lean Baudrillard

La izquierda divina
Crónica delos años 1977-1984
EDITORIAL ANAGRAMA
, BARCELONA
" /11/0 ác 111 ratcián original:
1 1 1 1111 '11 dívíne. Chronique des années 1977-1984
iI,dllJ 11 Grasset &Fasquelle
París. 1985
Traducción:
Joaquín Jordá
Portada:
Julio Vivas
©EDITORIAL ANAGRAMA, 1985
CalledelaCruz, 44
08034 Barcelona
ISBN 84-339-0079-X
Depósito Legal: B. 26697-1985
Printed in Spain
Diagrafic, S. A. - Constitució, 19 - 08014 Barcelona
rio
t J 1 1 iónde la izquierda
Marzo de 1977
LA LUCHA MAGICAO LA FLAUTAFINAL
Unfantasma obsesiona las esferas del poder: el co-
munismo. Pero otro fantasma obsesiona a los propios
comunistas: el poder.
Todo está falseado enlaescenapolítica actual, regu-
ladapor unsimulacro detensiónrevolucionaria y detoma
depoder por los comunistas (y laizquierda engeneral);
enrealidad, detrás detodaunapuestaenescenaenlaque
loscomunistas siguendesviviéndosepor hacer frente ala
derechay preservar deestemodo todo el edificio, lo que
lespreocupa y les daunafuerzadeinercia siemprereno-
vadaes laobsesión negativa del poder, lo queles estimu-
laes lavergüenzadelarevolución. No sonlos únicos en
hallarse en esta situación, pues lapolítica escapaatodo
·1mundo, y lapropia derecha carecederesortes. Pero el
\'1\ 'o es quelos comunistas siempre han aparecido histó-
I'i .amente, en la perspectiva leninista a la que todo el
mundo seadhiere (y alaqueellos mismos creenser fie-
les), como políticos, prácticamente corriounos profesíona-
11,,' d latomadel poder. Así pues, su desfallecimiento, su
d. 'uiniento político es más flagrante. Miedodel poder ca-
l'I~ d anular laperspectiva abierta por Sanguinetti en
7
el Auténtico Informe sobre las últimas posibilidades de
salvar el capitalismo en Italia: ver cómo los comunistas
toman el relevo delaclase dominante en el ejercicio del
poder y la gestión política del capital (las últimas elec-
ciones italianas han desenmascarado esta utopía que se-
guía estando alimentada por el viejo idealismo cínico de
la lucha declases).
¿Dedónde les viene esta impotencia, esta castración?
¿Quién lehapuesto el cascabel al gato? ¿Y por qué sor-
tilegio fracasan siempre, próximos al objetivo, y no por
protesta como el corredor de fondo que, en su soledad,
decide perderse y rechazar deesemodo laregla del jue-
go -no, por qué fracasan irresistiblemente a un palmo
del poder, por qué frenan desesperadamente, como enlas
historietas gráficas, ala vista del abismo del poder?
Berlinguer manifiesta: «No hay que tener miedo a
quelos comunistas tomen el poder enItalia.» Fórmula ma-
ravillosamente ambigua, ya que puede significar:
-que no hay que tener miedo, ya que si los comu-
nistas llegan al poder, no cambiarán nada desu mecanis-
mo capitalista fundamental; .
-que no existe ningún peligro de que lleguen nunca
al poder por larazón dequeno lo quieren;
-pero también que, en realidad, el poder, un autén-
tico poder, yano existe-ya no existe poder- y por tan-
to no hay ningún peligro deque alguien lo tome o lo re-
cupere;
-y finalmente: YO (Berlinguer) no temo que los co-
munistas tomen el poder en Italia; cosa que puede, pa-
recer lógica, casi evidente, pero que enel fondo no lo es
tanto, yaque esto puede significar lo contrario (no haoe
8
falta el psicoanálisis para esto): TEMO que los comunis-
tas tomen el poder en Italia (y hay buenas razones para
eso, aunque sólo sea para un comunista).
Todo ello es simultáneamente cierto. Ahí está el secre-
to deun discurso cuyaambigüedad traduce por sí misma
lainestabilidad del poder. Imposibilidad deuna posición
determinada depoder. Grado cero delavoluntad política.
Todos los partidos pagan las consecuencias deesta liqui-
dación, pero los comunistas sonquienes sufren más cruel-
mente esta abolición delavoluntad depoder político.
El caso dela«falsa» circular deMoscú al partido co-
munista portugués sobre los medios más eficaces para
tomar el poder. Increíble ingenuidad detodos los actores
deestevodevil. Hay que pensar quefuelaizquierda con-
Irariada laquelanzó estebulo afinderesucitar unaener-
¡{fapolítica delos comunistas que hacía tiempo que ha-
hían perdido. A lasombra delos partidos comunistas en
Ilor, desde hace tiempo sólo existe una izquierda virgen
que espera hacerse violar por la derecha. ¿Este docu-
111 .nto es falso o auténtico? Carece de toda importancia,
y 1 que evidentemente lo auténtico es-Io contrario: a sa-
/H'I', que los comunistas llevan largo tiempo programa-
tlu« para no tornar el poder. Habría sido un mejor ejem-
Ido lesimulación ofensiva lanzar el bulo contrario: «Di-
11 ('lr¡ es de Moscú a todos los partidos comunístas del
1111111 lo sobre los medios más eficaces para no tomar ja-
111 ' J poder.»
ILn contra detodo el trucaje delaesfera política, que
I \ -n torno alaideadesubversión del orden actual por
I ptrtido comunista, encontra deesta añagaza quecuen-
, I 1111 lacomplicidad detodos, hubiera convenido inyec-
9
tar esta simulación destructora, un bulo que le diera la
vuelta atodo el modelo actual desimulación política.
Ellos mismos (pues todo ocurre como si ellos lo su-
pieran) dan todo tipo debuenas razones, entérminos de
relaciones defuerzas, desituación «objetiva», etc.: no se
toma el poder en período de crisis (lo que equivaldría
agestionar lacrisis del capital; ahora bien, sabemos que
el capital no espera otra cosaqueesterelevo gestionario,
ver Sanguinetti). Pero esto, claro está, es absurdo yaque
lacrisis resuelta no deja ninguna oportunidad aun «re-
levo» revolucionario.
Otra explicación, también táctica, pero más comple-
ja; si el partido toma el poder, seenfrenta aun dilema:
o caeenel reformismo total para conservar su electora-
do -y desde este punto devista es perdedor respecto a
los socialistas (en general, desde laperspectiva reformis-
ta, la, izquierda es perdedora ante la derecha, que lo
hace mucho mejor)-, o se ve obligado a asegurar sus
perspectivas revolucionarias, y es barrido inmediatamen-
te. Puesto entre laespada y lapared, el partido no tiene
"más elección que quedarse aun paso delalínea del po-
der, donde puede aparecer como poseyendo vocación de
triunfar, y salvar así su imagen, sinverse obligado asal-
tar por encima desu sombra, conlaprueba defuego del
poder, enla que seperdería definitivamente. Al mismo
tiempo, permite a la derecha jugar continuamente con
la inminencia deuna victoria comunista para mantener-
seenel poder por inercia. Así funciona el torniquete po-
lítico, argumento interminable cuyo desenlace ya está
previsto y enel que encada partida sereparten las mis-
mas cartas.
Sinembargo, esto no siempre explica larazón deque
los comunistas estén incapacitados para el juego político,
10
es decir, para asumir políticamente una disociación de
los medios y delos fines -principio delapolítica en los
que el poder es el fin e irrelevantes los medios-o Los
comunistas están obnubilados por los medios y han per-
dido devista todos los fines, están obnubilados por los
resultados progresivos, lalenta progresión delas masas,
la toma de conciencia histórica, etc., sólo creen en eso
ya fuerza de pretender, en buena ética superkantiana,
homogeneizar los medios y los fines, a fuerza de haber
convertido el propio poder en un medio, han perdido la
capacidad de tomarIo. Se han despojado de cualquier
violencia política; debido aello, siempre yen todas par-
tes son lavíctima, y selimitan amantener el mito mise-
rabilista delas masas dominadas por un poder explota-
dor. Esta es la única sustancia de todos sus discursos,
unarecriminación lamentable y lastimera ¿dirigiéndose a
qué piedad, a qué instancia de justicia, a qué dios que
les vengaría del capital?
Es posible que los comunistas nunca hayan sentido
realmente el gusto del poder.'¡' En tanto que comunistas,
':, En tanto que revolucionarios, está claro que las cosas son muy
diferentes, y habría mucho que decir al respecto. Pues, entre la inmo-
ralidad característica del capital y que es el resorte del ejercicio del
poder, y laincurable moralidad queprohíbe ahora su ejercicio político
" los comunistas (abriéndose camino históricamente ambas a un
t icrnpo), el proletariado del siglo XIX, había abierto otro camino, dcsa-
I ío frontal al poder por la muerte, en las insurrecciones aplastadas, y
singularmente en la Comuna. Se le ha reprochado a Marx que sólo
~einteresara por las luchas obreras después de ser derrotadas (Lucha
ti" clases en Francia, 18 de Brumario, La Comul1a). Marx no tiene ni
1111 pelo de tonto. Pues, al fin y al cabo, es en ese preciso momento
cuando son interesantes: cuando el sujeto delahistoria ha sido aplas-
I11 lo. Por una vez que Marx es inmoral y presiente algo en la dcstruc-
-ión de lo que más aprecia: la finalidad lineal o dialéctica de la
1{lIr,ón,la razón proletaria victoriosa, ¿es posible que conozca a fon-
do el absurdo de todo eso y de la toma del poder? Tal vez ha
'1lIbielomás de lo que parece respecto al poder, ha intuiclo a Lenin y
11 talin, y, detrás del cálculo ascendente de la historia, ha adivinado
11
sólo han sentido indudablemente el gusto por la domi-
nación burocrática -algo que es diferente del ejercicio
político, y que sólo es su caricatura.
Sin embargo, el estalinismo sigue cargado de violen-
cia política, porque desborda el puro y simple valor de
uso delahistoria, delas masas, del trabajo y de lo so-
cial. Sigueteniendo algo deun imperium absurdo, desen-
cadenado más allá deuna finalidad racional delo social
(error de Glucksmann respecto ala lógica terrorista de
los campos estalinistas, campos de «trabajo» en oposi-
ciónalos campos deexterminio nazis, y quesólo por eso
serían un modelo más perfecto de dominación). Tal vez
resida ahí el secreto del fracaso de los comunistas, de
su complejo de impotencia política: a partir de Stalin
y desu muerte, sehan alineado cada vez más sobre el va-
lor de uso, sobre una ingenua creencia en una posible
transparencia de la historia, de lo social -gracias a la
eliminación de cualquier dimensión que no sea la de
una sana gestión delas cosas, conlo quehan recaída en
un moralismo nunca visto desde los mejores tiempos del
cristianismo-o Es unarevolución muy pobre laqueal ha-
ber perdido lo que tenía de inmoral y de desmesurada
laidea derevolución, capaz de desafiar al capital en el
queel aplastamiento de«laclase»(aplastamiento insensato dela cla-
se-sujeto, ahí, inmediatamente, y sin esperar el aplastamiento razo-
nable dela clase dominante) seguía siendo el único desafío posible.
En el fondo, el único proletario bueno, al igual que los indios, es el
proletario muerto. Pero esto es cierto en otro sentido, mortal para
cualquier poder y cualquier burocracia. Endeterminados momentos de
lahistoria, el proletariado ha apostado afavor desu propia destruc-
ción(encontra del propio Marx, cfr. laComuna), y ello acambio de
ningún poder presente o futuro, sino en contra detodo poder. Esto
no pertenece a ninguna dialéctica, para siempre jamás innombrable,
pero enalgúnlugar esta energíademuerte setransparenta hoy enla
irrisión de todas las instituciones, incluidas las revolucionarias, que
han creído enterrarla,
12
terreno desu virulencia (y no enel desu supuesta racio-
nalidad), no hace más que tomar el relevo del capital
en su impotencia para gestionar lacosa pública. Con su
ética «salvaje», el capital tampoco sepreocupaba del va-
lor deuso, ni del buen uso delo social -significaba la
empresa demente, ilimitada, deabolir el universo simbó-
lico en una indiferencia cada vez mayor y una circula-
ción incesantemente acelerada del valor-o Así es el capi-
tal: el reino ilimitado del valor decambio. No es cierto
queel capital opongaal orden simbólico y ritual unorden
racional del interés, del beneficio, delaproducción y del
trabajo, ensuma, un orden definalidades positivas. Im-
pone una desconexión, una desterritorialización de to-
das las cosas una extensión desmesurada del valor, urí
orden no menos irracional de la inversión a cualquier
precio (lo contrario del cálculo racional, según Weber).
Laracionalidad del capital es unapamplina: el capital es
undesafío al orden natural del valor. Este desafío no co-
noce límites. Busca el triunfo del valor (de cambio) a
cualquier precio, y su axioma es lainversión, no lapro-
ducción. Todo debe ser vuelto a jugar, reinvertido, el
auténtico capitalista no atesora, no disfruta, no consu-
me, su productividad es unaespiral ilimitada, destina toda
laproducción auna productividad posterior -sin tomar
in consideración las necesidades, los fines humanos y so-
ciales-. Por lo menos así es el capitalismo, sinmedida ni
I oral, que ha dominado desde el siglo XVIII hasta los
: mienzos del siglo xx.
El marxismo no es más que su forma degradada. El
.ocialismo no es laforma dialéctica superior del capital,
10 es laforma degradada y trivializada delo social, la
forma moralizada por la economía política (reducida a
It vez por Marx aladimensión crítica, y perdiendo por
13
consiguiente ladimensión irracional y ascética que toda-
vía asoma en la Etica protestante de Weber), a su vez
enteramente moralizada por el valor de uso.
Toda la buena conciencia política (y no únicamente
económica) seha refugiado enel valor deuso. Hay que
replanteada bajo una perspectiva más cruel aún que la
deIos objetos y delas mercancías. A laaltura delatotali-
dad delo social. Pues lo queseponeenjuego estavezes el
valor de uso de lo social, 1.0 social como valor de uso.
El arco iris dialéctico que ha brillado largo tiempo
sobre lanoción marxista delamercancía y el sacrosanto
horizonte del valor seha esfumado, y ensus fragmentos
dispersos podemos ver hoy su realidad: el valor deuso
no sólo no es nada, y funciona como taparrabos de la
economía política (cosa queMarx, todo hay quedecido,
vislumbró más o menos, sinquelesiguiera nadie que se
reclamara deél ya que todo el socialismo, toda idea de
revolución y definal delaeconomía política seregulan
sobre el triunfo del valor deuso frente al valor decambio
-terminó laalienación mercantil, el universo es transfi-
gurado por el valor de uso, desde el valor delos obje-
tos al, sexual, del propio cuerpo, o aaquel, más general,
de todo lo social,devolviendo por fin a cada cual la
imagen desus propias «necesidades»-), sino quees algo
mucho peor: la forma degradada del valor de cambio.
La forma completamente desencantada de la economía
la fase neutra y abolida' de la utilidad, que clausura eÍ
proceso delirante einterminable del intercambio mercan-
til, dela«instanciación» decualquier cosa en laespecie
sublime del dinero (proceso que, como sabemos, apasio-
naatodo el mundo, y demanera colectiva, mientras que
el uso, la función, la necesidad, etc., selimitan a «inte-
resar» acada individuo demanera aislada, deun modo
14
eternamente resignado). Cuando un objeto, un ser, una
idea, han encontrado su valor deuso (su función, etc.),
está terminado, seproduce laentropía total: el valor de
uso es como el calor enla segunda ley delatermodiná-
mica: LA FORMA MAS BAJA DE LA ENERGIA.
Los comunistas creen enel valor deuso del trabajo,
delo social, delamateria (su materialismo), delahisto-
ria. Creen enla«realidad» delo social, delas luchas, de
las clases, etcétera. Creenentodo, quieren creer entodo,
ahí está su profunda moralidad. Y esto es lo que les
arrebata cualquier capacidad política.
Ya no creen en el sacrosanto horizonte de las apa-
riencias -la revolución es lo que quiere poner fin alas
apariencias-, sino únicamente en el horizonte limitado
delarealidad. Creen enlaadministración delas cosas y
enunarevolución empírica queseguiría el hilo del tiem-
po. Creenenlacoherencia y enlacontinuidad del .tiempo.
Se les escapa por completo la desmesura, la mmora-
lidad, lasimulación y laseducción queconstituyen lapo-
lítica. Y esta actitud les convierte en idiotas, profunda-
mente atascados en su burocracia mental, que, más con-
cretamente, les hace ineptos para tomar o conservar el
poder. Han llegado a ser los administradores del valor
leuso delavida, con una cierta sonrisa municipal y la
orondez provinciana delos técnicos delaclasemedia(las
«clases medias» proceden de la domesticación histórica
y del embrutecimiento por el valor de uso). ~l proleta-
riado combatía laatrocidad del valor decambio y desu
ristema generalizado, es decir, al nivel revolucion~ri~ del
apital, y enfrentándole mortalmente a su propia mh~-
Inanidad devalor decambio. Mientras que enlaactuali-
lud todo transcurre entre lamentaciones infantiles por un
vo1r deuso cadavez mayor, yeso no es más quelaideo-
15
logía delaclase media, y el socialismo y el comunismo
son expresión dela degradación delos valores dominan-
tes del ~apital y del hundimiento del juego político,.
. Gracias ahaberse convertido enpuros y simples teó-
ricos y practicantes del buen uso de lo social a través
de! buen, uso ?elaeconomía política, los comunistas han
caldo ~as baJOSque el capital, capaces sólo depresidir
lagestíon delaforma más degradada delaley del valor.
. Nos hallamos ante el final definitivo dela dialéctica.
Fmal delagran promesa marxista.
«Lacondición dela liberación dela clase obre-
ra es la liquidación de toda clase, tal como la libe-
r~c,ión~el Tercer Estado (del orden burgués) signi-
ficó lalIberación detodos los estados.»
. Esto es !als~, pues ladialéctica ha pasado -o, mejor
d~cho, y ahí esta laenfermedad infantil delateoría mar-
xísta=-, nunca ha dejado de estar del lado capitalista.
ylo que apar~ce através dela imposibilidad por parte
de !os comunistas de asumir el poder, a través de su
f?bla al poder, es la incapacidad histórica del proleta-
nado para realizar aquello que la burguesía supo hacer
ensu época: larevolución.
. Cuando la burguesía pone fin al orden feudal, sub-
VIerterealmente un orden y un código total de las rela-
c~o~es sociales (nacimiento, honor, jerarquía) para sus-
tituirlo por otro (producción, economía, racionalidad,
progreso). y ello es así porque seviveasí misma como
clase (no como orden o estado: «Tercer Estado» fuecrea-
do por terceros), es decir, como algo radicalmente nuevo,
16
una concepción radicalmente nueva delarelación social,
que puede quebrantar el orden de castas.
El proletariado, por su parte, no tiene nada que opo-
ner radicalmente al orden deuna sociedad declases. Con-
trariamente a la burguesía que juega su partida (la
economía) imponiendo su código, el «proletariado» pre-
tende liberarse ennombre delaproducción, ¡lo queequi-
valeadecir quelos términos encuyo nombre laburgue-
sía seha liberado en tanto que clase serían los mismos
en cuyo nombre el proletariado senegaría en tanto que
clase! Trampas dela dialéctica, con la que la burguesía
ha infectado al proletariado. La burguesía no «supera
dialécticamente» el orden feudal, lo sustituye por un or-
den de valor sin precedentes -la economía, la produc-
ción, laclase como código antagonista y sin nada en co-
mún conel código feudal-o Y su auténtica estrategia con-
siste enatraer engañosamente al proletariado al estatuto
declase, o incluso alalucha declases -¿por qué no?-
ya que la clase es un código, cuyo monopolio posee: la
burguesía es laúnica clase del mundo -si consigue lle-
var al proletariado areconocerse como clase, aunque sea
para negarse como tal, selleva el gato al agua.
El auténtico relevo que garantizarán (que aveces ya
garantizan) los comunistas y la izquierda. no es el que
anuncia para denunciarlo Sanguinetti en su Informe ve-
rídico. Es mucho más fúnebre y más sutil: Los comunis-
las tomarán un día el poder para ocultar el hecho de que
ya no existe. Así pues, yano setratará deuna subversión
del capital, ni deuna revolución del capital sobre sí mis-
mo, sino simplemente de una involución de lo político,
leuna reabsorción delo político y detoda violencia po-
IItica en una sociedad entregada exclusivamente a los
Juegos delasimulación demasas.
17
Septiembre de 1977
CASTRADALA VISPERA DE SUBODA
.Laizquierda es como Poulidor. Pedalea generosamen_
teenpos del poder, las multitudes leaplauden y, en el
momento de triunfar, baja a la segunda posición a la
sombra, al nicho dela oposición. O bien laizquie;da es
como Eurídice: apenas el poder sevuelvepara atrapar-
la, ella regresa a los infiernos, virgen y mártir que se
reparte lasombra delos tiranos.
Basta deciclismo y demitología. ¿La decepción del
23 deseptiembre es ladeunfracaso político, o bien obe-
dece a que senos ha arrebatad¿ cualquier vencimiento
real? El mismo desconcierto dela derecha es un sínto-
mainte~esante, su i~capacidad para explotar lo quepara
ella debiera haber SIdo una victoria, pero que no lo es,
por~ue 1,0 que seinterpreta en este guión anticipado de
l~vIctona y deladescomposición delaizquierda, es pre-
CIsamentela anticipación, la precesión del texto sobre
el vencimiento histórico, y esto es tan mortal para la
derecha como para laizquierda, yaque significa el final
de~ualquier perspectiva estratégica, Todalaclasepolítica
estaaterrada anteestareversión de10 político enlasimu-
lación, contra lacual ninguna delas fuerzas presentes ni
18
lamasasilenciosapueden hacer nada, pues todo el mundo
manipula pero nadie puede ser acusado de dominar el
proceso desimulación (es posible queocurra otra cosaal
nivel dela «masa silenciosa»),
Cadauno deellos acusa al otro dedesunirse aparen-
temente para reconciliarse llegado el momento, es decir,
de poseer una estrategia, Pero esto no es más que un
truco para divertir alas multitudes. Enrealidad, derecha
eizquierda tornadas en bloque juegan conjuntamente a
latarea deladiferencia, trabajan conjuntamente en sal-
vaguardar el modelo desimulación política y esta colu-
siónprevalece respecto asus respectivas estrategias., Por
otra parte, enestesistema dedisenso simula,do, de, ~lsua-
sión (que coincide con el de la coexistencI~ pa~lf¡ca a
nivel mundial) yano existe ninguna estrategia, SIllauna
especie de destino que nos absorbe a todo~, des,t!no de
producción ineluctable de lo social, y de dlsuaslOn, me-
diante lo social. (Ahora bien, todos nosotros asumimos
esta producción delo social corno un ideal ir~eversible,
aunque sólo sea para combatirlo.) En este SIstema de
división táctica del trabajo, la defección deuna de las
partes (hoy la izquierda) es una especie detraición, de
golpebajo, deacto fallido, pues conduce a, un descen~o
de la inversión política, con la correspondiente energra
que escapa ala esfera deabsorción delo social, y eS,to
es una derrota para todos. En pocas palabras, la IZ-
quierda secomporta mal. Sepermite la ~antasía depe-
learse encarnizadamente por unas tontenas, cuando su
out ntico papel, aquel al que no escapará, e,s,el. de ser
una pareja fiable, sólida, en el juego deequilibrio y de
suspense político conladerecha, unpolo queseauncan-
du tor de la electricidad de lo social (donde reaparece
la nj unción de los soviets y de la electricidad en la
19
definición del socialismo, así como ladel paraguas y de
lamáquina de'coser enlamesadel cirujano).
, Pe~o también puede decirse (y lo divertido de esta
hIst.onaes quetodas las hipótesis son simultáneamente
pos~bles, y esto es precisamente lo quedefinehoy lo [o
el fI~delo] político: sucesión, como ensituación dein-
gravidez, detodas las hipótesis, ningunadelas cuales anu-
la a la otra, sobreimpresión e interferencia cíclica de
t~do~,los modelos -pero es precisamente esta anti-gra-
v.ltaclOn, esteefecto inefable, lo apasionante, porquepone
fm a cualquier estrategia y a cualquier racionalidad
política-) quesi prácticamente entodas partes seplantea
el problema del paso del poder alaizquierda como una
especiedelimpieza decutis universal hacia el «socialis-
mo» no setrata ya dela peripecia tradicional de una
derecha que, habiéndose gastado conel ejercicio del .po-
der, sedesprende deél por untiempo enfavor delaiz-
quierda, afindequeéstasirvaderelevo y decorrea de
transmisión episódica ala«clasedominante», Laizquier-
dacomo prótesis histórica deladerecha (cosaquetam-
poco es falsa). Es unahipótesis quesigueestando enla
basedel libro deSanguinetti sobrelos mejores medios de
salvar el capital enItalia.
Pero si aceptamos queahora el problema fundamen-
~al.ya~o .esel del capital, sino el delo social, y quela
urucatáctica deregeneración delo social, deproducción
acelerada delo social, es ladel discurso delacrisis, hay
q~epensar entonces quelaizquierda, dado queha sur-
gido y seha alimentado del pensamiento crítico seírn-
pO,ndráal poder como el portavoz más creíble, Íaefigie
mas c,oherente, el espejo más fiel delacrisis. El poder
leser~devu~Ito yano para resolver una crisis real (que
no existe), smo para administrar el dircurso delacrisis
,
20
lafasecrítica del capital, queno tendrá fin, yaquees la
delo social.
Si tuviéramos que retener algo deMarx, sería lo si-
guiente: el capital produce lo social, es su producción
esencial, su «funciónhistórica». Y las grandes fases delo
social, convulsiones y revoluciones, coincidenconlafase
ascendente del capital. Cuando las determinaciones obje-
tivas del capital sefrenan, lo social no lo superaconuna
zancadadialéctica, también él sehunde, delamismama-
nera que aun moribundo real corresponde un exangüe
imaginario. A eso estamos asistiendo actualmente: laiz-
quierda muere delamisma muerte queel poder.
Pero también podemos decir (siguenlas hipótesis «re-
versibles»): la derecha siempre amenaza, al cabo deun
cierto tiempo depoder, con llevar a un estancamiento,
aunainvolución delo social (delaparticipación delas
masas, etc.). Unicasolución: una reinyección una sobre-
dosis desimulación política enel cuerpo social agonizan-
te. Revolución en dosis homeopáticas, destilada por la
izquierda, quetoma así el relevo delaproducción delo
social, delamismamanera quelos sindicatos sehanim-
puesto garantizando el relevo del capital enlasocializa-
ción definitiva del trabajo. Dicho seade paso, ¿lo han
onseguido?
Laparadoja deesteadvenimiento del socialismo y de
laizquierda, es quellegademasiado tarde, cuando el pro-
eso de socialización, pasada la fase ascendente y vio-
1nta desocialización capitalista, yaestá en decadencia,
.uando lo social sedespide. La izquierda sólo llega al
« poder» para administrar la despedida de lo social, la
1nta disgregación, reabsorción, involución e implosión
I .lo social -a eso selellamasocialismo. Deigual mane-
ra, los sindicatos sólo conquistan lagestióntriunfal ein-
21
discutible dela esfera del trabajo cuando el proceso la-
boral, generalizándose, pierde su virulencia histórica y
seprecipita en el relato desu propia representación.
Pero ¿este socialismo sigue siendo capaz de llevar a
buen fin esta despedida? Indudablemente no: sólo puede
multiplicar los signos de lo social y simular extremada_
mente lo social. En cuyo caso, como al final decualquier
despedida frustrada, cabeprever que caeremos enlame-
lancolía.
Lamás interesante delaperipecia real es laanticipa-
ción dela escritura sobre la realidad. Especie deeyacu-
lación precoz (todo sehace y sedeshace seis meses antes
de las elecciones) que equivale a una castración en el
tiempo, auna ruptura enel ritmo del acontecimiento, que
siempre SU1,one una conjunción imprevisible y un mo-
mento mínimo deincertidumbre. Así, por ejemplo, mayo
del 68 poseía un elevado grado deeventualidad, al no ser
ni previsto, ni modelo deperipecias futuras. Aquí Ocurre
todo lo contrario: cambios súbitos, sorpresas, rupturas,
todo ello es un secreto dePolichinela, lapuesta enescena
rutinaria por unos viejos profesionales dela política de
un falso acontecimiento prematuro que arrebata alo que
no es más que un pseudo-acontecimiento, las elecciones,
el escaso suspense político que seguían teniendo. Tal es
el efecto deun sistema deprogramación y dedesprogra_
mación calculado, de un sistema de disuasión donde ni
siquiera la realidad volverá a tener jamás ocasión de
producirse.
Independientemente de los móviles y de las maqui-
naciones propias decada uno delos actores deeste vo-
devil, lo quenos fastidia atodos, sin que seamos capaces
22
de evitarlo, es el desvanecimiento de las es~asasdp~si~i-
lidades dela pizca deencanto que mantem~ t~ avia a
realidad, el principio derealidad del acontecimiento. L~
real ya no volverá aproducirse, pues han muedrto endS
. d f podían esenca e- embrión las relaciones e uerza que . . .
1 'lo el fantasma de la mayoría silenciosa SIgue
nar o, y so . ., d d t ano
planeando sobre este desierto, mclman ose ean,em ,
ante el vencimiento delas urnas demarzo, aho~aaun mas
indiferente que el episodio deuna vida antenor, ya que
ha bajado el telón.
Y todo el P.C. será llamado el mayor respon-
, pese a, I t de la simula-
sable de esta situación (aunque e es rag? ,
ción lesupere demucho) porque él es quien.mas hlacotno·
. . dif cia aquitar e gus t ib .do aseculanzar esta m I eren ,
d~1~1política atodo el mundo, en beneficio deu~a ges-
tic disciplinada, de una visión economIcIst~ y e una
IOn . 1 E freneSI por hacer
ura transparencia delo SOCIa. n su
~ranscurrir lo social como elemento puro, ~omol,~~~r:~
. , como grado cero de la energia po 1 ,
CIOnpura y 1 tié delo social resi-
su frenesí por lapura y simp eges IOn 1" ico
den todas las posibilidades del P.C., porque es e un.
.l homogéneo» Pero precisamente esta mIS-
aparato socia « . f d
h idad puede no ser más queuneecto eapa-
ma omogenei id 1 do
1 . 1 a fuerza de quedar reduci o a gra
rato y o SOCIa, bai 1 S
r drí muy bien estallarle bruscamente ajo a era, po ria
nalgas.
Absurdidad de un «pacto de gobierno», corno si el
di 'lo fuera el medio deaplicar un programa! Apa-
:' cee:~t un considerable desprecio p?~el p~d~r, un~~~-
iderable desconocimiento de la pohhC~ --:- etii~~ par~
Id más, en cierto modo sevenga, pues amep
23
l~,sobe.ranía política aumenta alapar que esta concep-
CIOnml~erable del poder como valor deuso-. A fuerza
de analIzar. el Estado como mecanismo ejecutivo de la
«clase dominante», los comunistas se han castrado de
laenergíapara tomarIo (¡yno digamos para abolido!). El
poder como forma, cuyos contenidos son imprevisibles
y cuyas bazas pueden invertirse, pudiendo la lógica d~
lo político arrastrar al hombre o ala clase en el poder
~~evorar sus propias bases y aquemar sus propios ob-
]~tIvos -he aquí lo quequieren sofocar acualquier pre-
CIO-. Para~llo, unaúnicasolución: laprogramación. Hay
qu~neutralIzar deantemano 10 político afuerza deracío.
nalidad económica y social. Es preciso quelaforma obe-
dezcaúnicamente aunos contenidos previos, dela mis-
~a manera que es preciso que el acontecimiento real
solo sea el eco de un relato previsto. La misma disua-
sión, lamisma contracepción, la misma decepción.
Eso es lo que las masas, en las que sin duda sigue
alen.tando una incurable facultad dealucinación política,
hablan esperado deuna «victoria delaizquierda»: unas
m~ñanas inesperadas. ydeeso había quehaberlas desen-
ganado antes deque fuera, demasiado tarde, encadenán-
d?las ~una lógicaprogramática. Cualquier programa es
dlsuaslVO,porqueseorganizacontra el futuro. Ofrece ade-
más, laposibilidad decazar y deanular las situaciones
antes dequeseproduzcan, es posible reactualizarlo inde-
finidamente sinquecorra el peligro dehacerse actual, y
s~puede gastar enél una energía alucinante queresulta-
ria amenazadora en cualquier otra parte. Es el modelo
dejurisdicción preventiva detoda una sociedad elevado
a la potencia. El chantaje al programa puede reempla-
zar todas las represiones. Entre las tecnologías duras de
persuasión y de socialización forzada y Ias tecnologías
24
blandas dedisuasión pura, el programa representa lafor-
ma espúrea delas burocracias sociales modernistas.
Debió ser profundo el pánico en el Comité central a
acomienzos del verano, enplenavictoria anticipada. Pero
cabepensar quelaoperación disuasión yaestaba previs-
ta desde las elecciones presidenciales, enlas que queda-
ba claro que el umbral crítico del fifty/fifty sería supe-
rado, queera ineluctable lainvestidura. A partir deahí,
granimpulso deesperanza como preludio al bautismo del
poder -pero demasiado pronto, excesivamente pronto, de
lamisma manera quesevendelapiel del oso por miedo
dematarle, o como seinventa el diablo para hacerle re-
troceder- y simultáneamente, puesta apunto del guión
dedisuasión, dedesmovilización, dedecepción. Pero ahí
salealaluz toda lahistoria del P.C.: sedespliegaenmo-
vilizar alas «masas» una energía equivalente alaque se
emplea, después, endesmovilízarlas, delo queresulta un
juego desumacero -es el granjuego delo social, ciclaje
y reciclaje de las masas, aceleración y freno del ciclo,
relanzamiento einercia- como fuelaórbita delarevo-
lución cultural en China -con un momento fuerte: el
deladisuasión (1945: ¡desarme!; 1948: aprender atermi-
nar una huelga; 1968: huelga general y elecciones, y esta
vezruptura delaUnióndelaizquierda)-. Jamás sevalo-
rará suficientemente el papel histórico del P.C. como má-
quina dedisuasión, máquina decombustión inútil y cícli-
cadelas energías. ¿Quéqueda detodo eso? Precisamen-
te lo social, lo social como residuo acumulativo, como
deyección creciente, como lo queresta detodas las revo-
luciones fallidas, como recaída, como masa inerte, que
lo recubre todo, segúnuna abstracción queel socialismo
acaba por realizar plenamente. Las famosas conquistas
sociales, que desde hace un siglo constituyen toda la
25
I " I ,,11 I ti 1, no sonmás quelas fases deesta
I 111'1 /1 1('(' 'ute.
,,, /11 rrucioso es queel P.C. y Marchais siguenpre-
111 udosecomo unos espantajos históricos, proclaman-
I con aire falso: «¡Claro que sí, queremos el poder! »,
La ironía consiste en que ellos que han pasado' veinte
años proclamando su inocencia: «[No, no queremos el
poder! », para ser aceptados en el concierto político, ha-
yan pasado aser sospechosos deno quererlo, Jamás se
habrá visto un mejor ejemplo deun aparato convertido
enel signo eficaz desu propia irrisión. Pero, enel fondo,
todo el mundo aplaude estepapel, porque todos necesita-
mos aeseP.C. tal como lehadejado su castración polí-
tica: fardón, arrogante, farsante, engallado, patriotero,
gestionario -encarnando lacaravisibledelarevolución
aquella eternamente visibledeunarevolución quegravita
indefinidamente enlaórbita del capital.
Pero todos los demás partidos, y sin duda nosotros
mismos internamente, lo seguimos sobrevalorando des-
mesuradamente, por el desasosiego en que nos sumiría
su desaparición. Siguesiendo, peseatodo, el último gran
vestigio deunaerapretérita delo político. yahí está su
fuerza, enel chantaje y enlanostalgia. ysu triunfo ac-
tual consiste en bloquear la situación en torno a una
problemática arcaica (nacionalizaciones, defensa nacio-
nal, nivel devida delas masas trabajadoras) enlacual,
ensus mejores momentos, ni él mismo cree. El P.C. sólo
tenía sentido enlaperspectiva deuna dictadura del' pro-
letariado. Hoy seencuentra antelainercia delas masas
una fuerza deinercia que encubre sin duda una nueva
violencia -pero ante esta disolución de 10 social, esta
solución difusa e ininteligible en que se ha convertido
26
tanto 10 social como lo, político, el P.C., al igual quetan-
tos otros, carece derecursos.
No obstante, hay queintentar entenderle. No es fácil,
enunasociedad enplenarevolución hacialas tecnologías
blandas (incluidas las del poder), mantener un aparato
y unaideología duros. Monopolio, centralización, progra-
mación, burocracia, defensa nuclear -el P.C. siguesien-
do el último gran enemigo dela socialidad ligera,' cool,
autogestionaria, ecológica, contactual (y ya no contrae-
tual)-. Frente alasociedad «psi», conporno, líbido y es-
quizo incorporados, el partido sigueestando afavor. de
lasociedad asistencial, disciplinaria, ladel enclaustramien-
to y del 'aparato, aún por entero dentro deun espacio
panóptico: estaliniana, pues, por vocación, pero sin la
violencia política del estalinismo; estaliniana de cruce-
ro, adornado deoropeles new look queledan el aire de
travesti delahistoria moderna.
Evidentemente, la sociedad fluida y táctil, táctica y
psicodélica, hacia laquenos llevalaera delas tecnolo-
gías blandas, no es menos feroz queladelas tecnologías
duras, y podríamos incluso comenzar aechar demenos,
antelainquietante extrañeza delasimulación, ladictadu-
radel proletariado, concepto claro y vigoroso (aunque se
tratara deladictadura ejercida sobre el proletariado, es
algo que carece de importancia para la transparencia
utópica del concepto -incluso en la ambigüedad d~s~
genitivo, setrataba deun concepto fuerte-). Hoy ~I SI-
quiera existe un proletariado ejerciendo sobre sí mismo
una dictadura violenta mediante un déspota interpuesto
-esto siguesiendo labazay el resorte político del Estado
totalitario, baza deexterminación dela que los campos
sonlaforma extrema, conel sueño demente del déspota
deacabar con su propio pueblo (Hitler en1945condenan-
27
'1 mu'rt· 1J111 blo alcmánj=-, sólo quedan unas ma-
ti luido y il nciosas, ecuaciones variables delos son-
dcos, bjctos detests perpetuos que, como un ácido, las
disuelven. Probar, sondear, contactar, solicitar, informar
-es una táctica microbiana, táctica devirulencia en la
que lo social termina por disuasión infinitesimal, y ni
siquiera tiene tiempo decristalizar-o Anteriormente, la
violencia cristalizaba lo social, engendraba mediante la
fuerza una energía social antagonista. Esta demiurgia
siguesiendo ladel estalinismo. Lo quehoy nos dirige es
lasemiurgia blanda.
Lacuestión delaposible resistencia aesta tactilidad
invasora, deunaposible inversión delasimulación sobre
labasemisma delamuerte delo social, sigueplanteada.
El problema de una nebulosa «desocializada» y de los
nuevos procesos de implosión que en ella seproducen.
Pero el P.C., por su parte, sólo opone a las tecnologías
blandas el mantenimiento artificial deun aparato social
«demasas» y de la ideología arcaica de «movilización»
mientras queyatodo es mucho más móvil delo que él
cree todo circula con una movilidad incontrolable, in-
cluido el propio P.C., sometido como todo el mundo, y
apesar suyo, auna movilidad táctica, ahora sinestrate-
gia, sin auténtico referencial, social ehistórico, también
él reciclado desde hace tiempo, pero simulando desespe-
radamente lo contrario: infraestructuras sólidas, finali-
dades irreductibles. Pero esta misma resistencia arcaica
sigue sirviendo deespantajo funcional a la sociedad de
tolerancia, y desantuario ideológico para laconservación
delas masas.
28
El P.C. tiene una idea delas masas, dela economía,
delapolítica y delarevolución tan obsoleta como laque
siempre tuvo dela cultura, que siempre entendió como
realismo decorativo burgués y objetivismo cientifista de
izquierda. Es el defensor delo social-figurativo, es decir,
laequivalencia política del realismo figurativo en pintu-
ra. Todas las revoluciones quesehan producido apartir
del siglo XVIII enlaforma, enel espacio y enel color no
han pasado deletra muerta enlapolítica, y especialmen-
te en lapolítica revolucionaria, empeñada por vocación
con el principio «histórico» deverdad, derealidad y de
racionalidad. No sólo no es posible imaginar nada equi-
valente a la deconstrucción del objeto en pintura, a la
abstracción (¿una deconstrucción del espacio político,
del sujeto delahistoria, del referencial declase?), sino
que la nueva espiral que conduce al hiperrealismo, al
juego desmultiplicado de«representación en abismo», a
lahipersimulación deloreal, no tienehasta ahoraninguna
equivalencia en la esfera política. ¿Intuirán, imaginarán
algunavez esas cabezas políticas y politiqueras quetodas
sus energías y sus discursos pueden llegar a convertirse
enalgo parecido aunas prestaciones hiperrealistas, o sea,
hiperrepresentativas deuna realidad inencontrable?
Unamesa no deja deser lo que es, pero yano tiene
sentido representada «tal como es».
Unamercancía no dejadeser lo quees (aunque Marx
demostrara queyano era lo que era), pero yano tiene
sentido hablar desu valor deuso, así como tampoco de
su valor decambio, que sigue dependiendo deun espa-
cio representativo dela mercancía.
El poder no deja deser lo que es, pero yano tiene
sentido hablar de lo que representa, ni representárselo
como «real».
29
I I III 1111 "1\ ti ti 1 1J d jadeser lo quees, pero yano
1111 I11I dnP 'lIS da ni meditarla como tal.
Jl.1 I11 III P.. r al igual quelarealidad, quelo social,
110 (lt-j' leser la que es, pero sin duda no es más que
" : es decir, seconsumey agotaensu propio parecido.
Hiper.
Pues en el fondo el mismo trabajo (que ni siquiera
es una despedida pues ésta sigueteniendo un referencial
melancólico, y sigue llevando, como el transfert, a una
resolución; lamuerte implícitaenladespedida siguesien-
do unacontecimiento psíquico real, y formaparte deuna
historia), el mismo trabajo dedeconstrucción, deabstrac-
cióny dehiperrealización queseha producido enel te-
rreno delarepresentación visual y delapercepción sen-
sorial sehaproducido también, sinquenadie seentere,
enlaesferapolítica, económicaysocial -y laimposición
cada vez mayor delo social llevamucho tiempo siendo
ladeunasocialidad muerta, ehiperreal, delamismama-
nera quelaimposición cadavezmayor del trabajo no es
más queladel trabajo muerto, delos signos obsesionan-
tes del proceso difunto del trabajo, o delamismamanera
queladel sexono es más queladel modelo sexual hiper-
realizado en los signos omnipresentes de la liberación,
enel discurso ineluctable del goce, enlafinalidad sinfin
del deseo.
Conello estamos muy lejos detodo el discurso mani-
fiesto deeste mundo, inmerso, de izquierda a derecha,
ensu realismo político. Pero es posible queesta ceguera
realista sólo afectealallamada «clasepolítica», laúnica
, encreer enlapolítica y enlarepresentación política, de
la misma manera que los publicitarios son los únicos
quecreenenlapublicidad.
Lo social, laideadesocial, lo político, laidea depo-
30
lítica, siemprehansido enarbolados por unafracción mi-
noritaria. Enlugar deconcebir lo social como unaespecie
decondición original, deestado de hecho que engloba
todo el resto, dedato trascendental a priori, como ocurre
con el tiempo y con el espacio (pero justamente hace
tiempo queel tiempo y el espacio han sido relativizados
como código, mientras que lo social jamás lo ha sido
-por el contrario, sehareforzado como evidencianatu-
ral: todo ha pasado aser social, flotamos en lo social
como enunaplacenta materna, el socialismo haacabado
por coronar todo eso inscribiéndolo como idealidad fu-
tura- y todos hacen sociologíaatope, exploran las me-
noresperipecias, los menores matices de lo social sin
poner encuestión su mismo, axioma), enlugar deeso hay
que preguntarse: ¿quién ha producido lo social, quién
regula este discurso, quién ha desplegado este código,
fomentado esta simulación universal? ¿No será una cier-
taintelligentsia cultural, tecnicista, racionalizante, huma-
nista, que ha descubierto con ello el medio de pensar
todo el resto y deenmarcarlo enun concepto universal
(el único posiblemente), quehaencontrado poco apoco
unreferencial grandioso, las masas silenciosas, delas que
parece emerger laesencia, irradiar laenergía inagotable
delo social? Pero ¿sehapensado acaso quelamayor par-
tedel tiempo ni estas famosas masas, ni los individuos,
sevivenasí mismos como sociales, es decir, enesteespa-
cio perspectiva, racional, panóptico, enel quesereflejan
lo social y su discurso?
Existensociedades sinsocial, delamismamanera que
existen sociedades sinescritura. Esto sólo parece absur-
do porque los mismos términos sonabsurdos -si yano
sonsociedades, ¿qué son? Grupos, etnias, categorías: se
recae enlamisma terminología-, la distorsión entre la
31
hipótesis y el discurso es irreparable. Sinreferirse aotras
«sociedades», ¿cómo designar, aquí y ahora, lo que en
las «masas» (que se supone que encarnan la indiferen-
ciación y lageneralidad delo social) sevivemás acá, o
más allá, o al margen delo social y decuanto setrama
aesenivel? ¿Cómo designar estenon-sens, esteresto ine-
fable? No setrata deanarquía, deasocialidad, dedesocia-
lización, sino deuna indiferencia profunda y radical a
la relación y a la determinación social como código, y
como sistema hegemónico a priori. Yano setrata delos
lapsus, delas lagunas y delos accidentes delo social, ni
dequienes seleresisten por su singularidad (locos, dro-
gadictos, homosexuales) -esas son, enrealidad, unas ca-
tegorías pilotos delo social y un díaseles concederá su
lugar enuna socialidad amplia-o Setrata deotra cosa,
queprecisamente no es unresto, ni unexcedente, ni una
excepción, sino algo masivo, banal eindiferenciado, algo
más poderoso quelo social, queno lo trasgrede sino que
selimita simplemente aignorar su ley y sus principios.
Algoqueescapaalarepresentación, yaquelo social y lo
político pertenecen al terreno dela representación y de
la ley. ¿Qué sabemos deesta indiferencia masiva, pero
no pasiva, deeste desafío por inercia al corazón mismo
delamanipulación, qué sabemos deesta zonaenlaque
lo social, quees el sentido, quizás nunca hallegado ate-
nerlo?
32
Enero-abril de 1978
PAVANAPOR UNA IZQUIERDA DIFUNTA
¿QUÉ HACE REÍR A MARCHAIS?
30 de enero
¿Qué le da este aire devictoria, esta insolencia tan
fantástica, cuando todos los demás sesienten tan desdi-
chados? Unjúbilo semejante sólo puede proceder dela
exaltación singular que proporciona la certidumbre de
perder, mostrando todos los signos contrarios dela vo-
luntad decidida deganar. Sólo puede ser laalegría per-
versa dehacerse negar el poder cuando no sequiere y
deaprovechar este rechazo para mantener una posición
defuerza oposicional. Júbilo dela manipulación asegu-
rada, cuando los adversarios sehan movilizado apesar
suyo para larealización detus propios objetivos. Júbilo
sarcástico, júbilo de arrebujarse en su ghetto artificial,
júbilo negativo, pero profundo, pues procede delos bajos
fondos delaabyecciónpolítica, nacido del abandono radi-
cal decualquier voluntad oestrategia políticay quearran-
casu fuerza deesta manipulación acontrapié. Ejemplo
33
fascinante deunpartido quehabrá congregado todas sus
energías endisuadir auna mayoría potencial d~lleva~le
al poder. «Negarse como tal» -la famosa consigna hIS-
tórica del proletariado-, jamás realizada, yaqueel con-
cepto y la realidad de la «clase» sehabrán volatilizado
antes incluso de poder superarse «como tales», de ahí
el aplazamiento sine die de la revolución -plenamente
realizada, por el contrario, por el propio partido :~:anto
que aparato político, sin asumir ya ninguna posición ~e
poder que no sea la interna de su propio aparato" ~m
segregar otra cosa que la dosis mínima y homeostatlc~
depoder necesario para laregulación del aparato, dedi-
cando todas sus energías amantener y reforzar unpoten-
cial queyanunca será puesto enjuego-o Sofisticación de
los medios con exclusión delos fines, inflación delaor-
ganización, deflación de los objetivos y de la volun~ad
política. Práctica ecológica en el fondo. El. P.C".camma
hacia el ahorro, la economía, la autosubsIstencIa. Res-
ponde inconscientemente ala pregunta: ~cómo aho:rar
el poder, del queyano queda nada, o casi nada? ¿~~~~
ahorrar un recurso escaso y en trance de desapancIOn.
.Cómo hacer funcionar lapolítica con los mínimos gas-
G d .
tos con el mínimo de inversión, de riesgos y evencí-
mientos: en' último término: ¿cómo crear la ilusión de
unavoluntad depoder político, cómo escapar alaapu~s-
tapolítica sin destruir su principio derealidad? iBomt~
programa para las futuras generaciones, destinadas, aquí
y entodas partes, aadministrar los resi?,:os y acolmar
las carencias (agotamiento tanto delo político como delas
materias primas)!
Por otra parte, apartir deestabaseel P.C. prospera Y
crece entre los jóvenes. El P.e. es una especie de a~ilo
para todos los disoccupati de la política. Anttdeoresívo.
34
antimelancólico, repartidor deuna política dehormonas,
sigue constituyendo un remanso a los resplandores de
lo social para todos aquellos que no han sido mimados
por lahistoria. Administra el paro político delamisma
manera que la oficina nacional del empleo administra
el paro profesional. Por consiguiente, lefalta mucho para
desaparecer, yaquetodo indica queenel futuro los huér-
fanos delapolítica serán cada vez más numerosos. Tie-
neunaeternidad delante desí, yaqueextrae su fuerza de
esta desafección. Tiene el mismo interés en este volante
deinercia y enesta neutralización delapolítica quepo-
día tenerlo el Capital enlaneutralización delas fuerzas
productivas mediante el volante de inercia del «ejército
dereserva» del. paro.
En esteaspecto, el P.C. gana entoda lalínea. ¿Quién
sabe, sinembargo, si latrampa quetiende atoda una so-
ciedad política no fracasará, y si no tendremos derecho,
enlas elecciones demarzo, aunaperipecia inesperada: la
victoria de la izquierda a pesar de todos los esfuerzos
desesperados del P.C.? Unaespecie deironía secreta pa-
rece conducir ineluctablemente a la izquierda hacia la
mayoría. Setrata de la ironía transhistórica de las ma-
sas llevando alos aparatos deizquierda al poder a pesar
suyo.
¿Existe una ley objetiva (unaespecie demáquina que
sehapuesto enmarcha conlahistoria), una ley deiner-
ciaquejuegaahora enfavor delaizquierda, mientras que
hasta el momento había jugado siempre en favor de la
derecha? Esta ley podría enunciarse como laley deinvo-
lución hacia el socialismo -la izquierda accede al lugar
vacío de la política y colma el vacío de lo político con
35
la eficaz monotonía de 10 social y dela gestión de lo
social->, apenas suficiente para administrar la «derelic-
ciónde10 político» (Hannah Arendt) y para llegar al po-
der y asumir, como decostumbre, laresponsabilidad de
los sacrificios (ver las declaraciones de Lama y de la
C.G.LL. italiana).
Lahipótesis inimaginable es queel P.C. haya enten-
dido eso, y al mismo tiempo senegara ahacerla -pero
es inútil formularla.
Es más estimulante estaespeciededesafío lanzado a
laizquierda, y al P.C. enespecial, por unas masas quela
elegiríanpeseasu desunión-¿gracias aunavoluntad de
ver «por verlo», como enel póker?, tal vez sin esperar
nada profundamente, pero ejecutando inexorablemente
laespeciedepromesaquedesdesiempreseleshahecho-o
Asombroso enfrentamiento delabasecontra lamalavo-
luntad política delos aparatos: obligarles a jugar, em-
pujarles tal vez alacatástrofe, enuna mezclainextrica-
bledenostalgia histórica y dedesilusión anticipada res-
pecto alas posibles consecuencias. Quesealo queDios
quiera: es preciso queserealiceel guióndelaizquierda.
Hay queir averlo -¿por el espectáculo, por el honor,
por el prestigio, para reír? .
Todas las «clases» sociales comparten este prurito,
estaansiadeizquierda, aunquesu ideologíase10 impida.
Al margen del interés quepueda tener laderecha endes-
embarazarse del poder (aunque no parezca dispuesta a
poner enpráctica y enescena su propia muerte con la
misma inteligencia conque10 hizo deGaulleconel re-
ferendum de1969), todo el mundo espera esta peripecia
para quequede inscrita enlacombinatoria o~l,igadade
laesferapolítica. Yano es, enefecto, unacuestIOndeo~-
ción: hay que zambullirse, hay que aceptar el desafío
36
lanzado por las estadísticas -53 %: las masas, yaque
son utilizadas como carnaza de sondeo, no permitirán
que las estadísticas sean desmentidas y no les den la
razón-o Laizquierda, por su parte, no tienemás solución
queinc.linarseanteel poder delas masas, quees el poder
aleator-io delas estadísticas.
5'i1e febrero
Estaes larazóndequetambién el P.C. recurra deses-
p~:adamente ala. barra estadística: para tomar su por-
CIOndepoder, exige laobtención del 25 % delos votos.
Ultimátum surrealista, pues ¿a quién sedirige? 'A los
demá id (.
.emas partí os? Aunqueestuvieran deacuerdo, ¿median-
te qué procedimiento podrían cederle unos votos? ¿Se
trata deun desafío lanzado al electorado anónimo, ala
ma~?ría silenciosa? «Si queréis un poder de izquierda,
tenéis quecomenzar por realizar unmilagro estadístico.»
Estees el desafío planteado alas masas, unlistón dema-
siado alto para ser saltado (enrealidad, este desafío no
es más queel queplantea el P.C. asus propias «masas»
desafío dedesobedecerle, y deprecipitarse a ser repre-
sentado ilegalmente por los demás).
De todos modos, aunque el P.C. consiguiera fran-
quear el listón, seguiría dimitiendo, absolutamente deci-
dido como está ano sufrir laprueba del poder. Todo lo
quequierees hinchar sus efectivos para reforzar su chan-
taje ideológico: [estamos expoliados, nos alejan del po-
der! Quierela situación ideal deuna oposición injusta-
mente. p:ivada de sus derechos -posición triunfal del
resentimiento-:-. Paraqueestechantaje funcione, es preci-
so queel partido sigaestando alejado del poder. Estasen-
37
cillísima ecuación dicta toda la estrategia del P.C., ¡pero
corre el riesgo deser burlada por una forma inesper~~~
de desafío! ¡Queréis el poder, de acuerdo, lo tendréis!
Las masas empujando alos aparatos enuna victoria pí-
rrica, obligándoles allevar hasta el finsu supuesta razón,
y empujando de este modo todo el sistema de la repre-
sentación aun costalazo suicida.
'Todos los partidos, todas las fuerzas políticas seven
Id' . t
superados -ya no por la izquier a, ~~na excesivan:en e
sencillo- por una exigencia transpohtlca deespectaculo
y dejuego, superados por una inercia provocadora que
ninguna deellas puede yacontrolar!
El P.C. confiaba eneludir el poder afuerza deprogra-
mación y desuperprogramación. Y heaquí quelas ~as~s,
pasando por completo del programa, cuyas contradiccio-
nes y sutilezas desprecian profundamente, a~enazan con
llevarle detodos modos al poder. El poder sin el progra-
ma, cuando la consigna era: ¡el programa contra el po-
der! Curiosa inversión.
La situación es mucho menos escabrosa para el P.C.
Pues si bien él quiere el poder, lo quiere deacuerdo con
el idealismo de un programa. Millares de intelectuales
socialistas están elaborando, en la más completa ilusión
realista delo político, todas las soluciones para después
de marzo de 1978, desde la disuasión atómica hasta la
continuación de las negociaciones de Bruselas sobre los
acuerdos deLomé y qué actitud adoptar con motivo de
lareunión delaCNUCEDquesecelebrará enGinebra an-
tes del verano. Idealistas recalcitrantes, ingenuos hasta
lamédula, piensan queel poder está hecho dedecisiones
concretas y audaces, y desde el fondo de esta. buena fe
programática, ya están apartir de ahora metldo~ en la
piel deAllende, abocados al suicidio. Mitterrand Siempre
38
hatenido lacabeza deun suicida (Giscard sólo tenía la
distinguida cabeza de un gillotinado). De todos modos
también el P.S. seencontrará acontrapié, pues si lasma~
as le eligen no es en absoluto por un' programa, sino
por verle enel poder.
El malentendido es total, y a él se debe el discreto
encanto de estas elecciones. El poder propiamente polí-
tico, esquivado por todas las fuerzas enliza, que no son
más que las ejecutaras de un programa, es absorbido
por el poder como espectáculo, el único que distribuyen
actualmente las masas móviles y estadísticas -pues no
nos hagamos ilusiones: enel trance siguiente, reelegirán
ala derecha, pero esto carece de importancia- quieren
el espectáculo, el signo, ¡no, el cambio desociedad! ¡Quie-
ren un bonito espectáculo, no un buen programa!
Las masas no quieren ser «representadas». Quieren
asistir auna representación. (Ni siquiera quieren repre-
sentarse así mismas, laautogestión no les conmueve de-
masiado.) Les basta conundestino derepresentación, sea
cual fuere. Quieren aprovechar el espectáculo de la re-
presentación. Todos los representantes (partidos, sindi-
catos) sesirven dela«exigenciasocial delas masas» para
escapar ala política (y llevan razón: la sociedad se ad-
ministra a partir de lo social -si no fuera por su cobardía,
el P.C. tiene toda la razón del mundo en desconfiar del
poder político, queyano existeo quesólo es una trampa
delarepresentación, para confíar enlagestión cotidiana,
«municipal», delo socíal=-), pero las masas no lo entien-
den del mismo modo: prefieren el espectáculo, aunque
sea grotesco o ridículo, delo político alagestión racio-
nal delo social.
¿Es posible quelaexperiencia delo social no les gus-
te demasiado? ¿Es posible que esta experiencia histórica
39
nombre sobre sus hombros, no
quesehalanzado ensu do? '.Es posible queno quie-
seapor completo desu agra o. bli gadas aunas responsa-
ranser tomadas como masas ~bol lqueestén hartas delo
hi " ? Es poSI e
bilidades lstoncas. e d los problemas
. 1 delo concreto y e
real y delo :-aclOna, b t d delos suyos? ¿Es posi-
«objetivos», mcluso y so r\ o o del fin delo político,
blequeprefieran el ~atro a~:~~opolítica que «se niega
el encanto absurdo euna lC 'lebre adagio Y baja ala
1 d
uerdo cone céreo. , .
como ta», eac. h 1 gando alas masas, m-
ll en el antl-teatro, aa .' 1
ea e, como 1El' o haciéndose mvltar a
vitando alos basureros ~ ~s~~ ó ica es posible que
Eliseo, rivalizando enbajeza ~ ngtagció~social que se
. d a la expenme
prefIeran to o esa h to bien?
b
11 queconocen ar .
ejerce so ree as y , .d s como para hacerse
Las masas no son tan estupl a bili dad to-
. , 1 der laresponsa 1 1 ,
birlar larepresentacIO~d e ~~teriorados por una prolon-
dos ellos valores podn o:', do sobre ellas si los
. . ue segUInan pesan
gada hlstona Y q t tos dedescargarlos so-
E
' ás que conen -
asumieran. stan ma mismo truco quelas' rnu-
bre sus «representantes>:. Es el l' d s 'Vaya chiste! Se
e estan expo la a . I d
[eres. Se cree qu L 1 tad laresponsabilida ,
desembarazan del poder. avaun
r
;osa y actualmente,
1 oder es una cosa demente, pe19 "d 1 horn-
e p, 1 dioses envían alaraza e os
ridícula. Es lo que os delamás elevada mitología Y la
bres para perderles. Des r una ironía secreta,
hi . 1s masas po
más elevada ístorra. a. ' '1 alos héroes como
d
. d ecipltarse ene
siempre han eja o pr b d el espectáculo de su
. t . s sa orean o -
víctimas expíaoria , l' d d Y el extrano
h
bi do enlaactua 1 a r
muerte. Nada acam la l' . nserva lahuella deesta
. 1t blero po tuco co
aparecIdo ene a denan alos que ya no
d
· b 1 ca: las masas con .
come la ur es . d '1 Eficacia silencIOsa
. 1 d o lo queresta ee. .
qUIerene po er , 1 t . S' banco deexpenen-
eirónica delas mayonas aeaona .
40
cias desde siempre de lo social, hoy ellas experimentan
lo político, o lo quequeda deél, sobre los mismos defen-
sores dela clase política. Enfrentado a sus propios de-
fensores, y verosímilmente a sus propios intereses, la
mayoría silenciosa, propensa ahora alaizquierda, apunta
aun objetivo oscuro que no es ciertamente la cualidad
delavida, ni lasatisfacción desus necesidades, ni su «de-
recho alo social».
«Cuanto más mujer es lamujer ~decía Nietzsche-,
más sedefiende contra cualquier tipo dederecho.» Cuan-
to más masa es lamasa, más seresiste acualquier tipo
derepresentación. Y navegan las mayorías silenciosas ...
20 de febrero
Al final, laizquierda no triunfará. El P.C. no desisti-
rá hasta lasegunda vuelta. Llegará hasta ahí, enladisua-
sióny ensu voluntad defracaso. Nada ledetendrá enel
frenazo y enel derroche. Así pues, predominará sobre las
masas y sobre su oscura (y tal vez irónica) voluntad de
ver en acción, y sometida aprueba, ala izquierda, esta
izquierda divina einencontrable. Pero sehabrá presen-
ciado una lucha a muerte entre un aparato decidido a
desmantelar lavoluntad política delas masas y unas ma-
sas forzando alos aparatos ajugar el juego político (pero
no nos hagamos ilusiones: éstos tienen suficientes me-
dios programáticos y burocráticos para eludir, aunque
seles obligue avencer, todos los peligros del poder). Y
serán derrotadas al final por laúltima traición y laastu-
ciadelos aparatos (¡por consiguiente, no habrá ninguna
excepción alaley histórica que pretende que las masas
siempre acaban por ser jodidas!).
41
Ultimo matiz: es posible que el P.C. se resista tan
desesperadamente alallamada desus propias masas por-
que sehuele que cabe que esta voluntad no tenga. otra
intención que empujarle a la catástrofe. Hacerle Jugar
y perder -porque sí, por el .espectáculo, pa~a ag?tar 1:
historia, terminar con la hipoteca revolucIOnana q~
pesa desde hace tanto tiempo sobre todo el mundo SIn
resolverse, y que pronto será definitivam~~te superada
sin que nunca sehaya producido. ¿TentaC
IOn
.de~pon:r
alaneutralización lenta de10 político una peripecia mas
violenta, una catástrofe, una ordalía? ¿En lugar de la
muerte lenta, la muerte violenta?
S de marzo
Nuevo episodio delaestrategia dedis~as~ó~del P.C.
Habiendo calculado queel rechazo del deSistimiento ~en-
dría un efecto psicológico desastroso, elige otro camine,
quees claramente el delapropagand.a ~ederecha, el del
espantajo comunista. Mediante ~n Viraje de l8? ~rados
respecto a sus posiciones anteriores, que consistían en
negarse aacceder al poder si no obtenía el 25 % de.105
votos (chantaje estadístico), pretende ahora qu~ quiere
ferozmente su parte depoder, una parte proporcwnal.de
los sillones ministeriales. Exigencia absolutamente m-
congruente, fanfarronada hecha adrede para asustar a
todos, y sinfundamento, sinmás voluntad real que,la.de
abocar a la izquierda al fracaso. Sin duda, esta táctica
será más eficaz. Como laruptura delaUniónno hahecho
vacilar los sondeos, le restaba al P.C. esta arma ab.so-
luta: resucitar el anticomunismo, la imagen del cuchillo
entre los dientes, que ya ni siquiera la derecha conse-
42
guía hacer funcionar en la conciencia de las masas. Así
pues, el P.C. hasustituido contoda suavidad aladerecha
desfalleciente para obstruirse a sí 'mismo el camino del
poder.
Pero ¿qué puede lIevarle a actuar así? ¿Dónde está
el misterio? ¿Dedónde extrae esta decisión inquebranta-
ble en la disuasión? ¿Qué voluntad maléfica le anima,
qué estrategia secreta? No lepreguntéis nada: no latiene
-a no ser ladeladisuasión revolucionaria atoda costa,
reforzamiento desu propia supervivencia y abandono de
todo el resto, que ha practicado la U.R.S.S. desde hace
veinte años (a partir de Cuba, la U.R.S.S. ha frenado
todos los movimientos históricos de revolución sobre el
globo) y China desde hace poco-o Hay una cierta lógica
en esta renuncia a cualquier estrategia y en este replie-
guesobre una gestión entrópica delas fuerzas revolucio-
narias. Lógicaderegresión y demuerte.
20 de marzo
La izquierda ha perdido. Pero los comunistas han
ganado unos cuantos escaños. Han jugado abiertamente
afavor delavictoria dela derecha para, gracias aello,
ganar unos pocos escaños, progresar en un espacio de-
jado vacante, y en el que ellos mismos han creado el
vacío,
Enel fondo, es igual queenItalia. También allí,cada
elección permite al P.C. «trasladarse» un poco más le-
jos... ¿hacia dónde? no hacia el poder: secontenta con
el traspontín tecnocrático y gestionario quelaD.C. lecon-
cede, sinexigir nada acambio. El P.C. no accede irresis-
tiblemente al poder, ocupa irresistiblemente el espacio
43
dejado vacío por el reflujo y el desencanto d~la. ~sfera
política. Su lenta progresión es ladelabanalízacíón. de
la desertificación dela sociedad civil y política. Yano
sabemos dondeestá actualmente lasal deIa tierra, pero
sí sabemos queel P.C. es lamayor empresa dedesalini-
zación. Caigasobre él lavergüenza dehaber hecho pro-
gresar, contanta energía, laestupidez funcion~ n~cesa-
ria para su extensión; lavergüenza dehaber Iiquidado
los últimos vestigios deuna exigenciapolítica, para ase-
gurar lahoméóstasis cancerosa delo social.. Metafigura
delaestupidez Y delapulsión demuerte, hIlarante: la
jeta deMarchais. Jeta histriónica, exacerbada ~or lade-
magogiaburlesca y por el chantaje alavulgandad, que
todo el mundo aceptay padeceaparentemente como una
especiedeiniciación alasociedad futura. . .. , .
El P.C. conducealabeatitud del compromIso históri-
co: para quelatotalidad delahistoria termine c.onun
compromiso, es preciso, en efecto, que todo el sIs.tem~
tiendaacero sinperipeciaviolenta, lentamente, progresI-
vamente conun empecinamiento calculado.
El fi~al delahistoria y delapolítica hubiera podido
ser algo muy diferente aun compromiso, hubiera podi-
do constituir unhiperacontecimiento violento y transfor-
mador, unaimplosióndeconsecuencias incalculable~. Hay
retracciones, corrupciones, hundimientos quesonliteral-
mente revolucionarios. Y el delos grandes sistemas re-
presentativos, políticos ehistóricos, el. h,:n.dimiento .d~l
mismo principio derealidad, y del pnncIpIO de ~ocIalI-
dad, podían abocar auna conflagración des~onocIda.
Pero ahí está el P.C. para impedir queel SIstemamue-
ra demuerte violenta. Es el freno metaestabilizador, el
compromiso histórico, no con la derecha (qué impor:a
laderecha) sino conlapropia historia. Hacer quelahis-
44
toria carezca definal. Delamisma manera quelareli-
gión, o sus sucedáneos, han conseguido eliminar el im-
pacto del acontecimiento delamuerte deDios, y destilar
sus consecuencias adosis homeopáticas.
Por lo menos los italianos han producido las Briga-
das Rojas al mismo tiempo queel compromiso histórico.
Producido el antídoto violento dela lenta putrefacción
delos compromisos. ¿Quéocurrirá entonces? Es posible
queItalia sea, peseatodo, laúnica sociedad quesedes-
compondrá demanera violenta, teatral, irónica, ridícula
eimaginativa. Nosotros quedamos lejos deeso.
¿QUÉ HACE ESCRIBIR A ALTlIUSSER?
Nos preguntábamos quéhacereír aMarchais. Althus-
ser sepregunta lo queyano puede durar enel partido
comunista. * Loqueyano puededurar es ni más ni menos
lo que lleva cincuenta años durando, y cuya denuncia
ritual jalonalos anales del partido. Apuntacomo siempre
aladevolucióndeunatransparencia del partido, deuna
dialéctica delabasey delacumbre (quejamás ha sido
histórica), deuna dialéctica delapráctica y delateoría
(quetampoco ha llegado nunca afilosófica). Nada nue-
vo: el encantamiento antiestalinista, más engañoso aún
queel estalinismo del aparato.
Estememorial hasido visto inmediatamente como un
acontecimiento, y todo el mundo lo hacelebrado profun-
damente como una palabra deverdad. Todo el mundo,
* Ver Le Monde de lo días 25, 26, 27 Y 29 de abril de 1978.
45
_1__ -
salvo el único aquienenel fondo correspondería celebrar-
lo: el propio P.C. Pues el acontecimiento sólo tiene de
histórico esta especie depasmosa complicidad que une
al acusador Althusser y al acusado P.C., Y el absoluto en-
gaño quedeahí nace. I
Laverdades quehay que salvar al P.C.F;: este es el
imperativo categórico detoda-Ia clasepol~tica, práctica-
mente de toda la sociedad francesa. Umca estructura
fuerte en la cual puede seguir sosteniéndose la ilusión
delo político y delo social, y por consiguiente laposibi-
lidad dehacer gravitar las masas en torno a estos dos
astros muertos, el P.C. debe ser salvado y resucitado a
cualquier precio. Hacetiempo queyano encarna ninguna
amenaza detoma del poder ni desubversión del orden,
pero todo el mundo necesita esta idea, estefantasma d~l
partido (y ahí está su fuerza), porque en cas? contrarío
10 quecaeen desgracia es todo el o:den POh~ICO, lo so-
cial, no únicamente el orden social, smo lo SOCIalasecas,
quesehunde por su puesta eneviden~~abrutal.. El P.C.
es laúltima garantía deuna baza política y ~ocIal: aun-
que sea desimulación. He ahí porque ~u eXIstencIa, su
credibilidad y su legitimidad sonuntabu deuna punta a
otra del abanico político.
Ahorabien, el P.C. hahecho un buen trabajo enlas
últimas elecciones. Ha detenido una vez más. :1, volan:e
delahistoria en el punto retro deuna OposIclOn?~IZ-
quierda impotente, nostálgica y av.a,nza~do,c:
on
díficul-
tades pero manteniendo una vocacion histórica derele-
vo s~lvando de ese modo lo imaginario del poder de
iz~uierda al asegurar larealidad del deladerecha, y.pro-
porcionando a toda la.clase política un arrendamIento
suplementario decinco o diez años antes dev~rseenfr~n-
tada asu pérdida, radical derealidad y al fmal crucial
46
delo político. Salvadas las distancias, ocurrelo mismo en
Italia; allí, el referencíal en pérdida es el Estado italia-
no, y ¿quién lesalvará consu intervención regeneradora,
frente y contra todos? El P.CJ., quellegará aidentificar-
seconél (ver el sabroso episodio deAldo Moro, con el
P.C.1. sustituyendo al Estado desfalleciente para mante-
nerse firme y sacrificar lacabeza del Estado, es el dis-
creto encanto dealgunas situaciones históricas). El ser-
vicio queel P.C.1. presta al Estado italiano, Althusser se
lo presta enFrancia al P.C.F.
Al término delas elecciones, el P.C.F. corría el riesgo
depagar caro no tanto el eminente servicio prestado ala
derecha (cualquier compromiso interno delaclase polí-
tica, seadederecha o deizquierda, carecede.granimpor-
tancia) como su defección política engeneral. Eso es lo
grave, el desencanto político, presagio dela muerte, la
disuasión decualquier baza política, decualquiet espec-
táculo, decualquier apuesta respecto el futuro. Eso es
lo que ocultaba la cara estruendosa y presuntuosa de
Marchais, el enfríamiento deliberado de la historia, la
decepciónenprofundidad, ladelos militantes, ladivisión
delo imaginario para reinar mejor sobre lo real, toda
esta mortificación. Si el P.C., no hubiera querido más
que derrotar al P.S. al precio deun fracaso común, se
habría tratado por lo menos deunaestrategia política, y,
adecir verdad daigual unaqueotra... pero seríahonrar
en exceso al P.C. atribuirle una estrategia de«fracaso».
Significaría escamotear la auténtica imputación: o sea
que el P.C., mucho más que a los socialistas, destroza
cualquier estrategia, destroza el desarrollo delahistoria,
sehaconvertido enuna fuerza dedisuasión y dedecep-
cióninigualable, y quetodo lo quepuede ofrecer es una
moral, una moral doméstica: salvar los muebles, salvar
47
los aparatos, salvar el Estado, salvar las instituciones.
Sobre todo nada deestrategia, laestrategia es peligrosa:
un programa. Nada deprofecía o deaventura: la solid~z
delas instituciones sebasa en el fracaso dela profecía.
y debemos reconocer que cada fracaso político va segui-
do de una oleada de altas en el partido, eterno objeto
deestupefacción para larazón lógica. Pero es que el mi- .
litantismo sebasa enestetipo deinversión desilusionada.
Frustrado deuna victoria, deuna parusía o parodia dela.
gran noche, podrán asumir una práctica a largo ~lazo
con una resignación encarnizada, tanto más encamízada
en la medida en que está abocada a un nuevo fracaso.
«'Dentro decíncoaños les ganaremos!» Como bien sabe-
mos, si el reino deDios fuera de este mundo, la Iglesia
no existiría.
. Así pues, el P.C. acierta en girar indefinidamente en
torno al poder, como un gato, sin querer tomarlo. Pues
sólo vive de la revolución diferida. Cada fracaso de la
revolución, cada ocasión fallida (pero por poco), le re-
fuerza en su ser, en la espera, en la institución a largo
plazo. Le gustan las elecciones, Y confía en la mayoría
silenciosa, en la derecha, para evitarle la victoria y los
riesgos del poder. Para él la situación ideal está justo
por debajo del 50 %. Eso le permite dejar de jugar la
alternancia (enlaque sería barrido por el P.S.), larevo-
lución (enlaque seríabarrido por lahistoria). Lepermi-
te seguir siendo lareserva delaizquierda, la reserva de
la República, la reserva de la Historia, la reserva de la
Revolución. El ghetto en el que se encierra y del cual
fingelamentarse es el único medio artificial donde puede
sobrevivir. Allí puede ejercer su gran fuerza tranquIla, su
gélida vocación de gestionario al amparo del poder, su
vocación demayoría silenciosa oposicional.
48
Ahí está laverdad del P.C., lainsuperable verdad del
partido comunista. Y no sólo ladesu aparato sino la de
éstey de sus militantes, conjuntamente. La totalidad de
lainstitución es operacional de la base a la cumbre. Y
en ~icho s~nti~o Althusser muestra una soberana hipo-
cresia al disociar una vez más el militante del aparato
para idealizar auno encontra del otro. ¿Qué lepermíte
efectuar esta discriminación, si no es su antigua moral
filosófica, y la intención de devolver al partido una vir-
tud y una virginidad acosta deunos militantes revisados
y corregidos como disidentes del aparato? ¡Maravilloso
candor manifestar simultáneamente alos militantes que
son la sal del partido, pero que durante cincuenta años
sólo han sido capaces de, dejarse sobornar, manipular,
engañar, violar por el aparato! Significa acusarles de
falta de inteligencia histórica y de estupidez incurable.
Significa despreciarles aún más de lo que les desprecia
el propio aparato.
Marchais tiene toda larazón en contra deAlthusser:
es cierto que lainmensa mayoría de los militantes están
contentos, y queel partido, tal como es, les ofrece lo que
desean. Encaso contrario, no seguirían enél. O si no, es
que son estúpidos. No hay otra respuesta, y Althusser
tampoco laencontrará: o el desprecio dehecho detrás de
lavisión idealista, o lanecesidad de abandonar todo su
análisis deun supuesto complot de la cumbre contra la
base, deun supuesto abuso depoder y deengaño por el
aparato, quesiempre tiende aregenerar dehecho laesen-
cia del partido. Por otra parte, este problema supera en
mucho al partido y pone encuestión todo el análisis so-
cial actual: ¿las masas son algo más queun rebaño eter-
namente alienado y manipulado aplacer por un supuesto
poder que las instrumentalizaría sin esfuerzo alguno, o
49
nos decidiremos a analizar deuna vez qué es eso de la
«pasividad» delas masas y desu supuesta manipulación?
Todo el análisis deAlthusser sebasa enlaideología dela
transparencia invertida (siempre soñada, siempre decep-
cionada) del militante.
Toda su argumentación sereduce a:
-oponer el militante al partido;
-oponer el partido a10que debería ser;
-oponer el partido a su propia política.
En suma, no resignarse jamás a que el partido sea
lo que es. Recalentarlo con una negatividad «dialéctica»
venida defuera (delateoría, delas prácticas «debase», et-
cétera). Vaya ingenuidad su «exigencia teórica» respecto
aun partido que, por su parte, ha abolido objetivamente
desde hace mucho tiempo lavieja distinción teoría/prác-
tica en una lógica circular de la base a la cumbre. Se
acabó la dialéctica: una circularidad que es idéntica ala
delacomunicación demasas. Universo cool sin el menor
calor dialéctico, pero hace mucho tiempo que el parti-
do ha entendido que la dialéctica es un plato que se
comefrío. Sólo necesita unareinyección hormonal ainter-
valos regulares de«democracia», de«espíritu crítico», de
«antiestalínismo», uninjerto homeopático. Nada dedialéc-
tica: homeopatía. Ha sido el trabajo degeneraciones de
opositores desde siempre, de Sartre anteriormente, de
Althusser hoy: resucitar lo imaginario del partido, reha-
ciendo por milésima vez lapatología estaliniana del apa-
rato. De ese modo, eliminan cualquier análisis original
de una situación original: a saber, la liquidación no
sólo del proletariado y desu dictadura, sino delo político
y detoda estrategia, laliquidación no sólo delalucha de
clases, sino de lo social y del partido en su definición
social. ¿Qué sigue representando el partido? Ni al prole-
s o
taríado, ni alalucha declase .. .
earelación defuerzas ' 1 s, 1lI SIqUIeraauna auténti-
. ., , so o encarna lo s . 1
rncion más vaga 10 . 1fl ocia en su defi-
, SOCIa otante h ..
tado él mismo en su ob . que oy VIVImos.Afec-
. ra VIvay en su d fí . .,
rica por la flotación de Io x-s-r emIClOnhistó-
e o SOCIal,el partid '
queuna maquinaria dedébil d f.., o no es mas
deuso múltiple ya no mtalú e. IllIclOn, pero degestión
, eaurgIca y bu ,. .
geny semejanza dela f'b·. rocratlca aima.
estaliniana, sino borros: rica, Imag~nespecífica dela era
riable, dirigiéndose mu h
Y
oP,orthullIsta, degeometría va-
l
. e o mas acia la . 1 .,
e reCIcla]·equeala ]., mampu acion y
erarqura y 1di ..
ala disuasión que al. . ~,IngIsmO, mucho más
, aIntoxlcaclOn y a1 di . li
ASI pues la cr't·. a ISClpma.
, ' I tea antIestalinia dI.
mas que una diversi' _ na e partido no es
monstruo frío que s on e~ganosa. El estalinismo es el
estalinismo yano es : m~estra a los chiquillos. Pero el
cial y, además tarnpo nnm~una parte el problema esen.
1
· . ' co es CIerto que 1 id
unano -ni «demoe 't. e partí o sea esta-
. ra ICO»por otr
tíempo siendo otra cosa ta bié a parte-, lleva un
referente y deestrateg.' ( n: ienflotante, conpérdida de
pone una referencia la mIentras que el estalinismo su-
y una estrateg· f )
en evolución en ínvol ", la uerte: estructura
, UClOno en dicí ,
santes peripecias que s f pe,r IClOn-las intere-
un «público demílír teo rece~ aquí al análisis (¿qué es
I an es» que es 1 .
deun partido»:» han q d' d a «Imagen demarca
. . ue a o oscurecid
graCIas alavisión tradicional e ' " as por completo
Se trata del m" n~ermmos deestalinismo.
Ismo oscurantlsm .
los neofilósofos y su visión del Gul o que Impera sobre
A1thusser pueda dive " d ag, y por mucho que
nos sirve la misma ;::~a e"nuest~os maestros disidentes,
martismo Opuesto a un t tleI~re~lVade análisis: neo-hu-
d
o artarísmo retr ".,
euna antigua idea del Estado d o, reactlVaclOn
enuna concepción todaví , y. esus poderes basada
lapanoptIca del espacio político
51
(el Estado devigilanciay del Gulag). Reciclaje, dehecho,
delalibertad, del derecho, dela responsabilidad, dela
autonomía, deladisidencia... Así es exactamente el guión
delaofensivatrucada deAlthusser contrael partido. Eter-
no fantasma del gran Sujeto manipulador, el Estado, el
aparato, el poder, y del pequeño súbdito oprimido, pero
quecrecerá: la sociedad civil, el militante, el disidente.
¡Eterna polaridad del estalinismo que dibuja enel aná-
lisis unespacio tanconfortable! Eterno pensamiento sub-
yugado y atrapado enlanostalgia delo político y deun
poder deEstado, queenel fondo no tienemás crédito que
laacusación deautoritarismo queselehace. El auténtico
estalinismo es el deestepensamiento «crítico» quequie-
recreer acualquier precio enel estalinismo desu adver-
sario -resucitándole de ese modo en el momento de
su desfallecimiento.
Todo lo queapela aladesestalinización, alaautono-
mía, aladisidenciay alatransparencia pertenece al mis-
mo orden dedebilidad analítica. Y todo ocurre como si
la sociedad francesa hubiera encargado aAlthusser que
canalizara toda ladecepciónhacia estaproblemática tra-
dicional y polvorienta: proteger al P.C. bajo un estali-
nismo defavor -¡porque lacrítica «radical» no es más
que un refuerzo de ideología, un injerto dialéctico en
el cuerpo sinórgano del partido!
Al rehuir laprueba defuego del poder, el P.c. seen-
cuentra normalmente ante la prueba de legitimidad de
su propio poder. ¿Quéquedadeun aparato queno quie-
retomar el poder? Lacuestión crucial queseleplantea
no es ladesu estrategia y desus errores (una diversión
más) sino ladesu razón de ser. ¿Quésentido puede te-
ner unpartido quesedesvíadesu propia finalidad his-
tórica? «Yano sirve para nada», dicepragmáticamente
52
Rocard. Peor aún: está descalificado en su propia exis-
tencia, y corre el peligro de no recuperarse jamás de
estaprueba deverdad, deundesafío al queno hasabido
responder. Y ahí yo hablo en tanto que militante, que
no soy, pero cuyadesesperación personal, no tanto entér-
minos defracaso político como dehumillación simbóli-
ca, entiendo perfectamente.
Gracias a Dios, no dudamos de que el ejemplo que
el partido ha dado asus militantes, el gran ejemplo va-
leroso derenunciar aapoderarse del poder y permanecer
en una oposición piadosa, propicia y constructiva, no
dudamos dequeestegran ejemplo será seguido por los
militantes en su relación con su propio aparato: saben
quelaserenidad está enel sacrificio y quehay queevi-
tar cualquier metabolismo revolucionario -han podido
comprobar que gracias a la involución y al fracaso el
partido consiguió granjearse el respeto detoda lasocie-
dad francesa-, de modo que no pondrán en discusión
una arquitectura disuasiva tan hermosa. Sin contar con
que el aparato y el partido son actualmente los únicos
enFrancia queofrecen una auténtica estructura de aco-
gida disciplinaria, enlaquees posible alinearse, ocurra
lo que ocurra, junto alas decisiones del aparato. ¡Qué
extraordinaria seguridad (el ejército es menos seguro)!
Lalíneadel partido puede ser degeometría variable,
pero siguesiendo unalínea, y enunmundo enel quetodo
flota, enel quecadacual está abandonado asus propios
deseos, alaangustia dehacer y depensar 10 quesequie-
reenel momento enqueserompe lavoluntad como re-
ferencial, nos suscita admiración quepersista por 10 me-
nos estadictadura delalínea, contodalaseguridad que
proporciona, y quevalecomo mínimo tanto como ladic-
tadura delaexpresión libre que senos quiere imponer
53
en otros lugares. El P.C. es la más hermosa institución
protectora y terapéutica del mundo occidental, no lacri-
tiquemos en nombre deun reformismo charlatán y de
unconformismo autocrítico. ¿Después deladictadura del
proletariado, tendremos que renunciar a la dictadura
del partido? Nada nos asegura que eso seaun progreso
objetivo, desdeel momento enquesabemos quelaliber-
tad depalabra y dedeseo es laforma moderna y univer-
sal delavigilanciay del silencio. ¿Meatreveré ainsinuar
que ahora hablo, una vez más, en nombre del militante
debase? Si yo fuera militante, no me serviría de nada
unpartido vulnerable al modernismo, vulnerable atodos
las burlas delahistoria, vulnerable ami propia crítica.
Si no lo soy, tampoco mesirvedenada un partido «crí-
tico», renovado y reciclado conlos colores delapalabra
y del deseo; quiero que el partido sevea enfrentado a
su desfallecimiento radical y asu muerte.
54
2
El estado de gracia
Septiembre de 1981
EL EXTASIS DEL SOCIALISMO
«Unaideapenosa: queapartir deundeter-
minado punto preciso del tiempo, la historia
hayadejado deser real. Sinpercibido, latota-
lidad del género humano habría abandonado
depronto larealidad. Todo lo quehaocurrido
apartir de entonces ya no sería en absoluto
cierto, pero no seríamos capaces dedescubrir-
lo. Nuestra tarea y nuestro deber actuales con-
sistirían en descubrir este punto y" en tanto
que no lo consiguiéramos, deberíamos perse-
verar en la destrucción actual.»
CANETTI
Lahipótesis sería queenFrancia vivimos actualmen-
teunaforma extática del socialismo.
No hay más quever el fúnebre éxtasis delacara de
Mitterrand.
El éxtasis caracteriza el paso al estado puro, en su
forma pura, deuna forma sincontenido y sinpasión. El
éxtasis es antinómico delapasión.
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Así pues, podemos hablar de un éxtasis del Estado.
Desapasionado, desencarnado, desentendido, pero omni-
potente ensu transparencia, el Estado accede asu forma
extática, que es la de lo transpolítico. Al mismo tiempo
quenadie creeenél, existeuna especie deoblación total,
derecurso total, desolicitación universal hacia esta úni-
ca figura a su vez desaparecida, o en trance de desapa-
rición, desdeel punto devista político: el Estado.
Ocurre lo mismo con el socialismo, y en el fondo el
estado degracia sería algo así como la asunción exorbi-
tante de un modelo que mientras tanto ha perdido su
verdad.
No es la izquierda la que ha derribado a la derecha
de acuerdo con un proceso de ruptura, ni la que le ha
sucedido deacuerdo con un proceso de alternancia. Ha
habido algo extraño en el modo de aparición de esta
izquierda, correlativo por otra parte conel modo dedes-
aparición deladerecha. Esta sehalimitado aesfumarse,
como algo quellevaba tiempo sinexistir. Más o menos ya
lo sabíamos. Pero también laizquierda llevalargo tiempo
sin.existir. Yeso 'no le ha impedido aparecer prodigio-
samente, de repente, resucitar, como la vocación funda-
mental delasociedad francesa, como un patrimonio eter-
no (que, por otra parte, ha sido inmediatamente santifi-
cado. con todo tipo deceremonias conmemorativas, Pan-
theon, monte Valerien, etc.). Así pues, su promoción se
inscribe como lacoronación del año del patrimonio.
Demodo que no se trata exactamente de una revo-
lución ni deuna peripecia histórica, sino deuna especie
de parto poshistórico largo tiempo retardado (hasta el
punto dequesehapodido creer enun aborto definitivo),
una especie de alumbramiento muy especial, el de un
niño oculto queel capital habría hecho alasociedad fran-
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cesa sin que ella lo supiera. Germina, incuba, estalla, e
invade al mismo tiempo. Es exactamente como Alien. La
izquierda es el monstruo deAlien. Y, en su conjunto, el
acontecimiento se revela como un gigantesco efecto es-
pecial -muy conseguido por otra parte-, breve éxtasis
enel curso moroso denuestro destino popular.
A mí me gustaría creer que todo ello fue el fruto de
una prolongada lucha social y política de los trabajado-
res, de los sindicatos, de los partidos de izquierda, de
innumerables voluntades einiciativas individuales -pero
mecuesta mucho.
Tampoco creo que las personas sehagan alguna ilu-
sión respecto a la sustancia política de las elecciones.
Pero asu modo las han utilizado -cinematográficamen-
te, por decirlo dealguna manera-: han sacado del mé-
dium electoral un efecto especial, una apuesta sobre la
izquierda alaqueseconceden derepente todas las opor-
tunidades. «[Hemos ganado!» Pero, cuidado, esta con-
fianza espectacular tiene forma de desafío: aun tiempo
sepermiten y seríen delaizquierda. También eneso los
representantes del pueblo son muy ingenuos: entienden
su elección como una aprobación y un consenso popular,
ni siquiera imaginan queno hay nada tan ambiguo como
empujar aalguien al poder yel espectáculo más divertido
para el pueblo ha sido siempre sin duda el fracaso de
una clase política. Deuna u otra manera, en los recove-
cos de la famosa conciencia popular, la clase política,
sea cual sea, sigue siendo el enemigo fundamental. Con-
fiemos enello, por lo menos.
Tampoco creo que este acting-out electoral haya su-
puesto para lamayoría delagente una determinada pro-
yección de sus esperanzas, un juramento defidelidad al
socialismo como voluntad derepresentación. Creo que lo
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que fundamentalmente se ha visto afectado ha sido la
imaginación estética y moral, pero por el resto, enlo que
serefiere alaimaginación histórica y política, esteacon-
tecimiento carece de consecuencias. Lo que importa es
el éxtasis. j Esto cambia, esto cambiará! Yano, creemos
enel sentido deuna finalidad o deuna superación his-
tóricas, aportamos la veleidad de asentimiento, la velei-
dad decreencia, laconfianza móvil y curiosa quesecon-
cedealos efectos delainnovación, alos efectos del cam-
bio, prácticamente alos efectos delamoda. Y no lo digo
conligereza, o demodo metafórico. Pienso que coneste
socialismo no sexuado políticamente, coneste socialismo
extático y asexuado, entramos literalmente enla era del
prét-a-croire, delamisma manera quelamoda haentra-
do en la era del prét-a-porter (también lamoda es cxtá-
ticay transexual).
El advenimiento del socialismo como modelo no tiene
nadaquever consu acontecimiento histórico. Como acon-
tecimiento, como mito, como forma deruptura, el socia-
lismo no tiene, ¿cómo diríayo?, el tiempo deasemejarse
así mismo, deadquirir fuerza demodelo, no tiene tiem-
po deconfundirse con la sociedad; desde este punto de
vista no es un Estado estable, y a decir verdad sólo ha
hecho breves apariciones históricas. Mientras quehoy el
socialismo sepropone como modelo estable y creíble: ya
no es una exigenciarevolucionaria, es una simulación de
cambio (simulación en el sentido de desarrollo del me-
jor guiónposible) y unasimulación del futuro. No hay sor-
presa, no hay violencia, no hay superación, no hay
pasión auténtica..El modelo, como cualquier modelo, está
hecho para realizarse enunatotal semejanza así mismo,
está hecho para hiperrealizarse. Por este motivo digo
quees extático: lo hiperreal es el éxtasis delo real fijado
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en su propia semejanza, expurgado de lo imaginario y
fijado ensu modelo (incluso si esemodelo es el del cam-
bio).
Todo eso para plantear la cuestión dela que depen-
denpara todos nosotros lo queseventila enlasituación
y lamisma posibilidad deentender algo deella: ¿sepro-
duce, conestesocialismo, una resurrección delo político
y delaescena política? ¿Unadesaceleración del proceso
transpolítico dedesvanecimiento del tiempo y dela his-
toria --en el cambio como proceso generalizado de di-
suasión de las bazas políticas y sociales, como proceso
dedesaparición delo real y detranspiración extática de
todos los modelos-, el Estado como modelo extático
derealización delaviolencia, etc.?
No tengo respuesta: ahí está el punto ciego de que
habla Canetti, en el que, sin percibirIo, la totalidad del
género humano habría abandonado la realidad. Es con
esepunto conel quetenemos queenfrentamos demane-
ra fundamental: realidad o irrealidad de esta historia.
Todo sejuega ahí y, desgraciadamente, parece que ese
punto queda al margen del alcance del pensamiento crí-
tico. Ahí está el dilemacrucial. A menos quealguna mila-
grosa reversión de. la historia, devuelva su carne y su
sangreaquien sabequéproyecto social, y alarealidad a
secas, necesitamos, como dice Canetti, perseverar en la
destrucción actual.
Laasunción delos valores críticos delateoría en el
socialismo forma parte deesteéxtasis. Extasiados, ahora
nos contemplan irónicamente, desde lo alto del poder.
Ahora bien, 10s conceptos teóricos jamás ofrecen al-
ternativa real: es imprescindible que no nos engañemos
respecto aestepunto. Ensu ejercicio más radical, hacen
tambalearse la realidad, son un desafío alo real. Y de-
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benpermanecer así, ano ser que queramos que sevuel-
van contra nosotros bajo forma dejuicio devalor, bajo
forma deprincipio, y enespecial deeseprincipio derea-
lidad al que seles había encargado que criticaran seve-
ramente.
Lametáfora debeseguir siendo metáfora, el concepto
debeseguir siendo concepto. Tanto peor para los intelec-
tuales.
Veamos, sinembargo, lo queestá ocurriendo última-
mente: laasunción deuna alternativa socialista, la ma-
terialización bajo el signo del poder político detodo el
sistema conceptual devalores (progreso, moral delahis-
toria, racionalidad de lo político, imaginación creadora
y, last but not least: lavirtud transfigurada por lainte-
ligenciaenel poder -en suma, todo el ideal platónico que
es básicamente el delaclaseintelectual, incluso cuando
lo denuncia).
El 68 no sehabía equivocado: el 68 no había puesto
lainteligencia enel poder, sehabía contentado con una
jocosa asunción enlo imaginario, y conun jocoso suici-
dio, cosaque, enlahistoria, es' laforma más cortés del
éxito. El 68 había exaltado la exigencia poética de lo
social, lainversión delarealidad y del deseo, y no su vir-
tuosa reconciliación enun paso al acto socialista. Afor-
tunadamente, el 68 no había pasado deser una violenta
metáfora, sin convertirse nunca enuna realidad, hoy lo
imaginario hadescendido delas paredes irreales deNan-
terre alos cajones del ministerio. Yeso embauca subrep-
ticiamente toda la situación intelectual.
¿Cómo funcionar en el cumplimiento delapromesa,
enlapretensión delaideaalarealidad, enel paso dela
palabra al derecho alapalabra, enlalegislación detodas
las metáforas ilegales, enlailusión realista delo social?
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Incluso desdeel punto devista político, aparece ahí una
especie de contrasentido fundamental. Pues esta volun-
tad dereconciliar lamarcha dela sociedad con su pro-
yecto voluntario y coherente, estavoluntad derealizar la
promesa siemprefalaz delo político (y quesólo es autén-
ticamente eficaz cuando es falaz -Mandeville-), estavo-
luntad es mortal, y mortalmente aburrida. Es el mismo
contrasentido del socialismo.
Pero eso es otra historia. Detodos modos, el poder
está abandonado actualmente aunas personas (yeso no
valeúnicamente para los socialistas) quehan renunciado
explícitamente.a su ejercicio, que yano tienen nada de
político y se manifiestan abiertamente incapaces de la
ambigüedad, delainmortalidad del discurso (cosaquees
exactamente el resorte deunaambición mundana, enese
punto están deacuerdo Maquiavelo y los jesuitas), y fie-
les alatransparencia delaidea. ¿Quéles quedaentonces
alos intelectuales, cuyaprofesión defees latransparen-
ciadelaidea? Si lo social comienza afuncionar abase
debuena voluntad, ¿qué queda entonces, para ser real-
mente político, sino actuar con mala voluntad?
«El Estado es lo quevelasobreel sueño.
Larealidad es lo que seencarna en él.»
F. RÉGIS BASTIDE
El nuevo poder sepretende cultural eintelectual. Ya
no quiere ser un CÍnico poder histórico, quiere ser la
encarnación delos valores. Habiendo traicionado su esen-
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ciapolítica, quiere quelos intelectuales, asu vez, traicio-
nenlasuya, y pasen del lado delareconciliación del con-
cepto, quepierdan laduplicidad del concepto delamis-
mamanera queellos han perdido laduplicidad delo po-
lítico, y sedejan llevar por el lado delo real, hacia una
discreta beatificación de sus esperanzas, hacia una cor-
tés reconciliación delo real y delo racional, o delo real
y delo imaginario. Este es el contrato quenos propone
unpoder queyano lo es-colmo delademocracia, poder
hipócrita delavirtud- y nos ha hecho caer enlatram-
pa. Pues, desdichadamente, el intelectual siempre es lo
bastante virginal corno para ser cómplice delarepresión
del vicio. Tampoco él está yaalaaltura del ejercicio cíni-
co, es decir, inmoral y ambiguo del pensamiento, de la
misma manera que los políticos tampoco lo están del
ejercicio del poder.
En realidad, no deberíamos tener tanto miedo, pues
esesocialismo no es más que el simulacro deuna alter-
nativa; no es justamente un acontecimiento, sino la
materialización póstuma deuna ideología pasada. Es la
forma tomada por un modelo, y no por un mito, ni si-
quiera por una historia -desilusionado respecto a su
propio poder fundador, proponiéndose simplemente corno
creíble, desilusionado respecto a la pasión política que
le sostiene, proponiéndose simplemente corno pathos,
corno artefacto moral ehistórico. Contra este simulacro
piadoso desocialismo, al fin embarrancado, después de
tantos fracasos, sobre el arenal del poder, contra este
fantasma demoral, no podemos hacer nada, delamisma
manera que no podíamos hacer gran cosa, por falta de
sustancia, contra el fantasma giscardiano del poder, o
que la idea dela revolución era poderosa contra el ca-
pital, pero nula frente al fantasma. del capital.
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El orden simulado nos arrebata todo poder dedene-
gación, el socialismo simulado nos arrebata todo poder
departicipación. Pues los valores quesimulan (progreso,
beneficio y producción ~Ilustración, historia y raciona-
lidad-) han sido' analizados y reducidos por nosotros en
supretensión alarealidad, pero no abolidos corno simula-
CFOS, corno espectros de segunda mano: al ser transpa-
rentes einsustanciales, no podemos atravesarlos deuna
estocada. Y éstees el espectro socialista desegunda ma-
no queobsesiona hoy aEuropa. Nos movíamos entre los
fantasmas del capital, apartir deahora nos moveremos
entre el modelo póstumo del socialismo. La hiperreali-
dad detodo eso no cambiará ni unapizca, encierto modo
yalleva mucho tiempo siendo nuestro paisaje familiar.
Estamos enfermos deleucemia política, y esta creciente
indiferencia (estamos recorridos por el poder sinquenos
afecte, y recorremos el poder sin afectarlo) es absoluta-
mente parecida al tipo depatología más moderna; es de-
cir, no la agresión biológica objetiva, sino la creciente
incapacidad del organismo para fabricar unos anticuer-
pos (o también, corno enlaesclerosis enplacas, laposi-
bilidad para los anticuerpos dedirigirse contra el propio
organismo ).
Así pues, el socialismo enel poder no es más queuna
fase ulterior en el pretencioso desencanto deesta socie-
dad. Existeaquí, sinembargo, algo quenos pillaunpoco
más desorpresa. Pues es laprimera vezqueel pathos cul-
tural colectivo, lo que resta esparcido, enlos escombros
deesta sociedad barrida por lasaludable catástrofe ideo-
lógica del 68, de utopía política y moral, es llevado de
estemodo ala escena para ser operacionalizado en ella
corno fantasma. Enestos últimos veinte anos, estábamos
más o menos, al corriente delapromoción delaecono-
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mía como gigantesca prótesis referencial, soporte-super-
ficiedecualquier veleidad colectiva, inexpugnable. e~.su
supuesta ¿bjetividad. Deahí llovían no sol? ~os jUl,C~OS
objetivos, sino los juicios deva~or y la dec~sIOnp.~htlca
(claro que todo sejuega apartrr deuna simulación de
racionalidad económicé;l, en la que de todos ~odos ya
nadie entiende nada, pero esto carece detoda I~portan-
cia. Laficción dela jurisdicción de- la econo~l~ puede
llegar aser omnipotente, y convertirse enlaauténtíca C??-
vencióncolectiva). Estaveznos proponen otra convencIO~
ol
ectiva: lamoral y lacultura sematerializan como pro-
e , . (
tesis degobierno. Social-prótesis, cultura-protesls .«vues-
tras ideas nos interesan», «vuestros deseos nos íntere-
san» «vuestra creatividad nos interesa»; el ban~uero del
B.N.P. era más sincero: «vuestro dinero nos interesa»,
lagente del tercer mundo más brutal: «vuestras basu-
~as nos ínteresan»). reinvención, después de~n:xceso ?e
gestión objetiva quenevaba ala gente.a.lamdIf~rencIa,
deuna subjetividad social, deuna efectividad SOCIalap~-
yadaensus muertos (el Pantheon), extrayend~ de~asrUI-
nas del imaginario histórico algo conlo quesmtetIzar un
fantoche devoluntad colectiva.
yahí, nosotros los intelectuales, caemos enlatram?,a.
Pues mientras setratara deeconomía, deprograma~IOn
del desencanto de una sociedad liberal, conservaba-
:os nuestro fuero interior, provistos deunar~serv~~en-
tal y política indefinida, vestales .de~na~lamltacrítica,y
filosófica, promesa deunaeficacia sííencíosa ~el~teoria
(y, además, lateoría teníamuy buen as?ec~o, jamas ~ecu-
perará sin duda lacalidad ofensiva y jubilosa al rmsrno
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tiempo que la grandiosa sinecura de que ha disfrutado
stos veinte últimos años).
Las fuerzas vivas estaban exactamente ahí donde es-
taban, es decir fuera, enlaotra Francia, más acá del po-
der. alasombra del mañana. ¡Quéaberración, qué peli-
gro propulsar estas fuerzas vivas a la dirección de los
asuntos! Nadapeor quelaabsorción del poder teórico en
una institución. Quiero decir: la misma utopía de los
conceptos segúnlos cuales nosotros analizábamos esta si-
tuaciónqueno eralanuestra y ladisolvíamos ensus fac-
tores imaginarios, esta misma utopía se vuelve contra
nosotros bajo forma dejuicio devalor real, dejurisdic-
ción intelectualmente armada con nuestras propias ar-
mas, bajo forma deestefantasma devoluntad colectiva,
aunque seael denuestra propia clase, quemantiene, in-
cluso enlasimulación, el poder deanularnos. Guardianes
delasublime distorsión delos signos y delo real, hemos
caído enlatrampa, paralizados por lapuesta en escena
desu reconciliación.
Es como un precipitado quirmco, que solidifica los
cristales y acaba conlasolución ensuspensión mediante
unaresolución cuyo efecto es irreversible.
Yano tenemos enemigos. Debido a que están en el
poder, los mejores (subjetivamente) también sonlos peo-
res (objetivamente). Pragmáticamente -ya quecualquier
pragmática es paradójica, no conseguiremos escapar a
eso- también nosotros nos encontraríamos enuna espe-
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ciededouble bind, undilema irresoluble (y no una con-
tradicción histórica). Este: senos conmina aparticipar
realmente, como si fuera real y deprimera mano, enun
acontecimiento irreal y de segunda mano. Son escasos
los acontecimientos que llegan a su hora, algunos son
prematuros, otros llegantarde y no sonmás queel reci-
claje de una peripecia fallida de la historia. Simulatio
post mortem. Hay abortos después del plazo delamisma
manera quehay abortos antes deél. Estees uno deellos.
El advenimiento deeste socialismo, no por entusiasmo
sino por desafecto (del recto), no por ruptura históri-
casino por agotamiento delahistoria (relevadapor laevi-
dencia retroactiva dela Francia profunda), este adveni-
miento por falta de. un modelo histórico que mientras
tanto haperdido su virtud pertenece al orden del recicla-
jey delasimulación, pero exigequenosotros nos com-
portemos como si fuera su versión original. (No preten-
do enabsoluto decir quelos actores deestepsicodrama
socialista son unos falsarios, o unos primos; su integri-
dad, su entusiasmo -por lo menos enalgunos deellos-
no sepone en tela dejuicio. Desgraciadamente es algo
más grave: lo que sepone en tela dejuicio es la inte-
gridad, laoriginalidad delapropia acciónhistórica.) Así
pues, también nosotros nos vemos conminados asimular,
afingir queel irresistible progreso delahistoria nos ha-
bíaconducido ahí, como si todo eso coincidiera, deacuer-
do conuna extraña semejanza formal, con la esperanza
de cambiar la vida. (Antiguo eslogan rimbaudiano con-
vertido en socialista -alegraos, hoy cambiaremos real-
mente lavida- ¡es maravilloso! Siempre el hundimien-
to delametáfora enlarealidad.)
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Estedilemaenquesenos haabandonado no es todo.
Quedaalgo más por denunciar, aunque seamuy difícil
hacerla, algo que afecta la confusión profunda de todo
proyecto socialista, incluso aunque sus intenciones sean
puras -no por eso sonmás ingenuas. Vuelvo aMande-
villey asu Fable des abeilles, enlaquemuestra (enel
siglo XVII, dirán algunos, laRevoluciónhacambiado todo
eso-pero yono lo creo enabsoluto-) queno es lamora-
lidad ni el sistemapositivo devalores deunasociedad lo
quelahacen cambiar y progresar, sino, por el contrario,
su inmoralidad y sus vicios, su desorden respecto asus
propios valores. Esto es, encierto modo, el secreto delo
político: la duplicidad estructural en el funcionamiento
delas sociedades, que es algo muy diferente a aquella,
psicológica, delos hombres enel poder. Duplicidad que
convierte profundamente el proceso social en un juego
enel quelasociedad desbarata enbuena parte su propia
sociabilidad, y sobrevivegracias aestaflexibilidad delas
apariencias, gracias a este desapego y a esta estrategia
inmoral (colectiva sinlamenor duda, pero no visible y
no concertada, y desconcertante para sí misma) respecto
asus propios valores.
A eso seopone por completo (y esta es la razón de
queyo afirme quehan perdido el sentido delo político)
laconvicciónsocialista-que también es ladetodasocio-
logía- dequecualquier sociedad es virtualmente social,
es decir, solidaria desus propios valores y coherente con
su proyecto colectivo. El problema reside entonces enre-
conciliar la sociedad con su propio proyecto y «sociali-
zar» lo queno pide otra cosaque serlo. Aniquilar cual-
quier duplicidad, cualquier estrategia delas apariencias
al nivel de los valores -maximalización de la relación
social, densidad de la responsabilidad colectiva (y, evi-
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dentemente, también del control), visibilidad de las es-
tructuras y del funcionamiento, apoteosis de la moral
públicay delacultura. Estees el sueño socialista, loco de
transparencia, empapado de ingenuidad. Pues ¿qué gru-
po ha funcionado alguna vez de ese modo? Pero sobre
todo: ¿qué grupo ha deseado alguna vez hacerla? Afor-
tunadamente es más qUeverosímil que ningún proyecto
social digno detal nombre hayaexistido nunca, queenel
fondo ningún grupo se ha concebido idealmente ninguna
vez como social, ensuma, quejamás haexistido ni lasom-
bra (ano ser enlas cabezas intelectuales) ni el embrión
de un sujeto colectivo de responsabilidad limitada, ni
siquiera la posibilidad de un objetivo de ese tipo. Las
sociedades queconsagran sus energías aeso, quesearro-
jan aesesueño moral desocialización, están perdidas de
antemano. Ahí reside el contrasentido fundamental. Afor-
tunadamente siempre fracasarán, escaparán así mismas,
lo social no seproducirá.
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Septiembre de 1983
LA IZQUIERDA DIVINA
Sólo hay una manera determinar coneste simbóli
.referéndum del régimen frente a los intelectuales, qu
hasido lacomidilla delas vacaciones, y es invertir la i-
tuación. Devolver alaclasepolítica lapregunta queplan-
teaalos intelectuales. Les dice: ¿dónde está vuestra vir-
tud, dónde está vuestra conciencia, dónde está vueuru
energía? Pero sonellos (ytodo el mundo, claro está, pero
las masas no plantean preguntas, su silencio no data d
las vacaciones, ni siquiera del socialismo), les correspon-
deaellos plantear alos políticos, ala clase política, la
, misma pregunta: ¿dónde está vuestra virtud, dónde está
vuestra conciencia, dónde está vuestra energía política?
Es cierto queel socialismo engendra una corrupción,
una descomposición de la posición intelectual, ya que
sepresenta como absolución decualquier contradicción,
como utopía realizada, como reconciliación de la teoría
y dela práctica, bienestar, bendición: es el final dela
porción maldita, es el final de los intelectuales (¡pero
pueden seguir trabajando!). Quiero decir queyano exis-
telapasión propia del intelectual. Pues no basta conpe-
dirle que sea una conciencia crítica desu tiempo, o un
71
aval moral --es preciso también que todo eso surja de
unapasiónpropia: conGideeralasinceridad, conSartre
es lalucidez, conlos situacionistas y demás es el radica-
lismo-, después, basta, ya no existe virtud político-in-
telectual. Después, es laironía, lafascinación deun mun-
do dominado por los procesos aleatorios, los desarrollos
microscópicos -la transhistoria, cuya travesía es tan
peligrosa como ladeuncampo minado.
Nunca volveremos a tener la sinceridad, ni que fue-
ratrucada, deGide, nunca volveremos atener lalucidez,
ni que fuera inofensiva, de Sartre, nunca volveremos a
tener el radicalismo, ni quefuera espectacular, delos si-
tuacionistas o del 68. Pero tampoco los políticos volve-
rán atener nunca lapasión delos ideólogos, ni laener-
gíapolítica deuna estrategia propia, ni mucho menos el
radicalismo delos revolucionarios (respecto aestepunto
nuestros actuales dirigentes son bastante claros, es su
única clarividencia). Ni siquiera creo que mantengan la
ilusión derepresentar realmente algo, ni deser otra cosa
que los conservadores titulares de la Francia profunda.
Enrealidad, gobiernan unamáquina queyano responde.
No sonlos intelectuales quienes secallan, es lamáquina
laqueyano responde. Y ni los intelectuales, ni lapropia
clasepolítica, que seveampliamente superada por esta
situación, son mínimamente responsables.
Así pues, convendría escribir sin duda un compendio
dedescomposición delaclase intelectual, pero también,
enparalelo, uncompendio dedegenerescencia delaclase
política.
Los socialistas acceden al poder, y transfieren aél su
proyecto desociedad, con pleno conocimiento decausa.
Piensan quesu advenimiento es una recompensa mereci-
day el resultado lógico del desarrollo delahistoria, no
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perciben que ocupan un espacio que ha dejado vacío el
r~flujo delas pasiones históricas y políticas, el espacio
VIrtual deun final delahistoria que selimitan a admi-
nistrar como pueden -fanalillo rojo o fanalillo rosa-
olvidanqueellos mismos fueron barridos enlos años 60-7Ó
por una situación mucho más original. La pérdida del
sentido, el final delahistoria, laagoníadelo político, la
transparencia y laindeterminación delo social, el poder
delasimulación, laomnipresencia y laobscenidad delos
medias, entorno atodo eso ha girado una cierta sobre-
fusión intelectual y teórica delos años 60-70, que sí, fue-
ron realmente una especiedeestado degracia. Todo eso
también estaba enjuego enel 68, y no olvidemos queel
68 ha sido 10 queha retrasado diez años el advenimien-
to del socialismo. Sinembargo, esta situación impondera-
ble, inanalizable entoda su amplitud, pero nueva y radi-
cal, no ha terminado, al igual que los estragos dela de-
construcción de algunos conceptos fundamentales. Los
socialistas sólo han sacado de todo eso una lección de
baja política, una lección degestión y demoral, repara-
ción delos desperfectos ocasionados por el capitalismo
y derehabilitación deuna historia social fatigada. Rea-
nudando con sus antiguos principios, han decidido ama-
blemente lacontinuación delas reformas del 36 o del fi-
nal delaúltima guerra, encadenados auna historia (la
suyay ladesus reformas) queno haexistido, pero queya
no podía existir, completamente ajenos alainmoralidad
delanueva situación. Hay quedecir ensu descargo que
esta situación es sin duda objetivamente ingobernable,
queyano existeprincipio degobierno -sino exactamen-
te: necesidad deuna nueva inmoralidad, alamedida de
este estado decosas, y no deuna nueva moral, necesi-
dad dejugar abiertamente, diferentemente, enestemun-
73
do desimulación, dedesimulación brutal (el terrorismo),
deinformación, enlugar decultivar las viejas estrategias
de equilibrio y de control. Toda la relación del poder
con los media, con lainformación, habla afavor deesta
imposibilidad deuna estrategia propia y deesta bendita
ignorancia delas cosas.
Así ocurre con la televisión. El poder político piensa
ingenuamente quetanto latelevisión como los demás me-
dia están hechos para transmitir unos mensajes, y por
tanto el suyo, político. Deahí unabanal estrategia decon-
trol, desesperanzada, confrecuencia caricaturesca (el tiem-
po depalabra, etc.). Ahora bien, latelevisión seha apo-
derado denosotros de' otro modo: el mismo poder es lo
que ha pasado a ser televisivo. Ya no en el sentido de
que utilice la televisión como médium publicitario (es
algo banal y enel fondo no funciona muy bien), sino en
el sentido dequelatelevisión, como bien diceMcLuhan,
es un médium dedébil definición, una imagen con esca-
so sentido, que por tanto obliga al teleespectador aali-
mentar encierto modo laimagen, arellenar el vacío in-
tersticial, auntiempo delaimagen y del mensaje, aocu-
parse enmayor medida deladescodificación delapercep-
ción. Así es exactamente como funciona hoy el poder: el
régimen político no es más queuna especie decarta de
ajuste, depantalla dedefinición mínima, tan desintensi-
ficada como laimagen televisiva, y quefunciona gracias
asu ausencia derelieve y decarácter. No sedirige ala
decisión, la voluntad, la energía, se dirige a la solicita-
ción, alainducción (¡que no es lo mismo quela seduc-
ciónl), que obtiene gracias a su propia indefinición. Es
el mismo caso de la imagen televisiva: no podéis dejar
dejugar, no podéis dejar deir por delante delaimagen,
táctilmente, para colmar su vacío, en términos sensoria-
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les. Enestecaso, seos hapedido estaespeciedeadhesión
refleja, sensorial, en términos sociales de animación de
creatividad, de participación. Paradójicamente, este' ré-
gimenofreceun relievetan escaso queni siquiera permi-
tetomarse una distancia respecto aél; sigueocurriendo
lo mismo queenel caso delaimagen televisiva: tieneuna
imposición muy débil, pero al mismo tiempo impide cual-
quier mirada crítica. Atenúa cualquier posibilidad de
juicio gracias a su insignificancia, a su misma transpa-
rencia. .
Ahí está la estratagema, ahí está laestrategia sin es-
tratega enlaqueestamos, enlaqueestá atrapado el po-
der. Ahí está toda laestratagema delaparticipación so-
cial o sensorial, queaparece así deportada al plano delo
político, enunos regímenes queyano buscan en el fon-
do lavoluntad histórica, enunos regímenes deencefalo-
grama plano que son, mucho más que una energía, una
pantalla deabsorción. Es cierto queyano intentan cap-
tar nuestra voluntad (para eso haría falta que ellos la
tuvieran), intentan implicarnos emocionalmente, crear
un ambiente: participamos del socialismo como de un
juego video o deunespacio teatral delatele.
Existe actualmente una tolerancia mucho mayor del
poder respecto alasociedad civil, eigualmente una mu-
cho mayor tolerancia delasociedad civil respecto al po-
der debida auna igual pérdida de lastre deresponsabi-
lidad, a una transferencia igual de soberanía hacia la
esfera de los media y dela información. Los dos polos
del universo político han dimitido respectivamente de
su poder en favor de una fantasmal colusión sobre las
pantallas. O también, para desarmar las contradicciones,
el poder no ha encontrado otra estrategia que la dere-
nunciar aencarnar el poder, acambio delo cual obtiene
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delasociedad civil que dejede serlo y que seconsidere
legalmente como virtualmente soberana. Desarmar la so-
ciedad, parahacer aparecer lo social, laidea delo social,
es el proyecto algo cómico deun poder que yano tiene
ganas de serlo .después de haber soñado con ello tanto
tiempo. ¡Como si lo social ~si existe-> no existiera ya,
totalmente, ensu ambigüedad, y como' si el poder pudiera
corregir esta ambigüedad escamoteándose así mismo!
En' estas condiciones, vemos cuán inútil es solicitar
delas masas una toma deconciencia o exigir delos in-
telectuales un compromiso proporcional asu lucidez (¡O
quejarse, como hacen muchos, de la paradoja que hace
que su compromiso sea inversarnente proporcional a su
lucidezl ). Es posible que todos estos problemas hayan
tenido un sentido cuando setrataba deun poder políti-
co determinado, hacia el cual es posible sentir una adhe-
sión o una distancia determinada. No es el caso deaho-
ra, cuando la misma trampa de la indeterminación, de
la simulación, dela pérdida devalores y de referencias
seha cerrado simultáneamente sobre el campo práctico
delahistoria y sobre el campo teórico del análisis.
Cabíapensar queel acontecimiento del socialismo de-
biera coincidir con una nueva vivacidad delahistoria y
una recrudescencia de las pasiones colectivas. Ocurre
más bien todo lo contrario, y parece que este aconteci-
miento nos eximedetodo ello y no seamás queel saldo
delahistoria -el saldo delaliquidación delahistoria.
Dela revolución, en primerísimo lugar. Respecto a ese
punto, Louis Mermaz es deuna claridad absoluta: «La
revolución ya no está a la orden del día en Francia».
Permitásenos citar su oración fúnebre: «Un país como
Francia vive sobre una tradición actualmente estable-
cida, ladelaRevolución francesa. Es una.adquisición. La
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revolución no está alaorden del día enFrancia porque
hatenido lugar lagran Revolución. Haservido deejem-
plo atodas las revoluciones del mundo desde hace casi
dos siglos. Lasituación deFrancia no es revolucionaria,
y no nos sonroja decir que nuestro proyecto es un pro-
yecto reformista apoyado en una tradición republicana.
Queremos hacer unas reformas de estructura, económi-
cas, sociales, pero por lavíadelas elecciones, por lavía
parlamentaria, aceptando la alternancia, considerando
quelo quehacemos tieneuncarácter irreversible, no por-
queasí lo decretemos, sino porque es algo quecorrespon-
de ala evolución de las costumbres y dela sociedad ...
En una revolución, siempre hay dos aspectos: uno, ina-
ceptable, del desencadenamiento de las pasiones, de las
violencias, delos instintos impuros (!) y otro que es el
mismo resultado delarevolución. Unarevolución nunca
será un bien en sí. Estamos en contra deeste punto de
vista... Todo nuestro proyecto' en la Francia actual con-
siste enhacer demodo queno exista revolución. Lo pro-
clamo en voz muy alta: no somos unos revolucionarios
porque la situación no es revolucionaria».
Clarísimo, enefecto: laRevolución como adquisición,
es el final delahistoria. El acontecimiento seha produ-
cido, haterminado. Y el socialismo seapoya enestefinal
delahistoria. Y hará cualquier cosa, lo afirma claramen-
te, para que un acontecimiento semejante no vuelva a
producirse. Por dicho motivo le vemos tan ansioso de
conmemoraciones, y tan poco deacontecimientos nuevos.
Pero incluso en este punto reculan. Ellos que, desde el
inicio, sebasan enlaexaltación delacultura y del patri-
monio, ni siquiera habrán conseguido conmemorar esta
Revolución de1789enuna exposición. Larenuncia aesta
apuesta de1789es unaresignación histórica, es decir, una
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/
resignación al final de' lahistoria. No sólo el socialismo
no consigue producir una nueva historia, una historia
original (todo lo quehaceestá emplazado bajo el signo
delarehabilitación, delarestauración deFrancia como
unaobra maestra enpeligro).. sino.. queni siquiera consi-
guegarantizar su reproducción simbólica, Si el régimen
renuncia incluso aesta forma conmemorativa bajo futi-
les pretex:toseconómicos ode baja política, es queél mis-
mo está convencido del final delahistoria y desu inca-
pacidad paraprolongarla ni siquierasimbólicamente. Pero
es posible que resulte peligroso pretenderse los herede-
ros delos hombres de1789,quienes, encambio, nunca se
preguntaron si convenía, dada lacoyuntura económica y.
lacrisis, hacer o no estarevolución -mientras queéstos
no consiguenni hacer unaexposición. (El DantondeWaj-
dayahabía provocado más deun escalofrío.)
Más engeneral, ¿el socialismo seplantea el resultado
defavorecer una sociedad enla queyano exista huella
deantisociedad, o bienel mismo es laresultante deuna
historia delaquepoco apoco sehadesvanecido cualquier
proyecto deantisociedad, es decir, cualquier proyecto de
otra sociedad, o incluso cualquier proyecto deuna cosa
diferente alo social?
Primera hipótesis: sí, el socialismo, paradójicamente,
llegaal poder cuando todas las energías desuperación,
las energías sociales deruptura, las energías culturales
alternativas, sehan más o menos agotado -y llevacon-
sigo los estigmas deesteagotamiento, y lo utiliza. Si se
instala sinesfuerzo alguno, no es tanto porque hayaven-
cido aladerecha, sino porque el reflujo delas fuerzas
vivas habarrido. todo el espacio quetienefrente aél. El
último gran sobresalto deantisociedad, Mayo del 68, ha
retrasado su llegadaendiez años. Mientras hapersistido
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un rmrumo fermento deinsubordinación, defronda, de
rechazo, de ironía o de desafecto, de exigencia radical
(aunque seaIantasmagórica), nada desocialismo. No es
la derecha, transparente, limitada y polvorienta, la que
haimpedido realmente quelaizquierda «pase», como se
dice(enefecto, ha pasado), ha sido eseotro genio ma-
ligno, más radical y más terco, quehaterminado por apa-
garseenlos años setenta. (Esta es larazón dequeel so-
cialismo, laforma reconciliada delo social, aparezca mu-
cho antes enlos países liberales y protestantes del Norte
como un régimen normal, el régimen de gestión y de
crucero deunasociedad moderna, queenlos países lati-
nos enlos quelaforma estética, cultural, irónica, enlos
queel proyecto desubversión, derebelión y dejuego ha
permanecido más vivo ~Italia sigue siendo el mejor
ejemplo deesesocialismo «retrasado».)
Al fin, después detodos esos fracasos, lapsus y retra-
sos debidos a una historia todavía demasiado violenta,
todavía demasiado viva, nos llega el socialismo, traído
por los acontecimientos (por el final delos «acontecimien-
tos»), enlaFrancia reconciliada con su historia (con el
final desu historia), no como apertura políticadeunaera
nueva, sino como moral,' es decir, como nuevo estado de
las costumbres dela Francia profunda, y como absolu-
ciónretrospectiva detoda nuestra historia.
Las revoluciones aplastadas, los sobresaltos institu-
cionales, pero también los eclipses que ha hecho sufrir
a Francia una derecha empecinada en desviar' el curso
delahistoria, es algo quehaquedado resuelto, absuelto,
liquidado y condenado por el happy. end del 10demayo.
Laverdad es quenada detodo eso hasido inútil, yaque
nos hallevado hasta aquí. Para quien sabeesperar, todo
acabapor llegar.
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/
y ahí está la tara del socialismo: sepresenta como
recompensa para todos los quehan sabido esperar, espe-
rar quehayamadurado el fruto delahistoria, (desgracia-
damente los frutos sólo caen cuando están demasiado
maduros). Derepente, el socialismo actual llevatodos los
estigmas delaespera, del tiempo perdido, del hundimien-
to, del lifting deuna historia que habría debido ocurrir
en Su momento (¿1956? ¿1946? ¿1936?). Nacionalizacio-
nes, Pena demuerte, escuela libre... antiguas manías de
una antigua izquierda que durante tiempo ha bogado
enel fracaso y seharecubierto como unaballena conto-
das las' algas delas antiguas travesías.
Pero hay algo más, y esto coincide conlaprimera hi-
pótesis.No sólo el socialismo termina con el mito vio-
lento delo social y con cualquier tensión histórica, sino
queconsagra laremisión detodas las energías o detodas
las visiones del mundo diferentes alo social: Desaparece
cualquier otro destino colectivo queno seael deunavaga
moral departicipación y dereparto delos bienes adqui-
ridos, de animación y de solidaridad. Lo social, en su
acepciónmás débil, seconvierte enlaideología definitiva
delasociedad. Nada que permita remover las pasiones.
En. la reconciliación, desaparece la más mínima idea
deuna porción maldita. Desaparece la idea deuna esté-
ticadel mundo. Laideadeunantagonismo, deunaambi-
güedad, deuna reversibilidad, la idea deuna arbitrarie-
dad, de una ironía, de una crueldad ineluctable en el
orden delas cosas y enel orden delos caracteres, laidea
decualquier otra pasión colectiva desaparece enel equi-
librio .soso y homeostático del discurso sobre el cambio
social. Todo sereduce alainvención, o mejor dicho ala
maohaconería delo social, es decir, no detalo cual tipo
desociedad, sino del principio mismo delo social, que
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por, otra parte yano es el del contrato, sino una especie
decara intermedia, de ínteractividad permanente, prin-
cipio deconexión y decontacto: sociedad contactual, y
no contractual. Deahí lainanidad detodos los llamamien-
tos alas virtudes tradicionales, entre las cuales la dela
solidaridad, pues ¿qué es la solidaridad en un sistema
como ese, si no ladelacontigüidad enel espacio delas
'redes o el eco delos impulsos mediáticos? Yano lasoli-
daridad quesebasaba enlo universal apartir deladele-
gacióndeunaparte desoberanía, sino laquecoagula las
personas, en un medio saturado, mediante electricidad
estática.
Todo el discurso socialista tiende a'persuadimos que
eso es exactamente lo quenecesitamos: el vínculo social,
laconexión, el contacto, lacomunicación. Labazaes fan-
tástica: video, telemática, etc. El drama consiste enque
las personas no están realmente convencidas queeso sea
lo querealmente necesitan, y cada vez lo estarán menos
aunteniendo, el aspecto deestado cadavezmás (consenso
por capilaridad).
En laactualidad, todo el discurso sobre lo social da
vueltas, pues equivale a decir: la solidaridad sustituirá
cualquier cosa. Es el esfuerzo a realizar en el punto de
partida, y larecompensa enlameta. El beneficio reside
por completo en el precio pagado. Si sepiensa bien, el
único provecho quepodéis sacar delo social y del precio
quepagáis por ello, es precisamente lasocialidad, lasoli-
daridad y nada más. También se dice lo mismo del es-
fuerzo: el esfuerzo es su propia recompensa. Pero nadie
hacemucho caso deesta especie deproposición.
Y, sin embargo, es preciso que lo social esté plena-
mente realizado, asumido, interiorizado, refractado enel
código mental decada una delas moléculas deeste ex-
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/
traño cuerpo llamado sociedad. Fijaos en esos pastores
pirenaicos aquienes secoloca la fibra óptica, los relés
hertzianos, latelepor cable. No es únicamente una his-
toria demercado, laapuesta es social: ¡hay quehacer la
demostración delo social, desu uso, desu valor deuso
para todos, decómo lagentelo necesita aúnsinsaberlo!
¿Esas personas creían vivir ensociedad, consus vecinos,
sus animales, sus historias? ¡Escandalosa ilusión desub-
desarrollados, rezagados del socius y del habitus, bárbara
soledad enlaqueeranmantenidos, sinpoder expresarse!
Monstruosa expoliación detoda esta buena sustancia de
lainformación y delo social; si hacefalta seles obligará
aestar informados, informatizados vivientes, nuevos co-
bayos, nuevos rehenes: esto es el nuevo terror, no el de
1984(aunqueel deOrwell no esté realmente exorcizado),
sino el del siglo XXI. Lanuevanegritud está ahí, lanueva
servidumbre involuntaria.
Todo eso procede deunterrible contrasentido respec-
to alaesencia delo social por parte delos socialistas
(también por parte del resto de la clase política, pero
muy especialmente por parte suya, ya que ahí está su
consigna y su estrategia).
Al socialismo no legustan los signos y los simulacros,
sólolegustanlos valores. Sepretende profundamente mo-
ral, y para él simulacros y simulación sólo pueden ser
los deunperíodo anterior, quelaverdad histórica del so-
cialismo sedispone aborrar. Todas las revoluciones, in-
cluso las fallidas, comparten este deseo depurificación
delos signos, detransparencia y demoralización delos
contenidos delahistoria. Latarea histórica del socialis-
mo consisteenexterminar lossimulacros, exterminar cual-
quier seducción capciosay devolver atodas -las cosas el
resplandor moral desu historia. Tiene que confundirse
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necesariamente con lavoluntad política derestauración
dela. hipotética autenticidad delo social. Eso levuelve
profundamente ciego atoda la realidad actual, la cual,
gracias aDios, es más sutil y más perversa. Todas las hi-
pótesis sobreuncampo dedistorsión delos signos, sobre
el genio malvado delos signos, sobre los efectos perver-
sos delainformación, delasignificación también enlo
social, sobre la ambigüedad, fundamental y no sólo po-
,
lítica, delos media y delacultura, y demuchas cosas
más, leresultan insoportables einconcebibles yeste des-
conocimiento llegaahacerse trágico incluso para él.
Para lamoral, el signo es el principio del mal. Y 10
queparece definitivamente perdido en la era socialista,
es laanalítica del signo, lafuerzairónica del signo enlos
juegos desociedad. El reconocimiento deuna dimensión
delailusión, delaironía, delaperversión (no merefiero
alos individuos y a su «inconsciente», me refiero a la
ilusión, alaironía y alaperversión delos procesos so-
ciales objetivos)' queda excluido en la perspectiva dela
edificación de lo social. La denegación de todo ello es
total enlos países totalitarios, quetienden alaindivisión
del sentido, También nos acecha anosotros, aunque de
una manera más benigna. Sólo debefuncionar lacomu-
nicación, debemos bañarnos en la transparencia moral
delaseñal y delarespuesta -signo expurgado, unilate-
ral, estúpido, enel sentido deque no toma enconside-
ración laambigüedad y lainmoralidad delos comporta-
mientos, aquello por lo cual las gentes no responden, o
bien lo hacen con una estupidez equivalente, cosa que
noes buena para el consenso.
Los socialistas harían bien endesconfiar deesta des-
viacióncolosal, bajo. todas sus formas, delo real por la
información, tan fatal para lo político y 10 social como
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