Ley sobre el Toreo, un asunto filosófico.

| Filosofía del Derecho | Juan Sebastián Salamanca©

Ley sobre regulación o prohibición del Toreo, un Asunto Filosófico.

Resumen
El toreo se ha convertido en un problema de índole social y Ética. Por una
parte están sus defensores que cuentan con el aval y apoyo de los
legisladores, y en otro los defensores de los animales y animalistas que han
radicalizado la oposición a la fiesta brava. En medio de estas posturas se
encuentra la ciudadanía en general, mucho más cercana a los opositores del
toreo, que sin embargo no comprende la profundidad e implicaciones Éticas
de una legislación que permite o prohíbe un espectáculo que se le ha
intentado asociar con el arte y la cultura, o con la incivilización y el morbo,
por igual. Muchos son los pensadores y posturas filosóficas que se evidencian
en un análisis crítico de la Ley y en una propuesta objetiva respecto al toreo.

Palabras Clave:
Ética, Toreo, Derechos Animales, Compasión, Ley 916, Tauromaquia, Fiesta
Brava.

Abstract
The Bullfighting has become in a social and ethical trouble. Exists the
defenders and fanatics that have the suppor and approval of the lawgivers,
also exists the animal defenders and the self-called “animalist” who
radicalized the oposition of the Bullfighting. The common citizens are
between these postures, but the oposition is more supported, however the
ethical depth and involvement of a law which allow or ban an show that has
been associated with arts and cultura, or incivilization and sadism, alike. A lot
of thinkers and philosophical positions are evident in a critical analysis of the
law and an equal approach about the bullfighting.

Key Words:
Ehtic, bullfighting, Animal Rights, Compassion, Law 916 (Colombia),
Tauromachy, “Fiesta Brava”.

Se aclara que el autor del presente artículo no posee
conocimientos profundos en jurisprudencia o Derecho
constitucional colombiano.

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En los últimos años, en la gran mayoría la civilización occidental, se ha
despertado un interés por la protección, trato y cuidado de los animales. Un
tema que puede rastrearse hasta los anales mismos del pensamiento humano,
desde que el hombre empezó a plasmar su pensamiento en escritos, el asunto
del proceder humano respecto a los animales ha sido un punto tratado
ampliamente. Nuestra contemporaneidad ha dado a este tema una importancia
vital, convirtiéndose en una de las problemáticas principales de las Éticas y
Morales, de los filósofos y politólogos, y por supuesto del Derecho, los
juristas y las constituciones.
En el mundo son varios los ejemplos de esta problemática y las posturas tanto
ideológicas como prácticas, desde el famoso “anarco-veganismo”, hasta las
campañas publicitarias de Peta (People for the Ethical Treatment of Animals)
y la llamada “acción directa” de grupos como el SeaShepred (una flota naviera
dedicada a sabotear la pesca de especies en peligro) y el radical Frente de
Liberación Animal (organización dedicada a sabotear la experimentación en
animales, considerada criminal y terrorista en algunos países). No obstante en
materia jurídica, el mundo del Derecho se ve rezagado, al compararse con las
iniciativas de los ciudadanos alrededor del mundo.
Son pocos los países que cuentan con una legislación que protege a los
animales, entre los que se destacan los países continentales de la Unión
Europea, Inglaterra, algunos Estados de la Unión Norteamericana, Canadá y,
por obvias razones religiosas, India. Colombia por su parte, “nación en
surgimiento” que es, experimenta las iniciativas ciudadanas, e incluso
propuestas y posturas políticas “eco-amigables”, a tal punto que los juristas y
legisladores han empezado a interesarse por estos aspectos. Como resulta
previsible en un país como Colombia, el proceder ha sido copiar modelos
extranjeros y batallar con una férrea oposición de sectores conservadores que
consideran improcedente versar sobre Leyes de protección animal, en un país
tan lleno de problemas respecto a los propios humanos.
Para el caso colombiano, el ejemplo por antonomasia de la Ley de “protección
a los animales”, que es el más ampliamente citado, no sólo en la academia y
las cortes, sino en la cotidianidad mundana del ciudadano de a pie, es el
espinoso asunto del toreo. Extrañamente, ésta no es una Ley que protege al
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animal, todo lo contrario, es una Ley que busca un sustrato jurídico que
legitime el toreo. La Ley 916 de 2004
1
.es Una Ley que resultaría simpática y
hasta ridícula en cualquier otro país, pero que, por la realidad colombiana, se
hace necesaria.
La Ley inicia justificando su razón de ser. Fundamenta la necesidad de una
legislación que regule el toreo en Colombia:
“En garantía de los Derechos e intereses del público y de cuantos
intervienen en aquellos.”
En otras palabras, esta Ley sirve y regula a los toreros, piqueros, criadores,
ganaderos y demás participantes de la corrida; al público que asiste a las
mismas; y por supuesto, a quienes se lucran de este espectáculo, es decir, los
empresarios del toreo.
La existencia de una legislación sobre el toreo, denota una fuerte influencia
kelseniana dentro de la constitución política colombiana. Es primordial que la
constitución incluya al toreo dentro de sus disposiciones, con el fin de
legitimarlo. Si el toreo está definido, regulado y salvaguardado dentro de la
Ley positiva, está totalmente permitido el espectáculo. Asimismo, la Ley se
presenta de tal manera que evita demostrar algún sesgo ideológico, e incluye
un referente teórico-científico mediante el cual, busca la “imparcialidad
positivista”:
“Los espectáculos taurinos son considerados como una expresión
artística del ser humano.”
Esta frase, aunque pueda parecer una simple aseveración, contiene en una
seria y profunda concepción del arte, que supone un juicioso análisis por parte
de los juristas respecto al significado del arte, y la clasificación de las
expresiones artísticas. Esto a su vez supone que los juristas se asesoraron por
un grupo de expertos en la materia que esclarecieron tales aspectos, brindando
un rigor científico, que en este caso, por tratarse de una actividad cultural y
artística, más que ciencia, se trata de academia y erudición, que legitima la
acción que regula la Ley, y la eleva al nivel de arte.
1
Por la cual se establece el Reglamento Nacional Taurino.
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Esta es un arma de doble filo, que perspicazmente contiene la redacción de
esta Ley. El arte, al ser un tema tan amplio, que se escapa a los límites del
método científico, contiene en sí, un sinfín de expresiones, acciones y
procederes, cuya comprensión hace necesario un análisis a priori. Dentro de
un proceso analítico hermenéutico, “el arte impone un problema monumental
a la interpretación, pues el término puede albergarlo todo o nada” (Mosterín,
2010, Introducción
2
).
De hecho, la palabra Arte, así como Cultura, hace parte de los llamados
“contenidos vacíos”, conceptos abstractos, cuyo significado difiere según el
contexto, el interlocutor y el espacio en el que se emplee. Esto evidencia una
influencia de la escuela analítica del lenguaje, que se ha extendido a los
campos jurídicos y políticos con el llamado “Análisis del Discurso” (Van
Dijk, 2003. Pag 23), que se aplica a la Ley.
Nótese además el empleo del verbo ser, en presente: “Los espectáculos
taurinos SON”, y en adelante el empleo de los verbos y los enunciados será a
futuro. La Ley distingue claramente el ser del deber ser. En la definición
(artículo 10 de la Ley 916) se dice que es el toreo, y los artículos siguientes,
que hablan sobre regulación y limites, la Ley dice lo que debe ser el toreo.
Esta diferenciación, legado del pensamiento jurídico de Radbruch, permite en
la realidad dos cosas puntuales: definir el toreo, con el fin de permitirlo ser, y
regularlo para que sea como debe ser. En palabras sencillas, la Ley define al
toreo como arte, lo que excluye la barbarie, el sadismo, el masoquismo, la
tortura, o la violencia; y dice cómo se debe torear, mostrando que, lejos de ser
un mero capricho, se trata de una acción organizada, regulada y sistematizada.
Las influencias de Kelsen y Radbruch, en la redacción y contenidos de la Ley,
traen a colación el pensamiento del también alemán Robert Alexy, quien
piensa que el Derecho, y por ende la Ley, debe parar por varias etapas las cual
se dan los enunciados dogmáticos, se determine qué control se va a ejercer,
cómo se ejercerá ese control y por último, cómo puede la Ley adaptarse ante
el progreso con el fin de permitir una “heurística” jurídica ante los cambios de
la sociedad. Es precisamente en este último aspecto es donde la Ley 916, falla
2
Aunque los textos de Mosterin son aplicables para el caso europeo, específicamente el español, realiza una
de las críticas más acertadas sobre el concepto de “arte” como Toreo.
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a tal punto de convertirse en una Ley inflexible, hermética y autorreferente,
pues no incluye ningún apartado, artículo o contenido, que le permita avanzar
según las necesidades sociales.
3

La Ley 916, dice ser garante de los Derechos e intereses del público, no
obstante, en ningún parágrafo define quién o quiénes son este público, y
procede como si toda la nación fuese el público que acude al toreo. La Ley
confunde público con pueblo, y vuelve al pueblo espectador taurino. Creyendo
que una nación de más de 40 millones de habitantes, en su gran mayoría son
taurófilos fanáticos de la fiesta brava, cuando la realidad es muy distinta.
Si bien no existen cifras contundentes resultado de investigaciones
académicas, son muchos los resultados de encuestas de opinión que denotan el
poco interés y gusto de los ciudadanos colombianos sobre el toreo
4
. Una
amplia, amplísima, mayoría de colombianos repudia el toreo, sobre todo las
generaciones más jóvenes. “El toreo se está rezagando a un sector social
opulento y burgués, a las generaciones sobrevivientes de mediados del siglo
pasado” (Mosterín, 2010, pag 41). Es un espectáculo de proporciones muy
limitadas y de un público sumamente exclusivo y excluyente (Echegaray,
2005, pag 48
5
). El toreo gusta a las personas mayores, de más de 45 años,
dicen las encuestas, y que, además poseen un capital elevado, pues es un
espectáculo muy costoso fuera del alcance popular.
Por lo anterior, es correcto afirmar que la Ley 916 es una Ley que lejos de
proteger el bien común, protege a una pequeñísima minoría, violentando los
principios de cualquier teoría del Derecho, pasando por alto la Filosofía y la
Ética. Alejándose de los valores Morales de los habitantes del determinado
espacio geográfico donde es aplicada.
3
Sobre el aspecto social y sociológico de la Ley, vale mencionar los trabajos de Eugen Ehrlich, considerado
como el primer “sociólogo del Derecho”, quien consideró que muchas veces la realidad jurídica distaba y no
se adecuaba a la realidad social de los pueblos, de hecho, esta diferencia entre lo jurídico y lo social, es
sumamente común y explica muchos de los problemas de la sociedad.
4
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7050467 --
https://www.causes.com/causes/120504-adan-asociacion-defensora-de-los-animales-y-la-
naturaleza/updates/301823-encuestas-y-taurinos-lo-dicen-el-toreo-acabara
5
El texto de Echegaray es una asidua defensa a la tauromaquia, pero reconoce que el toreo en américa es
un “Gusto Burgués”, muy a diferencia de España donde resulta mucho más popular y allegado a las clases
medias.
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Queda en evidencia que la Ley que regula la fiesta taurina en Colombia es una
Ley débil, que no se apega a la realidad social de la nación y que, como si
fuera poco, está pagada de manipulaciones discursivas de forma y fondo, con
el fin de blindarla e impedir el progreso en materia Moral y Ética respecto al
trato a los animales.
La Ley parece ignorar la relación entre Moral y Derecho, convirtiéndose en un
compendio de normas impositivas que simplemente posibilitan la realización
de un espectáculo. Ésta es la crítica que realiza Ronald Dworkin a L. A. Hart,
quien construye su teoría jurídica en base reglas inmutables. Hart propone una
Filosofía del Derecho aplicable a todos los tiempos, para él, la mejor de todas
las posibles. Un error en el que han caído la mayoría de filósofos del Derecho,
mientras que Dworking ofrece una postura mucho más plausible: buscar una
justificación al Derecho que tenga en cuenta las necesidades de la sociedad;
para su caso, la sociedad estadounidense, para el nuestro, la colombiano.
La Ley 916, es ejemplo, no solo del proceder jurídico de una nación hacia los
animales, también es muestra de los muchísimos problemas del sistema
jurídico y de los legisladores. Las cifras sobre toreo en Colombia, denuestan
que gran parte del público taurino está compuesto por la clase política del
país: senadores, magistrados, congresistas, alcaldes, el propio procurador,
fiscales, jueces, que además de público, son empresarios de la tauromaquia,
criadores de toros, y hasta familiares de toreros. Así pues, se violenta no sólo
el principio de la Ley, sino la función del legislador, quien debe anteponer sus
intereses personales en pro del bien común.
El toreo debe ser tenido como una actividad otrora licita, que a nuestros días
resulta improcedente, anacrónica, barbárica, incívica, inMoral, carente de
Ética y por ende, ilegal. No sólo esta Ley debe mutar, debe contemplar el
toreo y todo espectáculo que implique la muerte de un animal, como una
actividad ilegal.
Los defensores de la tauromaquia cimientan su postura en la inexistencia de
sentimientos y dolor en los animales, algunos incluso creen que la
superioridad racional del hombre ante las bestias es razón de peso para
matarlas con el único fin de divertirse, y hasta se ha dicho que Dios dio al
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hombre Derecho sobre los animales, y por eso, torturarlas es un Derecho
divino (Echegaray, 2005, pag 120).
Colombia es un país con una fuerte tradición religiosa, así mismo, las ideas
conservadoras predominan sobre el pensamiento progresista. No obstante, en
las últimas tres décadas, en parte gracias a el acceso a información y el masivo
acceso a la educación superior, han permitido la entrada de ideas y posturas
vanguardistas, que han llegado incluso al mundo filosófico y jurídico.
Dentro de esos temas innovadores, un ítem que se ha convertido en tema de
especial estudio, motivo de maestrías, doctorados, debates e investigaciones,
ha sido la llamada BioÉtica, que se remonta a los años 20 del siglo XX, pero
que ha tenido un boom en Latinoamérica en el último decenio, con la
traducción al español de las obras de Singer y Hottois, y la implementación de
Leyes de protección a los animales en Europa.
Estas teorías no llegaron mediante la academia, fueron resultado de la
adopción de posturas vanguardistas en Latinoamérica, la contracultura, el
Punk-Político, la Ética dietaría, el vegetarianismo y el activismo animalista.
“Sólo fue hasta la adopción por la cultura “mainstream” que las academias se
interesaron por estos temas” (Raegan, 2004, pag 18). No obstante en
Colombia, si bien la BioÉtica ya influencia tribunales médicos y decisiones de
la Corte Suprema de J usticia, en asuntos tan delicados como el aborto y la
eutanasia. El trato ético por los animales e incluso los polémicos “Derechos de
los animales” siguen siendo un mero capricho de unos cuantos, en el mejor de
los casos, un tema de debate universitarios y no un asunto de interés para los
legisladores (Riechmann, 2005, pag 101), que mayormente defienden el toreo
como un asunto cultural, como parte del folklore, y no como un acto en el cuál
la Ética tiene una primordial relevancia.
Como quedó claro en las anteriores páginas, la Ley 916 que regula el toreo, es
una Ley que se está haciendo en caduca, pues los toros son un espectáculo que
ya no es representativo para el país, y aunque tenga algunos adeptos y férreos
defensores, la gran mayoría de habitantes no tienen interés alguno en la
tauromaquia. Una Ley que regula un espectáculo poco representativo es una
Ley innecesaria. Por ejemplo, los canódromos e hipódromos, tan populares a
mediados de siglo en el país, hoy en día son escasos y las carreras son muy
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pocas, de ahí que no exista una Ley que regule el deporte hípico o las carreras
de galgos, porque ya no es necesario, y son mencionados brevemente en la
Ley 1393 de 2010 que regula los juegos de azar, es decir, lo que se regulan
son las apuestas y no el espectáculo como tal, pues se ha convertido en algo
tan esporádico y en vía de desaparición, que no es necesario.
Colombia no es el único país con esta problemática. América Latina, como
remanente colonial, adoptó el toreo como una actividad cultural autóctona; los
vecinos inmediatos de Colombia: Venezuela, Ecuador y Perú, poseen
legislaciones similares, y una postura similar de la sociedad. México y algunos
países centroamericanos también practican el toreo, aunque está mucho más
arraigado al folklore, por la cultura vaquera y ganadera, pero existe un masivo
rechazo.
Por su parte, Chile, es considerado como el país latinoamericano que lleva la
batuta en las iniciativas legislativas y jurídicas contra el toreo. Desde tiempos
independentistas algunos próceres chilenos rechazaron las corridas de toros,
las peleas de gallos y perros, a tal punto que el mismo decreto que abolió la
esclavitud en territorio chileno prohibió el toreo bajo la consigna “tales
actividades no son propias de costumbres civilizadas”. Sin embargo la medida
no fue acatada por el pueblo, sino hasta bien entrado el siglo XX. En la
actualidad Chile prohíbe las corridas de toros, y mediante el Concejo Nacional
de Cultura y Artes de Chile
6
la legislación considera el toreo, las peleas de
perros y de gallos como actos incivilizados, que no aportan al progreso de la
nación y cuyos fines no tienen un trasfondo artístico o cultural.
Finalmente Argentina, permite una única actividad taurina llamada “Toro de
la Vincha”, más que una corrida de toros, es lo que en el mundo taurino se
conoce como “corraleja”. El toro no es herido en el espectáculo, que consiste
en quitarle al toro una vincha, o listón, que lleva. En ocasiones el toro es
sacrificado al final del evento, para servir de alimento, una regulación de la
provincia en la cual se realiza este espectáculo, indica cómo debe ser
sacrificado el toro y que la muerte del mismo no debe ser resultado golpes o
heridas durante el evento. Es muy usual que al toro se le perdone la vida, y
dependiendo de su bravura, se le convierta en semental de reproducción.
6
Ley 19891, para el territorio Chileno.
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Volviendo al viejo continente tenemos tres países donde se practica el toreo.
Siendo estrictos, en realidad son solo dos, pues en Portugal se practican las
“Touradas”, donde el toro no es lastimado como en la clásica corrida. Existe
una legislación para el territorio portugués donde explícitamente se indica que
este es el único tipo de toreo que puede darse y que en lo posible, el toro debe
sufrir el menor daño. Éste tipo de toreo se extiende a los territorios vascos
españoles, lo que deja al resto de España y la parte sur de Francia como los
únicos lugares en Europa donde se permite el toreo.
El caso Español, es el más ampliamente conocido, y a grandes rasgos justifica
el toreo como parte de la cultura, y el folklore español, un bien inmaterial
cultural y una actividad que identifica la cultura y el arte español en el mundo
(Echegaray, 2005, pag 21). Aunque existe una gran oposición al toreo en
España, siendo el activismo antitaurino español, el más fehaciente y
vehemente (Mosterín, 2010, Introducción). Por su parte Francia apela a las
mismas razones que su vecina España. En 2010 el presidente Sarkozy
denominó al toreo Bien inmaterial cultural francés, seguido de una durísima
crítica. La oposición considera que el toreo era un préstamo cultural español,
que no representa a Francia ni a sus ciudadanos. Existen en la actualidad
varias iniciativas populares y legislativas en contra de la tauromaquia.
Además, Francia es uno de los países donde el Frente de Liberación Animal,
posee una fuerte presencia demás de apoyo popular, que le ha permitido
boicotear varias corridas, e incluso atentar contra la propiedad privada de
toreros y empresarios.
Así pues, son ocho países donde aún se practica el toreo, y en todos se
presenta la misma situación: un pequeño grupo de adeptos de la actividad
taurina, defienden su gusto, y una amplia mayoría de ciudadanos condenan y
rechazan el espectáculo. Sin embargo, el primer grupo, el de los adeptos,
cuenta con influencias en el gobierno y el poder legislativo, lo que les permite
mediante la Ley, legitimar y blindar el espectáculo taurino.
Pero, ¿por qué preocuparse por la muerte de un animal? Y volviendo al caso
colombiano ¿un país tan lleno de problemas entre humanos, tiene tiempo para
detenerse en pensar en los animales? Algunos responden que, al fin y al cabo,
si al toro no se le mata en la plaza, se le sacrificará para salchichón en el
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matadero, o que “en un mundo donde la equidad entre humanos aún no está
salvaguardada por la Ley, hablar de defensa de los animales es una ridiculez”
(Raegan, 2004, pag 15
7
)
La mayoría de defensores de los animales, y voceros de los Derechos de los
animales, ignoran justamente eso, el concepto de Derecho, las disposiciones
jurídicas, el lenguaje técnico-legislativo (Van Dijk, 2003, pag 74
8
) la Filosofía
del Derecho y la ciencia del Derecho. De ahí, que los juristas les tengan más
como locos caprichosos que como movimientos organizados que abogan por
soluciones a un problema Moral contemporáneo.
Además, la problemática se fundamenta única y exclusivamente en el animal,
se le convierte en sujeto de Derechos, y se intenta desesperadamente
involucrar al animal conceptos y términos que sólo preocupan e involucran a
los humanos. Intentando hacer un bien, los defensores de los animales, crean
un mal mayor: confusión (Riechmann, 2005, pag 234).
La Ética es un asunto que sólo involucra a los humanos, y si se está buscando
un trato ético hacia los animales, el sujeto que debe primar es el humano pues
son sus actos hacia los animales los que compete analizar. “El Derecho es un
abstracto que sólo existe en el mundo de la racionalidad humana” (Garner,
2004, pag 28)..
No puede existir una Ley cuyo contenido disponga “El señor toro tiene
Derecho al agua”, eso violentaría todo precepto jurídico y lógico, “para los
animales, los conceptos de propiedad, posesión, libertad, coacción, e incluso
vida y muerte, no existen” (Garner, 2004, pag 32). Pero sí puede y debe existir
una Ley que explicite “Es deber de los ciudadanos cuidar a todo ser viviente”
o “Se impiden los actos contra los animales que generen dolor y sufrimiento
innecesario”.
Pionero en este campo fue el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, quién
fundamentó su Ética en la compasión, como el sentimiento de comprensión
del dolor y sufrimiento de todo aquel que sufre y siente. Para Schopenhauer,
7
Esta es una de las “criticas” que Raegan cita, hablando de los impedimentos académicos que se tienen a la
hora de hablar de la defensa de los animales como un tema de estudio serio.
8
Para Van Djik: “Es el lenguaje técnico el que permite diferenciar, excluir y ridiculizar a un grupo que no
posee el conocimiento de ese lenguaje”.
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en eso consiste la capacidad racional, más allá del conocimiento del mundo y
sus fenómenos, la razón nos permite la compasión y comprensión del
sentimiento, no sólo del sentimiento de los humanos sino de los animales.
(Schopenhauer, 2002, pag 141)
Ahora, hay que entrar a cuestionarse ¿los animales sufren? Una pregunta que
no sólo involucra a la biología y la veterinaria, tiene serias implicaciones de
orden filosófico y jurídico (Singer, 1999, pag 238). Desde la biología
aristotélica, se ha hecho una marcada distinción entre hombres y animales,
dándole a los racionales unos poderes superiores, no sólo fisiológicos, gracias
a el razonamiento el hombre puede conocer la naturaleza e incluso pensar la
metafísica. Eso diferencia al hombre de las bestias. No obstante en el mundo
griego ya se daban algunos atisbos de conocimiento y compasión por el
sufrimiento de los animales no racionales, famosos son las palabras de las
escuelas Pitagóricas y Epicúreas que rechazaban alimentarse de animales
asesinados, pues creían que alimentarse de un animal muerto era alimentarse
de dolor.
Inclusive, dentro del pensamiento judaico, se busca evitar dolor al animal a la
hora de sacrificarlo, de ahí que exista dentro del Torá, una especie de
legislación alimentaria llamada Kosher, que no sólo indica qué animales se
deben o no comer, por razones religiosas, sino cómo se deben sacrificar los
animales para alimentarse, de tal manera que no sientan dolor.
Dentro del pensamiento cristiano, se considera que Dios, por mandato divino,
dio al hombre superioridad entre las bestias, y por ello puede gobernarlas, esto
implica utilizarlas a su antojo y necesidad. Sin embargo existen múltiples
casos donde dentro del cristianismo se contempla la posibilidad de percepción
del sufrimiento y dolor por parte de los animales. Sobresale en esto San
Francisco, al punto que algunos miembros de su orden practican el
vegetarianismo, no sólo como voto de pobreza, sino como rechazo a un
alimento que genera dolor a un ser vivo.
La ciencia misma ha demostrado con lujo de detalles y evidencias
contundentes que en efecto los animales pueden percibir y sentir dolor, incluso
en la actualidad se hablan de algunas especies que presentan procesos
fisiológicos similares a los humanos en momentos en los que se les somete a
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estímulos físicos, como hambre, o frio, e incluso, rechazo, regaño, o
aislamiento del grupo (Singer, 1999, pag 51).
La ciencia médica animal, o veterinaria, brinda una evidencia contundente
respecto a esto: Existen un sinfín de analgésicos y anestesias para los
animales, es decir, los veterinarios necesitan medicamentos que impidan al
animal sentir en determinados procedimientos o ante una enfermedad
9
. Es
claro: los animales sienten dolor.
A este respecto, el filósofo australiano Peter Singer, considera que esa
percepción del dolor en los animales es el factor determinante que obliga a los
hombres a tratar Éticamente a los animales. Convertirse en ejecutor de
sufrimiento es una falta Ética. Así el problema no reposa en el animal sino en
el humano. El humano falla Éticamente cuando comete acciones que generan
dolor a cualquiera que pueda sentir dolor. (Singer 1999, pag 38)
El pensamiento de Singer, es un pensamiento radical, más que una postura
filosófica, se trata de un manifiesto político-ético, y si bien brinda luz y
esclarece muchos aspectos teóricos, a la hora de aplicarse trae consigo muchos
problemas, sobretodo el de contexto, porque como todo pensador, Singer
escribe para su realidad, no tiene en cuenta que existen muchos países
denominados “en surgimiento” donde la Ley, la cultura, las costumbres
dietarías y la industria misma, presentan problemas muy diferentes a los que él
plantea en su libro.
Singer se ha pronunciado directamente sobre el toreo, considerándolo como
uno de los elementos que educan al hombre en la errada costumbre de abusar
y torturar animales por mera diversión.
10
Algunos otros filósofos han
considerado el toreo como algo que debe llegar a su final, desde Foucault en la
Biopolítica, hasta las entrevistas a Sartre y en la actualidad el hedonista-ético
Michel Onfray en su libro El Vientre de los Filósofos.
Intelectualmente, el toreo carece de aun más seguidores que en términos
mundanos, son pocos poquísimos los pensadores de cualquier corriente y
disciplina que defienden la fiesta brava. Y lejos de considerarse como una
9
http://www.fao.org/docrep/005/x6909s/x6909s03.htm
10
http://www.alcoberro.info/planes/singer4.htm
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bondad dentro del carácter de alguien, apoyar el toreo es comprendido dentro
de la modernidad como un punto negativo, una excentricidad anacrónica,
Entonces ¿Qué debe hacer el Derecho respecto al toreo? El Derecho y los
legisladores deben escuchar los intereses del pueblo, el pensamiento de los
filósofos y pensadores contemporáneos, escudriñar la doctrina y teoría y
legislar de tal manera que la Ley represente los deseos del pueblo, su
necesidad, y salvaguarde y promueva un proceder ético.
Se debe llegar, en términos habermasianos, a un consenso entre las partes,
siendo cada una un interlocutor válido, eso implica dejar la radicalidad de
cada lado: Los legisladores no pueden favorecer únicamente a esa minoría que
gusta del toreo, a quienes se lucran y disfrutan con la fiesta brava, incluso si
los legisladores se cuentan entre ellos, ni debe ciegamente recibir y aprobar
toda propuesta que viene de la bancada animalista que muchas veces en pro de
la defensa y los Derechos de los animales, se olvida de los principios mínimos
humanos. El consenso es justamente eso, llegar a un punto donde las partes
estén de acuerdo.
Colombia puede convertirse en líder mundial respecto al toreo, adoptando
políticas y Leyes que regulen un trato ético con el toro, que impidan generarle
un dolor innecesario y erradique una industria que se lucra del morbo y el
sufrimiento. Una legislación ecuánime, que más que prohibir busque educar a
quienes gustan de tan cruento espectáculo y a las futuras generaciones.
11

Hasta que no se llegue a un acuerdo, entre las partes seguirá sucediendo lo
mismo, el Derecho será empleado como medio para favorecer a unos cuantos,
contrario a la voluntad del pueblo, y las Leyes protegerán a estos sin importar
Ética o Moral. Mientras que algún otro avivado manipulará las Leyes de tal
forma que logre engañar a los animalistas y defensores de los animales,
haciéndoles creer que el toreo ha terminado, y abanderándose con las
consignas del trato ético hacia los animales, simplemente para conseguir los
votos de los más jóvenes quienes son los más interesados en llevar a fin este
morboso y antiético espectáculo.
Bibliografía Citada en Español:
11
http://www.usergioarboleda.edu.co/altus/fin_de_la_tauromaquia.htm
Escuela de Filosofía y Humanidades | Universidad Sergio Arboleda | 2013 Pag 13


Ley sobre el Toreo, un asunto filosófico.| Filosofía del Derecho | Juan Sebastián Salamanca©

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