CAPÍTULO 4

JESÚS, EL PACTO DE DIOS PARA LA MANIFESTACIÓN DE SU PROPÓSITO: RESTAURAR
MI POSICIÓN DE VICTORIA

Dios es un Dios de restauración. Él sabía que su Creación había sido engañada, pero también sabía que podía
restaurarla.

El pecado había entrado al mundo por un hombre, y por otro hombre tenía que venir la salvación.

Para eso aparec i ó el Hi j o de Di os, para deshac er l as obras del di abl o.

1 Juan 3: 8b

Dios ya tenía el propósito de restaurar, y también sabía como hacerlo.

RESTAURAR significa volver las cosas como al principio, traerlas a su estado original, así como en el comienzo.
Significa también restablecer, es decir, establecer nuevamente.

Eso era lo que Dios iba a hacer; volver las cosas como al principio, colocarnos en nuestra posición original, tal y
como era en el principio; donde Él, desde afuera vendría hacia adentro, y a través del hombre, desde adentro
para afuera manifestaría Su Poder, Su Autoridad y toda Su Gloria.

Dios no podía ir en contra de Su Palabra. Él había hablado, había decretado, y toda palabra que es decretada por
Él se cumple.

Él había lanzado Su Palabra de restauración al profetizar sobre Satanás que la simiente de la mujer, una
representación de lo que somos nosotros, la simiente, nacida de semilla incorruptible, la nueva naturaleza
establecida en autoridad, la manifestación de un cuerpo que al funcionar como Iglesia – santos llamados a salir
afuera - pisaría su cabeza (símbolo de autoridad), y por medio de Jesús, el Cristo, Dios cumpliría lo que había
dicho.

El pecado entró al mundo por un hombre; la salvación tenía que venir también por un hombre.

Nuestro Dios de Propósito también es un Dios de Pacto; Él actúa por medio de PACTOS o ALIANZAS.

Dios tenía un pacto, una alianza con el hombre, desde su creación. Dios lo estableció para que tuviese y
manifestase autoridad; pero cuando el hombre cedió a la opción del pecado, Dios decidió establecer otro pacto,
una nueva alianza que fue decretada al enemigo:

Pondré enemi st ad ent re t ú y l a muj er, y ent re t u si mi ent e y l a de =el l a; su si mi ent e t e apl ast ará l a
c abeza, pero t ú l e morderás el t al ón.

Génesi s 3: 15

Para que este nuevo pacto fuera efectivo, Dios tendría que buscar el medio legal para cumplirlo.

Este pacto tendría que ser establecido legalmente, porque al optar por el pecado, el hombre había perdido toda
legalidad y todo derecho de ser y ejercer autoridad, la pérdida de autoridad afectaría a toda la raza humana. El
hombre no sería más el legítimo poseedor de esa autoridad.

Por t ant o, c omo el pec ado ent ró al mundo por un hombre y por el pec ado l a muert e, así l a muert e pasó a
t odos l os hombres, por c uant o t odos pec aron.

Romanos 5: 12

El hombre cometió ese pecado por decisión propia, por opción, y Dios, que cumple todo lo que dice, porque Él
nunca va contra Su Palabra, había avisado al hombre que si él desobedecía, con seguridad moriría en su
autoridad, en su unidad espiritual. Dejaría de ser uno con Él, y Su Gloria nunca más estaría con el hombre.

La palabra “Gloria” en una de sus traducciones en el original deriva de una palabra que quiere decir “exacta representación de”.

Cuando se habla de la Gloria de Dios, =estamos diciendo: La exac t a represent ac i ón de Di os.

Por c uant o t odos pec aron, f ueron dest i t ui dos de l a gl ori a de Di os.

Romanos 3: 23

El hombre, como consecuencia del pecado, murió a la Gloria de Dios, murió al privilegio de continuar siendo la
exacta representación de Dios en la Tierra.

Por eso era necesario que esta nueva alianza tuviera un valor legal, para que todo lo que el diablo robó del
hombre, por causa del pecado, fuese plenamente restaurado y restituido de manera legítima. TODO,
absolutamente TODO:

Toda su POSICIÓN de autoridad y victoria.

Todo lo que POSEÍA con poder, siendo la exacta representación de Dios.

Toda esa capacidad de PRODUCCIÓN para fructificar y multiplicar todo lo que Dios es, a través de su vida.

Dios buscó a través del hombre el medio de restaurar esa comunión, de restituir lo que le fue robado, es
importante notar que Dios no perdió nada, Él continuó siendo Poderoso y Fuerte, pero con el hombre, Dios
perdería su dominio natural. Eso es lo que hace grandiosa la obra de Jesús, ya que Él fue el Enviado de Dios
para recuperar, restaurar y restituir lo que el hombre perdió.

Vemos después del capítulo tres en el libro de Génesis, cuando Dios, mediante un pacto de sangre, demuestra
su enorme deseo de restaurar Su comunión con el hombre. El pacto tendría que ser de sangre, porque sin sangre
no hay remisión de pecados.

Pero para entender qué es un pacto, es importante tomar algunas figuras como ejemplos, y así poder
tener una percepción de la amplitud y grandeza de todo lo que realmente significa esta alianza, el
pacto de Dios con el hombre.

En el diccionario común encontramos una definición de la palabra pacto:

Alianza: compromiso entre más de 2 personas que se obligan a algo; acuerdo establecido entre dos o más partes con obligaciones en
común.

Un PACTO es una ALIANZA, un compromiso, un acuerdo. Un pacto obliga a las partes a cumplir
determinados deberes. Las personas se comprometen, establecen un acuerdo con las obligaciones que van a
cumplir una con la otra. Si una de las partes no cumple con lo que está combinado, la alianza es rota y el pacto
deja de existir.

Dios es un Dios de pacto; Él estableció su alianza desde la Creación, y hará todo lo necesario para que su pacto
sea cumplido.

Hay varios pactos en la Biblia. Dios los utiliza como figuras, para mostrar al hombre su perfecta voluntad y que
es posible cumplirlos.

A través de Jesucristo, la definitiva y eterna alianza, el hombre sería restaurado a su verdadera posición.

Con Noé, Dios hace un nuevo acuerdo, una alianza en la cual promete nunca más exterminar la Tierra a través
del agua. También se compromete a hacer que el hombre fructifique y se multiplique. Este pacto hacía recordar
al hombre su productividad y capacidad para engendrar vida.

Por medio de Abraham, a través de la circuncisión, Dios establece otro pacto, una señal, confirmando que Él era
su Dios y que cumpliría todas sus promesas. Todo lo que el Dios de Abraham decretaba, sería hecho.

Dios se manifestaría a través del hombre, pero el hombre también tendría que cumplir su parte en los pactos.
Dios siempre cumple la suya.

A través de la obediencia y entrega de Abraham – porque fue sólo después que Abraham decidió dar a su único
hijo es cuando Dios se revela como JEHOVÁ JIREH, “el Señor es el proveedor”, y en un acto profético –
creando una figura que se pudiera entender– , Dios provee un cordero para el sacrificio, estableciendo a través
de la alianza, la restauración del propósito y la misión original de la creación – fructificar, multiplicar, llenarlo
todo, subyugar y dominar – que sería hecha por Abraham y su descendencia.

Dios da promesas de multiplicación y prosperidad. Se compromete con Abraham diciendo que Él mismo sería
su Dios, y comienza a demostrar de manera visible lo que quería revelar para toda Su Creación. Engendra a
Israel, como fruto de esta alianza, para que, por medio de ellos, sea glorificado en todas las naciones.

El pueblo de Israel llegó a Egipto, y la promesa de multiplicación y fructificación comenzó a
realizarse. Al percibir que los israelitas estaban prosperando en todas las cosas, los egipcios se
opusieron fuertemente.

Egipto tipifica al mundo, lo natural, lo limitado. El mundo, lo natural, siempre va a oponerse a la manifestación
de Dios, y es por eso que siempre habrá impedimentos.

Este sistema de gobierno, ejercido por medio de faraones –considerados dioses por su pueblo y una figura de
los dominadores por medio de lo natural – que esclavizó a la nación de Israel y que durante cuatrocientos años
el pueblo vivió como esclavos: en opresión, sin autoridad, sin poder, sin gloria.

Entonces:

Di os oyó el gemi do de el l os y se ac ordó de su pac t o c on Abraham, Isaac y Jac ob. Y mi ró Di os a l os hi j os
de Israel y c onoc i ó su c ondi c i ón.

Éxodo 2: 24- 25

Dios se acordó de Su pacto, Su alianza. Él sabía que Su pueblo tendría que manifestar Su Gloria hacia otros
pueblos.

Para que Su pueblo lo conociera, y tuviera la seguridad de que Él era todo lo que necesitaban, Dios se reveló
como el YO SOY.

Respondi ó Di os a Moi sés: YO SOY el que SOY, y añadi ó: Así di rás a l os hi j os de Israel : YO SOY me
envi ó a vosot ros.

Éxodo 3: 14

Él se presentaba como Aquel que cumplía el pacto. Moisés preguntaba con temor y argumentaba con Dios:
“¡Pero no van a creer en mí! ¡Qué les voy a decir! ¿Quién me envió?”

Y Dios respondió a Moisés: “YO SOY, por l o t ant o anda y haz una l i st a de t odo l o que Mi puebl o
nec esi t a. ¡ Esc ri be y t rae! “

Entonces Moisés comenzó a preguntar al pueblo todo lo que necesitaba, y anotaba: Salud, prosperidad, libertad,
salvación, fuerza, alegría, paz, paciencia, y hasta las necesidades que parecían no tener importancia fueron
anotadas.

Una vez terminada la lista, llegó delante de Dios y enumeró una por una, las necesidades del pueblo, conforme
Dios mismo le había ordenado. Dios miró con atención y se acordó de su pacto y dijo:

“¡Moisés! Dile a Mi pueblo que YO SOY ¡y todo lo que está en esta lista no es imposible para mí! YO
SOY EL QUE SOY. Todo lo que necesitan YO SOY”.

Si necesitan paz, YO SOY LA PAZ.
Si necesitan libertad, YO SOY LA LIBERTAD.
Si necesitan salvación, YO SOY LA SALVACIÓN.
Si necesitan salud, YO SOY LA SALUD.
TODO LO QUE ELLOS QUIEREN, YO SOY.
YO SOY EL QUE SOY.

En el momento de la dificultad, de la necesidad, YO SOY EL QUE SOY; porque YO tengo un
PACTO: DE SER PARA MI PUEBLO TODO LO QUE ELLOS NECESITEN.

Así cumplía Dios Su pacto con Abraham. Y a través de Moisés, se inició la salida, el éxodo de la esclavitud hacia
el lugar de libertad, de ofrenda y de fiesta. El propósito de Dios por medio de esta alianza era de restaurar la
posición original de Su pueblo, la de ser verdaderos adoradores.

…El Señor, Di os de l os hebreos se nos ha mani f est ado; por t ant o, nosot ros i remos a t res dí as de c ami no
por el desi ert o a of rec er sac ri f i c i os al Señor, nuest ro Di os
Éxodo3: 18b

Dios quería libertar a su pueblo para que su POSICIÓN de verdaderos adoradores fuese restaurada, y como
consecuencia de esto, podría tomar POSESIÓN de lo que les pertenecía: La tierra prometida.

Dios ordenó que el pueblo preparase un sacrificio por el cual estarían salvos de la muerte de juicio que sería
desatada sobre Egipto. Este sacrificio tendría la fuerza suficiente para libertarlos, prosperarlos y llevarlos de
nuevo a Su propósito original, a su tierra prometida, a su estado original de autoridad, poder y gloria.

Dios avisa a Moisés que el ángel de la muerte pasaría y que heriría de muerte a todo primogénito, y lo instruye
para hablar con todo el pueblo. Manda a cada uno a tomar un cordero sin defecto para sacrificarlo, mostrando
así de manera profética la obra redentora de Cristo. La sangre de este cordero debería ser puesta en los postes y
en el dintel de las puertas de las casas, porque Dios pasaría a ejecutar Su juicio por consecuencia de Su palabra.

La sangre os será por señal en l as c asas donde vosot ros est éi s; veré l a sangre y pasaré de l argo ant e
vosot ros, y no habrá ent re vosot ros pl aga de mort andad c uando hi era l a t i erra de Egi pt o.

Éxodo12: 13

Y a través de este pacto, Dios logra sacar de la esclavitud a Su pueblo. Dios estaba mostrando la obra que él
haría con todo el mundo, con toda la humanidad. Por la salvación y libertad del hombre, se sacrificaría como el
Único Cordero sin mancha, sin defecto, perfecto.

Su Pueblo fue guiado por el desierto, donde Dios les entregó las leyes en tablas, que fueron guardadas en un
arca, el arca de la alianza, símbolo de la Presencia de Dios.

Él quería las cosas como al principio; por eso estableció leyes justas para que los hombres fuesen justos al
cumplirlas y así volver todos a su estado original.




Ahora, pues, si dai s oí do a mi voz y guardái s mi PACTO, vosot ros me seréi s espec i al t esoro, sobre t odos
l os puebl os, porque mí a es t oda l a t i erra. Vosot ros me seréi s un rei no de sac erdot es y gent e sant a.

Éxodo19: 5- 6

Cumpliendo su parte en el pacto, ellos nuevamente serían reyes, personas con autoridad, con dominio. También
regresarían a ser sacerdotes, personas con unción y poder.

Dios, sabiendo que el pueblo se distraía con facilidad, perdiendo el objetivo y la posición, buscó siempre una
forma de ayudarlo. No sólo quería establecer autoridad desde afuera, sino que también quería que el hombre
fuese su tabernáculo, su arca, el lugar donde Él pudiese escribir Sus leyes.

Él quería que Sus leyes fuesen escritas en el corazón del hombre y no en tablas de piedra. Quería corazones de
carne, y no corazones de piedra.

Vi enen dí as, di c e Jehová, en l os c ual es haré un nuevo pac t o c on l a c asa de Israel y c on l a c asa de Judá.
No c omo el pac t o que hi c e c on sus padres el dí a que t omé su mano para sac arl os de l a t i erra de Egi pt o:
porque el l os i nval i daron mi pac t o… pero est e es el pac t o que haré c on l a c asa de Israel después de
aquel l os dí as, di c e Jehová: Pondré mi l ey en su ment e y l a esc ri bi ré en su c orazón; yo seré su Di os y el l os
serán mi puebl o.

Jeremí as 31: 31- 33

Dios buscó la forma legal de hacer que el hombre caminara en justicia. Él descubrió una forma de volverlo
justo, que sería de acuerdo a Su Juicio y Su Palabra; pero eso no fue posible. El hombre no conseguiría andar en
Sus perfectos caminos.

Entonces, Dios, en su inmenso amor, se hizo hombre para cumplir lo que Él había establecido por Él mismo,
restaurar al hombre a su verdadera posición, a través de Su Obra Redentora.

Porque al Padre l e agradó que en Él habi t ara TODA l a pl eni t ud, y por medi o de él rec onc i l i ar c onsi go
t odas l as c osas, así l as que est án en l a t i erra c omo l as que est án en l os c i el os, hac i endo l a paz medi ant e
l a sangre de c ruz.

Col osenses 1: 19- 20

Dios amó al mundo de tal manera…que dio a su Hijo por nosotros…

Quiero hablarte de una forma más simple, algo que marcó mi vida en un inicio y me hizo entender el significado
de esa Alianza eterna. Cuando conocí al Señor, un día, estaba observando las hormigas, y una vez más pude
imaginar, a través de la siguiente historia, lo que realmente ocurrió con nosotros.

Todos los días las hormiguitas atravesaban la calle, en el mismo horario. Ellas iban al trabajo diario y regresaban
a casa, por la tarde, para descansar. Cierta mañana, después de estar reunidas y listas para salir a trabajar, un
hombre se aproximó a ellas y les dijo: “Ustedes no deben atravesar esta calle hoy”. Ellas ignoraron lo que el
hombre dijo y continuaron caminando. De nuevo él les dijo: “Miren, hoy la municipalidad comenzará a asfaltar
la calle; el tractor va a pasar por aquí; es mejor que no atraviesen”. Ellas se miraron entre sí, pero continuaron; al
fin y al cabo, siempre hacían eso, y, además, no entendían muy bien lo que se les decía.

El hombre, preocupado con las hormiguitas, sólo encontró una solución: Convertirse en hormiga. Esta sería la
única forma de que ellas lo entendieran.

Y así lo hizo. Se transformó en hormiguita y, para convencerlas de que no atravesaran la calle de la muerte, él
mismo resolvió atravesar, y en el medio de aquella peligrosa tarea, el enorme tractor, aproximándose
rápidamente con sus ruedas asesinas, masacró a la hormiguita. El hombre que se había transformado en una
hormiga fue destrozado y murió. Él escogió avisarles del peligro, siendo igual a ellas, convirtiéndose en hormiga
y entregando su propia vida, para que todas las demás hormigas pudieran sobrevivir.

A pesar de todo, a pesar de ser como somos, y quienes somos, Dios nos amó y continúa amándonos con Su
amor incondicional. Y era eso lo que realmente importaba. La alianza era muy valiosa, era preciosísima por causa
de este amor, un amor tan grande que nos constriñe.

Él daría el primer paso; el hombre no tendría que sacrificar más holocaustos. El sacrificio perfecto sería Él
mismo. Al ir a la Cruz, y llevar nuestra naturaleza carnal, natural para ser crucificada, sería el Cordero sin
defecto, ofrecido para la remisión de nuestros pecados. La Sangre traería la legalidad necesaria. Era el medio
legal. Dios mismo tendría que hacerse hombre para actuar como hombre.

Di os ungi ó c on poder y c on el Espí ri t u Sant o a Jesús de Nazaret , y est e anduvo hac i endo bi enes y c urando
a t odos l os opri mi dos por el di abl o.

Hec hos 10: 38

Notemos que Dios ungió a Jesús de Nazaret, Jesús hombre, que mediante el Espíritu Santo de Dios puede ser
conducido a su POSICIÓN de autoridad y poder, manifestando todo lo que POSEÍA, con el fin de
PRODUCIR personas libres.

Él fue ungido para ser el Cristo. Jesús, el Cristo.

Cristo no era el apellido de Jesús, como muchos piensan. Jesús, hijo de María Cristo y José Cristo, entonces se
llamaría: Jesucristo. ¡NO!

Cristo era la POSICIÓN que Dios le había dado.

Cristo significa el Ungido; La unción; La imagen y naturaleza de Dios.

Dios estaba estableciendo S0u nuevo pacto, ahora a través de Jesús habitando en Él con toda Su plenitud, para
manifestarse por medio de Él.

Todo el tiempo que Jesús caminó en esta tierra manifestó el Reino, demostró Su Poder. Donde Él caminaba,
Dios estaba en Él. Pero, el propósito de Dios todavía no había terminado; mejor dicho, estaba recién
comenzando.

El diablo otra vez se levanta con la intención de exterminar esta unción, ahora a través de un sistema religioso;
un sistema en el cual fortalezas de tradiciones, costumbres y religiosidad habían edificado una cultura sin
entendimiento de la voluntad de Dios, sin entendimiento de la hora de su visitación.

El diablo hizo que no sólo los fariseos, doctores de la Ley y religiosos, sino que el mismo pueblo entregase a
Jesús a la muerte.

Pero lo que no sabían era que a pesar de las circunstancias, ellos mismos estaban contribuyendo para la más
grande expresión de amor y poder que el mundo tendría la oportunidad de experimentar. Amor y poder tan
tremendos para redimir a toda la Creación.

Por eso, al ent rar en el mundo, Cri st o di j o: “A t i no t e c ompl ac en sac ri f i c i os ni of rendas; en su l ugar, me
preparast e un c uerpo.

Hebreos 10: 5

Cristo llevó al sacrificio a Jesús, a Cristo le fue dado un cuerpo para que Su Propósito Eterno se cumpla
y pueda restaurar al hombre en toda su plenitud.

Él , si endo en f orma de Di os, no est i mó el ser i gual a Di os c omo c osa a que af errarse, si no que se despoj ó
a sí mi smo, t omando l a f orma de si ervo y se hi zo semej ant e a l os hombres. Más aún, hal l ándose en l a
c ondi c i ón de hombre, se humi l l ó a sí mi smo, hac i éndose obedi ent e hast a l a muert e y muert e de c ruz.
Fi l i penses 2: 6- 8

Jesús fue traicionado y llevado para ser juzgado. Realmente Él no estimó ser igual a Dios; Él mismo se aniquiló.
Él podía actuar como Dios, pero decidió y escogió obedecer, ser totalmente hombre, para que por Su
obediencia muchos alcanzásemos la salvación.

Hol oc aust os y expi ac i ones no f ueron de t u agrado. Por eso di j e: Aquí me t i enes, c omo est á esc ri t o de mí en
el l i bro: “He veni do, oh Di os, a hac er t u vol unt ad”. Pri mero di j o: “Sac ri f i c i o y of renda, hol oc aust os y
expi ac i ones no t e c ompl ac en ni f ueron de t u agrado" ( a pesar de que l a l ey exi gí a que se of rec i eran) .
Luego añadi ó: “Aquí me t i enes: He veni do a hac er t u vol unt ad. " Así qui t ó l o pri mero para est abl ec er l o
segundo. Y en vi rt ud de esa vol unt ad somos sant i f i c ados medi ant e el sac ri f i c i o del cuerpo de Jesuc ri st o,
of rec i do una vez y para si empre.

Hebreos 10: 6- 10

Jesús necesitó padecer como hombre para que hubiese legalidad en su obra. El diablo no tenía noción
de lo que estaba haciendo; él pensaba que estaba acabando con todos sus problemas, matando,
exterminando al “problemático fanático”, aquel que quería sacarlo de la posición que había robado del
hombre; lo que no sabía el diablo era que: Jesucristo también quería recuperar poder sobre la muerte
que estaba en las manos de Satanás.

Él pensó que si realmente mataba a Jesucristo, todos sus problemas estarían resueltos. Creía que podría
detenerlo; por eso lo mandó a crucificar, haciéndolo maldición, ya que estaba escrito que todo aquel que era
colgado en un madero, era maldito. El diablo maldijo a Jesús, y Él no se defendió, permitiendo que se cumpliera
la profecía: “Fue llevado como un cordero al matadero”, representando al antiguo pacto y el mandamiento de remisión
por los pecados que los sacerdotes ofrecían cada año, para colocar al pueblo en una posición de santidad delante
de Dios.

En esa cruz Él tomó para sí todas nuestras faltas, dolores, enfermedades, pecados. Él mismo se constituyó
pecado; por eso dijo: “Padre, ¿Por qué me has abandonado?”

Dios tuvo que dejarlo, porque Dios no habita en medio del pecado, porque Él no contempla el pecado y el
Cordero de Sacrificio estaba asumiendo todos los pecados de la Humanidad. El castigo que nos trae la paz
estaba sobre Él. Era el fin de una naturaleza dominada por el pecado, y el surgimiento de una nueva naturaleza,
de un nuevo linaje, de una nueva creación, por eso:

–“¡CONSUMADO ESTÁ!”–, dijo Jesús.

Finalmente, todo había sido concluido.

En aquel momento, el diablo ciertamente pensó: “¡Gané! ¡Soy lo máximo; nadie me puede vencer!”

Pero lo que Jesús realmente estaba diciendo era, que Su misión aquí había terminado; que su parte en el pacto
había sido cumplida completamente, y que el Padre iba a ver el fruto de su gran trabajo y estaría satisfecho.

Él mismo era el pacto, era la alianza hecha por todos nosotros. La restauración de la humanidad acababa de
realizarse y la obra de Dios una vez más, se manifestaba conforme a Su propósito original. A través de este
pacto, el hombre se convirtió en una nueva criatura. Dios lo redimió, quitó toda la condenación y toda culpa que
estaban sobre Él.





Él anul ó el ac t a de l os dec ret os que habí a c ont ra nosot ros, que nos era c ont rari a, y l a qui t ó de en medi o
c l avándol a en l a c ruz. Y despoj ó a l os pri nc i pados y a l as aut ori dades y l os exhi bi ó públ i c ament e,
t ri unf ando sobre el l os en l a c ruz.

Col osenses 2: 14- 15

¡Jesús triunfó sobre la muerte! Él descendió a las profundidades para quitar la autoridad que estaba en las manos
del diablo. El diablo había organizado una gran fiesta. Estaba creyendo que todos sus problemas habían
terminado, y que ese evento merecía una conmemoración inolvidable. Ah!, pero no se daba cuenta que Jesús
estaba aproximándose y llegando a despojar la autoridad y la posición que él había robado del hombre, para
tomar las llaves de la muerte y del infierno que estaban con Satanás. Jesús fue hasta el trono del reino de las
tinieblas y tomó del diablo las llaves de autoridad que fueron dadas al hombre para abrir dimensiones y traer lo
invisible y hacerlo visible, las llaves que Jesús mismo había profetizado para Pedro que le daría: …a ti te daré las
llaves del Reino…

¡La muerte sólo sería vencida con la vida; por eso Él resucitó para vencer!

Vivo, resucitado, apareció a sus discípulos diciendo:

Toda pot est ad me es dada en el c i el o y en l a t i erra.

Mat eo 28: 18

Ahora sí esto podía ser dicho. El poder de Dios actuaba en Él y a través de Él. Antes que la muerte fuera
vencida, Satanás todavía tenía poder sobre el hombre. Sin embargo, después de esta obra, de este arduo trabajo
realizado por Jesucristo, TODO el Poder, toda Autoridad, toda posición de Victoria fue restaurada.

Jesús, el Cristo, había manifestado Su obra; había cumplido a través de ella el propósito de Dios en nuestras
vidas. Él restauró nuestra posición a una ¡POSICIÓN DE VICTORIA!

Antes de ser elevado a los cielos, Jesús declaró:

Vosot ros soi s t est i gos de est as c osas. Ci ert ament e yo envi aré l a promesa de mi Padre sobre vosot ros, pero
quedaos en Jerusal én hast a que seái s i nvest i dos de poder desde l o al t o.

Luc as 24: 48- 49

Jesús subió a los cielos, pero el Cristo, la unción se quedó con nosotros. Él nos dio SU POSICIÓN a través del
PACTO. Él nos POSICIONÓ EN CRISTO, que es el lugar de autoridad, que nos regresó a nuestro estado
original, cumpliendo su promesa de restaurar nuestra autoridad y unción de reyes y sacerdotes.

Y nos hi zo reyes y sac erdot es para Di os, su Padre, a Él sea l a gl ori a e i mperi o por l os si gl os de l os si gl os.
Amén.

Apoc al i psi s 1: 6

La alianza de Dios, el pacto de Dios, nos colocó en nuestra posición original: EN CRISTO.

Toda la autoridad nos fue restaurada. Y eso que hace grandiosa la obra de Jesús, por que Él no vino a rescatar lo
que había perdido, por que Él nunca perdió nada. Él vino a rescatar lo que nosotros a través del pecado
perdimos. Él cumplió Su promesa al enviar al Espíritu Santo para activar el Cristo que está en nosotros. Somos
portadores de Su Presencia; habitación de Dios; Tabernáculo de Su Alianza; Templo de Su Santo Espíritu.

El misterio que estuvo oculto durante siglos y generaciones, fue manifestado a los santos, es decir, a nosotros
que recibimos la Palabra revelada. Dios nos concedió la gracia de conocer las riquezas y la gloria de este
misterio.

CRISTO en nosot ros, l a esperanza de gl ori a.

Col osenses 1: 27

¡La esperanza de una manifestación de gloria! Este sería nuestro lugar de victoria, nuestra posición de victoria:
CRISTO EN NOSOTROS.

Fuimos restaurados a través de un pacto, colocándonos en nuestra verdadera posición: UNA POSICIÓN DE
VICTORIA.

Ant es, en t odas est as c osas somos más que venc edores por medi o de aquel que nos amó. Por l o c ual est oy
seguro que ni l a muert e ni l a vi da, ni ángel es ni pri nc i pados ni pot est ades, ni l o present e ni l o por veni r,
ni l o al t o ni l o prof undo, ni ni nguna ot ra c osa c reada nos podrá separar del amor de Di os, que es EN
CRISTO Jesús, Señor nuest ro.

Romanos 8: 37- 39