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PREGUNTA 1: Relaciona este texto con su contexto literario e histórico artístico,
señalando asimismo de estos contextos sus aspectos fundamentales:
El presente texto pertenece al gran poeta nicaragüense Rubén Darío (Félix Rubén
García Sarmiento 1867-1916), padre del modernismo; movimiento que surge con
sentido despectivo y que se caracteriza por su novedosa actitud vital y artística,
vinculada a la rebeldía contra los dogmas e imposiciones sociales burguesas, tan del
gusto del realismo. Los modernistas pretendían con su arte destacar el aspecto
sensorial, estético e idealista de las cosas, como bien definió Valle Inclán.
Se inicia hacia 1880 y se prolonga hasta la 1ª Guerra Mundial (1914), influyendo en
corrientes y movimientos posteriores. La ruptura con lo anterior viene propiciada por
la crisis ideológica y espiritual de fin de siglo, caracterizada por una España dividida
entre tradicionalistas y progresistas, un país en decadencia que retrocede perdiendo
colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), mientras que otras naciones afianzan su
imperio. El “desastre” del 98 inevitablemente hará cobrar conciencia de la debilidad
del país. La sociedad española se compone en su base por una masa rural dominada
por el caciquismo, a la que se añade un proletariado industrial, frente a la ambición
y lujo de las clases privilegiadas. Políticamente, Alfonso XIII llega a la mayoría de
edad en 1902; en el gobierno siguen alternando conservadores y progresistas, sin
que ni unos ni otros aporten soluciones nuevas. La lucha revolucionaria adquiere
proporciones gravísimas en la “semana trágica” de Barcelona (1909). En 1911 se
funda la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores), sindicato de inspiración
anarquista.
España como Europa participa de las filosofías nihilistas y existencialistas de
Nietzsche, Schopenhauer y Kierkegaard, apoyándose en la desconfianza en la razón,
en el auge de corrientes irracionalistas. La seguridad positivista es sustituida ahora
por la idea de “indeterminación”.
En literatura, la nueva sensibilidad estética marcará un antes y un después, como lo
hizo el libro de Darío, Azul (1888), lleno de modernismo preciosista. El impulso
decisivo de la poesía modernista en España se deberá a la llegada de Rubén a
España en 1892, el cual seduce con su brillantísimo talento a multitud de jóvenes
poetas inconformistas y pronto será un maestro para muchos, como Manuel
Machado o Juan Ramón Jiménez.
El Modernismo hispánico es una síntesis de dos importantes movimientos franceses
del XIX: Parnasianismo y Simbolismo. De los parnasianos
1
viene la concepción de
la poesía como bloque marmóreo, los temas exóticos, los valores sensoriales. Y de los
simbolistas
2
el arte de sugerir y la variada musicalidad. A ellos habría que añadir
otras influencias americanas
3
, italianas
4
, etc.
Por encima de todo, el Modernismo está presidido por la búsqueda de lo bello, con
unas notas de aristocracia espiritual, de elegancia y de exquisitez opuestas a cierta
ramplonería burguesa. Renuevan las posturas aisladas y orgullosas del
romanticismo. El estilo modernista se caracteriza por una profunda renovación del
lenguaje; la utilización del color brillante o matizado y la musicalidad variada se
consigue gracias a un prodigioso manejo de la lengua. Son maestros de recurso

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fónicos y valores evocativos del léxico, adjetivación ornamental, sinestesias, símbolos,
y recursos con valor decorativo. Los versos preferidos son el alejandrino, dodecasílabo
y eneasílabo.
La temática se reparte entre la exterioridad sensible y la intimidad del poeta. La
exterioridad se caracteriza por la evasión hacia lo lejano e insólito, el gusto por lo
clásico, lo mitológico, lo pagano, los escenarios medievales, renacentistas o
dieciochescos. Del mundo contemporáneo, se prefiere lo cosmopolita, París será la
ciudad devota por Rubén Darío y los modernistas. La intimidad estará animada por
un intenso vitalismo que explica la sensualidad de muchos poemas o por melancolía,
nostalgia, síntoma del malestar romántico y el desacuerdo con el mundo circundante.
El gusto por lo otoñal, lo crepuscular o lo decadente serán reveladores. No olvidemos
que Bécquer fue uno de los poetas influyentes en Darío y al igual que el poeta
romántico publicará un libro titulado Rimas (1887), el mejor ejemplo de lírica intimista
y sentimental del modernismo. Otros libros suyos son Prosas profanas (1896), libro
cosmopolita y de plural cultura, una visión estética de la historia y de la mitología; y
Cantos de vida y esperanza (1905), en el que se incluye nuestro poema y que es un
libro de madurez vital y artística, sólido y profundo, lleno de contrastes.

PREGUNTA 2: Analice la estructura y las principales características temáticas y
estilísticas de este texto relacionándolas asimismo con su contexto más inmediato.
En este poema de Cantos de Vida y esperanza (1905) titulado Lo fatal se puede ver la
desazón espiritual, la reflexión angustiada sobre el sentido de la vida, en contraste
con la certeza de la muerte; por lo tanto, corresponde a esa otra línea del
modernismo que nos conduce a la intimidad dolorida del poeta.
La estructura externa es la de un soneto truncado con dos cuartetos y con el
segundo terceto reducido a dos versos, o bien tres estrofa de dos serventesios de
versos alejandrinos, verso por excelencia del modernismo, con rima consonante
(ABAB-CDCD-EFEEF) y un último serventesio con el último verso fragmentado en
dos, un eneasílabo y un heptasílabo.
Se puede dividir en tres partes. La primera abarca los cuatro primeros versos como
introducción al tema. Da comienzo con un Beatus Ille inverso del que celebra la vida
contemplativa y expresa el dolor del hombre por sentir y ser consciente frente a los
otros seres naturales, que no sienten esa incertidumbre vital. Se puede ver la
gradación (piedra ya no siente, árbol apenas sensitivo, hombre sensitivo y
consciente). Las antítesis sensitivo-no siente marcan esta diferencia entre los seres.
La sinonimia de dolor-pesadumbre, ser vivo-consciente, más grande-mayor, y el
paralelismo de los vv. 3 y 4 insisten en la idea pesimista de que es mejor no sentir y
no pensar, para no tener que reflexionar sobre la vida y la muerte. La negación que
acompaña en todos los versos la acentúa más (apenas, ya no, no hay, ni) la visión
negativa de la existencia.
En la segunda parte (vv 5 al 11) desarrolla el tema de la angustia por la
incertidumbre de la vida, en contraste con la certeza de la muerte. Esa
incertidumbre se refleja en los saltos que da su pensamiento entre los dos extremos

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positivo y negativo, vida y muerte, ser y no ser, saber y no saber. Para expresarlo se
vale de antítesis (ser/ no haber sido, por la vida/ por la sombra metáfora de muerte),
el polisíndeton sirve para repetir todo tipo de males que ofrece la existencia, que
hacen sentir temor, terror y espanto en gradación ascendente, tanto en el presente
(ser sin rumbo cierto), en el pasado (temor de no haber sido) como en el futuro (espanto
de estar mañana muerto).
El debate existencialista se ve en la paradoja de la certeza del futuro incierto
expresado en la antítesis (espanto seguro/sin rumbo cierto) y acentúa esa
contraposición con los versos paralelísticos 10 y 11, que reflejan la antítesis de los
placeres de la vida frente al dolor de la muerte (la carne-la tumba, metonimias de
vida y muerte respectivamente; que tienta-que aguarda, verbos que personifican a la
carne y la tumba; con sus frescos racimos- con sus fúnebres ramos, antítesis de
frescos frente a fúnebres y sinonimia de racimos con ramos).
Todo ello hace que los recursos se agolpen y se solapen unos con otros, en juegos
constantes de palabras, sobre todo sustantivos del campo semántico del dolor y
adjetivos. La presencia de los verbos se limita a presentes atemporales del verbo ser,
estar, sentir, saber, conocer que dan voz a divagaciones universales propias de
cualquier ser humano a lo largo de la vida. El llamativo el uso del infinitivo (ser,
saber, estar, sufrir) que le da neutralidad a la acción o la primera persona del plural
para generalizar (conocemos, sospechamos) redunda en esta idea universalizadora.
Para terminar la última parte se reduce a modo de conclusión a los dos últimos
versos en los que condensa lo dicho anteriormente, ahora con otro recurso más
enfático si cabe, la exclamación. Haciendo uso de los mismos recursos anteriores, el
paralelismo y la antítesis (vamos, venimos).
Ruben Darío da muestra en este poema de la riqueza de recursos usados por los
modernistas para expresar una temática referida a afanes intemporales del alma.
Este poema es ejemplo del hecho de que no podemos prescindir de este autor dentro
de la literatura española porque sin él no se puede entender lo que fue el
Modernismo, el Noventayochismo, Antonio Machado, JRJ o la G. 27


1
Theophile Gautier, Leconte de Lisle…
2
Verlaine, sobre todo.
3
E. A. Poe, Walt Whitman.
4
D’ Annunzio.