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Expresionismo

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Fränzi ante una silla tallada (1910), de Ernst Ludwig Kirchner, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
El expresionismo fue un movimiento cultural surgido en Alemania a principios del siglo XX, que se plasmó en un gran número de campos: artes plásticas, literatura,
música, cine, teatro, danza, fotografía, etc. Su primera manifestación fue en el terreno de la pintura, coincidiendo en el tiempo con la aparición del fauvismo francés,
hecho que convirtió a ambos movimientos artísticos en los primeros exponentes de las llamadas “vanguardias históricas”. Más que un estilo con características
propias comunes fue un movimiento heterogéneo, una actitud y una forma de entender el arte que aglutinó a diversos artistas de tendencias muy diversas y
diferente formación y nivel intelectual. Surgido como reacción al impresionismo, frente al naturalismo y el carácter positivista de este movimiento de finales del siglo
XIX los expresionistas defendían un arte más personal e intuitivo, donde predominase la visión interior del artista –la “expresión”– frente a la plasmación de la
realidad –la “impresión”–.
El expresionismo suele ser entendido como la deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, dando primacía a la
expresión de los sentimientos más que a la descripción objetiva de la realidad. Entendido de esta forma, el expresionismo es extrapolable a cualquier época y espacio
geográfico. Así, a menudo se ha calificado de expresionista la obra de diversos autores como Matthias Grünewald, Pieter Brueghel el Viejo, El Greco o Francisco de
Goya. Algunos historiadores, para distinguirlo, escriben “expresionismo” –en minúsculas– como término genérico y “Expresionismo” –en mayúsculas– para el
movimiento alemán.
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Con sus colores violentos y su temática de soledad y de miseria, el expresionismo reflejó la amargura que invadió a los círculos artísticos e intelectuales de la
Alemania prebélica, así como de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y del período de entreguerras (1918-1939). Esa amargura provocó un deseo vehemente de
cambiar la vida, de buscar nuevas dimensiones a la imaginación y de renovar los lenguajes artísticos. El expresionismo defendía la libertad individual, la primacía de la
expresión subjetiva, el irracionalismo, el apasionamiento y los temas prohibidos –lo morboso, demoníaco, sexual, fantástico o pervertido–. Intentó reflejar una visión
subjetiva, una deformación emocional de la realidad, a través del carácter expresivo de los medios plásticos, que cobraron una significación metafísica, abriendo los
sentidos al mundo interior. Entendido como una genuina expresión del alma alemana, su carácter existencialista, su anhelo metafísico y la visión trágica del ser
humano en el mundo le hicieron reflejo de una concepción existencial liberada al mundo del espíritu y a la preocupación por la vida y la muerte, concepción que se
suele calificar de "nórdica" por asociarse al temperamento que tópicamente se identifica con el estereotipo de los países del norte de Europa. Fiel reflejo de las
circunstancias históricas en que se desarrolló, el expresionismo reveló el lado pesimista de la vida, la angustia existencial del individuo, que en la sociedad moderna,
industrializada, se ve alienado, aislado. Así, mediante la distorsión de la realidad pretendían impactar al espectador, llegar a su lado más emotivo e interior.
El expresionismo no fue un movimiento homogéneo, sino de gran diversidad estilística: hay un expresionismo modernista (Munch), fauvista (Rouault), cubista y
futurista (Die Brücke), surrealista (Klee), abstracto (Kandinski), etc. Aunque su mayor centro de difusión se dio en Alemania, también se percibe en otros artistas
europeos (Modigliani, Chagall, Soutine, Permeke) y americanos (Orozco, Rivera, Siqueiros, Portinari). En Alemania se organizó principalmente en torno a dos grupos:
Die Brücke (fundado en 1905), y Der Blaue Reiter (fundado en 1911), aunque hubo algunos artistas no adscritos a ningún grupo. Después de la Primera Guerra
Mundial apareció la llamada Nueva Objetividad, que si bien surgió como rechazo al individualismo expresionista defendiendo un carácter más social del arte, su
distorsión formal y su colorido intenso les hacen herederos directos de la primera generación expresionista.
Los nahuas son un grupo de pueblos nativos de Mesoamérica, fueron ancestros de los mexicas y otros pueblos antiguos de Anáhuac que tenían en común la lengua
náhuatl. Actualmente el término mexicano es su autodenominación y mexicanero (en el estado de Durango). Su nexo principal era su lengua, el náhuatl o nahuat,
además de grandes similitudes en su religión y cosmovisión. Son nahuas los pueblos prehispánicos de Texcoco, Tlaxcala, Chalco, Cholula, Azcapotzalco, Acolhuacán y
los Mexicas entre otros, destacan estos últimos por la fundación de Tenochtitlán y su influencia sobre los otros pueblos de la región y con los estados de Morelos,
Michoacán e Hidalgo.
En el momento de la Conquista de América por parte de la corona española, los nahuas se habían expandido a la América Central y contaban con importantes
asentamientos en la vertiente del Pacífico de Nicaragua, en el istmo de Rivas a orillas del Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca. Además, había comunidades nahuas en
la boca del río San Juan, así como en la región de Bagaces (Costa Rica) y en la cuenca del Sixaola, en la región fronteriza entre Costa Rica y Panamá.
Los nahuas eran nombrados diferente según la región donde habitaban:
 en México se llamaron Aztecas o Mexicas
 en Guatemala, Pipiles
 en El Salvador, Pipiles
 en Nicaragua, Nicaraos o Niquiranos
La presencia probable de los nahuas en Mesoamérica es relativamente reciente y se sitúa en torno al 500 d. C.
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o incluso después. De acuerdo con las leyendas
mēxicas, que se remontan a hechos sucedidos entre los siglos XI y XIII, los nahuas, antecesores de los mexicas, eran originarios de una tierra pantanosa llamada Āztlán
(= 'Tierra de garzas'). Este nombre es la base del nombre de la historiografía moderna āztēca (= '[habitante] de Aztlán') para referirse de manera inexacta a los
Mexicas de Tenochtitlán, los Alcohuas de Texcoco y los tepanecas de Tacuba (Ya que los nahuas de la Triple Alianza eran descendientes de los pueblos de Aztlán, pero
la denominación usada por los cronistas era Aztepanecas).
Por otra parte las evidencias arqueológicas y lingüísticas sugieren que los pueblos nahuas entre el siglo V y el siglo XIII establecieron la lengua desde el occidente y
centro de Mesoamérica, hasta tan al sur como Veracruz, Chiapas, el estrecho de Tehuantepec, Guatemala, Cuzcatlán (El Salvador), Señorío de Nicaraocallí (actual
puerto lacustre de San Jorge) y Ometepe (Nicaragua).
En el período histórico, parcialmente documentado en las fuentes mexicas, sugieren que tras haber entrado en Mesoaméica procedentes del norte, pudieron haber
estado implicados en el colapso de Teotihuacán (c. 800 d. C.) y más tarde la clase dominante de la cultura tōltēca (siglos X a XII) habría sido nahua, o al menos haber
usado el náhuatl. Tras el colapso de este estado los mexicas descendientes de los nahuas fundaron Méhxico-Tenōchtítlān, finalmente conquistado por los españoles
en el siglo XVI. Después de esa fecha el náhuatl continuó siendo la lengua principal de México por un tiempo, y aunque declinó de manera importante durante los
siglos XVIII y XIX sigue siendo usado actualmente por más de un millón de personas.
Sus costumbres de vida se fueron transformándo de manera lenta. Poblaron el territorio de México actual donde ocurrió un cambio trascendental: el descubrimiento
del maíz.
Además, el cambio de flora y fauna fueron determinantes para desarrollar la vida nómada y para influir en los asentamientos, como en las poblaciones coloniales.
Tamaulipas se pobló fundamentalmente con dos tipos de grupos humanos: por una parte, la región septentrional es ocupada por conjuntos nómadas; la frontera de
tales naciones, como las llama Alejandro Prieto, fue el Trópico de Cáncer; y, por otro lado, los desarrollados hacia el sur de esta línea cultural divisoria fueron grupos
sedentarios de tipo mesoamericano. Se dice que estos últimos indígenas llegaron al territorio mexicano alrededor del año 3875 antes de la era cristiana, convirtiendo
a esta civilización en una de las más antiguas de todo el mundo. Alejandro Prieto, importante historiador tamaulipeco, señala que una numerosa nación llamada
Nahua apareció en las aguas del Golfo de México a bordo de embarcaciones rudimentarias provenientes del norte del continente. Llegaron al Pánuco, atravesaron el
territorio hacia el Sur y, en un lugar conocido como los Llanos de Apan y las riberas del río Atoyac, se establecieron.
Hay alguna confusión sobre la procedencia de estos nahuas con respecto al nombre verdadero del antiguo reino de donde vinieron, pues históricamente es
nombrado como Chicomostoc, Amaquemecan o Culhuacán antiguo, sin que nadie pueda asegurar si estos nombres se refieren a una sola nación primitiva del Norte o
a tres distintas.

El 22 de enero de 1932, en medio de la crisis nacional, producida por la caída de los precios del café, Ama dirigió el levantamiento popular en Izalco. Los alzados
tomaron el control del pueblo y atacaron a los terratenientes y al alcalde municipal. Seis días después, el 28 de enero, las tropas del gobierno retomaron, el control de
la localidad. La represión gubernamental, contra los sublevados, resultó en la muerte de cientos de pobladores de Izalco. Feliciano Ama, fue detenido y ahorcado,
aunque algunas versiones señalan que habría sido linchado hasta morir, siendo después colgado.
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Según izalqueños, a Feliciano lo colgaron de un árbol en el parque
central Saldaña, del Barrio La Asunción en el municipio de Izalco, departamento de Sonsonate.
Los historiadores todavía debaten la influencia de los miembros del Partido Comunista Salvadoreño en la insurrección. Algunos estudios recientes, privilegian el papel
de las cofradías indígenas, como la encabezada por Ama, en la organización del levantamiento y piensan que el papel de los comunistas fue marginal.
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El Batallón Atlacatl, fue uno de los batallones de infantería de reacción inmediata (BIRI) del ejército Salvadoreño, creado en 1980 en la Escuela de las Américas del
ejército estadounidenese, que estaba localizada en Panamá. Fue, junto con el resto de los BIRI, uno de los principales luchadores en la guerra civil salvadoreña. Fue
nombrado en honor a Atlacatl, una figura legendaria de la historia salvadoreña.
Los primeros soldados entrenados de este batallón llegaron a El Salvador en 1981 y eran campesinos de los cuales muchos de ellos eran nahuas pipiles. El batallón fue
entrenado en Fort Bragg, Carolina del Norte, por las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos y el Segundo Batallón, 505ª de Infantería de la 82.ª División
Aerotransportada. Como resultado de su formación EE.UU., el batallón tenía una estrecha relación con los asesores militares de los Estados Unidos y las Fuerzas
Especiales Estadounidenses que operaban en El Salvador durante la guerra civil de los años 1980s.
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El batallón llevó a cabo algunas de las atrócidades de la guerra,
incluyendo la Masacre del Mozote en diciembre de 1981 y el homicidio de seis jesuitas en noviembre de 1989 bajo las órdenes del entonces coronel René Emilio
Ponce.
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El Batallón fue disuelto por la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec en 1992 que pusieron fin a los doce años de guerra civil en El Salvador. La Guerra Civil
Salvadoreña fue el fin de la influencia azteca en el país salvadoreño, miles de pipiles fueron asesinados durante las luchas armadas. Hoy en día, solo quedan menos de
200 habitantes de habla náhuatl pipil en todo el país, la mayoría son adultos mayores que tristemente observan el ocaso de su cultura.