HONESTIDAD POLÍTICA.

La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con
coherencia y sinceridad, tanto en la relación consigo mismo como con el resto de la
sociedad, es decir, la honestidad es un valor relacionado con la decisión de actuar conforme
a la Verdad y la Justicia, que igualmente debe ser vivido con humildad. Por tanto es
honesto quien actúa y habla de conformidad con lo que considera correcto (sus propios
principios), pero que no hace de tales actuaciones un escenario teatral para ser reconocido
por los otros, al contrario, reconoce al otro como persona diferente y le brinda lo que se
merece. Esta actitud siembra confianza tanto en el individuo mismo, como en las demás
personas que se interrelacionan con él.
La honestidad no consiste sólo en franqueza, sino en asumir que la verdad es sólo una y que
no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como
innegable e imprescindible de reconocer; pero como la verdad humana nunca puede ser
absoluta, la honestidad también es un valor subjetivo, en la medida en que depende del
contexto y de los actores involucrados. Por esta causa se vuelve muy dificultoso establecer
parámetros morales compartidos de una sociedad o de una cultura a otra, e incluso entre
grupos o entre individuos.
Estas concepciones pueden cambiar radicalmente y lo que para uno es una muestra de
honestidad para otro no puede serlo; por ejemplo para muchos grupos indígenas es
deshonesto sobreexplotar la tierra con fines económicos, porque ellos, la consideran su
madre tierra -“Pacha mama”, ya que encuentran en ella, todos los medios y elementos que
les asegura la subsistencia en el tiempo; por esta razón extraen de ella únicamente lo
necesario (actividades tradicionales), a diferencia de la concepción occidental (capitalismo)
que ve a la tierra como un recurso de riqueza y crecimiento económico, necesario para
mejorar la calidad de vida de los seres humanos, por esto, la explotan intensivamente y no
permiten que se regeneren los recursos naturales.
Concibiendo la política como una condición del hombre, que tiene como objeto la
convivencia social, se relaciona directamente con el poder de tomar decisiones en los
temas sociales para mejorar el bienestar colectivo; es decir, es un instrumento de poder que
planifica los procesos de desarrollo humano y permite a la sociedad organizarse y planificar
una visión de futuro, con participación activa de todos sus miembros a lo largo del proceso.
Es un acuerdo voluntario que define tanto la relación mutua de los individuos, concebidos
como sujetos morales libres, así como la relación de éstos con el gobierno; lo cual
estructura una sociedad conformada en pro del bien común.
Es por lo anterior que una política honesta, es condición fundamental para las relaciones
humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria; de lo contrario, el ser falso,
injusto, ficticio, demagogo; fracciona las relaciones sociales, debido a que se pierde el
respeto por la persona en sí misma, defendiendo el interés individual aún a expensas de los
demás. Un político honesto aplica un pragmatismo basado en principios, en el valor para
decir cosas desagradables, pero siempre con una actitud constructiva. En efecto, la crítica
irresponsable (el afán de revelar y publicar un problema sin la voluntad de proponer
soluciones factibles), es tal vez, la forma más común de deshonestidad política. La prueba
más dura para un político honesto llega cuando debe defender ideas que no son populares
pero que son las correctas y sobre todo cuando se acercan las elecciones ya que las masas
populares se construyen de ilusiones, haciendo caso omiso a la realidad. Agradan más las
promesas utópicas de un mundo ideal, que la verdadera realidad social.
Habermas ataca radicalmente la idea de que el positivismo, la ciencia y las investigaciones
modernas son objetivas, puesto que opina que la ciencia y la tecnología están más bien
regidas por valores e intereses que a veces contradicen la búsqueda desinteresada de la
verdad. Sostiene que la sociedad tecnológica y el consiguiente aumento de la burocracia
han servido, entre otras cosas, para perpetuar las instituciones del Estado y despolitizar a
los ciudadanos. De esta forma la razón y la ciencia se han convertido en herramientas de
dominación más que de emancipación. Es decir que la defensa de las instituciones estatales
se ha convertido en algo más importante que la misma defensa de los seres humanos,
violando el artículo 2, de la Constitución Política de 1991, que proclama que son fines
esenciales del Estado servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar
la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la constitución.
Habermas
1
imagina un futuro en el que la razón y el conocimiento trabajen en pro de una
sociedad mejor, donde la comunicación humana no debería estar sujeta a la dominación del
Estado, y los ciudadanos racionales deberían poder actuar en la sociedad de forma libre y
honesta en el ámbito político. Esto sin desconocer que las instituciones y las leyes nos
permiten desarrollarnos como la única comunidad viviente que tiene uso de inteligencia
para crear los artificios necesarios de producción, reproducción y desarrollo de la vida;
determinando el tipo de convivencia dentro del territorio construido socialmente a lo largo
de su historia.
Zúñiga Martínez
2
, expresa que primero hay que reconocer que el orden político es un
poder anónimo, y que ejerce sus decisiones desde sí, eso sería una ética anónima o
impersonal (como diría Levinas
3
), es decir de todos y de nadie. Por el contrario, la moral y
los valores se subjetivizan en la conciencia del sujeto que es quien decide y ejerce su
libertad. Así, él considera que la ética, si se concede una actividad reflexiva de
enjuiciamiento, sobre lo que acontece en el mundo real, y siendo ese juicio en beneficio de
la humanidad (tomando a la humanidad como fin, y no como medio, como diría Kant) tiene
que hacer un juicio frontal a la inmoralidad del orden político vigente. Sin olvidar la
realidad, la cual se desarrolla con las instituciones y leyes civiles absolutamente necesarias
para la convivencia pacífica; sin embargo es de criticar las mismas, cuando no marchan en
beneficio del bienestar de toda la humanidad.
Hay que tener en cuenta que una cosa es que algo sea ilegal y otra muy distinta que sea
inmoral, ilegítimo o deshonesto. El ejercicio de la libertad no viene solamente limitado por
las leyes, ya que no todo lo que no es delito es bueno, hay muchas cosas que, sin estar
plasmadas como tal, son socialmente inaceptables y por tanto provocan el rechazo popular.
Por ejemplo en la legislación colombiana, el subsuelo y los recursos no renovables,
aparecen como propiedad del Estado (art. 332, CP) y por tanto, él puede disponer de ellos;

1
HABERMAS, Jürgen (1929- ), sociólogo y filósofo alemán. - Teoría Sobre la Racionalidad, es decir, la
habilidad para pensar de forma lógica y analítica.
2
Zúñiga Martínez, Jorge. La Ética No-Demostrada en el Orden Político Vigente. Simposio: Ética demostrada
según el orden político. Pág. 7
3
LEVINAS, Emmanuel. (1905-1995), filósofo francés de origen ruso. Autor de una original teoría ética de la
alteridad.
lo cual para muchos territorios indígenas y campesinos, que han subsistido en estos
territorios desde épocas milenarias, no conciben la posibilidad de que se les expropie sus
tierras para entregárselas a multinacionales con el propósito de explotar sus recursos
mineros. Para estas comunidades, este hecho es deshonesto e injusto, así el Estado les
reubique o les retribuya regalías. Sencillamente porque el hecho irrumpe con la integridad
territorial, violando sus tradiciones culturales, sociales, políticas y ambientales que en
definitiva afectan negativamente las perspectivas de su propio desarrollo.
Joan Majó
4
, plantea que en la deshonestidad política se presentan formas cínicas del
pragmatismo, encarnadas en el principio de que el fin justifica los medios, siempre que las
exigencias morales entren en conflicto con los intereses políticos. Por otro lado hay una
postura ingenua, utópica y moralista, igual de deshonesta, ya que quienes la predican se
basan en ideales totalmente apartados de la realidad social.
Por otra parte Emmanuel Kant
5
, ha descrito dos tipos de políticos honestos. El “moralista
político” que busca forjar la moral según las necesidades de la política entendida como un
juego cínico. El segundo tipo es el “político moral”, que rechaza el pragmatismo cínico,
pero que no cae en la moralización ingenua. Un político honesto es alguien que considera a
la política como una herramienta para alcanzar el bien común. No es ingenuo y sabe que la
paciencia es una virtud, y el consenso es una condición necesaria; pero lo más importante
es que nunca pierde de vista la visión y misión de su responsabilidad social.
En general, la honestidad política juega un papel fundamental dentro de una sociedad, ya
que es uno de los elementos que permiten generar confianza e integralidad dentro de ésta,
planificando e impulsando su propio desarrollo, este entendido como las aspiraciones
colectivas de la sociedad de un territorio. No obstante, la honestidad política no es
responsabilidad exclusiva de los políticos, más bien corresponde a cada uno de los
miembros de nuestra sociedad, luchar por un futuro mejor; por lo tanto tenemos la
obligación moral de ser responsables de nuestras decisiones y de vigilar la gobernabilidad

4
MAJÓ, Joan. Es ingeniero y ex ministro reflexión sobre si ¿Es posible la política honesta?
5
KANT, Immanuel. (1724-1804), filósofo alemán considerado por muchos como el pensador más influyente
de la era moderna.
de aquellos que nos representan; hay que tener en cuenta que un hombre solo no puede
cambiar el mundo. En conclusión la honestidad política, nunca olvida que se está
trabajando por y para el bien colectivo de la sociedad en la que se está inmerso, y que por
lo tanto todas las acciones se verán reflejadas en el desarrollo humano de la misma.
Es muy difícil que siendo político se actúe con honestidad, pues siempre se estará
supeditado a poderes económicos, políticos y sociales; que actúan como fuertes limitantes
políticos. Pero es posible, como argumenta Joan Majó al expresar: “Yo soy ante todo un
practicante de la política. Por ello, sé que ninguna teoría y que ningún análisis puede librar
a los políticos del examen de conciencia, de preguntarse qué es honesto y qué no lo es a la
hora de enfrentarse a una decisión política. El político honesto está dispuesto a soportar esa
carga”. Es decir ser un buen político depende de los valores individuales de la persona,
teniendo muy en claro que sus aspiraciones no deben sesgar las aspiraciones del resto de la
sociedad, porque en ultimas, el bien colectivo, al final también terminara afectando
positivamente el bien individual. Quien esté dispuesto a representar una comunidad, deberá
tener la voluntad y la conciencia de actuar correctamente sin esperar nada a cambio.
- una política honesta es más justa y verdadera y hace de la sociedad un mundo más
equilibrado, donde todos podamos vivir como seres dignos e iguales en nuestras
diferencias…







BIBLIOGRAFÍA
 ZÚÑIGA MARTÍNEZ, Jorge. La Ética No-Demostrada en el Orden Político Vigente,
Simposio: Ética demostrada según el orden político.
 ROMERO, Felipe. Articulo Honestidad.
hptt://honestidadvalorhumano.blogspot.com/2009/03/que-es-lahonestidad.html
 MAJÓ, Joan. ¿LEGALIDAD, MORALIDAD U HONESTIDAD?
hptt://Copyright/Project Syndicate/Instituto para las Ciencias Humanas, diciembre de 2002.