DESARROLLO DE LA ORGÁNICA EN LOS ESPACIOS DE

CONSTRUCCIÓN
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: EL CAMINO HACIA LA MULTISECTORIALIDAD.

La realidad se nos presenta, a los que aspiramos un cambio social de fondo,
compleja y en constante cambio. Por ello, nuestra organización político-social no
puede ser tampoco rígida: nuestras tácticas y nuestra estrategia deben dar cuenta
de la existencia del constante movimiento de la sociedad, de sus transformaciones.
Ergo, no basta con la sola existencia una orgánica político-social, sino que por el
contrario, es imperante la necesidad de distinguir los espacios en que ésta ha de
actuar para de esta manera asegurar efectividad en nuestro trabajo y una real
ligazón con los explotados y pobres.

Es posible distinguir que en el accionar político existen, por lo menos, tres
espacios de construcción (de desarrollo del quehacer político-social) – el espacio
local, el espacio sectorial y el espacio global o multsectorial-, debemos entonces
preguntarnos, ¿cuál debe ser el desenvolvimiento de la organización
revolucionaria en cada uno de éstos?, y con la respuesta, poder proyectar un
adecuado accionar de la orgánica; respetando los diferentes espacios, y sabiendo
usarlos, para retroalimentarse de ellos, con el fin de lograr las síntesis políticas que
nos permitan avanzar en la reconstrucción del Movimiento Popular.

La necesidad de distinguir entre estos tres espacios es fundamental para dar
cuenta de las reales necesidades del Pueblo, asegurando que la alternativa
revolucionaria encarne dichas demandas, y no quede “haciendo política (teoría

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Extraído de la revista “Construyendo, organización y consciencia de clase” N°2 Comunidad Militante, 2008.
política) en el aire”, la organización debe surgir desde el Pueblo, y no ser un ente
ajeno a éste.

Es necesario establecer, sin lugar a dudas, que todos estos espacios
señalados anteriormente se entrelazan constantemente siendo difícil distinguirlos
cómodamente. Sin embargo, la correcta distinción es de la mayor importancia por
lo antedicho, esto es, por que las manifestaciones de la actividad político social
deben ser esencialmente diversas en uno y otro espacio, a fin de que cada uno de
ellos dé lo mejor de sí.

El espacio local:

Al hablar de espacio local, nos referimos a aquel en que nos desenvolvemos
normalmente, día a día, es donde nos reconocemos como miembros de un grupo
social determinado, Ej. Los trabajadores en sus fábricas, los estudiantes en sus
liceos o universidades, los pobladores en su población, etc. Es, entonces, el espacio
inmediato en el que interactuamos con nuestros pares. En este punto el individuo
se reconoce como integrante de un espacio social limitado y, por ende, está
conciente de sus necesidades inmediatas y se organiza (eventualmente) con el fin
de superarlas; en el caso de los trabajadores la herramienta que utilizan son los
sindicatos, (o los grupos de hecho que se organizan para negociar con el
empleador) en el caso de los estudiantes los centros de estudiantes o federaciones.
Dichas organizaciones son fuerzas sociales, reconocidas por sus pares y por otras
fuerzas adyacentes. Servirán como organización de opinión y lucha, para las
reivindicaciones propias del sector, en su mayoría de índole económica. Estas
organizaciones corresponden a la institucionalidad burguesa, es decir, no son,
generalmente, fruto de la organización independiente de la clase, sino que han sido
el resultado de concesiones que se han hecho por medio de la legislación, ello
explica, en gran parte, lo limitado de sus demandas.
En este espacio local, limitado en su visión y en sus expectativas de lucha, se
da por lo general, un correlato de desarrollo de conciencia política: ésta es tan
limitada como lo es la cualidad de las luchas que se dan. Cuando la lucha es de
carácter meramente reivindicativo y, además, es parcial, limitada a un sindicato, a
una junta de vecinos, a un centro de alumnos, etc., los niveles de conciencia se
“elevan” hasta cierto punto, del cual no pueden progresar si es que no se
complementan con otras visiones políticas o con luchas sectoriales, que exceden lo
local y que hacen comprender a los que luchan que sus reivindicaciones no son
solo suyas y, por otro lado, que se reconozcan como parte de un sector social
mayor a su inmediato desenvolvimiento diario, esto es, exceden la fábrica, exceden
la Universidad, etc.

Espacio sectorial.

Si bien en el espacio local nos organizamos en torno a los espacios creados y
soportados por el sistema (sindicatos, federaciones de estudiantes, juntas de
vecinos, etc.); en el espacio sectorial nos vamos dotando de herramientas
organizativas que permiten identificar a la clase en su conjunto o por lo menos
sectores completos de la clase trabajadora. Esto no quiere decir que las
agrupaciones sectoriales, que exceden lo inmediato, tengan de por sí una política o
una postura de lucha con contenido de clase. (Conocidas son, lamentablemente, las
experiencias de organizaciones de trabajadores que sucumben a los encantos del
sistema o que apuestan por la colaboración de clases o por el nacionalismo
burgués) Es en este espacio en que históricamente se han creado las orgánicas y
programas de carácter clasista.
El Pueblo ha sido capaz de constatar su realidad mediata, y se dota de
organización y de líneas de trabajo a largo plazo para cambiarla. La demanda deja
de ser economicista o cortoplacista y, por el contrario, se dota de elementos
políticos superiores, que la proyectan más allá de los límites impuestos por el
Estado de los patrones. El ejemplo histórico por excelencia es la CUT de mediados
de los cincuenta hasta el Golpe, la de Clotario Blest y tantos otros obreros
concientes.
Cuando los obreros, los estudiantes, los pobladores, los campesinos, se
organizan como tales, esto es, no solamente como asalariados de un patrón
determinado sino que se asocian teniendo como contraparte a todos los patrones
de un eje de la producción, a todos los empresarios de la educación, al Estado, etc.,
el nivel de conciencia política que han alcanzado y los retos que han asumido
exceden con creces las peticiones locales. Ahora ya no solamente “piden” por ellos
mismos, por su familia o por sus compañeros de trabajo o estudio, sino que luchan
por todos los trabajadores de una región por ejemplo, lo hacen por personas que
no conocen, pero que saben que vive las mismas miserias y explotación que ellos,
se reconocen, en definitiva como seres sociales, no sólo como seres individuales.
Han roto el primer muro ideológico del Capitalismo.

Espacio Global, de síntesis

En este espacio el sujeto comprende su papel en la Historia y pretende hacer
la Historia favor de la mayoría pobre, alienada y explotada.
Aquí se realiza la síntesis de los espacios sectoriales señalados
anteriormente, sin la limitación de desarrollar el trabajo en un solo sector, como
sucede, por ejemplo, con todos los trabajadores del cobre. En este punto se estaría
en condiciones de tener una visión global, de clase. El Pueblo elabora las políticas
para su totalidad, aunque sin pasar a llevar los dos espacios anteriores, al contrario
retroalimentándose de ellos, asegurando que la organización nazca del Pueblo.
La existencia de un espacio de síntesis, como se puede ver, se relaciona con
el desarrollo de una conciencia de clase completa, que comprende por tanto la
necesidad de organizarse de manera unitaria, de forma tal que la organización
comprenda todas las manifestaciones de lucha que se dan en los diversos sectores
sociales.
Como ya hemos mencionado respecto a los espacios locales y sectoriales,
existe en esta instancia también un correlato de conciencia y organización, en el
primer caso el sujeto se reconoce miembro de una clase social, identifica sus
antagonistas, pero no los identifica de manera inmediata, esto es, sus patrones, sino
que reconoce al conjunto de la clase explotadora. Por otro lado, sabe que la clase
antagonista está organizada y que procura organizarse unívocamente, por lo que el
sujeto revolucionario comprende la necesidad de organizarse férreamente para
luchar como clase en contra de los explotadores, en contra de sus organizaciones,
de su Estado y de su conciencia burguesa. No le bastan las organizaciones (pero,
que no se entienda que le sobran) locales o sectoriales, necesita una organización
que comprenda la totalidad de las experiencias de la lucha de clases, que le dé un
norte a las luchas parciales contra el Capital.

La retroalimentación dialéctica entre los espacios
Se hace necesario, luego de dar aproximaciones con relación a qué
entendemos por cada uno de los espacios, dar una visión de cómo entendemos que
debería actuar la orgánica revolucionaria, que pretende cambiar la historia, en la
realidad humano-social en que se desenvuelve.
Este tema se relaciona en mucho con la división que hacía Engels acerca de
la necesidad de comprender que la lucha tenía tres niveles posibles de diferenciar,
por un lado tenemos la lucha economicista o meramente reivindicativa, por otro
tenemos la lucha política y por último existe la lucha de carácter teórico. Es posible
en este punto recordar también a Gramsci.
En cada uno de los espacios reseñados se dan o se presentan con
preeminencia una u otra forma de lucha, la que es siempre político-social (o mejor
dicho siempre debe ser), pero en la que adquieren mayor importancia los
elementos reivindicativos, los elementos de dirección política o los elementos de
comprensión y preparación teórica.
Así la organización que existe en el espacio local jamás desarrollará una
comprensión teórica a cabalidad del movimiento popular en su totalidad porque
carece de los elementos de juicio necesarios para realizarla. La organización
sectorial, por su parte, no se puede hacer cargo de todas y cada de las demandas
locales que existan en su sector, debe, por lo tanto, generar las directrices generales
del sector en que se asienta. Por ejemplo, en el caso de los trabajadores forestales,
las diversas coordinadoras que allí existen intentaron realizar un petitorio de lucha
que reuniera las demandas comunes y más importantes de todos los sindicatos y
demás organizaciones de trabajadores del sector, pero no todos y cada uno de los
problemas que aquejaban a los trabajadores, pues ello además de ser imposible, si
no lo es, al menos entrabaría por años la posibilidad de generar una plataforma de
lucha común con la que enfrentarse a las grandes empresas forestales.
Por su parte, la existencia de una organización política de clase, con táctica y
estrategia clasista supone, a su vez, la existencia en su interior de componentes que
representan al conjunto de los diversos sectores sociales presentes en el país o en
un territorio determinado. Solo de esta forma es posible asegurar, aunque sea
mínimamente, la posibilidad de desarrollar una visión de conjunto que comprenda
la totalidad de las manifestaciones sociales y desarrollar la teoría revolucionaria
que requiere Chile en estos momentos. No basta con reconocerse Marxistas o
Leninistas, es necesario analizar y comprender la realidad socio económica chilena
teniendo como base la aplicación de las premisas filosóficas y políticas del
marxismo y las formas organizativas del leninismo, pero no su copia. Para esto es
necesaria la Organización Política y esta tarea no la pueden realizar
autónomamente ni las organizaciones locales ni las organizaciones sectoriales.
Ahora bien, en la reconstrucción del Movimiento Popular, y por lo dicho,
debemos ser cautelosos en las políticas que desarrollemos. La orgánica
revolucionaria debe ser capaz de reconocer cada uno de los espacios, y realizar un
trabajo eficaz respetando cada uno de ellos.
Por eso, al hablar de la interrelación que debe existir entre los 3 espacios, nos
referimos a que es impensable pretender construir una alternativa revolucionaria,
sin siquiera reconocer la realidad material en la que nos desenvolvemos.
Por tanto, el espacio global o multisectorial debe funcionar como señalamos
anteriormente, como síntesis del espacio local y el sectorial, o sea, donde
desarrollamos nuestro trabajo diariamente. Será un error si el espacio de síntesis no
da cuenta de las reales necesidades del Pueblo, caso en el cual terminaremos
elaborando tácticas y estrategias que no tienen correlato con la realidad, y que
representan más a la organización que al Pueblo.
La situación anterior se puede apreciar, por Ej., cuando el Partido
Comunista plantea como objetivos poner fin al Binominal con la consigna “No a la
Exclusión”; ¿Representan estos objetivos los reales intereses del Pueblo chileno?, ¿O
más bien son políticas elaboradas por un espacio político (el comité central), que no
se alimenta de la realidad, de lo que sucede en el día a día en las luchas sociales?
Podrá responderse que es sólo una táctica, pero sin duda dicha táctica no aporta en
nada para la reconstrucción del Movimiento Popular, ya que el Pueblo
simplemente no se siente identificado con estas consignas, porque no nacieron en su
seno. Las necesidades del Partido y su camarilla dirigente se hacen pasar como
necesidad del Pueblo, siendo que es necesario que las necesidades del Pueblo sean
los objetivos de la Organización Política.
La otra cara de la moneda la representa el basismo, típico de la inmadurez
política. Es decir, con el trabajo que se haga en el espacio local basta, sin dar cuenta
de la necesidad de realizar las síntesis que engloben a la totalidad de la realidad, e
ir dando de esta manera pasos seguros en la construcción, y no conformarse con
luchar en el sector natural, sino que proyectar la lucha al cambio revolucionario de
la sociedad. Este basismo reniega de la necesidad de construir junto al Pueblo la
teoría revolucionaria chilena para realizar la Revolución, pretende que con el mero
trabajo práctico (como si la teoría viniera del cielo) se solucionarán los problemas
sociales y que a partir de allí surgirá como por arte de magia la conciencia
revolucionaria en el seno popular. O, peor aún, señalan que basta con lo que se
sabe (en el fondo lo que los iluminados saben) no debiéndose entregar al Pueblo
más que las herramientas básicas indispensables para la solución de problemas
locales o sectoriales, no comprendiendo la necesidad de la lucha de clases como un
todo.
Por ello, los espacios no se pueden entender separados uno del otro, sino
que se relacionan dialécticamente. Para efectuar síntesis políticas efectivas, se
requiere conocer la realidad de los espacios sociales, realidad que sólo se conocerá
si es que trabajamos en ella y para que tenga sentido el trabajo local y sectorial
debe existir un espacio de síntesis (al decir un espacio de síntesis no se quiere decir
que exista un único espacio globalizador sino la necesidad de que exista dicho
espacio, que la construcción revolucionaria no carezca de desarrollo teórico no
estratégico con qué oponerse a los explotadores o a los reformistas no
revolucionarios) que complete el círculo de lucha revolucionaria.
La construcción que se vaya realizando debe ir dando cuenta de la dialéctica
entre lo parcial y lo global, pero siempre en todos los espacios debe contener las
expresiones políticas y sociales de dicho lugar, ya que sólo de esta manera
aseguramos que el Pueblo se sienta identificado con las demandas que se levanten,
por el hecho de que ellas nacieron del mismo. La Organización Política no puede
“inventar” las necesidades, sino que debe hacer valer las que luego del análisis
correspondiente emanen de la realidad, que repetimos, seremos capaces de
identificar si llevamos a cabo nuestro trabajo social práctico, como parte del Pueblo
que somos. Debe realizarse la unión dialéctica entre la Teoría y la Práctica, es decir,
deben dejar de existir como polos opuestos que se excluyen mutuamente como ha
sido la tónica de esta época.
Para concluir es preciso dejar claro que la Organización Revolucionaria debe
existir en todos los espacios señalados, no se presenta como la instancia de síntesis
que deja el trabajo práctico a los menos avezados y que se reserva la tarea de
elaborar teoría. La verdadera Organización Revolucionaria emana del Pueblo, se
reconoce como su organización, no lo suplanta, por el contrario busca generar a
partir de sus mejores exponentes las capacidades de elaboración teórica y práctica
en el seno mismo del pueblo, de los trabajadores, de los estudiantes, pobladores.
Sólo de esta forma se puede garantizar que paulatinamente mejores y mejores
cuadros participen en la dirección de su propia revolución, involucrando a la
mayor parte de la población conciente en la lucha.