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VII
La Germinación
En este capítulo vamos a abordar la germinación de nuestras semillas de cannabis, intentan-
do como siempre acercarnos lo más posible a su proceso natural, aunque estemos cultivando en
interior.
En sus lugares de origen, y una vez que las plantas de marihuana están a punto, caen las primeras semi-
llas de sus “vainas”, ruedan unos metros o centímetros y quedan aletargadas esperando que llegue
el momento en el que los niveles de temperatura y humedad sean los adecuados para germinar.
Otras en cambio, son presa de aves que se las llevan en el pico y aterrizan a cientos de metros de
la madre; otras pocas se quedan en la planta cuando muere a merced de las tormentas, y allí, prote-
gidas por la hojarasca, una pequeña cantidad de semillas consigue germinar a comienzos de la
primavera...
Para tratar el apartado de la Germinación, nos dimos cuenta de que deberíamos romper una serie
de mitos y falsedades peculiares que circulan a lo largo y ancho de la red a modo de consejos y
enseñanzas, traspasadas de generación en generación. Por ejemplo: ¿Quién a visto a un cañamón
meterse en un vaso de agua con peróxido de hidrógeno para darse un baño de 24 horas, saltar para
adentro de un algodón empapado, echar raíces y esperar a que venga la mano de un humano a plan-
tarlo en la madre tierra?
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Una semilla es un kit “todo en uno” super preparado para germinar. Eso si no ha servido de alimen-
to a pájaros u roedores, cuya composición nutritiva está avalada por más de un millón y medio de años
de I+D+i impulsadas por la propia naturaleza.
Para germinar una semilla de calidad, nos bastará con introducirla en una tierra porosa o en un
taco de turba (también llamados jiffy´s) húmedo y darán lugar a una planta de medicina hermosa
y fuerte.
Si aceptáis un par de sugerencias, utilizad vuestra imaginación: poneros en su lugar.
Seguro que no nos gustaría llegar a este mundo anegados, no os gustaría tener que nacer a mu-
cha profundidad y gastar toda vuestra energía para encontrar el aire, no nos gustaría que hicie-
se frío para crecer, no querríamos que nadie nos manipulase nuestras sensibles y débiles raíces
cuando aún no tenemos ni entidad para entender...
Sólo tenemos que humedecer nuestro jiffy en agua con unas gotas de bioestimulador y trico-
dermas disueltas. Lo medio-escurrimo en el puño, enterramos la semilla a 0.5-1 cm, tapamos, lo
dejamos en ambiente agradable y nos limitamos a esperar. O bien tomamos nuestras pequeñas
macetillas con sustrato decente, hacemos un agujerito de más o menos de 1 cm con un lápiz, depo-
sitamos el cañamón, echamos unas gotas de esa agua enriquecida con bioestimulador (también vale
agua a secas) y esperamos de tres a cinco días.
Para maximizar el éxito en el proceso de germinación, debemos asegurarnos que nuestras se-
millas vienen envasadas en un ambiente rico en sales que absorban la humedad, que posean un
buen tamaño (sobre todo si son índicas o híbridos), y que tengan claramente escrita la fecha de
envasado.
Comprar semillas sueltas, sin embalaje original o sin fecha de envasado puede hacernos perder un
dinero del que seguramente no estamos sobrados.
CUÁNDO Y POR QUÉ GERMINA UNA SEMILLA
Lo ideal sería poner en tierra a las “niñas” unos cuantos días antes del plenilunio (luna llena),
pero como todos sabemos, el mejor momento para sembrar es cuando se poseemos las semillas y la
impaciencia no da para más.
Como os comentamos antes, una semilla es un paquete de sustancias nutritivas y de encimas. En
defnitiva, son un pequeño almacén de almidón (proteínas) que gracias a la temperatura y a la
humedad se convierten en azucares, que luego le darán fuerza a la planta para brotar y generar
su primer tallo y hojillas, llamadas cotiledones.
Una vez que la humedad y temperatura son las adecuadas, se desatan los procesos químicos
que despiertan la germinación, y que convierten a nuestra semilla durmiente en un delicioso ser
vivo anclado al suelo.
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La cascara exterior de la semilla tiene una función protectora. Esta cubierta es parcialmente
permeable, dejando entrar agua en su momento adecuado, evitando la salida de azucares y
aminoácidos del grano, y a la vez impidiendo la entrada de microorganismos mientras dura el
estado de latencia.
Ya las vemos crecer, pero calma, calma... Nos queda un largo y hermoso camino. Vamos a hacer
crecer esa planta, la vamos a ver madurar, vamos a disfrutarla... Y después de que tenga un tamaño
y maduración adecuados es cuando más la vamos a disfrutar.
PARA TODOS LOS QUE QUEREMOS SABER MÁS
¿Es cierto que una semilla es un organismo que no está ni vivo ni muerto?
Sí, como estado natural, si las semillas se encuentran todavía en el medio de las hojas de la planta en
semidescomposición cuando llegan las lluvias de primavera y empieza la subida de la temperatura,
la materia orgánica comienza a fermentar proporcionando un calorcillo exquisito idóneos para el
desarrollo primario de las plantas.
¿Es cierto que una semilla puede germinar a cientos de kilómetros de su madre?
Sí, incluso si un pájaro ha comido semillas para almorzar, unas cuantas pueden haber atravesado su
organismo sin ser digeridas. Luego, al momento de germinar, estas se encontrarán en medio de las
heces de pájaro que les proporcionarán un alimento extra en los primeros días de vida.
¿Es posible que una semilla no germine nunca?
Sí, si una semilla ha llegado rodando hasta una cueva o un lugar seco y fresco, no germinará en su
vida, y un día será encontrada por científcos del futuro que “descubrirán” que en ese lugar crecía
marihuana, pero no la germinaran ahí enloquezcan.
¿Dudas? Venga, pregúntanos... ¡Atrévete a saber!