You are on page 1of 9

Pag 67

Objetivos finalistas:
Revolución social y socialismo libertario.

"Nosotros llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones".
Buenaventura Durruti.
"El proyecto político y social del anarquismo en una sociedad libre y ante autoritaria, que
conserve la libertad, la igualdad y la solidaridad entre todos sus miembros".
Néstor Majno
"Pero la revolución universal es la revolución social, es la revolución simultánea del pueblo de
los campos y las ciudades. Es por eso que es preciso organizarnos,-porque sin una
organización preparatoria, los elementos más fuertes son impotentes y nulos".
Mijail Bakunin

Habiendo trazado un breve diagnóstico de la sociedad actual de dominación y explotación, afirmamos dos
objetivos que entendemos como finalistas: la revolución social
1
y el socialismo libertario. La revolución social tiene por
objetivo destruir la sociedad de explotación y eliminación. El socialismo libertario es el que da sentido constructivo a la
revolución social. Juntos, la destrucción-como concepto negativo-y la construcción-como concepto positivo-constituyen
la transformación social posible y efectiva, propuesta por nosotros. "No hay revolución sin destrucción profunda y
apasionada, destrucción salvadora y fecunda, porque ella, y sólo por ella, se crean y nacen los nuevos mundos"
2
. Sin
embargo, la destrucción sola no es suficiente, ya que "nadie puede querer destruir sin tener por lo menos una remota
imaginación, real o falsa, del orden de cosas que debería, en su opinión, sustituir al actualmente existente"
3
.
La revolución social es uno de los resultados posibles de la lucha de clases y consiste en la alteración violenta del
orden social establecido, siendo considerada por nosotros el único medio para dar fin a la dominación y explotación. Ella
difiere de las revoluciones políticas de los jacobinos y leninistas por sostener la alteración del "orden", no es solamente
una transformación política, por medio del estado, cambiando una minoría dirigente por otra. Como enfatizamos
anteriormente, para nosotros, el estado no es un medio de emancipación de las clases explotadas, ni siquiera cuando es
arrancado de las manos de los capitalistas, de forma revolucionaria, por la supuesta vanguardia que dice actuar en
nombre del proletariado. Una revolución política, como la Revolución Francesa o la revolución rusa, que no acaba con el
estado para profundizar la igualdad en su seno, se vuelve una revolución burguesa y termina "infaliblemente, en una
nueva esclavitud, más hipócrita y más sabia tal vez, pero que no disminuirá la opresión del proletariado por la
burguesía"
4
.
Diferente de la revolución política, es la revolución social realizada por el pueblo de las ciudades y del campo que
llevan su lucha de clases y su correlación de fuerzas con el capitalismo y el estado al límite por medio de la organización
popular. La revolución social acontece cuando la fuerza social desarrollada en el seno de la organización popular es
mayor que la del capitalismo o del estado, y que lleva a la práctica, implementa estructuras que sostienen la autogestión
y el federalismo, acabando con la propiedad privada y el estado, haciendo emerger una sociedad de igualdad y libertad
de la revolución social traerá la emancipación popular, conforme lo afirmó varias veces Bakunin:

“Es precisamente con este sistema antiguo de organización por la fuerza que la
revolución social debe acabar, desarrollando la plena libertad de las masas, los grupos, las
comunas, las asociaciones, los propios individuos, y destruyendo, de una vez por todas, la
causa histórica de todas las violencias, fuente del poder y de la propia existencia del estado
[...]. [La revolución social es la] abolición de toda explotación y de toda opresión política,

1
Estamos trabajando con el concepto clásico de revolución social, desarrollado por Bakunin, que la considera una transformación de
los aspectos económicos, sociales y políticos de la sociedad. Cuando la distinguimos de la revolución política, buscamos, de la misma
forma, una diferenciación clásica que trata a la revolución política como una transformación que será solamente en el nivel
"político", por medio del estado.
2
Mijail Bakunin, "Estatismo y Anarquía"; p. 52
3
Ídem; "Protesta de la Alianza", en "Bakunin: crítica y acción"; Buenos Aires, Anarres, 2006, P. 33.
4
Ibidem; p. 22.
jurídica o administrativa y gubernamental, así como la abolición de todas las clases por medio
del libramiento económico de todas las riquezas [...]
5
”.
La revolución social no es una "gran noche", en la cual, espontáneamente, el pueblo se revela y produce una
sociedad nueva. Es innegable que la lucha de clases produce una serie de levantamientos o insurrecciones,
acontecimientos espontáneos de mucha relevancia. Sin embargo, si no hay un intenso y duro trabajo organizativo
previo, estos episodios pasarán, a veces con ganancias para las clases explotadas, pero ninguna conseguirá derrumbar el
capitalismo o el estado, ni dar cuerpo a una sociedad. La construcción de la organización popular desarrollara el espíritu
de lucha y organizará a las clases explotadas, buscando en acumular fuerza social al tiempo que incorpora en su seno los
medios de lucha acordes con la sociedad que deseamos construir. De esta manera, no entendemos la revolución social
como una simple evolución, ni como una consecuencia obligatoria de las contradicciones del capitalismo, sino como un
episodio que marca la ruptura y es determinado por la voluntad de las clases explotadas organizadas.
Enfatizamos que en este proceso revolucionario hay necesidad del uso de la violencia, pues no creemos que la
expropiación a los capitalistas lo mismo que la destrucción del estado, pueda ser hecha sin que la clase dominante
promueva la violencia. Inclusive, el sistema en que vivimos ya es un sistema basado en la violencia para su
mantenimiento, y su exacerbación en los momentos revolucionarios justifica la utilización de la violencia por parte de los
revolucionarios, fundamentalmente como respuesta a la violencia sufrida en el pasado y en el presente. "La violencia
sólo es justificada cuando es necesaria a defenderse a sí mismo o para defender a otros contra la violencia"
6
. La clase
dominante no aceptará cambios impuestos a ellos en el momento de concreción de la revolución social. Por eso es
necesario saber que, a pesar de que no incentivamos ni amamos la violencia, ella será necesaria para el golpe que
queremos asestar contra todo este sistema de dominación y explotación.

"Siendo la revolución, por la fuerza de las cosas, un acto violento, tiende a desarrollar el
espíritu de violencia en vez de destruirlo. Pero la revolución conducida como la conciben los
anarquistas, es lo menos violenta posible; ella intenta interrumpir toda violencia tan pronto cesa la
necesidad de oponer la fuerza material a la fuerza material del gobierno y de la burguesía. [...] El
ideal de los anarquistas es una sociedad donde cualquier factor de violencia habrá desaparecido
completamente y este ideal sirve para frenar, ese espíritu de violencia que la revolución, como acto
material, tendría la tendencia a desarrollar"
7
.

La acción violenta de la revolución social, lo mismo que la expropiación de los capitalistas, debe destruir
inmediatamente el estado, dando lugar a las estructuras autogestionarias y federales, probadas y vigentes dentro de la
organización popular. Por tanto, la concepción autoritaria de "socialismo" como período intermedio, en que se establece
una dictadura dentro del estado, no es, para nosotros, más que otro medio para continuar la explotación del pueblo y
debe ser rechazado absolutamente y en cualquier circunstancia.
Como la revolución social no podrá ser hecha sólo por los anarquistas, es importante que estemos
completamente insertos en los procesos de la lucha de clases, para poder dar a la revolución el rumbo del socialismo
libertario. Esto porque las experiencias de las revoluciones del siglo XX nos muestran que, en caso de que eso no ocurra,
los autoritarios diezmarán las experiencias emancipadoras, para ocupar el estado, acabando con la posibilidad de
autogestión y federalismo, constituyendo regímenes más tiránicos que los anteriores. Por este motivo, la revolución es
un riesgo, pues, si los anarquistas no estuvieran suficientemente insertos para poder darle el rumbo deseado,
trabajarían para que otro régimen de dominación y explotación sea impuesto. La cultura autogestionaria y federalista ya
debe estar bien desarrollada en las luchas de la clase para que el pueblo, el movimiento revolucionario, no se deje
oprimir por oportunistas autoritarios, y eso se dará por medio de la práctica clasista de la autonomía, la combatividad, la
acción directa y la democracia directa. Cuanto más presentes estén estos valores en la organización popular, menor será
la posibilidad de que se constituyan nuevas tiranías.
Por más que rechacemos completamente la concepción de "socialismo" marxista, de dictadura del estado, es
inevitable que haya un momento posrevolucionario de adaptación, en rumbo al socialismo libertario. En este momento
pueden existir todavía muchos conflictos, por eso deberán existir las organizaciones específicas anarquistas que se

5
Ibid; p. 22-23.
6
Errico Malatesta, "La Violencia y la Revolución", en "Anarquistas, Socialistas y Comunistas"; P. 40.
7
Ibidem; p. 70
fundirán con las organizaciones sociales en un periodo posterior, desarrollando plenamente el socialismo libertario,
cuando la amenaza de contrarrevolución haya pasado y el socialismo en libertario esté en pleno funcionamiento.
Cuando tratamos de nuestra concepción de la revolución social lo mismo que cuando pensamos en una posible
sociedad futura, queremos dejar en claro que no estamos buscando determinar de antemano, de manera absoluta,
como se dará proceso revolucionario o el mismo socialismo libertario. Sabemos que no hay condiciones para prever
cuando esta transformación aconteciera, y por eso, cualquier reflexión debe considerar este carácter estratégico de
proyección de las posibilidades futuras, siempre a partir de las posibilidades, y no de certezas absolutas. Las
características del proceso revolucionario dependerán de dónde y cuándo él se dé.
Por tanto, las reflexiones aquí explicitadas sobre la revolución social, y principalmente sobre él socialismo
libertario no deben ser entendidas como fórmulas o previsiones de lo que necesariamente ocurrirá. Trabajamos con las
posibilidades que contemplan nuestras expectativas teóricas. Sin embargo, aunque no queremos hacer afirmaciones por
un lado; por el otro, pensamos que es importante la discusión sobre la sociedad futura y el posible funcionamiento del
socialismo libertario. En este punto, creemos que las experiencias prácticas revolucionarias nos pueden enseñar mucho.
Defender el socialismo libertario como propuesta de social futura implica, para nosotros, relacionar los conceptos
indisociables cuando se trata de un proyecto político. De un lado el socialismo, sistema basado en una igualdad
económica, política y social, y del otro la libertad. Para nosotros, "el socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad"
8
,
un sistema que degenera en regímenes autoritarios, que bien hemos conocido a lo largo del siglo XX. Al mismo tiempo,
"la libertad sin socialismo es privilegio e injusticia"
9
, una forma de continuar la dominación y explotación en una
sociedad de clases y jerarquías autoritarias. Por tanto, el proyecto de una sociedad futura que privilegie la igualdad y la
libertad sólo puede ser, para nosotros, el socialismo libertario, que toma forma de las prácticas de autogestión y
federalismo.
A pesar de que son términos surgidos en épocas diferentes
10
, autogestión y federalismo hoy están
necesariamente ligados y deben ser entendidos como conceptos complementarios. La autogestión es una forma de
gestión, un modelo de organización, en que las decisiones son tomadas por los propios trabajadores, en la medida en
que son afectados por ellas, sea a partir de sus locales de trabajo o de las comunidades donde viven. El federalismo es
un método de articular estructuras autogestionarias, posibilitando la toma de decisiones en gran escala.
Interpretaciones contemporáneas de autogestión y de federalismo separan a la primera como sistema económico y al
segundo como sistema político del socialismo libertario. Nosotros no entendemos esta manera la separación entre lo
económico y lo político, cuando se trata de autogestión y federalismo.
La sociedad autogestionaria y federalista del socialismo libertario tiene como uno de sus objetivos la
desalineación y el fin de las relaciones de dominación y explotación del trabajo. La crítica realizada hoy al trabajo, incluso
por libertarios, es para nosotros una crítica al trabajo dentro del capitalismo y no una crítica al trabajo en cuanto tal. En
el socialismo libertario, el trabajo libre debe ser uno de los medios de la liberación de los trabajadores que, con la
autogestión, traerán de vuelta a sí mismos la riqueza que a ellos es usurpada por la propiedad privada capitalista. De
esta forma, la socialización del trabajo, los productos del trabajo, los medios de producción, las formas, ritmos y tiempos
de trabajo, contribuirán para crear un modelo de trabajo como "acción inteligente de los hombres en sociedad con el fin
preconcebido de satisfacción personal"
11
. En la nueva sociedad todos los que posean condiciones deberán trabajar, no
habiendo más desempleo, el trabajo podrá ser ejecutado de acuerdo con la habilidad y la disposición personal. Las
personas no serán más obligadas a aceptar cualquier cosa por la amenaza de pasar necesidades y no tener las mínimas
condiciones de vida. A los niños así como los viejos y aquellos imposibilitados de trabajar les estará asegurada una vida
digna, sin privaciones con todas sus necesidades resueltas. Para las tareas más tediosas o desagradables, en algunos
casos, se podrá realizar [alguna forma de] rotación o alternancia. Lo mismo en el caso de la realización de una
producción, donde fuera precisa alguna forma de coordinación de especialistas, será necesario también una rotación en
la función y esforzarse en la formación de otros trabajadores con idénticas capacidades para tareas más complejas.

8
Mijail Bakunin, "Federalismo, Socialismo Antiteologismo"; San Pablo, Cortez, 1988, p. 38.
9
Ibidem.
10
El término "federalismo" es usado por los anarquistas desde Proudhon, que formalizó sus teorías acerca del asunto en "El Principio
Federativo" de 1863, y en otros libros. El federalismo marcó a los socialistas libertarias del siglo XIX, principalmente aquellos que
actuarán en la AIT. No debe confundirse este federalismo libertario con el federalismo estatista. El término "autogestión" surgió
solamente un siglo después, en la década de 1960, para substituir otros como autogobierno, auto administración, autonomía, etc.
Los dos tienen significados diferentes, aunque complementarios en economía y política.
11
Pierre-Joseph Proudhon, "Sobre la Creación del Orden en la Humanidad", en "La Nueva Sociedad", p. 26.
En el socialismo libertario, no será más posible tener una mayor remuneración por motivo de ser propietario de
uno o más medios de producción. Esto porque la propiedad privada deberá ser abolida, dando lugar a la propia colectiva
de los medios de producción, que puede ser pensada en las formas: 1.) Ninguno efectivamente será propietario y los
medios de producción pertenecerán a la colectividad como un todo; o, 2.) Todos los miembros de la colectividad serán
dueños de una porción de los medios de producción, exactamente del mismo tamaño que la de los otros. "Siendo los
medios de producción obra colectiva de la humanidad, tienen que volver a la colectividad humana de donde salieron"
12
.
En un sistema de propiedad colectiva, los derechos, las responsabilidades, los salarios y la riqueza no tienen más relación
con la propiedad privada, y las antiguas relaciones de clases, basadas en la propiedad privada también deben
desaparecer. El socialismo libertario es, por tanto, una sociedad sin clases. La clase dominante no existirá más y todo el
sistema de desigualdad, dominación y explotación habrá desaparecido.
En las ciudades, hay diferentes tipos de trabajadores. Primeramente, aquellos que desarrollan actividades con
herramientas simples, con casi ninguna división del trabajo, en la que la producción puede ser realizada, muchas veces,
por un trabajador solamente, para este tipo trabajador el trabajo colectivo no es una necesidad, mas es deseable, visto
que ahorra tiempo y fuerza de trabajo, además de hacer que con un trabajador se mejoren las habilidades de los otros.
Después, hay otros trabajadores, que realicen sus actividades colectivamente con máquinas y herramientas
relativamente simples, en pequeñas empresas o fábricas. Finalmente, una tercera categoría de trabajadores de grandes
empresas e industrias, en que la división del trabajo es enorme, estructuras en que se produce en gran escala y con
tecnología de punta y grandes inversiones materiales. Para esta última categoría, el trabajo colectivo es absolutamente
necesario por la propia naturaleza del trabajo, ya que toda tecnología, maquinaria y herramienta deben ser colectivas.
De esta forma,

"toda oficina, toda fábrica, se irá consecuentemente organizando en una asociación de
trabajadores, que será libre para organizarse de la forma que halle mejor, contando con que
los derechos individuales están garantizados y los principios de igualdad y justicia serán
colocados en práctica. [...] En cualquier lugar que una industria precisa de equipamiento
complejo y trabajo colectivo, la propiedad colectiva también debe ser colectiva"
13
.

En los campos, puede haber dos situaciones: o los campesinos trabajan en grandes propiedades, que deberán ser
colectivizadas, de la misma forma que las grandes empresas e industrias; o los campesinos prefieren tener su propio
pedazo de tierra y cultivarlos ellos mismos. En esta economía mixta,

"[...] El principal propósito de la revolución fue atendido: la tierra volvió a la propiedad
de aquellos que la trabajan y los campesinos ya no trabajan más para el lucro de un explotador
que vive de su sufrimiento. Con esta gran victoria obtenida, el resto es de importancia
secundaria. Los campesinos pueden, si lo desearan, vivir la tierra en parcelas individuales y dar
una porción a cada familia. Y también pueden, en vez de eso, instituir la propiedad común y el
cultivo cooperativo de la tierra"
14
.

Es importante mencionar que no consideramos a la propia estatal como colectiva. Para nosotros, la propiedad
colectiva es autogestionada por el pueblo y no gestionada por el estado, que cuando centraliza la propiedad -como en el
caso de la URSS, por ejemplo- no hace más que volverse un Estado-Patrón, que continúa con la explotación de los
trabajadores. Mas en el caso de la permanencia de la propiedad individual entre los campesinos, sería más adecuado
entender esta situación como posesión y no como propiedad. Así, la propiedad sería siempre colectiva y la posesión
individual. Posesión, pues el valor de la tierra sería de uso y no de cambio. Y la relación con la misma sería a medida de
las necesidades del productor y no de las del mercado. Tal situación altera todo, siendo necesario así elaborar una nueva
categoría.

12
Piotr Kropotkin, "Nuestras Riquezas", en "La Conquista del Pan"; p. 30.
13
James Guillaume, "Ideas sobre la Organización Social", en Daniel Guérin: "Ni Dioses, Ni Amos"; San Francisco; Ak Press, 1998, p.
213.
14
Ibidem. p. 210
Todavía queda una cuestión fundamental que debe complementar el fin de la propiedad privada rumbo a la
igualdad que es el fin de la herencia, con el objetivo de impedir cualquier tipo de acumulación que tiene consecuencias
sobre el punto de partida al inicio de la vida. Así, la verdadera igualdad será un objetivo, ya que

"…en tanto la herencia exista habrá desigualdad económica hereditaria, no la desigualdad
natural entre los individuos, sino la artificial de las clases, que se traducirá necesariamente
siempre en desigualdad hereditaria del desarrollo y de la cultura de las inteligencias y concluirá
por ser fuente de la consagración de todas las desigualdades políticas y sociales"
15
.

La economía del socialismo libertario es dirigida por los trabajadores y los consumidores. Los trabajadores crean el
producto social y los consumidores lo aprovechan. Entre estas dos funciones, mediadas por la distribución, el pueblo es
responsable por la vida económica y política, debiendo decidir lo que debe producir, y los consumidores que se debe
consumir. Las estructuras locales del socialismo libertario en que se organizan los trabajadores y consumidores son los
consejos de trabajadores y los consejos de consumidores.
Los consejos son cuerpos sociales, vehículos por medio de los cuales el pueblo manifiesta sus preferencias
económicas y políticas y ejerce la autogestión y el federalismo. En ellos son determinadas y ejecutadas las actividades
económicas y políticas cotidianas.
Cada local de trabajo podrá ser dirigido por un Consejo trabajadores, en que todos los trabajadores tienen los
mismos derechos, las mismas responsabilidades y deciden sobre la dirección en igualdad, ya que no hay jerarquía. En
caso de necesidad, puede formarse consejos menores, por equipos, unidades, pequeñas divisiones de un mismo consejo
mayor para grandes divisiones, locales de trabajo o industrias. En estos consejos, los trabajadores y demás involucrados
en el proceso de producción toman todas las decisiones

.
Los consumidores se pueden realizar en consejos de consumidores, que serán dentro de las comunidades. Así, los
individuos están organizados en familias, están en grupos de vecinos, éstos en edificios, cuadras, barrios y así
sucesivamente. Estos consejos serían responsables por apuntar a los productores, que les gustaría consumir, ya que
entendemos que la demanda debe dirigir la producción, no al contrario.
El Consejo de trabajadores organiza la producción y el Consejo de consumidores organiza el consumo.
Obviamente, esta exposición pretende mostrar didácticamente la realidad y los problemas que posiblemente irán
movilizando la futura sociedad autogestionaria, mas, una vez que, en ese nuevo contexto, los consumidores sean los
propios trabajadores, y la tarea de los dos consejos se dará con mayor facilidad, puesto que el lucro no será más el
imperativo de las relaciones de producción.
En el socialismo libertario, los consejos de trabajadores pueden todavía no haber acabado con la separación entre
el trabajo manual e intelectual, y eso deberá realizarse cuanto antes. El argumento que defiende que tanto el trabajo
manual como el intelectual son importantes, y que, por eso deberían ser igualmente reconocidos y remunerados, no es
verdadero. Muchas tareas, fundamentalmente las que involucran trabajo manual, son completamente desagradables,
duras y alienantes, y no es justo que los trabajadores estén enteramente envueltos en ellas, en tanto que otros se
dedican a desenvolver tareas agradables, placenteras, estimulantes e intelectuales. Si ello ocurriese, ciertamente el
sistema de clases se habría recreado, ya no basado en la propiedad privada, sino en una clase de intelectuales que
dirigirían a otra de trabajadores manuales, que ejecutarían sus órdenes.
Buscando acabar con esta separación, los consejos de trabajadores podrán tener un conjunto balanceado de
tareas para cada trabajador, que sería equivalente para todos. Así, cada trabajador sería responsable por algunas tareas
agradables y estimulantes, que envuelven el trabajo intelectual; y otras más duras y alienantes, que inplica el trabajo
manual. No se trata de que todos hagan todo al mismo tiempo, sino más bien de que todos desarrollan un conjunto de
tareas que, comparadas, tengan el mismo nivel de trabajo intelectual y manual. En la práctica, este proceso funcionaría,
por ejemplo, con un trabajador que desarrolle en una escuela la tarea del profesor por algún tiempo, y también la de
conserje. O alguien que trabaja en investigación para la industria, parte del tiempo, y otra parte ayudando al trabajo
manual de la producción. Cualquier persona podría trabajar todo el tiempo en un solo trabajo en el que desarrolle
actividades manuales e intelectuales.

15
Mijail Bakunin, "Federalismo, Socialismo y Antiteologismo"; P. 37.

Nota del trad.: Que es lo que ocurre en el capitalismo, donde la demanda es manipulada por los productores capitalistas y el
estado, a través de diversos medios, entre ellos la publicidad.
Obviamente que este esquema está simplificado, mas la idea es que todos los trabajadores de cada consejo
tendrán el mismo nivel de trabajo manual e intelectual, a partir de la relación entre el tiempo que dedican a la ejecución
de las tareas y del nivel de tareas (de trabajo manual e intelectual). Es importante que los consejos también tengan,
entre ellos con niveles equivalentes de trabajo manual e intelectual, de manera que un trabajador de un Consejo tenga
un conjunto balanceado de tareas semejante al de cualquier otro. Si eventualmente, en un determinado consejo como
sólo existen tareas manuales, entonces el trabajador debe trabajar en más de un Consejo.
O sea, tanto internamente en los consejo como entre los consejo, se tiene que buscar un nivel equivalente de
trabajo manual e intelectual, en el conjunto del trabajo realizado por cada trabajador, que pueden tener una, dos o
muchas tareas. Eso obviamente significaría una baja de la productividad, más veremos adelante que otros elementos de
la sociedad futura proporcionarán las condiciones para eso.

"El objetivo no es eliminar la división del trabajo, sino asegurar que las personas deben
tener responsabilidad por una sensata secuencia de tareas, la mayor parte del tiempo, para la
cual hayan sido entrenadas adecuadamente y que ninguno disfrute de ventajas constantes, en
términos de posibilidades de capacitación de su trabajo. [...] Todos poseen un conjunto de
tareas que, juntas, componen su empleo, de forma que todas las implicaciones de todo el
conjunto de tareas estarán en la media, como todas las implicaciones para la capacitación de
todos los otros trabajos. [...] Todo trabajador tiene un empleo. Todo empleo tiene muchas
tareas. La [cantidad de] tareas se equilibran con la [cantidad de] trabajadores, y viceversa"
16
.

El objetivo de la remuneración en el socialismo libertario es la que se guía por el principio comunista "de cada uno
según su posibilidad, a cada uno según su necesidad". Sin embargo, entendemos que para que este principio se
concrete, el socialismo libertario debe estar ya en pleno funcionamiento, con una abundante producción. Hasta que eso
sea posible, la remuneración puede ser hecha sobre el trabajo, o sobre el esfuerzo y un siendo este entendido como el
sacrificio personal para el beneficio colectivo. La remuneración por el trabajo o por el esfuerzo significaría que todos los
que poseen un conjunto balanceado de tareas recibirán la misma cosa o podrían escoger como gastar [su equivalente].
Uno preferiría adquirir una cosa u otra, otros preferían invertir en ocio, enl tiempo libre, en trabajos menos estresantes,
etc. Un modelo que se aproxima más al clásico colectivismo, defendido por los federalistas efectuaban en la AIT del siglo
XIX.
Para nosotros, por tanto, sería el caso de hacer funcionar el colectivismo, valiendo la máxima "de cada uno según
sus posibilidades a cada uno según su trabajo", y, en el momento en que fuese posible, aplicar el principio comunista
dando "a cada uno según sus necesidades". En la realidad eso "se torna una cuestión secundaria, una vez que el
problema de la propiedad fue resuelto y que no hay más capitalistas que se apropian del trabajo de las masas"
17
.
El mercado estaría suprimido y en su lugar se colocaría un sistema de planificación autogestionaria, con la
definición de los precios siendo realizada entre los consejos de trabajadores y consumidores, juntamente con sus
federaciones e instancias que faciliten esta interacción. Este modelo de planificación diverge de la forma autoritaria en
la que los estados planificarían la economía de los países "socialista". Esta posibilitaría a los propios trabajadores y
consumidores decidir completamente sobre la distribución, acabando con el problema de la concurrencia [del mercado].
Para que todo eso funcione, creemos que es fundamental el papel desempeñado por la tecnología a diferencia de
algunas otras tendencias libertarias que creen que la tecnología tiene, en sí misma, el germen de la dominación,
nosotros pensamos que sin ella no hay posibilidad de que el socialismo libertario se desarrolle. Con el advenimiento de
la tecnología y siendo ella empleada en favor del trabajo, y no del capital, ciertamente habrá una ganancia en la
productividad y consecuentemente una reducción significativa del tiempo del trabajo de las personas, que podrá
utilizarse para otras actividades estas tecnologías pueden, también, ser consideradas como "las maravillosas
aplicaciones de la ciencia a la producción, [...] que tiene por misión emancipar al trabajador, aliviando el trabajo humano
[y constituyendo] un progreso del cual se enorgullezca con justa razón el hombre civilizado"
18
. Obviamente, entendemos
que hay buenas y malas tecnologías, y que, por eso, la sociedad necesita


16
Michael Albert, "PARECON"; Londres, tarso, 2003, PP. 104-106. Para la discusión sobre el complejo balance de tareas, ver, en este
libro, páginas 103-111.
17
James Guillaume, op. Cit. P. 211.
18
Mijail Bakunin , "Federalismo, Socialismo y Antiteologismo"; P.18.
"no rechazar en bloque las tecnologías avanzadas, sin distinguirlas, necesita realmente un
mayor desarrollo de la tecnología [en concordancia] con los principios ecológicos, lo que
constituirá una nueva armonización de la sociedad y del mundo natural"
19
.

Esta precaución en usar la tecnología de acuerdo con el medio ambiente debe ser considerada en todas las
esferas de la sociedad futura, atendiendo a las exigencias de una ecología social.
Defender esta conciencia ecológica no significa que los seres humanos estarán coaccionados por un sistema de
leyes naturales, pues el hombre es parte de la naturaleza y, como tal, no debe estar sometido a ella. Obviamente que
tampoco sustentamos que la relación de dominación entre los seres humanos y la naturaleza debe continuar. Al
contrario, ella debe cesar cuanto antes y dar lugar a una relación igualitaria en seres humanos y naturaleza.
La conciencia ecológica debe ser desarrollada desde el momento de las luchas que preceden la ruptura
revolucionaria, y en la propia sociedad futura, teniendo como fundamento las relaciones de apoyo mutuo teorizadas por
Kropotkin. Este desarrollo puede tener como principal referencia la premisa de que nosotros, los seres humanos, somos
parte integrante de la naturaleza, "que toma conciencia sobre sí misma", tal como concluyó Reclus.
Los humanos nos diferenciamos de los demás elementos de la naturaleza y de las demás especies, porque
establecemos relaciones sociales con todo aquello que nos rodea, poseyendo la capacidad de pensar sobre sí mismos,
hacer teorías sobre la realidad y, con estas actitudes, conseguimos modificar drásticamente el escenario ambiental que
se encuentra a su alrededor. De esta forma, el sistema capitalista, por la propia razón de su funcionamiento, hace que
los capitalistas exploten los recursos naturales de forma estos no consiguen regenerarse a su ritmo natural. En la
sociedad futura, eso no puede ocurrir más. El desarrollo de los seres humanos llevado a cabo por el socialismo libertario
debe dar mucha importancia a las relaciones de apoyo mutuo entre las especies y la naturaleza.
Es relevante que resaltemos que nuestras propuestas ecológicas desacuerdan radicalmente con "el
conservacionismo" y el "primitivismo". Del primero, pues éste significa el mantenimiento de la sociedad de clases y la
completa mercantilización de la naturaleza. Del segundo, por considerar que la propuesta "anti-civilización" es un
completo absurdo, buscando el retorno romántico a un pasado remoto o, peor todavía, el suicidio de toda la humanidad
y la negación de todas nuestras contribuciones para el mantenimiento y el bienestar de la naturaleza.
Creemos que la sociedad que respete completamente los principios de la ecología social sólo será posible en el
momento en que el capitalismo y el estado dejen el lugar al socialismo libertario. Por tanto, con el socialismo libertario,
esperamos armonizar nuevamente la sociedad y el medio ambiente, considerando que "si no somos capaces de
fundamentar una sociedad ecológica, más allá de las desastrosas consecuencias a que dé resultado, es nuestra
legitimidad moral la que estará en juego"
20
.
Con el uso de la tecnología a favor de los trabajadores y su advenimiento, con el fin de la explotación capitalista y
los frutos del trabajo siendo completamente para los trabajadores; con el pleno empleo en funcionamiento, los
trabajadores tendrán más tiempo que podrá ser usado de tres formas. Primero, como una pérdida natural de
productividad que el conjunto balanceado de tareas ofrecerá, visto que se "des-especializará" un poco el trabajo.
Segundo con las decisiones políticas, que exigirán tiempo para discusiones y deliberaciones que deberán ser hechas en
el lugar de trabajo y en las comunidades sobre la autogestión. Finalmente, cada uno podrá utilizar el tiempo restante –y
pensamos que con esta transformación es el tiempo de descanso será mucho mayor del que disponemos hoy en día–
cada uno podrá escoger qué hacer: descansar, jugar, educarse, cultivarse, etc.
Las decisiones sobre la autogestión no deben obedecer a un modelo específico. Los consejos de trabajadores y de
consumidores pueden escoger la mejor forma de aplicación de la democracia directa, siendo fundamental las
discusiones y deliberaciones horizontales, donde se expongan claramente las ideas y se discutan las cuestiones
presentadas. Claramente, el consenso no deberá ser utilizado en la mayoría de las decisiones, visto que es poco eficiente
– principalmente pensamos que las decisiones en gran escala-, además de darle gran poder a agentes aislados que
pueden boicotear el consenso alcanzado o tener mucho impacto sobre la decisión en que son minoría. Las cuestiones
pueden ser resueltas por voto, después del debido debate, pudiendo variar si quien vence lo hace poseyendo el 50% +1
de los votos, o si quien vence debe poseer los 2/3 de los votos, según sea el caso. Debemos tener en cuenta que el
proceso de toma de decisión es un medio y no un fin en sí mismo y que, por tanto, tenemos también que preocuparnos
por la agilidad de este proceso.

19
Murray Bookchin, “Un Manifiesto Ecológico: el poder de destruir, el poder de crear”, en “Carta libre 31”; Rio de Janeiro, Achiamé,
2001, p.8.
20
Idem, “¿Sociobiología o Ecología Social?”; Rio de Janeiro, Achiamé, s/d, p. 71.
El sistema de decisiones, la autogestión y el federalismo, implican la democracia directa con participación de
todos, las decisiones colectivas, la delegación del mandato imperativo, la rotación y la removilidad de las funciones, el
acceso a la información y el poder de decisión igualitarios. Tanto los consejos de trabajadores como los de consumidores
tendrían la autogestión como forma de gestión de toma de decisiones, tanto en los ambientes de trabajo como en las
comunidades. El federalismo articularía tanto el trabajo como las comunidades, permitiendo que las decisiones fuesen
tomadas en gran escala. "Federación, del latín foedus, genitivo foederis, que quiere decir pacto, contrato, tratado,
convención, alianza"
21
, en que aquellos que están organizados "se obligan recíproca e igualitariamente unos en relación
a los otros para [lograr] uno o más objetivos particulares, cuya carga incumbe especial y exclusivamente a los delegados
de la Federación"
22
.
La articulación del federalismo permitiría la toma de decisiones en gran escala, desde las instancias
autogestionarias menores, hasta las amplias. En el ambiente de trabajo, el federalismo articularía unidades, pequeñas y
grandes dimensiones, locales de trabajo lo mismo que industrias enteras. En las comunidades, el federalismo articularía
familias, vecinos, cuadras, barrios, ciudades, regiones o el mismo país. Esta articulación sería hecha por los delegados
que se articularían discutirían las posiciones deliberadas en sus consejos, delegados estos que procedían mandatos
imperativos, o sea, representarían las posiciones colectiva de los consejos y no las suyas propias, como ocurre en la
democracia representativa. Además de eso, los mandatos de los delegados no serían fijos y serían removibles en
cualquier momento. Ya que "el sistema federativo es opuesto a la jerarquía o la centralización administrativa y
gubernamental"
23
, entendemos que el sería responsable por la estructura que sustituiría el estado y por medio del cual,
junto con los consejos autogestionarios, se realizaría la política del socialismo libertario. Los consejos, como asociaciones
voluntarias,

"… tomarían una extensión todavía mayor, con el objeto de sustituir al estado en todas sus
funciones. Ellos representarían una red entrelazada, compuesta de una variedad infinita de
grupos y federaciones de todos los tamaños niveles, locales, regionales, nacionales e inter
nacionales, temporales, o más o menos permanentes -para todos los posibles propósitos:
producción, consumo e intercambio, comunicaciones, sistema sanitario, educación, protección
mutua, defensa de la región, etc.; y, de otro lado, para la satisfacción del número de
necesidades cada vez más crecientes, científicas, artísticas, literarias y sociales"
24
.

De esta manera, saldrían [del escenario] el estadio y la democracia representativa y tomarían su lugar la
autogestión y el federalismo; y la política ocuparía el lugar que le corresponde, que es en el seno del pueblo, no
habiendo más separación entre aquellos que hacen la política y aquellos que no la hacen, visto que en el socialismo
libertario serán los propios miembros de la sociedad quienes realizarán cotidianamente la política.
La conciencia debe acompañar el ritmo de crecimiento de las luchas y ser estimulada por procesos pedagógicos
siempre que es posible. A pesar de que no creemos que para hacer la revolución social todo el pueblo deberá estar
educado, reconocemos que en el momento en que se ve la revolución social, cuanto mayor sea el grado de conciencia
del pueblo, mejor. Progresivamente, la sociedad debe desarrollar su cultura en el sentido libertario y eso no debe
acontecer solamente en el momento de la revolución social y antes de ella; ya desde el momento actual de la lucha, de
la construcción y del desarrollo de la organización popular. Es innegable que la ideología, ya transformada en cultura,
que el capitalismo introdujo en el imaginario popular, tendrá que irse deshaciendo de a poco y eso dará lugar a un largo
proceso de educación popular. Posiciones como las de los prejuicios de género, de raza, el patriarcado, el individualismo,
etc. deberán ser combatidas en todos los niveles posibles, tanto en el proceso de lucha, como en el momento de la
revolución social o después. Con el socialismo libertario entendemos que la autogestión y el federalismo, en la práctica
[cotidiana], deberá contribuir con ese proceso. Además de eso, se debe invertir mucho en actividades de educación y
cultura para toda la sociedad, estimulando "la instrucción que debe ser igual en todos los grados para todos; y por
consiguiente debe ser integral"
25
, proporcionando cohesión teórica y práctica, para los niños y adultos de ambos sexos.
De esta manera, entendemos que el sistema dominación y explotación del capitalismo y del estado será acabado
–nadie más acumulará poder gracias a la fuerza social obtenida por la alineación de otra persona– y el nuevo sistema se

21
Pierre-Joseph Proudhon, "El Principio Federativo”; San Pablo, Imaginario, 2001, p. 90.
22
Ibidem.
23
Ibid., p. 91.
24
Piotr Kropotkin, "Anarquismo”, en: “Enciclopedia Británica”.
25
Mijail Bakunin , "La Instrucción Integral"; p.78.
sustentara sobre los pilares de la igualdad económica, política, social, y la libertad. Una igualdad que se dará con el
establecimiento de la propiedad colectiva, de los consejos autogestionarios, de los conjuntos balanceados de tareas, con
las remuneraciones igualitarias, con las planificaciones autogestionarias, las decisiones colectivas, y la lucha constante
contra los prejuicios y la discriminación. Una libertad tanto en relación al sistema de dominación y explotación, como en
cuanto a cualquiera. Una libertad que sea colectiva, considerando que cada uno es libre, en la medida en que todos los
otros son libres, "la libertad consiste en el pleno desarrollo de todas las potencias materiales, intelectuales y morales
que se encuentran en estado de facultades latentes en cada uno"
26
. El socialismo libertario traerá un lujo ignorado por
todos: "el lujo de la humanidad, de la felicidad del pleno desarrollo y la libertad de cada uno en igualdad con todos"
27
.

Fin del capítulo

26
Ídem, “La Comuna de Paris y la Noción de Estado”, en: “El Principio del Estado y otros ensayos”; pp. 114-115.
27
Idem; “Moral Revolucionaria”, en: “El Concepto de Libertad”; Porto, Rés Editorial, s/d, p. 203.