Deseo ver a X, pero mi situación económica no me lo permite.

Mi cuerpo (y mi deseo)
chocan contra una situación, contra otro cuerpo o contra mi cuerpo natural, mi cuerpo
extenso que es el cuerpo social: frustrado no puedo hacer más que oponerme (mi deseo es
ya en sí oposición a este estado de las cosas), ya sea buscando una salida (des-
escenificación) o planteando una sospecha (ruptura en la ideología, en la especulación).
Ésta última ruptura es la ruptura, digamos, pasiva, ‘femenina’, reactiva; no tiene futuro. La
búsqueda de la salida es la ruptura apolínea, ‘masculina’, activa, que tiene por delante solo
lo literalmente inimaginable.



La contradicción en la teoría de la ideología (división del trabajo y elemento del pensar) es
la contradicción entre Althusser y la teoría de la ideología: en Althusser las prácticas son
ideológicas, además del pensamiento; por lo que no es una definición basada en la división
del trabajo (trabajo manual e intelectual), sino la definición inicial de lo ideológico en La
ideología alemana (elemento del pensar, esta vez, transferido a la práctica). Así el sujeto
queda no escindido, sino unificado en la ideología, dejando de lado la distinción entre
cogito y cuerpo, entre pensamiento y acción; situación que no puede más que entorpecer la
resistencia contra la ideologización, contra la alienación en el sentido en que lo critica
siempre el joven Marx: quien parece también más adherido a la noción de la ideología
como pensamiento en todas sus críticas al movimiento hegeliano.



La escenificación no puede existir sin una ideologización (althusseriana) de la praxis, pero
además pone el dedo en la llaga de la división entre la ideología y el cuerpo: la
escenificación es un acto corporal, pero ritualizado por vías de la ideologización del cuerpo
mismo; la des-ideologización del cuerpo es, entonces, el modo de la resistencia, o en el
caso más decadente, su entrada a otra ideologización, otra alienación: la alienación de la
resistencia misma (deseo ver a X: deseo ya reificado).



Si la contra-escena es también alienación eso no cambia su diferencia. Más que un abrir de
los ojos o una iluminación, la resistencia se plantea como una ceguera que no quiere
permanecer en su lugar; una ceguera que no quiere permanecer ciega o, por lo menos,
amputada de la vida. El ciego que, en vez de sedentario, sale a buscar la vida (como una
buena fe), es la metáfora de la contra-escenificación (deseo ver a X, si busco la salida
camino con mi ceguera, si me quedo en mi lugar, mi ceguera camina).



El mundo está hecho de ciegos, de alienados, incluso en la resistencia; no hay clarividentes,
simplemente cuerpos que siguen rituales o no, que siguen escenas o no, por debajo del velo
de lo simbólico. Como cuerpos que chocan unos contra otros sin ser conscientes de la
pugna en la que entran unos contra otros (definición de la espontaneidad). Este choque
involucra ya una sospecha, pero no se puede esperar que la sospecha sea primera a la
acción, a la alteridad del cuerpo; la sospecha nace del choque del propio cuerpo con algo
que lo obstaculiza, que lo reprime (deseo ver a X, mi situación me reprime, pero sublimo,
en mi inmovilidad, con la sospecha).