Didáctica de la escritura en la Universidad.

Arturo Mendoza Luna

Fortis imaginatio generat casum
La imaginación fuerte genera el hecho.
Miguel de Montaigne.

En estos tiempos de avanzada tecnológica podemos ver a los estudiantes, y a nosotros mismos,
escribiendo todo el día, literal, todo el día; me refiero a las 24 horas y si el día tuviera más de esa cantidad de
horas, de igual forma estaríamos escribiendo, claro está que no en un cuaderno o en las temibles hojas en
blanco; nada de eso, por doquier vemos a personas expresando sus pensamientos y sentimientos a través de
dispositivos móviles con el nombre que reciban: teléfonos celulares, smartphones, tablets, iphones, ipads, lap
tops, y un largo etcétera. Esto nos lleva a creer que sí sabemos escribir y que entre más lo hacemos
desarrollamos e incrementamos nuestras habilidades para la escritura; sólo hay un pequeño problema: ¿es lo
mismo escribir mensajes cortos en una conversación, que el proceso de planeación y organización de ideas
para comunicar nuestros pensamientos?
Pensando lo anterior, la siguiente reflexión buscará acercarnos a la problemática de la enseñanza de
la escritura en la universidad y a algunas sugerencias prácticas para los docentes y alumnos que sufren con el
doloroso camino de pensar-escribir-pensar.
Partamos del hecho de que la escritura es una representación del lenguaje, y éste es una de las
manifestaciones superiores de la mente; a través del lenguaje se estructura el pensamiento. Reza un dicho: “lo
indecible es sinónimo de lo impensable”, lo que no se puede verbalizar o escribir es muy difícil que se esté
estructurando en el pensamiento; por lo tanto, se observa que es más fácil escribir en una conversación corta
que en un ejercicio de nivel superior.
La escritura es un proceso complejo y evolutivo y tiene su raíz en el nacimiento y desarrollo de la
función simbólica en el niño, cerca de los 6 años, durante el periodo preoperatorio (Piaget, 1969). El
lenguaje, es la máxima manifestación de la función simbólica, ya que el niño construye las estructuras de la
lengua que le permitirán comunicarse utilizando una serie de signos y códigos complejos, armándolos solo en
la mente y expresándolos de manera verbal, y en muchos casos, también de forma no verbal y escrita.
La escritura en la universidad también es un proceso que tiene que ir de lo sencillo a lo complejo, no
se presenta en automático, pues a pesar de que los estudiantes ya tienen algunos años que cimentaron el
periodo de las operaciones formales, en donde el adolescente se separa de lo concreto y puede manipular
hipótesis y reflexiones sin necesidad de objetos en quienes recaigan los resultados de estas aseveraciones; es
decir, la realidad se convierte en una gama de posibilidades de transformación. El estudiante que está en el
proceso de convertirse en experto de la escritura, desde su especialidad si se le quiere ver así, requiere algunas
estrategias generales para lograrlo, como es el hecho de reconocer que todo camino necesita objetivos y una
planeación para llegar a ellos; aparecerán preguntas como: ¿Qué quiero escribir?, ¿con qué objetivo: aprender,
emocionar, informar, convencer, entretener, establecer contacto? (Alonso, 1991), ¿a quién va dirigido el
escrito?, ¿cómo voy a interesar al lector?, ¿cómo voy a concluir?, entre otras preguntas.
Para acercarnos a los ejercicios de escritura se puede observar que también tenderán a ir de lo
sencillo a lo complejo, practicando la estructuración de pensamientos. En este ámbito se sugiere iniciar con
los “cadáveres exquisitos” o “círculos concéntricos”; técnica que consiste en trazar tres círculos segmentados
de la siguiente manera:





En el centro se escribe la palabra generadora del tema a tratar; en los siguientes cuatro segmentos se
escribe una palabra relacionada con la central, en cada segmento; en el tercer círculo se escriben dos palabras
que se relacionen con las anteriores, con el fin de dar una estructura del pensamiento irradiante. Para concluir
el ejercicio se escribe una Oración Significativa Original (o conjunto de oraciones), utilizando t odas las
palabras de los círculos, partiendo del centro y organizando las oraciones con la coherencia que el autor
decida. Es una buena técnica para escribir conceptos complejos y que den pie al inicio de la escritura. Por
ejemplo: un concepto difícil de explicar es el aprendizaje, pero si se utiliza esta técnica puedo escribir MI
concepto de aprendizaje, desde mi particular punto de vista y con mis palabras; esto le da al estudiante el
poder de manipular la palabra. Claro, en cada ejercicio se debe aplicar la revisión ortográfica y gramática,
previa a la presentación a otros lectores.
Siguiendo de lo sencillo a lo complejo está la técnica de los mapas mentales. Esta técnica fue
desarrollada por Tony Buzan, quien en su libro “los mapas mentales” nos describe esta estrategia como una
representación gráfica del cerebro irradiante del ser humano y del pensamiento divergente y como un
instrumento para fortalecer las conexiones entre las neuronas de la corteza cerebral; este modelo nos da una
idea de la unión que se presenta entre conocimientos previos e información nueva. Esta técnica nos permite
percibir el conocimiento como un todo, partiendo de una idea central, y no como partes fraccionadas y
aisladas. Los mapas parten de una idea central y las ideas secundarias se ramifican alrededor facilitando la
construcción y diseño del mapa, se recomienda que se lea en el sentido de las manecillas del reloj; las ideas se
pueden organizar por colores según su clasificación y tratando de plasmar características especiales, como
Palabra
generadora
tamaño y color de la letra, que ayuden a relacionar estos rasgos con las ideas del mapa. Durante la elaboración
del mapa, el sujeto se da cuenta de los nuevos conocimientos que va adquiriendo y los relaciona con los
previos, más aún cuando revisa el mapa y lo re-estructura. Los mapas pueden ser utilizados en la planeación
de las actividades, en el desarrollo de un tema, en la exposición de un tópico, como lluvia de ideas, en la
evaluación diagnóstica y formativa, como guía de autoaprendizaje y en general en la organización de
actividades, tanto de carácter académico como administrativo, e incluso cotidiano. Podemos ver a
continuación un ejemplo de mapa mental.












Para finalizar con estas sugerencias didácticas se encuentran los mapas conceptuales. Esta técnica
fue desarrollada por Joseph Novak y tienen como objetivo representar las relaciones existentes entre
conceptos para formar proposiciones agrupadas en unidades semánticas; en esencia, se trata de conceptos
clave unidos por palabras de enlace que nos dan la percepción de unidad. Esta técnica también es heurística ya
que el sujeto va a establecer las relaciones que tiene un concepto con otro por descubrimiento y exploración,
de relaciones simples a complejas, encontrando incluso relaciones cruzadas, en analogía con el
funcionamiento de las redes neuronales. Los mapas conceptuales son jerárquicos pues se inician con
conceptos inclusivos en la parte superior y en cascada caen los conceptos menos inclusivos y más específicos.
En este proceso de diseño y construcción nos damos cuenta de nuevas relaciones y significados de los
conceptos, convirtiéndose en una actividad creativa que despierta nuestro interés y curiosidad; cada vez que
encontramos una nueva relación es un reto alcanzado que aumenta nuestra motivación intrínseca y nos mueve
el deseo de continuar explorando dentro del mapa. Al igual que los mapas mentales, podemos clasificar las
jerarquías o niveles por colores, utilizar imágenes, texto breve, formas y toda la simbología necesaria para
personalizar nuestro mapa y hacerlo divertido y significativo. Es importante mencionar que para encontrar
nuevas proposiciones es necesario tomar lo que ya sabemos y vincularlo con la nueva información. Un mapa
conceptual también se puede diseñar de manera grupal para que cada persona participante aporte nuevas
proposiciones y se le den nuevos significados a los conceptos; podemos decir que esta técnica puede ser una
herramienta para la construcción social del conocimiento y una estrategia para ejercitar el pensamiento
reflexivo y la escritura. Los mapas conceptuales se pueden utilizar en la planeación de actividades, en el
desarrollo de contenidos, en la presentación de información, en el trabajo colectivo, en la evaluación y como
guía de auto aprendizaje. Para la elaboración de un mapa conceptual se recomienda identificar las ideas
principales, si se trata de un texto, encontrar y listar las palabras clave, ordenarlas de la más inclusiva a la más
específica, crear el mapa uniendo las palabras clave con ayuda de palabras de enlace. Es necesario que el
mapa se elabore más de una vez para darle mejor presentación y encontrar nuevas relaciones y proposiciones.
Observemos un ejemplo:











Al concluir el mapa conceptual se recomienda que se construya un escrito coherente con las ideas
del esquema, de arriba hacia abajo, con el fin de que el estudiante practique los procesos de organización de
ideas a partir de un gráfico jerarquizado.
Para finalizar es importante reconocer que el proceso de la escritura es complejo y evolutivo, y que
por tal motivo las técnicas utilizadas deberán marcar el paso de lo sencillo a lo complejo; para lo cual se
requiere de la realización de varios ejercicios docente-alumno que ayuden en la construcción de la planeación,
la producción y la revisión-evaluación de escritos; desde los más simples, como los organizadores gráficos
aquí expuestos, hasta la elaboración de ensayos de diversos temas.
Referencias.
Alonso Tapia, Jesús. (1990). Motivación y aprendizaje en el aula. Cómo enseñar a pensar. Madrid: Santillana
Belmonte, Manuel. (1997). Mapas conceptuales y uves heurísticas. Madrid: Universidad de Deusto
Buzan, Tony. (1999). El libro de los mapas mentales. México: Ediciones Urano.
Novak, Joseph, Gowin, Bob. (1988). Aprendiendo a aprender. Madrid: Martínez Roca.
Piaget, Jean. (1969). Psicología del niño. Madrid: Morata.