III. B.

LA PRÁCTICA DE LA MEDIACIÓN
1. LA INFRACCIÓN PENAL COMO EXPRESIÓN DE UN
CONFLICTO
El conflicto se produce en situaciones en las que dos o más personas se en-
cuentran en desacuerdo u oposición debido a intereses o deseos vividos como
incompatibles. Esos intereses están impregnados de emociones que juegan un
papel crucial en la generación y la resolución del mismo. La infracción penal,
en este sentido, es considerada como la expresión del conflicto entre las partes
y por lo tanto, sin dejar de lado lo que significa en términos jurídicos, el sistema
de justicia penal puede tener en consideración la solución que puedan dar al
conflicto dichas partes implicadas
572
. En la mediación el conflicto se convierte
en una oportunidad y el proceso en una experiencia constructiva, de aprendi-
zaje y crecimiento.
1.1. Definicion de conflicto
Si queremos entender el proceso de mediación, antes tenemos que definir
conflicto. La concepción clásica de conflicto lo establecía como una competi-
ción o lucha entre dos o más partes para conseguir un resultado mutuamente
excluyente, es decir, “tú ganas y yo pierdo” y se desprendía, a su vez, cierta inca-
pacidad para resolverlo por las partes, con la necesidad de la intervención de
una tercera persona para solucionarlo.
En la actualidad, la concepción es distinta: “conflicto es la percepción de
una divergencia de intereses, o la creencia de las partes de que sus aspiraciones
actuales no pueden satisfacerse simultánea o conjuntamente” (Pruit y Dubin,
1986)
573
. Aunque difieren en definiciones conceptuales y en dar más importan-
cia a unos aspectos que a otros, coinciden en que la raíz de los conflictos es la
negación de las necesidades humanas, que su resolución pasa por la satisfac-
ción de éstas y que en algunos casos son necesarios cambios estructurales. Esta
concepción de conflicto es uno de los pilares de la mediación.
572
GONZÁLEZ-CAPITEL, Celia. Mediación X7. Editorial: Atelier. Barcelona, 2001. Pag. 213.
573
Citado por HOROWITZ, Sara. Mediación una respuesta interdisciplinaria. Editorial Eudeba.
Buenos Aires, 1997, Pags.. 111 y ss.
206 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
El conflicto es consustancial a la vida en sociedad, son fenómenos natura-
les que forman parte de la vida de todas las personas, inherentes e ineludibles
de las relaciones sociales. Conflictos encontramos en muy diversos ámbitos de
la vida, laboral, familiar, matrimonial, también en el marco penal, y cada uno
de ellos va a necesitar un tratamiento diferente. El planteamiento de partida ra-
dica en dos posiciones, motivaciones, intereses, ambiciones, puntos de vista…
distintos ante una misma situación
574
.
El conflicto tiene su propio ciclo vital, es dinámico. Tomaré la división que
hace Rummel del conflicto en cinco fases
575
: 1) conflicto latente; 2) iniciación
del conflicto; 3) búsqueda de equilibrio de poderes; 4) equilibrio de poder; 5)
ruptura del equilibrio.
Esa espiral se pone en movimiento mediante el cambio que puede afectar
a la estructura del conflicto y producir nuevos conflictos, dato importantísimo
en la resolución de los mismos, ya que es necesario tener en cuenta los temores
que en ocasiones producen los cambios en las personas.
1.2. Tipos
Se producen de muchas formas y a todos los niveles del comportamiento
humano. Los hay intrapersonales, interpersonales e intergrupales. En cual-
quier situación, el conflicto puede estar ocurriendo en todos los niveles de for-
ma simultánea
576
.
No son positivos o negativos, depende de la forma de resolverlos o condu-
cirlos. Son origen de cambios, tanto personales como sociales
577
. Ahora bien, la
574
“El conflicto es un proceso interaccional, dinámico, que como tal nace, crece, se desarrolla y
puede a veces transformarse, desaparecer y/o disolverse, y otras veces permanecer estacionario; que se
construye recíprocamente entre dos o más partes, entendiendo por partes a personas, grupos grandes
o pequeños, en cualquier combinación; en el que predominan las interacciones antagónicas sobre las
cooperativas. Algunas veces el antagonismo llega a la agresión mutua; donde las personas que intervie-
nen lo hacen como seres totales con sus acciones, pensamientos, afectos y discursos” (SANTACRUZ, Sa-
ra. La orientación familiar en situaciones de conflicto. Curso organizado por el Ministerio de Trabajo y Asun-
tos Sociales. Dirección General de Acción Social del menor y de la Familia. Octubre de 1998).
575
RUMMEL, R.J. Understanding Conflict and War. New York, 1976. Por su parte, MOORE, C.
menciona que los mediadores participan en diferentes niveles de conflicto -latentes, emergentes y
manifiestos-, según su nivel de organización e intensidad. Los conflictos latentes se caracterizan por
las tensiones básicas que no se han desarrollado por completo. A menudo una o más partes quizá
ni siquiera tengan conciencia de que exista un conflicto; los conflictos emergentes son disputas en
que se identifica a las partes, éstas reconocen que hay una discrepancia, pero no se ha procedido a
desarrollar una negociación o un proceso de resolución de problemas; por último, los conflictos
manifiestos son aquellos en que las partes se comprometen en una disputa dinámica y pueden ha-
ber comenzado a negociar, pero quizá han llegado a un callejón sin salida. (The Mediation Process:
Practical Strategies for resolving conflict.. Jossey-Bass Publishers. San Francisco,1996).
576
FONS JIMÉNEZ, G. Manual de psicología jurídica e investigación criminal. Editorial Psicología
Pirámide. Madrid, 2005, Pág, 230.
577
GROVER DUFFY, Karen/GROSCH, James W./OLZACK, Paul V. La Mediación y sus contextos de
aplicación. Una introducción para profesionales e investigadores. Paidós, Barcelona, 1996. Capt. 15.
207 La mediación en el Derecho penal de menores
dirección depende de la solución que se le dé, que pasa por satisfacer las nece-
sidades subyacentes.
La conducta de conflicto es la reacción ante la percepción de que las aspi-
raciones propias actuales y las de la otra parte no pueden ser logradas simultá-
neamente (Deutsch, 1973)
578
. Esto hace que cada individuo desarrolle su pro-
pio estilo en su gestión. Se puede entender como una oportunidad de
“construir”, de evolucionar, como una opción de adaptación social.
2. SOLUCIONES EXTRAJUDICIALES AL CONFLICTO EN
JUSTICIA JUVENIL: MEDIACIÓN
A lo largo de la historia son apreciables diferentes formas de conducción
de conflictos. Estas diferentes modalidades constituyen un continuum que va
desde lo más informal a lo más formal
579
. El extremo más informal se caracteri-
za por generarse entre familiares, grupos de amigos, de trabajo…, es decir, en-
tre personas conocidas y con fuertes lazos afectivos. En el extremo formal en-
contramos organizaciones de complejidad creciente, que abarcan los procesos
judiciales, el ombudsman, algunas instituciones como el arbitraje…, sistemas
bien definidos, donde existen terceras personas implicadas con funciones con-
cretas. Entre estos dos extremos nos encontramos con el campo de la media-
ción.
A grandes rasgos, podemos definir tres modos de resolución de conflictos:
1. Negociación: procedimiento de discusión que se establece entre las
partes adversas, y cuyo objetivo es el de llegar a un acuerdo aceptable
por todos. La negociación se inserta a menudo en un marco más o
menos codificado o normativo.
2. Mediación: Se trata de una negociación entre las partes adversas, en
presencia de una tercera parte, neutral, cuyo papel consiste en facili-
tar la búsqueda de una solución para el conflicto. El mediador no tie-
ne ningún poder para imponer una solución a los protagonistas.
3. Arbitraje: Las partes en conflicto se someten al juicio de una tercera
parte, para resolver el problema. El árbitro tiene poder de decisión
para formular una solución que tiene fuerza de ley, y las partes deben
acatarlo.
Todos estos procesos tienen en común que se recurre a un tercero para fa-
cilitar la resolución. Esta figura, incluso en algunos casos, está revestida de auto-
ridad.
En el proceso de mediación, el mediador no tiene ningún poder sobre las
partes y son éstas las que deciden qué solución aportar al problema; permiten
578
DEUTSCH, M. The Resolution of Conflict. Yale University Press. New Haven, 1973.
579
SUAREZ, Marinés. Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas. Editorial Paid-
ós Mediación. Buenos Aires, 1996, pág. 42 y ss.
208 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
que sean los propios implicados quienes, partiendo del diálogo y con asistencia
de un tercero neutral e imparcial, alcancen una solución ajustada a sus necesi-
dades reales y les responsabiliza directamente de su cumplimiento,
Actualmente con la LO 5/2000, en el ámbito del Derecho Penal de Meno-
res subyace, como en el conjunto de las intervenciones a lo largo del procedi-
miento, el criterio pedagógico de la “responsabilización”, ser consciente y respon-
sable de los actos propios y de sus consecuencias, para sí mismo y para los demás.
Haciendo valer dicho criterio, la mediación es uno de los posibles sistemas de
resolución de conflictos, que permite, abogando por una justicia restaurativa,
la Ley Orgánica 5/2000.
2.1. Definición
La sanción penal da respuesta al hecho, pero no resuelve el conflicto y no
es siempre la mejor solución para las partes, en tanto que la mediación parte
del hecho delictivo para llegar a entender el problema a fin de facilitar formas
de solución válidas para el futuro.
La mediación (concepto jurídico) equivale a poner en contacto a la víctima y
al infractor, y supone la intervención de una tercera persona, que trata de al-
canzar un acuerdo y compromiso en el conflicto que opone al infractor y a la
víctima, atendiendo adecuadamente a los derechos e intereses de ambos y tam-
bién a los de la comunidad.
La mediación (concepto educativo) es un proceso informal, flexible y volun-
tario, donde un tercero imparcial llamado “mediador” ayuda a las partes a re-
solver el conflicto. El mediador es una persona natural, es un tercero imparcial
y neutral especialmente entrenado para ayudar a la solución, actúa como un ca-
talizador pero sin tomar ninguna decisión, ya que son las partes quienes lo ha-
cen por sí mismas, con la ayuda e intervención de aquel.
Es definida por Folberg
580
, como “el proceso de resolución y manejo del
conflicto que devuelve a las partes la responsabilidad de tomar sus propias deci-
siones en relación con sus vidas”. Según Sara Cobb
581
, es: “un proceso que es-
tructura la intervención de las partes involucradas en modos que favorecen, si-
multáneamente, su participación y su legitimidad, permitiéndoles asumir
responsabilidad en términos de diseñar la resolución de su disputa”. Algunas
definiciones (Jünger-Tas)
582
centran la actividad en el encuentro entre el in-
fractor y su víctima. Los objetivos en éste caso son: a) el reconocer los intereses
580
FOLBERG, J. y TAYLOR, A. Mediation: A Comprehensive Guide to Resolving Conflicts Without Liti-
gation. Jossey-Bass. San Francisco, 1984.
FOLBERG, Jay y TAYLOR, Alison. Mediación. Resolución de Conflictos sin Litigio. Limusa Noriega
Editores. México, 1997.
581
COBB, Sara. Seminario teórico-práctico sobre Mediación familiar: La transformación de narrativas
conflictivas. impartido por en Madrid los días 24 y 25 de Marzo de 2000.
582
JUNGER-TAS, Josine/RIBEAUD, Denis/MAARTEN J. L. F. Cruyff. “Juvenile Delinquency and
Gender” en European Journal of Criminology, Jul 2004; vol. 1: pp. 333 - 375.
209 La mediación en el Derecho penal de menores
de la víctima más efectivamente a través del proceso de mediación; b) promo-
ver una reconciliación real entre infractor y la víctima.
Otras (Jiménez Salinas y Riffa)
583
enfatizan el encuentro dirigido al conoci-
miento del daño por parte del autor y la restitución real a la víctima, o la vuelta
a la resolución de conflictos de una forma real, con el consiguiente alejamiento
del modelo clásico retributivo y del modelo de reinserción (Dünkel).
584
La mediación devuelve a las partes un conflicto que les pertenece, dándo-
les la oportunidad de definirlo y de resolverlo.
2.2. Aspectos psicoeducativos versus juridicos
En todo conflicto las emociones y los sentimientos están presentes. De en-
trada indica que alguna cosa no funciona como querrían las partes implicadas y
ese malestar les motiva a buscar una solución para sentirse mejor. Por eso, hay
que tener en cuenta las etapas emocionales
585
por las que pasan generalmente
los conflictos, de cara a elegir el mejor momento para evaluar la posibilidad de
la mediación y el mejor momento para proponerla. Estas etapas son:
Los mediadores tienen en cuenta los sentimientos y dejan espacio para
que las personas puedan resolverlos. Si el individuo está demasiado afectado
(tristeza) o fuera de control (ira), no es buen momento para iniciar la media-
ción ya que no está en disposición de reflexionar con tranquilidad y será conve-
niente dejar pasar un tiempo para que pase a otra etapa. Por otro lado, tal como
583
GIMÉNEZ-SALINAS, E. y RIFFA, A.,. Introducció al dret penitenciari: Teoría y práctica. Centre
d’Estudis Juridics i de Formació Especialitzada,. Barcelona, 1992.
584
DÜNKEL, F. “Mediación delincuente-víctima y reparación de los daños”. En DÜNKEL, F. Y ZERMA-
TTEN, J. Nuevas tendencias en el derecho penal de menores. Dirección General de Protección Jurídica del
Menor. Madrid, 1991. DÜNKEL, F. y RÖSNER, D., “Law and practice of victim-offender agreements”.
En The mediation and criminal justice, (C. 17,152-177). M. Wright & B. Galaway (eds). London, 1989.
585
GONZÁLEZ-CAPITEL, Celia. Manual de mediación. Editorial Atelier, Barcelona 2001, pág. 29
y ss.
Incredulidad Actitud positiva
Ira Confianza
Nostalgia Esperanza
Melancolía Aceptación
Tristeza.
(depresión)


210 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
señala Watzlawich
586
, trabajamos con la concepción particular y subjetiva de las
cosas y el valor que le otorga cada cual, afectando todo ello a la comunicación
(realidad de segundo orden)
La víctima realmente se siente escuchada y comprendida, siente que real-
mente tiene algo que ver en el proceso, previniendo la victimización secunda-
ria. Al priorizar la participación de la víctima, fuera particular o institucional, al
abordar el delito en términos de conflicto, se facilita el acercamiento y el enten-
dimiento entre menor y víctima
587
.
En las mediaciones, se escucha a la víctima, se tienen en cuenta además sus
sentimientos y necesidades, y sólo eso ya le produce satisfacción moral.
2.3. Características
El sistema de mediación se caracteriza por crear un contexto más flexible,
pero formalizado en varias etapas, que varían según la escuela de mediación o
el modelo/fundamentación teórica a la que se adscriban.
Como elementos comunes a todos los modelos tenemos:
• Se trata de un proceso más informal que el proceso judicial.
• La figura del “mediador”. El mediador no tiene poder para obligar a
cumplir sus apreciaciones sobre la situación, ni sus decisiones, sino
que simplemente guía.
• No está establecido en un código, el cual se establece por parte del
mediador y las partes lo aceptan, en el cual se fijan algunas reglas for-
males, como son la voluntariedad, los plazos, el resultado, etc.
• Es de carácter voluntario la iniciación del proceso.
• Se tiene en cuenta dos aspectos del conflicto: el tema discutido y la re-
lación entre las partes.
• Las partes no están obligadas a llegar a un acuerdo, se puede abando-
nar el proceso en cualquier momento.
• No hay ganadores ni perdedores, ambos ganan.
• El coste económico es inferior al del proceso judicial.
Existen características especiales que diferencian la mediación en Dere-
cho Penal de Menores de otros tipos de mediación (familiar, comunitaria, labo-
ral, etc). Las principales son
588
:
586
WATZLAWICK, Paul et al. Teoría de la comunicación humana. Herder, 9ª Edición. Barcelona,
1993; Del mismo autor: Cambio. Herder. Barcelona, 1976; El Lenguaje del cambio. Herder. Barcelo-
na, 1980; Es real la realidad. Herder. Barcelona, 1979; WATZLAWICK, Paul.(compilador) La Realidad
Inventada. Gedisa. Buenos Aires, 1988.
587
Nogueras, A. “La mediación en el ámbito penal juvenil”. Revista de Educación Social. Media-
ción. Nº 2. (2.004), pag.2.
588
ÁLVAREZ RAMOS, Fernando. “Mediación penal juvenil y otras soluciones extrajudiciales” en In-
ternacional e-Journal of Criminal Science. artículo 3, nº 2, 2008 (disponible en internet: http://
www.ehu.es/ojs/index.php/inecs/article/viewArticle/258).
211 La mediación en el Derecho penal de menores
• Las partes vienen determinadas por el Derecho Penal, autor y víctima.
No existe de entrada igualdad entre las partes, sino que ocupan un rol
muy diferenciado desde el principio. Una ejerce la reparación y otra
la recibe.
• El punto de partida no es el problema propiamente dicho, sino el he-
cho penal, la denuncia. Si bien, en ocasiones, es posible abordar un
conflicto más amplio por medio del hecho penal que las partes no
pueden separar del asunto.
• El resultado no es confidencial sino que será conocido por al menos
las instancias judiciales, quien validará o desestimará y en virtud de
ello el proceso de mediación será alternativa al proceso judicial o no.
• Destacar el potencial educativo y facilitador de la reflexión y la asun-
ción de responsabilidad.
• Modelo idóneo por su escaso valor estigmatizante, alto valor pedagó-
gico y su carácter de menor represión.
3. MODELOS
Se diferencian tres líneas de pensamiento, que dan lugar a tres tipos de
modelos de mediación:
a) Modelo Tradicional-Lineal (Harvard). Creado en la Universidad de Har-
vard hace tres décadas, define la Mediación como una negociación
colaborativa asistida por un tercero; el conflicto es entendido como
un obstáculo para la satisfacción de necesidades e intereses, siendo el
objetivo de la Mediación el que las partes trabajen en colaboración
para resolverlos. Se realiza una búsqueda de opciones que beneficien
a ambas partes, las que son seleccionadas conforme a criterios enten-
didos como legítimos u objetivos. El rol del mediador es controlar la
interacción de las partes en el proceso. El procedimiento es estructu-
rado, aunque con la flexibilidad suficiente para lograr el resultado y
se desarrolla en sesiones conjuntas y privadas. Las diferencias funda-
mentales entre el modelo de Harvard y los otros dos son por una par-
te la conceptualización de la comunicación y por otro lado la impor-
tancia atribuida al acuerdo.
b) Modelo Transformativo (Bush y Folger). Basado en la visión trasformado-
ra que tiene el conflicto. De acuerdo a los autores, surge de preocupa-
ciones, insatisfacciones, tensiones personales que deben verse como
oportunidades de crecimiento. Este modelo se focaliza en el desarro-
llo de potenciar el cambio de las personas al descubrir sus propias ha-
bilidades, aunque valora que dentro del proceso se llegue a acuerdos
y que éstos sean satisfactorios para las partes. El rol del mediador es el
de facilitador del proceso de crecimiento por el control del proceso
de mediación.
212 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
c) Modelo Circular-Narrativo (Sara cobb)
589
. Se centra en la comunica-
ción y las relaciones interpersonales entre las partes. Parte de un su-
puesto básico: la realidad social se construye mediante el relato de his-
torias. Los conflictos son el producto de la coherencia entre las
historias. Este modelo pone énfasis en la comunicación y en la inte-
racción de las partes. Focaliza su trabajo en las narraciones de las per-
sonas. Se funda en que para llegar a acuerdos las partes necesitan
transformar el significado de las historias conflictivas, motivo por el
cual llegan a mediación, de tal manera que quedan mejor posiciona-
das y es posible salir de sus planteamientos iniciales. El rol del media-
dor consiste en ayudar a cambiar los estilos de comunicación, de
modo que las partes interactúen de manera diferente y por lo tanto se
produzcan cambios que permitan llegar a acuerdos.
4. PROCESO DE MEDIACIÓN
La mediación puede describirse como un proceso organizado en etapas,
cada una con un objetivo propio. La flexibilidad de la mediación es una de sus
características destacables
590
. A pesar de ello es necesaria la sistematización y es-
tructuración de la intervención, siempre teniendo en cuenta el caso concreto.
Según Christopher Moore
591
, las etapas corresponderían a dos grandes catego-
rías: el trabajo que realiza el mediador antes de reunirse con las partes (cinco
etapas) y los movimientos que realiza una vez reunido (siete etapas)
592
, intere-
sante también es el Protocolo elaborado en el IV Congreso de la Asociación
Iberoamericana de Psicología Jurídica, celebrado en Madrid en el año 2001
593
.
589
GONZÁLEZ-CAPITEL, Celia. “Manual de mediación”. Op. cit. págs. 67 y ss.
590
HOROWITZ, Sara. Mediacion. Convivencia y resolucion de conflictos en la comunidad. Editorial
Grao. Barcelona, 2007. Pág. 68.
591
MOORE, Christopher. El Proceso de Mediacion. Editorial Granica. Buenos Aires, 1995. Págs.
66 y ss.
592
ETAPA I. Contactos iniciales con las partes en disputa; ETAPA II. Elegir una estrategia
para orientar la mediación; ETAPA III. Recopilar y analizar la información de antecedentes; ETA-
PA IV. Idear un plan detallado de mediación; ETAPA V. Creación de confianza y cooperación;
ETAPA VI. Comienzo de la sesión mediadora; ETAPA VIII. Revelación de los intereses ocultos de
las partes en disputa; ETAPA VIII. Revelación de los intereses ocultos de las partes en disputa;
ETAPA IX. Crear alternativas de arreglo; ETAPA X. Evaluación de alternativas de acuerdo; ETAPA
XI. Negociación definitiva; ETAPA XII. Obtención de un acuerdo formal.
593
Los pasos del protocolo serían los siguientes: 1º.- Selección previa por parte del Equipo
Técnico de los casos susceptibles de mediación, partiendo de los datos obrantes en el expediente
(atestado, denuncia, declaraciones, documentos, informes, actuaciones...).
2º.- Propuesta Inicial de Mediación del Equipo Técnico dirigida al Mº Fiscal.
3º.- Decreto y Comunicación del Mº Fiscal al Equipo Técnico sobre la aceptación, rechazo o
modificación de la Propuesta Inicial de Mediación. Estos tres primeros pasos no serán necesarios
cuando la petición de mediación venga directamente solicitada del Ministerio Fiscal.
4º.- Primer contacto del Equipo Técnico con el menor y la víctima o perjudicado, para eva-
luar la posibilidad de mediación.
5º.- Encuentro entre menor, víctima y Equipo Técnico. Toma de acuerdos entre las partes,
213 La mediación en el Derecho penal de menores
De obligada mención es el Reglamento de la Ley 5/2000, ya que marca las di-
rectrices a seguir en los procesos de mediación llevados a cabo en Derecho Pe-
nal de Menores cuyo artículo 5 regula el modo de llevar a cabo las soluciones
extrajudiciales, ya tratado en anteriores epígrafes.
Haciendo un repaso por la Mediación Penal Juvenil en España, concreta-
mente en Granada, se parte de una participación activa por parte de la víctima
que se canaliza a través del mediador. Este último iniciará el trabajo con el in-
fractor en casos que tengan mucha probabilidad de éxito, sin embargo tendrá
siempre muy en cuenta la opinión de la víctima. Partiendo siempre de su crite-
rio, ofrecerá al menor una reparación económica o una actividad educativa en
beneficio de la sociedad. El menor siempre pide disculpas a la víctima, a través
del mediador, expresando si las acepta o no. Si la víctima no acepta este proce-
so, el caso seguirá el procedimiento de responsabilidad penal ordinario. Desde
dicha experiencia no ha sido posible contar con una participación directa por
parte de la víctima.
En Cataluña el programa de mediación de Jaime Martín y José Dapena
594
se ha llevado a cabo teniendo como referencia, prácticamente exclusiva, la reg-
593
6º.- Elaboración del Informe Propuesta de Mediación, con indicación expresa del tipo de
mediación que se va a llevar a cabo (conciliación, reparación o actividad educativa), del conteni-
do y de la finalidad de la misma. (Art. 27.3).
7º.- Decreto y Comunicación del Mº Fiscal al Equipo Técnico sobre la conformidad o discon-
formidad para que se lleve a cabo la propuesta de mediación contenida en el IPM.
8º.- Realización por parte del Equipo Técnico de las gestiones y actos de mediación entre
menor y víctima o perjudicado.
9º.- Elaboración y entrega del Equipo Técnico al Mº Fiscal del Informe Final de Mediación
sobre lo actuado y su resultado. En caso de resultado positivo no será preciso elaborar un informe
de las características y contenidos del art. 27.1 En caso de resultado negativo se elaborará el infor-
me del art. 27.1.
594
DAPENA, José/MARTÍN, Jaime (coords). La mediación penal juvenil en Cataluña, España. Di-
rección General de Medidas Penales Alternativas y de Justicia Juvenil, Barcelona, 1998 (disponi-
ble en internet: http://www.restorativejustice.org/10fulltext/dapena/view). El esquema del pro-
ceso metodológico que siguen es el siguiente:
1. Entrevista con las partes:
a. Entrevista con el menor. Valorar su visión sobre el conflicto y la viabilidad de la media-
ción. Informar sobre el motivo de la intervención judicial, qué características tiene la justicia juve-
nil, el significado del programa de mediación y reparación y el rol del mediador.
b. Entrevista con la víctima. Valorar su visión sobre el conflicto y la viabilidad de la media-
ción. Informarla sobre los trámites hechos por el Ministerio Fiscal relativos a la apertura de expe-
dientes, sobre el ámbito de la justicia juvenil, el programa de mediación y reparación, el rol del
mediador y la voluntad del joven de reparar.
2. Análisis del mediador sobre el conflicto. Se acerca a una visión global del conflicto. Valora:
a. si existe realmente un conflicto, o bien un daño a reparar.
b. que la mediación no sea contraproducente para ninguna de las partes.
c. que éstas tengan interés en buscar una solución, en explicarse y escucharse mutuamente.
d. que el menor esté dispuesto a reparar y la víctima tenga interés en ser reparada.
El mediador tiene que tener en cuenta el marco metodológico de referencia y la particulari-
dad del conflicto con vistas a la continuación del proceso.
3. Concreción del programa.
214 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
la 6ª de la Ley, es decir, como alternativa a la continuación del procedimiento
judicial. El proceso de mediación se inicia a instancia del Ministerio Fiscal en
todos aquellos casos en que se considere que la gravedad del delito y la natu-
raleza del conflicto permiten vislumbrar una posible solución extrajudicial. Las
características de ese proceso varían según se trate alcanzar el objetivo de la
conciliación entre las partes y/o la reparación, así como de la participación di-
recta o indirecta de la víctima en el mismo. Una vez finalizada la mediación y
reparación el mediador hace llegar al Ministerio fiscal el documento de acuer-
dos, firmado por las partes, y una valoración general del proceso. Este, tenien-
do en cuenta el hecho delictivo y la reparación efectuada, propone al juez de
menores el sobreseimiento y la conclusión del expediente. El programa priori-
za, siempre que sea posible, la participación de la víctima, la reparación directa
a ésta como parte perjudicada por la acción del joven y la solución del conflicto.
En aquellos casos en que el menor asume un compromiso de reparación y no es
posible la participación de la víctima, el programa ofrece otras alternativas.
En el País Vasco, Fernando Álvarez
595
, del Equipo psicosocial judicial, ex-
pone como esquema del proceso metodológico de la mediación penal juvenil
el siguiente:
• Recepción del caso y análisis de la documentación.
• Contacto por separado con las partes:
– Contacto con el menor y su familia:
• Encuadre.
• Evaluación de los criterios de acceso.
• Valoración del mediador de esta fase.
– Contacto con la víctima:
• Actitud de escucha y evaluación de los criterios de acceso.
• Valoración del mediador de esta fase.
• Valoración del mediador y tipo de programa:
– Con participación de la víctima
– Sin participación de la víctima.
595
a. Con participación de la víctima. Se produce el encuentro entre las partes, dando la opor-
tunidad a las mismas de formar parte de la solución y del conflicto que les afecta a los dos. Se crean
las condiciones que permiten al joven reparar el daño y a la víctima, ser compensada. Con la con-
creción de acuerdos entre las partes y su consentimiento, se crean las bases para solucionar el pro-
blema.
b. Sin participación de la víctima. Esto comporta, o bien valorar su compromiso reparatorio
o bien posibilitar la prestación de un servicio a la comunidad.
4. Valoración final del proceso por parte del mediador y elaboración de un informe. Tiene
en cuenta la actitud responsabilizadota del menor, los compromisos adquiridos, su cumplimiento,
la valoración que la víctima e infractor hagan sobre la mediación y sobre la solución del conflicto.
Con esta información se realiza un informe al Ministerio Fiscal. Éste, teniendo como referencia el
hecho delictivo y la reparación efectuada, interesa del juez de menores el sobreseimiento y la con-
clusión del expediente.
596
ÁLVAREZ RAMOS, F. op. cit.
215 La mediación en el Derecho penal de menores
• El encuentro y los acuerdos ó la reparación indirecta:
• Evaluación del proceso e informe.
5. BENEFICIOS Y CONTRAINDICACIONES.
Con carácter general, podríamos señalar como beneficios para el menor: el
darse cuenta del daño causado realmente y hacerse responsable del mismo, el
participar, junto a la víctima/perjudicado, en la forma de solucionar el conflic-
to, el reducir y/o eliminar la posibilidad de entrar en una “espiral de conflicto”.
Y por último, la posibilidad de sobreseimiento.
Como beneficios para la víctima/perjudicado tendríamos el ser escuchado, po-
der explicar el daño y el perjuicio ocasionado por la conducta del menor y par-
ticipar en la elección del modo en el que espera ser recompensado. Por otra
parte el intervenir, junto al menor, en la forma de solucionar el conflicto. Parti-
cipar en la acción de la justicia, dándole al menor la posibilidad de hacerse res-
ponsable de sus actos. Se personaliza el proceso y la solución del conflicto, te-
niendo en cuenta las circunstancias concretas de las dos partes.
Los beneficios para los padres del menor serían el asumir la responsabilidad que
les corresponde y que aprenden, muchas veces, a resolver ellos también los
conflictos.
Profundizando más detenidamente en los beneficios de la mediación en el
Derecho Penal de Menores, podemos señalar
596
: que la mediación es un proce-
so de responsabilización. Dicho proceso permite la toma de conciencia del
daño causado, a través de la reflexión. También la mediación trata la culpa y fo-
menta el autocontrol, previniendo la reincidencia.
Por otro lado reduce la victimización, proporciona un espacio de atención,
información y escucha a la víctima, a la vez que desdramatiza, contiene y repara.
La mediación por tanto es comunicación, responsabilización mutua, con-
vierte el “yo gano / tú pierdes” en “tú ganas / yo gano”
597
. El conflicto se convierte
en una oportunidad y el proceso en una experiencia constructiva, de aprendizaje
y de crecimiento. Actúa como inhibidor de la reincidencia. Aunque éste no sea
su objetivo, tiene efectos terapéuticos. Hace posible que los procesos sean más
ágiles, menos costosos y deja a las partes más satisfechas. Es una excelente herra-
mienta para la comunicación, la tolerancia y la práctica democrática.
A su vez podríamos destacar también los beneficios para la COMUNIDAD:
1. Reducir la sensación de impunidad de la sociedad, dando seguridad
de que se da respuesta a las conductas infractoras, con métodos edu-
cativos.
596
NOGUERES, Ana. “La mediación en el ámbito penal juvenil” En Revista de Educación Social,
nº 2. Monográfico: Mediación. 12/ago/2004 (disponible en internet: http://www.eduso.net/
res/?b=4&c=24&n=82)
597
CORNELIUS, H. y FAIRE, S. Tú ganas yo gano, Cómo resolver conflictos creativamente y disfrutar
con las soluciones. Editorial Gaia, 4ª edición. Madrid, 2000.
216 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
2. Hacer participe y responsable a la comunidad en la resolución del
conflicto, más cercana y útil.
Y para la Administración de JUSTICIA:
1. Agilizar y descongestionar de procedimientos los Juzgados.
2. Facilitar la aplicación del principio de intervención penal mínima.
3. Incorpora a la justicia juvenil elementos restitutivos o compensatorios
hacia la víctima.
En cuanto a las contraindicaciones podemos señalar, en general, que donde
exista una gran carga emocional que impida llegar a acuerdos no es recomen-
dable la mediación. Si dicha carga emocional la presenta la víctima, puede ser
que lo único que prevalezca sea la venganza. Tampoco se puede llevar a cabo
mediación si hay alguna psicopatología grave, tanto en la víctima como en el in-
fractor. Se necesita una mínima estructura en las personas, un equilibrio emo-
cional que no les impidan comunicarse asertivamente a lo largo del proceso.
También es necesario valorar adecuadamente la voluntariedad en la participa-
ción del proceso, la disposición real, que las condiciones necesarias se cum-
plan, ya que si alguna de las partes participa forzada o inducida por los padres
es contraproducente y no es conveniente iniciar dicho proceso. Hay conflictos
de extrema gravedad que por su naturaleza no son mediables. En ningún caso
la mediación es un sustituto de la práctica legal.
Posibles riesgos para las víctimas son: 1) el aumento de la victimación en cuan-
to que les suponga una carga más e incremente su miedo al delito, especialmente
en los casos graves; 2) la presión para aceptar el programa, en particular en comu-
nidades pequeñas; 3) las dificultades para salvaguardar su seguridad; 4) los proble-
mas con la confidencialidad del proceso; y 5) el incumplimiento de los acuerdos.
También los infractores pueden verse perjudicados: 1) al afrontar consecuencias
negativas si falla el cumplimiento; 2) si supone para ellos una mera escapatoria del
procedimiento convencional; 3) si se vulneran sus garantías; 4) cuando la censura
no es reintegrativa (al tratarse de víctimas vengativas o su antítesis, indulgentes).
6. IMPLANTACIÓN DE UN MODELO DE MEDIACIÓN EN
JUSTICIA JUVENIL
6. 1. La situación de partida
Para poner en marcha un programa de mediación en Justicia Juvenil es
muy importante que el tiempo transcurrido entre la comisión de la infracción y
el inicio del programa no sea excesivo, porque pierde efectividad. Partimos de
un caldo de cultivo muy concreto, en el que había que actuar con urgencia y cu-
yos ingredientes eran:
• Incremento de conductas violentas de menores en todos los ámbitos
de su vida: en el escolar (compañeros y profesores), en el familiar (pa-
217 La mediación en el Derecho penal de menores
rejas y padres/hermanos), con el grupo de iguales e inevitablemente
de forma directa o indirecta, hacia sí mismo.
• Aumento de la violencia en los delitos
598
.
• Incremento desmesurado de denuncias y, en particular, de lesiones,
de acoso (tratos degradantes) y de maltrato (familiar y de género).
Existencia de denuncias “preventivas” por hechos puntuales, pero
que, ante el temor de los padres a que se trasformaran en agresiones
continuadas, “por si pudiera convertirse en algo habitual”, denuncia-
ban.
• Delegación de responsabilidades. La cultura de la denuncia refuerza
esta conducta y es aprendida a través de los medios de comunicación,
“todo se resuelve en los Tribunales”. La primera opción de los padres
es la denuncia, lejos de plantearse enseñar a sus hijos a resolver los
conflictos mediando o, en los casos de violencia intrafamiliar, asumir
la parte de responsabilidad que también les corresponde, en vez de
delegarla en un tercero, el juez.
• Las víctimas se convierten en infractores, al entender que no existen
consecuencias negativas.
• La sensación de impunidad que presentan nuestros menores. Esto ge-
nera consecuencias cada vez peores. La modificación de la LORPM,
la Ley Orgánica 8/2006 responde, en parte, a la “alarma social” que
han producido los incidentes protagonizados por menores en los últi-
mos tiempos y por la “sensación de impunidad” que presentan ante
sus conductas antisociales.
• En este momento lo que se trasmite es el individualismo, consumismo
y la pasividad
599
. Dichos valores son aprendidos en los distintos con-
textos sociales y a través de los medios de comunicación, por ser tras-
misores de la ideología dominante que refleja valores y actitudes.
Existe en los menores un gran conformismo, una falta de espíritu rei-
vindicativo. Tal como refiere el doctor Enrique Rojas
600
, “en la actuali-
dad hay un vacío moral, y el materialismo, el hedonismo, la permisivi-
dad, el relativismo y el consumismo son los valores que imperan en la
sociedad”.
• La sensación de indefensión de la población en general, está fomen-
tando la psicosis con respecto a los jóvenes y responsabilizando “al
otro” de lo que está pasando en la sociedad, abogando por la no-asun-
ción de responsabilidades.
598
DIAZ AGUADO, Mª J./ ROYO, P. /SEGURA, Mª D./ ANDRÉS, Mª J. Programas de educación para
la tolerancia y prevención de la violencia en los jóvenes. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Institu-
to de la Juventud. Madrid, 1999.
599
LIPOVETZKY, Pilles. La era del vacío. Anagrama. Barcelona, 1995.
600
ROJAS, Enrique. El hombre light. Una vida sin valores. Editorial Temas de hoy. 1992. Pág. 24.
218 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
• Congestión de la Fiscalía y los Juzgados de Menores, así como sobre-
carga en los Equipos Técnicos. Todo ello desencadena la sobrecarga
de los Equipos de Medio Abierto y aumento de medidas de interna-
miento y saturación de los Centros de cumplimiento.
• Prescripción de expedientes “leves”. Al no actuar en estos asuntos de
forma inmediata, de tal manera que no prescriban antes de ser juzga-
dos, la sensación de “impunidad de las infracciones más cotidianas y
frecuentes cometidas por estos menores”
601
(como son las faltas con-
tra el patrimonio) aumenta, reforzando la reincidencia.
6.2. Programa de mediación en justicia juvenil
602
6. 2.1. Reorganización en Equipos Fiscales
Desde la Sección de Menores de la Fiscalía debe adoptarse como medida
ante esta situación, la reestructuración del trabajo en Equipos Fiscales. Esto signi-
fica un cambio radical en el funcionamiento, tanto de la referida Sección como
de los Equipos Técnicos. Dicho cambio implica que cada Fiscal cuenta, a lo lar-
go de todo el proceso judicial, con la asignación de un Equipo Técnico, siem-
pre el mismo, compuesto por un psicólogo, un trabajador social y un educador.
Es decir, cada Fiscal comparte con el Equipo Técnico las guardias y unifican sus
agendas. Esto posibilita:
a) Un trabajo en Equipo
603
: Partimos de un trabajo interdisciplinar y multi-
profesional, no sólo porque los ETs estén compuestos por Psicólogos,
Trabajadores Sociales y/o Educadores, sino también porque intervie-
nen otras figuras profesionales, al unísono, como son el Ministerio
Fiscal y los funcionarios asignados al Equipo Fiscal.
b) La definición de funciones, la diferenciación de criterios, jurídicos y educati-
vos, y la unificación de filosofía de intervención y metodología de trabajo.
Es necesario seguir la misma filosofía en la intervención, para no ge-
nerar actuaciones contradictorias e incoherentes que faciliten una in-
volución en el cambio del menor.
c) Una intervención inmediata: el ser asistido permanentemente el Fiscal
durante la guardia posibilita una respuesta inmediata al hecho delicti-
vo, no sólo en los casos urgentes, por la gravedad de los hechos (medi-
das cautelares), sino también en los casos leves que por su pronta
prescripción requieren de dicha intervención. Esta forma de trabajo
se ve beneficiada si las guardias son de 24 horas, ya que se cita en esa
semana todo lo que en ese día se registra. El mismo día de la cita se ex-
601
Exposición de motivos de la modificación de la LORPM, L.O. 8/2006, de 4 de diciembre.
602
Lectura recomendada: DIEZ, F. y TAPIA, G. Herramientas para trabajar la mediación. Ed. Pai-
dós. Mediación-9. Barcelona, 2000.
603
ANDERSON, Tom. El equipo reflexivo. Gedisa. Barcelona, 1994.
219 La mediación en el Derecho penal de menores
plora y se realiza el informe del art. 27.1 o se inicia el proceso de me-
diación.
Es importante hacer referencia a la actitud de los profesionales ante el pro-
blema que se plantea, porque “lo que pensamos condiciona lo que hacemos”. En este
sentido, partimos de dos premisas. La primera es que creemos en el carácter educa-
tivo
604
de la ley, en la línea de intervención psicoeducativa, es decir, que el me-
nor llegue a asumir su responsabilidad en el hecho protagonizado, y que se re-
suelva, en la medida de lo posible, las causas que generaron la comisión del
mismo. Con este objeto, abogamos por las llamadas “medidas alternativas”,
como son las actividades educativas, reparación del daño o conciliación con la
víctima. La segunda premisa es que creemos que la educación es el medio para conse-
guir cambios. La educación basada en la asunción de responsabilidades, educa-
ción no sólo para los chavales, sino también para el resto de la sociedad, inclui-
dos todos nosotros: profesores, padres, profesionales y políticos...
La reorganización en Equipos Fiscales nos permite actuar de forma inme-
diata ante el conflicto-delito, es decir, atender las faltas y delitos menos graves y
valorar entonces las condiciones generales para la viabilidad de una media-
ción. Estamos hablando de mediación presentencial, que se sitúa en el momento
en el cual el Fiscal ha decidido incoar un expediente al menor por la infracción
cometida y es el Equipo Técnico quién valora, a lo largo de la primera entrevis-
ta, si existen las condiciones necesarias y viabilidad para poder llevar a cabo una
mediación o se realiza el informe 27.1.
6.2.2. Objetivos
El objetivo general del Programa de Mediación en Justicia Juvenil que
planteamos, es intervenir de forma inmediata con todas las garantías de poder
dar cobertura real y educativa. La forma es ofreciendo la oportunidad al menor
para que resuelva el conflicto provocado por su conducta, reparando el daño
causado, propiciando la participación de todas las partes implicadas, que asu-
men su cuota de responsabilidad en la resolución del mismo o a través de una
reparación indirecta o actividad educativa.
Como objetivos específicos podemos señalar en relación con:
• El infractor: a) interiorizar la asunción de la responsabilidad de su con-
ducta y las consecuencias de éstas; b) participar de forma activa en el
proceso de resolución del conflicto; c) desarrollar la empatía, la escu-
cha, trabajar la culpa y elaborarla…; d) reparar y compensar perso-
nalmente a la víctima; e) prevenir la reincidencia; f) reducir la sensa-
ción de impunidad de forma generalizada.
• La víctima: a) dar un espacio a la víctima para expresarse y ser escucha-
da, facilitando su desahogo; b) dar la oportunidad de participar en la
604
DELORS, Jaques. Educación: Hay un tesoro escondido dentro. UNESCO, 1996.
220 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
resolución del conflicto
605
causante del expediente en Fiscalía de Me-
nores; e) ser reparada y/o compensada por los daños provocados.
• La Administración de Justicia: a) ejercer el derecho que tienen los me-
nores en participar en un programa de mediación, si reúnen las con-
diciones necesarias para poder llevarlo a cabo; b) aplicar el principio
de oportunidad, intervención mínima, interés superior del menor…;
c) potenciar y favorecer desde Justicia que la comunidad participe en
la resolución de los conflictos, como parte responsable del mismo; d)
aplicar la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal de los menores, la
L.O.5/00.
• La Comunidad: a) asumir la parte de responsabilidad que le correspon-
de como parte; b) acercar la justicia a los ciudadanos, facilitando su
participación en la resolución del conflicto; c) posibilitar formas ági-
les, inmediatas y efectivas en la resolución del conflicto; d) conocer
otras formas de resolución de conflictos; e) prevenir la incidencia de
estas conductas; f) reducir la sensación de indefensión de la sociedad.
6.2.3. Proceso Metodológico
606
La finalidad del proceso de mediación es que el menor y la víctima tengan
un espacio para dialogar y puedan resolver el conflicto. En el caso de que la víc-
tima no participe en el proceso o que la víctima sea comunitaria, la finalidad
del proceso es que el menor, a través de su deseo, encuentre el medio para po-
der reparar el daño causado o realice alguna actividad educativa que le sirva
para madurar y restablecer aquello que falló a la hora de decidir su conducta.
Cuando no hay víctima es el menor quien busca la fórmula, con las posibilida-
des existentes en su municipio o recursos personales.
Los asuntos pueden llegar al programa en tres momentos diferentes:
1) En el momento de la guardia. Se citan aquellos casos que por su naturaleza
son muy graves para adopción de medida inmediata. En menor canti-
dad, se cita también los leves y/o en los que el Fiscal prevé una posible
mediación. Es en ese momento cuando el Equipo Técnico realiza la re-
cepción del mismo y valora la posibilidad de iniciar una mediación.
2) En la fase de instrucción, a través de una solicitud expresa al Equipo Técnico,
de valoración de la posibilidad de llevar a cabo una intervención socio-educati-
va conforme establece el art. 27.2 o la posibilidad de que se efectúe una activi-
dad reparadora o de conciliación conforme los arts. 27.3 y 19. Cuando el Fis-
605
SINGER, Linda R.: Resolución de conflictos.. Paidós. Barcelona, 1996.
606
De obligada lectura: MOORE, Christopher. El Proceso de Mediacion. Editorial Granica. Bue-
nos Aires, 1995; GROVER DUFFY, Karen/GROSCH, James W./OLZACK, Paul V. La Mediación y sus con-
textos de aplicación. Una introducción para profesionales e investigadores. Paidós. Barcelona, 1996; KOLB,
Deborah M. et al. Cuando hablar da resultado. Perfiles de Mediadores. Paidós Mediación-6. Barcelona,
1996; MARTI, J. I /FUNES, J. La mediació a la Justícia Juvenil. Centre d’Estudis Jurídics i Formació.
Documents de Treball. Departament de Justicia. Generalitat de Catalunya. Barcelona, 1992.
221 La mediación en el Derecho penal de menores
cal ha recibido exploración al menor o a través de las diligencias
policiales se aprecian ciertas condiciones que posibilitarían el inicio
del proceso de mediación. Se cita para la actividad del Fiscal y del
Equipo Técnico (ya que recordemos que trabajamos con agenda úni-
ca) y es el E.T. quien lo recibe y valora e inicia la mediación si es perti-
nente. En el caso de que no reúna dichas condiciones, realizaría el in-
forme completo sobre su situación psicológica, socio-familiar y
educativa del art. 27.1.
3) En la fase de instrucción a través de una solicitud de informe del art. 27.1 al
Equipo Técnico: puede ser que a lo largo de la entrevista con el menor y
su familia se aprecien las condiciones para poder iniciar el proceso.
Es entonces cuando se informa al Fiscal de la posibilidad y se le pide la
autorización para realizarla. En el caso de que dicha autorización sea
positiva, se iniciaría.
El proceso es diferente si la mediación se produce con o sin participación
de la víctima y en el momento en el que se realiza. Así, si ésta tiene lugar a lo lar-
go de una guardia el proceso se agiliza. Esquematizaremos seguidamente los
pasos desde la recepción del asunto en el Equipo Técnico, diferenciando con o
sin participación de la víctima.
6.2.3.1. Con víctima, bajo la fórmula de Conciliación y/o repa-
ración directa
1) Valoración de la información que nos proporciona el expediente (atesta-
do, denuncia, declaraciones, documentos, informes, actuaciones, las
circunstancias en las que se produjo...).
2) Primer contacto con el menor y su familia. Se facilita la información del procedi-
miento y posibles medidas a adoptar. Y a lo largo de la entrevista es donde se
valora la existencia de las condiciones necesarias para acceder el menor al
programa. Se les hace reflexionar para que flexibilicen sus posturas y se ini-
cia el proceso con la asunción de responsabilidades. Una vez recogido por
escrito su compromiso de participación y el de sus padres, se realiza una
propuesta inicial de Mediación del Equipo Técnico dirigida al Ministerio
Fiscal. Si ésta se produce en el momento de la guardia o a lo largo de las citas
compartidas, esta propuesta es oral e inmediata, así como la aceptación, re-
chazo o modificación de la misma. Esto no es necesario cuando la petición
de mediación viene directamente solicitada del Ministerio Fiscal.
3) Primer contacto con la víctima. Ya sea porque esté citada para declarar
ese mismo día, si estamos de guardia, o se le cite telefónicamente para
otro día cercano, informándole en todo momento del proceso de me-
diación, de lo que significa e incluso mandando o dando personal-
mente una carta informativa. Existen multitud de víctimas que telefó-
nicamente expresan su deseo de participar en el proceso, pero están
222 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
limitadas en la movilidad o el tiempo de dedicación. Por ello, se les da
todo tipo de facilidades y en determinados casos, la mediación se ha
realizado en su municipio. Durante la entrevista o la llamada telefóni-
ca se valora si es factible una mediación, analizando la actitud de escu-
cha y los criterios de acceso.
4) Elaboración del Informe Propuesta de Mediación con indicación expresa
del tipo de mediación que se va a llevar a cabo (conciliación y/o repa-
ración directa), del contenido y de la finalidad de la misma. Este se
realiza después del análisis y valoración del caso por parte del Equipo
Técnico.
5) Segundo contacto con el menor o menores que participan en la mediación
como infractores. Preparación de la sesión conjunta con la víctima.
Previa reflexión de lo sucedido por escrito, se analiza y se trabaja la
responsabilidad asumida por los menores, así como el ponerse en el
lugar de la otra persona (empatía) y el expresar las emociones que
todo esto les produce. Se trabaja, a través del juego de roles, el cómo
va a ser la sesión conjunta con la víctima y se liman los miedos que
puedan aparecer, así como la vergüenza y la culpa.
6) Segundo contacto con la víctima. Este punto en ocasiones no es necesario. Se
trabaja la sesión conjunta con el o los menores y la asunción de responsa-
bilidad que le corresponde. A su vez se refuerza la empatía y la expresión
de emociones, trabajando las dificultades que puedan existir.
7) Encuentro entre la víctima y el menor/res. Se les da espacio para que se
produzca un diálogo. El mediador se limita a conducir el proceso.
Procura que haya implicación de las partes utilizando técnicas de me-
diación. Durante dicho encuentro se produce la toma de acuerdos
entre las partes o no.
8) Informe Final de Mediación sobre lo actuado y su resultado. En caso de resul-
tado positivo no será preciso elaborar un informe de las característi-
cas y contenidos del art. 27.1 En caso de resultado negativo si se elabo-
ra dicho informe.
6.2.3.2. Sin participación de la víctima: reparación indirecta o
actividad educativa
Los dos primeros pasos a seguir son prácticamente iguales, pero con una diferen-
cia: a lo largo de la entrevista nos ponemos en contacto con el municipio del me-
nor, a través de nuestra persona de contacto en la zona, facilitada por un previo
acuerdo general de colaboración. Con ella se busca el recurso más adecuado y/o la
actividad educativa a realizar. Normalmente se asigna la tarea en la propia entrevis-
ta y se establece el compromiso firmado iniciándose así el proceso de mediación.
En el caso de que el menor oferte realizar algún servicio específico, en
el que él es diestro como actividad educativa, la realización de dicha activi-
223 La mediación en el Derecho penal de menores
dad sería supervisada y dirigida por el miembro del Equipo Técnico que
realiza la mediación. Así se han realizado cursos de prevención del consu-
mo de drogas, informática, charlas informativas de la Ley del menor o
para prevenir la violencia de género, de asertividad y valores o de educa-
ción vial.
Los pasos 3 a 7 se exponen seguidamente:
Tres.- Elaboración del Informe Propuesta de Mediación con in-
dicación expresa del tipo de mediación que se va a llevar a
cabo (reparación indirecta o actividad educativa), del conteni-
do y de la finalidad de la misma.
Cuatro.- Seguimiento del caso: a través del responsable del recur-
so asignado para hacer la mediación, se valora la evolución de la
misma o los problemas que puedan surgir. Existe una continua
coordinación. En el caso de que el menor sea el propio recurso es
el Equipo Técnico quien lo guía.
Cinco.- Segundo contacto con el menor: en ocasiones no es necesa-
rio este paso, pero sirve como reflexión y cierre de la mediación.
Seis.- Valoración del caso por el mediador. Evaluación del pro-
ceso.
Siete.- Informe Final de Mediación sobre lo actuado y su resulta-
do. En caso de resultado positivo no será preciso elaborar un
informe de las características y contenidos del art. 27.1 En
caso de resultado negativo si se elabora el informe.
6.2.4. Las partes en el proceso de mediación
Las partes del proceso en Derecho Penal de Menores, normalmente vienen
dadas. Así, tenemos a: menor/es infractores, causantes del daño producido, vícti-
ma/s de ese daño y mediador. Pero es necesario hacer participe a la comunidad, ya
que la mayoría de los conflictos se producen en ella y es conveniente dar el espacio
para la participación. Definamos un poco más dichas partes:
6.2.4.1. El mediador
607
El mediador debe tener tres cualidades
608
: a) experiencia en negociación: ser
capaz de comprender rápidamente que es lo que caracteriza a cada caso, y com-
607
Sobre este particular: BURGUET, M. El educador como gestor de conflictos. Ed. Desclée De
BrouWer. Colec. Aprender a ser. Bilbao, 1999; FISHER, Roger. Más allá de Maquiavelo. Granica. Bue-
nos Aires, 1996; GERGEN, Kenneth. El yo Saturado. Paidós. Barcelona, 1992; GERGEN, Kenneth. Rea-
lidad y relaciones. Paidós. Barcelona, 1996; KOLB, Deborah M. et al. Cuando hablar da resultado. Perfi-
les de Mediadores. Paidós Mediación-6. Barcelona, 1996.
608
PETERS, E. Strategy and Tactics in Labor Negotiations. National Foremen’s Institute. New.
London. Conn, 1952.
224 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
prender lo que está subyacente, las fuerzas relativas y estrategias; b) objetividad:
ser capaz de comportamiento empático (ponerse en el lugar del otro) sucesiva-
mente para hacerse una idea de la posición de ambos; 3) imparcialidad: para ga-
narse la confianza de las partes, tiene que abstraerse de sus opiniones persona-
les y no dirigir la solución hacia su satisfacción, debiendo ser las partes los
autores de la solución.
Es necesaria una formación teórica que le permita desempeñar esta tarea,
así como una disposición especial para poder cambiar de mentalidad una vez
vea las posibilidades de iniciar el proceso de mediación, ya que de no existir ta-
les posibilidades tendría que hacer el informe del art. 27.1. Debe poseer los si-
guientes adjetivos: paciencia, cálida comunicatividad, sentido del humor, senti-
do de la oportunidad y neutralidad, capacidad de síntesis y de resolución
activa, escucha y dominio del programa de mediación
609
.
Su trabajo, en los casos en que interviene la víctima, se materializa desde el
no poder, no juzgar, no censurar, ni sancionar. Se debe mantener imparcial, no
presentar prejuicios y no decantarse inconscientemente por alguna de las par-
tes. Debe ofrecer serenidad promover la comprensión mutua y ayudar a las par-
tes a reconocer sus sentimientos e intereses tanto de uno como del otro. Debe
ser sensible a las emociones expresadas y favorecer que formen parte del modo
de comunicación.
En los casos que no es posible la participación de la víctima, su actividad
se incrementa ya que debe de gestionar los recursos disponibles y adecuados
para poder realizar la reparación indirecta o actividad educativa. Tiene que
tener capacidad de resolución, de trabajo en equipo, es imprescindible la co-
ordinación y la imaginación. Sobre todo hay que creer en el programa de me-
diación.
Vamos seguidamente a esquematizar las funciones que desempeña
610
:
1. Determina el procedimiento a seguir a lo largo de la entrevista: valo-
rar la viabilidad de la mediación, facilitar la comunicación, promover
la reflexión tanto del menor infractor, de la comunidad, como de la
víctima.
609
FARRÉ SALVÀ, Sergi. Gestión de conflictos: taller de mediación. Un enfoque socioafectivo. Ariel.
2004.
610
Tal como lo definen José Dapena y Jaime Martín (op. cit.): “La función del mediador no es
resolver el conflicto, sino conducir el proceso. Procura que haya implicación de las partes utilizan-
do técnicas de mediación. El mediador es un elemento activo; no solamente informa y observa,
sino que prepara las partes para el encuentro. Introduce elementos de reflexión que posibiliten, si
es necesario, un cambio de actitud en cada uno de ellos para que flexibilicen sus posiciones y pue-
dan ver al otro de una forma más humana. El mediador contiene la crisis inicial que se ha genera-
do con el conflicto, trabajando con los sentimientos y las fantasías negativas vividas como conse-
cuencia del delito. De esta manera, facilita y ayuda a las partes a rescatar lo que tienen de positivo
para solucionar el conflicto y llevarlo a la mesa de negociación el día del encuentro. Durante el
mismo, el mediador colabora en la definición y concreción de problemas, la toma de acuerdos, y
el control de su cumplimiento. La solución del conflicto es, pues, el resultado de un proceso diná-
mico y participativo entre víctima e infractor, que son los verdaderos protagonistas”.
225 La mediación en el Derecho penal de menores
2. Facilita las comunicaciones, tanto por separado como en la sesión
conjunta o con la comunidad.
En los casos que no interviene la víctima:
3. Gestiona el acceso del menor al recurso de la comunidad para reali-
zar la actividad educativa o reparación indirecta y se coordina con él.
4. Dirige y orienta las actividades educativas donde el recurso es el pro-
pio menor, favoreciendo el desarrollo de sus herramientas persona-
les.
5. Selecciona a los candidatos para colaborar en el Programa de Preven-
ción de la Violencia en Justicia Juvenil.
En los casos en los que participa la víctima:
6. Favorece un espacio adecuado, para que las partes puedan comuni-
carse. Convocando el encuentro.
7. Reduce la tensión y oferta a las partes herramientas que les permitan
manejar el conflicto.
8. Facilita la formulación de propuestas positivas y acuerdos, para que
lleguen, por sí mismos, a la resolución del conflicto.
6.2.4.2. La comunidad
Desde nuestra forma de hacer, la comunidad es la clave de muchos casos,
ya que sin ella no sería posible llevar a cabo las mediaciones. El menor y la vícti-
ma forman parte de la misma. Es necesario implicarla, ya que es en dicho con-
texto donde se producen los conflictos. Es conveniente, para el reparto de res-
ponsabilidades, potenciar nuevas vías de participación social. Por ello se ha
acudido a los municipios de la comunidad, con la finalidad de firmar un acuer-
do de coordinación, donde ésta colabora como parte en la búsqueda de solu-
ciones. Con ello se reduce, también, la sensación de inseguridad ciudadana o
de indefensión de la población en general y la comunidad se siente escuchada y
como parte en la solución del conflicto.
6.2.4.3. El menor
611
Muchos menores que son puestos a disposición de la Sección de Menores
de la Fiscalía presentan una asunción de responsabilidades totalmente externa.
Son capaces de seguir la reflexión efectuada por sus padres y repetirla verbal-
mente, pero no la tienen interiorizada y realmente no son conscientes de las
consecuencias que sus actos han tenido. No son capaces de ponerse en el lugar
611
MACIÁ ANTÓN, Diego. Un adolescente en mi vida. Edt. Pirámide. 1994; MUSSEN, Paul et al.
Desarrollo de la personalidad del niño. Edit. Trillas. México, 1985; PALACIOS, J. /MARCHESI, A./COLL,
C.. Desarrollo psicológico y educación, I, Alianza Editorial. Madrid, 1990; WATZLAWICK, Paul et al. Teo-
ría de la comunicación humana. Herder, 9ª Edición. Barcelona, 1993.
226 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
de la otra persona de forma espontánea, aunque sí de forma conducida. El pro-
ceso de mediación permite al menor trasformar la asunción externa en inter-
na, es decir, pensar en el significado y los problemas que comporta el hecho de-
lictivo y relacionar la respuesta de la justicia con las consecuencias que su
acción ha tenido para la víctima
612
.
Por otro lado, existen multitud de hechos en los que junto a nuestros in-
fractores participan menores de 14 años o mayores de 18. Es conveniente tener-
los en cuenta de cara a resolver el conflicto producido por la infracción, e in-
tentar incluirlos en el proceso de mediación. Con respecto a los menores de 14
años, existe un acuerdo de coordinación con la mayoría de Ayuntamientos
para poder iniciar, por protección, un proceso de mediación al unísono del
nuestro, iniciado con los mayores de 14. Esto permite que “todos” asuman su
responsabilidad y que no se refuerce la sensación de impunidad para los que to-
davía por edad no entran en la jurisdicción de menores. Con respecto a los ma-
yores de 18, también se les da la oportunidad de participar en la mediación y
aportar un informe del Equipo Técnico a la Jurisdicción de Mayores, sobre el
proceso de mediación y su evolución.
6.2.4.4. La víctima
613
Muchas veces hemos escuchado la queja de las víctimas, pidiendo un espa-
cio para poder expresarse. Tienen la necesidad de poder plantear una serie de
cuestiones y las respuestas las tienen los menores, del porqué, cómo… o, sim-
plemente, el deseo es hacerse escuchar y que “el otro” entienda que ha supues-
to el hecho delictivo para sus vidas. Es necesario también evitar, en la medida de
lo posible, la victimización secundaria y colaborar en que la víctima pierda el
miedo al infractor. El proceso de mediación tiene estos propósitos. El objetivo
no es terapéutico, pero indirectamente facilita el que las víctimas elaboren lo
sucedido.
6.3. Criterios para valorar el acceso del menor al programa de
mediación
Definidos en epígrafes anteriores los criterios legales de inclusión, vamos a
centrarnos exclusivamente en los criterios psicoeducativos. Las condiciones ge-
nerales para valorar la viabilidad de la mediación en el menor, son:
612
“Este proceso aporta elementos para que estos jóvenes piensen en los otros, entiendan la
reacción social y aprendan el sentido de las normas. La incorporación de estos elementos favorece
el hecho de reflexionar sobre las propias acciones antes de actuar. La reparación fomenta el senti-
do de responsabilidad sobre las propias acciones, pensar en éstas y calcular el efecto que pueden
tener para los otro”. (DAPENA, José/MARTÍN, Jaime, op. cit.).
613
ECHEBURÚA, Enrique. Superar un trauma. El tratamiento de las víctimas de sucesos violentos.
Ed. Pirámide - Psicología. Madrid, 2004.
227 La mediación en el Derecho penal de menores
• Que acepte la responsabilidad sobre su conducta en los hechos que
motivan la intervención. Reconocimiento del daño y asunción de
consecuencias.
• Que muestre su voluntariedad para participar en la solución del con-
flicto.
• Que tenga la capacidad suficiente para ello, es decir, que entienda lo
que está asumiendo un compromiso de participación activa. Que po-
sea empatía y desarrollo moral. Asociación conducta/daño/víctima.
• Consentimiento de los padres o responsables legales.
En los casos que no interviene la víctima los criterios para valorar el acceso del
menor, además de los generales, son:
• Capacidad específica para desempeñar la actividad en el recurso ele-
gido como el más adecuado y acorde al hecho desencadenante del ex-
pediente.
• Cuando el propio menor es el recurso, es necesario que posea unos
niveles mínimos de escolarización, aunque siempre se favorecerá el
desarrollo de las actitudes propias, para ayudarle en su desarrollo per-
sonal.
• En cuanto a los seleccionados para colaborar en el Programa de Pre-
vención de la Violencia en Justicia Juvenil los menores tienen que po-
seer, mínimamente, habilidades de comunicación, nivel medio de es-
tudios y capacidad de trasmitir información. Dichas habilidades
pueden potenciarse en el trabajo previo a realizar con el menor. Hay
que tener en cuenta que dichos menores van a dar charlas a otros cha-
vales y es necesario que entiendan la información, que tengan habili-
dad para trasmitirla, de tal modo que “lleguen” a ellos.
En los casos en que interviene la víctima los criterios para valorar el acceso del
menor, además de los generales, son:
• Flexibilidad cognitiva que le permita reflexionar, flexibilizar su postu-
ra y desarrollar su capacidad empática, ponerse en el lugar del otro,
entender al otro.
• Reconocer sentimientos, tanto propios como los del otro/s.
• Capacidad de escucha y atención.
6.4. Criterios para valorar el acceso de la víctima al programa
de mediación
Hay que tener en cuenta que en el ámbito penal las víctimas con las que
trabajamos presentan diferentes particularidades y tipologías: menores, adul-
tos, empresas públicas y privadas, escuelas... Me referiré aquí a la víctima en tér-
minos generales, es decir a aquella que vive el conflicto y sus consecuencias más
intensamente a nivel emocional.
228 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
La víctima siente miedos, ansiedades, indignación y un largo etcétera de
sentimientos y emociones que son dolorosas, sufre una serie de cambios, no
únicamente en el plano emocional
614
. Participando en el proceso de mediación
tiene la oportunidad de reducir, aliviar, solucionar algunos de estos daños. Se
reduce la victimización tanto primaria como secundaria. Para ello es necesario
que la víctima sea capaz de plantear sus temores, el daño que ha sufrido o cual-
quier demanda de forma adecuada.
Que la víctima muestre su voluntariedad para participar en el proceso así
como interés en ser reparada y colaborar activamente en la solución del con-
614
SORIA VERDE, M.A. Manual de psicología jurídica e investigación criminal, Editorial Pirámide
psicología. Madrid, 2005, págs. 153 y ss.; SORIA VERDE, M.A. Manual de psicología penal forense. Edito-
rial Atelier. Barcelona, 2002. págs. 626 y ss.; RODRIGUEZ SUTIL, C. y ÁVILA ESPADA, A. Evaluación,
psicopatología y tratamiento en Psicología Forense. Colección: Retos Jurídicos en las Ciencias Sociales.
Madrid, 1999. Pag. 43 y ss. ALARIO BATALLER, S. Intervención psicológica en víctimas de violación. Pro-
molibro. Valencia, 1993. Págs. 55 y ss.
Cambios sufridos por la víctima entre el 2º día y los 3 meses.
Cambios cognitivos.-
– La negación de lo sucedido.
• “no puede ser que me esté pasando esto”.
– Cambios en los sistemas de creencias. Especialmente en tres creencias básicas:
• La de invulnerabilidad. “a mi no me puede pasar”.
• La percepción del mundo bajo control o significado. “todo lo que pasa en mi vida lo
controlo”.
• La percepción del mundo justo. “mundo esencialmente justo y donde las personas ob-
tienen lo que se merecen”, “a personas buenas no les pasa nada malo”.
– La comparación social. La víctima se compara con personas menos afortunadas con la fi-
nalidad de obtener una ventaja psicológica. “por lo menos yo estoy viva”…
– Los procesos de atribución. el porqué. Búsqueda de las causas de lo sucedido. Autoculpa-
ción o culpabilización externa.
– Futuro negativo.Indicador de mala evolución si se organiza en forma de pensamiento es-
tructurado. “distorsiones cognitivas”: “ya nada será igual”, “¿qué puedo esperar?”.
Cambios afectivos.
– Los sentimientos negativos.
– Perdida de la autoestima.
– Deseos de autodestrucción.
Cambios comportamentales.
– Ruptura de la vida cotidiana.
– Modificación de sus hábitos sociales.
– Pérdida de la capacidad para tomar decisiones.
Cambios psicofisiológicos.
– 21 días: Dificultades para tragar, desmayos, temblores, sudores y vómitos.
– 21-30 días. Alteraciones en la alimentación como pérdida del apetito, alteración de los
procesos de dormición como insomnio de primera hora, segunda, interrupción del sue-
ño, pesadillas, etc.
– Más de un mes: Existe el riesgo de que la víctima haya desarrollado un síndrome de estrés
postraumático.
Tan sólo los terrores parecen mantenerse a medio-largo plazo a pesar de existir una buena
evolución psicológica.
229 La mediación en el Derecho penal de menores
flicto son los requisitos indispensables para contar con ella, pero es necesario
ver si está en condiciones para ello.
Cuando las consecuencias del hecho delictivo han afectado mucho a la víc-
tima hay que ver en que momento está, ya que pasa por una serie de fases
615
,
para valorar el grado de victimización que presenta y si es capaz de expresarse
desde otra forma que no sea desde la rabia, con sentimientos de venganza, tris-
teza o miedo. Si esto no es posible no es adecuado que participe en el proceso.
El ser atendida y escuchada por el Equipo Técnico (su primer contacto
con la Fiscalía de Menores) en muchas ocasiones le permite relajar la tensión
acumulada por el hecho y reconocer sus sentimientos, pudiendo elaborar algu-
nos y dirigirlos de forma adecuada hacia la sesión con el infractor.
La víctima tiene que recibir información sobre el proceso judicial iniciado
a raíz de la denuncia. Es importante que ella conozca el funcionamiento del
mismo a fin de evitar confusiones y que otorgue su consentimiento para la rea-
lización de la mediación.
Es necesario que también ella sea capaz de ponerse en el lugar del otro,
que sea flexible cognitivamente y que pueda flexibilizar su postura o desdrama-
tizarla, que vea la mediación como algo positivo para ella y también una oportu-
nidad para participar activamente en la solución del conflicto que la afecta.
6.5. Criterios para valorar el acceso de la comunidad al pro-
grama de mediación
La comunidad es la clave del éxito en el Programa de mediación en mu-
chos de los casos, no sólo por ser el contexto donde el menor repara el daño
causado o donde imparte las charlas a los menores del municipio sino porque
en los casos de conciliación con la víctima, que son susceptibles de ello, propor-
ciona los medios en colaboración con la Sección de Menores de la Fiscalía para
poder llevarlas a cabo en su contexto. En ella se generan y producen los conflic-
tos y es en ella donde se deben de resolver muchos de ellos, teniendo su parte
de responsabilidad en la resolución de los mismos.
Que la comunidad participe en el Programa de Mediación es más que de-
seable ya que con esta forma de intervenir se consigue:
615
Ops. Cit.
Cambios sufridos por la víctima entre el 2º día y los 3 meses.
Períodos claves evaluativos
• Fase de shock. 24 horas posteriores al suceso. Escaso valor pronóstico.
• Fase inmediata de recuperación. 2-15 días posteriores al suceso. Etapa florida de síntomas.
Momento de escaso valor de pronóstico, puede inducir a errores.
• Fase posterior a la recuperación.- de 30 días a 2-3 meses posteriores al suceso. Buen momento
evaluativo. Posibilidad de establecer un diagnóstico psicopatológico (depresión, ansie-
dad o síndrome de estrés postraumático) o evolución positiva (desaparecen síntomas psi-
cosomáticos pero permanecen los cognitivos y comportamiento social).
• Fase de readaptación.- de 3 meses en adelante. Buen momento evaluativo. Se aprecia secuelas a largo
plazo en caso de existir.
230 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
• Una respuesta rápida y efectiva ante la conducta desadaptada (en me-
nos de un mes, en muchos casos, se resuelve el expediente), acorde y
educativa.
• Que no se judicialicen asuntos que pueden ser resueltos de forma ex-
trajudicial.
• Descongestionar Juzgados de Menores, equipos de medio abierto y
centros de reforma.
• Optimizar los pocos recursos existentes, haciéndolos eficaces y efi-
cientes.
• Disminuir la sensación de impunidad y por tanto la reincidencia.
• Se reduce el miedo que tiene la población en general y la sensación
de indefensión.
• Y, lo más importante, que se asuman las responsabilidades, por parte
de todos.
Pero no todos los recursos de la comunidad son susceptibles de ser utiliza-
dos. Como requisitos indispensables para el acceso de la comunidad a través
del recurso en el programa tenemos la adecuación del recurso al hecho delicti-
vo, a las características del menor o viceversa, que la filosofía de las personas
que están en contacto con el menor, en el recurso seleccionado sea acorde a la
nuestra (este aspecto se puede trabajar) y, sobre todo, que crean que la media-
ción es un medio eficaz de resolución de conflictos.
6.6. Recursos
616
La carencia de recursos a todos los niveles, tanto de personal como de lu-
gares en los que incorporar a los menores con intención de reparar el daño,
supuso, durante mucho tiempo, un impedimento para poner en marcha pro-
gramas de mediación con un mínimo de posibilidades de éxito. En el momen-
to que pusimos en marcha el programa de mediación nos dimos cuenta que
era necesario contar con los recursos del municipio de la zona del menor y
que era conveniente hacer una campaña de concienciación a la población so-
bre la implicación y responsabilidad que les correspondía. Por dicha razón
nos pusimos en marcha y acudimos primeramente a los municipios en los que
existía mayor índice de incidentes e iniciamos los primeros contactos con los
Alcaldes para establecer un acuerdo de colaboración para el inicio del progra-
ma de mediación.
Posteriormente ampliamos a todos los municipios de la provincia, organi-
zando macroreuniones con las poblaciones más pequeñas. El segundo contac-
to fue con los distintos Concejales y la Policía Local, ya que los recursos suscep-
616
FLOYER, A. Cómo utilizar la mediación para resolver conflictos creativamente. Paidós. Barcelona,
1993.
231 La mediación en el Derecho penal de menores
tibles de ser utilizados son todos los del municipio, desde la brigada de
mantenimiento y jardines, polideportivo, talleres formativos, protección ci-
vil…, hasta la policía local. Cada concejal nombra su responsable y valora qué
recursos podrían servir para tal propósito. Cada municipio nombra una perso-
na de contacto para coordinarse con la Sección de Menores de la Fiscalía, que
se encarga de tener actualizado el abanico de recursos a utilizar en su zona y las
personas de contacto de cada recurso. Esto da lugar a que cuando el menor, a
lo largo de la entrevista con el Equipo Técnico verbaliza su deseo de reparar y
existen las condiciones necesarias, pueda llevarlo a cabo: se llama al municipio,
se elige el recurso con la persona de contacto, facilitándonos en ese momento
los datos del recurso concreto y la persona responsable. De todo ello surge el
acuerdo general, formalizado por escrito.
En los casos de violencia escolar se formalizó un protocolo de colabora-
ción con el plan de prevención de la violencia escolar para poder realizar conci-
liaciones, actividades educativas, reparaciones directas o indirectas en colegios
e institutos o recursos pertenecientes a educación, también se utiliza para llevar
a cabo tareas de educación en valores, derechos humanos, educación sexual,
habilidades sociales, resolución de problemas, expresión de emociones, educa-
ción vial, alfabetización: aprender a leer y escribir, formación de mediadores ju-
veniles, con la información y documentación facilitada por los profesionales in-
tegrantes de dicho Plan. En este marco los menores ofrecen charlas en los
Institutos o Programas de Garantía Social o recursos donde intervengan con
menores. Las charlas las realizábamos los profesionales (Fiscales, Jueces, E.T.)
pero nos dimos cuenta que los menores llegaban más a sus iguales.
Se estableció un acuerdo de colaboración con el Equipo de Mantenimien-
to del Palacio de Justicia, con el que nuestros menores han realizado las repara-
ciones indirectas.
Como recursos personales podemos destacar: 1) los Equipos Fiscales compues-
tos por el Fiscal de Menores, un Psicólogo, un Trabajador Social y un Educador,
además de dos funcionarios de gestión; 2) la persona de contacto en el munici-
pio, que en algunos casos pertenece al Ayuntamiento, Servicios Sociales, agencia
de desarrollo local o incluso Concejal y, en otros, es la Policía Local quien aporta
un Agente; 3) responsables de cada recurso concreto; 4) no podemos olvidarnos
que la creciente incorporación de casos de menores con nivel socio-cultural me-
dio-alto que nos facilitan el contar con ellos como recurso propio.
Como recursos materiales tenemos Internet, como fuente de información,
un portátil para realizar las charlas con apoyo audiovisual y demás recursos que
aporten los menores en cada caso. Contamos con las instalaciones de Fiscalía
de Menores, Juzgados de Menores y Equipos Técnicos. Con el acuerdo de cola-
boración. Contamos también, en principio, con las instalaciones ofrecidas por
los SS.SS. del municipio, para poder reunirnos in situ con los menores y/o las
víctimas.
Y como últimos recursos, y no por ello menos importante, tenemos la ima-
ginación y la creatividad.
232 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
7. SEGUIMIENTO ESTADÍSTICO Y EVALUACIÓN DE LA
CALIDAD DEL MODELO.
7.1. Introducción
El problema principal de toda evaluación reside en que se encuentra im-
pulsada por los responsables del programa, es decir, que se hacen evaluaciones
internas. Sólo recientemente la justicia tradicional o retributiva ha sido evalua-
da de forma fragmentaria
617
.
Los criterios de evaluación son los instrumentos que permiten comprobar
empíricamente y con cierta objetividad la progresión hacia las metas propues-
tas. Si carecemos de ellos, toda evaluación que nos propongamos será poco via-
ble. Deben satisfacer al menos tres exigencias
618
:
1) Permitir comparaciones sincrónicas, en el espacio.
2) Permitir comparaciones diacrónicas, en el tiempo, y la elaboración de
pronósticos.
3) Representar valores sobre los que existe un grado de consenso (o po-
sibilidad de lograrlo) entre las partes implicadas o interesadas en la
evaluación.
Para que los criterios sean concretos y permitan una buena medición de
los resultados del proyecto, deben reunir algunas condiciones:
• Independencia: no conviene usar el mismo indicador para medir dife-
rentes objetivos.
• Verificabilidad. Deben establecerse de tal modo que sea posible com-
probar o verificar de forma empírica los cambios que se van produ-
ciendo en el proyecto.
• Validez. Los indicadores deben medir lo que realmente pretenden
medir, y no otra cosa.
• Accesibilidad. Que la información se pueda obtener fácilmente.
La identificación de los elementos constitutivos propios de la justicia res-
taurativa puede servir, en parte, a la definición de los criterios de evaluación
619
.
617
SAN JUAN, César/OCÁRIZ, Estefanía/CUESTA, J.L. de la. “Evaluación de las medidas en me-
dio abierto del Plan de Justicia Juvenil de la Comunidad Autónoma del País Vasco”, en Boletín Cri-
minológico, Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, núm. 96, abril 2007. pp. 1-4. El
Plan de Justicia Juvenil de la Comunidad Autónoma del País Vasco (2003-2004) evalúa la implan-
tación de las medidas en medio abierto y las consideraciones sobre la coherencia reparadora de
las prestaciones en beneficio de la comunidad.
618
GALTUNG, Johan. “El problema de los indicadores sociales”, en CAMPO URBANO, Salustia-
no del (Dir.), Los indicadores sociales a debate. Euramérica. Madrid, 1972.
619
VARONA MARTÍNEZ, G. “Justicia criminal a través de procesos de mediación: una introduc-
ción”. En VV.AA. Las víctimas en el proceso penal. Páginas 37-56. Ed. Gobierno Vasco, Servicio de Pu-
blicaciones. 2000.VARONA MARTÍNEZ, G. Restorative justice new social rites within the penal system? The Oñate In-
ternacional Institute for the Sociology of Law. Oñate, 1996.
233 La mediación en el Derecho penal de menores
Evaluar no es un mero análisis de los resultados, supone un examen de las con-
secuencias del programa. Se trata de medir el cumplimiento de los objetivos es-
tablecidos a través de los resultados, sin olvidar el proceso. Es decir, si el progra-
ma es efectivo
620
.
En los estudios de Myers 2001 y Sherman y Strang 2007
621
, así como en el
Handbook of Restorative Justice Programs United Nations
622
, los criterios de
evaluación comúnmente utilizados son
623
:
• la reincidencia
• la victimación secundaria
• la satisfacción con la justicia
• los costes para la administración de justicia
Siguiendo el esquema de evaluación propuesto por José Dapena y Jaime
Martín
624
, nuestro programa ha desarrollado los mecanismos de evaluación sis-
temática a diferentes niveles: a) objetivos; b) proceso; c) recursos y formación
de los profesionales; d) estudios estadísticos y eficacia: reincidencia, victimiza-
ción secundaria, satisfacción con la justicia, costes…; e) evaluación continua; f)
evaluación anual.
7.2. Valoración, análisis y revisión de los objetivos generales
del programa de mediación
Un programa cumple su objetivo cuando reúne los seis requisitos siguien-
tes
625
: consideración y centralidad de la participación de las víctimas; prepara-
ción y seguridad de todos los participantes; facilitación del diálogo entre las
personas involucradas; reintegración junto con responsabilidad; disposición
de medios adecuados para reparar y reintegrar; y consideración de las presio-
nes sistémicas hacia la delincuencia.
Nuestro objetivo general se centra en intervenir de forma inmediata y efec-
tiva en los casos en los que es posible una mediación, con todas las garantías de
poder dar cobertura real y educativa a los mismos.
Para valorar dicho objetivo es necesario analizar en cada guardia, a través
de los expedientes que se incoan, el tanto por ciento de casos en los que se ini-
620
VARONA MARTÍNEZ, Gema. La mediación reparadora como estrategia de control social. Una estra-
tegia reparadora.. Comares. Granada, 1998.
621
VARONA MARTÍNEZ, G. “Criterios de evaluación en la justicia restaurativa: Análisis compa-
rado e internacional”. Jornadas Transfronterizas. La Mediación Penal: un modelo de justicia restaurati-
va. Donostia–San Sebastián, 31 de enero de 2007.
622
UNITED NATIONS OFFICE ON DRUGS AND CRIME. Handbook of Restorative Justice Programs
United Nations. Criminal Justicie Handbook Series. New York, 2007.
623
VARONA MARTINEZ, G. Evaluación externa de la actividad del Servicio de Mediación Penal de Ba-
rakaldo (julio-diciembre 2007). Donostia-San Sebastián, 2 de marzo de 2008.
624
DAPENA, José/MARTÍN, Jaime (coords). La mediación…
625
VARONA MARTINEZ, G. Evaluación externa de…
234 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
cia un proceso de mediación. Dicho recuento es a través del programa informá-
tico utilizado por la Sección de Menores de la Fiscalía. Es interesante saber el
porcentaje de casos que se han iniciado a lo largo de la guardia o los que lo han
hecho a lo largo de las entrevistas posteriores de cara a valorar la prontitud de
la intervención. La inmediatez en la intervención podría incidir en la reduc-
ción de la sensación de impunidad que presentan los menores.
La recogida de la información la realiza el Equipo Técnico, haciendo un
registro de la mediación utilizando el anexo 1.
Pero con esto no es suficiente, ya que tenemos que analizar los casos que, a
pesar de existir la posibilidad de una mediación, terminan finalmente en Au-
diencia. Para ello, es necesario que en el momento de la Audiencia se registren
y añadan como, llamémosles, casos cero, los expedientes que por las caracterís-
ticas del hecho y la asunción de responsabilidad que realiza el menor son sus-
ceptibles de haber pasado al programa de mediación. Para ello se utiliza la hoja
de registro del anexo 2. Un objetivo a trabajar es el reducir estos casos al máxi-
mo.
El siguiente paso es ver el tipo de hechos en los que intervenimos con el
programa de mediación, cuantificable en tantos por ciento, y en cuántos de
ellos ha participado la víctima o la comunidad. (Anexo 1).
Es importante ver, de cara a contabilizar los que finalizan en Audiencia, el
resultado de dicho proceso; si ha sido una resolución positiva o negativa, aun-
que dicho extremo no está incluido en el objetivo general. (Anexo 1).
Una vez conseguido implantar el programa de mediación, y que funcione
durante un tiempo, es momento de valorar y analizar el cambio del objetivo ge-
neral.
En cuanto a los objetivos específicos de cada una de las partes, los indica-
dores de evaluación serían los siguientes, solapándose alguno de ellos con los
generales
626
:
• Con respecto al menor infractor: cuantificar los resultados de la media-
ción (positiva o negativa) y la reincidencia de los menores que han
participado en el programa de mediación. Se tendría que ver la corre-
lación existente entre resolución positiva y la no reiteración de con-
ductas delictivas; reforzando, por tanto, nuestra hipótesis de que la
mediación ayuda al menor a asumir la responsabilidad de su conduc-
ta, le ayuda a madurar personalmente y previene la persistencia en el
delito. Dicho registro se efectúa a través del programa informático de
la Sección de Menores de la Fiscalía. Cantidad de archivos por el art.
19 y de reincidentes con archivo del art. 19 en su expediente.
• Con respecto a la víctima: cuántas víctimas han participado en procesos
de Mediación. Dicho registro se realizaría a través del programa infor-
matizado de Fiscalía de Menores.
626
Ver anexo MODELO ME-06.
235 La mediación en el Derecho penal de menores
• Con respecto a la Administración de Justicia: el criterio es la incidencia en
el programa de mediación; el tanto por ciento de casos que se resuel-
ven a través del programa de mediación por guardia y en relación a
otros años cuantos no finalizan en Audiencia, para valorar si se des-
congestionan los Juzgados.
• En cuanto a la comunidad, sería conveniente registrar el tanto por cien-
to de casos en los que participa, y a través de la encuesta de valoración
verificar el conocimiento que tiene sobre el programa de mediación y
la satisfacción producida. (Anexo 4).
7.3. Análisis de los procesos de mediación
La finalidad del proceso de mediación cambia si participa o no la víctima,
siendo los procesos totalmente diferentes. Cuando participa ésta el objetivo es
que el menor y víctima tengan un espacio para dialogar, dando la oportunidad
de que puedan resolver el conflicto. En el caso de que la víctima no participe en
el proceso o que sea comunitaria la finalidad del proceso es que el menor en-
cuentre el modo de reparar el daño causado o realice alguna actividad educati-
va que le sirva para madurar y restablecer aquello que falló a la hora de decidir
su conducta.
La conducción por los procesos la realiza el mediador, por lo que es nece-
saria la unificación de criterios en los siete equipos Fiscales y sobre todo en los
miembros del Equipo Técnico, no sólo para iniciar el proceso, sino para la con-
secución de los pasos a seguir. Por ello se analizarán los procesos y se unificarán
para ponerlos en marcha a través de reuniones periódicas y supervisión de casos se-
manales, además de formación continua de los mediadores.
Es importante cada uno de los pasos a seguir, así como la actitud del profe-
sional ante los mismos; es necesario unificar la concepción de responsabilidad,
si la misma se puede trabajar o el simple reconocimiento del hecho sirve para
iniciar el proceso, etc. De todo ello depende no sólo la participación de la vícti-
ma o la actitud de la familia del menor, sino la actitud de los recursos a utilizar
en la reparación indirecta, la disposición de los profesionales intervinientes en
el caso, etc.
En los casos en los que la víctima participa en el proceso, bajo la fórmula de con-
ciliación y/o reparación directa, tenemos como criterios a unificar: (quedan
más claros si los planteamos en forma de preguntas)
1) ¿Que información de la que nos proporciona el expediente es la rele-
vante?
2) En el primer contacto con el menor y su familia. ¿Que información
del procedimiento y posibles medidas a adoptar hay que facilitar?
¿Cuáles son las condiciones necesarias para acceder el menor al pro-
grama? ¿Se trabaja la asunción de responsabilidades a través de la re-
flexión? ¿Qué es la asunción de responsabilidades? En los casos de le-
236 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
siones ¿hasta qué punto hay que reconocer el nº de patadas, arañazos
o puñetazos para considerar la asunción de responsabilidad? ¿El reco-
nocimiento de la autoría sirve como asunción de responsabilidad?
¿Cómo se establece el compromiso de participación? ¿El de los padres
es necesario? ¿En qué términos se realiza la propuesta al Fiscal?, entre
otras…
3) En el primer contacto con la víctima, ¿en qué momento contactar con
la víctima y de qué modo? ¿Qué información darle? ¿Cómo facilitar su
participación? Posibilidad de realizarla en su medio.
4) ¿Qué factores valoramos a la hora de decidir el proceso a seguir?
5) ¿De qué consta el Informe Propuesta de Mediación?
6) ¿En qué consiste la preparación de la sesión conjunta con la víctima y
el infractor? ¿Cómo se trabaja la responsabilidad, la empatía, la expre-
sión de emociones? ¿Cómo se trabaja la culpa y la vergüenza?
7) ¿Cómo y donde debe realizarse el encuentro entre la víctima y el me-
nor/res? ¿En qué términos? ¿Cómo facilitar la comunicación? ¿Qué
técnicas utilizar?
8) ¿De qué consta el Informe Final de Mediación?
En los casos en que no participa la víctima (reparación indirecta o actividad
educativa) tenemos como criterios a unificar: ¿Qué procedimiento debemos
seguir al ponernos en contacto con el municipio del menor?, ¿burocratización
del proceso?, ¿es parte de nuestro trabajo la campaña de concienciación a la co-
munidad? ¿en qué consiste dicha campaña?, ¿es necesaria nuestra presencia en
el primer contacto con el recurso?, ¿qué actividades podría realizar el menor
donde el recurso es él mismo?, ¿qué requisitos debe de cumplir para que sirva
como actividad educativa?, ¿cómo se realiza el seguimiento, orientación y su-
pervisión de la actividad?…
7.4. Valoración de las necesidades en los ámbitos de recursos
humanos y de formación permanente de los profesionales
Para poder atender adecuadamente los casos que se inician en la guardia,
es necesario contar con las tres figuras profesionales como mediadores. Una
vez veamos el volumen de casos que se generan en la semana o día de guardia
podremos valorar la ratio por profesional y ver la necesidad de recursos huma-
nos. Hay que tener en cuenta que el proceso de mediación requiere mucho
más tiempo y esfuerzo que la realización del informe del art. 27.1, ya que las
gestiones a realizar, las entrevistas a mantener y la dedicación es mayor.
Es evidente que la formación permanente de los profesionales es otro pro-
blema a tener en cuenta, ya que es necesario que el mediador esté instruido en
la conducción de procesos de mediación y que tenga predisposición, expectati-
vas de eficacia y motivación en su función laboral.
237 La mediación en el Derecho penal de menores
La unificación de criterios comentada con anterioridad, en relación a las
técnicas a utilizar, el cómo nos situamos frente al otro a lo largo de la entrevista,
la motivación… se puede realizar en la reunión semanal.
Sería interesante, a su vez, que se realizaran cursos, a ser posible con profe-
sorado externos, donde se pudiera incorporar información novedosa al pro-
grama sobre la justicia restaurativa o los procesos y técnicas de mediación e in-
cluso motivación laboral.
7.5. Evaluación
7.5.1. Aspectos cuantitativos
Destacan los índices de reincidencia y de miedo al delito en la comuni-
dad. La reincidencia es un dato del que disponemos en la Fiscalía de Menores
a través del programa informático utilizado para gestión en la oficina técnica.
La carpeta del menor que consta en el Equipo Técnico es de “expediente úni-
co”, en el que constan todos los de la Sección de Menores, los atestados poli-
ciales, las solicitudes de informes y medidas llevadas a cabo con el menor, así
como los informes de servicios sociales y otros, necesarios para la realización
de la valoración del caso. En dicho expediente se refleja la reincidencia del
caso concreto.
En cuanto al miedo al delito en la comunidad se tendría que valorar a tra-
vés de encuestas periódicas sobre las labores de mediación allí realizadas. Po-
dríamos centrarnos primeramente en las poblaciones donde el índice de delin-
cuencia fuera mayor, y la podrían realizar menores, a través de una actividad
educativa . (Anexo 3).
A la hora de realizar estudios estadísticos necesitamos cuantificar la po-
blación atendida, formalizar fichas de descriptores, es decir, contabilizar
cuantas víctimas han participado en los procesos de mediación, en relación al
total de expedientes y en relación al total de procesos de mediación. Por otro
lado cuántos menores han participado en los procesos de mediación, diferen-
ciando los que han realizado el programa de mediación de conciliación-repa-
ración, los que han realizado la actividad educativa y los que han realizado
una reparación indirecta. También es interesante ver la cantidad de tareas
educativas realizadas y en qué han consistido, así como de reparaciones indi-
rectas.
Todo ello se registra en la ficha de mediación del anexo 1, 5 y registros del
6, perteneciente al Equipo Técnico, pero también y más rápido lo puede reali-
zar a través del programa informático utilizado por la Sección de Menores de la
Fiscalía, en el caso de analizar la población atendida.
En todo caso, la información cuantitativa se completaría con la cualitativa
obtenida a través de la observación del proceso y las entrevistas a las partes –in-
cluyendo todos los participantes-.
238 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
7.5.2. Aspectos cualitativos
La efectividad es la capacidad de lograr un efecto deseado o esperado. En
cambio, eficiencia es la capacidad de lograr el efecto en cuestión con el mínimo
de recursos posibles viables. Y en términos generales se habla de eficacia una vez
se han alcanzado los objetivos propuestos.
Nos interesa saber si el programa sirve a su finalidad, cumple con las expec-
tativas de las partes y si el desarrollo de los procesos es susceptible de cambio
para optimizarlos y/o mejorarlos.
En este sentido es necesario valorar si se están atendiendo casos en los que
es posible la mediación en el instante preciso y de forma adecuada, es decir, es
momento idóneo actuar a los pocos días después de haberse cometido la in-
fracción. Dicha intervención debe ser acorde a lo sucedido, para que sea efecti-
va. Es decir, que si un menor entra en un colegio hoy, para realizar pintadas y
causar destrozos, en menos de una semana esté con la brigada de limpieza del
Ayuntamiento reparando el daño causado. Para evaluar si se está cumpliendo
con esta finalidad, tenemos que registrar el momento en el que intervenimos,
el desarrollo del proceso, el acuerdo al que se ha llegado (actividad reparado-
ra), así como el grado de cumplimiento. Para ello utilizamos el anexo 5 y su
análisis.
También como indicadores cualitativos de éxito más frecuentes en las eva-
luaciones se señalan los niveles de satisfacción de las víctimas, los infractores y
la comunidad.
Dicho objetivo se cumpliría administrando y analizando una encuesta so-
bre la valoración que hacen las partes sobre el proceso de mediación. Anexo 4.
7.6. Evaluación continuada en la aplicación cotidiana del pro-
grama
Evaluar el programa también implica valorar las dificultades encontradas
durante el proceso para poder realizar propuestas de mejora a lo largo de su
aplicación.
Un programa de mediación con éxito tiene que tener las siguientes carac-
terísticas: una evaluación continua y constructiva; una ideología compartida
entre todos los profesionales que intervienen; apertura de mente y voluntad de
hacer; una atención a los detalles prácticos en la formulación y aplicación de
los programas (de mediación, el protocolo de colaboración y de prevención);
un esfuerzo combinado y continuo por parte de los Equipos Fiscales; la con-
fianza, desde el principio, en la validez de los programas; una cooperación in-
cluyente; y una supervisión externa.
Para evolucionar y crecer es necesaria la evaluación continua del progra-
ma. A través de las dificultades encontradas en la aplicación y/o procesos y de
las soluciones encontradas el programa crece y mejora, haciéndose más eficien-
te, eficaz y efectivo. Dicha evaluación se realizaría a través del estudio de casos,
239 La mediación en el Derecho penal de menores
la supervisión de los mismos, el análisis y la valoración de las técnicas o métodos
utilizados por los equipos, las incidencias que pueda haber con respecto a la
puesta en marcha, en la coordinación y/o aceptación del programa de los re-
cursos o los profesionales que intervienen. Para todo ello es necesaria una re-
unión mensual, donde se ponga en común los problemas que hayan podido
surgir, dudas de la puesta en marcha o motivación hacia el mismo.
La coordinación con los recursos de los Ayuntamientos de los municipios
de la Provincia es la herramienta esencial para la puesta en marcha del progra-
ma de mediación. Es necesario hacer campañas de concienciación y de motiva-
ción hacia la mediación, tener los contactos de la zona actualizados e informa-
dos del programa y asesorar a la población en general sobre la LO 5/2000. Con
dicho objetivo se elaboró un protocolo de coordinación, en el que se incluye,
no sólo campañas de concienciación y de motivación hacia la mediación para
poder contar con los servicios de la zona, sino que asociado se desarrolla un
programa de información y prevención delincuencia de menores.
Cada miembro del Equipo Técnico tiene asignada una zona de la Provin-
cia. Es el responsable de la coordinación con los recursos de su municipio y es
el receptor de las demandas del mismo, ya sean incidencias o la solicitud de la
puesta en marcha del programa de información y prevención en Justicia Juve-
nil (demanda de charlas, asesoramiento, actuaciones concretas…). Dichas de-
mandas serán atendidas, en principio por el encargado de la zona, pudiendo
delegar en otros miembros del equipo en caso de imposibilidad
627
. En las po-
blaciones donde la delincuencia juvenil es más acuciante y existen dificultades
en la intervención con los recursos de la zona, será el Ministerio Fiscal quién
proporciona una vía de comunicación y posibilidad de colaboración con la mis-
ma, trabajando la concienciación a través de reuniones con las autoridades mu-
nicipales.
La coordinación y formalización de protocolos de colaboración con recur-
sos concretos susceptibles de utilizar, como son: los Programas de Prevención
de la violencia en las aulas, con los Servicios de Atención a la Familia, la Univer-
sidad, asociaciones concretas… o la concienciación y motivación a empresas
privadas son otras de las funciones del mediador, que debe realizar de forma
periódica.
Las dificultades que surjan se pondrán en común a través de las reuniones
de Equipo, cada mes, y se valorará la solución más adecuada.
7.7. Evaluaciones periódicas
La información estadística que debe recogerse en el programa de media-
ción para poder realizar una evaluación es: índice de casos atendidos por el
programa de mediación; tipo de delitos; el tiempo requerido para la prepara-
ción del caso; el tiempo requerido para conducir el proceso restaurativo; la na-
627
Modelo ME-07.
240 Carlos-Eloy Ferreirós – Ana Sirvent – Rafael Simons – Cristina Amante
turaleza y contenidos del acuerdo; el índice de acuerdos cumplidos satisfacto-
riamente; el índice y tipo de antecedentes entre los infractores participantes;
los costes; las características (edad, género, etnia, nacionalidad, profesión…)
de víctimas, infractores y miembros de la comunidad participantes; y las per-
cepciones y satisfacción de los participantes con el proceso.
Se realizará anualmente una memoria que permita una revisión del pro-
yecto en el que consten, no sólo la información estadística referida, sino tam-
bién las actas de las reuniones donde se han unificado criterios de interven-
ción, resuelto problemas de coordinación y creado recursos o proyectos
complementarios, así como elaborado cambios en el proceso para la mejora y
optimización del mismo.
Dicha revisión anual facilita la retroalimentación y la crítica constructiva
del programa, es decir la revisión periódica del proyecto.
Hay que hacer hincapié en el coste del Programa ya que, en principio, es ce-
ro. Al utilizar los recursos propios del municipio, los recursos propios de la Ju-
risdicción de Menores y los propios del menor, tan sólo podrían existir como
gastos las dietas de los desplazamientos que hace el Equipo Técnico a los muni-
cipios para llevar a cabo el programa.