Opinión Pública. Qué es.

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Escrito por Santos
Domingo, 14 de Agosto de 2011 19:28 -
LA OPINIÓN PÚBLICA
Resumen del cap. 8, Opinión Pública, de Giovanni Sartori, en Elementos de Teoría Política.  
El término “opinión pública” nos llega desde unos años antes de la Revolución Francesa de
1789.
En general se refiere a un público ciudadano (no sólo los ilustrados...) y que tiene opinión sobre
los asuntos públicos.
Es decir, que Público se refiere al sujeto y al objeto.
Una opinión es pública, no sólo porque es del público (entre muchos) sino también porque
afecta a objetos y materias que son de naturaleza pública: el interés general, el bien común.No
se refiere a cualquier opinión, sino la referida a cuestiones relativamente importantes de tipo
público o político.
 
Por supuesto que siempre existió el fenómeno de la opinión pública, aunque con otros
nombres: vox populi en el imperio romano tardío, consensus en la Edad Media, pubblica voce,
pubblica fama
en Machiavelo, etc.
Hoy ya no decimos
vox (voz)
sino opinión, porque vox indica más bien un reclamo del pueblo, en tanto que opinión alude
más a la información y al concepto que se tiene sobre tal asunto.
 
Como definición aproximativa, digamos que la Op. Pública se refiere a un público o varios
públicos, cuyas opiniones

(estados mentales “ difusos” ) interactúan con los flujos de información sobre el estado de la
cosa pública.

Opinión Pública y Democracia 
Hay una relación directa, pues la O.P. es fundamento esencial y operativo de la democracia.
Siendo el pueblo el soberano, es evidente que si el soberano “ no sabe y no dice “, es un
soberano de nada.El pueblo necesita decir, expresarse, y por lo tanto debe poseer  un “
contenido “ para exprearlo después. Ese contenido es la O.P. que proporciona substancia y
operatividad a la soberanía popular.
 
Por eso se ha definido a la democracia como gobierno de la opinión, y también como gobierno
consentido
, o sea, basado en el consenso (desde el disenso propio del plurarismo).
Hay relación entre ambos conceptos, pues un gobierno de la opinión busca el consenso de la
opinión pública; y un gobierno de consenso es mantenido por la opinión pública. 
El consenso de la O.P. , de por sí difuso, consiste en realidad en una multiplicidad de
consensos particulares sobre cuestiones precisas.Antes del flujo masivo de los medios
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audiovisuales de comunicación, la O.P. era realmente fabricada por el público que se
informaba mediante los diarios y periódicos (la prensa). Lo realmente importante es esto, que
sea una opinión no sólo “del” público, sino realizada por el público, como opinión
autónoma
.
 
Pero la autonomía de la opinión pública fue puesta en total crisis, sea por la propaganda
totalitaria, sea por las nuevas tecnologías y estrategias de los medios masivos de
comunicación.
Es decir, hay opinión “en” el público, pero no “del” público (es inducida por otros, prestada,
manipulada). Hoy es más una opinión prefabricada, heterónoma, casi la antítesis de una
auténtica opinión pública.
Por lo tanto, hay una distinción crucial entre opinión en el público, y opinión del público.
Obviamente no hay estados puros, pero sí registramos la tendencia, si es opinión
preferentemente autónoma o heterónoma.
 
La formación de la opinión pública 
Las opiniones no son innatas sino que surgen de procesos de formación, sea como un “rebullir”
del cuerpo social en forma un tanto intempestiva, sea como una “cascada”, es decir, una serie
de procesos descendentes en cascada, cuyos saltos son contenidos a intervalos por
contenedores en los cuales se vuelven a mezclar otra vez (teoría de Deutsch). 
En el modelo original de Deutsch los niveles o depósitos son cinco:
·       en lo alto de todo, circulan las ideas de las élites sociales y económicas.
·       El segundo, élites del gobierno y políticas.
·       El tercero, redes de comunicación de masas, periodistas y comunicadores sociales.
·       El cuarto, por los líderes de opinión a nivel local, o sea, ese 5 o 10% de la población que
verdaderamente se interesa por la temática política y que la comunica a sus grupos de
pertenencia o influencia.
·       El quinto es el pueblo, en el depóstio de los públicos de masas, bastante más activo de lo
que primeramente se consideraba.  
Sobre este modelo de cascada, digamos que: 
a) Es importante el rol de los líderes que son también objeto privilegiado de la opinión de los
ciudadanos: líderes que pujan entre sí por el voto y por influir en la O.P. a través de
los Medios
, que por su parte, no transmiten siempre fielmente sino haciendo sus interpretaciones y
recortes, transformando algunas cosas en noticias y otras dejándolas fuera de agenda.
Tampoco todos los Medios coinciden en sus opiniones; muy al contrario, están sujetos a
múltiples intereses ideológicos y económicos contrapuestos.
 
b) Por lo tanto, ninguno de los depósitos es monolítico, sino que suponen opiniones
encontradas, no necesariamente consensuadas. 
c) Hay constantes proceso de feedbacks, o retroalimentaciones entre un nivel y otro (del
gobierno al pueblo, y de éste al gobierno, etc.) 
d) En muchas ocasiones, adquiere gran importancia el líder local (regional, partidario, de la
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organización, escuela, iglesia) que reinterpreta las informaciones de los Medios y las elabora
para sus respectivos grupos de pertenencia. Son un verdadero filtro, que pueden reforzar una
opinión vertida, o bien descalificarla como absurda, increíble, irrelevante, etc.
 
e) Tener en cuenta algo no comtemplado por Detsch, la opinión de los intelectuales y técnicos,
por una parte, y la de
los grupos de pertenencia,
por otro (familia, escuela, fábrica, oficina, organización, etc.)
 
f) Finalmente, recordar que este modelo de cascada fue diseñado sobre todo para la política
exterior, pero no se ajusta tanto a problemas políticos que afectan directamente al pueblo, cuya
opinión surge más como una ebullición.Por lo tanto, el público puede reaccionar en forma
imprevista e inesperada, sorprendiendo a los líderes y gestores de opinión (los depósitos
superiores de la cascada). Son mareas de opinión que
desbordan el curso de las aguas.
 
En definitiva, salvadas estas observaciones, la tendencia de formación de la O.P. es la de
cascada.
 
Resumiendo, las opiniones provienen de dos fuentes:de mensajes informadores y de grupos
de identificación .
En los grupos puede haber opinión sin mucha información, como opinión “del” grupo, como
preconcepto que puede resistir cualquier nueva información que lo ponga en entredicho o
duda.Recordar este tema en nuestro curso de Comunicación, ampliamente desarrollado.Por lo
tanto, la O.P. es formada por todos y por ninguno en particular; o sea, de múltiples formas y
desde múltiples lugares de influencia, no siendo ninguna fuente decisiva o determinante por sí
misma.
 
Policentrismo y requisitos de la autonomía de la opinión 
Cuanto llevamos dicho supone por supuesto un sistema democrático donde hay libertad de
pensamiento, de expresión y de organización. Veamos sus implicaciones. 
a) Libertad de pensamiento, algo que lentamente se va adquiriendo desde la búsqueda de la
verdad y del respeto por la verdad, por lo que realmente ha sucedido o sucede, o se ha dicho;
de la verdad como “ realidad” . Supone la autonomía frente a los
que intentan imponer su pensamiento y su interpretación, generalmente como la única
verdadera. Es pensar con la propia
cabeza, desde uno mismo, con sentido crítico, con la mayor objetividad posible. Supone la
siguiente libertad:  
b) Libertad de expresión, de comunicar lo que se piensa. oralmente, por escrito, en privado o
en público. Lo que presupone un contexto de seguridad, pluralismo y respeto, sin miedos, sin
censuras, sin amenazas.  
c) Libertad de organización para propagar nuestras ideas y opiniones. Hay dos organizaciones
fundamentales: los partidos políticos y los medios de comunicación.
 
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Una verdadera O.P. autónoma supone, por lo tanto, una estructura
policéntrica
, sin ningún tipo de monopolios, sea estatal o privado. Un policentrismo no dominado por una
sola voz, o por la hegemonía de una voz rodeada por pigmeos...
Contra esta autonomía policéntrica atenta, como ya se dijo, la propaganda totalitaria y la
masiva moderna.
 
La propaganda política totalitaria Sus típicos ejemplos son el régimen de Hitler, la
URSS, los países del Este y la China de Mao. Salvand
o las muchas diferencias particulares, vemos las siguientes
características:
 
1.    La estructura de comunicación es unicéntrica y monocolor. Habla sólo la voz del régimen.
2.    Todos los instrumentos de socialización, también la escuela, son también de propaganda
del Estado. No hay diferencia entre educación y propaganda.
3.    Es un mundo cerrado, que censura todos los mensajes externos y aún impide la salida de
los ciudadanos hacia afuera.
4.    La O.P. es controlada rígidamente por los líderes y activistas del partido único.
5.    La propaganda invade también la esfera privada e íntima de los ciudadanos. Es mucho
más que una opinión pública.  El ciudadano, por tanto, está expuesto desde que nace a
una propaganda doctrinaria y obsesiva, sobre la base de la verdad absoluta, jamás
cuestionada.
Por lo tanto, puede haber opinión en el público, pero nunca “del “ público” , pues toda opinión lo
es si viene del Estado o del aparato. En este sentido, no hay verdadera información, en cuanto
búsqueda de la realidad lo más objetivamente posible, sino siempre
interpretación
planificada de los hechos desde la ideología dominante y exclusiva.
En consencuencia, los comunicadores son en realidad propagandistas, siendo su ética la de
servir a la causa, no a la verdad de los hechos.
 
Elementos y características de la opinión pública 
Ante todo, no hay una opinión pública, sino muchas, muchas opiniones y muchos públicos. Al
decir “opinión pública” nos referimos a la tendencia mayoritaria sobre un asunto particular. Se
entiende por
opinión
“ una respuesta que se da a una pregunta en una determinada situación” (Lane y Sears).
Esta opinión-respuesta no tiene que ser necesariamente definitiva, sino que puede ser
cambiante según las nuevas circunstancias o nuevas informaciones o reflexiones del sujeto.
O sea, cambiar de opinión no significa necesariamente incoherencia; en todo caso puede ser
coherencia con la búsqueda de la verdad. 
Preguntémonos ahora cuál es la estructura y cuáles son los componentes de la opinión
pública, y cuál es el grado de información que la sustenta en el público
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en general.  
1. La mayoría de las investigaciones se basan en los comportamientos electorales, donde
mejor puede palparse la opinión pública.Distinguir que la sola información no es opinión, y que
puede haber opinión sin información (así en los preconceptos y prejuicios, especialmente de
tipo social o grupal).  Lo importante es ver la relación
entre el mensaje como es emitido y ese mismo mensaje
cómo es recibido o interpretado
.
Poco a poco estas informaciones interpretadas se van organizando en una red o estructura
que va conformando una opinión. Es lo que se llama, por ejemplo,
 
“ una visión liberal de la realidad”.
Desde esta red conceptual el sujeto puede escuchar nuevas opiniones o recibir otras
informaciones.
Si su visión es cerrada (ideologismo) sólo interpretará desde esa visión, excluyendo lo que se
le oponga.
Si es abierta, será capaz de hacer las modificaciones del caso o de mantenerse en suspenso
hasta tener nuevas informaciones.
 
Por su parte, quien está muy poco ideologizado, o sea, quien no tenga algún esquema o
sistema de interpretación, tampoco puede incorporar el nuevo dato  o lo tendrá en forma
aislada, sin percibir el conjunto.
Recuerdo al lector que estos temas son tratados profundamente en el curso de Comunicación
del IEA.
 
2. Interesante es ahora preguntarnos cuánto sabe o no sabe la opinión pública.
Hay mucha documentación tanto sobre procesos electorales como sondeos de opinión (en
EEUU especialmente).El resultado de estas investigaciones es desalentador: es muy alto el
nivel de desinformación, mala información, ignorancia o distorsión de la realidad. Y no es para
menos, habida cuenta de que a quienes lideran la sociedad no les interesa una objetiva
información por parte de la ciudadanía.  Por su parte, los Medios aunque
dan mucha información, ésta llega fragmentada y parcelada, sin debate o, a menudo, con
debates dirigidos.  
Propaganda y Publicidad 
Es importante distinguir la propaganda (de tipo ideológico en sentido amplio) de la publicidad
(de tipo comercial). Una distinción que hoy tiende a diluirse en la medida en que los políticos
utilizan estrategias publicitarias en sus campañas electorales. 
a) La propaganda como tal no sólo se ejerce en los Medios, sino en cualquier tipo de
organismo social o medio de influencia (libros, escuela, grupos, iglesias, etc.). 
b) A la propaganda se le permite un mayor margen de “mentira” o falsedad o engaño que a la
publicidad, sea por la libertad de pensamiento sin censura, sea porque los objetos o mensajes
no pueden ser medibles, o son futuros, o son más difusos o abstractos (Nadie se toma muy en
serio tantas promesas electorales; pero, aunque se las suponga falsas o mentirosas, se las
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considera como parte del juego...).Es decir, el ciudadano que adquiere un producto comercial
tiene cierta garantía y un gran poder de control sobre la mercadería; no así el ciudadano
consumidor de ideas y promesas políticas.  
c) Otra diferencia importante es que en la propaganda política o ideológica en general, tiene
mucha mayor relevancia lo que no se dice, lo que no se informa, lo que se oculta, que lo que
es dicho expresamente. La propaganda directa suele
tener mayor resistencia en el sujeto receptor; pero la desinformación por largo tiempo genera
inevitablemente una ausencia de realidad, o una realidad con grandes “agujeros” ; por tanto,
una realidad parcializada a la medida de ciertos intereses.
 
Todo esto tiene que ver con
las técnicas sutiles de persuasión y de manipulación
(tema ya tratado en otras oportunidades en nuestro curso).
 
d) También tiene que ver con la ética del informante o del propagandista, y con su mayor o
menor nivel de ideologización o de objetividad
(dentro de lo posible).
A mayor ideologización y adoctrinamiento, mayor tendencia de invadir el campo perceptual del
sujeto y de restarle capacidad crítica.
 
Lo cierto es que en el proceso de formación de la O.P. debemos tener en cuenta todas estas
variables, cuyo resultado podría ser una opinión pública muy generalizada y de mucho
consenso, pero radicalmente falsa y distorsionada, sin que
el sujeto (el público) advierta el grado de su engaño o manipulación (sobre esto hay infinidad
de ejemplos en la historia, baste pensar en las informaciones de guerras).
 
e) Respecto a la formación de la O.P. en las elecciones, se distinguen dos categorías de
sujetos:  ·       los identificados con un
partido, programa o ideología, y
·       los votantes por cuestiones puntuales (“issue voters”), o sea, que votan en función de las
posiciones que los partidos toman sobre asuntos particulares que les interesan (aumento de
sueldo, salud, propuestas sobre desocupación, etc.). 
 
El primero es un elector estable, y resistente a cualquier propaganda contraria; el segundo es
inestable y atento a la propaganda para tener mejores elementos para su elección.
 
Se supone que el primero es más a-rracional y más emotivo, y que
el segundo es más racional y pragmático, llegando incluso a utilizar el “voto castigo”. 
 
Pero nada impide que un votante identificado con tal ideología o programa, sea profundamente
racional y tenga un voto convencido y bien elaborado. Y que el votante “issue” , lejos de ser
más racional, puede ser alguien que no tiene idea de lo que se trata al momento de votar,
 
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Lo cierto es que todo elector vota desde
“su propia racionalidad”
, desde su percepción de la realidad, desde sus puntos de vista e intereses, supeditado a
muchas influencias no controlables (educación, prejuicios, sexo, edad, etc.).
 
A modo de síntesis 
La democracia necesita una opinión pública autónoma, algo de por sí cada vez más difícil de
lograr.
El punto más débil y desgraciado es el punto de partida de toda opinión: la base de la
información. Si no
existe o existe distorsionada, entonces no hay autonomía posible y la democracia se
transforma en una caricatura.
 
Al margen de la posible manipulación de la información, también es evidente que una buena
información sobre la cosa pública demanda tiempo y un flujo constante de información que hay
que procesar .  T
iempo e interés por la política. Mucha gente puede estar muy bien informada sobre temas
varios, pero no sobre política o música, por ejemplo. Es decir, hay
que buscar la forma de que la ciudadanía
se motive e interese
por la cosa pública, y no solo por las elecciones.
 
Buscar no sólo que exista una opinión pública, sino que sea de calidad, que no solamente
reciba información sino que tenga
conocimiento
, o sea, capacidad de procesar la información y de poder tomar decisiones racionales, sea al
momento de votar, sea al momento de analizar otras cuestiones públicas importantes.
 
 
 
 
 
 

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