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IGLESIA. CUANDO LA OPINIÓN SUSTITUYE A LA FE (Card. Joseph Ratzinger)

CUANDO LA OPINIÓN
SUSTITUYE A LA FE
Un fragmento del libro "El Pensamiento de Benedicto XVI", recopilación
temprana de utilidad para que el lector pueda anticipar muchas de las ideas que
influirán en las decisiones del actual pontificado. Editado por Libros Libres,
Madrid, 2005. Consiste en una selección extraida de la copiosa obra del
Pontífice, que sólo en español llega a 35 títulos.

Por Cardenal Joseph Ratzinger

Todo lo que hacen los hombres puede ser anulado por otro. Todo lo que proviene de
un gesto humano puede no agradar a otros. Todo lo que una mayoría decide puede
ser abrogado por otra mayoría. Una Iglesia que descanse en las decisiones de una
mayoría se convierte en una Iglesia puramente humana. Queda reducida al nivel de lo
factible y lo plausible, de lo que es fruto de la propia acción y de las instituciones y
opiniones propias. La opinión sustituye a la fe.

Efectivamente, en las fórmulas de fe acuñadas por uno mismo que yo conozco, el
significado de la expresión creo no va nunca más allá del significado pensamos. La
Iglesia hecha por sí misma tiene al final el sabor del «sí mismos» que a los otros «sí
mismos» no agrada' nunca y pronto revela su pequeñez.

El peligro de dividir a la Iglesia en una disputa de partidos

Como los corintios, también nosotros corremos peligro de dividir a la Iglesia en una
disputa de partidos, donde cada uno hace su idea del cristianismo. Y así, tener razón
es más importante para nosotros que las justas razones de Dios respecto a nosotros,
más importante que ser justos delante de Él. Nuestra idea propia nos encubre la
palabra del Dios vivo, y la Iglesia desaparece detrás de los partidos que nacen de
nuestro modo personal de entender. La semejanza entre la situación de los corintios
y la nuestra no se puede pasar por alto.

Pero Pablo no quiere simplemente describir una situación, sino sacudir nuestra
conciencia y volvernos nuevamente a la debida integridad y unidad de la existencia
cristiana. Por eso debemos preguntarnos: ¿qué hay de

verdaderamente falso en nuestro comportamiento?, ¿qué hemos de hacer para ser no
el partido de Pablo, de Apolo o de Cefas o un partido de Cristo, sino Iglesia de
jesucristo?

«Si no fuera por la Iglesia institucional...»

Tengo q u e reprochar la radical absurdidad que no raramente encuentro en
expresiones de sacerdotes buenos y diligentes cuando comentan: «Sí, el cristianismo,
cono lo presentamos, sería aceptado por la juventud, pero la Iglesia institucional nos
hecha todo a perder». No quiero detenerme en la tonta expresión «Iglesia
institucional»; el mayor peligro de esta absurdidad radica en la oposición que la misma
expresión encierra. Que a un grupo de jóvenes le sea más simpático su sacerdote que
el obispo es normal. Pero que acerca de, esta situación se construya la oposición de
dos conceptos de Iglesia, esto ya no es normal. De hecho, si la adhesión al
cristianismo no tiene irás en cuenta la totalidad de la Iglesia sino su imagen simpática
representada por un sacerdote o un dirigente laico, en este caso la adhesión está
construida sobre arena, sobre una distinción realizada por cuenta propia: es más
importante la capacidad específica del animador que el poder en el cual está inserto.

La Iglesia no es una organización humanitaria

El Evangelio no ha perdido su contenido y tampoco Cristo se ha marchado. No existen
estrategias para fabricar la esperanza: Cristo es la esperanza. Es necesario retornar
a su presencia y desde ella empezar nuevamente. Lo que es central debe seguir
siéndolo. La Iglesia ha equivocado el camino cuando se ha esforzado por mostrarse
útil y buena como organización humanitaria, sin el testimonio de Cristo y de Dios.
Está claro que el compromiso social de la Iglesia es de máxima importancia, como
tarea que le fue encomendada por el Señor. Pero debe ser evidente que la Iglesia no
es una mera organización de acción social, sino que su acción nace de una fuerza de
amor más profunda que se comunica con toda sencillez y que la Iglesia existe no
porque nosotros queramos estar en el candelero, sino porque «el amor de Cristo nos
empuja».
IGLESIA. CUANDO LA OPINIÓN SUSTITUYE A LA FE 03/05/2014
http://arvo.net/iglesia/iglesia-cuando-la-opinion-sustituye-a-la-fe/gmx-niv489-con8888.htm 1 / 2
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No era esto lo que quería el Concilio

Resulta incontestable que los últimos veinte años [habla en 1986] han sido
decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido
al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por
las del Papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son de nuevo
minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la Antigüedad. Los Papas y
los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una
división tal que en palabras de Pablo VI se ha pasado de la autocrítica a la
autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo y se ha terminado con demasiada
frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia delante y nos
hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado
en buena medida bajo el signo de un presunto «espíritu del Concilio», provocando de
este modo su descrédito.


Etiquetas: Dictadura del relativismo, J. Ratzinger.Benedicto XVI, Relativismo, certeza, libertad de opinión
Enviado por Libros libre - 19/05/2005
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