Facultad

de
Medicina
Alumnos: Cruz Oviedo Abel Fabio
Paredes Galdós Mauricio Miguel
Profesor principal: Alejandro Vela Quico
Tutor: Jorge Bedregal La Vera

Tradiciones médicas nativas y
resistencia en el Ecuador colonial
Universidad Nacional
de San Agustín
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Conceptos de salud y enfermedad precolombinos
La medicina tradicional andina, sustenta la salud en el equilibrio cálido/frío y el pensamiento
animista del mundo, su metodología parte de explicar el sentido holístico de la vida, los agentes
tradicionales de salud asumen su rol como un don divino y basan su intervención en la restitución
del equilibrio con rituales y plantas medicinales. Así como los pueblos tradicionales de los Andes
desde Colombia hasta el Chile son extremadamente variados, su cosmovisión y su sistema de
salud presentan múltiples matices.
A lo largo de siglos de existencia, la actual sociedad quichua de los Andes septentrionales de
Ecuador, desarrolló una serie de conocimientos y prácticas para conservar y recuperar la salud de
sus miembros. Muchos de esos conocimientos y prácticas provienen de aquellos gestados en la
etapa de consolidación del imperio Inca; otros – difíciles de identificar y separar del conjunto –
deben haber nacido de las culturas originarias de lo que hoy corresponde a los Andes
ecuatorianos; otros más, por su parte provienen de la cultura hispana.
Todos ellos han permanecido en el tiempo a causa de su utilidad y eficiencia puesto que, toda
sociedad, independientemente de cuál sea su origen, desecha tarde o temprano aquello que no le
es útil para la vida en sociedad. Sin temor a equivocarnos, es posible afirmar que los elementos
provenientes de las tres vertientes (quechua – aimara; hispana; pre-hispana septentrional),
conforman un sistema dinámico, flexible y maleable, pero además eficiente.
Como todo sistema, el fundamento del sistema de salud andino contemporáneo es una
concepción o representación de lo que es estar sano o tener salud, que integra dos elementos
claves: la condición individual y la condición colectiva.
Las sociedades nativas entienden la enfermedad y la salud de una manera diferente según sus
creencias y/o costumbres y de esta manera demuestran su conocimiento de fisiología y patología
y no solo eso sino que también explican el significado de su propio mundo y de su historia
En cuanto a los debates sobre este tipo de medicina hay distintos puntos de vista, por un lado
están los que argumentan que esta medicina no se sustenta en una estructura sistemática y
elaborada interpretación y clasificación de las enfermedades y que recién los españoles
introdujeron las teorías humorales europeas.
Por otro lado hay estudiosos que dicen que en América Latina hubo un sistema humoral similar al
de Hipócrates, pero con diferentes tipos de fluidos.
Joseph Bastien considera que el sistema andino está basado en una teoría cíclica, la salud es fruto
del movimiento de fluidos por todo el cuerpo y la enfermedad es el bloqueo o pérdida de fluidos.
La mayoría de estudiosos creen que los sistemas andinos incluyeron las categorías de frio y calor,
pero hay algunos pocos que consideran que fueron traídos por europeos. Por ejemplo según
George Foster las sociedades nativas analfabetas no pudieron manejar una teoría tan compleja
como la humoral y por eso solo retuvieron las categorías de caliente y frío y esta clasificación
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existen en sociedades completamente aisladas que han sido contactadas recientemente por
extraños, sin embargo acá existe una contradicción ya que estos pueblos no tienen conceptos de
húmedos y seco por lo cual se apoyaría la teoría de que estos conceptos fueron traídos de Europa.
La teoría de que en América hubo un sistema humoral similar al de Hipócrates queda apoyada que
hoy en día la explicación etiológica de la enfermedad así como los procesos por lo cual es curada
mantiene una continuidad con las tradiciones precolombinas.
Los Qollahuaya
Conocidos como los “señores de la bolsa médica” inmemorialmente la cultura kallawaya (su otro
nombre) se ha centrado en el estudio y ejercicio de la medicina tradicional itinerante, y sus
sanadores recorren los caminos del Inca en busca de plantas medicinales. Se han dado diversas
interpretaciones para el significado de su nombre que para algunos, a partir del idioma aymara,
significa País de los Médicos. Fueron escogidos por los Incas para sus servicios médicos y hoy en
día sus descendientes continúan practicando sus artes curativas aunque la mayoría de ellos se han
establecidos en áreas urbanas.
Derivan sus conceptos de fisiología humana de sus comprensión de la relación entre lo individual,
el ayllu y el medio ambiente en el que han vivido a lo largo de muchas generaciones. Así como el
ayllu controla la Tierra a lo largo de un eje vertical, envolviendo una variedad de zonas ecológicas y
depende de la contribución de los productos de la zona para la sobrevivencia de la comunidad, de
la misma manera el cuerpo es considerado como un eje vertical con tres niveles por los cuales la
sangre y la grasa fluyen del centro de la periferia. Bastien explica que según esta concepción el
cuerpo es básicamente un sistema hidráulico con procesos de destilación, circulación y eliminación
de líquidos, al igual que los componentes del ayllu, estas partes también actúan de forma
recíproca y cuentan con el sustento del sonco (corazón) que comprime y destila los tres fluidos de
la vida: aire, sangre y grasa.
Otras Comunidades
Después de los Qollahuaya surge algo que muchos estudiosos han ignorado y son las crónicas del
siglo XVI, donde la salud y la enfermedad aparecen ocasionalmente. Garcilaso de la Vega describe
los términos fiebre (rupa) u escalofríos (chucchu) y cree que la gente temía estas enfermedades
por los efectos de frío y calor.
Referencias parecidas de frío y calor también existían para México en el siglo XVI donde los
nativos no explican los efectos de plantas medicinales de otra manera y apoyan el punto de vista
de que la población formuló sistemas efectivos de clasificación basados en frío y caliente.
Según Guamán Poma de Ayala, los pobladores andinos anticipaban el crecimiento de algunas
enfermedades durante algunos meses del año como por ejemplo los meses de junio y julio donde
ciertas enfermedades se acrecentaban, el mes de julio era considerado especialmente insalubre.
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Según Guamán Poma enfatiza que los Incas creyeron que el balance en la dieta y en la conducta
aseguraba una vida larga y feliz, debido a que ciertos alimentos y actividades perturbaban
sistemas biológicos y comunitarios; así, las estructuras sociales debían proscribir ciertas acciones
en las dietas y en las conductas. También se dice que los Incas usaban un sangrado, aunque menos
frecuente y unos purgantes para restaurar el balance del sistema biológico.
Los desbalances en los mundos naturales y sobrenaturales llevaban a estallidos de enfermedad
que se manifestaban como desbalances en el cuerpo humano, todas estas conductas también
funcionaban para objetivos políticos en el sentido que enmarcaba la conducta y perpetuaban la
estructura jerárquica de las sociedades campesinas. Anderson considera que la teoría humoral
encaja bien con el orden de civilizaciones campesinas antiguas. Es evidente que la ideología del
balance y reciprocidad sirvieron al propósito social y político de los Andes alcanza su apogeo en el
Imperio Incaico.

Curación, Ritual y Significado
La curación se efectuaba restaurando el sistema a un estado de equilibrio a través de la
intervención humana, del uso de plantas y de la intervención de los dioses. La curación requería
conocer el medio ambiente, la fisiología, botánica y cosmología, por lo tanto aquellos que
practicaban las artes curativas se especializaban en una técnica en particular.
Según el Padre Pablo Joseph de Arriaga, que estudió la idolatría indígena en Perú, los socayac
usaban granos de maíz para adivinar causas de enfermedades; los curanderos eran llamados
ambicamayos, expertos en remedios basados en hierbas; algunos usaban alucinógenos para ver la
causa de la dolencia mientras que otro invocaban espíritus y usaban objetos o animales.
Según Guamán Poma, los circa (sangradores) y los quichicaum (cirujanos) realizaban funciones en
el cuidado de la salud de las comunidades nativas de los Andes.
Arriaga también decía que algunos usaban sus habilidades sobre los venenos o sobre distintos
métodos para matar a sus enemigos, estos eran llamados hampicoc. Generalmente solo eran
usados por los Incas.
Regresando a lo anterior, los actos de curación incluían purificación o limpieza, como el lavado, la
succión o la frotación para expulsar la enfermedad del cuerpo, o también la enfermedad era
transferida a un objeto que luego era desechado.
Para determinar la causa de la enfermedad generalmente se le atribuía la culpa a un objeto, esto
ayudaba a desahogar el enojo y frustración de la víctima. Durante la ceremonia ritual participaba
la comunidad entera en una noche de ofrendas, bailes, cantos y bebidas lo cual animaba a la
persona enferma y reforzaba lazos de la comunidad.
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La participación de los pacientes en su propio tratamiento fue otro aspecto importante del
proceso de curación porque permitía al enfermo tener algún grado de control sobre su vida y su
cuerpo.
En las epidemias, era frecuente la organización de procesiones de hombres armados que
marchaban a través de la comunidad en una demostración de fuerza dirigida a ahuyentar a la
enfermedad, la cual también tenía función preventiva.
En setiembre se organizaba la citua, que era según Garcilaso de la Vega una ocasión especial para
la purificación que brindaba a los pobladores la oportunidad de eliminar de su comunidad todas
las enfermedades; para esta fiesta se lavaban y se limpiaban las calles, luego de ayuno y
abstinencia sexual las familias se bañaban y frotaban sus cuerpos con pan, y de la Familia Real
Inca, cuatro de sus miembros corrían desde el centro de la ciudad ahuyentado a las enfermedades
que atacaban a la población, la ceremonia continuaba la noche siguiente cuando unas antorchas
eran llevadas a través de la ciudad con el mismo propósito.
Pero todo dio un cambio con la llegada de los españoles: llegaron más enfermedades y en la
destrucción que acompañó a las sociedades indígenas quedó descubierta la fragilidad de sus
sistemas inmunológicos.

Conceptos cambiantes de la enfermedad en la sociedad nativa en el
contacto con los europeos
En varios aspectos las creencias de los pobladores andinos con respecto a la salud y a la
enfermedad no se diferenciaron mucho de aquellas de los europeos. Ambos sistemas tenían en
común los conceptos de balance y moderación para mantener la salud y ambos tomaban en
cuenta los humores, además ambas civilizaciones se apoyaban en expertos en la salud.
A pesar de ello, había notorias diferencias en muchas concepciones que interactuaron a partir del
contacto entre las dos culturas.
Las sociedades nativas, ante la llegada de nuevas y letales enfermedades del Viejo Mundo y el
asentamiento del cristianismo, se vieron obligadas a una reestructuración y a una reinterpretación
de sus estructuras cosmológicas. Debido a que dos grupos de divinidades poseían el efecto
potencial de infligir la enfermedad, ambos tenían que ser consultados y dos tipos de rituales
religiosos debían ser seguidos. Se generó entonces, una situación problemática: se creyó que los
antiguos dioses de los Andes enviaban la enfermedad y la muerte para castigar a aquellos que los
habían abandonado por el dios de los europeos y por otro lado el Dios de los cristianos (según los
curas evangelizadores) también enviaba la enfermedad para aquellos que rehusaban rendirle
culto.
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Esta problemática terminó derivándose en un sincretismo religioso, el indígena andino se vio
abocado a reinstaurar su propio universo simbólico a partir de cambios que fueron más de
carácter sintáctico que semántico. No encontraron, en ocasiones, un obstáculo insalvable para
adaptar el simbolismo cristiano a sus propios modos de interpretación. Podían no comprenderlo
del todo, pero lo adaptaban a sus necesidades. De esta forma podían alcanzar un “equilibrio en
sus conciencias”. Esto se traduce en la evidencia reunida por los españoles a lo largo de los siglos
XVI y XVII donde se indica claramente que la mayoría de indios no abandonaron sus creencias
religiosas tradicionales a pesar de la aparente adopción del catolicismo. En las áreas más remotas
donde rara vez los curas aventuraban, las comunidades nativas fueron prácticamente dejadas a su
suerte y siguieron practicando rituales antiguos. En las regiones más cercanas al área de influencia
europea, los oficiales y el clero exigieron la participación indígena en las actividades de la iglesia,
especialmente en el pago del diezmo. Sin embargo, aún en estos casos y a pesar de las
prohibiciones, muchos continuaron adorando a su huacas en secreto.
Es en ese entonces que algunas autoridades se vieron obligadas a permitir de manera estratégica y
sigilosa las ceremonias indígenas más con un propósito de reafirmar su autoridad que de ser
tolerantes.
La carencia de médicos certificados en la colonia obligó a que muchos españoles comenzaran a
recurrir a los curanderos indígenas hasta el final del virreinato a pesar de que tales especialistas
empíricos eran calificados como “ministros de la muerte” y “enemigos de la naturaleza” en las
descripciones presentadas ante el Real Protomedicato o ante el propio rey.
Con la descripción hecha ya es de esperar que los españoles nunca abrigaran la verdadera
esperanza de que pudieran llevar la medicina académica europea a la población indígena fuera de
las ciudades principales. La población en áreas rurales estaba demasiado aislada, era demasiado
crédula y demasiado pobre para que tal intento fuera razonable. Para dicha población, una
persona que invocara encantos tenía poder sobre la vida y la muerte que el tradicional médico
universitario no tenía. Con todo esto la persecución continuaba y hasta Felipe IV, al mismo tiempo
que ordenaba al virrey Enríquez de Guzmán perseguir a lo “charlatanes” en pueblos españoles,
reconocía un hecho consumado: que no era ilegal practicar medicina sin licencia en las aldeas.
Lamentablemente el manto de ocultamiento que tiñó a las prácticas médicas nativas ha
incrementado la dificultad para entender la importancia de todas estas creencias en la sociedad
colonial.
Ante todo esto, es un hecho definitivo que la naturaleza comunal de la medicina nativa contribuyó
al fortalecimiento de la sociedad indígena ante la presión de las demandas de los europeos.

Medicina nativa y resistencia política
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Pero el fortalecimiento de estas sociedades no se dio sino en medio de fuertes persecuciones y
escollos. En las sierras del Ecuador, la escasez de mano de obra que se había desarrollado como
consecuencia de las epidemias y los desastres naturales de la década de 1690, provocó una mayor
explotación y mayor carga tributaria que fragmentó y aisló a los grupos. Sumémosle a esto que los
mestizos aumentaban en número en las comunidades y conllevaba esto mayores conflictos sobre
la distribución de los limitados recursos económicos.
Todas estas medidas generaron violentas protestas dirigidas contra políticas del gobierno y
rechazo generalizado a las autoridades. Aun en la sierra de Ecuador, donde la resistencia violenta
al dominio español había estado notablemente ausente durante los siglos XVI y XVII, por lo menos
diez revueltas ocurrieron entre 1730 y 1803.
Según Segundo Moreno, los rituales y los bailes nativos fueron componentes importantes en estas
revueltas, y funcionaron como un modo de rechazar la religión de sus conquistadores cuando no
llegaron a armonizarlas en el sincretismo antes mencionado. Como ejemplo podemos citar:
Revuelta de 1768 en el obraje de San Idelfonso en Ambato: Donde los trabajadores
indígenas bailaron y cantaron alrededor del cuerpo del administrador del obraje que
habían matado.
Revuelta de 1776 en el corregimiento de Otávalo: Donde se usaron tambores y caracoles
y varios nativos llegaron a beber la sangre de un español muerto.
Cuando el nivel de opresión aumento en el siglo XVIII, la sociedad indígena se apoyó tanto en las
tradiciones precolombinas como en las coloniales para poder mantenerse. Especialmente, en las
zonas alejadas de los centros europeos de desarrollo, muchos pueblos fueron capaces de
mantener el control territorial comunal y sus ceremonias prehispánicas religiosas y curativas. En
Ecuador se facilitó esta autonomía debido a que estaba relativamente fuera de la ruta de
extirpación de idolatrías. A pesar de que las políticas borbónicas removían a los caciques, el vacío
político pasó a ser llenado por el único otro grupo de individuos con una base pre-existente de
movilización popular, es decir los curanderos y shamanes. Ese grado de politización se manifestó
en 4 casos destacados:
 Otávalo (1703) Juan Roza Pinto
 Zaruma (1705) Juan Arévalo es señalado como responsable de 18 muertes.
 San Juan de Pasto (1727) Lorenzo Buesaquillo es acusado de 6 actos de agresión mágica,
entre ellos a un oficial menor español y a sus vecinos.
 Punta Ana Elena (1786) Sebastián Carlos Gavino era alcalde su comunidad hasta que fue
encarcelado por agitación y ejercía la shamanería desde su celda.
Estos cuatro hombres habían heredado los conocimientos de las generaciones pasadas y las
habían usado a su favor como una forma de consolidación política. Con una explicación occidental
o sin esta, el hecho fue que los “ataques” permitieron un mayor grado de control de los indígenas
a los conquistadores al explotar sus temores a lo desconocido y sobrenatural.
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Conclusiones
 El sistema de salud precolombino tuvo un desarrollo independiente y con conocimientos
diferentes pero con estructuras parecidas al europeo.
 La población precolombina poseía especialistas de la salud que se basaban en rituales
religiosos y en plantas medicinales para la curación de los pacientes.
 El proceso de enfermedad involucraba la intervención de factores de balance,
cosmológicos y sociales.
 La colonización conllevó el intento sin éxito de destruir toda la visión cosmológica de los
pobladores.
 Las prácticas rituales religiosas y de curación a escondidas motivaron la unión en muchos
pueblos.
 Las prácticas de los curanderos o shamanes constituyeron un medio de control a los
españoles y la manifestación política de las antiguas tradiciones en los poblados alejados.

Opinión
Mi opinión es que las tradiciones médicas nativas se oponen bastante a la medicina occidental
tanto en creencias como en prácticas, pero nosotros que vamos a practicar la medicina occidental
debemos ser tolerantes con estas culturas y formas de pensar diferentes y es más tratar de poner
atención en estas prácticas medicinales que son interesantes y pueden ayudarnos.
Es lamentable que muchos de los conocimientos en medicina de la América precolombina
desaparecieran por la acción colonizadora, pero a la vez es bueno destacar que precisamente las
prácticas religiosas curativas que iban sobreviviendo permitieron que la sociedad indígena no
colapsara totalmente y no se perdiera toda su cultura.

Bibliografía
 Saberes Andinos (Marcos Cueto)
 La antigua medicina de los kallawayas (Mailer Mattié)
 Sociedad indígena y enfermedad en el Ecuador colonial (Suzanne Austin Alchon)
 Mundos en red: la cultura popular frente a los retos del siglo XXI (Carlos Ernesto Pinzón)
 La Medicina en la Época Precolombina (Jaime Herrera Pontón)
 Extirpación de idolatrías (EducaRed)
 http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_kallawaya
 http://es.wikipedia.org/wiki/Medicina_tradicional_andina