ARISTÓTELES 131

por el cual el ser es necesariamente. Y efectivamente la fórmula negativa del
principio de contradicción: "Es imposible que el ser no sea", se traduce
positivamente con esta otra: El ser, en cuanto tal, es necesariamente. En esta fórmula
el principio revela claramente su capacidad para fundamentar la metafísica.
Evidentemente, el ser, que es el objeto de esta ciencia, es aquel precisamente que no
puede no ser, el ser necesario.
Por consiguiente, la necesidad constituye para Aristóteles el sentido primario o
fundamental del ser, aquel que a partir del cual todos los demás (si los hay)
pueden ser comprendidos y distintos. Esta era la misma tesis de Parménides ("el ser
es y no puede no ser": fr. 4, Diels) aceptada también por los megáricos. Sin
embargo, Aristóteles no entiende esta tesis en el sentido de que sólo lo necesario
existe y que lo no necesario es nada. Por cuanto (como ya se ha visto) afirma él
que sólo lo necesario es el objeto de la ciencia y que por lo tanto la ciencia misma
es necesidad (apodíctica, es decir, demostrativa), lo posible lo admite él como
objeto de artes o de disci plinas que sólo tienen un carácter científico,
i mperfect o o aproximativo. En consecuencia, lo que Aristóteles quiere afirmar
es que el ser necesario es el único objeto de la ciencia y que de lo que no es
necesario se puede tener conocimiento sólo en la medida en que se aproxima
de alguna manera a la necesidad, en el sentido de que manifiesta cierta
uniformidad o persistencia. "Algunas cosas —dice— son siempre, por necesidad
lo que son, no en el sentido de ser obligadas, sino en el sentido de no poder ser de
otra manera; en cambio, otras son lo que son, no por necesidad sino por lo
más; y este es el principio por el que podemos distinguir lo accidental, el cual
es tal precisamente porque no es ni siempre ni por lo más (1026 b, 27). Como
se ve, Aristóteles admite junto al necesario y al uniforme (el "por lo más"), el
accidental; pero no hay ciencia de lo accidental y, en todo caso, tanto lo
accidental como lo uniforme no-necesario pueden distinguirse y reconocerse sobre
el fundamento de lo necesario.
¿Cuál es, pues, el ser necesario? A esta pregunta Aristóteles responde con la
doctrina fundamental de su filosofía. El ser necesario es el ser sustancial. El ser
que el principio de contradicción permite reconocer y aislar en su necesidad es la
sustancia.
"Estos, dice (refiriéndose a los que niegan el principio de contradicción), destruyen
completamente la sustancia y la esencia necesaria, ya que se ven obligados a decir
que todo es accidental y no hay nada como el ser-hombre o el ser-animal. Si, en
efecto, hay algo como el ser hombre, éste no será el ser no hombre o el no ser
hombre; sino que éstos serán negaciones de aquél. Uno sólo es, efectivamente, el
significado del ser y éste es la sustancia del mismo. Indicar la sustancia de una cosa
no es más que indicar el ser propio de ella" (Met., IV, 4, 1007 a, 21-27). El
principio de contradicción, tomado en su alcance ontológico-lógico, conduce
directamente a la determinación del ser en cuanto tal, que es el objeto de la
metafísica. Este ser es la sustancia. La sustancia es el ser por excelencia, el ser
que es imposible que no sea y, por lo tanto, es necesariamente, el ser que es primero
en todos los sentidos. "La sustancia es primera, dice Aristóteles (Ib., VII, 1, 1028 a,
31), por definición, para el conocimiento y para el tiempo. Es la única, entre
todas las categorías, que puede subsistir separadamente. Es primera por