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MIGUEL RAMÍREZ ARÉVALO CÓDIGO 162329
Filosofía del hombre. Año académico 2013-2014. Profesor: RAMÓN LUCA LUCA
8 LA MUERTE
8.1 Proyecto existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte
Martín Heidegger inicia su reflexión haciendo la pregunta sobre el existir (Dasien) y la contradicción del
sin sentido de la muerte.
De las tantas preguntas que se hace, el autor trata de dar respuesta a una de los interrogante ¿Cómo puede
ser “objetivamente” caracterizada la posibilidad ontológica de un modo propio de estar vuelto hacia la
muerte, si en definitiva el Dasein nunca se comporta de un modo propio respecto a su fin, y si este ser
propio debe permanecer, por su sentido mismo, oculto a los otros?
Para Heidegger, el concepto de la muerte está fijado junto con aquello que puede enfocarse hacia fin del
ser humano que es la muerte
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, El estar vueltos hacia la muerte nos deja, en primer lugar, en un estar
vueltos hacia una posibilidad, a saber, hacia la posibilidad eminente del Desien mismo ya que un ser
para la muerte no tiene explicación, simplemente no puede ser.
El Dasein está constituido por la apertura, esto es, por un disposición a comprender. El estar vuelto
propiamente hacia la muerte no puede esquivar la conciencia de la muerte como elementos constitutivo de
los seres humanos, sino la posibilidad de abrirse para descubrir, en medio de la contradicción de la muerte
el sentido de la vida.
El proyecto existencial de un ser para la muerte auténtica debe clarificar los momentos de este ser,
momentos que lo constituyen como comprensión de la muerte y no que huye o cubre el ser ante la muerte.
Hablar del ser para una muerte significa hablar del ser como una posibilidad de su ser mismo capaz de
realizarse y encontrar el sentido de su existencia, el ser para la muerte no concierne la realización para la
muerte, sino más bien, detenerla de tal modo que no sea comprendida como una única posibilidad
existencial.
La muerte es la posibilidad más propia del Dasein. El estar vuelto hacia esta posibilidad le abre al Dasein su más
propio poder-ser, en el que su ser está puesto radicalmente en juego. Allí puede manifestársele al Dasein que en
esta eminente posibilidad de sí mismo queda arrebatado al uno, es decir, que, adelantándose, puede siempre
escaparse de él. Heidegger añade diciendo que al acercarse el ser para la muerte como posibilidad coincide
con el alejamiento de la realidad, haciendo comprender al ser humano que la muerte no ofrece ninguna
posibilidad, es posibilidad de la imposibilidad.
El ser para la muerte es la anticipación de un poder ser de aquel ente en el que el ser tiene un modo de
anticipación a sí misma. El proyectarse sobre el poder ser significa el comprenderse a sí mismo dentro del
ser que va desvelando el sentido de su existencia. La anticipación de la comprensión de la muerte se
revela como la posibilidad de una existencia auténtica.
La estructura ontológica del ser humano se clarifica a través de la elaboración de la estructura concreta de
la anticipación de la muerte. Cómo se delimita esta estructura? En primer lugar se establece la apertura

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Heidegger, M. Essere e tempo, Longanesi, Milano 1976, Parte 1, sección 2, capítulo 1, número 53.
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anticipada, y luego a la comprensión de las funciones de la propia posibilidad. La posibilidad
incondicional e insuperable del ser que se determina a través de la verdad correspondiente. La posibilidad
cierta de la muerte abre al ser hacia la posibilidad de la anticipación de la muerte.
El tener por verdadero lo concerniente a la muerte hace ver la certeza de que el ser se encuentra en el
mundo donde el ser humano pone a prueba la profundidad de su ser.
La posibilidad más propia e irrespectiva es insuperable. El estar vuelto hacia ella hace comprender al
Dasein que ante sí y como extrema posibilidad de la existencia se halla la de renunciar a sí mismo. Sin
embargo, el adelantarse no esquiva la insuperabilidad, como lo hace el impropio estar vuelto hacia la
muerte, sino que se pone en libertad para ella. El adelantarse haciéndose libre para la propia muerte libera
del estar perdido entre las fortuitas posibilidades que se precipitan sobre nosotros, y nos hace comprender
y elegir por primera vez en forma propia las posibilidades fácticas que están antepuestas a la posibilidad
insuperable.
Las características del proyecto existencial del modo propio de estar vuelto hacia la muerte pueden
resumirse de la siguiente manera: el adelantarse le revela al Dasein su pérdida en el “uno mismo” y lo
conduce ante la posibilidad de ser sí mismo sin el apoyo primario de la solicitud ocupada, y de serlo en
una libertad apasionada, libre de las ilusiones del uno, libertad fáctica, cierta de sí misma y acosada por la
angustia: la libertad para la muerte.
La delimitación existencialmente proyectante del adelantarse ha hecho visible la posibilidad ontológica de
un modo propio de estar existencialmente vuelto hacia la muerte. Con ello surge entonces la posibilidad
de un modo propio del poder‐estar‐entero del Dasein —pero, tan sólo como una posibilidad ontológica. Es
verdad que este proyecto existencial del adelantarse se ha ceñido a las estructuras del Dasein ya
alcanzadas, haciendo que en cierto modo el Dasein mismo se proyecte hacia esa posibilidad, sin
proponerle un ideal “concreto” de existencia, ni imponérselo “desde fuera”. Pero este estar vuelto hacia la
muerte existencialmente “posible”, sigue siendo, pese a ello, desde el punto de vista existencial, una
exigencia fantástica.
Concluye esta reflexión sobre la muerte señalando la posibilidad ontológica de un modo propio del-
poder-estar-entero del Dasein no significa nada mientras no se haya hecho ver desde el Dasein mismo el
correspondiente poder ontológico.
Sobre el sentido de la existencia, queda la posibilidad de indagar hasta qué punto y de qué manera el
Dasein atestigua, desde su más propio poder-ser, la posibilidad de un modo propio de existencia, de tal
suerte que no sólo la manifieste como existentivamente posible, sino que la exija desde sí mismo. La
cuestión que se cierne sobre nosotros acerca del modo propio de estar‐entero del Dasein y de su
constitución existencial sólo será llevada a un terreno fenoménico capaz de resistir cualquier prueba, si
ella puede apoyarse en un modo propio de ser del Dasein atestiguado por el Dasein mismo. Si este
testimonio y lo que en él se atestigua llegaren a ser fenomenológicamente descubiertos, entonces surgirá
nuevamente el problema de si acaso el adelantarse hacia la muerte, que hasta ahora sólo se ha proyectado
en su posibilidad ontológica, está en una relación esencial con el poder‐ser propio atestiguado.