católica y apostólica.

Confieso que hay un solo
bautismo para el perdón de los pecados. Espero
la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro. Amén

10. Plegaria Universal
S. Un papá, muy preocupado por su hijo en-
fermo, le pedía a Jesús que lo sanara de la
epilepsia que lo maltrataba. Jesús le preguntó
¿Tú crees que yo puedo curarlo? Y el hombre
se sinceró: Creo, Señor, pero aumenta mi fe…
y Jesús lo curó.
Sincerémonos nosotros también repitiendo:
Creemos, Señor, pero aumenta nuestra fe.
- En el Credo declaramos Creo en Dios Padre,
en su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo, en
la Iglesia, en la vida eterna. Para que los incré-
dulos que buscan razones válidas para creer, al
observarnos puedan convencerse de nuestra
convicción madura digna de fe. Oremos.
- Jurar sobre Santos Evangelios es dar fe de
que Dios certifica la veracidad de cuanto afir-
mamos. Para que jamás caigamos en la tenta-
ción de poner al Señor como garante de nues-
tros errores. Oremos.

- Jesús asegura que nuestra fe puede mover
montañas. Para que nuestra fidelidad al Evan-
gelio vaya elimi-nando tantas barreras de men-
tiras y maldades, empezando por casa, el ve-
cindario, nuestra comunidad, y siguiendo por
las estructuras sociales y políticas, implantando
el reinado de Jesús. Oremos.

- Por todos los que trabajan por la paz y el
bien, por la libertad y la justicia, por la recon-
ciliación y la fraternidad. Para que, confiados
en que Dios nos acompaña y da fuerzas, no nos
desanimemos ante las inevitables contrarieda-
des. Oremos.

- Por el descanso eterno de quienes nos prece-
dieron en la fe y en la caridad, para que
su ejemplo y su intercesión nos muevan a
redoblar esfuerzos, ple-namente confia-
dos en que la verdad y el amor triunfarán
para siempre y Dios será todo en todos y
cada uno. Oremos.
Oremos: Dios y Padre nuestro que nos das la
vida y, sobre todo, la fe, y nos enseñas tu ver-
dad por tu amado Hijo Jesucristo, haz que,
muy unidos en tu Iglesia y bajo la tutela del
Buen Pastor, construyamos la civilización del
amor, tú que vives y reinas eterna-mente.

11. Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que esta oblación borre nuestros peca-
dos, santifique los cuerpos y las almas de tus siervos y nos
prepare a celebrar dignamente las fiestas pascuales. Por
Jesucristo Nuestro Señor.

12. Monición de Comunión
Aquellos discípulos reconocieron a Jesús cuando partió el pan,
pero allí mismo desapareció de su vista colmándolos de gozo
profundo… tanto que corrieron a compartir su alegría con los de
Jerusalén. Nosotros ahora, juntos como hermanos, reconocemos a
Jesús al compartir el pan y el vino de su Cuerpo y Sangre. Cante-
mos…
Alma de Cristo
Alma de Cristo, Santifícame.
Cuerpo de Cristo, Sálvame.
Sangre de Cristo, Embriágame.
Agua del Costado de Cristo, Lávame.
Pasión de Cristo, Confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, Óyeme.
Dentro de tus llagas, Escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, Defiéndeme.
En la hora de mi muerte, Llámame.
Y mándame ir a ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amen.

15. Avisos parroquiales
Se comunica a los fieles que
comenzó la catequesis de Primera
Comunión y Confirmación, infor-
mes e inscripciones en secretaria
parroquial.
Se invita a las familias a partici-
par de las ofrendas dominicales,
inscribirse después de
la misa con los herma-
nos de liturgia.
Se invita a la comu-
nidad a pertenecer al
Misterio de Liturgia de
la parroquia San Juan
Bautista-Chupaca.
Las reuniones son los
lunes de 6:30pm a
8:00pm. Te
esperamos
UNETE.


Despedida
Habiendo reconocido a Jesús al compartir techo y pan con aquel
desconocido que se les arrimó en el camino. Hoy Jesús nos congregó en
torno a su mesa… que nos ayude a contagiar esta experiencia y alegría con
los que aún lo desconocen…
Nos retiramos cantando...


17 L
II Semana de Cuaresma
Daniel 9,4b-10; Sal: 78; Lucas
6,36-38
18 M
II Semana de Cuaresma
Isaías 1,10.16-20; Sal: 49; Mateo
23,1-12
19 M
II Semana de Cuaresma
Samuel 7,4-5.12-14.16; Sal: 88;
Mateo 1,16.18-21.24
20 J
II Semana de Cuaresma
Jeremías 17,5-10; Sal: 1; Lucas
16,19-31
21 V
II Semana de Cuaresma
Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28; Sal:104;
Mt. 21,33-43. 45-46
22 S
II Semana de Cuaresma
Miqueas 7,14-15.18-20; Sal: 102;
Lc. 15,1-3. 11-32
III. LITURGIA DE LA EUCARISTIA



ANO: 14 NUMERO:014 04 DE MAYO DEL 2014
Las dos primeras lecturas de hoy
nos ponen frente al testimonio de
Pedro, el príncipe de los apósteles.
En la primera lectura luego de afir-
marlos lo que los hombres hicieron
con Jesús. “Lo mataron en una cruz”
Afirma lo que Dios hizo “lo resucito
rompiendo las ataduras de la muer-
te”. La resurrección es la respuesta
benevolente del Padre a
la inicia acción de los hom-
bres con Jesús y a la
ofrenda de la propia vida
que Jesucristo hizo en la
cruz. Mediante esa
respuesta divina Jesús es
acreditado como Señor y
Mesías. Por eso en la
segunda lectura leemos la
reflexión inspirada en De
San Pedro “Por Cristo us-
tedes creen en Dios” Que
los resucito de entre los
muertos y le dio gloria y
asi han puesto en Dios su fe y su
esperanza.
Nuestra fe y esperanza se buscan
en la resurrección de Jesús, Su Re-
surrección es el signo elocuente
quede que el Padre no lo abandono
cuando los hombres lo rechazaron e
intentaron acabar con el. La Resu-
rrección permite a nuestro Señor
continuar presente en la historia de
los hombres como protagonista
otorgando la vida y salvacion. El
evangelio de hoy nos hace meditar,
que como los discípulos de Emaús ,
también nosotros caminamos por la
vida a veces desalentados, tal ves
cansados, quizá con un aire al fraca-
so pensando que el seguimiento de
Jesús no resuelve nada. “Nosotros
esperábamos que el fuera el futuro
liberador de Israel. Dijeron los ca-
minantes al desconoci-
do que se les aproximo.
En esa expresión
desilusionada se simbo-
liza nuestra posible de-
silusión, tal ves el can-
sancio de la fe, pero el
acompañante descono-
cido que eles explicará
el misterio del Mesías
sobre todo, se mostra-
rá a ellos en la fracción
del pan. Y ellos com-
prenderán que el Señor
Jesus esta vivo y se
hace compañero de camino-
Esta experiencia es la que vivimos
los católicos en la Eucaristia. A
través del misterio Eucaristico, Je-
sús el Señor se hace compañero de
camino. Nos nutre con su palabra ,
nos aclara el panorama de compren-
sión de la realidad, y en la fracción
del pan nos permite convirtiéndonos
en anunciadores de su presencia viva
y eficaz. Pbro. Pedro Hidalgo Díaz.
1. Antífona de Entrada (sal. 65)
Aclama al Señor, tierra entera; toquen en ho-
nor de su nombre, canten himnos a su gloria.
Aleluya.
2. Acto penitencial
3. Gloria
3.Oración Colecta
Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar
a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con
tu palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos
gozosos la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesu-
cristo.
4. 1ª Lectura (Hech 2,14. 22-33) )
Recibido el Espíritu Santo, Pedro y sus compañe-
ros anuncian al mun-do la resurrección de Jesús, y
ese anuncio recorre veinte siglos y hoy llega a no-
sotros…
No era posible que la muerte lo retuviera bajo su
dominio. El día de Pentecostés, Pedro, de pie con
los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: -
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis
palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escu-
chadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el
hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando
por su medio los milagros, signos y prodigios que
conocéis. Conforme al designio previsto y sanciona-
do por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano
de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo
resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no
era posible que la muerte lo retuviera bajo su domi-
nio, pues David dice:
"Tengo siempre presente al Señor, con él a mi dere-
cha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón,
exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu
fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sen-
dero de la vida, me saciarás de gozo en tu presen-
cia."
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El
patriarca David murió y lo enterraron, y conserva-
mos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profe-
ta y sabía que Dios le habla prometido con juramen-
to sentar en su trono a un descendiente suyo; cuan-
do dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su
carne no conocería la corrupción", hablaba previen-
do la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resu-
citó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos.
Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido
del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y
lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y
oyendo.» Palabra de Dios
5. Salmo Responsorial (Sal:32)
Señor, me harás conocer el camino de la vida.
Digamos con fe:

Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo
digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es
el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está
en tu mano. R/
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de
noche me instruye internamente. Tengo siem-
pre presente al Señor, con él a mi derecha no
vacilaré. R/
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis
entrañas, y mi carne descansa serena. Porque
no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu
fiel conocer la corrupción. R/
Me enseñarás el sendero de la vida, me sacia-
rás de gozo en tu presencia, de alegría perpe-
tua a tu derecha. R/

6. 2ª Lectura (1Ped 1, 17-21): Pe-
dro nos recuerda que, por el sacri-
ficio de Jesús, Dios nos rescató a la vida
de la gracia… por tanto, vivamos
como hombres nuevos, fieles a Dios, a fin
de que esa fe sea también esperanza. Escu-
chemos…
ENCONTRANDO LA FE - ciclo A - color: Blanco
Hermanos: hace quince días que venimos celebrando a Jesús, crucificado, muerto y sepul-
tado, y que al tercer día resucitó glorioso de entre los muertos, venciendo pecados y muer-
tes y convidándonos a compartir su victoria, a vivir la nueva vida, a un amor serio y madu-
ro con Dios y los prójimos y por eso venimos a celebrar esta Misa. Recibamos de pie al
padre que en nombre de Cristo celebrará esta misa y uniendo nuestros corazones y voces
cantamos con alegría…
I. MONICION DE ENTRADA
II. LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de la Carta del Apóstol San Pedro.
Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que
juzga a cada uno, según sus obras, sin parciali-
dad, tomad en serio vuestro proceder en esta
vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese
proceder inútil recibido de vuestros padres: no
con bienes efímeros, con oro o plata, sino a
precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin
defecto ni mancha, previsto antes de la creación
del mundo y manifestado al final de los tiem-
pos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis
en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y
le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vues-
tra fe y vuestra esperanza.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos , Señor.

7. Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya. En el esplendor de la nube se oyó
la voz del Padre: Éste es mi Hijo, el amado; escúchen-
lo>>

8. Evangelio (Lc 24, 13-35)
El Resucitado se acerca como al descuido a
dos discípulos que vuelven a Emaús
abatidos y arrastrando su desilusión
por la muerte de Jesús… una her-
mosa historia con un final muy feliz.
Lectura del Santo Evangelio
según San Mateo.
Dos discípulos de Jesús iban andando
aquel mismo día, el primero de la sema-
na, a una aldea llamada Emaús, distante
unas dos leguas de Jerusalén; iban co-
mentando todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús
en persona se acercó y se puso a caminar con ellos,
pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les
dijo: -«¿Qué conversación es esa que traéis mientras
vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados.
Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: -
«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no
sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pre-
guntó: -«¿Qué? Ellos le contestaron: -«Lo de Jesús
de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y
palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo
entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes
para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él fuera el futuro libera-
dor de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió
esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro gru-
po nos han sobresaltado: pues fueron muy de maña-
na al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso
vinieron diciendo que habían visto una aparición de
ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algu-
nos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo
encontraron como habían dicho las mujeres; pero a
él no lo vieron.» Entonces Jesús les dijo: - «¡Qué
necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera
esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por
Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo
que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la
aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante;
pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con
nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y
entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con
ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió
y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reco-
nocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: -
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por
el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levan-
tándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde
encontraron reunidos a los Once con sus compañe-
ros, que estaban diciendo: - «Era verdad, ha resucita-
do el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos
contaron lo que les había pasado por el camino y
cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti Señor Jesús.

9. Profesión de fe
“Luz de luz”, llamamos a Cristo.
Por eso, proclamemos con fe:
Creo en un solo DIOS, PA-
DRE todopoderoso, Creador
del cielo y de la tierra, de todo
lo visible y lo invisible. Creo
en un solo Señor, JESUCRIS-
TO, Hijo único de Dios, naci-
do del Padre antes de todos los siglos: Dios de
Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios ver-
dadero, engendrado, no creado, de la misma
naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra
salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíri-
tu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se
hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucifica-
do en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue
sepultado, y resucitó al tercer día, según las
Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la
derecha del Padre; y de nuevo vendrá con glo-
ria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no
tendrá fin. Creo en el ESPÍRITU SANTO, Se-
ñor y dador de vida, que procede del Padre y
del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una
misma adoración y gloria, y que habló por los
profetas. Creo en la iglesia, que es una, santa,

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful