Comercio Exterior, vo l. 31, núm.

12,
México, diciembre de 1981, pp. 1350-1356
El progreso técnico
y sus frutos
La idea de desarrollo
en la obra de Raúl Prebisch
ADOL FO GURRIERI *
La pretensión de bosquejar en pocas páginas el núcleo esencial
de l pensamiento de Raú l Prebisch se enfrenta a dificu ltades
considerables, pues se trata de un hombre que ha puesto de
manifiesto su dil atada vida inte lectual en numerosos articu las
y libros, desde aquel ensayo inédito escrit o en 1918 sobre la
indu strialización del maíz hasta sus trabajos rec ientes sobre 1 a
crisis y transformación de l capita lismo perifér ico. Sin embargo,
no se trata sólo de esa dificu ltad; en efecto, en su vida
pensamiento y acc ión están es trechamente un idos y al h   c e ~
referencia ún icamente a su pensamiento se t iene la sensación de
estar desgajándolo de l tronco que lo nutre con su savia vita l.
El sentido de su vida públi ca, académica y política, sólo
* Secretario Técni co de la Revisto de lo CEPA L. Este ensayo es un a
versión revisada de una exposición realizada en febrero de 198 1 en el
Seminario sobre Poi íticas para el Desarroll o Lat inoamericano organi-
zado por e l Centro de Capacitación para el Desarroll o (Cecade) de la
SPP, e n la c iudad de México. Se publ ica rá próx imamente en un li bro
que prepara el Fondo de Cultura Económica sobre la obra de Raú l
Prebisc h.
Por los frutos los conoceréis
puede comprenderse - no podría ser de otro modo- como una
interacc ión dialéct ica de dos fu erzas, a menudo antagónicas:
por un lado, su impulso enérgico ori entado hacia el conoc i-
mi ento y la transformación de la real idad; por otro, el
dinamismo de la propia realidad, a la vez cambi ante y
obstinada. Pero, lcuáles son las esperanzas que han alimentado
de manera tan cop iosa a ese impuls o vital ? Aceptando el
inevitab le esquematismo de un a respues ta sucin ta pu ede
afirmarse que aque ll as esperanzas se ordenan en torno a la idea
de desarrollo.
Como es sabido, el desarroll o como aspirac1on soci al
rec iente es sólo otra man ifestación de la reiterada aspiración
humana de lograr un a vida mejor; asp irac ión que alcanza qu izá
su expresión más cabal en la idea ilumini sta de progreso.
Probablemente, ninguna otra idea ha tenid o una infl uencia
mayor en la cul tura occidental que ésta; dejando de lado el
id eal de perfección moral qu e tambi én abarca, el progreso
afirma la posibil idad de mejorar las condic iones de vida
- derrotando a los viejos fl agelos del hambre, la enfermedad y
la muerte prematura- med iante el uso ap ropi ado y sistemát ico
de la razón. Prebisch participa de esta idea ge nérica -recibida,
sobre todo, a través de la versión peculiar de los economistas
comercio exterior, diciembre de 1981
clás icos- y la transforma en su leitmotiv, en el tema prin cipal
que reaparece una y otra vez a lo largo de toda su obra.
Sin embargo, sus impulsos y es peranzas se enfre ntan con
una circunstancia concreta, con un es pacio y tiempo hi stó-
ricos. En un principio, su formación académica neoclásica y la
bon anza del decenio de los veinte en Argentina lo inclinaron a
pensar que el dinamismo de las fuerzas del mercado promo-
vería la deseada mejor ía de las condi ciones materiales de vida,
pero la crisis de 19291o convenció de manera definitiva que no
era ese e 1 camino adecuado.
Al mirar en perspectiva el desenvolvimi ento de sus ideas,
resu lta eviden te qu e aquella crisi s tuvo un a influencia perdu-
rabl e, pues definió su derrotero vital; en efecto, su signifi-
cación radica en que le reveló el e manera ab rupta los
considerables obstáculos qu e se oponían al desarroll o. Su
búsqu eda de una respuesta al desafío de la cri sis se fue
convirtiendo con el paso de los años en búsqueda de un
camino hacia el desarroll o; el examen de ese camino le reveló a
su vez el espacio hi stórico que debía asumir como punto de
partid a: el desarrollo debe procurarse a partir ele una situac ión
periférica.
El tremendo sacudón de la cri sis lo obli gó, en tonces, a
repensar todo lo que había aprendido, ensel'i ado y ap li cado
como académico y poi ítico. En ese proceso fue "tirando por la
borda" - como suele decir- todos los cr iteri os sacrosantos de
la orientación dominante en la ciencia económi ca. La cris is
puso al des nudo los débil es fund amentos del siste ma econó-
mic o vigente y aunque él siempre tuvo una natural incli nación
haci a la acción práct ica se vio obli gado a ponerlos en tela de
juici o.
Desde la crisis Prebi sc h comenzó una refl exión críti ca sobre
la sociedad en que le había tocado vivir y afirmó su as piración a
transformarla creativamente para ace rcarla a sus espera nzas . A
partir de ell a emprendió un vi aje lento y difícil, no sólo porque
la realidad misma ha cambiado a gran veloc idad, sino porque
tambi én ha debido luchar consigo mismo, con los íd olos
doctrinarios en cuya adoración él tambi én fu e inici ado; las
páginas de su último libro demuest ran que todavía no lo ha
termi nado.
11
La primera etapa de aqu el viaj e finali zó en 1948 y la ll evó a
cabo casi en su totalidad en Argentina, dese mperi ánd ose en
especial como profesor universitari o y máxima autoridad del
Banco Central. En un examen más completo de su pensa-
mi ento no podría dejársela de lado, pero este escueto análi sis
empezará por la etapa sigui ente, qu e comienza con su
incorporación a la CEPAL, en '1949 , pu es en ell a ordenó y
presentó de manera sistemát ica su idea de desa rrollo.
La id ea de desa rroll o que formula en sus primeros esc ri tos
cepalinos -a fines de los ari os cuarenta y principios de los
cincuenta- puede anal izarse en tres aspectos principales. Por
un lado, su definici ón de desarrollo, en la cual se vincul an de
manera estrecha sus visiones téorica y normat iva sobre ese
fenómeno; en efecto, el desa rroll o es a la vez catego ría
analítica y objetivo social, instrumento para examinar 1 a
realidad y objetivo en pos del cual impul sar las fu erzas sociales .
Por otro, su interpretaci ón del desa r-roll o de América Lat ina,
1351
entend ido éste como un proceso hi stór ico concreto, con sus
peculi arid ades prop ias. Finalmente, su propuesta de acc ión, o
sea, lo que debería hacerse pa ra que, dadas las condi ciones
concretas, se alcancen los objetivos de l desar roll o.
Los pr· in cipales rasgos de su defin ición de desar·r·ollo en
aquella idea inici al se sintet izan en la frase "el progreso técnico
y sus frutos" . Concibe el progreso técni co como un proceso de
elevación de los niveles de productividad r·eal de la fu erza de
trabajo como resul tado de la adopción ue métodos produc tivos
más eficientes. Los fru tos principales del pmgreso técnico se
refieren, naturalme nte, a la elevación de l nivel de l ingreso y ele
las condi ciones el e vida ele la poblac ión qu e el mi smo hace
posibl e. En torn o a es ta definición se ordenan todos los
componentes de su concepción de desarrol lo, la mayor parte
de los cual es surgen el e su interpretación histórica del
desarrollo en Amér·ica Lat ina. Empero, hay una consideración
que, por su importancia, debe colocarse junto a su definición
in icial; es la que se refie re al problema ele la distribución del
progreso téc ni co y sus frutos, que Aníbal Pin to profundiza ría
años después. A este respecto, en la concepción ini ciztl Raúl
Prebisch sostiene que el pmgreso técnico debe clifunclir·se por
toda la est ructura económica el e manera relat ivamente homo-
gé nea, evitando su co ncentración en algunas ramas, sector·es o
tipos el e empresa. Esta preocupación se ev id encia, por ejempl o,
en sus recomendaciones relat ivas a la orientación el e la
in versión y al tipo el e criteri os que cleber(an guiar la poi íti ca
tecnológica. Por este motivo, insiste en que los in creme ntos el e
productivid ad deben alcanza r a toda la fu erza ele uabaj o; en la
defin ición ele desa n·oll o, tan import ante es el incremento de la
pmcluct ivicl ad media corn o su distr'ibución homogénea. En
consecuencia, ya desde aquell os arios, subraya que el desa r·r·oll o
no se evalúa sólo por la elevación media ele la pmductividacl
del trabajo o del producto, sin o también por la capacidad del
sistema económi co para absorber de manera productiva a toda
la fuerza el e trabajo; a su juicio, una economía podría crecer a
tasas considerabl es pero carecería de "sufici encia dinámica" si
no lograra aquell a elevación homogé nea ele la productividad . A
su entender, la di str'ibución más o menos homogé nea del
progreso técnico determina la di stribución más o menos
equit ativa el e sus frutos. De acuerdo con es tas consideraciones,
una caracter ización más aprop iada ele su definición ele desa-
rroll o tendría qu e tomar· en cuen ta tanto la elevación ele los
niveles real es el e productividad ele la fuerza de tr'abajo y su
distribu ción relativamente homogénea corno la elevación ele los
niveles de ingreso y su dist ribuci ón equitativa.
La preocupac ión de Raú l Prebi sc h por la di stribución
interna del progreso técni co y sus frut os se manifiesta tambi én
cuando elabora su interpretación histórica del clesarroll o
económic o el e Améri ca Lat ina. Comienza esa interpretación a
nive l internacional examinand o el proceso históri co el e propa-
gac ión universa l de l pmgr·eso téc ni co. Ese examen lo condu ce a
un a conclusión fundamenta l: el proceso el e pr·opagación
universal del progreso téc ni co, que constitu ye el despli egue
mundial del cap itzt li srno, ha ido conformando un sistema
compuesto por centros y per· ifcr· ia, cuya composición y
funcionami ento -o sea, las caracter ísti cas estructurales y
funciones de sus componentes, y las relaciones entre ell os-
responden a los intereses de los centros. En ot ras palab ras, en
ese proceso hi stórico, los centros se desarroll aron ini cialmente
y por ese motivo pudi eron ord enar el fun cionami ento del con-
junto de l sistemJ para satisface r sus propios intereses ; la
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posibilidad de que los países per ifér icos pud iesen in corporarse
al sistema y la forma como lo hi cieron depend ió de lo que
pudieron ofrece r· en relación con los intereses de los centros, y
para eva lu ar su capacidad fue ron sometidos a una "rigurosa
selección de aptitudes". Utili zando términos más actuales, la
interrelación de las necesidades e intereses económicos de
los centros y las condi ciones est ructurales de los pa íses de la
per iferia in fluyero n dec isivamente en la posibili dad de inser-
tarse y en el tipo conc reto de inserción de estos pa íses en el
sistema cap itali sta mu ndial.
La penetración del progreso técn ico en América Latina
cobra sentido, entonces, en tanto es parte de la ex pansión del
sistema capitali sta mundi al que en su despli egue conforma el
sistema ce ntro-per ifer ia. Como consecuencia de esa penetra-
ción se producen profundos cambi os en la est ructura y
dinámica de las economías de América Lat ina que Prebisch
abarca con el concepto "patrón de desarroll o hacia afuera".
Valga se ñalar, de paso, que no es correcto afi rmar que en
aquell a in terpretación ini cial Prebi sch sólo habría tomado en
considerac ión las relaciones comerciales ent re centros y peri-
feria; su esq uema interpretat ivo es bastante más compl ejo,
pues intenta comprender los procesos económi cos que se
produjeron en la perifer ia cuando ell a se insertó en un sistema
global encabezado por los cent ros, y los obstácul os que éstos
opusieron al logro de un desarrollo genuino. As imismo,
tampoco es correcto suponer que, a juicio de Prebisc h, el
desa rroll o hac ia afuera sólo habr ía producido estancami ento;
por el contrar io, y como ya se ha dicho, produj o cambios que
transformaron, de manera a menu do profunda, las economías
de la región.
Lo que a Prebisc h le impo rta especialmente es evaluar esos
cambios desde el punto de mira del desarroll o, es decir, del
impulso que brindaron y pod rían brindar a la propagac ión
homogénea y equ ita ti va del progreso téc ni co y de sus frutos;
situado en esta perspectiva, su jui cio del patrón de desa rr oll o
hac ia afuera es negativo.
Po r un lado, el progreso técnico penetró de manera lenta en
relac ión con las necesidades de absorción produ ctiva de fuerza
de trabajo, lo que dio luga r a la persiste ncia en casi todos los
países de una considerable propo rción de fu erza de t rabajo
des ocupad a o que labora con escasa o nu la productividad. La
causa de este prob lema radica en que el dinamismo de la
penetrac ión del progreso téc ni co en la peri fer ia dependió de l
dinamismo de la demanda de importaciones de productos
primari os por parte de los cent ros, la cual se caracteriza por
una baja elast icidad- ingreso, qu e contrasta con la mayor
elast icidad-ingreso de la demanda de importaciones de bienes
in-dustriales de la periferi a. Esta "disparidad de elasticidades "
condujo de manera cíclica al estra ngul amiento exte rn o, qu e
constituye un obstáculo considerable para aquel dinamismo.
Por otro, la lentitud del proceso de penetración del
progreso técni co en 1 a pe ri fer ia se vi o agravada porq ue 1 as
condiciones estructurales de ésta -en especial, la oferta
abu ndante de fu erza de trabajo desorgan izada- tendi eron a
deprimir los precios de los productos de exportación, lo que se
expresó en el deterioro de la relación de precios del inter-
cambi o; como consecuencia de ell o, los pa íses periféricos no
fueron capaces -a largo plazo- de retener la totali dad de los
fru tos de su propio progreso técn ico.
el progreso téc nico y sus frutos
As imi smo, el progreso técnico que penetró en los países de
la perifer ia tendió a concentrarse en los sectores pr imario-
exportadores; o sea, penetró de manera des igual, imprimién-
dole ciertos rasgos negativos a la est ructura económi ca de esos
países; entre estos rasgos destacan la especialización produc-
tiva, como consecuenc ia de una incorporación segmentaría al
sistema global, y la heterogeneidad est ru ctual, que se mani-
fi es ta en la coex iste ncia de regiones, sectores económicos y
grupos sociales con disti ntos ni veles de product ividad e
ingreso.
Todos es tos rasgos, que influyen nega tivamente en el
desarrol lo de la periferia, derivan en gran med ida de la posición
que la misma ocupa en el siste ma capitali sta mundial. A ell os
deben agrega rse otros qu e surgen tanto de la prop ia estruct ura
periférica prexistente (por ejemplo, las formas predominantes
de tenencia de la ti erra), como de la disparidad entre el nivel
de desarroll o de la per iferi a y el de los centros cuando la
primera debe ini ciar su desa rroll o genuino (que provoca
incoherenci as tales como la adopción de pautas de consumo y
formas tecnológicas, propias del ni ve l de desarro ll o de los
cent ros, inadecuadas a los requerimi entos de su desarroll o).
En últ ima instancia, la confirmación definitiva de que la
perifer ia debe reori entar el rumbo de su desarrollo está dada
por la des iguald ad de la distribución de los frutos generados
por el conjunto del sistema; si la periferia ocupa una posición
desmedrada, ell o se debe no sólo a su menor productivid ad
media en relación con los centros sino tamb ién a su incapa-
cidad para rete ner los frutos de su propi a productividad. El
deteri oro de la relac ión de precios del intercambi o es, a la vez,
símbolo de la subordinación y manifes tación clara de los
profundos defectos tanto de la est ruct ura periférica como de la
función que ocupa en su papel de productora de materias
pr imas y alimentos.
Esta visión de l desarroll o económico de América Latina,
elaborada hace más de 30 años, dejó una profunda impronta
en la refl exión económi ca, sociológica y poi ít ica de América
Latina y muchas de las elaboraciones teóricas en las ciencias
sociales de nu estra región en las últimas décadas se han hecho a
partir de este fec undo parad igma.
La interpretación de la forma concreta en qu e penetra el
progreso técnico durante el desarroll o hacia afuera en América
Lat ina le permit ió determinar el obj etivo principal que debería
gu iar al programa de desarrol lo: li berar a nuestros pa íses de su
condi ción periféri ca, colocá ndolos a la par de los centros,
tanto en cuanto a la posición ocupada dentro de l conjunto
global, como a los rasgos de su estructura y dinámica
económicas y sociales. En otras palabras, el desa rroll o econó-
mico genuino de la periferia impli ca la superación del siste ma
centro-perife ria en todos sus aspectos y el es tablecimiento de
una nu eva estructura de relaciones económi cas internac ional es
en la cual el reordenami ento de las funciones de sus compo-
nentes, y las correspondientes modificaciones de las estruc-
turas product ivas inte rn as, permitan alcanzar una distribución
más equ itativa de l poder y de los ingresos ent re los com-
ponentes del conj unto. La periferia puede alcanzar este
desarroll o económi co genuino que la equipare a los centros,
aunque deba seguir un camino distinto al que ell os sigu ieron
para alcanza r el mismo fin.
comercio exterior, diciembre de 1981
Ese objetivo principal de l programa de desarroll o pod ría
formul arse de manera más sucinta y concreta: si la dema nda de
importaciones de los cent ros no tiene sufi ciente dinami smo,
deben crea rse nuevas fu entes dinámicas adi cionales -compl e-
mentari as y no exclu yentes de la exportac ión de productos
primari os- que permit an una propagación más profunda y
compl eta del progreso técnico; ell o requie re necesariamente la
indu st ri ali zación. Por este mot ivo, la industriali zación se
convi erte en el núcleo del programa de desarroll o, pues sólo ell a
permi t iría a los países superar su situación periférica,
acelerando la penet ración del progreso téc ni co.
Ser ía imposible siqui era menc ionar los múl t iples desarroll os
teóri cos y propuestas espec íficas de acción que su rge n en
torno a este objetivo; sin embargo, y con un fin meramente
clas ificator io, podr ían ordenarse las principales de entre ell as
en relación con un pequeño conjunto de cond iciones econó-
mi cas y poi ít icas que son decisivas para impul sarlo.
En pri mer 1 ugar, el programa de desa rroll o requi ere un
esfuerzo considerabl e de acumulación de capital; a él se
vincul an las políticas relativas al consumo, al ahorro interno y
a la inversión extra njera, así como a los aspectos fiscales,
monetarios y sociales. En segu ndo lugar, resul ta imprescindible
au mentar la capacidad para importar y mod ificar la composi-
ción de las importaciones; estos aspectos cruciales le permiten
ordenar toda la poi ít ica del sector exte rno, tanto comercial
como financiera, y fo rmular sus pri meras ideas sobre los
cambi os que deberían ll evarse a cabo en las relaciones
económi cas in ternac ionales. En tercer lugar, debe aplicarse una
cuidadosa política tecnológica que permita, en especial,
combinar de manera adecuada, a los fi nes generales de l
desarrol lo, los objetivos no siempre coherentes de l aumento de
la productividad y de la absorción de fuerza de trabajo. En
cuart o lu gar, el sector públi co debe impul sar la creación de la
infraestructura necesaria pa ra la reali zación del programa; y,
finalmente, es necesario establecer un sistema de plani ficación
que permi ta una apli cación orde nada y previsora del programa,
que, a la vez, debe basarse en la institución de un orden
político donde el Estado desempeñe el papel dec isivo para
impulsarl o. l
111
Con razón podr ía argumentarse que el es bozo que se acaba de
presenta r sobre el di agnóstico y el programa ini ciales de
Prebi sc h es demasiado res umi do; sin embargo, al menos se
l . Los esc ri tos más importantes de Prebisc h en este pe ríodo son:
a] "El desa rroll o económi co de América Lat ina y algunos de sus
principales problemas" (pr imera ed ición en 1949 ), en Boletín
Economico de América Latina, vol. VIl , núm.l , febre ro de 1962,
pp, 1-24.
b] Estudio Económico de América Latina 7949. Primera parte (prime ra
ed ición en 1950), CEPAL, Sa ntiago de Chil e, 1973. (En esa ocasión
fu e reedi tado con el t ít ul o "Interpretación del proceso de desa rro ll o
latinoamer icano en 1949").
e] Problemas teóricos y prácticos del crecimiento económico (pri mera
edició n en 195 1), CEPAL, Sa ntiago de Ch il e, 1973.
d ] La cooperación in ternaciona/ en la poi ítica de desarrollo latinoame-
ricana (prim era ed ición en 1954), CEPAL, Santiago de Chile, 1973.
e] "La polít ica comercial en los países insuficientemente desar roll ados
(desde el pun to de vista lat inoameri cano)", en Revista Económica,
año XIX, núms. 69-7 O, años 1960-1961, Santiago de Ch il e.
Una visión cdtica de conju nto de estos escr itos puede hall arse en
Octavlo Rodríguez, La teoría del subdesarroll o de la CEPAL, Siglo XXI
Ed itores, México, 1980.
1353
espera que brinde una imagen de su idea inicial de desarroll o y
de l derrotero que vislu mbraba como respuesta al patrón de
desa rroll o hac ia afuera, cuyos defectos habían resa ltado la
crisis económi ca y la guer ra mundial de manera tan notoria.
Durante los años cincuenta afinó, profundizó y amplió su
concepción inicial -ayudado por los estudios que sus colabo-
radores ll evaban a cabo en la CEPAL- aunque la mantuvo en
su estructura fundamental.
A parti r de los pr imeros trabajos de los años sesenta se
advierte que ini cia una revisión de su concepción de l desar ro-
ll o; como consecuencia de ell a algunos aspectos se mantienen
en pie y otros sufren cambios más o menos profundos. De
todos modos, y ut ili zando los té rminos empleados en un
ensayo de An1bal Pi nto, podr ía decirse que el balance fina l de
aquell a revisión indica que predominó la continuidad sobre el
cambio.
La continuidad es notoria en los aspectos de la idea ini cial
del desar roll o refer idos a las relaciones económicas interna-
cionales; más bi en debería dec irse que, sobre la base de sus
ideas ori ginales, ya como Secretario General de la u N CT A D,
presenta una vers ión más completa y ordenada de su inter-
pretación y de su propuesta de acc ión. Esta últ ima, orientada
hac ia la creación de un " nu evo orden económico interna-
cional", se ntó las bases sobre las cuales han girado hasta hoy
toda la controversia y la acc ión sobre la mate ri a.2
Los cambios son mucho más evidentes en relac ión con su
inte rpretación de los aspectos internos de l desarrol lo. Como es
sabido, a fi nes de los años cin cuenta y principios de los sesenta
el proceso de industria li zac ión había avanzado bastante en
varios pa íses de la región, a tal punto que en algunos ya
mostraba signos evidentes de estar en dificultades. Estos
cambios en la realid ad, que se sintet iza n en la idea de "cri sis
del patrón de desarroll o hac ia ade ntro", lo obli gan, otra vez, a
revisar su interpretación.
El aspecto más mani fiesto de esa crisis se refiere direc-
tamente a la indust ri alización sustitutiva. Sus defectos son
ev identes: ineficienc ia y altos costos prop ios de una ind ustria
sobreprotegid a; concentración en el mercado interno y olvido
casi total de su pote nciali dad exportadora; prefere ncia mar-
cada por la producción de bienes f inales sin profu ndizar la
cadena productiva hacia los bienes e ins umos básicos; contri-
bución al agravamiento más que a la solución del desequi librio
externo. Por cierto, esa crítica no significa que la industrial i-
zac ión no haya continuado como objetivo central de su
programa de desarroll o; final mente, con todos sus defectos, ella
permi t ió obte ner un ritmo de crecimi ento del producto mayor
qu e el que habr ía permit ido el de las exporta<: iones. Lo que
debe hacerse es reor ienta rl a y restructurarla para que alcance
una mayor especiali zac ión y eficiencia por medio de una
menor protección y una mayor amplit ud de los mercad os
externos; en todo lo cual t ienen un papel principal la
exportación de manufacturas y los esquemas de integrac ión.
2. Véanse, en especial, de R. Prebisch, Nueva política comercial
para el desarrollo (Info rme prese ntado a la Co nfe rencia de las Nac iones
Uni das sobre Comercio y Desarroll o, reali zada en Ginebra en 1964),
Fondo de Cul tura Económica, México, 1964, y Hacia una estrategia
global del desarrollo (I nforme prese ntado a la Conferencia simil ar
reali zada en 1968), Nac iones Unidas, Nueva York, 1968.
1354
Empero, la cri sis de la indust ri ali zac ión sust it utiva es sólo la
parte má s sal iente de la misma; de su trasfo ndo hay que saca r a
lu z las causas por las cuales el patrón de desarrol lo hacia
adentro, tal como se ll evó a cabo, culminó en la insufi ciencia
dinámic a y en la desigualdad social. Prebisch ordena esas
causas en to mo a dos est rangul ami entos: el externo, cuyo
análi sis sigue los lineamientos ya mencionados, y el intemo.
En el exa men de las causas del estrangul amiento interno
analiza divNsas est ru cturas parciales, tales como la agraria, la
indu st rial, la educativa, la estatal, la di stl'i buti va y otr·as; a
part ir· de ese examen -cuyos deta ll es se ría imposible presentar
aquí- ll ega a la conclusión de qu e las caracte r·ísti cas y
funcionami ento de esas estructuras dan luga r a modali dades de
ac umul ación y di st ri bución inapi'Opiadas a las necesidades del
desarrol lo de los países el e Amé r·ica Latina. Impiden el us o
adecuado de los recur·sos r·eales y potenciales; obstacu li zan la
capacitac ión apropiada ele la fu erza de trabajo y el acceso a las
opor-tu ni dades de ejercer esa capacitac ión; y la dificu ltad
distributi va conduce a que los es tratos favorec id os adopten
paut as de consumo que entraiian un considerable des perdi cio
del potencial de acumul ac ión. En última instancia, la desi -
gualdad en la dist ribución de la riqueza y del in greso no sólo es
el fundamento de la inequi dad en el acceso a las oportunidades
de alcanza r una vid a mejor, sino que expli ca n tambi én, por su
influ enci a sobr·e la acumul ac ión el e capital, la incapacid ad para
absorber ele manera productiva a toda la fu erza de trabajo.
Son causas estru cturales que requi eren "reformas estruc-
turales " económicas y sociales que li beren a los recursos
pmcluctivos materi ales y humanos, per·mitiendo su utili zac ión
aprop iada a los fine s del desarmll o, y conduzcan a una
sociedad más igualitari a. En realidad, los objetivos sociales del
desa rroll o - como la elevación del ingreso de los est ratos bajos
y la redu cc ión del ele los alt os, la desconcentración ele la
riqu eza y la equiparación de las oport unidades de movilidad
socia l- tienen ta nto un se ntido en sí mi smos, r· efer id o a la
conformac ión de un a sociedad más ju sta, como una influencia
determi nante sobre las posibilidades de alcanzar los objetivos
pi'Opiamente económi cos. En efecto, aquéll os son condición
necesa ri a para elevar la demanda in terna, au mentar· la tasa de
acumulación de capital y mejorar· la efici encia de su utili -
zac ión. Sólo sob re es tas bases podría soste nerse el programa de
clesa rr·ollo qu e, en lo fundament al, sigui ó teniend o su eje en la
indu stri ali zac ión, su impul so en el Estado y su racionalidad en
la plani ficación)
Quizá la mayor diferencia entre la concepc ión de los años
cincuenta y la de los sese nta radiqu e en ia si gnifi cación relativa
ele los térmi nos de la ecuac ión·"progreso técni co y sus frutos".
En los escritos de los cincuenta, aunqu e los frutos son la razón
de se r del desa rrol lo, tanto desde el punto de vista teóri co
como práct ico tienen un papel subordinado; su mayor o menor
ab undancia y su mejor· o peor di stribución dependen de lo que
suceda con el progreso técni co.
Por tant o, todo el inter·és de Preb isch en aquell os años se
3. Los esc ritos más import antes el e Prebisc h sob re estos temas son:
Desarroll o económico, planeamiento y cooperación internacional (pri ·
mera ed ición en '196 1), CEPAL, Sa nti ago ele Chi le, 1973; Hacia una
dinámica del desarrollo latinoamericano, Fondo el e Cu ltura Eco nómi ca,
México, 1963; Transformación y desarrollo. La gran tarea de América
Lati na, CEPA L/B ID, Fondo de Cultur a Económica, México, 1970.
el progreso técnico y sus frutos
concentra en este últ imo y en sus condiciones in te rn as y
externas. En los años sese nta, en cambi o, se destaca su mayor
preocupación por los fr utos de l desarroll o. Por un lado, insiste
en la neces id ad de ap li car medidas directas de redistribución de
los frutos, desconfi an do de que esa redistribuci ón se obte nga
como subproducto del progr·eso téc ni co, lo qu e ace ntúa la
tonali dad social de sus objetivos de desa rroll o. Por otro, los
fr utos y su dist ri bución afirman su papel como condiciones
fundamentales de la acumul ac ión ele capital, de modo que su
sign ifi cación teórica y práctica aumenta hasta el punto que
termina ocupando el centro del esce nari o. La que hab ía sido
mera va ri able dependi ente se tl' ansfo rmó en un a condi ción
princip al del desa rToll o.
No podr ía decirse, naturalmente, qu e cons id er·e a los frut os
como variabl e independiente; por el contrario, en los años
sese nta ini cia su exploración de las causas de la distribución y
uti li zación de los mi smos, que desemboca en sus proposiciones
sobre la estruct ura económica, social y poi íti ca. Como suele
reconocer, las reali zaba todav ía " a medi a lengua", pero ya
había ganado su concie ncia la idea de que det rás de la des igual
distribución y la ut il ización inapropi ada de los frutos existía
una est ructura pri vil egiada o concentrada de prop iedad, poder
y acceso a las oportu ni dades; el desa rr oll o, si quería abrirse
camin o, tendría que transformar esa es tructura.
Concibe esa transformación como una moder ni zac ión qu e
liber· e las fu erzas contenid as por una est ructura arcaica; la
solu ción no consistía, a su juicio, en cambia r los principios en
que se basaba el siste ma vigente de apropiación y utili zación de
los fru tos, sino en romper las ataduras que le impedían
desp legar su dinamismo potenci al.
Sin embargo, a poco andar, la cambi ante rea lidad lo obliga a
repensar su concepción de los años sese nta: algunas economías
de América Lat ina lograron acelera r considerablamente su tasa
de crecimiento, sa ltando las vallas del patrón de desarroll o
hacia adentro que él hab ía critic ado, pero sólo para dar lu gar a
sociedades aú n más flagrantemente inequitativas. Las econo-
mías lat inoameri canas podían eleva r sus nivel es de progreso
técnico y asumir distintas modal idades de desa rrollo, pero
manten ían su naturaleza inequitativa; en esas circunstanci as,
parec ía impresc indibl e ana li za r el sistema mi smo para des-
cubrir si poseía un mecani smo pervers o que mantenía obst ina-
damente la des igualdad a través de los camb ios . Esa fue su
tarea en los años setenta.4
IV
Al profundi zar el análi sis de los mecani smos internos que
exp lican el funcionami ento y tendencias del cap italismo
perifér·ico, Prebisch vuelve otra vez su mirada hacia los clás icos.
Como es sabido, su fo rmación juvenil fue prefe rentemen te
neoc lás ica; en aquel los años, su interés por esa escuela de
pensamiento lo induj o incluso a traducir un libro de Pan-
taleon i. En los años posteri ores a la cri sis de 1929 buscó
orientación teóri ca y práctica en Schumpeter y Keynes ; el
primero le fu e út il sobre todo para comprender el movimiento
cícli co del desa rroll o capitalis ta y el segundo para concebir
4. La obra de conjunto que sinteti za su pensamiento en el decenio
de los sete nta es Capitalismo periférico, Crisis y tramformaci ón, Fondo
de Cultura Económica, México, 1981.
comercio exterior, d ici embre de 1981
med idas de polít ica que le perm1t1e ran enfrentar las conse-
cuencias negat ivas de ese movimiento.S
Es cierto que con su enfoque "centro-periferi a" Prebi sch se
opuso frontalmente a los clás icos en su interpretació n de las
re laciones económi cas in ternacionales, pero en sus análi sis
intern os estuvo en todo momento cerca de ell os. As í, siempre
ha concebido al desari'OII o como aquell a parte fundamenta l del
proceso ge neral de progreso refe rida a la ampli ac ión de la base
material de sociedades concretas, de manera que el proceso
general debe expresarse en el increment o de la riqu eza
nacional. Asi mi smo, su mayor esfuerzo teó1· ico y práctico se ha
dirigido a conoce r las causas que impul san y obstaculi zan el
desarr oll o y a proponer poi íticas que in fluyan sobre esas causas
en el sentido deseado. En un plano más espec ífi co, coincid e
con ell os también en qu e las causas decisivas internas de l
desarroll o residen en la acumul ación productiva de capital, en
el progreso técni co -entendido como creac ión y apli cac ión de
métodos de producc ión más avanzados- y en la disponibilidad
de fuerza de trabajo, aun que esta últ ima tiene para él una
dis tinta signifi cac ión .
Como es evidente, esa herencia clásica constitu ye una parte
importante de su idea permanente de desarro ll o. Mas la guía
que le brindan los clásicos se man ifiesta aú n con mayor
claridad en su análi sis de los mecanismos y fuerzas internas que
rigen el funcionamiento y dir igen las tende ncias del capita-
li smo perifé rico. En ese análi sis, reali zado en los años se tenta,
retoma y redefine el concepto de excedente - de origen
fi siocrático- y por medi o de su exame n, y del de las relaciones
entre acumul ación y distr ibución, conclu ye que la cuantía y
ori entación de la primera dependen del tamaño y utili zación
del excede nte; y que estos últ imos están supeditados a las
formas predominantes de aprop iación y disposición del exce-
dente po r las di st intas clases soc iales. O sea, al insistir en el
papel estratégico de la di st ribui ón del ingreso, en tanto
manifestación de la apropi ación y uso del excede nte, Prebisc h
pone en evidenc ia su marcada prefe rencia por el ace rvo clás ic(jl .
De todas maneras, y cualesqui era fueran sus raíces teóricas,
a medi ados de los años setenta encontró en la dirección de la
Revista de la CEPA L la tranquil idad sufi ciente pa ra reconsi-
derar su análi sis de l funcionamiento in terno del capitali smo
periférico; y, así como a fines de los años cuarenta as ienta su
exposición en la críti ca de la teoría clás ica de la división
internacional del trabajo, en los sete nta la afirma en la críti ca
de la teorí a neoc lásica de la distribución. Infortunadamente, ni
la ganancia se evapora, ni los precios bajan, ni los salari os
su ben como supone esta teorí a, de manera que la dist ri bución
res ultante no es equitativa.
Por detrás de la desigua l distribución de l in g1·eso está la
est ructura de poder; los acto res sociales, con sus dist intos
grados de poder económi co, soc ial, polí tico y cu ltural, tienen
capac idades desiguales para ap ropi arse de l excedente.
En una primera imagen del capitali smo periférico, Prebisch
desc ribe una sociedad marcadamente bip olar. Por un lado, la
fuerza de trabajo, por su misma "abundancia", es incapaz de
retener el fruto que ell a mi sma contribu ye a ge nerar; por otro,
los propietarios de los med ios product ivos, por el poder que
5. Recuérdese su ob ra Introducción a Keynes, Fondo de Cul tura
Econó mi ca, Méx ico, 1947 .
1355
esa prop iedad les confiere, pueden aprop iarse de esos frutos.
Asimi smo, si la prop iedad de los med ios productivos les
permi te la ap ropiación de los frutos, el control directo o
indirecto de los mecani smos monetarios les pe rmite rete nerl os,
evitando que bajen la demanda y los prec ios más all á de cierto
1 ímite.
De acuerdo con la tesis clás ica, el uso que los actores den al
excedente que se apropia n in fluye de manera dec isiva sobre el
ritmo y la ori entación del desarroll o; en el caso específico del
capitali smo peri fér ico -sostiene Prebisch- los estratos que se
ap ropian del excede nte lo utili zan sobre todo para imitar las
pautas de consumo de los centros. Este comportamiento en los
estratos superiores tiene consecuencias de largo alcance. En
prime¡- lu gar, influ ye en la composició n de la demanda, que
expresa el consumo "diversificado" y "elevado" de los estr"atos
superi ores. A su vez, esta composici ón de la demanda pesa de
manera decisiva sobre las grandes opc iones que determinan la
modali dad de desari'OII o: la naturaleza de l progreso técnico
que se est imul a (diversificación de bienes en vez de mejoría de
los métodos pr oductivos}; el ca rácte r de las inve rsiones (no
reproductivas en vez de reproductivas); el tipo de se rvicios
estatales y privados qu e se brindan (eli t istas en cambi o de
popu lares), etc. Naturalmente, todo ell o resulta también
dec isivo en la conformación de la es tructura product iva y de la
fu erza de trabajo, sobre todo en algu nos aspectos importantes
como el grado de concentración económica y espacial y el
nivel de heterogeneid ad est ructural. En segund o lu ga r, desde el
punto de vista social, se constituye una sociedad inequitativa
donde el consumo privil egiado coexiste en el infraco nsu mo. En
terce r lu gar, esta modali dad de desarroll o reduce el ritmo de
ac umul ación de capita l reproductivo y, en consecuencia, el
ritmo de elevación de l ingreso medi o y de absorción produc-
tiva de fue¡·za de trabajo; por cierto, esta última tambi én es
afectada por el crecimiento de la población. Prebisch resume
todas estas cMacteríst icas en lo que denomina "tendencia
exc lu ye nte" de l capita li smo periféri co.
Esta es la imagen bás ica que presenta del capitali smo
periférico. Y es básica en dob le se ntido: por un lado,
corr esponde a las primeras etapas hi stóri cas de l mismo; por
ot ro, es el sustrato o confor mac ión esenc ial que es tá por detrás
de todas las variaciones hist óricas y geográfi cas de este t ip o de
desarroll o.
Esta modalidad básica del capitali smo peri férico se mo-
difica sobre todo a causa de la presencia de nuevos grupos
que emergen corn o co nsecuenci a de los cambios económi cos y
sociales que el mi smo desarroll o provoca. Esos grupos asp iran a
compartir el excede nte, para lo cual impulsan el proceso de
democrati zac ión que, en bu ena med ida, satisface y legitima
esas asp iraciones. Durante ese proceso, los grupos emerge ntes
aumenta n su poder social, sindical y poi íti co, 1 o que les
permite cambi ar en parte 13 apropi ació n y uso de l excedente,
lo que a su vez afecta tanto a la estruct ura económica y soci al
previa, transformándola en cie rta medida, corn o al Estado, que
se "hipertrofia" en cuanto a sus ingresos, gastos y fu erza de
trabajo, en su afán de satisfacer las demandas de los diversos
grupos sociales, inclui dos los que alberga en su propio se no.
Sin embargo, esta pugna dist ributi va por la ap ropiac ión y el
uso del excedente no puede regul arse mediante los mecani smos
monetarios t radicionales y culmina en la esp iral inflac ionari a y
1356
en la cmrs económica y poi ítica; en esas circunstancias,
reaparecen las fu erzas res taur-adoras qu e procuran reordenar el
funcionamiento de l sistema imponiendo de manera autoritari a
los cr it eri os bás icos de ap ropiación del excedente. Prebisc h
cree que estas res tauraciones no son es tables pues las fuerzas
democratizadoras volverán a abrirse paso provocando un nuevo
ciclo de redistribución, cri sis y restauración. Es la "tendencia
con flictiva" del sistema. A su juicio, el cap itali smo periférico
es intrínsecamente inestable debido a que si bien los est rat os
superi ores dominan la clave de l din amismo económico - la
ac umul ac ión- no pueden evitar de manera permanente la
presión redistributiva de los es tratos populares; estos últ imos, a
su vez, pueden obtener poder redistributivo, pero al carecer del
control de la acumul ación no pueden orientar con fir·meza al
sistema, que se precipita con rapidez haci a la cr isis.
No se podrían precisar siqu iera los li neamientos de la
solución que propone; va lga sólo señalar que ell a se encamina a
democratizar la ap ropiación y el uso del excedente med iante
mecanismos e instituciones qu e permitir ían alcanzar el desa-
rroll o económico, la equidad social y la democracia poi ítica. Por
cierto, Prebisc h nun ca se ha caracterizado por proponer
objetivos de alcance limi tado.6
V
Del mismo modo que la cnsrs económica de 1929, la que se
desata en 1973 t iene la virtud de permitirle ver con más
clar idad las cond ici ones y obstácul os del desarrollo. De
partida, advierte que el crecimiento impresionante de 1 os
centros no fue sólo causado por el progreso técnico, pues en él
también desempeñó un papel decisivo la disponi bil idad de
energía barata. Aún más, esta disiponibilidad impulsó una
modalidad de progreso técnico cuyas consecuencias son ahora
evidentes: por un lado, lo orientó hacia una explotación
abusiva e irrac ional de recursos naturales agotables; por otro,
lo convirt ió en un formidable instrumento de deterioro y
contaminación de l ambiente. En realidad, Prebisch llega a la
conclusión de que tanto esos dos elementos -progreso técnico
y energ ía barata- como todos los otros que han intervenido en
el desarrollo de los centros han estado al servicio de la
conformac ión de una orga nización económica y social cuyo
fundamento, razón de ser y dinamismo radican en la diversi-
ficación incesante de bienes y servicios; asimismo, las causas
poi íticas y económicas que hi cieron posible y mantuvi eron
durante muchos años la disponibilidad de energía barata
también ponen de manifiesto que la conformación de esa
"sociedad de consumo" se basó en el poder de los centros
sobre la periferia. Esta última, pese a darse cuenta del
desperdicio de recursos, necesitó muchos años para poder
hacerse oír e im poner su propio criterio.
Estas conclusiones sobre la crisis afectan su idea de
desarroll o_? El progreso técn ico siempre tiene dos caras, a
menudo estrechamente vincu ladas : por una parte, mejoría de
los métodos productivos, que redun da en aumento de la
productividad del trabajo; por otra, diversificación de bienes y
servicios para aumentar su eficacia o confer irl es mayor
6. Estas ideas las desarroll ó e n su obra Capi talismo periférico. Cri sis
y transformación, ya citada .
7. Véase, en espec ial, Raúl Prebisch, " Biosfe ra y desarroll o", en
Revista de la CEPAL , núm. 12, diciembre de 1980.
el progreso técn ico y sus frutos
prestrgro social. Prebisch siempre creyó que el primero es el
tipo de progreso técnico que conviene al des arrollo, pero su
examen del cap ita lismo en la periferia y en los centros lo
conve nce que ha quedado subordinado al segundo. En los
centros este fenómeno trae como conse cuencia el derroche y el
deterioro ecológico; a ell os se ag regan, en la periferia, la
exc lusión y el confli cto. Por tanto, el progreso técnico esconde
un a ambivalencia que obliga a tratarlo con cuidado; más que
un instrumento necesariamente beneficioso para el desarroll o
es una fu erza que requi ere orientación y control.
Su visión de la crisis actual también forta lece y amplía su
crít ica de la sociedad de consumo, en tanto supuesto modelo
ideal de sociedad que deber ía orientar al desarrollo. Desde sus
primeros trabajos censura Prebisch las pautas de consumo de
los estratos altos, que imitan a sus semejantes de los centros,
porque son incoherentes con los requerimientos de acumu-
lac ión de capital. Referida a la periferia, mantiene esta
conclusión a lo largo de los años; la crisis actual le permite
afirmar que, aparentemente, este modelo tampoco es apro-
piado para un desarroll o saludable de los centros por sus
consecuencias ecológicas.
Pero la crít ica de la sociedad de consumo abre las puertas al
problema más complejo, que se refiere a la posibilidad de que la
periferia pueda imi ta r el desarroll o de los centros. La respuesta
de Prebisch a esta cuestión ha ido cambi ando a lo largo del
t iempo. En su primera época cepalina afirmó la tesis -que ha
mantenido siempre- de que la periferia no puede seguir en su
desarroll o el camin o de los centros; sus rasgos específicos, que
derivan de la condición periférica, la obli gan a buscar su propio
camino (y a construir su propia teoría del desarrollo). Mas el
modelo de sociedad que deseaba alcanzar en aquell os años por
medio del desarrollo era el urbano industri al, típico de los
centros. Con el paso del tiempo, la exacerbación del consumo
en los cent ros y las críticas a que es sometido van cambiando
su criterio hasta que la crisi s de los años setenta lo convence
definitivamente. La diversifi cación incesante de l consumo
imi tativo no puede constituir el camin o del desarrollo, ni la
sociedad de consumo puede ser el objetivo del desarroll o; la
principal enseñanza de los años recientes es que no se trata
sólo de una negación ética sin o también de una imposibilidad
práctica. Sin embargo, esta convicción no lo ll eva a repudiar la
civi li zac ión industrial, pues só lo ell a pe rmite mantener la
es peran za de una vida material mejor.
La civili zación industr ial debe ser reorientada tanto en los
centros como en la periferia para sacarla del call ejón en que se
ha metido; por cierto, el costo de la reorientación en los
cent ros recaerá también sobre la periferia, agravando sus viejos
problemas de acumul ac ión y estrangu lamiento externo.
Entonces, ¿hacia dónde debería la periferia reorientar su
desarroll o? Prebisch cree, al igual que Medina, que el
desarroll o es una decis ión tomada en el marco de una
fatalidad . Es la búsqueda de una mejoría de las condici ones de
vida, de la equidad social y de la democracia política en el
marco de condiciones que se refieren a la situación periférica y
a los principios básicos de distribución y acumul ación, y
dentro de lími tes relativos a la disponibilidad y uso de los
recursos. Las condiciones y los límites indi can las fronteras del
mínimo necesario y del máximo posible. Dentro de ell as, que
predominen la razón y la libertad. D