extáti co, eh espera de la luz que vendrá tras ia tormenta.

Ese rever-
decer eterno que salía de la fineza de sus manos, no podrá ser coro-
nado en la rudeza mortal de las rnancis mías. Había en su alma un
gra n silencio. Y su si lencio eclipsará la voz de mis palabras.
Presinti endo su fin ineludible, la Santa rogó a María de Uzátegui
que ell a, y sólo ella, la amortajara. Luego ll egó marzo con sus Idus
y sus influencias sat urnales. Entonces le rogó que no le negase el
agua, porque en aquel momento tendría inmensa sed. Su sed terrestre
no pudo ser calmada. Su tormento la impulsó a la transfiguración.
Sus últimas palabras cortaron la atmósfera, como puñales cercenando
el fowro, corn o signos precursores de la Gra n Revolución .. »
WALno Ross
Department of Hispani c Srurli es
University of Glasgow
GLASCOW, Scotla nd (ENCLANn)
...    
636
 
TENDENCIAS Y GRUPOS POLITICOS
EN LAS CORTES DE CADIZ Y EN LAS DE 1820
POR
Ri\UL MORODO y ELTJ\S Dl AZ
La Ciencia Política en España, en aquell a parte que se refi ere a
los partidos polí ticos y grupos de presión, carece tanto de un ade-
cuado desarroll o sistemát ico como de un tratami ento concreto de te-
mas especial es. Prúcrica mente no existen trabajos, ni sociol ógicos en
el sentido moderno del término, ni siqui era hi stórico-doctrinales de la
evolución fas -grupos y partidos políticos durante el siglo pasado y
el actual. En ese campo podemos encontrar cróni cas políticas, hi storia s
políti cas, pero no sociología polít ica. Sin embargo, la constatación de
esre hecho no impide afirmar que ese retraso es también un retraso ge-
neral - europeo y ameri cano- y que los est udios realmente serios sobre
este terna surgen, precisamente, corno reacción a los partidos, corno
críti ca a su funcionamiento y a su estr uct ura interna: así se ha creado
b rn 0<lerna est:.lsiología en las obras, por ejempl o, de Mi chels y Ostro-
gorski (1).
Es también importante constatar, por otra parte, que la sociología
que empi eza a extenderse cae baj o Ja críti ca de C. Wri ght Milis, que
sigue siendo muy efi caz contra las tendencias tecnocráti cas y «desideo-
logizadasn (2). Desde este punto de vi sta, el presente trabajo de socio-
logía polít ica quiere situarse en una línea de objetividad científi ca. Pre-
cisa mente por esa razón, en las dos partes en que hemos dividido la
_..f;;:.::.:.:;,¡;. ( 1) Es- evidente que esta laguna no es exclusivamente española, sino.
sultado general de la ciencia política. La preocupaci ón por la base estructural
y funcional d e los partidos es mu y recient e. En general , Cfr. DuVERCF:R: Los
J•arl.i dns jJOlíticos . FCF, Méxi co, 1957, pp. 7 y ss. E n España, . exceptuando al-
glm pequeño foll eto, como e] de Foz, y ias referencias general es de Hi storia
Polic.ica, no ex iste hasta Borrego (1855) una obra sobre g rupos o partidos polí -
t icos. Un criterio neutral y científi co sobre los grupos y partidos no ha sido
hecho. Incl uso, los comentarios hi stori ográfi cos publicados recientemente siguen
de este criceri o ideo16gi camente muy comprometido. Así, por ejem-
plo, F EHNÁNDE·z DE LA MonA: «La estasiologia en Espafl an
1
en Revista de Estudios
l'o/í licos 166 ( 196 1). ·
(o) Véase especi alment e S ociological Tmagi11alio11, New York, Oxford Uni -
versit y Press, 1959, y un excelente artícul o : JHM Plm Realil y Plus H11ma11i.H11
Sociology, recogido en l ibro Power J'olilics ami Peoj1le, ed. por l. L. Horowit z,
New York, 1963, pp. 568-576. (Cfr. el trabajo de MANUEL MALDONADO ÜENIS
sobre C. Wrig /1 1 Mili s ( 1916- 1962): soci ólogo crí ti co y crílica de la sociología
en el Bolet ín Informativo del Semina rio de Derecho Políti co de Ja Universidad
el e Salamanca, n1'1mero 3 1, mayo 1964, pp. 05-38).
637
I
indagación están   los datos sociológicos y los, diríamos para
simplificar, ideológiccis:doctrinales: en la primera, referida a las Cortes
de Cádiz, se· acentúa el carácter sociológico de la investigación; en la
segunda, Cortes de 1820 y trienio liberal, prevalecen los aspectos crítico-
valorativos siempre, y esto es decisivo, en íntima conexión con los da-
tos sociológicos anteriores. Creemos así obviar tanto las objecciones a
la sociología neutrali sta como a la filosofía social «culturalista» falta de
asiento en la realidad.
Dividimos, por tanto, el presente trabajo en las dos partes men-
cionadas, correspondiente cada una a uno de los períodos estudiados,
insistiendo, a la vez, en la esencial conexión existente entre ambos:
I. Tendencias y grupos políticos en las Cortes de Cádiz.
II. Las Cortes de 1820 y el trienio liberal: grupos políticos.
Los grupos cuya existencia queda sociológicamente constatada en
las Cortes de Cádiz vienen después esrndiados, en relación .con el con
tenido de sus ideologías, en las Cortes de 1820 y el trienio liberal,
sobre todo a través de la actividad legi slativa de las Cortes y de los
debates más importantes en ellas celebrados.
l. TENDENCIAS Y GRUPOS POLITICOS EN LAS CORTES
DE CADIZ
INTRODUCCIÓN
La parte primera de este trabajo, referida enteramente a las Cortes
de Cádiz, pretende ser· ufür aproximación al estudio doctrinal-socio-
lógico ele los grupos políticos exÍstentes en dichas Cortes. Partimos,
pues, del supuesto siguiente: se trata de un trabajo susceptible de
una reelaboración complementaria, en cuanto que los datos y fuentes
que sobre este tema exi1lten son realmente insuficientes. Así, por ejem-
plo, esta tarea resultaría más asequible referida a las Cortes Republi -
canas de 1931 a 1936, en donde disponemos de obras directas o indi-
rectas en mucho mayor número. Pero, en el período doceañista, la
ausencia ele datos es sorprendente. En los mismos Diarios de Sesiones,
por ejemplo, no hay constancia, muchas veces, de las votaciones no-
minales. Gracias a algunos libros y periódicos hemos podido obtener,
de manera indirecta, y completando datos, los nombres de los Dipu-
638
é::c? ",;,.'"
    ...
••
"'
tados y sus votaciones con respecto a las resoluciones prellentadas en
Cortes. Y, ·sobre todo, más difícil todavía, averiguar la profesión (3).
Hemos adoptado, como prqblemas representativos, los tres siguien-
tes: 1) La abolición de la Inquisición, en cuanto problema político-
religioso, que afectaba esencialmente a la estructura del antiguo ré-
gimen; 2) libertad de imprenta, en cuanto problema político-cultural,
que nos sirve de índice del impacto liberal cultural europeo; y 3) abo-
lición de los señoríos jurisdiccionales, en cuanto problema socio-eco-
nómico.
En todo el período inmediatamente anterior a las Cortes de Cádiz
no hay realmente partidos políticos. Duverger ha puesto en claro que
los partidos, tal como hoy los entendemos y funcionan, no surgen
hasta mediados del siglo XIX. El partido político entendido como re-
sultado de dos factores: estructura ideológica y estructura organiza-
tiva o institucional (4). Antes de las Cortes de Cácliz, hay, en España,
tendencias políticas que pueden considerarse constantes en tOdo el
proceso del siglo xvm: pequeños grupos ideológicos, a veces, simples
camarillas, asentados siempre dentro del «sistema antiguo-régimen».
En otras palabras: no hay apenas discrepancia fundamental con res -
pecto a las cuestiones esenciales del sistema político absolutista: la
actitud má1l extrema, más crítica al sistema, la constituye el «revisio-
nismo político desde el interiorn (5). Así, por ejemplo, no hay que
olvidar que incluso en el período más exaltado de las Cortes de Cádiz
no hay un republicanismo explícito o considerado viable. Las ideas de la
Ilustración francesa fueron entrando lentamente en España, pero su
operativid.ad ,real estaba muy condicionada a una resistencia ele siglos.
En todo caso, su influencia fue reducida y minoritaria. El P. Feijoo es
un ejemplo típico, con intento de unificar los criterios tradicionales y
modernos (6) .
(3) Cf. FERNÁNDEZ MARlÍN : Derecho parlamentario espmiol, Madrid, Imp.
Hijos A. García, y tomo 11, p. 286; se lamentaba de la inexistencia de colec-
ciones completas de este período.
(4) Cf. DuvERGER: Los partidos políticos, op. cit., pp. 13 y ss.
(5) La obra fundamental y clásica sobre el siglo xvm, sigue siendo la de
SARRAILH: L' EsfJagne éclairée de la secon.de moilié du XVIII siécle, París, Imp.
Nationale, 1954.
(6) El tema, naturalmente, se vincula al problema de la decadencia espa-
fiola. Cf. FRAY BENITO JERÓNIMO FEIJOO: Teatro crit ico universal y cartas eru-
ditas, selección, estudio preliminar y notas de L. Sánchez Agesta. Madrid, IEP,
1947. Introd. pág. XII. Coherente con esta intención conciliadora está la tesis
de la invención de la tradición para justifi car la modernidad. Así, TrERNO GAL-
VÁN: Tradición y 1nodernism.o, Tecnos, Madrid, 196'2, en donde afirma: «Elu-
diendo el nivel de las supersticiones, que Feijoo rechaza de modo radical,
quedan las otras dos, cuya aceptación está condicionada por este principio:
At estiguar que la tradición cultural española tiene los mi smos títulos que la
francesa o la italiana, por ejemplo, para llamarse tradición europea. Análoga
en su posición con relación a la histori a de España: demostrar que la historia
de España y los españoles son parte esencial de la 'hi storia de Europa. Esto sig-
639
- .. ..
Desde el punto de vista de las tendencias políticas, encuadradas
en grupos informales, podríamos reducirlas, en términos generales,
a tres :
a) Grupo absolutista. - Es un grnpo, preferentemente, acrítico
e inerte. Los problemas político-culturales, constantes desde el si-
glo xv11, sobre la decadencia española; los problemas socio-económi -
cos: aumento de población e intento de racionalizar la vida agraria,
son temas ajenos a este gru¡;io (7). Es, en general, un grupo sin con-
ciencia Ele la crisis prnfunda. del viejo sistema ccaustracista» imperial.
Es el grupo conservador total: las cosas deben r¡uedar como están.
En este grupo, fuertemente vinculado al poder y a las estructuras del
poder, hay que incluir a la aristocracia terrateniente, a la aristocracia
concejil, al Clero y a las propias universidades. Las universidades y
· Jos colegios mayores fueron el · foco de la réa·cción en todo? el si-
glo xvm. Carlos III llegó a suprimir los colegios mayores por s.P reac-
cionarismo a ultranza. Los criterios científicos y modernos estuvieron,
en su mayor parte, marginalizados de la vida universitaria y ads-
critos a centros particulares. También los gremios, con su corpora-
tivismo cerrado, contribuían a la permanencia de la situación abso-
lutista.
b) Grupo refon11.ista.-Es el grupo político que tiene conciencia
del cambio social e ideológico que se avecina e intenta controlarlo.
Es, ante todo, un grupo ilustrado. Cree en el dirigismo cultural, na-
turalmente minoritario o elitista. Por otra parte, considera necesario
una apertura a. Europa, pero sin olvidar las llamadas «tradiciones
españolas», es decir, su legitimismo monárquico y ·su catolismo. En el
orden económico, están preocupados por el problema de la «reforma
agraria» {8). Más tarde, . el jovellanismn encarn;rrá y pobrizad este
nifica que es necesario inventarse, en cierto tnodo, una 1 radición. Los cmnicnzm;
riel siglo xv111 suponen para los eruditos españoles la necesidad de comenzar de
nuexo interpretando la perspectiva europea representada por la mentali\lad na -
cionalista y científica de Francia e Inglaterra y sus zonas de influencia cul-
tural», pp. 137-138.
(7) En 1594, la población era de 8.206.791; en 1797, de rn.541.221, y en 1857,
de 15.4:;4.51 4. Cf. TAMAMES: Estructurn económica de Espaíia, Sociedad de Es tu
dios y Publicaciones, Madrid_, 1960, pp. 10-11.
(8) Jovellanos, se ha señalado, sistematiza la constante preocupación Jos
probl emas de la tierra, que habían desarrollado los escritores y economistas ele
los siglos xv1 y xv11. Dice: uJovellanos ha visto claramente que en la España
ele su tiempo el poder político que sostienen Jos privilegios e impide · el desarrollo
de la libertad, pro,•iene del régimen de propiedad de la tierra. Si la
tie'n'á es libre lo serán los hombres que viven en ella. La reforma de nuestra
Constitución ha de salir de una revisión constitucional de la propiedad de la
tierran, Cf. ANDRÉS ALVAREZ: Prólogo al Informe sobre la Ley Agraria, de
G. M. fovellanos, IEP, Madrid, 1955, p. 23.
640
..),:
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grupo hacia una actitud anti-revolucionaria , pero siempre con Ja con-
ciencia de que el sistema absoluto está necesitado de reforma (9).
c) Grupo radical.- Es el grupo más europeo, más coherente con
el pensamiento políti co y social <le la ilustración europea: repudia
totalmente la acción política española del mesiani smo imperial del
sistema austracista y exige transformación sadical. En el orden cul-
tural, introduce el pensamiento enciclopedista francés: la mayoría
de sus miembros tienen contactos personales o epi stolares con los
ilustrados europeos. Consecuentemente, son regalistas: control de la
presentación de Prelados y supremacía jurídi ca del Estado. El Con-
cordato de 1753 es el resultado de esta concepción ideológica-regalista.
En el orden económico, coinciden con los reformistas en la necesicbd
de la reforma agraria y en la colonización o repoblación de ciertas
regiones_ españolas. La política de Ola vide so_bre la . colonización · _de
Andalucía y las pragmáticas de Aranda sobre la reforma agraria son
ejemplos de esta actitud económico-soci al.
Estas tendencias, naturalmente aproximativas y esquematizadas sin-
tética1)1ente, van a sufrir un impacto considerable con el hecho deci-
sivo la Revolución francesa. Se puede afirmar, como hecho his-
verificable, que la Revolución fran cesa conservaduriza las
tres tendencias mencionadas anteriormente. Por una razón clara :
tanto el reformismo como el radicalismo, y naturalmente mucho más
el grupo absolutista, son actitudes de revisión desde dentro del sis-
tema. La Revolución francesa desvela una realidad: el nacimiento
de una nueva clase social, la burguesía, c¡ue no admite componendas
con el antiguo régimen: que quiere el poder. Los miembros de los
tres grupos políti cos citados son esencialmente aristócratas o altos fun-
cionarios vinculados, psicológica y socialmente, al sistema absolutista.
Por eso, un radi cal del siglo xvrn corno Floriclahlanca, se convcrtiri"t
en opositor decidido a la convocator.ia de Cortes segím un procedi-
miento nuevo, apoyando el tradi cional el e los brazos. La Revol11ció11
francesa, como después la Hevolución rusa, asustó a tori os. El caso de
Jovell anos es, probablemente, d m;[s 9Jaro. Jovellanos representa el
liberal del despoti smo ilustrado; social' y políticamente es un abso-
lutista que tiene miedo al futuro, aun cuando esto no le impida cri-
ticar al pasado y al presente (10). Tal vez, Burke sea, en algunos
aspectos, el que más se le asemeje. Hasta cierto punto, Jovcll anos,
(9) Esta tesis la hemos sostenido ampli3111cnte en Mo1<ono: Ln rcfnr111n
co11slit11cional e11 .fnvellanos y Mart íncz Marina, Boletín Informat ivo del Semi
nario ele Derecho Político, Universidad de Salamanca, número 29.
(ro) En el artículo dtado en Ja nota anterior, Raul Morado ha desarrollado
el proceso de la actitud de los centrales- sobre Ja convocatoria de Cortes y, sobre
tocio, el intento de justificación de Jovellanos en su «Memoria».
641
corno Burke, más que un contrarrevolucionario, en el sentido francés,
es un antirrevolucionario (11). Por revolución hay que enteIJde_.( lo
que en aquella época se entendía: que la soberanía residía en el .:pue- ·
blo y no en el rey. Revolución era equivalente a constitución liberal.
En este sentido, el jovellanismo es la actitud revisionista del sistema
absoluto, es decir, un neoabsolutismo. Aplicado a nuestra actualidad,
el jovellanismo sería un neo-conservadurismo: un seudo-cambio en
las estructuras ( 12).
El impacto de la Revolución francesa se constata, sobre todo, ·en
el grupo, muy reducido, liberal-progresista que existe en las Juntas (13).
Surge, en estos momentos, una opinión pública que se va a plasmar
informalmente en las distintas tendencias y grupos de las Cortes de
Cádiz. Ya en el problema de la convocatoria a Cortes -según el cri-
terio tradicional o moderno, a imitación del francés- se vislumbran en
las Juntas tres grupos con perfiles diferenciados. Un conservador, como
Rico y Amat, lo constata así:
«Reunidos, por fin, en Aranjuez los representantes de las provin-
cias, instalase allí la nueva Junta con el título de Suprema Central y
Gubernativa del Reino, compuesta últimamente de 35 individuos, que
eligieron por su Presidente al Conde de Floridablanca. Como en toda
reunión política, estaban representadas en aquélla lo pasado, lo pre-
sente y lo porvenir, o sea, el elemento reaccionaTio, el moderado y el
progresista. Personificaba el primero el autorizado y respetado Pre-
sidente, quien demasiado apegado a la antigua monarquía y debili -

tado por los años no podía coro-prender el cambio radical en la polí-
tica ... Más prudente, más prev.isor, más liberal, el ilustre Jovellanos
defendía con sus consejos y di scursos un sistema más templado de
gobierno, compuesto de dos cámaras que equilibrasen el poder tradi-
cional del monarca y las exageradas aspiraciones populares. Conse-
cuente, este grande hombre de Estado, en su sensato sistema de amal-
gamar la tradición con el progreso y lo pasado con el porvenir, para
perfeccionar y consolidar lo presente, sostenía en sus escritos, al abrirse
poco después las Cortes de Cádiz «que una Constitución debía , ser
el conjunto de leyes, usos y costumbres de un pueblo, afianzada y
reverenciada por haber resistido largos años y estar como descono-
cido su origen». He aquí como opinaba aquel sabio repúblico sobre

(11) Cf. TIERNO GALVÁN: Prólogo a Ja traducción de la obra de Bu.rke,
Reflexiones sobre la Revolución fran cesa, IEP, Madrid, 1954. Tesis que ha,,;.;i m-
pliado en su libro Tradición y modernismo, op. cit., pp. 115 y ss. ·;-
(12) Nos remitirnos a la bibliografía que se inserta en el artículo citado de
Raul Morodo. ,
(13) Sobre las Juntas y la consulta al país, Cf. ARTOLA : Los orígenes de la
España contemporánea, Madrid, IEP, pp. 147 y ss. En el tomo II se recogen Ja,
respuestas de Jos diversos estamentos y personalidades.
642
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la formación del nuevo código político, que en las referidas Cortes se
confeccionaba: «Oigo hablar mucho de hacer en las Cortes una nueva
Constitución y aun de ejecutarla, y en esto sí que, a mi juicio, habría
inconveniente y peligro. ¿Por ventura no tiene España su Constitu-
ción? Tiénela sin duda. Porque ¿qué otra cosa es una Constitución
que el CQnjunto de leyes fundamentales que fijan el derecho de}
soberano y de los súbditos y los medios saludables de preservar unos
de otros? ¿Y quién duda que España tiene estas leyes ·y las cono-
ce ... ?». Entre ambos partidos, que se disputaban el influjo y dominio
de la Junta General, movíase ya, aunque sin éxito, un tercero, capi-
taneado por don Lorenzo Calvo de Rozas, quien aficionado por demás
a la Revolución de los franceses, a quienes ·había combatido, sin em-
bargo, en Zaragoza, defendiendo la     de Fernando VII, tra-
taba de ensayar en su país el sistema revolucionario con cámara única,
nulidad del trono y soberanía nacional, como se estableció posterior-
mente en el año 10» (14).
Estos tres grupos a que hace referencia Rico y Amat, y que perfi-
lamos anteriormente -reaccionario, moderado y liberal- van a apare-
cer en los más importantes problemas debatidos y votados en las
Cortes. En este traba jo determinaremos no sólo las tendencias políti-
cas, sino también la actitud profesional de los diputados. Hemos tra-
tado de p.oner en relación dichas tendencias, con los diferentes esta-
mentos profesionales de la época, a fin de llegar a una aproximación
sobre el componente profesional, social y, hasta cierto punto, econó-
mico de ¿ da una de las tendencias políticas señaladas. Este análisis, ·
montado sobre el dato profesional, debería ser completado con otros
sobre la edad, procedencia regional, estado civil, etc., como se han
hecho en otros países. No obstante, aparte razones de mayor o más
bien de relativa asequibilidad, hemos elegido el factor status profe-
sional por considerarlo el más importante, como el que más condi-
ciona la actitud y comportamiento político. En este sentido, hemos
agrup.ado a los diputados de Cádiz en cinco profesiones o status:
eclesiásticos, militates, funcionarios, comerciantes y terratenientes. So-
bre esta clasificación conviene hacer notar: a) Que se trata de una
clasificación aproximativa, no exacta. b) Que, incluso, muchas veces,
el profesión no es totalmente correcto: Sería mejor hablar
de estamento. e) Que incluímos en el grupo terrateniente, a los Diputa-
dos de profesión indefinida, o sin profesión conocida, cuyo título de re-
presentación viene dado realmente por el hecho de ser grandes propie-
tarios de tierras. Fernández Almagro habla de 308 Diputados; Tuñón
(14) Ru;:o Y AMAT: Historia política y parlamentaria de España, Madrid,
1861, tomo I; p. 16o. >.
643
J
de Lara de 296; si n embargo, ·hemos _trabajado, a efectos de este
es tudio sólo sobre 205, de los cuales poseemos datos más ciertos (15).
Incluímos a continuación el cuadro número 1, en donde se encuen-
tra l<J:. composición profesional de Cortes, en base al número c;_itad(.)
de Diputados: ·.
Procesión
r-·úmero
Porce11La.jes
de Diputados
---
Edesi;ísti cos
47 '22,9
Militares 28 13,6
Funcionarios
75 36,5
Comercia ntcs
s
'2,4
Terratenientes
.5º
24,6,
- - - -
TOTAL
205
100
Al objeto de limitar de algún modo nuestra investigación, hemos
tra bajado sobre los datos de tres problemas representativos que, como
hemos dicho, son: Inquisi ción, imprenta y señoríos jurisdi ccionales.
Las inci dencias y resultados de las votaciones fueron los siguientes:
"
A) ABOLICIÓN DE LA WQUISIC!ÓN
Los debates sobre la Inquisición fueron de los más importantes
<1ue tu vieron lugar en las Cortes de Cádiz. A favor y en contra se
leyeron y se pronunciaron di scursos, desde el punto de vista pa1·la-
rnenta ri o, ·de una gran erudición y elocuencia. Uno de' ellos en contra
de b Inqui sición, fue debido a Rui z Padró11 (16). Como ha afirmado
( 15) FERNÁNDEZ ALMAGRO: Orígenes del régimen constitucional en E•/imia,
1   Barcelona, p. 82. Loo 308 Diputados por él citados est;ín repartidos progresi-
vamente ele" la sigui ente 97 eclesiásti cos, 8 títul os del Reino, 38 militares,
16 catedráti cos, 6o abogados, 55 funcionarios, 15 propietari os, 9 marinos, 5 co-
merciantes, 4 escri tores y 2 médicos. TuÑÓN DE LARA, en su obra La Espaiia
del siglo XIX (1808-1914); Club del Libro Español, París, 1961 , p. 335, nota 7,
da.sifica así_ a los 296 Diputados que cita: 90 eclesiásticos, 56 abogados, 30 mi-
litares, 9 marinos, 15 catedráticos, 14 nobles, 8 comerciantes, 1 médi co, 1 bachi-
IJ er, 1 arqui tecto, 2 escritores, 49 funcionarios o dignatarios del antiguo régimen
y 20 sin profesión determinada.
(16) Las proposiciones el e Ruiz Padrón, fraile franciscano, se reducían ;r
lrcs: <({/ ) Que el Tribunal de la Inquisición es enteramente iní1 ti l en la Iglesia
de   b) Qne este Tribunal es cliametralinente opuesto a la sabia y religi osa
Constitución que V. M. ha sancionado y   han jurado los pueblos. e) Que el
Tribunal ele la Inquisición es no solamen te· perjudi cial a la prosperidad dél Es-
tado, sino contrario al espírit u del Eva ngeli o que dice querer defender. » EL: texto
se epcuentra en el Boletín Informativo del .Seminai·io de Derecho Político, Uni-
versidad ele Salamanca, 26 (1961), 149-183.
644
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1
el Profesor Llorens: «El debate de la Inqui sición, que duró desde el
4 hasta el 22 de enero de 1813, y que por su importancia las Cortes
hi cieron imprimir en volumen aparte _del Diario de Sesiones, e_s pr9-
b;iblemente único en la hi storia moderna, tanto por
el objeto tratado corno por el tono que se di o a la discusión y a la
circunstané.i a que la acompañaron. Se trataba nada menos que de
acabar cori; la Inqui sición en el país de la Inqui sición, y en una asam-
blea en élónde la tercera parte de los Diputados eran eclesiásticos.
Teólogos .. & canonistas muy doctos, jansenistas tmos , ulti"amontanos
otros, liberales o serviles, como ya empezaban a decirse; bien que
todos cat6Ji cos, tomaron parte muy activa, como era natural, en la
discusión .del dictamen presentado par la Comi sión de Constitucióh
de las CÓrteSll (17). El problema fundamental del Decreto, que más
tarde, ya aprobado, se denominaría cc Decreto sobre la abolición de la
Inqui sición y establecimiento de los t·ribunales protectores de la fe>l (18)
era -Ja siguiente proposición: ccEl Tribunal de la Inqui sición es in-
compatible con la Constitución)) (19). En el cuadro número 2 se espé-
ci fi ca el número de Diputados votantes y presentes que sumaban un
total de 150. En el cuadro número 3 se examina el porcentaje de Dipu-
tados que se manifestaron a favor de la proposición ·en número de 90;
y, finalment e, en el cuadro número 4 partidarios del
mantenimiento del tribunal, en número de 60. En estos cuadros hemos
señalado la profesión y la conexión existentes entre profesión y voto a
favor y en contra.
Como se puede observar, el grupo más cualifi cdo por su stat us era
el edesiástico; 32 Di putados votaron por l_a
de la Inquisición y solamente 11 se manifestaron por la aboli ción . . Es
evidente que el grupo eclesiástico, salvo una minoría liberal muy ilus-
trada , como por ejemplo Muñoz Torrero o Rui z Padrón, seguían ;ipe-
gados al catolicismo tradicional antiliberal. El grupo militar y la nueva
clase social que surge, los comerciantes, signific;iron, en -esta cuestión,
el elemento más liberal y progresista: De 22 mili tares, que tomaron
parte en la votación, sólo dos votaron en contra de la proposición.
( 1 7) LLOllÉNS: l 11.lrod11ccirín ni discurso de Huiz Padrón e11 las Corles do
Cádiz sobre la a/Julición de la Inquisicr'.ón, en el Boletín Informativo del Semi -
nario ele Derecho Políti co. Uni versidad el e Salamanca, 26 (1962), p. 148.
( 18) Diario de Sesiones de las Cortes Generales .;_f Extraordinarias. Di scusión
cl cl Proyecto el e Decreto sobre el Tribunal ele la Inquisición, Madri d, 1870,
tomo VI, p. 4532.
( 19) D_iariu de Sesiones, l. VI, p. 4434·
, ...
645
Menos interesados por este problema, más ideológico y jurídico que
económico, los terratenientes se escinden en dos grupos de proporcio-
nes similares. Finalmente, los funcionarios se pronuncian, en su ma-
yoría, por la aboli ción del Santo Oficio.
Conviene no olvidar que aunque el Decreto, aprobado por 90 votos
contra 6o, abolía la Inquisici ón, en el artículo 1.º se- hacía una referen-
cia explícita a la protecci ón de la Religión Católica, y que en el artícu-
lo 3.º del mismo Decreto se afirmaba lo siguiente: «En su consecuencia,
se restablece en su primitivo vigor la Ley 2.', título XXVI, partida 7.•, en
cuanto deja expeditas las facultades de los Obispos y sus Vicarios para
conocer en las causas de fe, con arreglo a los Sagrados Cánones y De-
recho Común, y las de los Jueces seculares para declarar e_ imponer a los
herejes las penas que señalan las Leyes o que en adelante sefialaren. Los
Jueces eclesiásticos y seculares procederán en sus respectivos casos cón-
forme a la Constitución y a (20). De igual forma en el «Ma-
nifiesto en que exponen los mot ivos del Decreto de 22 de febrero de
181y>, es decir el Decreto de Abolición; se insiste en la defensa de la
Religión Católica, aun cuando se ataque el procedimiento que la In-
quisición ha seguido desde que llevaba funcionando (21).
CUADRO NUMERO 1
Total de diputados que votaron la proposición siguiente: «El Tribunal de la
Inquisición es incompatible con la Constitución»
Profesión
Eclesiásticos
Militares
Funcionarios
Comerciantes

TOTAL
(20) Diario de Sesiones, t. VI, p. 4531.
(11) Diario de Sesiones, t. VI, pp. 4533-35.
G4G
Número
de Diputados
43
12
58
2
25
150
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l
1

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1

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CUADRO NUMERO 3
Diputados que votaron a favor de la proposición (22)
Profesión
Número
"
Porcentajes
de Diputados :
Eclesiásticos 11 12,3
Militare& 10 22,2
Funcionarios
45 50
Comerciantes 2 2,1
Terratenientes 12 1
3·3
TOTAL
90
100
CUADRO NUMERO 4
Diputados que votaron en contra de la proposición (23)
Profesión
Número
de Diputados
Porcentajes
---
Eclesiásticos 32 53,3
Militares 2
3,3
Funcionari os 13 21,7
Comerciantes o o
Terratenientes 13 21,7
TOTAL 6o 100
(22) Votaron a favor de la proposición, es decir, en pro de la abolición de
la Inquisición, los siguientes diputarlos: Agui rre, Alonso López, Andurza, Ar-
giielles, Arostegui, Avila, Bahamonde, Calatrava, Calello,_ __ qaneja, Campany,
Castillo, f'_.erero, Circar, Clemente, Conde de Puñoenrrostro, ContQ, Dueñas,
Eguia, Escudero, Espiga, Esteller, Felíu, Gallego, García Herrero, Gaván, Gi-
raldo, Golfin, González P., Gordillo, Goyanes, Herrera, Inca, Jauregui, López
de la Plata, Luján, Llorena, Lloret, Manián, Martínez (José), Martínez Tejerla,
Mejía, Mendiola, Moragues, Morales del Río, Morejón, Munilla, Muñoz Torrero,
Navarro, Navarrete, Obregón, Oliveros, Olmedo, Ortiz, Páez de la Cadena, Pala-
cios, Parada, Pascual, Pelegrín, Pino Polo, Porcel, Power Ramos Arispe, Ries-
co, M. Riv,i;ro, Rives, Rocafull, Rodrigo, Ros-, Ruiz Padrón, Saboriego, Salas B.,
Salazar, Sexpa, Sufriategui, Terán, Toreno, Torres Macho, Traver, Utgers, Val-
cárcel, Da(o, Vázquez Aldana, Vázquez C., Velasco, Villafañe, Villanueva, Zo·
rraquín, Zumalacárregui y Zuazo.
(13) Votaron en contra de la proposición, es decir, en contra de Ja· aboli-
lición de la Inquisición, Jos siguientes diputados : Aites, Alcama, Andrés, Aparici,
Aznares-, Bárcenas, Barín de Casa Blanca, Borull, Caballero, Cañedo, conde de
Buenavista, Creuz, Dou, Foncerrada, García Coronel, Garcés, Gordoa, Guereño,
Inguanzao, Key, Larrazábal, Lera, López dd Pan, López Simón, Leados, Llamas,
Llaneras, Martínez (Bernardo), Melgarejo, Morales Gallego, Morros, Nieto, obispo
de Calahorra, obispo prior, Ocaña, Ostalaza, Papiol, :P.arga, Pérez Quiroga, Ramírez,
Ric, Riesco, F., Roa, Ruiz, Salas, Santiz, San Mat'tfn, Serrés, Sombiela, Tamarit,
Terreros, Torre (La), Valle, Vázquez, Vega Semanat, Vera, Villagómez, Villodas,
Ximénez Hoyos.
647
B) LrnERTAi:> DE IMPRENTA ·
El artículo 1.º, texto básico del Decreto, que fué el que se sometió
a votación, decía así: «Todos los cuerpos y personas particulares, de
cualquiera condición y estado que sean, tienen libertad de escribir,
imprimir y publicar sus ideas políticas, sin necesidad de licencia,
revisión o aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las
restricciones y responsabilidades que se expresarán en el presente de-
creto (24). Igual que el decreto sobre la abolición de la Inquisición,
esta proposición fué votada nominalmente y aprobada por 68 votos
a favor y 32 en contra.
CUADRO NUMERO 5
Total de diputados que votaron la proposición estableciendo Ja libertad de imprenta
,..
Eclc:, i<Ísti cos
Militares
Funcionarios
Comerciantes
Terrateni entes
TOTAL
Profesión
"
CUADRO NUMERO 6
Número
de Dlputados
18
18
38
4
22
JOO
Diputados que . votaron a favor de la proposición (25)

Número
Porcentajes
de Diputados
---
Eclesiti sticos 6 8,8
Militate;s 18 26;5
Fu.ncionarios
31 45,5
Comerciantes
3 4,4
Terratenientes JO 14,8
----
TOTAL 68
'ºº
(14) . Diario de Sesio11es, t . J, p.p. 53-:;4.
r-
"
(25) Votaron a favor d.e la libertad de .imprenw los siguientes diputados :
Aguirre, Alonso y Lúpez Argiiell es, Arústegui , Jlahamonde, Becerra; Cai ccdo,
Caneja, Capm¡¡ny, Cerero, conde ele Puñoenrostro, Conto, Clemente,   Monte·, ..
Dura, Eguía, Escudero, Felili , Gallego, García Herreros, Garoz, Golfín, Go.nzález,
Goyanes, Gutiérrez, De la Huerta, Herrera, Inca, Laguna, La Serna, Lcyl'a,
Lisperguer, Luj án, Llano (Andrés), Llano (Manuel ), Maldonado, Mangl ano, mar-
qués de San Felipe, marqués de Villafranca, Martínez de Tejada, Mejía,
648
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CUADRÓ NUMERO 7.
Diputados que votaron en contra de la proposición (26)
Profesión
Nümero
de Diputados
Porcentajes
---
Ecl esiásticos 12
37>5
Militares o o
Funcionarios
7
2 1,8
Comerciantes 1 3,2
Terratenientes 12
37>5
----
TOTAL 32 100
Ante todo se observa una menor asistencia de diputados: 150 en el
debate sobre la _Inqui sición en la proposición clave y 100 diputados
en este debate. La disminución ·corresponde, fondarnentalmente, al
grupo edesiástico y al de fun cionarios. Los militares y comerciantes,
como constantes en todo el período doceafiista, votaron, casi en su
totalidad, a favor de la libertad de imprenta. El grupo de funciona-
rios, siempre más moderado, aprobó el proyecto mayoritariamente (31 ·a
favor y 7 e"n contra);. los terrateníentes continúan en una áctitud de
equilibrió (10 a favor y 12 en contra). En conjunto,"el grupo eclesiástico
aparece como el men"os liberal.
C) ABOLICIÓN DE LOS SEÑORÍOS JURISDICCIONALES
Con' el problema de los sefioríos jurisdiccionales se debatía, real-
mente, -el fin de la sociedad feudal del antiguo régimen. Entre otras
cosas, la prohibición de los dictados de vasallo y vasallaje,
la anuladón de las prestaciones, reales y personales, la abolición de los
privilegios, en definitiva, el establecimiento de una igualdad legal.
El ataque a los señoríos . representaba, pues, el ataque a la facultad
particular de admini strar justi cia, de percepción de rentas procedentes
del Estado, de concesión de derecho de caza y pesca, etc. También de
monopolio de ciertas ramas de i11dustrias sobre las que se exigían tri-
butos y contribuciones y en la posesión de tierras conquistadas, etc. (27).
de los Ríos, Duarez, Muiioz Torrero, Núñez de 1-Iaro, Obregón, Oli veros,
Palacios, .Parga, ·Payán ·Pérez de Castro, Power, Quintana, Quintano C., Riesen
(Miguel ), Rivera, Rodrigo, San Martín, Santa Cruz; Savariego, Terán, Terrero,
Valcárcel, Valcárcel Dato, Vázquez de Aldana, Velasco, Vera, Zorraquín, ·zuazo.
(26) Votaron e1i contra de la libertad de imprenta los siguientes diputados :
Al>adín, Amat, Aytcs, Bárcena, Calvet, Creus, ;Del Pan, Dou, González Colom-
1.Jres. Hermida, Lavandeyra, Lladós, Llaneras, Martínez (Bernardo), Montolíu,
Morales Gallego, Morros, Mosquera, obispo Pr.ior, Papiol, Pardo, Ri esco (Fran-
cisco), Ros, San\alla, Sanz, Teneyro, Utges, Valcá rcel y Saavedra, Vázquez de
Pargá, ·vega, Villa Gón1ez, Vinyals.
(27) Diario de Sesiones, t. ll, pp. 1391, 1998 y 1405.
649
En las Cortes de Cádiz se planteó Ja cuestión de los señoríos en
distintas proposiciones, con los siguientes resultados:
CUADRO NUMERO 8
Proposiciones
N. i
N. 2
N. 3
N. 4
N. 5
,.
Votos a favor
de la extinción
de señoríos
128
141
126
123
56
Votas en contra
16
6
23
20
84
La proposición primera, la más importante, y que más tarde que-
daría redactada así: «Que desde hoy mismo queden incorporados a
la nación todos los señoríos jurisdiccionales de cualquier clase y con-
dición que sean», tuvo los votos a favor y en contra que se especifican
en el cuadro número 9.
Desde el punto de vista profesional, la abolición de los señoríos
sigue la misma tónica que en las votaciones con respecto a la Inqui-
sición y a la imprenta. El grupo militar y comerciante, en cuanto gru-
po más liberal y progresista, se manifiesta unánime a favor de la
extinción de los señoríos; mientras que los grupos eclesiásticos, terra-
tenientes y burocráticos acusan porcentajes a favor del continuismo de
los señoríos (28).
(28) Votaron en contra de la proposición, es decir, en contra de Ja abolición
de Jos señoríos jurisdi ccionales, los siguientes diputados:
1.
0
Proposición: Ayees, Borrull, Creus, Del Pan, Dou, Freyre, Gómez' Fer-
nández, Hermida (Ramón), Lisperguer, López (Simón), Lladós, marqués d ~ San
Felipe, Melgarejo, obispo de Calahorra, Ostolaza y Papiol. '
2.
0
Proposición: Dou, Gómez Fernández, Papiol, Ros, Ramarit y Vega.
3.
0
Proposición : Amella, Ayees, Cañedo, Del Pan, Dou, Gómez Fernández,
Garcés, Hermida (Amón), Lisperguer, López (Simón), Lladós, Llaneras, Melga-
rejo, obispo de León, Papiol, Pascual, Pérez, Ric, Riesco, Ros, Tamarit, Vázquez
de Parga y Vega.
4.
0
Proposición: Admarés, Albelda, Andrés, Bárcena, Barón de Antella, Bo-
rrull, Esteller, Garcés, Gómez Fernández, Hermida (Ramón), López (Simón),
Llera, Núñez de Haro, obispo de Mallorca, Pérez, Ric, Rovira, Ruiz, Samper
y Tamarit.
5.
0
Proposición: Albadín, Albelda, Alcozer, Andrés, Aytes Aznares, Azner, Bar-
cena, Beya, Borrul, Calver, Cañedo, Conto, Creus, Del Paz, Dou, Durán, Escudero,
Esteller, Fernández Fortún, N ., Fortún I., Freyre, Gallego, Gallegos, Garcés, Girál-
dez, Gómez, González, Cordoa, Hermida, Inguanzo, Laguna, Lavandeyra, Lisperguer,
Luis, Lladós, Llamas, Llaneras, Lleda, Manglano, Maní, Martínez, Melgarejo,
Morales, Morros, Mosquera, obispo de Calahorra, obispo de León, Oliveros, Osta-
laza, Papiol, Parata, Pardo Parga, Pascual Pérez, Quiroga, Ric, :.. Riesco, Rivas,
Rocafull, Rojas, Ros, Rovira Salas, Samper, Serna, Sierras, Sumbiela, Tagle, Tama-
rir, Torres, Torres Guerra, Uría, Valiente, Valle, Vázquez de Aldana, Vázquez
de Parga, Vega, Vera, Villafranca, Zumalacárregui.
650
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CUADRO NUMERO _9
Votos contrarios
Profesión a la extinción
de los señoríos
Porcentajes
Eclesiásticos
6
38
Miiitare.s
o o
Funcionarios
5 3r
'
Comerciantes
o o
Terrateni entes
5 31
----
TOTAL
r6 roo
Frente a estos 16 votos en contra de la supresión hay que consta-
tar 128 a favor ele la misma (29).
CONCLUSIONES
Observamos, después de este análisis, que dentro de las Cortes de
Cádiz exis tían tres tendencias políticas, agrupadas informalmente, pero
que poco a poco van configurándose como grupos diferenciados. A sa-
ber: 1, grupo reaccionario, absolutista o «servi l»; 2, grupo mode-
rado, conservador o jovellanista, y 3, grupo liberal y progresista.
Estos tres grupos se prolongan a lo largo del siglo x1x, radicalizándose
o conservadurizándose. El grupo reaccionario se vinculará inmediata-
mente al absolutismo fernandino y, posteriormente, en gran medida,
al tradicionalismo carlista. El grupo moderado se convertirá en el
futuro, en la deiecha liberal y doctrinaria. Del grupo liberal progresista
habrán de salir las tendencias centristas e izquierdistas burguesas.
Sobre el componente social de los grupos políticos mencionados se
puede llegar a las siguientes conclusiones: Uno, los grupos terrate-
nientes y eclesiásticos están, en términos generales, fuertemente vincu-
lados a la tendencia reaccionaria o antiguo régimen, existiendo, en am-
bos, una minoría liberal e ilustrada. Dos, el grupo de funcionarios se
adhiere a la tendencia moderada o conservadora, que representa la
crítica al absolutismo desde esquemas absolutista o muy próximos al
.absolutismo. Es lo que hemos denominado el jovellanismo. TTes, los
militares y comerciantes, en cambio, son los elementos vinculados a las
posiciones m'ás liberales y progresistas. Es drioso constatar cómo el
grupo milita·r es el más progresista en este período y seguirá siéndolo
hasta muy avanzado el siglo.
.J ._,f•
(29) Diario de Se5iones, t. II, p. 139r.
651
CtJADE"RNOS HISPANOAMERICANOS. 201.-7
tt. LAS CORTES DE 1820 Y EL TRIENIO LIBERAL:
GRUPOS POLITICOS
A) GRUPOS POLÍTICOS DESDE LAS CORTES DE CÁDJ Z HASTA 1820
a) Desde Cádiz hasta i814
Como acabamos de ver son tres las mentalidades polít icas que
cabe diferenciar en el cuadro de diputados en las Cortes de Cádi z
de 1810 a 1813; es tas difere ntes se estructuraban en tres
grupos políti cos, que muy bien pueden -consi derarse como p1111ro de
arranque de Jos posteriores partidos políti cos españoles: '.•
1. Primeramente un grupo de tendencia absolmi sta
-los llamados «serviles»- compuesto por diputados como Borrull, Pa-
piol, Ostolaza, l guanzo, Morros, etc. Se reúne aquí el elemento inmo-
vilista tipo a11cien régime, que se encuentra en Cádi z únicamente e n
calidad de enemigo de Napoleón, precisamente para defender la «ti"a-
di ción» frente a las innova ciones francesas.
1 . Un segundo grupo -el más numeroso y representativo del espí-
ritu de las Cortes- adoptó una actitud liberal moderada. Figuran en
él los mejores hombres de la s Cortes el e Cádiz : Argüelles, el conde
de Toreno, Muñoz Torrero, etc. De este grupo habrá de salir una
tendencia cl aramente liberal y otra que, con el tiempo, va conserva-
durizándose hasta aproximarse a posiciones mucho menos liberales.
La tendencia   b1oderada- se aproxima al tipo de men-
talid ad del liberal conservadvr mn característico ele! siglo x1x.
3. Finalmente, existe un tercer grupo minmitario de diputados
que manti enen -con Calvo de Rozas como principal representante-
una postura que puede calificarse de liberal progresista. ·
Así, pues, «serviles» o absoluti stas, liberales moderados y li):>eral es
progresistas parecen ser las tres tend encias políti cas presentes en las
Cortes de Cádiz. Después veremos el modo en que se prolong:in en las
Cortes de 1820.
Quiú sea úti l fijar aquí una breve cronología de este período, que
termina en 1814 con la vuelta el e Fernando VII:
Las cC<:i 1:tes se habían clausurado en Cádi z el 13 de septiembre
el e 1813 y se trasladan a Madrid en enero de 1814.
El 11 de di ciembre de 1813, por el Tratado el e Valern; ay con Napo·
652
.
1

'
león, Fernando VII recobraba la corona de España. La Regencia no
podía aprobar el Tratado, pues las Cortes habían acordado el 1 de
juni o de 1811 una disposición por la que se declaraban no válidos los
compromi sos que adquiriese Fernando VII mientras durase su cauti-
vidad. En consecuencia, las Cortes establecieron el 2 de febrero de 1814
<1ue Fernando VII no podría ser proclamado rey de España hasta q11 e
no hubi ese jurado la Constitución de 1812.
Fernando Vll hace caso omi so de esta declaración de la s Cortes,
entra en Espafi a el 11 ele marzo de 1814 y en Valencia es proclamado
y reconocido por el general Elío el 16 de abril, mientras en Madrid
6y dipu tados firman el llamado «Manifi esto de los persas)) a favor el e
Fcrn:indo VII como rey absoluto.
El 4 de mayo da Fernando VII el decreto por el que «se declara
nu\;i y de ningún valor ni efecto la Constitución el e. las llamadas Cortes
generales y extraordinarias de Ja Nació1rn, si bien intenta disimular
s11 deseo de volver al régimen absoluti sta prometiendo convocar Cortes
y mani fes tando expresa mente que «a borrezco y detesto el despoti smm>.
El .1 i el e ma yo el rey lleg;1 a Madrid y olvida todas sus promesas:
los liberales son perseguidos y encarcelados, y Fernando VII se pro·
cl;1ma i;ey absoluto.
Es ¿umamente importante sefialar que el grupo reaccionario abso-
l11ti sta .de clip11t:ados de las Cortes - los füun ados «serviles»- ;i ce¡rní
en su m;1yor parte a Fernando VII: el propi o presidente de b s Cortes
- Antonio Joaqu[n Pérez- fini1ó el «Manifi esto de los persas» y cons-
piró contra el régimen constitucional. Los componentes de los otros
clos grupos -<:s d ecir, los liberales moderad os y progresistas- fueron
concl cni1d(}s a duras penas, escogiend o otros el exili o.
No obstante, el fermento liberal ya había prendido en España y
res ultó imposible hacerlo d esapareéer por m{1s esfuerzos y represiones
q11 e los absoluti stas utili zaron. Los liberales encarcelados, perseguidos
o en el exi li o, conspiran sin cesar y se preparan siempre en la cl andcs-
riniclad para acabar con el régimen absoluti sta. Tras la represión de 1814
veremos cómo entre esa fecha y 1820 los :grupos liberal es actúan para
l:t reimplantación ele un sistema liberal Esp:iña.
b) IJe Tf/14a 1820
En dos fre ntes se alinean las tendencias políticas espafiolas en-
tre 1814 y 1820: uno, el grupo absoluti sta, con Fernando VII, rey abso-
lmo en el pod er: otro, el grupo liberal, en la oposición contra el abso-
lu tismo. Poder absoh:iti sta y oposición liberal constitu yen, pues, Jos dos
pol os en tensión.
La Corte es un foco el e corrupción qu e ll eg;1 a toda la organización
653
del Estado: en el país la miseria va en aumento; la miseria_ de ese
pueblo que en Madrid había gritado, en plena enajenación: ·. «Vivan
las cadenas, viva la Inqui sición y viva Fernando VII, rey absoluto».
Los escándalos políticos se suceden como el famoso de la compra a
Rusia por un precio considerable de un conjunto ele ba1x:os que resul-
taron totalmente inservibles y que hubo que desguazar. El rey se rodea
de aduladores y ele una camaülla de amigos que son quienes en plena
arbitrariedad gobiernan al país; alguno de los miembros de la cama-
rilla, de extracción social popular -como el célebre aguadm Chamorro- ,
sirven también para la inútil demagogia ante el pueblo.
Ante esta situación se alza desde el principio la resistencia liberal:
se conspira y se organizan insurrecciones sucesivas en estos afios paril
acabar con el absolutismo ferna ndino. Puede decirse que tres notas
carncterizan a estos movimi entos liberales de resistencia:
1.• La fidelidad al rey. La oposición es al ·absolutismo y no a la
persona ele Fernando VII: se pretende un rey const itucional.
2.ª La condición predominantemente militar de los conspiradores:
al igual que en Cádiz, el grupo militar es claramente liberal.
3.• Panicipación activa de la masonería. Como dice Alcalá Ga-
li ano: «Conjurado y masón era por aquel tiempo y en Espafia la
mi sma cosa.»
Extrafia esa fidelidad al r ey, que ya había demostrado sufi ciente-
mente sus dotes de disimulo y engafio en 1814 e incluso al1tes; la
ingenuidad liberal volverá á repetirse en 1820, y Fernando VII vol-
verá al absolutismo y a la brutal represión en 1823. De todos modos
es cierto que no cabe pedir demasiado a la época: realmente no debía
resultar fácil la sustitución de Fernando VII: los liberales tenían que
conformarse todavía con un Fernando VII, rey constitucional. Los _
gritos contra el rey y l a Monarquía no empezarán a oírse sino algo
después. En ese momento (18 14-1 820), para tener probabilidades ele
éxito, parece que había que aceptar a Fernando VII: lo único que
se podía hacer es obligarle a que fuese rey constitucional y no abso-
luto.
Como hemos di cho, las insurrecciones de militares liberales fueron
conti nuas en este período. Las más importantes, como se sabe, fueron
las siguientes: Mina (septiembre de 1814), en Navarra; Porli!'!r (sep-
ti embre de 1815), en Galicia; Lacy (abri l de 18 17), en .Catalu.fia.
Reprimidas todas ellas, sería la triunfal y definitiva la preparada
por Istúriz, Alcalá Gali ano y Mendizábal , y actuada por 'Quiroga,
Evaristo San Miguel y, primordialmente, Riego el 1 de enero de 1820.
A consecuencia de la sublevación liberal y const itucional de Riego,
el día 9 ele marzo de 1820 jura Fernando VII la Constitución de 18 12,
654
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afiadiendo : «Marchemos fran camente, y yo el primero, por la senda
constitucional>>; poco tiempo había de durar esa forzada marcha de
Fernando VII por la s·enda constitucional.
El 22 de marzo de 1820 se hace la convocatoria de Cortes. El nú-
mero de· diputados elegidos fué de 247. Las asistencias normales oscilan
alrededor de los 150 diputados. El artículo 104 de la Constitución del 12
clísponía que «se juntaran las Cortes todos los años» (cada afio, pues,
una legislatura), y el artículo JOS establecía que ce los diputados se
renovaran en su wtaliclad cada dos afios»; se celebraron así elecciones
para las Cortes en 1820 y en 1822.
B) GRUPOS POLÍTICOS EN LAS CORTES DE 1820
En 1820 se eligen, pues, diputados para las Cortes de 1820 ÚJrimera
legislatura) y ele 1821 (segunda legislatura). En 1822 vuelven a cele-
brarse elecciones para las Cortes ele 1822 (tercera legislatura) y de 1823
(cuarta legislatura). Aquí vamos a examinar las tendencias represen-
tadas en las elecciones ele abril y mayo ele 1820, su posición en las
Cortes de Ja primera legislatura y las diferencias y tensiones entre esos
grupos y tendencias.
Tres grupos políticos pueden localizarse en las Cortes de 1820:
1. Grupo de los absolutistas anticonstitucionales: grupo realmente
muy limitado, formado casi exclusivamente por los diputados obispos
de SigLienza y de Lima, general Freire y los señores Casaseca y Azaola.
Representaban el antiguo régimen y el absolutismo fernandino.
2 .- Grupo de los ll amados ccdoceañistas», de tendencia liberal mo-
derada: grupo mayoritario formado por Argüelles, Toreno, Calatrava,
Martínez de Ja Rosa, etc.
3. Grupo de los llamados ccexaltados», ele tendencia liberal progre-
sista: grupo también muy numeroso formado por Flórez Estrada,
Istúri z, Gutiérrez Acuña (como diputados más intelectuales) y por
Romero Alpuente, Moreno Guerra, etc. (como más polémicos y hom-
bres de acción). Este grupo liberal progresista o ccexaltaclo» estaba
muy vinculado a las sociedades patrióticas.
La vicia política del trienio liberal 1820-1823 se va a caracterizar
por dos notas fundamentales: una, el constante boicot al sistema li-
beral por todos los elementos Tepresentantes del absolutismo: si bien
en Ias Cortes constituyen un grupo reducidísimo e inoperante, en los
medios oligárqui cos del es tamento nobili ario o en el alto clero cuen-
tan con' medios e influencias y con el apoyo, corno veremos, de la
propia Corte -:-del rey que había prometido maTchar por la senda
constitucional-y de las potencias reaccionarias extranjeras unidas en
655
la Santa Alianza. El otro 'hecho característi co del tri eni o es la inte-
resante dialécti ca interna de los elementos liberales en sus dos ra-
mas de moderados o «doceañistas» y progresistas o «exaltados». Am-
bas tensiones -ele absolutistas contra el sistema constitucional, por
un lado, y de moderados y progresistas entre sí, por otro- constitu-
yen el componente políti co del trienio liberal. El juego ele fu er-
zas terminará, corno es sabido, con la vuelta en 1823 del régifnen ab-
solutista.
Fijémonos primeramente en la tensión entre las dos ramas de los
liberales, dejando para más adela nte, cuando hablemos de la caída
del sistema en 1823, la consideración de la lucha de los absolutistas
contra el régimen liberal y constitucional.
Ya desde las campañas previas a las elecciones empezaron a vis-
lumbrarse las dos ramas liberales. Escribe Cristóbal de Castro en su ·
«Antología de las Cortes de 1820»: «Acercábase, a más andar, las elec-
ciones y se .agitaban las sociedades patrióticas, cada cual extremando
la propaganda por los suyos. Los dos partidos en que se dividi ó el
entusiasmo constitucional di eron ya fe en las urnas de sus di scordias ;
y desde la convocatoria a la elección, los dos meses de abril y mayo
r emovieron las diferenci as liberales.» Y continúa: «De modo que,
desde el principi o, se dibujaron en las Cortes los dos panidos que
tomaron las denominaciones de «exaltado>> y de «moderado», perte-
neciendo en lo general a aquél los diputados nuevos y a éste los
antiguos y los ministros; y si bien en las primeras di scusiones votaron
todavía juntos, no tardaron en deslindarse y en mirarse comó adver-
sariosn (30).
Es totalmente normal que el grupo liberal presentase esa contex-
rura, moder.ad:a y progresiva; es algo que está en la dialéctica m.is-
ma de la realidad , es al go totalmente necesario y, ade más, conveni en-
te a fin de conserv;1r la movi lidad del sistema. Ahora bi en, otra cosa
es que esas necesarias diferencias entre liberales ll egasen al extremo
de producir una auténtica ruptura que, en definiti va, sólo iba a bene-
fi ciar al enemigo comt'm, es decir, al absolutismo. Esta desgraciada
experiencia se repetirá después otras veces en nuestra histori a recien-
te: las escisiones entre los elementos liberales, cuando el elemento
absolutista no ha desaparecido del todo, resultan extremadamente
peligrosas; los el ementos ,liberales deberían haberse unido, a pesar
de sus lógicas y necesarias diferencias, contra el enemigo común re-
presentado por el reaccionari smo absolutista: este sabe que las di-
sensiones de los liberales le son beneficiosas y
(30) CRISTÓBAL DE CASTRO: Antología de las Cortes de 1820. Madrid, edi-
ción de 1910.  
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con tn bu ye ;1sí grandemente a ahondar di ferencias entre ellos, in el u
so con la colaboración de agentes provocadores. Como escribe La-
fu ente . (3 1) : «Tal fue el propósito que ll evó a ella -a la sociedad pa-
triótica «Los Comuneros»- al célebre don José Manuel Regato, ocul-
to agente ele la corte, hábil agitador y di es tro organizador de asona-
das y motines que, fingiéndose implacable enemigo del absolutismo
y liberal exagerado e intransigente, arrastraba con facilidad a extra-
víos Y. revolucionari os a los que, menos maliciosos que cie-
gos, no veían que aquello era dar armas y preparar el triunfo a los
en destruir el régimen const itucional.» Como se ve, pro-
cedimi entos antiguos que continúan con vigencia: la delación y la
provocación; se provoca al pueblo; éste, sobre todo, cuando carece
de consciencia y sentido político y está cansado de injusti cias, se
exacerba, se sobrepasa un poco o se sobrepasan en su nombre ciertos
agentes profesionales, y entonces «las gentes de or<lenn y su fuerza
públi ca ya tienen «en conciencia» justificación moral para iniciar la
represión y hace ver que «aun sintiéndolo mucho», no queda más
solución gue el absolutismo o el totalitarismo. Vi ejos métodos que
tambi én se utili zaron contra los ingenuos liberales ele 1820.
Andrés Borrego dice que la divi sión d e los liberales fue la causa
del triunfo del absolutismo (32): «Si el partido liberal -dice-hubie-
se acertado a poner término a sus divisiones, cediendo a la persua-
sión de que, aunque componíamos una minoría, dado que el clero,
las clases privilegiadas y el imperio ele ja rutina poriían de parte <le
los absolutistas a las masas populares, todavía aquella minoría com-
puesta el e los hombres ilustrados del comercio y de la juventud edu.
cada, tales elementos puestos en acci ón y empleados con inteligencia
podrían haber contenido la inj erencia ext ranj era y vencido las in-
surrecciones interiores.» La ºdivisión de los liberales contribuyó, es
cierto, a su fracaso, pero no hay que olvidar el gra n poder de los
elementos reaccionarios absoluti stas, tanto del interior como del ex-
tranj ero. Las dos causas juntas explican el resul tado : ahora bi en, la
verdad es que a la divi sión d e los liberal es contribuyó poderosamente
la constante pres ión absolutista; los moderados pensaban que el ré-
gimen estaba seguro ; menos ingenuamente, lus progresistas o «exal-
tados» -conscientes del peli gro absolutista- se veían forzados a ex-
tremar ' las cosas. Un hecho determinante es cierto: los absolutistas
conspiraban desde el principio contra el sistema, fuese moderado o
progresista. Los progresistas eran más conscientes de la situación: en
cualqui er caso, el reaccionarismo espafiol, mucho más extremo in-
(3 1) Cit. por DE CASTRO, nota anteri or, p. 96.
(32) ANDRÉS BORREGO: Conferencias históricas. La. Espaiia del siglo XIX.
Madrid, 1886; p. 20.
657
cluso que el de la Santa Alianza, lo que únicamente quería era ab-
solutismo, antiguo régimen, privilegios, tradición, fanatismos, igno-
rancia, miseria e inmovilismo. De todos modos, los liberales unidos
podrían haber resistido más.
Vamos a analizar a continuación la actuación de diversos
grupos, y como fondo su toma de actitud, su ideología, en diversos
momentos y problemas centrales de las Cortes de 1820 y del trienio
liberal. Fundamentalmente los siguientes:
a) Actividad legislativa en las Cortes de 1820.
b) Comisiones de las Cortes y Memorias ministeriales.
e) Consideración especial de la Reglamentación del Trabajo, de
Agricultura y Comercio.
d) Debates más importantes.
e) Causas de k1 caída del régimen liberal en 1823.
a) Actividad legislativa en las Cortes de 1820
Fué realmente intensa la actividad de las Cortes de 1820. Vamos
a examinar aquí tanto la actividad que se concretó propiamente en
preceptos legislativos como la que quedó en exposición de argumen-
tos en los numerosos e importantes debates que en dichas Cortes tu-
vieron lugar; tanto uno§. como oH·os servirán para poner de mani-
fiesto el sentido político de las Cortes de 1820 y el de los grupos que
las componían.
En la primera legislatura, a pesar de su breve duración de cuatro
meses y medio aproximadamente, se trabajó con gran intensidad. Es
cierto, como escribe Castro, que «una legislatura que, comenzando en
26 de junio termina en 9 de noviembre, mal podía incorporar en tan
escaso tiempo un cuerpo jurídico importante a la legislación del país,
ni menos renov:ir adjetivarneme el desconcierto sustantivo que social
y políticamente había en España». A pesar de esto, las Cortes ya en
esta breve primera legislatura aprobaron dos importantes leyes: una
sobre las comunidades religiosas, ley llamada de monacales, · y otra
sobre abolición de los mayotazgos y señoríos territoriales. Cabe decir
que la primera enemistó al clero con el régimen liberal y la segunda
le creó la oposición del estamento nobiliario (33)·
Vamos a analizar por separado el contenido y circunstancias de
ambas disposiciones legislativas sobre las comunidades religiosas y so-
bre los mayorazgos y señoríos territoriales.
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ÜNUEL TuÑóN DE LARA: La Espaiia del siglo XIX (1808-1914), citada,
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1. Ley de monacales.
El proyecto ele ley sobre las comunidades religiosas fue presen-
tado a las Cortes por don Vicente Sancho; se nombró para su estudio
una comisión especial de las Cortes compuesta por los señores Castrillo
(obispo), García Page, Victorica, Cuesta, Gareli, Marina, Torino, Mar-
rínez de la Rosa y Sancho. «De la sesión del 21 de agosto a la de
9 de septiembre, escribe Castro, la comisión trabajó con actividad,
recogiendo los precedentes y estadísticas que tanto esclarecieron su
dictamen, el cual, aun siendo radical y revolucionario, fue firmado
por el obispo señor Castrillo y por todos los demás señores, sin que
ninguno formulase voto particular.»
El proyecto de ley presentado a las Cortes se componía de 26 ar-
tículos; regulaba la situación de las comunidades religiosas. Su artícu-
lo 1.º decía: <(Se suprimen todos los monasterios de las órdenes i1io-
nacales, incluso los de la claustral benedictina ele Aragón y CataJu-
ña, co1n'o asimismo los colegios y conventos de los cuatro militares de
San Juan de Jerusalén, de comendadores hospitalarios y hospitalarios
de San Juan de Dios.» El artículo 15 prescribía: <(La comunidad que
no llegue a constar de 24 religiosos ordenados in sacris, se reunirá
con la del convento de la misma orden más inmediata y se traslada-
rá a vivir con él; pero en el pueblo no haya más que un con-
vento, subsistirá si llega a tener 12 religiosos ordenados in sacris».
En la sesión extraordinaria de 21 ele septiembre de 1820 se discu-
tió en las Cortes el proyecto. Son sumamente impo:rtantes las inter-
venciones de dos obispos: uno-Castrillo- para apoyar el proyecto
votando después a favor de su aprobación, y otro -Fraile- para opo-
nerse a él votando después en contra. Se aprobó el proyecto sometido
a votación nominal por 107 votos contra 32, con lo cual se daba tér-
mino ·a esta cuestión. La ley de monacales se ocupaba también, junto
a los artículos más generales arriba transcritos, de regular el proble-
ma d.e los bienes de dichas comunidades religiosas.
2. Ley de abolición de los mayorazgos.
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Las Cortes abolieron los sefioríos· territoriales y ·suprimieron todos
los mayorazgos, fideicomisos, patronatos y todas las vinculaciones de
bienes raíces, muebles, semovientes, censos, fueros, etc. Fue una me-
dida que, dada la antipopularidad de semejantes privilegios, resultó
aprobada casi por unanimidad.
Su importancia es extraordinaria: no es de extrañar que el dipu-
tado Vargas Ponce la elogiase del siguiente modo con una retórica
típica decimonóni ca: ''Señores, séame lícito, a ley de buen español,
empezar   la Providencia por haberme dejado ver el faus-
659
to día que hace cuarenta años ansiaba mi corazón. Llegado ha, no
h<ty que dudarlo, el momento feliz de remover España y lanzar de
ella pa·ra siempre el principal obstáculo de su . prosperidad, el impedi -
mento mayor de su abundancia, la traba más fuerte de su agricul-
tura, uno de los orígenes ' más amplios de su lastimera despoblación,
y lo que era infinitamente más afli ctivo y horrendo, un manantial
perenne de corrupción de costumbres y un torrente impetuoso de in-
moralidad. Sí, señor; todos esos males ahu yenta para siempre la abo-
lición de los mayorazgos»... Y termina su intervenci ón di ciendo:
«¿ Por qué Olmedo, Toro, Zamora y casi todas las ciudades ele Cas-
tilla la Vieja son cadáveres de pueblos? Porque las asesinaron los
ma yorazgos. ¿Por qué esdn reducidas a esquele to León, nurgos y
Valladolid? Porque las disecaron los mayorazgos.>>
Tuñon ele Lara escribe en su Espmia del siglo XIX: «Aunc¡Úe en 1824
se abolía esa disposición, corno todas fas del período liberal, fué res-
tablecida definitivamente en 1841 y puede decirse que ha sido una
de las pocas leyes que, en el siglo XIX, han contribuíclo, a:unque en
medida limitada, a que la estructura agraria el e España se acerque
del sistema feudal al sistema capitalista.»
Como ya hemos dicho, esta ley, cuya necesidad era por todos apre-
ciada, exceptuando, claro está, los mayorazgos y los demás señores
territoriales, hizo que éstos adoptasen una post ura de oposición total
al régimen liberal.
..
3. Otras di sposiciones;. legislativas de estas Cortes.
Junto a la ley ele monacales y de abolición de . mayorazgos las
Cortes liberales abolieron las aduanas int eriores, los .monopolios de
la sal y del tabaco; se concedió la libertad de industria y se $upri-
mió la obligatoriedad gremial. Las Cortes emprendieron, además, la
tarea codificadora: a ellas se debe nuestro primer Código pénal. Real-
no puede decirse que las Cortes del tri enio liberal
de ini ciativa y de deseos de hacer mejorar la situación el e la España
de su tiempo.
b) Comisiones de las Cortes y lemorias ministeriales
Fuera ya el e la actividad propiamente vertida en preceptos legisla-
tivos, las Cortes 1acometieron una serie de traba jos de tipo prepara to- .
rio y expositi vo de la realidad del país, cuyo análisis resulta impres-
cindible para conocer las necesidades y las posibilidades españolas del
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momento. Interesa sobre todo mencionar los dictámenes redactados
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por las, comisiones nombradas en las Cortes y asimi smo las Memorias
presentadas a las mismas por los mini stros del Gobierno.
1. ·comi siones de las Cortes: Di ctámenes de las rni srnas.
En .la primera sesión de las Cortes se procedió a la designación
de comisiones encargadas el e redactar una ser ie de dictámenes sobre
los diferentes problemas ele la situación del país, anali zando puntos
concretos y proponiendo posibles sol uciones.
En total se formaron quince comi siones rc:lativas a los sigui entc5
;is untos : Legislación, Hacienda, Agricultura, Comercio, Casos de res-
ponsabilidad, Instru cción púb'lica, Examen de cuentas y asuntos de
diputaciones provinciales, Guerra, Milicias Nacionales, Marina, Es-
pecial del edifi cio y gobierno interior las Cortes, Eclesiástica, Po-
lítica, de Poderes y, finalmente, d e redacción del Diario de Cortes,
Castro hace notar cómo «un amigable eclecticismo junta en ell as a
moderados y exaltados, y así advertirnos que en Legislación se reúnen:
Calatrava, radical, y Martínez Marina, moderado ; y en Hacienda,
Toreno está con Vargas Punce y Victoricrn, etc.
En estas comisiones se r edactaron importantes di ctámenes en los
que encontramos un interesante cuadro de los problemas y soluciones
de la época. Entre estos di ctámenes se hacen destacar el de Martí-
ncz de la Rosa sobre Instrucción pública; el ele Sierra Pambley sobre
desestanco del tabaco; el ele Istúri z, sobre formación ele los códi gos
rural, industri al y fabril; el de Quiroga, sobre Mili cias N acionales;
el de YandioJa, sobre rebajas de contribuciones; el de Gir<tldu, so-
lne la vuelta de los jesuítas; el de Sancho, sobre ·regulaTes; el de
Cabtrava, sobre represión del bandolerismo; el d e l'vlarrínez de la
Hosa, sobre los vagos; el de Oliver, sobre Aranceles y aduanas; el
de Torcno, sobre presupuestos y economí.1 ; el de Flúrcz Estrada, so-
bre exportación e importación.
2. Memorias 111 ini steriales.
l'ur decretos de 8 de abril y 4 d e de 1813 los 1111111 s-
tros obligados a presentar al comienzo ele la legislatura una
«mernqi;ia» expositiva de la situación que habían encontrado al llegar
al departamento ; el conjunto de las Memorias presentadas
ofrecía,. pues, un panorama bastante exacto ele la real situación de
cada uÍ1a ele las ramas ele la admini stración del país. Las redactadas
por los ministros li berales de 1820, dice Cas tro, (( nos clan el testimo-
nio ofi cial pt'.1bli co de la situación lamentable que en todos los órde-
nes agobiaba y entri stecía al país».
661
Son importantes las Memorias presentadas por el secretario del
despacho de Gracia y Justicia, don Manuel García Herreros; por el
de Hacienda, Canga Argüelles; por el de Guerra, marqués de las Ama-
rillas; por el de Marina, don Juan J abat; por el de la Gobernación
de Ultramar, sefíor Porcel, y, sobre todo, la presentada por Agustín
de Argüelles, secretario del despacho de la Gobernación de la penín-
sula. Vamos a exponer brevemente los puntos centrales de la Me-
moria de Argüelles, que, como decimos, reviste especial importancia:
((La Memoria de Argüelles, escribe Castro, tiene un alto valor do-
cumental, y a su grave y austero testimono ha de acudir el narra-
dor de los sucesos de esta época. La turbación social y política, el atra-
so industrial y agrlcola, la inseguridad pública de personas y de usos,
las costumbres más relajadas que en ningún tiempo, todo el caos po-
lítico y social, iluminado solamente por las trágicas teas del fana-
tismo, hállase retratado por Argüelles con la fidelidad impasible de
aquel varón tan justo como sabio.n
La Memoria parlamentaria presentada por Argüelles comprendía:
a) Enseñanza e Instrucción pública.
b) Obras públicas, caminos, canales.
c) Sanidad.
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d) Agricultura, Minas, Industria y Comercio.
e) Beneficencia, Estadística y Economía.
Propugna Argüell es en su Memoria que ((en todas las escuelas,
colegios, casas de educación y universidades del reino se explique la
Constitución de la monarquía; que los respetables ministros de nues-
tra sagrada religión, añade, bajo la dirección de los prelados dioce-
sanos, expliquen a sus feligreses, como pal'te de sus obligaciones, los
preceptos de la Constitución» ... «Diríase, comenta Castro, que al alu-
dir a la enseñanza de la Constitución desde la cátedra y el púlpito
respondía, irónicamente, a los que en la Universidad de Cervera· pro-
clamaron la funesta manía de pensar.» Traza Argüelles un 'cuadro
bastante exacto de la situación ele la enseñanza en España en sus di-
versos grados y propone una serie de medidas concretas paora su me-
jora.
En los asuntos económicos, Argüelles mantiene más bien un cri-
terio típicamente liberal como es el abstencionismo estatal: «Las
personas ilustradas saben, escribe Argüell es, que la protección que el
Gobierno debe a la agricultura y a la industri a es más bien negativa
que positiva : que su acción debe limitarse a remover estorbos, a ha-
cer respetar la propiedad y dejar obrar li bremente al interés indivi-
dual, causa harto más eficaz que todos los estímulos que puede sumi-
ni strar el favor del Gobieq\o.n Como puede verse, Argüelles profesa
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los más puros principios del liberalismo eoonómi:co de los fisiócratas
y habla d.e los males de una protección estatal creadora de gabelas y
obstáculos a la economía.
Se pronuncia asimismo a favor de la tesis ele que las minas, fá-
bricas y empresas sean propiedad particular y no propiedad del Go-
bierno; escribe: «Por lo demás, nadie ignora lo que debe pensarse
de las fábricas y empresas industriales diri gidas como especulaciones
lucrativas por cuenta del Gobierno. Si éste da a su industria el carác-
ter de exclusiva y pone en entredicho a los particulares, les cierra un
manantial de prosperidad, extingue un género de industria que po-
día alimentar a muchos, y perjudi ca esencialmente a la población
y a la riqueza. Si la industria es común y accesible a los particulares,
el Gobierno concune con desventaja y lucha en vano con los esfuer-
zos del interés personal de los fabricantes: sus pérdidas son se-
guras.n
Las Memorias parlamentarias de los ministros junto con los dic-
támenes de las comisiones de las Cortes constituyen, además, de una
muestra de la actividad desplegada por los diputados liberales de
1820, un retrato bastante fiel de la situación cultural, social, política
y económica del país. Situación que la herencia dejada por el abso-
luti smo permitía .calificar de lamentable y difícilmente sol ucionabl e.
Las Cortes del trienio liberal van a intentar cambiar al paÍs: sus
propias insuficiencias, la misma dificultad de los problemas plantea-
dos y, sobre t odo, la constante oposición ele los elementos reacciona-
rios absolutistas nacionales y extranjeros van a hacer fracasar tan loa-
bles intentos y a dar al traste con el régimen constitucional con tan-
tos esfuerzos y tanta ilusión forjado.
c) Consideración es-pecial de la Reglamentación del Trabajo, de Agri-
cultura y Comercio
Esta proposición hecha a las Cortes por las Comisiones de Agricul-
tura y Comercio ·constituye una auténti ca novedad en cuanto que las
Cortes de Cádiz no se habían ocupado de estas cuestiones de carácter
laboral y económico. Es importante también hacer resaltar que, aun
manteniéndose el principio general de la validez del liberali smo eco-
nómico, se da, sin embargo, entrada a un cierto intervencionismo
estatal.
Así, el artículo 1.º de di cha Reglamentación dice: «Que se prohiba
la introducción ele granos extranjeros en todos los puertos de la pen- ..
ínsula y sus adyacentes mientras la fa nega de trigo o el quintal de
harina no excedan del precio de So reales vellón.»
663
Esta Reglarnentac1ón dei Trabajo de Agricultura y Comercio está
basada en los principios indi vidualistas_ del xrx, en oposición justifi-
cada a las anreriores formas gremiales de asociacionismo laboral que
habían creado un sistema corrompido lleno de trabas y de obstáculos,
tanto para la producción en sí como para la mejorq de la sit uación
misma de obreros y arres:rnos. Por -eso di ce la Reglamenración: cc Res-
rableciclos los decretos de las Corres extraordina-rias y ordinarias, la-
bradores, artesanos y fabricantes están otra vez libres ' ele las trabas y
vejaciones que les imponían unas leyes bárbaras e injustas, hechas o
protegidas por personas o cuerpos ajenos de lo que trataban y eje-
cutadas por estafadores públicos. El interés del hombre no necesita
otros auxili os de parre del Gobierno que el proporcionar los medi os
el e instruirse, Jo cual logrará cuand o el Congreso di scuta y se lleve a
di scusión el Reglamento de Instrucción pública, el de hacerle las me-
joras st.1periores a las fu erzás y al interés de ·ios parti culares, cuales
son los canales de navegación y riego, los grand es pantanos y otras de
esta cla se, que exigen tiempo y requi eren fondos de que no se puede
di sponer fa ldndonos aún lo preciso.» Como puede verse se proclama
el principi o liberal del abstencionismo del Estado, as ignándole una
mi sión úni camente pegaclógica y de empresario subsidiari o en las ohr:1s
que exceden de Ja capacidad individual humana.
Las medidas general es posibl es que h comi sión redama del Con.
grcso son las sigui entes:
a) Aumento de trabaj o.
/J ) Aumento ele trabajadores.
e) Igualdad de contribuciones.
d) Formación de los Códigos -rural , fabril e industria l.
Respecto al aumento de trabajo, la Reglamentación. se fija en el
número tan desmes urado de fi es tas religiosas y profanas que exis-
tían en la época, número tan exorbitado de días festivos que perj u-
dicaba realmente a la economía individual y general del país. ccEl va-
lor del trabaj o que se puede hacer en los días festi vos no es de poca
importancia para perderlo sin compensación alguna» .. . Por lo tanto,
«bs comisiones pl'Oponen que todos los días del año, desde princi-
pi os de 182 1, sean días de trabajo, excepto los domingos y festividades
del Señor; las de la Virgen y los santos pueden celebrarse en los do-
mingos del año.»
La comi sión hace notar --en -relación con el aumento de traba-
jadores- gue ccel Gobierno tiene a su di sposición muchos millares de
empl eados cesantes o que di sfrut an sueldo sin tener destinp, y muchos
mill ares de agregados militares. Las comi siones no tratan de exa-
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minar las causas ni dej an ele conocer que eh muchos de los primeros
son invol untarias y en muchos de los segundos meritorias. Se limi-
tan sólo a proponer que no se grave más el presupuesto de gastos con
nuevos empleos y nuevos empleados, y que se saque algún provecho
del gravamen actual>>. A la vi sta de estas y otras simibres considera-
ciones:
Las comi siones proponen, pues:
Primero. Que de ninguna manera ni bajo pretexto alguno se
aumente el presupuesto de gastos con nuevos empleos ni nuevos em-
pleados, mi entras los haya cesantes o que di sfruten sueldo D no ten-
gan empleo, sin previa noti cia a fas Cortes, así de la necesidad del
empleo, como de no haber entre Jos cesantes quien pueda desempe-
ñarlo.
Segundo, -Que se suspenda la creación de nuevos oficiales ínterin
]i;_¡ya agregados del arma correspondi ente, o se dispone lo que con-
venga en Ja const itución militar (o sea, Reglamento del Ejército) que
se prepara.
Tcr¿cro. Que se prohíh:1 el a11mcnto del clero secul :u hasta que
una ley determine lo conveniente sobre Ja proporción que debe haber
entre eclesiás ticos y seculares.
Cuarto. Que se confirme el decreto de Su Majestad prohibi end o
la entrada de novici os de uno y otro sexo en t0<las las órdenes reli-
giosas, etc.
Quinto y sexto. Relativos a los bienes del clero regular y Ja de-
peiKlencia de los religioS<Js.
Revi ste especialísimo interés el ap:Jrtado dedicado a la igua !dad
de . contribuciones. Di ce la comi sión en di cha Reglamentación :
· «El artículo 339 de la Constitución ordena que las contribuciones
se repartan entre todos los españoles con proporción a sus facult ades,
siii excepción ni pri vil egio alguno; y en esta parte la Constitución no
se ha puesto en planta todavía. El labrador, expuesto a todas l as vici-
situdes e inconstancias del tiernpo, es el más gravado en la contribu-
ción indirecta, porque sus capitales e industri as son más difí ciles de
ocultar y el e di sminuir, y el que menos puede excusarse del servicio
personal, porque está más adicto a la ti erra. Es, continúa la Comi-
sión, casi el úni co gravado con el servicio ele bagales; y como si
todas las demás clases del Estado se compusiesen de genres de otras
religiones, a él sólo se le grava con los gastos del culto católico. Aún
si fuera esto sólo, podría sobrellevarlo: pero se le grava, ademús, con
el luj o del -Clero en -rentas y person'as ; sobre él se cobran bajo los
nombres de tercias, de excusado, de .. nuevo y novísimo noveno, una
porción de mill ones que entran en el Erario; y sobre él se decretan,
665
concediendo encomiendas y pensionando las mitras y dignidades, . pre-
mios por servicios reales o supuestos hechos a la causa pública.))
Constituyen estos párrafos una viva descripción de la situación
española: el campo soportando los gastos de la Corte y del Clero:
no es de extrañar que ambos se declarasen enemigos de un régimen,
como el liberal, que pretendía alterar esa situación de privilegio. La
Comisión, con un criterio económico moderno pone de manifiesto las
repercusiones de esa situación a escala internacional. Dice:
<«Mientras las naciones vivieran aisladas unas de otras, pudieran,
sin graves inconvenientes, arreglar su sistema económico; pero hoy
es otra cosa. Los gobiernos tienen entre sí más relaciones que tenían
antes las provincias de un gobierno mismo. El mundo civilizado forma,
por decirlo así, una sola nación, de que pueden considerarse provin-
cias las dem<Ís naciones. Luego que una de ellas da algún paso grande
en el sistema económico, las dem<Ís, guiadas por el primero de todos
los deberes, que es la conservación, tienden a nivelarse con ella y
adoptar esta mejora o un Se propugna, pues, una dis-
minución en los gastos d; ¡'. culto religioso y de los eclesiá:sti{:os y
asimismo desgravar y liberar al trabajador del campo de todas esas
cargas injustas; y esto tanto por razones de justicia {:Omo por moti-
vos económicos estrictos. Dice la Comisión: «El Temedio radical es
nivelar los provechos del labrador español con los · de los labradores
de los demás países, a fin de que sus producciones puedan entrar en
concurrencia con el mercado general del mundon.
Finalmente, {:On respecto al cuarto punto de que se ocupa la
Reglamentación -Código rural, fabril e industrial-, la Comisión hace
notar la necesidad de dichas ordenaciones legales: «Nuestras leyes
agrarias y fabriles, dice, están diseminadas por los cuerpos de legis-
lación, por los Reglamentos de las respectivas maestrías y por las
Ordenanzas reales y municipales de cada pueblo. Por necesidaq est<Ín
ahogadas en un caos y llenas de vejaciones y caprichos ( ... ). Las Cor-
tes, convencidas de estos inconvenientes, nombran Comisiones para
formar estos Códigos».
Este es fundamentalmente el contenido de esta Reglamentación
del Trabajo de Agricultura y Comercio: su interés radica en la ma-
teria tratada --economía y trabajo-, cuestiones que hasta entonces
habían estado un poco al margen de los programas políticos; sirve
asimismo como retrato de la situación y propone algunas interesantes
soluciones. La Comisión famó su Reglamentación el 22 de julio
de 1820, y estaba compuesta por los siguientes diputados: Istúriz, Fer-
nández Gaseó, Rojas Clemente, Moreno Guerra, Flórez Estrada, Ro-
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mero Alpuente, Navarro, Sánchez Toscano, Solanot, el Conde de
Maule, Oliver, Juan Alvarez Guerra y Félix Janer (34) .
d) Debates más importantes
Como conclusión de esta breve exposición sobre la actividad de
las Cortes de 1820, vamos a examinar brevemente algunos de los más
importantes debates en ellas celebrados. Con este tema volveremos
a ver más explícitamente replanteado el problema de la parte pri -
mera de este trabajo, es decir, el problema de los grupos políticos
actuantes en las Cortes. En efecto, la discusión en ellas de algunos
importantes puntos pondrá claramente de manifiesto el plantel de
diversas tendencias políticas existentes.
Del éupo de debates a c·onsiderar, los dos quizá más importantes
sean los denominados por Castro, debate sobre <dos enemigos de la
Constituciórni y sobre «la sesión de las páginasll.
1. Ei1emigos ele la Constitución.
Planteado a consecuencia de la negativa del Obispo de Orihuela
a que, como a propuesta de Argüel!es había establecido la Real Or-
den de 16 de junio, los Curas párrocos explicasen la Constitución
los domingos y días festivos a sus feligreses.
Decía el Obispo de Orihuela: «Entiendo que no debo cargarlos (a
los curas) con el nuevo peso ele explicar la Constitución, pues harto
harán, y ojalá que lo cump'1an todo de explicar el Santa Evangelio
del día, o alguna otra verdad o máxima cristiana de los preceptos
divinos o eclesiásticos». «Corno sabe V. E. el que no es buen cristiano,
no puede ser buen ciudadano, ni servir para cosa de provechmi. «Si
adoptase el método que V. E. me previene, resultarían si en las leyes
políticas más ignorantes que en las cristianas. ¿Y cuándo habrían de
aprender éstas? Nunca, ciertamente.»
Dos tipos de contestaciones hubo a la negativa del Obispo de
Orihuela: los progresistas o «exaltados» pusieron ele manifiesto la fuerza
de los enemigos de la Constitución; los moderados, más confiados,
no veían en ello peligro para el régimen. Por los primeros hablaron
los Diputádos Moreno Guerra y Romero Al puente; por los segundos,
Victórica y Martínez de la Rosa.
Decía Moreno Guerra: «Por aquí empezó la ruina del sistema en
el año 10: por un Obispo que decía que en conciencia no podían. (Alu-
día al Obispo de Orense que en las Cortes de Cádiz, en 1810, se había
;
(34) Tamo para la expos1c10n de los trabajos de las Comisiones de las Cortes
como las Memorias ministeriales· y la Reglamentación del trabajo ele Agricultura
y Comercio, hemos utilizado los textos reproducidos en la citada obra de CASTRO.
667
CUADERNOS   201 .-B
negado a )urar ia soberanía naclonai.) ,<Aquí, condnóa Moreno Cuertfi,
el señor Obi spo empieza invoca ndo la Providencia; pero por esta
Divina Providencia he estado yo y la mitad del Congreso metido en
calabozos, castillos y prisiones. Ahora no se trata de intereses panicu-
lares: se trata del bien general de la nación y del Rey».
Por su parte, Romero Alpuente insiste en que el régimen liberal
está en peligro, que los realistas, absolutistas, preparan la contrarrevo-
lución. Di ce: «No debemos dudar que se está minando ele continuo
y apurando tocios los recursos para que no se consolide el sistema cons-
titucional. Si esto es así, ¿por qué no se han de tomar todas las medi -
das necesa rias para salvar la na ciún ?n
Los liberal es moderados, en carn hio, no ven el peligro; así se
manifiesta Victórica: «Ha siclo burn;1namenrc exagerada fa pintura
que acaba de hacerse del estado de la nación ( .. . ). Yo estoy bien . per-
suadido ele que la mayoría de la nación. es constitucional, y de que
están de tal suerte convencidos los pueblos de las ventajas d e este
sistema, que todos los esfuerzos que hagan los enemigos del orden
para destruirlo serán impotentes y se convertirún contra ellos mis-
mos'' {. .. ). «Todas las maniobras de los enemigos del sistema Tayan en
lo imposible, y no hay el menor motivo para que alarmemos a la
nación y al Gobierno». Sorprende tal seguridad e ingenuidad cuando
todo el mundo sabía de la constante conspiración de la Corre, del Hey
mismo, contra el régimen constitucional; y no sólo el Hey, ramhién
el clero, la nobleza y las potencias reaccionarias extranjeras.
Manínez de la Hosa declara: «Abundo en las mismas ideas que
los señores Vi ctórica y Castañedm>. Ante los que aducen el ejemplo
de la reacción absolutista contra las Cortes de Cácliz, Martínez de la
Rosa dice : «Bien sé que porque desgraciadamente las Correr. ord i-
narias del año de 1814 vieron perecer la Patria sin que pudiesen los
amantes de la Constitución sostenerla en tan duro embate, liay quizá
una prevención contra ellas, acusándolas de falta el e previsión y de
energía». Martínez ele la Rosa opina que los Diputados de Cúdiz pre-
veían la reacción absolutista y sin pensar en que las <:osas pueden
repetirse más de una vez exclama: «¿Cómo era posible que dejasen
ele ver el inminente riesgo, cuando ya la tormenta tronaba sobre sus
cabezas?». Análoga pregunta podría diri gí rsele a Martínez de la Rosa
en 1823. en cuanto que lo que él recomienda ante esos peligros que
ven los exaltados es calma y moderación: justamente lo que los rea-
li stas necesitaban para conspirar sin peli gro y eficazmente.
2. Desestanco del tabaco.
3. Aboli ciún de los di ezmos.
Debate surgido a comeé:uencia de la proposici<'m del señor Gaseó
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pid!endo ia abolición cie ios diezmos eclesiást icos. Ante una insóÜta
alegación, Ochoa contestó: «No se me diga que los labradores están
acostumbrados a pagar esta contribución ominosa, porque respon-
deré que lo están como los galeotes del Reino y los presidiarios a la
cadenall. Y continúa el Diputado señor Ochoa: «Si el vivir sobre la
propiedad de otro es un crimen, lo sedt mayor el vivir sobre la propi e-
dad y sudor del hombre libre; esto sucede con respecto a tanto ecle-
siástico que, gozando rent as pingües sobre la masa decimal, ningún
servicio prestan a la sociedad; tanto cura rural, beneficiado siemple,
comendador, pensionistas, señores territoriales; ¿y sobre qué clase
viven estos seres inútiles? Sobre el labrador». A pesar de alguna débil
defensa ele los diezmos eclesiásticos el asunto fué votado a favor de
que se tr:itase dicha abolición con 119 contra 22 voros : así :icl elanraban
la s Cortes su juicio sobre el fondo del problema.
4. ·:_Disciplina militar.
5. · H.establecimi ento de los jes uíras.
6. -, La sesión de las páginas.
«Fue la m;\ s importante, ruidosa y memorable de este Congreso, así
por recoger b palpitación pública de las calles corno porque dej ó a J;i
Antología los mejores di sursos de la épocan, escribe Castro.
El motivo de este debate son los desórdenes callejeros y encuentros
armados que se produjeron a consecuencia de haber sido enviado, prác-
ticamente desterrado a Asturias el general Hiego; sus partida·rios, pro-
gresistas, se manifestaron en las calles y los realistas se enfrentaron
violentamente con ellos. Castro describe los hechos : «Así estaban las
cosas y los ánimos, cuando al anochecer, el 6 de septiembre, unos gru-
pos que frente a Palacio aguardaban a que el Hey volviera de paseo,
apenas divisaron el carruaje, comenzaron a dar vivas al Hey, que si no
eran seguidos de «constitucionah>, como ,no lo fueron, entonces se to-
rnaban por subversivos y absolutistas. Acudieron a los clamores otros
grupos, cantando el himno de Hiego y aclamando fogosamente a la
Constitución y se produjo un choque, en el cual los constitucionales
quedaron dueños ( ... ). El tumulto determinó poner Ja guarnición sobre
las armas».
En las Cortes, al día siguiente, se planteó el debate:
Moreno Guerra dijo: «El intento ele estos malvados (los realistas)
está bien conocido; es el mismo que tuvieron en mayo de 1814, y
sólo la buena voluntad de este pueblo heroico nos salvó anoche de
una cat<lstrofe y una ruina,>.
El Conde de Toreno se manifestó en semejante sentido : «Apoyo
rodo lo que acaba ele decir el señor Victórica y también la proposi -
ción del señor Moreno Guerra». «Yo bi en sé que no pueden ser éstos
669
más que enemigos de la Constitución, serviles, que valiéndose del
nombre de la Constitución y del Rey constitucional, atacan las leyes
y maquinan la ruina del sistema que nos ha dado la libertad».
El tabú es entonces la idea de República: acusar de republicano a
alguien significaba situarle en posi ción políticamente desventajosa;
por eso los realistas atacan a los constitucionales diciendo que se hacen
pasar por monárquicos constitucionales, pero que, en realidad, lo que
pretenden es la Repúbli ca: otra vez encontramos viejas tácticas que
llegan hasta nuestros días utilizando tabús diferentes.
Así di ce el señor Palarea: «esa voz aciaga que con tanta malicia
como perversidad han sabido reproducir esos indignos españoles, lla-
mados serviles, ele que había una Constitución secreta y un partido
republicano, voz alarmante y esparcida por los enemigos del sistema
constitucional, porque saben que tal forma de Gobierno es la que
más repugna a la nación, y vuelven a repetir una calumnia con que
lograron seducir a los incautos en el año 14 y que fue una de las
causas principales de que consiguiesen en aquella época el
1
inicuo
objeto de sus siniestros planes». Los planes de los realistas son los
siguientes en opinión de Palarea: «Inventemos esa idea de Repú-
blica (dirán los realistas) tan odiosa a los españoles, y de esta manera
dividiremos entre sí a los constitucionales» ( ... ) «y desconfiando así
todos, unos de otros, introducimos entre ellos la discordia y triunfa-
remos».
El Diputado Palarea niega que exista esa línea de opinión repu-
blicana y dice que -de existir- él mismo lucharía contra ella: «Es
un hecho sabi do, di ce, que en Madrid mismo salió una publicando
que existía ese plan de Repúbli ca, y que dentro de este augusto Con-
greso se encerraban algunos individuos que abrigaban esas mi smas
ideas» ( ... ). «Los españoles no qui eren otra cosa que Constitución y
Rey constitucional; yo lo aseguro».
A un que existiese algún fermento anti monárquico ele tendencia re-
publicana a imitación de Francia, puede en verdad afirmarse que en
ese momento, y más aún, en el 14, cuando ya se aprovechó 1;1na vez
la disculpa, no había una corriente de opinión republicana. Tuñón
el e Lara dice que los primeros gritos ele «¡Muera el Rey! » se oyeron
en 1823 ; no hay, desde luego, síntoma apreciable ele República misma
en las Cortes de Cádiz. Tampoco en las de 1820, aunque hay que
reconocer que tras los sucesos de 1814 y la total oposición al régimen
ele 1820, Femando VII no hacía nada a favor del sentimiento mo-
nárqui co. Lo que fue ocurriendo es que las indignidades reales fueron
efectivamente haciendo nacer esos sentimientos antimonárquicos. Pero
cuando los realistas hablaban de que en las Cortes de 1820 había
republi cani smo, lo que en realidad hacían era agitar el tabú de la
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}{epública para dividir y desprestigiar a los constitucionales; otra
cosa es que, paradógicamente, con el tiempo, aquello que entonces
no era cierto, y sí solamente an1ia de combate, terminase por con-
venirse en verdad a causa del continuo hundimiento de la monar-
quía, de sus baj ezas y sus inutilidades. Es éste un proceso que tam-
bi én es válido para nuestro tiempo en relación con otras ideas.
7. Las Comunidades religiosas.
8. Los mayorazgos.
(Ya nos ocupamos de estos problemas en el apartado correspon-
diente a la actividad legi slativa de las Cortes.)
9. Delitos de los eclesiásticos. Se reintegra a la jurisdi cción civil
el procedimi ento criminal contra los eclesiásticos.
10. Las sociedades patrióticas.
Como se sabe, estas agrupaciones, a veces un poco
y con la retóri ca de la época, estaban vinculadas a los grupos pro-
gresistas del país. En dici embre de 1820 fueron disueltas por el jefe
políti co (Gobernador) Marqués de Cerralbo. Los moderados culparán
al extremismo ele estas sociedades ele que el régimen constitucional
no se pudiera haber mantenido más de tres años; con sus extremo-
sidades, _dicen los moderados, se daba pie a la reacción absolutista.
Los reali stas también alegarán estos extremismos para justificar su
oposición al sistema liberal. Los progresistas «exaltados», por su parte,
alegan dos cosas: una, que sus extremismos no eran tales, si no me-
didas necesarias a adoptar si se quería que el cambio de :régimen no
fuese meramente formal (así ley de monacales, mayorazgos, etc.);
otra, que los absolutistas se oponían de igual modo al ·régimen cons-
titucionál, moderado o progresista, en cuanto éste hubi ese acordado
la menor cosa contraria a sus privilegios e intereses. ·
Realmente, aun dando por supuesto que no toda la actuación de
las sociedades patrióticas y de los exaltados fuese perfecta, lo que no
cabe duda es que los realistas tampoco tenían ningún deseo de que
lo fuera : incluso, como hemos visto, introducían agitadores profe-
sionales entre ellos. Por otra parte, pensar corno los moderados que
un sistema totalmente equilibrado y evolutivo, sin la menor exage-
ración hubiese resultado posible, era realmente una idea deseable,
pero que, dada la situación social y económica del país y la actitud
totalmente intransigente ele los reali stas, tenía realmente muy pocas
posibilidades de llevarse a la práctica.
FJórez Estrada defendió a las sociedades patriót icas en las Cortes:
«El primer paso hacia la esclativitud es atacar la libertad de fo
prensa e.impedir las reuni ones libres de los ciudadanos, sin las cuales,
desengáñernonos, jamás existió ni puede existir sólidamente el im-
671
per.io de la ley. Y será posibl e que un cuerpo legislativo que acaba
de ser res tablecido por un efecto, en gran parte debido a mismas
reuni ones patri c1t icas, se prepongan adoptar su aboli ción. Tu-
fi ón el e Lara sobre las sociedades pa tri óticas : «Falta por hacer un
est udi o seri o, sobre fuentes de la época, que aclare el verdadero carác-
ter y papel de las sociedades pa tri ót icas, pero no es posible negar que
fueron una d e las primeras mani festaciones encaminadas a formar
y expresar la opini ón públi ca que precedi eron a la formación el e fos
grandes partid os. Formadas por elementos popul ares ele las ciuclacles
y por escritores, peri odi stas, etc., no es el e extrafiar que adoptaran
una acti tud r adi cal y que su manera de expresarse, a veces vi olenta,
ha ya sido criti cada con pasión exces iva por qui enes, liberales o n o,
mant uvi eron a través de más el e un siglo un concepto ari stocráti co d e
la cosa públi ca». Podría, ?n ef ect_o, decirse que junto al despoti smo
ilustrado existe, tambi én ccsin el puebl o», un li berali smo ilustrad o, un
liberali smo conservador aristocra tizante que, ante cualquier «extre-
mi smo>>, ante cualqui er cosa que se relacione con las cc masas» o con
la revolución, no duel a en aceptar el statu quo, aunque siempre de-
jando bi en en claro que la evolución moderada fracasó por culpa el e
los que, ccexaltacl os)), querían ir demasiado a pri sa ; muchas veces, el
moderado critica. an tes a sus compañeros liberales progresistas que a
los propi os absolu tistas ; y, sin embargo, con la proclamación de Fer-
nando VII como Hey absoluto en 1823, los li berales, toci os mod era-
dos y exa ltados, fueron duramente perseguidos.
e) Causas de la caída del régi men liberal en 1823
Ya hemos visto la descripción que André.s Borrego hace del cua-
dro de las fu erzas opuestas al régimen liberal. T uñón d e Lara, en
sus vari as veces ci tada obra sobre la Espaíia del siglo XI X, las siste-
mati za en las tres sigui entes :
a) La reacción absoluti sta ex tranj era concretada en b Santa Alian-
za y t: n los Cien 11 iil hijos de S. Luis, mandados por el Conde de An-
gulema, que, en defini tiva, fu eron c¡ui enes acaba ron vi olentamente con
el sistema.
b) El clero y la nobl eza, d eseosos el e conservar sus anti guos pri -
vilegios y enemistados con la nueva situación, ya mús en ¡;oncreto
por la ley de monacales el primero, y la el e aboli ción de ·señoríos
territori ales, mayorazgos, etc., la segunda.
e) El propio Rey, su camarill a y ·1a Cor te, que desde el principi o
hi cieron tocio lo posi ble por difi cultar el trabajo del nuevo régimen.
Estos tres grupos, utilizando in teresadamente a un pueblo an-
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  mi serable y Wta lrnent e en;1jenado, socava ron e n tres ;iños
todos los nubles esfu erzos d e los libera les por hacer el e España una
1iación moderna y progres iva.
Los li berales moderados rnlpan , por lo reneral , a Fcrn;llldo VII de
];1 caíd a del régimen constit ucional : ccA los tres meses de ha ber jurado
el Hey la Const itución, vióse cl aro r¡11 e 11 0 podíamos contar con él»,
di ce Borrego al General Ri ego (35) . ((El grande argumento de Argüe-
ll es, el e Ca la trava, el e Mart ínez de la Hos;1, de Garely, del Conde
de T oreno y demús estadi stas que componía n lo c¡ ue podemos ll amar
el grupo conservador de la época -escribe Borrego (36)-, consistió en
argüir que con un Hey que, corn o Fn nand o, empezó a conspirar con-
t ra el régimen d el r¡uc era cabeza, a los tres 111 eses ele jurada por é l
la Const itución, no era pos ibl e gobernar». Fernando Garrido criti cará
a los li berales de 1820 (37): ccPero si los exaltados juzgaban sa11a-
mcn te la situación, su conducta políti ca di staba mucho de sus opi-
niones. Reconocían en el Rey su más pel igroso enemi go y lo conser-
varon. La mayoría el e es tos excelentes pa tri o tas eran revolucionari os
más teóri cos que práct icos; les faltó la energía y la audacia ele los
gigantes de 1792 y 1793 e n F ranci a, di ce Garrido. En vez de revocar
al Rey se contentaban con humill arlo, con hacer epi gramas y can-
ciones contra él, con imponerle la volun tad de la s Cortes».
Si t}. embargo, Borrego opina que no res ult aba posible en aquell a
circuns t;mcia espafiol a pensar en una sust itución del Hey ; según él,
de acuerdo con la línea moderada, lo q11e debi ó el e hacerse es formar
un gra n fr ente común un id o con todos los liberales y no haber
tan pi·onto planteado las leyes de monacales, señoríos, etc., que apar-
taban al clero y a la nobl eza. Di ce (3S): «Lo que más importante
huhi cra sido e ra el a traer a las fil as de los liberales a la gran masa
de los indi fere ntes, rn ús sensibles por tradi ción y por húbito al mando
de los rea li stas». Respecto a las medidas lcgisl:i tivas las reconoce cc uc-
ceoari as , pero no urgentes , y q11 e cahrí ;t fu esen ini ciad;1r, con pru·
.ci encia y bahi énd ula s hecho jln:ccdcr por el pbntcarni cPl.o el e una
aclmi nistraciún intel igente y vigorosa q11 c hubi ese creado 11na situa ·
cicí n fuerte mente apoyada en las clases medi as organi z:i el as 11 efecto»
Hespecto al Clero, escribe Borrego: «Había en verdad e ntre los re·
gui ares algunos li berales ele los que hubi era podido s;ic;irse partido
para ir a traye ndo al pueblo, si se hubi ese mostrado menos apresura-
mi ento en ;icometer las rcfurm;is ecles,i{tst icas, pero la gran mayoría
de los fra iles era con traria al nuevo orden ele cos;1s; y el alto clero,
(:is) ANn1u\ s HonnEco: 0/1. cil., p. 20.
(36) ANnnÉs Boníl EGO: 0 /1. cil. , p. 7.
(37) Citacl:i por TuÑÓN DE LAM : Oj >. ci l. , p. 46.
(38) ANDHÉS Bomn:co : 0 /1. cil. , p. 8.
673
más influyente aún por sus riquezas y sus relaciones constantes con
las clases y familias apegadas. al antiguo régimen, constituían los ele-
mentos de una extensa organización que abrazaba todo el reino, y
no tardó en establecer un foco de conspiración en cada población de
alguna importancia».
Los historiadores de tendencia reaccionaria suelen alegar las exa-
geraciones y los extremismos de los liberales «exaltados» para justi-
ficar la intromisión de la Santa Alianza contra el régimen liberal
español. Tambi én usan es te argumento algunos conservadores cada
vez menos liberales que mantienen un criterio aristocrático de la
políti ca y, en general, de la cultura: atacan a los progresist"s porque
con sus exageraciones di eron pi e a los absolutistas para justificar la
violencia contra el sistema constitucional, perjudicando con ~ l l o el
establecimi ento de un régimen moderado y evolutivo. Como· puede
verse son éstos argumentos que siguen utilizándose en nuestro ti empo;
en un país dominado por la reacción y el absolutismo, los moaerados
propugnan evolución y los progresistas revolución social y económica;
cabe pensar que ante una evolución los absolutistas la acepten y no
se subleven contra ella, y sí, en cambio, contra una revolución;' si los
absolutistas tienen fuerza para hacerlo, entonces por táctica se im-
pone la vía evolutiva. Pero, en el supuesto que consideramos, el de la
España de 1820, la realidad es que, a pesar de los extremismos y
radi calismos verbales de las sociedades patrióticas, los grupos progre-
sistas no hicieron nada que justificase la vuelta al sistema absolu-
tista; hay base p ~ r   pensar que los absolutistas no tenían el menor
deseo de prescindir de ninguno de sus privilegios. Todo esto sin contar
eón algo que escapa a la críti ca del historiador ele tendencia liberal
moderada, y es que la radi calización políti ca no es algo que surja o no
gratuitamente, sino que se presenta en relación indisoluble con la
realidad socio-económica del país y con las necesidades de todo tipo
de sus ciudadanos.
La verdad, ·repitámoslo, es que desde el primer momento -antes,
por tanto, de que se supiese si el régimen constitucional iba a ser
moderado o exaltado-el Rey y los absolutistas comenzaron a actuar
contra el régimen liberal. Recuérdese el «ejercicio de la fe», bajo la
protección apenas disimul ada del Gobierno francés, que actuaba en
el Norte de España contra los liberales; recuérdese asimismo la re-
gencia, que tenía su sede en Seo el e Urge!; recuérdese ya el 16 de
noviembre del mismo 1820, con el intento de Fernando VII de nom-
brar al General Carvajal Capitán de Castilla la Nueva, si n contar
con el Gobi erno; recuérdese la sublevaci ón absoluti sta el e 7 de julio
ele 1822. Por su parte, la verdad es que incluso los exaltados eran
rnon<í rqui cos y que realmente no había ni asomo de republicanismo;
674
1
1.
~
ya hemos vi sto al analizar la labor legislativa de las Cortes en qué
se concretaba realmente ese pretendido extremismo de los «exalta-
dos»: vimos cómo el problema era en realidad, en gran parte, cues-
tión de intereses y de privilegios de la nobleza y el alto Clero. Hasta
1823 no se oyó por vez primera en España el grito de «¡Muera el Rey! ».
Y junto a la oposición de los absolutistas espaifoles, la intenención
decisiva de las potencias reaccionarias extranjeras: El 22 de noviembre
ele 1822, la Santa Alianza decide intervenir en España; en enero
de 1823, la Sant a Alianza pide, con respues ta negativa, la anulación de
la Constitución ele 1812; el 7 de abril el e 1823, el Duque de Angulema
entra en España, y el 24 de mayo ll ega a Madrid; el 1 de octubre es
la capitulación de Cádiz y el fin del trienio liberal; la reacción exten-
dida fuertemente en esos años en bastantes países ele Europa no podía
tolerar un régimen liberal en España.
Con la proclamación de Fernando VII corno Rey absoluto, comienza
una de las grandes represiones contra los liberales españoles (39) · Fer-
nando VII, d Rey que en 1820 había aceptado mai·char por la senda
constitucional, da ahora un Decreto que comienza con las siguientes
palabras:' «Con el fin ele que desaparezca para siempre del suelo
español hasta la más remota idea de que la soberanía reside en otro
que en mi real personal ... ». El intento liberal español de 1820 a 1823
había fracasado; aunque para ello fuera absolutamente necesari a la
intervención de un ejército extranjero al servi cio de las potencias reac-
cionarias.
RAÚL MoRooo y ELíAs DíAz
Universidad de MAonm
(39) Sobre esto, especialmente sobre las expatriaciones, cfr. el excelente libro
de VICENTE LLORÉNS: Liberales y .-ománticos, publi caciones de la nueva Revista
de Filología Hispánica, Colegio de Méjico. Méji co, 1954.
675

Related Interests

ÜNUEL TuÑóN DE LARA: La Espaiia del siglo XIX (1808-1914), citada,
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1. Ley de monacales.
El proyecto ele ley sobre las comunidades religiosas fue presen-
tado a las Cortes por don Vicente Sancho; se nombró para su estudio
una comisión especial de las Cortes compuesta por los señores Castrillo
(obispo), García Page, Victorica, Cuesta, Gareli, Marina, Torino, Mar-
rínez de la Rosa y Sancho. «De la sesión del 21 de agosto a la de
9 de septiembre, escribe Castro, la comisión trabajó con actividad,
recogiendo los precedentes y estadísticas que tanto esclarecieron su
dictamen, el cual, aun siendo radical y revolucionario, fue firmado
por el obispo señor Castrillo y por todos los demás señores, sin que
ninguno formulase voto particular.»
El proyecto de ley presentado a las Cortes se componía de 26 ar-
tículos; regulaba la situación de las comunidades religiosas. Su artícu-
lo 1.º decía: <(Se suprimen todos los monasterios de las órdenes i1io-
nacales, incluso los de la claustral benedictina ele Aragón y CataJu-
ña, co1n'o asimismo los colegios y conventos de los cuatro militares de
San Juan de Jerusalén, de comendadores hospitalarios y hospitalarios
de San Juan de Dios.» El artículo 15 prescribía: <(La comunidad que
no llegue a constar de 24 religiosos ordenados in sacris, se reunirá
con la del convento de la misma orden más inmediata y se traslada-
rá a vivir con él; pero en el pueblo no haya más que un con-
vento, subsistirá si llega a tener 12 religiosos ordenados in sacris».
En la sesión extraordinaria de 21 ele septiembre de 1820 se discu-
tió en las Cortes el proyecto. Son sumamente impo:rtantes las inter-
venciones de dos obispos: uno-Castrillo- para apoyar el proyecto
votando después a favor de su aprobación, y otro -Fraile- para opo-
nerse a él votando después en contra. Se aprobó el proyecto sometido
a votación nominal por 107 votos contra 32, con lo cual se daba tér-
mino ·a esta cuestión. La ley de monacales se ocupaba también, junto
a los artículos más generales arriba transcritos, de regular el proble-
ma d.e los bienes de dichas comunidades religiosas.
2. Ley de abolición de los mayorazgos.
'
Las Cortes abolieron los sefioríos· territoriales y ·suprimieron todos
los mayorazgos, fideicomisos, patronatos y todas las vinculaciones de
bienes raíces, muebles, semovientes, censos, fueros, etc. Fue una me-
dida que, dada la antipopularidad de semejantes privilegios, resultó
aprobada casi por unanimidad.
Su importancia es extraordinaria: no es de extrañar que el dipu-
tado Vargas Ponce la elogiase del siguiente modo con una retórica
típica decimonóni ca: ''Señores, séame lícito, a ley de buen español,
empezar   la Providencia por haberme dejado ver el faus-
659
to día que hace cuarenta años ansiaba mi corazón. Llegado ha, no
h<ty que dudarlo, el momento feliz de remover España y lanzar de
ella pa·ra siempre el principal obstáculo de su . prosperidad, el impedi -
mento mayor de su abundancia, la traba más fuerte de su agricul-
tura, uno de los orígenes ' más amplios de su lastimera despoblación,
y lo que era infinitamente más afli ctivo y horrendo, un manantial
perenne de corrupción de costumbres y un torrente impetuoso de in-
moralidad. Sí, señor; todos esos males ahu yenta para siempre la abo-
lición de los mayorazgos»... Y termina su intervenci ón di ciendo:
«¿ Por qué Olmedo, Toro, Zamora y casi todas las ciudades ele Cas-
tilla la Vieja son cadáveres de pueblos? Porque las asesinaron los
ma yorazgos. ¿Por qué esdn reducidas a esquele to León, nurgos y
Valladolid? Porque las disecaron los mayorazgos.>>
Tuñon ele Lara escribe en su Espmia del siglo XIX: «Aunc¡Úe en 1824
se abolía esa disposición, corno todas fas del período liberal, fué res-
tablecida definitivamente en 1841 y puede decirse que ha sido una
de las pocas leyes que, en el siglo XIX, han contribuíclo, a:unque en
medida limitada, a que la estructura agraria el e España se acerque
del sistema feudal al sistema capitalista.»
Como ya hemos dicho, esta ley, cuya necesidad era por todos apre-
ciada, exceptuando, claro está, los mayorazgos y los demás señores
territoriales, hizo que éstos adoptasen una post ura de oposición total
al régimen liberal.
..
3. Otras di sposiciones;. legislativas de estas Cortes.
Junto a la ley ele monacales y de abolición de . mayorazgos las
Cortes liberales abolieron las aduanas int eriores, los .monopolios de
la sal y del tabaco; se concedió la libertad de industria y se $upri-
mió la obligatoriedad gremial. Las Cortes emprendieron, además, la
tarea codificadora: a ellas se debe nuestro primer Código pénal. Real-
no puede decirse que las Cortes del tri enio liberal
de ini ciativa y de deseos de hacer mejorar la situación el e la España
de su tiempo.
b) Comisiones de las Cortes y lemorias ministeriales
Fuera ya el e la actividad propiamente vertida en preceptos legisla-
tivos, las Cortes 1acometieron una serie de traba jos de tipo prepara to- .
rio y expositi vo de la realidad del país, cuyo análisis resulta impres-
cindible para conocer las necesidades y las posibilidades españolas del
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momento. Interesa sobre todo mencionar los dictámenes redactados
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por las, comisiones nombradas en las Cortes y asimi smo las Memorias
presentadas a las mismas por los mini stros del Gobierno.
1. ·comi siones de las Cortes: Di ctámenes de las rni srnas.
En .la primera sesión de las Cortes se procedió a la designación
de comisiones encargadas el e redactar una ser ie de dictámenes sobre
los diferentes problemas ele la situación del país, anali zando puntos
concretos y proponiendo posibles sol uciones.
En total se formaron quince comi siones rc:lativas a los sigui entc5
;is untos : Legislación, Hacienda, Agricultura, Comercio, Casos de res-
ponsabilidad, Instru cción púb'lica, Examen de cuentas y asuntos de
diputaciones provinciales, Guerra, Milicias Nacionales, Marina, Es-
pecial del edifi cio y gobierno interior las Cortes, Eclesiástica, Po-
lítica, de Poderes y, finalmente, d e redacción del Diario de Cortes,
Castro hace notar cómo «un amigable eclecticismo junta en ell as a
moderados y exaltados, y así advertirnos que en Legislación se reúnen:
Calatrava, radical, y Martínez Marina, moderado ; y en Hacienda,
Toreno está con Vargas Punce y Victoricrn, etc.
En estas comisiones se r edactaron importantes di ctámenes en los
que encontramos un interesante cuadro de los problemas y soluciones
de la época. Entre estos di ctámenes se hacen destacar el de Martí-
ncz de la Rosa sobre Instrucción pública; el ele Sierra Pambley sobre
desestanco del tabaco; el ele Istúri z, sobre formación ele los códi gos
rural, industri al y fabril; el de Quiroga, sobre Mili cias N acionales;
el de YandioJa, sobre rebajas de contribuciones; el de Gir<tldu, so-
lne la vuelta de los jesuítas; el de Sancho, sobre ·regulaTes; el de
Cabtrava, sobre represión del bandolerismo; el d e l'vlarrínez de la
Hosa, sobre los vagos; el de Oliver, sobre Aranceles y aduanas; el
de Torcno, sobre presupuestos y economí.1 ; el de Flúrcz Estrada, so-
bre exportación e importación.
2. Memorias 111 ini steriales.
l'ur decretos de 8 de abril y 4 d e de 1813 los 1111111 s-
tros obligados a presentar al comienzo ele la legislatura una
«mernqi;ia» expositiva de la situación que habían encontrado al llegar
al departamento ; el conjunto de las Memorias presentadas
ofrecía,. pues, un panorama bastante exacto ele la real situación de
cada uÍ1a ele las ramas ele la admini stración del país. Las redactadas
por los ministros li berales de 1820, dice Cas tro, (( nos clan el testimo-
nio ofi cial pt'.1bli co de la situación lamentable que en todos los órde-
nes agobiaba y entri stecía al país».
661
Son importantes las Memorias presentadas por el secretario del
despacho de Gracia y Justicia, don Manuel García Herreros; por el
de Hacienda, Canga Argüelles; por el de Guerra, marqués de las Ama-
rillas; por el de Marina, don Juan J abat; por el de la Gobernación
de Ultramar, sefíor Porcel, y, sobre todo, la presentada por Agustín
de Argüelles, secretario del despacho de la Gobernación de la penín-
sula. Vamos a exponer brevemente los puntos centrales de la Me-
moria de Argüelles, que, como decimos, reviste especial importancia:
((La Memoria de Argüelles, escribe Castro, tiene un alto valor do-
cumental, y a su grave y austero testimono ha de acudir el narra-
dor de los sucesos de esta época. La turbación social y política, el atra-
so industrial y agrlcola, la inseguridad pública de personas y de usos,
las costumbres más relajadas que en ningún tiempo, todo el caos po-
lítico y social, iluminado solamente por las trágicas teas del fana-
tismo, hállase retratado por Argüelles con la fidelidad impasible de
aquel varón tan justo como sabio.n
La Memoria parlamentaria presentada por Argüelles comprendía:
a) Enseñanza e Instrucción pública.
b) Obras públicas, caminos, canales.
c) Sanidad.
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d) Agricultura, Minas, Industria y Comercio.
e) Beneficencia, Estadística y Economía.
Propugna Argüell es en su Memoria que ((en todas las escuelas,
colegios, casas de educación y universidades del reino se explique la
Constitución de la monarquía; que los respetables ministros de nues-
tra sagrada religión, añade, bajo la dirección de los prelados dioce-
sanos, expliquen a sus feligreses, como pal'te de sus obligaciones, los
preceptos de la Constitución» ... «Diríase, comenta Castro, que al alu-
dir a la enseñanza de la Constitución desde la cátedra y el púlpito
respondía, irónicamente, a los que en la Universidad de Cervera· pro-
clamaron la funesta manía de pensar.» Traza Argüelles un 'cuadro
bastante exacto de la situación ele la enseñanza en España en sus di-
versos grados y propone una serie de medidas concretas paora su me-
jora.
En los asuntos económicos, Argüelles mantiene más bien un cri-
terio típicamente liberal como es el abstencionismo estatal: «Las
personas ilustradas saben, escribe Argüell es, que la protección que el
Gobierno debe a la agricultura y a la industri a es más bien negativa
que positiva : que su acción debe limitarse a remover estorbos, a ha-
cer respetar la propiedad y dejar obrar li bremente al interés indivi-
dual, causa harto más eficaz que todos los estímulos que puede sumi-
ni strar el favor del Gobieq\o.n Como puede verse, Argüelles profesa
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los más puros principios del liberalismo eoonómi:co de los fisiócratas
y habla d.e los males de una protección estatal creadora de gabelas y
obstáculos a la economía.
Se pronuncia asimismo a favor de la tesis ele que las minas, fá-
bricas y empresas sean propiedad particular y no propiedad del Go-
bierno; escribe: «Por lo demás, nadie ignora lo que debe pensarse
de las fábricas y empresas industriales diri gidas como especulaciones
lucrativas por cuenta del Gobierno. Si éste da a su industria el carác-
ter de exclusiva y pone en entredicho a los particulares, les cierra un
manantial de prosperidad, extingue un género de industria que po-
día alimentar a muchos, y perjudi ca esencialmente a la población
y a la riqueza. Si la industria es común y accesible a los particulares,
el Gobierno concune con desventaja y lucha en vano con los esfuer-
zos del interés personal de los fabricantes: sus pérdidas son se-
guras.n
Las Memorias parlamentarias de los ministros junto con los dic-
támenes de las comisiones de las Cortes constituyen, además, de una
muestra de la actividad desplegada por los diputados liberales de
1820, un retrato bastante fiel de la situación cultural, social, política
y económica del país. Situación que la herencia dejada por el abso-
luti smo permitía .calificar de lamentable y difícilmente sol ucionabl e.
Las Cortes del trienio liberal van a intentar cambiar al paÍs: sus
propias insuficiencias, la misma dificultad de los problemas plantea-
dos y, sobre t odo, la constante oposición ele los elementos reacciona-
rios absolutistas nacionales y extranjeros van a hacer fracasar tan loa-
bles intentos y a dar al traste con el régimen constitucional con tan-
tos esfuerzos y tanta ilusión forjado.
c) Consideración es-pecial de la Reglamentación del Trabajo, de Agri-
cultura y Comercio
Esta proposición hecha a las Cortes por las Comisiones de Agricul-
tura y Comercio ·constituye una auténti ca novedad en cuanto que las
Cortes de Cádiz no se habían ocupado de estas cuestiones de carácter
laboral y económico. Es importante también hacer resaltar que, aun
manteniéndose el principio general de la validez del liberali smo eco-
nómico, se da, sin embargo, entrada a un cierto intervencionismo
estatal.
Así, el artículo 1.º de di cha Reglamentación dice: «Que se prohiba
la introducción ele granos extranjeros en todos los puertos de la pen- ..
ínsula y sus adyacentes mientras la fa nega de trigo o el quintal de
harina no excedan del precio de So reales vellón.»
663
Esta Reglarnentac1ón dei Trabajo de Agricultura y Comercio está
basada en los principios indi vidualistas_ del xrx, en oposición justifi-
cada a las anreriores formas gremiales de asociacionismo laboral que
habían creado un sistema corrompido lleno de trabas y de obstáculos,
tanto para la producción en sí como para la mejorq de la sit uación
misma de obreros y arres:rnos. Por -eso di ce la Reglamenración: cc Res-
rableciclos los decretos de las Corres extraordina-rias y ordinarias, la-
bradores, artesanos y fabricantes están otra vez libres ' ele las trabas y
vejaciones que les imponían unas leyes bárbaras e injustas, hechas o
protegidas por personas o cuerpos ajenos de lo que trataban y eje-
cutadas por estafadores públicos. El interés del hombre no necesita
otros auxili os de parre del Gobierno que el proporcionar los medi os
el e instruirse, Jo cual logrará cuand o el Congreso di scuta y se lleve a
di scusión el Reglamento de Instrucción pública, el de hacerle las me-
joras st.1periores a las fu erzás y al interés de ·ios parti culares, cuales
son los canales de navegación y riego, los grand es pantanos y otras de
esta cla se, que exigen tiempo y requi eren fondos de que no se puede
di sponer fa ldndonos aún lo preciso.» Como puede verse se proclama
el principi o liberal del abstencionismo del Estado, as ignándole una
mi sión úni camente pegaclógica y de empresario subsidiari o en las ohr:1s
que exceden de Ja capacidad individual humana.
Las medidas general es posibl es que h comi sión redama del Con.
grcso son las sigui entes:
a) Aumento de trabaj o.
/J ) Aumento ele trabajadores.
e) Igualdad de contribuciones.
d) Formación de los Códigos -rural , fabril e industria l.
Respecto al aumento de trabajo, la Reglamentación. se fija en el
número tan desmes urado de fi es tas religiosas y profanas que exis-
tían en la época, número tan exorbitado de días festivos que perj u-
dicaba realmente a la economía individual y general del país. ccEl va-
lor del trabaj o que se puede hacer en los días festi vos no es de poca
importancia para perderlo sin compensación alguna» .. . Por lo tanto,
«bs comisiones pl'Oponen que todos los días del año, desde princi-
pi os de 182 1, sean días de trabajo, excepto los domingos y festividades
del Señor; las de la Virgen y los santos pueden celebrarse en los do-
mingos del año.»
La comi sión hace notar --en -relación con el aumento de traba-
jadores- gue ccel Gobierno tiene a su di sposición muchos millares de
empl eados cesantes o que di sfrut an sueldo sin tener destinp, y muchos
mill ares de agregados militares. Las comi siones no tratan de exa-
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minar las causas ni dej an ele conocer que eh muchos de los primeros
son invol untarias y en muchos de los segundos meritorias. Se limi-
tan sólo a proponer que no se grave más el presupuesto de gastos con
nuevos empleos y nuevos empleados, y que se saque algún provecho
del gravamen actual>>. A la vi sta de estas y otras simibres considera-
ciones:
Las comi siones proponen, pues:
Primero. Que de ninguna manera ni bajo pretexto alguno se
aumente el presupuesto de gastos con nuevos empleos ni nuevos em-
pleados, mi entras los haya cesantes o que di sfruten sueldo D no ten-
gan empleo, sin previa noti cia a fas Cortes, así de la necesidad del
empleo, como de no haber entre Jos cesantes quien pueda desempe-
ñarlo.
Segundo, -Que se suspenda la creación de nuevos oficiales ínterin
]i;_¡ya agregados del arma correspondi ente, o se dispone lo que con-
venga en Ja const itución militar (o sea, Reglamento del Ejército) que
se prepara.
Tcr¿cro. Que se prohíh:1 el a11mcnto del clero secul :u hasta que
una ley determine lo conveniente sobre Ja proporción que debe haber
entre eclesiás ticos y seculares.
Cuarto. Que se confirme el decreto de Su Majestad prohibi end o
la entrada de novici os de uno y otro sexo en t0<las las órdenes reli-
giosas, etc.
Quinto y sexto. Relativos a los bienes del clero regular y Ja de-
peiKlencia de los religioS<Js.
Revi ste especialísimo interés el ap:Jrtado dedicado a la igua !dad
de . contribuciones. Di ce la comi sión en di cha Reglamentación :
· «El artículo 339 de la Constitución ordena que las contribuciones
se repartan entre todos los españoles con proporción a sus facult ades,
siii excepción ni pri vil egio alguno; y en esta parte la Constitución no
se ha puesto en planta todavía. El labrador, expuesto a todas l as vici-
situdes e inconstancias del tiernpo, es el más gravado en la contribu-
ción indirecta, porque sus capitales e industri as son más difí ciles de
ocultar y el e di sminuir, y el que menos puede excusarse del servicio
personal, porque está más adicto a la ti erra. Es, continúa la Comi-
sión, casi el úni co gravado con el servicio ele bagales; y como si
todas las demás clases del Estado se compusiesen de genres de otras
religiones, a él sólo se le grava con los gastos del culto católico. Aún
si fuera esto sólo, podría sobrellevarlo: pero se le grava, ademús, con
el luj o del -Clero en -rentas y person'as ; sobre él se cobran bajo los
nombres de tercias, de excusado, de .. nuevo y novísimo noveno, una
porción de mill ones que entran en el Erario; y sobre él se decretan,
665
concediendo encomiendas y pensionando las mitras y dignidades, . pre-
mios por servicios reales o supuestos hechos a la causa pública.))
Constituyen estos párrafos una viva descripción de la situación
española: el campo soportando los gastos de la Corte y del Clero:
no es de extrañar que ambos se declarasen enemigos de un régimen,
como el liberal, que pretendía alterar esa situación de privilegio. La
Comisión, con un criterio económico moderno pone de manifiesto las
repercusiones de esa situación a escala internacional. Dice:
<«Mientras las naciones vivieran aisladas unas de otras, pudieran,
sin graves inconvenientes, arreglar su sistema económico; pero hoy
es otra cosa. Los gobiernos tienen entre sí más relaciones que tenían
antes las provincias de un gobierno mismo. El mundo civilizado forma,
por decirlo así, una sola nación, de que pueden considerarse provin-
cias las dem<Ís naciones. Luego que una de ellas da algún paso grande
en el sistema económico, las dem<Ís, guiadas por el primero de todos
los deberes, que es la conservación, tienden a nivelarse con ella y
adoptar esta mejora o un Se propugna, pues, una dis-
minución en los gastos d; ¡'. culto religioso y de los eclesiá:sti{:os y
asimismo desgravar y liberar al trabajador del campo de todas esas
cargas injustas; y esto tanto por razones de justicia {:Omo por moti-
vos económicos estrictos. Dice la Comisión: «El Temedio radical es
nivelar los provechos del labrador español con los · de los labradores
de los demás países, a fin de que sus producciones puedan entrar en
concurrencia con el mercado general del mundon.
Finalmente, {:On respecto al cuarto punto de que se ocupa la
Reglamentación -Código rural, fabril e industrial-, la Comisión hace
notar la necesidad de dichas ordenaciones legales: «Nuestras leyes
agrarias y fabriles, dice, están diseminadas por los cuerpos de legis-
lación, por los Reglamentos de las respectivas maestrías y por las
Ordenanzas reales y municipales de cada pueblo. Por necesidaq est<Ín
ahogadas en un caos y llenas de vejaciones y caprichos ( ... ). Las Cor-
tes, convencidas de estos inconvenientes, nombran Comisiones para
formar estos Códigos».
Este es fundamentalmente el contenido de esta Reglamentación
del Trabajo de Agricultura y Comercio: su interés radica en la ma-
teria tratada --economía y trabajo-, cuestiones que hasta entonces
habían estado un poco al margen de los programas políticos; sirve
asimismo como retrato de la situación y propone algunas interesantes
soluciones. La Comisión famó su Reglamentación el 22 de julio
de 1820, y estaba compuesta por los siguientes diputados: Istúriz, Fer-
nández Gaseó, Rojas Clemente, Moreno Guerra, Flórez Estrada, Ro-
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mero Alpuente, Navarro, Sánchez Toscano, Solanot, el Conde de
Maule, Oliver, Juan Alvarez Guerra y Félix Janer (34) .
d) Debates más importantes
Como conclusión de esta breve exposición sobre la actividad de
las Cortes de 1820, vamos a examinar brevemente algunos de los más
importantes debates en ellas celebrados. Con este tema volveremos
a ver más explícitamente replanteado el problema de la parte pri -
mera de este trabajo, es decir, el problema de los grupos políticos
actuantes en las Cortes. En efecto, la discusión en ellas de algunos
importantes puntos pondrá claramente de manifiesto el plantel de
diversas tendencias políticas existentes.
Del éupo de debates a c·onsiderar, los dos quizá más importantes
sean los denominados por Castro, debate sobre <dos enemigos de la
Constituciórni y sobre «la sesión de las páginasll.
1. Ei1emigos ele la Constitución.
Planteado a consecuencia de la negativa del Obispo de Orihuela
a que, como a propuesta de Argüel!es había establecido la Real Or-
den de 16 de junio, los Curas párrocos explicasen la Constitución
los domingos y días festivos a sus feligreses.
Decía el Obispo de Orihuela: «Entiendo que no debo cargarlos (a
los curas) con el nuevo peso ele explicar la Constitución, pues harto
harán, y ojalá que lo cump'1an todo de explicar el Santa Evangelio
del día, o alguna otra verdad o máxima cristiana de los preceptos
divinos o eclesiásticos». «Corno sabe V. E. el que no es buen cristiano,
no puede ser buen ciudadano, ni servir para cosa de provechmi. «Si
adoptase el método que V. E. me previene, resultarían si en las leyes
políticas más ignorantes que en las cristianas. ¿Y cuándo habrían de
aprender éstas? Nunca, ciertamente.»
Dos tipos de contestaciones hubo a la negativa del Obispo de
Orihuela: los progresistas o «exaltados» pusieron ele manifiesto la fuerza
de los enemigos de la Constitución; los moderados, más confiados,
no veían en ello peligro para el régimen. Por los primeros hablaron
los Diputádos Moreno Guerra y Romero Al puente; por los segundos,
Victórica y Martínez de la Rosa.
Decía Moreno Guerra: «Por aquí empezó la ruina del sistema en
el año 10: por un Obispo que decía que en conciencia no podían. (Alu-
día al Obispo de Orense que en las Cortes de Cádiz, en 1810, se había
;
(34) Tamo para la expos1c10n de los trabajos de las Comisiones de las Cortes
como las Memorias ministeriales· y la Reglamentación del trabajo ele Agricultura
y Comercio, hemos utilizado los textos reproducidos en la citada obra de CASTRO.
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CUADERNOS   201 .-B
negado a )urar ia soberanía naclonai.) ,<Aquí, condnóa Moreno Cuertfi,
el señor Obi spo empieza invoca ndo la Providencia; pero por esta
Divina Providencia he estado yo y la mitad del Congreso metido en
calabozos, castillos y prisiones. Ahora no se trata de intereses panicu-
lares: se trata del bien general de la nación y del Rey».
Por su parte, Romero Alpuente insiste en que el régimen liberal
está en peligro, que los realistas, absolutistas, preparan la contrarrevo-
lución. Di ce: «No debemos dudar que se está minando ele continuo
y apurando tocios los recursos para que no se consolide el sistema cons-
titucional. Si esto es así, ¿por qué no se han de tomar todas las medi -
das necesa rias para salvar la na ciún ?n
Los liberal es moderados, en carn hio, no ven el peligro; así se
manifiesta Victórica: «Ha siclo burn;1namenrc exagerada fa pintura
que acaba de hacerse del estado de la nación ( .. . ). Yo estoy bien . per-
suadido ele que la mayoría de la nación. es constitucional, y de que
están de tal suerte convencidos los pueblos de las ventajas d e este
sistema, que todos los esfuerzos que hagan los enemigos del orden
para destruirlo serán impotentes y se convertirún contra ellos mis-
mos'' {. .. ). «Todas las maniobras de los enemigos del sistema Tayan en
lo imposible, y no hay el menor motivo para que alarmemos a la
nación y al Gobierno». Sorprende tal seguridad e ingenuidad cuando
todo el mundo sabía de la constante conspiración de la Corre, del Hey
mismo, contra el régimen constitucional; y no sólo el Hey, ramhién
el clero, la nobleza y las potencias reaccionarias extranjeras.
Manínez de la Hosa declara: «Abundo en las mismas ideas que
los señores Vi ctórica y Castañedm>. Ante los que aducen el ejemplo
de la reacción absolutista contra las Cortes de Cácliz, Martínez de la
Rosa dice : «Bien sé que porque desgraciadamente las Correr. ord i-
narias del año de 1814 vieron perecer la Patria sin que pudiesen los
amantes de la Constitución sostenerla en tan duro embate, liay quizá
una prevención contra ellas, acusándolas de falta el e previsión y de
energía». Martínez ele la Rosa opina que los Diputados de Cúdiz pre-
veían la reacción absolutista y sin pensar en que las <:osas pueden
repetirse más de una vez exclama: «¿Cómo era posible que dejasen
ele ver el inminente riesgo, cuando ya la tormenta tronaba sobre sus
cabezas?». Análoga pregunta podría diri gí rsele a Martínez de la Rosa
en 1823. en cuanto que lo que él recomienda ante esos peligros que
ven los exaltados es calma y moderación: justamente lo que los rea-
li stas necesitaban para conspirar sin peli gro y eficazmente.
2. Desestanco del tabaco.
3. Aboli ciún de los di ezmos.
Debate surgido a comeé:uencia de la proposici<'m del señor Gaseó
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pid!endo ia abolición cie ios diezmos eclesiást icos. Ante una insóÜta
alegación, Ochoa contestó: «No se me diga que los labradores están
acostumbrados a pagar esta contribución ominosa, porque respon-
deré que lo están como los galeotes del Reino y los presidiarios a la
cadenall. Y continúa el Diputado señor Ochoa: «Si el vivir sobre la
propiedad de otro es un crimen, lo sedt mayor el vivir sobre la propi e-
dad y sudor del hombre libre; esto sucede con respecto a tanto ecle-
siástico que, gozando rent as pingües sobre la masa decimal, ningún
servicio prestan a la sociedad; tanto cura rural, beneficiado siemple,
comendador, pensionistas, señores territoriales; ¿y sobre qué clase
viven estos seres inútiles? Sobre el labrador». A pesar de alguna débil
defensa ele los diezmos eclesiásticos el asunto fué votado a favor de
que se tr:itase dicha abolición con 119 contra 22 voros : así :icl elanraban
la s Cortes su juicio sobre el fondo del problema.
4. ·:_Disciplina militar.
5. · H.establecimi ento de los jes uíras.
6. -, La sesión de las páginas.
«Fue la m;\ s importante, ruidosa y memorable de este Congreso, así
por recoger b palpitación pública de las calles corno porque dej ó a J;i
Antología los mejores di sursos de la épocan, escribe Castro.
El motivo de este debate son los desórdenes callejeros y encuentros
armados que se produjeron a consecuencia de haber sido enviado, prác-
ticamente desterrado a Asturias el general Hiego; sus partida·rios, pro-
gresistas, se manifestaron en las calles y los realistas se enfrentaron
violentamente con ellos. Castro describe los hechos : «Así estaban las
cosas y los ánimos, cuando al anochecer, el 6 de septiembre, unos gru-
pos que frente a Palacio aguardaban a que el Hey volviera de paseo,
apenas divisaron el carruaje, comenzaron a dar vivas al Hey, que si no
eran seguidos de «constitucionah>, como ,no lo fueron, entonces se to-
rnaban por subversivos y absolutistas. Acudieron a los clamores otros
grupos, cantando el himno de Hiego y aclamando fogosamente a la
Constitución y se produjo un choque, en el cual los constitucionales
quedaron dueños ( ... ). El tumulto determinó poner Ja guarnición sobre
las armas».
En las Cortes, al día siguiente, se planteó el debate:
Moreno Guerra dijo: «El intento ele estos malvados (los realistas)
está bien conocido; es el mismo que tuvieron en mayo de 1814, y
sólo la buena voluntad de este pueblo heroico nos salvó anoche de
una cat<lstrofe y una ruina,>.
El Conde de Toreno se manifestó en semejante sentido : «Apoyo
rodo lo que acaba ele decir el señor Victórica y también la proposi -
ción del señor Moreno Guerra». «Yo bi en sé que no pueden ser éstos
669
más que enemigos de la Constitución, serviles, que valiéndose del
nombre de la Constitución y del Rey constitucional, atacan las leyes
y maquinan la ruina del sistema que nos ha dado la libertad».
El tabú es entonces la idea de República: acusar de republicano a
alguien significaba situarle en posi ción políticamente desventajosa;
por eso los realistas atacan a los constitucionales diciendo que se hacen
pasar por monárquicos constitucionales, pero que, en realidad, lo que
pretenden es la Repúbli ca: otra vez encontramos viejas tácticas que
llegan hasta nuestros días utilizando tabús diferentes.
Así di ce el señor Palarea: «esa voz aciaga que con tanta malicia
como perversidad han sabido reproducir esos indignos españoles, lla-
mados serviles, ele que había una Constitución secreta y un partido
republicano, voz alarmante y esparcida por los enemigos del sistema
constitucional, porque saben que tal forma de Gobierno es la que
más repugna a la nación, y vuelven a repetir una calumnia con que
lograron seducir a los incautos en el año 14 y que fue una de las
causas principales de que consiguiesen en aquella época el
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inicuo
objeto de sus siniestros planes». Los planes de los realistas son los
siguientes en opinión de Palarea: «Inventemos esa idea de Repú-
blica (dirán los realistas) tan odiosa a los españoles, y de esta manera
dividiremos entre sí a los constitucionales» ( ... ) «y desconfiando así
todos, unos de otros, introducimos entre ellos la discordia y triunfa-
remos».
El Diputado Palarea niega que exista esa línea de opinión repu-
blicana y dice que -de existir- él mismo lucharía contra ella: «Es
un hecho sabi do, di ce, que en Madrid mismo salió una publicando
que existía ese plan de Repúbli ca, y que dentro de este augusto Con-
greso se encerraban algunos individuos que abrigaban esas mi smas
ideas» ( ... ). «Los españoles no qui eren otra cosa que Constitución y
Rey constitucional; yo lo aseguro».
A un que existiese algún fermento anti monárquico ele tendencia re-
publicana a imitación de Francia, puede en verdad afirmarse que en
ese momento, y más aún, en el 14, cuando ya se aprovechó 1;1na vez
la disculpa, no había una corriente de opinión republicana. Tuñón
el e Lara dice que los primeros gritos ele «¡Muera el Rey! » se oyeron
en 1823 ; no hay, desde luego, síntoma apreciable ele República misma
en las Cortes de Cádiz. Tampoco en las de 1820, aunque hay que
reconocer que tras los sucesos de 1814 y la total oposición al régimen
ele 1820, Femando VII no hacía nada a favor del sentimiento mo-
nárqui co. Lo que fue ocurriendo es que las indignidades reales fueron
efectivamente haciendo nacer esos sentimientos antimonárquicos. Pero
cuando los realistas hablaban de que en las Cortes de 1820 había
republi cani smo, lo que en realidad hacían era agitar el tabú de la
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}{epública para dividir y desprestigiar a los constitucionales; otra
cosa es que, paradógicamente, con el tiempo, aquello que entonces
no era cierto, y sí solamente an1ia de combate, terminase por con-
venirse en verdad a causa del continuo hundimiento de la monar-
quía, de sus baj ezas y sus inutilidades. Es éste un proceso que tam-
bi én es válido para nuestro tiempo en relación con otras ideas.
7. Las Comunidades religiosas.
8. Los mayorazgos.
(Ya nos ocupamos de estos problemas en el apartado correspon-
diente a la actividad legi slativa de las Cortes.)
9. Delitos de los eclesiásticos. Se reintegra a la jurisdi cción civil
el procedimi ento criminal contra los eclesiásticos.
10. Las sociedades patrióticas.
Como se sabe, estas agrupaciones, a veces un poco
y con la retóri ca de la época, estaban vinculadas a los grupos pro-
gresistas del país. En dici embre de 1820 fueron disueltas por el jefe
políti co (Gobernador) Marqués de Cerralbo. Los moderados culparán
al extremismo ele estas sociedades ele que el régimen constitucional
no se pudiera haber mantenido más de tres años; con sus extremo-
sidades, _dicen los moderados, se daba pie a la reacción absolutista.
Los reali stas también alegarán estos extremismos para justificar su
oposición al sistema liberal. Los progresistas «exaltados», por su parte,
alegan dos cosas: una, que sus extremismos no eran tales, si no me-
didas necesarias a adoptar si se quería que el cambio de :régimen no
fuese meramente formal (así ley de monacales, mayorazgos, etc.);
otra, que los absolutistas se oponían de igual modo al ·régimen cons-
titucionál, moderado o progresista, en cuanto éste hubi ese acordado
la menor cosa contraria a sus privilegios e intereses. ·
Realmente, aun dando por supuesto que no toda la actuación de
las sociedades patrióticas y de los exaltados fuese perfecta, lo que no
cabe duda es que los realistas tampoco tenían ningún deseo de que
lo fuera : incluso, como hemos visto, introducían agitadores profe-
sionales entre ellos. Por otra parte, pensar corno los moderados que
un sistema totalmente equilibrado y evolutivo, sin la menor exage-
ración hubiese resultado posible, era realmente una idea deseable,
pero que, dada la situación social y económica del país y la actitud
totalmente intransigente ele los reali stas, tenía realmente muy pocas
posibilidades de llevarse a la práctica.
FJórez Estrada defendió a las sociedades patriót icas en las Cortes:
«El primer paso hacia la esclativitud es atacar la libertad de fo
prensa e.impedir las reuni ones libres de los ciudadanos, sin las cuales,
desengáñernonos, jamás existió ni puede existir sólidamente el im-
671
per.io de la ley. Y será posibl e que un cuerpo legislativo que acaba
de ser res tablecido por un efecto, en gran parte debido a mismas
reuni ones patri c1t icas, se prepongan adoptar su aboli ción. Tu-
fi ón el e Lara sobre las sociedades pa tri óticas : «Falta por hacer un
est udi o seri o, sobre fuentes de la época, que aclare el verdadero carác-
ter y papel de las sociedades pa tri ót icas, pero no es posible negar que
fueron una d e las primeras mani festaciones encaminadas a formar
y expresar la opini ón públi ca que precedi eron a la formación el e fos
grandes partid os. Formadas por elementos popul ares ele las ciuclacles
y por escritores, peri odi stas, etc., no es el e extrafiar que adoptaran
una acti tud r adi cal y que su manera de expresarse, a veces vi olenta,
ha ya sido criti cada con pasión exces iva por qui enes, liberales o n o,
mant uvi eron a través de más el e un siglo un concepto ari stocráti co d e
la cosa públi ca». Podría, ?n ef ect_o, decirse que junto al despoti smo
ilustrado existe, tambi én ccsin el puebl o», un li berali smo ilustrad o, un
liberali smo conservador aristocra tizante que, ante cualquier «extre-
mi smo>>, ante cualqui er cosa que se relacione con las cc masas» o con
la revolución, no duel a en aceptar el statu quo, aunque siempre de-
jando bi en en claro que la evolución moderada fracasó por culpa el e
los que, ccexaltacl os)), querían ir demasiado a pri sa ; muchas veces, el
moderado critica. an tes a sus compañeros liberales progresistas que a
los propi os absolu tistas ; y, sin embargo, con la proclamación de Fer-
nando VII como Hey absoluto en 1823, los li berales, toci os mod era-
dos y exa ltados, fueron duramente perseguidos.
e) Causas de la caída del régi men liberal en 1823
Ya hemos visto la descripción que André.s Borrego hace del cua-
dro de las fu erzas opuestas al régimen liberal. T uñón d e Lara, en
sus vari as veces ci tada obra sobre la Espaíia del siglo XI X, las siste-
mati za en las tres sigui entes :
a) La reacción absoluti sta ex tranj era concretada en b Santa Alian-
za y t: n los Cien 11 iil hijos de S. Luis, mandados por el Conde de An-
gulema, que, en defini tiva, fu eron c¡ui enes acaba ron vi olentamente con
el sistema.
b) El clero y la nobl eza, d eseosos el e conservar sus anti guos pri -
vilegios y enemistados con la nueva situación, ya mús en ¡;oncreto
por la ley de monacales el primero, y la el e aboli ción de ·señoríos
territori ales, mayorazgos, etc., la segunda.
e) El propio Rey, su camarill a y ·1a Cor te, que desde el principi o
hi cieron tocio lo posi ble por difi cultar el trabajo del nuevo régimen.
Estos tres grupos, utilizando in teresadamente a un pueblo an-
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  mi serable y Wta lrnent e en;1jenado, socava ron e n tres ;iños
todos los nubles esfu erzos d e los libera les por hacer el e España una
1iación moderna y progres iva.
Los li berales moderados rnlpan , por lo reneral , a Fcrn;llldo VII de
];1 caíd a del régimen constit ucional : ccA los tres meses de ha ber jurado
el Hey la Const itución, vióse cl aro r¡11 e 11 0 podíamos contar con él»,
di ce Borrego al General Ri ego (35) . ((El grande argumento de Argüe-
ll es, el e Ca la trava, el e Mart ínez de la Hos;1, de Garely, del Conde
de T oreno y demús estadi stas que componía n lo c¡ ue podemos ll amar
el grupo conservador de la época -escribe Borrego (36)-, consistió en
argüir que con un Hey que, corn o Fn nand o, empezó a conspirar con-
t ra el régimen d el r¡uc era cabeza, a los tres 111 eses ele jurada por é l
la Const itución, no era pos ibl e gobernar». Fernando Garrido criti cará
a los li berales de 1820 (37): ccPero si los exaltados juzgaban sa11a-
mcn te la situación, su conducta políti ca di staba mucho de sus opi-
niones. Reconocían en el Rey su más pel igroso enemi go y lo conser-
varon. La mayoría el e es tos excelentes pa tri o tas eran revolucionari os
más teóri cos que práct icos; les faltó la energía y la audacia ele los
gigantes de 1792 y 1793 e n F ranci a, di ce Garrido. En vez de revocar
al Rey se contentaban con humill arlo, con hacer epi gramas y can-
ciones contra él, con imponerle la volun tad de la s Cortes».
Si t}. embargo, Borrego opina que no res ult aba posible en aquell a
circuns t;mcia espafiol a pensar en una sust itución del Hey ; según él,
de acuerdo con la línea moderada, lo q11e debi ó el e hacerse es formar
un gra n fr ente común un id o con todos los liberales y no haber
tan pi·onto planteado las leyes de monacales, señoríos, etc., que apar-
taban al clero y a la nobl eza. Di ce (3S): «Lo que más importante
huhi cra sido e ra el a traer a las fil as de los liberales a la gran masa
de los indi fere ntes, rn ús sensibles por tradi ción y por húbito al mando
de los rea li stas». Respecto a las medidas lcgisl:i tivas las reconoce cc uc-
ceoari as , pero no urgentes , y q11 e cahrí ;t fu esen ini ciad;1r, con pru·
.ci encia y bahi énd ula s hecho jln:ccdcr por el pbntcarni cPl.o el e una
aclmi nistraciún intel igente y vigorosa q11 c hubi ese creado 11na situa ·
cicí n fuerte mente apoyada en las clases medi as organi z:i el as 11 efecto»
Hespecto al Clero, escribe Borrego: «Había en verdad e ntre los re·
gui ares algunos li berales ele los que hubi era podido s;ic;irse partido
para ir a traye ndo al pueblo, si se hubi ese mostrado menos apresura-
mi ento en ;icometer las rcfurm;is ecles,i{tst icas, pero la gran mayoría
de los fra iles era con traria al nuevo orden ele cos;1s; y el alto clero,
(:is) ANn1u\ s HonnEco: 0/1. cil., p. 20.
(36) ANnnÉs Boníl EGO: 0 /1. cil. , p. 7.
(37) Citacl:i por TuÑÓN DE LAM : Oj >. ci l. , p. 46.
(38) ANDHÉS Bomn:co : 0 /1. cil. , p. 8.
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más influyente aún por sus riquezas y sus relaciones constantes con
las clases y familias apegadas. al antiguo régimen, constituían los ele-
mentos de una extensa organización que abrazaba todo el reino, y
no tardó en establecer un foco de conspiración en cada población de
alguna importancia».
Los historiadores de tendencia reaccionaria suelen alegar las exa-
geraciones y los extremismos de los liberales «exaltados» para justi-
ficar la intromisión de la Santa Alianza contra el régimen liberal
español. Tambi én usan es te argumento algunos conservadores cada
vez menos liberales que mantienen un criterio aristocrático de la
políti ca y, en general, de la cultura: atacan a los progresist"s porque
con sus exageraciones di eron pi e a los absolutistas para justificar la
violencia contra el sistema constitucional, perjudicando con ~ l l o el
establecimi ento de un régimen moderado y evolutivo. Como· puede
verse son éstos argumentos que siguen utilizándose en nuestro ti empo;
en un país dominado por la reacción y el absolutismo, los moaerados
propugnan evolución y los progresistas revolución social y económica;
cabe pensar que ante una evolución los absolutistas la acepten y no
se subleven contra ella, y sí, en cambio, contra una revolución;' si los
absolutistas tienen fuerza para hacerlo, entonces por táctica se im-
pone la vía evolutiva. Pero, en el supuesto que consideramos, el de la
España de 1820, la realidad es que, a pesar de los extremismos y
radi calismos verbales de las sociedades patrióticas, los grupos progre-
sistas no hicieron nada que justificase la vuelta al sistema absolu-
tista; hay base p ~ r   pensar que los absolutistas no tenían el menor
deseo de prescindir de ninguno de sus privilegios. Todo esto sin contar
eón algo que escapa a la críti ca del historiador ele tendencia liberal
moderada, y es que la radi calización políti ca no es algo que surja o no
gratuitamente, sino que se presenta en relación indisoluble con la
realidad socio-económica del país y con las necesidades de todo tipo
de sus ciudadanos.
La verdad, ·repitámoslo, es que desde el primer momento -antes,
por tanto, de que se supiese si el régimen constitucional iba a ser
moderado o exaltado-el Rey y los absolutistas comenzaron a actuar
contra el régimen liberal. Recuérdese el «ejercicio de la fe», bajo la
protección apenas disimul ada del Gobierno francés, que actuaba en
el Norte de España contra los liberales; recuérdese asimismo la re-
gencia, que tenía su sede en Seo el e Urge!; recuérdese ya el 16 de
noviembre del mismo 1820, con el intento de Fernando VII de nom-
brar al General Carvajal Capitán de Castilla la Nueva, si n contar
con el Gobi erno; recuérdese la sublevaci ón absoluti sta el e 7 de julio
ele 1822. Por su parte, la verdad es que incluso los exaltados eran
rnon<í rqui cos y que realmente no había ni asomo de republicanismo;
674
1
1.
~
ya hemos vi sto al analizar la labor legislativa de las Cortes en qué
se concretaba realmente ese pretendido extremismo de los «exalta-
dos»: vimos cómo el problema era en realidad, en gran parte, cues-
tión de intereses y de privilegios de la nobleza y el alto Clero. Hasta
1823 no se oyó por vez primera en España el grito de «¡Muera el Rey! ».
Y junto a la oposición de los absolutistas espaifoles, la intenención
decisiva de las potencias reaccionarias extranjeras: El 22 de noviembre
ele 1822, la Santa Alianza decide intervenir en España; en enero
de 1823, la Sant a Alianza pide, con respues ta negativa, la anulación de
la Constitución ele 1812; el 7 de abril el e 1823, el Duque de Angulema
entra en España, y el 24 de mayo ll ega a Madrid; el 1 de octubre es
la capitulación de Cádiz y el fin del trienio liberal; la reacción exten-
dida fuertemente en esos años en bastantes países ele Europa no podía
tolerar un régimen liberal en España.
Con la proclamación de Fernando VII corno Rey absoluto, comienza
una de las grandes represiones contra los liberales españoles (39) · Fer-
nando VII, d Rey que en 1820 había aceptado mai·char por la senda
constitucional, da ahora un Decreto que comienza con las siguientes
palabras:' «Con el fin ele que desaparezca para siempre del suelo
español hasta la más remota idea de que la soberanía reside en otro
que en mi real personal ... ». El intento liberal español de 1820 a 1823
había fracasado; aunque para ello fuera absolutamente necesari a la
intervención de un ejército extranjero al servi cio de las potencias reac-
cionarias.
RAÚL MoRooo y ELíAs DíAz
Universidad de MAonm
(39) Sobre esto, especialmente sobre las expatriaciones, cfr. el excelente libro
de VICENTE LLORÉNS: Liberales y .-ománticos, publi caciones de la nueva Revista
de Filología Hispánica, Colegio de Méjico. Méji co, 1954.
675

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