Recibido 14-02-2012 – Instantes y Azares.

Escrituras nietzscheanas, 11 (2012), ISSN: 1666-2849,
ISSN (en línea): 1853-2144, pp. 251-265 – Aceptado: 01-03-2012
251
DEL FRAGMENTO A LO FRAGMENTARIO: BLANCHOT,
SCHLEGEL, NIETZSCHE
*
From Fragment to Fragmentary: Blanchot, Schlegel,
Nietzsche
Leslie Hill
Initerei/, of Woruic/ (Ieino IniJo)
instantesyazares@yahoo.com.ar
Resumen: A hnos do Ios nnos 50, MnurIco IInnchof on su µonsnmIonfo
hccIonnI, hIosohco y µoIífIco comonzo n oscrIbIr on frngmonfos. AI hncorIo,
so onconfro con In obrn do dos µrodocosoros sIgnIhcnfIvos: IrIodrIch
SchIogoI y ÞIofzscho. !osµondIondo n su frnbnjo, In µrIorIdnd do IInnchof
fue la de deslindar, respecto del concepto de fragmento como vestigio
nostálgico de la totalidad perdida, la práctica de lo fragmentario como
nquoIIo quo rosIsfo In cInusurn, In dohnIcIon y In fonomonnIIdnd. In osfo
contexto, el presente artículo examina los ensayos de Blanchot acerca de
Schlegel y Nietzsche escritos en los 60 e incorporados luego a L’Entretien
in[ni (1969).
Palabras clave: fragmentario / Blanchot / Nietzsche / Schlegel
Abstract: MnurIco IInnchof In fho Info l950s, In hIs hcfIonnI, µhIIosoµhIcnI,
and political thinking, turned to writing in fragments. In doing so, he
oncounforod fho work of fwo sIgnIhcnnf µrodocossors: IrIodrIch SchIogoI
nnd ÞIofzscho. In rosµondIng fo fhoIr work, IInnchof`s mnIn µrIorIfy wns
to disengage from the concept of the fragment as a nostalgic vestige of lost
totality the practice of the fragmentary as that which resisted closure,
dohnIfIon, nnd µhonomonnIIfy. WIfhIn fhIs confoxf, fhIs µnµor oxnmInos
IInnchof`s ossnys on SchIogoI nnd ÞIofzscho wrIffon In fho l960s nnd
incorporated into L`1n/re/ien in[ni (1969).
Ke,uorJe: fragmentary / Blanchot / Nietzsche / Schlegel
* Este artículo es un extracto (realizado por el autor) del libro Maurice Blanchot and
Fragmentary Writing: A Change of Epoch, Þow York, ConfInuum, 20l2.
Leslie Hill
252
Muchas son las obras de los antiguos que se han convertido en
fragmentos.
Muchas son las obras de los modernos que ya eran fragmentos
desde el comienzo.
Friedrich Schlegel, fragmentos del Athenaeum
1
HncIn hnos do Ios 50 y µrIncIµIos do Ios 60, cunndo so vuoIcn hncIn
la escritura fragmentaria, Blanchot era consciente de que no era la
µrImorn voz quo oI frngmonfo so IdonfIhcnbn con oI fufuro do In IIfo-
ratura. Tampoco era la primera vez que la culminación [completion]
do In hIosofín dnbn Iugnr n In IncomµIofIfud |incompletion] de la es-
crIfurn; nI In µrImorn voz quo Ios IímIfos onfro hccIon, foorín y crífIcn
ornn nfrovIdnmonfo rodIbujndos; nI µor cIorfo fnmµoco orn In µrImorn
vez que la escritura en fragmentos era dotada de un nuevo y desa-
hnnfo µroµosIfo µoIífIco. IgunInr IIfornfurn y frngmonfo, rodoscubrIr
oI InhnIfo on oI InforIor do Io hnIfo, nIcnnznr unn nuovn comµronsIon
de la relación de la poesía con lo desconocido eran ya algunas de las
más acuciantes preocupaciones de ciertos contemporáneos a Hegel con
Ios quo oI hIosofo ráµIdnmonfo so ImµncIonfn: Ios románfIcos do Jonn,
particularmente Friedrich Schlegel y Novalis, quienes, en el breve
período de pasaje entre los siglos dieciocho y diecinueve, se cuentan
entre los primeros en explorar las posibilidades e implicancias futuras
de la escritura fragmentaria.
Ioro hnbín, sonnIn IInnchof, dIforonfos fIµos do frngmonfos. AI co-
mienzo de su giro hacia la escritura fragmentaria, en varias ocasiones
como n µroµosIfo do !ono Chnr y HorácIIfo IInnchof so vIo IIovndo n
roconsIdornr crífIcnmonfo oI µnsndo doI frngmonfo µoofIco, IIfornrIo o
hIosohco. !nn confrIbucIon fomµrnnn n osfo osfuorzo, do ngosfo do l964,
intercalada apropiadamente entre textos relativos a la interrupción y la
voz narrrativa, fue el ensayo sobre el Athenaeum, revista de corta vida
µoro nmµIIn InßuoncIn, odIfndn µor Augusf WIIhom y IrIodrIch SchIogoI
en Jena entre 1798 y 1800, en la que se formula por primera vez buena
parte de lo que hoy comúnmente se asocia a la obra de arte romántica
2
.
1. F. Schlegel, Kri/iecle Sclrif/en unJ Irognen/e, ed. E. Behler y H. Eichner, 6 vol.,
Paderborn, Ferdinand Schöningh, 1988, v. 2, p. 107.
2. Cfr. M. IInnchof, ¨!`Afhonnoum¨, Lo Aoutelle Ietue fronçoiee, nº 140, agosto
l964, µµ. 30l-3l3; oI onsnyo fuo roµubIIcndo on L`1n/re/ien in[ni, Paris, Gallimard,
1969, pp. 515-527. Unos pocos meses antes, Blanchot publica un ensayo titulado
¨!`InforruµfIon¨, La Nouvelle Revue française, nº 137, mayo 1964, pp. 869-881, parte
del cual reaparece en L`1n/re/ien in[ni, µµ. l06-ll2; soguIdo ráµIdnmonfo µor ¨!n
voix narrative” [La voz narrativa], La Nouvelle Revue française, nº 142, octubre 1964,
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
253
Se ha señalado a menudo la existencia de diversos aspectos del
Irülronon/i/ [romanticismo temprano] de Jena que encuentran un
agudo eco en los escritos de Blanchot
3
. Entre ellos pueden señalarse,
µor ojomµIo, In nsorcIon quo sosfIono quo ¨dondo so dofIono In hIoso-
fía, debe entonces comenzar la literatura [Poesie]” –como lo plantea Fr.
Schlegel en el fragmento 45 de las Ideen de 1800, y que Blanchot reu-
fIIIzn do modo µnrfIcuInr; In roosfrucfurncIon doI onsnyo crífIco como
dIáIogo somI-hccIonnI yn Infonfndo µor SchIogoI on ¨Gespräch über
Poesie” [Diálogo sobre poesía] en 1800 y explorado por Blanchot, como
yn so hn dIcho, on foxfos do hnnIos do Ios 50 y µrIncIµIos do Ios 60; oI
recurso al anonimato del autor –que constituye un rasgo no sólo de los
fragmentos publicados en el Athenaeum sIno fnmbIon do muchos do Ios
escritos políticos del propio Blanchot, particularmente en la publicación
samizdat
*
Comité; oI IInmndo n In nmIsfnd, fnnfo con Io fnmIIInr como
con lo desconocido, como decisivamente vinculado al espacio plural de
In IIfornfurn; nun más: In µroµIn nocIon do quo In hIsforIn mIsmn µodín
ser sujeto de un trastorno cuyo carácter excede ampliamente lo que es
µosIbIo µonsnr bnjo In rubrIcn do Io µoIífIco; nsí como fnmbIon In nufo-
roßoxIvIdnd IronIcn sIn In cunI oI µonsnmIonfo crífIco doI Irülronon/i/
[romanticismo temprano] no habría sido lo que fue, y que, a su modo, es
fnmbIon In rubrIcn cnrncforísfIcn do Ios récits de Blanchot.
Estas convergencias entre el trabajo de Blanchot y los románticos
de Jena no son meras coincidencias
4
. Ellas enfatizan el grado en el que
µµ. 6?5-685. Sobro oI sIgnIhcndo doI Athenaeum en el romanticismo alemán, cfr. Ph.
Lacoue-Labarthe y J.-L. Nancy, L’Absolu littéraire, Paris, Seuil, 1978 y E. Behler,
German Romantic Literary Theory, Cambridge, Cambridge University Press, 1993.
3. Vonso, µor ojomµIo, C. Iruns, Maurice Blanchot: The Refusal of Philosophy,
InIfImoro, Johns HoµkIns !nIvorsIfy Iross, l99?, µµ. l48-l49. Acorcn do In roIncIon
de Blanchot con el romanticismo en general, cfr. J. McKeane y H. Opelz (eds.),
Blanchot romantique: A Collection of Essays, Berna, Peter Lang, 2010.
* Palabra rusa que mienta la práctica de autoedición cuyo origen se remonta a la
cIrcuIncIon do foxfos consurndos on In !nIon SovIofIcn, n modIndos doI sIgIo µnsndo,
on In cunI oI Iocfor fonín unn µnrfo ncfIvn no soIo on formInos do dIfusIon sIno
muchns vocos on formInos do frnnsformncIon do Ios foxfos. In oI cnso do IInnchof,
so frnfn do unn rovIsfn µubIIcndn µor oI ComIfo do osfudInnfos-oscrIforos durnnfo Ios
acontecimientos de mayo del 68, en Francia, cuyos textos eran anónimos. [N. del T.]
4. VnIo In µonn rocordnr oI µordurnbIo onfusInsmo do IInnchof µor Ins novoIns do Jonn
InuI (Johnnn InuI IrIodrIch !Ichfor), n quIon moncIonn on un muy cIfndo µnsnjo
como uno de los tres autores no clásicos con quien, en sus comienzos como escritor,
osfnbn fnmIIInrIzndo; cfr. M. IInnchof, Après coup, Paris, Minuit, 1983, p. 92. En 1964,
IInnchof concIuyo su onsnyo ¨!`Afhonnoum¨ con unn nofn nI µIo on In quo snIudn In
reciente traducción (francesa) de SieIen/oe de Jean Paul, a la vez que insta a los
odIforos n µubIIcnr ofrns obrns Imµorfnnfos doI oscrIfor. Acorcn do In µrosoncIn do Jonn
InuI on In hccIon do IInnchof, vonso Ð. VnrdouInkIs, ¨ºWhnf forrIfyIng comµIIcIfy»:
Leslie Hill
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In mufncIon quo nfrnvIosn In hccIon, nsí como oI µonsnmIonfo crífIco y
político de Blanchot, no sólo era una simple respuesta a las ansiedades
del mundo de posguerra, sino que estaba fundamentalmente relaciona-
da con la constitución del arte (moderno) mismo. Blanchot comprendió
rápidamente que el futuro de la literatura era el de la desaparición, y
que ello la devolvía necesariamente, junto con la crítica literaria que
la seguía de cerca, al lugar en el que ambas habían comenzado, es
docIr: n In hIosofín. Aun cunndo IIfornfurn y crífIcn rodoscubron su
origen común, lo hacen con la persistente convicción de que hay algo
on In IIfornfurn, y µor Io fnnfo on In hIosofín fnmbIon, quo µormnnoco
oxfrnnnmonfo InnsImIInbIo n In hIosofín. !ns µnInbrns InnugurnIos
do HogoI, sogun IInnchof, yn Io suµonínn. Iorquo sI In hIosofín hnbín
sumInIsfrndo n In IIfornfurn un corfIhcndo do nncImIonfo, fnmbIon
le había entregado uno de defunción. Había lanzado a la literatura
al mundo como posibilidad autónoma, sujeta a su propia efectividad,
IIborfnd y hnnIIdnd, µoro on oI mIsmísImo gosfo In dososfImnbn como
aquello inefectivo, constreñido y sin objeto, que se sobrevivía intermi-
nablemente como desobra, como demanda ineluctable, como un error
sIn IímIfos. Ior osfn rnzon oI hn do In IIfornfurn orn, µnrn IInnchof,
cunIquIor cosn oxcoµfo un hn; on su Iugnr nhrmn oI fufuro do In IIforn-
tura como aquello todavía, y para siempre, por venir.
Esto hacía aún más apremiante la comprensión crítica del pasado
do In IIfornfurn, como n In voz cosn y concoµfo; y on In roIocfurn do
los textos de Schlegel y Novalis, en 1964, Blanchot estuvo particular-
mente atento a las líneas divergentes presentes en el pensamiento y
legado del Athenaeum. Buena parte dependía de si se privilegiaba el
comIonzo o oI hnnI doI movImIonfo. In oI cnso do Ir. SchIogoI, In oIoc-
ción era particularmente crucial, en tanto suponía enfatizar o bien al
activista radical juvenil, ateo e individualista, o bien al diplomático y
µorIodIsfn mnduro, cnfoIIco convorso, conocIdo fnmbIon µor su roIncIon
con Metternich
5
. De modo que, si bien por un lado Blanchot se mostra-
ba favorable a lo que Schlegel y Novalis habían intentado bajo la rú-
brica de la escritura fragmentaria, por el otro se mantuvo agudamente
crífIco rosµocfo do In ronuoncIn doI µrImoro n nhrmnr Io quo osfnbn on
juogo on oI frngmonfo. !n dohcIoncIn do SchIogoI, n ojos do IInnchof,
fue el haber persistido en pensar al fragmento exclusivamente sobre
Jean Paul as Collocutor in Death Sentence¨ on: !. HIII, I. ÞoIson y Ð. VnrdouInkIs
(eds.), Af/er Blonclo/. Li/ero/ure, Cri/icien, Pliloeopl,, Delaware, University of
Delaware Press, 2005, pp. 168-188.
5. Inrn un Informo sucInfo do In cnmbInnfo cnrrorn do SchIogoI vonso I. IohIor,
Friedrich Schlegel, Hnmburgo, !owohIf, l966.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
255
la base del modelo del aforismo, “enteramente separado del mundo
circundante, como una obra de arte en miniatura, y completo en sí
mismo como un erizo [ein Igel]”, como Schlegel memorablemente lo
describió en 1798
6
. Blanchot explica su objeción como sigue:
En realidad, y particularmente en el caso de Fr. Schlegel, el frag-
mento a menudo parece ser un medio para abandonarse a la auto-
complacencia, antes que un intento por elaborar un modo de escri-
tura más riguroso. De ser así, escribir fragmentariamente es sen-
cillamente aceptar el propio desorden, replegarse sobre el yo [moi]
en un aislamiento satisfecho y, por lo tanto, rechazar la apertura
que representa la exigencia fragmentaria, que no excluye, sino
que excede a la totalidad. [...] [Schlegel] reconduce el fragmento al
nforIsmo, osfo os, n In cInusurn do unn sonfoncIn µorfocfn. AIforn-
ción tal vez inevitable, y que implica: (1) considerar el fragmento
como un texto reconcentrado que tiene su centro en sí mismo y no
on oI cnmµo quo consfIfuyon con oI Ios otros frngmonfos; (2) dos-
atender el intervalo (espera y pausa) que separa los fragmentos
entre sí y hace de esta separación el principio rítmico de la obra en
su osfrucfurn; (3) oIvIdnr quo osfn mnnorn do oscrIbIr no fIondo n
dIhcuIfnr unn mIrndn do conjunfo nI n dobIIIfnr Ins roIncIonos do
unidad, sino a hacer posibles nuevas relaciones, que se exceptúan
de la unidad, del mismo modo que exceden el conjunto.
7

Dos versiones, dos giros, dos formas de entender el fragmento se
ponen en juego aquí: la primera, atribuida a Schlegel, recurre a la
InforIorIdnd, fofnIIdnd y soIIµsIsmo doI yo; In ofrn, nrfIcuIndn µor IInn-
chof, nhrmn In oxforIorIdnd, dIsµorsIon, ofrodnd. AquoIIo sobro Io quo
giran es la distinción entre un arte del fragmento que tiene nostalgia
de la obra y que se conforma con permanecer dentro de los horizontes
establecidos, y otro que perfora el horizonte y apunta a un imprevisi-
ble futuro sin presente –algo que en 1978, en un análisis que le debe
mucho a Blanchot, Lacoue-Labarthe y Nancy, al menos provisional-
6. F. Schlegel, Kri/iecle Sclrif/en unJ Irognen/e, ed. cit., v. 2, p. 123. Compárese con
M. Blanchot, L’Écriture du désastre, InrIs, CnIIImnrd, l980, µ. ?8: ¨+ VuoIvo sobro oI
fragmento: si bien nunca es único, sin embargo no tiene límite exterior –el afuera hacia
el que cae no es su limen–, pero tampoco tiene limitación interna (no es el erizo, cerrado
sobro sí); y sIn ombnrgo os nIgo osfrIcfo, no n cnusn do su brovodnd (µuodo µroIongnrso
como la agonía), sino debido al estrechamiento [resserement], al estrangulamiento hasta
la ruptura: se saltan las puntadas continuamente (no faltan)”. [En este como en el resto
de los casos, se conservan las referencias a los textos originales aunque vierto al español
las citas. N. del T.]
7. M. Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, od. cIf., µµ. 526-52?, onfnsIs on oI orIgInnI.
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mente, proponen denominar inacabamiento (inachèvement) y desobra
(désœuvrement)
8
.
¸Cuán dofondIbIo, cuán conhnbIo os In dIsfIncIon¨ ÞI !ncouo-
Labarthe ni Nancy, ni tampoco Blanchot, están completamente con-
vencidos
9
. Con buenos motivos, en tanto no hay nada acerca del frag-
monfo o Io frngmonfnrIo quo osfo docIdIdo do unn voz y µnrn sIomµro.
Lo fragmentario, sugiere Blanchot, es una promesa. En esa medida,
os fnmbIon unn fnron InhnIfn n In quo oI oscrIfor rofornn on numoro-
sns ocnsIonos, no µnrn dohnIr Io frngmonfnrIo como fnI, dndo quo os
precisamente lo que resiste su apropiación “como tal”, sino más bien
para sustraer lo fragmentario del fragmento y dividir o separarlo de sí
mismo. Consideremos por ejemplo el siguiente fragmento exploratorio,
incansablemente inquisitivo, acerca de la cuestión de lo fragmentario
en Le pas au-delà:
+ !o frngmonfnrIo: ¸Quo nos vIono do nhí, µrogunfn, oxIgoncIn,
decisión práctica? No poder escribir ya más que en relación con
lo fragmentario no es escribir con fragmentos, a menos que el
fragmento sea, a su vez, un signo de lo fragmentario. Pensar lo
fragmentario, pensarlo en relación con lo neutro, como si ambos
se pronunciasen juntos, sin comunidad de presencia y cada uno,
por así decirlo, fuera del otro.
Lo fragmentario: escribir da cuenta de lo fragmentario cuan-
do todo ha sido dicho. Sería preciso el agotamiento del habla
y µor oI hnbIn, oI hn do fodo (do In µrosoncIn como fodo) como
logos, para que la escritura fragmentaria fuera capaz de dejarse
re-marcar. Sin embargo, de este modo, escribiendo, no podemos
liberarnos de una lógica de la totalidad considerándola como
IdonImonfo cumµIIdn, n hn do mnnfonor como ¨µuro rosfo¨ unn
µosIbIIIdnd do oscrIfurn, fuorn do fodo, sIn omµIoo o sIn formIno,
cuyo estudio una lógica totalmente distinta, que aún resulta di-
fícil de aclarar (la de la repetición, de los límites y del retorno),
pretendería garantizar. Lo que ya está decidido es que semejan-
te escritura nunca será “pura” sino que, por el contrario, estará
profundamente alterada, con una alteración que no podría ser
dohnIdn (hjndn) on funcIon do unn normn, no soIo µorquo coo-
xiste siempre con todas las formas de existencia, de habla, de
pensamiento, de temporalidad, que son las únicas que la harían
posible, sino porque excluye la consideración de una forma pura,
8. Cfr. Ph. Lacoue-Labarthe y J.-L. Nancy, L’Absolu littéraire, ed. cit., pp. 79-80.
9. Cfr. Ph. Lacoue-Labarthe y J.-L. Nancy, “Noli me frangere”, Revue des sciences
humaines, n¨ l85, l982, µµ. 83-92. Inrn In rosµuosfn, obIIcun y µroIoµfIcn, do IInnchof
vonso L’Écriture du désastre, ed. cit., pp. 98-99.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
257
es decir, un abordaje de ella como verdadera o propia incluso
on su dosnµroµIncIon; o, IncIuso, fodos Ios movImIonfos quo so
utilizan por facilidad –el volver a empezar como comienzo, la
desapropiación como autenticidad, la repetición como diferen-
cia– nos mantienen dentro de la lógica de la validez.
El fragmento concluye, sin concluir, como sigue:
Lo fragmentario se enuncia, quizás, mejor en un lenguaje que
no lo reconoce. Fragmentario: no quiere decir ni el fragmento,
parte de un todo, ni lo fragmentario en sí mismo. El aforismo,
la sentencia, máxima, cita, pensamientos, temas, frases hechas
osfán quIzás más Iojos do oI quo oI dIscurso InhnIfnmonfo confI-
nuo cuyo contenido es “su propia continuidad”, continuidad que
no está segura de sí misma más que mostrándose como circular
y somofIondoso, con dIcho gIro, n In µrocondIcIon do un roforno
cuya ley está afuera, afuera que es fuera-de-ley.
10

II frngmonfo no como cInusurn sIno In InhnIfn confInuIdnd do Io
frngmonfnrIo; In oscrIfurn no como obodIoncIn n In Ioy, sIno como rndI-
cnI oscoµfIcIsmo y oxµosIcIon nI nfuorn; In obrn no como un roßojo quo
coincide consigo mismo, sino como el interminable desobrar de aquello
quo, dIsµorso, sIomµro dIhoro do sí mIsmo. !o frngmonfnrIo, on ofrns
µnInbrns, no os un gonoro IIfornrIo, crífIco o hIosohco IdonfIhcnbIo, sIno
una demanda espectral inexistente como tal, pero que, más allá de la
osfofIcn o In onfoIogín, so InscrIbo confInunmonfo, fIomµo nI hIo doI
tiempo, como un límite en el límite, para nunca ser asido como tal,
siempre borrándose como un rastro imposible: un rastro de lo imposi-
ble. Por ello Blanchot debe retornar una y otra vez –en parte como res-
puesta al trabajo de Lacoue-Labarthe y Nancy– al ejemplo de Schlegel,
nsí como do ofrns hgurns cInvo doI romnnfIcIsmo como ÞovnIIs, IIchfo,
SchoIIIng, SchIoIormnchor, IoffInn von ArnIm y Augusf KIIngomnnn,
el anónimo autor de Die Nachtwachen des Bonaventura
11
; n fodos oIIos
lee y relee a lo largo de L’Écriture du désastre, repitiendo permanen-
temente el punto, siempre el mismo, siempre distinto: el fragmento
romántico no es todavía lo fragmentario, lo fragmentario no ha llegado
todavía.
10. M. Blanchot, Le Pas au-delà, Paris, Gallimard, 1973, pp. 61-63.
11. Blanchot cita la novela satírica y apocalíptica de Klingemann, de 1805, en
L’Écriture du désastre, ed. cit., pp. 54-55. Lamentablemente, el índice proporcionado
on In odIcIon rovIsndn do In frnduccIon IngIosn do Ann Smock confundo n In fuonfo do
IInnchof con oI coIobro snnfo homonImo doI sIgIo XIII.
Leslie Hill
258
Isn orn yn In concIusIon do IInnchof on ¨!`Afhonnoum¨, un onsnyo
eclipsado por el colapso del proyecto de la Revue internationale, hacia
dondo sIIoncIosnmonfo nµunfnbn. AI concIuIr oI foxfo, sIn ombnrgo,
desliza otro nombre, el de otro pensador fragmentario y escritor del
futuro: Nietzsche.
¸Ioro quIon o quo orn ÞIofzscho¨
Nietzsche era, por supuesto, un punto de referencia crucial, aunque
intensamente impugnado, para un conjunto de escritores y pensado-
res en Francia y otros sitios durante los años 30, 40, 50 y 60, entre
ellos Bataille, Jaspers, Jean Wahl, Karl Löwith, Eugen Fink, Deleuze,
Klossowski, Foucault, Derrida, y Blanchot
12
. Luego de escribir con
cierta extensión sobre Nietzsche (con cuya obra estaba sin duda fa-
mIIInrIzndo) InmodInfnmonfo dosµuos do In guorrn, IInnchof frnbnjn
con más dofnIIo In hgurn doI µonsndor confomµoránoo unos doco nnos
dosµuos, on ngosfo do l958, on un onsnyo nµroµIndnmonfo fIfuIndo
¨ÞIofzscho, nujourd`huI¨ |ÞIofzscho hoy], on oI quo so ocuµn mnyor-
monfo do In hIsforIn do In fnIsIhcncIon do sus foxfos, rovoIndn µor oI
entonces reciente trabajo editorial de Karl Schlechta
13
. En este ensa-
yo, IInnchof fnmbIon nµrovochn µnrn dnr cuonfn do nIgunos frnbnjos
12. Para una perspectiva general de la recepción francesa de Nietzsche a principios
y mediados del siglo XX, cfr. D. Smith, Tronetoluo/ione. Aie/cecle in Ironce 1S72-
1972, Oxford, Oxford !nIvorsIfy Iross, l996 y J. !o !Idor, Nietzsche en France, Paris,
Irossos !nIvorsIfnIros do Irnnco, l999. Infro ÞIofzscho y IInnchof hubo fnmbIon
ofro víncuIo bIográhco o mojor, bIo-gráhco, quo In nnrrncIon do IInnchof do l95l,
Au moment voulu, testimonia de manera críptica. Tal como narra Nietzsche en el
apartado 4 de ¨AIso sµrnch Znrnfhusfrn¨ on Ecce homo (Kri/iecle S/uJienouegoIe,
ed. G. Colli y M. Montinari, 15 vols., 2º ed., Berlin, de Gruyer/dtv, 1988, v. 6, p. 341),
on oI InvIorno do l883 rodncfo oI cnµífuIo fIfuIndo ¨Von nIfon und nouon TnfoIn¨ |Ðo
las viejas y nuevas tablas] de Also sprach Zarathustra “durante una muy fatigosa
ascensión desde la estación al maravilloso y morisco nido de águilas que es Eza”. En
Maurice Blanchot: partenaire invisible (SoyssoI, Chnmµ VnIIon, l998, µµ. 2?9-28l),
Christophe Bident muestra que se trata de la misma aldea de la costa mediterránea,
a siete millas de Niza, a la que Blanchot se retira en 1946 y donde, entre frecuentes
visitas a París, pasaría los siguientes doce años de su vida escribiendo.
13. Los lectores de Ioux Poe (Paris, Gallimard, 1943) y de Chroniques littéraires du
Journal des débats (od. Ch. IIdonf, InrIs, CnIIImnrd, 200?), µuodon vorIhcnr Ins
numerosas referencias breves a Nietzsche en la obra de Blanchot anterior a 1945.
Su µrImor frnbnjo consIdornbIo fuo, sIn ombnrgo, ¨Ðu cofo do ÞIofzscho¨ |ÐoI Indo do
Nietzsche], aparecido por primera vez en L’Arche, 12, diciembre 1945-enero 1946, pp.
103-112 y recogido en La Part du feu, Paris, Gallimard, 1949, pp. 278-289. El ensayo
do l958 nµnrocIo µor µrImorn voz como ¨ÞIofzscho, nujourd`huI¨ |ÞIofzscho hoy] on La
Nouvelle Nouvelle Revue française, nº 68, agosto 1958, pp. 284-295, y fue republicado,
con modIhcncIonos, como ¨!oßoxIons sur Io nIhIIIsmo, l: ÞIofzscho, nujourd`huI¨
|!oßoxIonos sobro oI nIhIIIsmo, l: ÞIofzscho hoy] on L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., pp.
201-215.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
259
recientes de Jaspers, Lukács y Heidegger, incluyendo de este último
el material sobre Nietzsche contenido en Holzwege (1950), Vorträge
und Aufsätze (1954), y Woe leif/ Den/en: (1954). Si bien conserva el
mIsmo fífuIo onco nnos dosµuos on L`1n/re/ien in[ni, Blanchot se ve
obIIgndo n hncor oxfonsns corrocIonos con oI hn do ncfunIIznr oI foxfo:
la aparición de una nueva edición de la obra de Nietzsche a cargo de
Giorgio Colli y Mazzino Montinari lo lleva a matizar su informe sobre
oI frnbnjo odIforInI do SchIochfn; ngrogn fnmbIon nIgunns roforoncIns
breves sobre Fink, Foucault, Deleuze y Klossowski. Pero lo más signi-
hcnfIvo os quo, on osfn vorsIon µosforIor doI onsnyo, IInnchof nocosIfn
hacer un balance de los dos volúmenes de Heidegger sobre Nietzsche,
basados en lecciones originalmente pronunciadas entre 1936 y 1941,
µoro InodIfns hnsfn l96l, Io quo dn Iugnr n In sogundn y uIfImn do Ins
extensas notas al pie agregadas en 1969
14
.
En el interín, las propias opiniones de Blanchot comenzaban a cam-
biar. Mientras que en 1958, siguiendo a Jaspers (para quien la forma
literaria del pensamiento de Nietzsche se mantiene aforística de prin-
cIµIo n hn
15
), describe la escritura de Nietzsche como “esencialmente
nforísfIcn¨, modIhcn nhorn oI comonfnrIo n ¨on µrIncIµIo frngmonfnrIn¨.
Ðo modo sImIInr, In nhrmncIon do l958, fnmbIon on In Iínon do Jnsµors,
que aseguraba que Nietzsche habría padecido debido a “la naturaleza
aforística que era una de las fuentes esenciales de su originalidad”
sorá roomµInzndn onco nnos dosµuos µor In obsorvncIon sogun In cunI
la fuente de posible consternación por parte de Nietzsche radicaba en
¨osfn oxIgoncIn frngmonfnrIn¨. Hubo ofros njusfos monoros fnmbIon.
In l958, nI rosumIr Ins fnrons quo onfronfn cunIquIor Inforµrofo do
Nietzsche, Blanchot, citando a Jaspers, habla de la necesidad de “re-
cuµornr In ºdInIocfIcn ronI»¨ on juogo on In oscrIfurn do ÞIofzscho. Ioro
µnrn l969 osfn rocomondncIon yn no orn suhcIonfo. In fodo cnso, µodín
14. Cfr. M. Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., pp. 208-210. En esta nota, Blanchot no
sólo realiza una serie de observaciones directamente inspiradas en los dos volúmenes
do HoIdoggor sobro ÞIofzscho, sIno quo fnmbIon, nI concIuIr, oforgn su vorodIcfo
personal (que cambiaría poco en los años subsiguientes) acerca del pasado político
de Heidegger, basado en la documentación presentada por Guido Schneeberger en su
Nachlese zu Heidegger (Berna, Suhr, 1962). El Nietzsche de Heidegger no aparecería
en traducción francesa hasta 1971, sin embargo sus contenidos, anticipados por
lecciones tempranas y ensayos de Heidegger, fueron rápidamente conocidos en los
círcuIos hIosohcos frnncosos. Muchos, como IInnchof, Ios hnbínn Ioído on oI orIgInnI
nIomán. Acorcn do Ins ronccIonos quo suscIfn HoIdoggor on IrnncIn durnnfo oI µoríodo
cfr. D. Janicaud, Heidegger en France, 2 voIs., InrIs, AIbIn MIchoI, 200l.
15. K. Jaspers, Nietzsche: Einführung in das Verständnis seines Philosophierens
(l935), IorIIn, do Cruyfor l98l, µ. 396; Nietzsche: Introduction à sa philosophie, trad.
fr. H. Niel, Paris, Gallimard, 1950, p. 401.
Leslie Hill
260
ser pensada como peligrosamente regresiva, de donde surge sin duda
In docIsIon do IInnchof do gIosnr, o IncIuso modIhcnr comµIofnmonfo,
el sentido original de la frase, que en su forma corregida recomendaba
nI Iocfor ¨rocuµornr In ºdInIocfIcn ronI»: oI µonsnmIonfo como juogo doI
mundo, el texto como fragmento”
16
.
Sin embargo, incluso en agosto de 1958 el ensayo original de
IInnchof yn no orn suhcIonfo, y fuo soguIdo un mos dosµuos µor ofro
trabajo sobre Nietzsche que se ocupa principalmente de la cuestión
doI nIhIIIsmo, nmµIInmonfo rofrncfndo n frnvos do In obrn do HoI-
degger, particularmente de la conferencia Woe leif/ Den/en: y del
intercambio, en ocasión de los sesenta años de Heidegger, con Ernst
Jünger, que da lugar a la publicación, en 1955, de una larga carta de
HoIdoggor n nquoI, Über die Linie, más conocida por su título poste-
rior, Zur Seinsfrage
17
. TnmbIon nquí, cunndo so roµubIIcn oI onsnyo
de 1958 en L`1n/re/ien in[ni, fuoron nocosnrIos nIgunos njusfos; on
Ios dos µárrnfos hnnIos do su Informo sobro oI nIhIIIsmo on ÞIofzscho
(esencialmente un debate con Heidegger) Blanchot se aparta casi com-
µIofnmonfo do su nnfIguo foxfo µnrn nhrmnr un sfnfus muy dIforonfo
16. Para la cita original cfr. K. Jaspers, Nietzsche: Einführung in das Verständnis
seines Philosophierens, od. cIf, µ. l8; Nietzsche: Introduction à sa philosophie, ed. cit., p.
l9. Inrn Ios cnmbIos hochos nI foxfo do IInnchof, comµároso ¨ÞIofzscho, nujourd`huI¨,
La Nouvelle Nouvelle Revue française, art. cit., pp. 288, 289 y 291, y L`1n/re/ien in[ni,
ed. cit., pp. 205, 206 y 211. Blanchot ya se había sumergido en el trabajo de Jaspers
(al que bien podría haber leído en alemán) para un ensayo de 1945 sobre Nietzsche
incluido en La Part du feu, od. cIf., µµ. 2?8-289. VnIo fnmbIon In µonn nofnr quo, on un
onsnyo fIfuIndo ¨!oµrIsos¨, on La Nouvelle Revue française, nº 93, septiembre de 1960,
pp. 475-483, dedicado a Walter Benjamin y a consideraciones varias sobre apuntes y
aforismos inspirados en la obra de Georges Perros, Blanchot se sentía todavía capaz
de argumentar que “la forma aforística, con todos sus peligros y potencialidades,
[fue] representada en su forma superior por Nietzsche” (p. 481). Curiosamente, esta
parte del ensayo de septiembre de 1960 no fue republicada por Blanchot, pese a que
extrajo de ella la discusión sobre Benjamin, que reaparece, con cambios menores, en
L’Amitié, París, Gallimard, 1971, pp. 69-73, junto con dos pasajes posteriores sobre
la discontinuidad formal que, precedidos por un ± ± redoblado, fueron parcialmente
reutilizados como sección inaugural del ensayo sobre Brecht en L`1n/re/ien in[ni, ed.
cit., pp. 528-529, como si quisiera asegurar que, de ahora en más, lo que había sido
hnsfn nquí roforIdo como µorfonocIonfo nI gonoro doI nforIsmo, no soIo on ÞIofzscho
sIno fnmbIon on oI µroµIo dIscurso do IInnchof, hnbín cnído bnjo Io quo osfo uIfImo
llamaría en adelante: lo fragmentario, lo neutro.
17. Cfr. M. Blanchot, “Passage de la ligne”, La Nouvelle Nouvelle Revue française,
n¨ 69, soµfIombro l958, µµ. 468-4?9; oI onsnyo so roµubIIcn como ¨!oßoxIons sur
le nihilisme, 2: Passage de la ligne”, L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., pp. 215-227. “Zur
Seinsfrage” [Hacia la pregunta del ser] de Heidegger se republica en Wegnor/en,
Frankfurt, Klostermann, 1976, pp. 385-426. He examinado la lectura que Blanchot
hace sobre estos textos en relación con la cuestión del nihilismo en Bo/oille, Kloeeoue/i,
Blanchot: Writing at the Limit, Oxford, Oxford University Press, 2001, pp. 235-243.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
261
µnrn In oscrIfurn do ÞIofzscho quo nquoI concodIdo µor oI µonsndor
doI Sor. ¨!n hIosofín fIombIn con ÞIofzscho¨, oscrIbo nhorn IInnchof.
¸Isfo orn nsí µorquo so frnfnbn doI uIfImo hIosofo, oI uIfImo mofnfísIco,
como sosfonín HoIdoggor¨ ¸O no¨ IInnchof confInun:
¸|.] µorquo, soIIcIfndo µor un Iongunjo comµIofnmonfo dIforon-
te, la escritura de fractura, cuya vocación sería suponer a todas
las “palabras” [mots] barradas, espaciadas, tachadas en el movi-
mIonfo quo Ins soµnrn, µoro quo n frnvos do osfn soµnrncIon Ins
rofIono como Iugnr do In dIforoncIn, oI fIono quo hncor fronfo n
una exigencia de ruptura que constantemente lo desvía de aque-
IIo quo oI fIono oI poder de pensar?
18
Hubo que esperar, sin embargo, hasta el siguiente ensayo de
L`1n/re/ien in[ni, ¨ÞIofzscho of I`ocrIfuro frngmonfnIro¨ |ÞIofzscho y
la escritura fragmentaria], publicado originalmente en dos partes en
diciembre de 1966 y enero de 1967, y escrito en el contexto de los traba-
jos recientes de Fink (Nietzsches Philosophie y Spiel als Weltsymbol),
Foucault (Les Mots et les choses), Deleuze (Nietzsche et la philosophie)
y Derrida (L’Écriture et la différence), para que Blanchot comience a
ovnIunr Ins consocuoncIns do su rndIcnI cnmbIo do onfnsIs. Como Io
sugIoro su fífuIo, orn oI momonfo do nµnrfnrso do In hIosofín µnrn ocu-
parse de una exigencia bien distinta en el pensamiento de Nietzsche:
aquella de la escritura misma en su relación con lo fragmentario
19
.
La primera jugada de Blanchot consistió, una vez más, en sustraer:
había, sugiere, dos maneras de hablar en Nietzsche, dos paroles,
dos voces, dos tendencias, dos modos de inscripción. La primera era
continua, coherente y sistemática, incluso en su esfuerzo incansable
por debilitar cada uno de estos rasgos suyos. Temas o conceptos clave
como voluntad de poder, eterno retorno y superhombre constituyen
unn nmµIIn µruobn do Ins nmbIcIonos hIosohcns frndIcIonnIos, IncIuso
mofnfísIcns, do In dInIocfIcn nnfI-dInIocfIcn do ÞIofzscho. Ioro hnbín
nIgo más, nrguín IInnchof, nIgo quo orn dIsImofrIco con Io µrImoro,
IrroducfIbIo n µrogrnmn concoµfunI nIguno, o InnsImIInbIo n dInIocfIcn
18. M. Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, od. cIf., µµ. 226-22?, onfnsIs on oI orIgInnI.
l9. Cfr. M. IInnchof, ¨ÞIofzscho of I`ocrIfuro frngmonfnIro¨, La Nouvelle Revue
française, n¨ l68, dIcIombro l966, µµ. 96?-983; La Nouvelle Revue française, nº
169, enero 1967, pp. 19-32. El ensayo se republica en L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., pp.
227-255. Hay aquí un claro eco de lo que, en un ensayo publicado un año antes y
luego incorporado a De la grammatologie, Derrida denomina “la doble pertenencia
nocosnrIn¨ doI µonsnmIonfo do ÞIofzscho; cfr. J. ÐorrIdn, ¨Ðo In grnmmnfoIogIo I¨,
Critique, nº 22, diciembre 1965, pp. 1016-1042 (p. 1029).
Leslie Hill
262
o nnfI-dInIocfIcn nIgunn, quo so mnnIfosfnbn sI bIon n frnvos do In no
manifestación, en tanto que excede todo manifestarse como tal– en
la receptividad de la escritura de Nietzsche a la exigencia del frag-
mento. La distinción no era arbitraria. Incluso, hasta cierto punto, era
Imµorfnnfo µnrn In µroµIn oscrIfurn do IInnchof, dndo quo roßojndns
en las dos tendencias coexistentes en el pensamiento de Nietzsche se
encontraban las dos direcciones de lo que Blanchot, en un momento
nnforIor do su cnrrorn, hnbín fomnfIzndo junfo n !ovInns como oI il y a:
proposición ontológica aquí (y como tal, continuación de la metafísica)
y nhrmncIon susµonsIvn do Io noufro nIIá (y como fnI IrroducfIbIo n
toda ontología)
20
. En otras palabras: lo que estaba en juego era algo
muy importante, lo que explica sin duda, como veremos, el creciente
compromiso de Blanchot con Nietzsche en la segunda mitad de los 60
y principios de los 70.
Lo fragmentario en Nietzsche, agrega Blanchot en L’Entretien
in[ni, no era ni un discurso teórico ni un estilo literario. Era menos
una fuerza que un despliegue de diferencias, una exigencia que se ha-
cía sentir en una variedad de formas oblicuas, dispares y cambiantes.
La estrategia de Blanchot no consistió en juntar e intentar reconciliar
las numerosas contradicciones aparentes en la escritura de Nietzsche
nµoInndo n unn unIcn oxµIIcncIon onfoIogIcn, µsIcoIogIcn, bIográhcn,
histórica o política. Pero Blanchot tampoco se contentaba con dejar
que las partes desarticuladas de esta obra fueran una especie de signo
de un intelecto esencialmente comprometido, ya sea literaria o pato-
IogIcnmonfo. VnrIos nnos nnfos hnbín nµInudIdo n HoIdoggor µor ofor-
garle a Also sprach Zarathustra el mismo status e importancia para el
µonsnmIonfo occIdonfnI quo un frnfndo do ArIsfofoIos
21
. Pero más que
onrnIznr hrmomonfo In obrn do ÞIofzscho donfro do In hIsforIn do In
metafísica, como Heidegger pretendía hacer, a Blanchot le preocupa-
ba explorar los deslizamientos internos y las discontinuidades por las
que motivos, temas, conceptos e incluso nombres estaban divorciados
o separados de sí mismos en la obra de Nietzsche, esto es: sustraídos,
excedidos, impotentes [neutered] o neutralizados [neutralised]. Los
esfuerzos de Blanchot, por lo tanto, se dirigían primordialmente a pen-
sar aquello hacia lo que la obra de Nietzsche hacía gestos, sin nunca
poder formularlo como tal: aquello que el pensamiento está constre-
ñido a pensar una vez que se deja a sí mismo atrás –sin renunciar a
20. Acorcn doI µonsnmIonfo fomµrnno do IInnchof sobro oI il y a, vonso mI frnbnjo
Blonclo/. 1x/rene Con/enporor,, !ondros/Þuovn York, !oufIodgo, l99?, µµ. ll0-ll3.
21. M. Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., p. 211. La referencia es a Heidegger, Was
leif/ Den/en: (l954) |¸Quo sIgnIhcn µonsnr¨], TubIngon, ÞIomoyor, l984, µ. 68.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
263
sí mismo–, y se esfuerza o apunta hacia el afuera. Esto, por ejemplo,
es lo que Blanchot tiene para decir en cierto punto, con un murmu-
llo de desacuerdo dirigido a Eugen Fink (y a Heidegger) acerca de la
idea de Nietzsche sobre el concepto de mundo (“mundo” en Nietzsche,
Heidegger lo sabía, “es el nombre para los seres como un todo [das
Seiende im Ganzen]”):
ÞIofzscho µIonsn oI mundo: osn os su µroocuµncIon. Y cunndo
piensa el mundo, ya sea como “un monstruo de fuerzas”, como
“este mundo-misterio de placeres dobles”, como “mi mundo dio-
nieloco” o, incluso, como el juego del mundo, de este mundo, el
enigma que es la solución a todo enigma, no es el ser lo que
piensa. Por el contrario, acertada o equivocadamente, piensa el
mundo con oI hn do IIbornr nI µonsnmIonfo fnnfo do In Idon do
ser como de la idea del todo, tanto de la exigencia del sentido
como de la exigencia del bien: para liberar al pensamiento del
pensamiento, obligándolo, no a abdicar, sino a pensar más de lo
que puede pensar, algo diferente a su posible. O incluso a ha-
blar diciendo ese “más” [plus], ese “exceso” [surplus] que precede
y sigue a toda palabra [parole]. Este camino puede ser critica-
do, µoro no os µosIbIo ronuncInr n Io quo so nnuncIn on oI. Inrn
Nietzsche, ser, sentido, meta, valores, Dios, el día y la noche,
oI fodo y In unIdnd soIo son váIIdos donfro doI mundo; µoro oI
“mundo” no puede ser pensado, no puede ser dicho como sentido,
como todo: mucho menos como ultra-mundo. El mundo es su
µroµIo nfuorn: In nhrmncIon quo desborda fodo µodor µnrn nhr-
mar y que, en lo incesante de la discontinuidad, es el juego de
su perpetuo redoblamiento –voluntad de poder, eterno retorno.
22

AI oscrIbIr sobro ÞIofzscho, n IInnchof Io gusfnbn cIfnr oI comon-
tario de Jaspers según el cual toda proposición del pensador halla un
22. M. Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, od. cIf., µ. 245; onfnsIs on oI orIgInnI. Inrn oI
comonfnrIo do HoIdoggor vonso M. HoIdoggor, Nietzsche, 2 vols., Pfullingen, Neske,
1961, vol. II, p. 59. Contrastar con el comentario del mismo fragmento propuesto por
Eugen Fink en La Philosophie de Nietzsche, frnd. fr. H. HIIdonborg y A. !Indonborg,
Paris, Minuit, 1965, pp. 226-228, al que Blanchot responde oblicuamente. Para el
frngmonfo mIsmo frnducIdo (quo IInnchof roformuIn IIgornmonfo) vonso ÞIofzscho,
La Volonté de puissance, editado por Friedrich Würzbach, traducido por Geneviève
Bianquis, 2 vols (Paris: Gallimard, [1935-37] 1995), I, 235-6. La idea del pensamiento
pensando “más de lo que es capaz de pensar” ha sido utilizada en otras oportunidades
µor IInnchof, µnrfIcuInrmonfo on oI onsnyo do l962 sobro InfnIIIo. Vonso M.
Blanchot, L`1n/re/ien in[ni, od. cIf., µ. 3l2. So frnfn fnmbIon do un onfnsIs cInvo on In
oxµIIcncIon doI InhnIfo dosnrroIIndn µor !ovInns on To/oli/e e/ in[ni, un InhnIfo quo,
por su propia trascendencia, necesariamente “desborda el pensamiento que lo piensa”.
Vonso !ovInns, To/oli/e e/ in[ni (1961), Paris, LFG - Le Livre de poche, 1990, p. 10.
Leslie Hill
264
eco en alguna otra parte de la obra que la contradice
23
. El propósito
do IInnchof, sIn ombnrgo, no orn IdonfIhcnr InconsIsfoncIns con oI
hn do rosoIvorIns, o IncIuso cnncoInrIns. Su osfrnfogIn orn más bIon
buscar un punto de fuga, un point de fuite, que indique no el poder o
la potencia del pensamiento conceptual (i.e., lo que puede) sino más
radicalmente, sus imposibilidades, debilidades y borraduras (i.e., lo
que sucede cuando excede su horizonte de competencia). El abordaje
onfoncos no os hormonoufIco sIno más bIon hIµorboIIco: oI objofIvo os
llevar las aserciones de Nietzsche al límite, a ese punto extremo donde
algo distinto a la regularidad del concepto se expone, una otredad que
oscnµn n In oxµIIcncIon concoµfunI y soIo µuodo sor InscrIµfn n frnvos
de una lógica de la suplementariedad, esto es, una lógica que simultá-
neamente es de sustracción y de adición, y de acuerdo a la cual cada
expresión, a causa de lo fragmentario, es retirada tan rápido como se
nhrmn, do mnnorn fnI quo In rofIrndn ncfun on Io sucosIvo como unn
osµocIo do nhrmncIon, y In nhrmncIon como unn osµocIo do rofIrndn,
una borrando o sobrescribiendo a la otra en un movimiento incesante
de dispersión. Tal lógica no tiene un nombre apropiado, por lo que pue-
de recibir, al menos provisionalmente, el modesto y poco pretencioso
nombre de lo neutro, lo neutro que no tiene centro, unidad o identidad
propia, pero que sin embargo, excediendo positivo y negativo por igual,
no µuodo sIno sor nhrmndo; Io quo hnbIn on oI Iongunjo, µoro quo no os
IdonfIhcnbIo con nIngunn µnInbrn, oxµrosIon o concoµfo, µorquo µro-
codo y sobroµnsn fodo Ios formInos dIsµonIbIos, quo nhuocn, dosµInzn
y rosIgnIhcn |re-nor/e]. Ni uno ni el otro, entonces, sino siempre el
otro, el otro, tal es la estrategia de lectura y escritura de Blanchot al
enfrentarse con el desafío de la exigencia del fragmento.
AI ocuµnrso do ÞIofzscho, onfoncos, IInnchof no soIo Ioo un dIscur-
so quo vn más nIIá do su µroµIo IímIfo. TnmbIon IIovn su µroµIn oscrI-
tura al límite, en un esfuerzo por responder a lo fragmentario como
aquello que exige urgentemente, y a la vez resiste obstinadamente, el
pensamiento. En su respuesta a Nietzsche, es por necesidad antes que
µor nhnIdnd quo In µroµIn oscrIfurn do IInnchof dovIono frngmonfn-
ria, con el escritor insistentemente re-marcando [re-nor/ing] su texto,
como un signo de simultánea retirada y borramiento, con el mismo
doble neutro, símbolo matemático más-menos (±±) adoptado en otras
secciones de L`1n/re/ien in[ni como fosfIgo doI movImIonfo µnronfofI-
co de la escritura que es, a la vez, exhibición [expoei/ion] y exposición
[expoeure].
23. Cfr. K. Jaspers, Nietzsche: Einführung in das Verständnis seines Philosophierens,
ed. cit., p. 17.
Del fragmento a lo fragmentario: Blanchot, Schlegel, Nietzsche
265
AI rocorror Io frngmonfnrIo on SchIogoI, Chnr y ÞIofzscho,
Blanchot no pretendía resucitar el pasado. La tarea era más bien crear
un lenguaje, como lo plantea en L`1n/re/ien in[ni, capaz de nombrar
lo posible y responder a lo imposible simultáneamente
24
. AI hncorIo,
Blanchot se toparía con algunos de los interrogantes más acuciantes
do In oµocn.
TroJucci6n Je Luciono Borreroe
24. Vonso M. IInnchof, L`1n/re/ien in[ni, ed. cit., pp. 68-69.