LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE HUMANO

,
UNA AVENTURA DE LA NATURALEZA
“Uno puede sentirse fascinado
por los elementos del lenguaje en sí mismos.
Para mí personalmente, la razón más fuerte
para estudiar el lenguaje la constituye el hecho
de que es tentador considerarlo,
según reza la expresión tradicional,
como “un espejo de la mente”.
NOAM CHOMSKY
Si existe, en la indagación sobre la naturaleza humana, un tema apasionante es el de la
adquisición del lenguaje. Y digo bien adquisición, no aprendizaje, porque, contrariamente a
las ideas mantenidas a lo largo de siglos en la historia de la civilización occidental, el
lenguaje se adquiere y, desde luego, no se aprende por imitación.
Este aserto, puede parecer duro, quizás a alguien le suene a posición retadora y visto así,
tendrá razón al poner en duda lo que digo. Sin embargo, ahí está el primer eslabón del
lenguaje. A través de sus enunciados, yo puedo describir una determinado supuesto, pero
con la ayuda de su ingente capacidad de razonamiento, me será posible explicarla.
Quiero decir que yo puedo afirmar algo y esto tiene un valor de opinión personal, sin
embargo, sólo si lo puedo demostrar se transformará en un marco teórico referencial
desde donde todos podremos afirmar, debatir y agrandar conocimientos que nos permitan
vislumbrar, quizá, una nueva teoría del lenguaje humano.
Es así como la génesis del lenguaje humano constituye uno de los temas más
universalmente excitantes. En realidad podríamos decir que han existido y siguen
existiendo tres conceptualizaciones diferenciadas del lenguaje que representan tres
posiciones distintas de la historia de la humanidad.
La primera, se encuentra en el legado de todas las civilizaciones antiguas conocidas y
podemos definirla así: el lenguaje es un código revelado por los dioses a los humanos. Tan
grande vieron su poder y tan maravillosa su factura, que era impensable, por su parte,
que fuera inventado por la humanidad. Ahora bien, esa forma de considerar el origen
divino del lenguaje tuvo una finalidad segregadora: no todos los humanos podían recibir
esta revelación divina sino solo unos pocos privilegiados, los sacerdotes, quienes tenían la
misión de interpretar el mundo y difundir sus meditaciones, en forma de doctrinas, al resto
de los mortales.
“Según la mitología, el idioma jeroglífico de los egipcios fue revelado a sus sacerdotes por el dios
Toth. Se trata, pues, de un lenguaje revelado, de tipo sagrado y hermético, reservado a una élite
espiritual: los Sacerdotes”. (1)
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La segunda conceptualización proviene de la Ilustración cuyo salto innovador consiste en
la articulación de la sociedad laica y en atribuir al lenguaje un origen racionalista.
Podríamos describirlo de esta manera: el lenguaje no lo revelan los dioses, lo hacen los
humanos, especialmente los eruditos.
Si bien supone un avance importante del pensamiento, que libera al lenguaje de su
componente mágico, sin embargo, se trata de un ardid culto, al limitar el núcleo de
humanos al subconjunto de eruditos.
El propio Voltaire (1694-1778) se interesa por la gramática y en sus Commentaires sur le Théatre de
Corneille (1747) establece o, mejor dicho, defiende algunas reglas de gramática que acaban
imponiéndose gracias a la autoridad del escritor. (2)
La teoría anterior se desplaza del orden teológico al orden analítico y lógico conforme a la
idea genuina de “aquella lógica natural con la que nacen todos los hombres bien
organizados” (3). Se entiende, por tanto, que solo ellos son creadores del verdadero y
correcto lenguaje.
Hemos de llegar al siglo XX para que surja, de forma nítida y repetidamente confirmada,
desde multiplicidad de ciencias, la tercera conceptualización del lenguaje como una
capacidad humana, filogenéticamente heredada, cuya adquisición y desarrollo es
pertinente en cada uno de los componentes de la especie, aún en los que poseen
deficiencias específicas, que interfieren desde diferentes sistemas, en su desarrollo
normalizado.
Esta capacidad se define por la naturaleza de la lengua como un acto psíquico en la
mente de cada sujeto, que constituye el signo lingüístico, y por la individualidad del habla
en la expresión personal de cada miembro de una comunidad lingüística. He aquí el
nacimiento de la primera ciencia del lenguaje como semiología.
La lengua existe en la colectividad en la forma de una suma de acuñaciones depositadas en cada
cerebro, más o menos como un diccionario cuyos ejemplares, idénticos, fueran repartidos entre los
individuos. (4)
Por tanto, por primera vez en la historia de la lingüística, podemos colegir que el lenguaje
humano es el lenguaje oral y que constituye una capacidad, una dotación o una propiedad
inherente a la naturaleza humana, que todos nosotros poseemos, sea cual sea nuestra
condición, origen y cultura y por tanto representa una verdadera adquisición que
obtenemos, como patrimonio natural, desde la gratuita pertenencia a nuestra especie.
Los descubrimientos antropológicos y genéticos actuales pueden facilitar una visión
científica más elaborada, a través de las pruebas que conforman sus investigaciones y
que confirman, cada vez con mayor certeza, los presupuestos de la lingüística.
Desde estas fuentes de indagación, constatamos que las lenguas habladas, aunque han
dejado pocas huellas de sus comienzos, llevan decenas de millones de años de evolución
desde sus inicios.
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A su vez, descubrimos que la escritura, ese legado cultural que ha representado desde la
antigüedad hasta el presente, el dechado de la verdadera lengua: la culta, solo puede
datarse desde hace unos 7.000 años aproximadamente. (5)
A pesar de todos hallazgos, en los que Saussure representa el punto de inflexión para el
nacimiento de la lingüística científica, hemos de reconocer que el lenguaje ha seguido
siendo, durante mucho tiempo, campo de cultivo de las ideas más absurdas y obsoletas y
aún hoy, detectamos cómo su estudio está preso de espejismos y prejuicios y es blanco
de errores y dogmatismos que no permiten, en muchas ocasiones, aceptar con sencillez y
humildad la evidencia de los hechos.
Si alguien puede guiarnos por ese impresionante camino es el lingüista americano, Noam
Chomsky, con su inconmensurable bagaje de investigación, que desde hace cuarenta y
cinco años sigue imparable hasta el presente.
Llegar al conocimiento de una lengua humana sería una hazaña intelectual extraordinaria para una
criatura que no hubiese sido específicamente proyectada para llevar a cabo esta tarea. Un niño
normal adquiere este conocimiento sobre la base de unos datos y unas orientaciones mínimas y sin
una instrucción específica. De este modo, el lenguaje es un espejo de la mente en un sentido
profundo y significativo: es un producto de la inteligencia humana, creado de nuevo en cada
individuo mediante operaciones que se encuentran más allá del alcance de la voluntad o de la
conciencia. (6)
Desde esta impresionante revelación, que hoy aceptan y conforman antropólogos,
neurocientíficos, genetistas y psicólogos cognitivos, podemos aportar una serie de
realidades empíricamente contrastables que nos permiten demostrar finalmente cómo se
lleva a cabo esta peculiar adquisición del lenguaje por el bebé inconsciente, generado por
un proceso de selección natural desde los primeros días de su nacimiento:
1º. Hacia la segunda y tercera semanas de vida, el recién nacido activa por primera vez su
registro auditivo en un medio aéreo y desde este hecho se constatan dos realidades:
a) El bebé selecciona la voz humana como figura sonora por encima de todos los demás
ruidos y sonidos que son considerados fondo sonoro y b) El bebé capta los rasgos
suprasegmentales – sonidos específicos o entonación- de cada una de las lenguas con las
que está en contacto.
2º. Entre el tercer y el cuarto mes inicia un proceso de emisión de sonidos inarticulados
que se han denominado, laleos, gorjeos, gasulleos, cloqueos, ronroneos. Es interesante
constatar como ha variado extraordinariamente la interpretación que hizo de los mismos
en la primera mitad del siglo XX la psicología del lenguaje, de la que podemos hacer en la
actualidad.
En efecto, los psicólogos del lenguaje trataron de computar, clasificar y categorizar dichos
ruidos y sonidos, creando incluso polémicas sobre su orden de aparición: guturales,
labiales, dentales.
Hoy en día sabemos que este trabajo no es pertinente para valorar el primer desarrollo del
lenguaje y gracias a la tecnología electroacústica actual hemos llegado a la conclusión de
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que estos sonidos son inclasificables en cuanto a su contenido, pero, lo más relevante, es
comprobar que su cómputo cuantitativo es tan elevado, que está cuatro o cinco veces por
encima de lo que representa el espectrograma completo de todas las lenguas existentes.
¿Por qué sucede esto?. Probablemente tenga mucho que ver con las leyes de la selección
natural, por las que se comprueba que desde un mayor número de elementos, se obtienen
individuaciones de mejor calidad.
3º. La primeras producciones articuladas son cadenas fónicas vocalizadas, abiertas o
cerradas, que explican el primer componente semántico del lenguaje, constituyendo la
evidencia comunicativa. Cualquier madre o padre, cuando oye a su bebé emitiendo:
“aaaaaaa aaaaaaa”, sabe que está bien y contento. Pero, sin embargo si le oye decir
repetidamente: “i ii ii i ii”, se preocupa porque descubre que le duele algo, o se
encuentra mal.
Nadie ha enseñado a su propio hijo la emisión de esos mensajes, que se encuentran
todavía en un estadio de lenguaje que podemos denominar acultural, porque todos los
bebés del mundo hacen lo mismo, y sin embargo podemos deducir que las cadenas
fónicas, vocalizadas, abiertas, denotan señales de placer y bienestar y que las cadenas
fónicas, vocalizadas, cerradas, indican situaciones de displacer y malestar. La experiencia
nos demuestra, al mismo tiempo, que todo adulto que se encuentra presente, obra en
consecuencia. He aquí el lenguaje humano entre los seis y siete meses.
4º. El paso inmediato es la inclusión de sonidos consonánticos en las cadenas fónicas que
conforman modelos inéditos: “babapabapababa” En ellas se vislumbra, de forma nítida, la
primera ley de la articulación lingüística que es la Ley de Secuencialidad, un sonido detrás
de otro hasta el infinito. Una serie lógica que constituye el fundamento más sólido de
lingüística matemática explicando la estructura profunda del habla.
5º. Pero a partir de la repetición de las cadenas fónicas, que podemos denominar
consonantizadas, aparece un fenómeno nuevo, la segmentación de las mismas formando
las primeras pseudopalabras, cuyo formato fónico constituye modelos similares en su
estructura: * baba, * tata, * mama.
Son pseudopalabras por dos razones esenciales: a) siguen siendo formaciones
aculturales, porque aparecen en todas las lenguas de cualquier comunidad cultural, con la
misma estructura fónica, que servirá, posteriormente, para conformar las raíces de las
primeras palabras; b) no designan objetos reales y específicos, sino que constituyen
genéricos formales. Así por ejemplo, * baba, no significa papá, sino “hombre, varón” y
podemos comprobarlo cada vez que el bebé señala una foto, una persona o una imagen
de un adulto varón, emitiendo la misma voz.
6º. De manera casi simultánea, aparecen también nuevas pseudopalabras que son en
realidad genéricos inculturados. En ellos, el bebé, selecciona la estructura fónica a partir
de la lengua de su comunidad lingüística, pero no le atribuye su significado. De este modo
podemos estudiar: * toche, que aplica indistintamente a “coche”, “moto”, “bicicleta”,
“patinete” o “camión”, porque se trata, en su mundo mental, de “un artefacto que tiene
ruedas y rueda”. Este fenómeno, particularmente complejo, del lenguaje infantil demuestra
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como las estructuras formales de la mente son anteriores que la percepción de las
realidades concretas.
7º. Deben transcurrir algunas semanas más para que los pequeños hablantes descubran
las propiedades de los objetos y designen cada uno con su nombre:
! * toche: pequeño, cuatro ruedas y mi papa = “coche”
! * oto: dos ruedas, ruido, run, runnn = “moto”
! * eta: dos ruedas, no-ruido = bicicleta
! * ete: una rueda, deslizante = patinete
! * on: grande, bombonas de butano = camión
Y es en este momento cuando nacen las palabras, generadas en la mente como Reglas
de Nominación que permiten designar los objetos mediante la categoría lingüística de los
Nombres.
Esta experiencia nos trae el recuerdo de las mitologías sagradas de la antigüedad, en las
que, como en el Génesis, “Adán se paseaba por el paraíso, dando nombre a cada especie
de animales y plantas”.
8º. La primeras palabras-fase, denominadas holofrases permiten crear los primeros tipos
proposicionales * nene baba = “el nene quiere agua”. Lo que nos admira de esta
formación sintáctica, no es tanto la yuxtaposición de los dos términos, como la naturaleza
del primero: * nene, y nos preguntamos ¿por qué no dice yo?. La explicación de la teoría
mimética es que el pequeño nos oye hablar de él como “nene” y por eso nos imita.
Sin embargo, si hacemos un análisis más fiable de la cuestión, podemos constatar que los
niños y niñas de esta edad, oyen decir a los adultos, “yo” a la vez que “nene” casi el
mismo número de veces. La cuestión es ¿entonces, porque seleccionan “nene” y no
seleccionan “yo”.
La explicación cognitiva, es que no pueden hacer otra cosa. Cuando el bebé se refiere a sí
mismo denominándose “nene”, parte de un concepto mental de mundo, en el que están en
un mismo conjunto todos los objetos: su papá, su mamá, su muñeco, su comida, su
chupete y él mismo. Luego, nadie que se conceptualice como un “objeto-entre-los-objetos”
puede denominarse “yo”. Es por eso que se refiere a sí mismo llamándose “nene”, en
tercera persona.
Sin embargo, ninguna madre, ningún padre enseña a su hijo a decir “yo” y un buen día,
nos sorprende respondiendo a una pregunta sencilla: “¿quién se viene conmigo?”, de la
siguiente manera: ¡yo!, ¡yo!, ¡yo!. ¿Qué ha pasado?.
Sencillamente, que habiéndose producido el fenómeno que los psicólogos cognitivos
denominan “distanciamento”, el mundo mental del bebé, se compone de un gran número
de objetos: sus padres, sus juegos, sus amigos, pero él ya no está ahí, ha salido fuera, es
un “sujeto-frente-a-los-objetos” y es imposible elegir la tercera persona, por eso se refiere
a sí mismo nombrándose como “yo”.
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Nuevamente, la selección natural ha sido diacrítica y no mimética y en este caso la
estructura sintáctica prima por encima de cualquier componente fónico o léxico.
9º. Y ¿cómo se configuran los vocablos normalizados en la lengua de la comunidad
lingüística? He aquí una nueva selección que contradice las prácticas que nosotros como
adultos proponemos a niños y niñas.
Estudiemos una palabra que ya es un nombre: * ón = “camión” y veamos las distintas
formaciones articulatorias de la lengua, que se suceden en el tiempo, hasta llegar al
vocablo normalizado del habla:
! * ón
! * ión
! * aión
! * taión
! * tamión
! “camión”
La descripción del fenómeno es evidente:
! ecolalia: repetición del final de la palabra, la frase o el discurso
! adición de vocales
! nueva adición de vocales en situación nuclear
! adición de consonantes en situación periférica
! las consonantes buscando su sitio
! cada sonido homologado al fonema de la lengua
Y ¿cuál es la explicación? No es difícil llegar a ella si cotejamos un número fiable de
casos, donde todos estos cambios se producen por las mismas leyes: se trata de una
actividad combinatoria de la mente infantil.
El análisis combinatorio trata de la agrupación y recuento de elementos, de un conjunto finito,
sujetos a ciertas restricciones, bien sean de orden, repetición, o naturaleza de sus elementos. Estos
recuentos pueden hacerse mediante métodos directos de cálculo, con la ayuda de los cuales se
determina la cantidad de configuraciones combinatorias, o bien con procedimientos indirectos que
constituyen la teoría de las probabilidades.(7)
Esto nos demuestra, que no se trata de incorrecciones, ni de problemas de retraso del
lenguaje, sino de una nueva situación diacrítica, que llamamos dislalia evolutiva para
caracterizar adecuadamente la potente actividad mental con la que la naturaleza dota al
sujeto desde el primer año de su vida para generar en su mente las reglas cognitivas que
le permiten adquirir el lenguaje.
10º. Finalmente y como broche de oro de este proceso, aparece la situación denominada
hiperregularidad, verbal mediante la cual los niños y niñas de cuatro a seis años generan
una nueva categoría lingüística, el Verbo, como flexión del tiempo.
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La particularidad de este hecho se encuentra en la forma de organizar el paradigma flexivo
de los verbos que la gramática académica llama irregulares. Los niños y niñas los usan
como regulares ¿Cuál es la explicación? :
* Yo no lo he hacido
* No cabo
* He ponido
Si categorizar el Nombre es designar objetos, materiales, sociales o formales, categorizar
el Verbo es flexionarlo en el tiempo. Si preguntamos a los pequeños si se puede decir “yo
canto”, “yo canté”, “yo cantaré”, responden rápido, sin una sola duda, afirmativamente.
Sin embargo, si pregunto por el nombre de un mueble determinado y me contestan “mesa”
y proponiendo un juego les pregunto si puedo decir: * yo meso, * yo mesí, *yo mesaré, el
NO es inmediato y rotundo.
Esta experiencia concreta da cuenta de la génesis de la categoría Verbo en la mente
infantil, con toda claridad y, a su vez de la flexión adecuada, es decir, normalizada de la
palabra que la contiene.
Pero los verbos irregulares, han sufrido un desgaste notable por su uso abusivo, en el
inicio de la creación de cada lengua concreta. Recordemos que: “hacer”, “ser”, “estar”,
“poner” y otros verbos que en el principio servían para expresar múltiples funciones
semánticas: “hacer pan”, “hacer fuego”, “hacer tiempo”, progresivamente se sustituyen por
otros términos: “amasar”, “encender “, “esperar”, en un proceso de enriquecimiento léxico.
Los niños y niñas, sin embargo, crean la forma regular porque es la estructura normalizada
y originaria, demostrando que, sin poder imitar el modelo en su contexto cultural, puesto
que nadie habla ya de esta manera, son capaces de estructurar la flexión morfosintáctica
adecuada sin ninguna dificultad.
Sin embargo, lejos de ser una incorrección es una aproximación al origen, ya que sólo
tenemos que mirar retrospectivamente a la literatura del siglo XII, donde el Poema del Mío
Cid nos cuenta que: “Las huestes de Don Rodrigo habían facido el camino”.
Llegados al final de esta trayectoria, es justo reconocer cómo el lenguaje humano es un
verdadero órgano mental y considerar sus efectos en la producción infantil como
auténticas estructuras epistemológicas, que dan cuenta, definen y ejemplifican la
naturaleza de nuestra mente como humanos.
Hemos querido probar estos asertos para afirmar nuevamente que el lenguaje no se
aprende por imitación. Esto no quiere decir que la imitación infantil no existe, sino que no
es la causa de la adquisición del lenguaje, sino su efecto.
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La gran paradoja, de nuestro mundo de hoy, es poseer conocimientos tan contundentes
sobre los procesos de nuestra lejana hominización natural, mientras que, de manera
irresponsable e insolidaria, detectamos nuestro progresivo alejamiento del curso de la
humanización cultural, que es vital para la permanencia de la propia especie.
Una época que ofrece tanta seducción de permitir a las máquinas que nos provean de lo que parece
esencial de la vida, necesita, más que otras sociedades, comprender con claridad qué es lo esencial,
y qué lo accidental de la vida humana, comprensión que necesita poco cuando existen pocas cosas
accidentales.
Pero, en el Estado de “masas”, como ahora lo conocemos, los controles interiores y las
satisfacciones interiores profundas parecen debilitarse de generación en generación.
Si esto debe continuar, y no es sólo efecto temporal de los tremendos cambios producidos por la
tecnología, como creo, tendrá que compensarse con controles exteriores cada vez más fuertes.
De otra manera el hombre debilitado e irresoluto por su incapacidad para satisfacer sus propias
necesidades emocionales, incluso la de respetarse a sí mismo, puede llegar a una peligrosa inercia o
a explosiones de violencia instintiva. La tendencia del Estado de masas a ofrecer alivio jamás
compensará la falta de satisfacción. (8)
Es impresionante que este trabajo teórico sobre la estructura de la personalidad en una
sociedad de masas, escrito por Bruno Bettelheim en 1960 pueda sonar hoy como una
profecía. Y aquí entra en juego nuestra función docente, que no es otra que la de seguir
haciendo de la escuela el espacio privilegiado para aprender a vivir, a convivir y a pensar.
El lenguaje humano tiene en sí mismo todos los recursos para que esto sea posible e
incluso para afrontar con valor los conflictos y resolverlos desde lo esencial de la ética
humana que considera el ser antes que el tener y a las personas por encima de sus
posesiones.
El lenguaje humano es razón y pasión y si su adquisición es una aventura de la naturaleza
dejemos que su desarrollo constituya la fuerza y el motor para la comprensión del
significado y el sentido en un mundo acelerado y cambiante pero, ante todo, humano.
María-Dolores Rius Estrada
Palencia, 25 de Marzo de 2002
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NOTAS:
1) F. Du Portal: Los símbolos de los Egipcios. Prólogo de Peradejordi. Ed. Oblelisco.
2) J. Kristeva: El Lenguaje, ese desconocido. Ed. Fundamentos.
3) J. Kristeva: Ibidem
4) F. De Saussure: Curso de Lingüística General. Alianza Editorial.
5) Wayne M. Senner: Los orígenes de la escritura. Ed. S.XXI.
6) N. Chomsky: Reflexiones acerca del lenguaje. Ed. Trillas.
7) R. Ardanuy y J.M Sánchez: Introducción al análisis combinatorio. Ed. Hesperides
8) B. Bettelheim: El corazón bien informado. Ed. Fondo de Cultura Económica.
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