R. E.

Muuss

TEORÍAS DE LA ADOLESCENCIA

Capítulo II

LA TEORÍA PSICOANALÍTICA DEL DESARROLLO ADOLESCENTE

La teoría psicoanalítica del desarrollo adolescente y la teoría evolutiva de recapitulación
de Hall tienen una idea fundamental en común: ambas consideran a la adolescencia
como un período filogenético.
Según la teoría psicoanalítica, las etapas del desarrollo psicosexual son genéticamente
determinadas y relativamente independientes de factores ambientales. Un ejemplo de
ello es la suposición psicoanalítica según la cual el complejo de Edipo es universal (el
autor agrega que se ha observado en algunas culturas que no se percibe rivalidad ni
conflicto entre padre e hijo). Así también, paralelamente con los cambios fisiológicos
de la maduración sexual marchan los componentes psicológicas tales como el instinto
sexual, al igual que otros fenómenos adolescentes. Para Freud, existen estrechas
relaciones entre los cambios fisiológicos y procesos corporales por una parte y las
alteraciones psicológicas y la auto imagen por la otra. Durante la adolescencia, los
cambios de conducta tales como la agresividad y la torpeza están vinculados con
alteraciones fisiológicas. Finalmente, los cambios fisiológicos están relacionados con
alteraciones emocionales, especialmente con el acrecentamiento de emociones negativas
tales como la depresión, la ansiedad, el desgano, la tensión y otras formas del
comportamiento adolescente.
Los neofreudianos parecen admitir que el período de la adolescencia ha sido pasado por
alto en la literatura psicoanalítica de los primeros tiempos. Anna Freud explicó que el
poco interés puesto sobre la adolescencia de debe a que el psicoanálisis desarrolló la
revolucionaria idea de que la vida sexual del ser humano no comienza con la pubertad
sino con la primera infancia. La teoría del desarrollo por etapas de Freud, sostiene que
el niño pequeño atraviesa cinco fases definitivas en los primeros cinco o seis años de
vida, y solo dos más en los quince años siguientes de la niñez y de la adolescencia.
En la pubertad, los impulsos sexuales afloran y provocan subordinación de todos los
instintos y componentes sexuales a al supremacía de la zona genital. Mientras que la
búsqueda del placer es la meta de todas las formas infantiles de la sexualidad, los
cambios fisiológicos producidos en la pubertad hacen surgir otro objetivo sexual: la
reproducción. Esta fase de desarrollo psicosexual es llamada etapa genital. La
sexualidad pubescente se manifiesta de tres maneras diferentes: a) por la excitación
externa de la zona erógena; b) por la tensión interior y la necesidad fisiológica de dar
salida a los productos sexuales, condición que no se había presentado en la sexualidad
infantil; c) por la excitación sexual psicológica, que podrá ser influida por los dos
factores anteriores. La excitación sexual psicológica consiste ahora en una sensación de
tensión peculiar y de carácter de urgentismo. Esto conduce a lo que Freud llama
“onanismo por necesidad”, el cual ocurre en los años del período pubescente.
El desarrollo pubescente no sólo despierta la sexualidad, sino que aumenta también
enormemente la excitación nerviosa, la ansiedad, la fobia genital y las perturbaciones de
la personalidad, debido al poder abrumador del dinamismo sexual y la relativa
imposibilidad de descubrir cómo se hace algo para remediarlo. Los cambios biológicos
traen consigo cambios de conducta y dificultades de adaptación, puesto que la
sexualidad del individuo entra en conflicto con su seguridad. Por eso durante la
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adolescencia, todo individuo es especialmente proclive a que en él se desarrollen
síndrome psicopatológicos.
La tensión sexual acrecentada durante la adolescencia hace revivir muchos de los
objetos incestuosos del período genital anterior y dirigir la libido hacia ellos. Freís habla
de un segunda situación edípica durante la pubescencia. Sin embargo, durante el período
de latencia, el desarrollo del superyo ha alcanzado un punto en el cual una “barrera
contra el incesto” internalizada reprimirá esas tendencias. Según la opinión de Freud,
durante la adolescencia, el primer objeto serio de amor será una mujer madura, y el de
una niña, un hombre mayor, vale decir, imágenes materna y paterna.
La tarea primordial del adolescente, tal como la concibe la teoría psicoanalítica, puede
resumirse como el logro de la primacía genital y la consumación definitiva del proceso
de la búsqueda no incestuosa del objeto.
La teoría freudiana ha sido fuertemente criticada por sobreestimar la naturaleza
biológica e instintiva del hombre. Aunque haya sido así, Freud no ha dejado de tomar en
cuenta la influencia de los factores sociales. Su teoría considera secundarios los factores
ambientales frente a las tendencias congénitas, pero de ningún modo niega su
importancia. La sexualidad es el polo opuesto de la conciencia puesto que aquella está
presente desde el nacimiento, en tanto que ésta es adquirida a través de la interacción
social. De esta modo, el proceso evolutivo, especialmente en el período de latencia y de
pubescencia, constituye una lucha dinámica entre las fuerzas biológico-instintivas del
ello y las socialmente orientadas del superyo.


La teoria de los mecanimos de defensa del adolescente,
según Anna Freud.

El proceso fisiológico de la maduración sexual, que se inicia con la función de las
glándulas sexuales influye en la esfera psicológica.
Durante la pubescencia, el yo, al ceder a los impulsos del yo, entra en conflicto con las
ya internalizadas normas morales del superyo.
Experimenta una frustración interna cuando el logro del objetivo es impedido por
inhibiciones interiores que surgen de la conciencia. El superyo tiene el poder de
premiar por medio del yo ideal.
La energía instintiva aumenta y puede sumarse a los apremios sexuales y a cualquier
impulso del ello. Este cambio de un mecanismo de control externo a otro interno pone
en desequilibrio el balance mental. Podemos observar una intensificación de las
tendencias agresivas de la indocilidad, de la preocupación por la suciedad y por el
desorden de la brutalidad y de las tendencias exhibicionistas.
Afirma que hacia el comienzo de la pubescencia se predice un segundo complejo de
Edipo, provocando el miedo a la castración en los valores y, la envidia por la posesión
de pene en las niñas, igual que en la primera etapa edípica. Si éstos impulsos llegan a la
conciencia suelen realizarse en el nivel de la fantasía. El superyo interviene, produce
ansiedad y pone en acción los métodos de defensa del yo: la represión, la negación y el
desplazamiento. Esas defensas invierten los impulsos libidinales ocasionando temores,
ansiedad y síntomas neuróticos.
El comienzo de la pubertad trae un cambio cualitativo. La catexia se diferencia y se
específica a medida que se desarrolla la genitalidad.
El comienzo real de la pubescencia (primera menstruación en las niñas) trae un cambio
que de una conducta negativa a un período positivo de expansión y efusividad (fase
negativa o negativismo prepuberal)
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Ana Freud se ocupa del desarrollo aberrante o patológico y describe dos peligros
posibles:

1. El ello puede anular al yo,
2. El yo puede vencer al ello y confinarlo a un área controlada por
mecanismos de defensa.

Los mecanismos de defensa típicos de la pubescencia son :
El ascetismo y la intelectualización (ambos se encontraban pero se re visten de
importancia).
El ascetismo se debe a la desconfianza generalizada contra todos los deseos instintivos.
El aumento de intereses intelectuales y el cambio de intereses concretos por otros
abstractos se describen en términos de un mecanismo de defensa contra la líbido.
Los factores implicados en los conflictos de la adolescencia son :
1) la fuerza de los impulsos del ello, determinada por procesos fisiológicos y
endocrinológicos durante la pubescencia.
2) La capacidad del yo para superar a las fuerzas instintivas o para ceder ante
ellas , esto va a depender del carácter y del desarrollo del superyo durante la latencia.
3) La eficiencia y naturaleza de los mecanismos de defensa a disposición del yo.

La insistencia de Otto Rank en torno de la necesidad de independencia del
adolescente

Otto Rank (1884-1939), estuvo en una época “completamente bajo la influencia del
realismo freudiano”. Pero más tarde rompió con Freud y puso en tela de juicio algunas
de sus enseñanzas. Rank enfocó el desarrollo humano desde un punto de vista más
positivo: consideró la naturaleza humana no como reprimida y neurótica, sino como
creadora y productiva. Criticó la importancia que Freud daba al inconsciente. Rank
volvió al yo consciente como campo propio del psicoanálisis. Por consiguiente
concordaba con Lewin en cuanto a las relaciones entre el pasado y el presente. Señaló
que el pasado es de importancia sólo cuando sea activo en el presente e influya en la
conducta. Además Rank hace menos hincapié en las fuerzas y el comportamiento
instintivo. Quería restablecer el equilibrio de fuerzas en la esfera psíquica.
El concepto nuclear de su teoría es la “voluntad”, que comprendía una “organización
positiva de guía e integración del sí mismo que utiliza en forma creadora los impulsos
instintivos y al mismo tiempo los inhibe y controla”.
El lugar que el desarrollo del adolescente ocupa en esta teoría psicoanalítica, basada en
la conciencia y la “voluntad”. La sexualidad deja de ser el factor más fuerte en el
proceso evolutivo. Ha encontrado su contraparte en la “voluntad”, la cual puede
controlar la sexualidad, hasta cierto punto. Por consiguiente, el peso se traslada de la
primera infancia a la adolescencia, el tránsito de la dependencia a la independencia.
Durante el período de latencia, la “voluntad” se fortalece, se va independizando cada
vez más.
En la primera adolescencia, el individuo sufre un cambio básico de actitud; empieza a
oponerse a la dependencia, tanto al régimen de los factores ambientales externos
(padres, maestros, códigos, etc.) como al de los deseos internos.
El comienzo de la pulsión fisiológica sexual en la pubescencia amenaza la
independencia recién establecida. Esta amenaza no proviene de personas o fuerzas
exteriores, sino de la necesidad interior. “Es tan fuerte y domina al individuo a tal
extremo que pronto éste comienza a defenderse contra esa dominación, porque es una
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dominación que interfiere, de manera dictatorial, como una contravoluntad, justamente
cuando el yo ha empezado a respirar con un poco más de libertad, liberándose un poco
de la presión de voluntades autoritarias ajenas”.
El adolescente puede recurrir a dos tipos de mecanismos de defensa en su tentativa de
conservar su independencia: la promiscuidad o el ascetismo. En ambos casos, el
adolescente evita la verdadera relación amorosa, la cual exige autorrestricción,
autosubordinación y dependencia. Rank considera el desarrollo de la personalidad como
expansión, diferenciación e integración continuas tanto de la relación externa “yo otro”
como del sistema intrapsíquico homólogo.
También sostiene que el individuo tiene que atravesar varias etapas para desarrollar y
fortalecer su voluntad y lograr tanto la relación externa como la intrapsíquica “yo-otro”.
La primera consiste en liberar la voluntad tanto de las fuerzas exteriores como de las
interiores. Dice que el hombre común probablemente nunca sobrepasará esta exigencia,
pero podrá vivir armoniosamente si acepta la realidad y adapta a ella su propio modo de
vida; este tipo de persona es conciente de su deber.
La segunda se caracteriza por la división de la personalidad. Existe una desunión entre
la voluntad y la contravoluntad.
La tercera es la integración de la voluntad, la contravoluntad y la formación de ideales.
El individuo ya no se haya en conflicto con las exigencias del mundo externo; se
encuentra en armonía consigo mismo y con sus propios ideales; es conciente de su
potencial y seguro de sí mismo. Al lograr la libertad, ha vencido la compulsión de la
segunda etapa.
Hay dos aspectos de la personalidad que pueden impedir que un individuo pase de la
segunda etapa a la tercera: la culpa, que inmoviliza su voluntad, y la desintegración, que
influye tanto en sus relaciones externas con los demás como en su concepto de sí mismo
y de la estructura del yo.


La teoría del establecimiento de la identidad del yo,
según Erick Erickson

Erick Erickson, modifica la teoría freudiana del desarrollo psicosexual debido a ciertos
hallazgos de la antropología cultural. Ha ido mas allá que el psicoanálisis ortodoxo,
según el cual las condiciones sexuales son las que provocan las neurosis y conflictos
íntimos, para señalar la importancia que de las condiciones y organizaciones sociales en
que debe arraigar el yo para desarrollarse normalmente.
Este sugiere ocho etapas fundamentales, en los cuales en cada uno surge un conflicto
con los dos desenlaces posibles: si el conflicto se elabora de manera satisfactoria, la
cualidad positiva se incorpora al yo. Estas son las etapas:

1) Confianza contra desconfianza (oral sensorial).
2)Autonomía contra vergüenza y duda (muscular anal).
3) Iniciativa contra culpa (locomotor genital).
4) Laboriosidad contra inferioridad (latencia).
5) Identidad contra difusión del propio papel (pubertad y adolescencia).
6) Intimidad contra aislamiento (adulto joven)
7) Fecundidad contra estancamiento (edad adulta).
8) Integridad del yo contra aversión, desesperación (madurez).

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Según Erickson, la pubescencia se caracteriza por la rapidez del crecimiento físico, la
madurez genital y la conciencia sexual. El joven se enfrenta con una revolución
fisiológica dentro de si mismo que amenaza a su imagen corporal y a su identidad del
yo. Empieza a preocuparse por lo que “parece ser ante los ojos de los demás” en
comparación con el sentimiento que tiene de si mismo. La adolescencia es el periodo
durante el cual ha de establecerse una identidad positiva dominante del yo. Esta
identidad forma parte de su plan de vida personal, esta especialmente subordinada a la
sexualidad. El tiene que restablecer la identidad del yo a la luz de sus experiencias
anteriores y aceptar que los nuevos cambios corporales y sentimiento libidinales son
parte de si mismo. Si la identidad del yo no se restablece satisfactoriamente en esta
etapa, existe el riesgo de que el papel que ha de desempeñar como individuo se le
aparezca difuso, cosa que pondrá en peligro el desarrollo ulterior del yo.
Las identificaciones del adolescente son con héroes de pantalla, campeones del deporte,
pocas veces se identifica con los padres, por el contrario se rebela contra el dominio, el
sistema de valores y la intrusión de estos en su vida privada. Pero existe una necesidad
desesperada de pertenecer socialmente a un grupo. El adolescente busca identificarse
con el compañero a través de la esteriotipada de si mismo, de sus ideales y de sus
adversarios, esto ocurre sobre todo cuando la imagen corporal se modifica radicalmente.
La intimidad del sexo opuesto aparece como una posibilidad positiva como negativa.
Destacándose el enamoramiento, acontecimiento común de la edad, este trata de
proyectar en otra persona su propio yo, aun difuso e indiferenciado, con el fin de aclarar
y descubrir el concepto de si mismo y la propia identidad del yo.
La madurez empieza cuando la identidad ha sido establecida y ha surgido un individuo
integrado e independiente, que no necesita usar a otros como muletas emocionales. Esta
identidad del yo implica la integración total de ambiciones y aspiraciones vocacionales,
junto con todas las cualidades adquiridas a través de las identificaciones anteriores.
Finalmente esta identidad del yo permitirá poder incorporar la madurez genital a su
imagen corporal.

Inferencias educacionales

Freud supone que la frustración de la ”satisfacción sexual normal puede provocar el
desarrollo de una neurosis”. Los padres y educadores debieron causar la menor
frustración posible a los niños.
Según Erikson, no es la frustración la que produce la neurosis, sino la frustración sin
sentido. Las frustraciones significativas estimularán a los niños, dirigirán sus
actividades y traerán como consecuencia el aprendizaje.
Además el bloqueo de las energías libidinales “incrementará los impulsos perversos”.
Las actividades sexuales tempranas no deben ser reprimidas ni desplazadas al
inconsciente. Freud proponía encauzar la energía sexual mediante la sublimación.
Del concepto de sublimación surge una importante implicación educacional. En la
sublimación, el individuo encuentra formas sustitutitas de satisfacción y la descarga de
la tensión producida por las energías libidinales insatisfechas.

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