Comunicación conversacional

:
competencia clave de relaciones
humanas



Un enfoque práctico



Profesor: Jaime Torres Dujisin
Economista, Magister en Ciencias Económicas




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ÍNDICE


Presentación


Tema 1: La comunicación conversacional

i. Focalizando la comunicación conversacional
ii. La comunicación conversacional entre las personas
iii. La preocupación por la comunicación entre las personas
iv. Comunicación conversacional es escuchar y hablar
v. La importancia de saber diferenciar el escuchar y el oír
vi. Tips de utilidad para saber conversar escuchando


Elementos claves para accionar una nueva práctica conversacional

i. Legitimar – respetar al otro: actitud esencial para la escucha efectiva
ii. Formas de ser enemigo de la escucha
iii. Detectar el estado emocional propio y ajeno en la conversación
iv. El factor confianza y credibilidad entre las partes
v. El manejo de afirmaciones y opiniones en la conversación
vi. Desacuerdos en la conversación
vii. El intercambio de juicios y la retroalimentación
viii. La acción de emitir y recibir juicios críticos
ix. Pautas para emitir juicios críticos
x. Pautas para recibir juicios críticos
xi. Técnica para formar la habilidad de emitir y recibir juicios críticos


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Tema 2: La autoestima en las personas

i. Sobre la autoestima
ii. El significado de la palabra autoestima
iii. La autoestima se construye en las personas
iv. La autoestima existe en relación comunicacional con otros
v. La valoración de uno
vi. Yo ideal – Yo real
vii. Esquematizando el círculo Yo ideal – Yo real
viii. Técnica para detectar la autovaloración de uno


Tema 3: El modelo mental de las personas

i. Concepto de modelo mental
ii. Modelo mental y comunicación conversacional
iii. Caracterización del modelo mental de las personas
iv. Tipificación de modelo mental en las personas
v. Técnica para identificar modelo mental



ANEXO

Figura 1. Modelo relacional para formar la habilidad comunicacional conversacional
Figura 2. Construcción de la realidad de las personas
Figura 3. Esquema del proceso de aprendizaje individual
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Presentación

La comunicación entre personas es una dimensión compleja del saber y como tal es
materia de trabajo especializado, lo que no se está haciendo en el presente escrito que no
pretende ser una contribución teórica ni nada por el estilo, sino que un enfoque práctico
de la relación comunicacional. Por lo mismo me permito un manejo no riguroso de ciertos
conceptos y no se entra a ahondar en causa-efecto de actitudes y conductas.

En realidad lo que pretendo con este trabajo, es brindar elementos de aplicación que
permita al lector trabajar en su aprendizaje individual en lo que es desarrollo de capacidad
habilosa para el relacionamiento comunicacional. Sostengo, como convencimiento
vivencial, que se trata de un aspecto clave para la vida que uno lleva o desea tener ya
que todo lo que hacemos (individuo-individuo/individuo-grupo) son conexiones y acciones
relacionales que operan a través de la comunicación entre personas, donde la interacción
conversacional cara a cara es la esencial por la emocionalidad que surge y el
consecuente efecto que produce en los participantes hablantes y oyentes.

Respecto a las ideas y conceptos que se exponen, dejo en claro que son una
combinación de “autorías“ en tanto contiene enfoques propios –basados en mi
experiencia profesional e investigación- junto con posiciones teóricas y conceptos
“prestados” de varios autores que he podido conocer a través de sus trabajos. Sobre
comunicación conversacional y relaciones humanas, principalmente de Rafael Echeverría,
Humberto Maturana, Ralph G. Nichols, Leonard A. Stevens y Leonardo Lavanderos, y
sobre autoestima, Jorge Bucay, José F. González y Nathaniel Branden. Donde hay un
desarrollo temático ajeno expuesto literalmente, es en las pautas para emitir y recibir
juicios críticos, y buena parte sobre retroalimentación y elementos para accionar una
nueva práctica comunicacional, perteneciente a Rafael Echeverría, contenido en su libro
“Ontología del Lenguaje” (Dolmen Ediciones) que recomiendo leer.

De manera que esto es un “mix” de conocimientos propios y ajenos, siendo, en todo caso,
de mi ocurrencia, el enfoque conceptual global y el grueso de los puntos de vista vertidos
en los temas y las técnicas de autoconocimiento individual que se proporcionan.

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En cuanto citas de autores, hago un par pero no de manera rigurosa, académicamente
hablando, ya que finalmente se trata de un texto libre y además nunca me ha resultado
cómodo escribir haciendo citas.

También veo importante mencionar que todo lo que digo en este texto es conocimiento
empírico y teórico a nivel de opiniones, como tal discrepables, y no cómo afirmaciones.
No podrían serlo ya que todo lo que refiere a conducta, actitud y proceso mental humano
pienso que en términos de conocimiento cierto estamos recién “en pañales” aprendiendo.

Respecto a la estructura del trabajo, comprende tres temas como capítulos a través de los
cuales se exponen las dimensiones del enfoque que presento para desarrollar la habilidad
conversacional:

 Tema 1: Comunicación conversacional
 Tema 2: Autoestima
 Tema 3: Modelo mental


Cada componente contiene una herramienta de autoconocimiento de aplicación individual
y una técnica para identificar en forma referencial el modelo mental de uno y de otros. Se
trata de formas simples pero que pueden resultar bastante útiles.

En anexo al final se presentan un par de esquemas relacionales, pensando que a través
de estos dibujos se facilita el obtener una mirada general de la lógica del enfoque global
que se desarrolla textualmente: primero la figura 1; es el modelo de enfoque general para
formar la habilidad de comunicación conversacional que propongo, así se tiene una visión
de conjunto de los componentes temáticos que comprende y cómo se articulan para el
aprendizaje individual. Luego la figura 2; en la que se esquematiza la construcción de la
realidad que hacemos las personas, ya que es algo que menciono recurrentemente, y la
figura 3; es una pauta guía general que indica el proceso de aprendizaje que se
recomienda llevar a cabo individualmente.

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La comunicación conversacional


















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i. Focalizando la comunicación conversacional

Para empezar voy a fijar mi posición como mirada de contexto global respecto a la
comunicación conversacional. En síntesis, el “problema” que tenemos las personas es
que nos gusta hablar y hablar, a muchos gusta y tratan de imponer su punto de vista
como sea, somos poco tolerantes frente a opiniones diversas a la nuestra y no sabemos
ni nos gusta escuchar, menos si se trata de juicios críticos. Es sabido que la eficacia de la
palabra hablada depende más de cómo escuchan y menos de cómo hablan las personas,
aun así, nos cuesta mucho entrar a cuestionar y revisar cómo nos comunicamos cuando
hablamos.

Es un hábito que juega en contra, desde el hecho que en el relacionamiento social la
imagen que proyectamos determina lo que pensaran sobre uno: la forma de hablar de uno
produce una imagen (percepción, opinión) en el otro que puede ser de aceptación, de
indiferencia, de no aceptación o directamente de rechazo. La imagen que queda en el otro
u otros respecto del que habla, motivara el tipo de apertura relacional o “cierre” que tendrá
con él, y como en la vida las personas nos necesitamos mutuamente para nuestra
existencia (emocional, familiar, social, laboral: lo que somos, con quienes somos, lo que
hacemos), significa que necesitamos ser aceptados y lo seremos (mucho, poco, nada) a
partir de la imagen que logremos generar en los demás a través de cómo conversamos.

Esa forma de ver la conversación modeló el enfoque conceptual de este escrito. Reposa
en tres dimensiones humanas que se tratan como un todo: modelo mental, autoestima,
comunicación conversacional, siendo el filtro de modelo mental el elemento condicionante
en esto. La base lógica está en que la comunicación consigo mismo y con los demás es
una cuestión fundamental del relacionamiento humano y como todo lo que hacemos
constituyen relaciones e interacciones a través de situaciones vivenciales, entonces la
capacidad comunicacional viene a ser un aspecto esencial para el tipo de vida en
comunidad que aspire la persona, máxime si se coloca objetivos personales no pequeños
en el mundo actual donde la imagen o marketing personal es determinante.
Paradójicamente hasta por sobre lo que uno verdaderamente sabe. Por eso afirmo que la
comunicación conversacional no es un asunto trivial: es fundamental clave para la vida
que busque lograr la persona.
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Sin embargo, pese a ello es algo que a muchos no preocupa mayormente, quizá porque
existe la creencia que con ser claro con lo que se dice y guardando silencio cuando se
escucha, la buena comunicación está garantizada, pero resulta que eso no es así: la
comunicación humana tiene condicionantes y laberintos conductuales bastante extensos.
Para darse cuenta de eso, basta que uno empiece a preguntarse qué siente cuando
conversa con otros y cuando se habla a sí mismo. Si no se ha preguntado, debería
hacerlo

Ahora, como la comunicación humana es una malla de relacionamiento de uno hacia uno
y hacia los demás, considero que hay dos componentes esenciales que moldean esta
dimensión humana como un todo con la comunicación: el modelo mental y la autoestima
de las personas, donde la emocionalidad es algo que está en todos. Los enfoques sobre
comunicación que conozco mayormente relacionan el modelo mental pero no así la
autoestima. Por eso veo necesario argumentar la inclusión de la autoestima. Si bien la
autoestima parece un posicionamiento aislado, no lo es. No podría existir ni se podría
entender sin el componente social, sin la relación e interacción con otras personas de
quienes recibimos influencias, impactos, imágenes, percepciones, que nos afectan en
línea directa respecto a cómo nos valoramos en lo que somos, y esta influencia-efecto
emocional tan decisivo se establece a través de la comunicación conversacional entre las
personas.

De que otra forma podría ser por lo demás, sino que a través de la comunicación directa,
cara a cara, que es el momento donde se transmite la mayor emocionalidad entre las
personas y la autoestima es parte inseparable de lo que somos emocionalmente, y todo
esto danza en nuestro modelo mental. Precisamente por el hecho que la autoestima
existe a través la relación e interacción con otras personas que se establece mediante la
comunicación conversacional, es que veo como un todo las dimensiones humanas;
modelo mental – autoestima – comunicación conversacional. Sobre esta base reposa el
enfoque que se desarrolla en este trabajo.

En síntesis: la autoestima o cómo se valora uno así mismo condiciona la forma de
interpretar lo que le dicen y cómo dice lo que habla desde lo que cada uno
emocionalmente es.
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En consecuencia, tiene efecto directo en cómo uno se comunica. Esto, combinado con las
creencias y valores que tenemos incrustados en nuestro modelo mental, es lo que
configura la realidad que hacemos en cada interacción comunicacional que participamos.
Desde esta lógica, pienso que la comunicación humana, la autoestima y el modelo mental
se constituyen en un todo interrelacionado-interdependiente, donde resulta mandante el
modelo mental, en tanto viene a ser el patrón “filtro” que parte dibujando la interpretación
comunicacional de la realidad que construimos en cada interacción con los demás. El
enfoque relacional entonces que se propone en este trabajo es el siguiente:


Enfoque relacional





Autoestima

Comunicación
humana


Modelo Mental
Las personas existen en
una relación e interacción
emocional constante e
indetenible con los
demás, en su
actitud y conducta tienen
aspectos manejables
como inmanejables

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ii. La comunicación conversacional entre las personas

La comunicación es una relación indetenible con uno mismo y con los demás, y es
además una cuestión compleja con múltiples facetas claramente intangibles donde lo
objetivo y subjetivo se mueve en un terreno sumamente pantanoso, en especial la
comunicación entre personas que hablan frente a frente, debido a la inevitable
emocionalidad que circula en ambos sentidos durante el momento conversacional, es
decir, el estado emocional que se genera en los participantes.

Podemos manejar las manifestaciones externas del efecto de una conversación cuidando
la actitud y postura frente a las palabras que se están emitiendo, por último hacer “oído
sordo”, pero no podemos manejar el impacto emocional interno que produce en las
personas lo que se está diciendo, en el sentido que no podemos llegar y decidir
colocarnos contento o amargado por lo que estamos escuchando y hablando sino que
directamente nos colocamos en un estado emocional determinado, por la conversa
misma.

Creo conveniente hacer una breve caracterización de algunas formas comunicacionales
que se dan a nivel persona-persona, con la idea que el lector empiece a reflexionar a qué
forma o entre cuales se ubica más su manejo conversacional o qué tanto expulsa
verbalmente alguno de esos hábitos cuando interactúa con otros, en la medida que tenga
capacidad de auto observación crítica de su forma de ser, actitud que no abunda mucho
que digamos en la mayoría de las personas, por razones que exponemos más adelante.

La caracterización: si partimos de lo óptimo, hay personas que conversan velando por la
armonía de las palabras, buscando expresiones no hirientes, que saben ser empáticos
colocándose en el lugar del otro, que saben contextualizar lo que se está hablando y no
ocurren desbordes hacia otros temas, que saben apaciguar situaciones que parten con
ánimo conflictivo del otro lado, que habitúan destacar aspectos positivos de los otros, que
tienen buen manejo verbal incluso cuando se hablan temas difíciles para una o para
ambas partes o se emiten juicios críticos sobre actitudes y conductas, de manera que el
momento comunicacional resulta grato y productivo emocionalmente para todos.

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De ahí en “degrade”, en el sentido de formas que en medida diversa son inadecuadas y
algunas claramente emocionalmente dañinas, podemos ver que hay personas que
manejan el hábito de hablar indicando básicamente carencias o defectos del actuar o de
la forma de ser del otro “es que tu esto o lo otro”, sin mencionar nada positivo, cuestión
que muchas veces no lo hacen con mala intención sino que es su forma de hablar, y
como hablan apuntando el dedo terminan generando sentimiento de culpa en el otro lo
que muchas veces afecta su autoestima y reduce su capacidad de escucha efectiva,
además de ser dañino.

En las relaciones que tienen historia (social, familiar, laboral) encontramos personas que
para argumentar lo que dicen en determinado momento, viven haciendo referencia de
errores del otro incurridos en el pasado, sembrando con ello culpa eterna y como genera
molestia interna en el receptor también reduce su capacidad de escucha efectiva y, en
consecuencia, dificulta en medida mayor poder llegar a acuerdos para avanzar en lo que
sería un desarrollo positivo de la conversación y la relación misma. Es una forma
claramente inefectiva.

También hay personas que solo conocen hablar a través de afirmaciones. Sus puntos de
vista lo expresan en forma tajante o mediante permanentes afirmaciones, sin nunca usar
o rara vez la expresión “a mí me parece” o “en mi opinión” en situaciones que se podría
emplear perfectamente esa forma conversacional para transmitir lo que se quiere decir.

Peor aún es la comunicación conversacional con los “sabios o gurús que lo saben todo” y
que sin el menor pudor ilustran a medio mundo sobre cómo son las cosas, sin dejar
espacio alguno para que el otro pueda tener una opinión diferente; la opinión de él
sencillamente es la “ley divina”. Este hábito conversacional no solo resulta molestoso sino
que obstruye la efectividad comunicacional ya que genera en el otro o empieza a producir
resistencia en el receptor a partir de la sensación de molestia acumulativa cuando se
sienten obligados a mostrarse de acuerdo sin realmente estarlo para evitar un posible
momento ingrato. Este tipo de personas, por lo general, se escuchan básicamente a sí
mismos y rara vez a los demás. Sencillamente no tienen incorporado el hábito de
escuchar, a lo más pueden oír pero no escuchar en el sentido de lo que es la escucha,
como se indica más adelante. La relación laboral con estas personas y las otras, excepto
la primera, es complicada y difícil.
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Por último, en el extremo negativo, hay personas que sencillamente no pueden evitar ser
tóxicos, venenosos con las palabras, que se manejan en forma verbal hiriente hacia el
otro por lo que sea y como sea, que acostumbran conversacionalmente –en forma
consciente o inconsciente- dar secuencias de golpes verbales humillantes, que ni siquiera
conocen el significado de la empatía, de manera que el momento comunicacional no solo
resulta desagradable sino que termina causando dolor emocional en el otro: en esta
situación nadie gana todos pierden, independiente que el “hablante” quede con la
sensación que obtuvo un logro sobre el otro, la sola práctica de infligir daño verbal a otros
no es emocionalmente saludable para quién lo hace. El por qué muchas personas
manejan hábitos comunicacionales dañinos es asunto aparte del ámbito de la sicología, y
tema grueso por lo demás, asociado a los “laberintos mentales” que portan las personas
(en capítulo modelo mental explico este término). La relación con estas personas es
sumamente difícil.

Vamos a terminar este punto indicando algo breve de la comunicación en las relaciones
de trabajo: podemos decir que el buen funcionamiento de un equipo depende de la
calidad de la comunicación conversacional, a partir del hecho que la forma en que se
sostienen las conversaciones genera emociones y percepciones que pueden ser de
motivación o desmotivación, de buen clima laboral o de ambiente conflicto, de valoración
o desvaloración de quién habla y de quién escucha. Condiciona más de lo imaginamos la
relación en el equipo, determina la medida o grado en que la relación de trabajo que se
gesta a través del desempeño será productiva o problemática, influye directamente en el
tipo y calidad de la necesaria retroalimentación operativa que toda organización debe
realizar para poder mejorar constantemente lo que hace. Claramente el buen desempeño
laboral individual y grupal difícilmente se puede lograr cuando las relaciones entre las
personas tienen más elementos dificultosos que llevaderos, cuando no existe un
ambiente comunicacional que motive el flujo de intercambio de opiniones sobre lo que se
hace y cómo se hace.

En síntesis, las formas comunicacionales conversacionales no solo son momentos
relacionales y de interacción diversos y complejos en sí, sino que además tienen un
efecto en la emocionalidad de las personas más fuerte del que llegamos a darnos cuenta
o del que nuestras creencias nos permite reconocer.

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iii. La preocupación por la comunicación entre las personas

La comunicación conversacional, hasta hace un poco más de una década y como
creencia aceptada ampliamente, se consideraba como algo pasivo para transmitir
información entre un emisor y un receptor, como un conducto entre partes hablantes y
escuchantes para comunicar lo que se piensa, para describir situaciones y hechos, en
definitiva un instrumento de transmisión de “datos” entre las personas. Como tal, no era
un tema al cual se le destinaba mayor preocupación de estudio ya que, era una cuestión
de hablar y escuchar. Hoy en día se tiene un concepto diferente: ya no se mira como una
acción pasiva el impacto del lenguaje durante la comunicación que ocurre en el
relacionamiento humano. De todo tipo, tanto familiar, como social, laboral, ya que en
definitiva siempre nos estamos comunicando.

De manera que ahora, actualmente me refiero, la comunicación se conceptualiza como
una relación activa, que no tiene nada de acto pasivo desde el momento que lo que se
comunica y cómo se comunica es una acción capaz de producir determinada
emocionalidad interna en las personas. De hecho, puede generar alegría, molestia,
compromiso, descompromiso, etc., y desde ese estado perceptivo emocional individual es
que cada uno construye una realidad propia del hecho o situación particular, sin importar
que tan verdadera o falsa sea.

Entonces claramente, la comunicación conversacional no tiene nada de canal neutro entre
las partes. Muy por el contrario: genera estados emocionales dignos de observar
cuidadosamente por las personas ya que no cesan de comunicarse, salvo los que viven
aislados sin contacto con otras personas. Ahora, respecto a la perspectiva actual de
tratamiento de la comunicación conversacional, según lo que he visto, se trabaja desde
dos enfoques que se vinculan en el elemento escucha: un enfoque gira en torno al efecto
que ejerce la comunicación, en especial la conversacional cara a cara, sobre nuestro
estado emocional (Ontológica del lenguaje, Neurolingüística, Sicológica), mientras que el
otro enfoque se focaliza principalmente como habilidad auditiva o capacidad de escucha
que se debe aprender para poder aprovechar todo el potencial de lo que dicen los
interlocutores colaboradores y clientes, esto es, bajo mirada empresarial instrumental.
Este escrito se contextualiza en el primer enfoque, en tanto versa fuertemente en la
emocionalidad.
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iv. Comunicación conversacional es escuchar y hablar

La comunicación conversacional entre las personas tiene dos fases; escuchar y hablar.
Por lo general se piensa que el hablar es lo más importante en la comunicación ya que se
ve como la parte activa mientras que el escuchar como la parte pasiva de comunicación lo
que, como dijimos más arriba, es una percepción errónea.

Debido a esa forma de ver este asunto es que la preocupación en la comunicación
interpersonal se ha concentrado fuertemente en el hablar, en cómo hablar bien, que
palabras hay que usar, que tono de voz, que postura y mirada, etc. etc. para que lo que
hablamos tenga el impacto deseado en el otro o en los otros, para que sea bien
escuchado. Mientras que el escuchar no se mira como una cuestión problemática a la
cual habría que destinarle un esfuerzo destacado ya que se piensa que hablando bien lo
que se dice, esto será sin problema bien comprendido de quién está “pasivamente”
escuchando.

Pero resulta que el escuchar es siempre activo y no podría ser nunca un estado pasivo de
la persona ya que cuando se escucha está ocurriendo algo en el “escuchante” que es
mucho más que recibir pasivamente lo que el otro dice. Quién está escuchando está
interpretando lo que el otro dice pero no solo eso, sino que están ocurriendo en él
percepciones y emociones a partir de lo que está escuchando. Y en esto el abanico de
posibilidades es extenso; alegría, molestia, confusión, aceptación, rechazo, etc.etc.

De manera que el que está escuchando está siempre interpretando desde su estado
emocional personal lo que está escuchando y ahí aparece precisamente el problema que
ocurre en la línea de quién habla y quién escucha: cómo interpreta las palabras el que
escucha puede ser bastante diferente respecto al sentido de lo que quiere decir el que
está hablando. Existe una brecha o distancia entre el sentido de lo que pretende decir
quién habla y el sentido de quién escucha lo que le están diciendo. Ello ocurre debido a
que todos somos personas diferentes, percibimos e interpretamos lo que nos sucede a
partir de nuestras experiencias previas, de nuestra propia emocionalidad y del modelo
mental que cada individuo construye a partir de su propia historia personal.

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Por lo mismo, estamos siempre expuestos a enfrentar situaciones en la conversación que
no logramos entender o no estamos seguros qué es lo que se nos quiere transmitir, y
como no tenemos la costumbre de preguntar la esencia del mensaje entonces parte de la
conversa no queda clara y así se deja. Algunas veces no lo hacemos sencillamente por
no saber cómo preguntar qué realmente se quiere decir, sin dejar la impresión que no
entendemos o que no hemos puesto buena atención en el diálogo.

En la vida privada, como sabemos, la falta de una buena comunicación es una de las
principales causas de quiebre de relaciones interpersonales, de los divorcios y de
cantidad y diversidad de conflictos familiares. En el trabajo es fatal cuando los jefes no
tienen capacidad de escucha y peor aun cuando ni siquiera les preocupa el asunto porque
están convencidos que son oradores macanudos, que todo lo que dicen es muy claro y
acertado sin detenerse ni un minuto a pensar en cómo han interpretado sus palabras los
que escuchan.

El famoso “gurú” empresarial Peter Drucker en uno de sus libros dice: “demasiados
ejecutivos piensan que son maravillosos con las personas porque hablan bien. No se dan
cuenta que ser maravillosos con las personas significa escuchar bien”.
Tom Peters, otro famoso especialista, afirma que el bajo rendimiento del management de
muchas empresas es debido a que el gerente no escucha a sus empleados, a sus
clientes, ni lo que está sucediendo en el mercado, recomienda “obsesionarse con
escuchar”.

El asunto es: ¿cómo saber escuchar? ¿se puede aprender a escuchar? Claro que se
puede, y lo afirmo no solo por lo que he investigado al respecto sino que con base a buen
número de personas que he logrado formar esta capacidad, no total pero en medida
destacable, según ellos mismos por lo demás. Hay que sí entender que se trata de un
proceso que requiere un esfuerzo no menor, ya que en buenas cuentas se trata de
incorporar en nuestra forma de ser el hábito de escuchar. Para aprender a escuchar hay
que partir aceptando que se trata de una actitud en la cual tenemos fuertes debilidades
desde lo que somos (creencias, valores heredados, más nuestra experiencia vivencial
acumulada), en el sentido que culturalmente no hemos sido formados con capacidad de
escucha. Se nos enseña a hablar o callar y oír según la situación, pero no a escuchar
pensando en la perspectiva del otro.
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De manera que aprender a escuchar es un proceso que pasa por hacer un esfuerzo serio
dirigido a entrar a observar fríamente, desde una mirada crítica cuestionadora, aquellas
actitudes y conductas que tenemos y que limitan la escucha (soberbia, ego inflado,
autoestima desmedida) así como creencias que portamos las cuales distorsionan lo que
se escucha (prejuicios, paradigmas).

Significa que el proceso de aprendizaje de escucha efectiva (en el sentido que se explica
en punto siguiente) se debe iniciar revisando las limitantes personales, cuestión que
implica capacidad de auto-observarse críticamente lo que somos a través de nuestras
conductas habituales, significa disponer de apertura mental para primero cuestionar y
luego cambiar aquellas conductas conversacionales objetivamente criticables. En
definitiva, esto es disposición para reaprender y empezar un esfuerzo individual en la
práctica comunicacional regular que permita ir poco a poco incorporando en uno nuevos
hábitos conversacionales. Solo para que esto último no quede “en el aire”, recuerdo que
de apoyo práctico a ese esfuerzo individual está pensado este trabajo y las herramientas
que incluye.

Lo dicho hasta aquí para desarrollar la capacidad de escucha, en esencia, se ha asociado
a cuestiones de actitud y conducta, desde una mirada que tenemos la posibilidad de
aprender reaprendiendo lo que debemos modificar para saber escuchar. En suma, serían
entonces elementos del comportamiento y creencias que pueden ser manejables en el
sentido de mejorables por uno mismo. Y esos elementos no se miran como algo aislado,
sino que como parte de un todo que viene a ser el enfoque relacional general que se
presenta al inicio, es decir, modelo mental, comunicación conversacional, autoestima.

De esta forma, se puede decir que los elementos identificados sostienen un sentido
relacional articulado, de manera que el modelo de enfoque presentado resultaba como
una “cajita feliz” de Mc Donald con todos sus “ingredientes”, me refiero a sus
componentes esenciales. Todo cuadraba bien, al menos desde la lógica expuesta, pero
se me ocurrió volver a leer un trabajo de Ralph G. Nichols y Leonard A. Stevens
(Comunicación eficaz – Harvard Business Review) y hasta ahí nomás llego la “cajita feliz”
en lo que ingredientes de la escucha refiere: parece que faltaba un elemento de la
escucha humana que quizá debería incluir el “paquete”.
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En realidad saber que existe algo más, no dicho en lo anterior, y que se trata de una
condición de la comunicación auditiva humana que las personas no podemos controlar.

Paso entonces a transcribir el texto que me llevó a repensar esto de los elementos a
considerar en la capacidad de escucha de las personas:

“En general, las personas piensan que la concentración mientras se escucha es un
problema mayor que la concentración durante cualquier otra forma de comunicación
personal. En realidad, la concentración al escuchar es más difícil. Cuando
escuchamos, la concentración se ve estorbada por un factor que es peculiar de la
comunicación auditiva y del que pocas personas son conscientes. El problema viene
dado, básicamente, por el hecho de que pensamos mucho más deprisa que
hablamos. El ritmo del habla de la mayoría de los norteamericanos es del orden de
las 125 palabras por minuto. Este ritmo es demasiado lento para el cerebro humano
que está compuesto por más de 13 millardos de células y funciona de una manera
tan compleja pero eficiente que hace que los macroordenadores modernos parezcan
lerdos.

Las personas que estudian el cerebro no están totalmente de acuerdo sobre cómo
funciona cuando pensamos, aunque la mayoría de los psicólogos creen que el
medio básico del pensamiento es el lenguaje. Cierto es que las palabras
desempeñan un gran papel en nuestros procesos de pensamiento y que las
palabras fluyen por nuestro cerebro a velocidades muy superiores a las 125 palabras
por minuto.

Esto significa que cuando escuchamos pedimos a nuestro cerebro que reciba las
palabras a un régimen extremadamente lento en comparación con sus capacidades.
Podría parecer lógico ralentizar nuestros pensamientos cuando escuchamos a fin de
coincidir con las 125 palabras por minuto en que se sitúa el ritmo del habla, pero la
ralentización de los procesos del pensamiento parece ser una cosa harto difícil de
conseguir Por lo tanto, cuando escuchamos seguimos pensando a alta velocidad
mientras que las palabras habladas nos llegan a velocidad lenta.

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En el acto de la escucha, el diferencial entre los ritmos de pensamiento y habla
significa que nuestro cerebro trabaja con cientos de palabras además de aquellas
que oímos, formando pensamientos distintos a los que se nos exponen por medio de
la palabra hablada.

Para decirlo de otra manera, podemos escuchar y todavía nos sobra tiempo para
pensar. El uso, bueno o malo, de este tiempo sobrante para pensar contiene la
respuesta a lo bien que una persona se puede concentrar en la palabra hablada”


Innegablemente se trata de una información relevante que, si bien no invalida la
conceptualización que se está haciendo de la escucha, sí hace ver que hay un aspecto
adicional no menor, por lo mismo hay que tener presente. Pienso que contando con más
conocimiento empírico de esos datos, se podrían hacer vinculaciones causa-efecto de la
capacidad de escucha con la velocidad del pensamiento, en el sentido qué tanto podemos
ser efectivos escuchando mientras nuestro cerebro, cuando conversamos, está pensando
varias cosas a la vez y es algo que no podemos controlar.

Esta característica de funcionamiento del cerebro humano, por lógica básica, sería un
factor de distracción en la concentración de lo que escuchamos, y como no podemos
hacer más lento o ralentizar el proceso del pensamiento, siempre tenemos este elemento
ajeno de alteración o desconcentración en la conversación, que le restaría efectividad a la
capacidad de escucha en medida indeterminada, ya que desconozco si se puede y cómo
se podría determinar. Averiguar esto quedaría como tarea pendiente para mi próximo
trabajo.

Para terminar este punto lo más honrosamente posible diría lo siguiente: dado que esto
de la velocidad del pensamiento se está indicando a punta de relativismos, nada concreto
de qué agarrarse, por ahora solo se puede decir que la capacidad cerebral para procesar
diverso tipo de información a la vez, es algo que sí creo debemos tener presente en la
actitud de escucha, como un elemento de conocimiento adicional al momento de
esforzarnos para tratar de efectivizar nuestra escucha conversacional.


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v. La importante de saber diferenciar el escuchar y el oír

En rigor (digamos científico) podemos decir que oír es la capacidad biológica que
tenemos los humanos y otras especies vivas de captar sonidos. Cuando se interpreta un
sonido pasamos del oír al escuchar. De manera que escuchar es oír más la interpretación
que le damos al sonido que estaríamos oyendo, siendo el sonido las palabras que nos
dicen.



+ =




Ahora, para efecto instrumental de mejora individual, la acción de oír y escuchar se verá
en forma práctica. Resulta que mayormente practicamos oír lo que se nos dice y en
medida mucho menor a escuchar lo que se nos intenta transmitir. Veamos la diferencia. El
escuchar implica una actitud de intentar comprender la perspectiva de quién nos habla;
entender no solo lo que se nos dice en la “línea de flotación” de las palabras mismas sino
tratar de ver “bajo la línea de flotación”, o sea intentando interpretar el mensaje no dicho
que hay en lo que dice, para así recibir pensadamente y de manera más objetiva lo que
se nos quiere transmitir.

La velocidad mental la tenemos: como indicamos más arriba, según estudios nuestro
cerebro tiene una velocidad de procesamiento de datos muchísimo mayor que el
procesador más veloz que actualmente existe, por eso creo que es una cuestión de
práctica.

Mientras que el oír significa captar las palabras solo en la “línea de flotación” y
estrictamente desde nuestra posición interpretativa (por lo general calificativa-evaluativa,
no reflexiva) y así mentalmente en forma automática nos cerramos a tratar de entender
pensadamente lo que nos intenta transmitir el otro.

Oír
palabras


Interpretar las palabras
que nos dicen

Escuchar
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Si bien conductualmente somos lo que somos desde nuestra realidad y no podemos ser
desde la realidad de otros, lo que se trata es no tener un cierre hermético hacia la realidad
del otro. Cuando tenemos actitud de “oír”, en realidad estamos más concentrados en que
vamos a responder y menos en considerar la valides o razonabilidad de lo que se nos
está transmitiendo verbalmente.

En lo laboral, resulta que cuando estamos en actitud de “oír”, la tendencia es que salgan a
flote respuestas rápidas con fuerte dosis defensivas o contra respuesta para demostrar
que sabemos bien el asunto o mejor que nuestro interlocutor, o para imponer nuestra
opinión, o debido a que estamos preocupados de generar una imagen de “sabelotodo” en
lugar de calmadamente razonar respecto a lo que dice sin pensar en “ganar por ganar” o
hacer demostraciones de fuerza verbal.

Entonces la diferencia es que cuando “oigo” estoy entendiendo las palabras pero
básicamente desde mi perspectiva, por lo mismo fácilmente caigo en la práctica de llegar
y “expulsar” respuestas rápidas intentando defender mi posición, mientras que cuando
“escucho”, estoy pensadamente tratando de comprender la perspectiva del otro y así
primero “mastico” lo que me dicen y luego respondo.




+ =









Oír
palabras

interpretar las
palabras
que nos dicen

Escuchar

Uno se debe preguntar:
¿estoy interpretando lo que me
está diciendo el otro solo desde
mi perspectiva o estoy
intentando colocarme en la
perspectiva de él ?

La respuesta
expresa el grado
de efectividad o
inefectividad de mi
capacidad de
escucha en la
conversación
21

vi. Tips de utilidad para conversar escuchando


En síntesis, podemos decir lo siguiente sobre la importancia de la comunicación
conversacional

 La manera como conversamos tiene un impacto que determina la forma como
somos y el tipo de vida que nos generamos a nivel familia, social y laboral

 Aprender a escuchar de forma efectiva es importante no solo para captar bien lo
que dice el que está hablando, sino que también para lo que quisiera decir pero no llega a
expresar

 Las personas se resisten a darse cuenta que muchas veces los demás no
entienden lo que ellos quieren y que no logran explicar muchas cosas por su forma de
expresarse.

 En la comunicación es clave la manera de interpretar y juzgar lo que sucede ya que
buena parte de nuestros problemas comunicacionales se originan por debilidad en
nuestros juicios.

 La capacidad para intercambiar juicios es vital para la retroalimentación y esta es
clave para hacer mejor lo que hacemos y mejorar constantemente.

 La forma de hablar define la emoción del grupo y ésta, lo que puede alcanzar, su
desempeño; “la forma de hablar impacta en la emoción, y ésta, en el desempeño”






22


Conductas en la escucha
















 Dejar de hablar y dejar hablar

 Poner atención al contenido y forma de lo que se habla

 Identificar las emociones que acompañan el mensaje

 No basta con escuchar, es necesario demostrar que se escucha

SI NO

- Mirar a la cara
- Adecuada postura corporal
- Preguntas con sentido
- Expresión de interés
- Alentar a hablar

- Mirar otras cosas
- Hacer otras cosas mientras se
escucha
- Preguntar cosas ya dichas
- Ser inexpresivo


Saber escuchar significa
23
















La empatía es esencial para una buena comunicación conversacional

o Lograr ponerse en el lugar del otro

o Comprender lo que siente el otro

o Entender la lógica del mensaje


Significa tratar y tratar sin
cesar e ir así puliendo cada
vez más esta capacidad

La respuesta
empática en la
conversación
es un hábito que no
debería ser problemático
incorporar en nuestra
práctica comunicacional

-Reflejar una adecuada actitud de escucha

-Resumir con palabras propias lo que se
entendió que dijo el otro sobre el contenido
del mensaje o de emociones presentes
24

Dato interesante: “Los 10 Mandamientos de la comunicación efectiva”

 Piense con la cabeza antes de hablar con la boca
 Precise los objetivos que quiere lograr y la mejor estrategia para lograrlo
 Adapte lo que quiere decir al receptor y a la situación
 Seleccione el momento, el lugar y la forma oportuna y adecuada para el mensaje
 La forma en que diga algo es tan importante como lo que se dice
 Muéstrele al otro que tiene interés en lo que diga
 Evite expresiones que puedan dificultar el razonamiento y generar posiciones
defensivas
 Obtenga cierta retroalimentación del receptor, para asegurarse que el mensaje se
ha entendido bien
 Mantenga actitud de “escucha activa”, centre la atención en lo fundamental de lo
que se dice, trate de identificar el estado emocional del otro u otros
 Sea flexible, adapte su expresión y actitud a la situación que se genere en el
diálogo





El “Pecado Capital” de la comunicación: Es dar por supuesto que lo que se ha
oído es lo que se ha dicho


25

Elementos claves para accionar una nueva práctica de comunicación
conversacional

i. Legitimar-respetar al otro: actitud esencial para la escucha efectiva

Este aspecto se refiere a una actitud concreta; si no aceptamos al otro como un legítimo
otro, entonces el escuchar y la comunicación en sí será problemática ya que cada vez que
estemos frente a la persona con quién estamos conversando y que no vemos como otro
legítimo, existirá cierto rechazo con lo que indudablemente estamos frenando fuertemente
nuestra capacidad de escucha o para aprender a escuchar.

Cuando no lo aceptamos o no lo respetamos como otro legítimo, lo que usualmente
hacemos es actuar para que parezca que estamos escuchando lo que dice el otro, pero
en realidad nos estamos escuchando a nosotros mismos y escasamente a quién nos está
hablando, precisamente por esa falta de aceptación. Es una actitud que aflora en forma
automática.

Y aquí llegamos a un punto crucial en la perspectiva de aprender a escuchar: debemos
preguntarnos ¿qué nos puede llevar a aceptar o no la legitimidad del otro, vale decir, a
sentir o no respeto por lo que dice cuando lo escuchamos?, aclarando en todo caso que
no estamos hablando de un rechazo total y absoluto, sino de determinada falta de
aceptación que se puede dar en grado diverso según la persona y situación. La respuesta
no es complicada y todos la sabemos aunque muchos no están dispuestos a reconocerla
como tal: no sentimos respeto o no legitimamos cuando nos sentimos diferente al otro en
el sentido de creer que somos de alguna manera superiores. Cuando pensamos que no
está a nuestro nivel de manera que lo que puede decir es “cualquier cosa” o nada
interesante para uno, que podría valer el esfuerzo de escuchar.

La percepción de diferencia frente a otros, en algunas personas genera el sentimiento de
creer que son mejores a un nivel “más avanzado”, en el sentido que se sienten en
peldaño superior a otros, actitud que muchas veces está asociada a cuestiones de nivel
social, de formación profesional educacional, posición laboral, como también respecto a
su forma de hablar, de vestir, de comportarse socialmente, etc.
26

Pero aceptar la legitimidad del otro no es algo que uno pueda acomodar libremente según
la situación del momento sino que es una respuesta conductual directamente relacionado
al modelo mental y valores que uno porta, que determina cómo percibe vivencialmente lo
que ocurre.

En esto, como sabemos, hay modelos mentales más flexibles y abiertos frente a las
diferencias y hay otros rígidos que sencillamente tienen demasiado “atornillado” la validez
de lo que creen y la forma de ver y actuar con los demás.

De manera que para legitimar al otro uno necesita tener una idea de su propio modelo
mental (se indica en último tema de modelo mental de las personas), intentando dar una
profunda mirada interna respecto a la actitud que desplegamos frente a los demás, en el
sentido de tratar de ver qué tan “cargado” se está de sentidos discriminatorios frente a
personas diferentes a uno. Con esto no está sugiriendo a la persona tiene que luchar para
tratar de “renacer” ya que no se puede, al menos no por ahora, sino que detectar el tipo
de pre – juicios que uno tiene respecto a la forma de ser y lo que son otras personas
(nivel social, valores, conducta) que de alguna manera conducen a no aceptar al otro
como un legítimo otro y así resulta que el nivel de respeto es limitado, en consecuencia no
se tiene una capacidad de escucha plenamente abierta o efectiva.

Entonces llegamos a que tenemos una capacidad de escucha condicionada entre
aceptaciones y no aceptaciones respecto a las personas con quienes interactuamos,
debido a creencias y prejuicios que no permiten abrir la puerta mental hacia la aceptación
de diferencias entre “yo y el otro”, cuestión que termina obstruyendo el que uno pueda
colocase en la perspectiva del otro en actitud de escucha.

En suma, debemos partir detectando y trabajando intensamente sobre nuestras creencias
desde nuestros valores que se constituyen en pre-juicios que portamos, en el sentido que
nos permitan legitimar al otro independiente de las diferencias que él tenga respecto a
nuestra posición social, nuestras afinidades relacionales, nuestra orientación sexual, o lo
que somos profesionalmente, socialmente, o lo que sea. Es un requisito básico clave para
desarrollar una escucha y comunicación conversacional efectiva con los demás.

.
27

ii. Formas de ser “enemigo” de la escucha

Como poderoso enemigo interno de la escucha, observamos la autoestima inflada o
valoración de sí mismo desmedida, el ego elevado y la carencia de humildad y modestia.
Son características que se traducen en conductas soberbias y arrogantes, entre otras
actitudes que en definitiva limitan, obstruyen e inhabilitan comportacionalmente la
escucha.

Anteriormente hicimos una caracterización de las personas con este tipo de personalidad
que se consideran poseedores de la verdad en todo o casi todo de manera que escuchan
muy poco y viven dando consejos y emitiendo juicios tajantes. Existe un dicho en idioma
croata que expresa muy apropiadamente ese tipo de conducta de las personas “soliti
pamet” cuya traducción sería “salar inteligencia” (salar como el acto de colocar sal) y se
refiere a aquellas personas que viven dando enseñanzas a los demás ya que consideran
ser poseedores de amplia inteligencia o sabiduría.

En definitiva, se trata de una actitud conductual de personas que piensan que no tienen
nada o casi nada que aprender de los otros ya que lo saben todo o casi todo, y en esto la
edad como que no importa ya que se manifiesta en personas de diferente generación:
jóvenes y más maduros. Es una caracterización extrema, hay personas que están
literalmente en el extremo mismo y otras tienen menos acentuado en su actuar esta forma
de ser, por tanto se da en grado y matiz diverso en las personas. Cada uno debería
intentar averiguar en qué grado está. Para obtener una idea objetiva o lo más objetiva
posible, esta averiguación conviene hacerla consultando a diversas personas que
interactúan con uno.

Ahora lo que interesa destacar, es que esta forma de ser es un comportamiento bastante
más generalizado de lo que uno imagina y se encuentra “en crecimiento” en el actuar de
las personas, motivado o alimentado por el extendido concepto -desde hace años en
circulación y se puede decir se ha convertido en un paradigma moderno- que mas menos
plantea que para desempeños de alto rendimiento hay que demostrar liderazgo
competitivo en todo, sea uno jefe o no, y eso se interpreta en que hay que reflejar firme
seguridad de postura y verbal frente a los demás.
28

De manera que se debe demostrar como sea y constantemente que se tiene una muy
inteligente opinión hablando más de lo que escucha y además preferentemente artillado
de afirmaciones y menos de opiniones reflexivas ya que estas quizá se podrían interpretar
como inseguridad de conocimientos, y por supuesto hacer mínimo de preguntas ya que
también es mal visto en el rol del competitivo. Lo que está primando es un asunto de
imagen hacia uno y frente a los demás.

La consecuencia de este tipo de comportamiento en la relación comunicacional pienso
que es clara o debería serlo; la capacidad de escucha no solo es reducida sino que
además no tiene espacio de mejoría o auto-desarrollo individual ya que en forma
consciente o inconsciente la persona sencillamente bloquea su escucha efectiva sobre lo
que dice el otro dado que “todo lo sabe y entiende” de antemano.

En esa situación, es bastante frecuente la práctica que durante la conversación se tiende
hacer “esperas silenciosas de buena educación” mientras el otro habla para decir lo que
quiere decir, pero se hace esto con el oído cerrado sin siquiera hacer un esfuerzo para
tratar de entender la perspectiva del otro sobre lo que está hablando. Lo más interesante
de esto es que el oyente con su silencio sin escucha efectiva alguna está convencido que
su manejo conversacional es excelente, incuestionable. Y ahí no más queda el asunto.

En la relación jefe–subalterno, se da recurrentemente el comportamiento que aquel
supone que todo lo que dice es muy claro y acertado sin detenerse ni un minuto a pensar
en cómo ha interpretado el mensaje quién escucha. En realidad está concentrado en lo
que está hablando y no en escuchar. Esa actitud la denomino “soberbia parlante” del jefe,
y es una práctica sumamente extendida llegando a transformarse en un hábito que se ha
incorporado en la forma de ser de un alto número de gerentes y niveles de mando.

Lo más grave es que se trata de un tipo de comportamiento que se autoalimenta sin cesar
con la creencia masiva que existe en cuanto actitud de liderazgo competitivo que hay
demostrar constantemente, como mencionamos más arriba, de manera que la cultura
laboral actual estaría motivando y hasta promocionando este tipo de comportamiento. Es
un círculo vicioso que se retroalimenta constantemente y en forma fácil ya que no se
cuestiona.
29

Con relación al egocentrismo, en psicología, egocentrismo es la característica que define
a una persona que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que
las de los demás. Es una barrera psicológica que impide a la persona comportarse
teniendo en cuenta a los demás y su manifestación conversacional más típica es el
constante “yoismo”, cuestión que se expresa no solo en el hecho que no deja hablar al
otro sino que básicamente se concentra en lo que a él le interesa decir pensando además
que está transmitiendo muy bien lo que quiere decir, con expresiones constantes de auto-
propaganda.

Es decir, se considera muy bueno en esto y lo otro y lo verbaliza claramente, también en
las situaciones que comenta (de trabajo o social) las describe de manera tal que siempre
tiene un rol o comportamiento entre genial a inédito que refleja autoadmiración y
supuestamente debería resultar admirable por quién lo escucha. Es obvio que resulta una
forma de ser claramente tediosa, anti empática comunicacionalmente, por lo mismo su
capacidad de escucha y para desarrollar una comunicación efectiva es muy limitada o
prácticamente nula, ya que el foco de atención está principalmente en él, en lo que le
ocurre y cómo le ocurre.

En suma; ¿qué se recomienda para desarrollar la escucha efectiva? reforzando lo ya
dicho al respecto, de partida hacer una profunda auto evaluación respecto a
inseguridades, intolerancias, dosis de soberbia y hasta egocentrismo personal que uno
tiene que lo llevan a hablar más y escuchar menos, cosa no fácil pero es lo primero, y de
ahí concentrar la fuerza interna en auto-estimular una forma empática de comportamiento,
asumir una actitud sencilla, pero no porque sí, sino que entendiendo la gran fuerza que
tiene la humildad para el desarrollo personal.

En todo caso se trata de un proceso individual que toma tiempo y no fácil para muchos,
en especial para aquellos que tienen bastante arraigado en su forma de ser conductas
arrogantes y con mucho “yoismo”. Para eso la pregunta que cada uno se debe hacer o
sería prudente que se hiciera, es la siguiente: ¿cómo estoy yo al respecto? La respuesta
dirá el tiempo que cada uno precisa para mejorar en ese sentido. Aquí los autoengaños
no sirven para nada, como resulta obvio, al menos debería serlo aplicando un mínimo de
sentido lógico de que se trata de una mirada interna que debería brindarnos un mejor
conocimiento personal.
30

iii. Detectar el estado emocional propio y ajeno en la conversación

El factor emocional de las personas sin duda que es un asunto de primer orden en tanto
las emociones comandan nuestro actuar, la forma como reaccionamos en la situación. Es
por eso que para desarrollar una comunicación efectiva, necesariamente, en rigor
obligatoriamente, debemos colocar atención y fijarnos lo mejor posible en qué estado
emocional estamos al momento de la conversación y el estado emocional del otro.

Se trata de una cuestión fundamental en la interacción humana ya que condiciona más de
lo que uno cree el ambiente y la realidad que se genera del momento comunicacional;
podemos decir que en ese momento hay un intercambio de emociones que imprimen un
sello no siempre controlable de lo que ocurre durante y al final de la conversación. Es algo
que todos sabemos pero que no siempre tenemos presente activamente.

Si por alguna razón sucede que estoy de mal humor, seguramente no estaré en
condiciones para sostener adecuadamente cierto tipo de conversaciones y menos para
tener buena capacidad de escucha del otro. Lo mismo si estoy deprimido o estresado por
algo, sin duda que mi capacidad conversacional se verá afectada, la concentración estará
en otra parte.

Igual ocurre al interlocutor; su estado emocional al momento de la conversación en
medida importante determinara no solo su forma de expresarse sino que también si estará
más abierto o más cerrado a decir lo que realmente quiere comunicar.

De manera que el estado emocional nos puede ampliar o reducir nuestra capacidad de
expresar lo que realmente deseamos comunicar en una conversación. Por lo mismo, si
nos proponemos escuchar de manera efectiva deberemos habituarnos a observar nuestro
propio estado emocional y luego o al mismo tiempo el estado emocional con quién
conversamos. Pero el asunto no termina ahí; el desarrollo de la conversación misma está
constantemente generando cambios de estados emocionales en uno y los participantes.

Según el tipo de conversación se generan distintos estados emocionales y hay que estar
atento a lo que está ocurriendo en este sentido en uno y en el otro.
31

Una forma de darse cuenta del estado emocional ajeno se refleja a través de la forma en
que están hablando (tranquila, ansiosa, agresiva, alegre, etc.) y también observando los
movimientos y posturas corporales.

En todo caso, darse cuenta del estado emocional circulante en una conversación no es
una práctica desconocida, muy por el contrario, en mayor o menor medida todos perciben
y se forman una impresión del estado emocional existente en el momento comunicacional,
en especial el género femenino. Tema aparte es que tan bien lo hacen; hay personas más
fuertes y otras más débiles para interpretar adecuadamente las emociones circundantes
que se están desenvolviendo, pero todos hacen lectura de ello.

En esto de capacidad interpretativa o de lectura de las emociones, sucede que hay
personas que se consideran ser estupendos lectores de emociones de los otros y en
realidad no lo son, mientras que otras personas que no consideran poseer esa capacidad
resulta que son macanudos en esto.

¿Cómo saber la capacidad interpretativa de uno? primero que nada desprenderse de
elementos de excesiva auto seguridad en esto y en su lugar incorporar humildad y de ahí
empezar a someter bajo una mirada crítica las experiencias pasadas respecto al grado de
acierto o equivocación que uno ha tenido al juzgar las emociones de personas con las
cuales se ha relacionado.

El problema en esto salta a la vista; ¿cómo determinar los aciertos y los no
aciertos?...esta cuestión es un tema en sí, pero pienso que una buena forma es intentar
clasificar las experiencias pasadas en cuanto asertividad de lectura de emociones de
otros guiándose por la frase que dice: “las personas no se juzgan por lo que dicen ser sino
que por sus actos”.

En otras palabras, comparar lo que uno pensó al principio sobre determinada persona y
luego hacer un recuento con lo que fueron sus actos concretos tanto en la relación con
uno como con otros que sea de conocimiento de uno, pero en forma lo más fría posible
sin entrar mentalmente a justificar actitudes y conductas pensadas versus reales,
efectivas.

32

iv. El factor confianza y credibilidad entre las partes

En el contexto de nuestro tema, la confianza se relaciona a las características que de
cada uno perciben los otros y uno hacia ellos en cuestiones de capacidad profesional,
honradez, sinceridad, puntualidad, cumplimiento, transparencia, criterio en general,
manejo de conflictos, capacidad de reacción, y otros aspectos que en definitiva se
asocian directamente al grado de credibilidad que produce lo que se dice por parte de
quienes interactúan escuchando y hablando.

Cuando no existe confianza entre las personas (relativa o absoluta) las palabras no son
creíbles. Si uno no tiene confianza en el otro o el otro no tiene confianza en uno se ve
afectado fuertemente la credibilidad de lo que escuchamos y de lo que decimos. Las
palabras fácilmente se distorsionan en cualquier dirección y la conversación termina
siendo un paseo sin mayor sentido.

Ahora la confianza es algo que se construye o destruye a través de actitudes y conductas
que generan percepciones en ambas direcciones que se van acumulando y posesionando
en imágenes sobre la persona, que usualmente se tiende a “etiquetar” en forma
consciente o inconsciente en nuestra mentes; responsable, incumplido, conflictivo, mal
profesional, buen experto, honrado, etc.

En esto el problema es que cuando incorporamos una “etiqueta” de otro en nuestra mente
cuesta bastante “sacarla” o modificarla. En realidad se convierte en problema para la
comunicación y escucha efectiva cuando se trata de personas con las cuales nos
relacionamos en el trabajo o son parte de nuestra vida familiar o social cercana.

En el trabajo, por ejemplo, la etiqueta puede energizar u obstruir la relación
comunicacional jefe – subalterno en ambos sentidos; si el jefe tiene la “etiqueta” de una
persona justa, correcta, trabajadora, etc. habrá comunicación efectiva grupal, si por el
contrario tiene la etiqueta de dictatorial, injusto, etc. muy difícilmente podrá haber una
buena comunicación. Lo mismo ocurre con el efecto positivo o negativo que puede tener
la etiqueta frente a pares, colegas y subalternos. De manera que las confianzas sí se ven
afectadas por la imagen etiqueta en la relación grupal. Por eso es algo que se debe tener
cuidado.
33

v. El manejo de afirmaciones y opiniones en la conversación

Esto es algo donde mayormente las personas no se manejan bien conversacionalmente
en tanto priman las afirmaciones y escasean las opiniones. La forma en que uno dice lo
que dice, sin duda que es un elemento relevante para la efectividad comunicacional y en
esto el manejo verbal de lo que es una afirmación y lo que es una opinión juega un rol
relevante, por el efecto que tiene en el otro y en el ambiente que se genera.

Las afirmaciones pueden ser verdaderas o falsas, pero se trata de una comunicación de
algo que supuestamente existe una prueba o evidencia indiscutible o difícilmente
cuestionable o de algo que es verificable y/o que estaríamos dispuestos a dar la evidencia
o la fuente que hace de respaldo objetivo de lo que estamos diciendo.

Mientras que las opiniones representan un juicio propio que se emite sobre algo y como
tal son discrepables. Independiente de los argumentos que se puedan esgrimir para
sustentar la opinión emitida, en esencia se trata de comunicar algo en forma que queda
claro que es desde la perspectiva particular de uno.

La afirmación tiene el defecto que no deja espacio para la reflexión, y como tal abre un
campo de incomodidad en quién escucha cuando no está de acuerdo que puede derivar
en enfrentamiento conversacional y/o afectar de diversa forma la emocionalidad de las
personas que participan del diálogo. Se entiende que nos referimos a cuestiones de
percepción relativa que no cuentan con evidencia objetiva, sino que en definitiva
constituyen un punto de vista que puede ser cierto o no, o que puede o no ser compartido
por el otro.

Mientras que la opinión, que como tal es discrepable, cuando se verbaliza mediante
expresiones “me parece que…” “pienso que…” “en mi opinión…” y similares, es una
forma conversacional que permite fluidez de dialogo y no entra a chocar con la
emocionalidad del otro u otros. Como resulta evidente, una comunicación puede ser
bastante más productiva y efectiva si la plataforma conversacional que se lleva a cabo
contiene más opiniones que afirmaciones. Desarrollar este hábito conversacional no
debería ser algo complicado ni difícil, consiste en proponerse empezar a emplear formas
verbales relativas, no absolutas.
34

vi. Desacuerdos en la conversación

Este aspecto, si bien no se ubica dentro de los elementos que identifico como de primer
orden, creo importante tenerlo presente en nuestra comunicación conversacional. El
asunto es que, producto de nuestra cultura heredada e idiosincrasia, manejamos
mayormente el convencimiento que para tener una buena comunicación supuestamente
debemos estar de acuerdo con lo que conversamos con quienes hablamos ya que, sino
es así, se piensa, entonces no está transcurriendo una adecuada conversación.

Es así como habituamos más a decir “si claro…” y mover afirmativamente la cabeza en
cuestiones que claramente estamos en desacuerdo con lo que estamos escuchando y
menos a llegar y manifestar no estar de acuerdo. Ello debido a que tenemos la creencia
que lo primero es síntoma de buen dialogo mientras que lo segundo no es bienvenido ya
que la actual modalidad conversacional lo tilda como una no buena conversa. De esta
manera en nuestro subconsciente –en mayor o menor medida entre las personas- se ha
afianzado el lema “viva la hipocresía, muera la sinceridad” en la práctica conversacional,
independiente que mayormente las personas niegan esto.

Resulta interesante ver, por ejemplo, entrevistas a políticos quienes por lo general no
dicen directamente no estar de acuerdo con algo que no lo están, sino que dan un par de
vueltas de baile verbal para expresar su desacuerdo, costumbre que alimenta la
idiosincrasia cultural de no decir “no estoy de acuerdo”.

En el trabajo este asunto es más marcado ya que frente a lo que dice el jefe decir no estar
de acuerdo no solo puede ser peligroso sino que hasta se interpreta como desubicado.
Evidentemente que se trata de un hábito por mejorar, no porque sí sino para enriquecer la
efectividad-calidad conversacional en uno con los otros. Hay que aprender a decir no
estoy de acuerdo cuando no lo estamos, no en forma cruda que pueda generar un mal
clima conversacional, sino que usando expresiones que no causan molestias “respeto lo
que dices pero no lo comparto” y de ese tipo.

Más adelante, las pautas para emitir y recibir juicios críticos, tenemos elementos de
manejo de este aspecto, en realidad, para aprender en esta actitud tan importante para
todos.
35

vii. El intercambio de juicios y la retroalimentación

Para abordar bajo una mirada nutritiva esto de los juicios críticos, pienso que es preciso
partir estableciendo una diferenciación necesaria: el juicio crítico es una actitud que se
construye o existe en la persona a partir de la capacidad que tiene de mirada crítica de
sucesos y situaciones relacionales entre las personas. Es decir, el “fondo” o la base de la
actitud en sí, está en el grado de observación crítica que se tiene o que no se tiene, en
general, sobre lo que ocurre alrededor de uno, mientras que la acción del juicio crítico que
se manifiesta a través de la comunicación conversacional, viene a ser la “forma” de
expresión de la actitud.

De manera que no creo se llegue a mucho intentando formar capacidad de manejo de
juicios críticos (emitir-recibir) a personas que en su actitud no saben observar de manera
crítica lo que sucede donde se desenvuelven: sería como intentar predicar verbalmente a
sordos. Entonces, antes de entrar en el manejo de juicios críticos, que sería la acción de
forma, necesariamente cada uno debería analizar cómo está en la cuestión de fondo: su
capacidad de observación crítica de situaciones y relaciones con personas. Digo esto ya
que no son pocas las personas que sencillamente padecen de incapacidad para
cuestionar lo cuestionable, aunque sea evidente y palpable. Algunas porque les resulta
estresante, de manera que evitan el cuestionamiento sea como sea, otras porque
mentalmente tienen incorporado el hábito de justificar hasta lo injustificable.

Ahora yendo a nuestro punto, tenemos que para la calidad del desempeño grupal y
resultados del funcionamiento organizacional en su conjunto –que en definitiva expresan
el nivel de competitividad de la organización- la retroalimentación juega un rol de primer
orden, entendiendo por retroalimentación todas las respuestas e intercambio de opiniones
de otros a una comunicación inicial de uno, capaces de ser usadas de manera productiva
por uno mismo y por todos en lo sucesivo.

En el trabajo en equipo, el Intercambio de juicios u opiniones es el medio esencial para se
produzca la retroalimentación. Por lógica, es la manera más efectiva para detectar cómo
se están haciendo las cosas y qué se está haciendo mal qué hay que mejorar: analizar las
acciones ocurridas en función a las acciones futuras para definir desempeño sucesivo.
36

Entonces es evidente que la retroalimentación, per vista como intercambio de juicios
críticos y no mediante opiniones complacientes, es un componente fundamental clave
para el aprendizaje individual y colectivo a partir de los aciertos y errores, ya que es sobre
este aprendizaje como se logra mejorar lo que se hace, es el aprendizaje organizacional
lo que permite desarrollar valor agregado (innovación tecnológica, efectivizar sistemas y
procesos de trabajo, etc.), en suma, ser competitivo sin cesar que en definitiva es la
aspiración de toda organización en el mundo actual.

De manera que la retroalimentación operativa directa, que es la más efectiva en primera
instancia (luego siguen los papeles de lo acordado), es una cuestión que va de la mano
con el intercambio de juicios u opiniones. Pero intercambiar juicios no es un asunto fácil,
en especial cuando se trata de juicios críticos, es decir, verbalizar lo que no se hace bien.

La forma de intercambiar juicios influye en las personas de varias maneras:

o Influye en la emocionalidad del grupo y su disposición al trabajo
o Influye en la calidad de las relaciones interpersonales
o Influye en las confianzas entre los miembros del equipo
o Influye en el nivel de apertura mental frente al aprendizaje

La forma de intercambiar juicios críticos entre los miembros de un equipo es algo delicado
y sensible por el efecto que tiene en la actitud receptiva que luego se traduce en el
desempeño de las personas en la organización. La actitud se combina con determinada
conducta mediante procesos mentales complejos y hasta ahora poco entendibles.

Con ese abanico de influencias, es claro que entra a condicionar, más de lo que a simple
vista parece, el “motor accionar” de la conducta de las personas en cuanto motivación y
compromiso que marca la disposición hacia el desempeño, es decir, cómo hacen lo que
hacen. La emocionalidad, las relaciones interpersonales, las confianzas, entre otros, son
elementos claves en la actitud comportacional de las personas. Pero el intercambio de
juicios críticos no es nada de sencillo, desde el hecho que por lo general nos resistimos a
la crítica. La primera reacción suele ser defensiva, no nos gusta sentirnos cuestionados,
no podemos evitar sentirnos molestos y hasta ofendidos.

37

En forma consciente o inconsciente tratamos de no sentirnos culpables de algo.
Buscamos formas para explicar y justificar lo que no hemos hecho bien independiente que
tenemos claro de nuestro error o “metida de pata”, desarrollamos múltiples mecanismos
para evitar la crítica, para eludir lo que nos corresponde, usamos todo tipo de argumentos
para escapar de la crítica sin importar sin importar si las razones que esgrimimos tienen o
no sentido lógico o que tanto fundamento real tienen. Es parte de nuestra cultura
heredada, de nuestra forma de ser. No es nada de fácil encontrar personas que no les
moleste la crítica.

El problema “grueso” se produce cuando las actitudes defensivas son compartidas por
todos los integrantes del equipo; cada uno apunta su dedo hacia fuera y reacciona
defensivamente cuando alguien apunta el dedo hacia él: en esa situación, nadie termina
haciéndose cargo de nada. Con una actitud grupal así, no sólo se ve afectado
negativamente el aprendizaje individual de los miembros del equipo, sino que se frena la
posibilidad de aprendizaje de la organización en su conjunto, limitando su capacidad de
reacción, de mejoramiento respecto a lo que no se está haciendo bien, de lograr sinergia
relacional, entre otros efectos negativos que todos fácilmente se pueden imaginar.

Como resulta evidente, es un serio obstáculo hacia el avance si consideramos que la
principal fuente energética para mejorar continuamente como equipo, como organización
surge precisamente del interés de hacerse cargo de lo que no funciona, de las
insuficiencias que evidencia el desempeño. En consecuencia, si las posibilidades de
intercambiar juicios críticos está limitada, también está limitada la retroalimentación como
capacidad organizacional de aprender para mejorar lo que se hace y cómo se hace.

Por último, de manera general se puede decir que la forma de intercambiar juicios críticos
es un comportamiento de las personas asociado a la idiosincrasia relacional
conversacional del país (cuestión sobre la cual hablo más abajo respecto a los chilenos) y
en las organizaciones, depende de su cultura interna: existen organizaciones que han
sabido implementar buenas prácticas en este sentido, privadas casi por regla, y otras
donde los juicios críticos son una dimensión desconocida que a nadie siquiera interesa
abordar como tema ya que la comunicación flota tranquila en el no cuestionamiento (org.
públicas).

38

viii. La acción de emitir y recibir juicios críticos entre las personas

Sin olvidar lo dicho respecto a lo de fondo y de forma de los juicios críticos, se puede
afirmar que el intercambiar juicios críticos en forma adecuada es todo un arte el asunto,
donde es notable la escasez de personas con este don. Por adecuada me refiero a la
acción de emitir y recibir juicios críticos en buena forma o de manera apropiada en el
sentido que no genere un momento emocional difícil en la persona que lo emite o que lo
recibe, sino que resulte un momento comunicacional aceptado y productivo para los
involucrados.

Hay personas que saben desenvolverse muy bien tanto emitiendo juicios críticos en su
relación comunicacional y también saben escuchar cuando reciben un juicio crítico pero
no son muchos, la gran mayoría no sabe o padece de falencias en el manejo de esta
dimensión de la relación interpersonal, como todos sabemos por lo demás. Es toda una
destreza que pocos la tienen en su actitud y relación e interacción con los demás.

La razón de ello no es complicado focalizar: básicamente se debe a que culturalmente no
hemos sido preparados en esa dimensión de la comunicación interpersonal. Por
preparación cultural me refiero a nuestra cultura heredada que tiene fuerte influencia
católica-cristiana, según la cual se nace con la culpa del pecado original. La culpa no nos
agrada, de hecho, nos desagrada.

En realidad hemos sido formados para que nos cause una molestia emocional, y ello
desde muy pequeños cuando se nos reñía por hacer alguna desobediencia en forma tal
que nos hacía malos hijos o malos niños, sin sopesar la inocencia de la edad: la crítica
era sinónimo casi de la maldad misma por la manera que se formulaba. Luego en nuestra
temprana educación el juicio crítico era una cuestión dificultosa, nada de fácil, ya que se
producía por algún incumplimiento de nuestra obligación estudiantil o mala conducta
grupal, y generalmente el regaño se recibía por partida doble; en el colegio y en casa.

En la formación superior o cuando se dejaba de ser niño y se llegaba a la mayoría de
edad, el juicio crítico seguía siendo algo de manejo problemático, con sabor a culpa, por
tanto había que tratar de evitar.

39

De ahí en adelante, en el relacionamiento e interacción familiar, social, laboral, por lo
general la forma conductual mandante en el comportamiento de las personas respecto a
juicios críticos, consiste en buscar siempre la manera cómo evitarlos o hacerle el quite ya
que son un momento molestoso, que supuestamente conduce a conflictos, que hiere a los
demás, de manera que un comportamiento relacional inteligente significa obviarlos o
hacerle el quite. Y en eso de evitarlos sí que abundan los expertos en manejo
comunicacional. Expertos sumamente habilosos conversacionalmente en no reconocer lo
que claramente se debería reconocer independiente que haya una evidencia contundente
para emitir una autocrítica o una mirada crítica de lo que ocurre.

Donde usualmente podemos ver un diestro manejo para eludir críticas a errores
cometidos o algo mal hecho, es cuando hablan públicamente los políticos justificando o
defendiendo su postura o la de su partido. Resulta impresionante ver cómo juegan y
distorsionan las palabras, para sacarse “el bulto” de encima y girar el dedo de la culpa o
crítica hacia otra dirección y no hacia el mismo sin pudor o manifestación alguna de
vergüenza.

Una técnica que usan muchos políticos cuando son entrevistados, según he podido
observar, consiste sencillamente en no responder una pregunta cuando se refiere a algo
cuestionable hacia él o su partido sino que responden directamente otra cosa, sin importar
mucho que el escuchante pueda sentir que lo están tomando por tonto, por decir algo, ya
que claramente no está respondiendo la pregunta hecha.

La idiosincrasia conversacional chilena con relación a manejo de juicios críticos: es
una situación que vale la pena mencionar a fin de que el lector agudice la observación de
su entorno particular, cuestión que hare únicamente desde la manifestación de la
conducta relacional de las personas, sin entrar a intentar explicar la razón o motivos de la
misma, ya que eso es tema aparte que da para un análisis de otro tipo. Según lo que se
puede ver, la forma de dialogo que mayormente practican los chilenos es un promotor
fuerte para que la gente no sepa manejarse con juicios críticos. Digo los chilenos, siendo
que también lo soy, debido a que radique como 18 años en Europa y luego durante unos
12 años en varios países de América Latina, circunstancia que me ha permitido observar
desde una óptica de “afuera” el comportamiento de la gente de mi país.
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Resulta que parte de la cultura conversacional que comúnmente se maneja en Chile tiene
como costumbre - ampliamente aceptada y además muy valorada por todos - hablar
siempre “en positivo” en todo tipo de cuestiones criticables o que merecen una opinión
crítica, nunca en términos críticos directos aunque el asunto no sea nada grave y
claramente amerite una expresión de crítica inequívoca. Eso sería hablar “en negativo” y
así no está bien.

Evitar la expresión crítica es la forma relacional mandante. Tanto así, que en la forma
comunicacional interpersonal de los chilenos resulta un verdadero exabrupto o hasta
grosero decir algo medio crítico en forma directa de lo que uno piensa del otro o sobre
algo que han hecho o dejado de hacer otros.

En las relaciones de trabajo, en especial en el sector público chileno, decir algo crítico
laboral en forma directa, vale decir no “en positivo”, viene a ser como el octavo pecado
capital, aunque lo que no se haya hecho bien sea expuesto en forma verbal
absolutamente profesional: igual para que sea aceptable por el resto, se debe decir
acorde a la línea de lo positivo, jamás en términos críticos claros y directos. Cuando la
expresión crítica es precisa y directa, entonces esa persona se clasifica o como poco
empática o que no tiene buen manejo de la inteligencia emocional, término de moda
desde hace años en variados círculos chilenos. De hecho, son bastante escasos los
círculos sociales donde uno puede llegar y decir las cosas tal cual son sin aplicar “guante
blanco”.

En el sector privado también está presente este tipo de manejo conversacional, no podría
no estarlo además ya que es parte del ADN de los chilenos, pero en intensidad
controlada ya que hay que estar compitiendo en el mercado y eso significa que hay que
identificar y solucionar rápido lo que no se hace bien ya que hay que lograr vender para
obtener ingresos.

En el relacionamiento social, cuando se incurre en ese “error” conversacional
(supuestamente un exabrupto verbal) emitiendo una crítica directa, siempre está el amigo
para justificar rápidamente la opinión “deslenguada” dicha por uno, que además aparece
sin que uno lo desee, indicando al otro o a los demás que “él no es así, sino que anda con
problemas” o algo por el estilo.
41

Hasta aquí uno podría preguntarse ¿cuál es el problema en ello?

En la vida privada, el hábito de “todo en positivo” no constituye un problema cuando todos
son así, y como mayormente así son, entonces nada que decir. Pero en lo laboral, en las
relaciones de trabajo, esta forma de hablar sí representa un problema: le resta en medida
no menor efectividad a la parte más importante de la comunicación relacional que es la
retroalimentación, vista como mejora constante de lo que se hace. Y para mejorar lo que
se hace, lógicamente, hay que detectar qué no se está haciendo bien o no se hace según
lo esperado. Necesariamente tiene que haber sinergia proactiva entre las personas.

Entonces ¿cómo mejorar lo que no se hace bien si todos andan hablando “en positivo”? y
no se habla de los problemas o deficiencias tal cual son mediante juicios críticos claros e
inequívocos. Y no solo eso: cuando los gerentes y jefaturas piden más participación
proactiva y alguien se le ocurre decir un juicio crítico en forma directa, queda como
“desubicado” o se tilda hasta con problemas de carácter. Suena paradójico pero es así.

Por otra parte, esta actitud de hablar “todo en positivo” obstaculiza la eficacia
conversacional en el sentido que lo que se podría decir en una determinada unidad de
tiempo se dice en el doble o triple (recordemos que el tiempo es la única “inversión” que
nunca se recupera) desde el hecho que en lugar de indicar directamente una observación
crítica “esto está mal por esto y se debería arreglar en concreto así”, se dice “está bien,
pero pienso que se podría ajustar esto no porque esté mal sino que todo es mejorable…”
y así tantas expresiones más de ese estilo, que finalmente solo consiguen dilatar
artificialmente la conversa con lo que termina siendo inefectivo para todos.

Pero la gente no lo ve así, por eso para hablar “todo en positivo” están bien dotados de
buena variedad de sinónimos, palabras y expresiones alternativas a través de las cuales
se logra eludir decir cualquier cosa criticable tal cual es, y están todos convencidos que
hablan muy bien al no emitir opiniones críticas directas o nada “en negativo” que sería el
juicio crítico por su nombre. Esta conducta relacional además motiva comportamientos y
hábitos conversacionales directamente hipócritas, como resulta obvio. Pero como se trata
de una hipocresía justificada por las buenas relaciones, entonces no es cuestionada sino
que socialmente aceptada sin mayor reparo.

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Si deseamos tener razones comparativas para entender que la comunicación clara, no
ambigua, de lo que no funciona bien no solo es necesaria sino que vital en general para
hacer bien en lo sucesivo lo que no se ha hecho bien, pensemos en la forma
conversacional que se maneja en USA y en los países Desarrollados del viejo continente:
las cosas que no funcionan bien se dicen tal cual son, sin mayor vuelta verbal. Por su
forma conversacional son bastante más efectivos en la retroalimentación y así han
logrado, entre otros factores se entiende, hacer cada vez mejor lo que hacen en todo tipo
de cosas, vale decir, ser Desarrollados.

Hace un tiempo tuve una conversación con una persona que se traslado a temprana edad
a USA (7 años) junto con sus padres y al cabo de 13 años regreso a Chile y se colocó a
estudiar en la Universidad: me decía que al principio tuvo muchos problemas con sus
conocidos y amigos precisamente debido a que venía con la costumbre de emitir juicios
críticos en forma clara y directa, y que sencillamente no entendía por qué lo rechazaban
por estar siendo sincero y claro verbalmente.

Este tipo de consulta, me refiero a forma de manejo de juicios críticos, también la he
realizado a diversas personas de Francia, España, Finlandia, USA, Dinamarca, Alemania,
Inglaterra, Italia y Polonia que he tenido oportunidad de conocer en este último tiempo, a
fin de actualizar mi percepción traída de hace años de Europa, y todos por regla y sin
dudarlo me indicaban que en sus países los juicios críticos se emiten en términos claros y
directos, tal cual son, sin búsqueda de “aditivos” para suavizar o minimizar la opinión
crítica. Esto asociado a la retroalimentación es un elemento no menor: lingüísticamente
tienen como hábito hablar en forma clara lo que no funciona y por qué no funciona.

Por último, recuerdo algo que leí sobre la retroalimentación israelita donde decía que el
mayor esfuerzo analítico comunicacional de trabajo en equipo, lo dedicaban a detectar en
detalle lo que no funcionaba bien: mientras más errores lograban identificar, mejor. Lo
bueno claro que se reconoce, pero como parte de lo esperado o lo que debe ser, de
manera que el énfasis no está en eso. Es interesante saber esto ya nadie puede negar los
logros tecnológicos de Israel, producto de sus personas, independiente de lo que se
piense sobre su manejo político militar con respecto a los Palestinos, o sobre su Gobierno
o sobre lo que son como nación.

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El manejo de juicios críticos es un asunto que debemos ocuparnos constantemente

Pienso que mayormente existe acuerdo en que en el desenvolvimiento de relaciones
conversacionales la presencia de opiniones críticas es algo muchas veces inevitable.
También respecto al hecho que los seres humanos no somos simples porque nos
relacionamos a partir de nuestras emociones y las palabras tienen un efecto no menor en
la emocionalidad.

En consecuencia, viene a ser una habilidad relacional fundamental, en toda situación
realmente, tener buen manejo del uso de juicios críticos ya que siempre tendrán presencia
comunicacional en la interacción humana.

Con ese propósito precisamente, de desarrollar esta habilidad comunicacional, se
presentan las pautas para emitir y recibir juicios críticos, que su “creador” Rafael
Echeverría, llama decálogo. Me parecen apropiadas para autoformar esta capacidad,
enfatizando sí que el trabajo grueso está en partir haciendo una revisión interna de sí
mismo dirigido a observar la forma de ser de uno (actitudes, conductas heredadas y
adquiridas por la vida).

De manera que la primera auto-tarea personal que uno se debería imponer, es identificar
lo que hay que cambiar o ajustar en la manera de relacionamiento conversacional que
sostiene uno con los demás, en especial lo que refiere a soberbia, mal genio, hablar
mucho y escuchar poco, no legitimar-respetar al otro como tal, y otras cuestiones del
comportamiento que directa o indirectamente impiden el poder tener un buen manejo en
esta dimensión comunicacional.

Un aspecto clave para saber manejarse en los juicios críticos, es lograr identificar en
forma muy realista las falencias personales que uno tiene en su forma conversacional con
otros, en el sentido que si uno no tiene la capacidad de ser crítico con uno mismo, bien
difícil puede lograr ser escuchado por otros en cuestiones de opiniones críticas. De
manera que sin una auto-revisión e identificación de lo que uno debe cambiar, esas
pautas quedaran como un mero conocimiento de paso que no se llevara a la acción, y en
definitiva no tendrán mayor efecto productivo en la forma de ser comunicacionalmente.
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Y la idea es mejorar en esto, que claramente no es algo sencillo, pero tampoco tan difícil
ni menos “misión imposible” o algo que no se pueda lograr. Finalmente depende del
empeño que cada uno coloque.

Personalmente conocí varios casos de personas que lograron mejorar este aspecto de su
comunicación con los demás y ninguno se podría catalogar de un ejemplo de disciplina.
Pero lograron cambios relevantes en su forma conversacional.

Las pautas (o decálogo, según su autor R. Echeverría) que se presentan no pretenden ser
un recetario rígido. Es mejor observarlas como un conjunto de elementos de tipo marco
referencial dirigido a expandir la capacidad de manejo de juicios críticos que, si en buena
medida logramos llevar a la práctica, debería permitir apertura de escucha del otro cuando
recibe de parte de uno un juicio crítico y de uno cuando de otro recibe un juicio crítico.

Cada uno debe establecer su propia modalidad auto-formativa para mejorar en esto,
entendiendo que no hay recetarios mágicos que puedan cubrir la infinidad de
posibilidades durante diálogos donde se ventilan problemas y críticas.

Pero me atrevo a recomendar partir por cambiar, buscando una manera entretenida de
hacerlo, el hábito de emplear aquel tipo de expresiones como ser “ya te lo dije” “acaso no
fui claro” “es que vivo repitiendo lo mismo” “cuantas veces tengo que explicarte” y
similares que no solo hacen sentir “tonto” al otro sino que también causan molestia en su
emocionalidad y así se cierra a la escucha.

Al final, luego de las pautas que siguen, incluyo dos cuadros diseñados como herramienta
de apoyo para impulsar una “Práctica individual dirigida a formar la capacidad de emitir y
recibir juicios críticos”. Espero resulten útiles. Deberían serlo si se aplica empeño real.





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ix. Pautas para emitir juicios críticos


1. Preparar el entorno y la emocionalidad propia: evaluar si el lugar y momento en el
que vamos a sostener esa conversación es el mejor para ambos. Es necesario
asegurarnos que estemos relajados y con una emocionalidad adecuada, ya que se trata
de una tarea delicada que puede afectar la sensibilidad del otro.

2. Generar un contexto adecuado para lo que vendrá: explicar el propósito de la
conversación (por ejemplo; mejorar sistema de trabajo, evaluar resultados, mejorar
relaciones entre el equipo, etc.) destacando la visión compartida, inquietudes y el
compromiso que ambos tienen al respecto. En definitiva; expresar que se trata de un
asunto que ambos se van hacer cargo.

3. Generar confianzas: observando que los juicios que se van a compartir, hasta ese
momento han sido privados, y el expresarlos se debe entender como una manifestación
de confianza.

4. No etiquetar ni personalizar: no utilizar referencias de tipo “tú eres” si se trata de
cuestiones negativas, ya que ello provoca mecanismos defensivos inmediatos, que van a
conducir a resistencias y “cierres mentales” del otro.

5. No generalizar ni exagerar: la exageración y generalización de tipo “ya varias veces
lo he dicho...”, “permanentemente estoy insistiendo en lo mismo…”, “siempre lo mismo…”
limita la capacidad de escuchar del otro y activa sus mecanismos defensivos. No olvidar
que es más fácil entregar un juicio crítico que escucharlo.

6. No imputar intenciones o motivos: cada vez que le imputamos al otro determinadas
intenciones o motivos por lo que ha hecho o como lo ha hecho, corremos un alto riesgo de
equivocarnos. Ya que entramos a interpretar su actuar desde nuestra observación y no
desde la observación de él. Es mejor dejar que el otro sea quién hable de sus intenciones
o motivos, si desea hacerlo, o consultarle

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7. Referirse al comportamiento del otro y con juicios fundados: asegurarnos que
nuestros juicios estén fundados antes de generar la conversación sobre sus acciones y/o
comportamiento sobre el cual queremos hablar. Es muy importante fundamentar nuestros
juicios y referirnos a las acciones específicas, teniendo siempre el cuidado de no
extrapolarlas directamente a su persona.

8. Hablar de cómo esas acciones “me” afectan o “en mi opinión” no son convenientes
indicando por qué: En lugar de responsabilizar al otro por las consecuencias que sus
acciones tienen en mi, decir; “cuando tú haces tal cosa, a mi me sucede que...”con lo que
compartimos en hacernos cargo del asunto.

9. No invocar el nombre de otros: Hable solo por Ud. mismo. No busque apoyarse en
otros que no están en la conversación y frente a los cuales nuestro interlocutor no puede
contra – argumentar. Si su juicio está debidamente fundado, basta con que exprese su
fundamento. Ya que los mecanismos defensivos del otro aparecerán con mayor facilidad
si siente que hay una acción concertada con un tercero o por varios en criticar sus
acciones o comportamiento. Lo peor es sentirse “atacado” por el grupo

10. Indagar y escuchar el punto de vista del otro: Durante todo el proceso de entrega
de juicios, es necesario indagar el punto de vista del otro y verificar si hay algunos
factores que desconocemos que podrían alterar nuestro juicio. No se debe descartar que
las acciones que estamos imputándole al otro no sean como las hemos interpretado o, si
lo son, contengan algunos antecedentes que desconocemos, los cuales pueden cambiar
nuestro enfoque y, por tanto, nuestro juicio al respecto.

11. Consigna individual: Desconfiar, cuestionar siempre la solidez de nuestras
observaciones, por tanto estar siempre abiertos a conocer aspectos que no formaban
parte de nuestra interpretación de situación

12. Acordar cambios concretos en el comportamiento del otro, ya que el propósito de la
retroalimentación no es el desahogo sino el cambio de comportamientos: es importante
que la reunión termine con compromisos claros sobre acciones que se tomarán para diluir
los juicios críticos y/o atender el problema.

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Pueden ser acciones correctivas o de aprendizaje. En las primeras, el otro se compromete
a hacer lo que no hizo o dejar de hacer lo que hizo. En las segundas, el compromiso se
orienta a generar la capacidad de acción faltante o a desarrollar medidas para atender
adecuadamente el problema o carencia


x. Pautas para recibir juicios críticos


1. Preparar el cuerpo y la emocionalidad: Cuando detectamos que desean
entregarnos juicios críticos es necesario preparar el cuerpo y la emocionalidad. A nivel
corporal, es conveniente estar relajado. A nivel de la emocionalidad, es importante estar
abierto a escuchar, sin tensiones de otras situaciones ajenas al asunto a tratar. Si
emocionalmente no estamos en buenas condiciones, es mejor solicitar al interlocutor
reunirse en otra ocasión para escuchar sus juicios.

2. No perder de vista que se trata de juicios y no de afirmaciones: Son las opiniones
que otro tiene y no la verdad absoluta, pero tampoco la falsedad. Se debe reconocer que
los juicios son discrepables y que no necesariamente tenemos que coincidir con ellos.
Pero también reconocer que ellos resultan de mi comportamiento, por tanto quizás me
ayuden a mejorar mi efectividad, a corregir mis acciones, errores.
3. Evaluar la validez del juicio: A veces recibimos juicios críticos a los que no tenemos
por qué asignar validez absoluta. Siempre habrá personas que no estén de acuerdo con
mi comportamiento y es imposible dejarlos a todos satisfechos. Pero es sumamente
importante escuchar para saber lo que piensa, por qué lo piensa, y quizás demostrar que
esos juicios están mal fundados, o que no corresponden a los hechos

4. Estar dispuesto a escuchar: Recibir juicios es una acción de escucha y ello no se
refiere solamente a la apertura inicial sino durante toda la conversación. Los juicios
críticos tienen el poder de cerrar nuestra capacidad de escucha y de activar nuestros
mecanismos defensivos. Tenemos que estar siempre atentos para que ello no ocurra. Si
por alguna razón no estamos preparados para escuchar, es mejor solicitar posponer la
conversación. La buena educación siempre será bienvenida.

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5. Indagar, averiguar: Si los juicios que nos entregan no nos resultan claros o
evidentes, es bueno indagar y quizás descubramos antecedentes que no conocíamos o
no ponderábamos de la misma manera. La entrega de un juicio crítico puede ser siempre
una oportunidad de aprendizaje, y es conveniente obtener los mayores antecedentes para
poder aprovecharla adecuadamente.

6. Verificar lo que escuchamos: es una herramienta del escuchar efectivo, se llama
“chequear escucha”. Consiste en ofrecerle al interlocutor nuestra interpretación sobre lo
que está diciendo. No se trata de repetir sus palabras, sino que decir en nuestras propias
palabras lo que consideramos que el otro nos está diciendo. Con ello podemos
“sintonizar” lo que se nos intenta transmitir y lo que estamos entendiendo. Es un “re-
fraseo” de verificación: cuando creamos haber entendido al otro, repitamos lo que hemos
escuchado. Permite verificar si hemos comprendido lo que el otro quiso decir.

7. Legitimar el punto de vista del otro: Esta es una herramienta decisiva para lograr
retroalimentación. Para que funcione, en primer lugar debemos evitar atribuir intenciones
o motivos al interlocutor. Para así no correr el riesgo de encuadrar lo que el otro dice en el
observador que nosotros somos y no en el observador que él o ella es. Para evitar esto,
debemos preguntarnos por las inquietudes o motivaciones que lo llevan a decir lo que nos
dice. Si sus inquietudes/motivaciones no nos resultan claras, lo debemos preguntar
directamente. Para legitimar al otro es importante distinguir dos fenómenos diferentes: el
“comprender”del “compartir”. La legitimación del otro busca comprender por qué dice lo
que dice o hace lo que hace. Pero ello no significa tener que compartir lo que está
diciendo o las acciones que está tomando

8. Aceptar puntos de vista válidos: Expresarle al otro nuestros puntos de acuerdo es
muy importante. Cuestión que no siempre es fácil. Con ello demostramos que estamos
escuchando, que las diferencias no son irreconciliables y que, en algunas cosas, estamos
de acuerdo. Además, si el interlocutor no escucha receptividad de parte nuestra en lo que
nos dice, es posible que sus propios mecanismos de defensa se activen lo que
compromete el proceso de retroalimentación


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9. Tomarse tiempo para responder: Es importante desconfiar de nuestra capacidad de
controlar nuestros mecanismos defensivos. Incluso cuando pensamos que los tenemos
bajo control. En muchas ocasiones es mejor no responder de inmediato a los juicios
críticos que nos entregan y darnos tiempo para reflexionar calmadamente sobre ellos. Al
darnos tiempo, cabe la posibilidad que observemos cosas que en el momento no
habíamos detectado. Que descubramos consecuencias de nuestras acciones o
comportamientos mayores de las que nos señalaba nuestro interlocutor

10. Agradecer: Es conveniente e importante terminar la conversación agradeciendo al
otro el esfuerzo que se ha tomado de compartir sus juicios críticos conmigo y brindarme la
oportunidad de conocerlos y eventualmente disolverlos o intentar corregirlos
conjuntamente. Se debe tener presente que pudo haberse quedado callado y no haberme
brindado la posibilidad que ello me abre, tanto a mí como persona como al equipo en su
conjunto. La entrega de juicios críticos es una acción que se debe valorar para que pueda
repetirse en el futuro, para que se incorpore como parte del sistema de trabajo. Permite la
retroalimentación, el aprendizaje, el crecimiento tanto individual como del equipo.

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xi. Técnica individual para formar la habilidad de emitir y recibir juicios críticos

Es una técnica básica y simple, pero si la persona la práctica en forma disciplinada y
sistemática, llegará a desarrollar esta habilidad con logros destacables en la relación
laboral. El objetivo personal que se debe fijar, es que se constituya en hábito permanente.

Procedimiento: Partir leyendo y analizando detenidamente cada aspecto. Luego dos
veces a la semana (al final día lunes y sábado) registrar en porcentaje (0% a 100%) el
nivel de aplicación que uno considera ha logrado incorporar durante las opiniones que ha
emitido y recibido en las conversaciones que ha sostenido, en las cuales se hayan
presentado juicios críticos de cualquier índole; en situación de relacionamiento laboral,
familiar o social.

El hecho que en algunos aspectos exista avance y luego retroceso no es algo
contradictorio. Lo importante es ser sincero con uno mismo y lo más objetivo posible.
Tratar de ser objetivo con uno mismo en sí es complicado ya que la pregunta es cómo
uno puede determinar si es o no objetivo consigo mismo. Pero bueno, aun así, el esfuerzo
se debe conducir en esa dirección pese a todas las limitantes o dificultoso que ello sea.

Autoevaluación: al final de cada semana se procede a analizar la anotación porcentual
de cada aspecto, de manera que lo ocurrido en la primera sirva de retroalimentación para
la segunda y así con la siguiente. Se debe guardar esta tabla con los resultados de las
tres primeras semanas para volver a realizar el ejercicio al mes siguiente.

Recomendación: proceder sistemáticamente con esta técnica individual. Si así se hace,
el ejercicio permitirá mejorar más de lo que imagina tanto la calidad del relacionamiento
general con las personas con que uno interactúa sino que además la imagen que uno
proyecta en los demás








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Cuando se emiten juicios críticos (auto-calificación en %)

Aspecto / estado de situación
Semana 1 Semana 2 Semana 3
lun sad lun sab lun sab

Preparar el entorno y la emocionalidad propia

Generar un contexto adecuado para lo que
vendrá


Generar confianzas


No etiquetar ni personalizar


No generalizar ni exagerar


No imputar intenciones o motivos

Referirse al comportamiento del otro con
juicios fundados

Hablar de cómo esas acciones “me” afectan
indicando por qué


No invocar el nombre de otros


Indagar y escuchar el punto de vista del otro


Consigna individual

Acordar cambios concretos en el
comportamiento del otro


Cuando se reciben juicios críticos (auto-calificación en %)

Aspecto / estado de situación
Semana 1 Semana 2 Semana 3
lun sab lun sab lun sab

Preparar el cuerpo y la emocionalidad

No perder de vista que se trata de juicios y no
de afirmaciones


Evaluar la validez del juicio


Estar dispuesto a escuchar


Indagar, averiguar


Verificar lo que escuchamos


Legitimar el punto de vista del otro


Aceptar puntos de vista válidos


Tomarse tiempo para responder


Agradecer


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LA AUTOESTIMA EN LAS
PERSONAS

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i. Sobre la autoestima

En la vida de las personas la autoestima es una cuestión fundamental por el efecto que
tiene en el comportamiento de uno hacia uno mismo y hacia los demás, sin embargo por
lo general las personas no le prestan mayor atención a este aspecto humano.

En realidad muchos ni siquiera se han puesto a pensar sobre esto. Como tema, parece
que la autoestima no está en el pensamiento ni en la preocupación de la mayoría. Quizá
debido a que la sola mención de la palabra induce en las personas a decir que no tienen
problema de autoestima y, por lo mismo, no se sienten impulsados a tratar de escarbar en
sí mismo sobre esto. Otros, por considerar que a edad adulta ya tienen claro su
autovaloración.

Me parece interesante relatar brevemente lo que he podido observar haciendo consultas
rápidas a más de doscientos alumnos universitarios que he tenido, entre 19 y 24 años,
preguntando cómo se valoran como persona, sin especificar a qué concretamente me
refería: la gran mayoría responde que no se quieren mucho y los menos que sí se
quieren.

También efectué la misma consulta a personas sobre 40 años, y la mayoría manifiesta
que se quieren más o menos y desean quererse más, que se encuentren en proceso de
aceptar sus virtudes y defectos para quererse cómo son.

No obstante eso, el punto es que cuando se toca el tema de autovaloración, en muchas
personas se tiende a asociar el concepto con no estar bien o no sentirse bien, estar
analizándose, estar medio confundido, ser inseguro y cosas de ese tipo. Cuestión que
resulta comprensible por lo demás, ya que existe acuerdo en el diagnóstico respecto a
que las diversas complicaciones sicológicas como depresión, angustia, miedos, bajo
rendimiento en los estudios y en el trabajo, inmadurez emocional, etc. etc. se atribuyen a
problemas de autoestima, de baja autoestima o autoestima negativa. Entonces como
que el término está medio en cuestión en la mente de las personas, no siendo
precisamente una virtud de imagen frente a los demás.
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Si bien es entendible que se vea así, el asunto es que las personas sí necesitan saber de
qué se trata la autoestima y no por mera curiosidad sino por el efecto condicionante que
ejerce en la conducta y comunicación que establece consigo mismo y con los demás.
Fácilmente se puede decir que tener la capacidad de observar la autoestima propia es
esencial para comprendernos y comprender a los demás. A través de nuestras respuestas
creamos la realidad, y nuestras respuestas frente a todo lo que nos ocurre dependen de
quién y qué pensamos que somos. No se ve muy viable que digamos crear una realidad
favorable hacia uno si uno mismo se desmerece, es decir, si uno mismo ya de partida se
ve “desfavorable” como persona frente a los demás, para la vida o para lo que se propone
profesionalmente.

En términos de juicios sobre la forma de ser de uno, el más importante es el nuestro
propio que nos dice qué pensamos que somos. Nos puede levantar o “bajonear” nuestro
desenvolvimiento relacional con las personas. Pienso que no resulta exagerado decir que
la autoestima juega un rol clave en los logros y no logros que obtenemos en la vida,
debido a que el modo como uno se siente consigo mismo afecta fuertemente las
dimensiones de nuestro relacionamiento e interacción social con personas, de cómo
somos con los demás: en familia, en el trabajo, en las relaciones sociales, en las
relaciones de pareja, en el amor, en el sexo, etc.

En el comportamiento marca fuertemente la forma de relacionamiento e interacción
comunicacional con los demás, que es la vía como nos vinculamos entre seres humanos,
y aquí diría que se produce una distinción mencionable: aquellos que
comunicacionalmente reflejan necesidad de ser aceptados y les afecta cualquier rechazo
(portan problemas de baja autoestima), aquellos que no están preocupados de ser
aceptados ya que así se sienten y no les impactan mucho los rechazos (portan una
autoestima positiva, con seguridades) y aquellos que desean ser “sobre” aceptados y les
afecta cualquier rechazo por lo mismo: por que portan una autoestima inflada, harto ego.

En esta línea de idea, en mi parecer, se dan los matices del actuar de las personas, y ahí
es donde uno debe tratar de identificar en cual está, en lo que refiere al efecto que tiene
en uno el grado de aceptación– rechazo de los demás hacia uno.


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ii. El significado de la palabra autoestima

La palabra autoestima se constituye de auto y estima. La palabra auto, como todos
sabemos, se refiere a uno mismo y la palabra estima está asociada a valor. Se interpreta
como valor debido a que estimación viene de medir y medir se conecta a la idea de darle
a las cosas un determinado valor, que puede ser objetivo o subjetivo según la aceptación
que se tenga del indicador de medida o criterio que se aplique. Por ejemplo nadie discute
que 2 + 2 es igual a 4 ya que existe acuerdo universal sobre la lógica matemática de esto
que adquirimos de los árabes.

Pero en cuestiones de valoración de lo que es la persona como tal (buena, mala, egoísta,
generosa, etc.) muchas veces uno se mueve en el terreno de lo relativo, ya que al fijar
valoración de una persona ello no siempre puede tener fundamento sólido o evidencia
demostrable y según quién o qué se puede decir que se trata de una evidencia no
discutible además.

De manera que en cuestión de autovaloración y valoración de otros como personas en
términos de actitud y conducta, como no siempre se puede decir que se cuenta con
evidencia demostrable, mejor observar este asunto como un elemento de opinión
discrepable y no en términos de creencia absoluta. Y eso es válido tanto respecto a uno
mismo como también cuando uno se forma una percepción valórica de otros. Se entiende
que no en todo aplica este relativismo, ya que hay cosas que uno valora de sí mismo o los
otros de uno que la experiencia vivencial misma se ha encargado de establecer o
demostrar. Por ejemplo que es hábil con herramientas manuales, o que percibe fácilmente
el estado emocional de otros, o que es bueno con los cálculos numéricos, en fin.

Tampoco aplica el relativismo en conductas cuando existe desvalorización de uno hacia
otro o viceversa si, por ejemplo, hay engaños y mentiras demostradas, o acontecimientos
emocionales dañinos que dejan huella indiscutible. En suma, creo que queda claro que la
valoración o desvaloración de las personas está asociada a la medida en que se puede
objetivizar determinada conducta, actitud o aspecto de la persona.



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iii. La autoestima se construye en las personas

Siguiendo con lo dicho hasta ahora, entonces la autoestima se refiere cómo cada persona
se valora a sí mismo, en qué nos respetamos y qué tanto nos respetamos.

Para algunos autores es un concepto complejo y no fácil de entender a cabalidad desde
las causas que tiene y efectos que produce, mientras que otros son más “desinhibidos” y
directamente afirman lo que es y lo que no es la autoestima y cómo las personas deben
manejar este aspecto humano para lograr una alta autoestima. En realidad recomendando
tener una muy alta autoestima en todo. Es una recomendación que no comparto porque
creo que tiende a elevar el egocentrismo y bajar la capacidad de escucha, como también
al autoengaño respecto a capacidades reales vs capacidades soñadas irreales.

Es mejor ser cuidadoso con eso de fijarse como objetivo “alta autoestima en todo” ya que
si las cosas no resultan según lo esperado, entonces la caída puede ser muy dolorosa.
Además qué objeto tiene convencerse de un “yo” macanudo en todo, cuando lo que uno
enfrenta día a día es desenvolverse bien en lo que uno puede hacer bien y no meterse en
todo solo por responder a una alta autoestima.

En términos de caracterización general, se puede decir que la autoestima tiene dos
componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal.
De esto resulta que la autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo,
percepción que se empieza a formar en uno a partir de la infancia temprana y que luego
se va moldeando con lo que cada persona lee de su experiencia de vida.

Refleja el juicio implícito que cada uno hace de su habilidad y capacidad para enfrentar la
vida, sus sueños, sus ideales personales en todo sentido. En algunas personas este juicio
se llega a explicitar o verbalizar con otros, cuando se dan oportunidades
comunicacionales especiales, y en otras sencillamente se mantiene silenciosamente
guardado en uno. La autoestima es una cuestión de nivel o grado; positiva, negativa, alta,
baja. No tiene en todo caso una connotación absoluta (totalmente positiva o negativa, o
totalmente alta o baja) ni tampoco fija inamovible ya que va cambiando con los sucesos
vivenciales en el tiempo. Se puede decir que tiene cierta dinámica.
57

Por eso la autoestima no se podría observar como un valor fijo en la persona, pero sí
fuertemente condicionado por el pasado, es decir, el pasado de la autoestima condiciona
el presente. Ahí se produce un elemento emocionalmente complicado para aquellos que
vienen con un pasado doloroso o golpeado de su autoestima, lo que para muchas
personas no resulta nada de fácil subsanar internamente, y casi por regla esto toma harto
tiempo por más fuerte de carácter que sea la persona.

En términos de inicio o punto de partida, la autoestima más primaria aparece en la
infancia y son los padres y la familia que mantiene una relación cercana los que más
influyen en el tipo de autoestima que se genera en los niños. Cuando no hay padres
encargados de la crianza (uno o ambos), será quién cría al infante el que formará el sello
de la autoestima primaria de la persona.

La autoestima que aparece en el niño condiciona su pensamiento y su conducta en
relación a sí mismo y en su relación y forma de interactuar con los demás; “si yo a mi hijo
pequeño siempre le recrimino diciéndole que es un inútil, finalmente será un inútil,
pensará como un inútil, actuará como un inútil”. Creo que es algo que todos sabemos,
por lo mismo existe una gran responsabilidad humana que recae directamente en aquel
que cría personitas; son como esponjas inocentes que absorben lo que reciben y
necesitan recibir amor para quererse a sí mismo cuando van creciendo.

De manera que la autoestima es un valor que se adquiere en primer lugar en la familia: la
conducta, los intereses, los pensamientos, las actitudes son proyectados sobre la infancia
por parte de las personas que rodean al niño, se proyectan acciones sobre él o ella, de
modo que esos mismos juicios y acciones dan un valor al infante que llega a experimentar
cómo propios, que asume a través de sus acciones, a través del manejo de su
emocionalidad hacia él mismo y hacia los demás.

Luego la autoestima se va moldeando (positiva, negativa, alta, baja) con lo que va
ocurriendo en la experiencia vivencial particular de cada uno. Un momento clave en esto
es lo que ocurre durante la formación educativa básica o primaria y luego media o
secundaria, ya que no es menor el daño en la autoestima que puede recibir un niño(a)
cuando es maltratado por sus compañeros o maestros (emocional o físicamente)
58

claramente siendo el emocional mucho más dañino ya que perdura bastante más largo en
el recuerdo activo en la mente.

De hecho, se pueden producir daños en la autoestima de la persona que luego toma
enorme esfuerzo y tiempo en resolver, algunos lo logran y otros no lo logran. Las
personas que sencillamente no logran sacarse de la espalda en su totalidad esa pesada
carga que afecta la valoración de sí mismo producto del maltrato recibido en el Colegio,
en su relación con los demás muchas veces no llegan a ser lo que desearían
precisamente por el problema que acarrean en su autoestima.

Sugerencia basada en conocimiento de diversas experiencias reales: Cuando uno
decide ocuparse de su autoestima, debe partir haciendo una repasada mental a su
historia de niño en familia y en colegio, intentado recordar qué tanto amor y cariño recibió,
que tantas demostraciones de afecto recibió y cómo eran esas manifestaciones y de
quienes venían, qué recuerdos tiene sobre qué tanto se preocupaban de él como niño en
cuestiones del día a día como son su comida, su ropa, su salud, controlaban o no sus
salidas fuera de casa, con quienes jugaba, qué amigos tenía y cuestiones de ese tipo que
en definitiva dibujan la atención y preocupación y despreocupación que recibió durante la
infancia, período que en términos de edad podríamos decir hasta los 13 o 15 años.

También, del otro lado, hay que tratar de recordar qué tanto lo reñían o criticaban y por
qué, y en qué le apuntaban el dedo haciéndolo sentir culpable de algo, haciéndolo sentir
difícil o no bueno o hasta malo como persona. Aquello puede sonar como medio auto-
flagelante, pero no lo es, se trata de hacer una repasada lo más “fría” posible: es así como
uno puede llegar a focalizar los aspectos que le juegan a favor y en contra sobre su
autoestima que, reitero, es muy importante en la relación con uno mismo y con los demás.

Recomiendo sí, hacer este ejercicio recordatorio sin rencores ni menos odios. Lo bueno
que sucedió, que macanudo que así fue, y lo malo, bueno así nomás fue pero que no
dificulte la vida que hay por delante, o al menos luchar para que lo malo del pasado no
siga teniendo una presencia condicionante de lo que uno es y desea ser. El presente y
futuro es lo relevante y de lo que hay que ocuparse. El pasado no se puede modificar.


59

iv. La autoestima existe en relación comunicacional con otros

La autoestima no existe sin el otro, es decir, sin las personas que nos rodean, con las
cuales nos relacionamos e interactuamos. La autoestima no es una construcción
individualista; los otros influyen en uno y uno en los otros. Es un proceso relacional interno
de cada uno que se basa en el valor que los demás nos dan y la forma en que nosotros lo
convertimos en un valor propio, de auto valoración de lo que somos.

Reiterando lo dicho al inicio, la autoestima parece algo aislado, pero no lo es. No podría
existir ni se podría entender sin el componente social, sin la relación e interacción con
otras personas de quienes recibimos influencias, impactos, imágenes, percepciones, que
nos afectan en línea directa respecto a cómo nos valoramos en lo que somos, y esta
influencia-efecto emocional tan decisivo se establece a través de la comunicación
conversacional entre las personas. De que otra forma podría ser por lo demás, sino que a
través de la comunicación directa, cara a cara que, el momento donde se transmite la
mayor emocionalidad entre las personas, y la autoestima es parte inseparable de lo que
somos emocionalmente.

Precisamente por el hecho que la autoestima existe a través la relación e interacción con
otras personas que se establece mediante la comunicación conversacional, es que veo
como un todo las dimensiones humanas modelo mental – autoestima – comunicación
conversacional, sobre cuya base se funda mi enfoque.

En síntesis, la autoestima no es algo que pueda existir aisladamente con uno y solo para
uno, sino que se produce y existe en el componente social y se moldea a través de la
comunicación entre uno y los demás que se da en la interacción social.

En consecuencia, la interacción grupal puede fortalecer, mantener o debilitar la
autoestima. Lo peor es cuando debilita la autoestima y el afectado no se da cuenta de ello
sino que recibe y recibe maltrato emocional. Los casos de este tipo en el medio laboral
son más recurrentes de lo que muchos piensan ya que no son pocas las personas que
literalmente disfrutan dañando emocionalmente a subalternos frente a otros.


60

v. La valoración de uno

La autoestima se forma en el individuo como un sistema de valores sobre lo que somos.
De este sistema de valores resulta o se genera determinado modelo mental que
direcciona el comportamiento de la persona en su relacionamiento e interacción social.
Pero debemos tener presente que en términos de valoración de lo que uno es, la
autoestima no es lo que realmente somos sino que un juicio evaluativo sobre lo que
creemos ser.

Es así como podemos decir que la autoestima es una actitud evaluadora de lo que
creemos ser que se construye y nutre con la percepción que uno tiene de sí mismo y que
no es estática ya que cambia, en medida diversa según la persona, con los sucesos que
ocurren en situaciones y relación comunicacional con otras personas.

Si lo vemos en términos de valores, tenemos “valores positivos y negativos” o “lo bueno y
lo malo” de lo que uno es. La autoestima es la calificación que uno se da a sí mismo, por
tanto en algunas cosas “aprueba” y en otras “reprueba”, de manera que lo que hace es
una autovaloración que se vincula directamente con auto-concepto.

Y el auto-concepto es: “el conjunto de opiniones y conocimientos que tiene una persona
sobre sí, de distintos aspectos de su propia personalidad y conducta, sobre lo que es y lo
que hace”. En el auto concepto no hay valoración de parte de la persona. La autoestima
aparece cuando a ese concepto la persona lo valora, le asigna un valor, dice de él mismo
que es bueno o es malo.

Precisamente eso de “es bueno o es malo” es la autoestima: si es bueno, la autoestima se
indica como positiva, si es malo, se indica como negativa. Desde esa perspectiva, la
autoestima tiene dos dimensiones pero de una misma moneda: lado positivo y lado
negativo.

Creo que estaríamos de acuerdo en que estamos conformados por aspectos positivos y
aspectos negativos según lo que pensamos de nosotros mismos.

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Difícilmente encontramos personas que se crean buenas en todo y malas en nada o
viceversa, pensando en forma general en todo caso, ya que los deprimidos crónicos y
auto flagelantes piensan que son malos en todo y que no sirven para nada en este
mundo, así como los con ego sobredimensionado que piensan que en todo son lo mejor.

Pero se trata de casos extremos. Como sea la percepción personal, la autoestima
siempre es una actitud que el individuo mantiene consigo mismo (componente positivo /
signo más – componente negativo / signo menos), que fluctúa en el modelo mental de uno
en forma de valoración sobre lo que cree ser.

Según un conocido especialista (Copersmith) la autoestima es: “la evaluación que hace el
individuo, y que generalmente mantiene frente a sí mismo; expresa una actitud de
aprobación o de desaprobación e indica el grado en que el individuo se considera capaz,
importante, con éxito y valioso.

En resumen, la autoestima es un juicio personal de valor que se expresa mediante las
actitudes que el individuo mantiene frente a sí mismo”. “La autoestima es la dirección de
la actitud hacia sí mismo; la autoestima se aprende y como consecuencia se puede
cambiar” (Rosemberg)

Por otra parte, de la auto valoración se desprende algo muy importante para la persona:
ese valor, positivo o negativo, que la persona se da a sí mismo sobre lo que es o piensa
que es, resulta fundamental para el rumbo de su vida, dado que lo que está en su modelo
mental es la aprobación o desaprobación de él mismo, afirmación o negación de uno, con
relación a lo que cree piensan los demás de uno o lo que uno cree ser.

Si se adopta un valor positivo sobre uno mismo, éste generará un efecto constructivo, de
logro, de seguridad, de buena adaptación con el medio, de tranquilidad interna, de
estabilidad emocional, de seguridad en uno mismo, en definitiva; camino abierto al
crecimiento personal, a la batalla en buenas condiciones para las metas que decida
plantearse, por último, para ser feliz.

Mientras que por el contrario, si se adopta un valor negativo sobre uno mismo, ya la
partida misma en el relacionamiento es negativa, pesimista, problemática.
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Entonces lo que resulta es que internamente para la persona el no logro viene a ser como
el estado normal o esperado. Sencillamente se constituye en parte de su actitud
conductual cotidiana a través de la cual se relaciona consigo mismo y con los demás.

Y lo que ocurre es que cuando no hay confianza en sí mismo, difícilmente la persona se
puede desenvolver en términos de estabilidad emocional, en realidad más bien se pasea
en el descontento, hasta llegando a la frustración, lo que conduce a manifestar tendencias
a relaciones interpersonales conflictivas, y puede caer en el auto maltrato y algunas veces
en maltrato a los demás, en suma, estas personas conocen básicamente la infelicidad.

Por otra parte, en lo que refiere nivel de autoestima, las personas pueden tener una
autovaloración demasiado alta, muchas veces de tipo claramente inflada o desmedida con
potentes egos que incontrolablemente expulsan en las relaciones con los demás y, al
final, la pasan mal consigo mismo debido a que les cuesta manejar conductas estables y
como buscan constantemente ser admirados por el resto y no reciben esto, entonces la
vida misma se les hace algo problemático. Solo por excesiva autoestima.

Por último, ni lo uno ni lo otro, es decir, una autovaloración digamos adecuada, de tipo “al
medio” ni baja ni alta, siendo este un estado personal que les permite mantener
comportamientos emocionalmente estables, vivir con tranquilidad interna y desarrollar
relaciones interpersonales no complicadas, con buen manejo de conflictos.
Intencionalmente este último nivel no se indica como “normal” ya que me vería obligado a
entrar a escarbar que se entiende por normal en el contexto de las relaciones
interpersonales y prefiero no entrar en ese terreno.

El asunto es que las personas, para que se desenvuelvan bien tanto consigo mismo como
con los demás, necesitan una buena valoración de sí mismo o buena autoestima cuestión
que, dicho sea de paso, va de la mano con la estabilidad emocional interna. Claramente
se trata entonces de un asunto de la personalidad que no se puede mirar a la ligera.





63

vi. Yo real - Yo ideal

Donde hay que poner especial atención cuando se analiza la autoestima, es en el aspecto
de cómo uno se valora a sí mismo. Pero no bajo una mirada circunstancial de momento o
a la rápida, sino que desde una perspectiva vivencial más extensa, en el sentido de ver
qué tan acorde está la opinión propia con lo que uno verdaderamente es y no con lo que
no es. No suena nada de fácil ya que conduce a tratar de ver que tenemos entonces un
yo real y un yo ideal. En buenas cuentas significa auto observarse, cuestión nada de
simple por cierto. En lo que sigue veremos una forma de establecer esto, entendiendo que
nos movemos en un terreno claramente de relativismo subjetivo.

Cuando pensamos en la dimensión del yo real-yo ideal, o lo que uno es y lo que no, lo
asociamos a las capacidades-habilidades, por un lado, y a las incapacidades-
no/habilidades en el otro lado, que cada persona tiene como tal. Esto significa algo que
todos sabemos y que estamos de acuerdo; las personas somos un ser constituido por
capacidades y por incapacidades y bien difícil, por no decir imposible, vamos a encontrar
un ser humano que sea solo capacidades y ninguna incapacidad.

Es una constatación obvia, al menos debería serlo. Sin embargo a muchos les cuesta un
esfuerzo enorme interiorizar en lo personal este hecho cierto en momentos que, por
alguna razón, procede con pensamientos de autoanálisis para ver sus fortalezas y
debilidades como persona.

Cuando se aborda una reflexión de uno mismo y se hace teniendo presente la autoestima,
es decir, pensando en la valoración que uno tiene de sí mismo, no significa pensar y creer
ser lo que uno desea ser y no es, sin importar las capacidades e incapacidades que tiene.

Veamos un poco más esto: si me doy cuenta que sencillamente mis habilidades no están
en los números o cálculos numéricos, por diversas razones de formación educativa o lo
que sea, pero que sí existen claras habilidades en las ciencias sociales por ejemplo,
entonces el hecho que decida “retirarme” de meterme en cuestiones de cálculo no
significa que esa “retirada del campo de los cálculos” implica que, por considerarme sin
habilidad o hasta incapaz en los números, deba por eso padecer de baja autoestima.

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Una situación así de ninguna manera debiera tener efecto negativo en uno, sino que
sencillamente debe conducir a saber valorarse por las habilidades que se tiene y no por
las que no se tiene. Así de simple hay que mirar este asunto.

En lo laboral por ejemplo, tenemos la situación desde hace más de una década que, entre
otras habilidades actitudinales que las personas buscan sin cesar y que está muy de
moda por cierto, es eso de tener capacidad de liderazgo “potente” “efectivo”, etc. Por eso
ocurre que masivamente las personas que se desempeñan en diversos niveles de mando
persiguen obtener esta capacidad mediante cursos de capacitación y entrenamiento,
gastándose muchas veces sumas no menores de recursos hasta endeudándose, y
además dedicando buena cantidad de tiempo y esfuerzo.

Pero resulta que la condición de ser un líder o liderar personas, que por cierto es diferente
a ser jefe, en esencia, significa lograr tener seguidores fuertemente comprometidos
siendo en esto el componente personalidad lo que determina esta condición:
específicamente el carisma que la persona pueda tener y que con esta característica
pueda desplegar influencia en los otros de manera que terminan siguiéndolo más
voluntariamente que por la autoridad impuesta por el cargo que ostenta que ha recibido
formalmente de parte de la organización, obviamente no de los subalternos.

Ahora, como sabemos o al menos deberíamos saber, no todas las personas tienen una
personalidad carismática como tampoco las características de comportamiento en su
actitud conductual para influir en el grupo o en los demás. De hecho son más los que no
la tienen y menos los que realmente la tienen, como muchas veces nos damos cuenta a
temprana edad cuando estamos en el colegio y vemos quienes tienen más capacidad de
liderazgo en el curso. En mi parecer, no son muchos los que denotan esta capacidad.

Aun así, son muchos no pocos los que ansiosamente desean y hacen un enorme
esfuerzo para llegar a la meta de ser un fuerte líder en lo que hacen, sin detenerse a
pensar si tienen o no los atributos o aptitudes de personalidad suficiente para ello.

En realidad sin analizar hasta que nivel pueden desarrollar esa habilidad ya que muchos
sí pueden llegar a liderar bien personas con apoyo formativo pero hasta cierto límite: no
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todos pueden llegar a nivel líder con fuerte capacidad de influir al grupo, pero sí muchos
pueden formar esa habilidad para dirigir “liderando” adecuadamente el trabajo en equipo.
Existe diferencia entre liderar personas y gerentar o supervisar trabajo en equipo. Se
tiende a confundir estos términos haciéndolos equivalentes y no lo son.

¿Y de donde se piensa o por qué muchas personan tienen el convencimiento de que todo
se puede lograr con solo proponérselo?

Entre otras cosas, de los masificados mensajes a través de medios de comunicación,
libros y recetas que nos alimentan desde hace rato en el sentido que “cualquiera puede
lograr la meta que se fije” obviando las aptitudes y habilidades que se tiene ya que “todo
se puede si te lo propones”, y otros mensajes e imágenes de este tipo que se emiten en
medios de comunicación comercial.

Sin entrar a indagar el origen mismo de esta difundida creencia, podemos decir que ese
convencimiento está en una serie de postulados ampliamente divulgados sobre lo que las
personas “pueden” y que se ha convertido en un verdadero paradigma en nuestra época
actual, mentalizado a través de conocidas frases en venta pública como son; “tu puedes
lograr todo lo que te propones”, “querer es poder”, “para ti no hay imposibles”, “cree en ti y
tendrás éxito en todo”, “el mundo está a tu alcance, solo tienes que tomarlo”.

Incluso hace unos años tuvo mucho éxito el libro “El secreto” que en definitiva afirmaba
que el secreto para el éxito estaba en solo proponerte y creer muy fuertemente lo que
querías. En suma; “todo” puedes, solo depende de ti. ¿es eso así realmente? No tenemos
evidencia que sea así, no de mi conocimiento al menos.

Pienso que se trata de diversas etiquetas o recetas de recomendación actitudinal que
desde hace tiempo se expanden a través de medios de comunicación masiva, libros y
demás, que veo como parte de la lógica del sistema económico globalizado imperante en
el mundo ya que sirve para que todos sean más trabajólicos (más ingreso, más consumo,
más estimulo productivo), cuyo origen quizá esta en los postulados del “sueño americano”
de post guerra (segunda guerra mundial). También está el hecho que a las personas les
gusta y como que necesitan tener creencias de este tipo para sentir que tiene sentido la
lucha sin cuartel del la vida.
66

En definitiva, el impacto que tiene en la mente de la gente eso de “tu puedes ser lo que
quieras”, si bien induce a las personas que sean más luchadores, al menos así parece,
también lleva a debilitar cualquier hábito reflexivo de intentar detenerse a pensar bajo
igual base o en paralelo las capacidades que se tiene (o se cree tener) junto con las
discapacidades que también se tiene (que se debe saber, identificar en uno), como ser
integral que cada uno es.

El “tu puedes lograr todo si te lo propones” lleva a las personas a mirar solo un lado de lo
que cada uno es. Lo peor de todo es que cuando se cree vehementemente eso, a muchos
lleva a tomar decisiones de proyectos de vida que sencillamente resultan sin sentido, por
no tener fundamento objetivo palpable, además de pérdida de tiempo y esfuerzo individual
o familiar cuando se ha formado este núcleo, entonces el auto convencimiento de que
todo se puede termina contaminando a toda la familia.

Sin duda que es conveniente, necesario e importante tener la actitud de creer en uno,
también fijarse metas altas siendo muy persistente para llegar al éxito o logro de lo que se
propone, eso no está en discusión. Es una actitud positiva que cada uno debe impulsar
especialmente en el mundo laboral de hoy, donde se “castiga” la falta de ambición
personal.

Tampoco está en discusión que hay una serie de habilidades y destrezas que si uno no
las tiene, las puede adquirir con esfuerzo formativo o capacitación y de autogestión
personal. Sabemos que muchas veces ocurre que pensamos en lograr algo que al inicio
creemos no poder pero cuando nos empeñamos con fuerza lo logramos.

Pero una cosa es creer en uno, tener confianza en sus capacidades y tener la actitud de
colocarse retos en la vida y luchar duro por lograrlos, y otra muy diferente es estar
convencido que todo se puede lograr con solo fijarse el objetivo, sin llegar a examinar
objetivamente si realmente se tiene las capacidades y aptitudes para ello. Eso se puede
decir que es desde desorientación hasta desubicación con uno mismo, es como “auto
pasarse el cuento” frente a lo que uno puede. En el sentido de colocarse metas u
objetivos irreales desde el ideal que uno puede tener de sí mismo, que resultan
objetivamente no alcanzables con lo que verdaderamente uno es.
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Lo que verdaderamente es uno respecto a capacidades y habilidades propias. El
problema está en colocarse metas sin tener claridad ni tratar de considerar siquiera las
incapacidades que se tiene. Solo porque se creyó literalmente “el cuento” que todo se
puede con solo proponérselo o colocárselo como objetivo meta.

Claramente no tiene sentido ni es razonable actuar así, es una actitud que puede resultar
más inconveniente que conveniente para la vida tanto social como laboral. Al final termina
más desarmando que dotando a la persona de herramientas conductuales para enfrentar
los retos de vida en general.

Lo más sorprendente de este asunto es que esta creencia está sumamente masificada,
como cualquiera puede darse cuenta con solo preguntar a sus conocidos.

Personalmente me dedique a tener una idea más sustentada de esto, preguntando a más
de un ciento de personas (alumnos universitarios y profesionales de talleres de
capacitación), que consulté si pensaban que podrían lograr cualquier objetivo personal
que se propusieran: casi todos respondieron afirmativamente sin dudarlo siquiera y fueron
los menos los que no se mostraron de acuerdo en que todo se puede desde sus
capacidades.

Es evidente que este mensaje de “todo puedes” se ha logrado posicionar exitosamente en
la mente de muchísimas personas de la cultura occidental en las últimas generaciones, y
así es como eso se predica de padres a hijos, aquellos pensando que con eso le dan
seguridad.

Pienso que este verdadero paradigma actual, al momento que se convierte en actitud de
vida, cuestión que ocurre a más personas de lo que uno imagina, fácilmente puede ser
camino seguro hacia la frustración de las personas, es una vía casi garantizada para
acumular infelicidades o descontentos personales, para perder amor por uno mismo o no
llegar a quererse por lo que es, para caer en depresiones que no se tiene claro cuándo y
cómo empiezan, solo se sabe que ahí está la depresión que está afectando
negativamente todo en uno; en buenas cuentas la salud mental emocional y corporal.


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vii. Esquematizando el círculo Yo ideal - Yo real

Daremos una mirada esquematizada (basado en el enfoque de Jorge Bucay) de algo que
muchas veces nos ocurre, sin darnos cuenta de ello, cuando hemos estado en situaciones
o momentos particulares que nos hemos fijado un objetivo sin considerar nuestra
capacidad o habilidad específica que se necesita para el logro del objetivo fijado.





















Yo Real; lo que verdaderamente soy como ser
integral (capacidades e incapacidades; cognitivas,
actitudinales, habilidades natas y adquiridas)

Yo Ideal; lo que deseo ser y que me planteo
como objetivo, pero lo formulo sin detenerme a
examinar mi nivel real de capacidades y
habilidades, solo creo fuertemente en la frase:
“querer es poder”


Comparo: Yo real vs Yo ideal y detecto la diferencia
entre uno y otro yo

Conciencia de Déficit: la comparación me
lleva a determinar los conocimientos-
habilidades que no tengo y que debería formar-
obtener para lograr mi yo ideal

Entonces uno se auto-decreto decisión de lucha personal para ser el “yo ideal”
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Decisión de lucha; tomo la decisión de luchar para adquirir los conocimientos y habilidades que
necesito para lograr ser el Yo ideal que me planteo, pero sin haber realizado el debido
autoexamen, realista, respecto a mis verdaderas capacidades y habilidades, como tampoco
sobre mis incapacidades, decido solo en base al convencimiento que “querer es poder”

Doy fuerte auto exigencia personal de esfuerzo para mi objetivo: yo ideal
Avanzo pero no suficiente, pasa el tiempo y no logro llegar al objetivo, empiezo a darme cuenta
que no tengo las capacidades para ser ese Yo ideal, veo incapacidades que pensé se podían
superar solo con yo así “quererlo”
Me frustro, pensando que soy un incapaz, sin darme cuenta que no “soy un “incapaz” sino que
“querer es poder” no sirve si es que no detecto adecuadamente mis capacidades e
incapacidades
Mi autoestima baja de nivel al sentirme un incapaz, un fracasado. Me bloqueo mentalmente
y me resisto a darme cuenta que “la culpa” es de la creencia inicial y no debido a que soy un
incapaz, el bloqueo mental por la frustración no me deja aceptar que todos somos una suma
de capacidades e incapacidades

Autoflagelación mental; sigo creyendo que “querer es poder”, pero no logro
llegar a mi Yo ideal, por tanto “quise y no pude”, por tanto me confirmo como
incapaz y me hundo más en el hoyo que solo me metí por lo demás
Entro en Depresión, con las claras consecuencias devastadoras que ello tiene
no solo para la salud física sino que también mental, con la autoestima por los
suelos o más baja que al inicio.

Buen “negocio” para un sicólogo o siquiatra, muy “mal negocio” para uno
70

























INICIO:
Yo real
Autoestima =
nivel X
Yo ideal
Mi objetivo
Llevo a cabo
mi lucha
para mi
objetivo
No logro los
resultados
esperados
AL FINAL
Yo real
Autoestima
=
nivel X - 1

Círculo Yo ideal – Yo real: la
vuelta del proceso Personal

Partí con nivel X en mi
autoestima y al final
termine con baja en mi
autoestima; el nivel X
que tenía menos 1
71

Resumiendo lo dicho:

El sentido vinculatorio de la autoestima con relación a la comunicación conversacional
está en que se trata de un aspecto del ser interno de las personas que, considero, tiene
efecto en nuestra conducta conversacional, en tanto entra a condicionar la forma como
interpretamos lo que escuchamos y el impacto que tiene en nuestra emocionalidad lo que
se nos dice. También, por supuesto, en la otra dirección: lo que esconde, no
intencionalmente, la manera de decir lo que decimos a los demás y de responder frente a
lo que se nos dice.

Y es fácil darse cuenta del rol que tiene la autoestima cuando, por ejemplo, uno le dice
tonto a alguien que no tiene problema de autoestima con su inteligencia: sencillamente el
calificativo le resbala pero no así a otro que sí tiene baja autoestima en cuanto a su saber
o su capacidad cognitiva y a éste sí que le afecta.

Podemos decir que el condicionamiento se gesta a través de impacto que nos produce lo
que se nos dice, y este se trasluce mediante nuestra respuesta o lo que queda en nuestro
yo interno y que desearíamos responder pero muchas veces no llegamos a expresar por
diversos motivos: deliberadamente por el contexto de la conversación optamos por
guardar silencio, por timidez, por la autoridad del otro y resulta mejor no responder,
porque no estamos bien artillados con suficientes argumentos verbales u otros motivos
que emergen en la situación.

Debemos preguntarnos: ¿con baja autoestima que tan efectivo puedo ser en mi relación
comunicacional interpersonal? También: ¿qué tan efectiva será mi capacidad de escucha
en el sentido de colocarme en la perspectiva del otro? qué es lo que uno aspira a tener o
se debe lograr para una comunicación efectiva como hemos manifestado.

Razonablemente podemos pensar que lo que escucho, de una u otra forma, estará
afectado por la imagen que tengo de mi mismo ya que nuestro ser interno está
emocionalmente articulado de una manera que no podemos dirigir como nos dé la gana,
cuestión que sí tendrá impacto en cómo interpreto lo que se me dice y cómo respondo,
por ejemplo frente a un juicio crítico.

72

Como mencionamos antes, una cosa es decirle “tonto” a alguien que en alguna medida se
siente así y otra cosa a alguien que no. La efectividad comunicacional puede variar más
de lo que uno cree en uno u otro caso ya que, no olvidemos, la realidad no está dada
sino que uno la construye a partir de lo que es, y tomando en este caso la autoestima,
podríamos decir que la construye a partir de cómo uno cree que es.

Sugerencia: cuando decidamos hacer un esfuerzo personal en la dimensión cómo soy y
cómo deseo ser - significa que me propongo cambiar o auto gestionar en mi forma de
ser- no debemos jamás perder de vista la posible brecha que puede haber entre lo que
deseo y lo que efectivamente puedo lograr con lo que soy. Esto es, un auto-examen a fin
de obtener una visión lo más objetiva posible respecto a capacidades e incapacidades
propias como persona integral. Debemos aceptarnos con nuestras fortalezas y
debilidades, con nuestras virtudes y limitantes.

Recomendación: El “querer es poder” suena bonito y claro está tiene mucho de cierto,
pero hay que ser cauteloso con la aplicación de ese dicho al momento de fijarse objetivos
de logros que involucren autogestión de las competencias-habilidades personales.

















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viii. Técnica de auto-medición: cómo me valoro a mí mismo

La técnica que se presenta no es más que una tabla con variables simples para realizar
una auto-medición de lo que uno es, en cuanto capacidades-habilidades-actitudes,
elaborada con la idea que permita efectuar una observación evaluativa de uno mismo
revisando quién creemos ser, así lo dicho sobre autovaloración no queda flotando en el
aire como meros conceptos.

Pero previo a la herramienta de guía para efectuar una medición personal de lo que uno
es, veremos un par de cuestiones generales para contextualizar la mirada al respecto.

Podemos decir que las personas estamos constituidos por diversas capacidades e
incapacidades o falta de capacidad. Una forma de mirar ese conjunto que somos puede
ser desde una perspectiva positivo y negativo lo que en una línea horizontal, usando la
lógica matemática, nos daría lo siguiente:


Capacidades = Aspectos Positivos de mi persona = + MAS

Incapacidades = Aspectos Negativos de mi persona = - MENOS


Pero esa mirada tiene un “pequeño-gran detalle” y es que me conduce a definir mis
incapacidades como cuestiones negativas de mi mismo. Y lo negativo en sí se interpreta
como algo molestoso, “soy malo”, los defectos que uno tiene y que muchas veces hasta
nos provocan complejos y, por supuesto, nos reducen nuestra autoestima. Nos sentimos
culpables de lo negativo.

Entonces mejor la desechamos y buscamos otra forma de ver este asunto. Podría ser
mirar mis capacidades e incapacidades en términos de fortalezas y debilidades
personales, pero usando un esquema vertical para no tener que lidiar con la lógica
matemática de positivo – negativo de la línea horizontal


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Ahora, para tener una mirada ordenada de fortalezas y debilidades y no dispersarse,
acordaremos que veremos esto diferenciando tres ámbitos personales de lo que
pensamos que somos y, según eso, nos auto valoramos o auto desvaloramos:














Mis
Fortalezas
personales
Mis
Debilidades
personales
Ámbito
Conocimiento
Ámbito
Actitud
Conducta
Ámbito
Habilidades
Destrezas


mis
Fortalezas

según YO



mis
Debilidades,

según YO
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Como sabemos o pienso que la mayoría sabe, cada persona es una composición
particular de fortalezas y debilidades, que existen en cada uno de esos ámbitos que
hemos establecido en forma general clasificados a través de conocimiento, habilidades,
destrezas, actitud y conducta.
Esto que denomino “ámbitos” en realidad se basa en el esquema básico de las
competencias humanas que distingue el sistema de conocimientos (lo que sabemos), el
sistema de habilidades y destrezas (lo que hacemos) y el sistema de actitudes y valores
(lo que somos).
Según ese enfoque, que me hace bastante sentido por eso lo uso para ordenar la mirada
de uno mismo, las personas somos una combinación de esos “sistemas”.
En esto, en todo caso, erróneo sería tratar de buscar una “balanza equilibrada” personal
en cantidad de fortalezas y debilidades, tentación en la cual muchos caen para “no ser
muy negativo con uno porque eso es malo”, que es uno de los mensajes actitudinales
actualmente de moda. Hay que concentrarse en reflexionar en forma lo más objetiva
posible cómo es verdaderamente uno, dejando de lado pensar que puede ser algo auto
flagelante.
Directamente enfocarse en las fortalezas y debilidades personales que la experiencia
vivencial a uno le ha venido evidenciando. Significa que se trata de un momento individual
donde la honestidad con uno mismo es fundamental, en realidad indispensable, el
autoengaño consciente carece de sentido, por razones obvias.

Si se trata de autoengaño inconsciente, obviamente entonces no es auto engaño sino que
sería desconocimiento respecto a uno mismo o porque la persona no tiene el hábito ni
sabe cómo o no quiere mirarse a sí mismo o porque tiene la autoestima inflada y
sencillamente no se reconoce debilidades, cuestión no poco común en muchas personas,
aunque resulte difícil de creer.






76














Para detectar nuestras fortalezas y debilidades, según uno mismo, están los formularios
que se presentan más abajo. En estos se indican diversos aspectos que se pueden
clasificar en cada ámbito como fortaleza o como debilidad, de lo cual en definitiva resulta
la autovaloración de uno, o cómo se ve uno a sí mismo.

En esos formularios, en algunos casos podemos colocar sí o no, en otros podemos
colocar porcentaje, según lo que consideremos mejor, sin perder de vista que lo que
estamos haciendo es establecer cómo nos auto valoramos en cada aspecto de cada uno
de los tres ámbitos indicados en los cuadros de más abajo.

Durante el llenado no se debe preguntar a otro que piensa de uno, sino que piensa uno de
sí mismo; eso es lo relevante. Luego, con los formularios ya completados, se puede
solicitar opinión de otro que tenga un conocimiento amplio, no reciente, de uno para
cotejar percepciones.

Las conclusiones, se entiende, obviamente son subjetivas. Pero sí pueden brindar un
conocimiento de uno mismo según uno mismo que puede resultar bastante útil para
reorientar ciertas actitudes y conductas, en tanto la persona considere que tiene sentido
en su vida hacer este esfuerzo.


Detección de fortalezas-debilidades personales

Autovaloración individual
77


Auto valoración respecto a conocimiento – capacidad de aprendizaje

Aspecto Fortaleza
(% /si-no)
Debilidad
(%/si-no)
Comprender conceptos teóricos generales,
pensamiento abstracto,

Asimilar y hacer uso verbal y escrito de conceptos
aprendidos

Comprender –tener memoria en historia, literatura,
arte, leyes

Comprender – tener memoria en Química, Biología,
Medicina,

Razonamiento cálculo matemático, estadísticas,
conceptos cuantitativos

Entender sobre economía, hechos económicos en
general

Entender sobre cuestiones de política del país
Entender situación política de otros países
Interés por cuestiones de la moda-farándula en
general

Interés por noticias de la vida social
Interés por aprender cosas nuevas leyendo-
estudiando, vía TV

Capacidad para aprender leyendo-estudiando
Mi nivel cultural en general en cuestiones NO de mi
profesión

Mi nivel de conocimientos técnicos en cuestiones de
mi profesión

Otro que deseo indicar:



78



Auto valoración respecto habilidades – destrezas


Aspecto
Fortaleza
(%/si-no)
Debilidad
(%/si-no)
Manuales para arreglar cosas en el hogar

Manuales para coser, arreglar ropa

Manuales para hacer muebles y construir cosas

Artística manual, para trabajar con arcilla y similar

Artística manual para dibujar, pintar

Para escribir poesía, cuentos, relatos

Para redactar informes y textos en general

Para resolver puzzle

Para deportes físicos (football, básquet, tenis, etc.)

Para jugar ajedrez,

Para contar chistes, ser divertido en grupo

Para cantar en grupo

Para bailar en grupo

Para conducir vehículo – moto

Para ordenar cosas en el hogar – ser ordenado

Para ser ordenado en el puesto de trabajo

Para cocinar

Para hablar – exponer en público (no familia)

Para ordenar mentalmente ideas y expresarlas

Otra que deseo indicar:



79



Auto valoración respecto actitud – conducta


Aspecto
Fortaleza
(%/si-no)
Debilidad
(%/si-no)
Control del genio frente a cosas que me molestan
Buen carácter, calmado frente a cosas molestosas
Reacción agresiva con familia
Reacción agresiva en el trabajo
Buscando problemas en todo, ser negativo
Mal carácter, mal genio
Optimista, positivo
Triste, depresivo,
Empático – simpático en familia
Empático – simpático en el trabajo
Alegre, facilidad para reír, para estar feliz
Claridad en mis valores y principios fundamentales
Sensible frente a problemas de otros
Capacidad para darme cuenta de molestia de otros
conmigo

Capacidad de amar
Tengo interés real por auto conocerme
Me esfuerzo en mejorar lo que no me gusta de mi
forma de ser

Tengo capacidad de entenderme a mí mismo, mis
reacciones, gustos

Interés real por conocer-entender el interior de
otros, lo que son

80

Según mi comportamiento, imagen que genero en
los demás

Capacidad de percibir, entender estado emocional
de otros

Manejo de conflictos, situaciones difíciles
Capacidad de enfrentar la adversidad, momentos
malos

Persistente, perseverante
Confiable en la palabra, cumplido en las promesas
Confianza en mí mismo
Desconfianza en los demás
Capacidad de escuchar, entender el punto de vista
de otros

Hacer preguntas pertinentes, que corresponde, con
sentido

Hacer preguntas de cosas obvias, sin sentido
Solidario con otros, con hechos y no palabras
Capacidad de reconocer mis propios errores
Capacidad de aprender de mis errores
Capacidad para hacer feliz a mi pareja
Capacidad para entender a mi pareja
Ser fiel y leal con la pareja
Ser fiel y leal con los amigos
Ser sincero y honesto con lo que digo, con mis
opiniones

Me guardo mis opiniones, prefiero no decir lo que
pienso

Me importa lo que piensan los demás de mí, me
interesa saber

Otra que deseo indicar:


81






El modelo mental de las personas

82

83


i. Concepto de modelo mental

Vamos a dar brindar una breve mirada sobre este concepto, que es clave en todo lo que
sucede en las relaciones e interacciones de la comunicación humana, citando dos textos
ajenos que me parece interesante conocer.

o Un modelo mental es un mecanismo del pensamiento mediante el cual un ser
humano, u otro animal, intenta explicar cómo funciona el mundo real. Es un tipo
de símbolo interno o representación de la realidad externa, hipotética que juega un
papel importante en la cognición. La idea se cree que fue originada por Kenneth
Craik en su libro publicado en el año 1943 titulado The Nature of Explanation. Tras
la temprana muerte de Craik en un accidente de bicicleta, la idea no se elaboró
hasta mucho más tarde. Antes de Craik, Georges-Henri Luquet ya desarrolló esta
idea del modelo mental: en su libro Le dessin enfantin (las pinturas de los niños),
publicado en 1927 por Alcan, Paris, argumentaba que los chicos construyen de
forma obvia modelos internos, una visión que influyó entre otros a Jean Piaget.

o Un modelo mental es un concepto prestado de la psicología para sacar a la luz un
mecanismo que la mente usa para explicar cómo funciona el mundo real. El
concepto es muy simple: las personas nos hacemos una idea de cómo funcionan
las cosas, nos montamos nuestra propia película y creamos nuestros
propios modelos a pequeña escala de los objetos con los que interactuamos. Ésta
última idea la popularizó Donald Norman en su conocido libro “Psicología de los
objetos cotidianos”. A pesar de que sigo creyendo que todo esto no es más que
una reinterpretación de las ideas de Platón, la noción de modelo mental como una
serie de creencias sobre cómo funciona un sistema es algo que repercute mucho
en la usabilidad de éste, puesto que las personas interactuamos con estos
sistemas basándonos en nuestras creencias sobre los mismos.

¿Cómo identificamos el modelo mental que tenemos? Este es uno de los temas
claves en la definición de los modelos mentales ya que no solemos tener
conciencia de nuestros MM o los efectos que generan en nuestros
comportamientos y relaciones.
84

Si a una persona le preguntamos cuál es su MM, probablemente le cueste
encontrar la respuesta o simplemente no responda. El lector de este artículo puede
hacer la prueba de buscar responder a la pregunta de cuál es su modelo mental y
procurar escribirlo. Probable y casi seguramente se encontrará sin poder definirlo
claramente.


Sin duda se trata de definiciones que resulta importante conocer para un adecuado
acercamiento al significado de esta dimensión humana. La importancia radica en que en
definitiva el modelo mental viene a ser el filtro que usamos para relacionarnos y crear
nuestra realidad desde lo que somos.

Cabe señalar que en el último párrafo se menciona la dificultad para definir o identificar el
modelo mental de uno. Sin embargo pienso que es posible identificar el modelo mental de
las personas, se entiende que en términos generales, pero brinda pautas indicativas.

Para efecto de identificar el modelo mental de personas, hace un tiempo atrás, se me
ocurrió diseñar una forma que he tenido oportunidad de aplicar varias veces: a un grupo
de funcionarios de una organización pública y a un par de cursos de alumnos
universitarios. Los resultados obtenidos, sin ser espectaculares, sí me atrevo a decir que
son sumamente útiles de conocimiento orientativo. Por ejemplo para tener una visión de
apoyo durante la determinación de roles en la conformación de equipos de trabajo o para
observar brechas comunicacionales en un grupo de trabajo, y otros propósitos de
relacionamiento e interacción de personas que participan en equipo. Al final de este último
capítulo se presenta este instrumento con indicaciones para su aplicación.









85

ii. Modelo mental y comunicación conversacional

Por modelo mental entendemos los principales, valores, creencias, paradigmas y
emocionalidad que tiene como patrón interno cada uno, producto de su historia personal
(infancia) sumado a la experiencia vivencial que ha tenido desde que dejó de ser niño,
que viene a ser un todo que determina o dibuja la forma de percibir, interpretar y
reaccionar frente a lo que nos ocurre en la red relacional en la cual nos desenvolvemos
con los demás.

Es así como todas las personas tienen un modelo mental desde el cual se relacionan,
interactúan aman, odian, padecen y todo lo demás con otros. Según el grado de
conocimiento individual que tiene cada uno de sí mismo, se llega a comprender y en qué
medida sus propias reacciones. Algunos más, otros menos y hay quienes nada realmente.

Se puede decir que un modelo mental es un mecanismo del pensamiento mediante el
cual un ser humano intenta explicar cómo funciona el mundo real. Es un tipo de símbolo
interno o representación de la realidad externa hipotética, que juega un papel importante
en la cognición o sistema de conocimientos.

También podemos decir que los modelos mentales son imágenes, supuestos o
presunciones que tenemos hondamente arraigados en la conciencia, algunos de tipo
inamovibles y otros movibles donde, a mi parecer, la red social virtual mundial está
acelerando mayor movilidad en ciertas creencias, producto de la variedad y diversidad de
opiniones que podemos conocer y que nos llevan a reflexionar en una intensidad que
antes no habituábamos: esta conectividad sí ejerce efecto en las percepciones, pensar
que no, se me hace bien difícil.

Las personas nos formamos una idea de cómo son y cómo funcionan las cosas cuando
interactuamos con estas. No se trata de una imagen exacta de la realidad, tan sólo es una
idea imprecisa que nos ayuda a comprender desde nuestro filtro mental interpretativo. De
ahí entonces, que al asociar la idea de cómo funcionan las cosas con el filtro mental
interpretativo que tenemos, llegamos a que la realidad no está predeterminada sino que
cada uno la construye desde el modelo mental que tiene (ver esquema en anexo).
86

Ahora, en la óptica modelo mental–comunicación, tenemos que los seres humanos nos
relacionamos e interactuamos a través de la comunicación, principalmente
conversacional, entonces se puede decir que para ser efectivos en la comunicación, que
es lo que todos desean o deberían desear, es necesario empezar a ejercitar la auto-
observación para empezar a conocer su propio modelo mental.

No en términos científicos-psicológicos rigurosos ya que los no especialistas de seguro
nos perderíamos en esa complejidad, además la idea no es conocimiento en sí, sino que
conocimiento básicamente focalizado en intentar obtener una idea de lo siguiente: cómo
es mi modelo mental (no como algo aislado sino que respecto a otros) y en qué medida
está condicionando o quizá distorsionando la forma en que interpreto lo que escucho.

Dicho de otra forma, en qué medida o cómo mis creencias y valores personales van
filtrando y dibujando lo que estoy escuchando y al final moldean mi forma de percibir y
juzgar lo que escucho de las personas que hablan.

Si se logra avanzar en esto, ya se tiene cierta base para intentar formarse una impresión
sobre el modelo mental de la persona con quién está hablando y cómo puede condicionar
lo que dice, su capacidad de escucha y lo que está interpretando las palabras de uno. No
suena nada de fácil, por decir lo menos, ya que en buenas cuentas lo que se está
sugiriendo es mirarse a sí mismo desde cierta distancia y mirar a los demás intentado
“escanear” el modelo mental propio y de otros.

Definitivamente no es algo simple. Pero nada es simple en el terreno de los procesos
mentales, es un asunto complejo del cual aún estamos lejos de poder comprender, como
ya se ha mencionado varias veces. Según entiendo, actualmente se conoce menos del
30% del funcionamiento del cerebro humano y la nada misma de su relación con la
mente, de manera que tenemos harto camino aun por recorrer.

De manera que, mientras tanto, todo lo relacionado a modelo mental y procesos mentales
humanos mejor hablar sobre esto desde una posición humilde a través de opiniones y
reflexiones y no afirmaciones. Pero ello no quita que se trata de una dimensión humana,
nuestra, que debemos mantener una atención activa a partir de uno mismo para
reflexionar sobre los demás.
87

iii. Caracterización del modelo mental de las personas

Como punto de partida diría lo siguiente tomando cuestiones ya dichas: la arquitectura
constructiva de modelo mental de cada persona en particular, reposa en los valores
gruesos o esenciales y creencias que tiene en cuestiones de tipo ético, moral, emocional,
social, y que son producto de la cultura heredada más la propia experiencia vivencial, y
desde eso es lo que se manifiesta o exterioriza a través de las actitudes y conductas de la
vida diaria.

Y es desde esa construcción mental -que como se ha señalado viene a ser un tipo de
“filtro” mental que opera más inconsciente que consciente en tanto no se tiene un manejo
que uno podría direccionar a gusto y gana- las personas juzgan e interpretan la conducta
y actitud propia y de los demás, que cada uno percibe de manera particular respecto a lo
que ocurre en cada acontecimiento de relacionamiento e interacción humana que
participa u observa.

La caracterización de modelo mental que se me ocurrió elaborar y que se presenta más
abajo, se debe leer en términos absolutamente referenciales y tiene un par de salvedades
que es necesario señalar:

o primero, notoriamente escasea de rigor conceptual ya que no son pocos los
términos usados no explicados como correspondería o se debería hacer,
amparándome en que se trata de un escrito práctico no teórico

o segundo, se basa en observaciones personales de diversas personas desde un
nivel de abstracción que hasta para mi resulta enredado, pero igual intento indicar
de manera lo más entendible posible lo que he observado o mejor dicho creo haber
visto en el modelo mental de las personas a partir de sus comportamientos,

o tercero, señalo básicamente la interpretación que doy a lo que denomino “malla
mental relacional manejable” y “laberinto mental de difícil manejo o hasta
inmanejable” ya que, como son de ocurrencia propia, me veo obligado a decir que
entiendo por esos términos que suenan hasta medio raros y no podría decir cómo
se me ocurrieron.
88

o Por último, esta caracterización, en realidad tiene el propósito de acercar al lector a
la herramienta de identificación de modelo mental que se presenta más abajo: ojalá
lo logre y no termine enredando más las cosas. Bueno, finalmente atreviéndose
uno puede seguir aprendiendo y mejorar lo que piensa.


Modelo mental de las personas según los valores y creencias que tienen:

a). “Malla mental relacional manejable”: sería una construcción que existe en la menta
de las personas hecha sobre los valores esenciales y experiencias acumuladas, que viene
a ser una malla relacional donde se cruzan creencias de tipo ético, moral, social,
emocional, y estas se constituyen en sus principios valóricos, algunos fuertes otros
débiles, es decir, las personas son una composición de valores rígidos y flexibles.
Respecto a la incidencia relacional causa-efecto de ese cruce de valores y creencias, en
este momento ni siquiera intentaría hacer esto ya que se trata de un modelamiento
bastante complejo.

Entonces esta primera caracterización se define como manejable en situación cuando las
personas conducen su actuar sabiendo y no no-sabiendo los principios que tienen.
Aunque claro nadie tiene una lista detallada de los mismos, igual se puede decir que hay
manejo de estos cuando, por ejemplo, la persona incurre conscientemente en alguna
“distracción” moral o ética, cuestión bien común hoy en día en el actual mundo de
negocios, por eso en broma en lugar de decir de alguien que es un sinvergüenza se dice
“tiene moral distraída”.

En situación de “malla mental relacional manejable”, la persona, dicho en forma figurativa,
tiene más menos una idea de “la puerta de entrada y de salida” de lo que hace, por lo
mismo, cuando decide determinado comportamiento no acorde a lo que cree y dice ser,
no sufre de mayor complicación o conflicto metal destacable ni menos traumático en la
relación principios valóricos y actuar particular: se logra sostener mentalmente, aunque
sea en forma engañosa, en lo que dice ser y lo que hace. Y cuando su comportamiento
está acorde o se sostiene coherentemente con sus valores, obviamente, se siente
tranquilo.

89

b). “Laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable”: cuando existe, existe
como parte de la malla mental relacional, es decir, coexiste en esta, no podría ser de otra
forma ya que cuando opera, funciona con los mismos valores y creencias del portador.

Se forma en personas que tienen valores bastante más rígidos que flexibles cuando
alguno o varios de sus valores se conflictúa con lo que desearía hacer o lo que está
haciendo él y/u otros. Entonces en su relación consigo mismo y los demás queda muy
poco espacio de comprensión del actuar propio y/o de otros (en situación cuando lo que
ocurre contradice o no se sostiene con alguno de sus principios) y al no haber
comprensión tampoco hay manejo emocional situacional solo desosiego y conflicto
interno, donde la rigidez mental misma impide que haya “puerta de entrada y de salida”, lo
que termina siendo un estado de laberinto mental de difícil manejo hasta inmanejable no
logrando comprender el portador por qué ocurre lo que ocurre. Viene a ser un estado de
confusión mental.

En otras palabras, es un modelo mental problemático de entender y conflictivo de manejar
para el mismo y para los demás que llegan a percibirlo, en realidad muchas veces resulta
inentendible para todos ya que no hay puntos lógicos para comprender racionalmente la
interpretación mental “confabulada” que la persona hace de los hechos y que al final
deriva en actuar absurdo o irracional, desde lo que mayormente se entiende por racional.

Pienso que todos portamos en parte una malla mental relacional manejable y en parte un
laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable, la cuestión es: qué tanto del uno y
del otro expulsamos en nuestra actitud y conducta regular.

El laberinto mental es problemático para las personas, pero solo o recién cuando se dan
cuenta de su existencia, caso contrario, cuando no tienen consciencia que tienen esto, el
desosiego mental es la “normalidad”. Y hay muchísimas personas que viven “tranquilas”
portando espesos conflictos internos: recurren a sicólogos, psiquiatras, fármacos, alcohol,
drogas o se sostienen así sin nada externo.

Ahora, cómo se produce este laberinto, las causas pueden ser muy diversas y claramente
es materia de investigación especializada, pero intentando hacer una identificación media
90

global, diría que la fuente primaria está en la infancia temprana desde el amor o afecto
que recibió o no recibió de la figura madre y padre, relación que entra a configurar la
emocionalidad que tendrá la persona: de estabilidad o relativa al menos cuando recibió
amor y cuando no recibió o recibió escaso amor, de inestabilidad o confusión, y peor
cuando recibió maltrato físico o abuso sexual de su familia cercana, abriendo esta última
situación un espacio de laberinto mental que llega a ser denso y muy complejo.

Luego en la juventud temprana o avanzada, un factor que genera este laberinto, entre
otros varios en todo caso, estaría en la emocionalidad que se construyo desde la relación
afectiva primaria que recibió y su real orientación sexual, de nacimiento o que se gestó en
la infancia.

Nos vamos a referir brevemente al segundo aspecto, a la sexualidad de las personas, lo
que no implica que la emocionalidad u otros sean de menor relevancia.

Tenemos que la cultura heredada indica que la normalidad sexual de las personas está en
la heterosexualidad, pero resulta que la bisexualidad y la homosexualidad en hombres y
mujeres es algo bastante más extendido de lo que se cree, pero no solo eso sino que
además está el hecho que los matices de gustos y fantasías tanto del homosexual como
del bisexual son altamente variados e inventivos, por decir lo menos, hasta directamente
enfermizos bajo cualquier punto de vista razonablemente equilibrado.

Desde esa mirada, tenemos que el laberinto se nutre por dos estados socialmente
catalogados como “anormales”: por el gusto hacia el mismo sexo y por el matiz o
característica del tipo de gusto de relación sexual con el mismo género.

En este punto se podría decir que esta condición sexual se bifurca hacia dos lados, que
obviamente parten de lo mismo pero que se diferencian por el efecto o impacto que
produce en la generación del laberinto mental en la persona.

El primero estaría en ser homosexual o bisexual que tiene sexo con su mismo género: es
una situación cada vez menos problemática para la persona ya que actualmente la
sociedad tiende a ser cada vez menos discriminatoria con la homosexualidad.

91

De manera que razonablemente se puede pensar que con esto se va debilitando este
factor de laberinto mental en estas personas, en el sentido que la categorización de
anormalidad deja de ser tal o pierde fuerza y la condición de gusto por el mismo sexo es
cada vez más aceptada socialmente como normal.

Incluso desde hace rato hay ciertos cargos o funciones laborales donde las empresas
prefieren hombres homosexuales por ser más detallistas y no tienen las complicaciones
de la mujer. También es llamativo lo que está ocurriendo con la juventud en Chile: muchas
chicas sin ser lesbianas tienen relaciones con otras chicas solo porque es como una
moda. Todo esto es parte creciente de la cultura social aceptada. Por eso, para muchos,
la homosexualidad ya no es motivo de laberinto mental. Al menos no denso como antes.

El segundo lado estaría en el matiz o tipo de gusto sexual en la relación homosexual: aquí
la cosa se coloca más complicada y compleja, a partir de que los gustos son tan variados,
desde sorprendentes, raros hasta patológicos, donde los participantes o “disfrutantes”
(bisexuales y homosexuales) viven en una línea donde nadie tiene claro qué es “normal”
y qué es “anormal”, cuestión que ocurre, entre otras cosas, debido a que el gusto por
experimentar nuevas vivencias sexuales hace que lo que en un momento era “anormal”
para la persona, luego de probarlo y disfrutarlo pasa a ser “normal”.

Pero ello no significa que no haya impacto en lo que piensa de sí mismo, en su modelo
mental. De manera que en la línea matices del gusto sexual, se puede decir que se vive
en un submundo sin códigos de conducta de que agarrarse en cuanto aceptación mental.

Para las personas que sus gustos homosexuales no son demasiado estrambóticos o
extravagantes, en lo que están participando o lo que hacen sexualmente con su mismo
género, no tiene mayor impacto mental sobre lo que piensan de sí mismo ya que están en
la línea de lo cada vez más aceptable socialmente.

Pero las personas que tienen gustos complicados o fantasías sexuales con su mismo
género demasiado extravagantes, independiente si las practiquen o no, resulta que viven
en una profunda “clandestinidad” sexual emocional, acumulando descontento personal,
sentido de culpa, complejos, frustración, hasta rabia y odio hacia sí mismo.

92

Eso por la fantasía sexual o lo que hacen o no hacen pero desean con igual género. Se
podría decir que se trata de personas que viven una vida social familiar dentro de lo que
culturalmente se tipifica como normal, pero que tienen gustos homosexuales no
“estándares” sino que de tipo más extraños y complejos para ellos mismos y para la
sociedad (castigados, reprimidos o no), cuando ese gusto choca con valores morales-
culturales muy cimentados, esa confrontación interna configura en la mente un laberinto
denso y complicado de sostener. En estos casos, el matiz del gusto es fuerte generador
de laberinto mental en las personas.

En otro ámbito, para terminar con esto del laberinto mental y que no quede solo referido a
la cuestión sexual, mencionaría muy brevemente algo que se produce en situación laboral
profesional. Resulta que cuando la persona trabaja en una actividad que está por debajo
de las capacidades que él cree tener, sin importar si es o no efectivamente así, se
produce una situación que se puede convertir en un fuerte sentimiento de frustración
personal que se va acumulando.

Algunas personas logran manejar esta situación vía diversas maneras, sin que se llegue a
constituir en ellos un foco de frustración acumulativa, pero cuando esto no se logra,
entonces ahí se configura un laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable
muchas veces, no obstante se tiene claro el origen mismo.

Hay muchos elementos más que se podrían identificar como gestores de laberinto mental,
de hecho creo que la lista sería harto extensa, pero con lo dicho parece ser
suficientemente ilustrativo para entender a que se refiere esta denominación.

En el tema que sigue pasamos a ver una tipificación general de modelo mental de las
personas usando la categoría inventada de malla mental referida al inicio.







93

iv. Tipificación de modelo mental en las personas

La tipificación de modelo mental que se expone, que no pretende tener validez general y
no tiene nada de completa ni exhaustiva, está elaborada instrumentalmente en función a
la técnica para identificar el modelo mental que se incluye en punto siguiente.

Cabe señalar que se caracterizan cuatro tipos de modelos mentales, solo que en la forma
de mirar el modelo mental que se dibuja más abajo se usan tres. No se trata de un error,
sino que creo que con esos tres niveles se simplifica el asunto.

 Hay personas con valores y creencias amplias y claras para ellos que, por ejemplo
no se complican con temas como el aborto, divorcio, homosexualidad, religión, etc.
que a pesar de tener una posición claramente definida y diversa de muchos y no
compartida con otros, pueden sin problema relacionarse con quienes tienen una
postura diferente. Estas personas son las que denomino portan una “malla mental
relacional manejable” en el sentido que sus valores y creencias mayormente se
condice con su conducta emocional social (quién digo ser vs cómo actúo conmigo y
con los demás), en ese sentido no tienen conflicto interno, y se relacionan sin
drama ni molestia con la diversidad y diferencias de conductas y valores de otros.
Conversacionalmente se manejan más con opiniones y menos con afirmaciones y
tienen capacidad de escucha.

 Hay personas con valores y creencias claras para ellos que están puestas entre
carriles medio rígidos, no muy flexibles, de manera que no se relacionan tan
llevaderamente con personas de mente amplia y sí con cierto grado de dificulta
cuando son demasiado amplios, mientras que con los más estrechos de mente se
relacionan más fácil en forma entre paternalista y benevolente hasta con
sentimiento de cierta superioridad. Estas personas también portan una “malla
mental relacional manejable” en tanto sus valores y principios mayormente se
condice con su conducta emocional social y en ese sentido no tienen conflicto
interno. Conversacionalmente se manejan menos con opiniones y un poco más con
afirmaciones y tienen mediana capacidad de escucha.

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 Hay personas con valores y creencias clara para ellos, puestas entre carriles
bastante más rígidos muy poco flexibles, de manera que se relacionan en forma
difícil con personas de menta amplia, más difícil aún cuando son demasiado
amplios, mientras que con los más estrechos de mente se relacionan con
aceptación ya que finalmente son similares. Estas personas, aunque portan una
“malla mental relacional manejable” en tanto sus valores y creencias mayormente
se condice con su conducta emocional social, en ese sentido no tienen mayor
conflicto interno, pero sí son susceptibles o pueden caer en “laberintos mentales”
cuando se enfrentan a situaciones con personas que tienen principios valóricos
bastante distantes de él, pero que por diversas razones personales no son capaces
o no pueden llegar y rechazar pese a que por sus principios desearían poder
hacerlo: esa contradicción con sus principios los hace manejarse con la situación
en términos de “laberinto mental”. Conversacionalmente se manejan escasamente
con opiniones y mayormente con afirmaciones y tienen baja o muy baja capacidad
de escucha.

 Finalmente, hay personas con valores y creencias confusas para ellos (aunque no
siempre lo admitan) puestas entre carriles rígidos casi inflexibles, de manera que
se relacionan en forma muy complicada o dificultosa con personas de mente
amplia y de rechazo con los demasiado amplios, mientras que con los más
estrechos de mente se relacionan con aceptación ya que en definitiva vienen
siendo como homólogos. Estas personas portan una “malla mental relacional de
manejo difícil” debido a que sus valores y creencias no se condice con muchas
actuaciones de su conducta emocional social, tienen conflicto interno que puede
llegar a ser denso, por lo mismo su proceso mental relacional consigo mismo y con
los demás danza en un “laberinto mental de difícil manejo o inmanejable” en tanto
no logran comprender por qué ocurre lo que ocurre y no tienen herramientas para
poder entender. Conversacionalmente se manejan básicamente con afirmaciones y
tienen mínima o nula capacidad de escucha.

Por último, esto de modelo mental se trata de un aspecto clave para la comprensión de la
relación e interacción que ocurre entre las personas que no se debería dejar de lado solo
porque es una cuestión humana complicada.
95

Muchas cosas complejas es posible acceder a cierto conocimiento buscando la lógica
básica de funcionamiento y en el caso de modelo mental, pienso que se encuentra en lo
que hemos estado diciendo sobre cómo se construye en uno.

De manera que con lo expuesto, creo que tenemos suficientes elementos de
conocimiento básico para empezar a ocuparnos de nuestro modelo mental, no como una
cuestión aislada o tema en sí, sino que desde la perspectiva del efecto que tiene en las
relaciones que establecemos a través de la comunicación conversacional, en definitiva,
para interpretar lo mejor posible el sentido no dicho de lo que uno escucha cuando se
dialoga con otros.

Se podrían indicar una infinidad de razones más argumentando la relevancia que tiene no
solo tratar de conocer el modelo mental de uno sino que además sentir atractivo por ello,
pero me parece que con todo lo dicho queda claro. Al menos así me parece.

En conclusión: necesitamos entonces hacer un esfuerzo dirigido a identificar el modelo
mental propio y sabemos que es una cuestión compleja ya que no es llegar y mirar algo
que no entendemos o sabemos tan poco o la nada mismo de cómo funciona en su
integridad.

Aun así o pese a ello, para esa identificación diseñé la técnica que se expone más abajo,
enfatizando sí, que se trata de una identificación básica y referencial, ya que, reitero, los
procesos mentales son complejos y no es llegar y sacar conclusiones tajantes o rígidas de
uno y de otros con base a resultados de una manera comparativa, que es lo que hace
esta técnica. Con esto no se está minimizando lo que permite el instrumento, no tendría
sentido siendo de diseño propio, sino que solo dejar en claro que brinda una visión de tipo
general sobre la tendencia valorica – actitudinal del modelo mental de los participantes







96

v. Técnica para identificar modelo mental de uno y de otros

Características: El objetivo de la técnica es identificar el modelo mental de las personas
desde lo que podríamos denominar óptica condicionante o filtro personal perceptivo que
direcciona el comportamiento de uno hacia los demás, y que se manifiesta a través de la
comunicación conversacional. Es decir, la identificación de modelo mental no se hace per
se, sino que funcionalmente para detectar la posibilidad (grado, nivel) de entendimiento
comunicacional entre un grupo de personas o entre dos personas.

La técnica no es de medición evaluativa (tampoco se podría hacer, ya que cómo
determinar la objetividad no lo veo posible), sino que está diseñada con el propósito
funcional de obtener una visión general de las características del modelo mental de las
personas en forma comparativa grupal o entre dos personas, según el grado de apertura-
amplitud o “cierre” mental frente a determinados valores y creencias y percepción hacia
determinadas actitudes comportacionales en la relación e interacción con otros. Cabe
indicar, en todo caso, que se trata de una identificación comparativa subjetiva, por tanto
su utilidad es solo referencial.

La idea en sí tiene una base simple ya que reposa en una serie de enunciados asociados
a valores, creencias, actitudes y conductas, que se establecen según la cuestión en
particular que se quiera establecer respecto a la posición valórica y comportamiento
relacional de las personas participantes en la aplicación del instrumento. Significa que se
considera la dimensión valores individuales, por una parte, y la dimensión actitudinal
conductual, por la otra. Para cada dimensión se formulan diversos enunciados en
formularios de consulta, donde los participantes plasman su opinión.

En los formularios que se presentan más abajo, primero están los de aplicación grupal y
luego para dos personas. En ambos se emplea la escala simple de Likert de tres niveles
de detección de opinión: de acuerdo, medianamente de acuerdo, en desacuerdo.
También, por supuesto, se puede usar la de cinco niveles u otro tipo de escala de
detección de opinión.



97

Forma instrumental para observar el modelo mental de uno respecto a otros: Cabe
señalar algo obvio, y es que los “parámetros” y la comparación entre las partes es una
cuestión absolutamente subjetiva, en el sentido de establecer quién es más “amplio” o
más “cerrado” de mente.



























“Parámetros”
del modelo
mental de uno
“Parámetros”
modelo mental de
otro(s): similar al
de uno
“Parámetros”
modelo mental de
otro(s): diferente
al de uno

“Parámetros”
modelo mental de
otro(s): diferente
al de uno


La comunicación fluye
más fácil dado se tiene
similar forma de
percibir y juzgar; igual
precisa esfuerzo
Persona más “cerrada”;
La comunicación para
que pueda fluir precisa
amplitud mental de uno
ya que la forma de
percibir y juzgar del otro
es diferente; esfuerzo
mayor
Persona más “abierta”; La
comunicación para que
pueda fluir precisa
amplitud mental de uno
ya que la forma de
percibir y juzgar del otro
es diferente; esfuerzo
menor

98

Forma de aplicación grupal de la técnica:

a). Cada participante en forma individual registra su opinión en formulario 1.a. y 1.b. que
es sin nombre, anónima, solo tiene un número (del 1 hasta la cantidad de participantes)
que asigna el moderador al momento de recibir la ficha y muestra a este, de manera que
es importante que cada participante recuerde el número de ficha que le fue asignado

b). Luego que los participantes hayan completado los formularios 1.a. y 1.b. estos se
recopilan y los resultados se transcriben en el formulario 2.a. y 2.b donde estarían
registrados en un cuadro las opiniones de todos los participantes. Una vez completado
este formulario, cada participante puede comparar su opinión respecto a las otras a partir
de su número de ficha dado que no se indican nombres. Esta mirada comparativa le
permite a cada participante identificar en qué “parámetro” está su modelo mental respecto
a los demás: en qué aspectos en cuanto valores ético-morales y actitudes y conductas es
similar, más abierto o más cerrado

c). Con los datos registrados en formulario 2.a. y 2.b. se procede a elaborar el formulario
3.a. y 3.b. donde se registra la cantidad por respuesta por calificación (de acuerdo,
medianamente de acuerdo, en desacuerdo) y de cada de unas de esas tres cantidades se
calcula respecto al total la participación porcentual de las respuestas de cada pregunta.
Esto permite identificar, como aproximación general, la situación grupal respecto a los
valores y actitudes-conductas considerados, lo que en primera instancia permite
establecer si se trata de un grupo de personas con valores de tipo más tradicional,
medianamente tradicional o de mentalidad no tradicional o más abierta en general.


Palabras que expresan principios valores ético, morales, emocionalidad
Familia – matrimonio – divorcio - pareja Matar un ser humano
Heterosexual - Homosexual – Bisexual Defensa de la Patria – ser patriota
Lealtad – amistad – decir la verdad Abuso de menores – pedofilia
Robo – estafa – soborno Creer en Dios, rezar, practicar la religión
Humillar a otros – castigo físico a otros Amor - sensible a lo humano – compasión
Mentira - engaño – Hipocresía Fidelidad – infidelidad con otros
Aprovecharse de otros – oportunismo Discriminación raza, sexo, credo religioso
99


Formulario (1.a.) Registro opinión individual: Valores ético – morales

Preguntas (a) (b) (c)

1. Es importante creer en Dios


2. En el país existe equidad y justicia social


3. Se debe legalizar el aborto


4. La mujer debe decidir libremente si se hace aborto


5. Quienes no creen en Dios no tienen buenos valores ético morales


6. La educación debe ser un derecho gratuito para todos


7. Los homosexuales son personas normales


8. Me fijo en el nivel económico-social de mis conocidos


9. Persona exitosa es quién gana mucho dinero

Escala de calificación: marcar con X solo en el casillero que representa su opinión
(a) De acuerdo DE (b) Medianamente de acuerdo MA (c) En desacuerdo ED


Formulario (1.b.) Registro opinión individual: actitud - conducta

Preguntas (a) (b) (c)

1. Es importante ser colaborador con desconocidos


2. Soy colaborador solo con mis amigos


3. No se debe decir siempre todo lo que uno piensa


4. Es positivo recibir críticas personales para poder mejorar


5. En grupo trato de ser el Líder


6. En grupo me gusta más escuchar que hablar


7. En grupo trato de destacar como persona inteligente


8. Me importa mucho lo que piensen los demás de mi


9. Tengo claros mis objetivos de vida laboral profesional


10. Uno debe tratar de entender el estado emocional de otros


11. Siempre trato de imponer mi punto de vista a los demás

Escala de calificación: marcar con X solo en el casillero que representa su opinión
(b) De acuerdo DE (b) Medianamente de acuerdo MA (c) En desacuerdo ED

100



Formulario (2.a.) Registro opiniones individuales del grupo: valores ético–morales

Preguntas Respuestas de Participantes
1 2 3 4 5 6 7 8 9 0

1. Es importante creer en Dios


2. En el país existe equidad y justicia social


3. Se debe legalizar el aborto

4. La mujer debe decidir si se hace aborto
5.Quienes no creen en Dios no tienen
buenos valores ético morales

6. La educación debe ser un derecho gratuito
7. Los homosexuales son personas normales
8.Me fijo en nivel económico-social de
conocidos

9. Persona exitosa es quién gana mucho
dinero

Registrar en columnas enumeradas opinión de cada participante, indicando letra de su
respuesta (a) De acuerdo (b) Medianamente de acuerdo (c) En desacuerdo.


Formulario (2.b.) Registro opiniones individuales del grupo: actitud – conducta

Preguntas Respuestas de Participantes
1 2 3 4 5 6 7 8 9 0

1. Colaborador con desconocidos


2. Soy colaborador solo con mis amigos


3. No se debe decir todo lo que uno piensa


4. Es positivo recibir críticas personales

5. En grupo trato de ser el Líder
6. En grupo me gusta más escuchar que
hablar


7. En grupo trato destacar como inteligente

8. Me importa mucho lo que piensen los
demás de mi

9. Tengo claros mis objetivos de vida
10. Se debe tratar de entender estado
emocional de otros

11. Siempre trato de imponer mi punto de
vista a los demás

Registrar en columnas enumeradas opinión de cada participante, indicando letra de
respuesta (a) De acuerdo (b) Medianamente de acuerdo (c) En desacuerdo.

101



Formulario (3.a.) Resultado grupal: valores ético – morales =suma en cada casillero
horizontal opiniones individuales registradas en formulario 2.a.

Preguntas
DE (a) MA (b) DE (c)
Cant % Cant
.
% Cant
.
%

1. Es importante creer en Dios

2. En el país existe equidad y justicia social

3. Se debe legalizar el aborto


4. La mujer debe decidir si se hace aborto

5.Quienes no creen en Dios no tienen buenos
valores ético morales

6. La educación debe ser un derecho gratuito

7. Los homosexuales son personas normales

8. Me fijo en el nivel económico-social de mis
conocidos

9. Persona exitosa es quién gana mucho dinero



Formulario (3.b.) Resultado grupal: actitud - conducta =suma en cada casillero
horizontal opiniones individuales registradas en formulario 2.b.

Preguntas

DE (a) MA (b) DE (c)
Cant. % Cant. % Cant. %

1. Es bueno ser colaborador con desconocidos


2. Soy colaborador solo con mis amigos


3. No se debe decir siempre todo lo que uno piensa


4. Es positivo recibir críticas personales


5. En grupo trato de ser el Líder


6. En grupo me gusta más escuchar que hablar


7. En grupo trato de destacar como inteligente

8. Me importa mucho lo que piensen los demás de
mi


9. Tengo claros mis objetivos de vida

10. Se debe tratar de entender estado emocional de
otros

11. Siempre trato de imponer mi punto de vista a los
demás


102

Aplicación de la técnica entre dos personas: Es simple; primero se consulta la opinión
del otro según la escala indicada abajo y luego uno procede a colocar su opinión
(respuesta Yo) y teniendo ambas se hace la comparación. Así se tiene un antecedente
identificativo de su propio modelo mental y del otro con quién realizó la consulta



Cuestionario: Componente valores ético – morales (tentativo)


Preguntas

Respuesta
del otro
Respuesta
Yo

1.Es un valor importante creer en Dios



2. Es un valor importante ser patriota



3. Se debe Legalizar la eutanasia



4. Se debe Legalizar el aborto



5. Inmigrantes: que vengan extranjeros a trabajar al país



6. La raza blanca es superior a razas de color



7. Se debe Legalizar la marihuana



8. Se debe Legalizar el Divorcio y debe ser fácil y rápido



9. El sistema de libre mercado del mundo es humanista



10. Matrimonio entre parejas de un mismo sexo
(homosexuales)


11. Los que no tienen trabajo es porque no se esfuerzan lo
suficiente


12. El éxito profesional se refleja en el nivel económico- social
que uno logra


Colocar en cada casillero las dos letras de cada opinión
DA: De acuerdo – MA: Medianamente de acuerdo - ED: En desacuerdo
103


Cuestionario: Componente Actitud en ambiente laboral (tentativo)


Preguntas

Respuesta
del otro
Respuesta
Yo

13. Reconocer abiertamente los errores propios en la
relación laboral es importante


14. El jefe debe tener el hábito de hablar menos y
escuchar más


15. En el trabajo el jefe debe tratar de entender las
emociones de otros


16. La evaluación del desempeño del funcionario público
refleja adecuadamente la calidad del trabajo de las
personas


17. Los problemas personales no tienen porque afectar el
desempeño en el trabajo


18. El sentido de humor y la risa recurrente es importante
para la calidad del desempeño laboral


19. Vestirse formal en el trabajo es un hábito importante



20. Uno siempre debe expresar en forma sincera y directa
lo que piensa, independiente de las consecuencias


21. Mostrarse siempre muy seguro de lo que uno dice y
hace significa que sabe bien lo que hace


22. Ser líder significa tener una actitud de autoridad fuerte



23. El compromiso de las personas en el trabajo se logra
con buen nivel de remuneraciones



Colocar en cada casillero las dos letras de cada opinión
DA: De acuerdo – MA: Medianamente de acuerdo - ED: En desacuerdo











104



Tabla para registrar y comparar resultados: Valores ético morales


Preguntas

Respuestas del otro

Respuestas Yo

De
acuerdo

Med.
acuerdo

Desacuerdo

De
acuerdo

Med.
acuerdo

Desacuerdo
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
Suma

Desde la perspectiva de uno y del otro, la comparación es subjetiva en el sentido de
establecer quién es más “amplio” o más “cerrado” de mente, pero indicativa respecto a
similitudes y diferencias



Tabla para registrar y comparar resultados: Actitud en medio laboral


Preguntas

Respuestas del otro

Respuestas Yo

De
acuerdo

Med.
acuerdo

Desacuerdo

De
acuerdo

Med.
acuerdo

Desacuerdo
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.
Suma

Desde la perspectiva de uno y del otro, la comparación es subjetiva en el sentido de establecer
quién es más “amplio” o más “cerrado” de mente, pero indicativa respecto a similitudes y
diferencias


105

Lógica básica esquematizada de identificación modelo mental


1
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
2
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
3
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
4
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
5
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
6
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
7
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
8
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
9
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
10
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo
11
Acuerdo
Med Acuer
Desacuerdo






Modelo
mental
YO


Modelo
Mental
Otro(s)
106





ANEXO




Figura 1. Modelo relacional para formar la habilidad de comunicación conversacional

Figura 2. Construcción de la realidad de las personas

Figura 3. Esquema del proceso de aprendizaje individual
107


























Modelo
mental
de las
personas

Autoestima;
valoración
de uno
mismo

Elementos
para accionar
nueva práctica
comunicación
conversacional

Dimensión
relacional
comunicación
conversacional
humana
Saber
emitir y
recibir juicios
críticos; se
debe tener
capacidad
autocrítica

Conocimientos
de comprensión


Conocimientos
guía de acción
Figura 1:

Modelo relacional para formar la habilidad comunicacional conversacional:
enfoque propuesto en este trabajo

Comunicación
conversacional
positiva constructiva


con uno mismo
y con los demás



Tarea individual: consiste en comprender relacionalmente esos conocimientos
para accionar nuevas prácticas que se vayan convirtiendo en hábitos

Proceso de Autogestión personal que, en esencia, es aprender y reaprender para
poder seguir aprendiendo, siendo clave la práctica de autoevaluación periódica
actitud y conducta
relacional con los
demás: autoevaluación
periódica de nuevas
prácticas
Proceso de autogestión
individual: aprender
reaprendiendo,
cuestionando creencias y
paradigmas
108

























VALORES y
CREENCIAS

heredados MÁS
las experiencias
vivenciales
emocionalmente
relevantes

Lo que decimos
y forma de
interpretar lo
que se nos dice
y ocurre; desde
nuestra
emocionalidad,
desde lo que
somos

Constantemente dibujamos la realidad situacional mezclando nuestros valores,
creencias, emociones, juicios con el flujo de información externa que recibimos
Forma de ser:
Actitud
Conducta

Comportamiento:
relación e
interacción con los
demás
Efecto: en lo laboral condiciona nuestro
desempeño individual y comportamiento grupal, y
en general, las decisiones que tomamos y cómo
nos manejamos con nuestros aciertos y errores
producto de esas decisiones


Y en el relacionamiento comunicacional: cómo me
comunico conmigo mismo y con los demás
Figura 2: Construcción de la realidad de las personas

La realidad que se genera durante la relación e interacción humana no es algo
predeterminado, sino que cada uno la construye desde lo que es como ser

Modelo
Mental Autoestima
emocionalidad
individual
Característica:
dimensión
compleja con
elementos
manejables
y otros hasta
inmanejables
por uno
109

Figura 3: Esquema del proceso de aprendizaje individual































Experiencia
Comprobación
de conceptos
Formación de
conceptos
Meditación,
analizando
experiencia

“YO”
Conmigo mismo
PUNTO DE PARTIDA:

mi experiencia acumulada,
más los conocimiento que
estoy adquiriendo; en este
caso, comunicación
conversacional, modelo
mental, autoestima…
Reflexiono
y saco
conclusiones
pero no
definitivas
Selecciono mentalmente y
decido los elementos
comunicacionales que
incorporare en mi práctica diaria
conversacional, teniendo
presente que se trata de un
proceso que debo estar muy
atento al impacto que produce
en mí y en los demás
Aplico en el trabajo
y en mi vida
privada los
elementos
relacionales
conversacionales

Saco conclusiones
válidas, no
autocomplacientes,
sobre impacto-resultado
obtenido, que me
permitan desplegar el
conocimiento adquirido
en este proceso
personal
Las nuevas prácticas que
efectivamente he logrado
incorporar en mi comunicación
conversacional, permiten decir
que estoy aprendiendo…hay
que seguir con el proceso. Si
no he logrado aprender, tengo
que esforzarme con más
decisión