PLATÓN 105

a dividir la parte derecha en dos partes, que siguen llamándose izquierda y derecha,
con la utilización de un nuevo carácter, y así sucesivamente (Fedro, 266 a-b). El
procedimiento puede ser detenido o reanudado en un punto determinado,
comenzándolo por otra idea. Por último, se pueden resumir o recapitular las
determinaciones así obtenidas en todo el procedimiento (Sof., 268 c). En este
sentido, la naturaleza es la posibilidad de la elección, dejada a cada paso, de la
característica apropiada para determinar la división de la idea en derecha e izquierda
de forma oportuna, o sea, tal que siga la articulación de la idea y no "rompa" la
idea misma. La elección constituye la hipótesis del procedimiento dialéctico: la
hipótesis que la dialéctica acepta como tal, para someterla a prueba y dar razón
de ella y que, por lo mismo, se distingue de la hipótesis de las disciplinas
matemáticas que se aceptan como primeros principios, que nadie se atreve a
tocar (Rep., VII, 533 c). En consecuencia, el mundo en que se mueve la
dialéctica es un mundo de formas, es decir, de géneros o especies del ser, que
pueden o no pueden conectarse y estar en más o menos estricta conexión: es un
mundo de conexiones posibles cuya posibilidad corresponde determinar
precisamente a la dialéctica.
Al llegar aquí, Platón se encuentra muy alejado de aquella noción de las ideas-
valores sobre la que giraba su primera especulación. Las ideas como géneros y
formas del ser son neutras con relación al valor. Platón hace suyo el aviso de
Parménides de mirar a todas las formas del ser sin tener en cuenta el valor que los
hombres les atribuyen a las mismas. Si, en la República, colocaba al Bien en lo
más alto del ser y consideraba a las ideas fundadas en este valor supremo, en el
Sofista ha querido definir el ser solamente en su estructura formal, en sus
posibilidades constitutivas.
58. EL BIEN
Así, pues, cuando Platón vuelva a ocuparse del bien en esta fase de su pensamiento,
como ocurre en el Filebo, será distinto el concepto que tendrá presente. El bien no
es ya la super-sustancia, sino la forma de vida propia del nombre; y la búsqueda del
bien es la investigación de cuál sea esta forma de vida.
Ahora bien, según Platón, la vida del hombre no puede ser una vida fundada
sobre el placer. Una vida tal, que llegaría a excluir hasta la conciencia del
placer, es una vida propia del animal, pero no del hombre. Por otro lado, no
puede ser una vida de pura inteligencia, que sería divina, pero no humana. Por lo
tanto, ha de ser una vida mixta de placer y de inteligencia. Lo importante es
determinar la justa proporción en que deben mezclarse el placer y la inteligencia
para constituir la forma perfecta del bien. Al llegar aquí, el problema del bien se
convierte en un problema de medida, de proporción, de conveniencia: la
investigación moral se transforma en una indagación metafísica de fondo
matemático. Platón se une con Pitágoras y recurre a los conceptos pitagóricos del
límite y de lo ilimitado.
Toda mezcla bien proporcionada está constituida por dos elementos. Uno es lo
ilimitado, como por ejemplo, el calor, el frío, el placer o el dolor y, en

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