CAPITULO

I
“LA
PRISIONIZAC
ION”

“Desde ese momento aparecen ante la opinión pública como
“delincuentes”; quedan separados de su familia, de su mujer, de sus
hijos, de sus amigos; pierden el empleo y el sueldo; quedan
inhabilitados para el ejercicio de determinadas profesiones o
actividades; se tienen que someter una disciplina férrea, en la que todo
está reglamentado; su vida estrechamente vigilada día y noche; se
les priva de esparcimientos habituales (asistir a un partido de fútbol,
incluso de contactos familiares o amistosos íntimos)”.

Roxin
1. Descripción de la Realidad:
La realidad carcelaria constituye hoy, como lo ha sido siempre, uno de los más
graves problemas de la organización social y, dada su complejidad y magnitud,
ha promovido múltiples estudios y diversos enfoques acerca del verdadero rol que
debe cumplir el sistema en la sociedad moderna.
Con relación a esta problemática debe precisarse que el marco referencial
fundamental en que se sitúa el sistema carcelario en el Perú, está dado por tres
factores concomitantes: una población excesiva, falta de infraestructura adecuada
y el exiguo presupuesto destinado para esta área.
La prisionización, fue estudiado inicialmente por el sociólogo Donald CLEMMER y
presentado en su libro “The prisión conmunity”, en el año 1940, como adaptación
a una cultura particular de la cárcel.
Posteriormente resultan importantes los estudios de G. SYKES (The Society of
Cautives, 1958); de D. CRESSEY (The prisión: studies in institucional organisation
and change, 1961); de D. Glaser (The effectivenes of a prisión and parole system,
1963) entre otros.
Atendiendo a los problemas que agobian la situación penitenciaria, se debe
precisar que el tratamiento y la rehabilitación del interno no pueden definirse
fácilmente como un concepto aritmético, sino que estos conllevan una serie de
factores o elementos interrelacionados que, se convierten en los tres pilares
fundamentales del tratamiento penitenciario, siendo necesario e indispensable,
para lograr este propósito, la participación plena del interno, pues, si éste no
interviene real y efectivamente en todas y cada una de las acciones de
rehabilitación y tratamiento programadas en el establecimiento penitenciario, de
nada servirán los esfuerzos que la administración penitenciaria realice.
Los fenómenos que aquejan a la prisión no están desligados de la cuestión penal
relativa a la punición: por esta razón, la finalidad asignada a la pena, dentro del
marco legal, determina la orientación penitenciaria entre el castigo y expiación del
delincuente o la adaptación para favorecer su reinserción social.
En este sentido, la tendencia mayoritaria, que guía los fines generales de la
penología, tiene como fuentes inspiradoras al humanismo y la modificabilidad
del hombre; por ello, particularmente, la ciencia penitenciaria debe determinar
claramente sus fines y principios rectores, que son los que le dan al sistema
penitenciario su sello característico.
Visualizando los principios filosóficos del sistema penitenciario peruano, al margen
de que el término empleado por la Constitución Política hable de "régimen", esta
norma precisa dos grandes lineamientos:
Uno relativo al principio humanista, al reconocer los derechos inherentes al
interno, cuando afirma. "El derecho de los reclusos a ocupar establecimientos
sanos y convenientes".
Otro, referido al propósito de readaptar al recluso, cuando sostiene: "El régimen
penitenciario tiene por objeto la reeducación, rehabilitación y reincorporación del
penado a la sociedad.
Las Naciones Unidas han sostenido siempre que en los establecimientos
penitenciarios, para un manejo adecuado donde pueda efectuarse clasificación
generando disposición al trabajo y a la educación la población no puede exceder
un número mayor de 500 internos; en nuestro medio debemos aceptar la
imposibilidad de tener tantos centros como internos tenga el país, por lo que,
siendo referencial, esto sería lo ideal. Frente a esa imposibilidad se hace
imperioso contar con centros penitenciarios diferenciados, que aun cuando puedan
albergar a una población de 1000 internos, con una adecuada asignación
de recursos, personal auxiliar y técnico se hagan manejables dentro de
los límites medios: sin embargo, en algunos casos, observamos una sobrecarga
poblacional que ha desplazado los ambientes destinados a
trabajo, educación y recreación, para convertirlos en lugares de alojamiento,
haciéndolos ingobernables como el caso del penal de Lurigancho, cuya capacidad
mínima de 1800 internos y máxima de 2400 se ha rebasado ampliamente en su
capacidad de albergue, donde no es factible llevar a cabo
ninguna acción planificada de rehabilitación, sino realizar actos aislados de
tratamiento que llegan a pequeños grupos, por estar centrada la preocupación de
la administración en la seguridad. Este hecho, de inversión del tratamiento por la
seguridad, no promueve realmente la efectivizarían de los planes que se
programan para rehabilitación y recuperación del interno, que constituyen la
finalidad de la privación de la libertad
Como se ha indicado precedentemente, el problema penitenciario tiene una serie
de aristas dada su complejidad que aunada al propio problema, que es el interno
como ser humano, requiere no sólo soluciones temporales, sino
una planificación adecuada y real de cómo se puede afrontar para evitar que el
establecimiento penal siga siendo, como hasta ahora es el lugar de encierro,
donde no es factible alcanzar siquiera medianamente la recuperación del interno,
pues, éste vive en un mundo de desorden, sordidez y promiscuidad.
La Empresa es difícil, sabemos que ningún país del mundo, por
más economía y desarrollo del sistema que tenga, ha superado íntegramente
estas dificultades, aun cuando han logrado estándares relativamente aceptables
de estancia y convivencia, no han conseguido la total rehabilitación del interno;
antes bien, en estos últimos años, se ha generalizado la violencia en diversos
establecimientos penales del mundo, no siendo ajenos a ello los dela
república así como los de América Latina, en sus casos debido
fundamentalmente, a la sobrepoblación y a la falta de una adecuada y científica
administración, pues se tiende más a la seguridad y militarización que al
tratamiento.
Los beneficios penitenciarios tienen como finalidad facilitar la gradual
reincorporación del interno en la comunidad, mediante los mecanismos de
prelibertad como la semilibertad y la liberación condicional que
independientemente a probar las acciones de tratamiento y rehabilitación recibidos
en el establecimiento penitenciario, permiten que el retorno a la sociedad no se
produzca en forma brusca evitando el resquebrajamiento del núcleo familiar a
causa de la ausencia prolongada, que es producto de la reclusión, y por la que
llega a veces, a no identificarse plenamente con la familia, dificultando la
reinserción adecuada.
Este objetivo guarda estrecha relación con los fines que debe cumplir la pena:
reeducación rehabilitación y reincorporación. La Constitución Política del Perú,
vigente en su Art. 139. 22 los señala como objetivos del régimen penitenciario. De
otro lado, el Art. IX del Título Preliminar Código Penal, establece que la pena
tiene función preventiva protectora y resocializadora. Fines que a lo largo de
la historia, no se han cristalizado, convirtiendo así la pena en un fin en sí misma,
debido fundamentalmente a las múltiples dificultades que aquejan a la prisión, que
hacen de ella un lugar sórdido donde no solamente la convivencia se hace difícil
sino que no es factible desarrollar adecuadamente acciones rehabilitadoras que
conduzcan a la modificación de la conducta del penado para efectos de
reinserción social, por ello, muchas veces, el interno se convierte en un ser duro y
recalcitrante a cualquier acción de tratamiento, lo que dificulta su rehabilitación.

2. Aproximación a una Definición de Prisionizacion:
La corriente moderna propugna el fin "resocializador" de la pena, para lo cual se
sirve, prioritariamente, de la pena privativa de la libertad, sin entender que la sola
carcelería no resocializa, entonces ¿cómo pretender reincorporar al penado
dentro de la sociedad, alejándola por completo de ella?
"La prisión cerrada, concepción clásica de la pena de privación de libertad, no
resocializa; Dautricourt ha señalado que este modelo de prisión «corrompe
completamente a los que estaban sólo medio corrompidos, desocializa a los que
se integran en la artificial comunidad carcelaria¨, de la misma manera que Roxin
afirmó que la prisión cerrada opera como estímulo de la asocialidad, ya que el
encierro produce en el sujeto más idoneidad social que la poseída al entrar en él.
A nadie se le puede mantener apartado de la misma dice Roxin- y «sólo se puede
uno socializar en la sociedad de los hombres libres», recalca Dautricourt.
"... justa o no justa que sea la ideología del tratamiento en la dirección de una
eficaz prevención especial, el problema de hallar el sentido, el valor y la función
de la pena, permanece en cada caso siempre abierto. Se puede curar o reeducar,
no obstante la pena, y durante la ejecución de la pena, pero no se podrá jamás
decir, que la pena, de por sí misma, sirva o pueda servir para curar o a reeducar
al condenado”.
En modo más o menos consciente, la doctrina moderna y penetrante, ha
terminado por comprender tan grave incongruencia de fondo".
MORSELLI, Elio; "La función de la pena a la luz de la moderna criminología":
Lo único que se logra con la sola reclusión es la incorporación del penado a la
denominada subcultura criminal, la cual se profundiza con la mayor permanencia,
pues se ve obligado a adoptar nuevos valores, costumbres, conductas y reglas de
vida, diametralmente opuestas a las imperantes en la sociedad libre.
LOPEZ-REY Y ARROYO. Manuel; "Compendio de Criminología y Política
Criminal"; que conlleva la reclusión: por eso el Tratamiento Penitenciario no debe
ser solamente al individuo aislado, sino también a sus proyecciones sociales, al
complejo de relaciones creadas en torno a su vida que se entiende como
actualidad durante su reclusión, al medio social, afectivo y económico de donde
procede y como posibilidad futura después de su egreso en el trámite de su
eventual adaptación al seno social; por lo tanto, al plantearse su problemática, no
puede tratarse tan sólo de la conformación física, psíquica y cultural, del interno
sino también del ámbito de sus relaciones sociales.
3. Otras Definiciones:
El término carcelazo de usa en el ámbito de la criminalística e incluso es conocido
así por los mismos reclusos, Pablo Rojas afirma que: “la cotidianeidad de la cárcel
“es brutal”, y que no hay nadie exento del “carcelazo”, como se le dice en el argot
carcelario a la depresión producto de vivir encerrado”. En el mismo sentido Víctor
A. Payá considera que: “Es usual que, cuando los familiares se retiran del penal, el
estado de ánimo del prisionero decaiga. Los internos saben bien de este problema
depresivo al que denominan con el apelativo de “carcelazo”.
1

Las personas que ingresan en un centro penitenciario se encontraran en un
ambiente caracterizado por el aislamiento afectivo, la vigilancia permanente, la
falta de intimidad, la rutina, las frustraciones reiteradas y una nueva escala de
valores que entre otras cosas, condiciona unas relaciones interpersonales
basadas en la desconfianza y la agresividad. Estos someten al recluso a una
sobrecarga emocional que facilitará la aparición de desajustes en su conducta en
el mejor de los casos, cuando no la manifestación de comportamientos
francamente patológicos, sobre todo si previamente ya había una personalidad
desequilibrada, en el momento de la entrada en prisión.


Capitulo ii

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www.psicologiaforense.com página web: pg. 1
“Consecuencias de
la prisionizacion”
Cuando el joven entra en la cárcel la primera o primeras veces su
dureza emocional predomina y entierra su capacidad de afecto. Son
los años en que domina la irreflexión y el impulso, lo años del deprisa,
deprisa. En ese periodo su dureza emocional es intensa y es difícil la
conexión afectiva con él. Podrá mantener relaciones más o menos
cordiales con algún educador especialmente simpático pero a
distancia, sin comprometerse en absoluto, sin dar nada de sí mismo,
sin dejar resquicio a su capacidad de afecto. Se protege, se rodea de
un caparazón, percibe su propia vulnerabilidad, su alegría
inconsciente de antaño se torna en amargura que le seguirá toda la
vida. Y de la amargura a la agresividad. Más tarde el conflicto es
callado, sórdido, no se manifiesta más que cuando se atenta contra la
dignidad del preso, los motines son menos frecuentes pero más
graves, sigue siendo desconfiando, y es torpe en la expresión de sus
emociones.
Jesús Valverde “La Cárcel Y Sus Consecuencias”
CONSECUENCIAS DE LA
PRISIONIZACION

Aunque la privación de libertad parece la consecuencia más obvia del
encarcelamiento, éste amplía desmesuradamente su radio de acción sobre otras
muchas dimensiones de la propia persona presa y sobre muchas más personas
que ésta misma.

Se tratará de ir al fondo de lo que la cárcel efectivamente es, de lo que la cárcel
no hace y de lo que la cárcel deshace. En definitiva, de pasar por lo que
Máximo Pavarini llama “la prueba de fuego” de quienes van a trabajar con la
justicia penal, similar a la que son obligados a pasar los estudiantes de medicina:
la sala anatómica, la morgue... Si el uso de la justicia penal es la producción de
sufrimiento, éste debe ser conocido en todas sus consecuencias sin esconder ni
minimizar sus consecuencias. A ello dedicamos las líneas que siguen.


1.- ENCARCELAMIENTO: MUDANZA FORZOSA Y CAMBIO DE HABITAT.

Para cualquier especie animal, particularmente cuanto más desarrollada tenga la
parte del cerebro referida al mundo emocional y al cognitivo, un cambio forzado de
ecosistema supone un trauma importante de gravísimas consecuencias.
La ruptura no gradual con los espacios físicos familiares, con los elementos
ecológicos y relacionales a los que estábamos acostumbrados, la quiebra de los
hábitos y las pautas normales de comportamiento, de adaptarnos al entorno,
supone en todos los seres humanos un shock importante. Últimamente, la
psicología infantil se viene ocupando de cómo efectuar los cambios de residencia
habitual procurando minimizar los costes emocionales y psico-sociales de los más
pequeños (cambio de colegio, de amigos...).

En nuestro caso, habremos de considerar además la drástica reducción del
espacio efectivamente habitable con la privación de libertad ambulatoria y, sobre
todo, la entrada en un sistema total cerrado.


Si a ese cambio de ecosistema, añadimos, en el frecuente caso de las
macrocárceles, la no escasa distancia de los lugares poblados y su asentamiento
en auténticas estepas, poco frecuentadas por medios públicos de comunicación, el
predominio de los grises forjados de mallazo, cemento y hormigón, la
sobresaliente supertorrre de vigilancia..., todo ello en solitario y soleado páramo,
se entenderán mejor los efectos que este forzado cambio de hábitat provoca entre
quienes van a tener que vivir una temporada de su vida entre esos murallones o,
incluso, entre quienes han de acudir diariamente a trabajar en tan poco amistoso
contexto.

Digamos, ya desde el principio, que no se comprende muy bien la razón última de
tanto empeño de multiplicar tan costosas y faraónicas macro-prisiones, por más
que se tilden de polivalentes, cuando en otro tipo de respuestas sociales
sistemáticamente se acude a lo “mini”: mini-hogares infantiles frente a los grandes
internados de antaño, mini-residencias de ancianos frente a los grandes asilos,
hospitales y ambulatorios zonales frente a la construcción mastodóntica
hospitalaria de otras épocas. La justificación de este cambio de modelo residencial
parece estar no sólo en la mayor calidad de la atención que produce y la notoria
personalización del trato, sino incluso en la mejora del ambiente y condiciones
laborales de los empleados y en el consiguiente incremento de la eficacia y
eficiencia en la prestación de servicios; todo ello, a la postre, con menor coste
económico que los diseños de macro-estructuras asistenciales.

2.- INCORPORACIÓN A UN SISTEMA TOTAL CERRADO ALTERNATIVO


La cárcel supone un sistema total. Funciona de manera autónoma con sus propias
normas, sus diferentes roles, patrones de comportamiento, sistemas y códigos de
comunicación, estilos de vida, su propia economía sumergida, sus grupos de
presión, sus agentes de control formales e informales, el llamado “código del
recluso”... Al proceso de incorporación y paulatina adaptación a este peculiar
hábitat alternativo, Clemmer lo llamó “prisionización” y Goffmann “enculturación”.

Consiste básicamente en la progresiva asunción por parte de la persona privada
de libertad de una nueva forma de vida, en el aprendizaje de nuevas habilidades y
consistencias comportamentales. Por eso la actividad del preso es una lucha por
la supervivencia, en un intento continuo de adaptarse. Puede ser más o menos
acelerado, más o menos efectivo según el tiempo ininterrumpido que la persona
permanezca en la cárcel, el tipo de actividades de desprisionizacón que desarrolle
en ella, su historia de vida, personalidad y la permeabilidad que mantenga con el
exterior. En todo caso, como afirma Muñoz Conde, la prisionización tiene efectos
negativos para la resocialización difícilmente evitables con el tratamiento.

La vida cotidiana se caracteriza por la extremada rigidez en su organización, con
una odiosa burocratización de lo más elemental y, por contraste, con una gran
vaciedad de contenidos y elementos motivadores. La vida en esta micro-sociedad
está impostada de legalidad. En ningún otro espacio vital tiene tanto relieve lo
normativo, aunque paradójicamente se incumpla sistemáticamente lo más
elemental (p.e. la orientación reinsertadora impuesta por mandato constitucional y
la primacía del tratamiento). Destacan los aspectos disciplinarios y regimentales,
por inútiles que puedan ser algunos, sobre el empeño en procurar la normalización
de la vida del recluido, la nivelación y tratamiento de las asimetrías personales y
sociales que le condujeron, en no pocos casos, al delito. Todo ello conduce a una
auténtica infantilización del sujeto, a lo que

Goffman llama “mutilación del yo” que genera tanto un sentimiento de
dependencia absoluto de la institución total (que tiene reglamentado lo elemental:
el sueño, la comida, las relaciones sexuales) como un profundo egocentrismo
reactivo





3.- INADAPTACIÓN SOCIAL + PRISIONIZACION
Es toda esta realidad la que va provocando el proceso de prisionización que
acaba por hacer mella en la persona del recluso. No se trata por tanto de que la
persona presa presente unos especiales rasgos o unos perfiles predeterminados:
más bien se trata de que el proceso de inadaptación social primero, y el de
prisionización después generan la aparición de determinadas consistencias
comportamentales.
Veamos ahora algunas consecuencias en la persona del recluido, tanto más
destacables y consolidadas cuanto más inadaptación social hubiera previamente y
cuanto más tiempo haya estado privado de libertad. Todas se podrían resumir en
la expresión de Valverde: “el preso no sólo vive en la prisión sino que vive la
prisión”.

o Desproporción reactiva: cuestiones que en otro contexto carecerían
de importancia son vivenciadas con una desproporcionada
resonancia emocional y cognitiva.
o Dualidad adaptativa: o se produce una autoafirmación agresiva –con
fuerte hostilidad hacia todo lo que provenga de “la autoridad”- o la
sumisión frente a la institución como vía adaptativa. Entre estos dos
extremos, oscilan las formas de adaptación del preso a la cárcel (la
permanente elección de extremos que caracteriza la vida del
inadaptado).
o Presentismo galopante. Si no puede controlar su presente, mucho
menos su futuro. Tanto por la extremada primariedad de su
comportamiento como por la imprevisible dirección de su vida en la
cárcel, se deja llevar por un vivir sólo el presente desde el fatalismo,
la ausencia de introspección, planificación y análisis de
consecuencias.
o Síndrome amotivacional: no se deja interesar por nada, está cerrado
a la novedad, cada vez más encapsulado en un mundo interior que
trata de defenderse de las emociones con una aparente dureza
emocional cerrada a influjos externos. Delega su responsabilidad y
creatividad en el entorno institucional del que “depende”.
o Baja estima de sí mismo. Impotencia. Sentimiento de inferioridad
que le hace situarse con “envidia” agresiva hacia los “pringaos”
normalizados. Es difícilmente capaz de definirse desde sus
potencialidades, más lo hace desde sus carencias y necesidades.

4.- PRIVACION DE RESPONSABILIDAD A LA PERSONA PRESA

Es una de las dimensiones que más debe preocupar de cara a la función efectiva
de la cárcel. Más que privar de libertad –también priva de libertad la fase de
comunidad terapéutica de un programa de tratamiento- lo peor que tiene la cárcel
es que priva de responsabilidad. Si ser responsable es tener que responder y ello
supone hacerse cargo de la propia vida, de las decisiones, de las acciones y de
sus consecuencias, el privar de todo ello no deja de cercenar una de las
dimensiones – la dimensión básica- sobre la que se asienta el nivel ético de la
persona. Privar a alguien de la capacidad de cargar con la propia vida, de hacerse
cargo de ella, de conducirla, es, sin duda, una consecuencia detestable.
No es infrecuente que al hablar con las personas recluidas pocas experimenten
pesar por lo que han realizado, pocas son capaces de ponerse en el lugar de las
víctimas... No se trata de que sean perversos o amorales... Todo el diseño del
sistema penal está orientado en esa dirección des-responsabilizadora.
Empezando por el inevitable derecho a mentir y la presunción de inocencia de
que goza todo imputado, al final el nivel jurídico –derecho a no confesarse
culpable- acaba contagiando lo más profundo del nivel ético –el sentirse
moralmente responsable- No se trata, obviamente, de cargarse la presunción de
inocencia, ni de dar marcha atrás en conquistas de derechos que han costado
enormes esfuerzos, pero sí de ir articulando vías de responsabilización del
infractor compatibles con el mantenimiento de todos esos derechos: ya
hablaremos de la mediación infractor-víctima como una posible vía. Pero ahora
lo que nos interesaba destacar es el hecho de cómo estas personas, por más que
dotados de garantías meramente formales, por mor de una violencia institucional
–con frecuencia distante en el espacio y en el tiempo al momento de los hechos-
se sienten maltratados y víctimas, más que victimarios y maltratadores.
Naturalmente no negamos lo que de cierto hay en su percepción desde el nivel de
las oportunidades sociales, pero sin el presupuesto ético de la responsabilización
resultara bastante difícil iniciar una tarea reinsertadora.
Hasta las rutinas más cotidianas se dotan de toda una liturgia des-
responsabilizadora. Se elude la autonomía, la capacidad decisoria y de auto-
gestión hasta en lo más nimio: leer un libro, poner un poster, enviar una carta, se
convierten en actividades que requieren tanta parafernalia burocrática que
refuerza en la persona presa la idea de que todo depende de factores ajenos, de
externalidades y variables tan aleatorias y distantes de su voluntad que
incrementan su falta de control sobre sí mismo y sobre el entorno. Súmese a ello
las escasas posibilidades de modificar su propio entorno –a veces ni poner una
foto en el chabolo-, y se comprenderá que un ser humano –caracterizado como
especie por adaptar el entorno a él y no viceversa- obligado a renunciar a su
capacidad modificadora y creativa acabe por diluir el soporte ético sobre el que se
asienta su vida.
Por todo ello, la cárcel, en cuanto tiene de sustitutivo de la voluntad del recluido,
impide la responsabilización y, por tanto, se convierte en un factor fuertemente
criminógeno, de más que dudosa legitimidad ética e imposibilitado de que la
persona a ella sometida pueda hacerse cargo de su vida y normalizarla.
.






5.- DEPRIVACIONES SENSORIALES


Las consecuencias de la prisionización no son sólo psíquicas. Con el tiempo
aparecen serios problemas sensoriales.

La visión sufre trastornos, producto de la limitada perspectiva con que cuenta,
además de padecer con los extremados contrastes de luz entre los escasos
espacios abiertos y la celda A los pocos meses de ingresar en prisión,
experimenta lo que se denomina “ceguera de prisión” provocada por la
permanente ruptura del espacio, la existencia de continuos impedimentos a la
evasión que impiden la visión a distancia; en el mejor de los casos no le permiten
ver más allá de unos centenares de metros. Por otra parte, la gran carencia de
colores hacen de la prisión un lugar poco estimulante y de gran pobreza cromática.
Eso explica que uno de sus primeros deseos al salir sea ver distancia y
“descansar la vista”

También se afecta el sentido de la audición, pues la vida en un espacio
permanentemente cerrado, en el que conviven multitud de personas y sonidos que
retumban en los muros, hace que el nivel de ruido sea muy alto.

Destacamos también entre las carencias, los sabores y olores muy reducidos que
los presos tienen a disposición, predominando un olor constante mezcla de todo,
desde comida hasta olores personales. El gusto se ve afectado, no sólo porque la
comida no sea muy buena, sino por insípida; no se puede hacer comida
cuidadosamente para un número elevadísimo de personas y además durante
días, meses y años. Igualmente se da pobreza olfativa, con limitación de olores
en un internado, unido al olor que desprenden los fuertes desinfectantes que se
usan para fregar los suelos.

En ocasiones, se llega a perder la imagen del propio cuerpo, ello inducido por la
carencia total de intimidad. Además el preso mide mal las distancias quizá por la
confusión entre los límites del propio cuerpo y los del entorno, sobre todo en
presos en régimen de estricto aislamiento. Mucho más frecuente es la falta de
aseo personal y autocuidados, lo cual se debe, sobre todo, a la falta de
motivaciones para asearse, amén de no infrecuentes deficiencias en las
instalaciones.

6.- CONSECUENCIAS RELACIONALES PARA EL PRESO Y SU FAMILIA


Una de las afirmaciones más repetidas entre las personas presas es que lo que
peor llevan del encerramiento es la separación forzada de sus familias. Esta
separación se agudiza cuanto más alejado está el centro penitenciario de la
residencia familiar. Hasta tal punto es verdad que el Informe Barañí describe una
drástica reducción a menos de la mitad las vistas que efectúan los familiares a sus
deudos presos cuando éstos habitan cárceles en provincias distintas de las de
origen. Las mismas dificultades relacionales, intensificadas, se producen con los
abogados y el voluntariado cuando la distancia del centro penitenciario se
incrementa respecto a la ciudad. No deja de ser llamativo que el Plan de
Amortización y Creación de Centros Penitenciarios, que dio origen a la difusión de
macrocárceles, a la hora de establecer las condiciones de los emplazamientos
define como de obligado cumplimiento ciertos requisitos geográficos, que detalla
en metros, pero baja el listón a lo “recomendable” al referirse a “la existencia de
una parada de transporte público de cercanía en sus proximidades” . Que se
entienda por “proximidades” y, sobre todo, con que frecuencia se cuente con
transporte público para familiares, liberados, trabajadores, permisos etc. importó
bastante menos

Al producirse, generalmente de manera súbita e inesperada, la detención y
posterior ingreso en prisión la persona se siente arrancada del entorno familiar de
los suyos. En lo sucesivo ya no pueden verse, sino es a través de un cristal
blindado durante unos minutos a la semana, con más tiempo de espera que de
comunicación efectiva, no pueden tocarse sino en es en los vis a vis que
ordinariamente requieren semanas de espera. En lo sucesivo no podrán comer, ni
dormir, ni hacer vida en común juntos

Las relaciones pasaran a ser utilitaristas: darse recados, dinero, relaciones
sexuales...
La situación de precariedad tanto del que queda dentro como de los que
permanecen fuera depende de la situación previa. A veces son padres que tienen
a su hijo en prisión, otras, mujeres que llevan en silencio el encierro de sus
maridos, reducidas a la precariedad de familias monoparentales con los hijos a
cargo y sin fuente de ingresos... Hijos que son privados de su padre o de su
madre o de los dos.


El vínculo se mantiene con la familia a través de las “comunicaciones”. La
persona presa no baja a ver a su madre sino a “comunicar” con ella. Aquí también
el lenguaje peculiar. Los “locutorios” parecen hechos para todo lo contrario. En
algunos es imposible mantener la vista en el interlocutor y al tiempo dirigirle la
palabra: si le miras no hablas y si hablas no le puedes mirar; todo en medio del
griterío ensordecedor del resto de la treintena larga de cubículos-locutorio en los
que familiares y presos pugnan por hacerse entender, todo sin la posibilidad de
un beso o de un simple apretón de manos de despedida, aséptica y cruelmente
separados por un cristal blindado.

Como siempre, al principio los más allegados estarán pendientes de él. Se
prodigarán en cartas y visitas que se irán distanciando según pasa el tiempo. Si la
situación se prolonga, los familiares reajustar, establecerán nuevas vinculaciones e
irán escribiendo una historia en la que el recluido no estará presente, y así irá
perdiendo peso en la historia familiar y acabará por ser un elemento distorsionador
del entorno. Por parte del preso, los recuerdos se irán idealizando y, al tiempo, se
irá dotando de una concha con que proteger su mundo emocional. Cada vez más
vulnerable y necesitado de sentirse aceptado, pero más endurecido y con
tendencia a huir de vinculaciones afectivas y escudarse en la frialdad y la
indiferencia.

Por lo que se refiere a su sexualidad, si bien es verdad que las relaciones íntimas
se ha facilitado para un relativamente amplio número de personas presas, éstas
están también hipotecadas por el contexto en que se desarrollan. No son resultado
de un proceso de acercamiento afectivo entre dos personas, con un tiempo
adecuado, con calma y ternura. No hay tiempo para esas sutilezas amorosas. Hay
que darse prisa porque el tiempo escasea. Se han de realizar en un contexto con
prólogo y epílogo de registro, cacheo y desnudo integral en ocasiones.

El penado se halla inclinado a sospechar de su esposa cuanto más fuerte es el
deseo de satisfacer su libido y más recelosos aún con su novia, amante o amiga
(cuya vida sexual juzga por la suya) que tiene la libertad de unirse a otro hombre.
Por más discreción que se pretenda, debe pasar ante miradas vejatorias y
cacheos donde el pudor de la mujer es habitualmente humillado. La visita
conyugal degenera justa e invariablemente en visitas de “amor mecánico y furtivo”
(Pinto).

No se pueden minimizar las consecuencias del encarcelamiento para la familia en
libertad. Además de verse privados de un ser querido y una fuente de ingresos,
han tenido que soportar la vejación de la policía en su casa, del vecindario que se
entera, de un secreto vergonzante que se va sabiendo en el barrio o en el pueblo.
Ahora tendrán que desembolsar una cantidad para “asistir” al hijo o al esposo
preso, para irle a ver cuando los ahorros lo permitan – a veces es forzoso utilizar
un taxi de largo recorrido, por las horas en que se han concedido las
comunicaciones íntimas-. La inseguridad vital y extremada precariedad en que se
desarrolla la vida del recluido se contagian a su familia que queda tan necesitada
de ayuda como el preso mismo

Con frecuencia, el padre sufre más vergüenza solitaria; las mujeres son más
propensas a la exteriorización de los sentimientos.

La gama de repercusiones sobre la estabilidad familiar es muy variada,
dependiendo de la estructura previa, el tiempo de condena y las expectativas de
unos y otros acerca de la relación. Pueden ser irreparables cuando se produce la
adopción de los hijos por terceros, o un abandono y la creación de una familia por
parte del cónyuge en libertad. Otras veces, se producen serios problemas
psicosomáticos más generalizados en los niños privados de sus padres, en la
esposa privada de su marido o en la madre alejada de su hijo. En todo caso, la
situación del cónyuge la libertad es también alcanzada por la pena. Condenado a
castidad, sin haber hecho nada, obligando en muchos casos a “readaptaciones
imperfectas”.

7.- LAS REJAS SIGUEN EN LA CABEZA...


Como repite Jesús Valverde a sus amigos ex-reclusos, “las peores rejas no son
las que quedaron en el chabolo sino las que se llevan puestas en la cabeza”.
Con esto quiere señalar que los efectos perversos de la prisionización se
proyectan más allá de los muros del presidio y, por desgracia, bastante tiempo
después de conseguirse la excarcelación definitiva. De ahí que tan importante
como es el apoyo durante la reclusión, éste debe intensificarse una vez que la
persona ha sido liberada.

En efecto, bastantes de los rasgos analizados anteriormente se mantienen fuera,
siendo preciso un tiempo de reajuste y normalización, de adaptación, en suma, a
la vida en libertad. Esta, con frecuencia, no les es tan fácil como soñaban y al
poco, tras la euforia inicial y las “vacaciones”, viene la decepción. Los tres
primeros meses de libertad son especialmente delicados –paradójicamente los
meses en los que normalmente no se ha percibido ninguna prestación por parte de
la administración. En ellos aparecen cuadros psicosomáticos caracterizados por la
ansiedad, el insomnio, problemas de concentración, miedo a ser detenido.

Quedan ciertos hábitos que dificultan las relaciones. Un sentimiento de
desconfianza generalizado. La proyección sobre todo lo que represente cierta
autoridad (el “encargado” de obra, por ejemplo) del mundo penitenciario y las
figuras allí vividas como represivas o las dificultades para una cierta autodisciplina
personal, “ahora que nadie me manda”

Ya en libertad, la poca práctica de auto-gestión y de responsabilidad será una de
las “consistencias actitudinales” desarrolladas en la prisión que más le van a
perturbar para aprovechar las pocas oportunidades que se le ofrezcan. Sin
preparación alguna pasa de la cárcel, donde se le dice todo lo que tiene que hacer,
cómo hacerlo y dónde hacerlo; ahora ha de tomar sus propias decisiones,
ponderar las consecuencias, pensar alternativas, planificar su vida en su sistema
por completo distinto del penitenciario.

Más fácil resulta ir modificando ciertos hábitos, formas de vestir (chandal, sin
camisa...), de hablar, incluso de mirar con desconfianza a extraños, de sentirse el
centro de las miradas, pensar que lleva un cartelito que dice ex – preso/a. Lo peor
es que la prolongación de la cárcel a la salida no es solamente subjetiva, sino que
se plasma en la posibilidad de nuevas detenciones, sobre todo si quedaron causas
pendientes de ser sentenciadas o la drogodependencia no se trata. Si el problema
con las drogas –previo o adquirido en prisión- no se trata a la excarcelación, las
posibilidades de una nueva entrada se multiplican. Hay que trabajar la motivación
sobre la necesidad de una intervención terapéutica; ello, desde el
acompañamiento personal que le haga ver que el psicólogo del centro de atención
a drogodependientes nada tiene que ver con el psicólogo penitenciario que se
oponía a sus permisos. No es fácil, pero es posible, sobre todo si se cuenta con
profesionales que saben trabajar desde el encuentro personalizador en medio
abierto.

Tres serían las dificultades mayores para la integración social de la persona
excarcelada:

a) Un trabajo, con lo que supone de elevación de autoestima, de autonomía
económica, organización del tiempo etc. Contra esto choca la escasa capacitación
y experiencia laboral de los penados, la dificultad de “rellenar” los años de
presidido en el curriculum y la circunstancia del injusto estigma de los
antecedentes penales que se piden en ciertos trabajos. En tanto se produce la
incorporación laboral debería ser de urgente tramitación la preceptiva prestación a
los condenados excarcelados. Tan poco puede perderse de vista que las
anteriores circunstancias fuerzan, en no pocas ocasiones, a que los liberados
tengan que pasar por aros (precariedad, sueldos míseros, ETTs) que minimizan
su capacidad de respuesta y protagonismo.

b) Soporte familiar y relacional para ir normalizando vínculos y resistir las
frustraciones y decepciones de las primeras semanas. A mayor precariedad
sociofamiliar, más amplio tiene que ser el espectro de medidas alternativas a
poner en juego en el territorio de actuación.
El apoyo emocional equilibra mucho. Ya se sabe: cuando Aparece un quién se
diluyen los porqués.

c) Tratar el problema de la drogodependencia como se indicó. En el momento
actual, cerca de 2/3 de los jóvenes liberados tendrían necesidad de seguir
un tratamiento con soporte psico-social.


A estas tres, por no ser solución es parte del problema, añádese la falta de
seguimiento y apoyo por parte de los servicios sociales penitenciarios. El hecho de
que el paro penitenciario se facilite meses después de la excarcelación (cuando ya
han pasado las iniciales urgencias perentorias de sobrevivir nada más ser
liberado), sería una anécdota cruel si no fuera porque las funciones de sus
trabajadores sociales se reducen, en el mejor de los casos, a derivación y control
cuasi-policial de los liberados condicionales –si son excarcelados definitivos el
pasotismo es total-.



8.- LAS CONSECUENCIAS PARA LA COLECTIVIDAD



Sin duda se cumple la máxima de que “las cárceles se llenan en cuanto se
construyen”. Saben encontrar el culpable adecuado a la plaza de que disponen.
Por eso, el primer efecto de las cárceles es que se llenan. Y esto se hace porque
la política criminal sigue centrada en los aspectos más punitivos. De este modo el
sistema se retroalimenta y acabamos tomando los efectos por las causas. De este
modo el problema deja de ser el problema. Ya no es preciso pensar en términos
de desigualdad social, de precariedad de vida y extrema vulnerabilidad. No son
precisas políticas redistribuidoras de renta, facilitadoras de protección y promoción
social. Sólo es preciso castigar al delincuente. Acaba teniendo razón el sociólogo
Durkheim cuando afirmaba que la función de la pena consiste en mantener intacta
la cohesión social, conservando en toda su vitalidad la conciencia común.

No es de extrañar que en esta dirección “El Plan de Amortización y Creación de
Centros Penitenciarios señalara que “centros de 950 plazas los hace rentables
tanto en materia de costes de personal como de vigilancia exterior por las fuerzas
de Seguridad del Estado y homologación en diseño y materiales que abaraten
costes. El coste medio unitario estimado es de 6.500 millones de pesetas, con un
coste total de 125.000.000.000 (en la práctica ha sido bastante más).

No es difícil echar cuentas y para una población reclusa de 45.000 personas se
han invertido, sólo en nuevas prisiones, la friolera de más de 2.500.000 pesetas
por persona en gastos de nueva construcción que deben sumarse al ya de por sí
elevado coste de preso/año.

Por otra parte, el coste de una plaza penitenciaria al año se sitúa en torno a los 4
millones de pesetas que multiplicados por una estancia media de 7 años dan un
total de 28.000.000 empleados en rehabilitar a una sola persona. Tenía razón el
Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, cuando decía que de tratarse de
una empresa privada habría que despedir a todos los directivos de la cuestión
penitenciaria por manifiestamente ineficientes e incompetentes.

Tanto coste y tan inútil sólo sirven para reproducir exclusión e incrementar
desarraigo social, conteniendo temporalmente una población de personas con
carencias que habrán de salir tiempo después en peores condiciones –y con más
peligrosidad- que cuando entraron. Se trata de una auténtica matriz que multiplica
marginación y genera circunstancias que a su vez posibilitan delitos, y éstos a su
vez, generan respuestas penales que hacen que el ciclo se perpetúe.
Urge considerar el delito desde otra perspectiva –al menos para el 95% de los
supuestos que carecen de gravedad objetiva- y buscar respuesta dentro del resto
de problemas sociales, buscando alternativas globales y sustitutivos parciales.

Mientras esto no ocurra, las continuas apelaciones para desviar la atención hacia
la máquina penal como respuesta, proyectando en ella injustificadas expectativas,
estarán abocadas fatalmente al fracaso.









Capitulo iii
“los beneficios
penitenciarios y
la prisionizacion”

“La miseria existente es patética y hay infinidad de compañeros
cogiendo colillas en el patio, gracias a la no prestación por indigencia y
al no trabajo” ”en este centro no hacen más tener tirado en el patio
todo el día” “la vida la estoy malgastando viviendo o vegetando tirado
en un patio”
“La ocupación consiste en pasear. Y ver pasar el tiempo”

“Mil voces presas”

I. ANTECEDENTES Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS
BENEFICIOS PENITENCIARIOS:

Si nos dirigimos a los orígenes históricos de la expresión beneficios, de
marcado carácter en el Derecho privado, desde una óptica jurídica pueden
considerarse como privilegios que ostentan determinadas personas que se
encuentran en una situación jurídica especial para que puedan contrarrestar los
perjuicios que se derivan de una situación determinada. En el lenguaje común, al
contrario de lo que sucede en el mundo del Derecho, la expresión beneficio no se
refiere al status de la persona, sino a la propia acción con la que mejora la
situación de una persona o una cosa. El uso que la Ciencia Penitenciaria da a
esta palabra se aproxima más a las acciones favorecedoras.
Ni en las primeras legislaciones penitenciarias ni tampoco en los trabajos
doctrinales de los penitenciaristas más importantes, hallaremos la expresión
beneficios de un modo generalizado, pese a que esta expresión se encuentra
ocasionalmente en algunos textos legales, su utilización como epígrafe abarcando
un grupo de instituciones jurídico-penitenciarias no la vamos a encontrar hasta
épocas muy recientes. Así, por ejemplo, CADALSO[5]en su obra Instituciones
Penitenciarias y similares en España prefiere calificar a la libertad condicional, que
hoy es considerada como un beneficio, como recompensa. En el mismo sentido,
BKXTHAM, a quien se reconoce el mérito de haber ideado la libertad condicional,
la da a conocer en una publicación bajo el título de Theorie des peines et des
recompenses (Cap. XII).
Mucho más distantes de la expresión beneficios penitenciarios se encuentran los
defensores del correccionalismo radical, quienes -como en el caso de DORADO
MONTERO- preferían utilizar para estos nuevos institutos, que se alejaban de un
modelo absoluto y monolítico de prisión, expresiones como tratamiento o
asistencia[6]Tampoco se refiere a ellos VITKRBO en su Comentario al Código
Penal Peruano de f.863[7]Finalmente no los menciona CARLOS A. BAMHARIM,
Catedrático de la universidad de San Marcos en el proyecto del Código
de Ejecución Penal elaborado en la mitad de los años cuarenta.
Como la ciencia penitenciara es reciente, también lo son los beneficios
penitenciarios, los esfuerzos por editar un Código de Ejecución Penal así lo
demuestran; según GARCÍA BÁSALO[8]se puede apreciar que en muchos países
la ciencia penitenciaria no alcanza autonomía, regulándose las normas
penitenciarias en reglamentos y normas de menor rango.
Lo señalado líneas arriba se comprueba en muchos países como
España, México, Argentina, Colombia y otros, en los cuales la mayoría de los
beneficios penitenciarios son normados en reglamentos. En el Perú, a comienzos
del siglo pasado no se contaba con un Código de Ejecución Penal; lo relativo al
tratamiento penitenciario se encontraba en el D.S. N" 97 del 17 de agosto de 1937,
que aprobaba el Reglamento de la Penitenciaría Central de Lima, que establecía
el trato humanitario y científico para los reclusos. Esta normatividad también
reconocía y acogía el sistema progresivo.
El Decreto Lev N" 17381 «Unidad de Normas para la Ejecución de Sentencias
Condenatorias», marca el inicio de la etapa normativa en el campo penitenciario
peruano, pues introduce una serie de innovaciones, entre ellas la implantación del
sistema progresivo que tiene como base v objetivo al interno, así como nuevos
mecanismos de prelibertad como la semilibenad, permiso especial de salida y la
redención de las penas por el trabajo como elemento coadyuvante al tratamiento,
qué fortalecen los mecanismos de rehabilitación mediante el trabajo, la educación
y la disciplina. Este dispositivo recoge, al mismo tiempo, las recomendaciones
de Naciones Unidas sobre prevención y tratamiento del delincuente.
Junto al precedente nacional del Decreto Ley N2 17581, se han tenido como
fuentes legislativas a la Ley Orgánica Penitenciaria de España de 1979, a la Ley
Penitenciaria Alemana del 16 de marzo de 1976 y a la Ley Penitenciaria Sueca de
1974. También se han considerado los avances de las
investigaciones criminológicas v de la Ciencia Penitenciaria.
Sin embargo, se debe resaltar que el Decreto Legislativo N° 17581 marcó una
etapa importante en el campo normativo penitenciario porque, por primera vez. se
daba en el Perú una norma que era de aplicación general y, al mismo tiempo,
también consolidaba como un mecanismo de tratamiento el sistema progresivo c
incorporaba nuevos institutos como la semilibertad, el permiso de salida y la
redención de pena por el trabajo, beneficios estos que han adquirido
posteriormente mejor adecuación y estabilidad, tal como se analizará en los
capítulos pertinentes referidos a cada uno de ellos, donde se indican sus
antecedentes, concepto, naturaleza jurídica, requisitos, tramitación y procedencia
e improcedencia en leyes especiales.
En base al Decreto Ley Na 17581 se emitió la Resolución Directoral Na 0445-71 -
INPE del 05 de noviembre de 1971, que establecía los mecanismos de concesión
de los beneficios penitenciarios a sentenciados, promovidos previamente al
período de prueba, fase en la que podían acogerse a traslados, permisos
especiales de salida, redención de pena por el trabajo, semilibertad y liberación
condicional, estos beneficios los concedía la administración penitenciaria, a
diferencia de la liberación condicional, cuyo otorgamiento correspondía al órgano
jurisdiccional, para tal efecto se expidió la Resolución Directoral N9 0086-73 del 21
de febrero de 1973, que nombró a la Junta Calificadora de Promoción al período
de prueba, unidad integrada por representantes de los órganos técnicos del
establecimiento penal como el servicio legal, salud mental, salud corporal,
educación, trabajo v asistencia social, que evalúan al interno en cuanto
corresponde al proceso de rehabilitación y califican lo positivo y negativo que
puede ser la concesión del beneficio en relación con él mismo y la sociedad.
Frente a la limitación de que solamente podían acceder a la redención de pena
por el trabajo los sentenciados primarios, tal como establecía el Decreto Ley X-
17581, en 1980, durante el gobierno del General Remigio Morales Bermúdez, se
expidió el Decreto Ley Ns 23164 mediante el cual se amplía el alcance de la
redención de pena por el trabajo a procesados y sentenciados surgiendo recién en
el Perú, a partir de este dispositivo, la redención de pena por el estudio con la
misma modalidad y mecanismos que la establecida para la redención de pena por
el trabajo, el dos por uno. Este hecho consolidó el trabajo y la educación como
mecanismos de tratamiento.
Se debe precisar que la puesta en vigencia de nuevos beneficios penitenciarios en
el Perú, tuvo muchos obstáculos aun para su ejecución, debido fundamentalmente
a la falta de un adecuado conocimiento de los fines y fundamentos de cada uno
de ellos y a la falta de experiencia y capacitación del personal, que poco a poco
se fue superando en el tiempo, aun cuando se debe indicar que, hasta la fecha, no
existe en el Instituto Nacional Penitenciario a nivel de unidades operativas,
personal adecuadamente especializado, lo que dificulta la aplicación idónea y
oportuna de los beneficios penitenciarios, tal situación demuestra la necesidad de
formación y capacitación de personal técnico que permita la adecuada aplicación
de las normas de ejecución penal.
Cabe recordar que, la Constitución Política del Perú de 1979, en el
segundo párrafo del artículo 234s, establecía que «El régimen penitenciario tiene
por objeto la reeducación, rehabilitación y reincorporación del penado a la
sociedad, de acuerdo con el Código de Ejecución Penal"', sin que se contara en
ese momento con un Código de Ejecución Penal por lo que para dar cumplimiento
a este mandato consútucional, el Congreso de la República, mediante las Leyes
N,J 23860 y N" 24068, delegó en el Poder Ejecutivo la facultad de dictar,
mediante Decreto Legislativo, el Código de Ejecución Penal. Por Resolución
Suprema N9 285-84-JUS de fecha 03 de julio de 1984, se nombró una comisión
integrada por los doctores Jorge Muñiz Ziches, quien la presidió, (iuillermo Bettochi
Ibarra, Víctor Pérez Liendo y Pedro Salas ligarte, encargada de elaborar el
Proyecto del Código de Ejecución Penal, que fue promulgado mediante Decreto
Legislativo Nfi 330 de fecha 06 de marzo de 1985.
Este Código diseñó un sistema que. teniendo como premisa el reconocimiento
jurídico y el respeto a la persona del interno, persiguió como objetivo
fundamental la resocialización del penado a través de un tratamiento científico.
Recoge las Regias Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, aprobadas por
el I Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento
del Delincuente v sus modificaciones, así como las regias mínimas adoptadas por
el Consejo de Europa el 19 de enero de 1973.
El Primer Código de Ejecución Penal puesto en vigencia mediante el Decreto
Legislativo N9 330 en marzo de 1985, tiene su característica e importancia propia
que es necesario resaltar por cuanto fue el primer código en el campo penal que
estableció un título preliminar con principios y fundamentos que debían regir su
normativa. Asimismo, incorporó un capítulo referido a la disciplina penitenciaria,
que constituye un avance significativo en elcontrol de la conducta del interno, que
establecía no solo la sanción que pueda imponerse por acto de indisciplina al
interno, sino que impide la participación de otro interno en la función disciplinaria.
En este aspecto se determinó también que la función disciplinaria ya no radicaba
en manos de una persona como el Director o quien haga sus veces, que podía
actuar arbitrariamente y con abuso de autoridad en perjuicio del interno, por esta
razón, se encargó la función de investigar y sancionar a un cuerpo colegiado como
el Consejo Técnico Penitenciario, que conforme a las normas del debido proceso
podía absolver o sancionar al interno bajo los principios de igualdad y
proporcionalidad dentro del marco de la legalidad y la inmediación, permitiendo
inclusive la participación del abogado que el interno designe para este fin, como
mecanismo que tutele sus derechos; en este marco, la sanción que imponga el
Consejo Técnico Penitenciario es factible de apelación, para ser revisado por el
nivel superior que puede confirmar o revocar la medida impuesta. Este mecanismo
garantiza definitivamente la imparcialidad del acto administrativo, considerando el
efecto que implica su determinación fundamentalmente en lo atinente a la
concesión de los beneficios penitenciarios, que por esta razón pueden verse
denegados en las fechas que conforme a la normativa les pudiera corresponder.
Este Código de Ejecución Penal incorporó a la liberación condicional, que hasta
ese momento formaba parte del Código Penal de 1924, al campo penitenciario lo
que continua hasta la actualidad.
El Código de Ejecución Penal de 1985, determinó en su normativa los Beneficios
Penitenciarios que a continuación se indican y que nos permitirá, posteriormente,
establecer las diferencias con el Código de Ejecución Penal actual.
 El permiso de salida, se concedía tanto a procesados como sentenciados por
el Director del Establecimiento Penal, en casos de emergencia o urgencia, tales
como (fallecimiento o enfermedad grave del pariente más cercano, nacimiento
de hijos, gestiones personalísimas y búsqueda de alojamiento frente a la
proximidad de la libertad). hasta un máximo de 48 horas y bajo el control
permanente del personal asignado para su custodia y el cumplimiento de las
reglas de conducta establecidas en la Resolución Directoral de concesión.
 La redención de la pena por el trabajo y el estudio como Beneficio
Penitenciario permitía al interno redimir su pena en la modalidad del 2x1, bajo
el control de la autoridad penitenciaria; siendo esto así, por cada 2 días
efectivos de labor el interno gana un día de pena y, en el caso de la redención
de la pena por el estudio, también era procedente cuando el interno aprobaba
el bimestre, para los efectos de la libertad definitiva o acceso a libertades
intermedias.
 La semilibertad como beneficio penitenciario era procedente cuando el
sentenciado cumplía el 50% de la pena impuesta y era concedido por el Juez
de Ejecución Penal del Establecimiento Penal donde se encontraba alojado el
interno, previo Dictamen del Ministerio Público.
 La liberación condicional, como beneficio para el sentenciado era procedente al
cumplir las 2/3 partes de la pena impuesta y lo concedía el Juez de Ejecución
Penal con el Dictamen del Fiscal Provincial.
 La visita íntima, como beneficio penitenciario, permitía dentro de la profilaxia y
la planificación familiar la relación sexual del interno con su cónyuge o
conviviente.
Debemos precisar, también, que el Código de Ejecución Penal de 1985 fue el
medio a través del cual se creó el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), como
organismo público descentralizado dependiente del sector justicia y, como ente
rector del sistema penitenciario nacional, correspondiéndole todo el quehacer
en materia de tratamiento y rehabilitación del penado. De igual forma, con este
primer Código de Ejecución Penal, surgió en el Perú la figura del Juez de Ejecución
Penal, integrante del aparato jurisdiccional que ejercía sus funciones en el propio
establecimiento penal y, por lo tanto, resolvía con mayor inmediación las
solicitudes de los internos referidos fundamentalmente a beneficios penitenciarios.
A la promulgación del Código Penal de 1991, que contenía nuevas modalidades
de pena, fue necesario que la legislación penitenciaria en este caso el Código de
Ejecución Penal, mantuviera actualidad y concordancia, por lo que habiendo
transcurrido cerca de siete años de vigencia del Decreto Legislativo N9 330 y
atendiendo a la necesidad de su adecuación, el Congreso de la República,
mediante Ley N° 25297, delegó en el Poder Ejecutivo la facultad de dictar dentro
del término de 210 días el nuevo Código de Ejecución Penal. De acuerdo a dicha
ley, se designó una comisión integrada por los Senadores. Doctores Javier Alva
Orlandini, Absalón Alarcón Bravo de Rueda y Luis Gazzolo Miani, los Diputados
Doctores Genaro Vélez Castro, Jorge Donaire Lozano; un Representante del
Poder Judicial, Doctor Roger H. Salas Gamboa, un Representante del Ministerio
Público, Doctor Ángel Fernández Hernani; un Representante del Ministerio de
Justicia, Doctor Germán Small Arana; un Representante de la Federación del
Colegio de Abogados del Perú, Doctor Arsenio Oré Guardia y un Representante
del Colegio de Abogados de Lima, Doctora Lucía Otárola Medina, quienes se
encargaron de formular el anteproyecto que luego se consolidó con el Decreto
Legislativo N9 654, que constituye el Código de Ejecución Penal vigente a la
fecha.
Nuestro actual Código de Ejecución Penal, Decreto Legislativo N° 654,
promulgado el 31 de julio de 1991, mantiene los mismos Beneficios Penitenciarios
que los contenidos en el Decreto Legislativo N° 330; pero modifica
sustancialmente el trámite, requisitos y mecanismos de concesión, siendo
necesario resaltar la supresión del Juez de Ejecución Penal así como de las casas
de semilibertad aprobada pese a la oposición del autor, pues, el desarrollo que se
pudo alcanzar con el anterior código quedó atrás, aunque no se puede explicar la
eliminación ni de los jueces de ejecución penal, ni de las casas de semilibertad
que eran centros que albergaban a internos que obtenían ese beneficio, y que en
ellas recibían protección y apoyo en esa etapa de adecuación en la reinserción a
la sociedad, el caso de los jueces de Ejecución Penal, figura no contemplada en la
actualidad, implica en nuestra consideración un retroceso y una desatención para
el interno, toda vez que este Juez era el operador de justicia que se encargaba a
dedicación exclusiva de velar no sólo por la oportuna tramitación y concesión de
los beneficios, sino que con su presencia en el establecimiento penal garantizaba
la ejecución misma de la pena.
En cuanto a los beneficios penitenciarios, el código vigente introduce
modificaciones sustanciales al código anterior al considerar que los internos en
menor o mayor tiempo, pueden alcanzar los beneficios de pre-libertad o la libertad
definitiva, en este aspecto determina, por ejemplo, para la Redención de la Pena
por el Trabajo y la Educación el mecanismo del 2x1 y el 5x 1: de igual manera,
para el caso de la semilibertad el 1/3 ó 2/3 de la pena y para la Liberación
Condicional el 1/2 ó 3/4 partes de la pena impuesta. La determinación de dos
modalidades para la obtención de los beneficios, es a efectos de que la población
penal acceda a los mismos en tiempos distintos, es decir, en función de la
gravedad del delito materia de sentencia, pues en base a ello puede solicitarlo con
menor o mayor permanencia en el establecimiento penal; de esta manera, se
diferencia el grado de lesividad causado con el delito y evita al misino tiempo que
la sociedad reaccione desfavorablemente contra el sistema penitenciario v judicial.
Esta determinación permite que los beneficios penitenciarios alcancen a toda la
población penal, pero en tiempos distintos en base al delito cometido, como se ha
reconocido posteriormente en leves especiales como en los casos de Tráfico
Ilícito de Drogas y en algunos delitos contra la Administración Pública.

II. LOS BENEFICIOS PENITENCIARIOS Y SU INFLUENCIA EN EL
TRATAMIENTO PENITENCIARIO

a. NATURALEZA JURÍDICA DE LOS BENEFICIOS PENITENCIARIOS

Un «beneficio» es una gracia, un favor que se le otorga a una persona, es decir,
tiene una génesis premial, en cambio, cuando nosotros hablamos de «derecho»
nos referimos a una facultad de exigir todo lo establecido en nuestro favor por la
Ley.
Si tenemos en cuenta esto, es fácil percibir la gran importancia que tienen los
mecanismos que permiten el acortamiento de la pena impuesta en el régimen
penitenciario, ya que de su acertada concepción dependerá su real aplicación.
En España, la opinión de la doctrina dominante es que la redención de penas por
el trabajo o la educación son, sin ningún género, de dudas derechos de los
internos[9]a pesar de no estar explícitamente reconocidos como tal, tampoco es
un obstáculo el hecho de que para que se concedan sea preciso que concurran
ciertos requisitos de carácter subjetivo, como es un pronóstico resocializador
positivo. Ni siquiera el nomen iuris beneficio es un argumento sólido ya que un
derecho también puede ser beneficioso para quien lo disfruta.[10] Pero, sin lugar a
dudas, los argumentos a favor de concebir estos beneficios como derechos están,
por una parte, en que su concesión corresponde a los jueces y el interesado
puede recurrir en apelación cuando se le niega, es decir, puede reclamar frente a
terceros su legítimo derecho a ejercer aquellos. Por otra parte, se conceptúan
como derechos por el papel que juegan dentro de un sistema penitenciario
resocializador, va que forman parte de un modelo de ejecución, son los límites
externos del ius puniendien su fase de ejecución.
Siguiendo esta línea de opinión, la naturaleza jurídica de los permisos de salida y
la visita íntima puede suscitar más dudas que los otros beneficios, ya que no
concurren en ellos alguna de sus circunstancias. A pesar de lo cual, la doctrina
española se inclina a favor de considerarlos como derechos de los internos. En
primer lugar, por su estrecha relación con determinados derechos fundamentales
de las personas reconocidos por la Constitución. Tanto la salida al exterior,
normalmente para asistir a un evento familiar, o la visita intima, que permite
mantener relaciones afectivas y sexuales con la pareja, son manifestaciones del
derecho de toda persona a la familia.
Para MAPELLI CAFFRENA Catedrático de la Universidad de Sevilla, «reconocer
que nos encontramos ante derechos de la persona derivados de su condición de
privado de libertad en un sistema resocializador, no es una cuestión baladí, sino
que tiene un alcance muy considerable. De acuerdo al principio de legalidad, al
que esta sometido la ejecución de las penas, los derechos solo pueden limitarse
bajo la cobertura de una ley, no bastando para ello una disposición
reglamentaria.»
En cuanto a la concepción generalizada en nuestra comunidad, desgraciadamente
ésta percibe los mecanismos de egreso anticipado de la pena (semilibertad,
liberación condicional, redención de pena por el trabajo y educación), así como los
referidos al régimen penitenciario (permiso de salida, visita íntima, concesiones
especiales para recibir visitas y comunicaciones) como derechos otorgados por el
Juez Penal y por la Administración Penitenciaria, cuando se cumplen ciertos
requisitos, por lo que aparentemente parecería que si un interno cumple con los
mismos se le debería conceder automáticamente el beneficio; sin embargo, bajo
el amparo de la «seguridad», es posible su no concesión, si este puede afectar a
la sociedad, cuando el interno no está apto para convivir en comunidad dentro de
un respeto mutuo.
Nuestra legislación los considera como derechos subjetivos de los
internos[12]ciertamente condicionados, porque su aplicación no procede
automáticamente por el sólo hecho de que quien lo solicita se encuentre privado
de su libertad, sino que está supeditado a presupuestos establecidos en la
norma, que, en ocasiones, exige un juicio de valor sobre las circunstancias
subjetivas (situaciones difíciles o arriesgadas), que no implican que la actividad
técnica requerida sea arbitraria ni condicionada, pues su aplicación y desarrollo es
de naturaleza científica, de lo contrario, su existencia sería lírica.
Particularmente, considero que los beneficios penitenciarios son
verdaderos incentivos, concebidos como derechos espectaticios del interno que le
permitirán observar las normas de conducta en el campo penitenciario, tendientes
a lograr una menor permanencia en el establecimiento penal mediante los
mecanismos de la redención de pena por el trabajo y la educación, para luego
alcanzar la semilibertad y la liberación condicional, accediendo paulatinamente a la
libertad, por ello es que los beneficios penitenciarios no pueden concebirse como
un derecho ni como una gracia; pues si así fuera, en el primer caso, habría
simplemente una exigencia de carácter obligatorio de cumplir los requisitos
determinados para su concesión, que le harían perder su concepción dentro del
tratamiento penitenciario y el sistema progresivo, más aún cuando el penado sigue
siendo uno más del establecimiento penal, en tanto no alcance su libertad
definitiva, siendo esto así, la semilibertad así como la liberación condicional,
requieren de una calificación individualizada, en el segundo caso considerar a los
beneficios penitenciarios como una gracia no resulta adecuado porque no es un
acto de condonación o perdón como el indulto y la amnistía, que ponen fin a la
condena.
Los beneficios penitenciarios requieren de una evaluación particularizada, como
lo es el propio tratamiento penitenciario, pues, una vez concedidos están sujetos a
reglas de conducta cuyo incumplimiento provoca la revocatoria, que no opera en
la gracia; de allí su diferencia y su calificación como incentivos pues permiten a la
administración penitenciará mejor control y programación de las acciones de
tratamiento al interno, promoviendo durante su permanencia en el centro penal,
buena conducta, manteniendo actitudes positivas para convivir adecuadamente
en la comunidad social; en tal virtud, los beneficios penitenciarios, como incentivos
que ofrece el régimen penitenciario, permite la ejecución de diversas acciones de
terapia, educación y trabajo basados en la autodisciplina y autocontrol del interno,
que lo obligará a su retorno a la comunidad a conducirse adecuadamente,
respetando las normas de convivencia social. En base a estos fundamentos
consideramos que los beneficios son incentivos, que no pueden estar en la
categoría de derechos ni gracias, pues están sujetos además del cumplimiento de
los requisitos a la evaluación del órgano técnico del establecimiento penitenciario,
en cuanto al proceso de rehabilitación, y a la del propio Juez, en los casos de pre-
libertad en los que califica lo positivo y la oportunidad de su concesión en función
del interno y de la sociedad misma, es decir, en su decisión deberá considerar que
la excarcelación anticipada será favorable para el interno, en tanto que
su comportamiento no afectará a la comunidad.
Desgraciadamente la concepción generalizada en nuestra comunidad percibe los
mecanismos de acortamiento de la pena (semi-libertad, liberación condicional,
redención de pena por el trabajo y educación), así como los referidos al régimen
penitenciario (permiso especial de salida, visita íntima, concesiones especiales
para recibir visitas y comunicaciones) como derechos otorgados por el Juez Penal
y por la administración penitenciaria, cuando se cumplen ciertos requisitos, por lo
que aparentemente parecería que si un interno cumple con los mismos se le
debería conceder automáticamente el beneficio: sin embargo, bajo el amparo de
la "seguridad" es posible su no concesión, si este puede afectar a la sociedad,
cuando el interno no está apto para convivir en comunidad dentro de un respeto
mutuo. Nuestra legislación los considera como derechos subjetivos de los internos.
Ciertamente condicionados, porque su aplicación no procede automáticamente por
el sólo hecho de quien lo solicita se encuentra privado de su libertad, sino que está
supeditado a presupuestos establecidos en la norma que, en ocasiones, exige un
juicio de valor sobre las circunstancias subjetivas, (situaciones difíciles o
arriesgadas) que no implican que la actividad técnica se requiera sea arbitraria, ni
condicionada, pues, su aplicación y desarrollo es de naturaleza científica, de lo
contrario su existencia sería lírica.
Particularmente, considero que los beneficios penitenciarios son verdaderos
incentivos que permitirán al interno observar las normas de conducta en el campo
penitenciario, tendentes a lograr el acortamiento de la pena impuesta mediante los
mecanismos de la redención de la pena por el trabajo y la educación para luego
alcanzar la semi-libertad y la liberación condicional, accediendo paulatinamente a
la libertad, por ello es que los beneficios penitenciarios no se pueden concebir
como un derecho ni como una gracia: pues si así fuera en el primer caso, habría
una exigencia al cumplirse los requisitos que le harían perder su concepción
dentro del tratamiento, pues el penado seguiría siendo uno más del
establecimiento penal, en tanto no alcance su libertad definitiva y en el segundo
caso, porque no es un acto de condonación o perdón como el indulto y la amnistía
que ponen fin a la condena, dado que los beneficios penitenciarios requieren de
una evaluación particularizada, pues, una vez concedidas están sujetas a reglas
de conducta cuyo cumplimiento provoca la revocatoria que no opera en la gracia,
de allí su diferencia y su calificación como incentivos que permiten, a la
administración penitenciaria, mejor control y programación de las acciones de
tratamiento al interno, manteniendo durante su permanencia en el centro penal,
buena conducta y promoviendo actitudes positivas para convivir adecuadamente
en la comunidad social.
Son incentivos que permiten al interno descontar de la pena impuesta, una parte
significativa de la privación de la libertad o tener acceso a otros beneficios que
consolidan el proceso de reeducación, rehabilitación y reincorporación del penado
a la sociedad.
Son incentivos que el Estado, concede a efectos de dar bienestar al interno para
lograr su readaptación social, mediante la ejecución de diversas acciones de
terapia, educación y disciplina, basados en el autocontrol que lo obligara a su
reingreso a conducirse, respetando las normas de convivencia social.










III. CLASES DE BENEFICIOS PENITENCIARIOS

a. EL PERMISO DE SALIDA

- CONCEPTO Y FINALIDAD:

El sistema progresivo, que es el que inspira el Derecho de Ejecución Penal
Peruano (Art. IV del titulo preliminar (333.5)" Articulo IV.- El tratamiento
penitenciario, se realiza mediante el sistema progresivo consta de tres
etapas: observación, tratamiento y prueba. Dentro de esta última, encontramos el
permiso de salida como un beneficio penitenciario que consiste en autorizar al
interno que ha observado buena conducta y cumplido con los requisitos
establecidos en el art. 43 del Código de Ejecución Penal. El permiso autoriza la
salida del interno con custodia permanente en situaciones de emergencia en
casos de enfermedad o muerte de pariente o como medio que permita obtener
el contrato de trabajo para los efectos de la semi libertad o frente a la proximidad
de la liberación condicional.
Elias Neuman. en "Prisión Abierta", define al permiso de salida como ""un avance
penológico considerable y sus resultados son provechosos, siempre que se
otorguen con tino mediante una adecuada fiscalización. Consiste en permitir por
distintos motivos a uno o más reclusos, el abandono momentáneo del
establecimiento donde se aloja para trabajar durante el día en oficinas, talleres e
incluso organismos ministeriales o municipales sin que nada denote su
procedencia; en segundo lugar, por razones de humanidad a fin de calmar la
ansiedad del condenado derivada de circunstancias familiares
(enfermedades graves o muertes); en tercer lugar, para armonizar las
necesidades sexuales; etc."
El actual régimen penitenciario tiende a la paulatina y progresiva incorporación del
penado a instituciones abiertas. La autorización otorgada para efectuar salidas
transitorias de los establecimientos penitenciarios, sea para estrechar los vínculos
familiares o sociales, sea para desempeñarse laboralmente en condiciones
similares a las de la vida libre, constituye un paso previo y
un aprendizaje fundamental para una adecuada reinserción social del hombre
que ha estado privado de su libertad.
Las salidas transitorias, para visitar familiares, permiten que el penado no sea
arrancado del seno de su familia y que, al término de su condena, pueda
reintegrarse a un matrimonio intacto y a una vida familiar no perturbada en su
funcionamiento, que lo recepte y apoye, factor éste de decisiva importancia para
una efectiva ' reinserción social.'
De esta manera, las salidas temporales permiten poner a prueba la capacidad de
autoconducirse de decidir retornar al establecimiento penitenciario al cumplirse el
plazo, de reflexionar sobre las consecuencias de su propia acción, etc.
García Básalo en su obra Salidas Transitorias de los reclusos del Establecimiento
Penitenciario" puntualiza que: "Los permisos de salida y las visitas al hogar deben
concederse a los reclusos siempre que estas medidas no presenten peligro para
la sociedad y sean provechosas para su rehabilitación"; esto quiere decir que el
problema radica entonces, en organizar estas salidas, de modo tal que resulten
útiles para la reinserción social del sancionado y no signifiquen riesgo para la
sociedad.
Solís Espinoza precisa que: Evidentemente que los fundamentos de este permiso
para salir del establecimiento penitenciario son de carácter humanitario, es decir,
coadyuva al proceso de readaptación del interno.
Myrla Linares Alemán indica: Los permisos de salida se ubican dentro del
tratamiento institucional como fase de pre-libertad y tienen por finalidad la de
estrechar vínculos con el exterior, facilitar la realización de diligencias personales
del penado, etc, preparando el retorno progresivo a la vida en libertad.
El permiso de salida, constituye un beneficio penitenciario que coadyuva al
tratamiento y rehabilitación del interno, su concesión en situaciones de emergencia
o urgencia para el interno, y en casos estrictamente personales, juega un rol
importante en el sistema penitenciario; puesto que. al no ser prohibido tanto al
interno procesado como al sentenciado, promueve que el interno mantenga
una conducta que le permita acceder al beneficio cuando las circunstancias, que
se contemplan como causales, se le presenten.
Es necesario destacar que la ampliación del plazo máximo del permiso por
ocurrencia de 48 a 72 horas, que establece el Código de Ejecución Penal,
constituye un avance y mejoramiento del beneficio, toda vez que este tiempo está
concebido para un solo acto como el de acudir, por ejemplo, al sepelio del familiar
más cercano. o puede dividirse en varios tiempos que no excedan de las 72 horas
en el caso, por ejemplo, de salir con el beneficio para la búsqueda
de trabajo o documentación para el estudio, en los que se podría salir en varias
oportunidades hasta completar las 72 horas concedidas.
En el campo del tratamiento penitenciario, este beneficio debería ampliarse hacia
la posibilidad de salida de fin de emana, cuando el interno hubiera cumplido el
tercio de la condena como un mecanismo que favorezca a su rehabilitación y. por
ende, a su reinserción, ello en tanto que por ley especial no se limite ó prohíbe su
concesión.
Debemos indicar, además, que la legislación penitenciaria sobre este beneficio no
contempla los casos de fuerza mayor, que puedan surgir durante el cumplimiento
del permiso, tales como por ejemplo, huaicos, accidente, etc.. que impidan el
retomo del interno y el custodio dentro del plazo que establece este beneficio: por
lo que. en tales circunstancias, será menester que se deposite al interno,
transitoriamente, en el establecimiento f penal más cercano, o de no ser factible,
en una dependencia policial, dando cuenta de inmediato a
la autoridad penitenciaria y al penal de origen.
El permiso de salida está concebido como un beneficio penitenciario, que está en
plena sintonía y correspondencia con los derechos humanos, en tanto que la
primera razón que el Código determina para su concesión es el de grave
enfermedad o muerte del pariente más cercano, situaciones en las que no cabe
apreciaciones de naturaleza delictiva, sino las seguridades necesarias y
adecuadas que impidan al interno burlar o entorpecer la investigaciónjudicial o el
cumplimiento de la pena: por ello es que recae en el director del centro penal
la responsabilidad del permiso, aun cuando debemos reconocer que,
en leyes especiales como en los casos de traición a la patria 25659
y terrorismo 25475, se prohíbe expresamente la concesión del permiso de salida
situación que se reedita en los casos de las leyes últimas sobre terrorismo
agravado Decreto Legislativo 895 y 896 referido a delitosagravados
como secuestro artículo 152 extorsión artículo 200, robo agravado artículo
189. homicidio calificado articulo 108 y violación de menores contemplados en el
articulo 173-A que al incorporarse al Código Penal determinan la improcedencia
del permiso de salida, situación que colisiona con la naturaleza misma de este
beneficio, pero en eras de un bienestar superior la tutela, del bienestar general
antes que el bienestar individual.

b. LA REDENCIÓN DE LA PENA POR EL TRABAJO Y LA EDUCACIÓN

CONCEPTO Y FINALIDAD:

Se constituye como uno de los medios a través de los cuales el tratamiento
penitenciario puede lograr efectividad, ofreciendo al recluso, una mejor
permanencia en prisión se recogen de este modo las ideas reivindicativas
propugnadas en el campo penitenciario por Howard. Becaria y Montesinos.
Dentro de la ejecución penal, el beneficio de la redención de la pena por el trabajo
ocupa el lugar más importante, y esta importancia podemos clasificarla desde
diferentes puntos de vista:

A) PUNTO DE VISTA MORAL

El trabajo penitenciario constituye en el campo de la ejecución penal una actividad
destinada no sólo ha desterrar la ociosidad reinante en los centros penitenciarios
por falta de implementación .de talleres sino que se reconoce como uno de los
elementos fundamentales c indispensables para la rehabilitación del interno v por
lo tanto se convierte en la base del tratamiento penitenciario.
"El trabajo en el campo penitenciario se convierte en un elemento capaz de
transformar la conducta del interno hacia una relación que motive y valore la
actividad tendente a lograr no sólo el sostenimiento del recluso sino que este
pueda mantener a la familia, haciendo del encierro una permanencia útil para él
mismo y los suyos.
El trabajo contribuye a la mejora espiritual y física del interno, evitando la serie
de actos contrarios al tratamiento que se dan en la prisión como consecuencia de
la prisionización. "Problemática de la Redención de Penal por el
Trabajo". Revista de la Escuela de Estudios Penitenciarios. P. 31.

B) PUNTO DE VISTA SOCIAL

Así como hay una relación entre el trabajo de los reclusos y el régimen
penitenciario, también existe relación entre éste y la política social, como
consecuencia de la necesidad de reincorporar en un futuro al delincuente a la
sociedad, en condiciones tales, que permita prever que no delinquirá y que más
bien se desempeñará como elemento positivo y útil a la misma. Pues hay que
tener presente que son las condiciones físicas y sociales las que determinan
la delincuencia en cada país. Es necesario por ello establecer una lucha de
carácter social contra la delincuencia, una verdadera labor de previsión y profilaxia
del delito, además de un régimen carcelario adecuado y de readaptación social de
los reclusos".

C) PUNTO DE VISTA ECONÓMICO:

Los establecimientos penitenciarios no deben emplear los trabajos de los penados
como una mera actividad para apartarlos de la ociosidad; deben considerar el
resultado de su esfuerzo, asignándoles un valor económico.
El trabajo penitenciario desde este punto de vista, debe ser integrante de
la economía de los pueblos tal ha sido el criterio que ha primado en el segundo
Congreso de las Naciones Unidas sobre prevención del delito y tratamiento al
delincuente, celebrado en 1960 en cuya tercera declaración se establece
textualmente:
"Que el trabajo penitenciario, cuyo valor moral y social es indudable, debe ser
considerado de la misma manera que la actividad normal y regular del
hombre libre".
Este trabajo es parte integrante de la organización general del trabajo existente
en el país, lo cual significa que. para que el trabajo penitenciario sea integrante de
la economía nacional, se debe tener en cuenta el marco de la legislación de cada
país que regula el trabajo en general, dentro del "cual hay que incorporar al
trabajo en los establecimientos de represión, de modo que pueda participar de las
mismas condiciones y ventajas. salvo por supuesto, las que resulten incompatibles
con la privación de libertad en que se hallan los reclusos".

D) PUNTO DE VISTA EMINENTEMENTE PENITENCIARIO

En el campo penitenciario, la importancia que se le asigna al trabajo, es
inconmensurable por ser una forma de rehabilitación y reeducación del interno
dentro del proceso de ejecución penal, por lo que se le considera como un
poderoso medio de lucha contra el mal y un eficiente medio de rehabilitación del
delincuente durante el cumplimiento de su condena.
Otro de los aspectos transcendentes del trabajo dentro del régimen penitenciario,
es que ayuda a conservar la disciplina: ya que al realizar el penado actos serios,
es muy difícil que atente contra el orden, lo que sí ocurriría si se le mantiene
ocioso.
Antes de las influencias de la ciencia penal y penitenciaria las formas de
ejecución penal ,se caracterizaban por ser crueles e indignas y por lo tanto
contrarias a los fines de readaptación del delincuente: pues, se inspiraban
fundamentalmente en la explotación y aprovechamiento de las utilidades que su
obra generaba. A partir del siglo pasado, se inicia un período moralizador.
surgiendo reformas, por ejemplo, en Norteamérica con el lema: "Reforma a los
reformables", iniciándose estas prácticas en Broadvvay. en 1876. año en el que
también Concepción Arenal publica su obra "Estudios Penitenciarios", en la que
manifiesta que la tendencia de nuestro siglo es hacer de la pena un instrumento
de educación, haciendo del delincuente un ser que estando caído, puede
levantarse.
Es en 1870. en el Congreso Penitenciario de Cincinnati se formularon
los principios básicos del tratamiento del interno mediante el trabajo,
posteriormente, ya en el presente siglo, se continúan celebrando congresos, como
el Congreso Internacional Penal _v Penitenciario de la Haya, de 1950 el primer
Congreso de las Naciones Unidas, sobre prevención del delito y tratamiento del
delincuente de 1960, lo que ha dado un gran impulso a la materia penitenciaria en
general y el trabajo penitenciario en particular.

D.1. EN CUANTO A LOS INTERNOS:

La importancia del beneficio de redención por el trabajo y el estudio radica
fundamentalmente en una acelerada readaptación del interno, ya que él mismo,
aprendiendo a ser productivo y útil a la sociedad, consigue reingresar a ella no
sólo por el buen camino, sino más rápidamente.
La redención de la pena por el trabajo es un beneficio penitenciario que se otorga
atendiendo al criterio de individualización de la pena de los diversos tipos de
delincuentes. Aquí reside la naturaleza y fin de tal beneficio, es por ello que la
redención de la pena por el trabajo es el beneficio al cual se puede acoger el
recluso', siempre que demuestre buena conducta y se encuentre laborando según
el régimen de trabajo establecido para el efecto, permitiéndole hacerse acreedor a
la reducción de su condena a razón de un día por dos de trabajo como lo
establece el artículo 44 del Código de Ejecución Penal con excepción de lo
establecido en el artículo 46 de este mismo código que determina el mecanismo
del cinco por uno para algunas figuras delictivas como sedición, rebelión, motín
y narcotráfico.
Tratándose de aquellos reclusos que trabajen v estudien al mismo tiempo, el
artículo 47 del Código de' Ejecución Penal contempla esta posibilidad como un
mecanismo contribuyente al tratamiento y rehabilitación del interno pero, hace la
salvedad de que cuando estos se realizan simultáneamente no es factible su
computo acumulativo, pues, ello daría origen a un mecanismo que la Legislación
Penitenciaria jamás a contemplado esto es el uno por uno. Es por esta razón que
el trabajo penitenciario debe ser entendido como uno de los aspectos de la
rehabilitación y no como una integración de la pena.

ANTECEDENTES

Como mecanismo que coadyuva al proceso de rehabilitación y tratamiento del
interno, la redención de pena por el trabajo se incluye por primera vez en la
Legislación Penitenciaria Peruana, como se lia indicado mediante el Decreto Ley
17581 del 15 de abril de 1969 conocido como "Unidad de Normas para la
Ejecución de Sentencias Condenatorias". Este dispositivo legal recogiendo los
postulados del tratamiento penitenciario moderno y las recomendaciones de las
Naciones Unidas, sobre la materia y en base a los avances logrados en otros
países, lo genera en el Perú como un instituto de carácter penitenciario que,
constituye un medio de rehabilitación y enmienda para el interno, la redención de
pena por el trabajo frente a los problemas de hacinamiento existentes en los
establecimientos penitenciarios del país juega un rol importante como incentivo a
la población penal, a fin de que un mayor número de internos puedan dedicarse al
trabajo que le permita no sólo el aprendizaje de un oficio, si no un ingreso para el
auto sostenimiento y, de ser factible, de ayuda a la familia, además de evitar el
ocio reinante en los establecimientos penales; desde este punto de vista, la
redención de la pena por trabajo no se circunscribe sólo dentro del concepto
mismo del trabajo penitenciario, si no que tiene sus propias reglas, mecanismos y
modalidades; en tanto que el beneficio penitenciario es un estímulo al interno que
lo incentiva a tener una ocupación en el establecimiento penitenciario que como
premio, le otorga una rebaja al tiempo de permanencia en el establecimiento
penal.
La redención de pena por el trabajo se concibe como un incentivo que coadyuva
plenamente al proceso de rehabilitación del interno, pues el trabajo, a no dudar,
constituye el mejor medio de realización del ser humano.
Cuando, en 1969. surge la redención de pena por el trabajo en el Perú, ésta nace
en forma muy limitada tal como se ha expresado precedentemente pues sólo
alcanzaba conforme al artículo 27 del Decreto Ley 17581: a "los condenados a
más de 2 años, abonándose un día de su pena por cada dos de trabajo a efectos
de su liberación definitiva, siendo de aplicación al beneficio de la liberación
condicional cuando, por el tiempo redimido, reúna los requisitos legales para su
concesión"; de esta norma se desprende, que sólo podrían acceder a la redención
de pena por el trabajo:
Los condenados a más de 2 años y que tuvieran la condición de primarios.
Los que hubieran observado buena conducta.
Se debe precisar que conforme a esta norma, la redención de la pena por el
trabajo no es un beneficio automático, sino que ésta era procedente sólo en la
etapa de la prueba dentro del sistema progresivo penitenciario; tal como se
establecía en el Art. 22. que consideraba que el interno sentenciado para acceder
a este beneficio tenia que previamente ser promovido al período de prueba.
Siendo esto así. y considerando que la población penal nacional se divide en dos
grandes categorías: procesados y sentenciados, el porcentaje de internos sin
condena siempre ha estado por encima del 80° o del total de la población
penitenciaria nacional y. tomando en cuenta las reglas que establecía la norma en
comento, este beneficio, excluyente para los sentenciados reincidentes y para los
sentenciados a penas de internamiento y relegación así como para los inculpados,
permitía el acceso a este incentivo de apenas un 5% de la población penal,
convirtiéndolo en un beneficio limitado a un pequeño sector de la población
penitenciaria; por lo que era necesario e indispensable buscar la modificatoria de
este dispositivo legal con el objeto de ampliar su cobertura a toda la población
penal, como en efecto sucedió con la dación del Decreto Ley 23164.
Habiendo demostrado la práctica en el campo penitenciario lo positivo de este
beneficio, como factor coadyuvante fundamental para la rehabilitación el Decreto
Ley 23164 amplía la concesión de la redención de pena por el trabajo, a
procesados y sentenciados primarios o reincidentes, permitiendo el acceso
prácticamente de toda la población encarcelada, constituyéndose de esta forma en
uno de los medios más eficaces de ayuda para el tratamiento readaptativo por que
la participación de la población penal, en las acciones laborales, evita que los
factores negativos de la prisionalización afecten fácilmente al interno, por lo que la
conveniencia de estimular a los internos inculpados y sentenciados,
en igualdad de condiciones, determinó que mediante esta norma, se modificara el
artículo 27 del Decreto Ley 17581 con el texto siguiente:
"Los reclusos podrán reducir su pena por el trabajo. Al condenado se le abonará
un día de su pena por cada dos de trabajo, a efectos de su liberación definitiva.
Igualmente, le serán de aplicación los beneficios de la liberación condicional,
cuando por el tiempo redimido reúna los requisitos legales para la concesión. El
inculpado gozará idéntico beneficio y reducirá de la pena que pudiera
imponérsele."
La única excepción que el Decreto Ley 23164 establecía, era la contenida en la
modificatoria del Art. 28 del Decreto Ley 17581, y se debe en los siguientes casos:
 Los reincidentes específicos incursos en el Decreto Ley 22095 (tráfico ilícito
de drogas).
 Los que intentaron quebrantar la sentencia realizando intentos de evasión,
lograran o no su propósito.
 Los que no hubieran observado buena conducta durante la reclusión.
Con las limitaciones antes descritas, la población penitenciaria podía acceder a la
redención de pena por el trabajo, como un incentivo que le permitía disminuir el
tiempo de permanencia en el establecimiento penal.
Cabe indicar que con el Decreto Ley 23164 surge, por primera vez. en el Perú la
redención de pena por el estudio (ahora educación) con las mismas
características, modalidades y limitaciones establecidas para la redención de
pena por el trabajo; por lo que, si bien ambos beneficios tienen las mismas
características, la redención de pena por el trabajo es la que dio origen a la
redención de pena por el estudio como un complemento básico al tratamiento
penitenciario, teniendo en cuenta que el trabajo y la educación son los dos pilares
fundamentales en los que descansa el tratamiento y la rehabilitación del interno.
El acceso a la redención de pena por el trabajo se puede dar en el establecimiento
penitenciario participando en cualquiera de las actividades laborales que
la administración programe; pero esto debe conllevar un control estricto del
trabajo que permita posteriormente, el cómputo de la redención; de igual forma, la
redención de pena por el estudio se concede en todas las formas y modalidades
educativas que establece el centro penal, pudiendo ser ésta de alfabetización,
educación básica regular y calificación profesional extraordinaria así como los
estudios por correspondencia, conforme a la Ley General de Educación.
Este beneficio penitenciario permite al interno, no solamente crear en él hábitos de
laboriosidad para el trabajo, sino también para el estudio, de esta forma contribuye
este beneficio penitenciario al mantenimiento de la buena conducta del interno y.
por lo tanto, al acatamiento de las reglas internas para el tratamiento penitenciario.
Independientemente de ello, la redención de la pena por el trabajo y la educación,
permite acortar el tiempo de permanencia del interno en el centro penal,
posibilitando la obtención anticipada de los beneficios de pre-libertad como la
semilibertad y la liberación condicional así como la libertad definitiva; sin embargo,
estando a que este beneficio abarca tanto al interno procesado y sentenciado, el
procesado podrá acceder con anticipación a la libertad bajo vigilancia, es decir, en
audiencia extraordinaria, pudiendo llegar a la pena solicitada en la acusaciónfiscal,
sumando la reclusión efectiva y la redención de la pena por el trabajo y/o
educación.


EFECTOS DE LA REDENCIÓN DE PENA POR EL TRABAJO V LA EDUCACIÓN

Debemos indicar que la Redención de Pena por el Trabajo y la Educación permite:
 Obtener la libertad bajo vigilancia, esto es, en audiencia extraordinaria cuando
el tiempo de detención, sumada a la redención de la pena por el trabajo o la
educación es igual a la pena solicitada en la acusación fiscal. Este mecanismo
también impide una permanencia indebida del interno en el establecimiento
penitenciario.
 Obtener la semi-libertad con anticipación al cumplimiento de tercera parte de la
condena o dos terceras partes del mismo según corresponda a cada tipo penal,
adicionando a la reclusión efectiva el correspondiente cómputo laboral o
educativo.
 Alcanzar la liberación condicional con anticipación al 50% o tres cuartas partes
de la condena impuesta, adicionando a la exclusión efectiva el correspondiente
computo laboral o educativo.
 Para obtener la libertad definitiva con anticipación a la fecha fijada en la
sentencia, esto será procedente si el interno no obtuvo las libertades
intermedias como la semi-libertad o liberación condicional, por lo que, la
redención de pena por el trabajo y el estudio le permitirá restar a la fecha
del vencimiento de la condena el tiempo redimido y obtener así la libertad
definitiva.

IMPOSIBILIDAD DE ACUMULACIÓN DE REDENCIÓN DE PENAS POR EL
TRABAJO Y EDUCACIÓN

El Código de Ejecución Penal vigente mantiene, en cuanto concierne a estos
beneficios, la imposibilidad de acumulación de la redención de pena por el trabajo
y la educación cuando estos se efectúan simultáneamente o en tiempos iguales,
con el objeto de evitar que. en algún momento, se pudiera utilizar
acumulativamente, creando un mecanismo no establecido en la ley que sería el
uno por uno; en este sentido el artículo 47 del Código de Ejecución Penal
establece: "El beneficio de la redención de pena por el trabajo y la educación no es
acumulable cuando éstos se realizan simultáneamente".
Ejemplo: Un interno puede, en el mes de marzo o cualquiera del año trabajar de
8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde y, en ese mismo mes, estudiar en la escuela
que funciona en el establecimiento penal en el rumo vespertino de 5:00 a 10:00 de
la noche; en este caso, por el mismo mes, tendría redención de pena por el
trabajo y la educación. Es cierto, al interno se le permite trabajar y estudiar al
mismo tiempo; lo que no es permisible es que él pueda utilizar ambos beneficios
en un sólo mes para efectos de redención, utilizando un mecanismo que no
considera la legislación (1x1), que desnaturalizaría la finalidad de este beneficio;
lo que tendrá que hacer el interno es utilizar un sólo cómputo y el otro emplearlo
como mejor fundamento de su petición de semi-libertad, liberación condicional o
libertad definitiva para efectos de mejor resolución del beneficio.
Resulta, por tanto, indispensable ratificar que. como hemos indicado en ningún
momento la legislación sobre esta materia ha regulado el 1 x 1. lo que se daría al
considerar por cada 30 días laborados la concesión de 30 días, situación ésta que
no permite la norma, al establecer actualmente sólo el 2 x 1 y el 5 x 1.

c. LA SEMI-LIBERTAD

CONCEPTO Y FINALIDAD:

La semi-libertad constituye, dentro del contexto penitenciario, un beneficio al cual
puede acogerse el interno sentenciado que cumple el tercio de la condena
impuesta en la generalidad de los casos y dos terceras partes en los delitos
contemplados en el artículo 46 del Código de Ejecución Penal, referido a delitos
graves, tales como sedición, rebelión, etc.
La semilibertad, como beneficio penitenciario, se considera como un incentivo
para el interno sentenciado, que le permite egresar del establecimiento penal,
tanto para trabajar como para estudiar, es un mecanismo de pre-libertad.
concedido por el órgano jurisdiccional competente, teniendo en cuenta la buena
conducta observada durante su permanencia en el establecimiento penal, en
razón a la favorable evolución lograda dentro del tratamiento adoptado para su
rehabilitación y posterior reinserción a la sociedad.
Este beneficio se ubica en el sistema progresivo, en la tercera etapa: esto es. en la
prueba, estadio en el cual se comprueban las acciones de tratamiento y
rehabilitación llevadas a cabo en el establecimiento penal, y cuya probanza es
necesaria determinar mediante la libertad controlada como es la semi-libertad
llamada también por los internos simplemente libertad vigilada lo que califica a
este beneficio, como un factor de estímulo para el interno, capaz de autogenerar
una disciplina vital para la conservación del orden y la posibilidad de una
convivencia pacífica dentro del establecimiento penitenciario y. posterior
reinserción, a la comunidad libre.
La finalidad de la semi-libertad. es permitir la libertad anticipada del interno
sentenciado, como un mecanismo eficaz tendiente a la rehabilitación.
La mayor parte de la legislación comparada determina que para acceder a la semi-
libertad, el interno debe haber cumplido previamente una parte de su condena
bajo régimen cerrado o semiabierto.
La semi-libertad como mecanismo de pre-libertad para el sentenciado, constituye
uno de los medios de tratamiento en libertad bajo determinadas reglas de
conducta establecidas en la resolución concesoria.

ANTECEDENTES.
Convencida la humanidad, por los hombres abocados al problema penitenciario
que el trabajo es un elemento de rehabilitación, apareció, primero en la mente de
los penitenciaristas. y luego en la propia realidad la necesidad de implementar el
trabajo como elemento rehabilitador para la persona privada de la libertad,
posteriormente de acuerdo a la progresión y al cumplimiento de las normas del
tratamiento, se concibió que una parte de la pena impuesta se cumpliera en
la comunidad libre, esto como elemento resocialización. De allí surgió lo que hoy
llamamos el beneficio de la semilibertad.
Con la transformación del fin de la pena se transforma de igual manera los
períodos carcelarios en más humanista y reivindicadora, con este objetivo
aparecen para eso una serie de instituciones, primero a cargo de la Iglesia, luego
de particulares y, finalmente, del Estado. Los más importantes lo constituyen los
institutos con regímenes progresivos, ya sea del coronel Montesinos, la de la
servidumbre penal inglesa y el progresivo propiamente dicho que tiene como su
penúltima fase la semilibertad.
En nuestro medio, hasta comienzos del presente siglo, no teníamos el concepto
cabal de la implementación de dichos métodos en el tratamiento penitenciario.
"No se tenia el menor concepto de reformabilidad ni adaptabilidad del penado. El
caer al presidio significaba la muerte para la sociedad. Las generosas protestas de
Beccaria no eran conocidas sino por uno o dos hombres de estudio" (Mariano
Felipe Paz Soldán).
Recién en 1901 se nombra una comisión para que reforme el reglamento de la
penitenciaría. Fue una ocasión excelente para introducir postulados científicos en
nuestro sistema penitenciario.
Con la dación del Código Penal en 1924 se da un gran paso, abordando la reforma
penitenciaria; pero el concepto de semilibertad recién se pone de manifiesto
mediante la Ley 10129 de 1945, adoptándose la libertad progresiva.
La semilibertad como se concibe ahora surge por primera vez en la legislación
penitenciaria peruana en 1969 con el Decreto Ley 17581, "Unidad de normas para
la ejecución de sentencias condenatorias": siendo, por lo tanto, esta normatividad
la que consolida el sistema progresivo penitenciario y dentro de ello al beneficio de
la semilibertad cuya concesión estaba referida teniendo en cuenta el Código Penal
Vigente en ese entonces, de 1924. a las formas o modalidades de pena impuesta:
así por ejemplo: Un sentenciado a pena de prisión o penitenciaría, podía acceder
a este beneficio al cumplir el 50% de la pena impuesta y en los casos de
relegación, con un mínimo y máximo al cumplir la mitad del extremo máximo, y en
lo consecuente a la pena de internamiento era procedente al cumplir 15 años. De
esto se colige que el otorgamiento de la semilibertad en sus inicios, dependía de
la modalidad de pena impuesta al sentenciado. Independientemente al
cumplimiento de una parte de la pena, esta norma exigía como lo es a la fecha, el
no tener proceso pendiente con mandato de detención y haber observado buena
conducta durante su permanencia en el establecimiento penal > contar con
el contrato de trabajo en la comunidad libre.
El beneficiado con la semilibertad según el Decreto Ley 17581 egresaba del
establecimiento penal, para trabajar en la comunidad, en condiciones similares a
las de la vida libre, obligándose, al final de la jornada laboral, a retomar al
establecimiento penal para efectos de control y pernoctar en él.
La situación descrita precedentemente determinó la inconveniencia que conllevaba
el retorno nocturno del interno, luego de la jornada laboral del beneficiado al
establecimiento penal de origen; que en el caso de Lima se centralizaba en el
establecimiento penal del "Sexto", por cuanto los internos que se acogían a este
beneficio, proveniente de los penales de Lurigancho y Frontón, tenían que
concurrir por las noches al establecimiento penal de sentenciados "El Sexto",
ubicado en el corazón de la ciudad con sobrepoblación, de alrededor de 1 200
internos, siendo su capacidad para sólo 300 lo que determinaba un lugar no
adecuado para los internos que gozaban de este beneficio, quienes,
encontrándose durante el día sin custodia en la comunidad, tenían la obligación
de regresar a este centro penal, con el consiguiente peligro que para
su seguridad personal conllevaba.
Siendo la semilibertad un beneficio que se basa en el autocontrol y autodisciplina,
la inconveniencia de su reclusión nocturna en un establecimiento penal cerrado,
determinó que durante la gestión del Ministro de Justicia Enrique Elias La Rosa,
se dispusiera que los internos en semilibertad de los penales de Lima
metropolitana pasaran a ocupar lo que en ese momento se calificó como la "Casa
de Semilibertad" esto ocurrió en octubre de 1 981 donde gracias a un convenio
entre el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Guerra éste último cedió en uso al
Instituto Nacional Penitenciario un local ubicado en el Distrito de San Miguel de
Lima donde inicio sus funciones la referida "Casa de Semilibertad" para los
varones, con resultados positivos y favorables, pues, de 23 internos que existían
en ese momento con el goce de este beneficio, a 1 991 año en que se promulga el
Código de Ejecución Penal vigente y cierran las casas de semilibertad tanto la
casa de San Miguel para varones cómo la de Surquillo para mujeres, se superaba
los 600 internos acogidos a este beneficio, cifra que demostró, a todas luces
el desarrollo de ese régimen.
La imposibilidad económica del INPE de contar con ambientes, en los conos norte,
sur, centro y este de Lima, que pudieran albergar a los internos en semilibertad y
el desconocimiento de la verdadera finalidad de este beneficio determinaron el
cierre de las casas de semilibertad, constituyendo este hecho un retroceso en el
avance de la concepción y función de este beneficio, por lo que se hace
imperativa la reapertura de las casas de semilibertad, en las que jamás se dio un
hecho de sangre, a pesar de que los internos que en ella se albergaban eran
tanto de mínima, mediana y máxima peligrosidad, ello debido fundamentalmente a
que la casa de semilibertad funcionaba con un mecanismo distinto al de un
establecimiento penal, en el que ya no era factible la presencia de personal
policial, sino de personal penitenciario con varios años de experiencia que le daba
al mismo tiempo, solvencia para entender la real dimensión de este beneficio y
comprender los problemas de cada interno.
Independientemente, a significar lo positivo de las casas de semilibertad, en
cuanto al número de internos que albergaban, debe mencionarse
lasolidaridad existente entre los beneficiados, basados en la cooperación y ayuda
mutua. Estos factores positivos determinaron, posteriormente, la apertura de
casas de semilibertad en diferentes puntos del país, fundamentalmente en las
capitales de departamentos, con resultados igualmente favorables.
El Código de Ejecución Penal, promulgado mediante Decreto Legislativo 330, trajo
una novedad en el campo de los beneficios penitenciarios de pre-libertad, al crear
la figura del Juez de Ejecución Penal, que como miembro del órgano jurisdiccional
con rango de un Juez de Primera Instancia era el encargado de conceder la
semilibertad, previo dictamen del Fiscal Provincial: este magistrado tenía la sede
de su juzgado en el propio establecimiento penal y conforme a las atribuciones y
funciones que este Código le concedía en los artículos 147 y 148 intervenía no
sólo en la concesión de los beneficios penitenciarios sino en el funcionamiento,
trato, alojamiento, seguridad y respeto a los derechos humanos del interno al
interior del penal. Sin embargo, a pesar de la importancia que revestía este
magistrado en el campo penitenciario y a las funciones que se le habían
asignado, a la vigencia del nuevo Código de Ejecución Penal de 1991. dejaron de
existir corno tales promoviendo un vacío que con ocasión de este trabajo se ha
podido comprobar la urgente necesidad de implementar los Juzgados de
Ejecución Penal, en todos aquellos establecimientos penales que cuenten con más
de 100 internos, para que en el caso de los beneficios penitenciarios de pre-
libertad, sean ellos los que en forma oportuna y adecuada, declaren la
procedencia o improcedencia de los mismos, explicando, en su caso, al intento
sobre las causales de la denegatoria con el objeto de evitar posteriores solicitudes
reiterativas sobre el mismo beneficio con las implicancias que derivan de la
tramitación y formación de los expedientes; lógico es. la designación de los Jueces
de Ejecución Penal debe traer consigo también la de los Fiscales Provinciales de
Ejecución Penal a fin de canalizar las solicitudes de beneficios penitenciarios no
sólo con celeridad sino pero al mismo tiempo con el conocimiento cercano del
tratamiento y conducta del interno, así como para resolver los casos de
hospitalización o atención medica cuando la situación lo amerite.
El Código de Ejecución Penal vigente desde 1991, Decreto Legislativo 654,
establece que la semilibertad se concede al sentenciado que ha cumplido un tercio
de la pena o dos terceras partes de la misma en determinados delitos como se ha
indicado precedentemente; sin embargo debemos mencionar que este dispositivo
legal amplía la concesión de la semilibertad por la educación, que es necesario
mencionarla, por constituir un avance en la Legislación Penitenciaria, que
consolida al trabajo y la educación como pilares fundamentales del tratamiento
penitenciario, pues encuentra su correlato como se ha indicado en la Redención
de Pena por el Trabajo y la Educación.
La eliminación de la figura del Juez de Ejecución Penal a la vigencia del Decreto
Legislativo 654 motivó que la autoridad judicial encargada de la concesión de este
beneficio sea el Juez Penal que conoció el caso; lo que en el transcurso de estos
últimos años se ha visualizado como aspecto negativo, pues al producirse los
traslados para cumplimiento de condenas hacía establecimientos penales de otra
jurisdicción, el trámite se ha convierta en engorroso y al mismo tiempo oneroso de
forma tal que ha llevado a la Comisión Ejecutiva del Poder Judicial a disponer que
el conocimiento en Lima Metropolitana de este beneficio sea de conocimiento de
los jueces que tramitan los procesos de reos en cárcel, lo que de alguna forma ha
aliviado la tramitación de este beneficio.
Habiéndose eliminado las casas de semi-libertad a la puesta en vigencia del nuevo
Código de Ejecución Penal, el control de los internos acogidos a este beneficio se
realiza en su propio domicilio, situación ésta que fue adoptada por la comisión
revisora de este Código, en virtud de ser la familia, el elemento integrador más
importante para el interno y el núcleo dentro del cual fácilmente el beneficiado
puede ubicarse: sin embargo, a fin de no perder la esencia y finalidad de este
beneficio que requiere definitivamente control, es indispensable retomar el
funcionamiento de las casas de semi-libertad con una normatividad adecuada, que
no sólo permita el control, sino programar actividades de los beneficiarios en
provecho de la comunidad como podrían ser el pintado de colegios, universidades
o habilitación de carreteras, mejoramiento de jardines y parques para crear, en la
sociedad apertura hacia el hombre egresado del establecimiento penal y
favorecer a la reinserción social adecuada, que es, en definitiva, la razón de ser
del tratamiento penitenciario y de los mecanismos de pre-libertad como de
semilibertad.

d. LA LIBERACIÓN CONDICIONAL

CONCEPTO Y FINALIDAD:

La liberación condicional se concibe como la última etapa del sistema progresivo
penitenciario, ubicada en la fase de la prueba; se puede definir también como el
ciclo de la probanza en el medio libre de las acciones rehabilitadoras llevadas a
cabo en el establecimiento penal; por ello, se ha considerado en la doctrina como
uno de los mejores medios de tratamiento en libertad, que surge como una nueva
concepción del sentido de la pena que busca la reinserción y reincorporación del
penado a la sociedad, en forma gradual, a fin de evitar el choque y, muchas veces,
frustración que produce la libertad definitiva, entendido cuando la familia ni la
comunidad están preparadas para recibir al egresado de prisión, creando rechazo
que. a la postre, puede significar la vuelta a la actividad delictual, jugando, en este
sentido la liberación condicional, un papel fundamenta] en el proceso de
rehabilitación del penado, proporcionándole apoyo que posibilita la reinserción
positiva y adecuada al medio social.
La liberación condicional, como su propio nombre indica, no es una libertad
definitiva, sino una pre-libertad otorgada al penado durante el cumplimiento de la
condena pues, el liberado condicional sigue siendo un condenado hasta el
cumplimiento total de la pena. Es cierto, que el beneficiado, con la liberación
condicional, se emancipa del establecimiento penitenciario: pero su
condicionalidad está sujeta a reglas de comportamiento que lo obligan a cuidarla.
Se determina en la doctrina, como en la práctica, que la liberación condicional se
basa en la autodisciplina y autocontrol del interno, que lo obliga a cumplir las
reglas impuestas en la resolución concesoria del Juez, pues, de lo contrario, tiene
la amenaza constante de la revocatoria que. dejándola sin efecto, produce el
retorno al establecimiento penal con las consecuencias que de ello se derivan,
tales como no poder acceder a este beneficio por la condena que ha sido materia
de revocatoria. Sobre este particular trataremos más adelante en forma
pormenorizada, indicando las causales y los efectos que ésta tiene.
La liberación condicional, como mecanismo de pre-libertad, se funda en la
presunción de enmienda del penado, que se deduce del comportamiento
observado durante su permanencia en prisión; esta presunción es la que nos lleva
a afirmar que. en el campo penitenciario, jamás se puede aseverar que el penado
está plenamente rehabilitado, no siendo posible detenrunarlo por la propia
complejidad del ser humano; por esta razón, es que se presume que la conducta
observada durante su permanencia en prisión será la que mantenga en libertad,
pues, en el campo penitenciario se tiene que entender que el interno puede fingir
buen comportamiento para aminorar su permanencia cobrando siempre vigencia
el pensamiento: "Que el peor delincuente es el mejor recluso"; esto limita a
alguien que, por lo menos, ha excursionado por prisiones, afirmar positivamente
respecto a la conducta posterior al regreso a la comunidad libre del penado:
empero, coincidimos con Manzini al sostener que la simulación de buena
conducta en un tiempo prolongado de reclusión, permitirá que el interno adquiera,
aunque sea en forma simulada, hábitos de moralidad y trabajo, que aun cuando él
no lo haya advertido, habrá aprendido a dominar sus malas inclinaciones y
comprenderá que no le conviene volver al delito.
Una apreciación la encontramos en Milko Flores(333.5). MUÑOZ. Milko."La Pena
Privativa de Libertad". Edit. Griglcy. 1era. Edic. Lima 1994.9, cuando señala: "La
libertad condicional es el último de los regímenes penitenciarios progresivos, en el
que el liberado sigue siendo técnicamente un penado, aunque su vida transcurre
en libertad efectiva, sólo recortada en algunos sistemas por la vigilancia y
sujeción de determinadas restricciones y. en todo caso, sujeta a la condición de
buen comportamiento hasta el momento de pronunciarse el licenciamiento
efectivo.
De allí, precisamente la terminología de "condicional" con que se recoge en los
sistemas latinos, o "bajo palabra" (on parole) en los anglosajones".
Al tratar sobre la liberación condicional, más que hacer una fundamentación
y descripción doctrinaria nos referiremos a la utilidad que presta este instituto,
como medio de tratamiento en libertad, indicando además los requisitos,
tramitación y parámetros fijados para alcanzarla.
La liberación condicional es un sistema de prueba de tratamiento en libertad en la
que el interno participa en forma activa en su propia rehabilitación con arreglo a las
normas impuestas, considerándose así, como un
excelente método resocializador de ciertos delincuentes, pues, para los
habituales o recalcitrantes y residuales, será sólo un mecanismo de obtención de
una libertad anticipada.
La liberación condicional como medio de tratamiento es importante y provechosa
porque libera al interno de las influencias corruptivas de la prisión, de la amargura
de la reclusión y del sentimiento de odio y rebeldía contra la sociedad que es
frecuente entre los recluidos, permitiendo al liberado el cumplimiento de
sus obligaciones familiares, conservando hábitos de buena conducta.
La preparación para la libertad es el fin supremo al que tienden todos los
esfuerzos readaptativos de la sociedad dentro del terreno penitenciario, esto
conlleva a un aprendizaje que, para lograr sus fines, debe siempre actuar en un
determinado ambiente y, para lograr sus objetivos, tiene que tener en cuenta la
formación y gradual readaptación del interno.

EL SISTEMA PENITENCIARIO Y LA LIBERACIÓN CONDICIONAL

De los diversos sistemas que se han practicado, probablemente el que brinda una
mayor facilidad, para la aplicación de la liberación condicional, es el progresivo,
por las siguientes ventajas:
Preparar al hombre para el goce de la libertad en forma gradual, evitando
el cambio brusco de ambientes que se producen en otros regímenes
penitenciarios.
Es un factor que estimula y fortalece la buena conducta del interno en el
establecimiento penal, como mecanismo que le permite a la administración un
mejor gobierno del centro penal.
Favorece la readaptación social del interno, enseñándole la manera de afrontar el
peligro que entraña el usar su propia libertad: por esta razón se ha dicho que la
liberación condicional es un ensayo de vida libre.
Constituye la liberación condicional uno de los mejores medios de resocialización
del hombre recluido y la forma a través del cual se puede efectivizar la
comprobación de la conducta observada en prisión y la que se observará en la
comunidad libre.
Dentro del sistema progresivo, es un eficaz termómetro, mediante el cual la pena
privativa de la libertad cumple su función social, porque ve en el hombre que
posee una conducta evolutiva y no estática, que le permite poner en práctica con
la liberación condicional, su reingreso a la comunidad, de la cual fue separado
momentáneamente, en forma gradual.
Merced a la liberación condicional se puede efectuar una mejor individualización
de la pena, pues como dice Saleülas(333,5)",2,2,Popup>10 SALCILLAS,
Reymond. "La individualización de la pena".
Traducción Española, Madrid. 1914.10: "La individualización hecha por el Juez en
la sentencia todavía es demasiado genérica es decir, sólo aproximada y, por lo
tanto insuficiente".
Este instituto permite conocer mejor al delincuente y determinar con mayor
exactitud el momento en que el encierro ha dejado de ser necesario y.
consecuentemente, el momento en que la liberación debe efectuarse. Pero,
también algunos han considerado que la liberación condicional favorece la
hipocresía de los penados, que se comportan correctamente para obtener la
libertad cuanto antes; a esto se debe agregar, que la práctica demuestra, en parte,
que esto es cierto, porque es notorio que algunos internos empiezan a observar
buena conducta en los meses próximos a la obtención del beneficio: pero el
fundamento de la liberación condicional es que no se basa en la reforma civil, sino
moral del condenado, porque no interesa si esto se funda en el cálculo y
el interés del penado, sino, únicamente ofrezca garantías de un correcto
comportamiento. Lógicamente, para el logro de esta finalidad, es preciso que en
las pasiones exista un control verdadero de las diversas manifestaciones del
interno, que permita distinguir fácilmente la corrección verdadera de la simulación
hipócrita.
Algunos detractores de esta institución se han apoyado en el hecho de que su
aplicación en ciertos países ha dado lugar a abusos con el fin de descongestionar
las cárceles; sobre este particular, no consideramos que la liberación condicional
busque en absoluto el despoblamiento de las prisiones, sino que su fundamento
está centrado básicamente en la rehabilitación y reincorporación paulatina del
penado, dentro de la etapa de la prueba del sistema progresivo adoptado por el
Estado Peruano.

NATURALEZA JURÍDICA DE LA LIBERTAD CONDICIONAL

El Código de Ejecución Penal de 1985. Decreto Legislativo N° 330 y el vigente de
1991, Decreto Legislativo 654, conciben a la liberación condicional como un
mecanismo de pre-libertad, basada en la autodisciplina del interno y que. sometida
a reglas de comportamiento, hacen de este beneficio un incentivo adecuado para
el tratamiento en libertad, reconociendo que el liberado condicional sigue siendo
un condenado hasta el cumplimiento total de la pena impuesta, caso contrario
funciona la revocatoria como un guardián que lo vigila cotidianamente a efectos de
no incurrir en inconductas que transgredan las reglas establecidas para su
otorgamiento o la comisión del delito que constituyen causales que determinan la
vuelta o regreso del interno al establecimiento penal.
La legislación penitenciaria peruana, acorde con los postulados que guían a la
liberación condicional, ha concebido este beneficio como UN INCENTIVO DE
PRE-LIBERTAD, cuando el interno ha alcanzado dentro del tratamiento
penitenciario una recuperación adecuada y es necesario su reincorporación
paulatina a la comunidad libre, aquí la liberación condicional juega un rol y papel
preponderante como libertad intermedia entre la semilibertad y libertad definitiva.
No se puede soslayar, el indicar en este aspecto que para lograr la liberación
condicional será menester e indispensable que el interno haya observado buena
conducta, acatando las normas internas así como sometiéndose a
los programas de trabajo, educación, deportes y disciplina que rigen en el
establecimiento penal.
La consideración de la liberación condicional como incentivo, radica en que su
concesión no es automática al cumplimiento de los requisitos, sino que está sujeta
a la evaluación por el Órgano Técnico de Tratamiento \ del propio Juez respecto
ha que su otorgamiento sea producto del proceso rehabilitador y que la puesta en
libertad del interno contribuya a la tranquilidad social, para ello deberá también
considerar la vida delictual y las oportunidades que el beneficiario haya cometido
delito dentro de la vigencia de la condicionalidad. por esta razón, nada impide que
en ciertos casos se pueda solicitar mayores informes sobre el tratamiento
recibido y vida conductual desde el ingreso al establecimiento penal, considerando
que muchos internos adoptan buen comportamiento frente a la proximidad de un
beneficio de pre-libertad como la liberación condicional.




- CAUSALES DE REVOCATORIA Y SUS EFECTOS EN LA NUEVA
CONDENA

Considerando los antecedentes de la liberación condicional en el Perú y conforme
lo determinaba el Código Penal de 1924, la revocatoria de este beneficio sólo era
procedente por dos causales:
 a) Por comisión de nuevo delito.
 b) Por incumplimiento de las reglas de conducta impuestas en el auto
concesorio.
El Código de Ejecución Penal de 1985 y el vigente de 1991. en su Art. 76,
determina como causales de revocatoria las dos razones indicadas
precedentemente, teniendo en cuenta que la liberación condicional, como su
propio nombre indica, es un mecanismo de pre-libertad otorgada antes del
cumplimiento de la condena bajo determinadas reglas de conducta cuyo
incumplimiento trae consigo la revocatoria y la consecuencia de retorno del
beneficiado al establecimiento penal.
No existe precisión en la legislación nacional en cuanto refiere en qué momento se
dicta la revocatoria. Consideramos que del texto normativo que establece el
Código de Ejecución Penal, bastará que se quebrante el cumplimiento de las
reglas de conducta impuestas en la resolución concesoria y. en este caso, será el
propio Juez Penal que concedió el beneficio el que revoque, y en los casos de
comisión de nuevo delito podrían ocurrir dos cosas: Primero, que lo haga el propio
Juez que concedió el beneficio o Sala Penal que conoce del nuevo caso al
momento de dictar la sentencia por el nuevo delito para el que tomará en cuenta la
hoja de antecedentes judiciales, donde aparecen la fecha de egreso con la
liberación condicional y. de estar el nuevo delito dentro de este plazo, se producirá
la revocatoria cuando la norma indica la causal de revocatoria por comisión de
nuevo delito doloso no precisa si esta se opera en todos los casos o cuando se
dicta mandato de detención; al respecto consideramos que siendo una de las
razones de improcedencia tener proceso pendiente con mandato de detención, es
lógico entender que la revocatoria debe operar cuando se dicta en el nuevo delito
detención, en este caso el Juez Pemil está expedito para dictar la revocatoria de lo
contrario será la Sala Penal quien revoque la liberación condicional al momento de
la sentencia. Sin embargo, pueden surgir varias situaciones en este aspecto, uno
de ellos será en el caso de que el liberado sea condenado en un proceso sumario
por delito doloso, consideramos en este punto que la revocatoria debe operar,
pues no se concibe de otra forma que un liberado condicional pudiera merecer una
suspensión de la ejecución de la pena, con lo que estaría distorsionando la
naturaleza y finalidad del Instituto de la liberación condicional y gozar de dos
beneficios al mismo tiempo. De igual forma, en el caso de que se absolviera al no
encontrar responsabilidad en el nuevo delito materia de revocatoria, debe
reponerse al interno en el goce de la liberación condicional o ponerlo en libertad
definitiva si por el tiempo ha cumplido la pena impuesta.
Considerando que la liberación condicional es un beneficio penitenciario que se
basa fundamentalmente en la autodisciplina que obliga al beneficiario a cumplir
estrictamente las reglas de conducta impuestas al momento de la concesión, la
revocatoria, conforme lo establece taxativamente el. Código. dc.Ejecución Penal
en.. su Art. 57, tiene dos efectos.
 a) La revocatoria de la liberación condicional por incumplimiento de las reglas
de conducta señaladas en la Resolución que concede este beneficio, trae como
consecuencia el retorno deliberado al establecimiento penitenciario a seguir
cumpliendo la condena desde el momento de la revocatoria hasta la fecha
señalada para el cumplimiento total de la pena impuesta.
En este aspecto debemos indicar que los efectos de la redención de pena por el
trabajo y la educación podrán computarse a favor del interno para el caso de la
libertad definitiva, pues, conforme a la doctrina y a los antecedentes sobre la
materia, no es factible la concesión de una nueva liberación condicional cuando
ésta ha sido materia de revocatoria; pero sí un egreso anticipado por redención de
penas, como esta proponiendo también elProyecto de Reglamento del Código de
Ejecución Penal.
 b) En los casos de revocatoria por comisión de nuevo delito, el efecto que
produce esta medida es que el interno beneficiado regresa al establecimiento
penitenciario a cumplir la totalidad del tiempo por el cual fue liberado
condicionalmente, entendiéndose como no válido todo el tiempo que el interno
estuvo gozando el beneficio de la liberación condicional. Se debe agregar que
la revocatoria por nuevo delito, independientemente a no reconocer a favor del
interno el tiempo que estuvo en esta modalidad de pre-libertad. obliga al
cumplimiento de la totalidad de la pena restante en el establecimiento
penitenciario.



e. LA VISITA ÍNTIMA

Uno de los aspectos más sombríos y complejos de la realidad carcelaria ha sido y
es el problema sexual en las cárceles, derivado de la continencia por meses y
años que se ven obligados a guardar las personas que ingresan a un centro
penitenciario.
La sanción privativa de la libertad no implica la pérdida de derechos naturales que
tiene todo hombre, dentro de los cuales está la práctica del acto sexual. Si la pena
de privación de libertad conlleva también accesoria la abstinencia sexual, estaría
precisada en la sentencia. Resulta, pues, evidente que no se puede imponer como
pena secundaria, eso sería una injusticia. La privación del acto sexual normal no
está vedado en ningún código del mundo, por que éste no ha vedado tampoco el
funcionamiento biológico de los órganos del individuo.
Las estadísticas, los archivos de los penales y los testimonios de quienes han
sido internos de un penal son la prueba acusatoria más contundente de la
necesidad del propiciar la función sexual normal en el preso. No es posible que la
sociedad pretenda que el preso, que por razón de su edad viril tiene las
necesidades de su sexo, las domine, las reprima y acabe por anularlas o
pervertirlas.
Por el contrario, ocurre que. en la imposibilidad de realizar la función sexual
normal, surgen necesariamente las perversiones y se entronizan el ANONISMO y
la PEDERASTÍA, conjuntamente con otras desviaciones. El preso no puede
abstenerse de la excitación de sus órganos, sobre todo cuando son jóvenes (20 a
30 años), y ante su demanda acude a medios anormales para su imperiosa
satisfacción.
Cuando nos referimos a medios anormales, no nos referimos a la masturbación,
pues no la consideramos como una desviación ni mucho menos una
degeneración, sino al homosexualismo y los hábitos contra natura que nacen,
crecen y se fomentan en las prisiones para salir de ellas y derramar su contagio en
la sociedad sana. La pena, entonces, no puede ni podrá cumplir su
principal misión de devolver al seno de la sociedad a individuos resocializados o
regenerados, sino por el contrario pervertidos sexuales.

CONCEPTO Y FINALIDAD

La relación sexual es un hecho connatural a la persona humana, y el campo
penitenciario propende, en principio, el mantenimiento del vínculo familiar como
medio indispensable para el tratamiento resocializador del interno.
La visita íntima además de cumplir la importante función de aliviar las tensiones y
la ansiedad de los reclusos, tiene otros efectos colaterales benéficos como el
mantener el vínculo matrimonial que sin ella, probablemente se hubieran
deshecho.
El cumplimiento de una larga pena privativa de la libertad, sin posibilidad de
contacto físico, acaba por resquebrajar la relación sentimental tan necesaria para
el ser humano. De allí la trascendencia de este beneficio, que evita una de las
consecuencias más trágicas de la permanencia por mucho tiempo en las cárceles,
cual es la transformación de las tendencias heterosexuales en costumbres
homosexuales que, a la postre, determinan que lo que era sucedáneo temporal se
convierta en un problema permanente al recuperar la libertad.
Nuestra legislación otorga el beneficio a todos los internos sin distinción de
situación jurídica ni categoría delictiva, con la única exigencia de cumplir con los
requisitos que establece el Reglamento en su artículo 81.
Sin embargo, por falta de una normatividad adecuada y puesta en funcionamiento
de un programa de VISITA INTIMA, en el caso de los varones se ha dado un
exceso de liberalidad al permitir recibir la visita íntima, en su propia celda,
contraviniendo de esta forma el Art. 82 del Reglamento Penitenciario, que
establece que la misma NO DEBERÁ SER EN NINGÚN CASO. EN EL
DORMITORIO DEL INTERNO y mucho peor aún no existe la intervención del
médico que permita una adecuada profilaxis, por lo que suponemos con
seguridad, que muchas esposas, concubinas o amigas estarán transmitiendo, en
estas relaciones, diversas enfermedades. La falta de orientación respecto del
modo y forma en que debe llevarse a cabo este beneficio imposibilita, además,
una debida planificación familiar.
Este beneficio de vital importancia para el interno requiere que se dicten normas,
que le permitan cumplir el rol que le corresponda, así como que se promueva el
acceso a ella de las internas, pues si bien la ley no hace distinción de sexo para su
concesión, en la práctica se viene negando.
. Además, restringe el beneficio penitenciario de libertad condición.


Capitulo iv
La prisionizacion y
legislación
comparada
“El común denominador de las prisiones visitas es la inexistencia prácticamente
de tratamiento. Los propios profesionales de los equipos técnicos señalan que les
resulta prácticamente imposible realizar labores de seguimiento a los presos.
Prima claramente, una vez más, la seguridad y la custodia sobre el tratamiento.
Es igualmente preocupante la exigua proporción entre la población reclusa y el
número de plazas en los talleres. Resulta sumamente alarmante la tendencia
general que existe a la desaparición o falta de utilización de talleres de corte
tradicional como carpintería, metalurgia, mediante los cuales los presos podían
aprender un oficio que les fuera de utilidad. Parecen más destinados a conseguir
posibles beneficios económicos para la institución y para la empresa que encarga
los trabajos que para la reinserción. Diversos equipos de educadores comentan
que la educación como parte fundamental del tratamiento es una de las facetas
menos priorizadas; las bibliotecas son meros depósitos de libros. Las actividades
deportivas, aunque escasas son mayoritarias en comparación con el resto de
actividades. Finalmente, el acceso a un destino auxiliar es muy complicado”.

Informe de la Asociación Pro-Derechos Humanos


LA PRISIONIZACION EN OTRAS
LEGISLACIONES
“El resultado más espectacular del sistema penal es la prisionización”, asegura el
Dr. Raúl Zaffaroni para luego agregar que “desde el siglo XIX es la columna
vertebral del sistema de penas”. Éste es el tema central del capítulo 23 de La
cuestión criminal, cuyos aspectos principales transcribimos a continuación.
La gran ventaja de la prisionización es que permite una unidad de medida
facilitadora del cálculo talional, pero el límite del talión impide sacar del medio a
los molestos que cometen infracciones menores. Para ésos se inventaron penas
desproporcionadas con la gravedad de la infracción. La más drástica fue la
deportación en Australia, la Isla del Diablo, Siberia o Ushuaia.
La patología política de los Estados Unidos y su criminología mediática
revivieron la deportación, aplicando a los molestos penas de veinticinco años por
delitos ínfimos: apoderamiento de un guante, posesión de un grabador robado,
tratar de cobrar un cheque de cien dólares, usar una licencia de conducir falsa,
etc. Se trata de la vieja mala vida positivista, pero como no pueden deportarlos ni
tampoco matarlos, los encarcelan.
En los países ricos las cárceles tienden a convertirse en instituciones de tortura
blanca (es decir, sin predominio de violencia física) y en los pobres en campos de
concentración, con muertes frecuentes (masacre por goteo) y brotes de muertes
masivas (motines).
La prisionización innecesaria fabrica delincuentes, al igual que la estigmatización
de minorías en una clara profecía autorrealizada (jóvenes con dificultades de
identidad asumen roles imputados mediáticamente, reafirmando los prejuicios
propios del estereotipo). Las cifras no mienten: Estados Unidos es el único país
con alto ingreso per capita que no logra reducir la cantidad de homicidios.
El modelo norteamericano ha cobrado autonomía y es difícil detenerlo, pues
generó una poderosa industria de la seguridad, que incluso inventó la privatización
carcelaria como panacea. Se trata de empresas que construyen cárceles
premoldeadas que alquilan a los gobiernos hasta que pasados algunos años y una
vez que los presos las han destruido, las dejan en propiedad de los países que las
compran.
Ningún país con gobiernos racionales pena infracciones muy menores con
prisión. Hace más de un siglo y medio se conocen los efectos deteriorantes de la
prisión; de ahí el invento de la probation y la condenación condicional.
En todo país razonable los patibularios se enjaulan en prisiones y los infractores
muy menores no. Pero en el medio quedan los molestos y los autores de
infracciones de mediana gravedad, a cuyo respecto no hay reglas fijas. O sea que
cada país decide qué hacer con ellos.
Esa enorme masa da lugar a la decisión política arbitraria de cada nación. ¿Es
necesario penar con prisión el hurto, el robo sin violencia en las personas, la
mechera de tienda reiterada, los vendedores callejeros de productos falsificados?
¿Pueden penarse con penas no privativas de libertad o darles soluciones
coercitivas reparadoras? Las respuestas son opinables, por lo que cada país tiene
el número de presos que políticamente decide.
Las cárceles superpobladas no sólo aumentan el efecto reproductor criminógeno
de la prisión, sino que las frecuentes masacres por goteo hacen que la pena de
prisión se convierta en una pena de muerte aleatoria, por cualquier delito e incluso
por ningún delito. El riesgo de victimización homicida suele superar veinte veces el
de la vida libre.
Hemos dicho que hay una pena de muerte aleatoria también por ningún delito,
porque alrededor del 70% de los presos de la región no están condenados, sino
sometidos a medidas cautelares (prisión preventiva). De esa cifra entre el 20 y el
25% será absuelto o sobreseído, o sea, que se halla en prisión por nada y para
nada.
La prisionización sin causa en función de la peligrosidad judicial no ha sido
medida, pero en algunas jurisdicciones se estima que entre el 20 y 25% de los
casos la prisión preventiva termina por absolución. Son casos de verdadero
secuestro estatal con alto riesgo de vida.
Para resolver el problema de la prisión “por nada” se nos propone una condena “
por nada”, también inspirada en el modelo norteamericano: se trata de extorsionar
al preso para que negocie con el fiscal y acepte una pena, como forma de
condenar a todos sin juicio. Es la plea bargaining o negociación, que nosotros
llamamos “juicio” o “procedimiento abreviado”.
En los Estados Unidos menos de un 5% de los casos se juzgan por jurado, pues
en el 95% se aplica este expeditivo procedimiento extorsivo. El jurado que nos
venden por televisión funciona sólo para personas que pueden pagar defensas
muy caras y otros pocos excepcionales.
El preso sufre un proceso de regresión a una etapa superada de la vida. Todo lo
que la persona hacía conforme a su libertad de adulto, pasa a hacerlo bajo control
y en la forma en que se le prescribe: se levanta, come, se higieniza, cena y
duerme cuando y como se lo ordenan.
En la cárcel las condiciones infantilizantes hacen que pequeñeces de la vida
libre asuman una trascendencia increíble. Como lo señaló Goffman, el espacio se
contamina, la privacidad desaparece, lo que se llevaba a cabo en privado se
vuelve público (aunque en alguna medida esto también está sucediendo en la
sociedad extra-muros).
Una administración carcelaria corrupta hace del preso un pequeño negocio
mediante el tráfico de elementos prohibidos, en particular tóxicos, práctica que se
conoce desde el siglo XIX. Con mayores niveles de corrupción puede llegarse al
extremo peligro de introducción de armas de fuego. Las armas blancas no se
introducen, sino que las fabrican los propios presos: son las famosas púas,
afiladas durante horas contra los muros.
La “sociedad carcelaria” –como la llama Elías Neuman– tiene su propia
jerarquía interna y los presos asocian al recién llegado a un estereotipo conforme
al delito cometido (pesado, estafador, chorro, violeta, estafeta, escruchante, etc.) y
en razón de éste y de características personales se lo vincula a un estamento de
esa jerarquía. El preso debe comportarse respondiendo al rol que demanda el
estereotipo, pues de lo contrario provoca las disrupciones (reacciones agresivas)
que pueden costarle la vida.
La prisionización puede acabar con todo proyecto de vida extra-muros como
límite del deterioro, y condicionar incluso hechos violentos como forma de suicidio
inconsciente o de regreso al mundo en que tenía un rol destacado.
No es menester idealizar la criminalidad ni creer que este Ellos se limita a
fumar marihuana. Lo cierto es que la reducción del espacio social y la acción del
poder punitivo prepara verdaderas bombas de tiempo humanas. El fuerte
movimiento regional a favor de la prisionización masiva de adolescentes expresa
como objetivo manifiesto la prevención de la violencia, pero su función latente es la
fábrica de criminales prematuros.
A esto se suma que el personal penitenciario queda anómico, pues se le
instruye conforme a un discurso que en la práctica es una misión imposible, sin
contar con que las cárceles deterioradas los someten a constantes riesgos y
condiciones de trabajo muy negativas y estresantes. Dicho esto, es justo señalar
que todo esto depende del grado de deterioro del sistema prisional: los hay menos
afectados por el inexorable curso hacia el campo de concentración, determinado
por la superpoblación y la carencia de recursos.
No nos cansamos de repetirlo. En ningún país ni en ninguna época, los
criminales violentos han dejado de ser tratados con las penas más severas, salvo
cuando operaron con cobertura oficial. Esto no cambia con las novedosas leyes
que inventan los políticos impulsados por la criminología mediática.
Mientras tanto, la maraña legislativa creada por las constantes reformas penales
lesiona la seguridad de todos, pues la ley penal pierde certeza, nadie sabe lo que
está prohibido penalmente, toda ilicitud tiende a volverse ilicitud penal, la vieja
aspiración a las leyes claras queda olvidada. El permanente recurso a la
criminalización la banaliza en lugar de jerarquizarla.

CONSECUENCIAS DE LA PRISIONIZACIÓN
PROF. ANDRÉS ELOY GONZÁLEZ SALAS
Universidad Simón Rodríguez
CASO - Mérida – Venezuela
Resumen
Esta investigación fundamentó su estudio en conceptos de la Criminología
moderna sobre prisionización y se apoyó en observaciones Realizadas en cárceles
venezolanas con la intención de argumentar Como se produce el fenómeno de la
aculturización en el hombre que Pierde la libertad. La realidad de la cárcel
venezolana supone para el Recluso la adscripción involuntaria a un sistema de
maltrato integral, En el que el cambio radical de status, la pérdida de los derechos
y de La autonomía, sumergen al individuo en un proceso de asimilación de Los
valores de su nuevo contexto, la prisión.
Para quien ha tenido la desgracia de tener que pasar por un establecimiento
Penitenciario, no sólo de visita, sino como huésped temporario, tendrá que
convenir que esa experiencia marcó un hito desagradable en su vida. Para nadie
resulta extraño ni alarmante, quizás porque se ha perdido la capacidad de
asombro, lo que se comenta y en ocasiones se denuncia y publica sobre el
acontecer penitenciario.
Sin embargo, es tan cierto y crudo lo que se dice y hace en esa realidad que para
quienes, de alguna manera, hemos fijado un poco de nuestra atención a estudiar
el fenómeno carcelario, nos resulta insólito aceptar, que aun cuando el mundo ha
dado muestras de ser capaz de proporcionarse respuestas inteligentes a sus
múltiples inquietudes sociales y, la tecnología está pasos adelante a los
descubrimientos científicos, todavía no se haya encontrado una salida válida para
el tratamiento interno de quienes infringen las leyes sociales, creando muy a
nuestro pesar una desentrañable problemática.
Este trabajo, aún no acabado, pretende un acercamiento hacia el estudio del
acontecer de una de las facetas más escondidas de la actividad carcelaria,
representada en las secuelas que, como sello indeleble, deja en el individuo su
paso por un establecimiento penitenciario. El estudio argumenta su contenido
teórico en los conceptos modernos de la prisionización y se apoya en una serie de
observaciones realizadas en distintos centros penitenciarios, internados judiciales
y cárceles de Venezuela, tanto por el investigador, quien durante el período 1993-
2000 estuvo levantando información para desarrollar su tesis doctoral titulada «La
educación penitenciaria bajo la concepción de la andragogía», presentada en
Mayo de 2000 en la Universidad Simón Rodríguez, así como por otros estudiosos
del tema.
La metodología empleada para argumentar la información se fundamentó,
principalmente en la técnica de observación, habiendo utilizado en algunos casos
los registros de entrevistas anónimas de carácter informal que se realizaron a
algunos internos.
Estudiar la problemática carcelaria venezolana es introducirse en un mundo que
pareciera irreal, más digno del argumento de un film que de una cruel y
vergonzante realidad en nuestra sociedad. Al igual que en casi todos los países
latinoamericanos, la situación carcelaria es tan caótica que ha desbordado las
fronteras de la criminalidad, comportándose más bien como una escuela del
crimen que como su antítesis. Dado que se parte del supuesto de que la cárcel
estigmatiza al hombre, comenzaré mi exposición por una descripción de las
edificaciones que sirven de albergue a semejante ignominia. Así que introduciré el
tema partiendo de la observación de la multiplicidad de modelos estructurales que
exhiben los distintos centros de reclusión del país, donde ni siquiera la
Penitenciaría General de Venezuela, Estado Guárico, que se suponía sería el
modelo nacional, construida siguiendo criterios y modelos arquitectónicos
diferentes, siguió los planos que originalmente la habían concebido y diseñado
bajo el paradigma del panopticum. (Linares, 1981, p.89).
A nivel nacional, exceptuando los establecimientos inaugurados los últimos siete
años, en su mayoría los actuales sitios de reclusión, albergues, retenes,
internados judiciales, casas de trabajo, fueron construidas para otros fines, pero
por razones coyunturales fueron adaptadas a los objetivos de la detención y aún
cuando su capacidad inicial instalada era para atender 15.500 reclusos, la
situación real ascendía para 1990 a una población de 29.972 internos y en 1991, a
31.086 reclusos
Esta información fue tomada de los registros de la Oficina General Sectorial de
Planificación y Presupuesto a través de la
División adscrita de Estadística y Análisis del Ministerio de Justicia.
Un simple análisis a estos datos supone un mínimo de esfuerzo para comprender
lo grave de la situación en la que cada vez queremos internar más seres humanos.
Sin embargo, los organismos responsables parecieran no darse por enterados.
En la generalidad de los casos, dice Linares (1987), «Casi todos los
establecimientos penitenciarios siguen el sistema de poste, sistema arquitectónico
que distribuye los pabellones en forma paralela, unidos por un corredor o pasillo
central al cual convergen perpendicularmente y orientado de norte a sur para
facilitar la entrada de luz solar a cada una de las letras y celdas de cada pabellón.
Esta disposición —continúa la autora— permitiría en teoría, que con una simple
ronda a lo largo del pasillo central Inter-pabellón, se tendría una visión global y
control de la situación interna de cada una de las diferentes letras, pero la realidad
(edificaciones con características arquitectónicas distintas) presenta un panorama
diferente en cada establecimiento, lo que hace casi imposible realizar una
vigilancia efectiva y un mejor control de la disciplina con este sistema.»
Con estas premisas se da inicio a una larga cadena de hechos que deberán ser
considerados previos al encerramiento de un hombre. Por ejemplo, además de
esta variabilidad arquitectónica, que por adaptación ya supone una incomodidad,
es de conocimiento público el estado de deterioro y las condiciones de
insalubridad en que se encuentra la mayoría de ellas; realidad ésta que de por sí
representa un atentado contra la dignidad y los derechos del hombre. Tampoco es
desconocido que los altos niveles de hacinamiento generados, entre otras
razones, por la poca capacidad de la edificación, por retardos en el proceso,
abandono de casos o falta de recursos, conducen inexorablemente a la ociosidad
y la drogadicción, pasos previos hacia la degradante promiscuidad que allí se
genera.
Al dar por sentado que, las características arriba descritas, constituyen constantes
presentes en todas las instituciones privativas de la libertad, estaríamos
definiendo un ambiente institucional aberrante, insoportable e incapaz de
proporcionar las alternativas exigidas por la sociedad para el tratamiento de sus
infractores. En este sentido, cito las palabras de Ojeda (1997) cuando afirma:
«La violencia de la cárcel va mucho más allá de la intraprisionera. Es un mundo
hostil no sólo por la difícil convivencia con los otros presos, sino porque se impone
una especie de violencia institucional, hasta hacerlo sentir como un perro. Es un
maltrato integral donde todo parece inspirado para producir dolor. Es un ambiente
orientado a reducir al interno, en búsqueda de la disciplina eficiente. En llevar al
recluso a perder en la práctica todos sus derechos, aunque en el papel se diga lo
contrario. No tiene por que aspirar a la salud, comunicación, a la recreación,
porque todo le está negado al mismo tiempo. Cuando se pisa un recinto carcelario,
fácil es notar que lo menos fuerte es la privación de la libertad per se, lo
verdaderamente terrorífico son las condiciones en las que hay que vivir, o tal vez
morir, durante ese tiempo de detención»
Caer preso en una cárcel de Venezuela es llegar al infierno de los infiernos no sólo
porque con razón o sin ella deberás pagar la deuda contraída con la sociedad por
la comisión de un delito, sino porque, adicionalmente al castigo merecido, se une
todo un calvario de penalidades que como vicios se han desarrollado en nuestras
instituciones carcelarias, definidas por Guillermo Andueza, Ex Ministro de Justicia,
como «trágico mundo en tinieblas en donde el ser humano deja de serlo para
convertirse en un accidente biológico, definido socialmente en el concepto de que
preso es preso». Pero un mundo además, sobre el cual no existe en los
planificadores y administradores de justicia, un criterio claro de sus causas y
efectos.
Desde el mismo momento de la detención, el individuo es separado bruscamente
de su entorno social, donde en palabras de Martínez, (1990) no es sólo la
privación de la libertad, de movilidad como lo predican los códigos, sino que
además representa un cambio radical en la vida del (ahora) recluso, puesto que
implica directa o indirectamente una privación de las bondades de vivir con la
propia familia, en su hogar; lo separa del trabajo, de los amigos, de su propia
identidad, de las relaciones sexuales, de la autonomía, de la seguridad, del aire,
del sol etc. quedando a merced de los caprichos del aparato judicial del estado. En
fin, estar preso significa entrar en un proceso de aislamiento brusco y progresivo.
Para Córdova, «el encarcelamiento no es otra cosa que un proceso de
aculturación y asimilación de valores de la prisión por parte del recluso; y al no
cumplir la pena su función preventiva ni intimidatoria, la prisión se convierte en
antagónica de sus mismos propósitos explícitos, como por ejemplo, la
preservación del orden a través de la rehabilitación y reinserción social.»
De hecho, no se puede enderezar entuertos sobre la base de la existencia de una
vida angosta e inestructurada ofrecida por la prisión, la cual —tal como lo afirma
Mauro Fernández citado por Córdova no le ofrece al recluso objetivos claros,
menos una percepción cierta de su futuro rol en la sociedad que le ha hecho
perder su confianza o credibilidad en el mismo y su esfuerzo vital.
Fundamentado en las observaciones registradas por el investigador y refrendado
por los testimonios ofrecidos por los propios protagonistas de una cárcel, el
proceso de encarcelamiento, también denominado prisionización es concebido
como la etapa de asimilación por dolor o por copia de modelo del nuevo status del
comportamiento que deberá exhibir el individuo; se trata del revestimiento, de la
investidura, si se quiere, que deberá adoptar el recluso para enfrentar su nueva
realidad que, en Venezuela significa pérdida de tus derechos como ser social y
comienza desde el mismo momento en que se es aprehendido por los cuerpos
policiales.
El concepto de prisionización acuñado por Clemmer ha tomado carta de
ciudadanía en todos los escritos penológicos de la criminología moderna. El
término fue creado por él, para describir la repercusión de la subcultura carcelaria
a todas las personas que están en prisión (presos y funcionarios); se pudiera
fácilmente extraer que las consecuencias de este proceso arrastran a toda
persona que haga vida intramuros y esto pudiera explicar los comportamientos tan
similares entre vigilantes y reos de donde se presume que por extensión el
vigilante (funcionario) sufre las consecuencias del proceso de internalización de un
reglamento y una manera de convivir impuestas muy distantes al que le ofrece su
entorno social en libertad.
También Kaufmann, comparte el mismo sentido conceptual junto a otros
investigadores penológicos como Garrity, en «Prisson» edit. Por Cressey,;
Wheeller en «A Study of Prisonization», en Johnston-Savitz-Wolfang, edit. Sy ss. Y
Hoppensack en «Strafanstalt», Sin embargo, hay quienes no comparten el mismo
criterio y explican su posición como Harbordt citado por Kaufmann para quien la
prisionización parte de dos aspectos diferentes que separa por un lado: «los
efectos que surgen de la institución oficial de la prisión y por el otro, los efectos
que surgen de la subcultura carcelaria.»
En cuanto al cuadro de manifestación de la prisión, todos los autores en opinión de
Kaufmann, se apegan a la descripción que hace Clemer, quien caracteriza a la
prisionización de la siguiente manera: «En comparación con la asimilación de una
nueva cultura, con su proceso de penetración en mayor o menor medida
inconsciente, la prisionización tiene un proceso diferente. Empieza con la pérdida
repentina del status al entrar al establecimiento, que convierte al preso en nada,
en un número, y continúa con el aprendizaje del rango y el nombre de los
funcionarios de ejecución y la experiencia sobre la significación del funcionamiento
del establecimiento.»
Finalmente, el preso aprende todas las costumbres de la institución. Después de
un tiempo aparecerán la comida, la vestimenta y otras cosas necesarias, como
algo que le debe al establecimiento, con lo cual se ha alcanzado un punto decisivo
de la prisionización. Luego, el interés se dirige hacia un buen trabajo. De este
modo, el preso se compenetra tan profundamente de la cultura carcelaria, que es
incapaz más tarde de vivir en libertad con otros individuos. Esto rige sobre todo
para los presos que tienen penas largas. En especial estas prisionizaciones
constituyen un problema serio, ya que profundizan las tendencias criminales y
antisociales.
En apoyo a los argumentos anteriores, Martínez afirma que el sistema penal
estigmatiza. Dice que, como en la antigüedad, en la que los criminales eran
marcados con hierro candente para que sintieran vergüenza frente a sus
congéneres, haber estado procesado penalmente o más aún encarcelado, deja
una huella para llevar toda la vida. Lo grave del encerramiento es que el
procesado o el penado sigue estigmatizado frente a la sociedad y frente a sí
mismo luego de cumplir su condena. Sigue siendo socialmente «procesado»,
«rechazado», «excluido» y esta marca indeleble hace que se auto-califique como
un «desviado», de tal manera que es impulsado a vivir y a comportarse conforme
a dicha imagen, con lo cual, acota el autor, «el sistema crea «criminales.»
De acuerdo a estas premisas no queda otra alternativa que coincidir con las
apreciaciones de investigadores y estudiosos del tema penitenciario venezolano
como el Dr. Elio Gómez Grillo, la Dra. Mirla Linares, el psiquiatra Luis Betancourt,
Carlos Muñoz, Bandura y otros tantos que, en casi todos sus señalamientos e
intervenciones, dejan oír su voz de protesta al denunciar el aspecto criminógeno
de nuestras cárceles. O de otros como William Ojeda quien después de haber
convivido esa realidad escribe por el sentimiento de los encarcelados en la visión
de un hombre que se regresó dispuesto a contarlo en busca de un rayo de
esperanza para los olvidados del mundo.
Al concebir a la cárcel como una escuela del crimen Gómez Grillo coincide con
Córdova quien asimilando los postulados de la Teoría de la Asociación Diferencial
de Sutherland, establece que la conducta delictiva es aprendida. Esto quiere decir
que quien no ha recibido una formación delictiva, no inventa la conducta delictiva,
pues esta formación se obtiene del contacto directo con otras personas, a través
de un proceso de comunicación tanto verbal como a través del ejemplo, en el
interior de grupos restringidos de relaciones personales. Se aprenden no sólo las
técnicas de infracción, sino también la orientación de motivos y actitudes. Es decir,
se deviene criminal o desviado, cuando se está en contacto con modelos
criminales o desviados, y ello varía según la frecuencia, duración, intensidad y
anterioridad de los modelos conductuales posibles de ser aprendidos.
En apoyo a la teoría de que las conductas delictivas son producto de aprendizaje
es importante destacar las condiciones bajo las cuales se desenvuelve el individuo
a lo largo de su desarrollo evolutivo; es decir, el medio ambiente familiar, escolar,
las relaciones con sus vecinos y amigos. Por esta razón la teoría del Paso al Acto
hace mucho énfasis, no sólo en los componentes de la personalidad criminal
destacados por Pinatel, sino además en las situaciones específicas, mixtas e
inespecíficas del entorno inmediato del individuo. Ello intentaría explicar, desde el
punto de vista del llamado «estado peligroso», por qué unos llegan al acto
delictivo, en tanto otros, sometidos a las mismas condiciones de estimulación no lo
logran (condicionamiento operante). Las consecuencias de un estado de
prisionización en donde los márgenes de hacinamiento son intolerables no sólo se
convierten en caldo de cultivo para el contagio de enfermedades, el aumento del
ocio, la promiscuidad y el abuso sexual, sino además, para la drogomanía como
medio de evasión o afianzamiento de la autoridad y/o el liderazgo.
Así, en opinión de Córdova la denominada Casa de Trabajo y Reeducación,
donde nadie trabaja ni reeduca a nadie, suelen convivir hasta tres meses en las
celdas de la Sala Disciplinaria de aproximadamente unos diez (10) metros
cuadrados, hasta doce (12) detenidos, menos de un metro por persona, haciendo
sus necesidades fisiológicas en el mismo sitio donde comen y duermen (parados
unos y en el suelo otros), enfrentados a las emanaciones de las materias fecales y
de residuos de comida en descomposición, sin iluminación alguna y sin ni siquiera
la posibilidad de disfrutar de unas horas de sol, tal como está previsto en las
reglamentaciones internas. Se trata de una situación en donde la lucha por la
subsistencia adquiere visos dramáticos. Parecidas condiciones se dan en las
áreas destinadas a Máxima Seguridad. En el resto del penal, la situación es menos
dramática, pero el contacto directo y permanente en condiciones de abstinencia y
promiscuidad, facilitan otros tipos de conductas catalogadas anormales, como es
el caso de la homosexualidad. Se sabe que dentro de la cárcel se permiten las
relaciones heterosexuales, proceso mediante el cual las esposas, concubinas o
prostitutas de oficio tienen la oportunidad de mantener unas relaciones normales
en el lugar denominado «cámara»; pero hay que ver para creer las características
denigrantes bajo las cuales se dan allí, las relaciones sexuales; en habitaciones
mugrientas, sin ventilación, ni baños, ni papel, ni agua; en donde la población
penal usuaria debe completar el acto sexual en menos de media hora.
En algunos de nuestros establecimientos ni siquiera disponen del colchón, por lo
que los presos se ven en la necesidad de transportar desde su pabellón una
colchoneta hasta el lugar de la relación, adicionando así un karma más al suplicio
de su abstinencia, pues tales situaciones no sólo incomodan al recluso, sino que
también someten a la vejación de ser observada al pasar por medio de la sala a la
pareja de turno, sea esposa, concubina o no. Situaciones como estas, casi
podrían argumentar la aceptación de la homosexualidad dentro de la cárcel, como
un mal necesario, con lo que estaríamos aceptando el poder desintegrador que
ejerce la prisión sobre el núcleo familiar, por lo que, aún siendo casados, muchos
reclusos, cuando caen en prisión se quedan sin esposa o concubina. En este
punto entra en conjunción otro de los aspectos que conlleva el proceso de
prisionización en el que, no sólo el preso es sometido a todas estas barbaridades y
vejámenes, sino que también la familia se ve involucrada como en el caso de las
visitas conyugales (derecho a tener relaciones heterosexuales consagrada en la
carta de los derechos humanos).
Otro de los estigmas de la cárcel sobre el individuo es el planteado por Kosewky
citado por Córdova, cuando estudia en la variable violencia-agresión la necesidad
de clasificar al preso dentro de dos únicas categorías: «el más débil y menos
agresivo es dominado por el más fuerte y más agresivo». La agresión en la cárcel
no sólo sirve para determinar el status social de cada uno de los detenidos dentro
de su grupo, sino que además, es un elemento valorativo mediante el cual los
presos se juzgan a sí mismos y a los demás dentro de la organización
intracarcelaria. Al estar motivada por un fin, la agresión no podría calificarse como
de un comportamiento primitivo, sino que más bien respondería a la insatisfacción
de necesidades o privaciones materiales o psicológicas del individuo.
Este comportamiento, en el caso de los líderes les conduce a comportamientos
altaneros para demostrar quien ostenta el poder, obligándose a su vez, a maltratar
a los más débiles y exhibir conductas agresivas frente al poder establecido en la
persona de los funcionarios.
Para el recluso la necesidad de afiliarse a su nueva sociedad, la sociedad
carcelaria es una actividad vital, descrita por Ojeda, como un algo obligatorio e
inconsciente denominado «neofobia», término que define al miedo, al terror que
padece el nuevo recluso al arribar a cualquier establecimiento penitenciario. Pero
mejor lo leemos en palabras de uno de sus tantos protagonistas:
Cuando un individuo es detenido y llevado a la cárcel, el cambio brusco de la
libertad a la prisión genera una tormenta en la psique del sujeto encarcelado,
creando automáticamente en él, una maximización de los procesos atencionales,
que intentan comprender aceleradamente todos los elementos de este mundo
nuevo, que por el simple hecho de no ser conocido, ya resulta agresivo… Los
primeros momentos de detención le disparan al preso una especie de «alerta» que
no lo deja tranquilo y lo hacen ver cada detalle como de cuidado. Es lo que en
psicología se conoce como «neofobia ingestiva», lo cual alude algunos esquemas
de sensibilización y simultáneos esquemas de defensa; que son alimentados por el
natural miedo a lo novedoso (Tomado de la Conferencia del Prof. Miguel Padrón,
Escuela de Psicología de la UCV, 12-04- 96).
Los temores marcan la vulnerabilidad que se percibe en cada latido del corazón. El
cuadro general es una situación de estrés y de alerta máxima, de un sujeto
dispuesto a defenderse como sea en la selva que ahora le toca dominar.
Una jungla que es bidireccional donde se nivela a fuerza con los otros reclusos,
pero en un proceso donde se lleva a imponer una cosificación de la existencia.
Es sentirse y aceptar por un momento que se es partícula de polvo, y que por más
ideas plasmadas en forma de leyes y reglamentos… en la praxis se pierden los
derechos… cuesta aceptarlo, pero se debe admitir la minimización como persona:
que la vida de uno ya no le pertenece, sino que está en manos de otros, de una
institución, dominada por sujetos distintos, que hacen con tu existencia lo que
mejor les parezca, lo cual no necesariamente ha de ser lo justo. Uno deja de ser
uno para desdoblarse y significar no más que un número, cuya única importancia
es completar una cifra anotada en una carpeta. Ya no vale que pienses o que
sientas, no tienes ese derecho. Lo único válido para el preso es estar ahí,
depositado, para asignarle un número y verificar la cifra general. Algunos internos,
en especial los de máxima seguridad, presentan severos problemas de disciplina,
lo cual es síntoma claro, en numerosos casos de altos niveles de esquizofrenia y
sociopatías generados por hogares donde el cuadro familiar está siempre
truncado por una figura paterna inexistente, una madre con hijos de muchos
hombres y abandonada por todos…

A manera de conclusión, se pudiera afirmar que, indudablemente la cárcel hace
más daño que bien al intentar procedimientos de retaliación en vez de redención.
Los testimonios son muchos y variados, sin embargo el caso que se le hace no
tiene consecuencias inmediatas, sino cuando viene de ocurrir algún evento
escandaloso en que por descontado salieron perjudicados los internos del centro
penitenciario protagonista.
En el trabajo de investigación «La Institución Carcelaria, observaciones sobre una
cárcel venezolana» se argumenta el hecho de que siendo la sociedad un ambiente
criminógeno debido a los evidentes desajustes sociales y el abandono en que se
encuentra la política de prevención, la delincuencia constantemente va en
ascenso y consecuencialmente mayores volúmenes de individuos pasan a poblar
el ambiente carcelario, generando como consecuencia, el hacinamiento y el
ambiente delictivo particular de la prisión.
La Constitución Nacional en el capítulo correspondiente a los derechos
individuales prevé en su artículo 60, numeral 3, lo siguiente: «Nadie podrá ser
incomunicado ni sometido a tortura o, a otros procedimientos que causen
sufrimiento físico o moral. Es punible todo atropello físico o moral inferido a
persona sometida a restricciones de su libertad.» Sin embargo, este argumento,
como se ha expresado a lo largo de todo el trabajo, pareciera no tener significado
alguno dentro de las cárceles, pues la práctica dice todo lo contrario. Las
denuncias constantes sobre la violación de los derechos humanos están a la orden
del día aunque nunca prosperan pues, los magistrados no oyen y la justicia como
siempre es invidente.
Como resultado de alguno de los registros obtenidos en entrevistas hechas a
varios internos de una institución penitenciaria, se pudo comprobar que estos son
sometidos tanto a maltratos físicos como a vejaciones por quienes
aprovechándose de su condición de autoridad sobre los internos violan las leyes a
cada momento, no sólo en este sentido, sino que también lo hacen al comerciar
con el interno comprometiéndose a realizarle favores que casi nunca se cumplen,
a cambio de ciertas cantidades de dinero a veces, desorbitantes para los reclusos,
con lo que se estaría complementando el suplicio del interno que a decir de
Gómez Grillo, en sus múltiples escritos denomina «la Matraca». El Código Penal
establece en sus artículos 204 y 205 que ningún funcionario podrá causarle daño
a las personas, puesto que será castigado con prisión, igualmente tampoco podrá
aprovecharse de los internos en beneficio propio. Pero, para quien ha perdido
todos sus derechos este abuso no es más que otra mancha para un tigre.
El estigma de la prisión prevalecerá por siempre, pues quien ha aprendido a
sobrevivir en esta jungla donde el más fuerte es quien ejerce el dominio, y donde
el proceso de aprendizaje es traumático, comparable a los tiempos escolares de
antes en que imperaba el slogan de «que la letra con sangre entra». En este
sentido se pudiera describir que la cárcel envilece y somete al individuo a un
proceso aberrante en que el hombre es producto de su propio proceso seguro de
criminización.