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COMUNIDAD CAMPESINA

El doctor Alejandro Diez nos brinda un panorama actual de estas organizaciones de
interés público, reconocidas por el Estado como instituciones democráticas
fundamentales y que pasan por procesos de transformación y cambio constante.
El Dr. Diez, antropólogo y coordinador de la Maestría en Antropología de la PUCP, acaba de
editar “Tensiones y transformaciones en comunidades campesinas” (CISEPA, 2012), un libro que
recoge las investigaciones realizadas por un grupo de estudiantes y egresados de la Especialidad
de Antropología a propósito de los procesos que atraviesan las comunidades campesinas en la
actualidad.
1.- ¿Qué es una comunidad campesina?
Una comunidad campesina surge de tres elementos: un territorio, construido como colectivo a
lo largo de la historia; una población, que se identifica como colectivo y con el territorio; y un
proceso de reconocimiento, en el que este grupo es reconocido como tal por los vecinos, por
el Estado y por otros agentes. Se reconoce como comunidades campesinas especialmente a los
grupos de costa y sierra, incluso algunas en ceja de selva.
2.- ¿Qué cosas han cambiado en una comunidad campesina?
Las comunidades siempre han tenido tensiones alrededor de ellas. Tensiones básicas alrededor
de los intereses de las familias y de los colectivos dependiendo de las condiciones. Tensiones
entre grupos de interés dentro de la comunidad: agricultores y ganaderos, o comerciantes y
agricultores, católicos y evangélicos, modernos y tradicionales. En un contexto de
transformación estas tensiones se activan de otra manera, las comunidades no son un lugar
detenido sino que siempre están en tensión.
Además, la definición de lo que es un recurso comunal ha cambiado. Los recursos comunales
ya no son el territorio sino los usos, ya sean agrícolas, ganaderos, hídricos, turístico o mineros,
que se hacen de él. Finalmente, el gobierno comunal es más complejo, tiene que ver con formas
de autogobierno y nuevas instituciones.
3.- ¿Qué dice la ley de comunidades campesinas?
“Las comunidades campesinas son organizaciones de interés público, con existencia legal y
personería jurídica, integradas por familias que habitan y controlan determinados territorios,
ligadas por vínculos ancestrales, sociales, económicos y culturales, expresados en la
propiedad comunal de la tierra, el trabajo comunal, la ayuda mutua, el gobierno democrático y
el desarrollo de actividades multisectoriales, cuyos fines se orientan a la realización plena de sus
miembros y del país”, indica la Ley 24656, Ley de Comunidades Campesinas.
Sin embargo, el especialista indica que esta ley data del año 1987, es decir, que no está en
concordancia con la Constitución de 1993, por lo que hay muchas cosas que están en ley que
son inconstitucionales. No es tan fácil actualizar una ley en la que hay muchos conceptos que no
han sido aclarados, como comunidades campesinas, pueblos originarios, pueblos indígenas,
entre otros.
4.- ¿En qué situación se encuentran la legislación sobre comunidades campesinas
actualmente?
La ley de comunidades campesinas es una ley nacional, hay un grupo de elementos que hacen
que las comunidades sean parecidas pero hay otros que las hacen diferentes. Debería haber una
tipología regional de las comunidades para hacer políticas más apropiadas con el tipo de
población que tienes, pues no aplica las políticas que diseñes para una comunidad campesina en
Cuzco como para una comunidad campesina en Piura. En la legislación se reconocen solo dos
tipos de comunidades: comunidad campesina y comunidad campesina de costa.
5.- ¿Cuál es la situación con los recursos de las comunidades?
En el fondo estos nuevos recursos hace que estas comunidades sean ricas pero no lo saben. Y es
la dificultad de gestión lo que hace que estas comunidades puedan parecer pobres cuando en
realidad no es así. A partir de los casos se puede ver que hay comunidades que aprovechan sus
recursos al máximo y otras que no porque están en disputas internas
2.4 COMUNIDADES CAMPESINAS
Las comunidades campesinas en el Perú surgen como resultado del encuentro y
la fusión de la organización Pre-hispánica del Ayllu, con la organización de la
comuna española traída por la conquista (Arguedas, 1979).
Se entiende por Comunidad Campesina, a una agrupación integrada por familias
que poseen y se identifican con un determinado territorio y que están ligados por
rasgos sociales y culturales comunes, por el trabajo comunal y la ayuda mutua, y
básicamente por las actividades vinculadas al agro.

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Según la Ley General de Comunidades Campesinas Nº 24656, en su artículo
segundo define, “Las Comunidades Campesinas como organizaciones de interés
público, con existencia legal y personería jurídica, integradas por familias que
habitan y controlan determinados territorios, ligadas por vínculos ancestrales,
sociales, económicos y culturales, expresados en la propiedad comunal de la
tierra, el trabajo comunal, la ayuda mutua, el gobierno democrático y el
desarrollo de actividades multisectoriales, cuyos fines se orientan a la realización
plena de sus miembros y del país”.
Se encuentran enmarcadas como organizaciones de la sociedad civil, con
personería jurídica, con potestad para ejercer funciones jurisdiccionales dentro
de su ámbito territorial, de conformidad con el derecho consuetudinario. Por sus
especificidades culturales e históricas tienen un tratamiento especial
reglamentado en la Ley Nº 24656, Ley General de Comunidades Campesinas.
Debemos tener presente que el sistema político nacional, desde los inicios de la
República, excluyó a los indígenas de la participación activa en la vida pública
del país; recién a partir de la Constitución Política del Estado Peruano de 1979
se modificó la disposición que prohibía el ejercicio del voto a las personas
analfabetas, las cuales se encuentran concentradas mayormente en las
comunidades campesinas. Esta estrategia de negar la participación de los
pueblos indígenas, hizo que el campesinado rural peruano tenga como único
referente sociopolítico su vida comunal, sus derechos y deberes ancestrales y
sus códigos morales compatibles con esas tradiciones.
Según Mayer, las comunidades campesinas albergan a 711,571 familias rurales,
que constituyen unidades domésticas; cada comunidad tiene en promedio 125
familias. En los departamentos de Apurímac, Huancavelica, Cusco y Puno el
promedio es de cien familias (Mayer, 2004: 64).

¿Qué es una comunidad
campesina?
Asumiendo que es producto de una larga historia (Matos Mar, 1976; Flores Galindo,
1987), definiremos a los grupos a los que llamamos comunidad como unidades que combinan funciones de
regulación económica y social sobre sus integrantes, que comparten una propiedad y que interactúan como
colectividad ante la sociedad mayor. Cómo deberían ser las comunidades, qué las diferencia unas de otras y
cómo se adecúan a la modernidad son las principales interrogantes que nacen a partir de esta definición que
genera, a su vez, un marco imaginario.
La vida de una comunidad supone por lo general la existencia de: a) un territorio
comunal usufructuado familiar y comunalmente, b) un grupo de familias que se consideran
sus miembros/propietarios, c) un cuerpo de dirigentes encargado de algunas funciones internas –de
regulación social– y externas –de representación–, d) otras comunidades vecinas que interactúan entre sí y e)
un Estado que la reconoce y le otorga legitimidad y que regula algunas normas y funciones. En este marco de
condiciones generales existe una sorprendente diversidad a lo largo del territorio nacional, generada por
razones históricas, geográficas, poblacionales;
además de fundamentos de base indígena de tipos de organización, de diversidad cultural, de diversidad de
tierras, de integración económica, etc.2. Por ello, aunque seguiremos refiriéndonos
a las comunidades de manera genérica, queremos señalar que, sobre el terreno, es necesario hablar de
casos regionales muy puntuales. Así, por ejemplo, en el Cusco encontramos comunidades herederas de los
ayllus y de las haciendas, mayormente quechuahablantes, en tensión permanente entre modernidad y
tradición; en Ayacucho, comunidades pobres, que integran comités de autodefensa y en situación de
posguerra; en Cajamarca, comunidades/caseríos sostenidas por las rondas en espacios con débil tradición
colectiva; en Huancayo, comunidades
emprendedoras, con altos porcentajes de población emigrante e inmigrante, que comparten el espacio político
con los distritos; en la costa de Piura, macrocomunidades costeñas, asediadas por la urbanización y tentación
constante hacia la parcelación; en la costa de Lima, comunidades de no agricultores, que especulan con
terrenos eriazos de playas; en Puno circunlacustre, comunidades-parcialidades de pequeños propietarios,
agricultores y ganaderos. Y podríamos seguir enumerando otras variantes existentes. En resumen, las
comunidades campesinas se ajustan a una serie muy amplia de variaciones que determinan la existencia de
situaciones específicas que, por lo general, son de carácter regional o subregional. Existen actualmente más
de 6 mil comunidades campesinas y más de 1,500 comunidades nativas reconocidas, y en otras regiones son
menos numerosas. Es decir, poseen inscripción y reconocimiento formal desde el Estado, a pesar de estar
desigualmente repartidas en el territorio nacional. El cuadro 3 –el último registro integrado sobre su número de
hace poco menos de una década– muestra grosso modo esta desigual distribución: un cuarto de las
comunidades campesinas se encuentra en Puno, siguen en orden de importancia Cusco, Ayacucho,
Huancavelica y Apurímac. El mayor número de comunidades se concentra en el sur, en lo que en algún
momento fue llamado “el trapecio andino”. Siguen en importancia numérica las comunidades de la sierra
central: Lima, Junín, Pasco,Huánuco y Áncash.
9
El análisis de este tema se basa en gran parte en el trabajo de MOSSBRUCKER, Harold. La economía campesina y el
concepto de “comunidad”: un enfoque crítico. Lima. Instituto de Estudios Peruanos. 1990.
10
Un grupo de intelectuales con motivaciones políticas y literarias de orientación fundamentalmente socialista. Entre sus
representantes más destacados en el campo sociopolítico estaban Hildebrando Castro Pozo, José Carlos Mariátegui y Luis
E. Valcárcel.
LA COMUNIDAD CAMPESINA: APROXIMACIÓN CONCEPTUAL
En las ciencias sociales existen diversas formas de comprensión de la comunidad campesina debido, en parte, a que las
comunidades constituyen realidades heterogéneas tanto por su compasión, origen, recursos y formas de gestión; por
otro lado, las comunidades son realidades que se hallan en constante redefinición debido a su inmersión en procesos
sociales, económicos y políticos que acontecen en la sociedad. El problema se complejiza en las definiciones que asignan
significados equivalentes a las categorías de “ayllu”, “comunidad” y “pueblo”; y, con el añadido de calificativos como
“campesino”, “nativo”, “indígena”, “originario” (Diez 2006b: 112).
En esta sección, en primer lugar, reviso las formas de comprensión más importantes que se han construido sobre la
comunidad campesina en las ciencias sociales. En segundo lugar, esbozo un concepto de comunidad campesina que
orienta el estudio.
1. Evolución del concepto de comunidad campesina en las ciencias sociales
9

A inicios del S.XX, los indigenistas
10
introducen en la discusión política el término “comunidad”, centrándose en sus
orígenes históricos y en los elementos que la constituyen. Hildebrando Castro Pozo en su libro Nuestra Comunidad
Indígena (1924) señala como elementos constitutivos de la comunidad: la propiedad colectiva de la tierra y los lazos de
consanguinidad familiar; a su vez, las comunidades como Muquiyauyo (Junín) son vistas por Castro Pozo como la
recreación de antiguos valores comunitarios del “ayllu” (Mossbrucker 1990: 68).
Basado en el planteamiento de Castro Pozo, José Carlos Mariátegui concibe la comunidad como “huella” del “ayllu”,
base del Estado Inca y “embrión” de una sociedad futura; es decir, como reproducción del “socialismo indígena” y base
del “socialismo moderno”, que recrea los “hábitos de cooperación y solidaridad” (Mariátegui 1987: 83).
Tanto Castro Pozo como Mariátegui consideran que la posesión común de la tierra y los lazos de parentesco entre las
familias conforman los elementos 11
11
Antes de la Reforma Agraria de Velasco (1969), las comunidades campesinas reciben la denominación de
“comunidades indígenas”.
12
Este trabajo formaba parte del Proyecto Huarochirí-Yauyos, impulsado por el Instituto de Etnología de la Facultad de
Letras de la U.N.M. de San Marcos.
constitutivos de la comunidad indígena
11
. Por otra parte, ambos autores conciben la comunidad como una herencia
directa del ayllu prehispánico, que recrea las formas sociales de reciprocidad, redistribución de recursos y control
vertical de pisos ecológicos (Plaza y Francke 1985: 19). Además, en la concepción indigenista, la comunidad hace posible
el tránsito al socialismo moderno. En este sentido, la discusión sobre la comunidad entre los indigenistas forma parte de
un proyecto político socialista.
Esta visión homogeneiza un modelo ideal de comunidad de carácter igualitario y solidario y asume como válido dicho
modelo para la comprensión de todas las comunidades existentes, independiente de sus diferencias y fisuras internas.
Sin embargo, esta visión homogeneizadora es un componente fundamental de una propuesta política.
En las investigaciones empíricas sobre problemáticas andinas bajo una visión cultural norteamericana, editadas en el
Handbook of South Americans Indians (1946), Bernard Mishkin pone en cuestión la visión indigenista introduciendo la
familia y sus intereses en la compresión de la comunidad indígena. Mishkin define la comunidad como una entidad
conformada por grupos de familias extensas. En la medida en que estos grupos convergen en sus intereses, se
desarrollan acciones colectivas como por ejemplo en la defensa del territorio; en caso contrario, cada familia actúa de
acuerdo a sus intereses particulares. La acción colectiva puede generar sentimientos de grupo sobre la base de las
relaciones de parentesco y no en algo parecido al “espíritu comunista” subyacente a todas las comunidades. Por otro
lado, los intereses familiares divergentes emergen en ciertas condiciones denominadas “modernas” como la articulación
al mercado y las diferencias en el control del territorio (Mossbrucker 1990: 71).
Influenciados por la perspectiva culturalista americana, muchos continúan la corrección de la visión indigenista de la
comunidad iniciada por Mishkin durante los años cincuenta y sesenta. Julio Cotler da un paso decisivo en esta dirección
es su libro Los cambios en la propiedad, la familia y la comunidad en San Lorenzo de Quinti
12
(1959).
Cotler define la comunidad a partir de grupos de interés conformados sobre la base de relaciones de parentesco
(endogamia) y la propiedad común de la tierra. Sin embargo, tanto la estructura de propiedad como la estructura de
parentesco se resquebrajan por los progresivos flujos de interacción con el mercado de Lima, que provoca la
privatización de las tierras comunales y el paso de relaciones de parentesco endogámicas a otras exogámicas. Estos
cambios tuvieron impacto en el “relajamiento de estrictos vínculos familiares” debilitando la capacidad para la
organización de todo tipo de “ayuda mutua” (Cotler 1959: 61). 12
13
Mossbrucker cita el artículo de Adams titulado The community in Latin América: a changing myth (1962).
Sin embargo, los comuneros fueron articulándose en “sociedades de trabajo” para mantener la ayuda mutua y los
vínculos familiares. Inicialmente, estas sociedades conservan los lazos familiares; posteriormente, las comunidades de
San Lorenzo de Quinti se transforman en pueblo, en que los individuos se identifican no en función de su pertenencia a
una comunidad sino de sus situaciones específicas (Cotler 1959: 65). Según Cotler, este cambio de comunidad en pueblo
es un proceso de adaptación de los campesinos a los cambios socio-económicos que se producen en la sociedad mayor.
Por otro lado, Cotler hace la distinción conceptual entre “ayllu”, “comunidad” y “pueblo” (Mossbrucker 1990: 75). El
ayllu agrupa a las familias en base a las relaciones de parentesco y la unidad local. Por su parte, la comunidad es más una
institución con tareas y metas precisas; y, el pueblo, una aglomeración de unidades domésticas en un territorio
determinado (Cotler 1959: 57).
Estudios posteriores profundizan en las situaciones que generan cambios socio- económicos y en la configuración de
intereses de grupos familiares en la compresión de la comunidad. Según Metraux (1959), a medida que las comunidades
se articulan al mercado, los campesinos desarrollan estrategias de aprovechamiento de oportunidades que ofrece dicha
integración. Por su parte, Richard Adams
13
reconoce la posesión común de tierras como un elemento que define la
comunidad; sin embargo, considera que el trabajo colectivo basado en las relaciones de reciprocidad no constituye un
rasgo distintivo de la comunidad porque la ayuda mutua se desarrolla en relación directa con problemas particulares
(intereses); desaparecidos éstos, las relaciones de cooperación desaparecen (Mossbrucker 1990: 77).
En los años setenta, la comprensión de la comunidad experimenta una evolución importante en parte como resultado
de la crisis del culturalismo norteamericano y el desarrollo del marxismo, el estructuralismo y la teoría de la
dependencia; por otro lado, de las transformaciones que experimenta la sociedad. En este escenario, la comunidad es
entendida como una entidad en transformación y no necesariamente desintegrada en los grandes procesos de
dependencia.
Fernando Fuenzalida, en su libro Estructuras Tradicionales y Economía de Mercado: La Comunidad de Indígenas de
Huayopampa (1968), retoma la idea de adaptación desarrollada por Cotler pero entendida como transformación en
procesos de cambio socio-económico; al mismo tiempo, introduce la institución como expresión de intereses
particulares en la compresión de la comunidad.
Fuenzalida muestra la transformación de las comunidades en procesos de cambios socio-económicos y políticos a través
del tiempo. Durante la Colonia, los cinco ayllus de Huayopampa se articulan a través de la comunidad. El ayllu como
grupo de parentesco es el que posee el territorio común; en tanto que, la comunidad como entidad superior, unifica y
facilita la interacción de los ayllus. En este marco, la comunidad aparece como una institución que expresa la asociación
de familias extensas. En la República, con la administración 13
municipal, los jefes de familias nucleares cobran mayor relevancia y la comunidad se transforma en una institución que
representa a una asociación de familias nucleares. Finalmente, con el desarrollo del mercado en el S.XX, que posibilita la
emergencia de nuevas categorías sociales sin vinculación a las actividades agropecuarias, la comunidad se transforma en
una institución que representa a individuos responsables ante la Ley.
En efecto, la comunidad en tanto institución se transforma inmersa en los cambios socio-económicos y políticos, a partir
de intereses particulares de grupos específicos y desarrollan actividades de cooperación y competencia para hacer
prevalecer sus intereses. La comunidad inmersa en los procesos de cambio global no se desintegran, sino que se
transforman.
A partir de las investigaciones sobre comunidades existentes en San Lorenzo de Quinti (Huarochirí), Muquiyauyo (Junín)
y Huayopampa (Chancay) se hacen correctivos de la concepción homogeneizadora y estática de la comunidad,
incluyendo nuevos marcos de comprensión a partir de los intereses de grupos familiares y su transformación en los
procesos de cambios socio-económicos y políticos que acontecen en la sociedad. La ruptura con la visión indigenista se
hace más clara en los trabajos de Arguedas (1968) y Fuenzalida (1970) a partir del estudio sobre los orígenes de las
comunidades.
Arguedas sostiene que los elementos constitutivos de la comunidad andina fueron producto del orden colonial y, por
ende, sus orígenes son básicamente hispanos, específicamente en los ayuntamientos españoles. Arguedas sostiene esta
tesis a partir de una investigación empírica sobre las comunidades en España y en el Perú (1968). Fuenzalida profundiza
en esta perspectiva en su artículo La estructura de la comunidad de indígenas tradicional: una hipótesis de trabajo
(1970).
Según Fuenzalida, la comunidad andina surge durante las Reducciones de Toledo en el S.XVI para alcanzar una serie de
metas impuestas por la administración española en lo económico (mano de obra y tributos), político (lealtad a la
corona), ideológico (valores difundidos por el catolicismo) y social. En este sentido, la comunidad andina es un
“producto de la conquista” (Fuenzalida 1970: 66). En cuanto a su estructura interna, la comunidad es “la reunión
administrativa de varios ayllus en un pueblo indígena y en consecuencia una construcción artificial” (Mossbrucker 1990:
79). En este sentido, el ayllu es el grupo endogámico localizado territorialmente, propietario de tierras y la comunidad
una construcción artificial. En esta condición de artificialidad radicaría la fragilidad de la comunidad dado que esta
construcción no siempre logra una unificación de los ayllus; más bien, éstos tienden a coexistir en forma yuxtapuesta.
La fragilidad interna se constituye en un elemento de comprensión de la comunidad en muchos estudios que giran en
torno a las relaciones de poder, el papel de la dirigencia comunal, las asambleas comunales, entre otros. Sin embargo,
estos temas son abordados de manera más clara recién desde los años 90. 14
En los años 70, el trabajo de Grondín representa una excepción a la regla (Mossbrucker 1990: 90). Este autor estudia la
comunidad de Muquiyauyo básicamente como una institución que perpetúa en el tiempo las relaciones internas de
poder y la apropiación de “excedentes” que genera el trabajo gratuito para transferirlos hacia obras de prestigio social
que redunda a favor de los grupos más acomodados al interior de la comunidad (Grondín 1978: 21- 29).
A inicios de los años 80, Orlando Plaza y Marfil Francke introducen un enfoque de análisis de las comunidades desde la
perspectiva del mercado interno y la relación de tensión constante entre “lo comunal” y “lo familiar” (Plaza y Francke
1985: 57). Por otro lado, consideran que “lo comunal” se expresa en las dimensiones culturales, económicas y políticas;
así mismo, “lo familiar” se reproduce en sus actividades productivas (económicas), la organización social y en las
producciones culturales.
Según la definición de la comunidad propuesta por Plaza y Francke, las comunidades realmente existentes deben ser
estudiadas en la relación de tensión entre “lo comunal” y “lo familiar”, y su concreción en el campo económico, político
y cultural; así mismo, en su vinculación a la sociedad mayor (mercado, Estado y conflictos de clase).
Sin embargo, los postulados de la ecología cultural trazados por John Murra (1975) terminan imponiéndose como marco
analítico de las comunidades en los años ochenta en las ciencias sociales. Golte, Mayer, Fonseca y De la Cadena buscan
explicar el rol de la comunidad a través de las condiciones ecológicas de producción en los andes centrales.
Golte define la comunidad como la organización social más adecuada para la producción agrícola en un contexto de
fragilidad del medio ambiente andino (tierras en pendiente, escasez de agua, escasa fertilidad del suelo), mediante la
modalidad multicíclica de producción basada en el uso intensivo de la fuerza de trabajo cooperativo (Mossbrucker 1990:
93).
Esta “racionalidad andina” funciona plenamente solo en las sociedades que producen “valores de uso” (autoconsumo).
Sin embargo, la presencia del mercado moderno en el ámbito de producción multicíclica crea progresivamente “valores
de cambio” que entran en contradicción con la práctica de maximización del uso de la fuerza de trabajo. Ante esta
situación, los campesinos responden creando nuevas formas de organización, especialmente a través de la privatización
de tierras irrigadas y la introducción del trabajo asalariado (Mossbrucker 1990: 94). Como el mercado no puede
imponerse de modo uniforme y generalizado en el campo, los campesinos generalmente combinan ambas dinámicas o
continúan dependiendo de las relaciones de cooperación.
De la Cadena sostiene que en estas condiciones, la comunidad es la institución que organiza la cooperación que se
requiere para satisfacer las exigencias técnicas de la producción que la familia campesina individualmente sería incapaz
de cumplirla. De este modo, la comunidad genera reglas y autoridades 15
14
Mossbrucker (1990), Urrutia (1992) y Diez (2007).
para la regulación y resolución de conflictos en torno al acceso, uso y distribución de recursos en las “zonas de
producción” con limitaciones ecológicas (Mayer 1989).
Estos hallazgos coinciden con la disminución de los estudios antropológicos sobre comunidades campesinas. Existe una
opinión compartida entre los autores que han hecho el balance sobre estudios de las comunidades
14
, que desde
mediados de los años 80 se “aprecia una sensible disminución de los estudios sobre comunidades” (Diez 2007: 107); es
más, no hay un debate importante sobre la comunidad. Esto se debería a que la comunidad campesina ha dejado de ser
un tema central en la preocupación antropológica (Urrutia 1992: 13). Sin embargo, surgen preocupaciones en torno a las
comunidades desde disciplinas como la economía. Gonzáles de Olarte (1984) sostiene que la comunidad se explica por el
“efecto comunidad”; es decir, por los beneficios mayores que genera para las familias campesinas que individualmente
no pueden alcanzarlos. Por su parte, Kervyn (1987) confiere coherencia a la dinámica de cooperación comunal en el
marco de la economía institucional.
En un balance de estudios antropológicos sobre comunidades campesinas recientemente elaborado por Alejandro Diez
(2007), el foco de atención se traslada hacia la organización comunal especialmente en sus tres componentes: dirigencia
comunal, mecanismos institucionalizados de gobierno y vínculos con los actores extracomunales.
La dirigencia comunal como tema de estudio antropológico se abre paso lentamente desde los años 70. Los estudios con
enfoque de antropología política analizan la comunidad como un colectivo inserto en los mecanismos de una “estructura
arborescente” (Fuenzalida 1970), en que los campesinos se integran en una múltiple red ascendente de intermediarios
desde dirigentes locales hasta las autoridades políticas regionales. Por otro lado, los campesinos son vistos como
moviéndose en una estructura de “triangulo sin base” (Cotler 1969), carentes de cualquier articulación entre ellos
(iguales), dominados por una articulación hacia arriba.
Desde los años 90, varios estudios hacen referencia a la directiva comunal. En estos trabajos, la directiva comunal es
analizada como una instancia sujeta a la voluntad de la asamblea comunal. Sin embargo, algunos estudios muestran sus
dimensiones complejas como la formación y las fracturas internas que enfrenta la comunidad de Catacaos (Revez 1992),
dirigentes y sus intereses diferenciados en Huanoquite (Seligman 1992 y 1995), roles y trayectorias de los dirigentes en
Frías (Apel 1996), procesos históricos de formación de los dirigentes en la sierra de Piura (Diez 2007: 116-117).
En cuanto a los mecanismos institucionalizados de gobierno, los estudios giran en torno a las asambleas comunales,
faenas o trabajos comunales; con escasas referencias a su desarrollo y dinámicas. Existen otros trabajos aunque de
menor relevancia referidos a la vinculación de la organización comunal con los actores extracomunales; con escaso
análisis sobre el carácter de estos 16
vínculos y las posiciones que construyen frente a los actores extracomunales (Diez 2007: 119).
Este conjunto de trabajos muestran dos elementos centrales a considerar en la definición de la comunidad: por un lado,
la dirigencia comunal; por otro lado, las funciones de la comunidad como institución.
En relación al papel que juega la dirigencia comunal en la definición de la comunidad campesina, De la Cadena (1986)
considera que la capacidad de solución de conflictos que tiene la dirigencia es una de las razones de su existencia.
Tomando como referencia esta consideración, Diez destaca la dirigencia comunal como un componente que define la
comunidad; así como no hay comunidad sin propiedad comunal y sin reconocimiento estatal, tampoco existe sin
dirigencia dado que ésta desempeña un papel importante en la naturaleza del ejercicio del gobierno comunal (Diez
2007: 115).
La dirigencia comunal construye la comunidad como un espacio complejo de relaciones de poder, enraizada en un
conjunto de relaciones de parentesco y de facciones; cuyos campos de acción son las elecciones, en las que reproducen
los órganos de gobierno; las asambleas, en las que expresan y confrontan sus intereses; y, algunos acontecimientos en
los que afirman sus posiciones. Al mismo tiempo, la dirigencia comunal participa en la construcción de la política local en
relación con los actores locales. En este sentido, como sostiene Diez (2007), la directiva comunal es el “locus de la
construcción de equilibrios” internos y externos de la política comunal; es decir, la función principal de la directiva
comunal es la construcción de equilibrios en las relaciones de poder, condición sin la cual la comunidad viviría en una
constante relación de conflictos.
En cuanto a las funciones de la comunidad. Diez plantea como hipótesis que las comunidades campesinas son cada vez
más instituciones políticas que económicas, argumentando que las principales funciones que cumplen las configuran
como instancias de organización, regulación y solución de conflictos entre sus miembros; de interrelación con los actores
externos y la defensa de la integridad territorial frente a terceros. En este sentido, sólo en contadas oportunidades
cumpliría un papel central en la regulación y control de los recursos de propiedad colectiva (Diez 2007: 119).
Las ciencias sociales han dado bastante importancia a la ruptura con la interpretación indigenista que concibe la
comunidad como la reproducción directa del ayllu prehispánico, introduciendo nuevos elementos en la comprensión de
la comunidad como a) la determinación de su origen durante las Reducciones del S.XVI; b) su carácter artificial, producto
de la articulación de los grupos familiares; c) su articulación a la sociedad mayor especialmente a través del mercado y
su transformación en relación a los procesos generados por dicha articulación; d) la organización que responde mejor a
las condiciones de fragilidad del medio ambiente a través del trabajo intensivo y la producción agrícola muticíclica; e) la
organización que coordina la cooperación para responder a las exigencias técnicas de la producción. Otra ruta seguida
por las ciencias sociales ha centrado su atención en la comprensión de la comunidad a 17
partir de la dirigencia comunal, los mecanismos institucionalizados de gobierno y las funciones que cumple.
Sin embargo, estos trabajos abordan escasamente el papel de la acción colectiva en la comunidad campesina
específicamente en la constitución, acceso y gestión de los recursos de uso comunal, la dinámica del conflicto de
intereses o facciones en la construcción de la comunidad como un espacio de relaciones de poder, y las relaciones con
actores extracomunales en el marco de gestión de los recursos de uso comunal.
Este estudio pretende profundizar en el papel que desempeña la acción colectiva y el conflicto de intereses
específicamente en la afirmación del territorio, en el manejo de la economía bajo la forma empresarial, en la asignación
de usos y control del territorio, la afirmación de “lo comunal” y en las relaciones de poder al interior de la comunidad.
2. La definición de la comunidad campesina que orienta la tesis
Siendo la comunidad campesina una realidad heterogénea y cambiante, como resultado de su inmersión en los procesos
sociales, económicos y políticos que acontecen en la sociedad, es difícil que un concepto pueda dar cuenta de la
diversidad de elementos que constituyen a las comunidades realmente existentes. Sin embargo, es preciso establecer
una definición operativa. A partir de los trabajos que hemos revisado en la primera parte, establecemos algunas
características que definen a la comunidad campesina y esta definición orienta nuestro trabajo en la presente tesis:
a. Un territorio delimitado. El territorio es delimitado históricamente como resultado de un largo proceso de defensa del
mismo y geográficamente a través de la determinación de los ámbitos territoriales. Sin embargo, muchos miembros de
las comunidades no residen en el territorio pero retienen derechos sobre el territorio y las fuentes de sustento de
muchos comuneros no dependen sólo de los recursos en el territorio. En este sentido, el territorio está delimitado
también socialmente y marca fronteras sociales ante los no comuneros.
b. Los lazos de parentesco vinculan a las familias o al grupo de familias que son miembros de la comunidad. Sin
embargo, muchas comunidades no son solo un grupo de familias emparentadas entre sí, sino que conforman conjuntos
heterogéneos vinculados a través de otros lazos como la residencia, la pertenencia a los “grupos de interés”, a “grupos
mayores” (asociaciones) y a determinadas facciones.
c. Los recursos y la propiedad comunal. La mayor parte de los recursos de uso comunal están delimitados
territorialmente y todos los miembros de la comunidad se consideran propietarios de dichos recursos, con iguales
derechos sobre ellos. Algunos de estos recursos tiene base territorial (pastos, parcelas, agua) y otros son resultado de
algún tipo de inversión (empresa comunal). 18
El usufructo de estos recursos es de carácter familiar y existe una desigualdad de oportunidades en el acceso a los mismos. Sin
embargo, esto no supone la existencia de un régimen de propiedad privada. Por ello, el control de recursos en un territorio delimitado
es un elemento constitutivo de la comunidad.
d. La comunidad establece los derechos de acceso a los recursos y las obligaciones de provisión de los recursos de acervo comunal. Por
ello, la comunidad está ligada a la gestión comunal de los recursos (Mayer 1989: 29; Mossbrucker 1990: 97) y regula los recursos de
acervo comunal. Lo que define a la comunidad como institución es el control sobre los recursos de uso comunal.
La propiedad comunal ha sido interpretada también como uno de los rasgos distintivos de la comunidad campesina; sin embargo, las
comunidades pueden existir aún si no hay propiedad común como la comunidad de Catac desde el año 1946 (reconocimiento legal)
hasta el año 1963 (toma de tierras).
e. La existencia de los grupos de interés y facciones es un aspecto fundamental en la comprensión de la comunidad como la
construcción de acuerdos y equilibrios, es decir, fruto de la acción colectiva. En este marco, el rol de la dirigencia comunal es un aspecto
sustantivo de comprensión de la comunidad como agente generador de acuerdos entre diferentes grupos de interés o facciones al
interior de la comunidad. Por ello, algunos autores insisten en que el mal o el buen funcionamiento de la comunidad dependen en gran
medida del liderazgo que ejercen sus dirigentes (Diez 2007: 121). Por otro lado, la directiva comunal representa a la comunidad ente las
entidades externas.
f. Otro elemento constitutivo de la comunidad es su vinculación con la sociedad mayor a través de las relaciones que establecen con los
actores locales, regionales y nacionales, y de la influencia que ejercen los procesos sociales, económicos y políticos en los que la
comunidad se halla inmersa. Es importante tomar en cuenta este elemento en el estudio de las comunidades campesinas y su
transformación en el tiempo.