Resumen de la Introducción del texto: "Diez textos básicos de Ciencia Política", de Albert

Batlle.

La ciencia política como disciplina académica tiene un origen muy reciente.
Anteriormente, su estudio formaba parte de estructuras filosóficas que pretendían darle
explicación a distintas interrogantes propias del ser humano. Las primeras referencias al
estudio de la vida política se incluía en el estudio de la filosofía moral: el objeto de estudio
de la ciencia política solo puede ser definido e interpretado con conceptos vagamente
relacionados con algunas instituciones o prácticas políticas, reales o teóricas.
Así hasta finales del siglo XIX el análisis de conceptos como el derecho, la justicia,
la soberanía o el estado eran la base metodológica de las ciencias políticas, es decir, la
política como objeto particular de estudio formaba parte del estudio general de la sociedad.
Para hacer esto, los politólogos desarrollaban sus ideas de dos maneras distintas
pero complementarias. Una de estas formas era que los estudiosos de la ciencia política de
aquella época recurrían siempre a sus antecesores. A través de un sentido hermenéutico
normativo se analizaban los textos clásicos de la filosofía política y moral desde Platón. En
pocas palabras su manera de realizar el estudio de las ciencias políticas era descubriendo el
desarrollo evolutivo que sufría el significado de los conceptos fundamentales anteriormente
mencionados.
Recién a principios del siglo XX, a partir de la creación de la Asociación Americana
de Ciencia Política es que esta se forma como una disciplina de carácter académica y
diferenciada. Es con esto que, junto con la actividad antes mencionada, se comenzó a dar
importancia al análisis científico de los elementos constitutivos del estado. Esto podía ser
también a través de dos maneras: por un lado el punto de vista "subjetivo-ideológico" con
el cual se argumentaban normativamente los cambios para "mejorar" el sistema política y
por otro lado la "perspectiva objetivo institucional" que consideraba al estado bajo
parámetros que en esencia eran evolucionistas, históricos y comparados. Esto es producto
de la escuela de la "Staatslehre" que ve al estado como no más que un conjunto de
estructuras e instituciones políticas que puedes ser explicadas empíricamente a través del
estudio del derecho público.
Esta fue la visión que se impuso hasta mediados del siglo XX, es decir, ocurrió una
continuidad teórica y metodológica en la disciplina y se continúo con el análisis del
pensamiento político clásico y su posible relación con las instituciones y prácticas políticas
que se dan en diferentes contextos sociales e históricos.
A partir de los años veinte comenzaron a surgir las primeras demandas que
buscaban asociar de manera efectiva la política y la ciencia, y para referirse a lo científico
ya no tenía que ver con la racionalidad que se le pudieran atribuir a los valores propios del
objeto de estudio, sino que tenía que ver con el método utilizado para su análisis. Con esto
se pretendía llevar a la política a la metodología propia de la historia, la psicología o la
economía. Esta demanda recién tomo fuerza en los años cuarenta, periodo en el cual se
intensificó el debate entre las perspectiva filosófica, legalista y teleológica por un lado y la
perspectiva lógica, empírica y explicativa por otra. Y es así como en los años cincuenta se
produce lo que se llama como la "revolución conductista": este nuevo enfoque investigaba
el comportamiento real de los actores políticos con instrumentos tomados de otras
disciplinas como la psicología y a través del uso de nuevas técnicas estadísticas e
informáticas, posibilitando el estudio cuantitativo.
Los conductistas toman en consideración las motivaciones, valores y cogniciones
que determinan el comportamiento político de los individuos para así descubrir
regularidades explicativas con nuevas técnicas de observación y medición a través de
análisis empíricos de las actitudes políticas reales de estos mismos. Es a partir de esto que
se podría elaborar "leyes o proposiciones generales". Cabe destacar que esta revolución
conductista fue muy influenciada por la sociología. Los politólogos de esta corriente
pretendían dar el paso del "deber ser" al "ser" de la política. Referentes de esta visión son
autores como Robert A. Dahl, Seymour M. Lipset y Gabriel Almond.
Ya en el último tercio del siglo XX se empieza a generar una nueva visión con
respecto a la ciencia política. Es así como podemos afirmar que la economía ha jugado un
papel principal en la evolución de la ciencia política puesto que aporta algunos principios
fundamentales del nuevo enfoque metodológico que comienza a surgir luego de la
revolución conductista. Con este enfoque es que se genera la "teoría de la elección
racional" desde donde surgen nuevos enfoques metodológicos que se reducen al
individualismo metodológico y al supuesto de racionalidad individual. Por un lado el
individualismo metodológico explica a partir de las acciones individuales los fenómenos
colectivos que se basan en un clásico criterio económico que tiene que ver con la
maximización de la utilidad, es decir los individuos eligen de un conjunto de posibilidades
aquella que les reporte más beneficios según sus intereses. Es por esto que los individuos
son racionales ya que cada uno tiene la capacidad de ver cuál es la alternativa que escogerá.
Algunos referentes de este enfoque son Anthony Downs, William H. Riker y Mancur
Olson.
Con todo esto, podemos afirmar que en la actualidad la ciencia política no tiene una
identidad absolutamente determinada sino que existen distintos enfoques para abordarla. La
existencia paralela de estos enfoques permite un pluralismo ideológico que permite el
avance progresivo y complementario de los análisis de la ciencia política.