Hace unos quince años la cocina peruana era una ilustre desconocida en el mundo.

Sólo
era apreciada por un puñado de cronistas gastronómicos y de turistas sibaritas que
visitaban el Perú en busca de la sazón peruana. En grandes ciudades como San
Francisco, París, Madrid o Buenos Aires había algunos restaurantes peruanos, pero
estaban orientados principalmente a menoscabar la melancolía gastronómica de la
colonia peruana. Pero este panorama ha comenzado a cambiar y en forma radical. La
proyección internacional de nuestra comida culinaria toma cada vez más vuelo y se
sirve en aviones y trenes de lujo, es elogiada en los principales periódicos, como The
New York Times, Le Monde o El País, se lee en las más respetadas publicaciones de
culinaria gourmet y pasea sus aromas por festivales internacionales y programas de la
televisión internacional.
Hoy en el Perú crece exponencialmente el número de restaurantes y la comida es tema
de todos. La cocina está de moda en los medios de comunicación masivos nacionales.
No sólo se propalan programas gastronómicos, sino que el tema gastronómico aparece
en todos las demás secciones o programas y la cocina está presente en los noticieros,
rutas de viajes, cultura y entretenimiento. Por ello la gastronomía peruana no es sólo un
asunto de sibaritas, ya que quedó claro en el reciente Festival Gastronómico
Internacional de Lima, Mistura, que convocó entre el 24 y el 17 de setiembre pasado a
cien mil paladares e implicó una inversión de un millón y medio de dólares. Algunas de
las secciones más importantes de la feria fueron el gran mercado de productos
agropecuarios y la bioferia. En ellas se expusieron los mejores productos traídos por los
héroes anónimos de nuestra cocina: pequeños productores agropecuarios de todo el país,
incluyendo las más recónditas regiones de la Sierra y Selva, quienes desempacaron
papas nativas, quinuas de diversos colores, ajíes, loches, quesos, café orgánico y mucho
más.
Pues tales productos se cultivan en suelos peruanos, suelos que son cubiertos de
hermosos paisajes, arquitecturas, esculturas, etc.
La cultura andina es una cultura viva, una cultura que hermana a los peruanos actuales
con los habitantes originales de Machu Picchu. La historia que nos une es contínua y
relativamente corta. Es más, la ciudadela incaica y los objetos que se encontraron en ella
tienen un lugar especial en nuestra identidad y nuestra autoimagen. La arqueología,
como es ampliamente reconocido, tiene un pasado oscuro, su historia no es ejemplo de
respeto a las culturas y a los otros, sino más bien, por un lado, del colonialismo imperial
y paternalista de Europa y Estados Unidos, y por otro, de la audacia y el ingenio de
aventureros y aprovechados. El saqueo de Machu Picchu, más allá de los detalles
históricos y los documentos legales que avalaron en su momento el retiro de las piezas,
es parte de esta historia negra y vergonzosa.