A í t C. MARTES 18 DE AGOSTO DE 1914. EDICIÓN x.» PAG. 6.

Y un camarero del café Royal, un cama-
rere alemán, también se ha matado abrien-
do una vena. No ha podido resistir la
^stilidad de sus compañeros franceses, y
e ha quitado la vida. Osear Wilde, que fue
-oiduo^ concurrente á este café—donde aun
continúan reuniéndose los extranjeros y los
¿•listas—, hubiera hecho una bella página
••on la vida y la muerte de este pobre día-
alo, al lado de cuya alma sensible y noble
aeiaos pasado tantas veces, sin sobpecharla...
Ha llamado mucho la atención el fraca-
so de las organizaciones socialistas para
í>'itar la guerra. En Alemania e! órgano
~ei_ partido hizo un caluroso elogio del
- «ser en el momento en que la guerra se
declaraba. En Bélgica, M. Vandervelde ha
-~cp ado una cartera en el Gobierno para
- -niñear que los socialistas están juntos
•1 las demás cla=es y con los partidos bur-
* eses en la defensa de la Patria. En In-
- ierra no ha habido discrepancia en el
^-lamento, y no se ha hablado ni por un
stante de la huelga, á que los obreros van
cualquier futesa frecuentemente. En
icia kas'a Gustave Hervé ha ido á com-
1
por su Patria, siendo así que estaba
del "ervicio militar por defecto físi-
: Ha'anda, Mynheer Troelstra, jefe
_i>o socialista, ha aprobado y apo-
Í-S jaedidas de movilización...
evicsiutc cue en este conflicto alguien
r.iíén y alguien no la tiene. Sin em-
o, ¡es socialistas se han limitado á
1 v^ilar platónicamente contra la guerra
r
-^ de que se íompiesen las hostilidades,
ínejor dicho, antes de que se empezase
•Movilización. Esto en todos los países.
-o la ac'itud resuelta y gallarda de re-
tir al mandato de las oligarquías milita-
- no la han tenido en nineuna parte.
—Es que la máquina militar—se dice—
Hera cogido á los directores del movi-
i-ínto y los hubiera fusilado.
, Ah. vamos! Los socialistas qu eren, co-
<a dicen los ingleses, hacer tortillas sin
o*nper huevos. Su entusiasmo por la paz
• , ¡lega hasta arriesgar por ella la vida. Es
' >cir, que han tenido miedo para hablar
iraKente... Pero, de todos modos, ¿no se
-'penen, y quizá con más certeza, á morir
1 la guerra? i Pues, entonces...! Entre
lorir por el propio ideal y morir por una
"¡ea abominable, ¿cómo puede ser la elec-
:ián dudosa?
La idea nacionalista ha sido mas fuerte
iue. el internacionalismo; la idea de la gue-
-ra, más fuerte que la idea de la paz. Yo
"o pienso que esto sea loable. Pero cuando
el ajundo civilizado es asi predicar en nues-
TS país el odio al ejercicio de las armas
, el pacifismo á toda costa constituye una
torpeza ó un crimen que no se puede to-
lerar.
Lejos de aplacarse la inquietud que el pú-
>!ic® siente, aumenta á med da que se su-
ceden los días. Muchos ed.ficios públicos
•«*án custodiados militarmente, en previ-
s'ón de un raid, por residentes alemanes
'uramentados. Es posible, por ejemplo, ó
•ería pos.ble si no se hubieran adoptado pre-
cise ones, volar aleunos puentes, algunos
f'i^cios públicos, alguna estación estraté-
- cimente situada para los movimientos de
'- 3 fuerzas territoriales. Y^ todavía más,
; ?~r un pánico en Londres ó en otras ciu-
' íes, volando los depósitos de agua, via-
• eos 6 cañerías que surtan á los grandes
- ai-og de población. Como se trata de una
'•' a terrible, en la que no se ahorrarán
' .' i 03 de destrucción—y los germanos, co-
¡0; indo minas flotantes en el mar del NTor-
L
e
l
':n preocuparse de la suerte de los bu-
uis neutrales, han probado que no se de-
tendrán ante ningún escrúpulo—•, sería re-
lativamente fácil á los espías sembrar gér-
menes coléricos ó de otra epidemia cualquie-
ra eu aquellos mismos conductos de agua
á fin de producir en Londres una espanto-
sa mortandad. Para prevenir en lo posible
esa acción de los "desesperados", las au-
toridades han adoptado muchas medidas.
Se han colocado redes de alambre sobre
muchos edificios para evitar las bombas que-
se pueden arrojar desde los dirigibles. Los
arsenales, puentes, cuarteles, estaciones fe-
rroviarias y telegráficas, fábricas de ar-
mas y municiones, están custodiados. Los
que estamos habituados á ver las calles de
Londres encontramos inusitado y pintores*
co el ir y venir de las patrullas de solda-
dos que van á incorporarse, de los desta-
camentos de Caballería, de los camiones au-
tomóviles empleados por la autoridad mi-
litar, que á cada instante cruzan veloz-
mente.
Y esperando á los dirigibles alemanes es-
tamos. Presumo que aguardarán á que las
noches no s:-an tan claras. La distancia
desde Heliroland es relativamente corta y
pueden recorrerla en unas horas. La pre-
sencia de esas máquinas de guerra consti-
tuirá un espectáculo grandioso y horrible,
que todos. los corresponsales estarnos de-
seando ver para dar una descripción grá-
fica al lector.
Madame Mignon es lavandera y plan-
chadora en el barrio de Soho, inmediato á
Picadilly Circus. Todos los camareros cos-
mopolitas de los centenares de restaurants
que hay por allí cerca tienen sus camisas
brillantes lavadas y charoladas por madame
Mignon. Es una mujer vieja, gárrula é íra-
cuanda, capaz de luchar y vencer á su clien-
tela verbalmenfe con procacidades de to-
das las lenguas del mundo.
Madame Mignon—cuenta The Star—está
acongojada y arrepentida de la aspereza
con que ha tratado toda la vida á los pobres
muchachos. Casi todos se han ido á los
Ejércitos continentales, dejando en su po-
der las camisas de la última semana. Mu-
chos fueron á despedirse de ella.
—Alors, Mine. Mignon, (a y est. Maña-
na nos embarcamos. A la vuelta nos entre-
gará usted la ropa, limpia y preparada ya,
para volver á la tarea.
Llorando, la vieja francesa se reprocha
á sí misma:
—J'ai dé mechant avec eux. Pobres hi-
jos. Ahí están sus camisas. Muchos de ellos
no volverán...
Un cortejo venía cantando la Marselle-
sa. Madame Mi «non salió frenética:
—,; Fs verdad? ,; Es verdad que Inglate-
rra está al fin con nosotros?
—Sí, sí.
Madame Mignon se echa á llorar. Lue-
go, con heroica sencillez:
— Si Inglaterra está con nosotros, yo le
lavaré y plancharé sus camisas... gratuita-
mente...
JUAN PUJOL.
LAS ES CUADRAS
Los marinos alemanes.
Fl contraalmirante von Tirpitz, ministro
de Marina en Alemania desde 1897, no es
un lobo man'no ni mucho menos, pero sí
un excelente técnico en ma'erias navales
y un organizador excepcional, que es pre-
cisamente lo que se necesita para manejar
el complicado organismo de una flota mo-
derna en nación que aspira á dominar los
mares.
La creación del Flotienverein, podero-
sa Liga marítima, de carácter semioficial,
que cuenta con más de un millón de miem-
bros, y la organización de la oficina de lá
Prensa, de donde salen artículos tenden-
ciosos que publican periódicos de todos los
matices, son obras de von Tirpitz, que acre-
ditan su poderosa inteligencia y su férrea
voluntad, consagradas durante diez y sie-
te años á acrecentar el poderío naval da
Alemania.
A raíz de la guerra franco-prusiana era
deficientísíma, por todos los conceptos, la
Marina del pueblo alemán. Comprendién-
dolo así Guillermo I, confió á von Caprivi
la formación de una escuadra, que fue
creándose lentamente. Los primeros barcos
de esta flota, guardacostas de marcha len-
ta, con buen armamento, pero con escasa
protección, eran á propósito para comba-
tir protegidos por la artillería de los fuer-
tes que defienden la costa alemana, aun-
que ineficaces para la lucha en alta mar.
Poco á poco y sin plan fijo en materias
de construcción naval fue aumen'.ándose el
número de los barcos de guerra en Ale-
mania, á la vez que mejorando su cond
:
-
ción. Pero la organización de la Marina
de guerra, con bases fijas y con amplio
y seguro criterio, no ha comenzado, en rea-
lidad, hasta 1898, por iniciativa del actual
Emperador, decidido partidario de los ar-
mamentos navales indispensables para la
defensa del territorio y la protección del
comercio alemán, que se extiende como
mancha de aceite por todo el planeta
La ley de 1898 fija las bases de la reorga-
nización naval; las de 1900, 1906. 1908 y
1912 establecen aumentos considerables en
las escuadras del Imperio; la que habría
votado el Reichstag en otoño del año ac-
tual, de no ocurrir la guerra europea, con-
tiene los créditos necesarios para construir
nuevos cruceros, destinados á defender las
colonias. Las iniciativas del Emperador Gui-
llermo en materias navales no han encon-
trado seria oposición en el Parlamento, si
se exceptúa la del grupo socialista, porque
la Marina es popular en Alemania que tie-
ne inmensas riquezas diseminadas en todos
los mares del Globo y necesita ampararlas
con los cañones de sus buques de guerra.
La Prensa ha publicado en estos días, con
motivo del conflicto europeo, estudios com-
parativos de las armadas que se disponen
a luchar en los mares de Europa. Estos es-
tudios han divulgado el conocimiento del
número de barcos con que cuentan las na-
ciones beligerantes; de los cañones que
montan estos barcos; de las toneladas que
suman; de los torpedos que pueden dispa-
rar, y de las velocidades que alcanzan. Lo
que apenas se ha d:cho es algo de lo mucho
que puede decirse acerca de la organización
de sus tripulaciones, de la instrucción na-
val que tienen y del espíritu que anima á
los que conducen por los mares las podero-
sas moles de los acorazados ó las minúscu-
las y terribles masas de submarinos y tor-
pederos.
Los marineros que tripulan los barcos
de guerra alemanes se recluían en el Ejér-
cito de tierra, al distribuirse el contingente
entre las diversas armas de combate. El
soldado alemán ya á la escuadra como po-
dría ir á un regimiento de Infantería ó de
Artillería, aunque siempre se prefier.e cara
este servicio á los nacidos en las costas v
familiarizados, por tanto, con la vida de
mar. De esta gente se nutren los cuadros
de la marinería, que se ocupa en funciones
propias del arte marino; de los demás re-
clutas se obtiene el personal afecto al ser-
vicio de los cañones, al de las torres, al de
guardias interiores y á otros muchos pro-
pios de los modernos barcos de guerra, cu-
yos múltiples y complicados mecanismos
requieren numeroso personal, especializada
en su manejo. __
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ABC (Madrid) - 18/08/1914, Página 6
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