que el lector reciba una información libre, así que toda restricción a esta libertad tiene como consecuencia restringir los derechos del lector”, explicó Restrepo e insistió en que las agremiaciones y los colegas deben “huir de la retórica y del gremialismo y libertarismo que tiende a mirar como absolutos los derechos y las libertades. La libertad de prensa termina como derecho cuando comienzan los derechos de los lectores”. 3. Los columnistas tenemos deberes. Se cree que como la opinión es libre, los columnistas pueden escribir lo que quieran, pero no es así. El deber es estar al servicio del lector para hacerle entender la compleja realidad de cada día. “Cuando se habla de que un columnista, por el hecho de serlo, puede afirmar lo que quiera impunemente, se fuerza el sentido y la comprensión de lo que el columnista tiene que hacer al escribir”, insistió Restrepo.

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Los columnistas no están al servicio ni de su ego ni del periódico y se les debe respetar su autonomía. El periódico es un instrumento que se vale de todos sus colaboradores para cumplir una función particular. Sobre el caso específico de la salida de Claudia López, Restrepo opinó que el diario habría obrado mejor si no la hubiera despedido de la manera que lo hizo, sino que la hubiera llamado a la discusión. “Lo que sucedió privó a los lectores de ese debate y ese conocimiento. Hay que someter a discusión lo que dice que no se debe criticar a los periódicos. Al hacerlo, somos cómplices de actividades que avergüenzan a los periodistas y le restan dignidad al periodismo profesional”. Las tres ideas planteadas por Restrepo conducen a que hay una crisis de discusión en el país, no hay opinión. “Es difícil encontrar discusiones en las que desde puntos de vista totalmente opuestos se elabore serena y profundamente un pensamiento. Cuando se entabla una discusión política, esta naufraga con un adjetivo y se paraliza el pensamiento. Esta es una oportunidad para discutir, sin adjetivos, para elaborar un pensamiento. No puede haber democracia sin elaboración colectiva del pensamiento”, insistió. Una historia de desencuentros Pascual Gaviria, abogado, ex columnista de El Colombiano y colaborador de las páginas de opinión de El Espectador, compartió con el auditorio su relación con el diario antioqueño, la cual calificó como una “historia de desencuentros”. Relató que primero tuvo una salida del diario por un conflicto que el tildó de moral por unas afirmaciones que hizo sobre la cantante Madonna. Luego, regresó y después de un tiempo, debido a unas columnas que escribió contra un candidato a la Alcaldía de Medellín fue expulsado de nuevo, además de denunciado penalmente por el aludido, por infamia y calumnia. Si bien Gaviria ganó la demanda, salió del periódico porque, como dice, “escribir mordiéndose la lengua era muy difícil”. Luego, en su segundo y último regreso al diario antioqueño, Gaviria fue colaborador de sus páginas editoriales hasta que escribió una columna sobre la dosis personal e incluyó su percepción sobre la manera en que el diario había cambiado su posición frente al tema en respuesta a los lineamientos gobiernistas.

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Este recorrido, que le ha significado reincidir en dos ocasiones, le ha mostrado que los diarios se cuidan de no ofender a los poderes políticos y que no aceptan de buena manera ser evaluados en público. Sobre la discusión particular de la libertad de expresión de los periodistas de opinión, Gaviria añadió que los periódicos tienen todo el derecho de decirle a un columnista: “hasta aquí llegamos”, pero que si algo han demostrado salidas como la de López y Restrepo es que no pueden hacerlo impunemente. “Los foros en Internet demuestran que la gente es sensible a las decisiones de los periódicos: hay un público mirando y juzgando las decisiones que se toman.1 Entonces, los medios de comunicación pueden expulsar a sus columnistas, y es un derecho que tienen, pero ejercerlo puede costar caro, ser difícil y por lo tanto, deben pensarlo muy bien”. Los conflictos de intereses: un reto. A su turno, Claudia López aseguró que lo que se vive actualmente en Colombia no es como tal una amenaza a la libertad de expresión que provenga del gobierno, sino de los conflictos de interés que se dan entre los medios de comunicación y su inclinación empresarial, que si bien es legítima, no es fácil de manejar. Antes de analizar lo ocurrido con El Tiempo, López habló sobre su caso con El Colombiano, que si bien es menos conocido, suscita la misma discusión. López, una de las investigadoras principales sobre la parapolítica en el país, quiso compartir los resultados de la investigación hecha por la Corporación Nuevo Arco Iris y aunque inicialmente el editor del diario antioqueño se mostró interesado en la investigación y consideró que el artículo enviado por López era “excelente”, este nunca fue publicado y por el contrario el periódico publicó un editorial contra la investigación y la investigadora. Aunque López llamó decenas de veces a la directora, esta nunca respondió. Envió una carta de aclaración y tampoco la publicaron. “No hay ninguna otra investigación de parapolítica sobre Antioquia, esta puede no ser excepcionalmente buena, pero era un elemento de información muy importante para los antioqueños. Aquí la discusión no son los derechos de los periodistas y los periódicos, sino de los lectores. ¿Por qué los periódicos censuran información para los ciudadanos?”, cuestionó López.

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El portal de Internet de El Tiempo llegó a recibir 1.761 opiniones de lectores sobre la salida de Claudia López.

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Ahora, en lo relacionado con El Tiempo y su salida debido a la columna “Reflexiones sobre un escándalo”,2 López dijo que a lo ocurrido sobre su salida como tal “no le pondría mayor misterio”. Nadie discute que el periódico es libre de escoger sus colaboradores. Para la analista, los medios de comunicación no tienden a autoevaluarse con regularidad y mucho menos entre ellos. “A un medio no le gusta hablar del otro por razones de colegaje, cortesía, no se sienten cómodos. Entonces, dónde se puede dar ese debate sobre el manejo de la información, y en dónde se da en público. Este es un tema que merece un debate público”. “El Tiempo tiene una excepcional trayectoria, he insistido en ese argumento todos estos días. Estoy convencida de que las acciones del periódico, las ganancias, el patrimonio económico puede que le pertenezca solo a sus dueños, pero el patrimonio periodístico del periódico nos pertenece a todos los colombianos”, explicó López. Por esta razón, insistió, en lo que respecta a la manera en que manejan sus intereses políticos y económicos, se debe insistir en que los medios de comunicación se autorregulen. Esa, dijo, es la única solución. “Hace un año estuve en una reunión con los directores de los medios de comunicación y les dije que teníamos que tomarnos en serio el tema de los conflictos de intereses. Casi todos los directores de los medios dijeron en ese momento que hablar de conflictos de intereses sería decir que no se hace el trabajo con autoridad ética. El conflicto de intereses no es un delito, ni un cuestionamiento ético, es un hecho derivado de circunstancias en el que uno tiene intereses legítimos pero contrapuestos. Hay una enorme resistencia de los medios a reconocer eso y a determinar un manejo adecuado; allí hay un desafío”, dijo López. El Tiempo –continuó Claudia– tiene doble fuente de conflicto de intereses: no solo es una empresa que compite en la licitación por el tercer canal de televisión del país, sino que tiene entre sus accionistas dos políticos en el gobierno, uno de ellos en campaña presidencial. “Mi principal mensaje es que no creo que el periódico esté tomando en serio el desafío que significa ese conflicto de intereses, creo que lo está subestimando, que no lo reconoce, que tiene una actitud defensiva y que todos hasta en las
Disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/claudialpez/reflexiones-sobre-unescandalo_6334551-1
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circunstancias personales sabemos que con no reconocer los problemas, estos no se solucionan, se agravan. No es un delito pero es un desafío y el periódico debe tomar medidas serias al respecto”, explicó. Las razones de una decisión Luego de las intervenciones de los ex columnistas, el subdirector de El Tiempo en el área de opinión leyó un texto que preparó para poder, como dijo, concentrarse en el mensaje. El tema de la libertad de expresión merece ser discutido, dijo Ricardo Ávila y aseguró que aunque la salida de Claudia López era una decisión impopular, él la consideraba justa. Su exposición tuvo elementos históricos de las columnas de opinión y la manera en que estos espacios en los periódicos respondían, inicialmente, a la posición editorial que solía ser gobiernista de una forma abierta. Hoy día algunos periódicos mantienen esta característica, dijo. Al finalizar el recuento, Ávila aseguró que en el diario tienen plena conciencia de que el lector tiene derecho a ser informado decentemente y que la ideología no debe afectar este proceso. En las páginas editoriales del periódico se presentan variedad de posiciones y dejan así que el lector entre, se entere y escoja, afirmó. Luego, explicó la posición de El Tiempo frente a la columna de López, la cual quedó expresa en la editorial “Razones de una decisión”.3 El diario, dijo, tiene unos pilares inalterables: la fe en la democracia, la creencia en que la economía del mercado con controles del Estado es el camino más eficaz para la generación de trabajo, la indeclinable lucha contra el terrorismo, convicción de que el debate público es la mejor manera de aproximarse a la verdad y, en lo que respecta a los columnistas, se mantiene una posición pluralista en el sentido en que sus colaboradores editoriales mantienen puntos de vista diversos con los que se enriquece el debate y promueve la tolerancia. “Un columnista debe tener condiciones mínimas para escribir en el diario y saber que su permanencia no es vitalicia, el espacio que se les da es prestado y el envase que se da, hay que devolverlo”. Además, dijo, está el compromiso de todo columnista de considerar honorable el medio para el que escribe.
Disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/forolectores/ARTICULO-WEBPLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6342887.html
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Específicamente la columna de López hablaba de “fabricación inducida para apoyar su interpretación deseada de los efectos políticos del escándalo”. Este análisis, explicó Ávila, “se inventa un hecho para reforzar su argumento e insiste en que la calidad periodística de El Tiempo está cada vez más comprometida. Ante la gravedad de tales acusaciones la respuesta de la dirección fue la que apareció al final de la columna”. En el diario no se fabrican ni inducen noticias, dijo Ávila. No se le puede acusar de censura porque el texto se publicó íntegramente y tampoco de que los columnistas respondan a una sola línea editorial, porque las páginas presentan voces variadas. “Los intereses económicos de un periódico y su influencia en sus páginas informativas no pueden confundirse. Son muchos los obstáculos para opinar e informar independientemente en Colombia pero la salida de Claudia López no quiere decir que haya menos libertad de expresión en el periódico”, concluyó Ávila. Intervenciones del público4 Para abrir el debate, Wendy Arenas invitó a hablar sobre lo que ocurre en los medios de comunicación y en dónde podría hacerse el debate sobre sus conflictos de intereses. “Ese debate es difícil de hacerse en los medios de comunicación pero es fundamental. Si no se hace ahí, en dónde”, recalcó. Por indicaciones de Arenas, el caso de El Colombiano no se discutió en la sesión de preguntas, ya que no se logró la presencia de las directivas del diario antioqueño, a pesar de habérseles convocado, y no tenían forma de contrastar las respuestas. Pregunta a Ricardo Ávila: Se dice que López salió del diario debido a la manera como cuestionó a los periodistas y las personas que allí trabajan, pero en una columna José Obdulio Gaviria criticó en general a los medios de comunicación (incluso mencionó a la revista Cambio, de la casa editorial), y dijo que se estaba fabricando información. ¿Ahí no hubo una crítica que merecería una reacción similar a la de la columna de López? Respuesta: Los columnistas tienen derecho a criticar el contenido del periódico, lo que no pueden cuestionar es la integridad de los periodistas que lo hacen. José Obdulio ha criticado pero una cosa es el tema de la crítica y otra la de las
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En este apartado de la Relatoría se mantienen, sin editar, las preguntas del público y las respuestas de los invitados.

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acusaciones, como cuando se dijo que se fabricaba la información. La sensibilidad que tenemos frente a este tipo de informaciones puede no ser entendida por las personas que no trabajan en este oficio pero para nosotros es una sindicación muy grave. Existe la percepción de un aparente divorcio que hay entre los índices de popularidad del gobierno y lo que muestran los medios de comunicación, pero la presencia de voces cercanas al gobierno tiene que ver con el tema del pluralismo y de reconocer que buena parte del país tiene buena opinión de él. Opinión de asistente: Me parece una sorpresa lo que pasó con Claudia López, no se ha debido despedir, se le ha debido invitar a que aclarara sus conceptos e hiciera un diálogo. Me parece descortés la manera en que salió. No se conjuga este acto con la filosofía del periódico. El Tiempo dejó de ser el representante de una opinión política del país. Pregunta a Ricardo Ávila: El apoyo de los lectores no le da potestad al columnista para poner en tela de juicio la integridad de los periodistas del periódico, pero por qué la decisión de sacar del diario a Claudia López de esa forma. Respuesta: Se dio un debate interno sobre la manera de responder. Se decidió hacerlo en el mismo espacio porque las acusaciones eran públicas y la respuesta debería ser hecha de la misma manera. La honestidad no se discute y había que decirlo inmediatamente. No existía ningún antecedente en que el periódico un periodista cuestionara tan de frente la moralidad del periódico. Opinión de asistente: De acuerdo con mi trabajo en el Programa por la Paz, es clave sentir que la violencia tiene dos objetivos, dos fines que se encuentran. 1. Deshumanizar. 2. Bloquear el pensamiento. Creemos que debemos humanizar, no debemos olvidarnos nunca que el que está al lado es un ser humano, sobre todo los periodistas, y tenemos que recuperar el papel de lo simbólico de la palabra y del pensamiento. Como simple lectora y ciudadana, siento que necesito que los medios de comunicación nos enseñen a pensar, no sólo que nos muestren la complejidad de la realidad, sino que haya un ejercicio pedagógico del pensamiento. Se necesitan ejercicios de diálogo, de construcción, de poner en palabras lo que ocurre. Opinión de asistente: El Tiempo debe enseñar la libertad de prensa y no parece estar haciéndolo. No sólo los medios de prensa son los foros para estas discusiones, Internet también puede ser un espacio para hacerlo. Réplica de Claudia López a Ricardo Ávila.
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El periódico ha insistido en que este es un debate no a la libertad de expresión, no al periodismo sino a la honra. Este no es un debate a la honra, ni la moral, ni se trata de abrazarse en el espíritu de la honra para enajenarse del debate público. Este es un debate a la calidad del periodismo de El Tiempo y sus conflictos de interés. Si creyera que el periódico fabrica noticias no escribiría ahí, lo que sí dije y reitero, es que usando noticias ciertas, en este caso el escándalo de Agro Ingreso Seguro, las usa para fabricar titulares y análisis inducidos a favor de uno de sus socios. Lamento mucho que ni en el editorial ni en la respuesta de Roberto Pombo ni en la de Ricardo Ávila hoy el periódico ofrezca algún argumento concreto para controvertir esta afirmación. Reitero las mismas preguntas implícitas en la columna: el periódico dijo que Juan Manuel Santos es el candidato presidencial del partido de la U, es falso, lo sabes como lector, ciudadano y miembro del periódico. El Partido de la U no ha escogido candidato presidencial. Esa es una aspiración de Juan Manuel que su periódico no puede dar por cierta y difundir como tal. Hacen una afirmación sin fuente y, por lo tanto, falsa, y la usan para apoyar una conclusión. En la nota sobre el análisis de los efectos políticos de AIS se dice que Andrés Felipe Arias sale perjudicado con el escándalo, por lo que Juan Manuel Santos gana ventaja. No tienen un mecanismo de medición, una encuesta, que les haya permitido hacer esa afirmación. Si se trataba de hacer la lista de los ganadores y perdedores del escándalo, lo cual es perfectamente válido, había muchos más nombres en esa lista. Escoger sólo el nombre de Juan Manuel, ponerlo en el titular y mostrarlo como el único ganador, en mi opinión, es sesgado. No pedimos a los periodistas, ni a los directores, un acto de fe, decoro o cortesía, lo que pedimos es periodismo con calidad, es cubrimientos ceñidos a criterios periodísticos. ¿Con qué criterio periodístico le preguntan a sus lectores si Andrés Felipe Arias debe renunciar a su candidatura por el escándalo de AIS y no si Juan Manuel debe renunciar a la suya por el escándalo de los falsos positivos? Conozco a los periodistas del periódico El Tiempo y a sus directivos. Les tengo enorme aprecio y si les hago esta crítica fundada y fundamentada no es por inquina ni por mala fe, sino porque me importa el periódico y porque un caso como este es específico pero no es aislado y eso no pasa por maldad ni por ambición sino por descuido. Estas notas demuestran cómo se maneja equivocadamente este conflicto de intereses. Te pido Ricardo que o me digas las fuentes y los criterios periodísticos o
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me dejas de llamar mentirosa. Me puedes llamar temeraria, atrevida o hasta mal intencionada si quieres, pero si no tienes respuestas a las evidencias que estoy señalando no me puedes llamar mentirosa. A esto, Ricardo Ávila respondió: Dije que sí había un conflicto de interés. Decimos que sí hay un conflicto y que hay que manejarlo y hacer los reconocimientos del caso y en ese sentido hay que trabajar. Las observaciones de Claudia las acepto de buena gana con una sola observación, me parece válido y respetable de Claudia decir que el que escribió el artículo “estaba en la luna”. Lo que discuto del tema es que con ese titular y el análisis es que había la intención expresa de favorecer los intereses electorales de Juan Manuel Santos y que eso influyó a que El Tiempo quiere la licitación del tercer canal. Pregunta a Pascual Gaviria: ¿Por qué vuelve dos veces a El Colombiano? ¿Qué factores primaron para esa decisión? ¿Volvería? Respuesta: Regresé por credulidad, porque todas las veces me dijeron que eso se había acabado, que había libertad de dar opinión. El Colombiano tiene en Medellín una posición casi monopólica, sus páginas también tienen un sesgo hacia su punto de vista ideológico muy fuerte y era interesante que el diario tuviera una voz disidente y por eso me le medí al asunto. La última razón por la que he regresado es que mi trabajo es vender caracteres con espacios y era una opción para ganarme la vida. He decidido, eso sí, que no volvería, así que me tocará venderlos en otra parte. Lo de El Colombiano es parecido a lo que decía Ricardo Ávila, el diario está todavía en la tónica de tener columnistas que responden a su línea editorial. Disentir de la línea editorial del periódico es salir del periódico. Añadió su percepción sobre lo ocurrido con El Tiempo y Claudia López. El caso de El Tiempo es distinto, me parece que el asunto hubiera sido de tono porque veo la carta de Claudia con un tono muy distinto a la columna, en donde se hacen preguntas y en la columna se hacen acusaciones muy fuertes. Eso pudo precipitar las cosas y ocasionar las reacciones que generó. Cuando uno defiende la libertad de prensa frente al gobierno y al Estado y cuando se saca a un columnista así, pierde credibilidad. Si El Tiempo y Claudia López hubieran dialogado diferente, las cosas se habrían solucionado de otra manera. Pero con lo ocurrido, El Tiempo le ganó una partida a El Espectador cuyo eslogan dice: “la opinión es noticia”. Conclusiones
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Después de las intervenciones del público y para terminar la tertulia, Javier Darío Restrepo tuvo un espacio para realizar un análisis de lo ocurrido: En principio, reconoció y admiró la presencia de Ricardo Ávila en el encuentro: “Rindo homenaje a su coraje, no es un coraje suicida porque no habría aquí nadie que levantara una horca, pero sí lanza una señal muy importante para el propio periódico y los otros periódicos: dar la cara. Los periódicos no están muy acostumbrados a eso. En circunstancias como estas, sería muy bueno ver la cara de los directores, así se consagraría lo que a mi juicio puede ser el resultado de este tipo de eventos: aprender a discutir, a expresar las opiniones, a expresarlas respetuosamente, a aprender los unos de los otros”, aseguró. Ahora, en lo que comentaba Ricardo y en la descripción que hizo de los motivos y el proceso que se siguió para redactar el párrafo funesto se daban dos supuestos: Nadie tiene que tocar a los directivos y a los periodistas de El Tiempo porque son intocables. Eso me hace pensar en la frase de Eduardo Santos que los periodistas y el periódico deben actuar siempre como en urna de cristal y esta actuación me da la impresión de que a la urna le han puesto vidrios polarizados. No admitir ni siquiera que se pregunte si son honestos o no, es un concepto del siglo XVIII. Quien es honesto no se molesta por la pregunta porque sabe que su propia vida es la respuesta. Los periodistas les pedimos a las instituciones que sean transparentes, pero también los periódicos tienen que ser transparentes. Un columnista no tiene el deber de ser infalible, porque si alguien se lo propusiera, le estaría pidiendo un imposible. Los seres humanos estamos sujetos a errores, y porque sabemos que nadie posee la verdad, por esa razón polemizamos, discutimos. La opinión es precisamente el ejercicio de la inteligencia en busca de la verdad. Es un ejercicio que dignifica a las sociedades y a las personas. Cuando en las sociedades no se puede opinar es porque hay un problema muy grave de salud. Para concluir, Wendy Arenas resaltó los siguientes puntos: queda en el aire por qué José Obdulio ha descalificado a los medios de comunicación, e incluso a la revista Cambio, pero eso no ha ameritado su salida como columnista del periódico. “Quedan preguntas sin contestar y temas de fondo por discutir, absolutamente estratégicos para el país, en un contexto de polarización tan complejo cuando se avecinan tres elecciones, congreso, primera vuelta de presidente y referendo. Aquí
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lo mínimo que le pediríamos al periódico El Tiempo es incluir una política de cubrimiento electoral, así como añadir a su manual de redacción un apartado sobre cómo manejar conflictos de intereses para que las discusiones se hagan desde ámbitos más objetivos”, dijo Arenas e insistió en que un periódico de la importancia que tiene El Tiempo debe restituir lo más pronto posible su figura de defensor del lector. Por último, hizo un llamado específico al periódico: “llamar a Claudia mentirosa es realmente grave. Si la intención de ella no era decir eso, amerita que se le de un espacio en el periódico y lo aclare, porque ella depende de su credibilidad. Abran un espacio para que explique lo que quiso decir”.

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