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“ E s t a d o y S o c i e d a d ” – Ma x We b e r

La racionalidad formal es el tipo de racionalidad que busca perfeccionar los medios para alcanzar
los fines preestablecidos, es característica del capitalismo. En cambio, la racionalidad material
está orientada por postulados de valor que se consideran fines de la acción misma.
Weber entiende por poder a la probabilidad que tiene un hombre o una agrupación de hombres
de imponer su propia voluntad en el marco de una acción comunitaria. “Macht (capacidad de
imposición) significa la probabilidad de imponer en una relación social la voluntad de uno, incluso
contra la resistencia del otro, con independencia de en qué se apoye esa probabilidad.
Denominamos Herrschaft (poder estructurado) a la probabilidad de que determinadas personas
obedezcan una orden con un contenido determinado. […] Existe poder (Herrschaft) cuando existe
una persona que manda con éxito sobre otros, pero no va unido necesariamente a que exista un
aparato administrativo y un grupo social organizado (Verband), pero sí que exista, al menos en los
casos usuales uno de los dos. A una organización en la que sus miembros están en cuanto tales
sometidos a una relación de poder en virtud del ordenamiento vigente la denominamos –
organización con un poder institucionalizado- (Herrschaftverband)”.
El poder económico no se identifica necesariamente con la idea de poder en general, sino que
puede surgir por otros motivos que no estén directamente relacionados con el honor social. El
orden social es la forma en que se distribuye el honor social dentro de una comunidad entre
grupos típicos pertenecientes a la misma. Los fenómenos de la distribución de poder están
representados por las clases, estamentos y partidos. Las clases son las bases posibles de una
acción comunitaria condicionadas por motivos económicos, los estamentos son comunidades
amorgas, condicionadas por una estimación social específica del honor adscrito a alguna cualidad
común a muchas personas. Los partidos se mueven dentro de la esfera del poder y tienden a
ejercer una influencia sobre una acción comunitaria.
La Dominación es uno de los elementos más importantes de la acción comunitaria. Determina la
dirección de la misma hacia un fin particular, es decir, permite convertir una acción comunitaria
amorfa en una asociación racional, y desempeña en casi todas sus formas un papel considerable.
Es un caso especial de poder. La relación con el poder económico es con frecuencia una
consecuencia, muchas veces deliberada, del poder en sí, así como uno de sus más importantes
medios, pero no existe de ningún modo una tendencia exclusiva o siquiera constante por parte de
sus beneficiarios a perseguir intereses puramente económicos o a ocuparse preferentemente de
bienes económicos.
En el sentido general de poder y, por tanto, de posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la
conducta ajena, la dominación puede presentarse en las formas más diversas, pero tomado de
modo amplio, el concepto de dominación no sería, empero, una categoría utilizable. Por eso
Weber representa dos tipos radicalmente opuestos de dominación: “Por una parte, la dominación
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mediante una constelación de intereses (especialmente mediante situaciones de monopolio); por
otra, mediante la autoridad (poder de mando y deber de obediencia). El tipo más puro de la
primera forma es el dominio monopolizador de un mercado. El tipo más puro de la última forma
es el poder ejercido por el padre de familia, por el funcionario o por el príncipe”. La definición en
sentido estricto de dominación que da el autor es: “…un estado de cosas por el cual una voluntad
manifiesta (mandato) del dominador o de los dominadores influye sobre los actos de los otros (del
dominado o de los dominados), de tal suerte que en un grado socialmente relevante estos actos
tienen lugar como si los dominados hubieran adoptado por sí mismos y como máxima de su obrar
el contenido del mandato (obediencia). Es a este respecto que Weber señala “…en toda forma de
relación autoritaria basada en el deber existe, por lo mismo que se obedece, una cierta proporción
mínima de interés, un móvil inevitable de obediencia. Todo aquí es, por tanto, variable y
fluctuante” y agrega “…deberemos determinar rigurosamente la oposición radical que existe […]
entre el poder efectivo puramente derivado de la posesión de bienes, y el poder autoritario del
poder de familia o del monarca que se limita a recurrir al deber de obediencia”. Ante estas
diferencias es que Weber expresa el empleo del concepto de dominación en un sentido limitado,
que se opone radicalmente al poder condicionado por constelaciones de intereses, especialmente
las de mercado, y decide hacer únicamente alusión a la dominación en tanto poder de mando
autoritario.
En este texto en particular, Weber señala que la importancia que le dará a la “dominación” será
ante todo en cuanto está relacionada con el “régimen de gobierno”. “Toda dominación se
manifiesta y funciona en forma de gobierno. Todo régimen de gobierno necesita del dominio en
alguna forma, pues para su desempeño siempre se deben colocar en manos de alguien poderes
imperativos. El poder de mando puede tener una modesta apariencia y el jefe puede considerarse
como un servidor de los dominados”.
Con respecto a la democracia directa el autor la caracteriza diciendo que en ella todo el mundo
está igualmente calificado para la dirección de los asuntos comunes y poder de mando reducido al
mínimo. A su vez, funcione de gobierno se transmiten (sistema de turnos, elección directa o
suertes) reservándose a los miembros de la comunidad todas las decisiones importantes. A los
funcionarios sólo les corresponde la preparación y ejecución de las disposiciones. Este tipo de
forma de gobierno es muy débil, los poseedores se apropian de las funciones del gobierno porque
disponen del ocio necesario para hacerlo y porque su situación económica se lo permite, esto lleva
a una jefatura de honoratories (entendidos de un modo general a aquellos que obtienen ingresos
sin tener relativamente necesidad de trabajar o los que obtienen ingresos de tal forma que
pueden desempeñar las funciones de gobierno al margen de su actividad profesional, adoptando
además, un modo de vida que les otorga “prestigio” social de un “honor estamental” y los destina
al ejercicio de la dominación). Estos monopolizan indefectiblemente la dirección de los asuntos.
Más adelante el autor destaca la aparente necesidad de todo gobierno de un aparato organizador
en los siguientes términos: “El desarrollo cuantitativo y cualitativo de las tareas de gobierno, que
exige una superioridad técnica a causa de la creciente necesidad de entrenamiento y de la
experiencia favorece inevitablemente la continuidad, por lo menos de hecho de una parte de los
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funcionarios. Con ello surge siempre la posibilidad de que se forme una organización social
permanente para los fines del gobierno, lo cual equivale a decir para el ejercicio del dominio. Esta
organización puede adoptar en la forma ya mencionada, una estructura compuesta por
honoratories dotados de espíritu de cuerpo o una estructura monocrática constituida por
funcionarios jerárquicamente organizados bajo una dirección superior”.
Tipos de dominación legítima
Dominación legítima racional-legal: descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones
estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer la
autoridad (autoridad legal). Su tipo más puro es la dominación burocrática. Cualquier derecho
puede crearse y modificarse por medio de un estatuto sancionado.
Funcionario: funcionario de formación profesional, sus condiciones de servicio se basan en un
contrato con un sueldo fijo según el cargo. Competencia y costumbres.
Administración: trabajo profesional en virtud del deber objetivo del cargo. Sin motivos personales
e influencias sentimentales.
Dominación legítima tradicional: descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las
tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa
tradición para ejercer la autoridad. Se responde a la persona sel señor llamado por la tradición y
vinculado por ella (en su ámbito) por motivos de piedad, en el círculo de lo que es
consuetudinario. Su tipo más puro es la dominación patriarcal.
Funcionarios: servidores, dependen directamente del señor, de parientes o amigos. Vínculo de
fidelidad. Escogido según su clase o su dependencia. Privilegio de clase
Administración: los servidores se recluyan en completa dependencia personal del señor.
Dominación carismática: descansa en la entrega, extracotidiana, a la santidad, heroísmo o
ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas (autoridad
carismática). Se obedece en virtud de devoción afectiva a la persona del señor y a sus dotes
sobrenaturales y a sus facultades mágicas, revelaciones o heroísmo, poder intelectual u oratorio.
Funcionario: escogido según carisma y devoción personal.
Administración: carece de toda orientación por reglas estatuidas o tradicionales. La acción y el
ejemplo, las decisiones particulares y el elemento irracional.
Burocracia moderna
La burocracia moderna constituye el tipo de dominación legal técnicamente más puro de todos. Al
considerarlo un tipo puro se admite que no existe en realidad un modo de dominación burocrático
que sea así en su totalidad o de modo exclusivo, porque ello implicaría suponer una dominación
ejercida únicamente por funcionarios contratados y bien se sabe que los cargos más altos de un
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Estado u empresa privada están al mando de personas elegidas o bien popularmente, o impuestas
en ese cargo, o creadoras de dicha organización (obviamente en el caso de empresas privadas).
Existe una relación directa entre el Estado moderno y la moderna burocracia, puesto que están
interrelacionadas en lazos de dependencia que incluyen, además, al funcionamiento del sistema
capitalista y los modernos tipos de relaciones sociales.
Las funciones de la burocracia moderna son las siguientes:
“Rige el principio de las atribuciones oficiales fijas, ordenadas […] mediante reglas, leyes o
disposiciones del reglamento administrativo”. Esto implica una firme distribución de las
actividades metódicas necesarias para cumplir con los fines de la organización y todos los poderes
se encuentran igualmente determinados de modo fijo; por otro lado las personas encargadas del
cumplimiento continuo de los deberes distribuidos son nombradas según aptitudes también
rigurosamente determinadas.
“Rige el principio de la jerarquía funcional y de la tramitación, es decir, un sistema firmemente
organizado de mando y subordinación mutua de las autoridades mediante una inspección de las
inferiores por las superiores, sistema que ofrece al dominado la posibilidad sólidamente regulada
de apelar de una autoridad inferior a una instancia superior”.
“La administración moderna se basa en documentos (expedientes) conservados en borradores o
minutas, y en un cuerpo de empleados subalternos y de escribientes de toda clase”.
“…toda actividad burocrática especializada –y es ésta la específicamente moderna- presupone
normalmente un concienzudo aprendizaje profesional. Esto resulta válido tanto para los jefes y
empleados modernos de una empresa privada como para los funcionarios públicos”.
“En un cargo propiamente dicho, su desempeño exige todo el rendimiento del funcionario, sin
detrimento de la circunstancia de que pueda estar bien determinado el tiempo que esté obligado
a permanecer en la oficina cumpliendo con sus deberes”.
“El desempeño del cargo por parte de los funcionarios se realiza según normas generales
susceptibles de aprendizaje, más o menos fijas y más o menos completas”. He aquí una de las
diferencias radicales con otros tipos de dominación ya sea coetáneo o previo a éste, y consiste en
que está estipulado el desempeño y funciones como una máquina y no responde a arbitrariedades
o decisiones tomadas al azar por un líder de turno.
Respecto a los funcionarios y su desempeño, ellos desarrollan su cargo como una profesión, con
conocimientos firmemente prescritos, así como pruebas especiales indispensables para ocupar
dicho puesto, ocupación considerada como la aceptación de un deber específico de fidelidad al
cargo a cambio de la garantía de una existencia asegurada y que para el caso específico de la
lealtad moderna al cargo no se subordina a una persona sino a una finalidad objetiva impersonal.
El régimen burocrático moderno resulta más o menos necesario en los diferentes estados según
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sea su situación. El nivel de necesidad del régimen administrativo especializado conlleva consigo la
categoría social efectiva del funcionario, cuya estima será mayor si mayor es la necesidad del
régimen para el conjunto de la sociedad toda.
Además de estas características, el tipo puro de funcionario burocrático es nombrado siempre por
una autoridad superior, ya que de ser elegido pos los dominados no tiene ya una figura puramente
burocrática porque esto afectaría la severidad de la subordinación jerárquica y una consecuente
independencia frente al funcionario jerárquicamente superior: “…el funcionario no elegido, sino
designado por un jefe, desempeña su función con más exactitud desde un punto de vista
técnico…”.
Obviamente todo funcionario de un sistema burocrático moderno percibe una remuneración fija
así como un retiro de vejez. El salario no queda determinado por el trabajo realizado, sino más
bien de acuerdo a las funciones desempeñadas (esta es otra de las características de la jerárquica
estructura burocrática que, por otro lado crea el escalafón que va desde puestos inferiores hasta
superiores con las mejoras salariales que ello implica y los sentimientos de aspiración que acarrea)
y por duración del tiempo de servicios. Por otra parte una remuneración segura unida a la
probabilidad de una carrera de ascensos no azarosa ni arbitral, sumado al honor estamental y
crítica pública, ofrecen mayores oportunidades para alcanzar una rigurosa mecanización del
aparato burocrático y un desempeño mucho más efectivo de los funcionarios. Pero para garantizar
las remuneraciones de la creciente masa de funcionarios y el funcionamiento general del aparato,
es necesario que el Estado fije previamente impuestos que le otorguen los ingresos necesarios
para el sustento. Esto resultaría imposible en un Estado pre-capitalista, puesto que es necesario un
moderno estado monetario de las cosas que garantice dicha posibilidad, nueva diferencia entre el
Estado burocrático moderno y las previas formas de burocracias. A esto debe sumársele la nueva
característica, fuerte y necesaria, que liga al Estado burocrático moderno con el sistema
económico capitalista: ambos se retroalimentan.
El proceso de burocratización creciente encuentra “…el suelo más propicio para fomentar la
burocratización de la administración ha sido desde siempre la existencia de un modo típico de
evolución de las tareas administrativas, y ante todo […] su desarrollo cuantitativo…” en los
sectores políticos como el Estado y el partido de masas. A medida que crece extensivamente el
Estado moderno, tanto más depende de una base burocrática técnica y ante todo cuanto más es o
tiende a ser una gran potencia y del mismo modo, cuanto mayor es la superficie de fricción con
otros estados, más necesita del desarrollo técnico de su burocracia con una consecuente
unificación administrativa en lo interno. Pero más importante que la dilatación extensiva y
cuantitativa es la ampliación intensiva y cualitativa y el desarrollo interno de las tareas
administrativas.
El capitalismo moderno y la administración burocrática consecuente a los Estado capitalistas
modernos, cuyo desempeño se automatiza como una máquina de modo progresivo, hacen a la
necesidad del sistema mismo y la intervención burocrática en las más diferentes necesidades
vitales es creciente. Con ello deriva la “…creciente necesidad de una sociedad acostumbrada a una
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pacificación absoluto por medio de la aplicación del orden y la protección…”. Otra de las razones
de esta creciente intervención radica en los cometidos político-sociales que el Estado moderno
asume, ya sea por haber sido abandonados por los ciudadanos o usurpados por el mismo Estado
con motivos imperialistas o ideológicos. Los medios de comunicación cumplen un rol cada vez más
importante en este sentido.
“La precisión, la rapidez, la univocidad, la oficialidad , la continuidad, la discreción, la uniformidad,
la rigurosa subordinación, el ahorro de fricciones y de costas objetivas y personales son
infinitamente mayores en una administración severamente burocrática, y especialmente
monocrática, servida por funcionarios especializados […] La exigencia de una tramitación en lo
posible más rápida, precisa, unívoca y continua es impuesta a la administración en primer lugar
por la economía capitalista moderna. Las grandes empresas capitalistas modernas representan,
por lo general, modelos no igualados de rigurosa organización administrativa […] pero sobre todo
la burocratización ofrece el óptimo de posibilidad para la realización del principio de división del
trabajo en la administración según puntos de vista objetivos, distribuyendo los trabajos especiales
entre funcionarios especializados…”
Toda la administración burocrática pública se encuentra guiada por la idea objetica de la “razón de
Estado”, considerada como suprema y creadora del funcionario. Lo relevante resulta que ante
cada acto del Estado hay una consecución medios-fines que lo ubica indefectiblemente en el
ámbito de la dominación racional-legal.
Ya sea en un Estado moderno o en una empresa privada, es la administración burocrática y la
dominación a través de ella la que ha logrado alcanzar los más grandes logros, desde militares
hasta sociales en general, pero todo gracias a dos factores: por un lado la infalible administración y
por el otro la íntima relación entre la concentración de los medios materiales y administrativos
que logra el jefe (en el caso de una empresa privada) o el Estado (en el caso público).
Lo que garantiza la superioridad de la burocracia por sobre cualquier otro medio administrativo
en todos los ámbitos, sostiene Weber, es la capacidad técnica, aunque ésta haya sido siempre un
producto relativamente tardío en la evolución, que es producto de una serie de obstáculos que
también han sido capaz de ser sorteados por la misma burocratización del sistema. “La
organización burocrática ha alcanzado regularmente el poder sobre todo”. Para esto ha
requerido desde la subordinación de del ejercicio del mando a normas abstractas, seguido de una
igualdad jurídica (propia de la era moderna de los Estados).
Como elemento adicional, Weber menciona que una burocracia muy desarrollada constituye una
de las organizaciones sociales de más difícil destrucción. “La burocratización es el procedimiento
específico de transformar una acción comunitaria en una acción societaria racionalmente
ordenada…” lo que le ha dado su carácter de poder de primera clase para aquel que dispone de
ella como herramienta y en consecuencia no es destruida ni por quien la toma ni por quien la
recibe. Las relaciones de dominio resultan prácticamente inquebrantable y un funcionario no es
más que un “pedazo” de una máquina mucho más grande y poderosa que cualquier
individualidad. Nadie puede ya prescindir del aparado de dominio burocrático ni sustituirlo por
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otro. La suspensión de su funcionamiento supone un caos tal que ningún organismo sería capaz de
controlar. Los expedientes y la disciplina burocrática (sumisión de los funcionarios a la obediencia
rigurosa dentro de su labor habitual) son sus fundamentos, e independientemente de ellos existe
la sumisión de los hombres a las normas y los reglamentos que, en el Estado moderno, ya le son
habituales.
Respecto a la relación con la democracia y la democratización social, Weber señala que es la base
no solo favorable sino únicamente posible para el desarrollo de la burocracia, aunque en términos
estrictos “…la democracia en cuanto tal, a pesar de fomentar inevitablemente y sin quererlo la
burocratización, es enemiga del dominio de la burocracia, y a este efecto opone muy sensibles
obstáculos e inconvenientes a la organización burocrática”.
Como uno de sus últimas características, Weber señala que el gobierno burocrático excluye la
publicidad y oculta en la medida de lo posible su saber y su actividad frente a la crítica cual si se
tratase de una doctrina esotérica, sobre todo cuando se trata de poder hacia fuera.
“La burocracia tiene un carácter racional: la norma, la finalidad, el medio y la impersonalidad
objetiva dominan su conducta. Por lo tanto su origen y propagación han influido siempre en todas
partes revolucionariamente […] la burocracia aniquiló con ello formas estructurales de dominación
que no tenían un carácter racional…”.