Alba Zambrano Constanzo

Héctor Berroeta Torres
(Comps.)
Teoría y práctica de la
acción comunitaria
Aportes desde la psicología comunitaria
307.098 Zambrano, Alba et al.
Z Teoría y práctica de la acción comunitaria /
Compilación: Alba Zambrano y Héctor Berroe-
ta. -- Santiago : RIL editores, 2012.
420 p. ; 21 cm.
ISBN: 978-956-284-879-4
1 psicología comunitaria-chile.
Teoría y práctica de la acción comunitaria
Primera edición: junio de 2012
© Alba Zambrano - Héctor Berroeta, comps., 2012
© RIL® editores, 2012
Los Leones 2258
7511055 Providencia
Santiago de Chile
Tel. (56-2) 2238100
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Impreso en Chile • Printed in Chile
ISBN 978-956-284-879-4
Derechos reservados.
Índice
Presentación ........................................................................ 11
Acción comunitaria y psicología comunitaria,
apuntes iniciales .................................................................. 23
Capítulo 1
Desarrollos metodológicos y técnicos
en el campo de la acción comunitaria.......................... 35
La comunidad como elección: teoría y práctica
de la acción comunitaria
Xavier Úcar ........................................................................... 37
Psicología comunitaria. Niveles múltiples en los
procesos de intervención comunitaria
Antonio Ismael Lapalma ......................................................... 73
Investigación, acción, opciones personales y
condicionamientos metodológicos y sociales.
Consideraciones al hilo de una
experiencia comunitaria
Alipio Sánchez Vidal ............................................................... 95
Estrategias participativas y conjuntos de acción.
Más allá de los dilemas y de las microrredes
María Dolores Hernández y Tomás R. Villasante ....................... 129
La transversalidad del componente de aprendizaje
en los modelos de evaluación orientados al
proceso de implementación
Rodrigo Quiroz .................................................................... 163
Las perspectivas biográfcas en psicología comunitaria chilena
María Isabel Reyes Espejo, María Teresa Ramírez
Corvera, Jorge Castillo Sepúlveda .................................................. 189
Coordenadas para una cartografía de la acción
socioprofesional de la psicología comunitaria en Chile
Héctor Berroeta Torres .......................................................... 219
Capítulo 2
Sistematización de experiencias en el campo
de la acción comunitaria ............................................ 255
El refortalecimiento como una herramienta de
trabajo comunitario: refexiones desde la comunidad
Carlos Vázquez Rivera, Aracelis Escabí Montalvo,
Sylmarie Quiñones Sureda, Wanda Pacheco Bou ...................... 257
Algunas refexiones teórico-metodológicas sobre la intervención
social desde el trabajo con comunidades lafkenche
Rodrigo Navarrete Saavedra.................................................... 277
Participación artística comunitaria: el arte
como herramienta de desarrollo social
Catalina Cabrera, Enrico Cioff,
Rodrigo Novoa, Claudia Silva ...................................................... 307
Hacia un modelo de diagnóstico participativo
Paola Dinamarca Gahona, Miguel Suárez Olivares ..................... 321
Creación, captura y distribución de valor sociocultural
y económico en comunidades indígenas para la
construcción de negocios ecoturísticos. El caso del parque
pewenche de quinquén, comuna de lonquimay, chile
Oscar Gabriel Vivallo Urra ..................................................... 339
Hacia una estrategia territorial de prevención comunitaria
de la drogodependencia: la experiencia del programa
conace-previene padre las casas
Alba Zambrano, Marina Vargas, Iván Neira yLucía Pérez. ............ 373
Refexiones en torno al proceso de sistematización de
experiencias: alcances y encrucijadas de la producción
de conocimiento desde los equipos de trabajo
Guillermo Fernández, Eduardo Guesalaga, Domingo Asún ........... 399
189
Las perspectivas biográficas en
psicología comunitaria chilena
María Isabel Reyes Espejo
1
María Teresa Ramírez Corvera
2
Jorge Castillo Sepúlveda
3
Introducción
La Psicología Comunitaria (PC), reconocida por un discurso
crítico y una praxis política y éticamente fundada, ha procu-
rado desde sus inicios desarrollar e implementar alternativas
metodológicas participativas que la distingan de las tradiciona-
les prácticas disciplinares adoptadas por la psicología hasta la
segunda mitad del siglo XX (Montero, 2004). En este proceso,
ha cuestionado las dimensiones epistemológicas que validan
la supuesta separación sujeto/objeto sostenidas por el discurso
cientifcista tradicional y hegemónico, destacando la necesidad
de redistribuir las agencias de investigadores/as y sujetos (comu-
nidad) en las instancias de investigación y/o intervención, para
homologar las cuotas de participación y compromiso.
La propuesta de la PC se asocia con un tipo de práctica social
y de conocimiento de segundo orden (refexión en la acción), al
convertir el objeto en sujeto de estudio y transformación (Calven-
tus, 2008). Consistentemente, las comunidades son vistas como
conocedoras de sus necesidades y de su historia, gestoras de sus
soluciones y potenciadoras de su propio bienestar y desarrollo.
1
Psicóloga, docente Escuela de Psicología Universidad Santo Tomas, sede
Santiago, Chile. E-Mail: mirespejo@gmail.com
2
Psicóloga, doctoranda en Psicología Social en la Universidad Autónoma
de Barcelona, España. E-Mail: mtramire@gmail.com
3
Psicólogo, programa de doctorado en Psicología Social en la Universidad
Autónoma de Barcelona, España. E-Mail: jcastillo.s@hotmail.com
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
190
Su participación, por tanto, es considerada un componente prio-
ritario como punto de partida para recoger las «racionalidades
divergentes» que caracterizan la defnición de los problemas
según una determinada situación (Montero, 2006).
Se hace un reconocimiento explícito de la participación de
la comunidad en la producción y propiedad de conocimiento,
entendiendo este proceso como una «comprensión compartida»
y nunca neutral respecto de las circunstancias en que se produce.
Los problemas intrínsecos a los contextos locales son abordados
desde un enfoque multidimensional, construyendo intervenciones
dialógicas (democráticas e incluyentes) adaptadas a las realida-
des sociales específcas en las cuales se aplican. En ese sentido,
es posible plantear que el método de la PC se produce en la
práctica, «a partir de la defnición ontológica de los sujetos que
lo emplean y de la relación epistemológica en la cual la práctica
produce teoría y la teoría genera práctica» (Montero, 2006, p.
30). Hacer PC es un movimiento continuo entre teoría y praxis;
implica construir una intervención, una práctica, a partir del
conocimiento de una realidad, del comprender una situación
determinada; es decir, a partir de la construcción de una teoría
situada. Y por otra parte, esa intervención es una fuente de
construcción de nuevas teorías que alimenten la praxis, basada
en la refexión sobre las experiencias.
Este planteamiento se ha constituido en una suerte de ideal
a través del cual se pretende garantizar el cumplimiento de las
orientaciones éticas y políticas de la psicología comunitaria; sin
embargo, actualmente existe cierta controversia al considerar
que, a la hora de observar qué se hace y cómo se hace comuni-
taria, esto no sucede (Winkler, 2007). Se ha planteado que los
desarrollos teóricos y la praxis comunitaria no han evolucionado
en forma armónica (Wiesenfeld, 2000). La coexistencia de mar-
cos conceptuales (Tovar, 1995), la pluralidad de conocimientos
y áreas de trabajo de la PC (Winkler, 2007) y las difcultades y
tiempos impuestos en las intervenciones, son parte de los ele-
mentos que nos ayudan a comprender este desbalance.
Los problemas asociados a la actualización de la co-
construcción del conocimiento como modo de informar sobre
Las perspectivas biográficas
191
la comunidad y sus procesos, pueden ser observados a partir
de la subutilización o carencia de espacios y estrategias que
sitúen la coautoría entre investigador/a y comunidad como
forma legítima de producción científca. La PC ha mostrado
su permeabilidad a los modos dominantes de entender, validar
y difundir el conocimiento científco y, en este contexto, tam-
poco ha dejado lugar ni ha creado estrategias que permitan
sociabilizar, desde el punto de vista académico, una serie de
propuestas participativas que legitimen el conocimiento y su
poder asociado en la comunidad (Reyes, 2007).
En la práctica, los profesionales deben hacer frente a un
escenario social que les demanda respuestas rápidas y consis-
tentes con modelos teóricos y metodológicos estandarizados,
listos para ser aplicados en cualquier cultura, espacio y tiempo
(Calventus, 2007). Desde esta perspectiva, los planteamientos
de una PC referida a la práctica de colectividades locales –con
implicaciones políticas, ideológicas y éticas, enfrentada además
a la posibilidad del cambio social y abierta a la valoración de
saberes populares, subjetivos y cualitativos– pueden aparecer
como altamente inestructurados y, por lo tanto, poco operativos.
En sintonía con lo anterior, a partir de la praxis de la
PC en Chile, diversos autores han planteado que existe un
importante desfase o desencuentro entre los lineamientos
teórico-conceptuales que enmarcan las acciones desarrolladas,
específcamente, desde las instituciones de políticas sociales y las
orientaciones prácticas desde las cuales se ha conceptualizado
e identifcado este quehacer en el ámbito universitario (Alfaro,
2007; Alfaro, Zambrano, Sandoval y Pérez-Luco, 2007; Alfaro y
Zambrano 2009). Esto ha contribuido a privilegiar el desarrollo
de estrategias de intervención «supuestamente comunitarias»,
que favorecen los niveles de acción a nivel individual y grupal,
descuidando sus implicaciones en los niveles comunitarios y
colectivos (Zambrano y Alfaro, 2006; Alfaro y Zambrano,
2009). Y, en consecuencia, se han dejado de lado los principios
éticos, políticos y epistémicos que guían la PC.
En ese contexto, pensar y refexionar sobre los métodos y
su fundamento, así como en el alcance esperado para las inter-
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
192
venciones, nos parece crucial. Es así como, reconociendo el valor
heurístico de las perspectivas biográfcas para la comprensión
de los fenómenos sociales, en este capítulo abordaremos su de-
sarrollo en el contexto nacional, intentando formular algunas
refexiones teórico-metodológicas que nos permitan concretizar
sus alcances, potencialidades y características. Pero la elaboración
de este trabajo también surge de una necesidad concreta. Frente
a la escasez de material teórico y metodológico relacionado con
el uso de estas herramientas en la praxis comunitaria, orientamos
nuestro trabajo a describir sus principales corrientes y caracterís-
ticas, considerando las perspectivas adoptadas y los resultados
de algunas investigaciones hechas en el país.
Las perspectivas biográfcas: algunas consideraciones básicas
Las perspectivas biográfcas recogen la narración de una persona,
un grupo o una comunidad, con sus tiempos, sus énfasis y sus
signifcaciones (Bertaux, 1999) lo que permite la articulación de
signifcados subjetivos, de experiencias y prácticas que relacionan
lo social y la psicológico (Cornejo, 2006; Cornejo, Mendoza
y Rojas, 2008; Mallamaci y Giménez, 2006). Desde aquí, es
considerada una ventajosa herramienta para trabajar procesos
comunitarios, en base al conocimiento de las experiencias de
personas específcas que habitan y componen una comunidad
y la comprensión de la dinámica que se produce dentro de ese
ámbito social (Montero, 2006).
El enfoque biográfco se refere a la narración o enunciación
que uno o más sujetos hacen de su vida o de fragmentos de esta
(Cornejo, 2006). Suele reunir la estrategia metodológica de la
conversación/narración y la revisión documental de autobiogra-
fías, biografías, narraciones personales, memorias, cartas, diarios,
material audiovisual, fotos, etc., y conjuga estas fuentes (orales y
documentales), con el propósito de identifcar «los mecanismos
que subyacen a los procesos que utilizan los individuos para
dar sentido y signifcar sus propias vidas» (Sanz, 2005, p. 102).
Esta perspectiva se ha asociado habitualmente con una gran
cantidad de términos y usos. De la literatura anglosajona es
importante la diferencia entre history telling (historia de vida)
Las perspectivas biográficas
193
y story telling (relato de vida), enfatizando que lo biográfco
alude a la articulación en el tiempo de una subjetividad, ya sea
una trayectoria completa o de un área determinada, respecti-
vamente (Denzin, 1970).
De acuerdo con Montero (2006), las técnicas más recurridas
por la PC corresponden a las autobiografías, a la historia de vida
–en sus versiones individual o de grupo– y el relato de vida. Una
diferencia entre estas aproximaciones la podemos ubicar en rela-
ción con la existencia o no de alguna fgura mediadora o agente
externo que construya los relatos (Sanz, 2005). La autobiografía
se distingue de las demás técnicas por confgurarse como un «es-
pacio dialógico indirecto y creado desde la perspectiva del yo»
(Montero, 2006, p. 286), en el que es el/la propio/a protagonista
el/la que narra, interpreta y escribe su historia. En ese contexto,
el papel del/la investigador/a estará más relacionado con los
procesos de análisis de estos relatos, aunque también puede ser
un motivador para la realización de dichas biografías.
La historia de vida, en tanto, aborda los recuentos retrospec-
tivos que hace una o varias personas, organizada en el proceso
de investigación por uno o más agentes externos, reconstruyendo
la vida de una comunidad (desde la historia a las prácticas co-
tidianas presentes), o la vida de una persona en particular (y su
relación con algún fenómeno comunitario). Centra su atención
en los aspectos subjetivos de los actos humanos y posibilita res-
catar «la existencia real y objetiva de la subjetividad» (p. 289).
Entre las distintas vertientes de la técnica, están: las historias de
vidas singulares, las historias de vida cruzadas y las historias de
vida organizativas-participativas o acumuladas (Montero, 2006).
Las primeras persiguen el recuento de una o varias personas que
«sean representativas de una época, situación, de un grupo, de
una cultura» (Montero, 2006:291), con el objetivo de analizar en
profundidad un determinado problema, fenómeno o situación;
la técnica de la historias cruzadas se utiliza cuando un conjunto
de estas historias se comparan con el objetivo de obtener una
descripción más confable o más completa de un hecho, de una
época o de la perspectiva de una categoría o grupo social, mien-
tras que a las historias de vida acumuladas se recurre cuando se
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
194
«busca reconstruir la historia de una comunidad a partir de la
vivencia de sus miembros» (Montero, 2006, p. 292).
El relato de vida, por su parte, trata de aspectos específcos
o episodios de la vida de las personas relacionadas con deter-
minados aspectos sociales o de la comunidad en particular, que
suelen ser dirigidos por quienes investigan y que, la mayoría
de las veces, son respondidos en términos consentidos previa-
mente (Montero, 2006). Dentro del abanico de procedimientos
utilizados en esta técnica, es posible distinguir dos: las historias
de vida en formación y la novela familiar y trayectoria social
(Cornejo, 2006). Las primeras comprenden los relatos de vida
como un acto formativo, una práctica autorrefexiva que emerge
a partir del encuentro entre alguien que demanda y participa de
la narración y un/a narrador/a que, al contar parte de su propia
historia de vida, se valora y transforma, integrando los factores
que, desde el contexto histórico, contribuyen a situar este saber
en los planos afectivo, emocional, cultural y social (Souza, 2008).
La segunda pretende trabajar las articulaciones entre lo psíquico
y lo social en los ámbitos familiares y sociales, entendiendo las
narraciones como «instrumentos de historicidad» que permiten
unifcar y desarrollar líneas de investigación que comparten al-
gunas modalidades de implicación (por ejemplo, la denominada
«no-directividad interviniente» y el cuestionamiento a los narra-
dores) y algunos referentes teóricos como sociología marxista y
psicoanálisis, entre otros (De Gaulejac, 2008).
Más allá de las diferencias que pueden ser bosquejadas al
describir estas técnicas, nos parece importante revelar el valor
que, directa o indirectamente, se les atribuye al reconocerlas
como instancias de intervención y no solo de investigación. Esto
contribuye a posicionar el enfoque biográfco como una opción
metodológica y epistemológica que confgura una nueva manera
de hacer conocimiento y teoría social.
Existe una larga tradición en la aproximación biográfca que
se remonta a los primeros estudios efectuados desde la antropo-
logía y la sociología (Turró, 2004). Pero no solo antropólogos/
as o sociólogos/as han hecho uso de esta metodología. Al tratar
de comprender el signifcado histórico de la vida cotidiana y la
Las perspectivas biográficas
195
perspectiva subjetiva de los nuevos actores sociales, la historia oral
se ha perflado como una «metodología para la construcción siste-
mática de testimonios orales» (Cano y Radkau, 1991, p. 419) que
ha permitido generar un importante corpus documental, referido
a un conocimiento desentendido y menospreciado durante largo
tiempo por la historiografía tradicional (Reyes, Toledo y Vargas,
1999). Así también, la psicología ha empleado las biografías en
la forma de historias clínicas, que posibilitan la contextualización
del individuo y el conocimiento, desde un enfoque evolutivo, de
su propia trayectoria y de la de su entorno (Sanz, 2005).
Todas estas disciplinas han recurrido al uso de las mismas
técnicas y fuentes, y parecen confrmar que las perspectivas
biográfcas son una auténtica corriente o enfoque metodológico
y analítico que permite abordar las transformaciones no solo
del individuo, sino también de su grupo primario y su entorno
sociocultural inmediato. Así, el enfoque biográfco se traduce en
la práctica que confronta a los investigadores con sus opciones
metodológicas en un contexto que va más allá de los componen-
tes obligados en una investigación; a saber: diseño, recolección,
análisis y publicación de resultados (Cornejo, 2006). Ineludible-
mente, la forma en que es concebida la realidad y la naturaleza
humana, enfocará el modo en que será abordado el objeto de
estudio, con lo que posibilitará –incluso durante la ejecución de
una investigación– una serie de cuestionamientos en los niveles
científco-epistemológico y ético-ontológicos (Cornejo, 2006).
De este modo, y al enfocarse en la signifcación de la experiencia
vivida, se destaca como una aproximación descriptiva más que
explicativa, que desecha una defnición causal de los fenómenos
más propia del estudio de los hechos de las ciencias naturales, y
rescata el trabajo de investigación de tipo exploratorio e inducti-
vo (Niewiadomsky y de Villers, 2002, citado en Cornejo, 2006).
De acuerdo con Rosario Correa (1999), se constituye en una
forma de trabajo que necesariamente implicará tomar opciones
en tres dimensiones: a nivel epistemológico, adherirse a una
concepción de la realidad que nunca es solo externa al sujeto que
la conoce, y que reivindica el conocimiento como un producto
compartido; a nivel metodológico, implica asumir una mediación
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
196
entre la historia individual y social; es decir, la comprensión de
la manera como el individuo habita esa historia en los planos
afectivo, emocional, cultural y social; y a nivel ético, implica
romper con la relación asimétrica de «investigador-investigado»
y de «narrador-escucha», para optar por una relación de con-
fanza, colaboración o de complicidad en la que el conocimiento
producido es entendido como un «saber en participación» (p. 40).
Los sujetos, en su devenir histórico, se ven afectados por un
proceso dialéctico en el cual la acción de determinantes cultu-
rales, sociales y familiares se enfrenta al trabajo que el propio
sujeto efectúa sobre su historia para intentar dotarle de un
sentido. El relato o narración que realiza una persona o grupo
acerca de su vida en comunidad no se corresponde únicamente
con una descripción de sucesos, sino que también implica una
selección y evaluación de la realidad. En ese sentido, el valor
del enfoque biográfco radica en su capacidad para sintetizar y
recoger la experiencia de los actores y actrices sociales tal como
ellos la procesan e interpretan, evidenciando que su propia
narración e interpretación de los hechos está fltrada, explícita
o implícitamente, por las creencias, actitudes y valores del/la
protagonista (Golby, 1997).
En América Latina existe una importante tradición en la
aproximación biográfca. Según la reconstrucción realizada por
Turró (2004), desde la década de los cincuenta y hasta nuestros
tiempos, es posible rastrear algunos estudios biográfcos efec-
tuados en Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Venezuela. Todos
ellos han recurrido a las técnicas biográfcas para dar cuenta de
sus particulares realidades, generando instancias refexivas que
integran aspectos psico y sociopolíticos, y que han contribuido
–como plantean Bolívar y Domingo (2006)– «a la recuperación
de la memoria histórica de episodios, personajes y situaciones de
especial relevancia personal y/o social o bien de la otra historia, la
no ofcial, la del pueblo llano, la de las minorías, los perdedores,
los campesinos, lo silenciados o ‘sin voz’» (p. 29).
Concretamente en Chile, las perspectivas biográfcas han
ayudado a compensar la falta de documentos para la recons-
trucción de la historiografía nacional (Bengoa, 1999). Muchos
Las perspectivas biográficas
197
historiadores de la primera época se dirigieron hacia testigos
privilegiados para indagar detalles de lo ocurrido en lugares
y épocas en los que ellos no pudieron estar presentes, pero
también en las últimas décadas del siglo XX la historiografía
se ocupó de recoger las experiencias «de vida de mujeres y
hombres, pobladores y campesinos, que solitaria u organiza-
damente encontraban los medios para sobrevivir a las duras
condiciones que esos tiempos imponían» (Márquez y Sharim,
1999, p. 9). Así, el auge de los estudios biográfcos durante la
década de 1980 es considerado el resultado de un proceso en
el que la investigación social, desde una lógica alejada de la
pretensión de una neutralidad científca, pretendía aportar al
enfrentamiento de un contexto «donde la violencia política y la
exclusión social y económica hacía imperativo un compromiso
ético con los sectores afectados y con los procesos de lucha
para acabar con la dictadura militar» (Fernández, 2006, p. 3).
Durante la década de los noventa, se produce un cambio en
el proceso acontecido en la década anterior y las perspectivas
biográfcas se incorporan a la investigación de universidad y
entidades gubernamentales, con lo que se institucionalizan. En
el transcurso, se produce un giro en su carácter reivindicativo,
cediendo ante una forma de concebir a los actores sociales como
sujetos pasivos que experimentan diversas formas de exclusión
social y económica. Gabriel Salazar (1999), plantea que esta
variación conceptual tiene un efecto neutralizador sobre «el
carácter muchas veces contestatario de las voces de los actores
sociales en pos de la gobernabilidad» (p. 5). Lamentablemente,
de manera paralela a la traducción de los actores sociales como
benefciarios de las políticas públicas, el empleo de estos métodos
los convertía en «meros informantes, quitándoles toda agencia
y protagonismo logrados en las luchas de la década anterior»
(Salazar, 1999, citado en Fernández, 2006, p. 5).
Psicología comunitaria y enfoque biográfco: rasgos afnes.
Vincular PC y perspectivas biográfcas podría parecer com-
plejo si se contempla la escasez de literatura existente en torno de
esta potencial área de desarrollo. No obstante, creemos que existe
una posibilidad concreta de establecer asociaciones entre ambos
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
198
campos al revisar algunos aspectos de las bases epistemológicas
y ontológicas, éticas y políticas, que cada práctica de por sí ha
desarrollado (para ver un resumen al respecto, se sugiere ver el
cuadro Nº 1 al fnal de este apartado).
Comprender la generación de conocimiento como una prác-
tica social, implica una constante refexión sobre los diversos
momentos y sujetos involucrados en dicha construcción. Esto es:
considerar que -desde la defnición de las temáticas a trabajar,
el modo de presentarse ante los participantes y situar las condi-
ciones de participación, el uso que se hará de la información y
protección (o no) de las identidades de los participantes, hasta
la forma de análisis y utilización (publicación o no) de los re-
sultados- son acciones infuidas por procesos histórico-políticos,
que tienen consecuencias importantes para todos los sujetos
implicados en la investigación-intervención (Ibáñez, 1993).
En la tradición científca, positivista y representacionista, la
realidad es considerada una categoría ontológica independiente
del sujeto que la experimenta. La labor investigativa es, desde
esta postura, una actividad objetiva que aprehende y representa
la realidad de manera externa y neutral, siendo posible apreciarla
a partir de su propia capacidad descriptiva: «se dice que una
teoría es tanto mejor, más verdadera o más aceptable, cuanto
mejor refeja, o da cuenta, o se corresponde con una realidad»
(Ibáñez e Iñiguez, 1996, p. 59). Aquí, cada estudio conlleva la
puesta en escena de la experticia del investigador, quien orga-
niza el contexto en instancias que fjan las posiciones de cada
participante, ya sea como agente conocedor o informante. El
investigador es quien elabora los productos y quien realiza el
análisis, mientras que investigados solo aportan «exponiendo
su texto» y, en muchos casos, sin conocer cómo ni para qué ha
sido utilizado (Canales, 1995).
Nuestras perspectivas de interés –PC y enfoque biográf-
co– sostienen una concepción monista de la realidad, en la que
sujeto y objeto de investigación se interrelacionan e infuyen
mutuamente (Mucchielli, 1991, citado en Correa, 1999). En
este contexto, la vinculación entre lo particular y general de
las situaciones se aprehende dialécticamente. Se comprende al
Las perspectivas biográficas
199
individuo como «producto de una historia en la que él intenta
convertirse en sujeto» (De Gaulejac, 1992, citado en Correa,
1999:3) y, por lo tanto, la constitución de las subjetividades
y las estructuras sociales se asume en una complementariedad
que permite expandir las perspectivas que suelen oponer lo
individual y colectivo. Gadamer (1993), desde la hermenéutica,
señaló que la realidad está determinada por el contexto y que
es históricamente situada. Tanto el sujeto como la verdad, son
construcciones contextuales, relacionadas con momentos históri-
cos. Una sociedad es producto de su historia y está determinada
por ella. Es imposible acercarse a otro (sujeto, historia, texto)
de manera neutral: estamos marcados por nuestro trayecto y
desde este se construyen el conocimiento y los intereses por las
cosas o procesos. Se es recuerdos, explicaciones, búsquedas de
coherencia dentro de esa historia y las construcciones de futuro
a partir de ella. En la misma línea, el lenguaje es considerado
el fundamento para la constitución del mundo entre los seres
humanos: «el lenguaje adquiere existencia en la medida en que
construye el mundo» (p. 108). La condición humana del lenguaje
signifca, simultáneamente, «la lingüisticidad originaria del ‘estar-
en-el-mundo’ de las personas» (Gadamer, 1975, citado en Garay,
Íñiguez y Martínez, 2005, p. 108).
La validez epistemológica del enfoque biográfco deriva
de su capacidad para dar cuenta, mediante el lenguaje, de
las mediaciones existentes entre las cualidades y funciones
individuales o locales, y el funcionamiento social, lo que evi-
dencia los mecanismos transaccionales entre los sujetos y sus
organizaciones (Cornejo, 2006). En ese sentido, se señala que
los relatos referidos a trayectorias de vida poseen un estatus
epistemológico; vale decir, constituyen fuentes fables de saberes
(Sève, 1969, citado Correa, 1999).
Para las disciplinas prácticas (Tovar, 1995) que se actualizan
mediante la interacción con personas, grupos, comunidades o
colectividades, esta fuente de conocimiento representa una vía
privilegiada que permite, por una parte, comprender los confic-
tos arraigados en la historia local y sus vínculos con estructuras
sociales e históricas más amplias y, por otra parte, permite reco-
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
200
nocer los recursos y victorias inscritas en las formas en que han
sido afrontadas en el tiempo. De ahí que para la PC, la perspectiva
biográfca sea relevante y permita desentrañar los sucesos locales,
a partir de la inscripción de los relatos sobre su vivencia (pasada
y presente) y de su relación con las posibilidades futuras.
La PC ha intentado descentrar las perspectivas individua-
listas respecto de la concepción del sujeto, para conferir a lo
social –y a la agencia sobre este espacio– un papel protagónico.
El sujeto es comprendido en un contexto, enlazado a una his-
toria que le da sentido y que lo constituye y, a la vez, ese sujeto
es quien construye una historia en el contexto específco en que
se encuentra, un agente activo en la cimentación de su propia
vida. Mirar desde lo biográfco enfatiza estos aspectos: a través
del proceso de indagación de una o más vidas, se puede recono-
cer la interrelación que va teniendo lo social con lo individual,
reconociendo a los sujetos sociales como productores de trans-
formaciones a nivel individual y social.
Al percibir y considerar las relaciones inherentes entre el
espacio social y el sujeto, se investiga y se actúa en ambos niveles.
Confeccionar una historia de vida es también hacer la historia
de una época y, como se ha explicitado previamente, conocer la
historia de una comunidad permite contextualizar el trabajo,
situarse en el espacio específco, comprender los problemas lo-
cales y su relación con dinámicas que no necesariamente están
ancladas en el presente o en la materialidad actual, para desde
ahí, considerar mejores estrategias desde las cuales trabajar.
La condición epistemológica de implicación de los investiga-
dores en el proceso de construcción biográfca, constituye otro
aspecto desde el cual es posible señalar la complementariedad
entre ambos enfoques. Ferraroti (1979, citado en Correa, 1999)
plantea que en el proceso de investigación biográfca se genera
un vínculo estrecho entre quien narra y quien escucha, y se es-
tablece una relación horizontal que involucra afectivamente a
ambos participantes. Relacionado con esto, nos encontramos con
el compromiso y comprensión contextualizada exigida para los
profesionales comunitarios (Montero, 2004). Es precisamente
en las dimensiones éticas y políticas de esta práctica, donde po-
Las perspectivas biográficas
201
demos ubicar la emergencia de un proceso refexivo que revela
posibilidades concretas de actuar, situando a los agentes externos
y a la propia comunidad como poseedores y constructores de
un saber compartido.
En el enfoque biográfco, la manera de comprender al
sujeto, su historia y su entorno, sus relaciones y las formacio-
nes sociales en las que participa, de una u otra forma reivin-
dica los procesos subjetivos entre quien investiga y quien es
investigado/a, cuestionando las relaciones aceptadas o esperadas
por la ciencia tradicional y las formas neutras de construcción
de conocimiento. La estrecha y comprometida relación entre
investigadores y narradores, se constituye en una condición que
amplía los modos tradicionales de posicionamiento y poder en
la investigación, y en la forma de entender la producción de
conocimiento (Correa, 1999). Es necesario recordar que quien
narra es experto en su propio saber, en su experiencia y en su
forma de signifcarla. Correa (1999), en esta línea, señala que
para algunos autores la aproximación biográfca consiste en
un quiebre radical con las vías tradicionales de aprehender la
realidad y su comprensión, con lo que se supera la distancia
existente entre el campo psicológico y social. Así, las relaciones
establecidas entre investigador-investigado/a(s) redefnen la
asimetría inicial, focalizándose en la colaboración y confanza
que deben, por supuesto, ser respetadas (Correa, 1999).
Esta reciprocidad en la interacción transforma la relación
misma, estableciéndose, en palabras de Ferraroti (1979, citado
en Correa, 1999), un pacto de conocimiento transformador. De
esa manera, el trabajo desde esta perspectiva consiste en «una
interacción social completa (…), en la que las normas, valores
implícitos, las expectativas, las exigencias, juegan roles impor-
tantes» (Correa, 1999:2). Este potencial transformador, que
propicia revisar y reelaborar la trayectoria personal, particular
o local para los agentes que interactúan, señala también su valor
como instancia de intervención.
Considerando las dimensiones éticas y políticas implicadas
en todo acto de intervención (a partir de los planteamientos
de la PC), el enfoque biográfco es una interesante herramienta
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
202
en el campo comunitario. La comunidad puede ser concebida
como un entretejido de vínculos y trayectorias impregnadas
de historias susceptibles de ser leídas e integradas o resignif-
cadas. Este enfoque hace asequible lo particular, lo marginal,
las rupturas, pliegues y recocimientos que conforman este en-
tretejido, y hace más fácil enlazar (tanto desde lo social como
desde lo individual) recurrencias en los confictos y soluciones
utilizadas o no empleadas en el pasado, movimientos históricos
y recursos, y fortalezas que han estado presente, lo que permite
comprender que no existe solo reproducción en el ámbito de
lo político y lo social (Cornejo, 2006).
Elaborar conocimientos desde el enfoque biográfco ofrece,
para la PC, una doble posibilidad. Primero, sitúa un espacio
investigativo en el cual lo personal, lo social y lo histórico se
entrecruzan y sirven para aprehender las relaciones recíprocas
entre individualidad y colectividad (y la difcultad de establecer
estas distinciones dicotómicas). Segundo, sitúa un espacio de in-
tervención dialógico y activo, donde todos quienes forman parte
de este espacio son considerados agentes refexivos, capaces de
integrar su historia y de integrar la Historia. Una aproximación
biográfca, en este sentido, no solo hace disponible un medio
de acceso a las historias sobre una comunidad, un grupo o una
persona, sino que también se constituye en sí misma como un
instrumento de historicidad, y permite así trabajar sobre su vida
a quien(es) relate(n) (Cornejo, 2006).
L
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Cuadro Nº1: Esquema comparativo entre Enfoque biográfco, PC e Investigación Tradicional
Enfoque biográfco Psicología comunitaria Investigación tradicional
E
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a
Concepción monista: sujeto y objeto
interactúan e infuyen mutuamente.
Concepción monista: sujeto interventor y
agentes comunitarios, en constante interac-
ción procesos de infuencia.
Realidad como categoría ontológica independiente
de sujeto que investiga.
Objetividad dada por procesos de
consenso dialógico, contextuales e
históricos, centrados en narración.
Objetividad dada por situaciones contex-
tuales y procesos comunitarios.
Objetividad dada por neutralidad en aproximación
a realidad.
Narrador/a como experto/a sobre
trayectoria vivida. Agencia y exper-
ticia se distribuyen entre quienes
participan en el proceso investigati-
vo/interventivo.
Agentes comunitarios como expertos sobre
situaciones vividas. Se ostenta empoderar
y agenciar a quienes participan en estos
procesos.
Investigador como único (o principal) agente
experto.
Foco en mediaciones históricas
existentes entre sujeto y sociedad,
sujeto y contexto, y sujeto mismo.
Foco en transacciones existentes entre sujeto,
contexto y sociedad.
Foco en aspectos específcos que, por lo general,
son unidimensionales.
Relatos como fuentes de saber.
Experiencia, transferida mediante relatos u
otras fuentes inestructuradas, válidas como
fuentes de saber.
El relato puede ser una fuente de conocimiento,
pero se prefere mediatizado por instrumentos
estructurados, sean estos cuestionarios, encuestas
o pruebas estandarizadas.
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a
Implicación y apertura hacia re-
lato por parte de investigador/a-
interventor/a.
Compromiso y comprensión contextualizada
hacia agentes comunitarios/as.
Independencia entre sujeto investigador/a y perso-
nas investigadas.
Sujeto como producto y productor
de su historia.
Sujeto en interacción con contexto, es parte de
la historia. Estructuras sociales y económicas
condicionan subjetividad, y se encuentran en
complementariedad.
Subjetividad como espacio para la representación
objetiva de realidad. Sujeto y realidad como enti-
dades independientes.
Subjetividad y estructura social en
complementariedad.
Sujeto como agente activo sobre su
trayectoria y su futuro.
Sujeto como agente activo sobre su vida y
contexto.
Sujeto como fuente de información.
É
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a
Vínculo de compromiso
y confanza.
Lazo de compromiso que debe
ser respetado.
Se evita implicación en proceso
investigativo.
P
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c
a
Agencias simétricas. Poder centrado
en narrador/a.
Simetría entre agencias. Se ostenta construir
poder en agentes comunitarios.
Lo desconsidera (u omite) la explicitación del
carácter político de la investigación.
Acción sincrónica entre lo indivi-
dual y lo colectivo.
Refexión sobre propia trayectoria
posibilita transformación.
Simetría entre agencias. Se ostenta construir
poder en agentes comunitarios
Se persigue transformación en niveles perso-
nales y colectivos.

Las perspectivas biográficas
205
Acerca de la praxis en Chile y sus posibilidades
A partir del análisis anterior, podemos plantear que el enfo-
que biográfco y la PC comparten una visión sobre la realidad
social –y, consecuentemente, sobre sus formas de indagación–
que considera la intervención e investigación como prácticas
indisociables. Ambas tradiciones se instalan y desarrollan desde
una posición crítica que cuestiona las formas tradicionales de
actividad científca en nuestras sociedades y, en ese sentido, se
posicionan como formas alternativas de construcción de cono-
cimiento, asumiendo la incorporación de los aspectos subjetivos
e intersubjetivos para la comprensión y co-construcción de las
realidades sociales.
Sin embargo, y para no mantener la distancia entre teoría
y praxis que comentábamos al comienzo del capítulo, resulta
fundamental preguntarse ¿cómo podemos integrar la perspectiva
biográfica en la práctica comunitaria? Para responder a esta pre-
gunta, hemos hecho una selección de ejemplos a partir de algunas
experiencias chilenas llevadas a cabo en los últimos años, sesgada
probablemente por nuestros intereses y por la disponibilidad y
acceso a los recursos que transmiten los proyectos y resultados.
El carácter eminentemente interventivo de la aproximación
biográfca a las problemáticas y cuestiones vinculadas con la
identidad, está dado por el proceso mismo en que se construyen
los relatos. La adscripción epistémica de este enfoque supone
que el proceso mismo de narrarse implica un cuestionamiento
a la construcción de sí, que propicia la refexión sobre la iden-
tidad. De este modo, se entiende que «La identidad es, pues, la
de un personaje de narración, que responde a la exigencia de
concordancia y que admite, al mismo tiempo, las discordancias
temporales que hacen peligrar la coherencia de la identidad.
El sentido de todo discurso sobre sí, que constituye relatos, es
el problema identitario al que el sujeto responde afrmándose
precisamente como confguración narrativa» (Ricoeur, 1990, en
Pazos, 2004, p. 45).
Para la praxis comunitaria, asimilar este tipo de perspectiva
ha sido fructífero. En el campo de la historiografía, distintas expe-
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
206
riencias de trabajo han llevado a cabo procesos comunitarios de
reconstrucción identitaria a nivel local, a partir de la recuperación
de historias, leyendas y relatos y por la vía oral, incentivando la
participación y la interacción intergeneracional en el proceso. Los
ejemplos pueden ser variados, pero mostraremos solamente uno
de los trabajos que se han realizado recientemente en el marco
de un proyecto fnanciado por el Fondo Nacional de Desarrollo
Cultural y las Artes, FONDART.
Sintéticamente, en este trabajo, orientado por un profesional
comunitario y una artesana textil de la localidad
4
, los integrantes
más jóvenes de una comunidad rural (los niños y niñas de una
escuela) y aquellos con más experiencia en la misma (personas
de la tercera edad), han interactuado en instancias de consulta
para la recuperación de la historia del lugar, elaborando luego –en
lenguaje propio– una representación teatral, empleando como
personajes muñecos artesanales confeccionados por los mismos
niños y niñas, en un taller sobre técnicas textiles básicas desa-
rrollado en el colegio. Los personajes resultaban ser los mismos
integrantes de la comunidad y la obra fue presentada como parte
de los planes curriculares de formación escolar (Salgado, 2007).
Trabajos como este, que interrelacionan componentes bio-
gráfcos y artísticos, se presentan como prácticas innovadoras
situadas en la frontera de las acciones tradicionales de investi-
gación/intervención; sintetizan, en el juego entre intenciones y
recursos, ambos aspectos en función de los fnes, las necesidades
y la disposición de espacios institucionales marginales para lograr
fnanciamiento (Salgado, 2007). Desde otra perspectiva, quienes
han interactuado han construido vínculos de acercamiento o se
han reforzado los ya existentes, y se han generado así procesos
refexivos y de elaboración de los relatos históricos locales, si-
tuados y con sentido para los miembros asociados al territorio.
Los procesos de movilización de subjetividades gatillados
por las prácticas dialógicas que fomenta este enfoque, se rela-
cionan con la reconstrucción de subjetividades no solo a partir
de la perspectiva de sus protagonistas (persona, grupo o comu-
4
El nombre del psicólogo comunitario es Horacio Salgado y el de la artesana
textil, Laura Ramos Leiva.
Las perspectivas biográficas
207
nidad), sino que también se instituyen en la presencia y colabo-
ración comprometida de quienes actúan como interventores/as
e investigadores/as sociales. Al respecto, la implicación de un/a
psicólogo/a comunitario/a que acompaña a un grupo de niños/
as en el proceso de recolección y escucha de las historias de una
comunidad, facilita la emergencia y apropiación de un saber
colectivo que –antes difuso– se recrea a partir de las obras de
teatro y se convierte en un producto concreto y asimilable por
los demás miembros de la comunidad.
Por otra parte, al considerar los fnes y los procedimientos
seguidos en el desarrollo de investigaciones desde el enfoque
biográfco, observamos cómo particularmente, y en relación
con los procesos de liderazgo y empoderamiento comunitario,
han sido utilizados productivamente en la práctica. Dos trabajos
desarrollados en el marco de investigación para la obtención del
grado de magíster en PC, se han constituido en referentes para
la investigación en este ámbito.
En la década de los 90´, Pamela Yus (1997a; 1997b) nos
presenta los resultados de una investigación que reconstruye
las historias de vida de un grupo de mujeres que participan
activamente en la dirección y promoción de sus comunidades.
Con el objetivo de describir las transformaciones identitarias
relacionadas con su pertenencia de género, se recurrió a sus
experiencias de vida como fuentes fundamentales de saber. Este
reconocimiento implicó, por una parte, la valorización de las
experiencias de estas mujeres, y posibilitó con ello ello su propio
autodescubrimiento; por ejemplo, en el relato de vida de Vicky,
una de las entrevistadas, observamos:
«(…) de alguna manera yo iba a salir adelante y ya que en
esa época yo ya tenía ciertas experiencias en este campamento,
ya había recibido mucha orientación (…) me habían subido la
autoestima y toda esa cosa entonces yo ya sabía desenvolverme
como un ser humano, como una mujer mejor. Sabía cuáles eran
mis derechos, cuáles eran mis deberes y todas esas cosas y estaba
ya trabajando en el asunto social (…) (Yus, 1997a, p. 18)».
Pero, por otra parte, al trabajar desde el enfoque biográfco
aparecen contenidos que dan cuenta de procesos comunitarios,
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
208
como se puede apreciar en el siguiente extracto de la historia
de vida de Beatriz:
«Nosotros henos ido adquiriendo experiencia como fami-
lia (se refere a la organización social), buscando un cambio
social-económico, donde todos queríamos surgir. Pero teníamos
que ver la manera de surgir y que no fuera desequilibrante,
fuéramos dando ese pasito a pasito. Se formó un Comprando
Juntos a nivel regional, que era en Santiago, donde todas las
organizaciones comprábamos el alimento. Porque después prác-
ticamente ya no comprábamos, porque se fue dando el cambio
que después terminamos comprando nuestro alimento. Ya no
nos regalaban y nos sentíamos mal, por no nos regalaban; nos
sentíamos bien, porque sentíamos que era nuestra responsabi-
lidad mantenernos». (Yus, 1997a, p. 22-23).
Observando, en ese sentido, el empoderamiento como un
proceso que se gesta y está condicionado por las experiencias de
vida de las personas de una comunidad, el trabajo de Yus puede
ser valorado también como una fuente de conocimiento que
revela a las propias comunidades como gestoras de cambios y,
por tanto, permite señalar algunos elementos susceptibles de ser
considerados para la intervención desde un enfoque psicosocial.
Además, en esta investigación, se accedió a la autoimagen de
género como constructo mediador con la identidad de género,
enfatizando el relato como forma de conocimiento, y a partir
del cual se hizo un análisis que fue presentado y confrmado por
una de las dirigentas. Luego, las sugerencias para la intervención
en esta investigación específca fueron dadas precisamente por
sus protagonistas, señalando que necesitan contar con espacios
en los que se posibilite conversar acerca de ellas mismas y com-
partir experiencias comunes, además del acceso a oportunidades
de formación en habilidades instrumentales, como el manejo en
público (Yus, 1997a).
De modo similar, Claudia Turró (Turró, 2004; Turró y
Krause, 2009) indagó en los procesos individuales de empode-
ramiento y su relación con algunos elementos contextuales y las
condiciones socioculturales en que los que acontecieron. Para
esto trabajó con siete personas de la población La Victoria, de
Las perspectivas biográficas
209
Santiago, con quienes reconstruyó sus historias de vida, además
de considerar otras fuentes de información:
(…) antecedentes del diagnóstico e intervención que estuvo
realizando el equipo de psicólogos comunitarios de la EPUC; revi-
sión de libros y artículos de diarios sobre el contexto sociohistórico
de La Victoria desde que nació como población, y observación
participante durante las entrevistas y en situaciones de trabajo de
la investigadora con algunos entrevistados, en el contexto de la
intervención comunitaria mencionada. (Turró, 2004, p. 33).
Destacamos estos antecedentes con el fn de evidenciar
cómo en este tipo de trabajos se concretan los principios de la
PC. Observamos la relevancia que tuvo el proceso de familia-
rización y conocimiento de la comunidad para la autora. En el
mismo sentido, y considerando los fundamentos del enfoque
biográfco, esta experiencia nos permite revelar cómo el tema de
la confanza resulta ser un factor fundamental. Turró señala que
para la realización de investigación desde el enfoque biográfco,
es fundamental que el/la participante tenga, antes de decidir
participar de la investigación, absoluta claridad sobre los obje-
tivos, los usos que se hará de las narraciones y las atribuciones
o participaciones que tendrá en la elaboración fnal y análisis de
ellas. La construcción de un vínculo de respeto y confanza entre
investigador/a y participantes es, desde su experiencia, parte im-
portante del éxito de la investigación (Turró, C., Comunicación
Personal, 04 de Diciembre, 2009).
Finalmente, nos parece que los resultados de esta investiga-
ción permiten comprender la potencia que tiene la perspectiva
biográfca en el quehacer comunitario. En ella se describen, en
primer lugar, las características biográfco-psicológicas ligadas
con el empoderamiento, señalando como un primer aspecto co-
mún a los/as entrevistados/as la vivencia durante su infancia de
situaciones estresantes, vinculadas con muertes paternas y dif-
cultades económicas, lo que redunda en una identidad luchadora
y afrontamiento proactivo de la pobreza (Turró, 2004). Otras
características igualmente importantes son: voluntad de dominar
el entorno, actitud positiva ante la vida, establecimiento de metas
y/o expectativas y acciones para lograrlas, participación social
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
210
en pos de metas individuales y colectivas, tener un sentido de
vida y deber de ayudar al otro como máxima (Turró, 2004). En
segundo lugar, se describen elementos contextuales que dibujan el
proceso de empoderamiento: un espacio protector caracterizado
por el apoyo emocional, la población La Victoria y el contexto
participativo que ofrece a sus habitantes, el ámbito laboral y las
relaciones con personas signifcativas, pertenecientes a la familia
o al ámbito de la participación social (Turró, 2004).
Si bien para el/la lector/a este conjunto de factores puede
parecer solo una lista de características, al incorporarlos en una
perspectiva más integrada –y que considera su emergencia a
partir del análisis de las historias de vida– podemos señalar que
el campo y objeto de estudio es comprendido, situado e indagado
como un proceso biográfco-histórico asociado a determinadas
condiciones de contexto familiar, local y social que lo favorecen.
De este modo, es posible detectar, describir y plantear la evolución
del empoderamiento comunitario en contextos participativos
particulares y a partir del relato de quienes han experimentado
su transformación. Esto evidencia el proceso mismo que viven
quienes narran estas historias, aspecto que favorece, como
plantea su autora, el propio desarrollo personal a la vez que
permite el reconocimiento de nuevos elementos de la realidad
que condicionan la comprensión de sus acciones en el presente
y en el futuro (Turró, 2004).
Pero más importante aún, la realización de estudios biográ-
fcos puede señalar también aspectos que contradicen o ponen
en cuestionamiento teorías psicosociales ampliamente acepta-
das en nuestra disciplina. Al respecto, resulta ejemplifcador el
siguiente extracto:
«Por lo dicho, la importancia de realizar un estudio hoy en
La Victoria radica en que se dan procesos de empoderamiento,
a pesar del contexto de pobreza. En ese sentido, los habitantes
de esta población aparecen como actores que luchan para defnir
un mejor futuro en condiciones de difcultad socioeconómica,
existiendo procesos de superación de estas condiciones. De ahí
la relevancia de estudiar los aspectos individuales en dicha co-
munidad y no en otra, pues la capacidad de superación de sus
Las perspectivas biográficas
211
habitantes rompe con la idea señalada por Gunn (1994) de que
los pobres son incapaces de satisfacer sus propias necesidades en
base a su propio quehacer» (p. 28) (Turró, 2004, p. 7).
Desde otros campos investigativos afnes, podrían destacarse
también el trabajo llevado a cabo por Calquín (2005), en rela-
ción con los testimonios de la violencia en mujeres víctimas de
maltrato en sus familias, y el de Sanhueza (2000), quien, desde
la historiografía, recuperó la historia oral al interior de las cár-
celes de Santiago durante la dictadura militar. Ambos trabajos,
aunque no elaborados desde marcos conceptuales propios de la
PC, se vinculan con este tipo de estudios en tanto meditan sobre
el papel de la historia personal, local y social, en la construcción
de fenómenos factibles de ser abordados por la disciplina.
Conclusiones
Las experiencias reseñadas permiten caracterizar algunas de
las posibilidades que tiene el uso del enfoque biográfco en las
investigaciones e intervenciones comunitarias. Si bien, como ya
hemos mencionado, se trata de una lista muy reducida y sesgada
de investigaciones, creemos que pueden servir de ejemplo para
establecer ahora algunas conclusiones.
Considerando que el trabajo comunitario puede abordarse
desde distintos niveles de involucramiento con la comunidad y,
por tanto, distintos niveles de compromiso y militancia (Quintal
de Freitas, 1994), hablar de investigaciones biográfcas desde la
PC implica un modo de abordaje que requiere, inicialmente, una
refexión acerca del compromiso, que diferencie entre investigar
elementos comunitarios en y para la comunidad, y procesos de
indagación e intervención realizados desde y con la comunidad.
Al hablar de compromiso nos referimos al rol que asume
un/a psicólogo/a con la comunidad con la que trabaja, donde
mayor nivel de compromiso implica que se interviene en sobre
las necesidades de la comunidad, «se implementa una forma
de trabajar en la cual renuncia a su rol de experto, e incluso
intenta transmitir parte de su conocimiento a los miembros de
la comunidad (<<desprofesionalización>>), a la vez que trata
de romper con viejos moldes, tendientes a mantener la distan-
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
212
cia separadora entre agentes externos e internos» (Montero y
Giuliani, 1997, p. 122)
En un primer nivel de compromiso, podrían situarse las
investigaciones que desde una perspectiva teórico-descriptiva
recurren al enfoque biográfco como metodología de trabajo.
Ellas se asociarían con los procesos comunitarios, principal-
mente, por una elección de campo de estudio y de conceptos,
focalizándose en aquellos que han sido tradicionalmente usados
para comprender los problemas de las comunidades y elaborar
intervenciones a partir de ello. La peculiaridad del abordaje
biográfco puede darse, en ese sentido, por la posibilidad de
detectar la evolución y/o desarrollo de estos constructos en con-
textos participativos particulares –o bien de temas relevantes en
estos–, una perspectiva de proceso que rescata directamente el
relato de quienes han experimentado su transformación. Desde
aquí, hay una serie de constructos que podrían trabajarse con
esta manera de comprender y aproximarse a la realidad de las
comunidades y sus agentes, enriqueciendo las fuentes existen-
tes, tanto para el trabajo en el área como para la formación de
profesionales en el campo.
En este proceso nos parece que la consideración de los
aspectos éticos asociados a la investigación, resulta relevante
porque debe refexionarse sobre qué lugar adoptará en el espacio
de relación entre cada uno/a de los/as involucrados/as; cómo
se trabajará el texto (forma de escritura y de análisis), cómo se
utilizará el material de investigación, cómo se hará la devolución
a los involucrados, y qué efectos puede tener la investigación en
términos sociales e individuales (no olvidemos que el contar una
historia de vida moviliza a quien la cuenta y quien la escucha).
Según sea el resultado de estas refexiones, es posible esta-
blecer un segundo nivel de compromiso, en el que la producción,
análisis y defnición del corpus textual fnal de la historia o los
relatos, es parte de un proceso participativo, donde el saber
producido se mantiene presente constantemente a medida que
se coproduce o se recupera de su estado latente. En ese sentido,
la comunidad o los/las agentes entrevistados/as cuentan con la
posibilidad de defnir la forma fnal del texto, así como de enal-
Las perspectivas biográficas
213
tecer o cuestionar los aspectos que les parezcan necesarios. El
destino de la información generada serían los propios sujetos que
la producen, unifcando en este esfuerzo –y reubicando– instan-
cias tradicionalmente escindidas de observador/a y observados/
as (Fernández, 2006).
Finalmente, en un tercer nivel, lo biográfco puede ser abor-
dado con un claro énfasis interventivo. La línea de investigación
e intervención llevada a cabo en el plano de la reconstrucción
identitaria en contextos rurales y urbanos, parece ser una de
las vías predominantemente desarrolladas, y fructífera si se
consideran los niveles de integración comunitaria (e implicación
comunidad-investigador/a) en su proceso de generación. El caso
señalado anteriormente sobre la reconstrucción y posterior
presentación de los relatos históricos locales (Salgado, 2007)
puede servir como ejemplo al respecto. Ciertamente, en esta
área, las potencialidades son diversas y su actualización puede
llevar a vías aún no reconocidas. Queda en manos de los/as
investigadores/as e interventores/as evaluar la aplicabilidad y lo
benefcioso de usar este recurso en sus prácticas profesionales
al interior de las comunidades.
De manera transversal es posible señalar que tanto en la
investigación como en la intervención, las prácticas biográfcas
poseen un potencial emancipador, al contribuir a desplazar la
palabra de ciertos actores sociales y sus temáticas específcas
desde los espacios locales hasta otros sitios en los cuales pueden
ser leídos o escuchados (Cornejo, Mendoza y Rojas, 2008). El
impactar los ámbitos sociales, situar temas en la agenda pública
y contribuir con nuevas miradas a fenómenos ya estudiados,
son aspectos que pueden aportar a transformar y/o desarrollar
el contexto desde el que emergen, y la perspectiva enunciativa,
mediática y plurivocal de este enfoque puede ayudar a eso. Al
respecto, con Tomás Ibáñez creemos que «la cuestión del compro-
miso político orientado a un cambio social emancipador no pasa
tanto por reconducir las conocimientos psicosociales hacia otra
aplicación, ni por estudiar los problemas que la psicología social
(y comunitaria) estándar menosprecia y a partir de ahí actuar en
consecuencia, sino que pasa por romper de forma radical con
María I. Reyes - María T. Ramírez - Jorge Castillo
214
los supuestos epistemológicos que sustentan la propia psicología
social en tanto que disciplina ‘científca’» (Ibáñez, 1982, p. 296).
Reconocer desde nuestras prácticas investigativas, inter-
ventivas y teóricas un posicionamiento epistémico basado en la
intersubjetividad y el construccionismo, nos permite continuar
desarrollando una PC que se ubica al margen, por cuanto busca sus
propios caminos de validación, de generación de conocimiento y de
construcción de mundo. Y, para esto, el constante cuestionamiento
a nuestras formas de hacer, a nuestros métodos y la búsqueda de
nuevas herramientas que nos permitan una coherencia entre nues-
tro hacer y nuestro decir, entre nuestras prácticas y nuestras teo-
rías, harán de la PC una disciplina contextualizada a los tiempos,
situada a los contextos histórico-culturales en los que se desarrolla
y capaz de cuestionar sus propios saberes; una disciplina que sea
capaz de responder a las necesidades de su tiempo, de cada uno
de los tiempos con los que se tenga que relacionar.
Consideramos que el uso de las perspectivas biográfcas
enriquece este camino de constante construcción de la práctica
y la teoría comunitaria, ya que: 1) Favorece la construcción de
conocimientos desde lo más encarnado del ser, desde la subjetivi-
dad misma. 2) Rompe la dicotomía sujeto-sociedad, al construir
historias desde la individual, cruzadas por lo social y que nos
permiten conocer cómo se puede ser sujeto en un tiempo histó-
rico determinado. 3) Rompe con la dicotomía teoría-práctica al
ser en cuanto tal una aproximación epistémica, ética y política
que moviliza a los participantes y sus narraciones; es decir, es
construida desde un posicionamiento, es indisoluble de ese po-
sicionamiento y desde ahí, es en sí misma un posicionamiento.
4) Implica una constante refexión sobre la práctica, ya sea por
el involucramiento que requiere de el/la investigador/a (lugar,
poder, rol que se ocupa); por el cuestionamiento o efecto espejo
que hace quien narra su historia (vivencias compartidas, vivencias
desconocidas, ser sujetos de mismos tiempos); por los frutos de la
investigación misma (construcciones sociales y posibilidades que
se visibilizan con los resultados, la invitación a un siguiente paso,
a construir una intervención o reconocer la intervención hecha).
Las perspectivas biográficas
215
Concluimos invitando a los/las psicólogos/as comunitarios/
as a utilizar las perspectivas biográfcas, explorar sus posibili-
dades y refexionar sobre los ámbitos en los que este enfoque
puede aportar para la construcción de una disciplina que desde
sus inicios ha buscado la transformación social y el cuestio-
namiento a los órdenes establecidos. Enfatizamos que en la
construcción y reconstrucción de nuestra historia movilizamos
nuestras identidades, favoreciendo la refexión sobre ellas y, con
esto, la reelaboración de los procesos sociales en los que hemos
formado parte. Contar y escuchar nuestras historias nos permite
reconocernos y rehacernos.
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