Arquitectura barroca española

El desarrollo del barroco en España se da durante el siglo XVII y los dos primeros tercios del siglo
XVIII, en este periodo histórico se tiene aún la Monarquía Hispánica de los últimos Austrias y los
primeros Borbones. El término que se acoge para esta expresión de arte es Barroco colonial
La arquitectura del siglo XVII
Se cultivó un barroco original con raíces herrerianas, usando como materia de construcción
tradicional al ladrillo y el granito, sumado al uso de empinados chapiteles o cubiertas de pizarra,
rasgo de Juan de Herrera. El principal representante de esta línea fue Juan Gómez de Mora, a
quien podemos relacionar
con el Palacio de Santa
Cruz y con la construcción
de la ¨Plaza Mayor de
Madrid. Esta es una plaza
porticada de 129 x 94,
completamente cerrada.
Las torres están
rematadas por chapiteles,
y en el centro se encuentra
una estatua ecuestre del
rey Felipe II. Destacaron
los religiosos Fray Alberto
de la Madre de Dios,
Pedro Sánchez, autor de la
iglesia de San Antonio de
los Alemanes, el hermano
Francisco Bautista,
inventor de un quinto orden arquitectónico, compuesto de dórico y corintio e introductor de las
cúpulas encamonadas teorizadas por Fray Lorenzo
de San Nicolás, a quien se debe, entre otras, la
iglesia de las Calatravas. Se observa un sobrio estilo
barroco.





Palacio de Santa Cruz
Plaza Mayor de Madrid










Iglesia San Antonio de los Alemanes
En Castilla y la Corte sobresalió una familia
especializada en el diseño de retablos, los
Churriguera, de la que José Benito es su más
destacado exponente. Entre 1680 y 1720, los
Churriguera popularizaron la combinación de
Guarini conocida como "orden supremo", que
aunaba columnas salomónicas y orden
compuesto. Una obra emblemática es el
monumental retablo mayor del convento de San
Esteban de Salamanca. Este es un contraste a la
sobriedad del clasicismo herreriano; con lo que
abrieron definitivamente las puertas al barroco
decorativo.
La arquitectura del siglo XVIII
En el siglo XVIII se dio una dualidad de estilos.
Por un lado estuvo la línea del barroco tradicional,
cultivada por los arquitectos autóctonos y, por
otro, un barroco mucho más europeo, traído por
arquitectos foráneos llamados por los monarcas,
quienes implantan un gusto francés e italiano en
la Corte.
Buen exponente de la pervivencia del barroco
tradicional en la Corte durante el siglo XVIII fue
Pedro de Ribera, cuya obra más destacada es
el Real Hospicio de San Fernando en Madrid.
También está Francisco Hurtado Izquierdo,
relacionado con una de las obras más
deslumbrantes del barroco español, la sacristía
de la cartuja granadina. El foco gallego estuvo
magistralmente representado por Fernando de
Casas y Novoa, cuya obra cumbre es la
fachada del Obradoiro de la catedral
compostelana. De los Tomé (Narciso y Diego)
destaca el famoso Transparente de la catedral
de Toledo

Iglesia de las Calatravas


A partir de 1730, el impacto del rococó francés se percibe en el barroco español. Retablistas y
arquitectos incorporan la rocalla como motivo decorativo, aunque la emplean en estructuras de
marcado carácter barroco. Por eso, salvo en contados ejemplos, resulta arriesgado hablar de la
existencia de un auténtico rococó en España, pese a que a menudo se han asociado los derroches
decorativos dieciochescos a dicho estilo.
A la segunda línea, la del barroco más europeizante fomentada por los Borbones, pertenece el
Palacio Real de Madrid, construido durante el reinado de Felipe V. Su construcción fue confiado a
arquitectos italianos: Filippo Juvara, Juan Bautista Sachetti y Francesco Sabatini.

1º etapa: hasta mediados del siglo XVII. Nos encontramos en los inicios del Barroco. Observamos
una clara influencia herreriana, como vemos en "El Escorial" de Juan Herrera. Transición a los
nuevos planteamientos arquitectónicos italianos.
2º etapa: últimos años del siglo XVII y primer tercio del siglo XVIII. Es el periodo de plenitud del
Barroco español. Vemos diversas influencias como lo son: Los hermanos Churriguera, los
Figueroa, Narciso Tomé o Pedro Ribera entre otros. Se desarrolla una arquitectura más dinámica.
3º etapa: el resto del siglo XVIII donde, a pesar de mantener esas influencias, también se produce
un cambio. Se inicia el Rococó. La arquitectura, sobre todo la palaciega, muestra claras influencias
de Italia y Francia.