–¿ Cómo se relaciona su poesía con ese concepto?

–El término poesía, según Aristóteles, procede de poiesis, “creación”.
Poesía es vida, la vibración de la creación, que aún no ha terminado,
porque el mundo o la naturaleza, como toda obra de arte, se encuentra
en estado subjetivo, evoluciona aún. Un poeta pretende, a través del
lenguaje, atrapar la subjetividad de la vida y, de esa manera, la poesía se
convierte en un modo de conocer: conocimiento mediante las
sensaciones. En mis libros, tanto en poesía como en narrativa, entiendo
el mundo como una obra de ficción que presenta una estructura precisa.
Gracias al ejercicio de la literatura aprendí a leer esa estructura de la
realidad en la vida cotidiana de tal modo que hoy puedo adivinar, decir a
cualquier persona –sin conocerla– detalles acerca de su pasado, su
presente y sucesos de su futuro incluso. Se trata de un procedimiento
que desarrollé y he perfeccionado a lo largo de los años. Tengo, como
evidencias de esta afirmación, constancias y videograbaciones de la
Universidad Pedagógica Nacional, la Universidad Iberoamericana de
Puebla y las Facultades de Psicología y Físico Matemáticas de la buap.
Se trata de un método de lectura del entorno de los sujetos que tiene los
mismos códigos del lenguaje literario. Sus claves son las siguientes: el
entorno de un individuo corresponde a su medio social o general, lo que
se encuentra a su lado derecho, personas u objetos, es lo más
importante para él; lo que se localiza a su izquierda es de menor
importancia. Lo que se halla adelante corresponde al futuro y las
personas que se observan atrás equivalen a aquellas con las que se
convivió en el pasado, porque nuestras acciones siguen reproduciéndose
de manera dinámica en cualquier sitio donde nos encontremos. El
espacio es lo plástico del tiempo y aproximadamente el lugar que ocupa
una persona corresponde a un año o un ciclo. De esta manera, podemos
contar hacia atrás o hacia adelante del sujeto analizado para saber hace
cuánto tiempo sucedió (o sucederá) tal o cual experiencia. Para leer el
entorno y, en general, la realidad como novela, existen
fundamentalmente tres lenguajes: el simbólico (una piedra puede ser
símbolo de obstáculo, un hoyo en el piso símbolo de crisis), el pictórico o
pictográfico, que consta de imágenes, y las personas del entorno y sus
acciones, que forman parte de un lenguaje denotativo. Considero que en
esta novela del mundo, que es en realidad la historia de la humanidad,
hay relación del nombre y apellido de una persona –cuando el significado
es claro– con su carácter o con sus acciones, quizá porque al ser
nombrado se le programa de manera inconsciente. La evidencia puede
observarse en la madurez del individuo cuando ya se ha producido una
obra. El ejemplo clásico es Thomas Alva Edison, que tiene el siguiente
significado: Tomás (doble, mellizo en arameo), Alva, alba (luz, claridad
en latín), Edison (tesoro guardado en germánico). El significado completo
es “luz melliza, tesoro guardado o encerrado) y tal vez el mayor
descubrimiento de este científico sea la lámpara eléctrica. Esta teoría ha
sido incluida recientemente en una antología de poesía mexicana,
acompañando el nombre de los antologados. El libro se llama El oro
ensortijado. Poesía viva de México, de Mario Bojórquez, Alí Calderón,
Álvaro Solís y Jorge Mendoza, publicado por Eón y la Universidad de
Texas.
–¿Y qué puede decir de su manera de escribir poesía? Dice Héctor
Carreto que usted es el más original de su generación.
–Construyo mi poesía considerando lo anterior. Trato de extraer del
lenguaje sus distintas posibilidades significativas, ponerlo en crisis o, más
bien, ir más allá de su manejo convencional. Es decir, busco una poesía
que se construya desde el riesgo, que experimente verdaderamente con
el lenguaje, pero no de manera ingenua, como se ha venido haciendo en
México, en un refrito de la vanguardia, sino buscando siempre en las
palabras sus dos rostros: el que corresponde al plano del consciente y,
por otra parte, el de lo inconsciente. Es así que muchas veces escribo
una poesía que establece una doble historia, paralelismos entre la
realidad exterior e interior del hombre, por ejemplo. En realidad lo que me
interesa es atrapar la subjetividad y conseguir así lo extra, la polisemia,
que es lo que hace literario a un texto.
–¿Cómo convive con los poetas de su generación?
–Bien, conozco personalmente a pocos, pero he leído con atención a la
mayoría. En la preparatoria conocí a Héctor Carreto y en la Facultad de
Filosofía y Letras de la UNAMfuimos compañeros de generación con
Vicente Quirarte y José Francisco Conde. Más tarde conocí a Arturo
Trejo, Eduardo Langagne, Efraín Bartolomé, Baudelio Camarillo,
Margarito Cuéllar . En 1980 fundamos la editorial Liberta-Sumaria con
Rolando Rosas, Carlos Oliva y otros.
–¿Cómo ha formado su propia tradición esta generación?
–Su diversidad indica una gran riqueza. Estos poetas tienen sus modelos
en diversos sitios: en Paz, en Pound y Eliot, en la poesía epigramática y
conversacional de Cardenal y Pacheco. Tres poetas mexicanos sirven
como guías claras: Alí Chumacero, Rubén Bonifaz y Eduardo Lizalde. De
estos tres poetas, creo, se ha desprendido, de algún modo, una
tendencia poética muy vital en nuestros días
Ricardo Venegas