De UN POCO DE CARNE CRUDA NO CAE MAL

“El escritor se devora a sí mismo cuando escribe”.

“[…] el acto de escribir, nace en contra de algo, contra lo mejor que cada uno de quien
escribe tiene dentro, que es quedarse callado”.

De LA ARMADURA DEL CABALLERO

“asomarse al precipicio donde las cosas cambian de nombre”.

De LOS PRECIOS DE LA LENCERÍA

“En el momento en que el superficial se advierte como superficial, se vuelve frívolo. Lo que
asume con una gran sonrisa. Es el alpinista que llega a la cima y no hay nadie para
recibirlo. La cumbre del anhelado fracaso”.

De RECETARIO DOMÉSTICO

1. Sé tolerante; lo que implica descubrir el lado noble que contiene aun el texto más
deleznable.
2. Comparte poemas, cuentos, fragmentos literarios que juzgues superiores y que a ti
te hayan arrojado luz […] Cantidad de veces el camino ya está abierto. Los
maestros se encargan precisamente de eso, de abrir brecha. Mostrar eso textos te
ahorra palabras inútiles.
3. Sé sutilmente franco. Pero no bajes la guardia. Se puede ejercer ese doble filo:
externar tu opinión con franqueza pero no de un modo brutal. La violencia
innecesaria se castiga, aun en el futbol llanero.
4. Reprueba la crítica acerba. Porque el escritor bisoño que asiste a un taller lo hace
con el ánimo de aprender, no de que lo apaleen. Poner los puntos sobre las íes en
cuanto al modo de blandir la crítica le corresponde al coordinador. Cuando la
crítica es demoledora el criticado no escucha. Se pasma. En el fondo es una crítica
obscena.
5. Prohíbe los aplausos —no es un recital, es un taller de creación literaria. Si algo
hay perfectamente kitsch en un taller es el aplauso. En primer término porque no
hay texto que se lo merezca, y, en segundo, porque el aplauso es la hipérbole, el
elogio desmesurado.
6. Haz de la incomplacencia tu chaleco antibalas. Descubre el error aun en el texto
perfecto —porque no hay texto perfecto. Desde la primera palabra del texto que
tengas ante tus ojos, destaca el error.
7. Empéñate en encontrar precedentes en los textos de los participantes. Uno de los
cometidos de un taller literario —quizá el principal— es bajarle el volumen a la
soberbia. De ahí la recomendación de que se deje la camisa de fuerza del amor
propio en la entrada. Para nadie es novedad que el escritor se pasea en los
hombros de la fatuidad. Señalar los precedentes literarios de cualquier texto
contribuirá a que aquel vacuo pierda el equilibrio y caiga estrepitosamente.
8. Dispón lecturas neutras en voz alta —es taller de creación literaria, no de
actuación. Las lecturas dramatizadas no son bienvenidas en un taller de esta
naturaleza. Porque el que escucha se deja contaminar por el modo de leer del
autor, y confunde una cosa con la otra.
9. Sé puntual —es el único ejemplo que puedes dar.
10. Calla, si hay que callar; escucha, si hay que escuchar. Pero no escribas.
11. Regla de oro: no recomiendes tus propios libros ni leas en clase para demostrar,
según tú, el buen empleo de tal o cual recurso.
12. Sé cauto con lo que digas, si te ves obligado a hablar. Porque aun las palabras más
hueras, van a dar a oídos atentos. En un taller de creación literaria siempre hay
alguien pendiente de tus palabras. Después de todo, eres el coordinador, y esa
palabra equivale a general de división. Para algunos.

De FRANZ LISZT DIXIT

“El cosmopolita pertenece al mundo.
No importa si ha viajado o no. El cosmopolita —el usuario del cosmopolitismo—
ve con ojos de admiración las manifestaciones —sobre todo de índole cultural— aun de
las naciones más alejadas de la suya propia, o incluso antagónicas.
El cosmopolitismo enriquece el horizonte de los hombres con visión amplia. Quien
es cosmopolita no valora a su país por encima de los demás; por el contrario, intenta darle
su valor al universo humano que lo rodea.
Por regla general, el cosmopolita recalcitrante es mal visto en su lugar de origen.
Se le dice traidor por ponderar el arte culinario extranjero por encima del suyo; se le dice
pusilánime por no apoyar el deporte de casa, no importa a qué nivel de podredumbre se
encuentre; se le dictamina de mediocre o débil por preferir las expresiones musicales
ajenas y no las propias; se le dice incongruente por no ponderar el cine de su país como el
mejor de todos los tiempos, y en cambio detenerse en las parcelas cinematográficas de
otras latitudes.
Las miras del hombre cosmopolita le permiten disfrutar lo mejor de cada nación,
sin que el juicio por su conducta le quite el sueño.
El cosmopolita pone el dedo en la llaga cuando descuella la insignificancia de los
valores nacionales, trátese de la nación que se trate […]
El cosmopolita habla su idioma madre con fruición. Pero una fuerza interior —
llamada lucidez— lo obliga a interesarse, cuando no aprender, otros idiomas; sabe que la
prosodia de la palabra luna es igual de hermosa, o acaso más, en francés (lune) portugués
(lua), en alemán (mond), en inglés (moon).
La globalización no hace cosmopolita a un hombre. Quien anda con una venda en
los ojos, jamás advertirá lo que acontece en rededor.
[…]
El cosmopolita no muere en casa; muere en el ámbito del universo, y a todo el
universo le afecta.
[…]
‘No soy alemán ni húngaro, como tampoco soy francés ni italiano. Con igual
derecho podría afirmar que soy inglés. Mi patria es el mundo, y la encuentro en todas
partes’, dijo alguna vez Franz Liszt”.

De EL OFICIO DE LA INVISIBILIDAD

1. Lo bello permanece invisible a los ojos del profano. Como las sinfonías de los
pájaros a los oídos de un sordo.
3. Nada mejor que pasar inadvertido, que ser invisible. En la medida que no existimos
para la humanidad, la humanidad nos deja en paz.
5. La música es invisible. Si la ves tras una cortina de agua, sólo distinguirás alas de
ángeles.
9. ¿Quién dice que el agua nos es invisible? El sediento vulgar descubre el manantial
en la fuente. El sediento hiperestésico descubre el manantial donde el resto sólo ve
piedras áridas.
18. Cuando invocamos un ente invisible y se aparece, surge el milagro —o la
intemporalidad, que aún es más peligrosa.
21. La mediocridad, como la genialidad, es invisible; y sólo se manifiesta cuando se la
acorrala.”

De NOTICIA DE ÚLTIMO MOMENTO

El hombre está hecho para la resistencia. Es decir para hacer frente a la adversidad, o,
mejor aún, a la muerte. Hasta que sus fuerzas se lo permitan. Pero eso en el fondo no es
cierto. Porque dicha resistencia se pulveriza cuando la maquinaria brutal de la medicina
interviene. Hospitales, laboratorios, especialistas integran un organismo que se llama
mercantilismo médico. Y en aras de abultar las cuentas bancarias, la muerte se prolonga
como la vía de un tren cuyo fin no se avista. Que un hombre sobreviva con sus facultades
mentales a la baja, es la peor insensatez. Dilatar la vida a costa del sufrimiento del
enfermo y de quienes lo rodean es acto vil. Vivir por vivir no siempre se justifica”.

De EL DIABLO TIENE VOZ DE MUJER

13. Siempre serán más hermosas las canciones en voz de una mujer que de un
hombre; porque en la oquedad más insondable del espíritu humano yacen las
canciones de cuna.

De UNA TEMPORADA BAJO TIERRA

15. Son más los aforismos que se callan que los que se dicen. Es la materia prima del
silencio.

De LA EXPULSIÓN DEL PARAÍSO

9. La mujer llora, y el mundo se desmorona en torno. Pues el mundo da la sensación
de estar sólidamente construido; pero la cosa es al revés: el mundo es un amasijo
de nervios —como aquellas esferas de varas impelidas por el viento en algún
punto del desierto—, que aguarda ardientemente la primera muestra de que todo
está mal para, por fin, venirse abajo.
10. La mayoría de los matrimonios —más allá de la mayoría, casi la totalidad—
prefieren hacer el amor que llorar en el lecho. Si lloraran se conocería mejor los
cónyuges, y la vida en común se prolongaría por años. Alguien les hizo creer que
el amor conduce a la felicidad rutinaria, cuando lo que une es el dolor.

De BOZAL DE LA HUMANIDAD

7. Hombres y mujeres desean por igual estallar la estructura granítica en la que
fueron creados.

De LA EDAD DE LAS NUBES

1. Cada vez que una mujer hermosa pasa delante de él, el anciano agradece que
alguna vez disfrutó de una belleza semejante. Y una sonrisa de profunda
satisfacción viene a su rostro. Sabe que nunca tuvo una mujer así, pero burlarse de
sí mismo le da solvencia.
5. Cuando el anciano muere, toda la parentela lo llora. Nada más fácil para ocultar el
alivio. O conservar la hipocresía.
6. Carpentier tenía razón en el sentido de que el envejecimiento es una regresión a la
niñez. Cuanto más senecto se es, el alma se torna más ávida de ternura. Hasta
alcanzar los niveles del niño, en el que no se comprende a qué se vino al mundo ni
menos se logra entender las leyes que rigen la conducta de los hombres. Es eso lo
que mantiene en el aislamiento a un anciano. Ante la incomprensión del mundo
que lo rodea, sólo le resta el silencio infranqueable. Porque en el silencio están las
respuestas.

De CUANDO LA BOCA HUELE A EXCESO

14. Sin saber exactamente cómo, el favorecido del exceso se va preparando para la
prueba definitiva. Que es cuando se despliegan las alas y se remonta el vuelo.
Hacia la oscuridad de la luz.

De MAESTRO DE LAS CAÍDAS

2. Cuando nos damos cuenta ya vamos rumbo hacia el vacío. El golpe será mortal.
Nos detenemos de todo lo que haya a mano, pero inútilmente. Ya no hay modo de
parar aquel cuerpo en fulminante caída.
6. Caer es vivir.
11. Caer es un desafío. Hay una fuerza interior que obliga a buscar la caída. A ir tras
ella. Una fuerza poderosa que recuerda al ser humano la fragilidad de su
existencia. Y que lo obliga a probarse.
12. Se bebe al momento de la caída para hacer menos brutal el impacto. Cuando lo
que está en juego no es el golpe sino el trayecto.

De ESCRITURA DEL PERDÓN

2. Perdonar habría de significar el más despiadado acto de mirarse hacia dentro. De
mirar los ojos del yo interno, y confesar la ignominia, el desastre que se es. Que
cada quien es. Sólo cuando se parte de la idea de que se es atroz, es posible
perdonar. Los que se saben buenos, no avanzan a ningún lado al perdonar.
6. Pedir perdón exige aislarse del mundo.
15. Bajo el manto protector de la música, la culpa se resiste con entereza. Por eso la
música está a la altura de Dios, porque no distingue entre buenos y malos. A todos
protege por igual.

De EL AROMA DEL BESO

1. Se confía más de la cuenta en los besos. Por eso se besan los pies de los santos.
Como si por ese solo hecho el bienaventurado se hiciera eco de la súplica y
concediera el milagro, que es el perdón.
2. Entre las múltiples consecuencias de una catástrofe, es que los dolidos tienden a
besarse al menor pretexto. Hasta que finalmente se saludan por el solo hecho de
toparse en el transporte subterráneo. Como si a través del beso se desearan suerte.
De ahí que haya quien piense en el beso como un prodigio.
9. Dame tu lengua, se le dice a una mujer cuando se perfora su boca. Entonces el
beso se convierte en una experiencia letal. Todo sobreviene en ese momento: el
alma varonil que exige comprensión, la búsqueda de la mujer, que es animal y es
espíritu, el camino más corto hacia la lujuria, que anuncia al desconsuelo.

De COMPARTIR EL CORAZÓN DE CORAZÓN

7. Entre lo más disfrutable de compartir están los conocimientos. En manos de un
buen maestro, los conocimientos se desparraman y acaso encuentran su destino en
la mente ávida del alumno. Basta con estar cerca del maestro —cuando es noble y
comparte todo porque sabe que en el fondo no le pertenece—, para que los
conocimientos vayan de un destino a otro. Esos conocimientos llevan el sello de la
amistad.

De PASO SIN VER

“Ese hombre que camina despacio es el pulso de su tiempo”.

De LA SEDA ESTÁ HECHA DE NOCHES FECUNDAS

18. En la noche no se distingue el color de la sangre.

De ELOGIO DE MARGUERITE YOUCENAR

8. El Estado le dicta al condenado a muerte el tiempo que tendrá que esperar.

De EL ARTE DE LAVAR LOS TRASTES

5. Cuando durante el lavado de un vaso se rompe y el fregadero se atiborra de añicos,
aquella persona no sólo se maldice; implora a los cielos que nadie advierta su
torpeza. Todo iba tan bien. El vaso roto le recuerda que el mundo se puede venir
abajo en cuestión de instantes. Que nadie puede sentirse Dios ni siquiera en una
faena tan aparentemente simple como lo es el lavado de los trastes.

De UN HEDOR INSOPORTABLE

4. En una sociedad como la que actualmente impera en este país, en que la práctica
de la violencia —y de la violencia más acendrada, inaudita, más allá de lo que
cualquier narrador hollywoodense podría imaginarse— es cosa de todos los días,
la delgadísima línea entre la compasión y la aceptación de la muerte violenta ha
pasado de ser notable a casi invisible. Ya casi nadie se siente impelido a
compadecerse por el mutilado —aun si es un niño—, por el colgado de un paso de
peatones, por el tasajeado en la cajuela de un automóvil. Quizás eso sea más grave
que la propia violencia. La impiedad.
10. Se tiene compasión del que sufre, pero no del que provoca el sufrimiento; acaso
debería ser a la inversa. Más compasión debería despertar quien tiene el alma
perdida.

De CUANDO LAS IDEAS BROTAN DE LAS PAREDES

5. El silencio se impone en una biblioteca, como en la que ahora mismo estoy. El
silencio grita su clamor. Que es decir su modo de estar en el mundo. Durante el
silencio se conversa con las ideas sin interrupción alguna. La mano corre por la
blancura sin que nadie ose detenerla. La mano es la manifestación más bella del
silencio. Aun el sonido de las articulaciones irrumpe como un gusano que se
desplazara delante de nosotros.
8. […] Cada poema anda en busca de su música

De PALOMITAS DE MAÍZ

3. Cantidad de individuos no tienen ni la menor idea de sus capacidades. Hasta que
alguien los pone contra la pared y los obliga a actuar.

De LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA

3. ¿Cuándo una persona decide recomendar un libro?: ¿cuando la historia la obliga a
que se vea reflejada en ella, cuando admira al autor, o cuando se identifica con el
personaje protagónico? ¿Cuando el sentimiento lo hace suyo y advierte atrás de la
acción la maquinaria invencible del consuelo? ¿Cuando antes que otra cosa la
historia es la historia de un amor irrealizable, como deben ser las historias
verdaderas?
8. Cuando se recomienda lo que sea, no es nada más ese objeto lo recomendado;
también va en juego la persona misma. Es decir, se recomienda a sí misma cuando
recomienda algo. Ella misma va en prenda.

De ASCUAS CAPACES DE INCENDIAR BOSQUES

1. Las palabras son seres vivos, y cumplen aquellas funciones primigenias que van
del nacimiento al desarrollo, y de la reproducción a la muerte. Mediante el brío de
la sociedad en su conjunto, las palabras sufren metamorfosis continuas: de pronto
son un vehículo perfecto de comunicación, de pronto apenas sirven para que
hombres de la misma estirpe, profesión o calaña se entiendan entre sí.
2. Las palabras son ascuas capaces de prender bosques. Son palabras cuyo fuego es
extendido por el viento de algún sentimiento tan fuerte como la pasión, la libertad,
la sed de justicia. Con almas ávidas como las hojas secas, aquel incendio se torna
inextinguible.
3. […] Los jóvenes necesitan palabras nuevas porque las de factura reciente ya no les
sirven.
6. Las palabras viajan más rápidamente que un balazo.

De EL ARTE DE LA FUGA

3. […] Nada más difícil que admitir un abandono.
6. Alejarse de una ciudad es todavía más arduo. Una ciudad es más que una familia.
Porque es inmortal. Los integrantes de una familia se van muriendo poco a poco.
Una ciudad queda en pie aunque sea en la frágil memoria de sus habitantes. Por
generaciones. Cuando por fin desaparece ya no tiene que ver con la inmortalidad
sino con el sentido común; o el aburrimiento. Hay una suerte de savia que recorre
los mecanismos de resguardo de sus oriundos. Un principio reactor cuya energía
pasa de ser local a ser universal. De pertenecer a un país a pertenecer a la
humanidad.

De PRÍNCIPE DE LA MELODÍA

7. En las sinfonías de Schubert se ventila una paradoja: la más larga, redonda y
perfecta es solemne y aburrida; en cambio, la Inconclusa, que es la más breve e
imperfecta, es inmortal; como suelen serlo las cosas inacabadas.


De WABISABI

7. Bienvenido el pudor, porque obliga a violentarlo. A hacerlo añicos.

De EL SIMULACRO DE LA CARICIA

8. El que acaricia y el acariciado se sienten bien cuando entre ellos existe un vínculo
afectivo; porque provenga de quien provenga, la caricia intenta promover una
relación de afecto. Y se produce justo en el mejor momento: cuando entre aquellas
personas los ojos tomaron el poder de las palabras.
10. La caricia es el extremo del cuerpo.
11. Cuando por cortesía se le da la mano a una mujer, lo que se está haciendo es
vestir a la caricia de etiqueta.
18. Quien jamás ha sido objeto de una caricia se preguntará en dónde radica la
belleza de la vida toda.

De LA MÚSICA CRISTALIZA EL SILENCIO

1. Alrededor de cada palabra existe un silencio. Un silencio indestructible. Cada
palabra está rodeada de una gravedad que se apropia de nosotros cuando sentimos
el silencio que nos circunda […] Ese silencio teje ascuas. Arma figuras y
modulaciones. Como la llama del pebetero. Cuya exaltación no comprendemos,
pero respetamos. Así, curiosamente, cuando no entendemos el significado de las
palabras nos quedamos con su música. Y su silencio. Los silencios que entrecortan
aquella palabra y que la vuelven inteligible.
2. La mitad de la vida de las percusiones, quiero decir, de los instrumentos
percutivos, transcurre en silencio. Lo mismo acontece entre los hombres.
Entendiendo por hombre a un ser generador de sonidos. De palabras. Cada
palabra que un hombre pronuncia, ocupa el espacio y el tiempo —tramo de la
vida— de una palabra que otro hombre calla. Entre un sonido y otro de las
percusiones cabe un insecto. Entre una palabra y otra de una lengua cuyo
significado desconocemos, cabe un silencio.
6. La música cristaliza el sonido. A través de la música, el sonido estalla en nuestro
oído a modo del grito de la madre cuando llama a su hijo a la distancia. En ese
grito va la vida toda. En la música va la vida toda. Pero si ese grito permanece en la
memoria hasta el día de la muerte, es porque el sujeto se acuerda del silencio que
sobrevenía a ese grito. Cuando se escucha esa lengua indígena cuyo significado se
ignora, lo que la emoción retiene es el silencio que sobreviene después de cada
palabra, de cada frase, de cada arco dramático.
10. El sonido de la poesía reverbera en nuestro interior. Porque el silencio habita los
territorios de la poesía, donde finalmente la palabra despliega las banderas y
asienta su dominio. Pero ni aun en nuestro interior podemos prescindir de esa voz
ignota, sellada para los profanos. Repetimos un verso —ni siquiera un poema
completo—, y el silencio cumple su cometido al pie de la letra, que es dotar de vida
a todo lo que toca. Y quizás el espíritu se alegre más de haberle dado su justo valor
al silencio que a los restantes elementos de la palabra.
11. Nuestro oído reconoce el sonido de los instrumentos aun sin saber de qué
instrumento se trata. Porque los silencios son parte inequívoca de un instrumento.
Y es lo que la persona identifica. Cuando se habla de que los pianistas del siglo XIX
estaban enormemente preocupados por los sonidos, lo que se está diciendo es que
consideraban al sonido como el protagonista de la música. Y entonces ponían el
énfasis de su arte en el silencio. Porque no sin razón afirmaban que el silencio
entre una nota y la siguiente era irrepetible. Y que corporizarlo le correspondía al
pianista. Que las notas se podían repetir pero no los silencios.