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(Capítulo 7)
Los movimientos sociales y la organización popular.

“Es el propio pueblo, son los hambrientos, los desheredados
los que deben abolir la miseria”.
Ricardo Flores Magón.

“Organizar las fuerzas del pueblo para realizar tal revolución
(social), es el único fin de aquellos que deseen sinceramente
la libertad”.
Mijaíl Bakunin

"Favorecer las organizaciones populares de todos los tipos es
la consecuencia lógica de nuestras ideas fundamentales y así
debería ser parte integrante de nuestro programa".
Errico Malatesta

Mencionamos anteriormente a la organización popular y nuestra expectativa en relación con ella. Ya
definimos que su objetivo es "superar al capitalismo y al estado, y, por medio de la revolución social, construir el
socialismo libertario", y por eso la entendemos como verdadera protagonista en el proceso de transformación social.
También mencionamos que el nivel en que se desarrollan los movimientos sociales y en el que se debe buscar la
construcción y el aumento de la fuerza social de la organización popular, es lo que llamamos el nivel social. En este
momento, buscamos discutir los movimientos sociales, sus características y formas de actuación, más allá de cómo
ellos puedan contribuir en la construcción del desarrollo de la organización popular.
Cuando tratamos de este nivel social, debemos pensar en las posibilidades del pueblo, que debe ser el gran
agente de la transformación social propuesta por nosotros. Es innegable que hay una fuerza social latente en las
clases explotadas, mas entendemos que es solamente por medio de la organización que está fuerza puede salir del
campo de las posibilidades y volverse una fuerza social real. Esta cuestión, entonces, se presenta de la siguiente
manera:

"Es verdad que hay (en el pueblo) una gran fuerza elemental, una fuerza que sin duda
alguna es superior a la del gobierno, y a la fuerza de las clases dirigentes en su conjunto; pero
sin organización una fuerza elemental no es una fuerza real. Esta es la incontestable ventaja de
la fuerza organizada sobre la fuerza elemental del pueblo en que se basa la fuerza del estado.
Por eso, el problema no es saber si ellos (el pueblo) se pueden sublevar, más si son capaces de
construir una organización que les de los medios de llegar a un fin victorioso -no por una
victoria fortuita, sino por un triunfo prolongado y definitivo"
1
.

A partir de la organización y de su aplicación en el campo práctico, esta fuerza crece exponencialmente,
ofreciendo la posibilidad real de combatir al capitalismo y al estado. Esto porque "tenemos con nosotros la justicia, el
derecho, más nuestra fuerza todavía no es suficiente"
2
. Como señalamos anteriormente, será el incremento
constante de la fuerza social de la organización de las clases explotadas la que podrá proporcionar la transformación
social deseada.
Para la construcción de una organización que nos de los de los medios para alcanzar los fines deseados -la
revolución social y el socialismo libertario- consolidando la victoria, defendemos un modelo de creación y desarrollo
de lo que llamamos organización popular.
Primeramente, justificamos la organización conforme ya definimos anteriormente, siendo ella la
"coordinación de las fuerzas o ‹la asociación con un objetivo común y con las formas y los medios necesarios para

›". Ya dijimos también que la organización multiplica la fuerza social del pueblo y es solamente
por medio de ella que podemos ofrecer una oposición capaz de derrumbar al capitalismo y al estado. Este modelo de
organización que reivindicamos es el fruto de la libre asociación de los miembros de las clases explotadas.


1
Mijail Bakunin: "Las Necesidades de la Organización", en: "El Concepto de Libertad"; P. 136.
2
Ídem: "La Doble Huelga de Ginebra"; Sao Paulo, Imaginario/Faísca, 2007; P. 94.
"Por la asociación, ellos (los trabajadores) se instruyen, se informan mutuamente y
ponen fin, con sus propios esfuerzos, a esa fatal ignorancia que es una de las principales causas
de su esclavitud. Por la asociación, ellos aprenden a ayudarse, a conocerse, a apoyarse uno en
otro, y terminan por crear una fuerza más formidable que aquella de todos los burgueses
capitalistas y todos los poderes políticos reunidos"
3
.

En segundo lugar, justificamos esta organización como siendo popular, dándole un carácter clasista. O sea,
este modelo de organización debe ser movilizado por todo el conjunto de las clases explotadas, según lo definido
anteriormente. Es una prioridad, por tanto, el desarrollo de todos los sectores que sufren de manera más dura los
impactos del capitalismo. Cuando la organización posee un carácter clasista eso estimula y da fuerzas a la lucha de
clases. De esta manera, la organización popular es construida de abajo hacia arriba, de la "periferia hacia el centro" y
fuera de los centros de poder del sistema actual.
La organización popular es constituida por medio de la voluntad de lucha del pueblo. Así, ella no es el fruto
de un movimiento espontáneo, aunque sabemos que muchas expresiones de la lucha de clases surgen
espontáneamente. Ella es necesaria también porque no creemos -a diferencia de lo que defendían muchos
socialistas del siglo XIX- que la sociedad capitalista camina hacia su propio fin, o que el socialismo es una evolución
natural del capitalismo. Así las cosas, parece bastante claro que debemos pensar en un modelo de organización
como herramienta de lucha, pues, de otra forma, el capitalismo y el estado no dejarán de existir.
Entendemos la organización popular como resultado de un proceso de convergencia de diversas
organizaciones sociales y de diferentes movimientos populares que son fruto de la lucha de clases. Por este motivo,
creemos que debemos favorecer todos los tipos de organización y movimientos de ese tipo, entendiendo este apoyo
como consecuencia de nuestras ideas más fundamentales. Estas organizaciones y movimientos fueron llamados en el
pasado "movimientos de masas", pero la vertiente autoritaria del socialismo acabó dando una connotación al
término "masa" de "masa de maniobra", de un movimiento sin conciencia que debería ser dirigido y llegado por una
vanguardia, estaría organizada en un partido verticalista. O sea, que los autoritarios tratan a los movimientos de
masas desde una perspectiva jerárquica, buscando dominarlos.
Consideramos imprescindible la participación social y popular en el proceso de transformación. Los
movimientos de masas pueden ser llamados organizaciones populares, movimientos populares, o también
“movimientos sociales”, términos que utilizaremos de aquí en adelante.
Un “movimiento social” es una asociación de personas o de entidades que poseen intereses comunes que
defender o que poseen determinados objetivos que promueven frente a la sociedad. Estos movimientos pueden
estar en los lugares más diversos de la sociedad y tener las más diversas banderas de lucha, que muestran las
necesidades de aquellos están alrededor del movimiento, constituyendo una causa común. Como vimos, la sociedad
de hoy proporciona a la mayor parte de sus miembros sufrimientos y privaciones y eso sirve, muchas veces, como
factor de asociación, que da cuerpo a las organizaciones de defensa de los intereses del pueblo.

"Por medio de las organizaciones fundadas para la defensa de sus intereses, los
trabajadores adquieren la conciencia de la opresión en que se encuentran y el antagonismo
que los divide de los patrones (o de la clase dominante) comenzando a desear una vida mejor,
se habitúan a la lucha colectiva y a la solidaridad y pueden llegar a conquistar aquellas
mejorías que son compatibles con la persistencia del régimen capitalista y estatal"
4
.

Los movimientos sociales son el fruto de un triple compuesto entre necesidad, voluntad y organización.
Este triple compuesto motiva la creación de diversos movimientos sociales por todo el mundo; en el Brasil, eso no es
diferente. Aquí hay movimientos de sin-tierra, sin-techo, desempleados, comunitarios, por una mejor calidad y
precio del transporte. Hay movimientos de recolectores de residuos, indígenas, estudiantes, derechos humanos,
sindicales, feministas, negros, gays, de consejos populares, artísticos, culturales, ambientales, entre tantos otros.
Estos movimientos tienen en común el hecho de que surgen a partir de la dominación y de la explotación de la
sociedad en que vivimos, siendo, muchos de ellos, frutos de la lucha de clases.
Sin embargo, no son muchos los movimientos sociales que buscan construir una organización popular o
combatir al capitalismo y al estado. Muchos de ellos están imbuidos de características y valores de la sociedad
capitalista y más que eso, muchas veces están propagando estas características y estos valores. La mayor parte de
los movimientos, que podemos llamar reformistas, creen que hay solución para sus problemas dentro del

3
Ibidem: P. 90.
4
Errico Malatesta: "Los Anarquistas y los Movimientos Obreros"; extracto de Il Risveglio 1-15 out. 1927, en: Vernon Richards, op
cit. P. 111.
capitalismo. O sea, que el fin de gran parte de estos movimientos es la obtención de ganancias en el corto plazo,
dentro del capitalismo y nada más. Además de eso, en la mayoría de los casos, los movimientos sociales no están
debidamente articulados entre sí y realizan cada uno su lucha, sin articulación entre ellos. Por tanto, no apuntan ni
siquiera a iniciar la construcción de la organización popular. Eso demuestra que, a pesar de haber una serie de
movimientos sociales, el hecho es que las características y las formas de actuación de estos movimientos no están,
en su gran mayoría, de acuerdo con aquellos que pensamos apropiados. Los medios que vienen escogiendo no
conducen a los fines por nosotros defendido.
Los movimientos sociales que defendemos, y que pensamos están contribuyendo con nuestro proyecto
político, poseen ciertas características y formas de actuación.
Ellos son lo más fuertes posibles, con el mayor número de personas y buena organización, estando
volcados a la lucha que eligen como prioritaria. Entonces, un movimiento de sin tierra debe abarcar a todos aquellos
que están dispuestos a luchar por la tierra, un movimiento de sin techo debe abarcar a todos los que están
dispuestos a luchar por la morada y así sucesivamente. Así, creemos que los movimientos sociales no deben caer y
encerrarse dentro de una ideología, sea ella de cualquier forma. No creemos en movimientos sociales anarquistas,
marxistas, socialdemócratas o de cualquier otra ideología específica. Por tanto, en los movimientos sociales que nos
disponemos a crear o desarrollar deben "caber" personas de las más distintas ideologías. Para nosotros, un
movimiento social anarquista, o de cualquier otra ideología, sólo dividiría la clase de los explotados, lo mismo que
aquellos que están interesados en luchar por una causa determinada. O sea, es la necesidad, y no la ideología, la
fuerza que debe impulsar la creación y el desarrollo de los movimientos sociales. Así "ninguna teoría filosófica o
política debe entrar, como fundamento esencial, y como condición oficial obligatoria del programa [...]. Pero eso no
implica que no se posean y que no deban cesar libremente discutidas [...] todas las cuestiones políticas y filosóficas"
5
.
A pesar de que creemos que los movimientos sociales no deben caber dentro del anarquismo, pensamos
que el anarquismo debe ser, en el máximo grado posible, difundido dentro de los movimientos sociales. Más
adelante discutiremos cómo se debe hacer eso y con qué objetivo. Por ahora, basta decir que los movimientos
sociales que defendemos no son ni deben ser anarquistas, pero sí, terreno fértil para el anarquismo.
De la misma forma pensamos la cuestión de la religión. A pesar de que en el nivel político, sostenemos
posiciones anticlericales, pensamos en el nivel social no se debe insistir con esta cuestión, que impide luchar con
miembros de las clases explotadas que tengan creencias religiosas. Entre las clases explotadas, muchos poseen
creencias religiosas y hay que trabajar esta cuestión dentro de los movimientos, sin impedir a esas personas
participar en la lucha. Existen muchos grupos religiosos progresistas en los movimientos sociales, que son parte del
amplio campo de la izquierda y con los cuales hay posibilidades de trabajo [común]. Los movimientos sociales
"deben buscar una base común, una serie de principios simples sobre los cuales todos los trabajadores, cualesquiera
que sean sus concepciones políticas o religiosas, siendo trabajadores serios, o sea, personas duramente explotadas y
sufridas, están y deben estar de acuerdo"
6
.
Otra característica importante de los movimientos sociales es la autonomía, que se da fundamentalmente
en relación con el estado, los partidos políticos, los sindicatos burocratizados, y la Iglesia, entre otros. Los
movimientos sociales tienen que tomar decisiones y actuar por cuenta propia, tratando propios asuntos,
independientemente de organismos que ejerzan, o busquen ejercer, dominio sobre ellos. Por tanto, aquellos que
desean encabezar, mandar o hacer que los movimientos sociales sirvan a sus propios fines no deben tener influencia
sobre ellos, ya que no luchan por el bien colectivo de los movimientos, valiéndose de la máxima que reza que
servirse a sí mismo es la mejor forma de servir a los otros.
Los movimientos sociales no deben estar ligados a políticos o a cualquier sector del estado, pues sabemos
que estos, cuando se aproximan queriendo ayudar, en la mayor parte de los casos quieren procurarse una "base"
para sus intereses político-partidarios, o buscan calmar a los movimientos, estableciéndose una interlocución entre
ellos con la institucionalidad del estado. Conociendo bien la concepción autoritaria de los partidos, sabemos que su
interés es siempre cooptar esos movimientos sociales, se han ellos partidos reformistas o revolucionarios. En el
primer caso, participan de las elecciones, y ven en nuestros movimientos sociales una fuente de votos. En el
segundo, procuran un "movimiento de masas" que sirva de base, para la vanguardia que ellos desean ser un en este
caso, los partidos políticos quieren encabezar y mandar los movimientos sociales, creyéndose superiores a ellos, y
juzgando ser los iluminados que traerán la conciencia a las clases explotadas. Muchas veces miembros son
intelectuales que creen saber, mejor que el propio pueblo, que es lo mejor para el. Otros organismos que buscan

5
Mijaíl Bakunin: "la unidad Y el Programa de las Fuerzas Revolucionarias...", en: "El Concepto de Libertad", P. 163.
6
Ídem: "La Política de la Internacional", en: Frank Minsk (comp.): Bakunin: crítica y acción; P. 85. A pesar de ser un crítico feroz
de las cuestiones clericales, Bakunin sostenía que los trabajadores con creencias religiosas deberían integrar el movimiento
trabajador. Pensamos, como en, que la religión no debe dividir los movimientos sociales. Sobre la crítica de Bakunin a Dios y a la
religión, ver: Mijaíl Bakunin: "Dios Y el Estado"; y "Federalismo, Socialismo y Antiteologismo".
aparejarse a los movimientos, como los sindicatos burocráticos y las iglesias, tampoco ayudan a los movimientos
sociales.

"Toda esa gente debe ser apartada del movimiento social, pues no defienden los
intereses del movimiento social, sino sus propios intereses. El movimiento social no precisa de
jefes, de dirigentes, o de gente que quiera usarlo. El movimiento social precisa de gente que
quiera apoyarlo y luchar junto con él, pero no por él, en su lugar. Lugar que es legitimado por
la necesidad de supervivencia y por la dignidad que poseen las causas que promueven la
verdadera solidaridad"
7
.

Lo que los movimientos sociales necesitan es de personas que quieran apoyarlos, independientemente de
sus orígenes de clase, por considerar justa su lucha. No es un problema que personas que las apoyan a los
movimientos sociales no estén en las mismas condiciones que los otros militantes. Así, consideramos justo que
personas empleadas apoyen la lucha de los trabajadores desempleados, que personas con hogar apoyan la lucha de
los sin-techo, y así sucesivamente. De igual modo los miembros oriundos de las clases medias pueden, e incluso
deben, si son personas éticas, apoyar a los sectores más explotados del pueblo involucrándose personalmente. Esta
solidaridad debe ser siempre bien recibida, ya que es importante para los movimientos sociales. Es un deber ético,
como lo dijo Kropotkin, incitar a los miembros de las clases medias a la lucha junto al pueblo. Decía él:

"[...] Todos ustedes que poseen conocimientos, talentos, que tienen corazón, que ven,
pues, a vuestros compañeros, colóquense al servicio de aquellos que más los precisan. Sepan
que llegan, no como señores, sino como camaradas de lucha; no para gobernar, sino para
inspirarlos en un nuevo medio; menos para enseñar que para conocer las aspiraciones de las
masas, adivinándolas y formulándolas, para después trabajar, sin descanso, continuamente,
[...] para hacerlos entrar en la vida -sepan que entonces, pero sólo entonces, viviréis una vida
completa"
8
.

Este apoyo a los movimientos sociales debe estar condicionado por las actitudes de aquellos que
pretenden actuar en esta situación. Tanto los apoyos, como los militantes que son orgánicamente legitimados,
deben demostrar que están muchos más dispuestos a hacer que hablar. Ellos deben enterarse de la situación y de las
circunstancias de aquellos que forman los movimientos sociales y luchar hombro a hombro, crecer con ellos y no
definir de manera autoritaria y vertical sus caminos y formas. En este caso, el militante que apoya verá que es más
relevante constatar su ideología con la realidad del grupo y no intentara reducir el movimiento social a sus certezas
ideológicas.
Más allá de eso, cuando hablamos de autonomía debemos tener en cuenta que la autonomía, para
nosotros, no significa la ausencia de lucha ideológica o la ausencia misma de organización. Cuando se estimula la "no
ideología", el espontaneísmo frecuente, cuando se renuncia al proyecto y al programa revolucionarios -muchas veces
llamando a esto autonomía- abrimos el espacio y dejamos un terreno libre para la clase dominante, los burócratas y
los autoritarios que ocuparán estos espacios.
Otra característica importante de los movimientos sociales es su combatividad. Cuando reivindicamos que
deben ser combativos, queremos decir que los movimientos sociales deben establecer sus conquistas imponiendo su
fuerza social y no depender de los favores o de las buenas acciones de cualquier otro sector de la sociedad, incluido
el estado. La combatividad también se caracteriza por una postura de defensiva en la lucha de clases fuera del
estado. Como entendemos que el estado es un fuerte pilar de sustentación del capitalismo, no creemos que los
movimientos sociales puedan ejercer su política dentro del, sin que eso signifique una forma de legitimar el
capitalismo. Las aproximaciones que los estados hacen a los movimientos sociales son siempre una forma de
cooptarlos, de hacer un cierto "pacto social", que busca calmar los ánimos de la lucha de clases y tienen como eje
garantizar la legitimidad del sistema. Independientemente de si los movimientos sociales son más o menos violentos,
el hecho es que ellos deben siempre mantenerse combativos, confrontando con el capitalismo y el estado.
Defendemos, también, la acción directa, como forma de acción política que se opone a la democracia
representativa. Los movimientos sociales no deben tener por objetivo la confianza en políticos que actúan dentro del
estado, para que representen sus intereses. Sabemos que la máquina del sistema representativo transforma a todos
los que entran en ella, no permitiendo que los políticos electos -incluso los bien intencionados- realicen acciones en
pro de las clases explotadas. Lo mismo ocurre con políticos "de izquierda" que confunden los medios con los fines, y

7
Universidad Popular/MTS-RJ: "Capitalismo, Anticapitalismo y Organización Popular"; Rio de Janeiro.
8
Pedro Kropotkin: "A los Jóvenes", en: "Palabras de un Revolucionario"; P. 67.
más confunden que aclaran a los movimientos sociales, no siendo, por tanto, el medio más apropiado para su
emancipación. La acción directa acontece cuando el propio movimiento social

"... en reacción constante contra el medio actual, nada espera de los hombres, de las potencias
o fuerzas exteriores a el, pero [...] crea sus propias condiciones de lucha y extrae de sí mismo
los medios de su acción. [...] Por tanto, la acción directa es clara y pura concreción del espíritu
de revuelta: materializa la lucha de clases que ella hace pasar del campo de la teoría y de la
abstracción al campo de la práctica y de la realización. En consecuencia, la acción directa es la
lucha de clases vivida en el día a día, es el asalto permanente contra el capitalismo"
9
.

De esta manera, los movimientos sociales no confían su accionar a los políticos, sino que lo realizan por
cuenta propia, llevando a la práctica el lema de la AIT de que "la emancipación de los trabajadores será obra de los
propios trabajadores". La lucha por esta emancipación debe ser realizada de manera estratégica, tornando la acción
directa más o menos violenta, conformes las circunstancias lo requieran. Cuando es necesario que sea violenta, debe
entenderse la siempre como respuesta, como autodefensa en relación al sistema de dominación y explotación en
que vivimos.
La acción directa es la forma de hacer política de los movimientos sociales, siendo que

"… firmamos que la política, en el sentido en que defendemos, no tiene sentido
partidario, sino en el sentido de la gestión de aquello que es público, de todos. La política es
hecha por el pueblo, debidamente organizado, decidiendo efectivamente sobre todo aquello
que le concierne. La política que defendemos es aquella que se coloca hoy como lucha de los
trabajadores, organizada de abajo hacia arriba, contra la explotación y la opresión de que
somos víctimas. Es en las movilizaciones sociales donde vemos alguna perspectiva de
modificación política significativa de la sociedad"
10
.

En este caso, los movimientos sociales no luchan para tener el poder dentro del estado o dentro de sus
instancias institucionales de poder. Ellos están siempre organizadas fuera del estado, defendiendo la devolución del
poder político al pueblo. Así, no creemos que el problema sea quien ocupa el estado, sino el propio Estado.
Es solamente de esta manera que entendemos el concepto de poder popular, defendido por otros grupos y
organizaciones. Si por poder popular entendemos la creciente fuerza social de las organizaciones de las clases
explotadas, que están insertas en una disputa permanente con el capitalismo y con el estado, entonces estamos de
acuerdo. Sin embargo, hay quienes defienden el poder popular como sustentación de vanguardias carentes de base
[social], jerarquías, partidos autoritarios, reivindicaciones del estado y burocracias de varios tipos. Cuando el poder
popular se asemeja a este segundo modelo, entonces estamos en completo desacuerdo.
Más allá de la acción directa, como forma de hacer política, los movimientos sociales, en la forma en que
los entendemos, tienen necesidad, en el caso en que se propongan ser agentes de una significativa transformación
social, de utilizar la democracia directa como método de toma de decisiones. La democracia directa ocurre en los
movimientos sociales cuando todos aquellos que están involucrados participan efectivamente en el proceso de toma
de decisiones. La utilización de este método permite, que las decisiones sean tomadas de manera igualitaria (todos
poseen la misma voz y la misma capacidad de voto) en asambleas horizontales, donde son discutidos y deliberados
todos los asuntos. No hay personas o grupos que discutan asuntos y que deliberen fuera de las asambleas; no hay
jerarquía o jefes que manden a unas personas que obedecen.
La democracia directa ejercida en este modelo se puede comparar al funcionamiento del socialismo
libertario que explicamos anteriormente. O sea, los movimientos sociales se coordinan internamente por los
principios de la autogestión y se articulan, en los casos en que es necesario, por el federalismo. Es importante
resaltar que actuando de esta manera, estamos incorporando en nuestros medios de lucha, posiciones defendidas
por los fines que deseamos alcanzar, confirmando la máxima de que "los fines están en los medios". Los liderazgos y
funciones asumidas son temporarios, rotativos y revocables.
En este modelo de movimiento social, es importante para la conducta militante la ética y la
responsabilidad. La ética, como brújula de la conducta militante correcta, está basada en principios que se oponen al
capitalismo y el estado y que sustentan la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo. Ella es la brújula para el
comportamiento militante que actúa sin prejuicios para con los otros, que estimula el apoyo, no permitiendo
posturas que buscan dividir o generar una disputa interna desleal. La responsabilidad, principio que se opone a los

9
Emile Pouget: La Acción Directa.
10
FARJ: "La Política No Es para los Políticos", en: Libera 136; Río de Janeiro, 2006.
valores del capitalismo, estimula que los militantes de los movimientos sociales tengan iniciativa, que asuman
responsabilidades y las cumplan -esto evita que unos pocos sean sobrecargados con muchas tareas, que tengan
actitudes coherentes con el espíritu de la lucha y que contribuyan de la mejor manera con los movimientos sociales.
La solidaridad y el apoyo mutuo también son principios que deben ser estimulados en los movimientos
sociales. En oposición al individualismo del capitalismo, la unión de las clases explotadas para el combate contra el
capitalismo y el estado debe ser estimulada. Cuando salen del aislamiento y buscan asociarse, juntándose con otras
personas que quieren construir un mundo más justo e igualitario, las personas construyen la solidaridad de clase,
ésta se da en la asociación de una persona con otra para formar un movimiento social o entre un movimiento social
con otro, en la búsqueda de la construcción de una organización popular y de la superación del capitalismo y el
estado. En este caso, los límites del estado no deben ser reconocidos, pues los movimientos sociales tienen que
solidarizarse por los intereses de clase, y no por los intereses nacionales. Cuando reconocidos los intereses de clase,
los movimientos sociales son internacionalistas.
También, los movimientos sociales constituyen un espacio privilegiado para el desenvolvimiento de la
cultura y la educación popular. Es la cultura, como forma de ser y de vivir de las clases explotadas, la que dará cuerpo
a la educación popular. Todos los que están movilizados desarrollan su aprendizaje y las nuevas formas,
manifestaciones, lenguajes, experiencias y vivencias que traducen el espíritu de la lucha. Dado que no hay un saber
acabado, es el proceso de intercambio entre los militantes el que permite esta educación, en la cual no hay ni
maestros ni alumnos; siendo todos maestros y alumnos. Todos aprenden y todos enseñan. Así sea la construcción de
una educación que respeta la cultura popular y capacita a los militantes a partir del diálogo, de los debates, de los
intercambios de experiencias. En este proceso torna posible oponerse los valores del capitalismo que son
transmitidos, todos los días, por los medios de comunicación, por las escuelas y otras vías de reproducción.
Además de eso, la propia "gimnasia revolucionaria" proporcionada por las experiencias de lucha, al mismo
tiempo que traerá las conquistas de corto plazo, será responsable por auxiliar en este proceso de educación,
contribuyendo con las experiencias prácticas de búsqueda de la libertad, por medio de la propia libertad.
Las conquistas a corto plazo, llamadas reformas, cuando son conquistadas por los movimientos sociales,
sirven como formas de disminuir el sufrimiento de aquellos que luchan y al tiempo que les enseñan las lecciones de
organización y de lucha [que necesitan]. Entendemos, así, que "tomamos las eventuales reformas que conquistamos
con el mismo espíritu de aquel que arranca poco a poco del enemigo el terreno que ocupa, para avanzar cada vez
más"
11
. Y juzgamos que al luchar por las reformas, los movimientos sociales no se volverán reformistas -que son
aquellos que entienden las reformas como un fin. Del mismo modo con la lucha por las reformas, ellos pueden
sustentar una práctica revolucionaria, y estar contra el reformismo, dado que "si nosotros estamos contra el
reformismo, no es porque las mejorías parciales no nos interesan, sino porque creemos que el reformismo es un
obstáculo no solamente para la revolución, sino también para las mismas reformas"
12
.
Esta afirmación abre el espacio para otra característica y juzgamos fundamental de los movimientos
sociales: la perspectiva revolucionaria a largo plazo. En este caso, la idea es que los movimientos sociales, además de
tener sus banderas específicas (tierra, hogar, trabajo, etc.) pueden tener como objetivos la revolución y la
construcción de una sociedad nueva. Entendemos que las luchas de corto y mediano plazo son complementarias de
la perspectiva de largo plazo y no la excluyen. Con la perspectiva de largo plazo, los movimientos tienen mayor poder
de conquista, dado que cuantos mayores son los objetivos, mayores son las conquistas, no siendo las primeras
conquistas el fin de la lucha. Muchos movimientos sociales que no poseen perspectiva de largo plazo, cuando ven
sus reivindicaciones atendidas (tierra para los sin tierra, vivienda para los sin techo, trabajo para los desempleados,
etc.) piensan que este es el final de la línea. Para nosotros, este es solamente el primer paso y, una vez conquistado,
debe estimular otras luchas y movilizaciones en torno a otros problemas que acontecen en nuestra sociedad. Es esta
perspectiva también la que proporciona una visión crítica de los movimientos sociales en relación al capitalismo y al
estado, poniéndolos en alerta contra las tentativas de conciliación de clase y de cooptación. Esta perspectiva
también estimula la solidaridad y el apoyo mutuo, ya que las clases explotadas no se ven más fragmentadas, sino
como parte de un todo que lucha por una sociedad nueva. Así, los movimientos sociales defienden una perspectiva
de largo plazo que es revolucionaria,

"... en el sentido de querer sustituir una sociedad fundada en la iniquidad, en la explotación de
la inmensa mayoría de las personas por una minoría opresiva, en el privilegio, el ocio, y en una
autoridad protectora de todas estas hermosas cosas, por una sociedad fundada en una justicia
igual para todos y en la libertad de todos. [...] Queremos, en resumen, una organización
económica, política y social, en la cual todo ser humano, sin prejuicios sobre sus

11
Errico Malatesta: "Anarquismo y Reforma", en: "Anarquistas, Socialistas Y Comunistas"; P. 146.
12
Ídem: "Cuanto Peor Sea, Mejor Será", en: "Anarquistas, Socialistas y Comunistas"; P. 67.
particularidades naturales e individuales, encuentra iguales posibilidades de desarrollarse,
instruirse, trabajar, hacer y disfrutar la vida como persona"
13
.

Otro punto importante que debe ser mencionado es el hecho de que los movimientos sociales son, muchas
veces, fruto de acciones y movilizaciones espontáneas de las clases explotadas. Este hecho para nosotros es natural y
entendemos que siempre tendremos que convivir con él. En situaciones extremas, sectores de la población se
revelarán o se movilizarán por diversos motivos: para denunciar una injusticia, para responder a un ataque del
sistema, para conseguir algo para comer, o un lugar dónde vivir, etc. Sí por un lado defendemos la organización,
creemos, por otro, que debemos siempre apoyar estos movimientos de movilización popular espontánea. Los
objetivos organizacionales deben ir dando los medios de lucha. No debemos, por tanto, cuestionar el espontaneísmo
cuando ocurre, sino más bien, involucrados en la lucha, intentar catalizar las fuerzas para que se llegue al grado
necesario de organización. La interacción de esta dinámica propia de los movimientos sociales, que naturalmente
contienen un gran grado de espontaneidad, con los contextos sociales que varían (represión, legislación, cambió de
las fuerzas políticas en juego, etc.) harán que los movimientos sociales tengan, naturalmente, flujos y reflujos. Habrá
momentos en que las circunstancias proporcionarán una realidad de luchas más radicalizadas y permanentes. En
otros, proporcionarán contextos de dificultad para la articulación, desmotivación, miedo, etc. o sea, es natural que
existan contextos de flujos y reflujos.

"En ciertas épocas, que son generalmente las precursoras de los grandes
acontecimientos históricos, de los grandes triunfos de la humanidad, todo parece avanzar con
paso acelerado, todo respira fuerza: las inteligencias, los corazones, las voluntades, todo va al
unísono, todo parece ir a la conquista de nuevos horizontes. Entonces, se establece en toda la
sociedad, como una corriente eléctrica que une a los individuos más alejados en un mismo
sentimiento y a las inteligencias más dispares en un mismo pensamiento que imprime a todos
de una misma voluntad. [...] Pero hay otras épocas sombrías, desesperantes, fatales, donde
todo respira decadencia, a postración y a muerte, y en el que se manifiesta un verdadero
eclipse de la conciencia pública y privada. Son los reflujos que siguen siempre a las grandes
catástrofes históricas"
14
.

Pensamos que es nuestra obligación evaluar correctamente el contexto y actuar de manera conforme. En
los momentos en que el contexto apunta al flujo, debemos atacar, actuando con toda la fuerza y proporcionando
toda la organización necesaria. En los momentos en que el contexto apunta a un reflujo, debemos saber convivir con
los problemas, "mantener la llama ardiendo", esperando los momentos adecuados para retomar la movilización.
En fin, nuestra concepción es que debemos romper con el aislamiento de los individuos creando y
estimulando el desarrollo de los movimientos sociales con las características aquí mostradas. Esta es una primera
etapa de nuestra estrategia permanente. Después de esto, en una segunda etapa, entendemos que es necesaria la
articulación de varios movimientos sociales para la constitución de lo que venimos llamando “organización popular”,
siendo ella la confluencia de los movimientos sociales en combate permanente contra el capitalismo y el estado.
Buscando aumentar permanentemente la fuerza social de la organización popular y su radicalización,
entendemos que es posible llegar a la revolución social y así construir el socialismo libertario. En este proceso de
transformación social, entendemos que las clases explotadas poseen un papel imprescindible; "esta masa, [...] sin
cuyo fuerte sustento el triunfo de la revolución nunca será posible"
15
.

Fin del capítulo.


13
Mijail Bakunin: "La Doble Huelga de Ginebra"; PP. 92-93.
14
Ídem: "Algunas Condiciones de la Revolución", en: "El Concepto de Libertad"; PP. 128-129.
15
Ídem: " La Educación del Militante", en: "El Concepto de Libertad"; P. 147.