Universidad Austral de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades
América Precolombina
Prof. María Eugenia Solari
Marcela Vargas Cárdenas
Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales
Tercer Semestre 2013


La importancia de la cultura chinchorro en las costas del
norte grande de Chile
Introducción
La cultura es la que nos mueve como seres humanos, la que nos diferencia de los otros
animales, es la mochila cargada de ideas y artefactos que cargamos a lo largo de nuestro
desarrollo en relación al entorno en el que nos desenvolvemos. Así lo materializaron los
primero habitantes del planeta, los primeros habitantes de nuestro continente, los primeros
habitantes de lo que hoy se constituye como nuestro país. La franja larga y angosta que
definimos como territorio propio, alberga historias y culturas que han precedido a otras más
icónicas y representativas quizá; culturas que se poseen características que, al mismo tiempo
que particulares, se asemejan entre sí. Evolucionan, se transforman. El Norte Grande, por
ejemplo, no es tan prolífico en sitios paleoindios como lo son las demases zonas, sin embargo,
posee características interesantísimas de analizar si se quiere hablar de pueblos que componen
en este especio y su constitución en él. El siguiente trabajo tiene como objetivo el llegar a
descubrir la importancia que la cultura Chinchorro tiene para la comprensión de los
asentamientos originarios de nuestro país, y qué la encumbra como elemental en términos
económicos, simbólicos y sociales.
Los Chinchorro: Vida diaria y ritualidad
¿Por qué Chinchorro? Éste fue puesto dado el lugar en donde se encontró la evidencia
más antigua de momificación artificial: una playa de Arica llamada “Chinchorro” (Berenguer
1997: 18). La cultura chinchorro –a partir de fechaciones radiocarbónicas- data desde
aproximadamente el 8000 a. C. Se desarrolló en la costa sur del Perú y principalmente del norte
de Chile, aproximadamente entre los puertos de Ilo y Antofagasta. La particularidad de esta
cultura recae en que difiere de otras sociedades de pescadores que se desarrollaron en la costa
del océano pacífico sudamericano entre el 5000 y el 1000 a.C., por su materialidad, su
complejidad social y sus patrones de asentamientos similares a las características que se dan al
otro lado de la Cordillera de los Andes (Arriaza 2003: 15).
Al ser cazadores tanto marítimos como terrestres, además de recolectores, su
materialidad era algo compleja. Como ejemplo de esto, se encuentran los “anzuelos de concha
de choro que pulían con limas de piedra hasta darle la forma deseada y que eran amarrados a
una lienza de totora mezclada con pelo humano junto a pesas cilíndricas de piedra para que se
sumergieran, de esta manera los peces los tragaban atraídos por el brillo de la concha perla y de
este modo eran atrapados” (MHNV s.f.) o la utilización de vegetales no sólo como comestible,
sino también como materia prima para utensilios e incluso vestimenta. Algo que respalda aún
más esto –y que de paso va de la mano con lo simbólico- son los utensilios que acompañaban
los rituales funerarios de la cultura chinchorro, y que podemos leer desde la web, del Museo de
Chileno de Arte Precolombino:
“(…) contaban con turbantes de cuerdas de fibra vegetal o animal torcidas, adornados con
cuentas de concha y malaquita, que cubrían la cabeza deformada intencionalmente en vida.
Los rostros eran cubiertos por finas mascarillas de barro y los cuerpos envueltos con elaborados
textiles de fibra animal y/o vegetal a modo de fajas y cordones. (…) Algunas momias
presentan faldellines de totora (…) Muchas de las momias eran acompañadas de estólicas,
cuchillos, arpones y otros instrumentos (…)”
Ya alrededor de 7.000 años atrás estos pescadores comenzaron a momificar
artificialmente a sus muertos, práctica cultural que perduró por 3.500 años. La preparación del
cuerpo para la otra vida fue una creación a veces increíblemente sofisticada. Los cuerpos eran
completamente desarticulados para ser posteriormente reensamblados, y fue este carácter lo
que encumbró a la cultura chinchorro como pionera en momificación en cuanto a la
complejización con la que lo hacían: extracción de los músculos y las vísceras del difunto, los
que eran sustituidos por vegetales, plumas, trozos de cuero, vellones de lana y otros materiales.
En cuanto al cómo vivían, lo hacían en aldeas de entre 30 y 50 personas (pudo haber
una distinción para con el o los que realizaban las momificaciones) que se dedicaban –como ya
dije en un principio- a cazar, pescar y recolectar productos tanto de la costa como del interior.
De esta forma, la complejidad social que evidencian las comunidades Chinchorro se puede
argumentar, en parte, por la alta especialización tecnológica para la explotación de su medio
ambiente, la diferenciación de las tareas productivas en el interior de las comunidades (los que
cazan, los que pescan, los que mariscan); diferenciación social en los patrones fúnebres;
elaboración de piezas de arte con alto valor simbólico y ritual, como las momias estatuillas de
madera y arcilla; acumulación de materias primas, para la elaboración de objetos de la vida
cotidiana y para actividades rituales (funerales); patrones de asentamiento con crecientes
niveles de sedentarismo. Según el antropólogo Arriaza, hay dos argumentos que apoyan la tesis
del sedentarismo chinchorro: el primero se relaciona con “la formación de viviendas y
poblados con estructuras permanentes” (2003: 69) y el segundo con la existencia de
cementerios y de momificación artificial que involucran procesos complejos, que difícilmente
podrían darse en grupos nómades.


Conclusión
La cultura chinchorro representa uno de los más importantes asentamientos originarios
de nuestro país, ya que su excepcionalidad sobre todo mágico-simbólica es bastante divergente
en lo que a la generalidad del norte grande y sus costas respectan, tan divergente que la
encumbran como interesantísima para el estudio de los pueblos del norte en el Arcaico, al
mismo tiempo que comprendemos la importancia de la misma geografía como condicionante
del desarrollo de las actividades que los chinchorro ejecutaron durante su existencia, y que
repercutieron en la configuración histórica de lo que hoy es nuestro territorio.


BIBLIOGRAFÍA
Arriaza, B. (2003): Cultura chinchorro, las momias artificiales más antiguas del mundo. Santiago;
Editorial Universitaria. Disponible en línea en.
http://books.google.cl/books?id=aCRjM9XfsjYC&pg=PA10&lpg=PA2&ots=z4XdbgLVzt&
dq=cultura+chinchorro&lr=&hl=es
Arriaza, B., Standen, V. (2005): Las técnicas de momificación artificial entre los cazadores, pescadores y
recolectores del desierto de Atacama (Norte de Chile). México; Estudios de Antropología Biológica.
Disponible en línea en: www.revistas.unam.mx/index.php/eab/article/download/20376/1934

Museo chileno de Arte Precolombino. Disponible en línea en:
http://www.precolombino.cl/culturas-americanas/culturas-precolombinas/chile/chinchorro/