CIUDADANIA, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

ANTONIO PERES VELASCO


NOTA PRELIMINAR 1
1 NOCION DE CIUDADANIA 2
1.1 Evolución histórica 2
1.2 Estado conceptual actual 3
2 CONCEPTOS ASOCIADOS 4
2.1 Democracia y ciudadanía 4
2.2 Estado de Derecho y ciudadanía 5
2.3 Derechos humanos y ciudadanía 5
3 CIUDADANIA EN EL ESTADO PLURINACIONAL 6
3.1 Preceptiva constitucional 6
3.2 Ciudadanía y desarrollo democrático 8
3.3 Ciudadanía y vigencia del Estado de Derecho 9
3.4 Ciudadanía y eficacia de los derechos humanos 11
3.5 Ciudadanía y nuevos actores políticos y económicos 13
4 CONCLUSIONES 13

NOTA PRELIMINAR
Este ensayo tiene el propósito de sistematizar y exponer algunas ideas básicas sobre el tema de
la ciudadanía, la democracia y los derechos humanos y de establecer algunas líneas de análisis
en esta materia en el marco de construcción del denominado Estado Plurinacional.
Las reflexiones planteadas parten del supuesto de que tanto la ciudadanía como la democracia
y los derechos humanos son conceptos en permanente construcción, muchas veces incapaces
de encerrar y expresar toda la complejidad de la realidad y la dinámica real de la sociedad y el
Estado.
Desde otra perspectiva, el análisis de la ciudadanía, la democracia y los derechos humanos se
orienta también a provocar un discernimiento sobre el juego entre su dimensión retórica y
discursiva y su situación real y ejercicio efectivo dentro del denominado Estado Plurinacional.

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Finalmente, sin entrar en complejos y extensos ejercicios teóricos sobre la significación de los
conceptos que informan la temática analizada, este documento busca motivar reflexiones
políticas y jurídicas, más consistentes y capaces de contraponerse al discurso ideológico
dominante.
1 NOCION DE CIUDADANIA
En principio, cabe señalar que cualquier intento de definir el término “ciudadanía” es cuando
menos una tarea difícil y complicada, por no decir imposible. La significación de este término
ha evolucionado históricamente y, en consecuencia, su alcance y contenido han cambiado en
función de datos de la realidad económica, social, política, etc.
1.1 Evolución histórica
El concepto de ciudadanía ha evolucionado históricamente en su contenido y alcance y ha
transitado de soluciones exclusivas a otras inclusivas, en materia de derechos, obligaciones,
representación y participación política; es decir, de un concepto griego, acotado a cierta clase
de personas (griegos, varones, cabezas de familia y propietarios), ha evolucionado hasta el
concepto actual, vinculado a todas las personas y a la propia sociedad y al ejercicio de toda la
gama de derechos humanos.
A propósito de esta evolución histórica, se sostiene que el análisis de la construcción de la
ciudadanía debe darse en tres dimensiones claramente diferenciadas. En primer lugar, debe
abordarse como proceso de inclusión progresiva de personas y derechos y de tránsito de una
función excluyente hacia una función incluyente. En segundo lugar, debe considerarse como
situación dada en un determinado espacio y tiempo respecto del ejercicio del poder y como
conquista social. Finalmente y en tercer lugar, debe entenderse como expresión de derechos y
deberes ciudadanos y de ideales de igualdad y justicia inherentes a la vida pública.
En el caso de Bolivia, esa construcción se ha dado en líneas generales en las siguientes etapas:
a) El periodo republicano que transcurre desde la fundación de la República hasta el fin de
la Guerra del Pacífico, caracterizado por la exclusión de la población indígena y de las
mujeres.
b) El periodo liberal que se inicia con la Convención Nacional de 1880 y se proyecta hasta
la llamada Revolución Nacional (1952), caracterizado por ciertas transformaciones
económicas y sociales y la adscripción al llamado “Constitucionalismo Social” (1936).
c) El periodo de construcción del Estado Nacional que comienza con los cambios
estructurales de 1952 (Reforma Agraria, Nacionalización de las Minas, Sufragio
Universal y Reforma Educativa) y se cierra con el fracaso del gobierno de la UDP
(1985), caracterizado por el capitalismo de Estado, la recuperación democrática y la
crisis económica.
d) El periodo de la Nueva Política Económica que se inaugura con el DS 21060 de
29.08.85 y se prolonga hasta los primeros años de la primera década del nuevo siglo,
caracterizado implantación de la economía de libre mercado y el ajuste estructural, el
redimensionamiento del Estado y la crisis económica y política del modelo neoliberal.

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e) El periodo del Estado Plurinacional establecido por la Constitución Política del Estado
del 2009 y que se encuentra actualmente en curso, caracterizado por una nueva visión de
país, nuevos actores sociales y políticos, cambios en la organización y funcionamiento
del Estado y nuevas tensiones entre discurso y ejercicio efectivo de ciudadanía y
derechos humanos.
1.2 Estado conceptual actual
Como ya se menciona anteriormente, el concepto de ciudadanía ha sufrido cambios
significativos en su alcance y contenido, a lo largo de la historia. Como resultado de esa
transformación conceptual, la ciudadanía ha pasado de ser una condición jurídica establecida
únicamente en el orden político a favor de algunas personas, a ser una condición integral,
abierta e irrestricta de ejercicio de todos los derechos humanos que caracteriza a todas las
personas.
En ese marco de construcción histórica de la ciudadanía, la noción de ciudadanía hace
referencia en la actualidad a los siguientes contenIdos conceptuales citados en el documento
“Ciudadanía y Derechos Humanos: Desafíos para la Educación”:
a) Ciudadanía como conducta, valores, acciones y principios, mediante los que los
individuos se reconocen como parte de un grupo organizado y ubicado en un espacio
territorial y titulares de derechos políticos, civiles, económicos y sociales (Laura Acoto,
2003).
b) Ciudadanía como condición de la persona que forma parte de un Estado y que, junto a
otras personas, tiene un espacio común para vivir y desarrollar sus actividades y puede
tomar parte en el ejercicio de los poderes públicos y participar en la gestión pública en
beneficio de la colectividad.
c) Ciudadanía como proceso de diálogo y compromiso en el que los ciudadanos construyen
un lenguaje público de emancipación y crítica al poder del Estado y que deviene en
referente para la acción y la transformación de las condiciones ideológicas y materiales
que promueven modos de opresión, marginación y exclusión (Giroux, 1998).
d) Ciudadanía como condición de la persona que forma parte de un Estado, en el que sus
miembros se interrelacionan e interactúan con base en el mutuo reconocimiento, la
sujeción a la ley y la participación activa y responsables en la búsqueda del bien común.
e) Ciudadanía como concepto mediador e integrador de exigencias de justicia que hace
referencia al vínculo de integración y participación en cierta comunidad y une la
racionalidad de la justicia con el calor del sentimiento de pertenencia (Cortina, 1997).
f) Ciudadanía como concepto relativo a la nación y al vínculo de pertenencia a ella,
fundado en la identidad común de los gobernados que integran la nación civica.
En ese marco conceptual y desde una perspectiva más constitucional, puede señalarse también
que la ciudanía es un status jurídico y político, basado en un vínculo entre el Estado y la
persona, considerada en forma individual o como parte de un grupo, que le reconoce y
garantiza a ésta la aptitud de ejercer toda la gama de derechos humanos que le son inherentes y
asimismo le impone deberes, cargas y responsabilidades correlativas.

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2 CONCEPTOS ASOCIADOS
Con la finalidad de lograr un encuadre adecuado del concepto de ciudadanía, es importante
asimismo referirse previamente a tres conceptos asociados, igualmente complejos y
controvertibles en su alcance y contenido, cuales son Democracia, Estado de Derecho y
Derechos Humanos. Teóricamente, la noción de ciudadanía forma parte de este complejo
conceptual y por ello es importante marcar algunas relaciones entre sus componentes.
De todas maneras, conviene señalar que la relación indisoluble entre Estado de Derecho,
democracia, derechos humanos y ciudadanía, se expresa de manera precisa, cuando Bobbio
señala que el Estado de Derecho “ha avanzado y continúa avanzando en la medida en que los
poderes arbitrarios se sustituyen por poderes jurídicamente controlados, los órganos
irresponsables por órganos jurídicamente responsables, en fin, en la medida en que el
ordenamiento jurídico organiza la respuesta a la violación que proviene, no solo de los
ciudadanos particulares, sino también de los funcionarios públicos”
1

2.1 Democracia y ciudadanía
Con referencia a la democracia y con base en un enfoque doctrinal clásico
2
, podemos decir,
por una parte, que es un sistema de gobierno ejercido por el pueblo o por la mayoría popular,
en forma directa o por medio de representantes. Desde esta perspectiva, la democracia muestra
una dimensión política (relacionada con la soberanía y la legitimidad del poder político) y una
dimensión social (relacionada con la satisfacción de las diferentes necesidades humanas en el
plano económico, social, cultural, educativo, etc.).
La primera dimensión está referida al ejercicio de la libertad y se relaciona históricamente con
una noción de ciudadanía enfocada en el reconocimiento y ejercicio de derechos civiles y
políticos. La segunda dimensión por el contrario está referida al logro de la igualdad y se
relaciona con la satisfacción de derechos económicos y sociales.
En consecuencia, el alcance y contenido de la noción de ciudadanía muestra una relación
directa y proporcional con desarrollo inclusivo y progresivo del sistema democrático de un
Estado, se alimentan de los resultados que surgen de la confrontación política y social y
reflejan los valores, ideales y principios que fundan y orientan la relación entre Estado y
Sociedad.
Desde otra perspectiva
3
, se menciona la existencia de una coincidencia entre procesos de
ciudadanización y procesos de redemocratización de las naciones que lleva a entender a la
ciudadanía como una “condición jurídica en virtud de la cual las personas y las colectividades
que viven en un determinado país acceden al gozo de un conjunto básico de derechos y la

1
Teoría General del derecho. Norberto Bobbio. Editorial Temis S.A. 2005. Bogotá – Colombia.
P.119.
2
Derecho Constitucional Boliviano. Ciro Félix Trigo. 2003. Atenea S.R.L. La Paz Bolivia, p. 275.
3
Democracia, Ciudadanía y Pueblos Indígenas en Bolivia. Diego A. Iturralde. Revista Especializada
del Defensor del Pueblo de Bolivia. Año 1, No. 1, 2006, p. 101.

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democracia como una “condición política bajo la cual este acceso y disfrute de derechos están
garantizados y son exigibles ante la justicia”.
También y en último término, conviene hacer una referencia a la teoría de Robert Dahl que,
desde una perspectiva evolutiva, define a la democracia como “poliarquía”; es decir, como un
sistema cerrado caracterizado por la existencia de cargos electivos para el control de las
decisiones políticas, elecciones libres, periódicas e imparciales, sufragio inclusivo, derecho a
ocupar cargos públicos en el gobierno, libertad de expresión, protección legal de las fuentes de
información y derecho a constituir asociaciones, organizaciones autónomas, partidos políticos
y grupos de interés
4
.
2.2 Estado de Derecho y ciudadanía
Con referencia al Estado de Derecho, se puede mencionar brevemente que consiste en una
organización social y política (territorio, población y gobierno), basada en el principio de
libertad, el imperio de la ley, la voluntad general democrática, la división de Poderes y la
vigencia de Derechos Humanos. El origen de este concepto data del siglo XIX, cuando los
estudios jurídicos se empeñan en diferenciar las doctrinas orientadas a entender el Derecho
como un sistema normativo construido en función de la libertad del individuo.
Ahora bien, es importante advertir que el término Estado de Derecho no ha tenido una
definición única. En su acepción débil, presupone una identidad entre Derecho y Estado
(Kelsen). En su acepción intermedia, se refiere al Estado regido por las leyes y no por los
hombres. En su acepción fortísima, hace alusión por el contrario al Estado fundado en el
reconocimiento de los derechos humanos que se encuentran por encima del mismo.
En ese contexto, la noción actual de ciudadanía no puede desentenderse de los anteriores
fundamentos del Estado de Derecho. Esa ciudadanía solo existe si la sociedad cuenta con
márgenes admitidos de libertad, opta por el principio de legalidad y rechaza la arbitrariedad,
participa políticamente en forma democrática, está libre de gobiernos totalitarios y ejerce a
plenitud la totalidad de sus derechos humanos.
2.3 Derechos humanos y ciudadanía
En esta materia, podemos señalar Incidentalmente que los derechos humanos son potestades y
prerrogativas naturales que tiene todo ser humano, tomado individualmente o en forma
asociada o grupal, por el sólo hecho de ser tal. Para el Estado, esos derechos implican, por una
parte, un deber de abstención con referencia a acciones que los puedan vulnerar y, por otra
parte, un deber de protección, en diferentes órdenes y por varios medios.
Sin entrar en controversiales y exhaustivos ejercicios de sistematización conforme a criterios
conceptuales, históricos o ideológicos, se puede decir que los derechos humanos reconocen
una gran clasificación en los siguientes bloques o grupos: derechos individuales, derechos del
individuo en sociedad, derechos colectivos y derechos de la humanidad.

4
www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/P/poliarquía.htm. Yolanda Casado.

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Los derechos del primer grupo tienen el objetivo común de tutelar la libertad y la dignidad de
las personas y abarcan, en calidad de subgrupos, a los derechos civiles y a los derechos
políticos. Los derechos del segundo grupo tienen el objeto de tutelar y garantizar el valor de
igualdad, al considerar al individuo como integrante de la sociedad, y se clasifican a su vez en
derechos económicos, derechos sociales y derechos culturales.
Los derechos del tercer grupo, denominados derechos de solidaridad, atañen en mayor grado a
colectividades humanas y a los seres humanos que las componen (infancia, mujer, pueblos
indígenas, etc.). Por último, los derechos del cuarto grupo, denominados derechos de la
humanidad, se refieren a la promoción de mejores condiciones de vida y a la protección
amplia de los seres humanos y consistente específicamente en los derechos a la paz, la justicia
internacional, el desarrollo, el medio ambiente sano, la biodiversidad, etc.
3 CIUDADANIA EN EL ESTADO PLURINACIONAL
Una vez realizada la anterior aproximación a la noción de ciudadanía, conviene situar el
desarrollo de nuestro tema en el ámbito del Estado Plurinacional y de la propia realidad.
3.1 Preceptiva constitucional
A los fines de nuestro discernimiento y habida cuenta de la necesidad de considerar el tema de
la ciudadanía en un marco de realidad normativa y fáctica, es conveniente hacer una referencia
a la preceptiva constitucional establecida por el nuevo orden político y jurídico. Dicho de otro
modo, es necesario considerar el complejo conceptual que integra las ideas de Estado de
Derecho, democracia, derechos humanos y ciudadanía, en el escenario del denominado
Estado Plurinacional.
Con referencia al Estado de Derecho, el Art. 1º de la Constitución Política del Estado define
textualmente al Estado Plurinacional, en la siguiente forma: “Bolivia se constituye en un
Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre independiente y soberano.
Democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la
pluralidad, y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del
proceso integrador del país”
5
.
Con referencia a la democracia, el Art. 7º establece que la soberanía reside en el pueblo
boliviano y se ejerce en forma directa y delegada. En esta misma materia, el Art. 11º señala
textualmente que: “La República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática
participativa, representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y
mujeres”
6
.
Ese mismo precepto constitucional añade que la democracia se ejerce en las siguientes formas:
a) Directa y participativa, por medio del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la
revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa.

5
Nueva Constitución Política del estado. UPS Editorial. 2011,
6
El texto constitucional utiliza equívocamente el término de “República”.

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b) Representativa, por medio de la elección de representantes por voto universal, directo y
secreto, conforme a ley.
c) Comunitaria, por medio de la elección, designación o nominación de autoridades y
representantes por normas y procedimientos propios de las naciones indígena originario
campesinas.
Con referencia a los derechos humanos, el Art. 13º (I) determina que los derechos reconocidos
por la Constitución son inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos
y que el Estado tiene el deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos. El parágrafo III de
ese mismo precepto prescribe que la clasificación de los derechos establecida por la
Constitución “no determina jerarquía alguna ni superioridad de unos derechos sobre otros”.
Asimismo y de manera importante, el Art. 13º (IV) señala que los tratados y convenios
ratificados, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los estados
de excepción, prevalecen en el orden interno. En este orden, finalmente, el Art. 14º (III) señala
que el Estado garantiza a todas las personas y colectividades, sin discriminación alguna, el
libre y eficaz ejercicio de los derechos establecidos constitucionalmente.
Con base en esas y otras disposiciones generales, la Constitución Política del Estado del 2009
despliega, entre sus Arts. 15º al 107º, el siguiente programa de derechos humanos:
a) Derechos fundamentales (vida, integridad, libertad, agua, alimentación, educación,
salud, hábitat y vivienda y acceso a servicios de agua potable, alcantarillado,
electricidad, gas domiciliario, telecomunicaciones, etc.).
b) Derechos civiles (autoidentificación cultural; privacidad, intimidad, honra, honor, propia
imagen y dignidad; libertad de pensamiento, espiritualidad, religión y culto; libertad de
reunión y asociación; libertad de expresión, opinión y difusión; acceso a la información;
libertad de residencia, permanencia y circulación en el territorio nacional).
c) Derechos políticos ( participación libre en la formación, ejercicio y control del poder
político, mediante la organización para fines políticos, el sufragio, la elección,
designación y nominación directa en el caso de los pueblos indígenas y asilo y refugio
para extranjeros).
d) Derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos (existencia libre;
identidad cultural, etc., libre determinación y territorialidad; integración al Estado;
titulación colectiva de tierras y territorios; protección de lugares sagrados; saberes
tradicionales, etc.)
e) Derechos sociales y económicos (medio ambiente; salud y seguridad social; trabajo y
empleo; propiedad; niñez, adolescencia y juventud; familia; personas adultas mayores;
personas con discapacidad; personas privadas de libertad, usuarias y usuarios y
consumidoras y consumidores, etc.).
Finalmente y con referencia a la ciudadanía, el Art. 144º de la nueva Constitución Política
prescribe que todas las bolivianas y todos los bolivianos son ciudadanas y ciudadanos y que la
ciudadanía se ejerce a partir de los 18 años, cualquiera sea el nivel de instrucción, ocupación o
renta. Este precepto añade que la ciudadanía consiste en concurrir como elector o elegible a la

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formación y ejercicio de los órganos del poder público y en ejercer funciones públicas sin otro
requisito que la idoneidad.
3.2 Ciudadanía y desarrollo democrático
En este orden, se puede plantear la existencia de relaciones de coincidencia o divergencia en el
desarrollo de una democracia concreta y el modelo de ciudadanía adoptado, tanto en el plano
retórico y discursivo como en el plano práctico y de realidad. Es indudable que, en este
entramado, el escenario ideal pasa por una relación del tipo espejo, en la que ciudadanía y
democracia se corresponden en su alcance y contenido.
Sobre el particular, la revisión del texto constitucional nos en principio que el modelo de
ciudadanía adoptado por el Art. 144º de la nueva Constitución Política presenta un anclaje
exclusivamente jurídico político y por ello restringe la ciudadanía a todos las bolivianas y
bolivianos mayores de 18 y la limita al derecho de concurrir como elector o elegible a la
formación y ejercicio de los órganos del poder público y a ejercer funciones públicas sin otro
requisito que la idoneidad.
Como se puede advertir fácilmente, esta fórmula constitucional excluye de la ciudadanía a las
personas integrantes de ciertas colectividades importantes, tales como los niños y los
adolescentes y los extranjeros. Resulta entonces que, pese a su retórica de soporte y
fundamentación, el texto constitucional fracasa en su propósito de establecer una noción nueva
de ciudadanía y consagra un modelo similar al denostado modelo liberal, enfocado en la
nacionalidad, la mayoría de edad y los derechos políticos.
Ahora bien, en la realidad y en el ejercicio democrático concreto, este modelo de ciudadanía
ha reconocido una importante efectividad, especialmente en el ámbito del ejercicio de la
democracia representativa, como consecuencia de múltiples y sucesivos elecciones de
presidenciales, departamentales, municipales y judiciales. En esto si se ha dado un importante
ejercicio de ciudadanía que honra al electorado boliviano.
En cambio, la praxis política no ha sido tan generosa con referencia al ejercicio de la
democracia directa y participativa que registra apenas la realización de una revocatoria de
mandato en el año…….y, hasta donde sabemos, no ha fructificado en referendos distintos del
de aprobación de la nueva Constitución, iniciativas legislativas ciudadanas y consultas previas.
Conforme a esta situación, la praxis democrática de la ciudadanía ha quedado anclada en su
estrecho molde constitucional.
En cuanto a su forma comunitaria, la democracia participativa se ha movido en un claro
escenario de interferencia entre las modalidades tradicionales de elección y designación de
autoridades y representantes de las naciones indígena originario campesinas y la acción
política y estrategia de poder de los nuevos actores políticos y sociales, a través del gobierno y
los llamados movimientos sociales. El ejercicio ciudadano en este ámbito ha quedado
reiteradamente ensombrecida por la reproducción de viejas e irregulares prácticas electorales.
Durante los últimos años y saliendo del tradicional esquema de confrontación entre grupos
sociales y aparato policial y de régimen interior, la convivencia democrática se ha visto
empañada por una acentuada confrontación social; es decir por la confrontación y el conflicto

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entre sectores y grupos sociales con posiciones políticas contrarias o intereses económicos
contrapuestos.
En el orden político ideológico, la confrontación social horizontal se manifestó a propósito del
proceso constituyente, en la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado y la
realización de diversos eventos electorales. En el orden económico, tuvo su origen en el
acceso a beneficios económicos derivados de la tenencia de la tierra, el acceso a los recursos
minerales, el goce de liberalidades arancelarias, políticas públicas redistributivas, etc.
Desde el mismo inicio de la actual gestión gubernamental, la convivencia democrática
también quedó enervada por la preocupante situación de la judicialización de la política que
convirtió a la esfera judicial en un nuevo campo de interacción política, con clara desventaja
de opositores y de autoridades y representantes del viejo régimen político. La investigación y
enjuiciamiento de la disidencia se constituyó así en un factor clave para “voltear” resultados
electorales y reconfigurar el mapa político a nivel departamental y municipal.
En un ámbito clásico de la tradición política boliviana, la represión de la marcha indígena,
opuesta a la construcción de la carretera sobre el TIPNIS, constituye un ejemplo reciente de
nueva irrupción del aparato policial y de régimen interior en el campo de la acción política.
Este episodio de violencia gubernamental se sumó a otros desarrollados en Caranavi, Oruro,
los centros mineros, etc. y que podría ser considerado como una muestra del deterioro de la
convivencia democrática.
En un nivel más sutil y de ejercicio de los altos poderes públicos, las elecciones judiciales
constituyeron desconocieron la propia Constitución vigente y el espíritu democrático que debe
inspirar la relación entre gobernantes y gobernados. La denominada inédita elección judicial
quedo deslegitimada como consecuencia del irregular procedimiento de elección de los
candidatos y del rechazo expresado por el voto nulo. Como resultado de esta inédita forma de
elegir autoridades jurisdiccionales, conducirán el sistema judicial personas que no han llegado
a un 10% de votación y han sido rechazadas por más de la mitad de los votos emitidos.
Por último, en la consideración de los riesgos y amenazas que pesan sobre la convivencia
democrática en Bolivia, habrá que tener siempre presente que, como dice Todorov
7
, los
regímenes totalitarios se amparan en una ideología, se sirven del terror para orientar la
conducta de la población y se rigen por la defensa del interés particular y el reino ilimitado de
la voluntad de poder. Aunque la realidad actual no da muestras de un desenlace de estas
características, el balance final entre ciudadanía y democracia presenta los rasgos
preocupantes anotados anteriormente.
3.3 Ciudadanía y vigencia del Estado de Derecho
A propósito del modelo de ciudadanía adoptado constitucionalmente y de la vigencia del
Estado de Derecho en Bolivia conviene plantear algunas consideraciones sobre los temas
específicos del principio de libertad, el imperio de la ley, la voluntad general democrática, la
división de Poderes y la vigencia de Derechos Humanos.

7
El hombre desplazado. Tzvetan Todorov. Taurus. México. 2008. p. 35

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En el primer aspecto, debe reconocerse que, a pesar de ciertos episodios de confrontación
social y de violencia policial, no se han dado actuaciones estatales significativamente
vulneratorias del principio de libertad, en el orden económico, político, social, cultural o
religioso. Esto es, no obstante la confrontación ideológica y discursiva existente en diferentes
campos, el principio de libertad todavía rige en las relaciones entre gobernantes y gobernados.
Los atentados más importantes en esta materia se han dado indudablemente a nivel de
confrontación social, en el escenario de las ocupaciones de empresas mineras por grupos
campesinos, avasallamientos al derecho de propiedad en las ciudades por parte de loteadores y
comunarios, marchas y bloqueos de apoyo u oposición al gobierno, etc.
En el segundo aspecto relacionado con el imperio de la ley, cabe mencionar el evidente y
variable deterioro institucional existente en el orden organizativo y funcional del Estado, con
referencia a los sistemas previstos por la Ley SAFCO No. 1178, en materia de programación
de operaciones, organización administrativa, presupuesto, administración de personal,
administración de bienes y servicios, etc.
En un escenario de preocupante conflictividad, el Órgano Ejecutivo se caracterizó por su
pasividad y se vio obligado a revertir diferentes medidas gubernamentales y a desconocer el
ordenamiento legal, por la presión y protesta de grupos sociales o corporativos. Este fue
específicamente el caso de los contrabandistas autos, vendedores de ropa usada, loteadores y
otros grupos, cuya acción política fue claramente vulneratoria de la ley.
En el tercer aspecto, no cabe duda que la gestión gubernamental, en la medida de su paulatino
desgaste político y electoral, buscó soluciones políticas, jurídicas e institucionales orientadas a
disfrazar o desconocer la voluntad general democrática. El control gubernamental del Órgano
Electoral ha sido mostrado por la oposición como la prueba más evidente de ese propósito,
orientado a la construcción de un proyecto hegemónico de poder que tiene baja tolerancia con
el disenso.
De todas maneras, el ejemplo paradigmático del desconocimiento previo y posterior de la
voluntad general democrática fue dado por las elecciones judiciales de Octubre del 2011 que,
como ya se ha mencionado, llevaron a la población a elegir a los altos magistrados de la esfera
jurisdiccional de entre una nómina previamente seleccionada por la Asamblea Legislativa
Plurinacional, en base a un procedimiento cuestionado por irregular.
Como se tiene dicho, esas elecciones judiciales importaron un claro desconocimiento de la
voluntad general democrática, al instalar en la más alta magistratura jurisdiccional a
ciudadanos afines al partido de gobierno y respaldados por bajas votaciones. En estas inéditas
elecciones judiciales, la voluntad democrática quedó alineada con el mayoritario voto nulo que
solo sirvió para testimoniar el rechazo al procedimiento electoral desarrollado por la Asamblea
Legislativa y un dócil y parcializado Órgano Electoral.
Finalmente, en el cuarto aspecto, la nueva realidad política y constitucional muestra una clara
ruptura del paradigma de la independencia de los tres poderes del Estado. El control
mayoritario de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el Órgano Ejecutivo y el Consejo
Electoral Plurinacional conducen de manera natural e inevitable al control del Órgano Judicial.
Con la elección judicial, el dominio del partido gobernante será total en la esfera pública.

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Por esa vía y en el transcurso de seis años, el “proyecto gubernamental de sistema de poder
hegemónico” parece haber ingresado en su fase final de control integral del Estado. Esta sería
la verdadera importancia de las citadas elecciones judiciales, en un escenario caracterizado
nuevamente por la polarización electoral, la imposición de una mayoría legislativa y la
ausencia de una oposición con capacidad de propuesta y movilización.
Conforme a esos antecedentes, queda claro que la actual gestión gubernamental busca
consumar lo que, desde la ideología oficial, se ha denominado “demoler rápidamente los
mecanismos racializados de las decisiones estatales que marginaban a las mayorías
indígenas”
8
, proseguir la fase de construcción política del nuevo Estado Plurinacional y, quien
sabe, abrir la fase de construcción de la denominada economía plural, en condiciones de
control total de los poderes públicos.
3.4 Ciudadanía y eficacia de los derechos humanos
En esta materia y por su pertinencia y aplicabilidad al caso boliviano, conviene citar in extenso
la reflexión planteada por Benito de Castro Cid
9
que dice:
“La propia historia de su reconocimiento ha venido a demostrar hasta la evidencia que el gran
problema de los derechos humanos ha radicado siempre, no tanto en lograr su proclamación en
solemnes Declaraciones o Pactos, cuanto en conseguir una plena y real efectividad en el ámbito
de las relaciones. Ciertamente, el reconocimiento expreso, formal y solemne ha sido y seguirá
siendo el primer paso del camino que conduce hasta el pleno disfrute de los derechos
fundamentales de la persona. Pero, entre la simple proclamación y la realización efectiva, hay
un amplio espacio vacío que es preciso llenar con medidas concretas. Proclamar es
relativamente fácil; poner medios eficaces para la puesta en práctica de los principios
proclamados ya no lo es tanto. Y, así, junto a la grandiosidad de las declaraciones y las
promesas, encontramos a menudo la hiriente realidad de cumplimientos miserables que pueden
adoptarse en el ámbito de las actividades políticas, jurídicas, sociales, económicas, culturales,
técnicas, científicas, etc.”.
El referido autor añade que el problema de la eficacia de los derechos humanos y de su
efectiva protección jurídica está determinado por una multiplicidad de factores que no siempre
están sometido al control de la acción jurídica, sino que depende de otros factores vinculados a
la estructuración social, la organización económica, el desarrollo científico, la vitalidad de las
actividades productivas, la participación en el comercio internacional, el alcance y calidad del
sistema educativo, etc.
En el caso de Bolivia, es evidente que la nueva Constitución Política del Estado, a diferencia
de las anteriores, contiene un extenso programa de derechos humanos reconocidos y
proclamados, pero existe el problema de su eficacia y de los cauces de su operatividad. En
palabras de Castro Cid, se ha dado el primer paso al proclamarlos solemnemente en el texto

8
Las tensiones creativas de la Revolución. La quinta fase del proceso de cambio. Alvaro García
Linera. Separata de la Razón. P.9.
9
Problemas básicos de Filosofía del Derecho: desarrollo sistemático. Benito de Castro Cid. Editorial
Universitas S.A. 3ª. Edición. 1997. Madrid – España. P. 283.

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constitucional, pero existe una interrogante sobre su eficacia y operatividad en un escenario
caracterizado por una dualidad casi irreconciliable entre retórica y práctica.
Al poco tiempo de aprobada la nueva Constitución, se presentaron ya los primeros problemas
de eficacia y cumplimiento de los derechos humanos proclamados, como consecuencia de las
elevadas expectativas sociales creadas en el proceso constituyente con referencia al modelo de
justicia subyacente. Esto es con relación a la distribución, por una parte, de derechos, premios
e incentivos y, por otra parte, de deberes, cargas y responsabilidades.
En muchos ámbitos, el Estado Plurinacional no pudo dar el segundo paso mencionado por
Castro Cid y quedó confrontado con importantes sectores de la población y grupos sociales
que vieron, en el cambio político y la nueva Constitución, la panacea para todos sus males y la
oportunidad de alcanzar todos sus objetivos. El Estado Plurinacional tuvo entonces que darse
un “baño de realidad” y pasar de la dimensión retórica a la dimensión práctica y mantener en
muchos casos las viejas prácticas estatales del viejo régimen político.
De manera que, conforme a estos y otros antecedentes ya referidos, el Estado Plurinacional,
además de violar los derechos humanos en determinadas situaciones de confrontación política
y social ya mencionadas, careció parcialmente de capacidad para dar respuesta adecuada al
cumplimiento efectivo de la amplia gama de derechos humanos constitucionalmente
proclamados. No es causal, por ejemplo, que se hayan dado confrontaciones políticas con
discapacitados, pueblos indígenas, mineros y otros grupos sociales o que se repitieran las
clásicas violaciones de derechos humanos, en los cuarteles.
Por otra parte, en el marco de la judicialización de la política, ha sido reportada en algunos
casos la violación de garantías judiciales reconocidas por la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (Pacto de San José). En esta materia, empero, el cuestionamiento más
importante al nuevo orden político constitucional está referido a las soluciones normativas
adoptadas por los Arts. 112º y 123º, con referencia a la imprescriptibilidad de los delitos de
corrupción pública y la retroactividad de la ley en esta misma materia.
En el ámbito institucional de los derechos humanos, debe recordarse que la designación del
titular del Defensor del Pueblo constituyó otro hecho políticamente controversial que marcó el
inicio de una crisis institucional, complicada después con la cooptación de la institución
defensorial por militantes del partido de gobierno vinculados al régimen de control interior.
Sobre este último aspecto, llamó a la atención de la opinión pública el desplazamiento de
conocidos activistas de los derechos humanos hacia el ámbito de acción del Ministerio del
Interior.
En resumen, lo menos que se puede decir en esta materia es que el nuevo orden político no
marcó grandes diferencias con los gobiernos anteriores, incluidos en algunos casos los
militares y enfrentó los conflictos bajo las mismas recetas y procedimientos. En ese marco de
interacción, las autoridades públicas responsables de velar por el cumplimiento y protección
de los derechos humanos mantuvieron un perfil bajo de actuación y, cuando emitieron algún
pronunciamiento contrario a la actuación gubernamental, fueron descalificadas por las
autoridades gubernamentales.

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3.5 Ciudadanía y nuevos actores políticos y económicos
El anterior análisis resulta incompleto, si no se da una mirada a otro ámbito de la realidad que
ha cambiado la fisonomía del país en los últimos años. Aunque parezca contradictorio, en ese
escenario gris de desarrollo democrático, debilidad del Estado de Derecho y eficacia parcial de
los derechos humanos, Bolivia muestra cambios en el orden económico y social.
Es indudable que el nuevo orden, ha abierto el paso no sólo a nuevos actores políticos, sino
también a nuevos actores económicos y sociales. Esa es la realidad incontrastable que se ve en
las calles y los centros de consumo de nuestras principales ciudades. A simple vista y sin
entrar en grandes y complejas consideraciones teóricas, el país ha sufrido una suerte de
“democratización económica” a nivel de consumo, servicios, construcción y compra de
automotores.
Esa expansión económica y social está indudablemente relacionada con la generación de
excedentes económicos provenientes de fuentes regulares y legales, como el alto precio de
exportación de recursos naturales (hidrocarburos, minerales y otros), remesas y bonos
entregados por el Estado y de fuentes irregulares e ilegales, relacionadas con el narcotráfico, el
contrabando y la corrupción. Como resultado de lo anterior, nuevos segmentos y actores
económicos y sociales presionan sobre el mercado y reducen los márgenes de pobreza.
En ese marco y como resultado del “dejar hacer y dejar pasar” en el ámbito económico, se
perfila una nueva ciudadanía más vinculada a la racionalidad de la economía capitalista de
libre mercado y a la globalización que a las utopías comunitarias e indigenistas propias del
discurso y la retórica oficial y constitucional.
Como dice Juan Ramón Capella
10
, esta es la amenaza que se cierne sobre la construcción de
una deseada ciudadanía democrática, integral y activa y el derrotero que podría conducir en el
futuro hacia la configuración de una ciudadanía en la que la gente ya no se interesa en las
políticas que presiden su vida, se desentiende de los temas básicos de la educación, la salud, la
vivienda o los impuestos y se y se limita a votar, a condición de que su consumo y diversión
estén garantizados.
4 CONCLUSIONES
Con base en lo anteriormente expuesto, se puede concluir de un modo general que la
ciudadanía en el Estado Plurinacional no ha logrado rebasar el ámbito retórico, discursivo e
ideológico y que permanece anclada, en el viejo orden político, en el ejercicio de los derechos
políticos de participación electoral. Esto significa que la ciudadanía y la democracia
permanecen ancladas en la democracia representativa y en la cerrada matriz política y jurídica
establecida por el Art. 144º de la nueva Constitución Política del Estado.
En un ámbito más específico y como primera conclusión, se puede decir que, en el caso de
Bolivia, la ciudadanía no llega a configurarse como conducta, valores, acciones y principios

10
Los ciudadanos siervos. Juan Ramón Capella. Simancas Ediciones S.A. Valladolid – España.
2003. p.136.

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que permitan reconocerse a los individuos como parte de un grupo ubicado en un espacio
territorial y titulares de derechos políticos, civiles, económicos y sociales. Los procesos
políticos y sociales de los últimos años nos muestran por el contrario un país confrontado y
fragmentado en varios sentidos, como resultado de una cultura adversarial y conflictiva
alentada en muchos casos desde la propia esfera gubernamental.
En ese escenario, la actual ciudadanía tampoco puede entenderse como proceso de diálogo y
compromiso que se orienta a construir un lenguaje público de emancipación y crítica al poder
del Estado y que deviene en referente para la acción y la transformación de las condiciones
ideológicas y materiales que promueven modos de opresión, marginación y exclusión. Como
ya se dijo, la praxis política y social se ha caracterizado precisamente por la falta de diálogo y
la confrontación y la sociedad civil se ha visto supeditada al creciente protagonismo y poder
del nuevo Estado corporativo.
Por similares factores y condiciones, el modelo de ciudadanía discursivamente proclamado no
se nutre del reconocimiento mutuo de los miembros del Estado y de su interacción, con
sujeción a la ley, la participación activa y responsable, en la búsqueda del bien común. En esa
línea, el nuevo orden político y social ha fracasado en la tarea pública de generar sentimiento
de pertenencia única y de integración del país.
Por último se cierne sobre la construcción de una deseada ciudadanía democrática, integral y
activa la amenaza del desinterés y la apatía de algunos segmentos sociales, respecto de los
aspectos básicos del funcionamiento y organización del Estado y de la atención de los
problemas de pobreza y desarrollo del país. Esto es que existe la posibilidad de que el nuevo
actor político sea el “ciudadano siervo” que se limita a votar y se abstiene de actuar para la
transformación de las condiciones ideológicas y materiales que promueven la opresión,
marginación y exclusión existentes.