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POR QUIÉN

RETUMBAN LOS
PARCHES
POR QUIÉN
RETUMBAN LOS PARCHES
Algunas historias de baterías y bateristas Argentinos
FÉLIX EDUARDO PY
EDITORIAL DUNKEN
BUENOS AIRES
2004
Hecho el depósito que prevé la ley 11. 723
Impreso en la Argentina
© 2003 Félix Eduardo Py
ISBN 987-43-2497-X
Editorial Dunken - Ayacucho 357 - Capital Federal
Tel/fax: 4954-7700 - 4954-7300
E-mail: info@dunken.com.ar
Página web: www.dunken.com.ar
Py, Félix
Por quién retumban los parches:
algunas historias de baterías y bateristas argentinos.
1ª ed. Buenos Aires Dunken, 2003.
80 p. 28x20 cm.
ISBN 987-02-0476-7
1. Música Argentina-Historia I. Título
CDD 780.982
A Mere, mi mujer
A mis hijos Agustina, Carolina, Martín,
Mercedes y Diego
A mis amigos de siempre, Carlos, Cristián y
Fabián
NOTA DEL AUTOR:
La información publicada puede no contar con la completa y cronológica
exactitud de los hechos, ya que este trabajo involucró rememorar situaciones
ocurridas hace mas de 35 años y de las cuales, en la mayoría de los casos,
hay pocos antecedentes escritos.
He tratado mediante las entrevistas personales, investigación bibliográ-
fica, aportes de opiniones de particulares y de conocimiento propio, volcar
con la mayor veracidad posible aquellos años del inicio del movimiento
“Beat” hoy llamado “Rock Nacional” con referencia a la fabricación de
baterías y a los sets usados por algunos de los mas reconocidos bateristas de
entonces, por lo cual pido disculpas por algún error u omisión involuntaria
que pudiera existir en estas páginas o por alguna opinión no compartida por
el lector, pero creo que valió la pena hacer el intento
“Vivan todos los buenos recuerdos... y
algunos malos también!!”
Miguel Zavaleta
Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios...
de todas maneras, gracias a Dios.
Agradecimientos
A todos mis amigos con los que hice, hago y haré música, por compartir ese momento
privilegiado de tocar.
A todos los músicos profesionales con los que he tenido la suerte de tocar alguna vez y
que me permitieron estar cerca, aunque fuera por un rato, de ese sueño adolescente de
ser músico.
A Cacho y Polola Onorato ( DAIAM), por el cariño y apoyo permanente.
A José Colombo, por su calidez y esas tardes de anécdotas.
A los hermanos Nuciforo, por la continuidad y la tradición
A Omar Eljatib, por sus recuerdos e información.
A Néstor Astarita por sus sabios consejos y su prólogo
A Bocho Díaz y a Aquiles Roggero, por los años de amistad y las ideas
A “El Cuervo” Tórtora y a Gustavo Solá, por la cordialidad y el afecto.
A Daniel Volpini (Club de Bateristas Argentinos), por su iniciativa y constancia
A Black Amaya por su constante preocupación
A Daniel y Gustavo Pérez, Sergio Rizzi y Sergio Resar (DRUMMER), por la permanente
colaboración
A Cesar Pueyrredón y Alejandro Giordano, por las oportunas referencias
A Lourdes Massa, por su ayuda en la corrección de este libro
Y muy especialmente a cada uno de los bateristas entrevistados, porque me abrieron las
puertas de sus recuerdos y comenzaron a ser parte de los míos.
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PRÓLOGO
“Los gustos hay que dárselos en vida y los sueños hacerlos realidad”.
Mas allá de la agradable sorpresa que alguien te llame y te diga “...voy a escribir un
libro sobre baterías y bateristas argentinos” está el contenido emocional y la dedicación
de años, de hombres que han desarrollado, en intensa lucha y en un medio hostil y
competitivo –internacionalmente hablando– la incipiente industria nacional.
Creo que este es el merecido reconocimiento a gente tan fanática y enamorada de la
Negra, la Blanca, la Bata o como vos quieras denominarla, pero seguro que cualquiera
sea el color y la marca, ella ha sido tu leal compañera. Al igual que nuestros laboriosos y
honestos luthiers que nos cedieron sus primeras creaciones, (mas de una vez hechas a
nuestros caprichosos gustos y medidas), para que las sacáramos a varear por todos los
escenarios posibles.
Doy fe, que a veces, lo hacían con los medios mas precarios y artesanalmente, pero
a pesar de ello lograron desarrollar toda una industria al servicio de la música y los
músicos, creando una verdadera historia de distintos implementos que hacen al instru-
mento que amamos y que tanto nos dio –y al que a veces tan poco le dimos– alrededor
del cual muchos desarrollaron su vida, conociendo el mundo, amigos, novias y esposas.
En este libro de Félix Py, reviviremos página a página, año tras año, nuestros
primeros y recordados instrumentos, que llenaron de ilusión aquellos pasos iniciales y
nos ayudaron a desarrollar la idea de creer en nosotros mismos, crecer como personas y
como músicos en las mas variadas disciplinas.
Vaya el sincero agradecimiento a todos ellos por estos esfuerzos, en pos de esta
primera parte de la historia de las baterías y bateristas, en este territorio de “Quijotes
del sur”
JAZZTARIAENBATERITA
(Néstor Astarita)
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INTRODUCCIÓN
Uno no sabe bien por qué, no se acuerda exactamente si uno la eligió a ella o ella
nos sedujo primero; tampoco si fue sólo amor a primera vista o fue a fuerza de “golpes”,
si fue un impulso animal por “descargar” pasiones contenidas o una sutil necesidad de
dejar fluir “rítmicas caricias”, uno no sabe... y en realidad poco importa, porque en
definitiva “ella” esta allí.
Contrariando irrespetuosamente las medidas tradicionales, ella no tiene 90 - 60 - 90,
no podría; sin embargo las hay de contextura “compacta” pero atractiva, “amplia” pero
dominable, de “grandes” medidas pero de elegante porte, o más “pequeña” pero de explo-
siva presencia. Ella derriba todas las barreras de colores de “piel” y nacionalidades.
Sabe exactamente cómo responder en cada ocasión, es capaz de generar potentes y
graves respuestas o finas y brillantes resonancias. Muchas veces viaja incansablemente,
otras descansa y nos acompaña fielmente en nuestro devenir, pero siempre, con su
indisimulable presencia está allí: nuestra querida batería.
Sólo el cariño y atracción por este noble instrumento, puede lograr que vayamos por
la vida cargando sus muchos “cuerpos”, armando y desarmando sus “partes” –emulando
al “Dr. Frankenstein”–; y sentirnos “atrapados sin salida” entre sus componentes.
Esos sentimientos –que me acompañan hace más de 35 años– son los que me llevan
a tratar de contar en este libro algunas historias y anécdotas de las primeras baterías
argentinas; y de algunos de los grandes bateristas del Rock, Jazz & Pop nacional, que
nos maravillaban con sus actuaciones a fines de la década del ‘60. Fundamentalmente
por tres razones: rendir un pequeño - pero justificado - homenaje a los pioneros fabri-
cantes de baterías, recordar a esos “heroicos” bateros y sus “sets”, y por último a modo
de herencia para las nuevas generaciones de “bateristas”.
Busque algunos CD con su música preferida, o si tiene más de 40 años, algunas
reediciones de aquellos temas de los años ‘60 y ‘70 que lo deslumbraban y que atesora.
Póngalos en el reproductor y siéntese cómodamente, instale una sonrisa en su cara y
prepárese a viajar con la memoria por aquellos años donde comenzó la historia del hoy
llamado “Rock Nacional”; a recordar aquella insufrible batería que nos permitió dar los
primeros golpes, o a aquélla que tuvimos y quedó para siempre en un rincón del cora-
zón, o tal vez la que quedó en algún olvidado sótano o la que nunca pudimos tener. A
conocer un poco más a los “bateros” que queríamos imitar o a aquellos que nos “partían
la cabeza” con su técnica, o los que nos hacían bailar; en definitiva a meternos por un
rato entre tambores, parches y platillos. Ahora toque “PLAY”.
FÉLIX EDUARDO PY
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UN POCO DE HISTORIA
Si algo caracterizó siempre a nuestro país, fue la poca importancia que le han
dado –en general– los dirigentes y gobiernos, al desarrollo de actividades culturales.
Si además tomamos en cuenta una verdadera “revolución musical” como la que ocu-
rrió en los años ‘60, basta para imaginar contra todo lo que se debió luchar para tratar
de expresar esos nuevos estilos y ritmos; pero si a todo esto le sumamos que casi no
había industria autóctona de instrumentos musicales y la importación estaba práctica-
mente cerrada, las posibilidades de crecimiento de la llamada “música moderna” eran
absolutamente limitadas.
Sin embargo ocurrió todo lo contrario, se gestó un movimiento musical extraordina-
rio, que sentó las bases del Rock & Pop nacional y que fue acompañado con un desarro-
llo que, aunque en muchos casos precario, impulsó la fabricación de instrumentos musi-
cales argentinos en forma masiva.
No todos los fabricantes pusieron el mismo empeño y calidad en sus equipos,
algunos por razones de precio y competencia, otros por tecnología o capacidad; así
cohabitaban en el mercado instrumentos excelentes y otros realmente “intocables”. Lo
poco importado de “marca” que había, costaba realmente una fortuna; otras veces eran
de marcas desconocidas, también mucho de “segunda mano” (usadísimo) y de repuestos
y/o accesorios... ni hablemos!!
AVISO PUBLICITARIO DE INSTRUMENTOS NACIONALES (1972)
Muchos de los primeros grupos (“conjuntos”) nacionales eran admirados no sólo
por su estilo, como “sonaban” o por su repertorio, sino por su equipamiento e instru-
mentos. Sé de muchos músicos incipientes que en los ’70 (hoy estrellas del rock), iban a
presenciar recitales o actuaciones de artistas o grupos que no les gustaban, sólo para
escuchar y ver en directo los instrumentos de sus sueños.
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Pero volviendo a los bateristas, en algunas ocasiones llegaban a nuestras manos
catálogos de fabricantes de baterías extranjeras como LUDWIG, ROGERS o PREMIER.
Era increíble ver la diversidad de modelos y accesorios que existían en otros países,
muchos de nosotros los mirábamos “embobados” durante horas y horas, soñando con la
posibilidad, algún día, de poder sentarnos a tocar sobre ellas.
Por todo esto, “tocar” o “sonar” bien era un verdadero desafío, especialmente para
nosotros, ya que en los años ‘60 los equipos de sonido (amplificación general) no
existían, o eran básicos, por lo que nuestro “kit” debía sonar bien y no quedar “tapado”
por el resto de la banda. La afinación de la batería era otro de los problemas a solucio-
nar, como no había gran variedad de parches para elegir en el mercado, en muchas
ocasiones se debía sacrificar una buena afinación por obtener algo más de volumen.
Con el paso del tiempo, la batería pasó (conjuntamente con el bajo) de ser la “base”
de la banda a desarrollar y ampliar su propio espacio dentro de la musicalidad del grupo.
Ésto requirió de nuevos sonidos; así los catálogos de baterías y accesorios crecieron
exponencialmente; surgieron nuevas medidas de “cascos”, nuevas conformaciones de
“sets”, nuevos timbres de platillos, mejores soportes y baquetas. Los bateristas comen-
zaron a generar su propio estilo y a conformar “su” sonido característico.
Claro que las cosas han cambiado –y mucho– en nuestro país, hoy pese a las
limitaciones y vaivenes de nuestra economía, y gracias en parte a la globalización de la
tecnología, podemos disfrutar todavía de una variedad de modelos y calidades de instru-
mentos y accesorios que nos permiten elegir y armar ese “sonido” que buscamos.
No quiero terminar esta introducción sin mencionar algunos conceptos personales
que hacen a la definición de algunos estilos musicales, grupos, y clasificación de los
bateristas mencionados en estas páginas.
Cuando a mediados de los ‘60 comenzaron a aparecer los primeros conjuntos nacio-
nales, la llamada “música moderna” tenía como generalidad tres estilos: Rock & Roll,
Beat y Melódico. Rock & Roll sólo se hacía en inglés y era un término muy “duro”,
quizás por ello, los primeros “conjuntos” y algunos solistas nacionales –que cantaban en
castellano– terminaron encasillados en el “Beat” (Los Gatos - Almendra - etc.). Tam-
bién en los tradicionales bailes de carnaval, actuaciones e incluso en la mayoría de los
avisos de las revistas para la juventud (Pinap - La Bella Gente - Cronopios) se
promocionaban los instrumentos y equipos “Para hacer música Beat”.
ALGUNOS LOGOS DE BATERÍAS ARGENTINAS
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Así, el término “Beat” –originado en par-
te por la forma del ritmo (generalmente la
apoyatura del “Beat” en los compases) y en
otra por el estilo e influencia de “The Beatles”
– invadió los primeros tiempos de la nueva
música en nuestro país; de él surgieron los
conjuntos que, cantando en castellano temas
propios o ajenos, o interpretando covers en
otros idiomas, se presentaban en los recitales,
festivales y bailes. Por supuesto también fue-
ron los que grabaron los primeros discos del
nuevo estilo musical para los jóvenes de en-
tonces.
Como todo comienzo efusivo, fue un tanto
caótico, y como la demanda de música era
mayor a la oferta, rápidamente se “inventa-
ron” y “armaron” conjuntos para interpretar
los éxitos de los charts extranjeros –por mu-
chas razones en nuestro país se tardaban va-
rios meses en poder editar un tema por su
intérprete original–; esto hizo que muchos de
estos grupos –en mi opinión mal llamados
“comerciales” y en algunos casos equivo-
cadamente despreciados– estuvieran con-
formados por muy buenos músicos y en
particular por recordados y excelentes
bateristas.
Luego esas bandas y solistas tomaron
un camino más definido, todo se decantó y
así nació el Rock Nacional –con todas sus
variantes (blues, soul, pesado, sinfónico,
metálico, etc.) y otros géneros musicales
como el Pop, Baladas, Melódico. El tiem-
po y el público se encargaron de llevar a
algunos de estos grupos a la historia gran-
de de la música argentina, y a otros a un
piadoso olvido.
Como decía en los primeros párrafos
de la introducción, mi intención es rendir
un pequeño tributo recordando a estos
esforzados luthiers y a algunos de los ex-
traordinarios bateristas, que de una u otra
manera han participado del movimiento ini-
cial del rock & pop argentino allá por fines
de los ‘60, a quienes yo considero héroes
de la música moderna argentina, y es por
ellos “Por Quien Retumban Los Parches”.
AVISO PUBLICITARIO DE LOS TRADICIONA-
LES CARNAVALES DE LOS AÑOS 70
REVERSO DE FOTO PUBLICITARIA
DE “SERU GIRAN”
LAS
BATERÍAS ARGENTINAS
23
CAF
A principio de los años ‘60, en la localidad de Ciudadela, Carlos Alberto Ferrando
(CAF) se encontraba fabricando principalmente bombos legüeros (folklóricos) –ya que
en esa época existían varios y exitosos programa de TV de guitarreadas juveniles y la
demanda de estos instrumentos era muy importante– y algunas baterías y tambores a
pedido.
A propuesta de Miguel Angel (Cacho) Onorato, que recientemente se había estable-
cido con su propia casa de música “DAIAM” en la calle Talcahuano, y gracias a su
continua insistencia, CAF comenzó a fabricar sus
primeras baterías de serie.
Tomando como modelo la famosa GRETSCH,
muy de moda entonces, Ferrando empezó a reali-
zar una producción masiva obteniendo un éxito
inmediato. Los pedidos superaban la producción
semanal y la marca CAF comenzó a estar presen-
te en todas las casas de música; la clave estuvo
siempre en el diseño, las maderas utilizadas y las
terminaciones de los cascos.
Distintivamente la marca utilizaba en la ma-
yoría sus terminaciones, laminados de “fórmica”
(*) de imitación madera, o lisos, que se alterna-
ban con algunos acetatos tipo “perlados” o “bri-
llantes” con un logo semi-circular de chapa es-
tampada con fondo negro.
En esta primera etapa, las torres eran una copia exacta de las GRETSCH, de muy
buena calidad y excelente cromado, los aros eran de chapa estampada con la solapa
hacia dentro del tambor, y los parches eran fabricados por Mujica, aunque con la marca
CAF.
Las medidas de los tambores respondían en general a la demanda de los grupos de
“jazz”, redoblante de madera de 5 x 14, bombo de 20’, toms de 12 y 14, luego amplia-
dos a 13 y 16 respectivamente.
La batería tenia muy buen sonido, bue-
na presencia y fundamentalmente era muy
sólida y confiable a la hora de su armado
para tocar en shows y giras. Por ello fue la
elegida por los primeros y grandes grupos
del momento: “Los Gatos”, “Almendra”,
“Manal”, y tantos otros que le dieron una
publicidad tan importante, que terminó por
convertirse en la batería más codiciada del
mercado.
Apoyado por este éxito, pero sin dor-
mirse en los laureles, a fines de 1970
Ferrando generó un cambio que llevó a la
marca a consolidarse como la “N° 1” de las baterías nacionales. Durante muchos años;
con la colaboración de algunos bateristas y tomando como modelo la “Classic” de
TAMBOR CAF AÑO 1970, TORRES
SIMIL GRETSCH, TIRABORDONA
SIMIL LUDWIG
BATERÍA CAF MODELO 68
(VER SOPORTE DE TAMBOR PREMIER)
24
LUDWIG (Llevada muy justamente a la fama
por “The Beatles”), cambió el diseño de las
torres, aros (ahora con la solapa hacia fuera),
patas de bombo (mas firmes) y logo renova-
do, incorporó nuevas terminaciones de colo-
res y amplió las medidas (Bombos de 22 y
24, y tom toms variados) logrando un instru-
mento de excelente calidad y sonoridad que
fue usado por la mayoría de los bateristas pro-
fesionales de la época.
Ya a fines de los ’70, y como con-
secuencia de la competencia con los
instrumentos importados que comen-
zaron a arribar al país con la apertura
de l mercado, CAF comenzó una difí-
cil etapa de convivencia con baterías
extranjeras de afamadas marcas y tra-
yectorias. Como ocurrió con casi toda
la industria nacional de instrumentos
musicales (y de muchos otros rubros),
entonces aquella variedad de modelos
(Standard, Show model, New sonic,
Classic ) se redujo drásticamente y que-
dó relegada en su producción y su par-
ticipación en el mercado, la que sólo recuperó
parcialmente a mediados de los ‘80.
La década del ‘90 encontró nuevamente
a nuestro país con una economía abierta, los
altos costos internos de producción y la
globalización de marcas, hicieron desfavora-
ble la fabricación nacional de instrumentos
musicales; esto determinó el cierre casi defi-
nitivo de esta importante casa de percusión,
que dio a la música argentina uno de sus me-
jores instrumentos. La marca hoy en día es
propiedad del Sr. M. A. Onorato.
Lamentablemente a fines de los ‘90 fa-
lleció el Sr. Carlos Alberto Ferrando, funda-
dor de CAF, dejando tras de si, un querido e
imborrable recuerdo como uno de los gran-
des fabricantes de baterías argentinas. Segu-
ramente su espíritu continuará viviendo en
las nuevas generaciones de “Luthiers” y “re-
sonando” en sus maravillosos instrumentos.
TAMBOR CAF 1969 CON TERMINACIÓN
GOLDEN OYSTER
BATERÍA CAF “NEW SONIC” DE 1971,
CON PARCHES “HISPANA”
CAF DE FINES DE LOS '80
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COLOMBO
En los alrededores de la ciudad de La Plata, en la localidad de Tolosa, a mediados
de 1964 el Sr. José Colombo comenzó a fabricar instrumentos de percusión (bongos,
tumbadoras, etc.) Lo hizo inicialmente en el garage de su suegro, luego y gracias a su
crecimiento, se trasladó a un local propio y más amplio. Utilizando excelentes maderas
como cedro paraguayo, paraíso y pino brasilero, con un moderno diseño exterior, pero
respetando tradiciones ancestrales, obtuvo como resultado un conjunto de excelentes
instrumentos de percusión que revolucionaron la música argentina de entonces.
Particularmente, era de destacar la innovación en cuanto a las terminaciones, los
aros y soportes de los componentes. Diseñó los primeros “sets” de bongo & tumbadoras;
debido al éxito de sus instrumentos y a la continua presencia de su marca en la mayoría
de casa de música, decidió con toda certeza salir a competir en el año ‘68, en el rubro de
las baterías.
Apoyado económicamente por el
Sr. Francisco Onorato, quien era titular
de DIMI (una casa de música muy fa-
mosa en las décadas ‘60 y ‘70 y to-
mando como punto de partida la cali-
dad de maderas y solidez del instru-
mento), COLOMBO desarrolló una
batería de diseño original - aunque con
alguna reminiscencia de la GRETSCH
y de la SLINGERLAND, si se me per-
mite la opinión -, que rápidamente
ganó un lugar destacado entre los
bateristas argentinos, particularmente
en los cultores del Jazz., para luego
ampliarse a jóvenes instrumentistas y
reconocidos profesionales.
Diseñó sus cascos con maderas nobles de muy buena calidad, con confiables y
durables torres (de diseño plano semicircular), aros de buen espesor (con la solapa hacia
el interior), un innovador sistema de “tom holder” para el bombo –dejando atrás el hasta
entonces tradicional soporte tipo “Consolette” de LUDWIG–, muy firme y rebatible; fue
el primero en colocar patas de bombo y tom tom “melladas” con sistema de anclaje
doble (goma o clavo).
Su modelo más conocido, venía equipada con dos toms (12 y 13) sobre el bombo
(de 22) y tom de pie de 16, el modelo más “jazzero” tenía bombo de 20 y toms de 13 y
16, aunque por supuesto hubo sets de todas las medidas y combinaciones. Las termina-
ciones generalmente eran de colores lisos pero brillantes y también algunos acetatos tipo
“Sparkle” muy de moda entonces.
Uno de los puntos fuertes de COLOMBO, dentro del mercado de baterías, fue su
tambor metálico; construido en un buen acero inoxidable, de pulcra y prolija terminación,
tenía una brillante sonoridad y una perfecta afinación. Es recordado por su gran peso, fiel
reflejo de la calidad de los materiales con que estaba construido.
A mediados de los ’70, COLOMBO introdujo en el mercado los primeros “sets” de
grandes dimensiones y era la elegida de los rockeros y “bateros” más pesados. También
realizó algunos cambios en los accesorios, incorporando piezas de aleación en reempla-
BATERÍA COLOMBO CON SOPORTES Y PIES
ORIGINALES (VER DISEÑO DEL HI HAT)
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zo de algunas de fundición, las que a veces
le trajeron algún dolor de cabeza, ya que
con el uso intenso se partían.
En cuanto a los parches utilizados, siem-
pre fueron provistos por Mujica, con la mar-
ca propia, hasta que tomó contacto con la
famosa casa Remo, a quien entonces se le
encargó a la tarea de “vestir” los tambores
con parches marca COLOMBO, pero fabri-
cados por ella.
El logo de la marca nunca cambió, su
ovalo de chapa estampada en relieve, es todo
un símbolo de una estirpe que continúa a
través de las décadas. Sólo realizó algún
cambio cuando, a fines de los ‘70 y en ho-
nor a su hija Claudia, lanzo algunos instru-
mentos con la marca “CC”.
Como toda empresa
nacional, se vio afectada
por las cambiantes con-
diciones económicas de
nuestro país. A principio
de los ‘80 y a través de
la Casa Radaelli (una co-
nocida casa de música que importaba la marca
“Premier” y que también supo fabricar algunas bate-
rías en los años 50), tomó contacto con los directo-
res de esa marca Inglesa la que estuvo muy interesa-
da en importar sus instrumentos, lamentablemente el conflicto bélico por la Islas Malvinas
dejó sin efecto esa posibilidad; sin embargo reali-
zó algunas exportaciones a EE.UU., donde sus pro-
ductos tuvieron una importante aceptación.
Pese a las dificultades, COLOMBO sigue en
el mercado local brindando instrumentos de per-
cusión de excelente calidad.
Prueba de ello son los
instrumentos que casi ex-
clusivamente a pedido
COLOMBO hoy realiza;
con materiales de primera
calidad y un cuidadoso tra-
tamiento artesanal. Sin
apartarse de sus principios,
ha logrado conjugar lo me-
jor de su tradición con un
sonido personal y moderno.
TOM HOLDER
COLOMBO, CLÁSICO DE LA MARCA
BATERÍA COLOMBO MODELO PARA ROCK
(VER TOM HOLDER DE ALEACIÓN Y UN RARO
LOGO TIPO “GRETSCH)
TAMBOR COLOMBO METÁLICO
DE 10 TORRES, TIRABORDONA SIMIL
GRETSCH
CLÁSICO LOGO COLOMBO
BATERÍA COLOMBO 2003
(22, 14, 13, 14 Y 18)
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DIXIE
La explosión de la música moderna hizo que, como en otros países, surgieran en la
Argentina, gran cantidad de grupos (“conjuntos”) ávidos por “tocar”; y lógicamente para
satisfacer esa creciente demanda de instrumentos aparecieron varias marcas de baterías.
Algunas de ellas, como DIXIE, eran una marca casi exclusiva de tradicionales casas de
música, en este caso de una de las legendarias: “Casa Galé”, que fuera en su momento
importadora nada menos que de las admiradas baterías ROGERS.
DIXIE salió a competir en el segmento más
“amateur” del mercado, principiantes y bateristas
que buscaban un instrumento intermedio en cuan-
to a precio y calidad, con un sonido confiable y
una moderna y buena apariencia.
Dos modelos fueron los más conocidos. El
más económico fue fabricado con maderas de
guatambú de tres capas, y venía provisto de
unas torres hexagonales, simples pero eficaces,
aros de chapa, con la tradicional solapa hacia
adentro y terminaciones de acetatos lisos o naca-
rado. El otro set –de mejor calidad en la termi-
nación– fue denominado “De Luxe” y tenía to-
rres semi-circulares (Tipo las Gretsch), y algu-
nos acetatos especiales.
Ambos modelos tenían como par-
ticularidad las medidas del bombo, ge-
neralmente eran de 20 x 12, es decir
bastante menos profundo que los utili-
zados por otras marcas. La mayoría de
las baterías tenían como soporte de toms
flotante el tipo “Consolette” y un parti-
cular logo de chapa con fondo negro,
tipo escudo, de inocultable influencia
LUDWIG.
DIXIE fue la primera batería na-
cional de serie que contó con un set de
metal cromado, algo bastante inusual
para entonces. Este kit fue usado –en
forma promocional– por el maestro
Padin, baterista de la “Orquesta de
Eddie Pequenino” (un gran músico y
reconocido trombonista de los años 60), durante un exitoso programa de TV semanal.
También puso su marca en algunos instrumentos de percusión y soportes de platillos, Hi
Hat y pedales de bombo.
A mediados de los ‘70, se renovaron algunos de sus modelos y se incluyó una línea
de soportes tipo “Premier”, que mejoró las ventas de la marca, pero siempre dentro del
segmento intermedio, Con el paso de los años –y como otras marcas– quedo reducida a
la producción de algunos instrumentos de percusión, tambores para bandas escolares y
marcha, para luego casi desaparecer del mercado local.
TAMBOR DIXIE 70
DE LA LÍNEA ECONÓMICA
TAMBOR DIXIE DE METAL 14 X 6
DE LA LÍNEA “ DE LUXE”.
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GRETCH
La inventiva nacional no descansó con el afán de aprovechar el boom que se generó
a fines de los años ‘60, por la gran demanda de instrumentos musicales. Es así que
algunos fabricantes usaron y registraron marcas que sonaban fonéticamente igual que
prestigiosos productos extranjeros, pero que nada tenían que ver con ellos (“FEENDERS”,
“GIPSOUND”, etc.).
Una desaparecida fábrica de guitarras y bajos de principios de los ‘70 (que fabricaba
guitarras marca “Ellisound”), registró la marca GRETCH, sin “S” después de la T, y con
un logo un tanto particular, lo cual le daba la sonoridad de la famosa marca americana
de baterías y guitarras.
Aprovechando esta situación y mediante un acuerdo comercial,“Casa Galé” le puso
esta marca a algunos modelos de las baterías que fabricaba, y las vendió a un precio un
poco más elevado. Es por eso que algunos incipientes bateristas de entonces, estaban
convencidos que tenían la misma marca de batería que usaban por ejemplo, “The Rollings
Stones” y otros famosos grupos extranjeros.
Esta situación no duró mucho tiempo ya que los sets no tuvieron el éxito previsto,
entonces la marca quedó en uso sólo para otros instrumentos y accesorios, pero lo
concreto es que hubo en su momento una “GRETCH” nacional. “Aunque Ud. No lo
Crea”.
29
NUCIFOR
En 1929, el Sr. Enrique Nuciforo fabricó la que sería la primer batería argentina y
que luego daría lugar a una dinastía de constructores de instrumentos de percusión.
Sus habilidades musicales incluían la interpretación de varios instrumentos como el
violín, contrabajo, trompeta, trombón y algunos otros. Junto con sus hermanos integró la
“Orquesta Típica Nuciforo” (ver foto), pero la batería lo apasionaba y por ello tomando
como modelo un “set” americano de jazz de la afamada casa de entonces “LEEDY”
(que luego sería comprada por la LUDWIG y mas tarde adquirida por SLINGERLAND),
comenzó a fabricar baterías en serie.
Originalmente usaba made-
ras como pino y cedro, los aros
(de una sola solapa) se termina-
ban a mano y los parches que
eran únicamente de cuero fue-
ron fabricados por Kucharek un
reconocido fabricante de ese en-
tonces.
No solamente fue un desta-
cado “luthier”, como músico
acompañó e integró los conjun-
tos de Feliciano Brunelli, la tí-
pica de Francisco Canaro, y
acompañó algún tiempo al inol-
vidable bandoneonista Anibal
Troilo “Pichuco”.
En el barrio de Parque Centenario se desarrolla-
ron los primeros años de NUCIFOR. La calidad de
los primeros instrumentos (terminaciones y made-
ras) les dieron grandes satisfacciones y muchas de
las más importantes orquestas contaban con un mo-
delo suyo.
Cuentan los duendes del pasado, que en muchas oportunidades se lo veía llegar a
Don Enrique manejando su “Topolino” (un pequeño auto con un baúl más pequeño
todavía) de donde asomaban sendos bombos y tambores para ser entregados a las más
importantes casas de música de entonces.
Luego en 1952 Nuciforo, vendió la marca y la matricería para dedicarse a otras
actividades pero al poco tiempo decidió volver a fabricar baterías junto a su hijo Federico.
Así nacieron las recordadas REX, de las que hablaremos más adelante. Pasados unos años,
muy cerca de los ‘70, vuelve a comprar la marca NUCIFOR para ampliar sus ventas.
En esos años, la “Beatlemanía” hacía furor, y aprovechando la gran demanda de estos
instrumentos, desarrollaron distintos modelos y la marca se consolidó como una batería
accesible en cuanto a precio, de terminación prolija y bastante sólida a la hora de su
armado.
EL SR. ENRIQUE NUCIFORO
Y LA PRIMER BATERÍA ARGENTINA
LOGO NUCIFOR
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Realizada en madera de
guatambú, contaba con 2 ó 3
capas y un aro interno de ma-
dera que le daba mayor solidez.
Las terminaciones de acetato
tipo “nacarados” eran un clási-
co y también algunos colores
“psicodélicos”, realmente se ha-
bía logrado recrear un modelo
LEEDY pero “a la argentina”.
Como muchas otras contaba
con el conocido Tom Holder tipo
“Consolette” y los accesorios si
bien eran simples, (patas de bom-
bo, de Tom de pie) cumplían su
función, en general las medida
eran: bombo de 20, tambor de
5x14, un solo tom flotante de 12,
o 13 y tom de pie de 14 o 16.
La marca continúa en po-
der de sus hijos, los hermanos
Federico y Ricardo Nuciforo,
quienes desde sus talleres ubi-
cados en la ciudad de Tigre y
en una escala más reducida con-
tinúan, todavía hoy, con la tra-
dición familiar impuesta por su
padre: “fabricar tambores”.
VISTA PARCIAL DEL TALLER DE
LOS HERMANOS NUCIFORO
EN TIGRE, PCIA DE BS. AS.
BATERÍA NUCIFOR 69 “DE LUXE”
(20, 14, 13, 14)
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OMEL
Esta marca de baterías e instrumentos de percusión lleva las primeras letras de su
fundador, el Sr. Omar Eljatib, otro pionero de la industria nacional, que en el porteño
barrio de Caballito y desafiando a un mercado incipiente, sentó las bases de su empresa,
a mediados de los años ‘50.
Comenzó fabricando ins-
trumentos para folklore y de
percusión, como tumbadoras
y bongo, a los cuales vistió
con brillantes y modernas
terminaciones en coloridos
acetatos. También fue uno de
los primeros en estampar
platillos de bronce para sus
baterías.
A mediados de los ’60,
OMEL comienza a fabricar
baterías tomando como mode-
lo “ un poco de todas”, utili-
zando buenas maderas de
guatambú que seleccionaba y
mandaba a doblar. Luego di-
señó las torres que tenían un
cierto aire a GRETSCH, y las
armó con aros de muy buena
terminación y calidad.
La particularidad de esta batería fue el diseño de sus toms colgantes, las torres no
estaban enfrentadas (como en la generalidad de las baterías) sino que estaban desplaza-
das (Ver foto) como un redoblante con doble
torre, y también el ajuste de las patas del tom
de pie, que poseía un doble sistema de presión
y sus patas rectas.
Otro de los diseños exitosos de OMEL fue
su tambor, totalmente de metal, que estuvo basa-
do en las excelentes timbaletas que fabricaba.
Este redoblante poseía doble torre, aros muy pe-
sados y un sistema de bordona, también original.
Los sets generalmente contaban con pies de pla-
tillos, pedales y banquetas de marca propia.
Normalmente sus instrumentos eran distri-
buidos por “Edifilm”, una empresa mayorista
muy conocida de la calle San José (en la Capi-
tal federal), que entonces trabajaba ligada a
“Casa América”, donde se vendían gran canti-
dad de sus productos.
TAMBOR OMEL METÁLICO
DE 16 TORRES SIMPLES
BATERÍA OMEL COMPLETA CON SOPORTES
Y PLATILLOS DE SU MARCA (VER TORRES
DE TOMS FLOTANTES DESPLAZADAS)
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SOPORTE DE HI HAT Y
PAREJA DE PLATILLOS OMEL
DE LOS '70
Quizás por su particular diseño de torres desplaza-
das y su tom holder tipo “Consolette” (común en casi
todas las baterías de entonces), pero con un agarre fijo
al casco del tom colgante, que no permitía gran movi-
lidad, las baterías OMEL no alcanzaron la fama y de-
manda de otras marcas, aunque poseían cualidades si-
milares y un muy buen sonido.
Hoy la marca OMEL continúa en el mercado na-
cional de la mano de su fundador, el Sr. Eljatib, quien
con más de 50 años de experiencia y trayectoria, pone
todavía la misma pasión e iniciativa en todos sus instru-
mentos de percusión, bongo, cencerros plásticos e ins-
trumentos de marcha, murga y soportes de Hi Hat y
platillos.
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OSMAR
Cuando a principios de los años 60 se
inició la expansión de la música en vivo, en
nuestro país (con los denominados “conjun-
tos” modernos) también empezó la aparición
de nuevas marcas de baterías, con una fabri-
cación que podríamos denominar en serio y
en serie.
OSMAR fue sin lugar a dudas una de
ellas; con un diseño original, pero sin perder
la influencia de los sets GRETSCH que esta-
ban muy de moda por entonces. Comenzó a
fabricarse utilizando maderas de guatambú de
3 ó 4 capas, con un tradicional aro de madera
interno de refuerzo, torres de diseño original
(generalmente de aleación cromada), tornillos
de afinación (más delgados que los usados
habitualmente) y con cabeza hexagonal o rec-
tangular lo cual generó el primer problema
entre los usuarios ya que debían conseguir
una llave de afinación especial
Es importante tener en cuenta que se tardó muchos años
en establecer algunos standards de fabricación entre los ins-
trumentos de percusión (medidas de tornillos, de cascos, de
aros, soportes), por esa causa, a través de los años muchas
marcas tuvieron problemas serios de repuestos y terminaron
desapareciendo del mercado.
OSMAR tuvo una aceptación muy importante entre los
bateristas, y rápidamente llegó a las más importantes casas
de música del país: Casa América, Antigua Casa Núñez.
Éstas tenían expuestas en su salones algunas de ellas, su
precio la hacía muy accesible y su sonido era lo suficiente-
mente bueno para ser considerada como un instrumento pro-
fesional.
Como toda batería de aquella época venía provista con
parches de cuero y aros simples (sin solapas) y las termina-
ciones en varios colores nacarados y lisos. No había generalmente un modelo clásico, ya
que constantemente se variaban las medidas de los cascos y diseño de los sets, pero lo
que siempre mantuvo inalterable fue su logo de marca: un rectángulo de chapa negra
con un conejito y el nombre OSMAR.
He encontrado cascos de las medidas más dispares y fabricados en maderas de
distintos espesores y calidades, y también en metal (una novedad para ese entonces);
soportes de toms de distinto tipo desde el tradicional “Consolette” impuesto por LUDWIG,
hasta austeros soportes simplemente en “L”, donde la movilidad estaba limitada a regu-
lar altura y ángulo de “ataque” del tom.
OSMAR BLANCA NACARADA (20,13,16)
TOM HOLDER TIPO “CONSOLETTE”
LOGO OSMAR
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También un modelo donde las
torres eran solamente una larga y
fina rosca fijada al casco, los
tensores de afinación del bombo
no tenían terminación “mariposa”,
por lo que debía afinarse con la
llave de los cascos, y un soporte
de tom extremadamente delgado e
inestable.
Sin embargo, y pese a estas
pequeñas dificultades, muchos de
los bateristas argentinos más im-
portantes comenzaron su carrera o
tuvieron algún modelo de OSMAR
durante ella. Lamentablemente a
principio de los años ‘70 cesó la
fabricación de la marca. La com-
petencia impuesta por las otras ba-
terías nacionales coincidente tam-
bién con la obtención del titulo de
médico por parte del reconocido
luthier (según datos recogidos), hicieron que tempranamente desapareciera un instru-
mento apreciado, que dejó su huella indeleble en la música argentina.
OSMAR 67 (20, 12, 16)
CON INSERTOS DE ACETATOS
Y TOM HOLDER ROGERS SWIV O MATIC
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REX
Casi no hay baterista amateur y también algunos de los buenos
profesionales argentinos que no se hayan iniciado con una batería
REX. Una marca registrada por el Sr. Enrique Nuciforo y su hijo
Federico, cuando a principios de 1962 comenzaron a fabricar bate-
rías “para todos” en la localidad de Tigre.
La marca, con su tradicional logo tipo escudo estampado en
chapa de fondo dorado, fue a fines de los años ‘60 sinónimo de
ritmo; construída estructuralmente en forma muy sencilla, con ma-
deras de guatambú de dos capas, aros de chapa, torres pequeñas
redondas con rosca (sin bujes) y accesorios muy simples, nos dio
en aquellos años la posibilidad a miles de bateristas de dar nuestros
primeros “golpes”.
Como el objetivo era lograr un instrumento económico que estuviera al alcance de
todos, los materiales utilizados no eran de gran calidad y diseño, pero cumplían básica-
mente sus funciones; por ello era preciso mantener los “herrajes” muy limpios y cuida-
dos, lo mismo que la afinación y el armado del “set” y su mantenimiento general.
También hubo que luchar mucho para poder “calzar” los parches en los cascos, ya que
no solían tener medidas exactas.
Sin embargo las terminaciones eran muy pare-
cidas a los instrumentos de mejor calidad, ya que se
trabajaban con acetatos muy variados y con diseños
modernos, que estaban de moda entonces. REX puso
su marca en variados accesorios como pedales de
bombo, HiHat y algunos platillos.
Eran momentos de expansión en los talleres de
Tigre, trabajaban con toda intensidad para entregar
puntualmente los mas de 180 “kits” mensuales que
las más importantes casas de música les adquirían.
Había que adicionar también algunos pedidos espe-
ciales de accesorios y reparaciones.
En casi todas ellas, se podía encontrar una REX
bien plantada, esperando por un comprador. Ese in-
dividuo que, juntando sus primeros pesos o habien-
do logrado enloquecer a sus padres, podía cumplir
su sueño de poder “tocar” sus primeros tambores; por ello, si bien fue siempre un
instrumento para principiantes o amateurs, el recuerdo que ha dejado en todos ellos es
de un instrumento inolvidable, con el que se compartieron muy gratos momentos.
Los Nuciforo también fabricaron un modelo “Super Rex”o REX “De Lujo”, donde las
torres eran similares o iguales a las de su “prima hermana” NUCIFOR, aunque con mejor
madera y soportes.
La reconocida marca, que surgiera en los primeros años de los ‘60, continúa en
poder de los hermanos Nuciforo, y aunque sin su logo estampado, se siguen fabricando
infinidad de instrumentos de percusión como redoblantes de murga, bombos y tambores
“callejeros” para gran cantidad de casas de música, una forma de mantener viva aquella
tradición.
LOGO REX
TRADICIONAL
REX MODELO “ATLAS”, BOMBO
20 X 12, TAMBOR DE 14 Y
TOMS 12 X 7 Y 12 X 8
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STRIKKE DRUMS
A principios de los años ‘70, una marca
nueva ingresa al mercado de baterías de la
mano de los señores Carlos Nuciforo, Joaquin
Rusomano y José Gracia: STRIKKE DRUMS
nace para tratar de imponerse en el segmento
más alto de la plaza.
Con una construcción cuidada, utilizando
materiales de calidad, y tomando como inspira-
ción un modelo de la marca SLINGERLAND,
comienzan a producir en Parque Centenario
una serie de baterías que poco a poco co-
mienzan a destacarse dentro del segmento de
baterías nacionales mas alto.
Claro que no era nada fácil, ya existían
dos marcas como CAF y COLOMBO con una
ganada trayectoria, que se disputaban la elección de los bateros,
quienes con un poder adquisitivo mayor, podían acceder a un
instrumento de alta calidad y que sonaba a “importado”.
Construída en buena madera de guatambú de 3 o más capas,
con una cuidada terminación, torres de buenos materiales y bujes
muy resistentes, lograba imponerse especialmente en jóvenes ejecutantes o como instru-
mento adicional de algunos buenos profesionales.
Los parches eran fabricados como en casi todos los casos por Mujica, algunos
accesorios como pies de Hi Hat y pies de plati-
llos, llevaban el sello de STRIKKE DRUMS, y la
publicidad en las revistas de la época, como
PINAP y LA BELLA GENTE, mencionaba a la
marca como “profesionalmente hablando, la me-
jor batería argentina”.
Entre los bateristas es recordado particular-
mente el tambor de los “sets”, que poseía un es-
pesor y peso muy considerable, un ajuste y afina-
ción excelente y una cálida sonoridad. Este com-
ponente colaboró en gran parte al reconocimiento
que pese a los años transcurridos, todavía tiene la
marca.
Hoy en día los hermanos Federico y Ricardo
Nuciforo son también los titulares de STRIKKE
DRUMS, y están desarrollando nuevos modelos y
accesorios para baterías siguiendo con la tradi-
ción y enseñanzas paternas.
BATERÍA STRIKKE DRUMS
DE 1972 RED SPARKLE
AVISO PUBLICITARIO DE STRIKKE DRUMS
CON LA FIGURA DEL MAESTRO MINGO MARTINO
LOS
BATERISTAS ARGENTINOS
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LOS HOMBRES DEL BRAZO DE ORO
Las balas “silban”, las campanas “doblan”, pero los parches “retumban”, y como en
los orígenes de la humanidad - como en la selva - transmiten todo tipo de mensajes; los
que llegan a través de estos famosos bateristas del Jazz, Rock & Pop de la Argentina,
traen, además de su ritmo y musicalidad, historias de esfuerzo, ganas y talento.
Sobre las espaldas de muchos de estos grandes músicos se han construido las bases
mismas del Rock, del Jazz, del Pop Nacional. Han integrado las principales bandas,
conformado agrupaciones inolvidables, acompañado como sesionistas a innumerables
artistas nacionales e internacionales, en actuaciones dentro y fuera del país, y también
han participado en incontables discos.
La mayoría de ellos continúan hoy tocando, maravillando nuestros sentidos en CD y
shows, con sus nuevas bandas o como destacados profesionales independientes; otros,
lamentablemente, nos han dejado sin su presencia, pero quedan sus discos, sus historias,
y fundamentalmente sus gratos recuerdos en tantísimos músicos y cantantes.
Los años –muchos– han pasado y aquellos sets básicos de cuatro cuerpos, “charleston”
y platillo, se han ido de un extremo al otro. Unos se convirtieron en verdaderas “fortale-
zas” de decenas de cascos, platillos y accesorios, en donde muchas veces el baterista
está “tapado” entre tanto “fierro”. Claro, que se mantienen en ciertos estilos musicales –
como el jazz o la fusión– los sets que podríamos llamar “tradicionales”, y otros –que por
imperio de la comodidad y de la moda– se presentan en medidas extremadamente
reducidas (18, 10, 14), donde el baterista parece emular a “Gulliver”.
También hemos incorporado nuestra propia terminología, así usamos palabras que
para el común de la gente tienen otro significado, o mezclamos en muchas ocasiones la
denominación en inglés con conceptos en castellano. Así aparecen palabras como “pare-
jas” (para definir a los platillos del “charleston” o Hi Hat), “chancha” para definir
grotescamente al tom tom de pie, “platos” para los platillos y así en infinidad de otros
casos. Todo es válido a la hora de hablar de nuestro instrumento y hacernos entender.
Y ya que de palabras hablamos, creo que vale la pena resaltar una que resume plena
y sencillamente toda la relación con nuestro instrumento; palabra que, lamentablemente,
no puede ser traducida al castellano sin perder el concepto básico que tiene, y que si
bien nuestro idioma castellano es reconocido por la extremada riqueza de su vocabula-
rio, no existe ninguna que pueda darle ese significado integral que los norteamericanos e
ingleses han conseguido con “PLAY”.
Play drumms! define mucho más que tocar, practicar, jugar, ejecutar, ensayar; es
también disfrutar, vivir, interpretar, participar, compartir; conceptos que viven en cada
uno de nosotros cuando tomamos un par de palillos y nos sentamos en nuestra batería.
He tratado en este libro, de mostrar los sets originales con que se presentaban estos
grandes bateristas, en sus bandas más conocidas, y algunos otros que usaron durante sus
actuaciones, así como también sus preferencias y alguna que otra anécdota . En resu-
men, una pequeña semblanza de sus carreras –sería justo decir que por sus trayectorias,
de muchos de ellos se podría escribir tranquilamente todo un libro– para que quienes no
pudieron disfrutar “en vivo” de aquellos inolvidables inicios, puedan al menos, conocer
un poco de qué manera y con qué instrumentos comenzó a escribirse esta parte impor-
tante de la historia musical argentina.
No todos los grandes bateristas de entonces se encuentran en este primer libro,
nuestro país ha contado –y cuenta– con una cantidad de músicos extraordinarios a lo
ancho y a lo largo de su territorio, y sería casi imposible incluir a todos ellos en una
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misma edición; por eso y para no cometer la injusticia de una omisión u olvido involun-
tario, esta primera nómina contiene sólo a algunos de los más conocidos y representati-
vos bateros que tocaban por entonces.
He clasificado a los bateristas en los siguientes estilos:
• Rock nacional
• Jazz
• Sesionistas
• Beat nacional (Pop)
Rock Nacional
• Black Amaya (Pescado Rabioso - Pappo´s Blues)
• Héctor Lorenzo Barros, Pomo (Los Abuelos de la nada - Invisible)
• Rodolfo García (Almendra - Aquelarre)
• Alberto Hualde (Alma & Vida)
• Javier Martínez (Manal - La pesada del Rock & roll)
• Oscar Moro (Los Gatos - Serú Girán)
• Carlos Riganti (Alas)
• Juan Rodríguez (Los Mentales - Sui Generis)
Jazz:
• Néstor Astarita
• Eduardo Casalla
• Pocho Lapouble
• Mingo Martino
• Cacho Stella
Sesionistas
• Junior Cesari
• Mono Lescano
• Jorge Padin
• Oso Picardi
• Zurdo Roizner
• Daniel Volpini
Beats
• Enrique Fernández de Gamboa ( Trocha Angosta)
• Héctor Iannuzzi (El Grupo de Gastón)
• Hiacho Lezica ( La Joven Guardia)
• Toro Martínez ( Banana - Conmoción)
• Gustavo Solá (Los VIP'S)
• Cuervo Tórtora (Conexión N° 5)
Y un pequeño recuerdo de tres “Grandes Maestros”:
• Alberto Alcalá
• Osvaldo López
• Pichi Mazzey
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BLACK AMAYA (Pappo’s Blues - Pescado Rabioso)
Juan Carlos Amaya nació el 29 de agosto de 1950 en la ciudad de Buenos Aires.
Como a casi todos los adolescentes, lo impactó la música de aquellos año, donde el ritmo
desenfrenado del rock & roll comenzaba a escucharse por todos lados. Su primer gran
encuentro con dicho estilo fue cuando escuchó y vio por TV a “Sandro y Los de Fuego”.
A partir de allí ya nada sería igual para él, algo había que hacer y lo que hizo (por suerte
para el Rock argentino) fue tomar dos palillos y emprender camino con la batería.
Comenzó a tocar con una REX
modelo “Super Lujo” (20, 14, 13, 14)
color azul con parches de cuero, un
instrumento un tanto inestable, pero
que servía perfectamente para esos
inicios. Esta batería lo acompañó bas-
tante tiempo, y con ella armó su pri-
mer banda “Las Piedras”, iniciándose
así una larga carrera que lo llevaría
con el paso del tiempo a lo más alto
del Rock nacional y a formar parte
de su historia.
Sin lugar a dudas, su estilo preferido (y lo
demuestra permanentemente) es el rock, al que
domina a la perfección en todas sus variantes
Así, en los inicios de los años ’70, Luis Alber-
to Spinetta (el extraordinario guitarrista, com-
positor y cantante) lo eligió para formar parte
de su banda mas rockera “Pescado Rabioso”,
junto a músicos de la talla de David Lebón
(bajo) y Cutaia (teclados).
Como si esto no bastara, el hoy legenda-
rio Pappo, (Norberto Napolitano) uno de los
mejores guitarristas de blues y rock de la Ar-
gentina y del mundo (BB King dixit!!), lo con-
vocó para su famosa banda “Pappo´s Blues”,
una de las primeras agrupaciones de este tipo
que sonaron en la Argentina.
Con el correr de los años, Black fue cam-
biando de tipos de batería, así pasaron por sus
manos una CAF de medidas tradicionales, una
COLOMBO, una PEARL, una LUDWIG, hasta llegar a su set actual: una SONOR
“Force 2000” negra ( 22, 12, 13, 16); un instrumento con el que se siente muy cómodo
BLACK CON SU PRIMER BATERÍA,
UNA REX “SUPERLUJO”
BLACK Y TODA SU POTENCIA
SOBRE UNA GRETSCH
42
BLACK EN LA FAMOSA CAVERN DE LIVERPOOL,
TOCANDO UNA PREMIER Y CON LOS GARDELITOS
BLACK Y SU SONOR 2000
por la potencia y seguridad que le brinda y con la que transmite claramente esa especial
fuerza que lo caracteriza.
Justamente esa fuerza fue la que lo salvó en una situación bastante incómoda el día
que debía probarse con “Pappo´s Blues”. Había prestado su CAF a un baterista amigo
que, tocando en un ensayo, le rompió el único parche que tenía el bombo (el batidor). Al
recuperarla, Black no estaba al tanto
del accidente, y muy confiado cargó
la batería en un taxi y llegó a la prue-
ba. Cuando armó la bata y notó la
rotura del parche quiso morirse,
cómo tocar nada menos que sin el
bombo!!?? Pero su ingenio pudo
más: puso el tom de pie, reempla-
zando a la pieza averiada y largó la
prueba... y consiguió el puesto.
Su carrera profesional no se de-
tuvo nunca y continuó integrando va-
rias agrupaciones (Black & Blues,
Los Gardelitos) y acompañando a va-
rias leyendas del rock como por
ejemplo Moris. También se dio el gusto de tocar en la histórica “The Cavern” de
Liverpool durante una “Beatles Convention” a la que asistió como invitado.
Hoy, además de ser convocado para presentaciones, grabaciones y clínicas, tiene
una muy actualizada pagina en internet (www.blackamaya.8m.com) que vale la pena
visitar y dedica parte de su tiempo a dictar clases y ensayar bastante (“para no perder la
mañas”) en su estudio particular, de donde suelen salir los poderosos ritmos de uno de
los más grandes bateros del rock argentino.
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POMO (Los Abuelos de la Nada - Pappo’s Blues - Invisible - Jade)
Héctor Lorenzo Barros, nació el 25 de septiembre de 1950 en la Ciudad de Buenos
Aires. Doce años después, atraído por los ritmos de algún “twist” de moda, comenzó a
practicar ritmos sobre todo lo que encontraba a su paso, especialmente “en la cortina del
almacén del barrio mientras me juntaba con mis amigos”; amigos entre los cuales estaba
Norberto Nappolitano (Pappo), con quien tocaría algunos años después en forma ya total-
mente profesional.
Con algunos de aquellos chicos del ba-
rrio armó “The Park Boy’s”, su primer gru-
po, con el cual actuaba en bailes y festivales;
más tarde conoció a Miguel Abuelo y co-
menzó a transitar un camino que llevó a este
gran baterista a formar parte de la historia
del Rock Argentino.
Comenzó a tocar con un clásico set CAF
gris nacarado de 20, 14, 13 y 16 que lo acom-
pañó durante parte de su actuación en los
primeros “Abuelos de la Nada” (grupo de
culto del Rock Nacional), y que luego cam-
bió por una PREMIER comprada en la cono-
cida casa Radaelli.
Luego viajó a Europa junto a Luis Alberto Spinetta, donde usó una HAYMANN
(una batería inglesa muy buena), mientras tocó en París y Londres; hasta que regresó a
La Argentina en 1972. Pero Pomo –a quien siempre le gustó tener un instrumento de
avanzada– pronto resolvió volar a New York y comprarse allí una extraordinaria LUDWIG
de 26, 14, 16 y 18, al mejor estilo de
Bonham, con la que tocó los primeros con-
ciertos en “Invisible”.
Pero en esos años, ya cerca del ‘74,
LUDWIG sacó su modelo “Octaplus”. Rá-
pidamente Pomo hizo un cambio, adquirió
ese set.de 22, 6, 8, 10, 12, 13, 14, 16 y 18
color “White Pearl, con el que causaba la
admiración de todos, no sólo por el kit –que
era realmente impresionante– sino por como
la hacía “sonar”.
Pero como decía, Pomo es un perma-
nente buscador de nuevos sonidos, y llega-
dos los 80 cambió nuevamente su set por
una TAMA con terminación cobre con un
complemento de toms “melódicos”, con la que tocó la primera parte en “Jade”. Después
llegaría una GRETSCH negra que lo acompañó en la parte final de “Jade”.
En 1986 adquirió una ROGERS XP 8 negra (22, 12, 13, 16) con tambor “Dynasonic”,
una gran batería de esa época, especialmente diseñada para actuaciones en vivo, con
gran detalle de “memorias” y muy confiable en su armado; set que fue reforzado con
una batería electrónica SIMMONS –que muchos bateristas incorporaron a la hora de
buscar sonidos en los años “MIDI” – que usó cuando acompañó a Pedro Aznar.
POMO Y SUS OCTAPLUS
POMO Y SU LUDWIG MODELO BONHAM
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En 1987 Pomo nuevamente viajó a Euro-
pa, acompañando esta vez a Fito Paez en sus
giras y grabaciones. En 1994 adquirió una
PEARL “Master Custom” MMX de 22, 10, 12,
14, 16 de color negra, set que duró poco ya que
en el ‘95 lo cambió por un set parecido pero
con terminación madera laqueada en tonalidad
“Cherry”; con ellas acompaño a Andrés
Calamaro, ex integrante de “Los Abuelos de la
Nada”, reconocido compositor y solista desde
hace muchos años.
En 1996 adquirió su set actual, tambien
una PEARL, pero modelo CMX con un bom-
bo más poderoso (22x18), aunque sus toms
continuaron siendo de 10, 12, 14, 16 con un
tambor especialmente fabricado para él: un “Classic” de 8 torres (“Me gusta sentir
algunos armónicos”), hecho de maple en una sola pieza, que usa alternadamente con
un tambor PEARL de caoba ( 14 x 5,1/2) de 10 torres, y un viejo GRETSCH de metal.
Claro que entre tanto cambio de equipamiento sur-
gieron también algunas anécdotas; una de ellas ocu-
rrió cuando se presentaron con “Invisible” en una ciu-
dad del interior, que Pomo prefiere preservar. Allí, por
contrato, debía haber seguridad y un escenario lo sufi-
cientemente alto y reforzado como para evitar incon-
venientes.
Cuando llegaron al lugar observaron que en prin-
cipio todo estaba en orden, aunque había “un olor un
poco especial”. Armaron los equipos y el concierto
comenzó, todo se desarrolló normalmente hasta que
de golpe se abrió un hueco en el centro del escenario y
todos fueron cayendo dentro, como absorbidos por una
gran aspiradora.
Después se supo que el escenario había sido arma-
do sobre una gran cantidad de tambores de aceite que
no resistieron las vibraciones y cedieron; por suerte no
hubo heridos, pero muchos de los equipos no sirvieron
más y la actuación obviamente se suspendió.
En otra oportunidad el contrato especificaba que debía haber “un piano a cuatro
cuarenta”, es decir afinado en “LA”, pero por un error de interpretación de los organiza-
dores armaron el escenario y pusieron el piano a cuatro cuarenta... metros del piso!, en
una tarima especial a la que nadie finalmente se animó a subir.
Desde hace algunos años, “Pomo” se dedica, además de a su carrera profesional, a
dictar clases particulares; y es invitado a exponer su experiencia en seminarios y charlas
técnicas, una forma directa de colaborar con la formación de nuevos rockeros, a los que
le transmite sin reservas su conocimiento y pasión por el instrumento. Esa misma pasión
que lo llevó a golpear –allá en los ‘60– las cortinas de un almacén buscando seguir un
ritmo. Pero encontró mucho más... encontró la puerta grande del Rock nacional.
POMO Y SU TAMA
CON UNA ROGERS XP8
45
RODOLFO GARCÍA (Almendra - Aquelarre)
En el barrio de Belgrano, un 23
de febrero de 1946, nacía quien sería
uno de los más importantes bateristas
argentinos; no sólo por haber inte-
grado nada menos que Almendra y
Aquelarre –dos de los grupos más im-
portantes del Rock nacional– sino por
la musicalidad y calidez que impuso
en su manera de tocar. Así logró crear
un estilo propio tan particular que fue
–y es todavía hoy– admirado y reco-
nocido por el público y sus propios
colegas.
Desde muy chico le gustó la mú-
sica, y de la mano de un acordeón
recorrió aquellos primeros pasos mu-
sicales; pero un día aparecieron en
su vida Los Beatles y todo cambió.
Tocar con ese sonido no era de lo
más sencillo, por lo que a los 17 años
echó mano a los tambores y fue en
busca de nuevos sueños; y ellos no
lo defraudaron, sino que lo llevaron directamente a
uno de los lugares reservados para los bateros más
grandes del país.
Su primer set fue una batería RADAELLI azul
con parches de cuero, comprada en un remate del
banco municipal, con ella y algunos amigos, for-
mó su primer banda “ The Larkings” allá por el
año 1964, bajo la influencia de Ringo y Mitchell, a
quienes siempre admiró. Luego llegó una OSMAR
blanca nacarada (20, 14, 13, 16), que lo acompañó
durante algunos años y en el comienzo de “Al-
mendra”.
Luego llegó una CAF, la batería con la que
más se lo asocia a Rodolfo, ya que justamente
Ferrando –dueño de CAF– lo alentó y le construyó
algunos modelos especiales: una azul metalizada,
y una “ a medida “ de terminación madera natural
(22, 14, 12, 13, 14, 16, 18). Claro que no era el
único instrumento de Rodolfo ya que también ad-
quirió una GRETSCH ((22, 10, 12, 13, 14, 16, 18)
y algunos tambores que atesora como un SLINGERLAND, LATIN DRUM, y un exclu-
sivo STUDIO DRUM numerado y firmado que lleva el No 8. Además, una extensa
colección de platillos con algunas décadas encima.
RODOLFO CON SU OSMAR DURANTE UNA ACTUA-
CIÓN DE “ALMENDRA” (FESTIVAL DE LA REVISTA
PINAP EN 1969)
GARCÍA Y SU CONOCIDA CAF EN
“ALMENDRA”
46
Siempre recuerda una anécdo-
ta sucedida en el teatro Coliseo un
domingo por la mañana – esos eran
algunos de los horarios disponibles
para hacer música rock en aque-
llos años – cuando durante el reci-
tal de “Almendra” le tocó el turno
al tema “Gabinetes espaciales” y...
se cortó la luz. Entonces –como es
clásico durante un show–, Rodolfo
“salvó” la situación con un espec-
tacular solo a oscuras que duró al-
gunos minutos.
El problema continuó y cada
vez que intentaron con “Gabine-
tes...” la luz se cortaba, hasta que
después del sexto o séptimo inten-
to ya Rodolfo estaba bastante agotado –víctima de un horario irrespetuoso y de una
“mufa” increíble–, entonces Spinetta dio por finali-
zado el tema y pidió un aplauso –el séptimo– para el
baterista y también para el electricista. Este último
fue silbado largamente, aunque dicen que el proble-
ma continuó en varias presentaciones y teatros, por
lo que “Gabinetes...” se hizo de una no muy buena
fama.
Pese a los buenos instrumentos que ha tenido,
Rodolfo confiesa que le hubiera gustado tener una
SONOR y una SLINGERLAND para probar “ese so-
nido tan especial” que suele partir de esas maravillas;
claro que este baterista –zurdo– que todavía arma su
set a baja altura y de forma muy amplia y funcional,
está a tiempo de cumplir con algún deseo atrasado.
Después de haber participado en bandas como “
Nebbias Band, “Tantor”, “La Barraca”, de haber
acompañado a Victor Heredia, y otros grandes solis-
tas es hoy requerido permanentemente para interve-
nir como músico invitado en grabaciones y concier-
tos de grandes artistas argentinos y de notables músi-
cos extranjeros que nos visitan, y es obvio: quien no
quiere tener a un “grande” allende los tambores.
RODOLFO CON SU CAF DOBLE BOMBO
(FOTO E. MARTI)
RODOLFO Y SU ESPECTACULAR
GRETSCH EN LA ÉPOCA DE
“TANTOR” (FOTO CH. PICCOLI)
47
ALBERTO HUALDE (Alma & Vida)
Más conocido por el “Nono”, Alberto Hualde na-
ció el 30 de junio de 1942 en la Capital Federal y a
los 17 años se decidió a tocar la batería para emular a
su ídolo de toda la vida, el extraordinario Buddy Rich.
Su estilo siempre estuvo ligado al Jazz, y no por
nada integró la banda iniciadora del Jazz Rock nacio-
nal como fue “Alma & Vida”. Esta agrupación inno-
vó totalmente la música de los años ‘70 recreando
aquel sonido de jazz rock americano de Chicago y
Blood Sweat & Tears; pero con letras en castellano y
así quedando para siempre en la historia del Rock
nacional. De esta banda surgieron grandes músicos
iniciados en aquel movimiento, como Bernardo Baraj
(Saxofonista impresionante), Carlos Mellino (Pianis-
ta y dueño de una voz muy particular), Juan Barruecos
(Guitarrista excelente) Gustavo Moretto (trompeta y
flauta) y Carlos Villalba (Bajista).
Con la complicidad de su padre adquirió su pri-
mer batería, una CAF nacarada blanca de medidas
tradicionales para ese entonces (20, 14, 13, 16). An-
tes de llagar a formar Alma & Vida”, El “Nono”
integró una banda muy conocida de los ‘60: “Los
Guantes Negros” y acompañó a Billy Bond (un importante cantante que realizó graba-
ciones muy buenas de covers y lideró una banda de culto como “La Pesada”), mientras
tomaba clases con su profesor, consejero y ami-
go Horacio “Droopy” Gianello.
De esos inicios, recuerda siempre aquella
vez que tocando en una “Matinee” de una de
las tradicionales confiterías, donde se presen-
taban los que se denominaban “números vi-
vos”, al finalizar un tema se paraba y agrade-
cía los aplausos del público; pero en esa opor-
tunidad tropezó con la atadura del bombo –
normalmente se lo ataba a la banqueta para
evitar que se desplazara hacia delante– se cayó
del escenario y fue literalmente a parar dentro
del piano –que estaba abierto–, causando un
estallido de carcajadas y aplausos.
Mucho se comentó en la época de “Los
Guantes Negros” que, paradójicamente, existía
una “mano negra” que luego de que la banda
realizaba sus shows, realizaba modificaciones
para que las bandas subsiguientes se encontra-
ran con un sonido “diezmado” y arrasado. Des-
pués de mucho tiempo se supo que un admira-
CON UN TAMBOR CAF
CON SU CAF BLANCA NACARADA
48
dor –un tanto fanático y peligroso– se hacía
pasar por plomo y destrozaba micrófonos y
cables con el fin de que los colegas que los
sucedían no sonaran bien!!
Alberto continuó comprando otros sets,
y así tuvo una batería italiana HOLLYWOOD
(excelente), una CAF hecha especialmente
para él, luego una COLOMBO de medidas
especiales (24, 12, 13, 14, 16), más tarde
una SLINGERLAND Modelo “Gene Krupa”
Withe marine Pearl cuyo bombo de 24 asom-
braba por su sonido, pero finalmente en
1973 se convierte en endorsed de PEARL
a través de la Casa Netto (importadora
de la marca) mientras desarrollaba su
exitosa carrera con “Alma & Vida”.
Consolidó con su permanente presen-
cia en la batería a su banda, hasta llegar a
alcanzar la categoría de leyenda del rock
nacional, siempre fue un baterista sólido
e impecable a la hora de tocar, lo de-
muestra en las varias producciones
discográficas del grupo y también por las
criticas periodísticas recogidas durante las
giras que realizaron por el país y por el
exterior.
Luego de la separación de la banda
continuó tocando en forma ininterrumpi-
da y fue convocado por varios artistas re-
conocidos como Leonardo Favio (a quien
ya habían acompañado antes de llamarse
Alma & Vida), Palito Ortega, Claudia Mo-
res y para una infinidad de grabaciones.
Su estilo fue siempre inconfundible y
su puesta en escena también, ya que arma-
ba sus sets muy al estilo “Rich”, claro que
con los años le ha quedado una deuda pen-
diente como gran jazzero que es no haber
tenido un clásico set GRETSCH. Una deu-
da que seguramente el “Nono” podrá can-
celar algún cercano día, cuando quiera re-
tomar los palos y volver a poner sobre los
parches, como lo hizo siempre, su Alma &
Vida...
EL NONO CON SU SLINGERLAND
TOCANDO SOBRE SU PEARL
49
JAVIER MARTÍNEZ (Manal)
El 18 de marzo de 1946 nació Javier Martínez Suárez, quien sería con el correr de
los años uno de los músicos mas importantes y considerados de la historia del Rock
Nacional.
Extraordinario baterista, compositor y cantante, rompió con todos los prejuicios e
inicio una verdadera renovación musical,
cuando a fines de los años 60 formó
“Manal” y se decidió a componer y cantar
en castellano lo que parecía imposible:
blues, soul, rock; el resultado fue increí-
ble, no solo alcanzó el merecido reconoci-
miento del público –ese a veces esquivo
logro llamado “éxito”–, sino que le abrió
las puertas a otros grupos y solistas para
que produjeran un torrente de creatividad
nunca visto hasta entonces en nuestro país.
Claro que para que esto ocurriera de-
bieron pasar algunas cosas y una de ellas
fue la que le ocurrió cuando tenía cerca de
12 años y vio la película “Música y
Lagrimas” con Gene Krupa, entonces sin-
tió el irrefrenable impulso de tocar la ba-
tería; a los 16 años y con permiso firmado
ante escribano por su padre (ya que a ve-
ces debía actuar de noche) comenzó a to-
car profesionalmente.
Su primer set fue una batería GAL (de Casa Galé)
color rojo brocato (red sparkle) de 20, 14, 12, 14 con una
pareja y crash ride ISTANMBUL, nada mal para alguien
que recién comenzaba, con ella tocó en su primer banda:
“Los Secuaces de Tommy”, al poco tiempo llegó una atrac-
tiva CAF celeste nacarada con un bombo de medidas no
tan convencionales: 18 x 14 y toms de 12, 13, 16, con un
tambor de madera de 14 x 5,1/2, que fue muy vista –y
oída– durante los inicios de “Manal”, aunque Javier la usó
casi siempre con un solo tom flotante (13).
Luego llegó una LUDWIG “Classic” del año 67 White
Oyster de 22, 13, 16 con un tambor LUDWIG “Standard”
de madera, set al cual a veces le intercambiaba un podero-
so ROGERS “Dynasonic” de metal y con la que tocó en la
última parte de “Manal”.
LA CONOCIDA CAF CELESTE NACARADA
EN PLENO CONCIERTO DE “MANAL”
(FOTO REVISTA “PELO”)
JAVIER EN NEW YORK, BESANDO UNA BATERÍA
(FOTO REVISTA “PELO”)
50
Como todo baterista sintió –y siente– esa sensación de “atracción fatal” hacia la
batería y también como muchos de nosotros es capaz de pasarse horas y horas disfrutan-
do –como un fiel admirador– de su presencia y compañía, pero pocos son capaces de
demostrarlo como él, sacándose una foto en pleno New York, vistiendo un elegante traje
y besándola delicadamente.
Javier vivió algunos años en
el exterior pero siempre sintió la
necesidad del regreso, primero
fue Méjico allá por el 72, luego
Europa en el 73, en aquellos años
y para sus actuaciones adquirió
primero una PEARL y luego una
GRETSCH “Broadcaster” de
madera pero revestida en acero
con medidas mas “graves”: bom-
bo de 24, toms de 13, 14 y 16
con un tambor de 14 x 6,1/2.
Después y a la hora del re-
greso de “Manal” en los 80,
Martínez paso nuevamente por
New York y en la conocida casa
“Alex” se encargó una fantásti-
ca LUDWIG “Octaplus” de dos
bombos de 22, pero se hizo co-
locar “doble tensión” en los toms (generalmente los toms de las... “plus” venían con
tensión simple, tipo tom “melódico”), además le adicionó dos tambores “Supraphonic
400” uno de 14 x 5½ y otro de 14 x 6½, lo que podríamos llamar un set “ completito”.
Pero claro desde aquella CAF de 4 cascos a tremendo arsenal de tambores habían
pasado muchas actuaciones, sin embargo Javier recuerda una en particular con ella:
corría el año 70 y durante uno de los “Festivales PINAP” –algo así como los precursores
de los “BARock”– donde participaban los grupos mas importantes del momento y que
se realizaba en un anfiteatro al aire libre que existía al lado de la facultad de Derecho en
Buenos Aires, les tocó el turno a “Manal” y allí salió el “trío” a matar o morir.
El sonido no era malo, por cierto, pero no podríamos compararlo con nada de lo que
escuchamos y vemos hoy, en particular el baterista debía “darle con todo” para que el
sonido “entrara” por los micrófonos, especialmente al bombo. Javier se fue preparado
para la ocasión y llevó (como casi siempre lo hacía) algunos parches de repuesto y 3
pedales “Krupa” de fabricación nacional, que eran de lo mejor que había entonces,; a
poco de comenzar partió la tira de cuero (que hacía de cadena en aquellos pedales) del
primer pedal, promediando la actuación partió la tira del segundo, y cuando estaban en
el último tema llegó el Apocalipsis: partió la tira del tercer pedal!!, pero eso no fue todo,
casi inmediatamente y literalmente el equipo de guitarra de Gabis “explotó”.
Tanta fue la bronca de Javier que comenzó a patear al bombo, con tan mala suerte
que comenzó a rodar y a llevarse consigo a platillos y otras partes de la batería, mientras
esto ocurría lo único que sonaba era el bajo de Medina, entonces Gabis sacó de un
bolsillo una sencilla pero efectiva armónica y siguió el tema con ella, sobre la base del
CON SU LUDWIG “OCTOPLUS”
(FOTO REVISTA “PELO”)
51
bajo; Martínez viendo que no había posibilidad de “juntar” la batería, tomó elegante-
mente un micrófono y siguió cantando hasta el final.
El resultado fue una ovación gigantesca!!, muchos de los presentes pensaron que
“Manal” estaba emulando a los traviesos Ingleses “The Who” cuya costumbre era, ya al
final del concierto, destrozar los equipos y arrojar algunas partes al público.
Hoy “Manal Javier Martinez” –tal su nuevo nombre artístico que detenta con orgu-
llo en su reciente credencial de SADAIC–, está en cons-
tantes giras y conciertos, promoviendo sus nuevos tra-
bajos discográficos, tiene en Argentina dos sets
LUDWIG: un envidiable kit del año 61 white pearl y
un mas moderno modelo “Rocker” del 98, algunos tam-
bores como un YAMAHA de metal de 14 x 6½, un
PEARL export metálico de iguales medidas, un
ROGERS “Dynasonic” de 14 x 5½ y un viejo
“Suparphonic 400” de colección.
Sin embargo confiesa que le hubiera gustado tener
una SONOR o una vieja CAMCO como la que usaba
su admirado Douglas “Cosmo” Clifford, el siempre re-
cordado baterista de “Creedence Clearwater Revival”,
o algún tambor de madera, hoy ausente con aviso de su
set. También prefiere elegir las fotos para este libro de
entre los cientos de recortes de notas de revistas y
diarios que le han hecho durante su carrera, quizás
porque tienen para él un valor agregado que el de solo
una simple foto.
Y aunque ya puso su nombre en la historia grande
del Rock Argentino, este extraordinario músico, que
continúa vigente, no se durmió en los laureles y no
deja de pelear día a día por promover la música que
tanto ama, fomentar la industria nacional y defender
sus convicciones a capa y espada.
“MANAL JAVIER MARTÍNEZ” A
PLENO, CON SU LUDWIG
“OCTAPLUS”
52
OSCAR MORO (Los Gatos - Seru Giran)
Oscar Moro nació en la ciudad de Rosario el 24 de enero de 1948. Tiene el privilegio
(muy bien ganado por cierto) de ser considerado como uno de los mejores bateristas de
todos los tiempos y uno de los pilares fundamentales del Rock argentino; no sólo por el
hecho de haber sido el baterista de “Los Gatos” –con todo lo que eso significa–, sino por
haber sido también el batero de “Serú Giran”, otro extraordinario grupo del Rock Nacional.
Comenzó a tocar en su Rosario natal
a los 13 años, entusiasmado por aquellos
tambores que escuchaba en las marchas
y bandas que seguramente desfilaban en
el monumento a la bandera; por eso en
su casa se “armaba” con cacerolas, mo-
nedas, latas y acompañaba todos los dis-
cos que podía.
Al poco tiempo accedió a una batería
BSB y formó su primer conjunto: “Los
Halcones”. Poco después llegó otra ban-
da, “Los Malditos”, los recuerdos de
aquella primer batería, traen historias de
esfuerzo e imaginación ya que para afi-
narla se necesitaba una llave “allen”, la
que generalmente se perdía o no era muy
fácil de dominar, o los tornillos de afina-
ción largos, que se doblaban.
Pero por esas cosas de la vida también
llegaron “Los Gatos Salvajes” (“Los Ga-
tos”) y... lo demás es historia grande del
Rock Argentino.
Siempre usó (y usa) palillos 5B, y des-
de aquella BSB han pasado por sus manos
la conocida CAF (20,14,13,16) que apare-
ce en el LP “Seremos Amigos”, una
SLINGERLAND (Oyster Black), una
LUDWIG (Doble bombo) que fue robada
en unas actuaciones, nuevamente una CAF,
después una LUDWIG (Gold sparkle) que
fuera de Buddy Rich (24, 13, 14, 16) y que
Oscar atesora, y finalmente la conocida
LUDWIG “monster” (12 cascos) que usa-
ba en “Serú Giran”. OSCAR CON SU PRIMER CAF (20, 14, 13, 16)
OSCAR MORO Y SU PRIMER BATERÍA BSB,
DURANTE UNA ACTUACIÓN EN ROSARIO
53
Como es de suponer, “Moro” tiene un dominio absoluto de los tambores. Su creati-
vidad e iniciativa se pueden apreciar en cada trabajo que ha realizado, no por nada ha
integrado dos de las bandas más importantes del Rock Nacional. Quizás una de sus
cualidades más importante sea que
sus “fills” son eso: verdaderos “re-
llenos” que están y se notan clara-
mente, pero que no “hieren” al tema,
ni generan distracciones sobre él, sino
que lo completan y le dan esa fuerza
o “swing” (según el caso) que nece-
sita.
Cuando formó a fines de los ‘70
esa maravillosa banda que se llamó
“Seru Giran”, Moro sabía que no se-
ría una banda más, y claro que tuvo
razón. No sólo por la calidad de los
integrantes que lo convocaron, sino
por la nueva dirección que le dio el
grupo a la música nacional, una con-
junción de estilos que revolucionó
todo lo escuchado hasta entonces, y
que le permitió a Oscar mostrar un
crecimiento técnico asombroso.
También ha participado en ban-
das reconocidas como: Riff, La Má-
quina, Color Humano, Huinca; y
acompañó a excelentes músicos como
Claudia Puyot, Fabiana Cantilo, León Gieco, Alejandro Lerner, entre otros. Realizó
innumerables giras por el exterior, donde es siempre reconocido, claro que giras y
actuaciones dejan siempre anécdotas interesantes, como aquella vez que tocando con
“Los Gatos” en los carnavales tan típicos de los ‘70, llegó a su Rosario (Club Gimnasia
y Esgrima). Los que no llegaron nunca fueron los “palos”, y como no había a quien
pedir prestado –en ese momento estaba terminando una actuación una orquesta “Tipica”–
, Oscar usó su iniciativa: cortó dos ramas de un árbol cercano, arranco las hojas, le sacó
punta con un afilado cuchillo y tocó (diríamos hoy) muy “ecológicamente”.
En otra oportunidad, también durante una actuación con “Los Gatos”, Oscar notaba
que el platillo ride no sonaba como de costumbre, lo miró bien y vio que se le estaba
“rajando” irremediablemente. Le hizo desesperadas señas al “plomo”, pero éste no lo
notó, y al poco tiempo ocurrió lo previsible y justo en el peor momento: en la parte más
silenciosa del tema se cayó todo el plato al piso con un estruendo impresionante y don
Moro quedó allí, con la “campanita” del plato sobre el soporte.
Oscar continúa hoy en plena actividad, participando como músico invitado en varias
presentaciones y grabaciones de conocidas bandas y solistas. Lleva sobre sus espaldas la
preciosa carga de ser una parte importante de la historia viva de nuestro Rock Nacional,
esa carga que no cualquiera podría sobrellevar y que a veces desaparece cuando el otro
Moro –el que pocos conocen–, escucha o compone melodías casi tangueras, desde una
guitarra o sutilmente interpretadas por un saxo o una trompeta. Allí, despojado de otras
circunstancias, disfruta al máximo.
OSCAR DURANTE UN ENSAYO CON SU PRIMERA
LUDWIG (DOBLE BOMBO), QUE LE FUERA ROBADA
54
CARLOS RIGANTI (Alas - Pedro Aznar)
Carlos Gustavo Riganti nació el 16 de marzo de 1951 en Buenos Aires. A los 4 años
empezó a tocar los tambores en la banda rítmica del jardín de infantes y según la
monjita que les enseñaba “era el mejor de mi clase”.
Siempre fue muy inquieto y cada tanto “cacereolaba” de lo lindo, sacando de la
cocina algunas ollas y cacerolas para tocarlas, una pasión que veremos más adelante
nunca pudo superar . A los 13
años recibió de regalo para su
cumpleaños un clásico set
“twistero” REX (Hi Hat, tam-
bor y platillo) color rojo naca-
rado, que fue comprado en un
remate del banco Municipal.
Practicó incansablemente y
comenzó a estudiar con Carlos
Krauss, Chiche Heger, Jacobson
y Casalla. Pronto llegó su pri-
mera batería, una OSMAR que,
si bien no era completa, le per-
mitió hacer las primeras presen-
taciones con su primer banda
“Los Fam´s”. Luego vinieron
otros set: una OMEL, una CAF, una poco conocida STAR (importada) y luego una
LUDWIG envidiada por muchos, con la que tocó en su banda más conocida: “Alas”.
Sus influencias fueron muy variadas, desde Ringo Starr, pasando por Bonham,
Cobham, como también del gran Krupa y Buddy Rich; hasta que una noche escuchó en
vivo a “Weather Report” con Eric Gravatt, y ya nada fue lo mismo par él. Sintió que con
la batería se podía llegar más allá, se podía experimentar con nuevos sonidos y formas.
A lo largo de su carrera incorporó algunos set más: una LUDWIG, una GRETSCH
negra de “amplio espectro” –como no podía ser de otra manera en el caso de Carlos que
CARLOS TOCANDO CON UNA OMEL
RIGANTI CON SU OSMAR
55
es además un reconocido médico
desde hace muchos años–, set que
suele usar en un grupo que con-
forma junto a otros médicos que
se llama “Diga 33”.
También posee un espectacu-
lar set DW color azul y un set
MUS fabricado especialmente para
él, que suele usarlo conjuntamen-
te con algunos cascos extras que
en realidad son legítimas “cacero-
las y budineras” de cocina, con las
que el Dr. Riganti experimenta
“esos sonidos y timbres que com-
pletan mi sonido personal”. Por
eso decía al principio que lo de
las cacerolas es una pasión “atemporal”.
Y vale la pena contar la anécdota ocurrida en New York hace poco tiempo, cuando
Carlos, que estaba allí realizando algunas presentaciones con “Alas”, decidió probar
“esos” nuevos sonidos y se dirigió a un conocido bazar de la ciudad para comprar
cacerolas, ollas y otros artículos de acero.
Portando un par de palillos
5 A, entró en el local y luego
del tradicional “good morning”,
comenzó a golpear toda cace-
rola, budinera, sartén y olla que
se le ponía en el camino. Lue-
go de un rato, y teniendo en
cuenta el desconcierto de las se-
ñoras presentes –y del vende-
dor que lo miraba bastante pre-
ocupado con el teléfono en
mano listo para llamar al 911–,
les comentó que era músico y
estaba probando sonidos porque
quería comprar algunos elemen-
tos para armar un set de sonido
metálico.
Claro que Carlos –que
siempre tiene más de un set ar-
mado–, no pudo con su genio y después de elegir varios elementos de distintos matices,
dijo esa ya famosa frase con que se nos conoce a los argentinos en muchos lugares el
famoso “deme dos”.
Hoy, el Dr. Riganti continúa con su carrera de músico, conformando su actual “Alas
2003” y su banda de médicos “Diga 33”, dando clases particulares y también como
docente en el ITMC de Buenos Aires; claro que a veces hay que tener paciencia para
conseguir un “turno con el Dr.” Pero vale la espera!!
TOCANDO EN RIVER CON SU LUDWIG
EN SU DW (UNO DE SUS STES ACTUALES)
56
JUAN RODRÍGUEZ (Sui Generis - Los Mentales - Polifemo)
Nació el 17 de julio de 1943
en el Barrio de Palermo, en la
misma casa donde todavía hoy
vive con su familia y posee su
estudio particular. Juan es un in-
cansable y excelente músico que
a los sesenta años (edad que no
aparenta) despliega una vitalidad
envidiable entre shows, graba-
ciones y clases.
Comenzó a los 17 años a
tocar la batería “porque quería
meter ruido”, de la mano de su
primer profesor Luis Aveldaño
(un conocido percusionista de
entonces, gran conocedor de rit-
mos latinos) aprendió los cono-
cimientos básicos de la batería
y sus estilos. Su primer set fue
un clásico “Twistero” (tambor RADAELLI y platillo), al que de vez en cuando se le
sumaba un bombo de 26 pulga-
das prestado por un buen ami-
go; y con ese equipo hizo sus
primeras presentaciones en can-
tinas y bailes.
Su primera banda se llama-
ba “Los Teen Wilds”, con la que
hizo muchas presentaciones, ya
entonces contaba con un set
OSMAR (20, 13, 16) y su tam-
bor RADAELLI que lo acom-
pañó bastante tiempo. Su prefe-
rencia por los ritmos latinos fue
un distintivo en sus inicios y lo
que le dio ese estilo tan particu-
lar para tocar, ya que en ese mo-
mento los bateristas conjunta-
mente con el bajo eran “la base”
de los grupos, y Juan no sólo
era una buena base, era mucho
más que eso: un reaseguro rít-
mico.
Llegó luego en un grupo ex-
celente llamado “Los Menta-
les”, un conjunto que tuvo una
JUAN CON SU PRIMER SET: TAMBOR RADAELLI
CON PARCHES DE CUERO.
RODRÍGUEZ CON SU OSMAR BLANCA NACARADA
57
actuación corta en el tiempo, con el que grabó dos discos en el sello “Mandioca” de la
mano de Litto Nebbia como productor, pero que es considerado como uno de los
iniciadores de aquel movimiento “Beat” que dio paso luego al Rock nacional.
Con el paso del tiempo Juan se compró una STRIKKE DRUMS (color verde) con la
que acompañó a varios grupos y artistas. Integró la segunda formación de un conjunto
llamado “7ma Brigada”, que tuvo algunos éxitos discográficos, y estaba integrado por
excelentes músicos que hacían música comercial pero con gran calidad. Después llegó una
COLOMBO que luego entregó en parte de pago por una LUDWIG (Red Sparkle) compra-
da en Bolivia y una SLINGERLAND (22,
12, 13, 16), con la que tocó en el “Luna
Park” con “Sui Generis” (maravilloso gru-
po que lideraban Charly García y Nito
Mestre, dos Iconos del Rock nacional). Juan
ha tenido una carrera increíble, tocando tam-
bién en “Polifemo” (una banda integrada por
Ciro Fogliatta, David Lebon, Rinaldo
Rafanelli), en “La Pesada del Rock”, y en
muchos otros.
Todas estas formaciones se han enri-
quecido con la participación de Juan y tam-
bién le han dejado una gran cantidad de
anécdotas,. Empezando con una de sus pri-
meras épocas, cuando estaba grabando un
disco con una de sus bandas (que final-
mente nunca salió a la venta) en sólo dos
canales; notaban que las tomas se sucedían
pero la grabación no quedaba bien. Des-
pués de algún tiempo se dieron cuenta que
JUAN CON LOS MENTALES EN 1969
(DANIEL IRIGOYEN, EL CANTANTE, ES HOY UN CONOCIDO PERCUSIONISTA EN ALEMANIA)
JUAN Y SU STRIKKE DRUMS (VERDE)
22, 14, 13, 14 Y 16 EN UN SHOW
58
el problema era el técnico de grabación; estaba escuchando la radio (si un programa de
radio!) y no les prestaba ninguna atención mientras grababa.
En otra oportunidad, estuvo al borde del desmayo cuando a raíz de varios cortes
de luz en un show debió realizar solos por más de 45 minutos!!!! Y luego realizar el
show completo de casi 2 horas. Pero la cosa ya pasó a mayores cuando en un festival
donde “ La 7ma Brigada” debía tocar, no llegaron parte de los equipos, y debieron
arreglarse con la batería de otro grupo que no tenía banqueta sino un sencillo “banqui-
to de paja”. Durante un tema
Juan siente olor a quemado y
le pregunta al bajista, que es-
taba cerca de él, si no le pasa-
ba algo a su equipo; todo ésto
sin darse cuenta que un “ tipo
medio pesado” le estaba pren-
diendo fuego al banquito. Esa
noche “La 7ma Brigada” casi
se transformó en una brigada
de bomberos.
Los años han pasado pero
la vigencia de Juan Rodríguez
detrás de sus tambores continúa,
prueba de ello es el requerimien-
to de grandes músicos y cantan-
tes como Botafogo, Miguel
Cantilo, León Gieco y otros,
para integrar sus agrupaciones.
Su estilo inconfundible y su ver-
satilidad hacen de él un baterista
magnífico, no sólo por su expe-
riencia, que de por si sola ya es
impresionante, sino por su pa-
sión por el instrumento y sus ga-
nas de trascender en el legado
que deja a sus alumnos.
TOCANDO EN SU LUDWIG (RED SPARKLE) 22, 13, 16,
TAMBOR SUPRAPHONIC 400 (NÓTESE QUE EL TOM DE PIE
ES MAS PROFUNDO QUE LO HABITUAL)
59
NÉSTOR ASTARITA
Néstor es, además de uno de los mejores bateristas del Jazz argentino, un hombre
muy respetado por su extensa trayectoria y por su natural y distinguida cordialidad
personal; es sin lugar a dudas una de las columnas principales de este estilo musical y
fundador de los primeros grupos de “Jazz & Fusión” de nuestro país.
Nació el 21 de septiembre de 1938 en el tradicional barrio de Barracas en Buenos
Aires. Desde muy chiquito y con el consentimiento de su abuela, empezó a golpear las
cacerolas de la cocina; y por tal motivo él se considera el baterista argentino más precoz,
ya que con sólo 5 años contaba con su propia “batería” (de cocina!!) formada por una
cantidad de componentes increíbles.
Después de estos comienzos, no es difícil
entender por qué cuando tuvo cerca de 13 años
y escuchó un disco de Crosby la música lo
atrapó definitivamente. Entonces cambió las
cacerolas por un set más chico pero no menos
“Ad hoc” que el anterior. Practicaba con una
silla de madera a modo de tambor, una copa
(trofeo de su padre como boxeador amateur)
como platillo, y un par de agujas de tejer (se-
guramente marca “Aero”) como palillos.
Pero todo llega en esta vida, y a Néstor le
llegó su primer set de “Casa Galé”: un austero
“combo” de bombo de 20, tambor y platillo
ride. Comenzó entonces a estudiar con el gran
maestro Yepes –de quien tiene un recuerdo
extraordinario y que lo distinguió con su
aplauso en el “Luna Park” cuando Astarita
tocó con Barbieri, González, Fernández, y
López Furst junto a la banda del Gran
Gene Kruppa– y luego continuó con otros
maestros como Jackopson, Picardi, y
Alcalá.
Integró “The Georgians Jazz Band”
que, junto a otras bandas de la época como
“The Swing Timers”,“Los Saint Louis
Stompers” y “The Jesters”, acaparaban las
actuaciones de bailes y eventos. Estos gru-
pos fueron sin lugar a dudas los semille-
ros de los más grandes músicos “Jazzeros”
argentinos.
ASTARITA CON UNA OSMAR GRIS
NACARADA DE 20, 14, 13, 16
NÉSTOR CON UNA CAF BLANCA NACARADA
A PRINCIPIOS DE LOS AÑOS 60
60
Como todo profesional de entonces (años 60), las actuaciones en radios, confiterías
y “boites” eran permanentes. Ya entonces habían pasado por sus manos algunos kit de
OSMAR, CAF y COLOMBO, que le dieron la experiencia suficiente para poder experi-
mentar con ese sonido que tanto buscaba. Mientras tanto, en uno de los lugares más
importantes de la movida del Jazz de los 60 –una boite llamada “Jamaica”– Néstor vivió
situaciones extraordinarias que le permitieron llegar a tocar con músicos de la talla de
Coleman, Hawkins, Kenny Dorham, Jo Jones, y Lionel Hampton.
Pero volviendo a los tambores, su sueño se cumplió cuando obtuvo su primer
SLINGERLAND (la cual compró a Gustavo Solá, baterista de “Los VIP’S): una clásica
batería de jazz, con bombo de 20, toms de 13
y 16, black sparkle en su color original, fabri-
cada en 1964 y la cual conserva restaurada y
modernizada Con ella realizaría gran parte de
su carrera, aunque algunas veces alternó el uso
de una REMO y una PEARL. También re-
cuerda cuando durante una gira por Italia –
acompañando a Enrico Rava– la casa Meazzi,
que tenía una batería excelente llamada
HOLLYWOOD, le puso en cada ciudad que
actuaba una set nuevo que sonaba muy bien
pero que no terminó de convencerlo, por su
personal preferencia a tocar con instrumentos
ya “curtidos”.
Dice que la influencia de algunos grandes
bateristas del jazz como Elvin Jones, Tony
Williams, Jack Dejonet le han dejado huella
en su estilo y que la creatividad de Minichillo
y Lapouble lo sorprende, así como la técnica
de Junior Cesari. Él también ha
influenciado a muchos de sus pares y
a otras generaciones que han venido
detrás; desde su legendario local de “
Jazz & Pop”, por ejemplo, surgió una
movida musical extraordinaria, duran-
te los años ‘78 al ‘84.
Néstor fue el baterista de Litto
Nebbia durante mas de 10 años, un
período en el cual Nebbia terminó de
desarrollar su particular estilo musi-
cal. También fundó el grupo “Buenos
Aires Jazz Fusión” –banda de culto
para los amantes del género– y se con-
virtió en un gran compositor y arre-
glador de muchos temas de jazz y fu-
sión, algunos de los cuales se han
transformado en verdaderos “clási-
cos”.
ASTARITA CON SU SLINGERLAND
64 “BLACK SPARKLE” ORIGINAL
NÉSTOR Y SU PODEROSA SLINGERLAND
EN LA ÉPOCA DE LITTO NEBBIA
61
Lejos han quedado aquellos momentos
en que debió salvar algún show tocando con
cucharas de madera de alguna vecina del baile
(por haber perdido los palillos), o tocar con
40 grados de fiebre sin saber bien en que
lugar estaba, o con una descompostura infer-
nal sin poder moverse de la batería (con el
consiguiente, desagradable y previsible resul-
tado), o aquella vez cuando invitado a bailar
a una “milonga” de tango –un placer que
Néstor suele darse y que realiza muy bien,
por cierto–, el equipo de sonido del lugar
funcionaba tan mal que a los pocos minutos
se quedaron sin música y él se ofreció a sal-
var el momento: sobre una mesa armada en
el centro de la pista de baile, realizó un “solo”
de unos 20 minutos, tocando sobre algunas
latas de gaseosas, cervezas y otros elementos
que le iban agregando los asistentes, el resul-
tado para Astarita fue una ovación increíble
y la entrada libre de por vida a la “milonga”.
Hoy continúa con su incansable carrera
profesional acompañando a grandes músicos
de jazz, grabando y tocando con muchas formaciones y con su “Buenos Aires Jazz
Fusión”, por eso, y como suelen presentarlo con un juego de palabras “ Señoras y
señores: el señor Néstor Baterista en Asteria”, disfrutemos...
NÉSTOR CON SU ACTUAL SET
SLINGERLAND BLANCA LAQUEADA
62
EDUARDO CASALLA
Eduardo Miguel Casalla –tal su
nombre completo– nació el 11 de oc-
tubre de 1938 en la Capital Federal,
hijo y hermano de excelentes músicos,
desde muy chico emprendió camino
con los tambores. A los 14 años se con-
siguió un viejo tambor LEEDY y con
otro rejunte de cascos se armó algo pa-
recido a una batería, con la que practi-
caba en el amplio dormitorio paterno,
en el cual, a veces, ensayaba también
su hermano (tapándose con mantas y
frazadas para amortiguar el sonido).
Con sus compañeros de colegio
formó su primer grupo: “La Pecos
Bill”, con quienes hacía generalmente
temas dixiland, mientras tomaba cla-
ses con Jorge Macias y a su vez el
maestro Picardi le daba las primeras
indicaciones de “Técnica baterística”.
Gracias a su talento natural y a su em-
peño, rápidamente aprendió los ritmos
mas difíciles y comenzó a hacerse de
una justificada y buena fama en el am-
biente musical.
Ya a los 17 años había sido aceptado en el “Bop Club Argentino”, donde el “Mono”
Villegas, Lalo Schiffrin y Oscar López Ruiz eran algunas de las figuras extraordinarias
que ya interpretaban el llamado “Jazz moderno”. Además, su labor en la famosa orques-
ta de Rodolfo Alchourrón, (fuente de formación de notables músicos) se intercalaba con
sus trabajos en radio Belgrano y las presentaciones en varios shows.
Pronto llegaría un momento memorable para él: su primer set profesional CAF, que
atesoró durante muchos años. Ésta fue la segunda batería que fabricó Ferrando en su
larga historia, compuesta por con bombo de 20, toms de 13 y 16, nacarada con parches
de cuero, (que CAF le entregó, por falta de tiempo, con el aro inferior del tom flotante
sin cromar) y que luego de más de 15 años le vendería a Norberto Minichillo (momento
en que adquirió una SLINGERLAND White pearl con bombo de 20, toms de 12 y 16 y
un tambor LUDWIG supraphonic 400 de metal).
Este set fue luego ampliado con la incorporación de un tom flotante de 13
SLINGERLAND y un bombo extra de 18 fabricado especialmente para Casalla por
STRIKKE DRUMS, quien, además cambió el nacarado a todos los cascos instalando un
nuevo nacarado azul. Incorporó además un tambor SLINGERLAND “Radio King” –
para muchos el mejor tambor de madera de la historia– y un tambor metálico ROGERS
“Dynasonic”.
EDUARDO CASALLA CON SU CAF, NÓTESE EL
ARO INFERIOR DEL TOM FLOTANTE SIN CROMAR
63
Eduardo ha tocado
en infinidad de agrupa-
ciones extraordinarias,
pero seguramente las más
recordadas son: “Los
Swing Timers”, el quin-
teto y orquesta del gran
maestro Lalo Schifrin, la
“Orquesta de Dangelo”,
y la “Orquesta de Ray
Noland” con la que rea-
lizaron muchos de los
más grandes e importan-
tes bailes de los años 60.
De esos años de tan-
to trabajo y giras cons-
tantes, recuerda la buena vo-
luntad de una fanático del
jazz de Benito Juárez, don-
de debían tocar una noche.
El joven se enteró que a
Eduardo no le había llega-
do la batería (nada menos
que la SLINGERLAND), ya
que por un error en el trans-
porte la habían despachado
por micro a la ciudad de
Necochea. Este amante del
buen Jazz no quiso perder-
se a Casalla tocando “su”
instrumento, y partió raudo
en su “Estanciera IKA” ha-
cia Necochea para buscar la
SLINGERLAND. No se
sabe bien como hizo, pero
en un par de horas regresó
con la batería completa. En
agradecimiento, esa noche
Eduardo le brindó un buen “solo” de batería, lo que nunca se supo fue si a ese gentil
personaje le cobraron la entrada al show!
Otra noche, mientras tocaba con el trío del gran “Mono” Villegas –cuyo carácter no
era generalmente demasiado previsible– en un conocido local de jazz de Buenos Aires
colmado de público, notó que el “Mono” imprevistamente dejó de tocar y desapareció
del escenario. Acto seguido Eduardo comenzó un “solo” para salvar la situación: prime-
ro unos suaves pases rítmicos, luego algunos “fills” más intensos, pero después de unos
pocos minutos y viendo que el “Mono” no daba señales de vida, cerró los ojos y se largó
con un solo “a toda máquina” (como para finalizar el tema). En la parte más efusiva del
EDUARDO CON SU PRIMER SLINGERLAND,
TOCANDO JUNTO A H. LARUMBE
CASALLA Y SU 2DA. SLINGERLAND, REACONDICIONADA
POR LA GENTE DE STRIKKE DRUMS
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solo, batiendo parches a diestra y si-
niestra a toda velocidad, apareció el
“Mono” en escena, y sin que Eduardo
lo viera, lo abrazó fuertemente por de-
trás gritando: “Eduarditoooo!!”. Obvia-
mente no sólo le cortó de cuajo la im-
provisación, sino que le dio un susto
tremendo... actitud que Casalla perdo-
nó por tratarse del eximio e inefable
maestro.
Mientras desarrollaba su carrera,
allá por el año ’78, Eduardo adquirió
una GRETSCH traída por su amigo
Marcelo Contento, cuyas medidas eran
22 - 12 y 16 . Este mismo kit fue el que
luego modificaría y completaría en los
años 80 con otra GRETSCH (su actual
set) de color amarillo, compuesta por
bombo de 20, toms de 10, 12, 13, 14 y
16, tambor de madera, (el que a veces
alterna con un tambor VIGNOLO de
viraró, fabricado especialmente para él)
y platillos ISTAMBUL. Con esta for-
mación nos maravilló en 1998 integrando la gran orquesta del maestro Lalo Schiffrin, en
el espectáculo que trajo a la Argentina llamado “Un Concierto de Película”.
Hoy, el Dr. Eduardo Casalla (es odontólogo hace mas de 30 años), nos sigue
maravillando con su swing y su estilo tan particular en cada una de sus actuaciones. Para
recorrer sus inicios, su recordado y vigente “Swing Timers”, extraordinarios recuerdos y
notas actuales se puede ingresar a su página de internet:
AR.geocities.com/eduardocasalladrums@yahoo.com.ar
Es, desde hace muchos años, un destacado profesor de Jazz; ha participado de
importantes seminarios internacionales y ha formado a excelentes músicos que hoy
trabajan en Europa y USA. En definitiva no sólo un gran baterista, sino un músico con
mayúsculas.
CASALLA Y PARTE DE SU ACTUAL
SET GRETSCH
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POCHO LAPOUBLE
Carlos Alberto Lapouble nació el 13 de septiembre de 1942, en la ciudad de La
Plata. Fue su abuelo quien inmedia-
tamente lo apodó “Pocho”, apodo que
le quedó para toda la vida a quien en
realidad debió llamarse Francisco Ja-
vier, y por un mal entendido del re-
gistro civil terminó llamándose como
su padre.
A los 13 años ya practicaba so-
bre una mesa y algunas latas de ga-
lletitas “Canale”con las famosas
“Palmetas” (elementos para matar
moscas) siguiendo el ritmo de algu-
nas canciones que sonaban en la ra-
dio. Después sus padres le regalaron la primer batería: una OSMAR negra de 20, 13, 16
que incluía un viejo tambor LUDWIG de los años ‘40 y unos platillos “Super ZYN”
ingleses.
Comenzó estudiando con los maestros Yepes y
Nino Docena, pero quien más lo ayudó a perfeccio-
narse fue Guillermo Wehmann, un conocido
clarinetista que le brindó un aporte de musicalidad
que no olvidó. Reconoce también haber recibido
una fuerte influencia de algunos grandes músicos
como Alberto Favero (Pianista), el “negro” González
(Contrabajista) y del maestro Astor Piazzolla con
quien tocó casi un año en 1969, con su sexteto.
Su primera banda fueron “The Swingers”, gru-
po que conformó en el liceo naval. Un trío de jazz
del que recuerda una particularidad: el contrabajo
había sido realizado artesanalmente por el bajista
“espiando las medidas de un contrabajo que estaba
en la vidriera de Casa América, y cuando lo termi-
nó solo le colocó 3 cuerdas y pese a lo elemental
del instrumento algo sonaba”.
Después vinieron “Quinteplus”, el “Favero Trío”,
El “Mono” Villegas, “Lapouble & Asoc.” Mientras tanto algunas buenas baterías iban
pasando por sus manos: una SLINGERLAND de bombo chico (18 x 14) toms de 12 y 14
con un tambor SLINGERLAND de 14 x 5,1/2, que le fue robada luego de una corta gira,
una LUDWIG “Vistalite” de 22, 13, 14 y 16 la que también nunca volvió a ver después de
un concierto.
En una época de bastante trabajo en grabaciones decidió comprar una NUCIFOR
muy sencilla, a la que rellenaba con goma espuma y que usaba frecuentemente por la
facilidad de transporte (tenía un bombo de 18 x 14) y que terminó regalándole al hijo de
su amigo Berugo Carámbula (Gabriel Carámbula, hoy conocido guitarrista).
LAPOUBLE CON ALBERTO FAVERO (PIANO),
CON SU OSMAR
LAPOUBLE Y SU SLINGERDLAND
CON BOMBO DE 18
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Estando de gira en New York, adquirió su instrumento actual, una excelente GRETSCH
de madera lustrada cuyas medidas son 20, 12, 13, 14, set que usa con diferentes tambores:
un LEEDY de madera (que atesora y que pasó por las manos del Maestro Alberto Alcalá),
dos SLINGERLAND de metal de 14 x 5½ y 6½ y un FIBES de fibra.
Pero “Pocho” ha sido intransigente en cuanto al uso de platillos: su elección siempre
(salvo en su primer batería), paso por ZILDJIAN, y especialmente la línea K. Cuenta que
una vez en el legendario local de jazz “Jazz & Pop”, y después de un show extenuante, un
incipiente baterista y admirador se le acercó y además de saludarlo sacó de una funda de
platillos una “pareja” (par de
platillos de Hi Hat) para pedir-
le su opinión.
En cuanto “Pocho” advir-
tió que no eran ZILDJIAN, le
hizo un gesto adusto con la
cara y le indicó a viva voz:
“Guardálos pibe, sacálos de mi
vista!!”, claro que era sólo una
broma e inmediatamente le
aclaró que él usaba exclusiva-
mente ZILDJIAN pero que
igual le parecían buenos y que
más allá de las “marcas”, es-
tudiara y practicara mucho.
Otra anécdota le ocurrió cuando, en 1974, se presentó en el Teatro “Cervantes” con
un trío (que en realidad era un cuarteto, que integraba también Ricardo Lew) a sala llena
y con un notable éxito. Como de costumbre después de terminado el concierto los
“maquinistas del teatro” apuraban el desalojo de la sala.
Mientras saludaban a muchos de los que se habían acercado a felicitarlos, se acercó
uno de los operadores del teatro pidiéndoles que por favor desarmaran rápidamente los
equipos. Cuando “Pocho” estaba desarmando la batería nota que de lejos un señor de
barba le hace señas a modo de saludo.
Pensando que se trataba de un conocido amigo de fisonomía similar, le responde
con la mano; pero al acercarse éste al escenario nota que el señor era nada menos que
Julio Cortázar, el famoso escritor, quien además era un apasionado del jazz.
Al saludarlo personalmente Cortázar, con tono afrancesado le dijo: “Te felicito, y te
voy a confesar algo: yo hubiera querido ser baterista, pero ya ves, al final siempre sos el
último y las mujeres no esperan!!”.
El estilo de Lapouble es tan llamativo como lo es su presencia sobre la batería,
precisamente por su altura “Pocho” se destaca a la hora de tocar y le imprime una potencia
al swing que es admirada y envidiada por muchos bateros. De sus admirados Jo Jones,
Tony Williams y Jack de Johnette, tomó la expresividad y vitalidad de los estilos y de los
admirados colegas nacionales Astarita, Riganti, Ciccero y Araujo, parte de sus técnicas.
Hoy Lapouble continúa con su carrera profesional dentro del Jazz, tocando perma-
nentemente con grandes músicos argentinos, convocado para grabaciones y dedicado a
la enseñanza; dicta clases para más de medio centenar de alumnos, en su lugar de
residencia actual: la localidad de Montegrande, que quizás no es casualidad fuera tam-
bién la cuna de otro grande de los tambores: el maestro Yepes.
POCHO Y SU GRETSCH ACTUAL,
JUNTO AL RECORDADO H LARRUMBE
67
MINGO MARTINO
Domingo “Mingo” Martino es casi
con seguridad el decano de los bateristas
Argentinos en actividad, con casi 80 años
(nació el 24 de diciembre de 1924), es
uno de los músicos mas reconocidos y
apreciados, con una gran trayectoria.
La ciudad de La Plata fue su lugar
natal, y desde muy pequeño comenzó a
dejarse llevar por el ritmo, cuando dis-
frutaba de las clases de música de su en-
trañable colegio primario marista. Luego
su paso por el Colegio Nacional de La
Plata le brindó la oportunidad de cono-
cer a grandes personalidades y completar
su formación
Con los primeros pesos ganados con
su propio trabajo compró una NUCIFOR
nacarada con el diseño típico de aquellas
primeras baterías, con bombo de 24 y
toms de 13 y 14 con parches de cuero y
un tambor de madera. Este instrumento
lo acompaño durante varios de los pri-
meros años de su carrera.
En sus mas de 50 años de carrera
han pasado por sus manos infinidad de
instrumentos, una GRETSCH que com-
pro cuando el trabajo profesional se consolidó, gracias a las permanentes actuaciones
radiales y presentaciones en las clásicas tertulias musicales en las confiterías. Después
una SLINGERLAND modelo “Radio King” White pearl de bombo de 24, toms de 13,
16 y 18; que fue el primer set de esa marca que
llegó a nuestro país y que fue admirada por
muchos de sus colegas.
Su trabajo fue muy intenso y entre giras y
viajes al exterior tuvo el placer de tocar con los
músicos mas importantes del jazz Argentino:
El “mono” Villegas, Jorge Navarro, el “Chivo”
Borraro, Lalo Schiffrin, el “Bebe” Eguia, “Fats”
Fernández. Tocó en el famoso “Bop Club” y
casi no hubo orquesta o agrupación de jazz en
la que no interviniera.
De los miles de conciertos que dio, le han
surgido cientos de anécdotas pero las que mas
disfruta recordando son algunas que involucran
a algunos grandes maestros como el gran
“MINGO” Y SU PRIMERA BATERÍA,
UNA NUCIFOR
MARTINO Y SU SEGUNDA
SLINGERLAND (20,13,16)
68
bandoneonísta Aníbal Troilo “Pichuco” con
quien mas de una vez compartió un escenario y
recuerda una destemplada y tormentosa noche
en un baile de un importante club de la locali-
dad de Quilmes donde se presentó la orquesta
del gran “Pichuco”.
Mingo acababa de terminar su actuación con
su orquesta de jazz y mientras su “plomo” des-
armaba la batería él se quedó para ayudarlo, ya
que debían partir rápidamente para cumplir otros
compromisos. A poco de empezar a tocar la
orquesta de Troilo, a uno de los músicos se le
rompió el instrumento, luego se desató en la
zona una intensa tormenta e inmediatamente su-
frió un desperfecto en el equipo de sonido, y
como si fuera poco se cortó parcialmente el
suministro eléctrico por lo que debieron suspender la actuación.
Entonces “Pichuco” se acercó, lo miró a “Mingo” y le dijo en voz baja: “Mirá pibe
si yo sabia esto me quedaba en casa,
me tomaba unas copas, me metía en
la cama con mi “jermu” y los man-
daba a la m... a todos!!!”.
También del siempre sorprenden-
te e inesperado maestro Villegas re-
cuerda aquella noche donde tocaron
en el Jazz & Pop, en una actuación a
lleno total, donde se fueron incorpo-
rando algunos músicos que iban lle-
gando y se armó una “jam” inolvida-
ble. De pronto todos los dioses mu-
sicales se pusieron de acuerdo y sa-
lió una versión impresionante de un
clásico del jazz, cuando el tema ter-
minó, el “Mono” con su tradicional
“cara de poker” tomo el micrófono y
sentenció: “¡Mejor no se puede to-
car!” acto seguido cerró el piano y
se fue... a su casa.
Luego compro otra SLINGERLAND (20, 13, 16), también una COLOMBO blanca
nacarada al estilo Buddy Rich (con dos tom de pié), algunas PEARL y su LUDWIG
actual un set “Buddy Rich” que atesora y con el cual suele despertar la sana envidia de
quienes lo van a ver tocar.
Claro que a “Mingo” no le fue fácil llevar su admiración por el maestro Rich. En
1980 estando de viaje con su señora en la ciudad de New York, se enteró que su ídolo
de toda la vida tocaba en el Hollyday Inn de Long Island; por lo que raudamente se
dirigió al hotel y pidió un auto que lo llevara al lugar del concierto. Allí y después de
disfrutar de la primera parte del concierto (una larga e inolvidable hora), Martino intentó
MARTINO CON SU COLOMBO
BLANCA NACARADA
MINGO MARTINO SENTADO EN EL SET
LUDWIG DE BUDDY RICH
69
MINGO MARTINO Y SU SET ACTUAL
LUDWIG “BUDDY RICH”
acercarse a su admirado baterista, pero le fue difícil ya que custodiado casi como un
presidente fue a los camarines a prepararse para la segunda parte del show.
Entonces se dió cuenta que no había nadie en el escenario y se le ocurrió sentarse en
la LUDWIG de Don Buddy y sacarse una foto que sería un trofeo extraordinario, y lo
logró, pero también logró que
raudamente dos “bodyguards” de
Rich lo levantaran inmediatamente
de los brazos y lo depositaran, no
muy gentilmente, en su mesa ame-
na-zándolo con expulsarlo si se acer-
caba otra vez al set de Rich; quien,
de paso digamos, es muy celoso de
su instrumento y no permite que na-
die lo toque sin su utorización.
Hoy este “grande” de la batería,
desgrana anécdotas por doquier,
continúa tocando y enriqueciendo a
jóvenes bateristas a quienes aconse-
ja permanentemente, mantiene una
vitalidad envidiable y el retiro es
para él solo una estación de tren a
la que, aparentemente, no piensa lle-
gar nunca.
70
CACHO STELLA
José Roberto “Cacho” Stella nació el 14 de octubre de 1933, hoy casi a los 70 años
este gran baterista de jazz es, según muchos mú-
sicos, un virtuoso del instrumento y un entusias-
ta maestro.
Su primer acercamiento a los tambores lo
realizó cuando era aún un adolescente que dis-
frutaba intensamente de la calle, vendía diarios
y con un viejo monedero de metal (tipo
colectivero) hacía ritmo; después con un par de
cuchillos, sobre una lata de yerba mate “Flor de
Lys”,donde según sus propias palabras “hacía
un rulo perfecto, mejor que sobre un tambor”.
A los 18 años comenzó a estudiar, por insis-
tencia del Maestro Tito Alberti, con el maestro
Alcalá; cosa que hizo ininterrumpidamente por
casi 10 años. Primero compró una tradicional ba-
tería RADAELLI equipada al uso de los años
’40, con la que hizo sus primeras presentaciones.
Después llegó una CAF brocato dorado, cuyas
medidas eran 20, 13, 16 con un tambor de 14 x 5-
1/2, la que luego cambió por una LUDWIG white
pearl, comprada durante una gira en New York,
que usó con una agrupación poco conocida en nues-
tro país pero que tuvo éxito en España: “Rosita
Perú y los Silver”. Este instrumento lo vendió al
regresar al país y,según sus propias palabras, esta
es “Una de las cosas que siempre me arrepentiré
en mi vida”.
En ese momento decidió comprar una batería
COLOMBO también de brocato dorado de soni-
do bien jazzero, y también probar con un set CAF
de color negro veteado tipo “Black Oyster” bas-
tante amplio: dos bombos de 22 y toms de 12,
13, 14 y 16, instrumento que le gustó mucho pero
que vendió al poco tiempo ya que viajó al exte-
rior en una nueva gira y adquirió una llamativa
LUDWIG “Vistalite” amarilla, la cual todavía ate-
sora y que compró por un puñado de dólares en
New York.
A la hora de recordar algunas anécdotas, tiene muy presente una que le ocurrió a
mediados de los años ‘60 cuando debió, preventivamente, salir de un reconocido club
nocturno en donde la noche se estaba poniendo un tanto “pesada” y cargando prontamente
los tambores, en busca de un taxi que nunca apareció. Entonces un integrante de un grupo
colega le ofreció llevarlo en su Estanciera IKA.
STELLA Y SU RADAELLI
CACHO STELLA TOCANDO CON UNA
SINGULAR OSMAR PRESTADA
71
Como el ambiente también se estaba ponien-
do espeso en las afueras del lugar, Cacho co-
menzó a cargar rápidamente la batería en el ve-
hículo, pero dado el apuro, ambos olvidaron la
bolsa de platillos que había quedado apoyada
sobre una de las ruedas de la camioneta. Cuando
ésta comenzó a rodar, un ruido sordo se escu-
chó, e inmediatamente quien manejaba notó que
pasaban sobre algo duro. De pronto notaron la
cara de espanto de uno de los plomos que había
salido a ayudar y que miraba en dirección a las
ruedas traseras.
Entonces se escuchó un grito al unísono “Los
platillos!!” y se bajaron del auto esperando lo
peor, mientras Cacho se agarraba la cabeza y
murmuraba “ los Zildjian, los Zildjian!!”. El plo-
mo se arrodilló y recogiendo la bolsa se la entre-
gó a Stella. Al abrirla y revisar los platillos notó
que milagrosamente estaban sanos gracias a un
cencerro que a modo de cuña había quedado debajo de las campanas de los platos, y
evitó que éstos se aplanaran por el peso del auto.
En otra oportunidad fue “de cambio”
por Jorge Padín a tocar con el maestro
“Mono” Villegas, pero llegó a la cita cuan-
do el reconocido pianista ya había comen-
zado su actuación.
Mientras el trío (dúo hasta ese momen-
to) terminaba ese tema, Cacho armó el li-
mitado set (Hi Hat, Tambor y platillo) que
había llevado y se dispuso a tocar. Cuando
se produjo el intervalo, el “Mono”, delante
de todos los presentes le preguntó porque
había llegado tarde y si no traía nada más
que un tambor. Presionado por lo frontal
de la pregunta Cacho no tuvo otra alterna-
tiva que responderle: “Maestro, me pidie-
ron el cambio a último momento, vengo
de tocar en la “Richmond” y en el teatro
“El Nacional” y... traje lo que tenía a
mano”.
El “Mono” se dio vuelta y fiel a su
costumbre de no pasar inadvertido, comen-
tó en voz alta al público (que era mucho
por cierto): “Ven, así es la vida de los mú-
sicos, tienen que trabajar mucho y no les
alcanza la plata ni para comprarse un ins-
trumento”.
CACHO CON EL GRUPO “ROSITA PERU
Y LOS SILVER” CON SU LUDWIG
STELLA CON SU COLOMBO
72
Su carrera profesional ha sido –y es– por demás extensa, durante más de 50 años de
trayectoria ha acompañado a artistas internacionales de la talla de Nelson Ridle (Arre-
glador de Frank Sinatra), Don Costa, Johnny Mandel; además de artistas nacionales
como “ Los 5 Latinos”, Barry Moral, Bubby Lavechia, Waldo de Los Rios, y la “Or-
questa Candilejas”.
Cacho Stella disfruta hoy de cada actuación como aquel primer día en que empezó a
tocar la batería, tiene frescos en su memoria los recuerdos que tantos conciertos y viajes
le han dejado. Y fundamentalmente el orgullo de ver a muchos de sus alumnos desarro-
llarse profesionalmente aquí y en el exterior. Sería justo decir en un juego de palabras –
si se me permite– que el maestro Cacho ha dejado en la música argentina, una imborra-
ble “Stella”.
CACHO STELLA Y SU LUDWIG “VISTALITE” YELLOW CLEAR
73
“JUNIOR” CESARI
El 3 de enero de 1946 nació
en Río de Janeiro (Brasil) Rober-
to Antonio Cesari Junior, quien
desde hace muchos años es consi-
derado, además de un argentino
más, uno de los más grandes
sesionistas del país.
Hijo de músicos, desde muy
chico se radicó en Argentina y co-
menzó a aprender piano; pero
cuando cumplió 15 años, el ritmo
pudo más y después de romper va-
rias batutas de su padre –que usa-
ba a modo de palillos– y algunos
tapizados de la banqueta del pia-
no, se decidió por la batería (claro
que primero fue conminado por su
padre a “aprender” y luego “to-
car”).
Recurrió entonces al maestro
Alberto Alcalá –quien reconoció
inmediatamente sus condiciones–,
pero como en ese momento le daba
clase a más de cien alumnos, le
sugirió que fuese José Varela
(Baterista de la orquesta de su pa-
dre) el que le diera las clases par-
ticulares. Así fue durante cuatro
años, más tarde recibió la invalorable ayuda del “Oso” Picardi y de José Pugliani.
Cuando llegó el momento de armar su primer set (comprado con sus propios aho-
rros), se transformó casi en un Dr. Frankenstein: recurrió a varios componentes de
distintas marcas y calidades. Así logró hacerse de un bombo de marcha y un viejo
tambor LUDWIG, un hi hat RADAELLI, dos tom tom OSMAR, todo con parches de
cuero y unos platillos “Avedis Zildjian”, nada mal para un kit de principiante.
A medida que progresaba, también era reconocido y requerido por conocidos músi-
cos y artistas, por lo cual comenzó a probar y comprar infinidad de baterías. Por sus
privilegiadas manos pasaron desde una poco conocida BSB que luego fue totalmente
reciclada con torres y aros LUDWIG y nacarado importado, una LUDWIG original
Oyster blue (22, 13, 16) una ROGERS Green Sparkle, algunas PEARL, y alguna
GRETSCH.
Con ellas fue acompañando a los más importantes artistas nacionales y extranjeros
que visitaron nuestro país. “Junior” es siempre el elegido de María Creuza y de otros
extraordinarios músicos como Mauricio Einhorn y Chuck Wayne, además de haber
participado en una inolvidable “Jam” con nada menos que Chick Corea.
JUNIOR CON UNA GRETSCH
74
Pero siempre recuerda aquel debut como baterista profesional: había sido contratado
para tocar en Río de Janeiro durante los carnavales, pensó que los shows serían n algún
hotel o local de baile, y partió confiado pensando en que si llegase a cometer algún
“involuntario error” a causa de los nervios de principiante, seguramente se disimularía
entre el baile y desenfreno de los asistentes.
Cuando llegó al lugar se le paralizó la respiración, se dio cuenta que debía rendir su
primer examen en un estadio. Allí frente, a él, había nada menos que más de 8.000
cariocas –que algo de ritmo conocen– con los ojos y oídos puestos en el baterista!!
Aprendió a poner en práctica su técnica de bombo con toda rigurosidad –y dolor,
cuando también en otros carnavales en Buenos Aires comenzó a tocar ritmos brasileros
con una marcada apoyatura de
bombo– a las 10 de la noche y
no pudo parar hasta las 5 de la
mañana (7 horas después...!!).
Esa madrugad,a cuando “Ju-
nior” llegó a su casa creyó ha-
ber participado de los famosos
“seis días en bicicleta”.
También fue convocado
por infinidad de bandas para
participar en sus grabaciones,
y formó parte de un grupo lla-
mado “Aguamarina” donde, en-
tre otros grandes músicos, to-
caban Richard Green –extraor-
dinario tecladista, arreglador y
director– y el gran bajista
“Juani” Amaral. Fue una agrupación que mezcló covers de temas del jazz & pop con
muy buenos arreglos musicales y vocales.
Pero “Junior” no es sólo un gran baterista, es un apasionado investigador y estudio-
so del instrumento, al punto de haber realizado un largo y pormenorizado análisis sobre
selección y características de maderas para ser usadas en la construcción de tambores.
Esa pasión sólo es compartida por su otra debilidad: la enseñanza, actividad que ocupa
hoy gran parte de su tiempo con decenas de alumnos que recurren al “Maestro” en busca
de perfeccionamiento.
Este reconocimiento también llega del exterior: “Junior” ha sido distinguido como
“International endorser” de ZILDJIAN, un justo premio logrado por mérito propio a este
extraordinario músico al que le ha quedado un apodo un tanto incorrecto.”Junior” Cesari
es realmente un “Senior” de la batería.
CON SU LUDWIG ACTUAL
75
EL “MONO” LESCANO
Hugo Omar Lescano nació en
Cruz del Eje (Pcia. de Córdoba) el 8
de noviembre de 1938.. A los 13 años
se enloqueció con los tambores y nun-
ca mas paró, denota su pasión por
ellos ya que conserva no solo un es-
píritu juvenil, sino una condición fí-
sica excelente para desarrollar su to-
davía intensa actividad profesional.
Este baterista dueño de un carác-
ter afable y cordial posee una exten-
sa carrera como músico, especialmen-
te basada en el jazz y en ritmos lati-
nos o étnicos a los que estudia y prac-
tica en forma permanente.
Su primer set fue un viejo tam-
bor BREYER con un bombo de mar-
cha y un único platillo ZYN, que
pudo pagar el mismo primer fin de
semana que lo adquirió, ya que in-
mediatamente lo contrato un músico
vecino admirador de su potencial.
Después se compró una batería
GALE con los infaltables parches de
cuero que fue en realidad su primer
set profesional, luego consiguió una
RAMÍREZ usada que mas tarde cambió por una COLOMBO. Hasta que llegó el turno
de la primer batería importada, una LUDWIG del año 53 withe marine pearl, comprada
al baterista de Benny Goodman cuando visitó nuestro país.
En su extensa carrera ha te-
nido la oportunidad de tener
una ROGERS modelo Louie
Bellson con dos bombos de 22
y una R 620 de 20, 13 y 16;
una SLINGERLAND de made-
ra laqueada, una LUDWIG
jazzette con el tradicional bom-
bo de 18, también una podero-
sa SONOR de rosewood de ge-
nerosas medidas (24, 12, 13, 14,
16), una TAMA que lo tuvo
como endorser en los años 79
al 83.
Durante sus múltiples via-
jes y contratos por el exterior
CON UNA GRETSCH
EN UN PROGRAMA DE TV
76
fue invitado por diferentes fá-
bricas y distribuidores quienes
lo tentaron en varias ocasiones
para promocionar sus marcas,
tal el caso de ISTAMBUL que
le obsequió un completo set de
platillos.
Ll egaron t ambi én una
PREMIER de medidas tradicio-
nales, adquirida especialmente
para los shows mas grandes y
una mas jazzera de 20, 12, 16
para lugares mas intimistas.
En su época de “Soul” se
armó de una PEARL blanca que
le proporcionaba ese sonido mas
denso que necesitaba.
Su primera banda fue una dixiland llamada “La Witch Dixiland Band”, después la
“Jazz Característica Pocholo”, y la “Carliños y su bandita” banda de ritmos bailables
que integró junto a conocidos músicos como Pocho Gatti, Bubby Lavechia y Chico
Novarro. Los comentarios decían que esta banda era liderada por un sargento desertor
del ejército, un personaje muy conocido por aquellos años.
Siempre recuerda que después de un ajetreado fin de semana de actuaciones, termi-
naban agotados pero recompensados económicamente, lo que le permitía darse ciertos
lujos, como viajar y tentarse especialmente con algún instrumento.
El “Mono” siempre fue, como decía, un entusiasta de los ritmos latinos virtud que
lo llevó a ser contratado para realizar extensas giras por Europa, llegando también a
radicarse por algún tiempo en lejanos países del medio
oriente, en momentos donde los conflictos bélicos eran
tapa de todos los diarios. Es más en alguna oportuni-
dad debió dejar pertenencias e instrumentos y salir casi
con lo puesto para evitar males mayores.
En esos países, que podríamos llamar poco tradi-
cionales para músicos latinos de entonces, le ocurrie-
ron algunas situaciones un poco complicadas, como
durante un gran y elegante baile, donde Lescano inte-
graba la gran orquesta del hotel. La batería estaba so-
bre una tarima lateral y cada tanto un elegante invitado
.- que bailaba con una bella acompañante - pasaba
cerca de los platillos y los golpeaba groseramente, (y
lo que era peor, totalmente fuera de ritmo), con algu-
nos de los impresionantes anillos de oro que llevaba
puestos
Esto se repitió varias veces hasta que el “Mono”,
ya cansado, le hizo señas al sujeto en cuestión, el per-
sonaje se acercó muy sonriente y sobrador; entonces
Lescano le dijo, sin perder su compostura y en perfec-
CON SANDRO, TOCANDO UNA LUDWIG
JUNTO A SU SLINGERLAND
77
to inglés: “Si Ud. toca una vez más mi batería, yo voy a usar de tambor el C... de su
mujer”. Inmediatamente el elegante invitado partió hacia la otra punta del salón y nunca
mas se supo de él.
Otra situación graciosa le ocu-
rrió en una ciudad del interior de
nuestro país donde, ya entrada la
madrugada, el ambiente se había
puesto bastante pesado por las be-
bidas de más e incomodo debido
a la gran cantidad de gente. Como
si esto fuera poco hubo que su-
marle que al contrabajista de la
banda le habían puesto a modo de
broma pesada, un pedazo de carne
podrida dentro del instrumento.
El aire se tornó insoportable y
a los pocos minutos comenzó una
batalla de manotazos que solo paró
cuando llegaron dos agentes de la
policía local (que tampoco esta-
ban en muy buenas condiciones de
sobriedad que digamos) y pregun-
taron que había pasado.
Un parroquiano que acodado
en la barra intentaba pararse gritó
como respuesta que: “el contraba-
jo estaba “podrido” y que había
golpeado a algunos muchachos.
Entonces los dos agentes mi-
raron al instrumento y uno de ellos dijo: “Y... habrá que llevar al contrabajo a la
delegación” y se lo llevaron nomás... . Esa noche créase o no detuvieron a un instrumen-
to!!
Habiendo tenido tantas baterías durante su carrera, hoy lamenta no haber consegui-
do una LEEDY, instrumento que representa para él algo magnifico y singular, aunque si
cumplió con un sueño cuando en la ciudad de Texas (USA) tuvo el privilegio de poder
tocar con “Smokey” Jones un extraordinario y legendario bangoista de dixiland, “esa
noche toque el cielo con las manos” dijo.
El “Mono” Lescano ha estado en los últimos años radicado en Aruba donde ha
actuado profesionalmente, también como profesor e instructor de bandas militares.
Incursiona desde hace tiempo en arreglos musicales para orquestas, y cada tanto regresa
a su querida ciudad de La Plata, para disfrutar con sus viejos amigos de esos nuevos
recuerdos que su contínua carrera le brinda.
EN SU SET LUDWIG
78
JORGE PADIN
Jorge nació el 28 de junio de 1935 en
Capital Federal, y a los 15 años cambió sus
estudios musicales del clarinete por los tam-
bores. Al poco tiempo integró la “Orquesta
Característica Leoni” (una orquesta donde se
tocaban piezas musicales como pasodobles y
otros estilos bailables) actuando especialmen-
te en radios y confiterías como era costumbre
en aquellos años.
Comenzó estudiando con los maestros
Correale y Alcalá, de quienes aprendió y he-
redó su excelente lectura y la ductilidad para
adaptarse a los más variados estilos musica-
les, lo que le permitió ser considerado como
uno de los más importantes “sesionistas” de
entonces. Luego perfeccionó su estilo en Eu-
ropa –donde vivió por algún tiempo– de la
mano de Gilberto Cuppini en Italia y de Freddy Brokseper en Alemania.
Su primer set fue una CAF gris nacarada adquirida directamente al Sr. Ferrando
cuyas medidas eran las tradicionales para entonces, (20, 14, 13, y 14) batería que Jorge
atesoró bastante tiempo. Con ella tocaba en la orquesta de Eddie Pequenino (un gran
trombonista, arreglador y director de orquesta que también incursionó como actor de
cine y TV), en algunas oportunidades apareció tocando en TV con esta orquesta, con
una DIXIE totalmente metalizada, que era una novedad para entonces.
De aquellos años recuerda la pasión con que encaraba junto a otros bateristas los
proyectos y actuaciones, y no importaba cómo
pero había que llegar al show. Así fue que un día,
falló el transporte y Jorge junto a su amigo Eduar-
do Casalla enfundaron una batería y se aprestaron
a partir hacia el centro, en donde debían realizar
lo que en la jerga musical argentina se denomina
“de cambio” –reemplazar a un músico que no
puede ir a tocar–, se subieron al vehículo y reali-
zaron un viaje bastante incómodo.
El vehículo de Jorge era una motoneta
“Vespa” y debieron acomodar el tom de pie en-
tre las piernas del conductor, el bombo sobre la
falda de Eduardo (que iba mirando hacia atrás) y
el resto como se pudo, claro que llegaron y cum-
plieron con el “cambio”, aunque ninguno recuer-
da si pudieron cobrarlo!!
Siempre lo impactó el sonido de las “Big
Band”, el Jazz es sin lugar a duda su estilo pre-
ferido y su baterista predilecto es el famoso
Buddy Rich a quien admira incondicionalmente;
JORGE CON ALGUNOS DE LOS INSTRUMEN-
TOS USADOS EN EL LP “EXPERIENCIAS”
TAPA DE UN LP EDITADO EN 1978,
CON UNA LUDWIG “CLASSIC”
WHITE PEARL
79
quizás por ello es que tuvo 2 sets de
SLINGERLAND entre la gran cantidad de
kits que fue comprando a lo largo de su
carrera. Bajo sus rítmicos golpes estuvie-
ron una GRETSCH, una ROGERS, una
LUDWIG, y una CAF New Sonic blanca
nacarada –copia exacta de la LUDWIG
Classic, que sonaba impresionantemente
bien– cuyas medidas eran 22, 14, 13 y 16,
una PEARL y una batería en particular de la
que Jorge guarda especiales recuerdos: una
HOLLYWOOD (Italiana) que le mandaron de
la fabrica especialmente para él.
Precisamente este set tiene la particulari-
dad de contar con un pedal en el tom de pie,
que desafina el sonido del tambor a modo de
timbal, además de poseer un brillante y rico
sonido que puede competir con las más reco-
nocidas marcas americanas y europeas. Esta
batería –totalmente restaurada a nuevo– hoy
pertenece al titular de “Drummers”, Daniel Pérez,
una reconocida casa de música argentina, espe-
cialista en baterías y percusión.
El curriculum de Padin es realmente impre-
sionante, a lo largo de estos más de 50 años ha
acompañado a grandes artistas internacionales
como Tony Benett, Lalo Schiffrin, Ives Montand,
Josephine Backer, Michel Legrand. También a
muchos de los nuestros: Sandro, Palito Ortega,
Victor Heredia, Leon Gieco, Los Chalchaleros,
Mercedes Sosa y muchos otros, en presentacio-
nes en vivo e innumerables grabaciones; prácti-
camente la mayoría de los grandes y famosos
músicos y cantantes argentinos lo han convoca-
do para sus producciones.
Hoy Jorge Padin continúa en plena actividad
componiendo y arreglando música para películas
y dedicado a funciones culturales y musicales
desde la Dirección de Música del Centro Cultu-
ral San Martín.
CON LALO SCHIFFRIN EN UN CONCIERTO
EN LOS ÁNGELES
CON UNA
PREMIER 22, 12, 13, 16 EN SU ORQUESTA DE JAZZ
LA HOLLYWOOD WHITE PEARL
20, 14, 13, 16 (VER PEDAL TOM DE PIE)
80
EL “OSO” PICARDI
Maestro y referente permanente del ins-
trumento, Rolando A. Picardi nació el 26 de
diciembre de 1935 en capital federal, a los
17 años fue seducido por los sonidos de los
tambores y nunca pudo –ni quiso– librarse
de esa seducción que lo llevó a viajar por
todo el mundo y a ser uno de los mas presti-
giosos bateristas de Argentina.
Con amigos del barrio armó su primera
banda, donde con un “rejunte” de tambores
NUCIFOR (empapelados en vez de forrados
con acetatos) y toms “chinos” de marca des-
conocida (comprados en una casa de “com-
praventa”) se dispuso a tocar los primeros
compases, fue el “maestro” Tito Alberti quien
le comenzó a dar clases particulares –las
que generosamente nunca cobró– y al poco
tiempo el “oso” ya comenzaba a ser requeri-
do por varios músicos y a tocar en gran can-
tidad de confiterías y espectáculos en vivo
–tal como se acostumbraba en aquellos años.
A medida que pasaban los años también
pasaban las baterías, una PREMIER traída
del exterior (con el ya clásico problema de
las medidas), una COLOMBO especialmen-
te fabricada para él y obsequiada por su alumno (José Colombo) una PEARL, una
REMO de maple (22, 8, 10, 12, 14, 16), hasta que en un viaje a Japón en 1986 descubrió
una TAMA “Star Classic” (20,8, 10, 12, 14) de maple que es su set actual y preferido.
Su carrera no solo es extensa en el tiempo, ha
sido –y es– especialmente intensa y apasionante
por la calidad de los músicos que lo han requeri-
do, así en su historial figuran nada menos que
Horacio Malvicino, Maissa Matarazzo, La Orques-
ta de Canal 11, Erizet Cardozo, Nati Mistral,
Osvaldo Berlingieri, Liza Minelli, Arnaldo Rayol.
y gran cantidad de otros artistas Argentinos. Su
ductilidad a la hora de tocar le ha permitido viajar
por todo el mundo, acompañó en distintas giras
por Japón a “La Orquesta de Tango de Buenos
Aires”, y a la Orquesta del “Maestro” Roberto
Pansera por toda Sud América.
EL “OSO” PICARDI CON SU PEARL
(FOTO T. VILLALBA)
LIZA MINELLI EN ARGENTINA, DETRÁS
EL “OSO” PICARDI CON SU COLOMBO,
EN LA ORQUESTA DEL MAESTRO
HORACIO MALVICINO
81
Pero de sus actuaciones en Argentina es
en donde le ocurrieron algunas simpáticas
anécdotas, como aquella vez que invitado a
tocar en una Importante “jam” que se realizó
para juntar fondos, junto a músicos recono-
cidos como Gelbard, Cevasco, Rava y otros,
declinó el ofrecimiento porque pensó que iba
a llegar muy cansado al evento (que era cer-
ca de la medianoche) ya que debía realizar
varias presentaciones durante el día .
Quiso cumplir esa noche y se hizo pre-
sente, aunque solo para escuchar la “jam”,
pero ante la insistencia de muchos colegas y
del público reunido, aceptó sentarse a la ba-
tería y según sus propias palabras “Toqué y
disfruté como nunca....esa noche aprendí que
uno no debe tener prejuicios sobre su capa-
cidad, uno debe sentarse, enfrentar el desa-
fío y dar lo mejor de si, nada más”.
Cuando el “gran” Gene Krupa visitó Bue-
nos Aires y actuó en el teatro “Opera”, el
“Oso” tocaba en la orquesta invitada, y cuenta
que mientras armaba su set, practicando y afinando –con un clásico ejercicio de inde-
pendencia– escuchó una voz que en inglés que le susurró: “Muy bien, así se toca este
ejercicio”, era el mismísimo Kruppa que se había acercado a escucharlo y con el que
compartió algunos secretos sobre el instrumento que nunca ha querido revelar.
Pero el maestro fue el sorprendido cuando siendo el baterista de Liza Minelli en el
Luna Park, la estrella de “Cabaret” –gran cantante y bailarina– le pidió con toda gentile-
za, y sabiendo que él era todo un “Gentle-
man” y cumpliría su pedido, que al entrar ella
al escenario hiciera un extenso “rulo” y le
mirara bien “la cola”. Picardi un tanto incré-
dulo por las características del pedido, pensó
que no había entendido bien el inglés de la
cantante, pero ella rápidamente le aclaró que
su marido de entonces –que también era
baterista– solía hacer esto como cábala y siem-
pre le traía muy buena suerte.
Hoy el “Oso” Picardi nos continua mara-
villando con su técnica y estilo, que vuelca
sin reservas en cada uno de sus alumnos, a
los que permanentemente les recuerda y pro-
pone derribar cualquier prejuicio a la hora de
tocar, solo sentarse y disfrutar. Como lo vie-
ne haciendo él desde hace mas de 50 años.
PICARDI Y SU TAMA “STAR CLASSIC”
CON EL MAESTRO PANSERA
DURANTE UNA GIRA EN JAPÓN
82
EL “ZURDO” ROIZNER
Enrique Luis Roizner nació el 14 de diciembre de 1939 en la Capital Federal. Sus
padres lo iniciaron tempranamente en la música y su primer acercamiento fue a través
del violín, un instrumento con el que
aprendió a leer música desde muy chico
–ventaja que supo aprovechar al máxi-
mo durante los inicios su carrera– y que
luego cambió definitivamente por los
tambores.
Como casi todos, comenzó jugando
con un set armado con cajitas que “en-
contraba” por allí, palabra muy signifi-
cativa para él: “mis baterías las fui en-
contrando, casi siempre me las ofrecie-
ron y entonces –si me gustaban– las
compraba”.
A los 16 años empezó a tocar sobre
un set “casi de descarte”: un viejo bom-
bo LUDWIG de 24 x 12 y un tambor de
la misma marca, ambos con parches de
cuero y en bastante mal estado que in-
cluían dos viejos platillos; set que hoy
sería considerado “de colección”, pero
que en aquellos años era un tanto ver-
gonzante. Increíblemente todavía conser-
va de aquel primer kit un extraordinario
platillo de 12 marca LUDWIG (que usa
a diario en su set de práctica) y uno de
los palillos de ébano.
Su primer batería profesional fue una poco conocida GAETA, una batería brasilera
de medidas poco tradicionales para la época: bombo de 22, tom flotante de 12 y de 14
de pie, y un tambor CAF blanco nacarado –que no tenía bujes flotantes, sino la rosca
directamente en la torre– con los rudimentarios y siempre complicados parches de
cuero. Luego la cambió por una también poco conocida PASTOR, color gris nacarada
comprada al maestro “Pichi” Mazzey; una batería argentina que no fue fabricada en
serie, a la que le incluía un viejo tambor de madera LUDWIG de 6 torres.
Ya en esa época era considerado un baterista excepcional, impresionaba a todos por
su ductilidad para tocar todos los estilos, su seguridad sobre el escenario, su lectura “a
primera vista”, y su distintiva e inconfundible posición al tocar, que algunos califican
PARTE DEL SET DE PRÁCTICA
DEL “ZURDO”
CON UN “TWISTERO” LUDWIG
83
como de una “elegante desprolijidad” al sentarse
en posición de “zurdo” pero con la mano derecha
sobre el hi hat, y la izquierda sobre el tambor
(como derecho, pero sí zurdo de piernas).
Como viajaba permanentemente, en una de esas
giras por el exterior visitó Londres, donde aprove-
cho y compró una excelente PREMIER red brillant
de medidas inglesas –que no coincidían con las
tradicionales medidas standard americanas–, la cual
vendió al poco tiempo por esa causa. También com-
pró una “plebeya” NUCIFOR negra, muy rudimen-
taria por cierto, pero que el “Zurdo” supo afinar a
la perfección y que usó frecuentemente en infini-
dad de grabaciones.
Luego siguieron aparecien-
do algunos set excelentes como
una ROGERS negra, una
TAMA “Imperial Star”, una
recordada ROGERS XP8 tam-
bién negra, una PEARL, y una
LUDWIG (que usa frecuente-
mente todavía) de un particu-
lar color cobre, originado en
un espectáculo donde se pre-
sentó con todos los instrumen-
tos de esa tonalidad.
Como buen sesionista tuvo diferentes set para diversos estilos musicales, por lo tanto
también debió “padecer” una SIMMONS –la clásica batería electrónica de cascos
hexagonales– que en este caso era analógica, y a la que hacía sonar increíblemente por
cierto, aunque sus parches no eran de goma (como los que se fabricaron luego en los
modelo MIDI y digitales) sino de grafito, y que daban un “rebote” extremadamente duro.
En su larga carrera han aparecido muchas anécdotas, pero siempre recuerda aquel
traspié que le sucedió una noche cuando en el Teatro “El Nacional” integraba la orques-
ta de Mike Rivas. Tocaba junto a casi 40 músicos y donde en una determinada parte del
espectáculo –una comedia musical– debía realizar un “fill” de 4 compases repetidos 3
veces y luego había un corte abrupto con un silencio total, momento en que cerca de 30
bailarines cantaban “a capella”.
BATERÍA GAETA Y TAMBOR CAF (ATRÁS CHICO
NOVARRO EN EL CONTRABAJO Y BORRARO EN SAXO)
EL ”ZURDO” Y SU PASTOR
CON TAMBOR LUDWIG
84
EL “ZURDO” Y SU NUCIFOR
DURANTE UNA GRABACIÓN
CON SU PRIMERA ROGERS
EL “ZURDO” DURANTE UNA ACTUACIÓN
RECIENTE EN EL EXTERIOR
Durante la primera repetición los bai-
larines avanzaban hacia el frente del esce-
nario, durante la segunda repetición: retro-
cedían hacia el fondo, y en la tercera avan-
zaban nuevamente hacia el frente, donde
terminaban la canción.
Esa noche los cálculos fallaron y el
“Zurdo”confiado en su memoria, sólo hizo
dos repeticiones, y llegó el corte... y el
silencio... con los bailarines en el fondo!
Rápidamente el maestro Mike Rivas lo
miró al “Zurdo” y “desaforadamente” le
gritó: “Taca taca pum –taca pum pum–
taca taca pum” –lo que el “Zurdo” debía
haber tocado en la tercer repetición–, se percató de su error y sobre los últimos gritos de
Mike tocó lo que correspondía, mientras un sudor frío recorría su espalda y los bailari-
nes se “mataban” por llegar al frente del escenario “a tiempo”.
El “Zurdo” es uno de los más reconoci-
dos y fantásticos sesionistas argentinos. Sólo
bastaría el mencionar que fue el baterista ele-
gido por el gran Astor Piazzolla para integrar
aquel fabuloso “Octeto” del maestro, que re-
volucionó la música argentina a mediados de
los años ‘70, o el baterista de “El Gato”
Barbieri durante sus giras europeas allá por el
‘73, que trabajó con Vinicius De Moraes y
que tocó con la “Gran Orquesta de Don Cos-
ta” cuando Frank Sinatra vino a nuestro país;
pero además incursionó en nuevos ritmos in-
tegrando “Anacruza” (Folklore) y participan-
do en la orquesta del maestro Leopoldo Fede-
rico junto a la Filarmónica en el Teatro Colón de Buenos Aires.
Aunque ama a las baterías, tiene otra pasión que no oculta y que también lo distin-
gue de entre otros músicos, especialmente durante los largos ensayos y en sus momentos
de relax: la pipa. Es un empedernido fumador de ella y posee una interesante colección
que sabe disfrutar.
Hoy, el “Zurdo” Roizner continúa con
su exitosa y larga carrera, participa de di-
ferentes proyectos musicales, y es convo-
cado permanentemente para giras y shows
con grandes artistas y músicos nacionales
e internacionales. Su profesionalidad es
tal, que es capaz de llegar de una intensa
gira por España e inmediatamente volver
a subirse a un avión para cumplir con una
actuación de dos noches en Miami y re-
gresar para otros compromisos locales.
85
DANIEL VOLPINI
Daniel Adrián Volpini nació el 5 de junio de 1956 en el tradicional barrio capitalino
de Devoto y a los 13 años la emprendió con la batería, gracias al regalo sorpresa de sus
padres. Volpo (como también suelen apodarlo) recibió una verdadera mezcla de marcas
y medidas de tambores –desde un viejo bombo sin marca reconocida, pasando por un
tom y tambor DIXIE con algunos accesorios caseros que supo fabricarse– todo esto le
sirvió de gran estimulo para seguir adelante con su pasión.
Comenzó estudiando con el Oso Picardi, y Jackobson, con quienes perfeccionó su
estilo –decididamente volcado a la fusión, funk y rithm & blues– luego con el paso de
los años llegó a perfeccionarse en el exterior con maestros de la talla de Alex Acuña (el
famoso y extraordinario percusionista) y Pedro Aguilar (pianista).
Su segunda batería fue una CAF de color brocato metalizado de medidas tradiciona-
les (20, 13, 16 con tambor metálico de 14 x 5½, que compró usada y que dio paso a una
gran cantidad de instrumentos que vinieron después. Una rara y poco conocida (aquí)
batería brasilera: CARAMURÚ con algunas características un tanto insufribles en cuan-
to a soportes y detalles pero que sonaba muy bien.
En 1978 llegó su primer gran batería, una TAMA modelo “Imperial Star”color
champagne, recientemente lanzada al mercado, que compró en Sam Ash en New York;
Instrumento que usó para acompañar a los conocidos músicos argentinos Charly García,
David Lebón, Julia Zenko, y algunos proyectos de música instrumental propios.
Luego llegó una PEARL azul, que duró poco tiempo a causa del extravío de un tom
flotante, después y durante sus estudios en USA (Los Angeles) en 1981, encontró
gracias a su amigo Lucio Mazzaira (otro gran baterísta argentino) una NORTH; una rara
y exclusiva batería italiana fabricada en fibra con una forma poco ortodoxa, de color
rojo, con un sonido muy particular.
DANIEL TOCANDO SU CAF EN UNA ACTUACIÓN DE LOS '70
86
Ya de vuelta en la Argentina adquirió
una nueva PEARL de color amarillo cu-
yas medidas eran 22, 8, 10, 12. y 16 con
tambor free flooting de 14 x 6, que usó
frecuentemente con Alejandro Lerner. En
1990 decidió dar en parte de pago la
NORTH, y aunque pasó algún tiempo en
algunas vidrieras, según Daniel “nunca en-
contró novio” por lo cual la pudo volver a
comprar, y hoy la atesora como un instru-
mento de “colección”.
En 1992 la conocida marca DW
(DRUM WORKSHOP) –cuya calidad se
remonta a la original y legendaria marca
CAMCO– lo designa como único endorser
de Argentina y lo equipó con una excelente
batería color negra de 22, 8, 10, 12, 14 y 16
con tambor de maple de 14 x 6. Con ella se
presentó en el siempre recordado programa
de Juan A. Badía (Badia & Cia.) con la “
Volpini Band”.
Hay dos hechos que Daniel re-
cuerda como momentos imborrables
en su carrera: el primero tuvo lugar
cuando había ido a ver con sus ami-
gos de la barra a “Pescado Rabio-
so”, el concierto no empezaba y en-
tonces el locutor solicitó si había al-
gún baterista en la sala. Los amigos
de Daniel lo señalaron, los organi-
zadores lo llamaron y le pidieron si
tenia cerca un tambor, ya que el de
Black Amaya (batero de “Pescado...)
se había roto . Daniel presto a solu-
cionar el inconveniente acercó su
tambor CAF y salvó la situación de
los míticos rockeros.
Claro que fue recompensado esa
misma noche invitándolo a otro con-
cierto que debían realizar, viajando
como un integrante más de la banda
en el mismísimo auto que sus admira-
dos Spinetta y Black, dejándolo de
vuelta en su casa con una retribución
adicional: 50 pesos de la época, que
no era poco por cierto.
CON SU CARAMURÚ
TOCANDO EN SU TAMA
87
La segunda, cuando lo invitaron a actuar de telonero nada más y nada menos que
del gran Billy Cobham con su “Volpini Band”, banda integrada por excelentes músicos
como Parmisano, Alonso, Gorosito, Rivero, Raffo, Nant y Urquiza entre otros. Entonces
se preparó para la gran presentación, todo meticulosamente ensayado, pero sin perder la
frescura y espontaneidad que tenía la banda.
El día del concierto antes de subir a jugarse su prestigio en el escenario, tuvo algo
muy en claro: el sonido debía ser excelente, por lo que se dirigió a Amilcar Gilabert
(ingeniero de sonido del evento) y
le dijo con una “seria” sonrisa:
“Mirá que Cobham se va y yo me
quedo a tocar aca”... y no hizo falta
decir nada más: el sonido fue es-
pectacular.
Volviendo a sus sets hoy
mantiene su magnífica DW, su
NORTH, algunos tambores como
un viejo LUDWIG “Acrolite” y
conforma su set de platillos mez-
clando algunos ZILDJIAN y SA-
BIAN con algún WOHAM y
BOSPHONUS de reciente adqui-
sición. Además tiene una infini-
dad de instrumentos de percusión
como timbaletas, bongos, cence-
rros, guiros etc.
Daniel tiene un curriculum
realmente envidiable (se lo pue-
de consultar en “Enciclopedia de
Músicos del sur” en Internet) y
ha logrado proyectar su carrera en
forma totalmente profesional y de
acuerdo a su propia elección. A
su larga trayectoria como baterísta
de grandes músicos argentinos e
internacionales hay que sumarle
su tarea como productor, director
de bandas y proyectos musicales
varios.
Y como si todo esto fuera
poco, este admirable e incansable
músico, ha llevado adelante con todo éxito el “Club de Bateristas Argentinos”, una
asociación que desde hace más de 9 años une a bateristas y fanáticos de la batería, no
sólo de Argentina y Latinoamérica, mediante conciertos, eventos e información. El club
posee una actualizada página de Internet (www.clubdebateristas.com) que es impres-
cindible visitar para quienes amamos los tambores.
DANIEL JUNTO A SU NORTH
CON SU ACTUAL DW
88
ENRIQUE FERNANDEZ DE GAMBOA (Trocha Angosta)
Este baterista porteño nacido el 10 de agosto de 1947, a quien algunos amigos lo
apodaban “El topo” por su costumbre de quedarse en casa, comenzó a tocar los tambo-
res cuando cumplió los 16 años, inspirado por una onda musical mezcla de rock y blues
que lo atrapó para siempre.
Su primeros pasos fueron guiados por Horacio “Droopy” Gianello, de quien recibió
las primeras clases y buenos consejos para encarar lo que sería luego una larga carrera
profesional, siempre ligado a su banda más conocida y querida, con la que cumplió ya
más de 30 años: “Trocha Angosta”; la cual integraba junto a Luis Terreno, Ricardo
Roffo y Teddy Galli. Esta banda “Beat” que tocando temas propios en castellano (“Ca-
ballos verdes”, “Que vida de perros...!”, “Te quiero pero me arrepiento”) vendían cien-
tos de miles de discos allá por la decada del ‘70, alcanzó una popularidad increíble y
eran requeridos permanentemente en giras, shows y bailes de carnaval.
Enrique tuvo su primer set en
el año ‘64,conformado por un tam-
bor RADAELLI y algunos tam-
bores OSMAR. Sobre ellos dispa-
ró los primeros golpes hasta que
en año 1969 compró su primera
CAF: un set color champagne que
lo acompañó en los primeros tiem-
pos y que luego fue reemplazado
por otros kits de la misma marca,
que representa para él un extraor-
dinario recuerdo ligado a su amis-
tad incondicional con Carlos
Ferrando (dueño de CAF) a quien solía visitar
frecuentemente en Ciudadela.
De sus bateros preferidos (Thompson,
Brufford, Gadd y Collins) admira la fuerza y esti-
lo personal, aunque no comparte la forma de ar-
mado del instrumento. A la hora de elegir prefiere
su set de forma clásica y un buen tambor metálico
ROGERS “Dynasonic”, platillos ZILDJIAN, so-
portes PREMIER y parches REMO.
Siempre consecuente con CAF en 1971 adqui-
rió un set “Oyster Black”, y encargó además uno
más amplio con maderas y medidas especiales (22,
14, 10, 12, 13, 16). Éste último le fue robado al
volver de una gira hace algunos años, cosa que
lamentó profundamente ya que fue un regalo espe-
cial de Ferrando, que atesoraba especialmente.
ENRIQUE CON SU PRIMERA CAF
EN LA TAPA DEL PRIMER LP DEL GRUPO
CON SU CAF OYSTER BLACK
DURANTE UNA GRABACIÓN DE UN LP
89
Recorriendo otras anécdotas que le devuelven la sonrisa, recuerda aquella vez que,
llegando a un show, le desaparecieron los dos pies de platillos. Al mejor estilo “faraónico”,
la solución fué poner a dos “plomos” –en la jerga musical “plomos” son los asistentes
que cargan y arman los instrumentos– con un palillo en cada mano sosteniendo los
respectivos platillos ride y crash, a cada lado de la batería.
En otra oportunidad, llegó al escenario de un club muy importante con el tiempo
justo para sentarse y tocar –venían de hacer algunos bailes– y se encontró con su batería
armada para zurdo por una equivocación del plomo. Entonces tuvo que realizar algunos
cambios elementales y se largó a tocar, pero la afinación era un desastre ya que también
estaban invertidos los cascos (parche batidor abajo y resonador arriba).
Sin embargo, una urgencia fisiológica de Enrique fue la que permitió que un conoci-
do representante de entonces –hoy reconocido productor de espectáculos– como Pitty
Iñurigarro, (Abraxas) integrara provisoriamente a Trocha Angosta. A punto de salir al
aire en un conocido programa de TV, el batero debió recurrir imprevista y necesaria-
mente al baño y el único disponible que andaba por ahí para sentarse en la batería era
Pitty; afortunadamente para los televidentes tocaron sobre el play back del disco, ya que
Iñurigarro nunca supo tocar ni remotamente la batería!!
Con el paso de los años, Enrique debió equiparse nuevamente para continuar con las
presentaciones y eligió entonces una TAMA Classic blanca que usa hoy en día. Fiel a
sus recuerdos y principios, éste reconocido baterista ha colocado en el parche frontal de
la batería, sobre el nombre del grupo, el tradicional logo de CAF (que lo ha acompañado
siempre en toda su carrera) como un homenaje permanente a Carlos Alberto Ferrando.
ENRIQUE CON SU TAMA CLASSIC (22, 13, 14 Y 16),
TAMBOR ROGERS Y SOPORTES PREMIER
90
HÉCTOR IANNUZZI (El Grupo de Gastón)
Héctor Alberto Iannuzzi nació el 22 de julio de 1947 en la ciudad de Buenos Aires,
y comenzó a tocar la batería a la edad de 15 años, momento en el cual, y gracias a la
educación musical que le dieron sus padres, ya era profesor de piano; pero había que
hacer un poco mas de “ruido” y los tambores eran mas potentes que las teclas del piano.
Un amigo lo animó a tocar la batería y se fue transformando en una pasión, junto
con la esgrima (de la que fue un destacado campeón argentino y reconocido profesor);
por eso se dice que su estilo fue siempre potente y delicado a la vez, quizás por aquello
de que “el palillo debe ser una continuación de nuestra mano” cosa que para él ya era
natural en la práctica de la esgrima.
Su estilo preferido fue (y es) el jazz. Su primer profesor fue Néstor Cerviño, con quien
aprendió las principales técnicas y lectura. El primer set llegó de la mano de su padre, fue
un tambor (fabricado por Casa Galé) un Hi Hat y un platillo ride, luego se compró una
OSMAR de brocato dorado con la que tocó en su primera Banda “Los King Twister”.
En 1968 se une a “El Grupo de Gastón” en reemplazo de Javier Martínez (que luego
sería el gran baterista de “Manal”), un conjunto de los denominados “Beats” con quie-
nes grabó dos discos que lograron muy buenas ventas. Ya entonces contaba con una
CAF (20, 12, 13, 16) que incluía un tambor LUDWIG Supraphonic 400.
Como era habitual
entonces, debió poner-
se un apodo: “Pierre”,
así se lo conoció mien-
tras integró la banda.
Gracias a la repercu-
sión del grupo fueron
convocados para una
película de aquellos
años que se llamó “El
profesor Hippie”con el
actor Luis Sandrini,
donde participaron jun-
to a la Joven Guardia
y Los Náufragos.
Si bien la banda
duró solo un par de
años –muy activos en
giras y bailes– realiza-
ron una pequeña haza-
ña como músicos ar-
gentinos en ese entonces: fueron invitados por la BBC de Londres para unas presenta-
ciones por TV!! El resultado fue muy bueno, tal fue así que editaron un disco en Gran
Bretaña que alcanzó ventas aceptables (teniendo en cuenta que eran un grupo Latino-
americano), y varias revistas dieron cuenta de esas actuaciones. Créase o no, hoy en día
figuran en el libro de la historia del pop Inglés, como uno de los conjuntos extranjeros
que visitaron Inglaterra.
IANNUZZI CON SU CAF MODELO CLASSIC EN 1969
91
De aquella época surgió una anécdota: mientras caminaban por Londres y con la
emoción de haber aparecido recientemente por la TV local, notaban que nadie los
miraba, pese a sus pelos largos, ropa extravagante y a un fotógrafo (enviado por la
compañía grabadora) que registraba todos los movimientos del clan (claro los jóvenes
ingleses lucían así habitualmente y el fotógrafo tampoco les llamaba la atención); por lo
que decidieron tratar de llamar la atención caminando hacia atrás... el resultado no
cambió (siguieron sin ser notados), pero algunos del grupo volvieron al hotel con algu-
nos golpes y moretones no previstos!!
También es recordada la fre-
cuente aparición del conjunto en
la TV de entonces, ya que prota-
gonizaron un comercial de la ga-
seosa “Teem”, donde paseaban por
el delta del Tigre . Poco después
el grupo se disolvió y algunos de
sus integrantes formaron otras ban-
das conocidas, como por ejemplo
“Chris” Manzano, que fue el can-
tante de “Safari” un conjunto muy
producido por Francis Smith (ex
guitarrista de “Los In”).
Entonces Héctor comenzó a
trabajar con importantes artistas en
giras y presentaciones: la orquesta
de Canal 13, el gran pianista “El
Mono” Villegas, y el extraordina-
rio trompetista “Fats” Fernández. Con ellos
ya usaba una TAMA Artstar II (22, 10,
12, 13, 16) con tambor YAMAHA, que es
su set preferido, aunque siempre le queda-
ron ganas de tener una LUDWIG “igual a
la de Ringo Starr”.
Hoy, ha vuelto a su primer amor que
es el piano y dedica gran parte de su tiem-
po a acompañar a varios artistas, a hacer
arreglos musicales para solistas y coros, y
al dictado de clases.
Un gran músico que un día dejó la
esgrima para batirse a duelo con las teclas
de un piano o los parches de una batería,
pero siempre es él quien resulta vencedor.
HÉCTOR CON SU SET ACTUAL, UNA TAMA
DE MAPLE, CUBIERTA DE PLATILLOS.
92
HIACHO LEZICA (La Joven Guardia)
Cuando uno rememora los fines de los años ‘60 y tiene que elegir algunos temas
exitosos de entonces, uno de ellos es sin lugar a dudas “El extraño del pelo largo”. Este
tema, así como “La Balsa”, contaba historias de inconformismo y rebeldía, y llevó muy
justamente a la fama a “La Joven Guardia”. Su primer LP es realmente una muestra de
calidad y calidez del grupo integrado por Hiacho Lezica, Enrique Masllorens (Bajo),
Roque Narvaja (Guitarra y voz), Félix Pando (Teclados y voz).
Luis Horacio Deferrari Lezica (Hiacho) nació en el año 1948 en Buenos Aires. A
los 16 años empezó a tocar la batería (una CAF que compró en “Casa Daiam”,donde le
dejaron pagarla “como pudo”), su primer “Conjunto” fueron “Los Snobs” junto a Roque
y otros amigos, luego al llegar “La Joven Guardia” también llegó el éxito y Hiacho lo
disfrutó al máximo. Sus primeras adquisiciones fueron varias baterías, entre ellas una
GRETSCH y luego la famosa LUDWIG negra (contrabandeada, ya que en esos años
estaba prohibida la importación de muchos instrumentos musicales), que aparece en la
tapa del 2do LP “La extraña de las botas rosas”, en las películas “El extraño del pelo
largo” y “El Profesor Hippie”.
Él personalmente diseño y pintó
el nombre del grupo en el parche de-
lantero del bombo. Era muy creativo
y le gustaba destacarse. Fue (dijeron
la mayoría de los que lo conocieron)
el más divertido del grupo, especial-
mente durante los viajes y giras. Una
anécdota un tanto accidentada, deja
constancia de su permanente buen
humor:
Finalizando una presentación en
el cine “Gran Rex” de Buenos Aires,
Hiacho se acercó a la platea –colma-
da de fans y seguidores– para “tirar”
los palillos al público mientras era
encandilado por un reflector; de pron-
to desapareció del escenario y acto
seguido se escucharon ruidos de pla-
tillos y tambores.
Había caído al foso, encima de
la batería ROGERS del “Cuervo”
Tórtora (Conexión N° 5) que se
aprestaba a tocar a continuación. A
los pocos segundos se asomó la cabeza de Hiacho, quien un tanto desorientando excla-
maba “qué pasó, está todo bien??” y ayudado por algunos músicos fue a parar a un
hospital para curarse las heridas (por suerte leves) de las piernas y de un brazo.
HIACHO CON UNA GRETSCH GOLD SPARKLE EN
UN PROGRAMA DEL VIEJO CANAL 9
93
Desde el punto de vista musical Hiacho
era un muy buen batero, tenía iniciativa en
los arreglos y sus “fills”, bastante origina-
les, le daban “ese” toque personal a los
temas. En las actuaciones en vivo desple-
gaba una energía increíble pero con una
prolijidad envidiable, siempre conservó esta
virtud durante sus años de baterista.
Casi permanentemente, eligió sus sets
de conformación tradicional (22, 14, 13 y
16) y con no más de dos platillos (ride y
crash). Pero cabe destacar que en algunos
temas incursionó en la percusión y se ani-
mó con elementos no tradicionales como
un almohadón para marcar un suave ritmo en el tema “otoño” del primer LP.
Lamentablemente Hiacho fa-
lleció tempranamente, sin embar-
go todavía nos acompaña desde los
temas de su querida “Joven Guar-
dia”, dejando un muy respetado re-
cuerdo en muchos colegas, espe-
cialmente como una gran persona.
POSTER DE LA PELÍCULA “EL EXTRAÑO DEL
PELO LARGO” EN PRIMER PLANO, CON
EL BOMBO, HIACHO
HIACHO CON SU LUDWIG
NEGRA (22, 14, 13, 16),
CON SOPORTES PREMIER”
PROMOCIÓN OFICIAL DE LA RCA
FIRMADA POR HIACHO
94
TORO MARTÍNEZ (Banana - Conmoción)
Miguel Ángel “Toro” Martínez nació en 1952; a los doce años y gracias a un regalo
de su padre, comenzó a tocar la batería. El “toro” recuerda todavía hoy la sorpresa de la
llegada de su OSMAR color vede comprada en el antiguo SADEM (Sociedad Argentina
de Músicos) de la calle Paraguay.
Con ella formó su primer conjunto (Mission 66) con Lalo Vitale, Alejandro Rojo y
una bajista chilena de nombre Cristina. Su primer profesor fue “Droopy” Gianello (Arco
Iris) y por él conoció a los hermanos Cesar y Daniel Pueyrredón, con quienes formó mas
tarde “Fever” junto al “Griego” Scoufalos, Alejandro Giordano y Jorge Estevez, grupo
que luego cambiaría su nombre y se haría famoso: “Banana”.
Inmediatamente cambió su batería por
una más profesional: una RAMÍREZ (se
fabricaba en la ciudad de Mar del Plata)
blanca perlada, una batería muy buena que
estaba diseñada en base a un modelo
PREMIER pero que le trajo bastantes pro-
blemas ya que tenía medidas poco conven-
cionales (como la Inglesa) 21 - 14 - 12,5 -
15 en sus cascos, por lo cual “no había
parche que entrara o que saliera!!”.
Con esta batería grabó los primeros
discos y realizó las primeras actuaciones
con el grupo, pero como también llegó el
éxito, el “Toro” aprovechó y juntando pla-
ta de actuaciones y algún peso prestado,
se jugó la vida y le compró a Gustavo
Hubka (baterista de un excelente grupo de
covers que se llamaba “Sucheras Trio”) una
LUDWIG Classic “igual a la de Ringo”, por
la que desembolso una pequeña fortuna en
esos años. Con ella deslumbraba en las ac-
tuaciones y tocó en la segunda etapa de Ba-
nana, grabando “Negra no te vayas de mi
lado” y algunos otros discos.
En esa época las actuaciones en vivo y
giras eran permanentes, también las presenta-
ciones en conocidas boites (hoy discos o bo-
EL TORO CON SU RAMÍREZ, EN LA TAPA
DEL 1ER. LP DE BANANA
EL TORO Y SU LUDWIG
BLACK OYSTER (20, 13, 16)
95
liches) como Snob, Mau Mau, Afrika, Burbujas, Viva María y otras. Cuentan que una
de esas noches se le acerca un corpulento señor muy conservador en su vestimenta y los
increpa y amenaza para que no toquen más “Facundo...” porque “era una ofensa para la
memoria del caudillo argentino Facundo Quiroga. Como este señor era un “habitué” del
lugar, el tema no era menor y realmente les causó cierto temor.
Durante la siguiente actuación el grupo notó que el “Griego” Scoufalos no podía
agacharse ni sentarse cómodamente y le preguntaron que le pasaba, él contestó si se
acordaban del “Tipo grandote”. Todos pensaron que el sujeto le había “surtido” alguna
mano, pero en eso se da vuelta, se abre el saco y aparece un cuchillo de cocina digno del
Gato Dumas, que el Griego había llevado “por las dudas”.
Nunca se supo bien por qué, el señor
aquel nunca volvió a protestar por “Facun-
do...”, es más, dicen que lo vieron bailar el
tema con gran desenfreno y hasta lo canta-
ba, mientras lo acompañaba una rubia es-
pectacular.
Unos dicen que fue por la rubia, las
malas lenguas que fue por una “ Arbolito”
(marca de la cuchilla) de 25 cms.
Poco tiempo después, el “Toro” deci-
de dejar Banana para perfeccionarse e ir a
tocar a Londres, entonces decide cambiar-
le la LUDWIG a su amigo e inefable
baterista “Cuervo Tórtora (Conexión N° 5)
por la ROGERS que éste tenía. Con ella
viaja a Europa, allí integró varias bandas
con músicos muy buenos inclusive acom-
pañando a Michael Rutteri guitarrista de
“Génesis”.
La pasión por la batería empieza a ser
compartida por la de sonidista, ya que en
Europa se impresionó por lo avanzado que
estaban en ese campo. Se perfeccionó y
tomó contacto con varios fabricantes de
equipos, y en 1974 decide volver a la Ar-
gentina. Mientras preparaba su vuelco al
EL “TORO” CON SU ROGERS WHITE
PEARL, DURANTE UN SHOW
PRACTICANDO SOBRE UN SET “MUDO” DU-
RANTE SU ESTADÍA EN LONDRES
96
sonido, integró un conjunto llamado “Conmoción” con el que grabo dos simples.
Su elección en ese momento fue una PEARL (Golden finish) de 22, 14, 12, 13, 16,
comprada en Netto, quienes recientemente habían comenzado a importar baterías de
esta marca. Luego y ya para uso “casi personal”, se compró una PREMIER azul que
después de un tiempo vendió, él dice que no “colgó” los palos... que “un día los perdí y
me olvidé de comprar nuevos”.
Hoy en día, el “Toro” Martínez es un reconocido y excelente profesional del sonido
(Sonidista de Spinetta, entre otros) y referente obligado a la hora de elegir equipamiento.
Pero sé que en algún lugar cercano hay un par de viejos “Regal Tip” 5B (los que un día
perdió), que todavía lo están esperando... Por favor, si alguien los ve, hay que avisarle al
“Toro”. Valdrá la pena, se los aseguro.
POSTER PUBLICITARIO DE CONMOCIÓN
97
GUSTAVO SOLA (Los VIP´S)
A mediados de los años ’60, la mayoría de los grupos argentinos alcanzaban la fama
dando vida y grabando los “covers” más exitosos de los charts internacionales. Temas
de los Beatles, Rollings Stones, Bee Gees y algunos solistas internacionales llegaban al
disco en nuestro país de la mano de esos conjuntos; y uno de los más importantes y
recordados de entonces fueron sin duda “Los VIP’S”.
Gustavo Solá junto a Charly Levi (Guitarra y voz), el “negro” Demonte (Guitarra) y
Juani Amaral (Bajo), fueron los que revolucionaron la música de entonces actuando en
cientos de bailes, shows, y presentaciones en los más importantes programas de radio y
TV como “Escala Musical”.
Gustavo nació el 3 de noviembre de 1945 en Esquel, pero casi inmediatamente se
mudó a Buenos Aires donde realizó sus estudios. Luego, un día del año ’63, descubrió
los tambores y eso le cambió la vida. Aporreando un viejo bongó conoció a Charly Levi
y a Amadeo Alvarez (luego cantante de grupos increíbles como “Los In” y “Conexión
N° 5” que cantaban canciones de Los Beatles) y así nació la idea de formar una banda.
Consiguió de prestado un viejo tambor, un bombo y un platillo, y así dio sus
primeros pasos . Un verano en Mar del Plata, llegan invitados al Hotel Hermitage para
actuar como teloneros de un exclusivo show del hotel; allí debutaron con los instrumen-
tos prestados por la orquesta de Feliciano Brunelli. Gustavo tocó esa noche con una
batería SLINGERLAND, la misma marca que siempre lo cautivó, que se dio el gusto de
tener y con la que luego de unos años terminaría su carrera.
Su primer set completo fue –como el de tantos otros– una OSMAR ( 20, 13, 16) con
parches de cuero y un viejo tambor LUDWIG
de metal; luego le compró a Ferrando una
CAF negra (20, 14, 13,y 16) con soportes
PREMIER, pedal ROGERS y una excentri-
cidad que le fabricó COLOMBO: un sopor-
te de Hi Hat 20 cm. más alto que los de esa
época, dada su costumbre de tocar el
charleston lo más alto posible. Con ese set
realizó gran parte de su carrera, hasta que
llegó –y gracias a una operación estratégi-
ca– una compra y canje con su amigo y dis-
cípulo “el cuervo” Tórtora, y se hizo de una
SLINGERLAND Black Sparkle (20, 13, 16
) del año ’64, un instrumento realmente es-
pectacular que fue la envidia de muchos y
que terminaría en manos del gran Néstor
Astarita.
Sus bateristas admirados fueron el gran
Buddy Rich y Jimmy Rigaou (baterista de
Trini López). De nuestro país siempre le gus-
tó el “Zurdo” Roizner por su técnica, tam-
bién recibió influencias del maestro Jorge
Padín, a quien considera –además de un gran
LA NOCHE DE SU DEBUT CON
UNA SLINGERLAND WHITE
PEARL EN EL HOTEL HERMITAGE
98
baterista–, todo un caballero por haber
guardado un secreto nunca develado hasta
ahora.
En aquellos años los productores ar-
tísticos eran quienes generalmente “diri-
gían” las grabaciones, y el caso de Los
VIP’S no fue la excepción. Cuando ellos
estaban por grabar la versión local de “Sa-
tisfacción” de los Stones, y algunos otros
temas de éxito para el primer LP, el pro-
ductor decidió algunos cambios de ritmo
que Gustavo no aceptó. Ante esta situa-
ción –y de común acuerdo–, recurrieron a
Padín, quién grabó algunos de los temas,
amalgamando el estilo de Gustavo y los
arreglos indicados.
Las anécdotas sobre las actuaciones
son increíbles. Gustavo recuerda una ac-
tuación que realizaron en las instalaciones del Club Racing, una primavera, cuando
decidieron actuar usando como escenario los distintos trampolines de la pileta del club,
delante de más de mil personas que los ovacionaban. El problema fue que al terminar el
show, las admiradoras
habían cercado las esca-
leras de los trampolines,
por lo que decidieron
abandonar los instru-
mentos a los plomos y
se arrojaron a la pileta
vestidos, huyendo “a
nado”.
Como todos los gru-
pos, Los VIP´S sufrieron
cambios: Amaral pasó a
“The Sound & Co.” un
excelente grupo un tan-
to atípico en su forma-
ción (Piano, bajo, bate-
ría y trombón) donde es-
taba Jorge Navarro en
piano y Wulf en trombón; y llegaron el ahora legendario Vitico en bajo y Jorge Magliano
en guitarra. Con esta formación y con una nueva compañía grabadora (CBS) Gustavo
realizo la segunda y última parte de su carrera siempre acompañado por su
SLINGERLAND.
CON SU PRIMER SET PROFESIONAL, UNA
OSMAR NEGRA (20, 13, 16) BLACK PEARL
CON LOS VIP’S EN EL FAMOSO PROGRAMA
“ ESCALA MUSICAL”, TOCANDO SU CAF
99
Después de muchos años de tocar en míticos boliches de moda, de presentarse en
los más importantes shows de TV, de editar más de 30 temas en simples y LP, de vender
más de 200.000 discos, en 1969 el gru-
po se disuelve y cada uno toma un ca-
mino distinto: Gustavo decide volcar-
se a su segunda pasión (los autos pre-
parados) y le vendió su batería a
Astarita (quien todavía la conserva y
usa, restaurada y laqueada en color
blanco) .
Sólo en el año 1983, invitado por
“Pocky” Evans (dueño de “Afrika”),
aceptó volver a tocar para acompañar-
lo en una noche muy especial de la
“Boite”. Según sus propias palabras
sentía como “plomo” las manos, y era
lógico... hacía más de 14 años que no
agarraba los “palos”. Esa noche dijo
sentirse como un “osito a pilas”, y aun-
que nadie lo notó y fue ovacionado, no
quiso quedarse con las ganas, volvió a
la tarde siguiente (hora en que entre-
gan los proveedores) se sentó en la ba-
tería y “la dejé así de chiquita”. Enton-
ces sí llegó la hora de la despedida.
GUSTAVO CON SU SLINGERLAND 64,
BLACK SPARKLE
100
“EL CUERVO” TÓRTORA (Conexión N° 5 - Conmoción)
Raúl Tórtora, alias “El cuervo”, fue sin lugar a dudas la máxima estrella –dicho por
varios de sus colegas– entre los bateristas del movimiento “Beat” de fines de los 60 y
principio de los 70. Con una personalidad extrovertida y dueño de un carisma muy
especial, desde detrás de los tambores conquistaba al público que seguía de cerca –y
fielmente– las actuaciones de la famosa “Conexión N° 5” (grupo de covers de aquellos
años, que editó varios simples y tres LP).
Nacido el 27 de mayo de 1948 en Buenos Aires, empezó a tocar la batería a los 16
años porque quería “estar en el ruido”, y sin lugar a dudas lo consiguió y dejó sus
huellas. Aunque fue casi un autodidacta, recibió el consejo y apoyo de grandes y recono-
cidos bateristas como Gustavo Solá (baterista de “Los VIPS”) y del maestro “Junior
Cesari” (un extraordinario sesionista e investigador del instrumento).
Su primer banda, “Los Mots”, la armó con algunos amigos entre los que estaba
“Vitico” (un ex VIPS) y que sería años más tarde bajista de muchos grupos (entre ellos
“Riff”, la banda del extraordinario “Pappo”). También tocó con un grupo llamado
“Young Generation”, un anticipo de lo que sería después “La Joven Guardia” (Pando,
Millán, Gatti, Abramzon). Con ellos ya aporreaba una batería RADAELLI blanca nacarada
(20,14, 13, 16) y luego una CAF que le compró a Solá; pero también pasó por sus
manos una poco conocida CROWN –
hecha en Japón– y una PREMIER con
las que comenzó a tocar en su banda
más conocida “Conexión N° 5”.
“El cuervo” –apodo que le quedó
por su invariable costumbre de vestirse
de negro– aprovecho el éxito de las ac-
tuaciones y de las ventas de los discos,
y en una operación digna de “Misión
Imposible” –triangulando la actuación de
un grupo llamado “Bubble Gum
Machine” que vino a tocar a La Argen-
tina– consiguió comprar y quedarse con
una ROGERS white sparkle, que fue el
comentario y la envidia, de los bateros
de entonces.
Para darle todavía más “calor” a la
situación, se supo que el representante
de Bubble... era muy amigo del maestro
Buddy Rich –¿hace falta decir algo más?
–quien en ese momento utilizaba la mar-
ca ROGERS; y fue el mismísimo Buddy
quien eligió este instrumento para la banda, al que equipó con dos toms flotantes de 13
x 8 exactamente iguales, pero que sonaban totalmente diferente!!
Con ella realizó gran parte de la campaña de “Conexión N° 5”, y se la puede observar
específicamente en el film “El extraño del pelo largo”, donde Raúl debuta como actor de
reparto haciendo de baterista de la banda “ Sabor a cinco” –protagonista de la película–
TAPA DEL 1ER LP DONDE “EL CUERVO”
APARECE EN PRIMER PLANO (TRAJE BLANCO)
101
tocando una OSMAR, junto a Litto
Nebbia, quien fuera el protagonis-
ta principal de la historia.
Y si de historias se trata, re-
cuerda con una sonrisa a su viejo
vecino del piso de abajo de su de-
partamento, a quien enloqueció
durante algunos años primero con
el volumen de la música, luego
con los tambores. Un día, éste su-
bió a quejarse de un ruido muy
fuerte pero un tanto extraño; tocó
el timbre y “El Cuervo” en perso-
na abrió la puerta. El vecino miró
incrédulo, balbuceó algunas pala-
bras inentendibles, gimió un poco
y se marchó hablando solo.
Raúl estaba probando una moto... sí,
una moto en un departamento!! La esta-
ba arreglando en la calle y como se hacía
de noche la subió en posición vertical
por el ascensor y la quiso probar antes de
bajarla nuevamente a la calle.
En otra oportunidad, y antes de una
actuación muy importante, sufrió un cor-
te en una de sus muñecas con un vidrio,
por lo que le debieron dar unos puntos
de sutura. La orden del médico fue: “esta
noche nada de batería”; pero las ganas
pudieron más y pese a un vendaje casi
blindado, esa noche la ROGERS se tiñó
de un extraño tono “rojo sangre” que mu-
chos del público creyeron que era un efec-
to del show.
Realmente esa vez “El Cuervo” hizo
honor a uno de sus grupos admirados: esa
noche hubo Blood, Sweat & Tears –San-
gre, Sudor y Lágrimas– en el escenario.
Claro que, como buen
“Beatlemaníaco”, siempre miraba de reojo una espectacular LUDWIG oyster black, (20,
13, 16) con un tambor “Supraphonic 400”, propiedad entonces del “Toro” Martínez. La
batería, casi igual a la de Ringo Starr, y digo casi igual ya que en realidad son pocos los
bateristas que han tenido un modelo “igual” a la del famoso Fab Four; ya que sus dos
conocidos set “Oyster black” tuvieron, ambas, un tambor de madera (“Jazz festival”)
adquirido aparte (ya que originalmente venían con el Supraphonic 400), y las medidas
eran: bombo de 20 (8 torres), tom de 13 flotante y 14 de pie –en la primera– y bombo de
22 (10 torres), tom de 13 flotante y 16, con un adaptado tom holder ROGERS “swiv-o-
“EL CUERVO” CON SU FAMOSA ROGERS EN UNA
GRABACIÓN (ATRÁS ROQUE NARVAJA)
“EL CUERVO” Y SU LUDWIG OYSTER BLACK,
CON EL PARCHE COPIADO A “THE WHO”
102
matic” (que también fue usado por Ginger Baker en algunas de sus LUDWIG) –en la
segunda.
De todas maneras y gracias a una nueva operación canje, el “Cuervo se hizo de su
ansiada LUDWIG y el “Toro” partió de viaje con una legendaria ROGERS.
La carrera del “Cuervo” continuaba en “Conexión N° 5”, una etapa fundamental
marcada por dos formaciones: la original con Carlos Bisso en voz, y la segunda con la
voz de Amadeo Alvarez, reemplazando a Bisso, quien había iniciado su carrera de
solista. Después de algún tiempo, algo en la “conexión quinta” falló y cada uno tomo su
dirección. “El Cuervo” fue llamado a integrar “Banana” con quienes actuó algunos de
meses y grabó dos de los grandes éxitos: “Conociéndote” y “Con la lluvia volverá el
amor” en 1973.
Después llegó “Conmoción”, un grupo pop
que produjo Gustavo Yankelevich, que editó dos
discos allá por 1974; luego Raúl decidió viajar
al exterior contratado para actuar en Suiza, re-
emplazándolo entonces el “Toro” Martínez –re-
cién llegado de viaje–. En Europa se perfeccio-
nó, tocó en algunas bandas y con algunos músi-
cos importantes: “aprendí a ser más profesio-
nal”. Después llegó el final del proyecto y deci-
dió regresar a la Argentina.
A fines de los 70 formó “La compañía del
Cuervo”, una banda que lideró con su singular
estilo y, aunque ya más dedicado a cantar y pro-
ducir que a tocar la batería, actuaban frecuente-
mente en las “boites” de moda de entonces y
algunos conocidos programas de TV. Ya entran-
do en los 80 se dedicó específicamente a la pro-
ducción artística y utilizó su experiencia profe-
sional como gerente artístico de Sony durante
muchos años.
Hoy, “El Cuervo” Tórtora es empresario y
productor, no ha perdido su simpática y extro-
vertida personalidad y recuerda con orgullo aquellos años “Beats”. Basta ver en su
despacho algunas de las fotos para darse cuenta que ésto es así, y aunque alguien pueda
pensar que está frente a un baterista retirado, estoy seguro que a la hora de sentarse ante
los tambores, la magia se hará nuevamente presente y se producirá aquella famosa
“conexión” que tantos disfrutamos.
“EL CUERVO” EN “CONMOCIÓN”
Y UNA “BATERISTA INVITADA”:
LA SRA. LOLITA TORRES
103
MAESTROS DE MAESTROS
Entre tantos extraordinarios baterístas que ha dado nuestro país, hay tres que, la-
mentablemente, ya no están entre nosotros pero que han significado muchísimo para mi
y (lo que es más importante) para cientos y cientos de bateros y músicos. Sin ellos tres
la historia de la música argentina no hubiera sido la misma, no hubiera tenido ese swing,
esa calidez que supieron darle cada uno a su manera éstos maestros: Alberto Alcalá,
Pichi Mazzei y Osvaldo López.
ALBERTO ALCALÁ
Es con toda seguridad el Gran maestro argentino de todos los tiempos, han pasado
mas de 40 años y todavía sus ejercicios son estudiados con dedicación en sus muchos
libros de formación rítmica, desde como aprender a tocar lo básico en una batería (con
un innovador disco LP, para practicar), hasta complicados ejercicios de independencia y
doble bombo, pasando por ritmos modernos y percusión.
Formó, durante su carrera a cientos y cientos de bateristas a los que alentó y
aconsejó desde todo punto de vista. Tuvo un gran respeto por sus alumnos, nunca aceptó
a mas de los que podía abarcar y ni hablar de su responsabilidad profesional al momento
de sentarse a tocar.
Dueño de una técnica envidiable y de una personalidad carismática Alberto Alcalá
dejó sus huellas en lo más profundo del corazón musical de nuestro país, y así se lo
recuerda permanentemente, con el corazón. Vayan estas líneas como un pequeño home-
naje al querido y siempre presente maestro.
EL GRAN MAESTRO ALBERTO ALCALÁ
Y UNA DE SUS LUDWIG
(FOTO T. VILLALBA)
104
OSVALDO LÓPEZ
“Lopecito”, como solían llamarlo sus
amigos, admiradores y muchos colegas fue
de esa raza de bateristas que con solo nom-
brarlos se decía todo, un inigualable
baterista de jazz al que lo apasionaba el
instrumento. Respetado, apreciado y hoy
siempre recordado, Osvaldo participó y fue
promotor permanente del renovado jazz ar-
gentino desde la década del 60 en adelante.
Con un estilo sumamente versátil,
López participó no solo de excelentes gru-
pos de jazz, de innumerables bandas y gra-
baciones, fue también requerido en muchas
oportunidades para acompañar a grandes
artistas y músicos internacionales que se
presentaban en nuestro país.
En momentos en que estaba dedicado
plenamente al jazz, disfrutando de prolon-
gadas jams y conciertos, sorpresivamente se produce su fallecimiento, de manera repen-
tina e imprevista, después de una sesión de su adorado jazz.
PICHI MAZZEI
Su sola presencia detrás de la batería daba la seguridad y distinción que todo
director de orquesta busca en un músico. Querido y recordado como pocos, el maestro
Pichi Mazzei fue uno de los mas grandes
bateristas argentinos, admirado hasta la ido-
latría por muchos bateristas, fue sin dudas
un ejemplo de distinción profesional y per-
sonal.
Lamentablemente por algunas circuns-
tancias desfavorables que vivió nuestro
país, y después de una extraordinaria ca-
rrera nacional e internacional; debió radi-
carse en el exterior para continuar con lo
que él había decidido debía ser su carrera .
Es así que partió para Europa donde fue
reconocido y requerido inmediatamente por
sus grandes condiciones profesionales. Se
radicó en Italia y fue en la ciudad de Roma
donde infortunadamente falleció el queri-
do y recordado maestro.
EL SIEMPRE RECORDADO OSVALDO LÓPEZ
CON UNA SONOR (FOTO T. VILLALBA)
EL MAESTRO PICHI MAZZEI Y UNA DE LAS
PRIMERAS YAMAHA (FOTO T. VILLALBA)
105
APUNTES Y APOSTILLAS
Ese incomodo objeto del deseo
Como todo instrumento, la batería, tiene algunas características particulares que la
hacen sumamente especial, y no hablo solo de sus medidas que ya de por sí generan
múltiples inconvenientes de logística. Me refiero a que es conjuntamente con los instru-
mentos de percusión (en realidad es un conjunto de ellos) un elemento que no genera
música (las tradicionales notas musicales), por el contrario hay quienes opinan que
genera solo “ruido”, él que llevado a una progresión matemática (al pentagrama) puede
transformarse en “ruido rítmico”.
Otros definen a la batería como un instrumento básico y ancestral digno de la selva,
despojándola de toda virtud musical y como tal, un mal necesario en toda orquesta o
banda. También están los que critican la poca variedad en la tonalidad de sus compo-
nentes (en una batería tradicional de 3 ó 4 cuerpos y un par de platillos) o los que la
consideran como un monstruo de siete cabezas “intransportable” si la misma es por
ejemplo un modelo “Octaplus” con doble bombo y tiene más de 6 ó 7 platillos y
accesorios.
No existe una afinación tonal como en los demás instrumentos, sabemos si está o no
afinada por nuestro criterio auditivo, que puede no coincidir con el de algún colega o
circunstancial escucha. Tampoco podemos actuar como “reducidores de tambores” cuando
alguien nos solicita (a fin de no ocupar mucho espacio en un escenario) la famosa frase:
“armála chiquita”, como si pudiéramos meter en un metro y medio cuadrado tremendo
aparataje de tambores, pedales, soportes y nuestras propias asentaderas.
De los muchos chistes que se hacen sobre nosotros, basta recordar aquel del impor-
tante conservatorio que entregaba un riguroso plan de estudios donde decía:
“Profesorado de Violín: Aprobar 3 años de curso y 1 de práctica.
“Profesorado de Piano: Aprobar 2 años de curso y 1 de práctica.
“Profesorado de Flauta: Aprobar 1 años de curso y 1 de práctica.
“Profesorado de Guitarra: Aprobar 1 año de curso y seis meses de práctica.
“Profesorado de Acordeón: Aprobar 8 meses de curso.
“Profesorado de Batería: Los títulos se entregan a las 72 hs.
(No insista, somos un conservatorio serio!!)”.
También el conocido refrán: “El mejor amigo del músico es el baterista” (compa-
rándonos con un fiel can)
106
Como si todo esto fuera poco, tenemos el raro honor de contar para con nuestro
instrumento un método sorprendente, único y maravilloso, que cuando cayó en mis
manos –debo confesarlo públicamente– no pude salir de mi asombro. El método data de
1966 y propone “Como aprender a tocar la batería” sin música, sin notas y sin maestro,
y pertenece al profesor Sam Lerman que no es otro que el hermano de “Chico “Novarro
(gran músico, compositor y cantante, batero entre otras cosas).
Quien pueda acceder a este invaluable cuadernillo, podrá apreciar en toda su dimen-
sión la inventiva del autor, la originalidad y practicidad del sistema y lo maravilloso que
resulta (hoy a la distancia) compararlo con métodos, llamémosles más... “tradicionales”
o profesionales.
No tengo dudas de que con él deben haber aprendido una buena cantidad de princi-
piantes y aficionados a dar sus primeros golpes, a lograr acompañar discos e incluso a
tocar en algunas bandas. Esos resultados ya de por si valieron el esfuerzo y la dedica-
ción del autor; pero permítaseme evocarlo hoy con una sonrisa sincera y legitima, al leer
algunos de los ejercicios y consejos allí descriptos.
Pasando por ritmos tropicales como el BAION, MEREQUETENGUE, MECE MECE,
la CUMBIAMBA, GUARANGA, PACHANGA y otros más; se recomendaba practicar-
los pronunciando frases como por ejemplo: “patatin –patatin– patatin” o “yo quisiera ser
así” o “circunvalación –ahora– circunvalación”, tomando como velocidad de referencia
(tempo) “el trote de un coche de plaza”.
O algunos ritmos mas modernos como BALADA, JOROPO, TWIST y según el caso
imaginar la velocidad del “paso lento de una persona” o “el péndulo de un reloj de pared”
y practicarlos entonando frases como “ re-pasaran-la-lección” o “ si-señor, si-señor”.
Si no han tenido la oportunidad de leerlo, traten de conseguir un ejemplar. Les
garantizo que no tiene desperdicio y quedaran asombrados, especialmente al leer la
introducción que hace el autor y mas tarde al saber que hubo una segunda edición con
nuevos ritmos y un método similar para aprender a tocar bongo y tumbadora!!
107
El baterista es un músico
Y también puede ser un artista.
A medida que pasan los años, los bateristas han elegido distintas formas de encarar
sus carreras, especialmente a la hora de subirse a tocar sobre un escenario. Legendarias
costumbres siempre impusieron que una batería –un baterista– impacta positivamente
desde lo visual y auditivo en un concierto, por ello en algunas oportunidades se le dio
mas valor a la puesta en escena de la batería, que a lo estrictamente musical del ejecu-
tante y su instrumento.
Debemos también reconocer que en otros casos hemos sido nosotros los que solo
nos limitamos a ocupar nuestro digno lugar y a cumplir con nuestra parte (dando lo
mejor de nosotros) pero sin tratar de generar un valor agregado para ser más considera-
dos por nuestros propios músicos, colegas y público.
Mientras los cantantes, guitarristas y otros músicos de las bandas se van transfor-
mando en artistas (cuidando su presentación y relación con el público, además de sus
condiciones musicales), los bateros quizás hemos dejado algunas viejas costumbres que
sería bueno recuperar.
Teniendo en cuenta que cuando actuamos en un escenario generalmente tenemos
público enfrente, es decir que asumimos un compromiso formal con quienes nos han
venido a oír y ver, los cuales en la mayoría de los casos han pagado su entrada y nos
brindaran su reconocimiento con su aplauso; sería correcto pensar un poco mas en ellos
dándoles, no solo lo mejor de nosotros como músicos, si no también brindarles la
posibilidad de un recuerdo mas personal cuando las circunstancias así lo permitan.
En muchos casos me ha tocado presenciar recitales y conciertos donde después de
terminado el espectáculo quedan en el hall del teatro algunos fieles admiradores que
muchas veces no superan el medio centenar; algunos con CD recién comprado en busca
de un autógrafo, otros con algún regalo para su “estrella” favorita y otros que han
recorrido cientos de kilómetros para saludar a su ídolo de años.
Lejos de ser considerados y apreciados como fieles seguidores, son relegados a una
espera tediosa y casi siempre infructuosa, teniendo que mendigar entre algún “personal
manager” y asistentes de segunda línea, la posibilidad de acercarse a su músico admira-
do. Mientras los amigos más frecuentes y los familiares más cercanos entran a saludar
de a decenas, privando a los verdaderos artífices del concierto de un momento único e
inolvidable
Donde han quedado aquellas costumbres de tirar varios palos después del concierto
(palillos de 2da selección firmados) o algunos parches viejos también firmados, o copias
de partituras; o luego del gran saludo final quedarse unos minutos para estrechar las
manos de los que se acercan a saludar?
Hay tradiciones que creo, valen la pena recuperarlas.
108
BIBLIOGRAFÍA
• The Drum Book, de Geoff Nicholls
• Star Sets, de Jon Cohan
• Historocknacional.com
• Enciclopedia de Músicos del Sur
109
ÍNDICE
Agradecimientos ............................................................................................................. 11
Prólogo............................................................................................................................ 13
Introducción .................................................................................................................... 15
Un poco de historia ......................................................................................................... 17
Las Baterías Argentinas
Caf .................................................................................................................................. 23
Colombo ......................................................................................................................... 25
Dixie ............................................................................................................................... 27
Gretch ............................................................................................................................. 28
Nucifor ............................................................................................................................ 29
Omel ............................................................................................................................... 31
Osmar.............................................................................................................................. 33
Rex.................................................................................................................................. 35
Strikke Drums ................................................................................................................. 36
Los Bateristas Argentinos
Los hombres del brazo de oro......................................................................................... 39
Rock Nacional
Black Amaya (Pappo’s Blues - Pescado Rabioso) .......................................................... 41
Pomo (Los Abuelos de la Nada - Pappo’s Blues - Invisible - Jade) ............................... 43
Rodolfo García (Almendra - Aquelarre) ......................................................................... 45
Alberto Hualde (Alma & Vida) ...................................................................................... 47
Javier Martínez (Manal) ................................................................................................. 49
Oscar Moro (Los Gatos - Seru Giran) ............................................................................ 52
Carlos Riganti (Alas - Pedro Aznar) ............................................................................... 54
Juan Rodríguez (Sui Generis - Los Mentales - Polifemo) .............................................. 56
Jazz
Néstor Astarita ................................................................................................................ 59
Eduardo Casalla .............................................................................................................. 62
Pocho Lapouble .............................................................................................................. 65
Mingo Martino................................................................................................................ 67
Cacho Stella .................................................................................................................... 70
110
Secionistas
“Junior” Cesari ............................................................................................................... 73
El “Mono” Lescano ........................................................................................................ 75
Jorge Padin ..................................................................................................................... 78
El “Oso” Picardi ............................................................................................................. 80
El “Zurdo” Roizner ......................................................................................................... 82
Daniel Volpini ................................................................................................................. 85
Beats
Enrique Fernandez De Gamboa (Trocha Angosta) ......................................................... 88
Héctor Iannuzzi (El Grupo De Gastón) .......................................................................... 90
Hiacho Lezica (La Joven Guardia) ................................................................................. 92
Toro Martínez (Banana - Conmoción) ............................................................................ 94
Gustavo Sola (Los Vip´S) ............................................................................................... 97
“El Cuervo” Tórtora (Conexión N° 5 - Conmoción) .................................................... 100
Maestros de Maestros
Alberto Alcalá ............................................................................................................... 103
Osvaldo López .............................................................................................................. 104
Pichi Mazzei ................................................................................................................. 104
Apuntes y apostillas:
Ese incomodo objeto del deseo .................................................................................... 105
El baterista es un músico .............................................................................................. 107
Bibliografía ................................................................................................................... 108
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Diciembre de 2003