Misa de Domingo de Ramos

La Jornada mundial del año pasado en Brasil sigue resonando. En los corazones de los que tuvieron
la gracia de estar ahí, en los que lo siguieron por televisión o en el mundo y en los medios que
tomaron esa muestra de fe y fidelidad a Jesús en la persona del Papa.
Pero como nos ocurre siempre y como también les paso a los apóstoles la llama encendida en el
corazón que brota del encuentro con Jesucristo va consumiéndose sino se sigue alimentando.
Por esto el Papa nos propone ir a las bienaventuranzas para recuperar este ardor que provoca el
encuentro con Jesucristo y en preparación a las próxima JMJ en Cracovia nos invita a trabajar tres
bienaventuranzas del el Evangelio de San Mateo (5,1-12).
Este año comenzaremos meditando la primera de ellas: «Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3); el año 2015: «Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8); y por último, en el año 2016 el tema será:
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).
Jesús enseña el camino de la vida, el camino que Él mismo recorre, es más, que Él mismo es, y lo
propone como camino para la verdadera felicidad. En toda su vida, desde el nacimiento en la gruta
de Belén hasta la muerte en la cruz y la resurrección, Jesús encarnó las Bienaventuranzas. Todas
las promesas del Reino de Dios se han cumplido en Él.
Pobreza, aflicciones, humillaciones, lucha por la justicia, cansancios en la conversión
cotidiana, dificultades para vivir la llamada a la santidad, persecuciones y otros muchos
desafíos están presentes en nuestra vida.
Nos invita a ser cristianos comprometidos con la realidad, a ser santos en el día a día como nos
diría la madre teresa. Haciendo con un amor extraordinario las cosas de cada día.
Jesús nos da un camino para ser felices pero no de una felicidad pasajera sino de una para
siempre. De una felicidad que se gesta cada día, y que como la vida nos va demostrando no es
fácil encontrar.
Vivimos de felicidades pasajeras que nos propone el mundo actual y Jesús es un revolucionario.
Nos cambia la mentalidad, nos da vuelta la cabeza… Nos propone una felicidad no basada en las
cosas que tenemos, sino en la entrega de amor hacia los demás.
Es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros, que haya muerto en una
cruz.
En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados
"perdedores", débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia
del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.

. ¡Aspirad, en cambio, a cosas grandes! ¡Ensanchad vuestros corazones!
Cambiar el mundo en el que vivimos es una decisión de cada día, es esa gota de agua que
agregamos al mundo como diría la madre teresa.
Es compromiso de los jóvenes con la realidad que nos toca vivir, es el compromiso y la acción que
surge ante la injusticia que duele y que no puede ser callada
Y aca Jesús nos dice:

Bienaventurados los pobres de espíritu…

Primero
Nos invita a vaciarnos para poder llenarnos de él, nos invita a ser verdaderamente libres, a no
depender de nuestros celulares, de nuestras computadoras, del Facebook, del twitter.
Y Dios nos lo muestra en su accionar viene al mundo en una situación de extrema pobreza en un
pesebre rodeado de tierra, animales, y muere con el peor de los castigos que podía recibir un
criminal en su cultura: la cruz: humillación, dolor extremo.
Y en ese signo de muerte Dios vence.
La pobreza como modelo de seguimiento de Dios nos hace verdaderamente libres.

Segundo
El Papa nos pide una conversión verdadera hacia los pobres. Una opción preferencial hacia
ellos. Que no sea solo en nuestras palabras, que no sea solo para quejarnos de la realidad
en la que vivimos sino en nuestras acciones.
Salgamos al encuentro de los que más lo necesitan. De los pobres materiales y de tantos
que nos necesitan desde otro lado… que están solos, que n o tienne con quién compartir,
quién los escuche, quién los mire a los ojos.

Tercero
Aprendamos de los pobres tiene mucho para enseñarnos.
Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el
banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los
pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios. En la
parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18,9-14), Jesús presenta a este último como modelo
porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en
el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo
(cf. Lc 21,1-4).

COMO CIERRE TRES IDEAS CENTRALES:

COMPROMISO CON LA REALIDAD
ACCIÓN CONTRA LAS INJUSTICIAS
POBREZA PARA SER VERDADERAMENTE LIBRES