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María: la primera película colombiana

Camilo Montoya C.

El escenario que rodeó la producción del primer largometraje de ficción de nuestro país,
una adaptación de la obre cumbre del escritor caleño Jorge Isaacs, María, es bien
colombiano. Su periplo fue una hazaña sin precedentes en la historia patria, un hito de
1921 realizado en la más pura improvisación: equipos técnicos muy rudimentarios,
escasez de fondos, falta de personal (se podría decir que la totalidad de las funciones de la
filmación las ocupaban solamente 2 personas: el actor y guionista Alfredo Del Diestro y el
fotógrafo Máximo Calvo), carencia de organización y planeación (hubo conflictos en la
decisión de muchas escenas, así como penurias aguantadas por el equipo de la película
debido a las condiciones para nada propicias del lugar de filmación), gente cualquiera, sin
formación actoral, ocupando los roles protagónicos y secundarios; fue hecha, como lo
narraba años después Estella López Pomareda, la que hizo el rol de María, “con empeño
pero sin plata”.
La empresa resultó siendo tan humilde que los negativos de la cinta se iban a revelar, al
día siguiente de la grabación, en las aguas de un riachuelo que pasaba por la finca
vallecaucana en donde se grabó toda la película.
La historia es tan colombiana que incluso, como muestra de la desconfianza hacia
nuestras propias facultades, o quizás como la convicción que aun nos rodea de decir que
lo de afuera de mejor, y que lo de adentro no sirve, hubo que traer a alguien del exterior
para que sacara adelante tal empresa: el fotógrafo y técnico español Máximo Calvo, quien
fue contactado por el sacerdote colombiano Francisco Antonio José Posada, un gran
aficionado a la obra que la quería ver convertida en el celuloide.
Es más, la historia es tan colombiana que hoy en día no hay ninguna copia completa de la
película. La tenaz hazaña que marcó el inicio de la producción fílmica en el país, una cinta
que se hizo de la nada y con nada, y que aun así resultó siendo un éxito sin precedentes,
se perdió, y no se sabe bien cómo. Otra muestra para alimentar esa desafortunada
carencia de memoria histórica cultural que tanto pregonamos. ¿Una añadidura más al ya
conocido apelativo de Colombia, “país sin memoria”? La pérdida de los fotogramas de
María es otro episodio que denota el olvido fatal en el que tenemos nuestro pasado.
Aunque la mayoría de los registros visuales que involucraban a María hayan desaparecido
–incluida, como no, la propia cinta original-, varios historiadores han logrado reunir
testimonios que entregan una visión bastante completa sobre los inicios del cine en
Colombia, que se remontan más allá de 1921, el año en que fue estrenada María.
Principios del siglo XX: el cine se toma Bogotá
“Una película de los hermanos Lumiere fue estrenada en Medellín en 1899. Impactó tanto
a los antioqueños que de inmediato le gritaron. Decretaron 4 días de carnaval y salieron
disfrazados por las calles, con tanta alegría que la prolongaron 2 días más”
1
.
El cine llegó a Colombia 2 años después de la primera proyección de los hermanos
Lumiere, los inventores del cinematógrafo. El hombre que trajo aquél artilugio mágico a
nuestra tierra se llamaba Gabriel Veyre, un farmacéutico francés que abandonó su
profesión para ser operario de los Lumiere. Los viajes de Veyre lo llevaron primero a
México y de allí, bordeando las costas centroamericanas, se dirigió a Colón, Panamá, por
ese entonces -1897-, parte del territorio colombiano. El deseo de Veyre era llegar a
Bogotá e instalar el cinematógrafo en la capital del país. Prendado por la belleza del
continente, escribiría a propósito:
“Mañana parto para [Ciudad de] Panamá para instalar mi aparato una quincena de
días [...] lo dejaré allá... para ir yo mismo a Barranquilla, a dos días de vapor de
aquí. Es probable que después de Barranquilla vaya a la capital, Bogotá. Es un viaje
precioso sobre el río Magdalena que uno sube en barco durante ocho días. Dicen
que durante todo el trayecto es un paisaje en albura, dando una verdadera idea de
América salvaje: bosques vírgenes, monos, pericos, cocodrilos todo a montones”
2

Pero por dificultades que se le presentaron en su viaje, Veyre no encontró el éxito en el
país, y su llegada a Bogotá nunca se produjo. Sin embargo, por esos tiempos también
llegaban a Colón 2 europeos con ansias de radicar el cinematógrafo en nuestro territorio:
los hermanos Francesco y Vincenzo Di Domenico.
Los Di Domenico arribaron a Bogotá en 1909, con la creencia de que allí podrían asentarse
y afianzar una industria cinematográfica en el país. Los hermanos comenzaron su
participación con pequeñas exhibiciones en la capital, para más tarde llamar al país a otros
familiares (Juan y Donato Di Domenico) que montaron salas de exhibición en Medellín y
Cali. A su vez, los hermanos recorrieron gran parte del territorio nacional a través el Río
Magdalena, aprovechando sus paisajes que grabaron para intereses de los Lumiere.

1
Tomado del documental: Historia Del Cine Colombiano, capítulo 1: Los Pioneros (1897-1922), Fundación
Patrimonio Fílmico Colombiano y Audiovisuales, dirigido por Jorge Nieto, 2004.
2
Veyre, G. [1996] Gabriel Veyre, representante de Lumière: cartas a su madre. Citado en Historia del Cine
Colombiano (2004), Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, p. 10.
Los Di Domenico fueron también pioneros en la introducción de los noticieros en la
población bogotana. Ellos grababan sucesos del mediodía en la capital, más tarde
procesaban las películas en los laboratorios y las proyectaban en las horas de la noche o
de la tarde, a veces como suplemento previo a las películas europeas que traían. Los
ciudadanos de la capital se entusiasmaban al repetir los sucesos que ya habían visto unas
horas antes. “Por primera vez, las 150 mil almas bogotanas se vieron lelas de fascinación
en sus cotidianos eventos de procesiones, actos sociales, fiestas religiosas y patrias”
3
.
El éxito de las exhibiciones de los Di Domenico los impulsó a asociarse con importantes
empresarios de la época, como Nemesio Camacho y Ulpiano Valenzuela, para la
construcción de un teatro de gran capacidad para presentar las películas y otros
espectáculos contemporáneos. Tal empresa se consolidó el 8 de diciembre de 1912,
cuando el salón Olympia de Bogotá abrió sus puertas con la exhibición de la película
italiana La novela de un joven pobre. Al respecto, la publicación cultural El Artista, una
semana después de este acontecimiento, escribiría:
“Con verdadero entusiasmo por parte del público se estrenó el 8 de los corrientes
este hermoso y amplio salón, con la interesante película, La novela de un joven
pobre. Bogotá tiene mucho que agradecer a los señores empresarios que le hayan
dotado de un salón que reúne todas las comodidades de amplitud, ventilación y
belleza. Actualmente está trabajando allí el cinema Olympia de propiedad de los
señores Di Domenico, el mejor que ha llegado hasta esta cumbre y el cual tiene el
más bello y variado repertorio de películas, que harán las delicias de esta sociedad
durante una larga temporada. El buen éxito con que fue estrena del salón
demuestra las simpatías que se tienen aquí por el cine que venimos tratando, el
cual merece el apoyo de todos los amantes de espectáculos cultos y morales que
amenicen la sedentaria vida de nuestras familias. Felicitaciones muy entusiastas
para los empresarios y para la sociedad"
4
.
Según Donato Di Domenico, la exhibición de La novela de un joven pobre en la
inauguración del salón Olympia fue “uno de los grandes acontecimientos sociales de la
época”
5
. Y no era para menos: el Olympia fue el primer gran recinto cubierto de la capital
construido exclusivamente para estos fines particulares. Sus sesenta metros en sentido
este-oeste, y sus 30 de ancho, lograban alcanzar una capacidad para 3000 espectadores-

3
Historia Del Cine Colombiano, capítulo 1: Los Pioneros (1897-1922), (2004).
4
Salcedo Silva, Hernando, (1981), Crónicas del cine colombiano: 1897-1950, Carlos Valencia Editores,
Bogotá. Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/todaslasartes/croci/indice.htm. Búsqueda realizada en
septiembre del 2013.
5
Íbid.
Donato Di Domenico afirmaba que eran 5000-, que, en su mayoría, pertenecían a la
aristocracia bogotana. De hecho, el teatro se dividía en función de lo que podían pagar los
bogotanos, siendo los más pudientes quienes veían con claridad las películas, mientras
que los de menor riqueza se tenían que contentar con observar al otro lado de la pantalla,
segregados de la élite capitalina:
“La cabina de proyección, al fondo, quedaba al oriente, junto a los palcos
principales un tanto elevados sobre platea, para el público que pagaba más y veía
de frente la pantalla instalada en medio del salón. [...] La galería para el público de
menos ingresos, que veía la proyección al revés se desarrollaba hacia occidente”
6
.
El Olympia proyectaba sobre todo películas francesas e italianas, que se demoraban por lo
menos 2 meses en trasladarse de Europa a Bogotá. Según Donato Di Domenico, el público
bogotano gozaba mucho con las películas de divas como Pina Menichelli, Francesca
Bertini, o Manzani, así como de las producciones de Pathé y Eclair, y particularmente,
“gustaban las escenas donde aparecían puestas de sol o amaneceres que el público
siempre aplaudía”
7
. También, pero en menor medida, se exhibieron metrajes
norteamericanos, pertenecientes a la Universal y Columbia.
El Olympia fue todo un éxito y le permitió a los Di Domenico crear, en 1914, la Sociedad
Industrial Cinematográfica Latinoamericana (SICLA), con la que dieron los primeros pasos
en la realización nacional, al financiar el que sería presentado como el primer
cortometraje nacional puesto en exhibición, titulado La fiesta del Corpus. A este le siguió
una película con tono documental que conmemoraría el primer aniversario de la muerte
del general Rafael Uribe, llamado El drama del 15 de octubre. Pero no solo se quedaron
con la realización y exhibición de filmes. También empezaron a publicar y distribuir
revistas que promocionaban las funciones y espectáculos del Olympia. Antes de llegar a
1920, el cine, el gran atractivo del Olympia, se estaba convirtiendo en el entretenimiento
predilecto de la sociedad capitalina colombiana, y con la expansión de los Di Domenico
por el resto del territorio, de la sociedad colombiana.
Con esto, los Di Domenico sentaron las bases para el negocio cinematográfico en el país, y
a través de sus impulsos a la producción y la realización local, -parte de ello está en su
aporte de los noticieros, que servían a los colombianos para ilustrarse sobre su propio
país-, se vio cada vez más apremiante la necesidad de llevarle a la población películas
nacionales, distintas a los metrajes franceses, italianos o norteamericanos, que si bien
entretenían al público criollo, no lograban hacerlo sentir identificado: había que empezar

6
Nieto J. y Rojas, D. [1992]. Tiempos del Olympia, Citado en Historia del Cine Colombiano (2004), Fundación
Patrimonio Fílmico Colombiano, p. 12.
7
Salcedo Silva, Hernando, (1981), Crónicas del cine colombiano: 1897-1950.
a contar las historias locales, no las de sibaritas distinguidos del primer mundo, ni de
cowboys del medio oeste americano; sino las de campesinos, arrieros, y criollos: historias
de nuestro panorama nacional.
María: el gran éxito del cine nacional
La industria del cine en el país empezaba a sentir la necesidad de tener realizaciones
propias que enfrentaran las producciones europeas y norteamericanas. Los Di Domenico
habían entendido esto y se habían aventurado por historias como la del asesinato del
general Rafael Uribe, aprovechándose de la conmoración del primer aniversario de la
muerte del militar como gancho comercial para atraer al público. Los Di Domenico
buscaron ir más lejos y en 1919 se planeó una producción acerca de la Batalla de Boyacá,
que por entonces cumplía 100 años, pero dicho proyecto nunca pudo llevarse a cabo.
En este mismo período también le surgió la idea al sacerdote franciscano Antonio José
Posada, un gran admirador de la obra de Jorge Isaacs, de sacar adelante un largometraje
sobre la novela María, ambientada en los paisajes del valle del cauca. La idea se tornó más
en un capricho que Posada intentó concebir a como dé lugar, y que lo llevó a contactar en
Panamá al inmigrante español Máximo Calvo, un fotógrafo con formación artística que
había realizado algunos trabajos fílmicos en el país del canal. Posada le pasó una copia de
la novela a Calvo, pidiéndole estudiar la posibilidad de convertirla en imágenes. En un
principio Calvo se mostró dudoso, pero luego de releer la novela varias veces dio su visto
bueno y se embarcó en la producción que lo llevaría a los lugares originales descritos en
María, ubicados en las cercanías de Cali.
La realización del filme se dio en la más pura simpleza. La producción se tornó más en una
aventura y un descubrimiento por ver hasta qué punto llegaban las ganas de ver finalizado
el producto al pasar por estrecheces económicas y carencias técnicas significativas. El
franciscano Posada decidió financiar gran parte de la película de su propio bolsillo, sin
embargo su capacidad económica no daría para tanto. Y es que a pesar de la sencillez de
la producción, el presupuesto se tornaba difícil de sostener por incluir gastos varios como
la alimentación del equipo de rodaje (técnicos y actores) durante su estadía en la hacienda
El Paraíso –el lugar escogido para grabar, que también, se supone, fue el original descrito
en la novela-, además del transporte constante y los encargos hasta la ciudad de Cali.
En este orden de ideas, no resulta complicado entender porqué los actores elegidos no
fueron artistas reconocidos o siquiera formados. De hecho, surgieron muchas discusiones
entre Calvo y el director escogido para el proyecto, el español Alfredo del Diestro, un actor
de teatro que por ese entonces se encontraba de gira con su compañía en el Valle del
Cauca, referentes al tema de los actores y la visión de la película: los actores no facilitaban
el proceso artístico, complicaban la propuesta de Del Diestro y frenaban la organización de
Calvo. Parte de esta dificultad también se debió a la corta edad que por ese entonces
tenía Estela López Pomareda, la encargada de personificar a María, el gran amor de Efraín,
el otro protagonista de la cinta. López tenía 17 años en esa época y ninguno de ellos
dedicado a la actuación. Eso le pesó bastante a la hora de afrontar la simulación de su
relación amorosa con Hernando Sinisterra –el que encarnó a Efraín-
8
.
Este aspecto fue reprobado por el público más purista de la época, que estaba temeroso
de que la cinta perdiera los tan alabados aspectos literarios de la prosa de Jorge Isaacs, y
se convirtiera en un sencillo, mal interpretado y superficial melodrama. El texto de Isaacs,
más que una obra maestra, era considerado por la sociedad de la época como algo
“sagrado”, por lo que concebir una cinta que no fuera del todo fiel al espíritu de la novela
podía ser visto como una falta de respeto grave en el país.
Al respecto, haciendo énfasis en la calidad de los actores del proyecto, el poeta Eduardo
Castillo escribiría:
“… He de confesar que, cuando en el Valle se trató por primera vez de llevar a la
pantalla la producción inmortal de lsaacs, fui de los que, con Mario Carvajal, Nieto
[Ricardo], Garrido [Gilberto], y Blas Scarpetta, quisieron iniciar una campaña contra
ese intento. Afortunadamente la injusticia que pretendíamos no se llevó a efecto.
Lo natural era esperar el resultado de la empresa que don Alfredo del Diestro y
otros caballeros del Valle se proponían llevar adelante. No era razonable ni
equitativo prejuzgar. No obstante, mi pesimismo se conservaba intacto: la
interpretación de personajes tan idealizados hoy y tan humanizados en su época,
estaba a cargo de artistas noveles, absolutamente ajenos a los secretos recursos
del arte mudo. Perdóneseme la franqueza: yo pensaba que la distinción y la belleza
de las damas y la buena voluntad de los caballeros que integraban el cuadro
artístico no eran elementos suficientes para sacar con éxito empresa tan difícil"
9
.
Seis meses duró la filmación completa de la película, a la par que el técnico de la película,
labor que también desempeñó Máximo Calvo, iba revelando segmentos de la cinta en un
cuarto de la hacienda en el que, se supone, habría funcionado como oratorio para la
María original.

8
Historia Del Cine Colombiano, capítulo 2: La edad de Oro (1922-1928), (2004).
9
Castillo, Eduardo, revista Cromos, 28 de octubre de 1922. Citado en Salcedo Silva, Hernando, (1981),
Crónicas del cine colombiano: 1897-1950.
En el proceso también estuvo involucrada una demanda por parte de la familia de Isaacs,
siendo este el primer precedente jurídico en el país en materia de derechos de autor. Este
proceso fue de gran ayuda para la promoción de la película
10
.
En octubre de 1922 finalmente se exhibió María, en el Gran Salón Moderno de la ciudad
de Cali. La película fue un éxito inmediato, arrasando la taquilla y haciendo que se
tuvieran que imprimir más copias para satisfacer la demanda. ¿A qué se debió esta gloria
sin precedentes? Quizás el material que se abordó colaboró enormemente a la tarea:
María no solo era un best-seller colombiano, sino también latinoamericano. Los directores
respetaron la trama de la historia y el resultado final fue alabado por la crítica, quien la
consideró bastante fiel a la original. Así mismo, la historia era bien universal y de fácil
identificación: una historia romántica entre dos enamorados que no se dejan vencer por
las adversidades para estar juntos. Y todo bajo un telón de fondo de paisajes
vallecaucanos, colombianos: de montes, arroyos y fincas; de personajes que labraban la
tierra o atravesaban ríos a caballo. María mostraba una representación de las costumbres
y ritos de esa clase social colombiana, enmarcando en la historia no solo la relación
amorosa entre los dos protagonistas, sino el palpitar de una idiosincrasia bien particular
como la colombiana. María fue la cinta que por primera vez reflejó al colombiano: era un
motivo de orgullo verla, un deber patriótico
11
.
Fue tal el éxito de María que se encargaron más copias para ser distribuidas en los países
vecinos, donde la cinta también resultó siendo exitosa. Este precedente fue el estímulo
final para la conformación de un negocio rentable del cine colombiano, y el pionero de
una adquisición de identidad fílmica nacional. La experiencia con María fomentó la
producción de cine en el país en la década de los 20, de la que salieron importantes
producciones como Aura o las violetas (1924), Bajo el cielo antioqueño (1925), El amor, el
deber y el crimen (1926), o Garras de oro (1926). Tristemente, de las 14 películas
colombianas que se realizaron entre 1922 y 1928 (en este año aparecería la compañía
Cine Colombia, que compraría los estudios de los Di Domenico para cerrarlos y dedicarse
exclusivamente a la exhibición de cine extranjero, dejando a la realización nacional en un
limbo que duraría una década entera), solamente 2 se encuentran casi completas: Bajo el
cielo antioqueño y Alma provinciana. Otras 6 aun conservan apartes pequeños, y las seis
restantes, María incluida, desaparecieron por completo.


10
Historia del Cine Colombiano (2004), Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, p. 19.
11
Íbid.

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