Habitantes del desierto: tuaregs y

beduinos.

TUAREGS

Repartidos por los territorios del Sahara occidental, las 300.000
personas que integran la población tuareg están repartidas entre
Argelia, el sureste de Marruecos, Libia, Malí y Níger. Las diversas
tribus, o kel, hablan variantes de la lengua tamacheq, de
ascendencia bereber, y conservan una forma propia de escritura,
tifinagh.

"Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo
nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos
llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el
tifinagh."

"A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela
destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados.
Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa."
explica Moussa Ag Assarid.

La tradición de esconder el rostro tiene un origen antiguo y poco
claro: algunos investigadores la relacionan con el reparo de mostrar
la boca ante los extraños y las mujeres, regla que todavía está
vigente entre muchos pueblos saharianos. Su uso, dicen, también se
puede deber al miedo a inhalar espíritus malignos.
Por lo que respecta a los tuaregs, sólo es respetada por los hombres.
Las mujeres, en cambio, van con la cara descubierta, aún
perteneciendo a la religión musulmana. y goza de cierta libertad de
movimientos y de una importancia notable en el interior de la
comunidad, y la única depositaria de las tradiciones orales. La
estructura familiar es matriarcal, y esto es un legado de los
ascendentes bereberes.

"Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos
en un reino de infinito y de silencio. Si estás a solas en aquel silencio,
oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse
a uno mismo."

Con el desierto ante ti, no digas: ¡Qué silencio!
Dí: No oigo.
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué aridez!
Di: ¡qué extraña belleza
Con el desierto ante ti, no digas : ¡qué inmensidad!
Di: ¿por dónde comienzo?
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué pobreza!
Di: ¿qué más necesita mi pensamiento?
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué soledad!
Di: soy lo que conmigo llevo
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué oscuridad!
Di: no veo, pero lo siento
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué sed!
Di: ¿cuánto preciso beber?
Con el desierto ante ti, no digas: ¡imposible vivir!
Di: la vida es lo que he de aprender
Con el desierto ante ti, no digas: ¡qué cansancio!
Di: ¡cuánto camino por recorrer¡
Con el desierto ante ti, no digas: ¡no puedo más!
Di: si las dunas avanzan, yo también
Con el desierto ante ti, no digas: me doy por vencido
Di: seguiré, aunque quizás no llegue a mi destino Con el desierto ante ti, no
digas: ¡no hay nadie más!
Di: todos tenemos desiertos que atravesar y desiertos que coincidir
Con el desierto ante ti, no digas: la arena me abrasa
Di: con la arena se construyen casas
Con el desierto ante ti no digas: estoy perdido
Di: tiene que haber algún camino
Con el desierto ante ti, no digas: jamás saldré
Di: lo que tiene comienzo tiene su fin.
Cuando estés ante tu desierto, piensa, que es uno de los paisajes más bellos de
la tierra: no temas, en él está tu sustento
Di: allí aprendí lo más cierto.
Cuando estés ante el desierto no digas: ¡qué silencio!
Di: no oigo.
(Anónimo touareg)

Para recordar todas las travesías por el desierto, transportando
oro, sal, dátiles a cambio de mijo, cereales, telas... en largas
caravanas de dromedarios, se mantiene el rito del té que se tomaba
la noche en la que se establecía el campamento, y que se servía tres
veces: una por el huesped, otra por uno mismo, y una tercera por
Alá. Hoy en día, a los tres hervores se les proporciona tres grados
diferentes de dulzor, que a su vez están asociados con tres grandes
emociones: el primero, fuerte como el amor; el segundo, amargo
como la vida; y el tercero, dulce como la muerte.
Las tentativas de sedentarización de los tuaregs han sido difíciles,
debido a la intolerancia a que se les imponga cualquier restricción en
sus desplazamientos.

"A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te
enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar
la vista, orientarte por el sol y las estrellas. Y a dejarte llevar por el
camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua. Allí todo es
simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme
valor! Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es
valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de
tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque
cada uno ya es!

Lo que más me chocó en mi primer viaje a Europa fue que vi correr a
la gente por el aeropuerto. ¡En el desierto sólo se corre si viene una
tormenta de arena! Me asusté, claro. También vi carteles de chicas
desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer? me
pregunté. Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida. Vi
correr el agua y sentí ganas de llorar. ¡Todos los días de mi vida
habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno
aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella y el fuego de leña. Y
caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas; allí las
miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es
distinta cada cabra. Aquí, por la noche, miráis la tele...

Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la
vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia
de poseer, frenesí, prisa. En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por
qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!"


BEDUINOS


"Habitante del desierto" es el significado badawi, palabra árabe
que dió lugar al término beduino, ya que habitan en los desiertos de
Arabia Saudita, Siria, Jordania, Irak e Israel.
Existen dos clases bien diferenciadas entre los beduinos: algunos
pastores nómadas, se dedican al comercio. Se desplazan
continuamente con la manada de dromedarios (excepto en los meses
veraniegos) siguiendo un itinerario concreto dentro de un territorio
tribal, o dirrah, que comprende pozo, oasis y pastos. La segunda
clase, los fellahin son agricultores y se han hecho sedentarios; viven
al borde del desierto. Las tribus dedicadas a la cría de cabras y
ovejas, practican un seminomadismo trashumante en la búsqueda
de agua y pastos.

"El desierto es el lugar natural para el beduino", dice Eid Jahalin "pero
el gobierno no lo permite. Encierra a los beduinos como si fueran
personas en una caja."

"En Nueva York no sé exactamente dónde estoy, pero si me
encuentro en el desierto lo sé todo. Como vivo en el desierto, es fácil
para mí afrontar los cambios, no como le pasa a la gente de las
ciudades o aldeas.
El planeta es una pelota pequeña. Si alguien crea un problema o daña
algo de un lado, se sentirá en otro, así que tenemos que protegerlo."

Al igual que los conflictos, que son resueltos teniendo en cuenta la
responsabilidad colectiva: todo el grupo es responsable de las
acciones cometidas por cada uno de sus miembros. Un jefe o shaikh,
elegido por su valentía, generosidad y sabiduría, es el que se ocupa
de estas cuestiones relativas a la justicia.

La tribu beduina cabila incluye grupos parentales de familias muy
extensas, unidas por un antepasado y por fuertes lazos según un
código de honor y lealtad, basado en la generosidad, obediencia y,
sobre todo, hospitalidad.

"Todo el sector beduino se perjudicó con la transición de una vida
nómada a un lugar fijo, pero los más perjudicados resultaron la mujer
y los niños." afirma Jadra Alsena.

"Antes de la transición, la mujer era la columna vertebral de la casa.
Era creativa; era la que había edificado la casa con sus propias
manos, cocinaba la comida, preparaba las verduras para el invierno y
el verano, elaboraba todos los tipos de queso de la leche de los
rebaños, las mantas, los vestidos, las almohadas. Todo lo que hay en
la casa, lo hacía la mujer con sus propias manos. El hombre
trabajaba la tierra y pastoreaba los rebaños. La ayudaba saliendo a
buscar aceite de Gaza y de Jevrón, o de otros lugares.
Con la transición a una vivienda fija, se debilitó el estatus de la
mujer; su anterior condición le fue quitada. Su marido sale a
trabajar, y ella no hace nada. Su tarea básica consiste en criar a los
hijos. Y también esto, sin que ella pueda enseñarles el mundo
exterior. Ella no conoce todo lo que hay en el entorno. Su hijo va a la
escuela y aprende cosas, y cuando le hace preguntas, ella no sabe
contestarle, y eso le da la sensación de que ella no es importante. Y
cuando su estatus desciende, asciende el del marido; ella se vuelve
dependiente de él más y más, y él la domina.
Hasta que nosotras, yo y mujeres jóvenes como yo, decidimos que
era necesario hacer algo que nos hiciera más llevadera la vida a
nosotras y a nuestras hijas”.

El poblado de Laki´ia fue creado en 1990 con el propósito de
persuadir a los beduinos de que abandonaran sus tiendas y se
establecieran en poblaciones permanentes. Aún con todo, es conocido
gracias a la gran fábrica de tejidos que hay en él, la cual produce
alfombras y otros artículos tradicionales beduinos. La fábrica es una
iniciativa de mujeres y fruto del trabajo de ellas. Pero en
realidad, en el mundo beduino, la producción de tejidos siempre ha
sido función femenina...

Fuentes:
"El planeta vivo. pueblos de la tierra." Mirella Ferrera, Gian Giussepe
Filippi, Marco Ceresa.


http://www.lavozylaopinion.com.ar/cgi-
bin/medios/vernota.cgi?medio=lavoz&numero=Abril%202007&nota=
Abril%202007-9 
http://www.ipsnoticias.net/2013/06/israel-trata-a-los-beduinos-
como-gente-en-una-caja/
http://www.ilusionporviajar.es/index.php/entrevista-a-un-
tuareg.html

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